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Al Socaire de El blog de Angel Arias

Sobre el ridículo

El ridículo es una sensación, y como tal, no todos la perciben igual. En especial, hay una notable diferencia entre hacer el ridículo, creer que se está haciendo, y tener la impresión de que la situación ridícula la está protagonizando el otro.

Hay una época de nuestra vida en la que nos preocupa especialmente no hacer el ridículo: la niñez y la adolescencia. La distancia entre nosotros y los que nos rodean es máxima, entonces, medida desde la perspectiva del ridículo. Suele ser una situación nacida de la inseguridad. La niña le dice a su mamá: "No me voy a poner ese vestido; estoy ridícula", y todos los demás la ven encantadora. El joven piensa: "No quiero hacer el ridículo; no reclamaré", y el que cometió la equivocación o se aprovechó de la de otro, saldrá incólume.

De mayores, hacemos el ridículo a sabiendas, o, justamente por querer evitarlo, caemos en él. Siempre, claro, visto desde la peprspectiva del otro. Para hacer unas risas, pero sobre todo para disimular un defecto, hay especialistas en hacer ridículos, llamando así la atención sobre un tema menor, ocultando tal vez la posibilidad de que se vean defectos más grandes.

Pero el verdadero ridículo es el de quien, haciendo esfuerzos para aparentar otra cosa, ahonda en su carencia. Ridículos de quien, queriendo ocultar el estragos corporal de su vejez, se emperifolla y pintarrajea; o de quien, siendo ya calvo, se cubre con un pelucón bajo el que asoman los cuatro pelos que dejó la alopecia; ridículos mayores, los de quien, habiendo alardeado de ser especialistas en no se qué ciencias, se ven con el culo al aire ante los que de verdad más saben, Ridículos de categoría especial los de aquellos que, yendo desnudos, se ponen las plumas de otro, apropiándose de los méritos del colega, del subordinado, del amigo o de quien pasaba por ahí.

Vivimos entre ridículos. Unos los hacemos; otros, simplemente, los consentimos. Aunque siempre queda el consuelo de creer que, cuando hacemos la pelota al que tiene el poder, nos preparamos para posteriormente, cuando no está, ridiculizarlo como venganza. ¿Sabrá el petulante que nuestros falsos aplausos son solo la muestra de nuestra percepción de su ridículo?

Sobre las fronteras entre la especulación, la verdad y la mentira

Nota: Este comentario trata de reconstruir, con la información hoy disponible, pero de una forma novelada, el dramático suceso del accidente de un MD-87 el 20 de agosto en Barajas, en el que murieron 154 viajeros).

En el momento de iniciar su vuelo regular, un avión cargado de pasajeros y de sus maletas repletas de recuerdos de sus vacaciones y, por supuesto, con el depósito de combustible casi lleno para soportar un vuelo de más de 1.000 km, sufre una avería en el mecanismo que sirve para aprovechar para el frenado la potencia de los motores en la maniobra de aterrizaje.

Uno de los dos motores, en lugar de servir para impulsar el aparato, equilibra la potencia del otro, anulándolo. La maniobra de frenado solo se puede efectuar en tierra: es decir, o bien se realiza por una operación errónea del comandante de la nave o el mecanismo se activa por un fallo electrónico.

El aparato no alcanza la velocidad suficiente para elevarse plenamente, a pesar de que el comandante de la nave fuerza aún más la potencia del que parece reaccionar a sus mandos, consciente de que algo va mal en el otro motor. Otro mecanismo, encargado de medir la temperatura para regular la refrigeración en las alas, no funciona, porque ha sido desactivado hace unos momentos por los mecánicos de tierra.

El avión, un MD que hace el viaje Madrid-Gran Canaria, propiedad de la compañía Spanair, en regulación de empleo por sus dificultades económicas, se eleva apenas unos metros de altura y cae, escorado, rebotando contra el suelo varias veces, rompiéndose e incendiándose de inmediato, por explosión de los depósitos de combustible.

Casi todos los pasajeros, y ocho de los nueve miembros de la tripulación, mueren instantáneamente, conmocionados por los golpes (a más de 300 km/hora) y carbonizados. Se salvan algunos de los asientos delanteros, lejos relativamente de los motores del avión, situados en la parte trasera. Los escasos supervivientes, muchos gravemente heridos, con quemaduras atroces, serán llevados con urgencia a los Hospitales de la ciudad que, apaciblemente, descansaba de los calores del mes de agosto.

Entre los procesos de ayuda a los afectados, se movilizan muchas actuaciones efectivas, entremezcladas con sentimientos de pánico y confusión, lógicos ante la catástrofe: momentos de angustia y dolor entre los que esperaban a los viajeros, o acababan de despedirlos; consternación entre los que asistieron al accidente, desde la torre de control del aeropuerto, desde otros aviones, desde las salas de espera y cafetería de las terminales.

Se activan los mecanismos de emergencia, para enviar ambulancias, bomberos, equipos de extinción y limpieza. Se acoge a los heridos, se separa a los fallecidos, se pide la lista de viajeros, se preparan comunicaciones públicas, se dan las primeras noticias sobre el accidente, se realizan las preliminares preguntas sobre el porqué. Se lanzan las primeras especulaciones, acusaciones, lamentos.

Hoy se sabe que el accidente no fue provocado por la explosión de ningún motor. Se sospecha que, en el origen, hubo algun fallo electromecánico. Se sabe que, aunque no fue determinante, el aviso de calentamiento de uno de los detectores de alta temperatura en las alas, podría haber sido un síntoma (erróneo) de que algo iba mal, pero que no fue detectado más que como un elemento independiente, por lo que fue desactivado.

Se sabe que el comandante era un piloto experimentado. Se sabe que los procedimientos de inspección de los aviones son intensos, y aleatorios, pero insuficientes para descartar todos los fallos. Se sabe que los deudos de los fallecidos y accidentados van a cobrar del orden de 250.000 euros por persona. Se sabe que el Gobierno ha anunciado la investigación hasta sus últimas consecuencias, aunque depende de terceras personas, que no controla directamente.

Se sabe que los trabajadores de Spanair están especialmente consternados y que temen por la viabilidad de la compañía, aunque la propiedad  recibirá unos 30 millones de euros (frente a los 4 o 5 millones de euros máximo que percibirá el conjunto de los afectados). Pero la pérdida de imagen ha sido brutal.

Se sabe que algunos de los comentarios periodísticos, aunque guiados por el deseo de informar, contuvieron especulaciones periodísticas, algunas plenamente insertas en el morbo, que resultaron en gran medida infundadas, y, por tanto, a la larga, se probaron mentirosas. Otras, por el contrario, ayudaron a conocer mejor la verdad, y han de seguir manteniendo la presión, para que no se eludan responsabilidades, si las hay.

Se sabe que los familiares de los afectados están nerviosos y enfadados por lo que estiman oscurantismo de la compañía.Se sabe que...

Sobre el agua y la agricultura, desde una visión global

Como es bien sabido, el principal consumidor del agua es la agricultura. El campo se traga el 75% del agua que se necesita en el mundo. Para su uso diario, el hombre necesita poco: 2 o 3 litros le bastan para la ingesta. Las gentes de los países más desarrollados, consumen entre 120 y 250 l por día, entre inodoros, lavadoras, lavavajillas, bañeras, riegos del jardín y piscinas.

Hemos escrito otras veces que el problema no es de falta de agua, sino de energía. En las orillas de la tierra firme, hay mucha agua, aunque salada. Tierra adentro, hay ríos, algunos muy caudalosos, y el ser humano utiliza sus conocimientos técnicos para apresarlos, produciendo con ellos energía, pero también aumentando las disponibilidades de agua para su consumo. Generalmente, para uso agrícola.

Si fuéramos capaces de mirar las cosas a nivel global, podríamos analizar qué tierras resultan más rentables -rentabilidad no solo económica- para producir los alimentos vegetales que necesitamos, y distribuir agua y territorio de acuerdo con ese análisis. No lo hemos logrado, no lo vamos a lograr. Los intereses de cada país y cada zona son predominantes sobre ese hipotético, pero deseable, interés general. Hay Políticas Agrarias Comunes (y particulares), subvenciones, barreras aduaneras, precios mínimos, etc.

Hay, también, tierras adecuadas para la producción agraria que, sucumbidas ante la especulación urbanística, se han perdido para siempre: deltas, riberas, lagunas secas... Terribles edificios con vistas a nuestro despilfarro se yerguen donde antes había zonas naturalmente verdes, limos productivos, marismas llenas de vida,...

El Manifiesto de Zaragoza, que se hará público el 15 de septiembre de 2008, debería recoger alguna observación sobre la necesidad de vincular el problema del agua a una agricultura sostenible, sí, pero a nivel global. Eso tan difícil de conseguir. Aunque soñar no cuesta nada, y decir las verdades como puños, a alguien ha de doler. Habrá gentes que conserven la sensibilidad.

Sobre la cirugía estética y el tatuaje

Letizia Ortiz, la chica del pupitre de al lado protagonista de un cuento real que le ha llevado a Princesa, se ha operado de la nariz. La Casa Real ha comunicado que la esposa del Príncipe de Asturias ha debido someterse a esta intervención quirúrgica para corregir una desviación del tabique nasal congénita que le causaba algunos problemas respiratorios.

La Princesa del cuento respirará mejor, pero también está -a los ojos de sus futuros súbditos como de cualquier observador- aún más guapa. Las fotografías que la muestran antes y después de pasar por el quirófano, dan evidencia de que se le ha eliminado el puente de la nariz, que daba a su perfil un sesgo algo aguileño. Ahora, el apéndice luce recto, inmaculado, perfecto.

Estamos en buen momento estético. Osama, Carla Bruni, nuestra familia real -y otras realezas menos nuestras, como la sueca-, deportistas del baloncesto, tenis, la natación sincronizada y de lo que nos echen, actores y actrices, presentadores de TV, gentes de empresa, contrastan con los tipos con los que nos cruzamos por la calle y, por supuesto, con nuestra imagen cuando nos atrevemos ante el espejo.

La preocupación por estar aún más hermoso lleva tiempo asentado entre nosotros, obstinándose en dividir a la población entre guapos y feos. No entre listos y torpes o entre esforzados y vagos. No. Bellos o invisibles.

Contagiados por esta obsesión que viene desde arriba, es lógico que las intervenciones para corregir "defectos" en nuestro cuerpo, mejorar el aspecto de alguna parte de él, incrementar ciertas dimensiones o reducir otras, estén en los órdenes del día de muchas familias y a la escarpela se le dediquen muchos dineros. Se ha recogido por periodistas de investigación de lo que hacen los demás que un regalo cada vez más solicitado por las adolescentes es una operación de cirujía estética.

Ya no basta pues con tener más o menos claro cuál es el ideal de belleza, sino que queremos personificarlo en nuestro propio cuerpo. Los guapos son los seres más envidiados, y el aparecer como joven y guapo aunque se sea ya viejo y se haya nacido feo, es un objetivo que obsesiona. Todos, presidentes, reyes, princesas, políticos, empresarios, gentes de la calle y del piso de arriba quieren ser, sobre todo, hermosos.

Han cambiado las cosas. Hoy veríamos a Carlos I haciéndose operar la mandíbula, a Wiston Churchill rebajándose por liposucción unos cuantos kilos de grasa, o a los Sforza cambiándose la cara siguiendo un dibujo de Botticceli.

Aunque también nos queda un mínimo consuelo a los feos. Hacernos un tatuaje horrible en la piel, incluso en la zona más visible, para aparecer horrorosos. Ese parece ser ser el objetivo de algunos humanos -en número creciente- que se hacen incrustar sobre la piel, estúpidos dibujos, leyendas o arabescos, que dejan la marca indeleble del momento de enajenación por el que han pasado y que les llevó a la puerta de un especialista en tatooing and piercing.

 

Sobre la torpeza

La torpeza es la manifestación de una carencia respecto a la cualidad esperada. Los torpes no son inferiores, sino que, pudiendo ser iguales, en incluso superiores, no encuentran la manera de poner en valor sus condiciones.

En este mundo competitivo, hay muy pocos torpes. Todos nos esforzamos en rendir al máximo, cuando se trata de conseguir algo que nos pueda favorecer. Y si no nos interesa lo que está en juego, sencillamente, escurrimos el bulto, no participamos.

Viene a cuento este comentario, porque en los Juegos Olímpicos hemos visto una demostración de gran valor sobre las consecuencias del deseo de superación. Es decir, de las cualidades que son contrarias para la aparición de la torpeza. Los que competían eran los mejores del mundo en sus especialidades, y lo hacían sin resquicio para la torpeza, dando lo mejor de sí.

Sobre la facultad de distinguir entre ser y estar

La manera segura de distinguir un angloparlante en español es oirle decir una frase en la que sea necesario emplear los verbos ser y estar. Su yo soy contento o estoy el primero en llegar, delatarán que es un impostor, que no es perfecto en nuestra lengua, el español de Cervantes.

La culpa, en realidad, no la tienen ellos. La tiene Shakespeare, el que figura como su mayor gloria en las letras, y ha quedado resumida en una frase que conoce de memoria todo el mundo, incluso los que no tienen ni idea de inglés: to be or not to be, that´s the question (en castellano: tu bí, or not tu bí, dat is de cuéschion).

Porque el asunto no está en distinguir entre ser o no ser, sino entre el ser y el estar. Multitud de profesores de español, millones de bien intencionados enseñantes ocasionales, hemos tratado de enseñar a ingleses y americanos a diferenciar lo que para nosotros es obvio. A veces, parece que lo hemos conseguido, pero cuando abandonamos la tutela vuelve, de forma invencible, el error: estamos pocos los que conocemos bien español.

Gracias a esta rémora, a la ausencia de facultad para distinguir entre ser y estar, los latinos y, sobre todo, los españoles, quedamos eximidos de reconocer la vergüenza de ser prácticamente incapaces de aprender a hablar bien cualquier idioma que no sea el nuestro. (Bueno, últimamente, también tenemos dificultades en dominar nuestra lengua materna).

En nuestra disculpa, hay que indicar que una buena parte de los idiomas extranjeros son parecidos al español. Podemos entendernos sin problemas con italianos, portugueses, brasileños, catalanes, gallegos, con tal de que nos hablen lentamente. Prácticamente, captamos un 30% de lo que dicen, que es aproximadamente el mismo porcentaje que entendemos cuando nos hablan en español (o castellano).

Después, hay otras nacionalidades con las que no parece necesario entenderse. Los chinos, por ejemplo. Nuestra experiencia permite confirmar que nos entendemos por intuición y, en algún caso, con acompañamiento de alguna seña. Dedicados al comercio al detalle -al mínimo detalle, propiamente hablando- los chinos suelen estar acompañados, además, de un joven/una joven que parece disponer de un diccionario de equivalencias entre el español y las estanterías de la tienda.

El problema, resumiendo, lo tenemos con los americanos y los ingleses. ¿Cómo tener confianza de quien no distingue entre ser rico y estar rico, ser cómodo y estar cómodo, ser padre y estar padre?

Sobre el consuelo ante el dolor

El 20 de agosto de 2008 quedará inscrito para siempre en los anales del dolor y el temor que provocan los accidentes de aviación. Especialmente, para España.
Los 153 fallecidos en la caída de un MD-58 en el aeropuerto de Barajas, han significado una profunda conmoción para la opinión pública. Como corresponde siempre que ocurre un accidente masivo, y particularmente si por alguna circunstancia se nos acerca, quedamos consternados. Pudo habernos pasado a nosotros. Tal vez,  afectó a un conocido, en la relación de víctimas descubrimos a alguien de la localidad donde residimos.

Muchas familias están sufriendo ese dolor directamente. La pérdida brusca de seres queridos, en circunstancias dramáticas, cambiando, en este caso, para mayor contraste, vacaciones y alegría por dolor y vacío, es el sentimiento más duro al que puede ser solicitado un ser humano.

La experiencia del comportamiento deseable en estos casos ha generado algunos estereotipos, ciertas fórmulas que se utilizan para aliviar algo el dolor de los que se han visto más afectados por una tragedia. Se movilizan servicios asistenciales especiales que prestan apoyo sicológico a los parientes y amigos de los fallecidos y heridos graves.

Esa ayuda sicológica consiste, básicamente, en ofrecerles afecto, comprensión ante su dolor y tristeza, y abrirles la posibilidad de que se sientan reconfortados por el recuerdo de los momentos gratos que han vivido con el difunto -en su caso- y la esperanza de que su impulso, su memoria, su afecto, perdurará en los vivos, y les animará a hacer las cosas aún mejor.

El mejor consuelo, para los creyentes, es la esperanza de volver a reunirse algún día, en el más allá, -se dice- con los seres queridos. Ese argumento es utilizado como piedra filosofal por sacerdotes y vicarios de la fe, conscientes de su carácter imbatible. ¿Hay algo  más reconfortante que aceptar que esta vida es un juego, y que la muerte no es más que el paso a un estado superior, más feliz, y eterno?

Más difícil lo tienen los agnósticos. Pero ser agnóstico no significa vivir sin esperanzas. El mejor consuelo  es retomar la noción, por si hacía falta, de que somos individualmente frágiles, débiles, finitos, y  que nuestra fortaleza proviene exclusivamente de lo que consigamos hacer juntos, generación tras generación, cediéndonos el testigo de la vida.

Reconfortados con la imagen, el ejemplo, el esfuerzo, y el cariño, de aquellos que nos han precedido y nos han regalado su apoyo, enseñanza y afecto. Y si no han vivido lo bastante, pensar que a nosotros nos corresponde tratar de ocupar, hasta donde podamos, el vacío que ellos hubieran ayudado a cubrir.

Independientemente de creencias, para todos, la prioridad inmediata que proporcionará consuelo deshaciendo una incertidumbre, será conocer las causas del accidente, analizarlas desde la objetividad técnica, y sacar todas las consecuencias.

 

Sobre la seguridad aérea y los accidentes de aviación

(Este comentario se ha ido actualizando con un extracto de las noticias que se fueron conociendo sobre el accidente de un avión en Barajas el 20 de agosto de 2008, hasta las 19h.)

Un avión de la compañía Spanair, -un MD 83- que despegaba desde Barajas (T-4) hacia Las Palmas de Gran Canaria a las 15h en vuelo JK-5022, ha sufrido la explosión de uno de sus motores -el izquierdo- y se ha salido del eje de la pista, partiéndose en dos y ardiendo prácticamente por completo.

El vuelo llevaba 164 pasajeros y 9 tripulantes. Había salido con dos horas de retraso, para resolver algunos problemas detectados en la aeronave. Se sabe por la llamada por viajeros a sus familiares que esperaban para recogerlos.

En las primeras noticias, se decía que cincuenta han resultado muertos en el accidente y otras cincuenta personas se daban como desaparecidas. Posteriormente, solo se ha confirmado la existencia de 27 supervivientes, todos ellos heridos, algunos de gran gravedad, que se encuentran hospitalizados. A las 19 horas se confirmaban 146 fallecidos, y uno de los testigos hacía figurar entre ellos el comandante de la aeronave.

Desde 1983 no se habían producido accidentes en el aeropuerto madrileño, y esta noticia ha conmocionado el panorama vacacional, sepultando por su gravedad los comentarios que llegaban desde las Olimpiadas de Pekín, y provocando la interrupción de las vacaciones de los políticos principales del panorama español, que se han apresurado a comunicar que se acercan a Madrid. 

El accidente ha causado también el incendio forestal de un bosquete próximo a la terminal, ya sofocado prácticamente al cabo de dos horas. Ciertos comentarios -que critican la seguridad aérea de las compañías de bajo coste- vinculan el fallo de los motores al hecho de que el avión, que, según Spanair, tenía 15 años de antigüedad y había sido revisado en enero de este año, no habría sufrido su desmontaje y revisión completos, que, de haberse tratado de una compañía de primera línea, habrían sido preceptivos.

Grave acusación que deberá ser probada, pero que cuestiona dramáticamente que la lucha por bajar los precios de los viajes en avión esté afectando a las condiciones de los vuelos.

Se especula sobre las causas, tomando cada vez más carácter la idea de que la explosión de produjo por un fallo durante la carrera de despegue, una vez alcanzado el punto de no retorno (velocidad de rotación). El piloto posiblemente intentó detener la maniobra, estando aún sobre la pista, pero sin conseguir evitar el despegue, para que, casi instantáneamente, falto de impulso, el avión se desplomara, partido en dos y envuelto en llamas .

Según expertos, no parece que el origen único sea el incendio de un motor, ya que los aviones comerciales están diseñados para volar con un solo motor, que, como es sabido, se encuentra sometido a máxima solicitación en el momento del despegue, y que se realiza con carga de combustible completa (26.000 litros en la nave accidentada).

El incendio del motor no debió haber provocado la explosión del avión, sin embargo, circunstancia de hubiera hecho la catástrofe completa, ya que los motores del MD no están situados en el centro del aparato, sino en la zona trasera.  Los pasajeros que sobrevivieron podrían haber estado situados en la zona delantera.

El despliegue de medios, en ambulancias y equipos de bomberos ha sido inmediato y ejemplar. Los servicios sanitarios de la Comunidad de Madrid han comunicado que no se necesita sangre de ningún tipo sanguíneo, de momento, aunque es aconsejable, como siempre, estimular las donaciones.

El número de asistencia a familiares dispuesto por Spanair es el 800-400-200. El Protocolo de Grandes Catástrofes, que se generó después de la tragedia del Once Eme, está siendo aplicado. Las declaraciones de condolencia se suceden. Un día triste para Madrid, para las Palmas, para España, para las compañías con vuelos baratos, para la navegación aérea.

Nuestra condolencia para las familias de los fallecidos, y el deseo de rápida recuperación para los heridos. A las autoridades les corresponde, desde luego, explicar sin fisuras las causas de este accidente. De momento, las grietas de que esta catástrofe podría haberse evitado, que asoman entre el dolor, se agrandan con el paso del tiempo.

 

Sobre la mierda

Mierda es una palabra que, hasta no hace mucho tiempo, pertenecía al grupo de las innombrables, o mejor, de las inescriptibles. Como joder, cojones o coño, aunque en un nivel más modesto´.

Hoy, todos los libretos contienen varias veces estas palabras, combinadas en expresiones que pretenden trasladar el lenguaje de la calle a los libros, a las series de televisión, a los teatros. Hay un perdedor en esta historia: los puntos suspensivos.

Mierda y puntos suspensivos guardan un equilibrio compensatorio que se ha roto manifiestamente a favor de la mierda, joder y coño, entre otras palabras vencedoras. No se ha enriquecido con ello, desde luego, el lenguaje. Dicen que ha ganado en naturalidad. Para nosotros, ha perdido en altura, en riqueza expresiva.

El ascenso de la mierda, simplemente, una muestra más de la cortedad intelectual que acecha en esta época, en donde con unos pocos cientos de palabras ya somos capaces de cubrir nuestra panoplia de sentimientos y pareceres.

"Me parece una mierda", "Joder, casi me mato" o "Estoy hasta los cojones", son, desde luego, una muestra del lenguaje natural. Reflejan el riesgo de sepultar bajo exabruptos, vacuas frases hechas o expresiones  sin contenido intelectual a la búsqueda de una simpatía gregaria, la necesidad de pensar, de ser precisos, de analizar con cuidado, compromiso e inteligencia, lo que nos rodea, emitiendo juicios personales sobre ese entorno y sus consecuencias.

Sobre la asgalla

La asgalla no existe. Asgalla es un adverbio, una bella palabra que utilizan los asturianos (y los leoneses que han sufrido algún contagio lingüistico) para designar lo que es abundante.

Se usa mucho, y forma parte, como los tajalápices, chiscar y préstame, de las incrustaciones en el lenguaje español o castellano con que matizan su habla los asturianos. Cuando son anfitriones, procuran que haya bebida y comida asgalla. Los ríos de cada pueblo antes tenían truchas asgalla. En los manzanos de la finca familiar de Porcia hace unos años se recogía fruta asgalla.

Hace tiempo que hay pocas cosas que se tengan o produzcan asgalla. Más bien, de lo que antes había abondo ahora apenas si se recogen hoy cuatro casigalinas. Sirven al menos pa la prueba. Pero ni las avlanas son todas de Allande, ni las fabes vienen de Cornellana ni las truchas o los salmones salen del Canero o del Sella. Dicen que ni el campanu nació en aguas asturianas.

Debe ser por el cambio climático, que nos calienta las molleras y tiene a muchos refalfiaos. Algunos se refugian en creer que como se está para acabar el mundo, hay que darse prisa y andar a la trágala, hacer las cosas a trancas y barrancas. Se olvidan de lo que no da natura, tararura; o de que una cosa es predicar y otra dar trigo. También dicen los viejos: Al platu vendrás, arbeyo.

Habría que andar con más tiento y disfrutar las cosas más amodo o amodiño, pensando en los que vengan detrás. Que eso de que el que venga detrás, que arree, a la postre acaba perjudicando a todos.

Pero no es fácil convencer a tantos fieles de la cultura del gañote: lo que no afuega, engorda. De esos, sí que hay asgalla.

Sobre el placer de ganar

El espíritu olímpico, un invisible invitado a esos llamados Juegos que cada cuatro años se celebran en un lugar del mundo, impide que los deportistas y quienes les entrevistan hablen de política. Lo que no impide, desde luego, que se haga mucha política con los resultados de los participantes.

China ha preparado muy seriamente la oportunidad de la cita olímpica de Pekín para demostrar al mundo que es una potencia mundial. Si se gana a casi todo en deportes, se puede comprender fácilmente que se está en condiciones de ser el mejor en técnica, en economía, en armamento, en energía, en agroalimentaria, en educación.

La presencia selectiva de dirigentes de cada país en aquellos deportes donde sus nacionales tienen oportunidad de medalla, da también la medida de lo que se espera de los Juegos. Publicidad para los propios regímenes, los intereses directos. No es que los magnates traigan suerte, sino que pretenden recoger parte del mérito, apuntándose a la foto del éxito.

Algunos deportistas parecen disponer de genes diferentes, como si jugaran en otra galaxia. Bolt, Phelps son ejemplos de esas cualidades atípicas, producto de una configuración física excepcional, que se ha terminado de perfilar con el trabajo de entrenamiento en los gimnasios. El caso del equipo de baloncesto de USA podría ser, también, un ejemplo de poder colectivo insuperable, como las hermanas Williams en su papel de pareja invencible.

La mayoría de los participantes en los deportes, sin embargo, juegan. Son profesionales que han trabajado duro, para superar sus marcas personales, arañando décima a décima, segundo a segundo, unas cifras que solamente significan algo porque las hemos convertido en barreras, topes, límites, una vez que supimos medirlas. La distancia con los demás competidores no parece firme, se esfuerzan contra la coyuntura, la suerte, desde su indudable posición de deportistas de élite.

Hay dos deportistas españoles que queremos destacar especialmente. Rafael Nadal, vencedor con sufrimiento, competidor humilde y simpático, que trasluce la dificultad de ganar y la satisfacción de conseguirlo. Y Marta Domínguez, sonriente a pesar de haber caído cuando avanzaba hacia la medalla, que supo resumir en pocas palabras lo que es el deporte bien entendido: "No pasa nada, esto es así". Hay que seguir entrenando, seguir jugando. Los demás también tienen los mismos objetivos, también son buenos. El propósito común no ha de ser otro que tratar de superar el límite anterior; ser el mejor es algo efímero; satisfactorio, gozoso, pero pasajero.

Es un placer ganar. Sin embargo, hay otro placer equiparable: saber perder, reconociendo que el contrario vencedor lo ha merecido más... por esta vez, y que los que han quedado por debajo de su marca han contribuído, con su esfuerzo, a hacerlo a él/ella mejor. Sin ese estímulo de los que pueden vencernos no habría competición, no habría juegos, sino una exhibición de virtuosos.

Sobre la aplicación adaptativa de las penas

Las sociedades han ido acomodando la tipología de los delitos a sus necesidades y clasificando su peligrosidad según los tiempos. Algunas actuaciones -en realidad, pocas: matar excepto en situación de guerra, apropiarse de lo que es de otros salvo que sea el enemigo vencido,...- han sido casi siempre objeto de reproche y merecedoras de castigo al infractor. Otras, tienen historia más moderna, incluso modernísima: algunos delitos económicos, por ejemplo.

De la peligrosidad del delito, entendida como una combinación de gravedad, alarma social y oportunidad, se deducen en cada Código Penal las penas que se  proponen para el que delinque, y que serán ajustadas a las condiciones particulares del imputado y de las circunstancias en que cometió el delito.

El presidente del Tribunal Supremo y del Poder Judicial, Francisco Hernando, que, obviamente, es persona pragmática y conocedora de las debilidades del actual sistema penal, ha respondido a una cuestión sobre la posibilidad de la cadena perpetua para algunos delitos, matizando que la ve viable constitucionalmente, "siempre y cuando sea revisable", en tanto se aprecie la reinserción del delincuente.

La cuestión del mantenimiento en cadena perpetua de los delincuentes -modificando así el criterio humanista de máxima duración de las penas actualmente vigente- ha tomado lugar predominante en la conciencia social española, por dos sucesos de carácter muy diferente.

Por una parte, la excarcelación del etarra De Juana Chaos, un convicto asesino múltiple que une a su cualidad aberrante de terrorista sanguinario la de histriónico propagandista del odio y el desprecio hacia el orden, la Constitución, los órganos garantes del Estado de derecho y la sociedad respetuosa con las leyes. Manifiestamente no arrepentido, el delincuente ha cumplido sin embargo su condena y, por tanto, no existen razones jurídicas para mantenerlo en prisión.

Por otra parte, han coincidido, producidos por sujetos de diversa calaña, algunos delitos de los que causan conmoción social, ya que se relacionan con el sexo o la violencia de género y se concentran sobre personas necesitadas de especial protección, por su mayor vulnerabilidad: menores de edad, mujeres sometidas a explotación y maltratos, etc.

La agresión al profesor Jesús Neira, que salió en defensa de una mujer que estaba siendo apaleada por su pareja y que resultó golpeado por el violento, provocándole secuelas que lo condujeron al coma, añadió más preocupación a quienes se preguntan con qué tipos de personajes convivimos los pacíficos.

En realidad, el fondo del asunto, sociológicamente hablando, no se encuentra en el delito sino en el delincuente. Desde luego, la catalogación de las penas previstas en el Código, exige una revisión urgente, para acomodarla a la percepción social de la gravedad de los delitos, ya que en la actualidad resulta evidente que hay castigos a infracciones que no se compaginan ni gradúan con lo que las calificaciones de reproche de la sociedad.

Pero es que hay  que desechar el mito de que la reclusión sirve para la regeneración del delincuente. Para el infractor ocasional, que -incluso, a veces, de forma fortuita- ha cometido un delito, el internamiento en prisión, en especial si no es largo, servirá de reflexión y supondrá un recuerdo imborrable que, como el perro al que se ha apaleado, le hará evitar en lo sucesivo las tentaciones de delinquir.

Hay un tipo de delincuente para el que la idea de regeneración en las cárceles no solamente no sirve, sino que, además, alimenta la hoguera de la marginación. Habría que analizar individualmente qué hacer con aquellos individuos que por marginación desde el nacimiento, desarraigo social, neuropatías -detectadas o no-, han alimentado una distancia insuperable con los demás, un odio invencible y que verán en la reclusión un motivo más para alimentar su distanciamiento con los demás, sacrificando cualesquiera otros objetivos vitales en pos de la venganza y el despecho.

Porque creer que las cárceles son escuela de recuperación, con los hacinamientos que tienen muchas de ellas y el elenco de individuos de toda calaña que aparecen por allí, es alimentar una ilusión interesada pero falsa. Ilustres escarcelados de la historia española moderna, cuyos nombres no traemos aquí por innecesario, lo demuestran. Lo que es disuasorio del potencial delincuente es, como siempre, que te puedan pillar. Lo demás, son cuentos.

 

 

 

Sobre el etanol, la caña de azúcar y el mercado alimentario

La magnífica intervención de Tiago Quintela, coordinador de Promoción de la Agroenergía del Ministerio de Agricultura, Ganadería y Aabstecimiento de Brasil, en la Tribuna del Agua de la Expo de Zaragoza, permite incorporar algunas reflexiones adicionales a este cuaderno sobre el papel que puede jugar el bioetanol como fuente energética.

Habrá otras ocasiones para referirnos a otros intervinientes en las Jornadas Técnicas organizadas por Brasil, magníficamente tuteladas por una pareja eficientísima, formada por Maria do Carmo Zinato, y el respaldo de su esposo Alberto J. Palombo.  Las Jornadas cosntituyeron todo un éxito, y un magnífico muestrario de las capacidades e ilusión del amplio equipo brasileño, al que solo cabe felicitar por la dedicación y calidad de las presentaciones.

Brasil consume en la actualidad unos 20.000 millones de litros de etanol, cifra superior a la de la gasolina. Los coches que funcionan a gasolina lo hacen obligatoriamente con una mezcla de 25% de etanol, y también se han desarrollado motores que funcionan con más del 90% de etanol hidratado. Estas actuaciones hacen de Brasil no solo el mayor productor del mundo de bioetanol, sino también el principal consumidor.

La cuestión polémica, que Tiago Quintela no rehusó abordar, es la influencia sobre los mercados alimentarios por el apoyo a cultivo de caña de azúcar en la Amazonia, lo que estaría provocando, según grupos ecologistas, una mayor presión sobre el desforestamiento de la Amazonía. Su argumentación es que en las áreas deforestadas llueve demasiado para permitir ese cultivo, por lo que no es la caña el causante de la deforestación.

En el debate que se suscitó, se pusieron de manifiesto dos tipos muy diferentes de planificación energética, el vigente en la Unión Europea, claramente deficitaria, y el de Brasil, privilegiado en su disponibilidad energética (predominantemente hidrológica, pero con grandiosas posibilidades en todas las áreas de las energías alternativas). Esta posición peculiar de Brasil le permite incluso, en este momento, ser exportador de productos con valor energético y convertirse en líder mundial de la producción de etanol.

La situación ha de ser, forzosamente, transitoria. El fuerte crecimiento de Brasil permite imaginar que la demanda interna de energía crecerá aún a mayor ritmo, pero es cierto que en este momento las divisas recibidas por los biocombustibles deben ayudar al desarrollo de este gigante.

Cuestión diferente es la de las razones de la deforestación de la Amazonía. No en este debate, pero sí durante la visita al Pabellón de Brasil, puede advertirse la sensibilidad de su gobierno por evitar una deforestación incontrolada. Seguramente, además, como se indicó, los métodos actuales para medir las manchas térmicas de bosque tropical son más precisas, y detectan incluso los cortes programados, ofreciendo la impresión de que la pérdida de masa forestal es mayor de la real.

Aunque lo más importante es evitar el comercio sin control de la madera tropical. Al igual que sucede con otro negocio, este más lamentable aún, pues afecta a personas, -la prostitución- no hay que obsesionarse en perseguir a los madereros locales que realizan las cortas, y que tienen en ello su medio de vida, sino que hay que denunciar el comercio ilegal, desde el consumo responsable, exigiendo el certificado de origen.

Sobre los huertos solares y el cambio normativo

A finales de septiembre de 2008, dejará de estar vigente el RD 661/2007 que regulaba hasta ese momento el régimen especial de producción fotovoltaica, y que será sustituído por otro notablemente más restrictivo, reduciendo la rentabilidad para los promotores de la inversión en placas solares entre un 35% y un 26%.

La nueva situación rebajará a 29 céntimos, para las placas solares instaladas en el suelo -es decir, los llamados huertos solares- y a 33 para las ubicadas en los techos de los edificios, frente a los 45 céntimos de euro por kw/h durante 25 años que garantizaba el anterior Decreto. 

La otra restricción importante que se incorpora es la limítación a 300 MW la potencia máxima instalada que se autoriza, cifra muy superior a las que ya existen pendientes de licencia.

El anuncio de cambio normativo había provocado una movilización de especuladores, interesados en solicitar licencias, pretendiendo acogerse a la disposición que iba a ser derogada. Castilla La-Mancha y Castilla y León son las dos Comunidades más afectadas por la nueva normativa, ya que en ellas se había concentrado la inversión en fotovoltaica. La avalancha de solicitudes llevó a anunciar en el Boletín de Castilla y León que solamente se tramitarían los expedientes anteriores al 1 de agosto de 2008.

La Comisión Nacional de Energía había contabilizado hasta junio de 2008, 812 MW, de los que 321 MW correspondían a las regiones citadas (218 para C-LM y 103 para CyL). Para el conjunto de España, la energía fotovoltaica apenas supone todavía el 0,7% del total, aunque el Gobierno mantiene la previsión de llegar al 2,5% en 2020. a pesar de las restricciones a la rentabilidad que impondrá el nuevo Decreto.

En Castila y León, en la actualidad, hay 2.600 instalaciones, aproximadamente, en funcionamiento, con una potencia media instalada de 50 Kw. Las autorizaciones tramitadas son otras tantas, aunque la potencia media se ha duplicado (110 KW, aprox.) . La Asociación de la Industria Fotovoltaica (ASIF) reclama transparencia para las adjudicaciones, solicita un listado público de huertos solares y de los pasos necesarios para conseguir la autorización, además, por supuesto, de quejarse porque el nuevo marco regulatorio abocará, dicen, al sector a su práctica paralización.

Sobre las vacaciones en épocas de crisis

Hace años, cuando no había dinero ni costumbre de desplazarse en vacaciones, algunos bajaban las persianas de su casa durante una semana y simulaban haberse ido al pueblo. Aunque no se conseguía el exultante color moreno con el que volvían de cocerse en la costa los afortunados que sí podían permitirse unas verdaderas vacaciones, de aquella ilusión también se vivía.

Los tiempos, claro, han cambiado. Ahora son multitud los que llegan al período de vacaciones con la lengua fuera, con frases como "No aguanto más", "Lo necesito más que comer", etc. Obsesionados por la importancia de cambiar de aires, son muchos los que piensan en las vacaciones como una huída, una modificación drástica de sus entornos vitales, pretendiendo que así descansarán.

Desde luego, la modificación de actividad, se haga o no en período vacacional y cualesquiera que sea su intención original, es un descanso. Aprovechar los días de vacaciones remuneradas para dedicarse a ayudar a los más necesitados, realizar una incursión en el mundo de quienes no tienen vacaciones porque deben convivir con sus apremiantes necesidades, no solamente puede ser un descanso para nuestras mentes occidentales, sino una oportunidad estupenda para conocer cuáles son las prioridades de otros seres humanos.

En estos días hablamos mucho de nuestra crisis, del cambio de tendencia, de la modificación de paradigmas. Nuestras vacaciones en épocas de crisis pueden servirnos para analizar mejor lo que merece la pena, plantearnos qué podemos hacer para aprovechar mejor nuestro tiempo...el escaso tiempo que, individualmente, nos queda, dado lo corto de nuestra vida.

Porque lo importante no son las vacaciones, nuestro carpe diem no se debe limitar a agotar el disfrute de ese par de semanas, sino a conseguir mejorar el equilibrio de nuestro espíritu.

Sobre la conexión entre agua, energía y desarrollo

La Exposición del Agua que se celebra en Zaragoza durante los meses de agosto y septiembre de 2008, tiene en el llamado Foro del Agua su reflejo conceptual más coherente.

Dirigido por Eduardo Mestre, uno de los popes del agua mundiales, reúne, con diversidad y atractivo, en debates sucesivos durante los que se da cancha a distintas organizaciones y representaciones de países, opiniones heterogéneas respecto a la problemática del agua.

La heterogeneidad de las opiniones presentados en el Foro del Agua es justamente la garantía de que el asistente a los debates adquiera consciencia de la dimensión y complejidad del problema. Desgraciadamente, las reuniones no cuentan con mucho público, y una parte de los mensajes se cuecen únicamente entre los especialistas.

Por otra parte, la inscripción no es gratuita, y, salvo que se consiga una invitación  para todo el período de la Expo-y se viva en Zaragoza para poder asistir a la mayor parte de los encuentros- no será posible hacer una valoración personal de conjunto de las preocupaciones y soluciones en torno al agua que políticos y técnicos se han traído a la ciudad.

Hay que desear, por tanto, que la publicación de los contenidos de esas reuniones y su posterior difusión ayuden a entender de qué se está hablando, en verdad, cuando con tanto énfasis y desde tantos ángulos se está refiriendo a "nueva cultura del agua", "derecho al agua" o "guerras en torno al agua". Porque el mundo del agua va mucho más allá de las discusiones de corto alcance, aunque próximas, sobre el trasvase del Ebro, las competencias derivadas de los Estatutos de autonomía o la disputa sobre el precio del agua para usos agrícolas o de boca.

Sobre algunas cosas de la Expo del Agua en Zaragoza

La Expo de Zaragoza está a punto de alcanzar los 3 millones de visitantes, y algo tendrá el agua cuando la bendicen.

En el pabelloncito de la Santa Sede (Holy See, Sainte Siège) tratan, desde luego, de este tema -la relación entre las Escrituras sagradas, el agua y el hombre-, con la intención de acercar a algunas almas a la salvación eterna, que es una finalidad, si se cumpliera, mucho más trascendente que pretender la distribución más equitativa de un bien imprescindible para vivir y hacer negocio: el agua limpia.

No es el único propósito de mezclar lo práctico con lo religioso. El pabellón de Arabia discurre por parecidos caminos y sorprendentes paralelas intenciones, aunque enfocadas, por supuesto, hacia la exaltación de la doctrina de Mahoma. Aquí, se nos presenta un idílico país en el que las mujeres -causa de pecado para el hermoso y juvenil varón, especie superior del género humano- van cubiertas salvo los ojos, aparecen de espaldas, o son tentadoras extranjeras camino de convertirse en huríes.

Pero no todo es trascendente. Si el visitante se arma de paciencia y dispone de tres días, al menos, para visitar la Expo de la ciudad de la Pilarica, quizá pueda hacerse con el mensaje que los organizadores han pretendido llevar a la población. Tendrá que hacer largas e injustificables colas ante los pabellones más interesantes: los de España, Japón, e Italia, entre los destacados. Más de dos horas de espera para acceder a estos recintos, dan idea de la imprevisión de los organizadores para distribuir mejor la curiosidad de los espectadores del evento.

Porque la mayoría de los pabellones no merecen la pena de la visita, y se convierten en simples lugares para que mercachifles hagan la oferta de algunas bagatelas y los restaurantes pretendan realizar su agosto abusando del hambre -y la sed cualificada- de los que se hayan adentrado en el recinto.

Esto no quiere decir que no se advierta un gran esfuerzo conceptual en el cerebro de la Expo, por hacer las cosas bien, con seriedad y altura. Las colas, el calor, el cansancio de la caminata, merecen la visita. Hay agradabilísimas sorpresas.

Hay que andarse por el recinto con los ojos abiertos, buscando en sitios donde no siempre se agolpa la curiosidad del visitante. El stand de Brasil, dentro de su modestia, contiene un mensaje muy sólido, y que estimamos muy coherente con la intención central de esta gran exposición. Ayuda, además, a entender, que los problemas del agua son muy diferentes en la Europa rica, la América del Norte y ese gran estado-continente, en donde el agua que el calor del trópico toma del Océano Atlántico ha permitido crear una red de ríos y una foresta que son el pulmón y el aire acondicionado del planeta.

Nos han gustado mucho el Pabellón Puente, estupendo en arquitectura -de Zaha Hadid- y en los paneles, muy trabajados -que, desgraciadamente, el público, ya cansado, no se para a leer-, la Torre del Agua -otra gran obra de arquitectura, de Enrique de Teresa, con una escultura central impresionante-, el Palacio de Congresos -de uensanta Nieto y Enrique Sobejano-, así como el Pabellón español, de Francisco Mangado. Esos edificios señalarán el perfil de esa zona de la ciudad de Zaragoza, aunque será difícil crear una homogeneidad con ellos, en la post Expo, dadas sus singularidades y aislamiento.

Mucho más modesto, pero bien concebido, está el edificio "El faro". Es el hermano pobre de las realizaciones arquitectónicas, y, acorde con esa sencillez -que no penuria- algunos de los mensajes que se difunden en el interior nos han parecido ingenuos o de un ecologismo utópico.

No está a la altura de la Expo de Sevilla, pero la Expo de Zaragoza dejará, como estupendo regalo para la ciudad, la recuperación de las riberas del Ebro. Esperemos que el río no deshaga esta labor, volviendo las cosas a su cauce- y, desde luego, unos edificios singulares, muy hermosos. Eso si, en un entorno deslabazado, frío, con demasiado asfalto. Eso es lo que habrá que corregir.

(Ah, y resulta que Enrique Martínez, el chief del hotel restaurante de Cintruénigo, es el encargado de la cocina del Pabellón de España... Qué mundo más pequeño...)

Sobre el interés mediático

La profesión de periodista -titulados universitarios, asimilados, incorporados o aficionados- tiene un falso referente al que se venera con la devoción desmedida que se profesa a toda falsa divinidad: el interés mediático.

En su virtud, se persigue a las personas, se les fotografía en cualquier situación, se les atosiga con preguntas estúpidas, se inquiere sobre sus costumbres más íntimas a sus familiares y vecinos, se especula sobre sus aficiones y secretos deseos, y, en fin, se miente sobre cuanto les rodea. Todo está permitido, pues no es el periodista quien elige, sino el público quien lo demanda. Y el público es sabio, siempre tiene razón. (Esta última estupidez la usan, también, mucho los políticos).

Por su gracia a ese ídolo venerado, se hacen también cientos, miles de fotografías a cada personaje empresarial, cinematográfico, artístico, político,..., en todos cuantos actos y eventos participen. Se les sacarán instantáneas también en los que no participan, aunque acudan como público o de incógnito, con la esperanza de descubrirlos en alguna posición de interés mediático. Rascándose el cogote, metiéndose el dedo en la nariz, haciendo un gesto extraño, preciosos testimonios que se guardarán hasta que se encuentre ocasión de ocupar con ella un comentario ad hoc.

Si son artistas del celuloide, cantantes, modelos, ganapanes, playboys y playgirls, triunfitos, etc, el objetivo de tanto fervor puede ser distinto: analizar sus trajes, sus parejas; trasladarles la sensación de agobio en la calle, en la playa, en sus casas, perseguir sus gustos, acompañantes, gestos, pormenores, asaltándolos cuando van a entrar o salir de sus casas, del restaurante, del servicio. Si explotan, mucho mejor. Si lo aguantan, apretar más las tuercas.

Hay un personaje muy educado, al que la edad ha ido convirtiendo físicamente en esperpento, pero que mantiene una lucidez y simpatía notables, al que los media atosigan con furor, con preguntas generalmente impertinentes, y a las que luego -ciertos programas y revistas, no exactamente todos- enmarcan en un tono típicamente burlesco: la duquesa de Alba, doña Cayetana. Se ha construído sobre ella un personaje de ficción, sin duda.

Se inventan incluso falsas anécdotas, tratando de ridiculizarla, a ella y a su entorno. Del fallecido duque de Alba, consorte, Aguirre, sacerdote ejerciente en otro tiempo, se cuenta, por ejemplo, que en los exequias del padre del Rey, protestaba ante los encargados de protocolo porque se le había puesto muy atrás en los bancos de la iglesia, impropio para su rango. Una marquesa que tal oyó, dijo en voz alta: "Si quiere estar más adelante, vaya al altar, y oficie".

El dicho es gracioso, puede tener interés mediático, pero creemos que es un invento. En las fotografías del sepelio, se ve a los duques de Alba en primera fila, circunspectos, sentidos, apenados.

 

Sobre la viabilidad de Bolivia y Bélgica

Comparar la situación política entre Bélgica y Bolivia puede parecer temeraria, pero, al menos, se reconocerá que ambos países viven dificultades existenciales. Serias, en el caso de Bolivia, ya que el gobierno de Morales no puede controlar las regiones díscolas del sur, y la tensión tiene en sí misma gérmenes propios de guerra civil. Más convencionales y estéticas que potencialmente cruentas, tratándose de Bélgica.

Las razones de las tensiones que enconan los ánimos en ambos países, tan distantes geográficamente y en el PIB son, en apariencia, diferentes. Sin embargo, en el transfondo se descubren, moviendo los hilos, la presencia de minorías con intereses económicos, empeñados en profundizar en las diferencias culturales de las mayorías.

La historia de ambos países no es precisamente un ejemplo de tranquilidad, como no la es la de casi ningún estado moderno, producto de segregaciones, guerras y sojuzgamientos de unos por otros. Unas constituciones bien intencionadas, redactadas después de las correspondientes guerras cruentas, plasmaron las intenciones formales de superar las diferencias y trabajar por un futuro común.

El caso de Benelux, germen de la Unión Europea, suponía la intención de construir una unión económica por encima de las identidades culturales y las diferencias linguísticas. Un ejemplo a seguir, sin duda. El caso de la formación de Bolivia no carece de virtudes teologales.

Bélgica se separó de los Países Bajos (Holanda) en 1830, y mantuvo con la previsible dificultad dos grupos lingüisticos con pocas simpatías recíprocas. Un porcentaje alto, pero minoritario de flamencos siempre ha estado a favor de la independencia -se veían más ricos, más listos, más cultos-; la población valona no oculta, en un porcentaje significativo, su simpatía por Francia, a la que seguramente solicitaría ser admitida como región en caso de separación.

Bolivia, creada el 6 de agosto de 1825 por la asamblea de Chuquisaca, que independizó el Alto Perú para crear un nuevo estado con el nombre del Libertador, Bolívar, que la consideraba su "hija predilecta", siempre fue un país desestructurado, con una población poco integrada -criollos e indígenas- y graves dificultades de desplazamiento interiores.

La distancia entre La Paz y Santa Cruz solo puede cubrirse razonablemente en avión, limitando así drásticamente los contactos entre ambas zonas del país. La población indígena, pobre y con graves dificultades de ascenso en la escala social, aparece como una segunda clase, un proletariado permanente, que vive mejor en las regiones ricas de Santa Cruz, Beni, Tarija o Cochabamba, pero conserva una fuerte independencia cultural en las regiones áridas del norte.

Bélgica probó casi todas las formas de gobierno. Es un estado federal desde 1970, con forma de gobierno una monarquía constitucional con pocos poderes en la figura del teórico jefe es el rey Alberto II, tres regiones (Valonia, Flandes y Bruselas) y donde coexisten tres lenguas: francés, holandés y alemán.

La situación de crisis larvada en Bélgica estalló cuando se produjeron las elecciones de junio de 2008, con resultados que provocaron una vuelta de tuerca a los sentimientos separatistas de la minoría flamenca. En Flandes, los democristianos, CD&A, coaligados con los independentistas de N-VA (Nieuw Vlaams Alliantie), consiguieron derrotar a la coalición gobernante de liberales flamencos y socialdemócratas valones, que aparecía como una garantía de entendimiento entre dispares.

Bolivia iba camino de una imprescindible modernización, bajo la mano económicamente interesada de los últimos gobiernos pre-morales (qué pena de Tuto Quiroga), pero con buenas conexiones internacionales. Hoy está ásperamente dividida en regiones pobres y ricas, la más dura e insuperable división que pueda establecerse en un país.

Las dos regiones bolivianas tienen poca viabilidad por sí mismas, pues los terratenientes criollos del sur necesitan la mano de obra indígena, y los indios de las zonas áridas carecen de formación técnica y cultural para sobrevivir en un mundo global. Es una simplificación, desde luego, pero quiere reflejar que se necesitan. 

El presidente Evo Morales posiblemente pierda el referedum revocatorio de hoy, 9 de agosto de 2008,  y sería culpable de haber llevado el país a un precipicio. La culpa no la tienen los ejes de su política ( indigenismo, nacionalización de las fuentes productivas más importantes y entrega de tierras a los campesinos, fundamentalmente), sino la falta de voluntad y experiencia política para propiciar enlaces políticos con la oposición, que representa los intereses económicos que impulsaban a Bolivia. Las ideas pueden ser hermosas, pero no alimentan los estómagos.

Flandes, que es la región rica de Bélgica, resolverá sus diferencias en el Parlamento, y posiblemente, después de un par de tirones de pelos entre políticos, volverá al redil, considerando las importantes ventajas de mantenerse unida a Valonia y a Bruselas. No está previsto, además, en la Unión Europea el reconocimiento de estados segregados de otros que sean miembros. Y no es cosa de exponerse al frío de la soledad, cuando los vientos soplan en contrario.

En Bolivia se habla hoy mucho de guerra civil. Ojalá no sea así, pero estamos hablando de dos mundos diferentes, dos maneras de analizar la viabilidad de los proyectos económico-políticos. Con palabras, aunque sean malsonantes, o matándose. Qué pena, qué lejos parece el proyecto bien intencionado de Bolívar, Sucre y aquellos otros rebeldes que creían construir un mundo en el que todos fueran tratados como iguales.

Sobre las posibilidades de medalla en las Olimpiadas de Pekín

Pues no hemos rezado poco por la conversión de los chinitos, y recogido dinero de nuestras tías y  hasta de señores desconocidos, con el riesgo que ello suponía -lo segundo, en principio- paseando una hucha por las calles de nuestras ciudades los domingos del Domund. Así que estos chinos de ahora, liberados de Maosetún, o como se llame, que ya están prácticamente convertidos, nos deben una satisfacción.

Nos llega, es cierto, ya tarde, a nosotros, los niños de entonces, y mira que nos entrenábamos, pero es que ni siquiera sabíamos que había Olimpiadas. Jugábamos con un balón de plástico duro en los patios de cemento de los institutos, cien contra cien. Habíamos gimnasia un par de veces a la semana, dando vueltas al gato -es un decir- sobre una colchoneta de paja y estrellándonos contra un armatroste de madera que se llamaba caballo y que no saltaba un gitano, o así creíamos.

Eran otros tiempos. Los prados recién segados que en donde nos dejaban jugar al fútbol y recoger grillos estaban siempre cuesta arriba, no se había descubierto aún ni el tenis ni mucho menos el golf, y los españoles éramos demasiado bajitos para competir en cualquier deporte que no tuviera que ver con la furia, el coraje y la mala leche.

Pero veremos las olimpiadas de Pekín sentados ante el televisor, tomando un par de cervezas, o guiski si la retransmisión es por la noche. Confiamos en que no sean demasiadas emociones seguidas, que vengan dosificadas, por lo de las subidas de tensión.

El éxito de la participación de los atletas de España en los Juegos de Pekín parece esta vez garantizado. Dicen los entendidos, incluído Lizapersky, secretario de Estado de Deporte, que pueden ser más de 30. Puede que consigamos las mismas medallas que Rusia -otro lejano país al que también tratamos de convertir- y, probablente, más que Estados Unidos, que está de capa caída, con el rollo ése de las elecciones para que no salga Obama como Presidente.

No va a ser cosa de causalidad esta vez, porque hemos estados persiguiendo los éxitos con ahinco, con método. Primero, divulgando la práctica del deporte. Ningún hogar se quedó sin su televisor, era el lema, y raro es el hogar que no tiene tres o cuatro: dos en el cuarto de los trastos, cubiertos con una manta, otro en el comedor y otro en la habitación principal, con telemando.

Gracias a eso, el país se ha convertido en deportista nato. Todos los miércoles y sábados, hay partido de fútbol. El resto de la semana, comentario de las jugadas de interés (y de las que no) y entrevistas a los futbolistas por  expertos en tendinitis, roturas de gemelos cruzados y corazón (esto, por lo de las revistas del corazón, como el As. Marca y El País).

Sedundo -esto conecta con lo de más arriba-, hemos llevado el deporte a los lugares más remotos y en las formas más modernas. Ningún pueblo carece hoy de discoteca, y no faltan plazas con tres o cuatro papeleras para practicar el botellón, deporte de masas que consiste en lanzar borracho o drogado una botella vacía al suelo. También hay muchos sitios en donde las señoras menopáusicas pueden practicar el aerobic, aunque de momento están vacíos casi todos, porque se utilizan mayormente para lavar el dinero b, por lo que cuentan.

Pero lo que ha sido definitivo es el apoyo que venimos prestando a los deportistas, ayudándoles a que tengan cubiertas todas sus necesidades. Ahí tenemos a Rafa Nadal, con una beca para poder simultanear estudios y deportes y poder ir tirando; a Pau Gasol y a su hermano Garbajosa, que les estamos pagando los estudios en USA, a Fernando Alonso, que, por cierto, no se ja dicho aún en qué circuito va a correr, y que es también medalla segura.

Para mejorar nuestras aspiraciones, hemos incoporado algunos deportistas de élite extranjeros que no podían desarrollar sus opciones en su país de origen, y les hemos estimulado con sparring nacionales. Es el caso de He Zhi Wen, Juanito, (chino) en tenis de mesa (parecido al futbolín), y sus compatriotas Zhu Fang y Shen Yanfei -con bellos nombres de mujer que se incorporarán, seguro, al santoral, si ganan medallas-, Galia Dvorak, (ucraniana), Jana Smidakova (checa), Nina Zhivanevskaya  (rusa), Ashwin Wildeboer (hijo de holandeses no errantes), Svilen Piralkov (búlgaro), Lenika de Simone (norteamericana), Alemayehu Bezabeh Desta (etçiope), Ayad Lamdassem el Mouhcin (marroquí). Josephine Onyia Nnkiruka (nigeriana), Ricardo y Felipe Perrone (Brasil), Iván Pérez (Cuba), Paula Alejabdra Dabanch, Kelvin de la Nieve, (dominicano), Jackson Quiñónez (ecuatoriano), Frank Casañas, Yesenia Centeno y Luis Felipe Meliz (cubanos)...

Lo que nos puede perjudicar es el exceso de confianza. Por eso, nuestra propuesta es ir a lo despistado, que no nos vean como candidatos. Y si resulta que no conseguimos las medallas, no será porque nosotros no las hayamos merecido. La culpa será de los Mengual, Deferr, Fouz, Cid, Contador, etc. que no habrán hecho bien su trabajo.