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Al Socaire de El blog de Angel Arias

Sobre las ventajas de saber a dónde vamos, más que de dónde venimos

La vida, para Jesulín de Ubrique, es como una corrida de toros. Para Gustavo Piera, es como una travesía. Hay quien la ve como un camino de rosas, un valle de lágrimas o una oportunidad para hacerse con el santo y la peana.

Qué más se podría escribir, así, resumiendo la esencia con pocas palabras. Que la vida, para algunos, es intocable. Otros, disfrutan cazando animales, cuanto más grandes, mejor. Para otro Gustavo famoso en las Españas, Gustavo Bueno El Mayor -aunque como ahora anda metido en un berenjenal su tamaño relativo disminuye- el aborto es tan abominable que "la mujer que no se vea como un(a) contenedor(a) ya tiene bastante, encima, con tener un cerebro tan pequeño". (Lo dijo el 23 de abril, en Oviedo, ante 500 personas, o sea, urbi et orbe).

Pero este Comentario no va de defensa de la libertad de la mujer para abortar, mientras la vida que lleva en ella le sea dependiente, con la protección legal a su colaborador necesario y con la información adecuada y las medidas de protección sanitaria y médica que sean del caso.

Este Comentario pretende referirse algo a la importancia de saber hacia dónde vamos. El que no tiene claro el final de su trayecto personal, tendrá la ventaja de que no va a perderse nunca, pero tampoco alcanzará nada de lo que hubiera podido apetecer, porque nada quiso.

Benditos sean los que nada pretenden, porque ellos nunca quedarán frustrados.

Sobre la aplicación perversa del método del coste del viaje

Para aquellos de nuestros lectores que no estén familiarizados con esta terminología, el llamado método del coste del viaje sirve para calcular el valor de un bien que carezca, intrínsecamente, de la posibilidad de obtener un precio de mercado, porque no se pueda regir, o no se deba regir, por las reglas de la oferta y la demanda.

Con la idea de hallar el "coste del viaje" se utiliza el recurso indirecto de sumar los costes que los usuarios del mismo están dispuestos a pagar o están ya pagando para disfrutarlo.

Uno de sus aplicaciones clásicas es la de servir de valoración de la imporancia relativa de los Parques naturales, de los Museos, o de las ciudades con valor histórico. Se calculan los precios del transporte y alojamiento en la zona de los diferentes usuarios potenciales o reales. Por eso se le llama método del coste del viaje. Cuanto de más lejos estén dispuestos a venir los visitantes, tanto más valor indirecto tendrá el bien natural.

Nos parece que el método del coste del viaje tendría aplicación también para calcular el valor indirecto de la Justicia, entendida como la aplicación jurisdiccional del derecho. Para no polemizar en exceso sobre el modelo, lo aplicaremos a la jurisdicción civil.

Existen unos cuantos parámetros que pueden ayudar a evaluar este indudable bien social que, aunque ejercido en forma de monopolio, se ofrece como un servicio a la ciudadanía. Un servicio necesario, por lo demás, en nuestro mundo interrelacional y beligerante.

Pueden medirse elementos cuantitativos, pero bastante inútiles para apreciar el "valor de la Justicia". Ni número de jueces por habitante, ni número de casos por juez, ni número de hojas de papel por rollo. Habrá que saber el coste del viaje de los justiciables; cuánto le cuesta al ciudadano obtener la justicia que pretende.

Cuanto más le cueste, peor es la Justicia. Es por lo que decidimos titular "aplicación perversa del método del coste del viaje" a este Comentario.

El primer elemento que pesa sobre el coste del viaje justiciero es la complejidad de los procesos y su duración. Habría de tener un efecto equivalente a la distancia al Parque. Si la media de resolución de un caso es de diez años, ponemos por caso, el valor disuasorio de este parámetro es muy alto, sirviendo de elemento de selección para la litigiosidad.

El segundo elemento, (y posiblemente, no el menor), perdónennos sus Señorías, es la relativa imprevisibilidad de los fallos, que supondría la necesidad de incorporar un coeficiente de aleatoreidad en la resolución de los procesos. Entre los factores que pesan sobre esta variable, igualmente disuasoria del viajero en el camino de la obtención de justicia, estarían la formación de los jueces, la facilidad de encontrar un abogado o bufete competente, el conocimiento material del lego en derecho -asesorado por el profesional, libre o acuciado por su economía de subsistencia- sobre la oportunidad de litigar, la subjetividad del ser humano que juzga, la suerte de que te toque un juzgado o el de enfrente en el reparto, el viento, la lluvia, el que sea viernes o lunes, etc.

El tercer elemento lo constituiría el poder litigador de los demandantes, entendido en términos económicos y fácticos. Las épocas de crisis favorecen, no tanto la litigiosidad, como se está diciendo, como el aprovechamiento perverso de la situación por los más débiles. Las empresas dirigidas por gentes menos escrupulosas, los grandes grupos o entidades, encuentran la ocasión propicia para litigar más, justamente cuando los demás lo están pasando peor.

Los abogados están de enhorabuena. Habrá más litigios, dimanantes en buena parte del incumplimiento de obligaciones, pero en otra, no sabemos si mayor o menor, de la utilización de un supuesto derecho de pernada legal por parte de quienes tienen más medios económicos para el viaje, y más capacidad de aguante para soportar las inclemencias del tiempo: varios años de duración del pleito, voluntad de seguir el proceso hasta las más altas instancias, contratación de los bufetes más solventes en demostrar su poderío argumental ante los representantes de la Justicia, etc.

En defintiva, somos de la opinión de que el coste del viaje del ciudadano español a la Justicia es muy alto. Demasiado alto. Y ello permite seleccionar, a pesar de la buena intención de la justicia gratuita, a los más resistentes para aguantar las inclemencias de ese trayecto que son, por supuesto, los que viajan con la comodidad de sentirse bien arropados y con un GPSS actualizado.

 

Sobre la transmutación de los residuos nucleares y la falta de implicación

La trasmutación de los residuos nucleares puede sonar al lego a algo así como la transustanciación de las especies.

Pero, a salvo de términos tecnológicos puntuales, la desdramatización de lo nuclear en España no es un problema de información al público, sino de implicación de los gobernantes.

El 22% de los españoles, según la encuesta del Eurobarómetro 2007, no sabe que en su país hay centrales nucleares. Los españoles, junto con los portugueses, son los menos documentados de toda Europa sobre la cuestión nuclear.

Se comprende en el caso de Portugal, que carece de instalaciones con energía atómica; pero...resulta incomprensible que el español, que mayoritariamente está en contra de lo nuclear, por la percepción social que pueda hacerse del tema, no tenga mucha idea de lo que habla.

El 21 de abril de 2009, con el salón de actos lleno de público, el IIE y la Cátedra Rafael Mariño, magníficamente dirigida por Yolanda Moratilla, auspiciaron dos conferencias de alto nivel sobre el tema "Residuos Nucleares: Gestión y Transmutación", las de Juan Antonio Rubio, Dr. en Físicas, Director General del CIEMAT, y José Ramón Armada, Dr. Ingeniero Industrial, hasta hace muy poco Director de ENRESA.

Las conferencias tuvieron un interés científico-técnico indudable, pues ambos intervinientes tienen información y conocimientos del tema como pocos. Pero ya habrá ocasión para referirnos a las cuestiones técnicas. En este Comentario, queremos enfatizar sobre dos cuestiones de divulgación:

-En relación con la información sobre la energía nuclear y los residuos, coincidimos con José Ramón Armada en que falta implicación. El no lo dijo expresamente, porque su comunicación fue políticamente correcta, aunque resulta muy evidente que, puesto que la opinión técnica mayoritaria y, en círculos privados los mismos Secretarios de Estado y Directores Generales de Industria, se dicen a favor de mantener el nivel de participación de la energía nuclear en el mix energético, el opositor singular es el Presidente de Gobierno español, Rodríguez Zapatero.

No lo hace por falta de conocimiento, ni siquiera por convicción personal. La razón verdadera de esta oposición hay que buscarla en que estar a favor de la energía nuclear, hoy por hoy, resta votos, y hace perder las elecciones. El presidente del IIE, el Dr. Ingeniero Industrial Manuel Acero, experto él mismo en temas nucleares, tuvo una frase especialmente afortunada en el cierre del acto, comparando la situación con el tratamiento visceral respecto a Bolonia: "Los que estamos a favor de la energía nuclear hemos cometido el error de detenernos en contrarestar los argumentos críticos, en lugar de haber presentado argumentos positivos", es decir, estamos jugando en el terreno de los detractores.

-En relación con la transmutación, los trabajos de investigación para disminuir la cantidad de residuos nucleares de alta radiación y alta vida, han ido avazando en logros que no pueden ser ignorados cuando se aborda el tema. Rubio expresó que el tema de los residuos nucleares no es una cuestión cuantitativa. El 6 Plan General de Residuos cifra en 189.100 m2, con el Parque actual, la producción de residuos nucleares hasta 2070. Una cantidad ridícula frente a los 20 millones de t/año de residuos urbanos o las 400.000 t/año de residuos industriales.

La transmutación de los residuos nucleares (por fisión, o por captura neutrónica por hidrometalurgia o pirometalurgia) se dirige a disminuir de forma significativa la cantidad de actínidos (1,5% en peso) y  transuránidos de los mismos (menos de 1% y solo seis isótopos).  Las 300.000 t de residuos nucleares del mundo, contienen unas 3.000 t de residuos de alta vida media (entre 10.000 y 10 millones de años).

Si se redujera a un 10% la fracción longeva, se obtendrían 300 t en el mundo de estos residuos. En España, sería necesario disponer de almacenaje para 30 t de los mismos, que, a densidad 10, equivalen a 300 l (es decir, unas pocas botellas), y se solucionaría de raiz la tensión de tener que buscar almacenaje para las 30.000 t de residuos nucleares españoles.

La cuestión que resulta más preocupante en relación con el ruido nuclear que desde hace ya dos décadas venimos soportando en España es que hemos perdido experiencia de alta cualificación, y que la mayoría de los defensores de la energía nuclear son técnicos y científicos que están jubilados o al borde de la jubilación.

El debate sin orientación ni implicación nos ha dejado bastante mermados en la continuidad tecnológica, faltos cada vez más de científicos y de medios. Pero la implantación de centrales nucleares en el mundo no ha parado. Y, como dijo Juan Antonio Rubio: "En los países de la Unión Europea, y en Estados Unidos, estoy seguro de que la probabilidad de fallo es remota; pero en manos de otros países (citó Senegal), no".

Sobre Guantánamo, la CIA y el Once-ese

La desclasificación de los informes ilustrativos de algo de lo que se hacía en Guantánamo y que hasta hace un par de días prácticamente solo se podía sospechar, ha levantado una polvareda que no habría de cegar los ojos de quienes defendemos que los garantes del Estado de Derecho no pueden servirse de su posición para autorizar el incumplimiento de las reglas acordadas, según qué circunstancias.

El asunto es grave, y afecta a la credibilidad de Estados Unidos como líder de las democracias, cuestionando -y no es la primera vez- la legitimidad moral de quien pretende imponer comportamientos y normas a los demás que el infringe cuando le viene en gana.

La difusión de los métodos aplicados por los "entregados hombres y mujeres que trabajaban para proteger América", y que seguían, según se dice oficialmente desde Estados Unidos, "comportamientos autorizados por el Departamento de Justicia", con la comprensible intención de "sacar información" a un grupo de sospechosos de pertenecer a Al Queda, no puede, por ello, ser despachado, sin más, con un pase de página de la Historia negra de estos tiempos convulsos.

El Departamento de Justicia norteamericano ha hecho, con esta historia, daño a Estados Unidos, a la preocupación por una justicia universal y, entre otros aspectos no menores, a la distinción entre terroristas y fanáticos religiosos.

El tratamiento dado por los captores norteamericanos a sus presas retenidas en en Guantánamo, la mayoría, simplemente sospechosos, al margen de toda Ley, sin garantías, sin proceso judicial, sin testigos ni control, y sobre los que se ejerció una presión inhumana para obtener una información con métodos que recuerdan los de la denostada Inquisición o los juicios de Dios, tiene algunos nombres concretos. Los de quienes sufrieron la tortura y los de quienes deben asumir las responsabilidades los procedimientos que la autorizaron.

Entre todos los torturados, destaca ahora Abu Zubaida, alias Abu Zubayadah, alias Abd al-Hadi Al-Wahab, alias Zain Al-Abidin, alias Muhahhad Hussain, alias Zayn Al-Abidin Muhammad Husayn, alias Tariq, alias Abu-al Hasanat, alias Noorud Din, alias Dawood, alias Kamil, alias Badar, alias Al Mujahid, un palestino que nació en Arabia saudí, y que fue detenido el 28 de marzo de 2002 en Pakistán en una acción conjunta de la policía local y el FBI. 

Era presunto lugarteniente de Bin Laden y disponía, según se dijo, información valiosísima. Su tortura no sirvió para obtener información relevante alguna.

O no la tenía, o es un maestro del auto-control. En ambos casos, se puede calificar la metodología empleada: una vergüenza. De momento, la técnica aplicada se habrá de llamar, no de walling, ni waterboarding:  "bushing". Pero como la palabra ya existe con otros significados, habría que precisar: "bushing jr." No estaría de más dilucidar en qué compañía actuaba este personaje que pareció empeñarse en dar argumentos a los violentos para que justificaran su odio contra los pacíficos.

Sobre bipartidismo y regionalismos en España

El análisis político más difundido respecto a las razones por las que el PSOE (y el partido de coalición con el que había gobernado, BNG) perdió las elecciones por el Parlamento de Galicia, achaca la razón del descalabro a lo heterogéneo de la composición de Gobierno, que había creado una insoportable bicefalia, llena de contradicciones que han tenido proyección pública, durante el último período legislativo.

La victoria del PP, encabezado por un prudente Alberto Núñez-Feijoo, ha sido, no solamente justa, sino necesaria. La sociedad no quiere crispración, ni disputas internas. Prefiere actividad relajada.

No estamos en contra de los regionalismos. Al contrario. Creemos que la falta de un proyecto regional es un hándicap grave en el que patalean estérilmente algunas autonomías en España, entre las que se cuenta, desde luego, Asturias.

Pero el proyecto de centralización es incompatible con el de un regionalismo descentralizador. No se puede tirar de una cuerda desde los dos lados y pretender que se está haciendo el esfuerzo en la misma dirección. Ya hemos llegado demasiado lejos en descentralizar, y la satisfacción ciudadana no siempre ha mejorado.

Hay que hacer balance: algunas actividades se desarrollan mejor de forma centralizada, y los costes son menores cuando se aprovecha bien el concepto de tamaño crítico.

Creemos que ahora procede ahondar en el bipartidismo, puesto que ya no tiene sentido hablar de una derecha y una izquierda irreconciliables. No hay porqué referirse a un centro variable que, como quedó demostrado analizando el discurso del presidente de EEUU, Barak Obama, España ha conseguido posicionar muy a la izquierda de la mayor parte de los países del mundo, sino de todos.

Ahora lo que procede es hacer las cuentas bien, de lo que cuesta nuestro Estado social, de derecho y autonómico. Y aunar el bipartidismo con los avances regionalistas, de la misma manera que "un buen padre de familia" lo haría en la educación y sostenimiento de sus hijos.

Por supuesto, todo es compatible con la persistencia de posiciones más extremas, e incluso de más exacerbados regionalismos. Pero los partidos con proyección nacional conjunta no pueden favorecer a alguna autonomía en menoscabo de las otras. Esos tiempos, ya pasaron. Ahora todos somos iguales.

Sobre el pueblo de Dios y los hijos de las tinieblas

Hace ya unos 20 siglos que el pueblo de Dios (los judíos de la Biblia) han dejado de escribir la Historia -su Historia- por sí mismos. La buena nueva de la difusión del mensaje que había venido transmitiendo, de generación en generación, desde que los expulsaron del primer Paraíso, se desdibujó en varios arabescos, al mismo tiempo que los gentiles se apropiaron de las ideas principales de la teoría de la Gran Conspiración.

Hay, seguramente, mucho material inexplorado para elucubrar sobre las razones y sin razones que, faltos ya de una guía celestial y un ideario propio, han llevado en estos últimos 20 siglos a los judíos a desparramarse por el mundo, y, muy en especial, por el mundo de las finanzas.

En este Comentario, queremos hacer referencia somera a uno de los episodios, aún muy oscuros, de la participación de los judíos en la guerra civil española -el glorioso Alzamiento, la santa Cruzada- , y de sus consecuencias posteriores en los años de la Dictadura franquista -el régimen nacionalsindicalista, la España como Unidad de destino en lo universal-.

La actual presencia, nada desdeñable, de capital judío en algunos de los negocios más relevantes de nuestra economía y sus interrelaciones con el capitalismo norteamericano de mejor raigambre, permite plantear la cuestión de quiénes y porqué apoyaron a cada uno de los dos bandos que se enzarzaron en una disputa sangrienta sin precedentes, allá por los 1936-1939.

Por una parte, la República buscó apoyos en las relaciones de Max Aub, José Máximo Kahn, Edmundo Graenbaum y otros personajes de la vida judía española, que consiguieron, al menos, un cierto apoyo intelectual -el presidente de The Economist, Henry Stracoch, entre ellos- y movilizaron la exigüa cifra de 5.000 a 7.000 combatientes voluntarios que se adscribieron a las Brigadas Rojas y a cuya participación se dió mucho -demasiado, por sus efectos negativos posteriores- énfasis. (1)

Por otra parte, algunos de los judíos que residían en España -seguramente no más de 7.000, aunque los descendientes de judíos conversos eran muchísimos más- estuvieron en el frente junto a Franco. Un grupo, seguramente el más importante como apoyo bélico, obligados, como los Sefarty, Azulay, Benitah, etc, . Otros, por convicción, como José Alfón, Toledano, Juan March, Jacobo Salama (aunque el apellido no nos parezca a primera vista muy judío), etc.  

Se explicaría así una de las razones por las que Franco y sus apoyos ideológicos cualificados (Millán Astray, entre ellos) no apoyaron la participación en las ideas de Hitler de exterminar a los judíos. El capital judío español había ayudado al Generalísimo en la guerra civil, y lo seguía ayudando, figurando algunas familias entre los fieles amigos del régimen.

El invento dictatorial estaba recibiendo, además, ayudas de los acogidos én la huída obligada por la cada vez más implacable persecución nazi, tan estupendamente consentida o deliberadamente ignorada por los patriotas alemanes de pura raza.

Aparecían los Koplowitz (amigos de los March y de Carmen Polo gracias a Esther Romero de Juseu) a los que se unieron los Esser, los Lipperheide y muchos otros, algunos ya afincados con anterioridad en España y otros, arrastrados por los lazos familiares o de amistad inquebrantable, aunque hubieran colaborado con el régimen nazi alemán en su papel de salvar lo fundamental de los dineros.

Sobre la frontera entre el libre albedrío y la ley natural

La recuperación de formas de comportamientos éticos, menospreciados en la sociedad moderna, parece estar entre los propósitos de enmienda ante la crisis.

Sociólogos, politólogos y políticos, difunden la buena nueva de que, para vencer la crisis económica, que tiene también un trasfondo de crisis moral, hay que recuperar, no solamente la actividad de los mercados, sino las normas de lealtad  y los sistemas de control que garanticen que nadie encuentre premio en saltarse las reglas del juego.

Coincidimos, sin embargo, con quienes opinan que no se trata de recrudecer las leyes penales o aumentar la tipología de los actos delictivos. La existencia de un Código Penal muy extenso puede tranquilizar a los ingenuos, pero los delincuentes encontrarán la medida de saltárselos, o, cuanto menos, actuarán convencidos de que pueden obviarlos.

En especial, no se debe olvidar que, en lo atinente a los delitos llamados económicos, o de guante blanco, los grandes grupos de acción, contarán con los mejores bufetes de abogados y los más sofisticados gabinetes económico-financieros (además, por supuesto, de cualificadísimos técnicos de los otros haceres).

El candidato prominente del PP a las elecciones europeas,  que tendrán lugar en junio -Jaime Mayor Oreja- lo expresó de forma excelente, en este aspecto, en su charla del 14 de junio de 2009 en la Fundación Rafael del Pino: "A los corruptos de verdad no los conocemos, solo conocemos a los ingenuos".

Con algo más de autoridad filosófica, pero la misma intención subyacente, Alain Touraine (Crítica de la modernidad, 1993), escribió: "La modernidad es refractaria a todas las formas de totalidad, y es el diálogo entre la razón y el Sujeto, (...), el que mantiene el camino hacia la libertad".

Las leyes naturales no tienen formulación fácil, como las matemáticas o físicas. A diferencia de éstas, no siempre es sencillo definir los elementos de contorno o las condiciones que fuerzan su cumplimiento inexorable. Podemos entender que en un medio sin gravedad, los cuerpos floten en el espacio, y lo hemos visto por la tele; pero, en nuestro mundo al alcance, los cuerpos se caen hasta dar con el suelo.

En el mundo de las acciones humanas, que creemos regido por el libre albedrío, hay unas cuantas leyes naturales que reclaman vigencia, aunque nos obstinemos en incumplirlas. La ley de la responsabilidad ética, del responsable comportamiento moral, vuelve a emerger, una y otra vez, de entre los destrozos de cada crisis.

En esos momentos, podemos ver a la Humanidad como personificada en esa metáfora atractiva de que los ángeles rebeldes fueron expulsados del Paraíso porque quisieron ser dioses, inventarse sus propias leyes contra su naturaleza dependiente del orden universal.

Sobre la prolongación de la vida laboral para salvar la Seguridad Social

Parece que la Administración pública española empieza a darse cuenta que uno de los efectos de la crisis económica es que el Estado de bienestar se ha ido al cuerno. El excedente de la Seguridad Social ha desaparecido.

La situación ha cambiado bruscamente en unos meses, y convertido en ridículas las reflexiones por las que se pretendía modificar la Ley 28/2003, Reguladora del Fondo de este mecanismo de protección, para permitir inversión en Bolsa de una parte (se hablaba de un máximo un 10%) de esos dineros que no tenían sin destinatarios inmediatos, para "aprovecharse de la buena coyuntura bursátil".

Ahora se admite que no habrá dinero para pagar todas las prestaciones sociales.

Por eso, por una parte, algunos responsables autonómicos han anunciado que darán prioridad en el empleo de la obra pública que contraten a aquellos que hayan agotado las prestaciones por desempleo.

Por otra parte, se anuncia que se está estudiando la prolongación de la edad de jubilación, es decir, la edad en la que los cotizantes tienen derecho a pasar a ser destinatarios de la prestación por ese concepto.

Miren ustedes (utilizando el mismo latiguillo incongruentne con el que les gusta empezar, en general, sus interlocuciones), señores administradores de la cosa pública:

No nos tomen el pelo a quienes venimos, desde prácticamente la niñez, cotizando regularmente sin haber utilizado ninguno de los recursos de protección que tan alegremente han permitido, en otros casos, dilapidar, consintiendo trabajos en b de desempleados que cobraban prestaciones, o admitiendo bajas por enfermedades comunes inventadas a vagos indecentes que se aprovecharan de la débil inspección de los contubernios de asalariados irrespetuosos con médicos indolentes. I

No nos tomen el pelo a los que hemos cotizado incluso, durante largos períodos, de forma doble, como empleados, y pluriempleados y autónomos, acumulando más días de cotización que días reales tiene su vida laboral.

No nos tomen el pelo a los que trabajamos, porque si no no comeríamos, en empresas que no han sido favorecidas por ninguna de las gozosas reconversiones que han enviado a gozar de las prestaciones sociales a gentes en la flor de la vida, con cuarenta y pocos años, contabilizando como dobles los años trabajados en no sabemos bien qué sitios de terrible peligrosidad en moquetas bien aderezadas.

No nos tomen el pelo sin recordar a todas las reducciones de empleo que se han autorizado, en donde se mandaron a cobrar de dineros públicos a miles de empleados, que no habían alcanzado, ni de lejos, la edad de jubilación, y que pasaron a engrosar las filas de los desocupados forzosos.

No nos tomen el pelo sin haber hecho un análisis coordinado, y lo más completo posible, de lo que está pasando con la formación de nuestros jóvenes -en la Universidad como en las Escuelas Profesionales como en los Institutos, públicos y privados-. No vale que el nuevo incorporado a la Administración no se sienta deudor de lo que hicieron sus antecesores.

La política no es el arte de la improvisación. Es la responsabilidad de hacer las cosas bien, en beneficio de la mayoría, mejorando las expectativas del futuro. Caben otras definiciones, pero hoy nos gusta mucho ésta.

Sobre el paradigma de la responsabilidad social sostenible

El Gobierno de España (GE) y la Asociación Española para la Calidad (AEC) unieron sus esfuerzos para organizar una Cumbre sobre la Gestión Sostenible. La convocatoria atrajo a más de 300 personas, que tomaron notas mentales -y físicas en muchos casos- de los  mensajes, desayunaron y comieron gratis y pasaron un día en compañía.

Desde lo alto de la Cumbre, los ponentes difundieron las claves para aportar valor para una gestión sostenible, desde una responsabilidad social que para qué les vamos a contar, también ha de ser sostenible.

Gustavo Piera ("18 claves para llegar a buen puerto"), Amparo Moraleda ("Cómo tener éxito como ejecutivo en cualquier empresa") y Juan José Barrera ("No pueden hacerse ni idea de lo que vamos a lograr con el Consejo Estatal de RSE") disertaron con empuje y atractivo sobre lo que les pareció. 

El título de la conferencia de Piera venía, más o menos, en el Programa, y se corresponde con lo que escribe en su web y en su libro. Los otros títulos, a falta de referencia oficial (figuraban, simplemente, como "Conferencia"), los hemos puesto nosotros.

En los pasillos, entre ingesta y libación, algunos alumnos comentaban que había que cambiar el paradigma.Sentimos decepcionarles, pero, la única acepción aplicable a la situación de crisis, de las tres que se ofrecen del palabro "paradigma", es la de "ejemplo". Y no nos parece que el mensaje que se difunde en foros como el citado sea que "haya que cambiar de ejemplo". Los conferenciantes son casi siempre los mismos y, por supuesto, los ejemplos que pretenden dar son los que ellos han vivido, y los suyos propios.

Ergo, hay que mantener el ejemplo. No vamos, pues, a entrar en una discusión estéril a la que nadie nos ha llamado.

Lo que cambiaríamos desde Alsocaire, son las formas de aplicar "el ejemplo", dando por supuesto que ese ejemplo es el del comportamiento ético responsable, el seguimiento estricto de las leyes, la aplicación firme de la solidaridad social, la consciencia de que estamos en una globalidad y de que, aislados, no valemos nada o muy poco.

Hay que presentar buenos ejemplos y seguirlos. No solamente con las palabras de hábiles predicadores desde el púlpito. Con las voces de gentes enfangadas en la mierda, de esas que luchan día a día por no perder su patrimonio, por defender los puestos de trabajo que han creado con su pequeño/gran proyecto personal, por sobrevivir. Esas chalupas, que no disponen, por supuesto, ni de aguja de marear en el temporal, necesitan que dejen de hacer olas desde los paquebotes.

Los responsables de grandes empresas actuales, como tienen poco tiempo para leer, necesitan que se les den mensajes cortitos y, a ser posible, en forma de cuentos, con anécdotas, reales o inventadas, de gentes del Tibet, de gurús norteamericanos avalados con títulos en Harvard o vejetes simpáticos que lanzan frases que nos hacen reir.

Los responsables de las pequeñas empresas van a sus conferencias esperando que surja algún contrato, un buen contacto.

Moraleda, que respondió a una insidiosa pregunta desde el público sobre la posición de Iberdrola sobre la energía nuclear, expresando que "estamos a lo que el Gobierno decida" (aunque reconoció que los viejos técnicos españoles en nucleares, gracias al parón del Gobierno de Felipe González disponen de una "bien ganada jubilación"), citó a Warren Buffet: "Al bajar la marea descubrimos que algunos de los que se bañaban iban en pelota".

 ¿Y qué? ¿Qué más pasó? ¿Que cambiamos de paradigma?

(PS.- Muchos de los lectores de "La travesía" leyeron también "El monje que vendió su Ferrari" y un alto porcentaje cambiaron de coche el año pasado. La mayoría de los que no leyeron ni uno ni otro y estaban en el paro, siguen en él, aunque cada vez tienen más compañía)

Sobre el anteproyecto de Ley Omnibus y los Colegios profesionales

La Ley sobre el libre acceso a las actividades de servicio y su ejercicio, que está en trámite parlamentario, ha generado un hijo natural, que se encuentra en fase de anteproyecto, que tiene un título largo: Ley de modificación de diversas leyes para su adaptación a la Ley sobre el libre acceso (etc)". Se la llama, coloquialmente, Ley Omnibus. En realidad, es una Ley Apisonadora.

Modifica 46 Leyes estatales y, de entre ellas, destaca la profunda revisiión que pretende de los Colegios Profesionales, a los que lanza unas cuantas andanadas por debajo de la línea de flotación, con el pretexto argumental de la adaptación a la Directiva comunitaria de la que trae causa la Ley madre y la filosofía, que obviamente nadie discute, de servicio al interés general, que debe presidir, como todas las demás Administraciones y Entidades con vocación de servicio público, la actuación de aquellas instituciones de tan rancia solera.

Los Colegios Profesionales están necesitados de una Ley de reforma, sin duda, puesto que se rigen, en lo fundamental, por una Ley preconstitucional y dos arreglos posteriores, que no se han atrevido a ir al núcleo de las cuestiones que deberían acomodarlos plenamente a los tiempos que corren. Pero pretender la modificación de sus fines y modos de ejercicio por la puerta de atrás, es un gravísimo error del legislador, que está levantando en armas (de momento, pacíficas) a los representantes colegiales.

Los puntos más graves del anteproyecto se centran en la incorporación como fin fundamental de los Colegios "la defensa de los consumidores", lo que, además de ser estrambótico en una institución de esa índole, entra en evidente conflicto con las Asociaciones de Usuarios y Consumidores, que, desde luego, no tienen como fin fundamental la defensa de los profesionales. Diferente sería si se hubiera previsto -como se solicita desde las representaciones de los Colegios- que se indicara que deben actuar con especial consideración a los intereses de los consumidores.

Otros puntos de atención, en absoluto menores, serían: la eliminación de la obligatoriedad de colegiación (con generación de potenciales agravios comparativos y la generación de paraísos de control), la voluntariedad de los visados (con eliminación de las medidas de supervisión que, por el contrario, sí convendría incorporar legal o reglamentariamente a los Colegios profesionales) y, en fin, y para no hacer largo este Comentario, la eliminación de los honorarios orientativos (lo que deja, justamente, al consumidor, sin ninguna referencia, ni ante la sobrevaloración escandalosa de los servicios, y a la evaluación fiscal y de control, sin datos sobre el posible dumping o la ocultación de datos).

Sobre la religiosidad como factor social

No hay duda de que algunos se empeñan en dar al César lo que debería ser de Dios, entremezclando a sabiendas los churros con las merinas. La religiosidad como elemento de influencia social, esto es, económica, viene siendo el banderín de enganche para grupos de influencia muy variados, en este país como en otros, en la religión católica como en cualquier otra.

Por supuesto, la raiz de todo ese lío de confusión de las creencias de los libros sagrados con los adoctrinamientos por los que se prometen -y consiguen- cosas de este mundo, pero solo a quienes hayan pasado por sus gañotes las piedras de molino con las que se les obliga a comulgar, está en lo apetitoso que resulta vivir como dios en esta Tierra. Y una fórmula bien acreditada es prometer la eterna bienaventuranza a los crédulos y hacerles al unísono la existencia más difícil a  cuantos osen poner objeciones en el camino hacia el altar en donde se venera el becerro del poder y el dinero.

Rezar al Ser Superior en grupo y mantener esa unión ante la fe para conseguir mover los más dorados hilos terrenales es un proyecto ambicioso  que exige de parafernalia, autoridad, dineros, presión moral, milagros, castigos y todo un edificio construído a base de favores, de hoyportimañanapormi, y de sinoestasconmigotevasaenterar. No es sencillo ni se improvisa.

Podemos poner nombres a estos grupos, -estrictamente sectas, pero en absoluto porque aglutinen a la fuerza a seres débiles, sino porque consiguen captar a seres fuertes para mejor difundir una nueva de lo más antañona, ésa de que todo lo podemos si apoyamos sin fisuras a aquel que nos importa. El credo terrenal debe adornarse con unos pocos principios que sirvan de identificación y compañía: hay que estar en contra de algo, y hacerlo con vehemencia iluminada,

Que otros poderes humanos, como son, sin duda, los partidos políticos, regidos por similares o idénticos breviarios pero con dioses más laicos y las mismas actitudes descalificatorias del contrario, ocupen circunstancialmente algunos de los sillones, no debería hacernos olvidar que ellos están ahí. Siempre están ahí.

Entre bastidores, cuando vienen mal dadas. En la palestra, si sale el sol. Son más fuertes, más resistentes a las adversidades. No tienen nada que perder, porque los dioses están de su lado. Están dispuestos a cambiar de nombre y hasta de santos y líderes. Cuentan con un arma infalible: la fe en que todo lo que no es eterno, perece.  Y manejan la eternidad con el cuidado de un sabio.

Contra la fe, paciencia. Paciencia para apoyar los avances del ser humano, en la lealtad, en la solidaridad sin contraprestaciones, en el respeto a las ideas de los otros. Esta paciencia nos permitirá presentar la batalla desigual de David contra Goliath . Manejando la finitud y la ética universal como espadas flamígeras.

Sobre el consuelo del circo

La recién nombrada ministra de Economía española, Elena Salgado, en las primeras entrevistas concedidas, ha puesto sobre el tapete político una de las ideas filosóficas que, en sintonía clara con el presidente de Gobierno, señalará su programa.

Preguntada acerca de si aconsejará a los españoles que se abrochen los cinturones (expresión simbólica por la que se viene admitiendo que hay que reducir el consumo irresponsable, cobrar menos y trabajar más) ha declarado que: "No es hora de pedir sacrificios a los españoles . Lo que hay que hacer es difundir entusiasmo" (El País, 12 de abril de 2009).

Cuando se compara la declaración con las que venía realizando últimamente su antecesor en el Ministerio, Pedro Solbes, se advierte que, más que una fórmula de naturaleza económica, lo que ha pretendido la nueva ministra es señalar un cambio de tono.

Nada de pensamientos quejumbrosos. Alegría. Optimismo. Entusiasmo.

Más circo, pues.

Aunque nos da la impresión que el pan y el circo no son magnitudes recíprocamente compensables. Pero por intentarlo...

Sobre la predicción del futuro: ciencia, experiencia, fantasías y mentiras

La ilusión por predecir el futuro ha llenado páginas y abierto, de admiración o rabia, muchas bocas. Profetas, magos, druidas, e iluminados de toda índole se han esforzado en convencer a sus semejantes de que podían saber algo de lo que iba a sucederles, generalmente para que se pusieran en lo peor.

Desde luego, si hay que dar de comer aparte a alguien, sería a los profetas del pueblo de Dios, Israel. El profetismo de Israel, como ha sido sabiamente escrito, es un fenómeno propio del pueblo judío, exclusivo, que  acompaña como una constante toda su historia.

Esas gentes especiales, actúan como mensajeros de Dios, anunciando lo oculto o lo futuro, y tratando de recordar a sus indómitos paisanos que deberían ser fieles a los mandatos divinos o, en otro caso, caerían sobre ellos desgracias terribles. Como no les hacen caso, el pueblo elegido es diezmado de las más variadas maneras.

Como hace ya algún tiempo que ni siquiera el pueblo judío recibe mensajes sobre lo que, desde lo más alto, se quiere de nosotros, vienen suplantando esa actividad de predicción de futuro, dos clases de personajes que, no contando con la tutela divina explícita, se ven obligados a utilizar su majín para improvisar lo que quieren transmitir dle futuro a sus conciudadanos.

En un grupo se encuentran políticos y sus inmediatos colaboradores, los sociólogos y economistas de salón (de sesiones), que, combinando algunas ecuaciones y verdades físicas y técnicas con la imaginación más o menos calenturienta, predicen el futuro colectivo y, sobre todo, explican el pasado, generalmente, con el propósito de exculparse.

Por otro lado, se sitúan los videntes, magos, iluminados y tramposos en general, que, utilizando la fórmula magistral de que la historia se repite y de que todos los seres humanos se parecen física y, sobre todo, síquicamente, aplican al que les pregunta la vivencia sintética de otros. Así, por ello, los amores conducen a su terminación, la fidelidad se rompe por definición, las alegrías se terminan rápido, un mal no dura, alguien nos odia rabiar, las cosas no son tan feas como se pintan ni tan hermosas como se imaginan, hay un viaje para cada inmovilista, y un naufragio acechando a cada marinero...

Utilizando las mismas artes  que el segundo grupo, desde el primero se nos está diciendo ahora que la última crisis se resolverá, más tarde o más temprano, en unos meses o un par de años.

De acuerdo con la Historia, acertarán en sus predicciones. Si la catástrofe es sonora, las huestes quedarán diezmadas. Los supervivientes, escaldados, tardarán algunos años en volver a las andadas. Falta solo que nos indiquen, a salvo de que confíen en que la intervención divina nos sitúe por arte de birlibirloque en donde creíamos que estábamos antes del vendaval, que son imprescindibles la penitencia y el sacrificio.

Hay que trabajar mucho más, pedir mucho menos, y, por supuesto, descubrir de una vez dónde estaban los tramposos, avaros y ladrones, porque la expiación implica que no les dejemos seguir haciendo de las suyas con nosotros.

Sobre el paso del tiempo

"Cómo pasa el tiempo". "Qué rápido se ha ido este momento". "No tenemos tiempo"... solemos decir.

Pero el tiempo no pasaría, ni sería veloz ni lento, ni sería, si no existieran otros entes a los que referirlo, que nos comunicaran, con sus imágenes tridimensionales,  la idea de cambio. Y tenemos un reloj ineludible, propio, inocultable, que está en cada uno de nosotros: nuestro cuerpo.

Por él sabemos que envejecemos, a partir de un cierto punto de la secuencia de cuerpos, cuando comparamos la imagen que nos refleja el espejo en el hoy con la que recordamos de algún otro ayer.

Hoy y ayer son solamente un antes y un después por culpa de esa consciencia de cambio, que se opera en cada uno de nosotros, y que hubiéramos podido percibir con otro orden, si nuestra mente hubiera decidido tomar como referencia otro modo de medir la variación de las distancias entre los cuerpos, desplegándolas de diferente manera.

Por ese reloj inventado supimos que madurábamos, a partir de la consciencia de que existíamos, hacia una deseada plenitud del yo; nuestro reloj siguió acumulando imágenes, implacable, porque apenas nos vimos pletóricos, empezamos a divisarnos ya envejecientes, más débiles, caducos. Y las imágenes se fueron ordenando ahora desde más fuerte, más hermoso, más capaz, a más débil, más feo, más inútil. Hasta que el tiempo, nuestro tiempo, nos abandonará...para siempre, porque le faltó la referencia directa de ese cuerpo convertido en polvo.

El paso del tiempo tiene, por ello, sentido para nosotros pero no para los seres irracionales. Esta cuarta dimensión añadida al espacio euclídeo es una invención útil para apoyar con ella ciertas conclusiones sobre algunas observaciones de lo que nos rodea. El veloz Aquiles nunca alcanzará la tortuga, mientras se encuentre empeñado en resolver el espacio en trozos cada vez más pequeños.

Nosotros nunca alcanzaremos la eternidad, mientras no seamos capaces de encontrar una referencia más allá de ese concepto de infinito que nos sirve para imaginar un crecimiento sin límites de nuestro Universo. Si fuéramos capaces de resolver el enigma desde el otro lado, como Aquiles y los que lo observan lo resuelven, superando la búsqueda de referencias físicas en el espacio unidimensional, podríamos saltar al otro lado de la eternidad, tan campantes.

Cuando los cuerpos aumentan su distancia entre sí, esa separación física mensurable, perceptible empíricamente, podrá ser referida a situaciones anteriores o posteriores y añadirse a ella otros números, como velocidad, aceleración, o pérdida de masa (por ejemplo), utilizando siempre como base la observación de los sucesivos estados de nuestro envejecimiento, ese reloj que llevamos dentro y que nos sirve para ordenar nuestra destrucción física.

Los relojes no "miden el tiempo", sino que lo generan, produciendo una secuencia de sucesos idénticos, a partir de un mecanismo generador, que puede provocar los pasos sucesivos de una aguja por un mismo lugar del espacio. No habría forma de ordenar esos pasos sucesivos si nuestro cerebro no entendiera lo que es antes y después.

Podíamos utilizar como secuencia para establecer el orden de los sucesos y el número de los idénticos, cualesquiera otros repetitivos, como la producción por un individuo de nuestra tribu de una madreña, el número de veces que la luna llena aparece en nuestro horizonte visual, o la cantidad de cosas que podemos hacer antes de la siguiente menstruación de una concreta mujer fértil.

No nos hemos vuelto locos -al menos, no somos conscientes de ello-. El comentario que acabamos de exponer,  puede ser compartido, al menos parcialmente,  por muchos de los contrarios a las explicaciones extraídas de la teoría de la relatividad que, entre otras cuestiones de peso, considera el tiempo la cuarta dimensión, al mismo nivel que las tres coordenadas del espacio euclídeo, a las que referimos las dimensiones de los objetos (largo, ancho, alto).

El problema, en realidad, no está tanto en la comprensión de la limitación del tiempo, sino en la destrucción física del concepto de su infinitud. La eternidad, como el infinito físico de las dimensiones de los objetos, es un concepto abstracto, un absoluto. Podemos entenderlo como final teórico de una secuencia razonable, pero no existe más que como producto interesado de nuestra imaginación, pura poesía.

 

Sobre traición y tradición religiosas

Pocas ciudades, pueblos o villorrios de las dos naciones que han sido, en otro tiempo, baluarte de la religión católica,  a saber, España y Portugal, dejarán de manifestar en Semana Santa la teatralidad de su fe anatañona con un desfile de encapuchados, imágenes, penitentes y fanfarrias.

Llevada la señal de la buena nueva, en plena exaltación tridentina, a Latinoamérica por esforzados exterminadores del paganismo indígena, son también muchas las localidades de Colombia, México, Guatemala, Bolivia, etc., que sacan estos días de paseo a los cucuruchos, tronos, pasos procesionales, baluartes y cornetines, en una muestra de devoción colectiva, que, si aún no ha movido montañas -que se sepa-, arrastra a devotos y curiosos por millones.

En algunos lugares, desde luego, la representación alcanzará niveles que solo la libérrima imaginación popular pudo haber concebido. Ingenuidad, saña, rivalidad, sensualidad y colorido, se entremezclan en un cóctel mágico.

Empalados, crucificados, flagelados, punzados y punzantes, místicos y paganos, iluminados, cantautores, rezadoras y danzarinas, unirán sus cuerpos, a veces ocultos y otras semidesnudos, frecuentemente descalzos, al sobreactuado fervor de quienes asisten, conmovidos hasta la piel de su alma y al borde del lloro incontenible, a esa demostración colectiva de amor por la escenografía medievalera.

Los actores son también, a la postre, espectadores, y, todos al unísono, representarán un guión sin muchas sutilezas que fue escrito originariamente, en una obra colectiva despreciable, por autores mayoritariamente anónimos. Sacerdotes hebreos, colegas envidiosos, sayones romanos, que, si Dios mantiene interés por restablecer el orden universal en esta esquina mundana de su creatividad, deben estar desde hace veinte siglos quemándose para siempre en las zonas más caldeadas de los infiernos.

La devota tradición se ha convertido, sin embargo, en traición pagana, cuya dimensión avanza año tras año.

Cuando se van los encapuchados y los porteadores de las pesadas imágenes con cristos, dolorosas y sayones, y se retiran los devotos expectadores, después de haber observado con curioso silencio el paso del vecino o haberse sentido sobrecogidos por lo sanguinolento de los piececitos descalzos de presuntamente femeninos penitentes, el tumulto no entra masivamente en las iglesias para pedir perdón a Dios.

No. La mayoría se van de copas, de comilona, de jolgorio. Porque, digerida la tradición de la Semana Santa como un pretexto para pasarlo bien, el suplicio del Redentor se ha convertido en días de fiesta contantes y sonantes para los destinatarios de tanto sacrificio.

Debieran introducirse algunas novedades en las tradiciones procesionales. Ya que las gentes no van a las iglesias, y a aprovechando que "los santos" andan por la calle, podría ponérseles tronante voz, y hacerles gritar algo así como "¡Arrepentíos!". (Perdónenos el lector más creyente, pero también podría gritarse de cuando en vez: "¡Consumid!", como medida circunstancial paliativa de esta crisis)

Arrepentimiento que debería tener su raíz, en nuestra heterodoxa opinión, no tanto porque unos judíos incrédulos hubieran puesto hace 2.000 años al Hijo de Dios en el camino protagonizar el más execrable Auto de fe de la Humanidad, sino porque sus farsantes imitadores actuales, después de haber representado a conciencia el papel de sayones, cristos y cruzados, prefieran refocilarse en los más conspicuos terrenales placeres, a pesar de haber sido calificados de pecados mortales por los más diversos representantes del Altísimo, en lugar de retirarse a sus hogares a meditar qué hacemos aquí, a dónde queremos ir, porqué razones.

 

Sobre física, poesía y cosmogonía

En el principio creó Dios los cielos y la tierra. Y la tierra estaba desordenada y vacía, y las tinieblas estaban sobre la faz del abismo, y el Espíritu de Dios se movía sobre la faz de las aguas. Y dijo Dios: Sea la luz; y fue la luz” (Genesis 1:1-3).

Muy posiblemente la dificultad mayor con la que se encontró el Dios de la Biblia, en esa Semana Santa frenética de la Creación universal, fue separar la luz de las tinieblas. Bien porque la labor fuera ingrata o su conclusión inncesaria, han quedado parcelas muy oscuras en esa referencia conceptual del Todo que es, justamente, el Universo. 

Los físicos se han esmerado desde que recogieron algunas ideas aprovechables de los filósofos y estos, a su vez, de los poetas, en reconstruir lo sucedido en esa Semana singular. De momento, una mayoría cualificada parece haber entendido que no hubo siete o seis días simbólicos de divina tarea, sino un solo instante de magia, a partir del cual, mediante procesos químico-físicos de naturaleza y condición aún ampliamente desconocidas, se ha llegado hasta aquí.

No hay problema con incorporar al modelo el tiempo que haga falta , porque el concepto abstracto de eternidad nos brinda los millones de años que necesitemos. Tampoco lo hay para la concatenación lógica, en el terreno de la física teórica, pues los conceptos de espacio enedimensional y energía nos sirven para darle vueltas ad infinitum a las consecuencias de relacionar masa, velocidad de la luz y energía.

Podemos, por ello, aceptar sin mayores reparos que una combinación bien aplicada de fórmulas matemáticas, concatenadas gracias a trabados teoremas y con la eventual incorporación, viciosa pero controlada, de solamente algunos postulados, o sea, principios sin demostración, es la explicación que lleva desde el big bang hasta este despliegue fenomenal que nos rodea, cada vez más inmenso.

Podemos aceptar que el guía del proceso en esa evolución selectiva es la negación de lo absurdo, y que así se han generado galaxias, agujeros negros, planetas, rocas, agua, plantas, animales irracionales, y hasta seres humanos con capacidad para entender algo de todo esto y, en fin, seguramente, alienígenas, con capacidad de entender incluso mucho más de lo mismo.

La física téorica explicará algún día, sin duda, lo básico de la cosmogonía que nos dará respuesta suficientemente satisfactoria de lo que nos ha traído hasta aquí. Entenderemos entonces sin mayores fisuras la razón íntima de lo que nos acompaña.

Pero nos seguirá faltando la explicación de lo que nos hace especialels a nosotros, es decir, nos permite actuar en ese cosmos como seres racionales, no determinados, creativos. Porque esa es una verdad incontrovertible. En esa masa de material ajeno, creamos. No creemos crear, creamos.

Hoy por hoy, con un avance notorio respecto al momento en que se creía que el Hombre y la Tierra eran el centro del mundo, el núcleo duro de los físicos teóricos se mueve utilizando cada vez menos postulados, y ellos como materia prima central, fabrican un magnífico producto, fundamentalmente judeo-norteamericano, que es laureado sistemáticamente en el hipermercado sueco de premios Nobel de Fisica y consumido con fruición en todo el mundo.

Si los físicos tienen razones para estar convencidos de entender más del mundo visible, gracias al principio de indeterminación de Heisenberg, al principio de equivalencia de Einstein y a unas cuantas partículas imaginarias y algunas constantes particulares. Aunque los demás humanos sigamos encontrando nuestros motivos de satisfacción en los brillantes trabajos anteriores de los termodinámicos, mecánicos, y químicos.

Pero los metafísicos lo siguen teniendo crudo.

Una cosa es admitir como conclusión experimental que la luz deriva hacia el rojo al alejarse del observador (efecto Doppler) y, por tanto, que el Universo se expande, y otra explicar qué hace a algunos entes físicos capaces de generar interrelaciones con el material abstracto que conforma el mundo de las ideas. ¿Qué partículas son esas? ¿Qué verdades universales, además de los que Aristóteles o Kant pusieron sobre la mesa, ordenan el territorio de la metafísica? ¿Necesitamos un principio de indeterminación para los conceptos abstractos?

Es imprencindible, parece, aún, mucha poesía para acercarnos al entendimiento global del Universo.

Sobre la imprescindible revisión de las carreras universitarias y la posible metodología

Lo que se enseña en una carrera universitaria debería responder a un plan global y los programas de cada una de las asignaturas, estar ajustados a ese plan como un guante. Cada curso lectivo, puesto que los objetivos de las enseñanzas que la sociedad desea transmitir por la vía de los estudios universitarios a los discentes, pueden cambiar, debería revisarse esa adaptación.

La Universidad no es autónoma, sino que es la sociedad la que señala, porque lo financia, sus objetivos, de manera, por supuesto, concertada con el estamento universitario, tanto docente como discente. Distinto es que alguien quiera estudiar, por puro placer o curiosidad, una materia: pero para llevar a cabo ese deseo, que deberá costearse él mismo, no necesita acudir a la Universidad, aunque los medios universitarios puedan dedicarse, excepcionalmente, a tal función.

La sencilla y lógica propuesta tiene dos dificultades  para su realización práctica. La libertad de cátedra, que está siendo tradicionalmente malentendida como la libertad para que cada titular docente haga lo que le parezca con sus horas lectivas, no supone sino la libertad de que al docente no se le impongan cortapisas ideológicas para enseñar...pero de ahí a que haga de su programa un sayo hay largo trecho.

La segunda dificultad reside en que ningún inspector se ha preocupado hasta ahora de saber en qué consisten, concretamente, las enseñanzas impartidas en cada carrera.

Para resolver esto último, no basta disponer de los programas en donde se enumeren en unos cuantos renglones las materias que se pretende impartir. No. Todos los profesores deberían conocer, exactamente, lo que se está enseñando en todas y cada una de las demás disciplinas de la carrera o carreras a las que está adscrita su asignatura, evitando duplicidades, exposiciones contradictorias injustifadas y dotando de coherencia a la enseñanza conjunta. Solamente los alumnos de cada promoción pueden tener, en la actualidad, esa visión específica.

La sociedad, que sustenta la Universidad y la necesita y realimenta, necesita saber lo que se enseña en ella, tutelar y orientar el ejercicio de su actividad. Los Consejos Sociales tienen ese cometido, pero no lo cumplen, porque no saben o no pueden. Porque nadie, salvo los alumnos, sabe lo que se enseña de verdad en las aulas.

Si se dispusiera de los desarrollos específicos y completos de todos los programas, esa visión imprescindible la tendríamos todos, y, en especial, los inspectores de las carreras. Para ello es necesario que absolutamente todos los profesores estuvieran obligados a poner por escrito, de pé a pá, lo que están enseñando en cada curso. Y, además, deben existir reuniones de coordinación efectivas en las que se hiciere la depuración y mejora de los programas, a nivel de departamento y de Facultad y carrera profesional.

El cumplimiento de esta pretensión hace que las carreras impartidas por el método de Enseñanza a Distancia o por e-learning capaciten para una formación, como principio general, más robusta. Los alumnos deben estudiar, además, al completo, el contenido de los programas y, puesto que todas las asignaturas tienen su material docente por escrito, la revisión de lo que se está enseñando es sencilla para todos, tanto para otros profesores como para los coordinadores generales, como para los futuros empleadores.

Sobre los cambios del Gobierno de Zapatero en Cultura, Educación y Sanidad

El presidente José Luis Rodríguez Zapatero ha confirmado en el Consejo Extraordinario de Ministros del 7 de abril de 2008 las filtraciones de los cambios que habían trascendido. Salen los ministros Solbes y Magdalena Alvarez y se incorporan Chaves y José Blanco. Pero hay más.

La labor de Trinidad Jiménez como secretaria de Estado para Iberoamérica se premia con el ministerio de Sanidad y Asuntos Sociales, abriendo así la puerta para que Bernat Soria, que ya había manifestado demasiado claramente su posición en relación con los temas del aborto, experimentación con células madre y la eutanasia, vuelva a sus trabajos de investigación.

También hay premio para Ángel Gabilondo , activo pero contemporizador rector de la Universidad Autónoma de Madrid, con buenas relaciones con Monseñor Rouco Varela y la cúpula eclesiástica más convencida de que no hay que enseñar desde el agnosticismo Educación para la Ciudadanía, sino implantar unos buenos principios cristianos en el educando. Será Ministro de Educación en sustitución de Mercedes Cabrera, cansada seguramente de luchar contra enemigos invisibles.

Ángeles González Sinde , presidente hasta ahora de la Academia de Cine, guionista de La buena estrella y Una palabra tuya, entre otras películas de éxito, desplaza en el ministerio de Cultura a César Antonio Molina, que tenía abiertos muchos frentes de alto alcance y que deberán ser resueltos en lo que queda de legislatura (Ley de las Artes Escénicas, Ley del Libro, Ley de Archivos, Ley del Cine, etc., así como el Plan General de Danza o la unificación de los Centros Cervantes). Sin contar con que Molina, cuya cualificación nadie ha dudado como excelente Ministro de Cultura,  se sentía incómodo por las protestas sistemáticas del grupo que capitaneaba Angeles, demandante de una mayor atención pública. 

González Sinde no tiene buen cartel en el mundo de los usuarios de las telecomunicaciones de andar por casa, por sus declaraciones al respecto de las restricciones al uso de internet, exigiendo el control de las bajadas ilegales de canciones, películas, libros o programas. Los partidarios del software libre y los contrarios al canon digital, afilan pues, desde hoy, sus uñas contra quien fue combatiente peculiar de lo que llamó sin ambages "piratería informática", por lo que son de augurarle incómodas protestas si no cambia el chip.

El nombre de los Ministerios también cambia, volviendo algunas anteriores segregaciones al redil clásico. Asuntos Sociales se integra en Sanidad, y la Secretaría de Estado de Universidad deja el Ministerio de Ciencia y Tecnología -ya bastante cargado por el tira y afloja de Cristina Garmendia con Industria y Economía- y retorna al Ministerio de Educación.

Sobre las cuotas lácteas y el precio de la leche

Para el 2015 está previsto que la Unión Europea suprima las cuotas lácteas, la clave de la reconversión que permitió la concentración de la producción lechera en unas pocas manos.

En España, el vacuno de leche fue uno de los sacrificados con la entrada en el Mercado Común, cambiando drásticamente el panorama agroganadero de los paisanos del Norte. Muchos -la mayoría- de quienes mantenían pequeñas explotaciones, decidieron vender sus cuotas, porque se limitó la producción de leche española para que los excedentes comunitarios tuvieran entrada en nuestro mercado.

Hubo otra transformación importante, desde el consumidor. El cliente español empezó rápidamente a valorar mejor los quesos, los yogures y los transformados lácteos, que incorporaron valores añadidos industriales al  líquido blanco.

Resultó así que el precio de la leche al ganadero se contrajo, con la argumentación de que el mercado era muy competitivo. Pero los márgenes de las multinacionales lecheras aumentaron, porque la calidad de la leche vendida al gran público empeoró (más agua, menos grasas, más nombres sofisticados para confirmar su pureza bacteriológica) y se aumentó la oferta de derivados lácteos, a precios muy interesantes para las fábricas.

España importa hoy leche, fundamentalmente, francesa. Como en todo el sector de servicios y distribución, las firmas francesas controlan el mercado. La leche y los lácteos se distribuyen básicamente a través de las grandes superficies, controladas por las mltinacionales que toman decisiones en Paris.

Mientras tanto, en España, los industriales ganaderos andan molestos y desorientados. Por algunos, se pide un fondo lácteo europeo para ayudar a los que se han endeudado para comprar cuota láctea y ven en el aire la posibilidad de amortizar sus inversiones debido al bajo precio de la leche (la caída experimentada, que llega a niveles de 26-30 céntimos de euro por litro, cuando hace apenas dos años éramos los que pagábamos la leche en origen más cara de Europa. 

Las cooperativas, presionadas por los bajos precios que marcan las grandes superficies y que tienen intereses más generales (la leche ocupa un lugar menor en la cesta de la compra) no pueden mantener de forma rentable sus rutas de recogida menos efectivas. Leche Pascual y Río, por ejemplo, han reducido drásticamente sus recogidas en el occidente asturiano.

Tampoco se trata únicamente de vender mejor calidad, porque el consumidor de lácteos -mujeres y niños, mayoritariamente- se ha orientado, forzado por la publicidad, hacia la leche descremada, los yogures ligeros y los batidos con o sin frutas.

En consumo de quesos por cápita, el gran hueco pronosticado para el consumo español, en relación con las medias que ofrecía el resto de la Europa rica, se ha estancado, después de una subida fulgurante, y el producto de calidad se ha instalado en precios prohibitivos para una economía en crisis (entre 10 y 20 euros por kilo).

Un factor colateral es el deterioro paisajístico producido por el abadono del campo. Muchas de las praderías han sido convertidas por la naturaleza en zonas de zarzas y helechos. 

La ganadería que ocupa los mejores montes comunales está hoy formada por recuas de caballos y potrancas descontrolados o de propietario anónimo, que pastan las hierbas y hojas tiernas que surgen después de las quemas provocadas en los montes bajos y en la destrucción provocado de los brinzales de repoblación sistemáticamente abortada.

Las poblaciones rurales aisladas, prototipo de la economía de subsistencia, se han ido mutando en ruinas, que las nostálgicas recuperaciones como segundas viviendas de expatriados no pueden, obviamente, suplir.

Hace falta hacer un análisis completo de la realidad láctea española y analizar, con conocimiento y seriedad, los efectos de la unidad de mercado lácteo europeo sobre la ganadería española que es, sobre todo, la del norte. Lo que está sucediendo en la Central Lechera Asturiana, cuyas cuentas de 2008 no han sido todavía aprobadas por la división entre los compromisarios de su Asamblea General es algo más que un síntoma.

Es el reflejo de dos ideas contrapuestas de entender la gestión de una Cooperativa lechera antes ejemplar: sucumbir ante los más grandes o defender una política de precios y calidad contra los gigantes del sector. Pero, para ello, hace falta que las reglas de juego se delimiten claramente y se controle su cumplimiento, porque no se puede apostar por un futuro cuando el otro jugador impone las reglas que quiere y las infringe como le da la gana, que es lo que vienen haciendo desde el otro lado de los Pirineos con el apetitoso mercado hispano.

 

Sobre el cambio de Gobierno que Zapatero acordó con Obama

Las últimas actuaciones en política internacional del presidente Zapatero le han mejorado su sonrisa habitual de chico bueno en la que se le había incrustado un rictus de pánico. Falta le hacía.

Parece que el mérito fundamental de ese cambio de tendencia de humor es su confirmación de que la sintonía tan anunciada con el mirífico presidente Obama existe, aunque no le haya autorizado a poner los pies sobre la mesa, sino sobre el difícil terreno de una economía mundial que se ha ido al garete.

Resulta creíble que Zapatero, experto en aplicar la fórmula de aprovechar las fiestas y los fines de semana para dar las noticias -sobre todo, si son malas-, haya previsto las vacaciones de Semana Santa para comunicar la resolución provisional a una crisis de Gobierno que se le viene vaticinando desde hace meses. No es verosímil, sin embargo, que se le haya ocurrido la remodelación en el transcurso de una reunión intensiva -en tiempo y esfuerzos de concentración para meter baza aprovechando los posibles resquicios-, como lo fue la de una reunión de los G-20 + España, en la que había que competir con la reina de Inglaterra, Carla Bruni, Berlusconi y Michelle Obama.

Ergo, la tenía preparada desde antes.

Bien es cierto que si los cambios se reducen a lo que ha sido filtrado vía la Ser, poco tenía que preparar: Solbes le había dado ya el trabajo más duro, hecho: había presentado su dimisión en público. 

Blanco y Chaves forman parte del equipo de máxima confianza. En cuanto a Salgado, además de pertener al tipo de mujer que más le gusta a Zapatero (y a muchos), -por inteligente y discreta-,  se trata de una profesional todoterreno, que utiliza como nadie la virtud de los ministros que son conscientes de no tener gancho popular ni pretenderlo: trabajar en silencio; ir a lo suyo, haciendo lo mejor que sabe lo de todos.

Los efectos colaterales son, sin embargo, los que merecen más atención. Si fuera cierto que Chaves, presidente de la autonomía andaluza, vuelve a Madrid al Gobierno central, la operación de sucesión debió estar pactada antes y con sumo cuidado, pues con los votos no se juega. 

Con Chaves devuelto a Madrid, como superministro de coordinación de temas autonómicos (vaya tela), su función complementaría imprescindible sería la de reforzar a su sucesor en tierras béticas, para no perder allí la hegemonía sociata que él había conseguido forjar en torno a su visible cabeza. Por cierto, apoyándose también en el regalo de una oposición que utilizó la misma fórmula que le sirvió a Fernando Morán para consolidarse indiscutiblemente como uno de los mejores ministros del gobierno de Felipe González: ser tomado por tontorrón, siendo listo como el hambre.

Hace años, antes de que la conociéramos como ministra de Fomento experta en provocar tensiones, se hubiera propuesto como sucesora de Chaves a Magdalena Alvarez. Ahora la que le gustaba más al del "ploglama", que dijo preferir a "una sucesora", sería María del Mar Moreno. Pero, tirando por lo lógico, y descartando, desde luego, que se tenga que hacer por ello ninguna cirugía transexual, quien quedará en Andalucía será José Antonio Griñán, vicepresidente andaluz y persona de prestigio en los asuntos varios, comodín que fue para otras crisis y con experiencia por eso en ocupar sillas, tanto las vacías, como las de respaldo alto e incluso sin desdeñar descalzaderas.

El traslado de Elena Salgado tiene algo más de misterio, aunque, dada la confianza que le tiene el presi, no le faltará nunca un ministerio. De formación académica ingeniero-economista, se ha especializado en esa cosa polimorfa que es la reestructuración de lo que le pongan delante, la gestión del personal más conflictivo y las negociaciones a cara de perro. Salgado vale tanto para tutelar la cartera de Sanidad, como la de Administraciones territoriales, o para ser superministra de Economía. No dirá nunca que no a lo que le manden desde arriba, ni tampoco sí a lo que le exijan los de abajo sin concretas razones.

Como sustituta de Pedro Solbes lo va a tener, claro, realmente difícil. En un doble sentido: por  la situación general, de la que no va a  ser posible que obtenga a corto plazo mérito alguno, y por la situación particular del Ministerio-vicepresidencia, ya que Solbes es uno de los profesionales con mejor formación económica de este país (y de Europa). Por cambiar el collar del sabueso, la crisis no va a marcharse antes.

En cuanto a la vuelta de José Blanco al Gobierno que hace papel principal en el escenario,  debería compatibilizar su actual posición de subsecretario general del PSOE, -o lo que esté siendo actualmente en el aparato bastante descuajeringado-, con el cargo de ministro de Fomento, carece, aparentemente, de sentido político claro. Salvo que su retorno sea a petición propia, para regodearse mejor de ver vencido y supuestamente derrotado a su antagónico Solbes y apuntarse a la activación de la obra pública que está entre los cometidos imprescindibles de la política económica del Gobierno, endeudándose más, asunto al que su antecesor  le ponía cara de sabueso.