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Al Socaire de El blog de Angel Arias

Sobre el origen del dinero: la verdad

Era una vez un pueblo que no recordaba el origen del dinero. Lo utilizaban, en verdad, muchísimo. Prácticamente, todo lo sabían traducir en dinero. El fichaje de un futbolista, la compra de un político para conseguir alguna adjudicación, una noche con una modelo de pasarela, alimentar durante un año a un niño de la selva (?) africana, un viaje para conocer cómo viven las tortugas de las Galápagos o los indios navajos (si es que existen algunos), etc.

Era muy útil en la vida diaria, porque solo necesitaban meter una tarjeta de plástico en una máquina especial, proporcionar al aparato un número de cuatro dígitos -generalmente el de la fecha del propio nacimiento-, y esperar a que salieran por una hendidura los billetes que completaban la cantidad que se deseara tener en el bolsillo para pagar las pocas cosas que deberían abonarse todavía en "efectivo".

Esta modalidad de pagar en efectivo había caído tan en desuso que solo se seguía aplicando en las tiendas llamadas de "chinos" y en los comercios que generaban una subespecie llamada "dinero bé" o "dinero negro", en atención (se cree) a la afición a practicar la modalidad de deporte llamada "economía sumergida".

Ciertamente, no necesitaban saber que era el dinero, propiamente hablando. La mayor parte de las veces, bastaba firmar en un papel reconociendo que la cantidad que correspondía a lo que habían consumido en el restaurante, o lo que importaba el traje que acababan de llevarse de la tienda de modas (por ejemplo), eran correctos.

Había que tener, eso sí, especial cuidado de vigilar la relación de números que, de vez en cuando, enviaban unas instituciones utilísimas que fabricaban o hacían fabricar las tarjetas de plástico (también llamadas "tarjetas de crédito"). Porque la cantidad que debería figurar en esa relación, en el lado en donde aparecía la palabra "saldo" o "saldo remanente" debería ser siempre superior a la de "cargos en su estimada en cuenta".

Había que vigilarlo porque esas instituciones, llamadas "Bancos" cobraban intereses altísimos por los descubiertos, por lo que habían renunciado a comunicar a los clientes la situación de sus cuentas, esperando simplemente a que alcanzaran los "números rojos", y así poder seguir dando beneficios en un mercado cada vez más competitivo.

De dónde provenía el dinero (o, mejor dicho, cómo se generaban los números de la columna de "ingresos") empezó a ser desconocido para prácticamente toda la gente del lugar. Incluso para unos señores de aspecto pulcro y  serio, que llevaban una prenda arcaica llamada "corbata", y que, según afirmaban,  trabajaban en esas instituciones utilísimas; curiosamente, aunque no eran ricos, la gente a la que llamaban "clientes" se pensaba que estos individuos eran verdaderos "banqueros" (y ellos mismos se lo creían a veces), cuando solo eran "bancarios", antes conocidos como "chupatintas" o "pelanas".

Pero, sea como fuera, dado que nadie sabía cómo se producía ese flujo de números, las personas del lugar seguían gastando sin parar, pensando que alguien poderoso estaba dándole al rabil de la "masa monetaria" como loco, o que el dinero venía de sitios en donde nadie pediría cuentas, como "subvenciones" a fondo perdido, o artilugios de ese tipo.

Hasta que un día, empezaron a faltar las cantidades que se introducían en las columnas de ingresos.

En ese momento, las cosas cambiaron.

Las instituciones enviaron unas cartas muy amables en las que comunicaban que "Estimado cliente, al no haber liquidado, a pesar de nuestros reiterados avisos, el saldo en descubierto de su querida cuenta, nos hemos visto en la dolorosa obligación de proceder al embargo y subasta de su vivienda, que figuraba como garantía hipotecaria del crédito que le hemos concedido en su momento. Le comunicamos, por otra parte, que, dada la caída de precios de mercado, su saldo deudor, una vez que hemos procedido a la liquidación de intereses y gastos, sigue siendo de..."

Pero, ¿de dónde diablos viene ese dinero? -se preguntaban los ciudadanos respetables- ¿Cómo se produce?. ¿No eran simplemente papeles que producían los Bancos o que deberían generar los gobiernos? ¿Qué tenemos que ver nosotros con este asunto?. ¡Queremos que se nos solucione el problema, ya!, exigían.

Consultaron a muchos entendidos, proprotestaron muchísimo. En algunos sitios le dijeron que el dinero venía de lo que tenían que producir, que había que generar "plusvalías", que tocaba apretarse el cinturón.

No les gustó nada la solución. Por fortuna, les llegó una respuesta que les gustó mucho. Provenía de los sindicatos y servía, en particular, para todos aquellos que todavía tenían una entelequia que se llamaba "puesto de trabajo". Así que se fueron a la huelga, muy contentos.

(Continuará)

 

Sobre los idiotas

Un grupo de jóvenes daneses se fingen idiotas. La justificación teórica de esa actividad, a la que se entregan con dedicación absoluta es "encontrar al idiota que todos llevamos dentro".

Pero en el desarrollo de la singular aventura, por la que se sumergen en varios circunstancias y peligros, reales y forzados, que ponen a prueba su capacidad de disimular que están teóricamente cuerdos, descubren -a ellos mismos y al espectador- muchas cosas.

Entre otras, que hay muchos tipos de idiotas, y que, incluso en su propio grupo, no todos los que se dicen sanos están realmente cuerdos ni es posible, para ellos mismos, diferenciar cuando fingen o cuando son ellos mismos. Aunque lo que causa más conmoción es advertir que el mundo exterior a los idiotas está plagado de incomprensión, oportunismo, desprecio.

El lector habrá seguramente reconocido el argumento de una de las mejores películas dirigidas por Lars von Trier, el fundador de Dogma, Los idiotas (Idioterne), 1998.

Es cierto que todos llevamos un idiota dentro, al que generalmente no nos atrevemos  a sacar a pasear, aunque algunos de los demás -los más sagaces- lo tienen bien detectado y, claro, lo utilizan.

Son tantos los ejemplos en los que se puede identificar el momento en que otros han echado mano de nuestra faceta de idiotas, aprovechándola, que resulta muy  simple elegir unos cuantos del tropel de momentos idiotas de nuestra vida, relación que cada uno podrá ampliar o cualificar como desee.

He aquí algunos:

En la ciudad, nos toman por idiotas muchas veces y muchas gentes: quienes hablan de ordenación del territorio y lo han desecho; quienes, exhibiendo la bolsita destinada a recoger teóricamente la caca de su perro, la dejan abandonada tranquilamente sobre la acera; quienes nos obligan a correr como locos al cruzar el paso cebra mal regulado para peatones; quienes organizan los autobuses de manera que siempre llegan dos seguidos, después de haber tenido que esperar una media hora; quienes toleran que haya aparcamiento en doble y triple fila ante ciertos locales y nos ponen prestos una multa por superar en diez minutos el tiempo máximo regulado...

Nos toman por idiotas los políticos, miles de veces. Idiotas por consentir que el concejal que ha pedido nuestro voto para cambiar el municipio, haya llenado de marquesinas y anuncios o columnas innecesarias las aceras, que nos impiden el paso y a él le habrán dispensado un sobresueldo. Idiotas por creernos que en los debates sobre el estado de la nación se argumenta sobre temas interesantes para la ciudadanía y que hayan sido estudiados por gentes competentes. Idiotas por suponer que los más capaces están dirigiendo las instituciones. Idiotas por aceptar que los funcionarios se rigen por la independencia y la neutralidad en sus decisiones.

Nos toman por idiotas al hablarnos de planificación y sostenibilidad y coordinación. Idiotas cuando aceptamos que ver a mandatarios y sus parejas reir a carcajadas, comer con cubierto de plata o darse palmaditas, soluciona auténticos problemas. Idiotas por pagar más impuestos de los que corresponde a la eficacia, por permitir que otros gasten más energía de la que tenemos, contaminen más de lo que deberían, y nos hagan contribuir más a los que más cuidado ponemos en contener el despilfarro.

Idiotas por pasar por alto cosas pequeñas y grandes, pero que nos afectan. Idiotas por no denunciar obras de renovación de pavimento que destruyen las de hace pocos  años, por admitir que por cada árbol caído van a plantar diez arbustitos, por aplaudir miles de decisiones que no se tiene intención de cumplir y que nadie va a comprobar si se han realizado.

Idiotas por no denunciar el deterioro académico imparable. Idiotas por no protestar porque cada año terminan su curso, con expedientes equivalentes, miles de estudiantes a los que nadie se ha preocupado de enseñar algo realmente útil, ni diferenciar con puntuaciones certeras sus diferentes actitudes. Idiotas por unas negociaciones amparadas en unos téoricos acuerdos de Bolonia que están sirviendo para hundir más a la Universidad, y amparar el servilismo, el caciquismo y la injusticia.

Idiotas por creernos que los pagos realizados durante decenas a la seguridad social o a los planes de pensiones van a servirnos para tener una vejez descansada.

Idiotas por soportar el ruido infernal, a cualquier hora, de las ciudades, por obras de remodelación de chalets y pisos de lujo que hacen vecinos desconocidos que no sabemos en qué diablos trabajan ni cómo habrán conseguido su dinero ni, por supuesto, porqué no pagan los impuestos que les corresponden.  

Idiotas por mantener el negocio de clínicas privadas en donde personal médico sin escrúpulos cobra honorarios de fantasía por practicar una medicina de salón, compatibilizándola con el uso de los equipos públicos si se presenta cualquier contratiempo a sus pacientes clientes.

Idiotas por no decir tajantemente al compañero de la oficina que nos habla de los últimos fichajes de su equipo preferido que no nos interesa el cuento lo más mínimo y que sospechamos que su estado mental es muy deficiente.

Idiotas por confiar en que la chica que toma un refresco junto a nosotros en la barra del bar se ha fijado en nosotros.

Idiotas por esperar la llamada de nuestros hijos sin decidirnos a llamar nosotros primero para ver cómo se encuentran.

Idiotas por creer que Camps es la cumbre de la corrupción del Partido Popular y no un ingenuo al que le han tendido una trampa.

Idiotas por creer que el PSOE (y en los demás partidos) no cuecen las mismas habas, y más por desechar la sospecha de que todos los partidos se apoyan en ocultar lo que saben de las debilidades de los miembros del contrario, para defender las de los suyos.

Idiotas...

Sobre los Sanfermines y otros festejos populares

La gente quiere fiesta. En la mayoría de las ciudades y pueblos se han recuperado las más variadas justificaciones para reunir al personal, dándoseles por lo general el calificativo impresionante de "tradiciones populares".

En otros casos, se han inventado ocasiones para concitar el interés del público, y al cabo de dos o tres años de organizar la misma parafernalia se habla ya de "consolidado festejo".

Vale todo para el caso: Disfrazarse de romano, de jerifalte, de encapuchado. Descender por un río en chalupa, en carro de bueyes o en neumático viejo de automóvil. Tirarse agua, tomates o cuescos. Correr delante de los toros, detrás, lancearlos, acuchillarlos, alfiletearlos, embolarlos. Matar un gallo a golpes, un cerdo, una cabra, una vaca. Emborracharse con cerveza, con chacolí, con vino peleón o con anfetas. Etc.

Cada año crece el poder de atracción de las fiestas, y miles de foráneos se desplazan de un lugar a otro soto el lema ancestral de "donde va Vicente, donde va la gente" que rima con eso de "iba a la fuente, no por el agua, sino por la gente". Y sabido es que la gente va donde la llevan los pastores.

Todas las fiestas implican una combinación de espectáculo, comida y bebida. Para los jóvenes en edad de merecer, lo más importante de la fiesta es la combinación de danza, cortejo y la posibilidad de coyunda. En general, el éxito de una fiesta popular está en encontrar la medida justa entre los que van para ver y los que van para ser vistos. 

Este julio de 2009 conviene hablar de una fiesta muy singular por la que hace días murió corneado un muchacho y otros participantes han resultado gravemente heridos.

Los Sanfermines de Pamplona. Una demostración de destreza, por la que un grupo de corredores, bien preparados físicamente, conocedores del comportamiento específico de estos animales, corren delante de los seis toros, burlando a veces su embestida con un periódico enrollado o un trapo exigüo. Les ayudan para salir indemnes de esa exhibíción varios cabestros que agrupan y guían a los colegas semisalvajes hasta la plaza en donde van a lidiarse por la tarde.

Es un espectáculo de corta duración, con carga estética y emocional indudable.

Se inició allá por 1924, y fue glosado desde el principio como una tragedia única, con sus componenntes de amor y celos por un tal Ernest Hemingway, escritor no muy conocido por sus libros, pero que ha pasado a ser modelo de amigo extranjero, vividor y borrachín.

El amigo Ernest es el prototipo del foráneo al que le gusta cómo somos, nos entiende, y admitimos sin rechistar que nos quiere a rabiar porque se emborracha con nosotros. Escribió cosas muy curiosas sobre una España inventada que llenó personajes ingenuos, temperamentales, combinando revolucionarios con ideales confusos, toreros y manolas, y llevándolos de fiesta en fiesta hasta por quién doblan las campanas, sin dejar de querernos, por lo que acabó pegándose un tiro con las entradas para las corridas de San Fermín en el cajón, el 2 de julio de 1961.

En esa fiesta, los entendidos saben que los animales corren, cuando lo hacen en línea recta, más que los mozos, a los que van dejando atrás. Como el trayecto tiene curvas y el adoquinado es resbaladizo, los bichos derrapan en algunos puntos, se rezagan, se excitan. En esas situaciones, el asunto puede tornarse peligroso cuando un toro queda aislado del resto del grupo -le dicen "la manada", pero no parece de aplicación este término, al menos no al conjunto ocasional de irracionales-. Aturdido, desorientado, el bicho intentará cornear a todo lo que encuentre por delante.

Finalmente, los últimos jóvenes en incorporarse a la carrera y los toros y cabestros, llegan a la plaza donde los machos encuentran el descanso de los chiqueros.

¿Hemos dicho en algún momento que los corredores no son hoy por hoy unas decenas, sino varios miles que se amontonan a todo lo largo de la calle Estafeta y en la plaza, y se aturullan y obstaculizan cotinuamente? ¿Hemos escrito que en un alto porcentaje van ebrios, sin haber dormido, exaltados por la droga y el desconocimiento absoluto de lo que sería adecuado hacer si se encuentran, por puñetera casualidad, con un bicho de quinientos kilos delante de las narices?

No. San Fermín cuida de que no pase nada en esos dos a cinco minutos después del chupinazo. Después, los que han seguido en directo por cualquier medio de difusión el momento vuelven a su normalidad, comienzan el día. Pamplona, entre tanto, prosiguiendo la fiesta, se entrega desatada a la continuación del jolgorio que empeña a sus visitantes: ¿Hay manifestaciones culturales, debates artísticos, presentación de proyectos, visitas históricas?

No hace falta. La gente que soporta el núcleo central de la fiesta se dedica a lo que ha venido: beber, comer algo, beber, cruzar cuatro palabras con miles de otros romeros, beber, comer algo, hacer cualquier tontería arriesgada o infeliz, beber, mojarse en una fuente, beber.

Analizándolo así, puede entenderse algo de la personalidad de los pastores del rebaño juvenil y de sus intereses. Los grandes beneficiados de la fiesta son las agencias de viaje, y los comerciantes de Pamplona y alrededores y, en especial, los propietarios y gestores de bares, restaurantes, hoteles y fondas.

Hay otros beneficiarios que ponen su rostro para hacerse fotografiar y pretender que capitanean el asunto, teniéndolo todo por controlado: los políticos. Pues a ellos conviene dirigir este mensaje. Las fiestas de San Fermín deben ser reconducidas. Los que corran delante de los toros han de ser mozos que hayan demostrado su entendimiento de lo que debe hacerse, estar sobrios, y no ser más allá de algunas decenas o cientos.

El espectáculo de la carrera tiene encanto, no es cruento ni tiene porqué serlo, y, aunque sería mejor ver a los bichos libres en el campo, se puede pretender que se mantenga esa tradición tan nueva (ochenta años), y que atrae a tanta gente. Lo que habrá que exprimir el magín es para ocupar dignamente los otros 1.438 minutos de cada día de los que se hayan acercado a Pamplona, problema cierto y complejo.

Hasta tanto en cuanto, los verdaderos artífices de la fiesta seguirán los hombres y mujeres a los que rara vez se les pone cara y ojos: empleados municipales, gentes de la limpieza, médicos y asistentes de los servicios de urgencia, pastores, conductores, camareros, cocineros, ...

Sobre lo que quieren los ancianos

La población humana vive más tiempo, pero la cuestión principal es resolver que los viejos disfruten de verdad de esos años de más que el progreso les está dando, con una buena calidad de vida.

Lo de la buena calidad de vida es un concepto difuso que cada uno podría interpretar a su manera. Sin embargo, y para no entrar en largar disquisiciones, podíamos concretar en que, para un anciano, está directamente relacionada con tres condiciones: gozar de autonomía intelectual, motriz y económica.

Un envejeciente occidental con razones para sentir satisfecho, habrá conseguido zafarse, con éxito, de múltiples amenazas físicas y síquicas, pues no, aunque le haya sido más sencillo que hace siglos, sus setenta o más años de vida le han acreditado como un superviviente.

Habrá superado enfermedades infantiles (varicela, sarampión, ictericia), cuarenta o cien gripes, treinta anginas, convivido con su herpes, resistido a las operaciones de apendicitis y vegetaciones, cicatrizado diez tajos en la piel -alguno de dos o tres centímetros-, y, en fin, sobrevivido al riesgo de caer víctima del tráfico rodado, los asaltos callejeros, el islamismo radical, las locuras de adolescencia y la exhibición póstuma de cualidades de los cincuenta.

Superada la criba de los accidentes coronarios y los cánceres galopantes que diezman los finales de la segunda edad, los peligros que tiene que superar el anciano serían ya muy pocos antes de alcanzar la inmortalidad, aunque, desgraciadamente, se convierten siempre en despedidas finitivas.  

Ese envejeciente, con la pensión oficial complementada con alguna renta de los ahorros de la vida que no se permitió hasta ahora, no tiene más que conjurar el riesgo de la demencia senil, librarse de padecer la enfermedad de Alzheimer o ser azotado por la sintomatología del Parkinson.

Observando lo que hacen los ancianos, podría deducirse que un placer seguro para la edad mayor, es pasear: solo, o con un perro, o acompañado de su pareja.  Hay quien se apoya en un bastón o una andadera, por la artritis, el reuma, el miedo a caer o la osteoporosis.

Otro placer del anciano está relacionado con el comer y beber. Se les suele ver cargados con bolsas de las que siempre sobresalen varias barras de pan, pero en las pescaderías y carnicerías piden con determinación lo que les gusta, y lo compran por gramos si fuera preciso. Eso prueba que, en general, lo hacen con moderación pero con conocimiento. Lamentablemente, los otros placeres de la carne habrán ido pasando a mejor vida, por lo que solo hay que luchar contra el aumento del colesterol, la glucosa o la precipitación de los oxalatos.

Pero, sin duda, el mejor placer del anciano, tanto para instruídos como para iletrados, radica en disfrutar de algún foro de interés en donde poder expresar sus opiniones. Por esa devoción ocupan los bancos libres, aprovechan los silencios, y cuentan incluso a desconocidos, anécdotas de su vida y la de otros sin que les importe repetirlas miles de veces.

Si el joven lector se toma el interés de acercarse un dia a uno de los cientos de Centros de mayores que han poblado nuestro país y, disimulando la curiosidad, se toma el esfuerzo de escuchar alguna de las conversaciones de quienes no están jugando al dominó o a las cartas (ni rodeando la mesa de los que juegan), aprenderá los temas preferidos de las conversaciones: a) alabar lo mejor que estaba todo antes -que suele incluir referencias directas a la situación económica propia-, b) relatar los achaques recientes -con detalles clínicos que podrían hacer las delicias de un especialista en geriatría- y c) denunciar el abandono en el que les tienen sumidos los hijos, que andan lejos, no llaman, no atienden, no preguntan.

Son muchos los ancianos que tienen suficiente autonomía siquico-física y que desearían, aunque no lo expresen, sentirse útiles, insertos en la sociedad en la que aún viven, queridos.

La atención formal a los ancianos ha mejorado. Hay más centros para congregar ancianos; se acumulan en ellos más revistas y periódicos; en los centros de día, pueden obtener medicinas sin problemas, muchas veces autorecetadas, con las que calmar  dolores reales, supuestos o presuntos.

Pero estamos abandonando a nuestros mayores, reuniéndolos en lugares en donde los dejamos que se cuezcan juntos, en su propia salsa, la de su vejez de marginados.

Nuestros abuelos vivieron menos tiempo y, sin embargo, en sus últimos años fueron más felices. Permanecieron hasta su último día en sus propias casas, contaron con la presencia frecuente o permanente de alguno de sus hijos y nietos, y, sobre todo, tenían la certeza de que sus opiniones y decisiones servían.

Y cuando caían enfermos de verdad, además de las medicinas y placebos de rigor, recibían la impagable demostración del cariño de los suyos.

Hoy los viejos se mueren solos, rodeados de cables, sostenidos mecánicamente a una vida que desde hace tiempo devino inútil. Los avances de la técnica pueden prolongar su existencia, pero su calidad está relacionada con el valor de estar de estar viviendo.

Sobre los peligros de abandonar la energía nuclear en España

La negativa del gobierno de Rodríguez Zapatero para autorizar por 10 años el funcionamiento de la central nuclear de Santa María de Garoña, en contra del dictamen del Consejo de Seguridad Nuclear, de la mayoría de las opiniones técnicas consultadas y de los criterios seguidos por los países más avanzados que España en esta y otras materias, abre un panorama de peligros que es conveniente abordar.

La razón fundamental para ordenar el cierre de la central de Garoña en 2013  (ITC/1785/2009 del MITYC)ha sido el cumplimiento del programa electoral del PSOE. En él se indicaba que las centrales nucleares se cerrarían al terminar su vida útil, concepto temporal de límites precisos que los ingenieros empleamos para expresar la garantía del período mínimo de prestaciones exigidas en el proyecto.

Aunque es evidente que el PSOE no ha podido cumplir con una buena parte de las promesas electorales, el anclaje en este compromiso relativo a la energía nuclear, ha debido ser visto como un elemento clave para contentar a la mayoría de los futuros votantes. Votantes potenciales a los que se atribuye la obstinación de no dejarse influir por argumentos técnicos ni económicos, y una capacidad muy elevada para cerrar los ojos ante los riesgos del futuro, amparándose en la percepción de que lo que no se conoce tiene que ser malo por definición.

Las autorizaciones de explotación de las centrales españolas vencen en un corto plazo, y todas, menos una (Trillo), dentro de la actual legislatura. Se puede entender, por tanto, que las del centrales de Almaraz, Ascó, Cofrentes y las de Valdellós, recibirán órdenes de cierre definitivo en 2010 y 2011, y España deberá encontrar de inmediato la forma de sustituir la producción de energía que proporcionan las nucleares.

El Foro Nuclear viene expresando que el mix preferible para España debería pretender alcanzar el 90% de producción de energía primaria, a partes iguales, entre las energías renovables, los combustibles fósiles empleados en centrales de ciclo combinado y la energía nuclear. Para alcanzar este porcentaje, sería necesario mantener las centrales nucleares existentes e incorporar antes de 2030, 11.000 MW de potencia nuclear instalada, con una inversión directa de aproximadamente 35.000 Mill de euros.

Sobre el camino desde Populorum Progressio a Caritas in veritate

El Papa Benedicto XVI ha querido celebrar el cuadragésimo aniversario de la promulgación de la encíclica Populorum Progressio de uno de sus antecesores, Pablo VI, con una nueva carta a los fieles católicos: Caritas in veritate. Fue divulgada o promulgada en julio de 2009, por lo que se retrasó dos años respecto al objetivo de la conmemoración (la Populorum se conoció el 27 de marzo de 1967).

Bastante ha llovido -y dejado de llover, según los sitios en que se mire- desde entonces, pero la Humanidad sigue sin darse mucha cuenta de las razones teleológicas de tanto cambio climatólogico. 

El diagnóstico papal de la situación mundial, en cuanto a las preocupaciones básicas de la sensibilidad colectiva, no ha mejorado. «Los pueblos hambrientos interpelan hoy, con acento dramático, a los pueblos opulentos» (sic). A nivel global, las naciones más ricas no ayudan como debieran a las más pobres, sino que las siguen explotando. A nivel particular, los que tienen más, no es ya que no lo compartan, sino que continúan acumulando, a costa del esfuerzo o de los recursos de los que nada tienen o nada creen tener.

Por eso: "El subdesarrollo tiene una causa más importante aún que la falta de pensamiento: es «la falta de fraternidad entre los hombres y entre los pueblos".

Como era de esperar en persona bien informada, ni las cuestiones energéticas ni los avances tecnológicos le son ajenos. Hay que ahorrar energía e investigar alternativas (se supone que al consumo de materias primas fósiles) . La Encíclica desconfía prudentemente de la técnica. "Pablo VI ya puso en guardia sobre la ideología tecnocrática, hoy particularmente arraigada, consciente del gran riesgo de confiar todo el proceso del desarrollo sólo a la técnica, porque de este modo quedaría sin orientación. En sí misma considerada, la técnica es ambivalente." (sic)

El Sumo Pontífice está a favor del orden y, por eso, echa de menos un "claro liderazgo mundial", alguien que mande con mano firme en las cosas terrenales. Esa "verdadera Autoridad política mundial" ha de gozar "de poder efectivo".

El deseo de un nuevo orden mundial se encardina en la visión papal con la necesidad de un cambio de posiciones éticas: "Nos preocupa justamente la complejidad y gravedad de la situación económica actual, pero hemos de asumir con realismo, confianza y esperanza las nuevas responsabilidades que nos reclama la situación de un mundo que necesita una profunda renovación cultural y el redescubrimiento de valores de fondo sobre los cuales construir un futuro mejor." (sic)

La curia romana y los exégetas católicos se han apresurado a afirmar que la Encíclica no debe ser analizada por trozos, ni olvidar su carácter de carta pastoral, acorde con el mensaje evangélico.

Pero como está dirigida a todos los hombres y mujeres de buena voluntad, conviene indicar que, una vez leída, se desprende que el análisis y diagnóstico del Papa con  aceptables (y poco originales, aunque se agradece que desde su potestad se comente lo que está pasando). Es imposible no estar de acuerdo con frases como esta: "Lamentablemente, hay corrupción e ilegalidad tanto en el comportamiento de sujetos económicos y políticos de los países ricos, nuevos y antiguos, como en los países pobres." (sic)

El punto débil, que no es dogmático, sino pragmático, es que la Iglesia que preside sigue jugando con las cartas marcadas del tópico y de la doctrina meliflua al presentar las posibles soluciones.

Porque, ¿no suena a arrebato misticista el que "el desarrollo tiene necesidad de cristianos con los brazos elevados hacia Dios en gesto de oración"?. Y ¿cuántas veces se ha escuchado desde el púlpito que hay que actuar llenos de "amor y perdón, de renuncia a sí mismos, de acogida al prójimo, de justicia y de paz"?

No abogamos por la llamada a la guerra santa contra los que explotan -eso ya lo propuso Lenin y quedó demostrado su nulo éxito-, solo que, puestos a escribir con la pluma dorada de los ángeles, se hubiera agradecido la incorporación de algunos pasajes relativos al castigo con el fuego eterno de los avaros, los mentirosos, los farsantes, los explotadores, los acumuladores de riqueza improductiva.

Y es que el infierno venía al pelo para que el personal prestara más atención a esos lindos mensajes. Habría que echarle más leña a ese fuego, y no vendría mal alguna demostración de que hay Alguien más ahí.

Sobre uigures, chinos han, kazajos y otras especialidades asiáticas

Xinjiang, que en chino significa "Nueva frontera" es una región grande, pobre y alejada de Beijing y de las curiosidades turísiticas por las especialidades asiáticas. Su subsuelo, en cambio, es rico, en historia y en materias primas: contiene la tercera parte de las reservas de petróleo estimadas de China -el "país de las diez transformaciones"-.

En esa zona del mundo en donde parecen haberse labrado los primeros pilares de las distinciones entre lo occidental y lo oriental, y en donde se encuentran las líneas de confrontación entre musulmanes, cristianos, animistas y budistas, los uigures, turco-musulmanes, como los kazajos, siempre han visto a los chinos han -una forma singular de llamar a la etnia que se implantó en la zona con la dinastía Han entre los siglos I a.d.C. y II d.d.C.- como invasores.

El islamismo se implantó con la dinastía turca Qarakhanid,  entre los siglos X a XII, que favoreció la implantación de los uigures y los distanció de forma espiritualmente insuperable de sus enemigos históricos.

Las pretensiones de independencia de los uigures de ese superpaís geográfica y étnicamente ingobernable que es China, son comprensibles. Tienen su arraigo, como los de otras inmensas regiones de la zona, en que las mayorías étnicas son aún perfectamente identificables, grupos cerrados con escasa o nula interrelación grupal, y un abismo en las creencias religiosas.

Elementos que les han impedido e impiden superar el concepto de rivalidad secular por el de cooperación para mejorar.

Los turcos uigures de la región de Xinjian tienen el ejemplo próximo de otros países que han conseguido la segregación de sus dominadores, que no habían conseguido digerirlos por ser bocado demasiado grande.

La repoblación masiva oficial propiciada desde 1950 por Beijing con colonos han, de una región muy vacía demográficamente, cediéndoles tierras para favorecer su asentamiento y apoyando su bienestar económico, ha exacerbado los movimientos separatistas de los han, que ven que su población es ya similar a los chinos y que éstos cuentan con mejor estatus.

El conflicto ha alcanzado en los primeros días de julio de 2009 un nuevo brote, con centenares de muertos y violentas represiones de los disturbios, cuyo análisis no puede hacerse con datos consistentes, ya que la información está ennegrecida por el oscurantismo oficial.

Se puede vaticinar que, más tarde o más temprano, China sufrirá la décimoprimera transformación. Y afectará, sobre todo, a la zona en donde se combinan recursos por explotar, inmensos territorios con poblaciones étnicamente muy diferencias, y concepciones religiosas monolíticas.

Los kazajos de Kazajistán (el noveno país del mundo en extensión geográfica) se separaron de la URSS, como Kirguizistán, Tajikistán, Uzbekistán y Afganistán. Pakistán y la India han dirimido sus diferencias religiosas separando con una línea a veces algo sutil a budistas e islamistas.

Mongoles y tibetanos rodean por el oriente a la región, con reivindicaciones similares. Las nuevas especialidades asiáticas están servidas.

 

Sobre el desnudo femenino como reclamo publicitario decadente

Los centenares de revistas que llenan los kioskos de prensa utilizan dos tipos de reclamos para llamar la atención del comprador potencial: el regalo de algún elemento que tenga más o menos relación con el lector y sus excentricidades (la oferta de libros, dvds, bolsos, zapatillas, cerámicas miniatura, etc., ha forzado la invasión de las aceras con ese muestrario de chucherías), y una portada sugerente.

Detengámosnos en las portadas: No importa si se trata de una revista de moda, de cotilleo marujil o de política desestructurada, probablemente la frontal de la revista la ocupe una joven en edad de merecer enseñando alguno o la totalidad de sus encantos físicos, en anverso o reverso.

La intención publicitaria de esta avalancha de desnudeces ha quedado desfasada. Resulta conmovedor advertir la obstinación con la que estos especialistas en publicidad se empeñan en ofrecer imágenes que los ciudadanos pueden ver a miles en vivo y en directo, a poco que estén atentos a las exhibiciones de despreocupada impudicia de jóvenes y no tan jóvenes con las que se han de cruzar a diario.

El cuerpo femenino sigue estando en muy alto nivel de atracción, tanto para varones como para hembras, pero la competencia ha crecido y se advierte la saturación de este reclamo histórico que supuso la perfección progresiva del encanto con el que la hembra humana seducía al macho de su especie.

Una evolución del perfeccionamiento de nalgas y pectorales que, en tarde seguramente inspirada, Desmond Morris y otros estudiosos que hoy crían malvas, habían pretendido justificar como consecuencia de la necesidad de atraer a la coyunda al macho humano. La réplica de las nalgas en la frontal femenina del homo erectus habría servido para facilitar la visión de las atractivas redondeces tanto al ir como al venir.

El atractivo de las masas va hoy por otros derroteros. Seguro que el anuncio del despelote, pongamos por caso, de la más cotizada actriz no alcanza la cumbre de expectación que un tal Cristiano Ronaldo, vestido en calzoncillos -y blancos, para mayor dificultad de desarrollo del potencial sex appeal- consiguió el pasado 6 de julio de 2009 en Madrid.

El solito llenó un estadio de fútbol, con capacidad para 80.000 espectadores, y, para conseguir la proeza, solo necesitó dar un par de vueltas al campo, decir tres tonterías -no juzgamos al emisor sino lo emitido- y enseñar algo del muslamen, para que la multitud aplaudiera enfervecida la peculiar exhibición.

Lo escrito: El desnudo femenino está entrando en su decadencia seductora, por saturación visual de los destinatarios, aunque algunos seguiremos, desde luego, siendo acérrimos defensores de su vigencia eterna como cumbre de las excitaciones placenteras.

Pero por la puerta de atrás se están colando otros reclamos, indicios precursores de un cambio de tendencia. Las piernas masculinas venden ahora más, atraen más al manoseado respetable.

Si esto sigue así, los que nos vamos a meter en los armarios tendremos que ser otros.

(Nota marginal: Por las mismas fechas, otros tantos miles de ciudadanos de parecido aspecto normal, aunque en este caso de la etnia norteamericana, asistieron en vivo a un festival-sepelio en honor del cantante de pop Michael Jackson.

El espectáculo fue difundido por decenas de cadenas de televisión de todo el mundo, por lo que su visionado -bello palabro de origen indiscutiblemente colonial- superó la cifra de varios millones de mirones. Presuntos desocupados que vibraron de emoción, dolor y amor por la muerte hipotéticamente a causa de sobredosis de un artista que enterró en vida su personalidad verdadera, para suplirla por la de un sosias que fue ídolo de multitudes.

La muerte también vende; y si no son camisetas, serán en este caso, dvds con las danzas y cantos, vueltos macabros, de un genio de la música ligera)

Sobre la nueva edad de las cavernas: el estudio de los ecosistemas

Sobre la nueva edad de las cavernas: el estudio de los ecosistemas

El profesor Paolo Forti, del Istituto italiano di Speleologia es un crack. Derrocha simpatía y buen humor, lo sabe todo sobre los karst y los espeleotemas, y casi todo sobre casi todo. Animó con sus intervenciones las Jornadas sobre Espeleología científica celebradas en El Soplao, en Cantabria, dirigidas por el profesor Fernández Rubio, otro crack.

Habló Forti sobre el estudio de los ecosistemas en la conferencia oficial y sobre un montón de otras cosas en los descansos entre conferencias, en las excursiones -para analizar un ejemplo de karst costero y para girar una rápida visita a la cueva- que se organizaron en torno a las jornadas, y lució en las sobremesas.

Se tuvo que ir antes de la visita detallada a la Cueva -preparada para "turismo de aventura"- que se realizó el domingo, 5 de julio de 2009, porque no quiso privarse de asistir al cumpleaños de uno de sus nietos, en Bolonia.

Paolo Forti explicó las razones por las que los depósitos químicos en las cuevas son un instrumento precioso para estudiar el cuaternario. Son, dijo "trampas naturales de acumulaciones, en donde se pueden observar sedimentos físicos, biológicos, químicos y...basura".

Las formas de los espeleotemas hablan de su espeleogenética. En las grutas, la tectónica está menos enmascarada, ha permanecido más protegida. Casi todas las concreciones son de carbonato cálcico, aunque también se pueden estudiar procesos realizados a baja entalpía (termatitas).

Analizando los espelelotemas puede estudiarse el clima, el ambiente, la existencia de terremotos y otros accidentes del terreno, acaecidos en el cuaternario, y datarlos con exactitud gracias a las trazas de algunos elementos (carbono 14, la transformación natural Thorio 230/ Uranio 234, fundamentalmente), además de encontrarse atrapados insectos y detectarse microorganismos...

La datación más frecuente se realiza analizando la transformación del Uranio en Thorio, que es, sin embargo, contaminada por la reapertura de las grutas. Las técnicas de luminiscencia, que detectan la presencia de materia orgánica -húmicos o fúlvicos- pueden obtener precisiones "de días". Se pueden describir períodos de 1.400 años, con precisiones de 1 año.

Los espeleotemas en las costas son especialmente interesantes, debido a que las glaciaciones han afectado a los niveles del mar. Estalactitas profundas en el Mediterráneo (incluso a 78 m) guardan huellas de los animales que vivieron en él.

La forma de las estalactitas ilustra sobre el proceso formativo. Por ejemplo, se encuentran estalactitas telescópicas (en el interior, silt y en el exterior, capas de calcita). Durante el período glaciar, se cortaba la aportación de agua y, al terminar éste, las cuevas quedaban inundadas, formándose el silt; al restaurarse el clima, se continuaban formando depósitos de calcita.

En cuanto a las roturas, se pueden investigar las causas, distinguiendo entre las producidas por glaciaciones o por terremotos o colapsos.

El estudio de los espeleotemas se amplió recientemente. Hace 30 años se analizaban únicamente las concreciones de calcita y aragonita, como indicadores paleoambientales (la aragonita se forma siempre con climas más cálidos). Hace apenas 7 años (sobre 2000) se incorporaron al análisis otros elementos químicos: relación calcita/yeso, dolomía, inclusiones sólidas o líquidas, polen, etc.

En la llamada Cueva de las Velas (Naica) sobre la base calcítica se han depositado minerales muy diversos: celestina, hematites, goetita, compuestos de plomo y manganeso, con anterioridad al yeso. La detección de los compuestos con azufre es importante, porque, como se detectó en la Grutta de Cala Fetente (Italia), el azufre se forma siempre sobre el yeso, no sobre el carbonato, al oxidarse el sulfhídrico a sulfúrico.

Los impactos humanos son también objeto de análisis. Así, la aparición de mellita Al2 C6 (COO)6 .18H2O, en puntos en donde nuestros ancestros cocinaban con carbón. El turismo puede causar daños a los concreciones. En la Grutta de Castalana, se creaban fuertes corrientes ascensionales debido al faro de 1 kw que se había instalado para iluminación, generando "velas" de aragonito.

Pero el peligro mayor para las cuevas son -afirmó el profesor Forti- los cientíticos. Antes, los que entraban en ellas, eran espeleólogos: se contentaban con disfrutar de las cuevas. Hoy, los paleoambientalistas, convertidos al "lover sampling", toman 25 muestras de cada espeleotema, y esta destrucción creciente de huellas, obligaría a regular de forma estricta las intervenciones sobre ese legado precioso que son las cavernas.

(La fotografía que incluyo con el Comentario, tomada en la cueva de El Soplao el 5 de julio de 2009, recoge una cómica "formación kárstica inventada" que algún intruso espeleólogo de los de antes del boom dejó en la caverna como manifestación singular de su reivindicación satírica para que se sustraiga a las cuevas kársticas de la fiebre turística)

Sobre la estabilidad en terrenos kársticos

En las conferencias pronunciadas con ocasión del III Congreso de Espeleología Científica celebrado en Cantabria, en las dependencias del complejo de la cueva El Soplao, se trataron diversos aspectos de las formaciones kársticas.

Se trató de un brillante compendio de intervenciones, realizadas por especialistas reconocidos en el campo de la espeleología y la interpretación de los fenómenos kársticos. Las Jornadas estuvieron organizadas por el profesor Rafael Fernández Rubio, Premio Jaime I a la Conservación del Medio Ambiente, aceptado por los científicos españoles presentes como el "padre de la espeleología científica" en nuestro país.

El ingeniero de minas Julio Verdejo se refirió en su ponencia a las intervenciones de ingeniería civil sobre los terrenos kársticos. Definió las características del medio kárstico, desde esa perspectiva, como dotado de un coeficiente de infiltración elevado, con alta permeabilidad y sometido a régimen no lineal. En el caso especial de grandes cuencas, las redes de flujo irregulares, al crear vías preferentes de drenaje, son capaces de transmitir agua a grandes distancias, con efecto drenante excepcional.

Por eso, el refuerzo de las campañas de investigación del terreno, con todos los medios al alcance, es fundamental, antes de comenzar la obra civil. La observación directa del terreno es inexcusable, detectando, en especial las dolinas y otros accidentes del terreno que revelen colapsos del mismo, grietas y cavidades por donde el agua se pueda filtrar. La realización de galerías piloto, que pueden servir posteriormente como galerías de drenaje es una de las opciones.

La modelización del terreno es otro de los elementos de estudio. Debe tenerse en cuenta que alas tuneladoras son muy sensibles a los cambios del terreno, y que una tuneladora atrapada supone un coste enorme, al realizarse galerías de derivación para rescatarla y mantenerse la obra parada quizá durante varios meses, tal vez un año.

Para la contención del efecto del agua, se utiliza generalmente el tratamiento de impermeabilización en avance, creando un escudo previo. La interceptación del conducto kárstico puede obligar, dependiendo de su ubicación, por encima o por debajo del túnel, a crear una losa de hormigón proyectado bajo la que poder pasar la máquina de forma segura, o a rellenar el hueco y generar la losa de apoyo para la máquina.

Verdejo presentó varios ejemplos de superación de las dificultades kársticas en obras civiles emblemáticas. En concreto: el túnel de Daerang, en Corea, el de Fuessen, en el valle de Faulenbach, entre Alemania y Austria y el de Smart-Tunnel en Kuala Lumpur.

Sobre la nostalgia de la izquierda europea

La aproximación de los programas políticos de los partidos de las derechas e izquierdas europeas ha traído como  consecuencia la confusión del electorado respecto a las propuestas.

Los nombres tampoco ayudan. La denominación de Revolucionario, Popular, Progresista, por ejemplo, puede adornar los acrónimos de los herederos de los conversacionistas más rancios. Pero es que Socialdemócrata, Europeo, o Republicano no son adjetivos especialmente seductores para los deseosos de que las cosas cambien, repartiendo mejor lo que se produzca por el trabajo colectivo.

Esta confusión terminológica es una de las casusas, aunque no evidentemente la única, del avance de la capacidad de convicción de los partidos que se pueden calificar objetivamente como situados a la derecha del centro social.

Las propuestas concretas tienen menos valor. Se atiende al atractivo (incluso físico) de los líderes y sus parejas; a la popularidad, conseguida no importa cómo, de los personajes de primera línea de los partidos.

Algo tiene que ver también la aversión al riesgo. Los cambios implican inseguridad, porque se generan nuevos tactismos, la orientación hacia los nuevos poderes.

Si los programas son parecidos, los partidos conservadores ofrecen más tranquilidad de que no habrá cambio de escenarios que creen intranquilidad. Las decisiones de los estómagos inmensamente agradecidos se unen así a la de los estómagos cuya hambre haya sido simplemente atemperada.

Porque, en este momento, los estómagos de los ciudadanos europeos están, razonablemente, satisfechos. La situación discurre reforzada porque los cerebros están vacíos para imaginar alternativas creativas. 

La percepción del cansancio tiene su paradigma en Italia. No tiene que ver con las características histriónicas del Presidente Berlusconi ni con sus aficiones a provocar escándalos. No se adorna con velinas, ni se pertecha de ministras más bellas que inteligentes (según dicen), ni se  sazona con su facilidad para ser inoportuno y hasta procaz.

No. Berlusconi no es más de derechas por esas manifestaciones estrambóticas. Su posición ideológica queda señalada por la ausencia de alternativas ideológicas desde su izquierda para construir un discurso sólido, que no se base en descalificar sino en ofrecer. Porque, en el mundo del espectáculo, del que la política es una derivada, Berlusconi ha asumido el papel del bufón inteligente, que es un personaje simpático en todas las operetas.

¿Será posible recuperar una izquierda genuina para Europa, capaz de proponer avances y no centrada en el reproche?.

!Qué importa que haya sido la causante de haber llegado hasta aquí!. Lo importante es que estamos asentados en unos avances sociales y económicos que parecen sólidos, y que son plataforma tanto para las opciones de derecha como para las de centro.

La izquierda tendrá que recuperar otros valores. Puede que reconstruírlos desde las cenizas. Los que representan la honestidad, la coherencia intelectual, la solidaridad, sin más matices que el trabajo y la capacidad personales, la cultura sin trampas, la discusión abierta sin marginaciones, la evaluación del mérito con la objetividad que solo se consigue desde la pluralidad de los juzgadores y su carácter de independientes. 

Sobre karst y espeleotemas

En la cueva de El Soplao, en Cantabria, entre los días 2 a 5 de julio de 2009, se celebraron las terceras jornadas de Espeleología científica. Una iniciativa conjunta del Gobierno de Cantabria (Consejeria de Cultura), la Escuela Técnica Superior de Ingenieros de Minas de Madrid, la Universidad de Cantabria y la entidad público-privada que tiene la gestión de la cueva.

El escenario de El Soplao es impresionante. La cueva (en realidad, varias interconexionadas, por efecto de a actividad de la naturaleza y algunas intencionadas intervenciones) tiene más de 20 km de longitud y está reconocida como una de las más singulares y complejas oquedades kársticas europeas.

En el exterior, se ha preparado un complejo arquitectónico y de servicios, con la intención de atraer un número alto y diverso de visitantes. Un público variado, desde niños que van a pasar el día, acompañados de padres o maestros, a profesores universitarios y espeléologos, que estudian aspectos de la morfología y génesis de  los espeleotemas.

En solo tres años que la cueva está abierta al turismo, se ha alcanzado ya la cifra de los 300.000 visitantes anuales. El paisaje, magnífico, domina varios valles de la zona; a lo lejos, en días despejados, se ve el mar y alguno de los picos más representativos de la Cordillera Cantábrica.

La cueva fue descubierta a principios del siglo XX, como consecuencia de la explotación de las minas de La Florida, que extraían la blenda y la galena del macizo.

Al abandonarse la extracción minera, la preparación de la cueva para la visita pública, compatible con los trabajos de investigación y control, puede considerarse un ejemplo de rentabilización ordenada de un patrimonio natural.

La degradación kárstica de las rocas calizas en El Soplao, dada la abundancia de agua y las variadas mineralizaciones ha generado, durante cientos de siglos, singulares espeleotemas.

La construcción de los pasos, barandillas, plataformas y otros apoyos en el interior de la cueva ha motivado inevitablemente la destrucción definitiva de algunas, muy pocas, de las formaciones calcáreas.

La preparación de los itinerarios visitables (en dos modalidades, con tren minero "apañado" que incluso permite llevar al interior a personas con minusvalía, o "de aventura", con un mayor, aunque mínimo, esfuerzo físico) ha sido hecha con cuidado hacia la escenografía; en una zona, se ha aportado agua "fósil" para crear un minilago.

Estas intervenciones, suponemos, no gustarán a los conservacionistas puros. Tampoco satisfacen a ciertos espeleólogos de la zona, para los que las cavidades deberían haberse mantenido sustraídas de la comercialización.  En el trayecto por el interior, se pueden observar algunos "signos" de estos furtivos puristas, que se resisten a pasar por caja y ofrecen señales de que siguen entrando como y cuando les place por algunos de los huecos naturales que no han sido sellados.

El valor referencial de los espeleotemas, incluso como vectores para calcular la edad de episodios básicos de la Tierra, es muy importante, y aún queda mucho por investigar. Las cuevas constituyen, al menos hasta época reciente, ambientes intocados por la mano del hombre, y sus elementos físicos, han sido testigos y sufridores de terremotos, corrimientos, subsidencias, colapsos, sedimentaciones, escorrentías, glaciaciones, flujos de agua, etc.

Intepretar los espeleotemas correctamente ofrece mucha información. Por ejemplo, la duración de los períodos de glaciación, los ritmos de entrada del agua en las cuevas, la pureza de la atmósfera, la procedencia de los detritus y  elementos de disolución, o sobre las temperaturas y atmósferas a lo largo de los miles de años en que se formaron.

Las cavidades de El Soplao tienen para los especialistas y estudiosos del karst, singularidades que la sitúan en el primer nivel. Compatibilizar los intereses científicos con los mercantiles es la apuesta de la gestión interesada -fórmula jurídico-adminsitrativa- de El Soplao y el gobierno de Cantabria. Que se mantenga por mucho tiempo.

Sobre comités y comisionados

Como ya no quedan tantas grandes empresas, quizá no todo el mundo tiene claro que los comités eran imprescindibles en las corporaciones privadas como en las públicas. No se concebía mover un dedo -estratégicamente hablando- si antes no se había reunido el comité, para que, oídos sus integrantes, el jefe decidiera lo que le saliera de su imaginación.

Pero es que lo importante era que todo el mundo que tenía algo que oponer se sintiera involucrado. Tenía su momento de gloria, su efímera oportunidad de decir lo que le apetecía, bueno o malo, a favor o en contra, y eso era suficiente para que se sintiera importante en relación con el tema. "Lo avisé" o "Me hicieron caso, por supuesto". Las batallitas del abuelo estarían así garantizadas.

¿Hay  comités hoy en día?. Y los que hay, ¿para qué sirven?. Admitamos en primer lugar, que hay comisiones, más que comités. Y que las tales comisiones no sirven prácticamente para nada, salvo para dilatar el momento de tomar la decision, con lo que puede suceder -generalmente, es así- que el problema se resolvió por sí mismo o que se ha complicado de manera que ya no hay dios que lo resuelva.

Veamos si no, quienes son los comisionados, es decir, los miembros de las comisiones que tengamos más a mano. ¿Son gentes que tienen algo que opinar sobre el tema?. Habitualmente, no. Un comisionado que se precie deberá estar callado como un muerto hasta que llegue el momento de votar, siempre de acuerdo con lo que el cabeza de fila de su facción haya decidido.

En consecuencia, los debates abiertos en las comisiones no sirven para nada. Los portavoces de las facciones lanzan su rollete, los miembros de cada grupo, elegidos por supuesto por su fidelidad a la causa, desaparecen en la cafetería o en el limbo de sus sueños hasta que se vota, y el resultado se puede predecir de antemano. Si hay mayoría suficiente, la propuesta del grupo dominante saldrá adelante, después de agotadas todas las maniobras dilatorias.

Nos parece que en las comisiones (nos referimos a las que tienen repercusión pública) deberían votar, no los comisionados, sino el público que asista al debate. Y podrían opinar también.

Por eso, cuando alguien dice "hay que abrir el debate", nos inclinamos a pensar que la propuesta debiera haber sido "cerremos el debate, y dediquémosnos a preguntar a los que saben, a ver qué sale".

Sobre tarifas eléctricas, precios del agua y tasas de la basura

Los anglosajones llaman utilities a los servicios básicos. Aquellos que nos solucionan los aspectos capitales que determinan nuestra calidad de vida. El suministro de agua, electricidad, teléfono, y la recogida de residuos. Internet también debiera ser una utility sobrevenida.

Lo que los ciudadanos deben pagar por recibir esos servicios es una cuestión muy controvertida, y la diferencia entre tasas (impuestos), precios (fijados por el mercado) y tarifas ( precios reglados) es objeto de disquisiciones legales y técnicas que, como casi todo lo que se mueve mucho, han desembocado en zonas de confusión.

Si son básicos, debieran estar disponibles para todos y sin restricciones motivadas por el poder adquisitivo de cada uno.

Como los desniveles de renta son tan variables, hay familias para las que tener que abonar el coste de lo que consumen por ellos puede significar una parte insoportable de sus ingresos. Por eso, casi todos ellos se subvencionan, al menos, para algunas clases sociales.

Pero sus nombres se mantienen: se sigue hablando de tasa de basura, por ejemplo, cuando se la trata como un precio y el servicio es prestado por una empresa privada, que ha obtenido mediante concurso su contrata. Se dice precio del agua cuando es obvio que las infraestructuras de abastecimiento -y saneamiento- no pueden llevarse de ciudad y ciudad y, por tanto, mal podrá arguirse que las empresas privadas y los organismos públicos municipales (por ejemplo) estén sometidas a condiciones de mercado.

Para el proveedor del servicio, no es tan importante la procedencia de los ingresos, sino que estos cubran totalmente los costes y le permitan un razonable beneficio. En los países más pobres o peor organizados, en donde los servicios públicos pueden no cubrir toda el área de asentamiento poblacional y no superar niveles de eficiencia que para los países más desarrollados serían tenidos por inadmisibles, hay un alto porcentaje de familias que no pagan por el servicio, aunque lo estén recibiendo.

En el caso del agua, incluso de la electricidad, no es incomún encontrarse con impagados altos. Porque no es fácil cortar el suministro de agua a un receptor que no paga (además de las consideraciones humanitarias y legales que pudieran hacerse) y, por eso, la tasa de cobranza depende en alta medida de la solidaridad y concienciación ciudadana.

La recogida de la basura doméstica es uno de los servicios que corre más riesgo de impago, pues los desperdicios pueden llevarse al patio del vecino. En consecuencia, suele agruparse la factura de electricidad y basura en el mismo recibo, cuestión aberrante posiblemente desde la estricta valoración de su entidad jurídica.

En España, lo que pagan los usuarios por el agua corrriente ("el agua de la traída") se denomina precio pero está regulado fieramente. Viene sometido a información y publicidad, ha de ser aprobado por una Comisión, supervisado por otra, y justificado con rigor en cuanto a los costes que cubre.

Lo que no quiere decir que no se introduzcan en él, consuetidinariamente, flexibles conceptos,  pues en muchos casos, se recaudan con el recibo del agua, excedentes para compensar déficits en otros servicios o actuaciones públicas. Recibe el nombre de "precio público", pero más bien se asemeja a una tarifa regulada. En bastantes concesiones administrativas, además, el concesionario (empresa privada que tiene la licencia para ejecutar el servicio) entrega un canon al Ayuntamiento, que proviene justamente de este exceso de lo recaudado sobre el coste verdadero.

Los abonados al servicio que más agua consumen, pagan en general más por el m3 de agua, y se suele distinguir entre usuarios industriales, comerciales o domésticos. El objetivo final de la recaudación es cubrir el coste del suministro, incluída la amortización de las inversiones de infraestructuras.

La recogida de residuos y la depuración de las aguas residuales está sometida a una llamada tasa, que fue tradicionalmente un impuesto que venía a cubrir exactamente el coste del servicio, que se suponía estaba siendo recaudado y realizado obligatoriamente por la Administración pública.

Su valor se determinaba de manera arbitraria, pero ha acabado siendo objeto de cálculos transparentes y precisos, como en el caso del agua, porque debiera cubrir con exactitud el coste individual de la prestación. Más residuos o más contaminantes, más coste para el emisor. Por eso, en algunas ciudades (Madrid, Barcelona, Oviedo, Zaragoza, etc), la tasa de basura es bastante más alta que en otras, correspondiendo con la selección, manipulación y tratamiento de la misma. (Habrá que recordar aquello de "Cuanto más menees la mierda, más te costará limpiarla")

Estamos en la actualidad -final de junio de 2009- hablando mucho en España de las tarifas eléctricas. Sabe aquí todo el mundo que, desde el parón nuclear de los años 80, lo que se recauda no cubre los costes, y que las diferencias son anotadas en una cuenta deudora del Estado, de forma que las empresas eléctricas siguen dando beneficios, porque el Estado pagará por definición.

Ahora se ha pretendido acercar, más o menos a la chita callando, es decir, a poquitos pero sin pausa, el precio real al coste verdadero. Se está adornando de diversas maneras el asunto, pero la realidad es que las tarifas subirán, en corto plazo, lo suficiente para amortizar definitivamente esa deuda del Estado que es, por tanto de todos los españoles.

Precios, tarifas y tasas, se han convertido en variantes que designan idénticos principios: recaudar para cubrir los costes y que cada uno pague en razón con lo que consume o contamina.

Precios, tasas o tarifas, la cuestión no es el nombre que le ponemos sino la forma como conseguimos recaudar lo que nos cuesta el servicio del que disfrutamos.

Sobre el golpe de Estado en Honduras y sus repercusiones

El Ejército de Honduras ha expulsado del país al presidente Manuel Zelaya Rosales y detenido a varios de sus cancilleres, y el Tribunal Supremo Electoral -¿y el Congreso?- han nombrado a Roberto Micheletti nuevo presidente. Sucedió el 28 de junio de 2009.

Los observadores en la zona han transmitido que la cuestión que provocó el golpe de Estado fue la intención de Zelaya de prolongar su mandato, reformando la Constitución. No hay acuerdo pleno sobre este punto, al menos, interpretando literalmente los términos de la encuesta que se pretendía realizar, justamente el día de la revuelta militar, porque lo que se pedía en ella era la autorización para crear una Asamblea Constituyente, siguiendo el modelo bolivariano.

El presidente Zelaya es un personaje políticamente bipolar, una representación centroamericana de Jano, un reconvertido desde el capital al socialismo revolucionario. Esta evolución lo convirtió en un enemigo -lo dejó dicho él- "para el Estado burgués, las élites económicas".

Si eso era así, la intención de Zelaya de seguir en el mando tenía muchos riesgos para él. La voluntad de perpetuar el poder conseguido tiene sus riesgos, especialmente en los países con menos pib. 

Las razones del peligro residen, junto a otras menores, en la falta de una estructura adecuada para que, en las democracias aún prendidas con alfileres, los poderes fácticos puedan recuperar el control perdido, en caso de que haya habido traición a su causa, y, también, en la tentación de aprovecharse de las ternuras constitucionales para repetir mandato una y otra vez, y seguir haciendo de cada Estado un cortijo, de izquierdas o de derechas .

En los países con más altos pib, existe, por supuesto, la misma voluntad de defender lo ganado, pero ya no  hay el mismo riesgo. La cultura de la tranquilidad y la apatía, un Ejército profesionalizado e ideológicamente plural, y el mayor desarrollo, permiten crear democráticamente dinastías, nepotismos, partidismos, cambiando cuantas veces sea necesario las caras sin necesidad de que varíen los collares.

El pueblo, mayoritariamente satisfecho, está por ello más adormecido, y la lucha por el poder económico-político se traslada, simbólicamente, al campo de las elecciones programadas -lo visible-, y se libra, realmente, en las cavernas del Estado -lo invisible-.

La evolución de la razón de ser de los Ejércitos merecería un análisis detallado, que suponemos se estará elaborando en algún rincón del mundo. Parece evidente que, en los países pobres, el Ejército tiene la función de controlar y abortar, como les pete a los intereses económicos que están detrás, la voluntad de quien está en el poder.

Su función no es defender al país respecto a un supuesto enemigo exterior. Su armamento y dotación tienen un objetivo fundamentalmente orientado a las actuaciones en la política interna. Tener bajo su mando a varias unidades abre muchas opciones a los jefes y jefecillos militares, si saben usarlas, para hacerse personalmente ricos.

Pasa a ser normal, pues, que quienes tienen en un momento dado el control de la mayoría de las armas y dotaciones, se alcen en contra del poder, o persigan tenerlo bajo su jurisdicción, derrocándolo tranquilamente, como en un juego de estrategia para niños, si no les gusta como se están desarrollando las cosas a los que mandan entre bambalinas.

Los golpes militares de Honduras, Nicaragua o Venezuela,  realizados con las armas o con las urnas vigiladas por ellas, cumplen adecuadamente el modelo de poner mordazas a la democracia y al pueblo, como también se cumplió y se sigue haciendo Cuba. Las intenciones pudieron ser buenas, pero los métodos son nefastos. Y los resultados para la población, inexistentes, efímeros o claramente insuficientes.

Existen sápidos ejemplos del mismo brebaje en varios países de Africa y Asia, donde militares formados en las técnicas occidentales ocupan hoy los sillones presidenciales de sus respectivos países. Con el general apoyo de las democracias mayores, con sus líderes demasiado ocupados en resolver sus propias miserias, magnificadas a la escala conveniente por la perspicaz, pero egocéntrica y sesgada mirada de sus electores.

El general Romeo Vásquez, el (ex?) presidente Zelaya, el (neo?) presidente Micheletti cumplen bien ese papel de garantes de la voluntad de perpetuación de los intereses extrapopulares. Tienen testigos de parte y apoyos acordes con lo que representan. Los presidentes Chaves, Ortega, o Castro, hablaron de "golpe de Estado cavernario" en Honduras, con la misma contundencia que se les juzgó a ellos, cuando hicieron de lo suyo.

De la experiencia histórica, sin juzgar las intenciones, sino las realidades y los hechos, la situación de Honduras, uno de los países más pobres del mundo, aparece como una tragedia repetida, una versión más, incluso cutre, de la contraposición de dos intereses: a un lado, los del "eres libre para ser tan pobre como quieras" y al otro, "eres pobre por ser tan libre como quieres".

Sobre el sentido de la vida

"El sentido de la vida" es el título en español de un libro de apenas 200 págnas escrito por Julian Baggini, el fundador de la revista Philosophers´Magazine. Tiene ya algunos años (la primera edición data de 2004).

El interés especial de esa recopilación, comentada desde un escepticismo lúcido, es que plantea las dudas esenciales de la filosofía, analizadas a lo largo de los siglos por los eminentes pensadores que han pasado por este mundo, para concluir que el camino más seguro es que cada uno se construya su propia respuesta, sin que existan normas o consejos de felicidad superiores a otras.

Es decir, cada quisque debe descubrir y acumodar a su peculiaridad el sentido de la vida, el sentido que quiera dar a su vida.

La conclusión está explícita en uno de los modelos de pensamiento seguidos por el autor en ese desbrozo de las conclusiones de los arduos trabajos desde Aristóteles a Madonna, en David Hume: "Sé filósofo, pero, entre toda tu filosofía, no dejes de ser un hombre".

Los caminos de elección son bastantes.

Se puede encontrar una respuesta a la carta, en un restaurante de lujo o en la tasca de la esquina. Perdón por la vulgar analogía, pero viene al pelo. Elegir entre las alturas de la metafísica más estructurada y la filosofía del borracho de barra.

Sin descuidar que la mayoría de los días habrá que comer en casa, y cocinar lo que nos hemos agenciado en el supermercado; por eso, lo más aconsejable, sería aprender a cocinar bien unos cuantos platos y, si estamos de humor, ponernos en la mesa lo que más nos guste, e invitar a la cuchipanda a los mejores amigos.

También vale hacer que nos lo envíen desde la estantería de la biblioteca, queremos decir, desde la pizzería o el restaurante de lujo del barrio. Habrá días en que nos apetezcan los calamares en su tinta y otros en que tengamos el cuerpo para una tortillita de patata. Pero algo habrá que comer para no morirse.

 

Sobre los restos de la dictadura del proletariado y del fascismo

Durante el siglo XX se produjeron en Europa, singularmente en España, y especialmente en la primera mitad, terribles acontecimientos que, en buena parte, resultan ininteligibles para la gran mayoría de los actuales ciudadanos de ambos territorios.

Por eso, tiene un gran interés que los pocos protagonistas vivos de los hechos más relevantes del siglo se sometan a un interrogatorio respecto a sus móviles, sus experiencias y, se agradece que nos cuenten, sin renunciar a su visión autocrítica, qué piensan ahora, desde la perspectiva de la edad, de lo que les movió cuando eran jóvenes.

Santiago Carrillo es uno de esos personajes que vivieron intensamente momentos trascendentes. Le han hecho una película-documental, ("Carrillo, Comunista"), con manifiesto cariño, en la que, bajo la fórmula de una entrevista directa en la que se superponen imágenes relacionadas con lo que cuenta y algunas eventuales voces en off, se construye el material para revisar una parte de su historia personal, desnudándola ante el espectador.

La historia personal de Santiago Carrillo tiene elementos ejemplarizadores, para bien y para mal. Es el itinerario que le llevó a asumir y superar importantes contradicciones, y no tanto desde el cambio de sus convicciones personales, sino por la fuerza de las circunstancias y de los hechos ajenos.

Carrillo fue sucesivamente, un joven marxista convencido del poder del proletariado, un ilusionado militante revolucionario, un exaltado defensor de la URSS y sus métodos, un estratega algo inocente, un derrotado sin claudicar, un exiliado maquinador, un valiente dispuesto a la autoinmolación, un líder carismático, un enemigo para sus correligionarios, un desilusionado consciente de la traición de sus comilitones, un demócrata convencido, un escéptico con causa.

Resulta interesante verle avanzar, desde la experiencia personal, desde la convicción absoluta de que el marxismo-leninismo contenía la única verdad para actuar como combatiente para cambiar la Historia, pertrechado con la idea de que la URSS era la plasmación perfecta de la dictadura del proletariado, hasta la decepción de quien se encuentra solo con sus ideales.

No los ha cambiado, desde luego. Simplemente, los tiene enterrados bajo la fuerza de la realidad, que caminó por lados muy diferentes. Su posición actual se asemeja, por ello, más a la de un especimen en extinción que a la de un modelo de comportamiento futuro.

La  decepción de Carrillo se ancla en raíces profundas y variadas. No importa que él no se sienta decepcionado, como aclaró. Basta seguir esa trayectoria, para percibir  con él la manipulación de los principios por muchos compañeros de partido, la adulteración stalinista del modelo perfecto, el dolor por la pérdida de adhesiones de su partido ante la fortaleza pragmática de los postulados socialdemocrátas.

Resulta incluso anclada esa decepción en la revisión de los móviles que le llevaron a separarse, negándole la paternidad, de su padre, Wenceslao Carrillo, un socialista al que anatematizó por haberse rendido a Franco, mientras él defendía, con muy pocos mimbres, a un Madrid sitiado por los militares revolucionarios y desquebrajado por la quinta columna de los traidores a su razón .

Con esos mimbres propios de un peliculón, se confiesa Santiago Carrillo (más bien, se explica), guardando para sí lo que le apetece no contar, haciendo gala de una placidez intelectual y de una sensatez que le tienen que reconocer hasta sus enemigos de antaño, si hubieran vivido para contarlo. 

Este superviviente lúcido, con una memoria excelente, puede moverse con soltura entre las reconstrucciones interesadas desde otros ángulos de lo que pasó entre 1930 y 1982, sirviendo de enseñanza para jóvenes y maduros, justificándose, y beneficiándose, él también, del ámbito de libertad que ayudó a construir.

Santiago Carrillo es el protagonista único de la primera parte del documental de Manuel Martín Cuenca. Manuel Fraga tiene el papel relevante de la segunda parte. 

Fraga es un alter ego convergente en ciertos aspectos. Es otro personaje histórico, igualmente edulcorado por la edad y por la evolución de su propio comportamiento y que, como él, se mantiene firme en sus convicciones, orgulloso de su actuación,  usuario lúcido e inteligente de la libertad de que hoy disponen, para opinar con contundencia sobre unos móviles  a los que siguen fieles, y que, según su doctrinario, fueron adulterados por gentes muy poco escrupulosas con los ideales que rigieron sus vidas de visionarios.

La conclusión elemental que se puede extraer, sin pretensión histórica, sino desde la percepción sentimental, es que nada justifica la explosión de odios que dió lugar a una guerra civil en España, por la que murieron miles de jóvenes que se dejaron convencer de que luchaban para cambiar la Historia.

España era, al fin y al cabo, un campo de experimentación para una guerra europea en la que se enfrentarían con absoluta crueldad, dos intereses corruptos: fascismo y comunismo estalinista. No había ni capitalistas, ni obreros, ni católicos, ni agnósticos, ni pobres, ni ricos; la alineación en un bando o en otro, era casual, geográfica, más teórica que pragmática. Los vencedores de la guerra civil española fueron, desde el principio, los que mejores armas tenían, no los ideales más coherentes. Perdimos todos los demás.

Sentados en el sillón de la salita, con la cerveza en la mano, haciendo zapping con cualquier otra alternativa, la historia que nos cuenta Carrillo, adquiere un carácter irreal, como si fuera producto de una fantasía. Y allí está, sin embargo, la mayor parte de su verdad, resistente, incólume, aunque se muestre hoy debilitada, no por la caída de sus convicciones, sino porque los intereses colectivos se orientaron en otra dirección.

Ya no interesa a casi nadie la dictadura del proletariado, los ideales comunistas, el juicio a los propósitos fascistas, la condena a la explotación del capital o la exaltación del obrerismo como ventaja para la autogestión eficiente de los medios de producción. Los intereses de la ciudadanía son más prosaicos: un trabajo, una familia, un bienestar sostenido.

Resulta extraño escuchar a Carrillo recordar aquellos supuestos motivadores, lastrados con matices alienígenas, mientras se fuma un cigarrillo tras otro. Triunfa en su verdad, pero no busca convencer. Ya no.

Fraga parece tenerlo más difícil, pero apostamos a que también consigue conmovernos.Todos tenemos una razón si nos dejan explicarla, aunque los muertos que quedaron en el camino permanezcan silenciosos para siempre en la inutilidad aparente de su sacrificio.

Sobre la búsqueda de una identidad

Ha muerto Michel Jackson, un hombre excepcionalmente dotado para la música y la danza, preocupado por cambiar de identidad.

No lo conocíamos más que por sus canciones, sus escenificaciones, sus éxitos como baluarte de la música pop... y por algunas de sus extravagancias. La más notable: su obsesión por modificar el color de su piel de mulato al color blanco, que en su subconsciente debía estar relacionado con el poder y la élite.

Esa intención, unida a múltiples extravagancias, así como a su supuesta afición por la pedofilia, señalaron al cantante como un ídolo acomplejado, estrambótico y con rasgos sicópatas muy del gusto de la prensa amarilla.

Hay que apuntar, sin embargo, y especialmente para los amigos de la duda, que él y su dermatólogo negaron que se hubiera aclarado la piel, y que lo que tenía era una extraña enfemedad , el vitíligo, por la que perdía la melanina. De su afición por los niños se debe precisar también que de esa acusación, llevada a los tribunales, resultó absuelto. Cabe también decir que Michael ha sido la persona física que más dinero dedicó a causas humanitarias.

Resulta difícil abstraerse de tanta intoxicación como se tejió a su alrededor, para juzgar al ser humano. En su obsesión por cambiar su fisionomía, le ayudaron, se supone, cientos de personas, -algunas, eminentes doctores suponemos- que le sacaron parte del dinero que ganaba con su arte, para modificar, en sucesivas operaciones y con variados potingues y artilugios, sus facciones, el color de su piel, las raíces de sus cabellos,... y, a la par, su psiquis.

Jackson era últimamente un enfermo, alimentado por una sociedad decadente, corrupta, que le persiguió, le aisló, le ensalzó, le ridiculizó, le amó, le criticó, lo convirtió en un mucheco, un espantajo. Lo arruinó. Lo mató.

No encontró su identidad, y tenía una magnífica. Ser, como la naturaleza lo había dotado, un genio. Quiso ser un genio blanco, no supo soportar la tensión de mostrarse, como era y entender que allí residía la base de su atractivo. No tuvo a nadie que pudiera explicárselo, convencerle. Qué pena.

Sobre la recuperación del tiempo perdido

Permíta el lector una reflexión con pretensiones filosóficas. La consciencia del vivir, el elemento sustancial a partir del cual construímos todo los seres humanos, tiene relación intrínseca con la percepción del tiempo.

El tiempo, como el espacio, son elementos ajenos a la idea de nosotros, que tomamos las referencias justamente en relación con la percepción de lo que entendemos nos es ajeno, externo.

Si no fuera por el tiempo y el espacio, podríamos incluso dudar de la existencia del yo. Pero que lo que ahora sentimos como signo del ser, o del existir, experiencia en torno a la cual añadimos atributos a las personas y a las cosas, capta nuestra atención solamente porque lo ubicamos en el espacio y en el tiempo.

La inmensa mayoría -es decir, una infinidad- de los elementos ajenos a nosotros no existen para nuestro yo. No las hemos detectado aún: incluso muchísimas de las que detectamos -de acuerdo con nuestro nivel educativo, nuestra formación, nuestra experiencia- no están identificadas individualmente.

Acompañar en una excursión por un trozo del Universo a un geólogo, un botánico, un naturalista, un historiador, un astrónomo, ...nos abre nuevas perspectivas de conocimiento del entorno. Nos reafirma el yo, al descubrirnos nuevas diferencias entre nuestra individualidad y la de los demás objetos.

Pero lo que percibimos hoy, como detectó Heráclito, es diferente de lo que percibíamos ayer, o hace unos instantes, o de lo percibiremos mañana, si es que mantenemos mañana la misma capacidad para percibir.

¿Qué es mañana? ¿Qué es ayer, o el pasado? Pocas respuestas tendríamos sino fuera porque hay elementos que percibimos como inmutables, y por tanto, no nos servirían más que como referencia, respecto a otros que se cambian.

La emoción que sufre el ser humano al despertar del sueño, y advertir que, junto a la inmutabilidad de ciertos recuerdos que aparecen impresos en la memoria, existen otros que no están ya allí, es tremenda. Podemos repetir los mismos gestos, las mismas actitudes que nos condujeron a ciertos resultados, pero puede que, dado el cambio de ciertos sujetos y objetos, nada de lo esperado consigamos.

Todo este circunloquio viene a cuento (o no) para comentar lo inútil de algunos esfuerzos que realizan en esta época de desorientación, ciertos seres humanos para detener el tiempo. Una falsedad de la que los prisioneros son ellos, porque los demás -objetos y personas- cambian, y su vano propósito de subsistir inmutable solo les parece a ellos.

Esos viejos y viajas que se han estirado la piel, enderezado los pechos, arreglado con apliques las partes más fofas, han de saber que se engañan solo a sí mismos. Podrán creer que esa belleza que perciben -ficticia, hecha de bisturíes y trampas- es suya, pero no. Han dejado de ser ellos, para pasar a ser otra cosa, otro objeto, otra servidumbre de un yo diferente.

La recuperación del tiempo perdido es imposible. Por eso también, quienes quieren vivir una segunda juventud, recuperando viejos amores, aupándose en el revival de lo que se les ha ido, han de saber que no es el pasado el que deben recuperar, sino construir, con los mimbres disponibles, el futuro.

Ahí si. El futuro está hecho de los retazos que han sobrevivido del pasado. Solo de esos.

 

Sobre la energía, el agua y el empleo

Hemos oído tantas veces el motto de que las nuevas tecnologías, la preocupación por el ambiente y las energías alternativas crean empleo, que resulta fatigoso explicarlo, una y otra vez. Las nuevas tecnologías jamás crean empleo. Nunca. Lo destruyen.

Así ha sido desde que el mundo es mundo. La invención de la rueda, dejó sin ocupación- ignoramos si remunerada, o no, aunque fuera con unos plátanos- a miles de porteadores de la recolección de grano, tubérculos y animales que proveerían a la tribu de su alimento, y que hasta entonces lo harían sobre sus costales.

Por no extendernos: la informática mandó a la calle a muchos administrativos, y la eliminación de las fichas perforadas a miles de diligentes perforistas, cuya función consistía en teclear en máquinas de escribir que habían agujeros en las fichas que alimentaban los díscolos ordenadores.

Similares destrozos, o mayores, en el empleo, hicieron los robots. las telecomunicaciones (ay, pobres carteros), los nuevos materiales (adiós a las despampanentes siderúrgicas, fin de la bendita oxidación de las chapas de automóvil que agujereaba los capós cada tres años y daba tanto trabajo a chapistas y laminadores. etc...

La mejora en la gestión del agua y de los residuos, por ejemplo, la sustitución de las fuentes clásicas de energía (tan interrelaciados) por otras como la solar, la eólica, o la biomasa, crean empleo si estamos dispuestos a pagarlo con adicionales desembolsos.

Lo más barato a corto plazo es contaminar ríos y mares, tirar los desperdicios ladera abajo y quemar lo que se tenga más a mano. Corregir lo mal hecho en el pasado, da empleo. Pero hay que pagarlo, y caro. Evitar que en el futuro tengamos que paliar nuestros excesos actuales, no genera exactamente empleo: genera trabajo, costes, preocupación. Hay que pagarlo.

Obliga a cambiar la mentalidad desde el amiquemeimporta o elquevengadetrasquearreee, por el yo voy a ahorrar energía, voy a no contaminar, voy a corregir en lo que pueda lo que otros han hecho mal.

Por lo tanto, cando nuestros políticos y sus voceros se llenan la boca diciendo que el medio ambiente genera empleo, debemos estar de acuerdo con el objetivo (mejorar la situación ambiental), pero preguntales directamente: ¿podemos pagárnoslo?¿por qué seguimos contaminando a tan buen ritmo? ¿cuántos nos gastamos en educar al ciudadano para que no contamine?