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Al Socaire de El blog de Angel Arias

Sobre las rebajas de temporada

Pocos son capaces de ver brotes verdes en la recesión. Conscientes de que lo que deben vender es optimismo, desde las atalayas gubernamentales se nos quiere convencer de que lo peor ya ha pasado. 

Son las mismas voces que nos dijeron que no había nada que temer. Si no eres otimista, no te dediques a la política. En todo caso, no tienes más futuro que desde la oposición.

En España, ni siquiera sabemos bien si estamos en recesión por la obstinación con la que nos lo repiten desde fuera, o que lo que nos pasó es que nos había tocado la lotería y nos habíamos dado un viaje por el lujo, para saber de una vez cómo vivían las naciones ricas.

Brotes verdes no hay muchos, pero aumentando la deuda pública se han creado algunos reductos en los terrenos de la gestión pública en donde, obviando la clásica recomendación de no malgastar agua en verano y de que en época de vacas flacas no hagas fiesta, se hacen alardes de jardinería recreativa.

Muchas ciudades tienen abiertas sus panzas y operarios ocasionales de afamadas empresas constructores con dificultades de tesorería se dedican a buscar ese tesoro oculto que, como el monstruo del lago Ness, nadie ha visto jamás.

Lo que se debería investigar es cómo recuperar la confianza en quienes realizan augurios, sean de bonanza como de desastre. Porque, probando la versatilidad de las palabras, ante el mismo paisaje en donde unos ven brotes esperanzadores, otros creen encontrar, inconfundibles, más estragos.

Señales para apoyar un argumento o su contrario, no faltan. Los que tienen algo que vender, lo están pasando mal. Los carteles de "Todo a mitad de precio", "Gran liquidación por cierre de negocio" y "Nos hemos trasladado" jalonan el paseo del viandante, tanto en gran ciudad como en poblachón de alero.

En las zonas que se habían presentado como de "gran crecimiento" y "inversión con rentabilidad asegurada" los edificios lucen hoy anuncios de "Se vende", evidenciando las dificultades de sus propietarios registrales para aguantar el pago de las hipotecas, o el miedo a lo que se les viene encima.

¿Es para tanto?. Pues no hay, bien mirado, razones objetivas ni para tanto pesimismo ni para mucho optimismo. Tenemos lo que teníamos. Hay que recuperar las ganas de trabajar.

Lo que no impide afirmar que, como es clásico en toda crisis, quienes gocen de liquidez, tendrán una gran oportunidad de hacer su agosto.

En el sector de la vivienda, los especialistas afirman que los precios pueden bajar un 10% más. La comparación de los precios actuales con los de hace apenas seis meses, ya refleja una fuerte caída (en torno a un 30%), por lo que quienes compren ahora obtendrán una rentabilidad muy aceptable a medio plazo.

Parece que hay zonas en donde el fuego arrasó las perspectivas económicas. En otras, más bien lo que se advierte es la destrucción de un terremoto, que las hizo perder, para siempre, su capacidad de fructificar. No es, para ellas, cuestión de regar más o menos, sino de abandonarlas.

Pero otras gozan de buena salud, y en ellas, las ramas ahora se las nota más robustas y crecidas que antes. Habrá también que buscar nuevos lugares y trasladar allí los plantones, abonar y regar lo que haga falta.

Si Vd. tiene la fortuna de poseer liquidez, aproveche las rebajas de fin de temporada y, si su corazón no siente escrúpulos, apriete en la necesidad del próximo. Las mayores riquezas se han hecho casi siempre con la desgracia de los demás.

Sobre los riesgos de confundir el tocino con la velocidad

Hace falta ser verdaderamente descuidado para confundir el tocino con la velocidad (o al revés), pero, al parecer de algunos, no falta quien cae en ese craso error. Incluso hay verdaderos desgraciados, cuya torpe visión les lleva a confundir el culo con las témporas.

Otras confusiones sonoras son las de la gimnasia con la magnesia (habrá que imaginar que, en este caso, el error es gramatical, y se nos antoja que menos grave que confundir el ahí con el hay o la varanda con la barandilla).

Los que creen que les van a dar gato por liebre, nos da la impresión, que por lo general, ya se han comido el marrón. Al contrario sucede que aquellos a quienes se las quieren dar con queso, porque, además de no parecernos tan grave, resulta que los que tal denuncian andan muy moscas y, por tanto, prevenidos.

De todo hay en la viña del Señor, y mientras unos se resisten como cosacos y como condenados, están quienes, sin necesidad de que les doren la píldora ni se la unten con vaselina, comulgan con ruedas de molino (lo que parecería, en circunstancias normales, incluso desproporcionado para Pantagruel).

Voltaire trató de emular la riqueza del lenguaje castellano, mofándose de quienes llegan a: "prendre de vessies pour des laternes", que ya son ganas, porque, en caso de necesidad, las vegijas y las linternas dan buen fuego. Lo que es de máxima dificultad es distinguir las churras de las merinas o los galgos de los podencos, porque, incluso siendo especialista en el ganado ovino o en las razas perrunas, se pueden cometer errores en esas lides.

Hay que andar con tiento. Cada vez son más los que, abusando de la buena fe o tomando al prójimo por el pito del sereno -que era pequeño, pero sonoro-, hacen de capas, sayos, y se meten en camisa de once varas con la intención de alzarse con el santo y la peana, dejándonos compuestos y sin novia.

Sobre el bien de todos

En los servicios higiénicos de la antigua Universidad de Derecho de la benemérita Oviedo, a mano izquierda de la estatua del inquisidor Valdesalas, alguna mano funcionarial ha colocado varias hojas impresas con letra mayúscula, situadas primorosamente sobre cada una de las tazas y mingitorios, en las que puede leerse: "Por el bien de todos, tire de la cadena".

Esta bienentencionada manifestación habrá servido, sin duda, de marco reflexivo para muchos estudiantes y profesores mientras el cuerpo está ocupado con las funciones carnales que son del caso. El que escribió la instrucción, sin embargo, parecería tener un peculiar concepto del "bien de todos" -que, en principio, sería plenamente identificable con el bien común,  a salvo de un debate sociológico improcedente en este momento.

El día 3 de julio de 2009, la Fiscalía Anticorrupción anunciaba recurso contra el Auto del Tribunal Superior de Justicia de Valencia que exculpaba al Presidente de la Pequeña Generalitat, Francisco Camps, de la imputación de cohecho propio, impropio y bastardillo. La razón es explícita, aunque inquietante: "por encontrarlo improcedente jurídicamente y contrario a derecho".

Que un fiscal se atreva a escribir en un caso así que varios jueces han actuado antijurídicamente y, sobre todo, que no sepan de leyes, revela hasta qué punto las cosas se han complicado en nuestro Estado de derecho.

Sentados en los servicios higiénicos de los otrora muy honrados territorios de la Universidad Literaria vetustense, leyendo una y otra vez el cartel -no había opción-, hemos tenido la visión sobrenatural que nos llevó a suponer que, en la sede de los jueces que ejercen su superior magistratura en Valencia, alguien había situado un mismo lema: "Por el bien de todos, tire de la cadena".

Creíamos haber comprendido el mensaje y sus aplicaciones indirectas, cuando, fijándonos mejor, descubrimos que algún vate chusco había manuscrito, con bolígrafo guarrindongo en una de las cuartillas: "Si durante la faena/ te fumas un cigarrillo,/ al tirar de la cadena/ notarás a tu cuerpo agradecido/y habrás puesto a la mierda en su lugar".

La duda la duda es: ¿Se podrá fumar en los Juzgados valencianos? ¿Por el bien de todos?

Sobre los cambios de aire en vacaciones

Cuando las crisis eran más verdaderas, pocos podían disfrutar de las vacaciones y la mayor parte de los que podían permitírselo, se limitaban a cambiar de aires.

La ceremonia vacacional del cambio de aires era vista, en realidad, como una servidumbre, una necesidad de compensación  biológica ineludible. Los que vivían en las húmedas áreas norteñas españolas (Asturias y Galicia, por ejemplo), debían "ir a secar" a poblaciones castellano-leonesas. Los que vivían en las áridas poblaciones castellano-leonesas se acercaban a disfrutar de la lluvia, y si el presupuesto alcanzaba, incluso tomaban conocimiento de lo que era el mar.

Como consecuencia de la valoración salutífera de los cambios de aires, se hacía posible que las viviendas que unos y otros dejaban teóricamente libres durante las dos o tres semanas de vacaciones, fuera a su vez, intercambiadas. Las familias ocupaban durante esos días las casas respectivas, y se ahorraban así el hotel y las cerraduras de seguridad.

Cómo han cambiado las cosas. Ahora los jóvenes se van de vacaciones a Punket, al Serengeti o a Costa Cana, con lo que no es posible plantear, ni de lejos, el intercambio de las viviendas. Tampoco van a secar o a mojar los pulmones, sino a conocer mundo, a empaparse de nuevas culturas, a disfrutar de paisajes inolvidables.

Por eso, después de las tres semanas de vacaciones, los viajeros vuelven más cansados, pero cargados de fotografías de alta definición y una confusa impresión de haber estado en muchos sitios sin que recuerden los nombres de la mayor parte de ellos. En cuanto a empaparse de las culturas, ya se sabe que en esos sitios son muy pobres y, eso sí, tremendamenten amables.

Sobre los vendedores de motos

Los vendedores de motos a los que dedicamos este Comentario, nunca han vendido una moto, y no porque no tengan éxito como vendedores. Es que, en realidad, no se esfuerzan en vender motos, sino otros productos.

No lo tienen fácil, y a veces, son descubiertos, y se caen con todo el equipo.

La frase "no me vendas la moto" es equivalente a "no te esfuerces en presentarme las ventajas de tu propuesta, que no me lo voy a creer". La expresión es una actualización de la frase "no me vendas la burra", que, a su vez, es una forma apocopada de "no intentes venderme la burra, que ya he descubierto que tiene muchos defectos, y no te la voy a comprar ni harto vino".

La mayor parte de los metafóricos vendedores de motos trabajan en la política y sus aledaños. Suelen ocupar puestos de relevancia social, desde ministros a periodistas, desde bancarios a ingenieros. Pero no solo el imaginario oficio es válido como ocupación virtual de los de arriba. También los de abajo, venden motos: serán más pequeñas, adecuadas a las situaciones que en su entorno se crean, aunque no por ello ni más pequeñas ni de peor hechura.

Se pueden vender o tratar de vender motos al llegar tarde a casa después de una noche de farra y negociar la venta con la parienta mosqueada; hay motos que afectan a las cualificaciones que uno tiene o los trabajos que pretende hacer o saber hacer; motos realizadas con sumo cuidado y armatrostes a los que les faltan el manillar, el sillín y las ruedas.

Lo más curioso es que el éxito de la venta de esas motos depende, sobre todo, de la credulidad del hipotético comprador y no de tanto de las habilidades del que ofrece el producto. En especial, en la venta colectiva de motos, -hay ejemplos sonoros en los que se ha vendido la misma moto a millones de incautos- el contagio colectivo de la estupidez es fundamental.

Y lo que ya es notable es que, en la mayor parte de las casos, los que se llevaron a casa la moto, aún creen tenerla en la vitrina, incapaces de ver el vacío de las estanterías.

Sobre las moscas y otros dípteros

Seguramente el animal visible más molesto para el hombre es la mosca. Tiene incluso una versión invisible -al menos, no está documentado que se la haya encontrado actuando en el lugar que le da el nombre- que es la mosca cojonera.

"Para ya de hacer de mosca cojonera", se suele decir, en lenguaje coloquial, para referirnos a aquel que nos fastidia, especialmente si es el hijo de su padre, cuando repite hasta la exasperación las pretensiones con las que no estamos, de momento, dispuestos a transigir.

También están los "moscones". En Asturias, moscones son los naturales de Grado. No confundir con Grao, porque no es que sea una forma de dicción más elegante, sino que este otro es un sitio de Valencia. Por cierto, bacalado tampoco es una expresión culta por bacalao.

De forma general, los moscones eran quienes que rondaban a las mozas guapas, diciendo tonterías, por ver si alguna de ellas se ponía a tiro, y que tenía el efecto de espantarles a los pretendientes serios. "El baile estaba lleno de moscones, -decía, contrariada, la niña casadera al volver a casa- y nos aburrimos como ostras".

Están, en otro lugar de la etimología práctica, las/los "mosquitas muertas". Son, generalmente, adolescentes que ni fú ni fá. Ocupan el sitio, pero no tienen gracia, no atraen pescado, no proponen actividades ni las realizan. "Menganita es una mosquita muerta. Qué desesperación", suele decirse de un lastre tan pesado.

Por extensión, se aplica a los varones de carácter pazguato. Pero es preferible decir, en ese caso, es un pasmarote, un tocacojones, un guebón o, simplemente, que alguien está de más en ese entierro.

Cuando alguien se siente amoscado, en sentido figurado, lo aconsejable es plantar la cara y andarse directamente al grano. No merece la pena rumiar en solitario la desazón, que es lo que significa esta mosca. Hay que pedir aclaraciones y acostumbrar a la gente a que vaya con las cosas por delante.

Y si la situación es real, y los dípteros nos molestan, se puede optar por el mosquitero y, si no hay una red tan fina a mano, optar por medidas más expeditivas.

Se suelen utilizar insecticidas para librarse de las moscas, mosquitos y otros bichos molestos. No es lo aconsejable, pues ese envenamiento se traslada al resto de la cadena trófica, matando pájaros y carroñeros. Es mejor la palmeta, que aunque tiene efectos restringidos (excepto en casos excepcionales, como el del sastrecillo valiente, que mató siete de un golpe), no perjudica el hábitat.

Se debería tener en cuenta, además, que las moscas no nos rondan por casualidad, sino que se sienten atraídas por lo que producimos y, sobre todo, por lo que desechamos. Viven de la mierda. Incluído el amasijo de carnes que, para ellas, constituye nuestro propio cuerpo y en donde confían (lagarto, lagarto) poner sus huevos algún día.

Sobre la decadencia de la dieta mediterránea

Los libros dedicados a aconsejar sobre la ingesta más adecuada para mantener una línea corporal esbelta y vivir de forma más saludable, siguen ensalzando la dieta mediterránea.

Nada que objetar en relación con la propaganda respecto a algunos alimentos que nos era más difícil colocar en el mercado. Lechugas, tomates y pimientos rociados en aceite de oliva forman parte de esa dieta, de la misma manera que el marmitako de pescados grasos con patatinas, el jamón cortado a hacho, los torreznos fritos en sebo y la fabada antes del arroz con leche.

Lo que produce la dieta mediterránea, si se acompaña con un vino de pitarra, una sangría con un chorro abundante de coñá o un par de litros de cerveza, es una euforia encomiable, que permite entablar amistades duraderas, de esas que solo se acaban -si es mal menester- después de una noche de farra, con varios cubatas de de más y producto indeseado de un navajazo mal asestado.

Los efectos de la dieta mediterránea, cuando por ello se entiende, por aberración gustativa, cualquier cosa comestible que se introduzca gañote abajo, se pueden ver en las playas ibéricas, por ejemplo.

Cuerpos inflados de tocino con orondas barrigas vacuas, culos abundantes bamboleantes saliendo de los ajustados bañadores, caderas grasas rebosando las prótesis, piernas varicosas y aún macilentas bajo los muslos celulíticos .

Hay que cuidarse más, compadres. Menos grasas y más vegetales; menos asiento y más paseo; no tantos dulces; menos alcohol y más agua.

Es cierto que el humor empeorará, pero si persistimos en mostrar nuestros desnudos a los demás, aunque sean desconocidos, deberíamos tener más atención a la línea. Porque se puede no ser apolíneo de natura, pero la delgadez del armazón se procura con el esfuerzo propio -a base de penuria- y hay pruebas de que permite un par de añitos adicionales de vida media.

Más aburridos, sí, pero al mirarse en el espejo, guapos.

Sobre la recuperación del casco antiguo de las ciudades

La mayoría de las ciudades europeas guardan en su seno, como pétreas matronas, maravillosos recuerdos de su historia. La belleza de las construcciones arquitectónicas no ha de encontrarse en superficie, sino en el subsuelo.

Las razones de esta situación son muy variadas. Generalmente estos restos de la ciudad que han quedado sumergidos en el terreno provienen de la tradicional desidia de sus habitantes. También del olvido, producido por el desprecio secular a lo que hacen los demás y la persistente ocupación en batallar con los vecinos o con los de dentro.

Después, está la falta de imaginación de las nuevas generaciones de arquitectos para conservar algo del pasado y, en general, para crear algo de verdadero valor. Los edificios han de ser sólidos, aguantar durante veinte o treinta años sin caerse y, sobre todo, han de ser baratos. Es conocido que las filigranas arquitectónicas encarecen innecesariamente el producto final.

Al fin y al cabo, una casa es un tejado y cuatro postes que lo sostengan.

Por eso, cuando, por cualquier motivo especial -subvenciones del Gobierno central, por ejemplo-, el Consistorio toma la decisión de realizar un aparcamiento subterráneo, que se deben construir preferentemente en el centro de las ciudades, para que se pueda acceder con el coche hasta el mimso cogollo comercial del núcleo urbano, existe una gran probabilidad de poner al descubierto un resto del casco antiguo.

Puede ser un trozo de muralla, una base de iglesia, un pilar de convento, un hueso de mamut o de literato principal, hasta un paño de mosaico de época increíblemente remota.

Entonces, con las tripas de la ciudad parcialmente al descubierto, la población aprenderá al de su pasado, se abrirá un debate fructífero sobre el paso inexorable del tiempo, y se sacarán a la luz algunas de las piedras de inmenso valor.

Las gentes tendrán así el intenso placer de creer que esta es la forma de recuperar su pasado y, embutiendo el hallazgo en una construcción de metacrilato, podrá dedicarse a seguir destruyendo, reconfortada, las huellas de inteligencia del presente.

Sobre ancianos y otros animales abandonados en verano

Sobre ancianos y otros animales abandonados en verano

(Dedicaremos los comentarios del mes de agosto a cultivar la ironía. Formarán un conjunto de artículos agrupables bajo el título de “Manual para perversos”)

El momento de las vacaciones de verano es el adecuado para abandonar a los ancianos y a los animales de compañía.

El impulso motriz es el reconocimiento de que viajar con ellos es un estorbo. Hay que estar pendientes de ellos en casi todo momento, pueden enfermarse y echarnos a perder el merecido descanso.

Para ellos, también es aconsejable cambiar de aires. Los sentimientos son, en general, recíprocos. Seguro que nuestros seres queridos agradecen que los situemos en un nuevo escenario. Estimulará su creatividad, su deseo de libertad, de independiencia. Les permitirá conocer otros horizontes.

A los primeros –nuestros viejos-, lo aconsejable es llevarlos a una residencia especializada. En principio, solo este verano. Pero, si se han aclimatado adecuadamente, puede dejárseles ya allí para el resto de sus días.

Estarán perfectamente atendidos, por gentes que sabrán lo que necesitan, con compañeros de su edad, con los que podrán disfrutar recordando momentos mejores. Bastará con ir a visitarlos una vez a la semana (inicialmente), para continuar espaciando las visitas y, si la situación se convierte en interminable, olvidarnos indefinidamente de ellos. Eso sí, hay que pagar todas las mensualidades puntualmente (será conveniente que lo hagamos de la cuenta corriente del beneficiado).

Para los animales que nos han servido de soporte para superar las inclemencias de soledad del invierno y las depresiones de primavera, mejor aún que una residencia, que son carísimas, es llevarlos por una carretera secundaria hasta un lugar remoto, y cerciorarnos de que no podrán encontrar el camino de vuelta a casa. Si se trata de un perro, es imprescindible vadear un río para que no puedan olfatear ningún rastro.

No nos martiricemos. Seguro que alguien los recogerá, y les dará oportunidad de conocer nuevos aires, crear otros afectos.

Y a nosotros nos permitirá, sin desasosiegos, disfrutar de las vacaciones de verano, que bien que nos lo tenemos merecido.

 

 

Sobre la credibilidad del mentiroso

Algunos mentirosos de postín han quedado con el culete al aire. Sucede cada vez con más frecuencia, porque el mundo ya no es lo que era, y hay que andarse con cuidado.

Todavía se les puede considerar casos esporádicos, y, por suerte para el sistema, el núcleo duro sigue incólume, a salvo.  

No hay que confiarse. Cuando menos te lo esperas, salta una liebre. Una investigación policial que te pincha el teléfono sin avisar -no sería por tí, claro, sino para perseguir un delincuente común- y las conversaciones gravadas pueden acabar, si no andas con tiento, en las manos inadecuadas .

Se dan casos del comilitón mala uva que no está contento con el reparto de los cargos, comisiones o prebendas, y que, en lugar de portarse como un tío cabal y ventilar las diferencias entre colegas,  denuncia los trapos sucios a los cuatro vientos en plan terrorista suicida. 

Aconsejar prudencia no implica alarmarse, tocar a rebato o rasgarse las vestiduras. Hay muchos recursos para atajar los incendios. No es lo mismo ser acusados por un nindungui que figurar como imputados por los verdaderos encargados de repartir penitencias y castigos. Estamos en un estado de derecho.

Normalmente, bastará con que la cadena de funcionarios actúe con la diligencia habitual para que las hipotéticas faltas queden eternamente impunes. La sacrosanta figura de la prescripción debe ser tenida en cuenta. La justicia tiene mucho trabajo pendiente acumulado y es una norma insoslayable que se debe conceder la misma atención a los casos gordos que a los pequeños. La justicia ha de ser igual para todos.

Tiene sentido que los individuos de mayor relevancia social se vayan de rositas con sus pecadillos. No son un peligro grave, los delitos económicos no son tan graves como hurtar en el metro o darle un tirón al bolso de la ancianita. Su mayor sufrimiento es ya pensar en tener que verse en la picota, expuestos a la maledicencia pública. Para ellos, ése es ya un castigo insoportable.

Los instrumentos de los que disponen los presuntos malfactores, incluso pillados con las manos en la masa, son varios. El primero y más socorrido, es negarlo. Negarlo todo. No estuviste allí, no conoces al otro, la voz no es la tuya, los bienes y el dinero son legales. Te tocaron en una tómbola, vinieron de una herencia, no recuerdas cómo los adquiriste. La presunción de inocencia te ampara.

Como en el chiste en el que el marido cornudo descubre a su mujer en la cama con su mejor amigo, la línea inicial de una buena defensa es negarlo todo: "¿A quién has de creer, a lo que te dice tu mejor amigo o a tu vista cansada?".

Paralelamente hay que intoxicar, mezclar verdades con mentiras, informar con la desinformación, amontonar evidencias junto a conjeturas y botes de humo.

Puede que todos, incluso, el mismo investigador, acaben creyendo que lo que tienen en las manos son puras imaginaciones suyas. Tal vez, si las cosas se hacen como corresponde, que el culpable mayor es el propio aprendiz de verdugo, por no haber dedicado el tiempo y atención necesarios al asunto.

¿Cumple el instructor de la causa con el débito conyugal?. ¿No tendría animadversión manifiesta hacia el presunto? ¿Cazó el amigo del capataz sin licencia? ¿Le gustan al Monarca las anchoas?

Al principal partido de la oposición le han pillado con algunos trajes en la mano. Tirando del hilo, ha quedado al descubierto una trama de interelaciones que se traducían, al parecer, en dineros contantes y sonantes, que es lo que cuenta.  

Atando algunos cabos de los hilos de esos trajes, se puede colegir que el asunto principal que ha quedado al descubierto es el de la financiación extraordinaria de los partidos políticos. Lo había confesado un ex President: el 3%.

Hay que entenderlo con voluntad de indulgencia. Un partido político es una maquinaria compleja que necesita de mucho dinero. Para premiar a los simpatizantes, animar a los militantes a que muevan el solomillo en los eventos, recompensar el trabajo extra de los que se dedican a la gestión directa de la cosa pública por cuatro perras.

Por eso, es necesario utilizar muchas veces la adjudicación de contratos y gestión de servicios públicos a las empresas amigas, para arañar pequeños porcentajes. No se trata de sobornos, ni admitir cohechos, ni nada de eso. Las adjudicaciones se realizan con la máxima transparencia y seriedad. Solo ganan los mejores.

Pero ese 3% viene bien para engrasar las menguadas arcas del partido. Que, por el camino, algún pobre hombre se quede con un par de trajes, es pecata minuta. La sinfonía mayor se toca con mejores instrumentos.

El trabajo que ahora toca desarrollar es el de no dañar el tronco, trabajo delicado. Ojo, que si me tocas este tronco, te talo el tuyo. En sana consecuencia, la parafernalia creada con voces, gritos, acusaciones y peticiones de que corten la cabeza caiga quien caiga pero a mí no me toques, se contentará con dejar seccionadas un par de ramas simbólicas. Que sirva de escarmiento. Hay que hacer las cosas bien. Que sirva de catarsis. El que la hace, la paga.

O tal vez, nos encontremos con la figura jurídica de la prescripción, la dificultad de pruebas, la dilación indefinida, la pérdida de expedientes, la falta de precisa tipicidad penal, el olvido.

Dicen que si un mentiroso te engaña una vez, la culpa es suya (de él). Si te engaña dos veces, la culpa es tuya. También podemos preguntar: ¿Quién es el mentiroso? ¿Nos estamos engañando a nosotros mismos?

 

Sobre las vacaciones como usuarios de blogia

Blogia, el soporte informático sobre el que construímos este Cuaderno, nos ha abandonado durante 3 días (del 24 al 27 de julio de 2009). Cuando intentábamos escribir el Comentario del día 24, nos encontramos en que se nos pedía, además de la clave de acceso, la confirmación de que aceptábamos por un año las condiciones del Contrato de servicios.

No sonaba a extraño, a pesar de que ya hacía tiempo que habíamos suscrito ese Contrato. Lo que activaba las alarmas es que, al señalar las casillas correspondientes y pulsar la tecla correspondiente para enviar el mensaje, la pantalla indicaba que el nombre del blog no estaba alojado en Blogia.

Nada supimos durante dos largos días, en las que nos apresuramos a recuperar todos los Comentarios que aún no teníamos archivados a buen recaudo. Podía hacerse, porque activando desde Google la búsqueda de las antiguas entradas, una a una, aparecían impolutas.

Así que las archivamos todas, y nos tomamos unas cortas vacaciones. Hasta que Roberto (el Administrador de Blogia) nos avisó que, si nuestro blog era uno de los afectados por un ataque de spam, podríamos recuperar -hasta cierto punto- la imagen que tenía antes del bombardeo.

En nuestro caso, no fue del todo posible. No perdimos ninguno de los Comentarios (más de sescientas entradas, una Enciclopedia), pero tuvimos que cambiar la imagen del blog.

Por cierto, si alguien está interesado en recibir el archivo en pdf con todos los Comentarios, no tiene más que pedírnoslo.

Sobre el Anticristo y el poder de los malos

Desde que el apóstol Juan se refirió a los anticristos como a aquellos que niegan que Jésús es el Cristo (Juan 2:22 : "¿Quién es mentiroso, sino el que niega que Jesús es el Cristo? Éste es el anticristo: el que niega al Padre y al Hijo"), la palabra ha tenido diversas interpretaciones, unidas al atractivo de que la aparición del Anticristo, tenido por plasmación del mal, sería preludio del fin del mundo.

No vamos ahora a comentar el uso variopinto que la imagen de este ente apocalíptico ha sufrido a lo largo de los siglos, sino que queremos llamar la atención sobre el auge que lo malo, lo perverso ha cobrado en nuestra sociedad. Como niños a los que gusta jugar con fuego, la apelación al Anticristo es utilizada como un elemento más de teatralidad e identificarse con él o verlo como algo próximo formaría parte de la sociopatología contemporánea.

Un sicópata de complejo diagnóstico, Charle Mason, se ha llamado a sí mismo el Anticristo, para fundar una secta "satánica" causante del asesinato de la actriz Sharon Tate. Un filósofo oscuro Friedrich Nietzsche, dedicó unas cuantas páginas infumables a demostrar que el Anticristo se identifica justamente en el cristianismo, como fórmula perversa de dominación y enajenación de los ingenuos.

Más recientemente, y a la cutre escala local, puede verse como en un concurso para premiar al mejor blog en lengua española, ocupa el primer lugar un incalificable compendio ideológico titulado "Yo soy el Anticristo", alimentado por un estudiante argentino de biología y apoyado por su grupo de amigos, que se encuentra ligeramente destacado del segundo clasificado, expresivamente identificado por su autor, un cuarentón de Castelldefels, como "Lo que me toca los cojones" (antes, simplemente: "Hasta los cojones").

No son muchos signos, pero habérlos, háylos.

 

Sobre la popularidad

Hace ya unas cuantas décadas, la cima de la popularidad en España la constituía "La Chelito". Por eso, se decía, generalmente con ánimo recriminatorio: "Es más popular que La Chelito". Lo decían, por ejemplo,  las comadres envidiosas, para dejar en mal lugar a las que les hacían sombra en algo, menospreciando de esa manera el valor de la otra. 

Obviamente, La Chelito es hoy una desconocida. Las cimas de la popularidad las ocupan Madonna, Beckham, Obama, Ronaldo...

Si introducimos en un buscador -por ejemplo, Google- las palabras "más popular que", nos encontramos con varias curiosas comparaciones: En primer lugar, producto del interés circunstancial que tiene la no resuelta crisis de Honduras, provocada por el "golpe de Estado constitucional" (manda guëbos), figura que "Zelaya es más popular que Micheletti".

Enseguida pasamos a que Opera es más popular que el Safari de iphone; luego, viene Susan Boyle como más popular que Obama; se nos cuela a continuación que el etanol es más popular que la gasolina (en Brasil), según un director de Petrobras; luego de varias repeticiones de lo dicho, nos encontramos con que Michelle es más popular que su esposo (Barak), y con que Ubuntu lo es más que Windows XP en Google.

¿Qué más? Emma Thompson supera a Harry Potter, Wanda Nara saca cabeza en Youtube y OpenOffice.org es, ni más ni menos, que cinco veces más popular que Google Docs en Estados Unidos. La guerra de la popularidad en internet prosigue a niveles cada vez más bajos, y ahora es el Iphone el que supera a N95 y Facebook a Friendster (en Malasia), y MySpace es más popular que Facebook en Estados Unidos (mal vemos a Face con estas notas)

Lo que ya nos produce inquietud es que "John Lennon sea más popular que Jesucristo", pero, por fortuna, "no hay nada más popular que la propiedad privada", afirma un sabio de Hinterlaces, entrevistando en Venezuela a los amenazados por la estrategia expropiadora del presidente Chavez. "El que no tiene, quiere tener, y el que tiene, quiere tener más".

 

 

Sobre historias de amor inolvidables

Las buenas historias románticas tienen un soporte trágico. Ese punto dramático es lo que, al parecer, da calidad sentimental a la trama.

El meollo puede ser una enfermedad incurable, un accidente fatal, la consciencia de un destino de rumbo insuperable que rompen de golpe el momento de felicidad que había costado mucho construir a ambos protagonistas (las historias de tríos o multitudes aún no gozan de idéntica popularidad).

Los amores han de ser imposibles, adúlteros, dispares en formación o procedencia socio-económica. La historia contada ha de ser de corta duración, o suficientemente discontinua para permitir que los amantes pudieran construir o reconstruir otras historias de amor, mucho más endebles, por supuesto.

La gracia está en hacer disfrutar a los Romeo y Julieta, Calixto y Melibea, Diego de Marcilla e Isabel de  Segura, etc., de un climax brevísimo y, cuando podrían esperar una solución pacífica y duradera a sus desvelos, todo se les ha de truncar de forma irreparable: generalmente, con la muerte de uno de los dos, tal vez de ambos.

Por eso, los personajes normales, no tenemos historias de amor inolvidables. Gracias a Dios, ...y ni siquiera aspiramos a tenerlas, porque amamos, ante todo, nuestra propia vida. El papel que asumimos consiste en andar por nuestra vida como actores secundarios, arañando aquí y allá, a veces a mordiscos, momentos felices que no encontrarían público, por su absoluta trivialidad.

Tampoco creemos que la lectura o la visión en la pantalla de esas historias de amor evidentemente ficticias, nos haga sentir envidia de aquellos otros seres irreales.

No puede ser envidia lo que nos conmueve, al contemplar el final fatal del serio y rígido protagonista, finalmente otra vez enamorado, que ha puesto en peligro su vida y la de su esposa -adúltera- lanzándolas a una loca y heroica aventura en una población diezmada por el cólera en la China profunda de los años 20 del pasado siglo ("Velo Pintado", S. Maugham.

No puede ser exactamente el deseo de vivir la misma historia que ha supuesto juntar durante unos días intensos a dos seres que tienen su vida organizada al margen de ellos mismos, y que no se han mostrado dispuestos a cambiarla; tampoco entenderemos que lo mejor para ambos es seguir, la una, como infeliz casada con un aburrido aunque cariñoso individuo, padre de sus hijos, y, el otro, como aventurero solitario, lamiéndose cada vez más lejos las heridas de unas batallas que solo nos dejó entrever. ("Puentes de Madison", basada en la novela de Robert Wallace)

No tiene mayor disculpa el que nos conmovamos con el cuento de la pasión soterrada entre un misterioso potentado y una institutriz consciente de su humilde origen, hipotéticas barreras insalvables que, cuando están a punto de superar, les hacen descubrir otras aún más inverosímiles que llevan a sus protagonistas a una desesperación que solo podrá superarse con el fuego y la ruina. ("Jane Eyre", película y novela homónimas, escrita ésta por Charlotte Brönte en 1847).

Pero, ¿qué tendrán esas historias de amor inolvidables, que nos envuelven, nos hacen soñar y sufrir, y que recomendamos, fervientemente, a nuestros amigos y a las personas a las que deseamos seducir?

 

Sobre la alta nota de corte para empezar alguna carrera universitaria

Una de las trampas que la sociedad se ha tendido a sí misma, es la exigencia de una alta nota en los estudios de Bachillerato para poder seguir determinadas carreras universitarias.

Todos los años se escuchan terribles historias de adolescentes con "profunda vocación para la medicina" o para "la ingeniería de caminos" que, a pesar de figurar entre los más brillantes de su clase, no alcanzan ese 8,83 (por ejemplo) de nota media que les capacitaría, junto con otros superdotados, para seguir las enseñanzas en esos cuerpos de teórica élite que se forman en nuestras hipotéticamente prestigiosas universidades.

Podíamos sospechar que algo está funcionando con truco, porque no parece que haya tanto superdotado por ahí.

Los miles de estudiantes (y cada vez son más) que han conseguido rellenar su incipiente currículum de sobresalientes y matrículas, aproximándose a la perfección divina, más bien podrían ser tomados -en su mayoría- por avispadillos conocedores de los trucos que son necesarios para sobrevivir mejor, e incluso pertenecen ya a la tipología de quienes, con la ayuda inestimable de sus papás y mentores, de los que lo hacen y harán con mayor comodidad, poseedores de la brújeula que los guiará por la jungla de clanes y clases de nuestra sociedad.

Porque cuando se pone nota de forma libre a las actuaciones de quienes ocupan las cúpulas del verdadero poder, las notas no son tan brillantes que digamos.

Por ejemplo, estamos cansados de leer que el Presidente Rodríguez Zapatero tiene dificultades en aprobar -en verdad, suspende casi siempre- cuando se puntúan sus actuaciones al mando del país, y que su alternativa, el Presidente del PP, Rajoy, tiene los mismos problemas -incluso mayores, porque en la oposición se curra menos- para obtener el cinquillo. Qué decir de los demás miembros y miembras de los respectivos gabinetes; o de los pertenecientes a cualesquiera otro estamento de la vida real, en donde no valen recomendaciones ni soplidos.

El truco debe estar, pues, fundamentalmente, en la indulgencia con la que se puntúa a estos aprendices de brujo que ya van, desde la tierna infancia, seleccionados por sus padres y maestros, para ocupar un puesto preferente en la hoguera de las vanidades.

Puede que los que les ponen dieces con tanta devoción y permisividad, pasando por alto, si hace falta, errores gramaticales, faltas de ortografía, defectos de conducta, etc, estén convencidos de que sus notas no sirven para gran cosa y otros se encargarán, posteriormente, de ponerlos en su sitio.

Puede que todos estemos engañándonos creyendo que sacar muchos dieces en asignaturas realizadas con programas trasnochados, contenidos vagos y en gran parte inútiles, y aligerados de peso para no sobrecargar las mentes infanto-juveniles, capacita para ser mejores ciudadanos, buenos médicos, excelentes ingenieros.

 

Sobre la OTAN, una sesentona gordezuela

El mando de la comandancia de la OTAN está siendo ejercido por el almirante estadounidense James Stavridis que, en su reciente discurso de toma de posesión, habló de este organismo creado en 1949 -y del que el Presidente Eisenhower fue, en 1951, su comandante- , caracterizándolo poéticamente como un puente para "definir y mantener los valores y libertades de los países miembros en medio de las rápidas corrientes de la Historia".

El Secretario general aliado (segundo en la escala de mando) de este peculiar ente, el holandés Jaap de Hoop Scheffer, estuvo de acuerdo, por supuesto con esa metafórica descripción. En primer lugar, porque le queda poco tiempo de ejercer  el puesto.

Y después, porque la idea de los puentes le resultaba conocida. El presidente Obama en Berlín dijo en 2008 que "había que crear nuevos, globales y amplios puentes que deberían ser tan fuertes como la alianza atlántica y adecuados para soportar las cargas futuras crecientes" (traducción del alemán del estupendo artículo de Josef Braml, Im Westen nichts Neues, ApuZ, 15-16/2009)

La cuestión principal no está en la filosofía, sino en la práctica. Hay que concretar, y muy bien, para qué sirve en este momento la OTAN. Un mecanismo lleno de teoría, al que España entró después de una polémica refriega interna, traducida en una campaña electoral, durante la que el PSOE cambió, su posición de partida, contraria a la inclusión en una organización que se juzgaba inútil, armamentista e instrumento de actuación exclusivamente norteamericano.

Convertida, por una parte, en un foro en el que se ha dado cabida a casi todo el mundo, en especial, desde el desmembramiento de la URSS, las actuaciones de la OTAN, con unas fuerzas militares escasas y de preparación y armamento discutidos, se vieron envueltas en dura controversia, sobre todo en la última década.

Su poder de intervención limitado obliga a una clarificación de objetivos, que deberían ser actualizados, y un adelgazamiento de su estructura. Porque los peligros actuales no son los mismos que se pretendió conjurar con su fundación, pues, en particular, el riesgo de ataques islamistas radicales, no protagonizados por Estados sino por grupos terroristas, ha sido confirmado dramáticamente, y varias veces, desde el 11 de septiembre de 2001.

El Consejo de Seguridad de la OTAN, por otra parte, ha quedado deslegitimado al autodefinirse como "el único organismo" que puede aprobar inmiscuirse militarmente contra un Estado soberano, que no había atacado a ningún vecino, y que se encontraba en una situación de guerra civil .

Ese precedente de "intervención humanitaria" en 1999 en Kosovo, con el veto ruso, y que según opinión de los expertos, fue la causa y no el antídoto a la guerra de los Balcanes, se ha visto complementado con otras actuaciones en las que Estados Unidos ha forzado a sus aliados a intervenir en defensa de intereses norteamericanos, o ha obviado o menospreciado las reticencias de aquellos.

Las actuaciones en Irak fueron vistas, por ejemplo, como una rotura de consenso por parte europea, y un golpe bajo a la solidaridad internacional.

Hoy dia, la retirada anunciada por el Presidente Obama de las tropas en Irak -al estilo "iluminado" del Presidente español R. Zapatero- y el recrudecimiento de la mala situación en Afganistán abren nuevas incógnitas acerca de los objetivos reales que puedan ser atribuibles a ese mecanismo, hoy por hoy, de naturaleza insostenible, sin modicar su concepción original.

Lo difícil es poner el cascabel a ese gato, controlado como un instrumento más de la política experior de Estados Unidos y en el que la Unión Europea es un comparsa desorientado, y en el que, la desigual intervención de sus diferentes países -Alemania en especial- ha motivado protestas, aún tímidas, sobre el papel que debería tener cada miembro de la alianza

Sobre amistad, complicidad y contubernio

"Existes, luego pienso". No lo escribió así Descartes y, sin embargo, parece estar más cerca de ayudar a desentrañar el misterio  la esencia humana.

Porque nuestra existencia viene refrendada por la consciencia de la presencia de otro, del otro, que nos estimula, ordena  y coordina todas nuestras actuaciones conscientes.

Podemos hablar de amor, amistad, complicidad o contubernio, para definir una escala de aproximación al conocimiento del otro y el grado de encaje de sus pretensiones con las nuestras. Podemos hablar de ignorancia, desprecio, rabia, odio para caracterizar nuestra lejanía respecto a él.

Hay quienes vienen ya a este mundo con el pan debajo del brazo de saber lo importante que es pertenecer a un grupo, y no separarse de él. Desde la más tiera infancia, van tejiendo un entramado de relaciones íntimas, del que no se desprenderán jamás, sino es para ponerse en manos de otro aún más consistente, es decir, más influyente.

En política, ese complejo tejido de amistades y lealtades incontrovertibles, superiores a toda naturaleza, se ha convertido en la clave para entender la actuación de algunos personajes. Para ellos, el "existes, luego pienso" es el summum de su devoción a la causa, al otro, al líder del que nada se discutirá jamás.

Les va en ello su carrera profesional, su bienestar, su razón vital. Desde el "te quiero un güebo" a "lo nuestro es más que amistad" a "díme lo que quieres de mí, que lo haré", porque sin tí, vida mía, no soy nada.

Sobre Franco, aquel hombre

Cada 18 de julio, durante cuarenta años -¿se acuerdan?- se celebraba la Fiesta Nacional por excelencia en España. Miles de personas acudían a la Plaza de Oriente para aclamar al Caudillo, Francisco Franco Bahamonde, salvador de la Patria, por la G. de Dios.

En 1964, José Luis Sáenz de Heredia, un afamado director de cine que había ya puesto imágenes a un guión del Generalísimo, "Raza" (proyectada con gran éxito de público), realizó una película inolvidable: "Franco, ese hombre", que, sin embargo, ha sido olvidada.

Es una lástima que se haya perdido la voluntad de conmemorar la fecha del 18 de julio, porque ese día de 1936 se produjo un acontecimiento excepcional, el llamado Alzamiento Nacional. 

Esta efemérides olvidada, podría formar parte de la Ley de la Memoria Histórica, y competir -salvando las distancias, espirituales o geográficas- con otras celebraciones. Al fin y al cabo, también se celebran, variando los conceptos, el 2 de mayo (victoria "contra los franceses"), el 12 de octubre ("descubrimiento de América"), la "independencia" de "las metrópolis", etc.

El de 1936 fue un genuino golpe de Estado por el que un grupo de militares conspiradores se alzó contra el Gobierno legítimo de su país. La resistencia de otro grupo leal, y la voluntad de no rendirse al levantamiento por parte del Gobierno, dió comienzo a una guerra de tres años, en la que los españoles se mataron unos a otros con saña, con odio, sabiendo o sin saber porqué.

Después de muchas muertes -un millón, se dijo, aunque nadie los contó a todos-, cuando se acallaron los disparos, una vez que los militares levantiscos, con ayuda de gobiernos extranjeros dictatoriales igualmente inolvidables -los de Hitler y Mussolini-, redujeron a muerte, huída, cárcel, destierro y lágrimas lo que quedaba de la voluntad mayoritaria del pueblo español, se iniciaron cuarenta años de paz.

Años de marginación, de hambre e incultura, de atonía, de miedo, de silencios y mentiras o, peor, de verdades a medias, que fueron transformándose, lentamente, muy lentamente, en olvido, en protestas, en represión menos firme, en voluntad más débil, en nuevas propuestas, en renovación tímida, en cambio, en modificación absoluta, en abominación, en desprecio.

Hay que celebrar el 18 de julio de cada año, como la voluntad de un Gobierno republicano, elegido democráticamente, de decir que no a un golpe de Estado de algunos de los militares que estaban obligados a defender la Constitución y el orden. Perdieron. Perdimos durante decenas de años muchos, los hijos de los que perdieron la guerra como los de quienes la ganaron y no entendían lo que se estaba celebrando.

Fueron cuarenta años. Hace setenta y tres. No conviene olvidarlo, aunque esta vez estemos tan seguros de que la Historia no podrá repetirse.

 

 

Sobre curas y castañares

Los curas siguen sin subirse a los castaños, -¿ha oído el lector alguna vez que "nunca vióse un cura caer duna castañar en baixo?-.

Pero habrá que estar atentos a los movimientos de la curia, porque el hallazgo de sucesos muy poco probables, comparables con la remota posibilidad de que un tonsurado se caiga de un castania sativa, se ha hecho incomparablemente más arduo.

Ejemplos de sucesos imposibles que han cobrado realidad, los hay a millares:

Una oficinista madrileña muere aplastada por un elefante (estaba de safari fotográfico en Kenia); un portugués con pantaloncito corto es capaz de llenar en solitario uno de los estadios más grandes del mundo sin ofrecer más espectáculo que el haber cobrado una pasta gansa por hacer el ídem-macho; un presidente del país más poderoso de la Tierra (hoy, todavía, EEUU, mañana, China) pierde su cargo, obtenido después de una agotadora campaña electoral, por haber dejado que una becaria le hiciera una paja en la intimidad (con perdón); otro presidente, éste de un país  bastante conocido por sus corridas de toros (con más perdón), tira a la basura un informe de un Consejo Asesor Técnico, certeramente fundado, para guiarse por la intuición de su mago de cabecera...

Lo único que parece mantenerse en su puesto de verdad incontrovertible es la nula relación de los curas y las zonas altas de los castañares.

Aunque, tal como se han puesto las cosas, si ven a un ensotanado arremangarse el faldón y mirar hacia lo alto de un castaño con animus trepandi, avísennos con un eseemeese, porque inferiremos que el fin del mundo está todavía más próximo de lo que imaginamos.

Sobre Cañadas Reales: diagnóstico y solución

Las trashumancia de ganado que floreció en los siglos XV y XVI en España, generó una red de caminos públicos, que recorrían el territorio. Las nueve más importantes suponen unos 5.000 km de longitud, lo que con un ancho promedio de 10 m ofrece la cifra de 500 Km2.

Pero hubo centenares. Todavía en la Comunidad de Madrid, se calcula que subsistirán 4.000 km de antiguas cañadas; en una parte, luchando contra la avidez de apropiación privada; en otras, utilizadas como caminos rurales; en quién sabe cuántas ocasiones, insuficientemente documentadas.

Esas vías pecuarias se empezaron a deteriorar, y lo hicieron con rapidez, con el abandono de la ganadería y la dejación característica del control de lo público, o sea, de todos.  A partir de los años 50 del siglo XX, el desorden fue en aumento, por la falta de guardería efectiva de esas propiedades, mal catalogadas, y dispersas por la geografía hispana.

La Ley 22/1974 (desarrollada por el RD 2876/78) reconoció que esos suelos eran ya innecesarios en algunos casos para el tránsito de ganado y, siguiendo recomendaciones del ICONA -el organismo que se encargaba de la gestión pública de los temas agrarios-, autorizó su enajenación a particulares. 

El reconocimiento que otorga ese artículo a los derechos sui géneris de sus ocupantes ilegales es un ejemplo, ahora esgrimido como precedente, de la creación de una vía de agua jurídica, pretendiendo tapar con una regularización de urgencia una situación ilegítima.

Artículo 15. Los terrenos enajenables en que se hubieren realizado edificaciones o instalaciones ... podrán ser ofrecidos por el ICONA a las entidades y particulares ocupantes, por el precio de tasación previamente fijado

La Ley no tuvo la difusión y el empleo pretendidos entre quienes estaban destinados a utilizar las ventajas que incorporaba. En la llamada Cañada Real Galiana, dentro del municipio de Coslada (Madrid), solo medio millar de propietarios se hicieron así con la propiedad del suelo y vieron legalizadas sus construcciones por ese concreto Municipio.

Esta situación generó un agravio comparativo entre legalizados e irregulares a partir de entonces, porque la Cañada en cuestión ya se encontraba prácticamente ocupada también en otros 10 a 15 km de la Comunidad de Madrid (a partir del centro de la capital). No solamente la ignorancia de la Ley beneficiaria propició esa discordancia, sino la diferencia entre los niveles adquitivos de sus beneficiarios potenciales.

Como la presión demográfica crecía, y el descontrol administrativo y policial  no cambiaron su tónica, la falta de soluciones habitacionales oficiales adecuadas a la demanda,  alimentó situaciones aberrantes. La Cañada se convirtió en un reducto al margen de la Ley, un foco de marginación, de pobreza, de delincuencia, de desatención pública, de tráfico de drogas y armas.

La situación administrativa cambió con la Ley 3/1995, que cedió la regulación de estos territorios a las Comunidades Autónomas. La Administración regional de Madrid se encontró, de pronto, con la responsabilidad de asumir un tramo de Cañada ya abarrotado de construcciones ilegales, y para las que no cabía una regularización, porque la Ley fijaba ahora que el uso debería mantenerse público, aunque se autorizaba a  modificar el trazado en casos de difícil recuperación, realizando permutas o compraventas de los terrenos.

En aplicación de esa potestad delegada, la Comunidad de Madrid promulgó la Ley 8/1998, de desarrollo de la Ley 3/1995, concretando esa solución, de forma formalmente impecable.

Artículo 19. Cuando no fuese posible la recuperación de los tramos ocupados ... el restablecimiento de la vía pecuaria ocupada podrá hacerse mediante un trazado alternativo. Procederá una compensación económica a favor de la Comunidad de Madrid.

Paralelamente, sin embargo, la práctica complicó la situación. Porque se debió proceder a expedientes de ocupación y expropiación para completar diversas infraestructuras -desde el AVE a la M-50, y, para evitar problemas y demoras, se ralizaron pagos a los ocupantes ilegales, tanto por la Comunidad como por las empresas constructoras. Algunos "falsos propietarios" revendieron, con escrituras privadas, a otros particulares, los terrenos y las viviendas que estaban ocupando. La maraña de situaciones irregulares crecía y se multiplicaba.

Hoy, el tramo ocupado de la Cañada Real Galiana lo configuran unos 15 km, en los que viven casi 40.000 personas. Es el mayor asentamiento irregular de Europa. Se dan en él, todo tipo de situaciones: desde chalets con piscina a chabolas miserables. Se ven lujosos automóviles enfilando por el eje de la ruta que fue de trashumancia, niños harapientos, traficantes de droga, familias de inmigrantes que han venido para sacudirse la pobreza de sus orígenes, etc.

El actual gobierno de la Comunidad de Madrid trabaja ahora en un anteproyecto para desafectar la Cañada Real de su territorio, dejando a los Ayuntamientos otra vez en libertad de hacer lo que crean más adecuado con esos terrenos.

Los Ayuntamientos podrán, pues, si se aprueba el texto, vender los terrenos cuando los ocupantes puedan pagar su justiprecio y, suponemos, las edificaciones ilegalmente construídas resulten integrables con el resto de la urbanización planificada del municipio.

Pero la inmensa mayoría de los habitantes de la Cañada Real Galiana, en ese tramo especial, no pueden pagar nada. No tienen, apenas, ni para malvivir.

La solución, para ellos, está en realojarlos, no en echarlos de allí. Si se les desaloja a la fuerza, buscarán otro sitio, por supuesto. Si, además, no se controla el espacio público recuperado, volverá a pasar lo que pasó, allí o en cualquier lugar sin dueño privado.

Hemos visto en algún periódico "soluciones arquitectónicas" para los realojamientos, creando viviendas en altura siguiendo el eje de la Cañada.

No parecen, en general, muy imaginativas ni una solución brillante.

Lo que resulta imprescindible es realizar el censo de las familias que viven en la Cañada y en cicunstancias de infravivienda en Madrid (y en otros lugares), y estudiar una solución de conjunto. La Cañada es solo una muestra del desorden urbanístico que padece el país.

Se puede poner un parche, desde luego, pero volverán a crecer, mientras subsista el infraempleo y el descontrol de los terrenos públicos, asentamientos irregulares. En realidad, el país está bastante lleno. Basta solo abrir los ojos.

Y lo que replantea, con crudeza, la situación, es la diferencia entre dos tipos de habitantes: los que respetan las leyes y se comportan como ciudadanos solidarios, y los que las incumplen, cualquiera que sean sus motivaciones. Mientras ambos tengan sitio en este país, en la Cañada Real como en cualquier otra circunstancia, seguiremos siendo un espacio de charanga y pandereta en el que ser delincuente, actuar al margen de la Ley, tiene una alta probabilidad de compensación.