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Al Socaire de El blog de Angel Arias

Sobre la solvencia de los municipios y sus riesgos de falencia

No se habla, en esta crisis, de cómo puede afectar a la situación económica de los municipios, aunque hay que suponer, por pura lógica, que sus contratistas estarán sufriendo o empezarán a sufrir las dificultades de la falta de confianza en el futuro que, de pronto, se ha instalado en la sociedad financiera.

Si los ingresos por los precios de agua, tasas de recogida de residuos, impuestos de bienes inmuebles, alquileres de plazas en cementerios, etc., no se producen en las cuantías esperadas , habrá que empezar a preocuparse por los préstamos y adelantos basados en la pignoración de futuros.

El futuro ha dejado de ser, incluso para los municipios, el sitio apacible en el que debíamos pasar en bonanza el resto de nuestros días, para convertirse en una combinación de madrastra y enano saltarín que nos han emponzoñado la manzana.

Los municipios son, en España, las instituciones que más ciega confianza habían manifestado en el futuro. Gracias a él, y a su poder de convicción, han conseguido jugosos cánones adelantados a cuenta de ingresos futuros por los servicios ques tenían que prestar al ciudadano. Ordeñaron la gestión del agua, la recogida de residuos, recalificaron parcelas y rehabilitaron edificios, modelaron plazas y cambiaron adoquines a las aceras. Hicieron museos, teatros, mercados, túneles y monumentos. Y lo hicieron a pesar de tener las arcas vacías, con la connivencia de bancarios y contratistas que veían despejado el futuro.

El punto clave del razonamiento fue siempre que los municipios, uno de los elementos de la administración del Estado -"la tercera pata"- no podían quebrar. Su endeudamiento superaba con creces los límites admitidos por la Ley de Bases, pero se acudía a la fórmula mágica de adelantar los ingresos futuros actualizándolo con tasas de interés cada vez más bajas y con previsiones de crecimiento cada vez más empinadas.

Así se podía disponer en el hoy de los hipotéticos beneficios de la recaudación municipal.

No es por tocar las narices ni a rebato en este momento de preocupación general, pero no vendría mal que, ya puestos a hacer balance y cuenta nueva de las alegrías que nos condujeron hasta aquí, se haga la evaluación neutral de las consecuencias de la hipotética falta de liquidez de los municipios para pagar sus compromisos. ¿Qué solidez tiene esa deuda? ¿Se atreve alguien a revisar la solvencia de los municipios, a la luz de estas candilejas?

Porque el riesgo de falencia municipal es una derivación más de la falta de confianza -y seguramente, nada pequeña- que ahora nos ha entrado respecto al futuro.

(Nota: Falencia tiene dos significados: a) Quiebra del comerciante; y b) engaño o error. Ambos conducen a conclusiones parecidas en la lectura de este Comentario)

Sobre la crisis económica mundial y las soluciones para España

A medida que va pasando el tiempo y tenemos más datos, se van atando los cabos de la realidad y alcance de lo que empezó siendo una ligera conmoción del los mercados.

Sabemos ahora, ya sin dudas, que la crisis económica es muy grave y que no afecta solo a los Estados Unidos, sino a todas las economías occidentales -por lo menos-, y, para colmo, sabemos que el sistema norteamericano está mejor preparado para evaluar y aplicar las medidas, debido a la independencia y flexibilidad de su estructura económico-financiera.

"Hay que decir" -bellísima e inútil combinación de palabras, solo equiparable al "mire usted"- que seguramente si la crisis es así de profunda, la causa principal es por la obstinación de algunos de referirse a ella por su nombre verdadero: Crisis Profunda y no por su nombre artístico: Desaceleración Necesaria.

El personal viviría mucho más contento en la ignorancia. La experiencia ha demostrado a lo largo de los siglos, que la manera más elemental de combatir una certeza, es negándola. ¿Que te pillan con las manos en la masa?. Lo niegas. Da igual que seas sorprendido con los calzoncillos en la mano. Negar es la primera medida que, en la generalidad de los casos, puede apagar el temporal.

Es algo tan elemental que debería formar parte del manual del buen político, y por eso cabrea tanto que la oposición se empeñe en la necesidad de reconocer la evidencia. ¿Para qué?. Si las decisiones no se toman en un contexto alarmista, la tela frágil que sostiene nuestro precaria felicidad aguanta siempre un poco más. Ergo, negar la crisis es el primer axioma.

Ya lo advirtió, repetidamente, el presidente del Gobierno español y su mentor económico, el Primer Ministro Solbes: "No la llamemos crisis, sino desaceleración". Al tener que reconocerla, fue a peor, culpabilidad que cabe achacar a la oposición, a su falta de amor a la Patria.

La segunda medida de contención, una vez que ya no sea posible ocultar la crisis, es resaltar sus efectos positivos. Porque hay que estar convencidos de que, cuando consiga superarse, saldremos reforzados. Sin contar, desde luego, con la excelente preparación de nuestra economía para aguantar cualquier embate del proceloso mundo exterior, combinación de palabras a la que, como segundo axioma, hay que recurrir si el agua nos entró hasta el sótano.

Ha pasado algo de tiempo, y, entre tanto, en los Estados Unidos han conseguido un consenso de sus fuerzas vivas para apuntalar las vigas más carcomidas, añadiendo un poco de gesticulación al marco trágico que había quedado al descubierto. No es seguro que hayan conseguido evitar que se les caiga encima todo el tenderete de su feliz economía, pero sí es claro que, a base de dar gritos alarmistas, han llamado a sostener algunos de los puntales a la banca europea.

Como consecuencia, han aparecido algunas grietas preocupantes en los sistemas financieros del viejo continente.

El gobierno español ha utilizado, el tercer axioma, aplicándolo a su coherente discurso: "Las finanzas europeas tienen mucha más solidez. Pero es que, si no nos llaman a nosotros para negociar medidas, es porque nuestro sistema bancario es completamente seguro". Es decir,  "la crisis, aunque profunda, está perfectamente asumida", y "los ciudadanos pueden estar tranquilos", y, finalmente,  "todo está bien dotado y controlado".

Hoy, domingo, 5 de octubre de 2008, varios ministros alemanes y el director del Banco Central de ese país, así como distintos representantes cualifcados de entidades de crédito, están concentrados en hallar una solución a la quiebra del segundo banco hipotecario de la RFA. La situación "es difícil", reconoce Angela Merkel. Nuestra Primera Ministra, Fernández de la Vega, aplica el cuarto axioma: "el Gobierno viene haciendo lo que hay que hacer, desde que se conoció la crisis". No es necesario explicitar las medidas, basta con decir que se han adoptado.

No se interprete de este comentario que estamos  a favor de la propuesta reiterada de la oposición, personificada en la postura del PP. "Que el Gobierno gobierne, que haga algo". No cabe más simplismo que someter a presión a quien no sabe qué hacer, y es una demostración palpable de que no se sabe qué hacer tampoco, en una situación así, porque se avanzaría en las soluciones.

Por eso, en un país devoto como el nuestro, solo cabe recurrir a la intervención de los espíritus. Por fortuna, sabemos qué hacer, porque nos ha ido bien en otras circunstancias.  ¡Santiago, y cierra España!. 

A ver su ahora la oposición se atreve a preguntar: ¿Hay alguien más ahí?

 

Sobre los canapés

Canapé es una palabra foránea que hemos adaptado al castellano/español con dos significados muy distintos. Lo que lleva a utilizar un único significante con intenciones tan separadas es,  en nuestra opinión, simplemente la cursilería.

Veamos: para la primera y más común de las utilizaciones, teníamos y mantenemos una palabra magnífica, que es la de "pincho". Con pinchos, englobamos todos los canapés que se comen. Los expertos dicen que los genuinos canapés tienen una base de pan, habitualmente tostado. Pero para eso podíamos utilizar la palabra "montaditos".

En las bodas, ya no ponen pinchos, sino (teóricamente) canapés. Da igual que sean croquetas, que gambas a la gabardina, que uvas con queso o trozos de empanada con berberechos. Lo que menos se encuentran, sobre todo si la celebración es de copete, son los verdaderos canapés, eso  que deberían tener un poco de mayonesa entremezclado con aceitunas y pasta de cangrejos china. Será porque manchan las corbatas...

La segunda acepción, se corresponde con la forma de designar al soporte de metal o madera sobre el que ponemos el colchón, especialmente en los casos en que la cama es de las que antes se llamaban "de matrimonio"  y ahora, king size, que tiene, como se ve, otra connotación.

Como hay mucha gente que no estamos para dibujos, se ha dado en llamar a todas las camas que tienen la más mínima estructura por la que se levanta el colchón del suelo, pues canapé. Ya no se dirá "me voy al catre", sino "me voy a yacer al canapé". Si, además, se quiere comer alguna fruslería, mientras se descansa viendo la tele, se debería decir, de la forma más elegante posible: "Me tenderé en el canapé con algunos canapés".

En las milicias, a la colección de maderas de varios tamaños sobre los que, teóricamente, había que colocar el jergón o la colchoneta, se les llamaba "pilarillos". Eran, en realidad, un estorbo, resultando preferible dormir poniendo la colchoneta sobre el cemento. No habían llegado los canapés y los bocatas de sardinas de lata con cubata (ron con coca cola) aún sabían a gloria.

Sobre lo irrecuperable

Claro que hay cosas irrecuperables evidentes. La muerte nos lleva lejos de aquí a los que amamos (también, gracias a Dios, a los que nos odian). Pero hay otras irrecuperabilidades menos claras.

El fuego proporciona un arsenal de pérdidas. Es muy duro sobrevivir a la quema de todo lo material que poseemos. También es muy seductor, mandar al fuego todo lo que hemos hecho. Lo han protagonizado artistas, escritores, músicos. También envidiosos de su obra, para que no quede nada o casi nada de lo que han pretendido (o conseguido) dejar con mérito para la posteridad.

A niveles modestos, causa una especial alegría descubrir en un cajón olvidado, en una morada ya en desuso, algo que fue abandonado sin saber por su dueño, hace tiempo. No importa qué: un pañuelo, una caja con medallas, unas monedas. Qué placer cuando, en una librería de viejo, de pronto, aparece en el libro que hojeamos, una postal, una nota, una flor seca, dejada allí por un desconocido. Cabe preguntarse por el sentimiento que los habría puesto entre las hojas, qué raqzón llevaría a sus depositantes a perderlos: ¿la muerte? ¿un descuido? ¿la ruina? ¿la desesperación, acaso?.

Irrecuperable es la posible satisfacción por aquel momento que se nos fue, invicto, entre las manos. El beso o la caricia que perdimos, ocupados en otras andanzas más confusas. El mérito que ellos, los que podían, nos negaron, sucumbidas las nuestras en ambiciones de otros, más impetuosas.

Irrecuperable la niñez y las ganas de saber rellenando las pizarras incólumes aún del cerebro. 

 

Sobre la intimidad de los famosos y su protección

Hay algunas frases hechas que pretenden exculpar al culpable o justificar al que actúa. El público o la gente son la referencia genérica a la que se atribuye una capacidad de decisión y una sabiduría innexistente.

"Le damos al público lo que demanda", dice el conductor de un sarnoso programa de TV en el que se pone a caldo a algunos famosos. "El electorado es muy sabio y hemos captado el mensaje" declara el político al que han escaldado las urnas. "Una vez más, la sabiduría popular nos ha dado la razón, confirmando que vamos por el camino correcto", se enorgullece el dirigente al que acaban de confirmar por una exigüa mayoría.

Refiriéndonos a la divulgación obsesiva y perversa de la intimidad de algunos famosos, en la que se ceban algunos medios, llamados "del corazón", convendría desenmascarar algunas falsedades:

a) La vida íntima de las personas no tiene el mínimo interés público. Conocer si fulanito traiciona la fidelidad de su pareja, si los menganitos se han visto en una playa desierta o si dos -o diecisiete- seres humanos han organizado un sarao, no afecta en absoluto ni al bienestar, ni al conocimiento, ni a la sensación de felicidad o tristeza de nadie más que a los propios protagonistas.

La persecución de que son objeto los llamados "famosos" para descubrir detalles personales y divulgarlos, tiene únicamente relación con el gen de la curiosidad vacua, una aberración de la genética por la que somos capaces de llegar a obsesionarnos por lo que carece de interés para la subsistencia, pero nos evita dedicar tiempo a las cuestiones esenciales, favoreciendo así que, en los animales más débiles de cada especie, los depredadores adquieran alimento más fácil.

b) Los asaltos a famosos en la calle, al salir o entrar de sus casas, al ir a la compra, al meterse el dedo en la nariz, por supuestos periodistas micrófono en mano, para preguntarles qué piensan sobre el divorcio de su hija, la caída del caballo de la amante de su yerno, el cáncer de su abuela o la operación de nariz de la vecina, -ejemplos, claro está, surgidos de nuestro imaginario- faltan a la profesionalidad, vulneran la deontología básica y no generan ni saber útil ni plusvalía de ningún tipo.

c) Es necesario poner coto al concepto flexible de libertad de prensa o libertad de información, en dos sentidos: uno ético, con la mejora de formación de profesionales del periodismo y del público receptor (hay mucho que hacer) y otro, jurídico, ayudando a que la judicatura precise los límites de los conceptos difusos del honor, la dignidad personal, las consecuencias de la fama respecto a la intimidad, o el derecho a la propia imagen...

Sobre la patología más común en los blogueros y su curación

Las patologías de los blogueros no están diagnosticadas, si bien lo más probable es que tengan que ver con la psiquis, y, dentro de las categorías sicológicas, la esquizofrenia -la búsqueda de una second life, para entendernos- parece ocupar el primer lugar de los potenciales diagnósticos. Querer ser otro, ser admirado, crear un personaje -muchas veces, anónimo o ficticio- que los demás reconozcan, sigan, veneren.

No hay que confundir bloguero con internauta, por más que para la mayor parte de la gente -es decir, casi todo el mundo- los confunda. Hay muchísimos más internautas que blogueros, porque es muy superior el impulso de curiosidad que el de exhibicionismo. Es más alto el peeping que el geeking.

La inmensa mayoría de los internautas no tienen blog, pero los buscadores les conducen sistemáticamente hacia alguno cuando confían que esos archiveros un tanto bobalicones de las cosas que pululan en la red les ofrezcan la solución a sus problemas, curiosidades. inquietudes visuales e, incluso, vicios personales.

Como estamos en una sociedad que valora mucho más lo visto que lo conocido, más lo gráfico que lo escrito, crece exponencialmente -mejor dicho, potencialmente- el número de consultas a las imágenes y vídeos en internet. Preferimos ver las noticias a tener que leerlas, y preferimos el cotilleo y el fútbol a que nos adoctrinen o ilustren.

 El razonamiento inverso podría llevarnos a pensar que todos los blogueros son internautas, No es asi. Un número creciente de los que escriben blogs no tienen ya tiempo más que para sí mismos, para su cuaderno, para contar lo que les pasa, incluso solo lo que les pasa por la cabeza. Se han convertido en prisioneros de él.

Cuando se reúnen con sus amigos, solo tienen palabras para su blog, para interesarse de ellos/con ellos si han leído lo último que han puesto en la web -que es mejor decirlo en español: en la red, en la trampa-. Si tienen ocasión de entablar conversación con un desconocido, a las primeras de cambio le hablarán de su blog, le darán la dirección, no de su casa, sino del cuaderno informático. Perderán, sin embargo, la del otro, si tiene la osadía de corresponder con otro encargo similar.

No hay tiempo, no hay tiempo para nada más que para ver lo que uno ha escrito y las reacciones que provoca, las visitas al cuaderno, de dónde provienen, quiénes nos "siguen"...quiénes, en realidad, nos huyen...

Debemos estar, pues, atentos para detectar el momento en el que el blog se ha convertido en la preocupación fundamental de nuestra existencia. Una media hora diaria puede ser tolerable. Más, es ya un síntoma de que algo va mal, salvo que uno sea profesor universitario o empleado de un partido político y sea la sociedad quien nos pague, hagamos lo que hagamos.

Teniendo en cuenta que, por mucho que nos digan, por altas que sean las entradas contabilizadas a nuestro blog, por exhuberante que parezca la influencia que ejerce, la ley de la simplificación combinada con la de la analogía permitirá concluir que pocos serán los que lean un comentario nuestro hasta el final. Poquísimos los que lean ni siquiera el título, pero algunos se apresurarán a incluir un comentario, tal vez. Algo así como: "Me gusta mucho, haber si lo mejoras" o "Ke te zurzan, dejenerao, no tienes pajolera idea de lo ke ablas".

Cuando la blogmanía amenaza con ocupar un lugar preferente en nuestras vidas, hay que ser valientes, incisivos, crueles, incluso. Hay que matar el blog. Como en el cuento de la cabra y el judío, una vez que nos liberemos de la cabra, habrá mucho más sitio en casa para la familia, más felicidad en la vida, más tiempo libre para el campo.

Y el mundo seguirá su curso, tan campante, sin nuestro querido blog. ¿Pero quién se atreve a asesinar esta excrecencia del yo que no ocupa más espacio que el virtual y que, salvo en casos extremos, no hace daño a nadie -a excepción, quizá, de al propio autor/autores?

Sobre el anatocismo español, el método francés y el capitalismo chino

El anatocismo es el término griego para denominar "el interés del interés" del dinero. Ay de quien se acoja a esta práctica, siendol deudor, porque si no le paga a su acreedor el interés y el capital en los plazos estipulados, se le acumularán los intereses a las cantidades debidas, sumándolas, y se irá calculando sobre ellas el interés de la deuda, con lo que la situación del insolvente se complica vertgionosamente.

El Código Civil español admite el anatocismo y alguna jurisprudencia lo ha consolidado en la práctica, dentro de la autonomía de la voluntad para establecer pactos convencionales. Sin embargo, el Código Mercantil en su art. 317, al referirse al "préstamo de naturaleza mercantil" parece desaprobarlo entre comerciantes, al expresar que "los intereses vencidos y no pagados no devengarán intereses", para, en el art. 319, autorizar su cobro cuando así haya sido pactado.

El cálculo de préstamos a interés compuesto -en los que el capital no se retira, y los intereses acumulados van aumentando el capital total que genera intereses- era uno de los ejercicios ininteligibles que los niños resolvíamos en los tiempos del Bachillerato. Era curioso, para los que no teníamos ni una peseta para comprar el último número de las aventuras del Capitán Trueno, advertir lo rápido que un capital pequeño se convertía en una millonada, y soñábamos con el día en el que ahorraríamos cien pesetas, las pondríamos a interés compuesto durante cuarenta años y nos retiraríamos con Ingrid a nuestro castillo inexpugnable.

Pero llegó el método francés y nos lo fastidíó todo. Y luego, nos enteramos que existía el capitalismo chino y, ya muy mayores, la avaricia norteamericana -esta última, mucho más contagiosa que la gripe asiática-. Aunque eso son ya otras historias que, eso sí, convergen como una lanza sobre los pobres inocentes que seguimos creyendo lo que nos dicen sin entender nada de nada.

Sobre la preparación necesaria para ser Presidente de EEUU

Hace apenas unos días que EEUU demostró al mundo que era el país más poderoso de la Tierra en la actualidad, concediéndole el privilegio de meterlo en una crisis que está motivando la revisión de los postulados más firmes del sistema capitalista.

La petición de autorización del Presidente Bush a su Congreso para insuflar 700.000 millones de dólares de papel mojado a las entidades que tengan mayores agujeros en sus balances es, en sí misma, la demanda de una prueba de confianza. La de que los planificadores económicos creen que para recuperarse de la crisis hay que distribuir las pérdidas entre todos, en especial, los que no han participado en los presuntos beneficios,

Y por todos, ha de entenderse preferentemente el mundo globalizado. Al fin y al cabo, la cuenta puede ser ésta: "Tocamos a unos 2.000 dólares por norteamericano, pero sólo serían unos 140 dólares per cápita si consideramos toda la población mundial".

La retransmisión del primer debate entre McCain y Obama el pasado 26 de septiembre de 2008 ha venido a poner en evidencia algunas cosas. La fundamental, para los que siguieron la suave confrontación por traducción simultánea, es que muchas de las frases pronunciadas por ambos contendientes verbales no tenían aparentemente sentido y que a los candidatos les faltaba fluidez verbal y rapidez de reflejos.

Para los que siguieron el debate en el lenguaje original, la conclusión probablemente fue la misma.

Faltó en las intervenciones calidad, profundidad y garra. Si lo comparamos con los que vivimos, no ha mucho, entre Rodríguez Zapatero y Rajoy, salimos ganando. Si tomamos como referencia el habido entre Segolène Royal y Nico Sarkozy, la goleada sería de escándalo.

Ni discusión de las hipotéticas soluciones -y de sus causas- para la crisis económica, ni  análisis ni propuestas de mejora de las condiciones sociales para los más necesitados, ni cifras concretas sobre el empleo de los próximos Presupuestos y la modificación de las cantidades destinadas a Educación, Sanidad Pública o Ejército.

Tampoco hubo compromiso inteligible respecto a Irak, Palestina-Israel, Irán o Afganistán, ni voluntad de desbloqueo para Cuba, ni análisis crítico de la situación generada por la expulsión de embajadores en Venezuela o Bolivia. Ni propuestas de refuerzo para los tratados de libre comercio, ni aumento de la ayuda a los países africanos, ni enfoque responsable respecto a la energía nuclear y las alternativas ambientales, ni medidas para estímulo de ahorro energético, activación tecnológica, colaboración con otros países en materia de investigación, ni siquiera mensajes de censura hacia el neocapitalismo y sus consecuencias.

Ya se comprende que el examen para ser Presidente de los Estados Unidos de América no puede ser muy difícil, dadas las circunstancias y que solo se dispone de dos candidatos, pero se agradecería que, a los que solamente votamos con la imaginaciónen esas elecciones, se nos ofreciera algo más que la posibilidad de elegir entre un dinámico y joven -relativamente- mulato,  que parece recién salido de una película de esas con negro simpaticón y entre un respetable anciano blanco sostenido por los corsés, que ha demostrado su capacidad para soportar el sufrimiento propio y, seguramente, está convencido de que los demás somos unos melifluos.

Sobre las necesidades energéticas imperiosas y las imperiales

No habrá más debate nuclear. La ministra de Medio Ambiente, Rural y Marino, Elena Espinosa, lo ha pontificado en una entrevista publicada el 22 de septiembre de 2008 en El País. "El Presidente del Gobierno ha dicho clarísimamente cuál es la postura de este Gobierno respecto a las nucleares (...) " que -salvo error en la transcripción- es: "no se debe prolongar la vida de las centrales nucleares salvo necesidades energéticas imperiosas".

La contundente afirmación indica, por lo menos, dos cosas: Al actual Gobierno no le parece oportuno abrir un debate sobre la oportunidad de autorizar nuevas centrales nucleares, porque ello supondría alimentar corrientes de opinión contrarias a la opción socialdemócrata.

Es decir, se consolida para el presidente del Ejecutivo español la idea de que la energía nuclear es asociada por el electorado español a las posiciones conservadoras. Lo izquierdoso, rentable políticamente hablando, son las energías verdes, y por verde ha de entenderse la solar fotovoltaica, la eólica y la biomasa. El debate sobre esta última, por cierto, si está dispuesta a abrirlo la ministra multiplural, aunque tiene sus idas propias sobre la escasa influencia de la producción de biomasa para quemar sobre el mercado agroalimentario.

La segunda conclusión que cabe deducir del desestimiento de emplear la energía nuclear -hay que entender que se refiere tanto a la de fisión como a la de fusión- es la desconfianza respecto a la tecnología propia y ajena en este sector. De nada vale que en países más avanzados que España se siga invirtiendo en el desarrollo e implementación de nuevas generaciones de centrales nucleares. De nada sirve la argumentación de que las actuales centrales, cuya vida se prolonga sin mayor discusión, utilizan, por supuesto, tecnologías algo más atrasadas que las actualmente disponibles.

De nada vale, en fin, la opinión de los representantes de las empresas eléctricas sobre las dificultades de mantener el equilibrio entre oferta y demanda si no se cuenta con producción de energía no sometida a los vaivenes y veleidades de la naturaleza...

La decisión tomada se asemeja más a una decisión imperial que a una voluntad de atender en el futuro a necesidades imperiosas. Porque, aunque el Presidente y sus ministros no técnicos no tienen porqué saberlo, alguien debería decirle que las centrales para producción de energía con base nuclear no pueden instalarse a toque de varita mágica, y necesitan un tiempo de varios años -entre seis y diez- para ponerse en marcha.

Mientras tanto, la vuelta del verano se aprovechó para reformar el RD 661/2007 de 25 de mayo, que fijaba la política de bonificación a la producción fotovoltaica, con nuevo RD, el 1578/2008 del 26 de septiembre), que comentaremos otro día. Ocho meses y un día han pasado desde entonces).

Sobre la trata de mulatas y lo que vale un pene

El Ayuntamiento de Sevilla, desde finales de agosto de 2008, está desarrollando una campaña contra la prostitución que descansa en la colocación de varios carteles donde se ve, de espaldas, a un hombre y a una mujer -él le pone una mano sobre el pantalón; ella podría ser latinoamericana- y en los que puede leerse: "¿Tan poco vales, que tienes que pagar?"; y en letra algo más pequeña: "La prostitución existe porque tú pagas".

Como no hay que juzgar un anuncio por su intención, sino por el efecto que nos produce, tenemos que afirmar que el mensaje de los carteles nos parece machista, vejatorio para la mujer y, aún más grave, incitador a la violencia. Podría deducirse que anima subrepticiamente a que se disfrute gratuitamente del sexo, como fruta abandonada en el árbol de los deseos.

Mucho se ha escrito, comentado y discutido acerca de la prostitución, pero pocas  decisiones realmente rompedoras se han tomado. Las corrientes de opinión parecen centrarse en dos extremos: En un lado, quienes defienden que la prostitución forma parte del ejercicio de las libertades, y que, guste o no, hay que tolerar que una mujer -o un hombre- deseen comercializar con su cuerpo y convertir ese trasiego de carne por dinero incluso en su profesión; en lo que hay mayor consenso es en declarar que lo que habría que perseguir sería la explotación por terceros de quienes ejercen la prostitución.

En el otro lado, estarían quienes urgen a la inmediata abolición de cualquier permiso, expreso o tácito, para ejercer la prostitución, considerándola una aberración del uso de las libertades, porque ofrecer su cuerpo para disfrute de otro es algo que nadie puede desear libremente, ya que atenta contra la dignidad de los prostituídos, que se convertirían en vehículo paciente y no en compañero del que obtiene placer a costa suya.

No parece haber prisa en tomar decisiones, según algunos. Naturalmente, ésos son los interesados en mantener el estado de las cosas, porque se benefician de él: organizaciones mafiosas, chulos, redes de blanqueo de dinero, impulsores de la inmigración ilegal, corruptos, rijosos, enfermos sexuales, inadaptados, incultos, machistas, putos, ...

Nunca estarán entre los beneficiados los propios prostituídos, aunque cobren -algo- por hacerlo. El dinero no paga el descrédito social, la caída moral, el resbalón por la autoestima... Hacer la calle, aunque sea en un palacio, no es una profesión, es una lacra social y una vergüenza de nuestra sociedad de consumo, que pretende que tiene lugar en el mercado el intercambio de libertad propia por gozo (de otro)

Como es sabido, la trata de blancas era perseguida como delito en un tiempo en que la trata de negras estaba permitida, para ser dedicadas a la esclavitud, bien laboral o sexual: coherentes con la idea de que la raza blanca era superior, la tolerancia hacia las mafias que raptaban y prostituían esclavas negras, se transformaba e intransigencia legal si el objeto eran mujeres -siempre fundamentalmente mujeres- de raza blanca.

Hoy sigue habiendo en España trata de blancas, -de países del Este de Europa, fundamentalmente- pero, sobre todo, hay trata de mulatas -de Brasil, Ecuador, Perú y otros países de Latinoamérica-. Mujeres que han sido engañadas por sus raptores -a veces, falsos amantes, novios, amigos- y a las que se exige un rescate elevado, pagadero en "servicios de prostitución" para que puedan recuperar su pasaporte y la libertad.

No podemos tolerarlo. No sabemos lo que vale un pene, pero será siempre mucho menos que la dignidad y la libertad de cualquier ser humano. No hay ejercicio libre de la prostitución: el cuerpo humano forma parte inseparable de un espíritu que configuran con él la persona; y no se puede defender que quien prostituye su cuerpo a cambio de un dinero lo hace desde la libertad de disposición, porque no se puede disociar la realidad de haber prostituído también una parte de ese espíritu, de la conciencia del ser.

Hay que prohibir todas las formas de prostitución y defender la libertad para el ejercicio de la actividad sexual, con el principio de que sel placer o es recíproco o es utilización, o sea, explotación.

 

Sobre el plan de rescate financiero y el secuestro del mercado

Poco se podrá decir nuevo sobre la crisis que conmociona los pilares de la economía global, porque analistas prestigiosos, empresarios capaces y políticos eminentes han dado muestras de las dificultades de evaluar lo que está pasando y el tamaño del agujero que se ha formado en el sistema.

El Plan de rescate que el gobierno del presidente Bush ha elaborado, y que ha pretendido consensuar con los candidatos a la presidencia que deberá abandonar en noviembre de 2008 propone una inyección de 700.000 millones de dólares al mercado, por la vía de compra selectiva de paquetes de créditos malos, préstamos hipotecarios sin respaldo suficiente, y otras pifias financieras.

La clave del asunto está en que esos caballos rencos, inservibles para las carreras o el tiro sino solo válidos para ser conducios al matadero, serán valorados al precio con el que figuran en los balances de los Bancos de Negocios y las entidades aseguradoras. Es decir, el marrón se lo chuparán los presupuestos del Estado, se distribuirá entre los contribuyentes.

Si bien, con la habilidad que tiene EEUU en traspasar sus crisis urbi et orbe, habrá que esperar qué se les ocurre a sus dirigentes para que la carga sobre el glorioso pueblo norteamericano no sea demasiado gravosa.

El Presidente Bush, disgustado porque el Plan no mereció la inmediata aprobación del Congreso y devoto mercantilista, ha confesado que "el mercado no ha respondido adecuadamente esta vez". Por estos predios, algunos ya habíamos denunciado que el mercado no lo cura todo, y que el Estado necesita, no solamente controlar desde fuera, sino vigilar desde dentro, infiltrándose en la economía real.

Es nuevamente momento para recordar, por parte de los que no somos mercantilistas tan convencidos, que el mercado es solo un instrumento cuyo objetivo ha de ser la distribución deseada de las plusvalías que generamos entre todos. Las plusvalías se suelen concentrar, cuando el mercado funciona sin barreras, en algunas manos predilectas.

Por eso, hay que establecer límites a la acumulación de capital, obligaciones de redistribución de beneficios, selección de sectores preferentes, control máximo de las ayudas al desarrollo y -oh, God- también mantener algunas empresas y entidades públicas que jueguen con las reglas vigentes en el mercado y ayuden a entenderlo mejor.

Porque ya está bien de que el Estado acuda a salvar a a las grandes empresas deficitarias, una vez que el descontrol, la avaricia o la incuria las ha llevado a la quiebra. A los pequeños empresarios que han arriesgado honestamente sus dineros y los pierden porque los grandes les empujan fuera del mercado no acude ningún príncipe bueno a rescatarlos.

Tenemos la imrpesión fundada de que el mercado no es la princesa bella que necesita rescate, sino el dragón al que hay que matar o tener muy controlado, porque, de cuando en vez, se come a las princesas.

Sobre la oportunidad de los pigs

Seguro que lo sabe el lector: pigs, que significa cerdos en inglés, es el acróstico con el que algún vicioso angloparlante se ha permtido agrupar las miserias de Portugal, Italy, Greece y Spain (España) para salir definitivamente del armario/closet de su retraso relativo.

Esos cuatro países, dentro de la heterogénea Unión Europea, tendrían dificultades para levantar su vuelo económico, siendo, a la postre, un lastre para la locomotora que integrarían los clásicos: Alemania, Francia, Benelux y, obviously, Great Britain (Gran Bretaña, o sea, Inglaterra, que viene a ser lo mismo). No se ha encontrado acróstico para estos últimos, aunque pudieran ser denominados como los fabis.

Todo eso tendría algún valor hasta muy poco antes de la eclosión de la crisis económica que sacude Estados Unidos y, por tanto, el mundo. Hasta entonces, los pigs aparecían, como un adorno decadente de los brics o brichs (Brasil, India, China), países emergentes que van camino de controlar en muy breve plazo la producción, el consumo mundial y, por tanto, the world economy.

Pero la crisis se ha cruzado en el camino y ahora las cosas han cambiado. Hay que volver a remover las fichas.  Los pigs serían los gips (Global Investment Performance Superqualified)

Por ejemplo, resulta que el Presidente Rodríguez Zapatero y el vicepresidente Solbes, se jactan ahora de que la posición de España es de las más sólidas frente a la crisis, estando extracordinariamente bien situada para combatirla con éxito, porque nuestro sistema financiero está saneado y las empresas clave son pero que muy solventes.

Dejando aparte la manera como el Gobierno consigue interpretar los datos, crisis significa, por tanto, la apertura de un sin fin de oportunidades para los que, en momento de miserias, tienen mejor músculo o necesitan menos para sobrevivir. Esa sería la ventaja de España, y, presuntamente, para los pigs y, por traslación imaginativa, para toda la Unión Europea. Habría llegado la hora de Europa para recuperar la hegemonía arrebatada por su hijo listo pero díscolo, Estados Unidos de Norteamérica.

Hay que ser prudentes, sin embargo. Nos parecería preferible, mientras tenemos más información de lo que está pasando, actuar en la sombra y hablar poco.

Porque viene a cuento uno antiguo en el que se nos dice que un pollito aventurero que se había escapado de la granja para conocer el mundo, se encontró  que fuera había, en realidad, un frío glacial: estaba en Siberia. Pensaba ya en morirse, lamentando su osadía, cuando una vaca hizo sus necesidades sobre su cabeza, así que pudo comer algo y calentarse.

Feliz con ello, creyendo estar en la gloria, -el pollito era ciclotímico, por los síntomas- siguió su camino por la nieve, piando como un desaforado. La historia acaba mal. El cuento dice que, atraído por los gritos, se acercó un zorro y se lo comió.

Alguien sacó la moraleja de que, si crees que mejora tu situación en un contexto duro para todos, no la píes.

Sobre el uso de la violencia como apoyo a las ideas

Hay violentos. Están ahí. Matan, hieren, insultan, vociferan. Los más encarnizados, si tienen armas, explosivos, los usan; por supuesto, con intención de matar. ¿A quienes?: no son selectos, porque cualquier muerte vale para demostrar que existen, para liberar su furia, para convencer de que tienen razón.

Su objetivo principal son los que piensan distinto, desde luego. Puede ser su pareja. Puede ser el que practica otra religión, tiene otro credo. Puede ser alqguien que lleve uniforme. Vale quien ha tomado una decisión que les perjudica. Podemos ser, en fin, todos, sin importar lo que hayamos hecho, lo que creamos, lo que somos.

Pero, sobre todo, si se puede elegir, elegirán los que estén descuidados, lo más débiles, los indefensos, los que sean más fáciles de atrapar y de matar.

Tiene una gran ventaja estar dispuesto a matar por las ideas. No hacen falta ideas. Se acaba manejando únicamente el explosivo, la pistola, la rabia por la rabia.

Y enfrente, una larga fila de asombrados sensatos, aparentando la mayor tranquilidad posible, caminando con los labios apretados entre los muertos que causan los descerebrados, los violentos.

 

Sobre los girasoles ciegos y la memoria histórica

Los girasoles ciegos es el título del libro unigénito del asturiano Alberto Méndez, convertido en película por José Manuel Cuerda, con un guión adaptado por Rafael Azcona y el propio Cuerda. La película ha sido preseleccionada para su eventual presentación al show de los Oscar americanos de este año.

La película mezcla dos de las historias del libro, fundiéndolas en una sola familia, transformando en secundario la narración del relato más conmovedor de los imaginados por Alberto Méndez: el poeta anarquista que huye con su mujer embarazada, y que escribe en su diario las emociones y temores de su peripecia, en la que pierde a las dos personas que más ama.

La Academia de Cinematografía organizó ayer, 22 de septiembre de 2008, un maratón para cinéfilos, en el que se proyectaron en secuencia las tres películas españolas preseleccionadas. Las tres tienen valores, coinciden en no ser grandes películas, pero poseen encanto suficiente como para merecer ser vistas y comentadas. Ninguna de ellas tiene, en nuestra opinión, gancho suficiente para ganar ninguno de los Oscar, cuya trayectoria va en otras direcciones.

Los girasoles ciegos es una película para españoles y, sobre todo, para quienes no han vivido la guerra civil pero han estado cerca. Trae recuerdos de una España cutre, en la que gentes mal alimentadas, pobres, miedosas, trataban de pasar desapercibidas entre los vencedores de un ideario en el que se mezclaban conceptos de Patria, pecado, virtud, buenos (católicos) y malos (comunistas). Un período desolador de la Historia de España, que convendría olvidar para siempre, si no fuera...

Si no fuera porque miles de personas fueron fusiladas por sus ideas, sin participar como contendientes en la guerra. Lo fueron en ambos bandos, desde luego. Víctimas del rencor de otro, de la envidia, del despropósito de querer borrar al antagonista, al que no piensa igual.

De entre todos los muertos, los que más pesan son, sin duda, esos cientos de miles, asesinados por los sublevados, luego vencedores, y por sus secuaces, que fueron paseados hasta las afueras de sus pueblos y enterrados a la orilla de los caminos donde les impusieron la muerte.

Los girasoles ciegos no habla exactamente de eso, pero presenta, aunque con historias inventadas o semiinventadas, algo del contexto en el que se movía la España de Franco en los primeros años de la postguerra. La novela es una magnífica obra literaria que levanta la emoción del lector, con palabras como puños.

La película es inquietante y se centra en una pasión enfermiza que genera un malentendido dramático, una tensión que conduce a la muerte al inocente y el que el culpable obtiene, sarcásticamente, el perdón. El falso perdón eterno de quien cree que el sacramento de la confesión le redimirá de su horrenda culpa, borrará la memoria histórica, de hechos que ha deformado con sus palabras.

Sobre los delitos económicos y su persecución legal

Creemos que fue Luis Berenguer quien, en el acto de presentación del libro Remedios y Sanciones en el Derecho de la Compentencia -que tuvo lugar el pasado 17 de septiembre en la Fundación Rafael del Pino, y al que ya hicimos referencia en otro comentario- recordó a Gilda.

El esposo del pesonaje que interpretaba Rita Hayworth, en aquella ficción, era perseguido por pertenecer a un cartel. Pero la ficción también afectaba a la actuación legal: hasta mucho tiempo después -la película fue rodada por Glenn Ford en 1946-, ya en los 80, nadie fue sancionado penalmente en la realidad norteamericana por una actuación de ese tipo, a pesar de que la Sherman Act había sido promulgada en 1890, en un contexto entonces de exaltación de un mercado integrado y en expansión.

Puesto que el derecho penal, en su función de ultima ratio, no ha de perseguir y condenar más que aquello que la sociedad considera, en cada momento histórico, especialmente reprobable, la actitud de la sociedad respecto a los posibles delitos económicos es la piedra angular del asunto. La unión de comerciantes para defender sus propios intereses no se considera en algunos países, entre los que se cuenta España, como sancionable. Incluso se piensa en amplios  sectores que es lícita e incluso deseable para el desarrollo de la economía.

Otra cuestión clave para la incorporación como delito penal de ciertas actuaciones reprobables en el campo de los dineros, es la dificultad de la prueba, porque la investigación de los hechos y la instrucción podrían suponer un esfuerzo económico y temporal inabordable para los reducidos equipos y presupuestos de la judicatura y de la policía judicial.

Ah, pero esto no justifica, sino al contrario, la tolerancia respecto a este tipo de delitos. Ahora que el pedestal de la deidad llamada economía libre de mercado sufre convulsiones, que las alegrías de algunos operadores muy cualificados del sistema han motivado la necesidad de inyección masiva de dineros públicos para evitar "una catástrofe" (Ben Bernnanke, jefe de la Reserva Federal de EEUU dixit), es momento adecuado, de nuevo, para revisar las posturas de control social sobre los que pretenden aprovecharse de las debilidades y apetencias de la economía, cuando se convierte en instrumento de los avaros.

No es el avaro que ridiculizó Moliére el que merece especial atención. La avaricia, como afán desmedido de lucro propio, tiene otras derivaciones más perjudiciales para todos. La usura, el cargo de intereses desmedidos, la conspiración para elevar los precios, el dumping, la oferta temeraria, el engaño sobre la calidad, la asociación de empresas con fines intervencionistas en perjuicio de terceros, etc., son cuestiones abiertas que no pueden dejarse sin control con la simplísima excusa de que su persecución exige medios excesivos.

En lo que se refiere a la plasmación de los sistemas antitrust, los especialistas sistematizan que deben construirse en dos frentes: la represión de las prácticas colusorias (es decir, de las conductas cooperativas para lograr el ilícito) y la represión de los monopolios (conductas exclusorias). La UE ha puesto más énfasis en la represión de las prácticas colusorias, y hasta 1989 no se preocupó de las concentraciones de empresas (Reglamento N° 4064/89).

En los ámbitos nacionales, la cuestión tiene nuevos matices y consecuencias. Si los sistemas judiciales se orientan a la represión de los delitos de los pequeños delincuentes, porque no tiene capacidad para tratar los más graves delitos socioeconómicos, aparecería, no solamente con un ojo tapado, sino con las manos y los pies atados, y solo estaría dotada para dar algunos mordisquitos en un sector que es clave para organizar y mejorar el bienestar de todos.

Sobre la avaricia y otros pecados capitales

La denuncia pública hacia la "avaricia de algunos" que, como diagnóstico ético, formuló Joaquín Almunia, Comisario Europeo, en una entrevista de Los desayunos de Radio Tres, ha sido muy comentada, al menos, en los círculos del diletantismo intelectual españoles. Ni las temibles subprime, ni los caprichosos van, ni los artificiosos tir, ni los malévolos bonos basura: la avaricia.

Desde que el Papa Gregorio I en el siglo VI, sistematizó, incluso en exceso (añadió la Vanagloria, que suprimiría después Tomás de Aquino, seguramente por lo que le atañía, y haciendo abstracción de la exótica actualización del cardenal Girotti), la avaricia tiene solución. Ergo, la crisis económica, siguiendo en la misma posición ética versión cristiana, se solucionaría si esos "algunos" a los que se refirió Almunia, y que están bastante bien detectados, utilizaran el antídoto previsto para este pecado capital: la generosidad.

Los anglosajones, que siempre han buscado su propia razón de las cosas, tanto desde las islas británicas como desde las islas norteamericanas (desde Olimpia hasta Florida), han olvidado la distinción entre avaricia y lujuria, que suelen designar con el mismo vocablo, en familia: greediness. Pero no es lo mismo, claro.

El primero es un pecado social, cuya traslación a los códigos penales está, en general, aún inmatura; y la lujuria es un vicio que tiene pocos destinatarios, aunque, cuando trasciende de las cuatro puertas de la soledad de uno mismo, y causa daño a otro, puede causar gran alarma social si se encuentra en su camino con los celos, la estulticia y un arma, y por eso, cada vez ocupa más espacio en los Códigos penales y en los media.

Pero volviendo al tema principal. La solución, pues, ni inyectar más liquidez al sistema, ni establecer cortapisas puntuales al mercado, ni perdonar las deudas a ciertos sectores estratégicos: más generosidad de algunos, señores.

Y contra la lujuria, castidad. Pero eso ya es otro cantar.

  

Sobre el efecto alpiste del canario en el cambio de clima

Quienes sean detractores de los argumentos que se esgrimen a favor del cambio climático, ahora tienen un elemento más, utilizando la analogía. Si no fuimos capaces de predecir el comienzo y alcance de la crisis económica que conmovió nuestro mundo global en el 2008, cuando en torno al mercado se mueven los mayores intereses humanos, ¿quién será el guapo que defienda ahora que los modelos de simulación que lavan y peinan unos cuantos profesores universitarios van a permitirnos detectar el cambio climático?

Si una sola variable, el desequilibrio entre producción actual y ávido consumo de futuros, cuyo campo de existencia depende de la decisión humana, se mantuvo incontrolada, ¿cómo vamos a jactarnos de conocer los efectos de un sin fín de variables sobre el clima, en el que los principales actores son las fuerzas de la naturaleza?.

El comisario de la UE Joaquín Almunia ha denunciado "a la avaricia" de algunos, como responsable de la crisis que está azotando la economía. Con lucidez, y la parsimonia del que viene de vuelta, el político al que el PSOE no quiso como su secretario general, supo poner un titular a la situación. La avaricia de algunos es, también, el sospechoso principal del otro cambio de clima, el atmosférico.

Para conseguir un efecto de golpe de timón, y en plena campaña electoral, el Gobierno de Bush en EEUU ha echado mano de las reservas federales -y, tal vez, de su potencial para provocar conflictos en países pobres con reservas de petróleo, gas natural y minerales-, viniendo al apoyo de los grandes Bancos de Negocios. Esos Bancos que, a diferencia de los Bancos de depósito, se dedican a prestar dinero a grupos de empresas y empresarios que trabajan con el futuro, lanzando proyectos, y que, -es la economía, estúpidos- acaban cayendo siempre en manos de la tentadora diosa avaricia.

Pero ni siquiera el Gobierno de EEUU puede jactarse de controlar, con sus dólares en reserva y su capacidad generadora de inflación, el poderoso mundo del dinero. A escala mundial, el bombeo de dinero para salvar de la quiebra a los Bancos de Negocios no parece muy diferente al de ahorrar en el alpiste del canario para salvar una economía familiar amenazada.

Sin embargo, como efecto demostración, no se duda que pueda tener un efecto positivo sobre la confianza de los lánguidos en la economía, y hacer que la maquinaria del olvido se ponga en marcha, restañando algunas heridas y haciendo que el equipo de zapadores recoja los cadáveres de un nuevo triunfo de la diosa avaricia.

Es la política, estúpidos.

Sobre el Alzheimer, el Alka-Seltzer y la investigación sobre el cerebro

Cuando un envejeciente de más de 40 años no encuentra, mientras habla, el nombre del amigo o se le va el santo al cielo de lo que estaba contando, trata de hacer unas risas de la situación atribuyendo el lapsus al Alkaseltzer, pariente fonético del Alzheimer y, si no más conocido, desde luego, mucho más inocente.

Todos sabemos que el mal de Alzheimer es una degeneración irreversible de las neuronas, que se presenta asociado generalmente con la edad. Afecta a un 30% de los mayores de 85 años, y es una causa de las llamadas demencias irreversibles, junto a la enfermedad de Parkinson, o la demencia por cuerpos de Lewy. No se sabe aún cómo se produce exactamente y tampoco se dispone de un tratamiento eficaz. Afecta a la memoria, al lenguaje y a la capacidad para pensar e hilvanar las ideas, disminuyendo gravemente la capacidad de desenvolverse en la vida diaria.

Hay muchas más especulaciones que certezas. No es hereditario, no existe propensión a desarrollar la enfermedad por ninguno de los dos sexos, se discute si existen genotipos que predispongan a ella. El genotipo de la apolipoproteina E (ApoE) es el más estudiado; en el organismo sirve, sobre todo, para facilitar el transporte de colesterol en el flujo sanguíneo.

Pero el carácter ambivalente de este genotipo le permite adoptar varias formas, de las que una serviría para proteger del desarrollo del Alzheimer y otra para acelerarlo. Según quién se convierta en dominante, tendríamos la diferencia entre un comportamiento normal o un proceso de degeneración sin retorno. Un reflejo más de la existencia de yin y yan-es en el Universo, trasladado a nuestro organismo.

No es la única teoría, ni mucho menos. La producción de las proteínas beta-amiloide y la alteración de otras -la tau- se relacionan también con la degeneración neuronal, al provocar el endurecimiento del esqueleto de las neuronas. En estas investigaciones, se trata de comprobar que ciertas vitaminas antioxidantes, actuando como la hormona natural llamada melatonina, pueden ralentizar o inhibir el avance de la enfermedad.

El crecimiento exponencial de enfermos con Alzheimer, se entiende como una consecuencia directa de la mayor longevidad de la especie humana, pero ello no permite excluir otras causas externas no vinculadas a la edad -tensión de la vida moderna, algunos hábitos de alimentación, ciertos entornos ambientales o urbanos, etc-. Muchas incógnitas que animan a concentrar grandes esfuerzos de investigación en esa enfermedad.

Mucho dinero público y privado también es el que, en cada país, es empleado en el cuidado de los enfermos de Alzheimer. Pacientes que, por lo demás, parecen sanos, y pueden sobrevivir bastante tiempo con su mal. Se calcula que los aproximadamente 600.000 enfermos reconocidos en España absorben más de 1.800 Millones de euros al año en atención asistencial. La cifra puede ser inabordable cuando la generación del baby-boom de los 70 alcance los 70-80 años, dada su muy alta esperanza de vida.

Sabemos, en realidad, muy poco del funcionamiento del cerebro. Es más fácil analizar lo exterior, lo físico. La investigación de lo síquico, de sus funcionalidades, de aquello que provoca las interrelaciones en nuestro organismo que tienen como resultado movilizar recuerdos o provocar pensamientos e ideas, permanece muy oscuro.

El próximo día 21 de septiembre -Día de la Paz, y festividad de San Mateo- es también el Día mundial del Alzheimer. La Fundación López-Ibor celebra, con esta ocasión, un día de puertas abiertas. Puede ser también un día para mirar de puertas adentro, y dar aún más cariño a esos enfermos de Alzheimer que nos rodean ya, convertidos muchos en zombies forzados, y que reaccionan vagamente, a veces, a nuestros estímulos, pero nos dan la impresión de que, desde lo profundo de su deterioro, nos quieren decir algo: "Y tú, ¿quién eres?. ¿Quién era yo?"

Sobre los vientos que soplan en el Derecho de la Competencia europeo

La presentación, el 17 de septiembre de 2008, del libro "Remedios y sanciones en el Derecho de la Competencia", coordinado por Santiago Martínez Lage y Amadeo Petitbó Juan , que recoge las ponencias del Curso con el mismo título impartido bajo los auspicios de la Fundación  Rafael del Pino (de la que es Director Petitbó), ha servido de ocasión a Carles Esteva-Mosso, director de Política y Estrategia de la Competencia en la DG de la Comisión Europea que se encarga de ese sector, a pasar revista a las actuales tendencias y problemáticas que impulsan el tema en este Organismo.

La Fundación y el IESE habían protagonizado también una interesante reunión en 2007, invitando a juristas, economistas e ingenieros a debatir sobre esta cuestión, con orientación en aquel caso a la regulación del sector eléctrico, y en la que también tuvo una destacada intervención Esteva-Mosso, que disertó entonces sobre los "efectos coordinados" -aquellos en los que la empresa afectada puede aumentar sus precios solo si lsus competidores cambian su actuación en relación con ese incremento)-.

El título del libro guarda relación con los dos tipos de actuaciones del Tribunal de la Competencia. Los remedios son intervenciones artificiales sobre la economía de mercado, cuyo instrumento habitual es la obligación de desinversión. El estudio realizado en 2005 sobre la Eficacia de los Remedios por la Comisión ha puesto de manifiesto que, de 96 actuaciones analizadas, el 57% han resultado plenamente efectivos, y el 24% lo fueron solo parcialmente.

Las razones principales de la falta de eficacia o la insuficiencia plena de los remedios, se encuentran en que los activos desinvertidos eran incompletos (por ejemplo, faltaban los derechos interlectuales), o los compradores no eran idóneos (faltaban incentivos o capacidad). En algún caso, en el propio proceso de desinversión se produjeron daños de imagen irreparables, por actitudes irregulares del cedente (citó el caso de una cadena de supermercados que, una vez identificados los locales que deberían enajenarse, redujo el personal y bajó la iluminación de los mismos, produciéndose una pérdida importante de la clientela).

Los principios que rigen la implantación de remedios son su efectividad y proporcionalidad. Por el primero, ha de tenerse la certeza de que el principio se va a aplicar con satisfacción razonable; ambos principios no son alternativos: si no va a ser efectivo, resulta inaceptable aunque sea proporcional).

El problema principal es la delimitación del perímetro de los activos a desinvertir, que se deriva de la disimetría de la información. Las empresas, obviamente, no siempre tienen las actividades afectadas jurídicamente separadas, por lo que hay que solicitar, mediante un formulario, la descripción de las actividades a desinvertir).

Esteva-Mosso se mostró partidario de los remedios estructurales (desinversión), frente a los de comportamiento. Ante todo, porque no siempre se cumplen. Se refirió, como ejemplo a favir de su tesis, al caso KLM-Air France, sobre la obligación impuesta a la primera de ceder slots para el vuelo París-Amsterdam, que, al cabo de varios años, no habían sido utilizados, situación denunciada por Easy-Jet y que fue confirmada por el TC).

Los remedios estructurales son preferibles por las dificultades objetivas de supervisión y ordenación de precios, con una multiplicidad de operaciones cuyo seguimiento es complejo. El papel de las autoridades de competencia está también más próximo a las medidas estructurales, que son medidas puntuales que no precisan tanto seguimiento ulterior. Hay que evitar, dijo, la tentación de suplantar a los elementos de regulación de mercado, aunque matizó que no deseaba aparecer como dogmático.

Un aspecto que se nos antojó como especialmente interesante de la intervención fue la referencia al análisis de las soluciones a posiciones dominantes de los trusts. La solución respecto al control que ejercían del mercado energético en Alemania los grupos E.ON y RWE, se encaminó hacia la obligación de enajenación de activos de transmisión. Fue la primera decisión que resolvía una posición dominante con medidas estructurales. Se tuvo en cuenta las medidas que otros países europeos -en concreto, España- ya habían aplicado por vía regulatoria, para separar los activos de generación y los de transmisión o transporte.

La última parte de los comentarios de Esteva-Mosso se circunscribió a la presentación de otros posibles tipos de remedios, en relación con la corrección de la posición dominante del cartel, diferentes de la obligación de desinversión, y que remitió al respeto a la tradición jurídica de los Estados miembros y a las dificultades de prueba, no tanto del ilícito, como de la relación de causalidad, en especial, cuando el cartel se ha manifestado en etapas intermedias del proceso de distribución.

Se pretende, en este aspecto, facilitar la presentación de acciones colectivas, limitar los costes de investigación de los procesos, y conseguir que las deicisones del TC tengan efecto vinculante, con reglas clarificadoras. La consulta pública realizada, con base en el Libro verde 2005 sobre posibles medidas, ha dado como resultado un Libro Blanco que se enfoca más hacia la compensación de daños que a provocar la disuasión del contraventor, y que ha obtenido más de 170 contribuciones.

 

Sobre Lehman Brothers y la credibilidad del sistema económico

La quiebra de Lehman Brothers, presentada el 15 de septiembre de 2008, ha complicado la situación de la economía occidental hasta límites que ningún analista se atreve a predecir.

Tampoco hace falta que lo hagan, podría argumentarse. Han perdido credibilidad y, extremando ahora su cautela, se limitan a ofrecer diagnósticos sobre la situación y lo que hubiera debido hacerse. El campo de las declaraciones para minimizar los efectos de la crisis, proclamar que la posición de defensa ante ella es mejor que la del vecino o que se debe tener confianza en las instituciones, se ha dejado exclusivamente para los políticos, expertos por profesión en decir que van vestidos cuando tienen el culo al aire.

Vaya, vaya. La historia se repite, aunque los ritmos son más frenéticos. En el rebaño humano, la mayoría sigue  dócilmente las pautas que les marcan los guías, convirtiéndose en voceros de lo que leen o escuchan, y dando a los hechos un efecto multiplicador. Antes, un descalabro podría ocultarse entre las cuatro paredes y, con algo de suerte, dejar que pasara desapercibido más allá del círculo íntimo, dando tiempo a restañar las heridas, pasar la patata caliente a otro menos informado y así seguir alimentando las bolas de nieve y de cristal.

Hoy, cualquier pequeña infidelidad se convierte en un escándalo mayúsculo, una nadería de cuatro hipotecas sobrevaloradas aparece como una recesión que ocupa la primera página de todos los media, creando una sicosis que provoca una estampida. Qué animal el hombre. El miedo a la selva, a lo desconocido, está en nuestros genes, y cuando los dioses que hemos creado se nos caen, la noche nos sobrecoge hasta el pánico.

¿Y qué decir de los analistas?. Pobres gentes, se les ha complicado el modus vivendi. Han demostrado, otra vez, que por muchos masters que acumulen, muchos programas de simulación y muchas horas de golf para intercambiar scores, son bastante incapaces para detectar las incongruencias de un sistema económico teóricamente globalizado, pero muy vulnerable.

También se ha fallado hasta ahora para poner cortafuegos -credibilidad, calma, medidas aplicadas al corazón del problema, ...-. Un cortocircuito en uno de los soportes de ese edificio de apariencia magnífica que es el sistema económico-financiero, está provocando un incendio que se pavoroso, que obliga a llamar a los bomberos, que son los Bancos centrales que inyectan liquidez, dándole al rabil.

Qué peligro...Y era todo tan bonito. Mientras lucía el sol, el complejo económico se presentaba como de excelente solidez y futuro, y ahora nos parece, si lo miramos con los ojos de una crisis todavía no atajada, que cuando le sacuden una patada se tambalea y amenaza con caerse sobre las cabezas de los que en el minuto anterior lo admirábamos.

Podría ser el revival del Titanic, en versión dinero. Lo que no iba a hundirse jamás, arriesga hundirse muy hondo. Si leemos la página corporativa de Lehman Brothers, en un día como hoy, su falta de actualización levanta el sentimiento de que nos movemos por una ciudad fantasma, en la que sus habitantes hubieran sido súbitamente afectados por una catástrofe. Castigo para Sodoma y Gomorra.

Las páginas informáticas de Lehman siguen solicitando currícula de expertos y jóvenes que deseen especializarse en aconsejar inversiones. El cuarto banco de negocios del mundo, difunde todavía con orgullo que proporcionan "a corporaciones, gobiernos y otras grandes instituciones  con los servicios de asesoría estratégica y captación defondos que necesitan para conseguir sus fines."

Por supuesto, estos consejos incluyen (incluían) "asesoría para fusiones y adquisiciones, privatizaciones, y financiamientos de capital y deuda."

El chascarrillo fácil sería puntualizar que ahora, algunos de esos expertos -qué imagen más demoledora la del empleado de Lehmans blandiendo sonriente un palo de golf mientras abandona la sede de la compañía en Nueva York- estarán asesorando la forma más adecuada de liquidar el gigante quebrado. La vida sigue, la rueda continúa. Con los despojos de los que caigan, se alimentarán los que sobrevivan. Parecerán más fuertes, serán algo más altos.