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Al Socaire de El blog de Angel Arias

Sobre Teseo y Minotauro en el laberinto

El Catedrático de Economía Aplicada, Juan A. Vázquez, -ex rector y ex director de la CRUE- publica en La Nueva España del 14 de septiembre de 2008 un artículo titulado “El laberinto de la crisis”.

En él desarrolla, con intención didáctica que recuerda la de esos libritos norteamericanos que prodigan recetas para cocinar las salsas del mercado, algunas ideas para mejorar el actual marco económico, después de indicar que coincide con Xavier Sala en que en esta crisis concurren múltiples factores capaces de producir cada uno de ellos una situación crítica.

El título elegido es sugerente para volverlo por sus tornas, y hablar de la crisis -Minotauro- encerrada por Dédalo -a saber quién- en el laberinto, y recibiendo a diario el sacrificio de víctimas humanas -aquí, sectores y empresas- hasta que Teseo -el héroe- libera al demiurgo.

No parece que el insigne economista quiera asumir el papel de Teseo, porque sus propuestas son bastante simples, hay que suponer que porque así lo dispuso el autor, dado el lugar y los destinatarios que eligió para sus consejos. Que, para que el lector no se quede en mayores ascuas, resumimos en una línea: depurar el sistema, inyectarle liquidez, rebajar el nivel de vida, producir más y ser más eficientes, priorizando las medidas en relación con objetivos y medios.

Como el profesor Vázquez es maestro para aplicar el instrumento económico a la realidad, sorprende que las medidas propuestas no sean más concretas. Aún sorprende más que sean de imposible realización sin provocar una debacle, convirtiéndose, por ello, en desideratas más propios de un libro de texto para meritorios discentes que para ilustración de políticos y asombro de colegas.

Que el sistema andaba sobrecalentado y que vivíamos de prestado, lo sabe todo el mundo, solo que, como en el timo de la pirámide, nadie se creía que la cadena iba a romperse, ni siquiera el Gobierno y sus asesores. No contentos con haber calculado los valores actuales de los beneficios futuros, y comérnoslos hoy, habíamos permitido el endeudamiento de las rentas y salarios por percibir.

En esta alegría sin razón, las entidades financieras habían prestado dineros con solo nóminas, y permitido hipotecas al 120% del valor real de la cosa. Hemos construído carreteras -autopistas y vías vecinales- para ir mucho más rápido entre dos ningunas partes, recuperado ruinas, hecho museos, polígonos industriales, auditorios y salones de actos en cada pueblo y, por supuesto, para ayudar a la producción foránea, hemos tirado el televisor, el frigidaire y el lavaplatos cuando se estropeaba el chip más cutre.

Darle al rabil de hacer más dinero para prestárselo a los sectores más afectados por la crisis -constructores, ensambladores de automóviles o entidades financieras- es aumentar la inflación, además de ser medida imposible si el Banco Europeo no está por la labor. Pero es que no falta dinero, sino que lo que nos faltan son ideas donde emplearlo bien.

La culpa de esa falta de creatividad la tiene el desprecio de imaginación y cultura que ha sido tónica de los tiempos modernos. Hemos prejubilado a muchos de los que sabían, para que aprendieran, con errores ya trillados, los jóvenes recién egresados de las escuelas de negocios. Hay que recordar los aires de suficiencia con los que los neófitos explicaban a los que peinaban las primeras canas lo que había que hacer con el cash-flow, lo fácil que era pignorar y lo estupendo que eran las subprime y las segundas y terceras hipotecas.

Está bien proponer que rebajemos el nivel de vida, si por nivel de vida entendemos hacer muchos viajes de turismo al extranjero, andar de acá para allá con los cuatro por cuatro y gastar en caras bebidas, ropas, joyas, cuadros y espectáculos que se promocionan a golpe de top models y admirables artistas y genios de las variedades, despreciando investigación, consejos de científicos y sensatos, y llenando el parqué de universitarios que solo tienen el título como bagaje de conocimientos.

Pero mejor dábamos un vuelco a las prioridades de nuestra sociedad, revisando en lo profundo las inconsistencias del mercado que se ha probado, una vez más, ineficiente para asignar correctamente los recursos, si se le deja libre, en un país en el que unos pocos lo mandan casi todo.

Nosotros creemos que el trabajo de una sociedad, la tarea bien hecha, es la mejor manera de avanzar. Hay que crear trabajo para todos, y dar trabajo a todos. El paro, con el apoyo o no de la seguridad social, es un indicador estupendo para reconocer que no lo estamos haciendo bien. Porque una fuerza improductiva, olvidada, inútil, es el testimonio del fracaso de una sociedad avanzada.

Mientras llega Teseo, seguiremos alimentando a Minotauro con víctimas humanas que, desgraciadamente, serán preferiblemente los más débiles, los más necesitados y, también, los más crédulos de la idea de que todo está bajo control y unos visionarios de gabinete y despacho, con indudable buena voluntad pero discutible sentido pragmático, dan ahora consejos sobre lo que podría haberse hecho.

Sobre el manuscrito encontrado en Zaragoza

Los expertos y líderes sociales que se han reunido con ocasión de la Expo del Agua en Zaragoza, que se cerrará hoy, habían quedado emplazados por Eduardo Mestre, director de la Tribuna del Agua (foro de debate propiciado durante la Exposición) a presentar sus propuestas y conclusiones en una Carta-Manifiesto del Agua, que serían difundida al más alto nivel. Desconocemos aún sus contenidos, aunque ya se supo que la propuesta del comisario de la Expo, Roque Gistau, al secretario general de la ONU -Ban Ki-moon-, de que fuera leída en esta Organización, obtuvo la callada por respuesta.

Entretanto, y desde esta modesta plataforma, nos contentaremos con dar difusión a un manuscrito sobre el tema encontrado en una calle de Zaragoza hace unos días. Está traducido al castellano (o español).

"Hola, papá.

Espero que esta carta te llegue. Por aquí, todos bien. Mamá sigue levantándose a las cinco de la mañana para traer agua del pozo, para llegar de las primeras. Se está agotando, y si llegas a las ocho ya no hay agua. Yo a veces la acompaño, porque iseguimos sin tener escuela desde que se marchó el Padre Jacinto. Recuerdo lo que me dijiste, que no te gustaba que fuera sola. Y tienes razón, a la tía Buna hace tres meses la mordió una serpiente de cascabel y se murió.

Es realmente una lata que el agua del río que tenemos al lado del pueblo no sea potable. Debía ser estupendo cuando se podía pescar en él, incluso. Cada vez está más contaminado, porque ya no beben en él ni los perros. Han estado por aquí unos señores de Europa que quieren producir pimientos rojos y han comentado al jefe que no si les salen las cuentas van a montar una fábrica o algo así para limpiar el agua y ntonces podremos beberla.

Pero antes tienen que hacer cálculos para ver si es rentable. El otro día fue luna llena y se murió una cabra de parto. Era una de las ciento ochenta del jefe. Así que tenemos en el pueblo cuatrocientas diecisiete cabras y dieciocho cerdos. Ezabel me ayuda a cuidarlas.

Cuando cumpla doce años me voy a escapar donde tú estás, así que tienes que decirme si recibes esta carta para poder encontrarte..."

La carta a partir de aquí es ilegible.

Dentro de unos años quiero irme a España. Mi hermano mayor ya se fue, y nos dicen que lo está pasando bien.

Sobre el laicismo positivo y la religión negativa

El presidente francés Sarkozy acapara protagonismos con su presencia en casi todos los fregados. Lo consigue gracias a una voluntad de desplazarse hasta el punto en donde converja la atención internacional, pero, sobre todo, gracias a la compañía de una belleza magnífica, una representante idónea de las esencias italo-francesas, con la que ha llegado al acuerdo de compartir sus intereses y los de Francia: Carla Bruni.

La fotografía de la cantante y modelo, actual esposa del presidente, rodeada de cardenales de la Iglesia Católica a la espera de que hiciera su aparición en el aeropuerto de Orly el Papa Benedicto XVI es una destinataria segura a la primera página de los periódicos europeos, y ha sido, por tanto, observada y analizada desde muy distintos puntos de vista.

El impecable traje de chaqueta, con falda a media pierna, sus zapatos bajos, el coqueto gesto de arreglarse la recogida melena, la discreción silente de Carla Bruni, todos los elementos de la femineidad con aire misterioso, atrayente y sensual, se rodean de los cuerpos caídos, los rostos envejecidos y homogéneos, cubiertos con capelas ridículas (por lo arcaicas) y uniformados con trajes talares y cíngulos que más bien parecen el acento circunflejo de la madonna.

El Papa Ratzinger y el Presidente Sarkozy han discurseado sobre el laicismo positivo, aunque tenemos dudas de que el significado de la expresión sea el mismo desde ambos lados del pensamiento. Los laicos son, o eran, para la Iglesia verdadera, los católicos que carecían de órdenes religiosas, el pueblo llano. Para los agnósticos, los laicos son quienes no tienen fe. El laicismo positivo es, en definitiva, la ética universal.

No han dicho una palabra sobre las religiones negativas. Esa combinación de fanatismos, dogmas, luchas por convencer a los otros de que sus dioses son los verdaderos, que ha hecho tanto daño a la inteligencia; es decir, también a la cultura.

Sobre Sierra Leona y calamidades

Sierra Leona es un país del Africa subsahariana que, junto a Liberia, fue creado para albergar a los libertos que a los terratenientes ingleses y norteamericanos ya no les interesaba mantener, una vez que la guerra de secesión y los vientos del XVIII les habían convencido de que tenían que ser ejemplo para la igualdad entre los seres humanos, y que los principios de la esclavitud tenían que ser modificados.

Sierra Leona tiene en la actualidad en torno a 6 millones de habitantes, de más de una decena de etnias que se llevan bastante mal entre sí. Su idioma oficial es el inglés, pero para complicar las cosas, se manejan cuatro o cinco lenguas propias, de oscuro origen y difícil escritura, con bastantes palabras tomadas de la pronunciación figurada del idioma de los patronos. El kryó -de kryolle- es una de ellas.

Sierra Leona es un país con potencial atractivo turístico, -de ese turismo de naturaleza que está de moda-, con manglares impenetrables, suaves montañas en donde llueve mucho, y abundancia de pájaros, reptiles, monos y seres humanos de mirada perdida. No tiene leones -no muchos, al menos-, y el nombre de lo pusieron por la similitud al rugido del felino que provocan las frecuentes tormentas.

Como la zona es propensa a las guerras civiles (oficialmente la última terminada en 2002), las visitas de gentes foráneas no sirven para reactivar la economía del país, que mantiene la cualidad de ser el más pobre de la Tierra. Tampoco les vale de mucho la desmañada agricultura, faltas de mecanización y criterios de eficacia, ni las aún inexplotadas reservas metálicas.

En consecuencia, los jóvenes habitantes de Sierra Leona ven su futuro en la emigración a la opulenta Europa, de la que les llegan aromas y rumores irresistibles. Qué paradoja, qué lógica. Volver a donde sus antepasados fueron esclavizados, pero, esta vez, libres. Cerrar el círculo, pues.

Reúnen un poco de dinero, pagan a uno o diez intermediarios que les confirman lo que han oído hablar de las Tierras Míticas, atraviesan varios cientos de kilómetros guiándose por los olores de la miseria, agrupándose con similares desharrapados con idénticas necesidades de romper las cadenas y, un día de gloria, se embarcan en una canoa tan hacinados como sus tatarabuelos lo fueron en los barcos de piratas que los llevaron como valiosa mercancía, y desembarcan, si el azar los ha hecho aún más supervivientes, en una playa española.

Allí, en una fugaz aparición, mientras se dejan abrigar de la hipotermia por gentes amables vestidas con uniformes de guerra que les proporcionan mantas y les dan a sorber té caliente, atisban a gentes blancas y sonrosadas, semidesnudas, que les miran con estupor, lástima y disgusto, porque les acaban de estropear las vacaciones.Se trata de una visión muy rápida, porque suelen desmayarse.

También hay casos de quienes, aún ágiles a pesar de la larga travesía, han conseguido escaparse antes de que lleguen los guardias civiles.

Tranquilos. No los van a devolver a Sierra Leona, porque no confesarán de dónde vienen. Son apátridas. Quizá, rizando el rizo, podrían ser considerados ciudadanos norteamericanos o ingleses. Incapaces, inaptos para ser devueltos a ningún país, porque nadie los reclama como nacionales de ningún sitio, al cabo de algún tiempo de retención, se les soltará -como se hace con las especies en extinción- en distintos lugares de la península ibérica.

No tienen permiso de trabajo, carecen de identidad verdadera, no conocen el idioma, pero mantendrán como seña de identidad una importante solidaridad en la miseria. Sobrevivirán, porque están acostumbrados a la supervivencia. Puede que vayan al Maresme, se instalen en Las Vistillas, se repartan proporcionalmente por toda la geografía española o comunitaria. Venderán dvds, relojes, caretas de madera y bolsos y cinturones de plástico. Todos falsos.

Por las noches, tal vez, soñarán con la libertad, sea lo que sea. Dei drím uiz déa libérti, uáns eguéin.

 

 

Sobre los riesgos de la lectura transversal

Hay que admirar a los ejecutivos que quieren estar al tanto de todo.

No rehúyen, sino que buscan, cualquier fuente que les proporcione información. No importa que no guarde relación con su trabajo actual, sus intereses o aficiones.

Internet es su gran aliado. Gracias a ella, reciben un par de centenares de correos electrónicos al día -descontado el correo basura-, se pasean por varios periódicos digitales, acopian tres resúmenes de noticias (alguna de ellas en inglés), hacen puntualizaciones a un par de informes con su marcador de cambios (¿será esta la versión final?), asisten a una reunión por videoconferencia -interrumpida por las llamadas a los dos móviles y al fijo, y aderezada con la lectura de ciertos eseemeeses-.

Pero internet no basta, porque hay que complementar lo digital con lo manual. Es imprescindible mantener un ojo sobre las notas que les han preparado sus colaboradores y colegas, y no se puede evitar ojear alguna revista mientras se chatea un rato, que siempre se podrá compaginar con sorber algo de café y mordisquear un sangüís. Tampoco hay que olvidar echarle la visual cada equis tiempo a las cotizaciones del parqué bursátil y al estado de la rodilla de Ronaldinho, o reservar para las vacaciones de invierno.

Para mantener tal grado de interés por las cosas de este mundo hay que estar especializado en la lectura transversal.

La lectura transversal es un método deductivo-imaginativo por el que, en unos segundos, con solamente leer el título del artículo o del asunto del correo, y teniendo más o menos identificado al autor, se sacan consecuencias definitivas sobre el contenido.

Si los que redactamos largos artículos y pormenorizadas explicaciones fueramos, de verdad, conscientes de la importancia y difusión de la lectura transversal y de que, no importa lo que uno escriba y quiera comunicar, la mayor parte de los receptores interpretarán lo que les de la gana, porque no tienen tiempo (o creen no tenerlo) para leer con calma lo que hemos escrito, ahorraríamos esfuerzo y desengaños.

Por ejemplo, en lectura transversal, este Comentario podría resumirse así: La lectura transversal ahorra tiempo al lector.

Que es justamente lo contrario de lo que queríamos decir: ahorra tiempo al escritor. C.q.d. (que, inicialmente, significaba la abreviatura de !como quería demostrarse"; ahora, a saber cómo se interpretará, en lectura transversal...)

Sobre jueces y militares

Existen colectivos especiales en todas las sociedades a los que, por su significación social, su presunción de ejemplareidad, sus cometidos como garantes, todos los Gobiernos deben cuidar. Jueces y militares son, sin duda, dos de esos grupos relevantes.

El pacto para la renovación del Consejo General del Poder Judicial que acaban de suscribir (segunda semana de septiemrbe de 2008) los dos partidos mayoritarios en España, ha provocado la reacción negativa de los jueces independientes -la mayoría, bendito sea Dios-, que han manifestado su disgusto ante lo que consideran un "apaño" y una "marginación", advirtiendo que podría tener consecuencias perjudiciales para la objetividad en el tratamiento de ciertos temas sensibles, que, seguramente, habrá de tratar en los próximos años este Organo superior de los jueces. Se citan: aborto, suicidio asistido, agravación de penas para algunos tipos penales, etc.

La Ley de la Carrera Militar, promulgada a finales de 2007 (Ley 39/2007) leyy a la que se han añadido algunos Reglamentos para ordenar su ejecución práctica, es la raiz de otro descontento, protagonizado esta vez por los oficiales de carrera, que creen verse marginados en relación con los oficiales que no han pasado por la Escuela militar, al menos, de forma reglada. Después de habérselo pensado, más de tresoscient oficiales han suscrito una reclamación contca contencioso-administrativa contra la O.M de Defensa del  29 de mayo de 2008, sintiéndose perjudicados en sus intereses reputados legítimos, en una acción insólita en la Historia reciente española.

Un comentario simple, con intención de chascarrillo, apuntaría que al presidente Rodríguez Zapatero le crecen los enanos.

Nada más lejos de la realidad, porque no son enanos, sino gigantes, amigo Sancho, los que allí se ven. La situación de crisis se determina y cualifica por los síntomas, y aquí no se están viendo temas económicos. Todo parece apuntar que la crisis, si no se atajan los retoños que brotan -con el diálogo, la valoración de las medidas, el estudio pormenorizado de las actuaciones y sus consecuencias- se puede generalizar desde la economía a otros sectores cruciales del Estado de Derecho.

Sobre la homologación académica de la especialidad de medicina oriental

La medicina occidental ha avanzado muchísimo en las últimas décadas, y si hubiera que reducir a cuatro pinceladas las razones de este salto descomunal, habría que referirse a la farmacología, la cirugía -ayudada por la microelectrónica y otras ramas que se habían mostrado ajenas a la medicina, como la hidráulica o la mecánica- y la informática. Un buen médico, cualesquiera que sea su especialidad, ve sus diagnósticos facilitados por la existencia de una gran masa de información, una panoplia de pastillas y preparados químicos, y la disponibilidad de equipos para el análisis de humores, tejidos y líquidos corporales.

La medicina oriental no ha avanzado especialmente en las últimas décadas. Utiliza básicamente la acupuntura y la presión física sobre el cuerpo -ventosaterapia-, las sustancias naturales -no siempre para su ingesta (fitoterapia)-, la moxibustión, y un conocimiento del cuerpo humano y de las reacciones sicológicas ante el dolor y la enfermedad que arranca desde el principio de los tiempos, y que recurre a la meditación y a la filosofía.

En los modernos centros hospitalarios orientales se utiliza una sabia mezcla de ambas sabidurías. El médico oriental se basa en las facilidades para el diagnóstico rápido que ofrecen los avances occidentales en analítica, los confirma y utiliza desde la perspectiva del chi (energía vital) y la observación atenta de las reacciones de los ejes corporales o meridianos. Cuando no ve necesarias intervenciones drásticas -fármacos u operaciones-, aplica métodos curativos o paliativos muy poco agresivos: pinchazos, presiones con la mano o con ventosas, aplicación por masaje o con ingesta controlada de sustancias naturales.

Los médicos españoles están divididos acerca de la homologación de estas técnicas que, en algún otro país europeo -como paradigma, Francia-, han adquirido categoría oficial académica. En España, la aplicación de estas técnicas se restringe oficialmente a la acupuntura y al masaje, y se lleva a cabo por fisioterapeutas o ats con conocimientos en medicina oriental.

La homologación de las enseñanzas no es ni sencilla ni gratuita. Las consultas y tratamientos de medicina oriental no son cubiertos por la Seguridad Social y, por tanto, tienen que ser costeados por el propio paciente. Además, aunque se mezclen en el asunto objeciones científicas, los aspectos corporativos de la clase médica, ocupan un lugar preferente, ante lo que es visto como una injerencia de competencias. Los médicos orientales y los occidentales, obviamente, no han estudiado lo mismo para abrir sus clínicas y consultas: unos, vienen desde la histiología y  la cirugía; otros, desde la sicología y la filosofía.

Como en todas las historias en las que se reencuentran dos ancianos que llevan tiempo sin verse desde la niñez en que fueron amigos, parece muy atractivo que ambos se cuenten con tranquilidad lo que han aprendido en sus largas vidas y saquen conclusiones comunes.

Sobre los agujeros negros

Entre la llamada fe del carretero, cerrazón voluntaria de la razón por la que se renuncia a analizar el porqué de las cosas, y la avidez del científico por conocer el origen de todo, y en especial, la fórmula magistral que dirige el Universo, hay posiblemente infinitas posiciones intermedias.

 Los grandes científicos de nuestra época se mueven entre fórmulas y complejas hipótesis que ya no se estudian en prácticamente ningún sitio. La mayor parte de los maestros prefieren las teorías clásicas, que se entienden mejor, se pueden explicar bien y, aunque no justifican muchas cosas, cumplen su función de poner a funcionar la mayor parte de los cerebros normales.

Cuando Stephen Hawking, ese astrofísico empeñado en divulgar conocimientos reservados a los muy altos chamanes, publicó Agujeros negros y la historia del tiempo, explicó que los agujeros negros son la consecuencia de la muerte de las estrellas gigantes rojas. Al enfriarse el núcleo, aumenta la fuerza gravitatoria y se reduce drásticamente su masa, por lo que después de varios miles de millones de años la primitiva gigante se concentra en un volumen mucho más pequeño que el original, y lo que antes era gigante pasa a ser enana blanca.

En determinadas condiciones, que se pueden analizar con ecuaciones físico-matemáticas, la atracción gravitatoria puede llegar a ser tan intensa que hasta la luz -ese veloz chorretón que se mueve a 300.000 km/s y que constituía hasta hace apenas un par de décadas, el límite teóricamente insuperable- es atrapada. Tenemos allí el centro del agujero negro, un peligroso fagotizador para otros soles y galaxias, una astral hormiga león enigmática en su cueva, dispuesta a comerse lo que tenga cerca, calculado en millones de kilómetros.

Como Hawking y los suyos siguen dándole vueltas al magín, van descubriendo nuevos matices, correcciones y contradicciones en sus teorías. Excepto para muy pocos, el resto solo entendemos lo que nos imaginamos a partir de expresiones gramaticales sugerentes, pero poco científicas, en realidad: agujeros, enanas, explosiones y contracciones.

Tenemos, por supuesto, un agujero negro en la Vía Láctea. Posiblemente -puestos a elucubrar- exista un agujero negro en cada uno de nosotros, aunque ignoramos qué ecuaciones conducirían a descubrirlo. 

El carretero no se inmuta. Seguro solo de lo que controla, está seguro de que, si abandonase el carro, sus bueyes se despeñarían. Cuando alguien le comenta que existe una probabilidad determinable de que los átomos del carro y de los bueyes se orienten en la misma dirección y avancen hacia arriba, en un salto mágico, sonríe. A él le van a tomar el pelo.

Sobre el suicidio asistido y el Código Penal

El ministro de Sanidad español, Bernat Soria, en una entrevista publicada por el diario El Pais el 7 de septiembre de 2008, expresa que "la sociedad está madura para abrir el debate sobre el suicidio asistido". Es decir, sobre la posible despenalización de esta actuación, hoy día sancionada en prácticamente todos los Códigos penales occidentales.

El suicidio asistido es una expresión por la que se recoge de forma genérica la colaboración para que un tercero cumpla su voluntad de suicidarse.

Puede ser necesaria y suficiente, es decir, imprescindible para que el decidido a suicidarse consume su acto. Es es el caso del impedido físico, básicamente por tetraplejía, que no podría realizarlo por sí mismo. En su fórmulación más probable, consistiría en proporcionar al resuelto a morir, directamente, los fármacos que le causarían la muerte. Habrá que suponer que ese cóctel mortal haya sido preparado por alguien con conocimientos precisos respecto a sus efectos, para no provocar una muerte con intensos dolores o una larga agonía.

Pero la asistencia al suicidio puede revestir otras formas de ejecución de la acción que no necesariamente se restringen, por supuesto, al envenenamiento, y admiten muy diversos grados de colaboración, desde la aplicación directa de la acción o la preparación para la misma que haga su consumación inevitable o reduciendo la intervención del suicida a aquellos actos que pueda realizar por sí mismo (caso, por ejemplo, de los que ayudaron a morir a Sampedro, y tan bien glosado por Amenábar en Mar adentro).

No habría que considerar como imprescindible el suministrar al proto-suicida el combinado farmacológico que le conducirá a la muerte, en caso de personas que tengan movilidad suficiente para procurarse otros medios de poner fin a sus vidas. Huelgan los ejemplos de posibles´maneras de acabar con la existencia que no consistan en ingerir pastillas o preparados químicos.

La cuestión de la lucidez del que quiere suicidarse es un elemento clave del debate. Esa manifestación ha de ser hecha en período de completa lucidez, o sería muy difícil probar que el que facilitó la muerte al impedido de proporcionársela a sí mismo no ha cometido un asesinato.

Los casos que han alcanzado mayor repercusión pública son los de algunas personas que, con total lucidez, pero impedidos por tetraplejía, han deseado -y, en contadas ocasiones, conseguido- que se les quite la vida. No soportan la situación de plena inmobilidad, con las dependencias que arrastra de terceros. Otros casos que han conmovido la sensibilidad general son los de quienes se encuentran en un proceso patológico irreversible y, aunque no han llegado a la fase terminal, reclaman la muerte, porque no quieren seguir sufriendo o haciendo sufrir a los que les quieren.

Nos parece que la delimitación de los diferentes casos en los que un sujeto reclama la ayuda para morir, es imprescindible. Si el que la pide tiene lucidez y movilidad, y no se encuentra en proceso patológico irreversible, creemos que el debate no procede, porque nos llevaría a analizar la posibilidad de autorizar el asesinato de un tercero.

Si el paciente carece de lucidez, se encuentra en proceso patológico irreversible, haya expresado o no mediante un testamento vital lo que debe hacerse, nos parece que debe evitarse prolongar artificialmente su vida, porque le llevaría a tener que soportar sufrimientos -a él y a su familia- sin otro objetivo que la hipotética mejora de la ciencia médica. Es decir, y sensu contrario, solo en los casos en los que el paciente haya expresado su voluntad de que, para mejorar el estado de la ciencia, trate de prolongarse la situación irreversible utilizando fármacos, se debería proceder a esta actuación clínica.

Los demás casos, admiten debate, claro. Pero creemos imposible llegar al consenso. Los elementos religiosos de aproximación al tema son condicionantes de la opinión de muchos, y, además, nos encontraríamos ante una situación en la que ni siquiera cabría apelar a una ética universal, ya que cada persona es diferente a la hora de concretar su actitud ante su propia muerte.

Tendríamos, por tanto, para despenalizar el suicidio asistido que recurrir a una fórmula jurídica en la que la posición personal del suicida sería clave para juzgar la actitud del tercero o terceros que le proporcionaron la ayuda para morir. Un tipo penal o despenalización penal, por tanto, a la medida de cada uno, algo contrario a principios esenciales del reproche jurídico.

Mejor dejarlo como está, pues. Porque la fórmula del testamento vital sería suficiente para amparar los casos más dramáticos del sufrimiento innecesario ante la muerte. Y, en el caso de los que desean morir porque no soportan vivir en sus condiciones, no hace falta recordar que el suicidio no está castigado penalmente en nuestros Códigos.

Si alguien ha manifestado inequívocamente, en pleno uso de sus facutlades mentales, su intención de morir, dando fe pública de ello, y aparece muerto con inmediatez a esa confesión, investigar el proceso que le llevó a consumar su deseo no debería ocupar demasiado tiempo a los investigadores.

Sobre huracanes, cambio climático y renta

A muchos turistas que se habían prometido unas magníficas y merecidas vacaciones en el Caribe, se les han fastidiado los pronósticos. Una colección de huracanes, dispuestos uno tras de otro como en una secuencia de ametralladora climática, les ha obligado a mantenerse pertrechados con con un vasito de guiski en el jól de su hotel, sin poder ni siquiera bajar a la playa.

Los turistas no tienen la culpa, desde luego, de haber calculado mal el período ideal para sus vacaciones. Contrasta su imagen de disgusto con la visión de hileras de otros humanos, fundamentalmente negros y mulatos, que avanzan entre las aguas desbordadas de no se sabe bien que ríos, y que, por lo que dice el comentarista, lo han perdido todo.

Han muerto al menos 500 haitianos, dice, y son muchos los desaparecidos, inquietante eufemismo con el que se designa a los seres invisibles cuando, en una catástrofe, algún familiar los echa en falta al volver a reunirse en la choza donde habitan para felicitarse sin palabras por haber sobrevivido a otra prueba de la naturaleza. No sabrán, seguramente, que ese ciclón que ha devastado sus míseras posesiones se llamaba Hanna, Ike o Gustav.

Tampoco sabrán que los meteorólogos han podido determinar con cierta exactitud y adelanto el itinerario que iba a seguir esa fuerza que provocó vientos superiores a los 200 km a la hora y que, unos kilómetros más allá, por esta vez, sus colegas igualmente básicamente negros y fundamentalmente pobres de Los Angeles, solo han sufrido daños materiales, por lo que el presidente del estado más poderoso de la Tierra podrá felicitarse de que todo ha respondido bien.

Hay una relación, nada sutil, entre pib, huracanes, cambio climático, efectos demoledores y los designios de la providencia divina.

Sobre la contratación en origen de trabajadores

Como los políticos de nuestro país -y no son, por supuesto, los únicos- viven y opinan en la calle, ya que no tienen apenas tiempo para estudiar los temas, siendo las apariciones públicas el pan diario del que comen sus egos, resulta que, los que más aparecen en los media, suelen ser los que más se equivocan,

Al fin y al cabo, aunque sus seguidores y algunos periodistas se esfuercen en presentarlos como héroes y heroinas, combinación del rápido Apeles, los bellos Adonis o Galatea y del sabio Merlín, son seres humanos cuya falta de preparación, unida a la tensión emocional que deben soportar, son seres humanos y es propio de nuestra especie guiarse por los deseos, contradecirse en las opiniones y alardear de tener las soluciones cuando solo sabemos del problema.

El ministro de trabajo Corbacho ha dicho que "en esta coyuntura de crisis, y con 2,5 millones de parados, debe revisarse la contratación  de emigrantes en origen, que no tiene mucho sentido". Contradecía así a su secretaria de Estado, Luisa Fernanda Rudí, en lo manifestado hacía pocos días y, más peligroso, entraba en litigio con la posición oficial de la cúspide del Gobierno -el suyo- que ´sigue defendiendo que aquí apenas tenemos una gripe ecónómica y que los cuatro o cinco millones de inmigrantes son un sostén básico de nuestra economía.

La afirmación de Corbacho parece, sin embargo, sensata, aunque ya le han obligado a rectificar. Hay que parar el flujo de inmigrantes que han difundido en sus países de origen que esto es como La Tierra Prometida. No les estamos ofreciendo condiciones dignas, coberturas sociales adecuadas, y perspectivas de trabajo estables. Y, además, nos han generado un mal muy grave -eso sí, sin culpa alguna suya- que ha supuesto que la juventud española quiera entrar en el mercado de trabajo ya con copa y puro, como quien dice, y que a la primera de cambio, unos y otros, acudan a la seguridad social, prefiriendo cobrar el cupón del paro, y haciendo trabajitos extras bajo cuerda, que apechugar con lo que venga.

El problema del paro no se va a corregir cerrando los ojos a las realidades ni dando coscorrones a quien dice las verdades. Habrá que ponerse las botas de andar entre la mierda y poner orden en las cuadras del empleo. Todos los españoles tenemos el deber y el derecho de trabajar, y en un trabajo adecuado a nuestros conocimientos, situación y necesidades, para sostener dignamente a la familia. ¿O hay que cambiar algo?

Sobre las dificultades de probar el mobbing

Como corresponde a una sociedad bien organizada, el mobbing, esa palabra prestada con la que definimos la presión que alguien ejerce sobre otro, despreciando lo que hace, ridiculizándolo, vejándolo, con el propósito de conseguir su desánimo, necesita cómplices. El autor del mobbing suele ser, según las escasas estadísticas disponibles, superior jerárquico del perseguido. El sujeto de la persecución es probable que sea mujer, con edad comrpendida entre 40 y 55 años, y funcionaria de la Administración pública.

Pero no quedan las cosas ahí para definir el panorama. El protagonista de este acto, como sujeto agente, al ridiculizar, busca que el caso sirva de ejemplo para los demás subordinados, y el mensaje suele ser: Mirad lo que hago con éste, que creéis tan listo. Lo mancillo, lo desprecio, le hago sufrir. Ay de quien siga su camino.

Los que asisten al espectáculo del suplicio del sujeto paciente, se callan o ríen las gracias, corroborando la actuación del jefe, del compañero que va de más listo. Tienen miedo de perder su empleo, de pasar a ser ellos también perseguidos. La tortura del otro queda así completa: autor y cómplices, pues tal catalogación merecen los que no intervienen para parar los pies al que tortura.

Está bien probado que el que sufre mobbing es, en realidad, envidiado. Es más ocurrente, más listo, más trabajador... Es competencia para el que realiza el mobbing y sus cómplices, y, por eso, se produce su persecución y su marginación. El dolor que le causan sirve de catarsis para los más inútiles.

Una juez de Lleida, al juzgar un caso de mobbing ha vuelto a poner el dedo sobre la llaga de la ausencia de una definición precisa de la acción típica del mobbing, lo que obliga a buscar otros tipos penales para castigar al torturador: delito de lesiones -síquicas- coacciones, actuaciones contra la libertad y seguridad de los trabajadores...

No habría por qué buscar los tres pies al gato. Tiene cuatro. Hay que hacer el esfuerzo de definir el mobbing, el acoso laboral, y tipificarlo de forma autónoma. Es una vergüenza social que la mayor parte de esos torturadores queden impunes, y sus cómplices crean protegerse haciendo daño al que, casi siempre, y de forma objetiva, es más valioso.

Sobre la (in)seguridad ciudadana y algunas derivaciones

La libre circulación de personas en la Unión Europea ha traído como una consecuencia indeseable, sin duda, el aumento de laa delincuenciaa. De todos los tipos de delincuencia, es decir, tanto de la pequeña como la grande -caracterizadas por su repercusión social, más que por la gravedad penal de los tipos- , ya que facilitan la rápida evasión del infractor o infractores desde el lugar donde han cometido su delito, y dificultan su localización por las fuerzas de seguridad.

¿Qué sería necesario?. Ante todo que, desde el momento mismo en que se conozca la comisión de un delito, se activen procedimientos similares en toda la comunidad europea, para que los delincuentes pueden ser detectados allí donde se encuentren, sin que la huída a través de las inexistentes fronteras internas pueda facilitar su ocultación en un país distinto de donde cometieron el hecho punible.

Desde luego, debe funcionar a la perfección el Banco de datos de delincuentes en busca y captura o con penas pendientes, o en período de observación después de haber cumplido con la pena impuesta. Será criticable desde el punto de vista de la redención  de la pena, pero el delincuente profesional es un reincidente sistemático para el que la cárcel solo habrá servido para mejorar sus contactos.

La sociedad no puede mantener la ingenuidad de que la reclusión facilita la reinserción del delincuente. Puede ser así, en casos muy concretos y, en nuestra opinión, cuando el que comete el delito es un delincuente ocasional. No es lo mismo el reproche que cabe hacer a quien atropella, estando embriagado al volver de celebrar la boda de su hermana, a un ciclista que circulaba de noche sin reflectores que a quien asalta a un joyero y tropella y lo hiere porque le ofreció resistencia... no es lo mismo... pero un abogado puede convencer al juez de que la situación es penalmente equivalente.

No es lo mismo el reproche que merece quien desfalca utilizando una entidad falsa diez millones de euros a la entidad financiera para la que trabaja, o miente sobre una operación de compraventa de acciones a los minoritarios, en relación con el que roba cincuenta euros a punta de navaja a un transeúnte, y es reincidente de esa acción por la que ya fue condenado otra vez... no es lo mismo... pero un abogado puede conseguir que el primero salga impune porque se superó el plazo de reclamación, no esté suficientemente acreditada la identidad del imputado o, al menos, consiga que en dos años, por buena conducta y propósito de enmienda, pueda campar libremente (y, por su bien, de la forma más anónima posible).

Sobre la política exterior española

La política exterior española tiene características temperamentales que convendría evitar. En las relaciones con algunos países, se perciben orientaciones señaladas por las filias y fobias del Ejecutivo en el poder. En otras, resultan singulares ciertas manifestaciones que cabría definir como afectivo-monárquicas. En muchas, se transmite una sensación de improvisación.

No pretendemos en este reducido comentario pasar revista a la panoplia de interrelaciones que definen la estrategia internacional. Pero sí deseamos señalar algunas incongruencias.

España pertenece a dos colectividades con las que tiene lazos políticos y afectivos que la sitúan en una posición singular. Desde luego, la pertenencia a la Unión Europea, debiera señalar una de las orientaciones básicas de su política internacional, coordinando la base de su posición frente a otros países en línea con las de los demás países europeos y, en especial, con los más activos. La estrategia internacional de Francia, el Reino Unido y Alemania debería ser un esquema general al que convendría adaptarse, singularmente en cuanto a la actitud respecto a Estados Unidos.

Sorprende, por tanto, que nuestros políticos se apresuren a definir posicionamientos en relación con los candidatos a la Presidencia norteamericana. La más elemental prudencia aconsejaría mantenerse al margen de manifestar afectos. Se puede entender que Barak Obama sea más simpático a los socialistas que el republicano McCain, pero de ahí a que Rodríguez Zapatero o Esperanza Aguirre hayan expresado sus preferencias, va un paso arriesgado. El líder de la oposición Mariano Rajoy ha sido más cauto, al reconocer que "ambos candidatos tienen cosas en su programa" que le gustan.

El otro eje imprescindible de la política exterior española es, por supuesto, el cuidado de las relaciones con los países sudamericanos. Líderes como Castro, Chaves o Evo Morales tienen comportamientos que resultan, sin duda, criticables desde una óptica de lo que sería deseable que manifestaran, pero entrar en una guerra fría de críticas y distanciamientos, no hace sino perjudicar las relaciones económicas entre los países. No se puede olvidar que han sido elegidos democráticamente por sus respectivas poblaciones -o son apoyados mayoritariamente por ellas- y entrar en descalificaciones afecta negativamente sin contraprestación alguna.

Sería, en fin, deseable, una actitud más diplomática en nuestra política exterior. Los intereses a salvaguardar son, en fin, los propios. Defender un orden internacional siendo un país de segunda línea puede ser visto como muy valiente en algunos foros, pero sus consecuencias prácticas no son visibles en el lugar en donde hay que ver traducidos los frutos de la política internacional: en la economía del propio país.

Sobre la intolerancia

La intolerancia es una mala hierba de las afectividades humanas, que crece en los lugares más variados. Su ubicuidad y capacidad de adaptación la hace apta para adquirir naturaleza, incluso entre los que creen estar libres de ella. Se encuentran ejemplos de su resistencia a todos los medios, también entre algunos que alardean de haber sido creados libres de ese pecado capital, y, por ello, tiran a mansalva piedras contra otros.

Hay intolerancias descomunales, que llegan a provocar guerras. Otras, mucho más pequeñas, se limitan a causar sarpullidos en las almas. Pero la semilla es la misma en todos los casos, y es sorprendentemente diminuta.

Surgen de malentendidos, de axiomas, de verdades supuestamente reveladas. Se alimentan de odios ancestrales, de sentimientos convulsos, de rabias mal contenidas, soportadas por la envidia, la cerrazón mental, el desprecio a lo ajeno, y otros arbustos y hierbas. Florece generalmente en los terrenos baldíos de ideas, en donde puede considerarse endogámica, pero también puede campar libremente por el supuesto respeto al pensamiento de los otros, porque en su modalidad saprófita se alimenta de los desechos del ego.

Nada está libre del pecado. Las religiones, que deberían cuidar solamente la relación del hombre con Dios, han sido el pretexto en el pasado y sirven´hoy, desgraciadamente, para enturbiar las relaciones entre los hombres, causando muchas muertes en su nombre.

La globalidad ha permitido ahora que la intolerancia pueda surgir hacia una persona de la que se desconoce todo, a la que no se ha visto ni verá nunca, con la que no se tiene relación alguna, simplemente por una frase, una sospecha, un gesto que no gusta. Algo parecido a esa explosión de odio que aparece en algunos cuando el que conduce el coche que va delante no va a la velocidad que deseamos, señala mal su maniobra o se detiene para subir a la abuelita.

La carencia intelectual de no comprender al prójimo, sistemática o fortuita, que está en la base de la intolerancia, apenas necesita pretexto. Surge también cuando se malinterpretan, mirándolas con las gafas sucias de la incultura o la mala uva, las ideas más inocuas.

Hay una categoría de víctima propiciatoria para recibir la carga de la intolerancia de los más enfermos por esa mala hierba.Los que se exponen, los que se sinceran, los que crean, los más activos.

Escribir en un Cuaderno informático, como éste, aunque se pretenda hacer desde la neutralidad y el respeto, produce -raras veces, pero significativas- la cosecha de un exabrupto. Alguien desocupado e ignorante, con intenciones rastreras, escudándose siempre en el anonimato, lanza un dardo descalificador, pretendiendo más insultar que imponer su verdad.

No hay que asustarse de los intolerantes. Son un fenómeno consustancial al que opina. No sería admisible doblegarse ante el criterio vicioso de los que quieren basar sus razones en historias inventadas, medias verdades (que son mentiras completas), o monstruos de su imaginario particular.

Sobre el síndrome de final de las vacaciones

Casi todo el mundo toma sus vacaciones en agosto. Hay razones importantes para hacerlo así: es el mes en el que las temperaturas en el hemisferio norte son más cálidas, hay coincidencia con el final del calendario escolar, se produce el cierre de Juzgados y buena parte de los organismos oficiales, etc.

Hay muchas más razones para no hacerlo así, y, por supuesto, existirían aún más si se hiciera un planteamiento global de racionalidad.

En agosto, como consecuencia de que casi todo el mundo toma sus vacaciones, se produce un aumento de la demanda de los servicios en las zonas de destino preferente, con lo que los precios suben desmesuradamente. En consecuencia, esos días cuestan mucho más caros que si fuéramos capaces de disfrutar del asueto en otra época del año y, concatenadamente, los hosteleros, restauradores, comerciantes en general, podrían bajar sus precios si tuvieran seguridad de que la utilización de sus instalaciones estuviera mejor distribuída.

En agosto, se produce una paralización injustificable de muchas actividades, con lo cual existe sobrecarga de quienes quedan de guardia y malfuncionamiento de algunos imprescindibles servicios. Las zonas de veraneo ven sobresolicitadas sus ofertas de agua, recogida de residuos, prestaciones sanitarias, etc. Otras zonas, en donde los titulares se han ido de vacaciones, quedan con calidades mínimas, o carencias notorias.

Es hora ya, en este mundo que se pretende global, que organicemos mucho mejor el disfrute de las vacaciones. Final de curso escolar flexible. Eliminación de inconcebibles rémoras del pasado, como es el cierre judicial. Difusión de las oportunidades en otras épocas...

Sobre el cuerpo como espectáculo

Las playas en verano ofrecen la ocasión singular para contemplar miles de cuerpos al aire, prácticamente desnudos. Puede ser el placer del vuayé, esa subespecie que se deleita observando las intimidades de los otros, pero, sobre todo, es un camino abierto hacia la desilusión para quienes se han arriesgado a creer que el cuerpo humano es bello.

Metafóricamente, se puede salvar de la quema, y en estos casos, con gusto, menos del uno por ciento de las masas carnosas que allí no se ven disimuladas por los ropajes. Ya se sabe: bellas jóvenes que exhiben la mayor parte de sus carnes con la indolencia que proporciona saberse en la pirámide del deseo o  de la envidia de otra; también, no es cosa de negarlo para que nuestra percepción no parezca completamente sesgada, se encuentran algunos cuerpos varoniles, en donde se adivina la colaboración de las horas de gimnasio y, puede, los anabolizantes.

Pero... el resto...No negamos el derecho de todo el mundo a mostrarse con sus verdades al aire, siempre guardando los límites de la decencia que imponen la moda y el lugar. Lo que simplemente constatamos es que sobre la arena no se ve mucho cuerpo hermoso. Celulitis, obesidades, foferas, se entremezclan con exhibiciones de ridículos trajes que parecen extraídos del cajón de la abuela o confeccionados según el primer curso de corte y confección por correspondencia.

Es de agradecer que los buenos alimentos y el deporte hayan mejorado la raza, especialmente entre los latinos. Los españoles ya no somos bajitos, ni necesariamente gordos y ni apenas si se ve algún bigote. No llegamos a los porcentajes de belleza canónica de los pueblos de norte -aunque nibelungos y walkirias tienen tendencia a la obesidad con la edad- y, por supuesto, estamos lejos de la belleza prácticamente sistemática de los watusi, jamaicanos, cubanos, etc.  

Sobre la responsabilidad del transportista

Resulta que el avión accidentado de Spanair, según revelaron las declaraciones de la ministra de Fomento, Magdalena Alvarez ante la Comisión del ramo en el Congreso de Diputados, debió haber sido sustituído. Al menos, esa fue la intención inicial de la compañía, cuando se detectó un nuevo fallo -menor- en el funcionamiento de los mecanismos del aparato.

El aparato partió con dos mecanismos inhabilitados: la reversa de uno de los motores (que permite el frenado en tierra más rápido) y el detector de temperatura en uno de los sistemas de refrigeración. Ambos fallos se consideran menores, según los protocolos de seguridad aérea y una reglamentación que data de 1960, y solo deben ser registrados en las correspondientes planillas de incidencia, y reparados en un período máximo de diez días.

Los comandantes de las compañías, aunque responsables máximos de la seguridad de los vuelos en cada avión, son también -y ante todo- empleados directivos de la misma. Es de suponer, por tanto, que actúen con cierta benevolencia, fruto también de la propia seguridad de su conocimiento profesional, cuando se trata de juzgar la necesidad de suspender un vuelo regular, exigiendo el cambio de aparato, o tomar un pequeño riesgo, y continuar con la programación.

Podríamos construir una similitud, imaginando la actuación de un conductor de automóviles que emprende un viaje de recreo con su familia, sabiendo que el coche pierde aceite -pero lleva una lata con 1 litro de lubrificante- y no ha tenido tiempo para comprobar la presión de las ruedas -aunque hace cinco meses que no la revisa-. Son problemas menores que, seguramente, no han de traer consecuencia alguna.

Pero no es lo que esperaríamos que hiciera un profesional en el que hemos confiado nuestro viaje de vacaciones. Porque pagamos el billete, poco o mucho, para tener garantizar la seguridad del trayecto. Cualquier avería, aunque fuera menor, nos gustaría que fuera conocida por el pasaje o, al menos, fuera valorada por alguien más que por un empleado de la compañía transportista.

El desgraciado accidente del MD de Spanair, con sus trágicas consecuencias, ha de significar una revisión de las normas de seguridad de la Navegación Aérea. Aquí, una vez más, hemos ido a remolque. 154 muertos y varios heridos aún muy graves, con secuelas que no se nos ha dado a conocer, son las víctimas de una tolerancia que no puede continuar de igual forma.

El propio comandante de la aeronave, víctima él mismo de esa mezcla de profesionalidad, confianza en sí mismo y en la técnica -también en las revisiones que hacen otros- nos demanda, para prevención de que no se vean sus compañeros en situaciones de tomar decisiones económicas bajo tensión, una modificación de la normativa.

Los accidentes de aviación son muy escasos, la seguridad de volar es la más alta de cualquier medio de transporte, pero es que resulta que los sofisticados aparatos, los cualificados conductores, las complejas revisiones que sufren aviones y tripulaciones, las exigencias económicas para las compañías y las responsabilidades de los gobiernos -directas e indirectas, como lo demuestra la preocupación ante cualquier accidente aéreo- quedarían en entredicho si, en un momento dado, se dieran condiciones para tener indulgencia ante ciertos fallos menores, en la confianza de que no van a provocar una catástrofe.

Por mala suerte, el cálculo de probabilidades viene a demostrar que la posibilidad de ocurrencia de fallo crece britalmente cuando se reúnen dos o más incidencias menores. El azar juega malas pasadas a los incautos, a los confiados, y a los que actúan bajo la presión del tiempo y del dinero.

Sobre Iberia, sentimientos y realidades

Escribimos hoy sobre la Iberia por excelencia, la unión histórica y geográfica de Portugal y España, un espacio cultural lleno de similitudes y complementariedades, al que, tanto portugueses como españoles -pero más los segundos- hemos dado la espalda frecuentemente.

La tendencia casi atávica para ignorar al vecino, tratando de conseguir que no nos contamine la rivalidad que mantenemos con él, se ha convertido durante siglos es un muro de separación entre estos dos países. Siguiendo cada uno un camino a espaldas del otro, en los últimos años se han vivido historias que, bien miradas, parecen paralelas: períodos de dictadura, eclosión de la democracia, recuperación de la confianza colectiva, ilusión por el futuro, cierta desazón interna, apertura orgullosa y admirada hacia un mundo exterior que les había dado la espalda.

Nos importa hoy, sobre todo, resaltar que, en el contexto de la Unión Europea, y disipado por fortuna cualquier recelo recíproco y, desde luego, con la voluntad de trabajar juntos, los gobiernos de España y Portugal deben aprovechar al máximo la proximidad, las similitudes, los esfuerzos comunes. Trabajar como si fueran un solo país, con la voluntad de ser uno.

Cuando el viajero, español como portugués, recorre con el ánimo receptivo las tierras del otro, habla con sus gentes, capta el mensaje de cada pueblo, de cada piedra, forjado a lo largo de siglos por las gentes que vivieron en ellas y por ellas, no será posible sustraerse a una realidad. Hay las mismas similitudes, los mismos impulsos, idénticas empatías, que las que existen entre los pueblos de España para los españoles, que existen entre los pueblos de Portugal para los portugueses.

Es la llamada de Iberia que, hoy por hoy, en la Europa de las regiones, en la comunidad de los pueblos, tiene más fuerza que nunca. Porque no está hecha de la idea de rivalidad, vasallaje o contienda, sino que nace de la solidaridad. Cuánto hay que hacer, cómo se podrá hacer, para plasmar en realidades esos sentimientos.

Sobre las guerras frías

El presidente ruso Mevédev reconoció la independencia de las regiones georgianas de Osetia del Sur y Abjazia, que habían sido el detonante de la guerra entre Rusia y Georgia. El dignatario explicó incluso en el Financial Times sus razones políticas en un artículo titulado “Por qué tuve que reconocer la separación de las regiones de Georgia”.

La argumentación de Mevédev coloca en el mismo barco la independencia de estas regiones y la de Kosovo respecto a Serbia. “Ignorando las adverrtencias de Rusia, los países occidentales se precipitaron a reconocer la ilegal declaración de independencia” (de Kosovo), provocando agravio comparativo para esas regiones georgianas.

La independencia deja con el culo al aire a Nicolas Sarkozy, que había vendido como un éxito la retirada de las tropas rusas de Georgia. Esas regiones se apresurarán a firmar acuerdos de cooperación con Rusia, equilibrando la alianza de Georgia con la OTAN. Desde este organismo se defiende las relaciones de amistad con Rusia, pero una cosa es predicar y otra dar trigo. No se desea volver a los tiempos de la guerra fría, se dice, aunque el asunto huele a fuerte tensión, ya que Rusia considera que todos esos países del Este son su feudo, su esfera de control, y no toleran las injerencias europeas.

Ucrania ha de ser el próximo objetivo del reconocimiento unilateral de independencias, ya que la península de Crimea ofrece condiciones parecidas a las de las dos regiones a las que ahora Rusia ve como independientes. Una presencia de rusos significativa –el alibi cultural- y, sobre todo, gas natural –el objetivo económico-.