Blogia

Al Socaire de El blog de Angel Arias

Tómeselo a risa

En algún sitio leí, pero no recuerdo dónde ni en qué momento, que todo tiene su lado cómico. Supongo que el autor de la sugerencia se referiría a aquellas situaciones en las que uno no está en el meollo, sino como espectador, pues no le veo el punto a desternillarse mientras le realizan una inspección fiscal o le arrancan la piel a tiras, salvo que se haya obtenido la gracia divina y le sobren arrestos hasta para pedir a los verdugos que le den la vuelta para que se ase mejor en la parrilla.

La actitud previa es fundamental, con todo: la asunción de que el problema que nos preocupa no tiene solución, es importante. Por eso, ya empezamos a tener ánimos para sonreirnos ante la promesa contundente a nuestro flamante ministro de Hacienda que al final de la legislatura todos pagaremos menos impuestos, porque comprendemos que es un golpe de efecto muy gracioso, mientras nos echa mano a los bolsillos.

Bastante más nos cuesta, porque para estar a tono tendríamos por lo menos que caer rodando por el suelo, con los ojos anegados de lágrimas de placer, dándonos puñadas en el pecho y manteniendo la quijada desencajada, encontrar el lado gracioso de la evolución de diferentes estriptís de ciertos políticos, algunos consortes de infantas, esos periodistas e incluso aquellos policías y otras personas de orden (y mando), que han estado durante años, por lo que vamos sabiendo, tomándonos por tontos, aduciendo que todo estaba en orden cuando lo que estaban era ordenando sus negocios con lo que nos iban quitando.

Más fácil nos resulta reirnos al ver a esa pareja de cómicos que cree dirigir los destinos europeos besándose en los morros (así parece, tal vez por efecto óptico) los días alternos, mientras anuncian sobre un atril lo primero que se les viene a la cabeza, pensando en tranquilizar, -nos dicen los que conocen el guión-, a los mercados, aunque deberíamos saber que la vista la tendrán siempre puesta en su electorado.  (1)

Y aunque ya no es en absoluto cosa de reirse, como nos ponen las imágenes en la televisión preferida siempre a la hora del almuerzo, y careciendo de manual de instrucciones para entender bien cómo nos afectan las movidas foráneas, puede ser el momento para contar un chiste de esos de médicos, gallegos, incontinentes o tipos sin mollera, cuando informan de atentados idénticos con decenas de muertos en países que habíamos creído disfrutando de importadas democracias primaverales.

Ya, ya sé que tomarse a risa asuntos tan serios es síntoma de inmadurez, refleja defectos en el sentido común, anuncia falta de solidaridad y es cosa fea, pero no se me ocurre otra manera de expresar que estamos al cabo de la calle, que entendemos el cuento, que asimilamos, sabihondos, que por dónde nos van llevando, no hay remedios.

----

(1) Algo más habrá, cuando hemos sabido que hay inversores que prefieren comprar deuda alemana a cambio de perder solo un poquito, anunciando de este modo singular que nos espera una recesión de tomo y lomo.

Alternativas

El Partido Socialista Obrero Español se encuentra inmerso en un proceso delicado por el que, en teoría, los militantes deberán elegir un nuevo Secretario General. Los principales candidatos que optan a este puesto son ambos bien conocidos, tanto por los afiliados como por el público en general (potenciales votantes, pues).

Entretanto, el Partido Popular (español) gobierna el país con su amplia mayoría, tomando decisiones que sus antecesores no se habían atrevido a adoptar, hasta el punto de que una revista ideológicamente situada en la izquierda (Tiempo, 5.01. 2012), expresaba tanto en su portada como en las páginas interiores que "la mayoría de las medidas podrían ser asumidas por la socialdemocracia".

Reducidos de ilusión, faltos de un liderazgo claro, ante la perspectiva de cuatro años de fría travesía y con la incómoda sensación de que les han birlado la cartera (la de las ideas, esto es, el programa), el partido que ha recogido los trozos mayores de la bandera socialista en este país, tiene muy difícil levantarse de esas cenizas como alternativa de gobierno para las próximas elecciones (no las autonómicas andaluzas, que puede dar por perdidas) y, sin embargo, no puede renunciar al carácter de principal partido de la oposición, articulando en torno a él las labores de control y crítica que corresponden a los representantes de quienes no han votado al partido que conforma el actual Ejecutivo. 

Cuatro años son poco tiempo para reconstruir, con credibilidad, un nuevo programa de actaciones en torno a unos voceros cuya labor fundamental habrá de estar en plantarle cara a lo que entiendan que haga mal el Gobierno, teniendo en cuenta que la situación de crisis continuará durante, por lo menos, la mitad del actual mandato y que, por mucho que sean tildados de neoliberales, los ministros principales parecen tener presentes, además de su ideario cristiano, el miedo a que la calle se les eche encima.

Por eso, presentarán como "progresistas y equitativas" las medidas que vean como imprescindibles y, si bien se podría decir que no lo son tanto como debieran, el equipo de Rajoy sí podrá indicar en su mejor descargo que los dos Gobiernos anteriores, a pesar de su teórica vocación socialista, no consiguieron ponerlas en marcha (incluso ni plantear algunas de ellas), prefiriendo ocultar el alcance de la crisis antes que tomar medidas fiscales más agresivas para captar fondos con los que paliar el déficit. ¿Defensa del estado de bienestar se llama eso?

No voy a glosar aquí toda la idea, porque da más juego que para un simple Comentario, pero creo que, independientemente de que los socialistas del PSOE restañen sus heridas y reconstruyan, rescatando de las cenizas y escombros, figuras e ideas aprovechables, sería interesante que la sociedad civil generase los embriones de un nuevo partido progresista.

Porque, nostalgias históricas aparte, el partido cuyos primeros espadones siguen reclamando, con voces ya no muy tonantes y disminuída credibilidad, que representan a la izquierda pragmática ("¿civilizada?") española, tiene demasiados agujeros de gran calado en su quilla, va equipado con instrumental averiado y obsoleto en el puente de mando y entre la tripulación se ven conspicuos individuos con extraños avíos que actúan de oficiales, sin contar que lleva tiempo dejando una estela de oportunidades fallidas, para que los que son invitados a confiar en su singladura se crean que lo único que necesita es un buen carenado y cambiar de capitán.

Es, justamente, la falta de pragmatismo la que ha motivado, en mi opinión, el desmembramiento del programa progresista entre los partidos españoles, que los menguados grupos que creen representar las ideas de izquierda aún se empeñan en seguir monopolizando.

Sobre el irresistible encanto de la frivolidad

Sobre el irresistible encanto de la frivolidad

No sería la primera vez que, pretendiendo enterarme de las noticias del día, al enceder la televisión doy de bruces con uno de esos programas dedicados -dicen- al corazón que, en realidad, creo que están destinados al cerebro.

Barrunto que el lector, buscando complicidad, habrá entendido que pretendo reflejar que esa combinación de imágenes de hostigamiento casi diario a personajes admirables por su paciencia, a los que se asalta al bajar del coche, en los aeropuertos, a la salida del restaurante  o a la entrada de sus casas para preguntarles cómo les va con la familia y provocarles confesiones a golpe de micrófono ensartado entre sus dientes acerca de sus sentimientos respecto a las aventuras amorosas de sus ex, me parece que solo interesaría a indiagnosticados enfermos mentales que buscan en la introspección en la vida de los otros alguna compensación a sus frustraciones privadas.

Pero no es así. Confieso que me interesan, y mucho, las vivencias de estos famosos. Son el material para mi estudio sociológico respecto a mis coetáneos y mi deseo de aproximarme, aunque sin éxito hasta ahora, a su atención, que desearía atrapar fervientemente.

Miro con envidia los éxitos de audiencia de esos captores de opinión que son capaces de convencer a millones de ciudadanos de que es importante para su tranquilidad emocional saber con quién se acuesta Fulanita, dónde se viste Menganito o en qué lugar han pasado sus vacaciones Zutano y Perengano.

Me gustaría profundizar en los resortes que mueven sus decisiones de aupar a nuestras vidas a personas anodinas, que hacen cosas idénticas a las que haría cualquiera de nosotros, pero que cuyas vicisitudes se nos convierten en necesarias, más imprescindibles que saber por dónde andan miembros de nuestra familia o el destino que nuestro empleador o el responsable de la Hacienda pública dará a las horas que dedicamos a hacer lo que nos mande o a los dineros que se nos birlan como impuestos.

Y sucumbo al misterio. Solamente atisbo alguna respuesta cuando constato, como el monigote de la sabia viñeta con la que ilustro este inane comentario, que hay muchos más amigos interesados en saber que estoy tomándome un cafelito mientras escribo estas líneas que en profundizar en las razones por las que me siento cada día ante el ordenador para tratar de reflexionar sobre lo que, aunque a muchos no les parezca relevante, me interesa.

 

 

Peligro de confusión entre lo que es urgente y lo que es imprescindible

Como profesional que ha cambiado (y le han hecho cambiar) unas cuantas veces de cometidos, tanto en la empresa privada como en las administraciones públicas, he tenido presentes dos principios: tener claro que mi posición era pasajera y tratar de dar continuidad -en el antes y en el después- a mi trabajo.

No deja de sorprenderme advertir que parece condición propia de nuestro estado de persistente improvisación, despreciar todo o casi todo lo que ha hecho el anterior y no preocuparse de atender a que se es parte de una cadena de voluntades de perfeccionamiento del proceso del que, eventualmente, nos hallemos a cargo. 

Esta despilfarradora cualidad se descubre, especialmente, en las instituciones, que padecen de la ausencia de proyectos e iniciativas persistentes. Que nuestra socialdemocracia, que creíamos afianzada, adquiera ahora el aire de estar empezando otra andadura, no es tranquilizador, porque anuncia tensiones en el modelo que arriesgan romper el cántaro que tan trabajosamente habíamos construído.

Puede resultar imprescindible para el nuevo Gobierno reducir el déficit público, para cumplir con los "compromisos de Bruselas" (de los que fue garante, por cierto, un Gobierno que perdió las elecciones), pero es urgente no deshacer los cimientos del estado de bienestar, base de la cohesión social, para lo que se deben tener en consideración las consecuencias de reducir aún más el consumo, ya tan deprimido, y atender a la necesidad de crear puestos de trabajo.

Bruselas puede esperar; los mercados bursátiles pueden esperar. La economía real, las necesidades concretas, no. No debe importar en el ahora lo que piensen los inversores especulativos de ese juego perverso con los intereses de los pequeños ahorradores que es la Bolsa, ni siquiera el diferencial del interés que habrá de pagar el Estado respecto a los países cuya solvencia es juzgada con mayor benevolencia.

En coherencia con las prioridades y los tempos, cuidar que no se destroce la línea que supondría la continuidad de los logros de la democracia, es urgente, presentando -como se había anunciado, y ahora parece que sin intención de mantener el propósito- que el cambio de Gobierno supondrá una mejoría en la gestión del modelo, pero no un giro brusco del mismo. Porque mucho más importante que lo piensen de nosotros en el exterior, es motivar la confianza en que somos muy conscientes de cuáles son nuestras voluntades y necesidades.

 

 

Una mirada crítica al pecio de la economía sumergida

El afloramiento total o parcial de la llamada "economía sumergida" (1) -conjunto de operaciones que se realizan sin transparencia fiscal- ocupa, periódicamente, el interés ciudadano, asociándose, en muchos círculos, a la pérdida de oportunidades de empleo y creación de riqueza.

Me parece que deberían ponerse de manifiesto algunos aspectos que se ocultan o ignorar, para entender que la muy vituperada economía sumergida tiene efectos beneficiosos y, como se podría vislumbrar, no es, en absoluto, tan opaca como la gente cree.

En primer lugar, me conviene precisar que distingo entre las transacciones de naturaleza presuntamente económica en la que existe comprador, que aportará dinero a cambio de un bien o servicio, de aquellas otras en las que se produce simplemente un trueque entre bienes o servicios, sin mediación de dinero. Una inmensa mayoría de las operaciones que no suponen traslado de moneda entre particulares y una parte no despreciable de las que realizan las entidades con ellos corresponden a economía sumergida, al carecer de reflejo contable alguno.

Tampoco quisiera referirme aquí a las operaciones con objeto ilegal o aquellas otras que, siendo el objeto legal, pretenden el blanqueo de dinero obtenido por operaciones que no lo son. Descarto todas aquellas situaciones en las que uno o ambos sujetos de la transacción o servicio intercambian bienes ilícitos, en el sentido de éticamente reprochables.

Delimitado así el objeto de la economía sumergida, pregunto: ¿A quién perjudica el que una prestación de servicios sea intercambiada por otras de diferente entidad, o uno o varios bienes muebles, para los que no existe obligación de registro? ¿Quién es el que podría protestar de que las divisas obtenidas por el trabajo en el extranjero sean afloradas en moneda del país que se ha elegido como residencia y dedicadas a compra de inmuebles, pago de servicios, o creación o ampliación de empresas?

Creo que deberíamos analizar, sin ideas preconcebidas, los pros y contras de la economía sumergida: al fin y al cabo, el pecio existe, ha existido y existirá; es parte sustancial de la creación de empleo y, sí, de riqueza, de un país. Y, aunque las operaciones se sustraigan al control de la Administración del Estado, no hace falta confesarse ácrata para haber adquirido, por la experiencia, una incuestionable desconfianza en la eficacia plena de los gobernantes para decidir qué es lo mejor que podría hacerse con los dineros que les pagamos como tasas, impuestos y otras exacciones.

-----

(1) En este blog he dedicado varios comentarios al tema de la economía sumergida. He aquí algunos:

1. Sobre intangibles e invisibles, el 11 de enero de 2011
2. Entre crear empleo o subvencionar al parado, el 10 de noviembre de 2011
3. Entre ojos que no ven y corazones que no sienten, el 8 de septiembre de 2011
4. Hacia un nuevo modelo económico, pero ¿cuál? , el 19 de febrero de 2011
5. Sobre la inmigración ilegal y algunas consecuencias, el 22 de octubre de 2007
6. Sobre la acumulación de cargos, el 21 de abril de 2010

Necesidad de poner orden en las telecomunicaciones

Aunque no soy adivino (pero sí observador) apostaría doble contra sencillo a que al lector le han llamado -y varias veces-, en las horas del almuerzo o de la preparación de la cena, para proponerle cambiar de compañía telefónica, con una oferta irresistible.

La nueva modalidad de ese asalto a la intimidad, en la que el interlocutor no invitado conoce perfectamente nuestros datos personales y se identifica con un nombre que, si pudiéramos investigar, se revelaría, en general, como falso, es indicar que se llama en nombre de Movistar -después de cerciorarse de quee el destinatario de la llamada es cliente suyo- y que se está ofertando una mejora del servicio, en precio y calidad, para lo que debe contestar afirmativamente a una serie de preguntas.

Si el abonado-cliente-presunto estafado contesta que sí, se encontrará con que, en realidad, ha anunciado darse de baja en el servicio de Telefónica, para cambiar a otra compañía, para la que está fungiendo como agente el habilidoso personaje que actúa allende las montañas, y que cobra su comisión por cada incauto convencido.

No terminarán ahí los problemas del atrapado, pues, cuando reciba la llamada de Movistar preguntándole -en tardía reacción de la decadente empresa- las razones por las que se produce el cambio ("porque estamos haciendo un estudio de mejora de calidad"), se descubrirá el embrollo, y el comercial de la empresa burlada le ofrecerá, presto, las mismas condiciones que motivaron su salto de compañía, a lo que, nuevamente, deberá contestar el convertido en pacatuelo que "sí a todo".

¿Aclarado y resuelto el lío sobrevenido? Quiá. Como se ha dado el consentimiento para cambiar a la otra, el deshacer el cuento volviendo a la primera no se podrá hacer de inmediato (las cosas de palacio, ya se sabe, van de pena) y, con suerte (mala, desde luego) sucederá lo siguiente: el cliente burlado se quedará sin su banda ancha por dos semanas o un mes, consumirá su paciencia en interminables esperas acompañadas de música horrible y el mensaje todos nuestros agentes están ocupados, perderá/ganará una cosa que se llama, maldita sea, portabilidad, y... recibirá, durante meses, dos facturas, una por cada compañía.

Venga el defensor del cliente de España y que lo vea.

 

Vacatio iudex versus ius vocatio

En estas fases de toma de contacto con los Ministerios, es normal que los nuevos designados pongan en circulación las ideas que ya traían estudiadas. Sorprende a los legos en cuestiones de grave responsabilidad que al día siguiente de su toma de posesión, los neófitos tengan ya algunas cuestiones claras al respecto de lo que procede hacer.

Solo cabe deducir que, en su fuero interno, allá en la soledad de sus espíritus y mientras atendían a sus otros complejos trabajos transitorios, siempre añoraron ocupar los destinos más altos a los que finalmente accedieron y, por ello, han venido madurando los conceptos y las correcciones a la realidad que pondrían en práctica cuando les fuera llegada la hora del poder preferido.

Alberto Ruiz Gallardón, nuevo ministro de Justicia (durante breves instantes, de Defensa in pectore) se propone modificar algunos aspectos de la Ley Penal, endureciendo los artículos que modulan la condena de los reincidentes y, como medida de mayor calado, suprimir las vacaciones conjuntas de la Administración de  Justicia, por las que el mes de agosto resultaba inhábil salvo para cuestiones de excepcional urgencia.

El objetivo de la segunda idea es inatacable: la resolución de los asuntos judiciales se dilata demasiado, y las sentencias no acuden a resolver, a su debido tiempo, las controversias que se presentan ante los órganos judiciales, con lo que los más poderosos, los que más capacidad de aguante poseen, ganan siempre.

Era y es imprescindible atacar este problema de la demora en sentenciar que emponzoña los Juzgados y que es una mezcla de falta de medios, de diligencia, de orden, y de conocimientos en demasiados jueces, todo ello producto de haber puesto la atención en donde no hacía tanta falta.

Pero el asunto no se corrige suprimiendo las vacaciones de agosto, porque, como los jueces, secretarios judiciales y personal de apoyo habrán de tener vacaciones en algún momento, aumentará, en lugar de disminuir, el número de casos pendientes de resolución, que no depende del mes de año en que se ventilen, sino de otras cosas.

Así que, si prospera la medida, quienes sí sufrirán serán los modestos bufetes, los abogados autónomos, los procuradores, que, como no tienen posibilidad de coordinar sus vacaciones más que consigo mismos, perderán su disfrute.

Es decir, que la vacación de los jueces perjudicará a los que trabajan en el derecho para ganarse el pan, debatiendo sus necesidades en un mercado en el que ya se mueven, como tiburón en el agua, los grandes bufetes con nombres rimbombantes de, en no pocos casos, corresponden a fallecidos en loor de santidad jurídica.

Contra algunas creencias interesadas, la técnica no es neutral

El reciente (noviembre de 2011) cambio de gobierno en España ha reavivado en algunos mentideros el debate acerca de si la ciertas medidas de contenido técnico, adoptadas ya en las primeras reuniones del Ejecutivo corresponden a posiciones de partido y, por tanto, serían reputadas como dimanadas de la ideología liberal.

La decisión de revisar las operaciones de desmantelamiento de la central nuclear de Garoña y prorrogar el funcionamiento, dentro de su vida útil, de otras centrales que tenían fecha de caducidad, decretada por el gobierno socialista, es un ejemplo que podría perfectamente encajarse en este aparente dilema, que los ignorantes de cómo se cuecen las acciones políticas, resolverían así: la energía nuclear es peligrosa y los residuos que producen son contaminantes, ergo cerrarlas es ecologista y de izquierdas (progresista), en tanto que apostar por esa forma de producción de energía primaria es de derechas.

Hay otros ejemplos de, en mi opinión, falsos debates ideológicos: la gestión de los servicios públicos no es mejor ni más barata -ni siquiera más honesta, lo que ya resulta aún más lamentable- cuando se encomienda a entidades públicas o se mantiene el ámbito de las competencias directas de los Municipios o Administraciones regionales que los tengan transferidas.

Desgraciadamente, el contrario tampoco es cierto: hay gestiones de empresas privadas en los servicios públicos que son caras, y técnicamente deficientes. Lo cual me lleva a afirmar, sin que me duelan prendas, que si un servicio municipal (por ejemplo) alcanza una cierta dimensión y tiene un técnico capaz en la gestión, movilizador del resto de personal y con ganas de utilizar las tecnologías que le pondrán al alcance las empresas suminsitradoras (con las que deberá negociar el mejor precio), no debiera pensar en la gestión privada, sino en controlar bien por donde se les van los dineros y emplear las tasas, precios o tarifas, en cubrir los costes del servicio y no en otras aventuras.

Otro ejemplo que hemos vivido y padecemos aún es el de la polémica no resuelta de desalación frente a los trasvases, o la increible proliferación de infraestructuras ínútiles, o infrautilizadas, que han venido a formar el esqueleto de despropósitos de los últimos años del gobierno socialista, obsesionado no con hacer lo óptimo, sino con contentar a los que más chillaban y faltando, por tanto, a la esencia de lo que es una política progresista, esto es, de progreso.

Finalizo por donde empecé: la técnica -bien empleada- no es neutral, porque estará siempre del lado del progreso.

Cuando se utiliza sensatamente, cuando las propuestas de los que más saben son analizadas con la tranquilidad de quien no tiene más compromisos que con la eficiencia, cumple su función plenamente, sea de izquierdas, centro o derecha el gobierno que la utiliza como soporte y las actuaciones que descansan en ella serán siempre progresistas.

Cuando se la malgasta, desprecia la opinión de los técnicos, y se alimentan debates con falsos destinos ideológicos (desalación versus trasvase; eólica frente a nuclear; gestión pública frente a privada; transporte por autovía frente a carreteras nacionales; ave frente a alvia; etc.) la técnica se convierte, adulterada, en un arma ideológica y sus detentadores pueden aparecer como retrógados.

Pero entonces ya no está actuando como técnica, sino como ignorancia, vestida de los plumajes de quienes se alimentan en los pesebres de la oportunidad.

No escatimar energías en abandonar ciertas prudencias

Son tantos los temas abiertos que se nos presentan a los españoles, que produce vértigo asomarse a la ventura que supone relacionar los temas pendientes a final de 2011.

No hay borrón y cuenta nueva, desde luego. Por el contrario, después de la celebración de Nochevieja, se comprueba que los problemas siguen intactos. Su enumeración completa resulta casi imposible (por lo extensa).

Un problema grave, sin duda, es el que resulte del contenido -ya muy presumido- de la declaración que deberá realizar el yerno del Rey ante la fiscalía que investiga, no solamente trato de favor que recibieron las entidades de las que es o fue socio, sino el incumplimiento grave de sus responsabilidades fiscales y un presunto cohecho. La imagen de la monarquía está afectada y no será sencillo contener en límites masticables la marea creciente de indignación popular en la que se fueron trasformando el estupor y la sorpresa, tarea en la que el Ministro de Justicia, Alberto Ruiz Gallardón, no tendrá tampoco fácil mantenerse al margen.

Para el Gabinete del presidente Mariano Rajoy en su conjunto, la selección de las líneas de desarrollo prioritarias con las que impulsar la economía a corto plazo, debería ocupar la parte más compleja de las disposicones a tomar. Con recortes presupuestarios, medidas de ahorro e incremento de impuestos no se dinamiza la estructura socioeconómica de un país, sino que se contrae el consumo. El apoyo a los sectores más activos en la exportación, la generación de nuevas alianzas de cooperación entre las empresas tecnológicas y los departamentos universitarios más eficientes y un programa con propuestas innovadoras que impulse al sector turístico y a los servicios en general (desde la ingeniería hasta la hostelería y restauración o la distribución al detalle) son algunas de las preferencias que aparecen, a primera vista, más prometedoras.

Igualmente necesario es la reconstrucción filosófica de un proyecto nacional, en el que colaboren, por supuesto, los partidos políticos con distribución por todo el territorio español y por el que resulten arrumbadas, al menos provisisonalmente, las tensiones ideológicas o separatistas, que solo servirían para agudizar la crisis común. Por ello, parece sustancial atender a la incorporación activa a ese esquema de cooperación, de los principales grupos empresariales y de los sindicatos, pero también la plasmación de un programa de actuaciones creíble, que sea corrector sin renunciar a ser equitativo y que genere confianza social. Llegada la hora de los sacrificios, deben poner más los que más tienen. La modificación de las cargas fiscales por las rentas del trabajo que ha aprobado el Gobierno en la primera reunión efectiva de su Gabinete es más progresiva, pero insuficiente para desechar la persistente impresión de que la parte más dura del ajuste la asumirán las clases medias.

No hay una propuesta sencilla, pero ha llegado la hora de no escatimar energías para intensificar el trabajo, abandonando algunas de las prudencias que anquilosan nuestro sistema político, perjudican la estabilidad social e impiden el libre desarrollo económico. Sentarse a esperar lo que otros hagan es la fórmula segura para dejar pasar la oportunidad de renovar las pieles mustias de un pasado cuya tosca dinámica se ha hecho tan insoportable como perceptible.

 

Con pocas palabras y en primera persona

En este comienzo de 2012, un año crucial por muchas razones, tanto ya explícitas como simplemente anunciadas (y acaso imprevistas), deseamos plantear algunos cambios en esta bitácora, en la intención de aumentar su visibilidad en la red y hacer sus contenidos más concretos.

Por ello, nos proponemos iniciar, a partir de este Comentario, las modificaciones siguientes:

1. Eliminar la redacción en primera persona del plural, que estuvo inicialmente justificada porque la habíamos concebido como una expresión plural, en la que intervinieran varios autores. No ha sido el caso, y por ello, ya hace algunos años que modificamos el nombre desde "Alsocaire" por el más personal de "Alsocaire del blog de Angel Arias", puesto que yo fui el único responsable de todos ellos.

2. Reducir más el ámbito de los comentarios, polarizándolos hacia los dos aspectos profesionales que conozco mejor, como resultado obvio de mi formación académica: la ingeniería y la abogacía. Sin embargo, y dada mi vocación política y mis aficiones personales, no descuidaré los análisis sociales, económicos e incluso filosóficos, que agruparé en los apartados correspondientes.

3. También acortaré la extensión de los comentarios, que -salvo excepciones que vendrán motivadas por el propio alcance del tema- se reducirán a un máximo de 500 palabras.

4. Por último, encuentro que es una innecesaria limitación para la titulación de las entradas al blog la pretensión de empezarlas con una preposición (los lectores más antiguos recordarán que, en los primeros años, todos comenzaban con la preposición “Sobre”, lo que dio lugar a tres generaciones anuales de “Ensobrados”.

5. Eso sí, mantendré, para presentar las aportaciones más personales, e incluso íntimas, de mi producción literaria y artística, “El blog de Angel Arias”, en el que seguiré recogiendo poemas, pinturas y dibujos, y otros artículos de divulgación, publicados o no en otros medios, así como otras reflexiones que no encajen, por su carácter o destino, en el Blog que ahora estás leyendo.

Feliz año a todos, amigos. Que 2012 nos sea, no solamente más leve de lo que asoma, sino más propicio de lo que parece.

En el inicio del inicio del cambio de paradigma

Para la mayoría de los humanos y, desde luego, para todos los que tienen menos de cuarenta años y no siguen el calendario chino (農曆新年, 农历新年, Nónglì Xīnnián) ni el árabe (R’as as-Sana), ni otras elucubraciones ajenas o propias acerca de cómo empezar a contar la siguiente vuelta de la Tierra en torno al sol (hace unos siglos, apreciado justo al revés), el día más largo del año no tiene que ver con el solsticio de verano, sino con el fin del año según el criterio gregoriano.

Tal día como hoy.

El 31 de diciembre de 2011, como particular condición, estamos en el día después del "inicio del inicio". Esta es la enigmática expresión utilizada por la vicepresidenta primera del primer gobierno de Mariano Rajoy, que, como no nos consta que sea seguidora de la secta que viene pronosticando que el 2012 será el año del fin del mundo, entendemos que fue su particular manera de indicar que la fiesta española del sudor y lágrimas no ha hecho más que empezar.

Teniendo en cuenta que, en su momento, no se dió a conocer un programa concreto de Gobierno -recordemos que tampoco lo hizo el entonces candidato alternativo, Alfredo Rubalcaba-, y que la única directriz expresada como guía segura de actuación fue "depende", nos encontramos ante un panorama completamente abierto a especulaciones.

Nosotros no queremos dejar a nuestros lectores en el desasosiego de tamaña incertidumbre y, por ello, proponemos un cambio de paradigma. Puesto que la capacidad de actuación global que le suponemos al amable lector será, como la nuestra, reducida (es decir, nula), abogamos porque el cambio de paradigma sea individual.

Antes de seguir adelante con la propuesta, debemos matizar que utilizamos la acepción de "paradigma" como modelo a seguir, ejemplo de comportamiento, y lo referimos a un individuo que, por las cualidades de su carácter, por sus virtudes expresas, suscite nuestra admiración, envidia e impulso de imitación, de forma que procuraremos tenerlo presente como guía de nuestros actos, referencia de conducta, consuelo para enderezar nuestras caídas de ánimo.

La nueva situación que se insinúa en el panorama nacional (empleamos este adjetivo solo para no tener que repetirnos, sin intención separatista) aconseja que el nuevo modelo sea un ser animoso, que no se arrugue ante las dificultades, que soporte todas las inclemencias -vengan del tiempo atmosférico como de la cuarta dimensión-, avanzando sin pestañear hacia su destino; mejor expresado, animando a todos los demás a que se aventuren en lo desconocido, asegurándoles que todo irá mejor, mucho mejor.

Nuestra propuesta de modelo para el cambio de paradigma es El capitán Araña. (1)

-------

(1) El capitán Araña es un personaje de ficción que se toma como referencia para aquellos que animan a embarcarse en un episodio dificultoso, pero se quedan en tierra. Sirve también para ridiculizar, en círculos académicos, a quienes proponen medidas como consultores o asesores, que ellos mismos no se han atrevido a imponer cuando estaban al mando o, incluso en casos más aberrantes, nunca estuvieron al mando de nada pero hablan como si lo hubieran estado.

 

De recortes y sin medidas de estímulo

El gobierno de Rajoy ha empezado la singladura echando mano del manual de instrucciones básicas a seguir por el nuevo consejero delegado de empresa, cuando ha habido cambio de accionistas en la compañía: empeorando las previsiones que emitió la ejecutiva saliente, y afirmando que se le ocultó información relevante.

En la intervención del nuevo Ministro de Hacienda, Cristóbal Montoro -que contestaba a una pregunta directa, y por tanto, molesta, de un periodista presente en la sala en la que comparecían cuatro de los nuevos miembros del Gobierno, en rueda de prensa después de la primera reunión propiamente decisoria quedó claro que la modificación al alza -¡en dos puntos! (1)- de la previsión de déficit presupuestario, que justificaba un ajuste fiscal  bastante más duro del esperado y anunciado hasta entonces, quedó claro que la previsión no se había basado en nuevos datos, sino en un sentimiento, una apreciación, un feeling, que dirían los anglófilos.

La subida de impuestos y los recortes presupuestarios pertenecen al catecismo de una economía cuando, al hacer las cuentas, se advierte que no hay dinero para pagar los gastos. El reparto de las cargas es, desde luego, relativamente progresista -no "equitativo", como se esforzaron en repetir tanto la vicepresidenta Saenz de Santamaría como el propio Montoro- y las reducciones de gasto, en la medida que anuncian eliminación de redundancias y despilfarros, son bien venidos, aunque la primera incumple el programa del Partido Popular, que se había comprometido a no subir la carga fiscal.

Pero lo más grave es que no se tratan de medidas de reactivación. No hay una sola medida de estímulo a la economía. El Gobierno se ha olvidado de la parte más sustancial de un programa que debe generar confianza en el futuro. Falta acoger las propuestas de los pequeños y medianos empresarios, escuchar a los técnicos de la economía real, insuflar de directrices y plasmación de ideas para el desarrollo de las líneas de futuro, de progreso, que generan actividad y, por tanto, empleo.

Ahora y hasta que no se adopten medidas de estímulo a la economía, lo que se ha anunciado es que se reducirá aún más el consumo, que habrá menos obra pública, menos gasto útil para generar iniciativas nuevas y, por tanto, además de ser más pobres, seguimos sin ver luz en el agujero.

Ingenieros e ingeniosos, al salón, por favor. Y, de paso, rogamos a los juristas -invitados a plantear contenciosos y demandas incluso penales por supuesta malversación de fondos públicos del anterior ejecutivo, o a defenderse de haberlo hecho bien, denunciando las acusaciones ya expresadas por el nuevo Gobierno de que habían actuado con ligereza-, que, por favor, no endurezcan más el ambiente, sino que nos devuelvan la calma necesaria para trabajar para recomponer lo que tenemos maltrecho, suprimiendo los brotes de acritud y recuperando la sintonía que creíamos haber detectado en el período de cambio de poderes.

Lo necesitamos mucho.

( 1 ) De un 6 a un 8%.

Sobre la función de los terceros

En la vida corriente, no se suele apreciar suficientemente la importancia de la función de los terceros. El tercero es aquella persona que no tiene el control de la situación, aparentemente, pero puede actuar de bisagra en aquellos momentos sustanciales para la solución de los conflictos.

Por ejemplo, en un negocio en el que existan dos socios mayoritarios -pongamos por caso, que cada uno ostente el 45% de las acciones- el tercer socio que solo tenga en sus manos la propiedad del 10% restante, normalmente tendrá que comportarse como simple acompañamiento de los otros dos.

La importancia del tercero aparece cuando la estabilidad, la amistad, el buen rollito de los mayoritarios se rompe. En la situación habitual, el tercero esconde la cabeza, en lugar de intervenir.

Grave error. Para que el negocio no se eche a perder con disputas interminables y eliminar lo antes posible la tensión, es el momento en que debe intervenir. Y decir a los mayoritarios con absoluta claridad y decisión lo que se debe hacer.

Entre inocentes

Desde el 28 de diciembre de 2011, todos sabemos el sueldo actual del Rey de España; también, el de su sucesor, el Principe de Asturias. La Casa Real, en un ejercicio de transparencia democrática -según los mentideros de la Corte- ha hecho público lo que se gana por ser Jefe de Estado en este país tan disminuído en los rancios abolengos, y, cada día, con mayor sensación de hallarse en período de ayuno de reconocidos prestigios y brillantes ideas, que es de lo que se come.

No nos ha parecido una buena noticia, sino un despropósito más -no lo calificaríamos de grande: menudo- en la carrera desenfrenada por representar, con bombos y platillos, la caída del imperio tardoromano en versión carpetobetónica y, por tanto, cargando las tintas sobre el aire tristón, y dándole al guión aspecto de improvisado o cutre.

Que los españoles -y todo el mundo, convocado al unísono a la plaza pública- hayan conocido, teniendo al Monarca puesto de rodillas en la picota,  que no merece la pena ser Rey de España, no es mérito, sino miseria. Vale o sirve mucho más en cuestión de los dineros, ser consejero delegado de un Banco calificado de "bueno" por las agencias de valoración internacional, o dedicarse a la reventa de automóviles, o manejar los terrenos de un municipio para darles más valor en los registros, por citar solo unos pocos oficios en boca de todos. No es una buena noticia que el Rey gane poco, aunque muchos opinen que no suda como debiera la camiseta.

Los riesgos son muy altos para una figura que la Constitución define, casi, como decorativa. Por 300.000 euros al año -!brutos!- no merece la pena exponerse a que te organicen un golpe de Estado para derrocarte, cortarte el cuello (o para hacerte cómplice de la conspiración, que es casi lo mismo), no paga el tiro que estén mirando con lupa continuamente tus negocios y los negocios de tus hijos, -políticos o no-, elucubrando sobre si estás detrás de cada asunto un poco oscuro, ni tiene cuenta -por terminar con algo con futuro- que ridiculicen con torpeza insana la vida sentimental del ex de tu nuera predilecta-, por no referirse o que haya varios sitios del país en donde vives en donde no puedes ir más que de incógnito porque te van abuchear.

Ni siquiera te dejan elegir libremente lo que te apetece decir en la televisión -y hay programas de reality show que te ofrecerían una pasta por lo que sabes- y, para más inri, hay algunos tipos por ahí que dicen que no te quieren ver, por lo que representas.

Lo único bueno es que esto del sueldo se ha comunicado el día de los Santos Inocentes, por lo que siempre te quedará el consuelo y la posibilidad de desmentirlo, diciendo que, como sospechamos algunos, se trata de una inocentada.

Sobre las oportunidades de la vida (y 2)

En la década de los veinte, el individuo, que para entonces ya habrá terminado su formación, deberá encontrar pareja. Es muy importante que, dejando a un lado los prosaicos tactismos de la atracción sexual -animalmente vinculados a la idea de belleza o compensación genética- mire al bolsillo de la futura familia política. Deje a un lado, dominándolos con rudeza, los impulsos de aparearse legalmente con quienes sean más bell@s, más alt@s o con la nariz roma si uno la tiene aguileña: lo fundamental aquí no es el futuro cónyuge, sino el poder que ostenta -y la competencia que hay dentro de ella- la familia en la que uno pretende incrustarse.

Si se ha sabido elegir un/una hij@únic@, de una estirpe con dineros contantes -muy importantes las propiedades inmobiliarias- y poseedora fehaciente de un paquete accionarial en un grupo de empresas floreciente (aquí habrá que acudir a expertos en calcular el van y el tir y hacer lo contrario de lo que nos aconsejen), se habrá hecho lo necesario para triunfar en la vida a la primera.

¿Cómo es posible -se preguntarán los muy jóvenes que me lean- que un pobretón, feo, cojitranco, se ligue de por vida a una joven hermosa, rica e inteligente?

No hemos escrito éso. Si se pretende tener lo máximo, hay que saber prescindir de lo superfluo. Y, después, aunque lo haya parecido, nuestro consejo es asexuado.Si se es bella, anímese con los cojitrancos vejestorios, pero inmensamente ricos; si se es feo, no quedará más remedio que apuntarse a chófer o ayuda de cámara de una viuda sin hijos y en fase de decrepitud, pero con afición al alcohol. Es necesario, en fin, estar atento a las crónicas de sociedad y llegar de los primeros.

Mucho más interesante, por ser más asequible, es la llamada al éxito que se presentará pasados los cuarenta. En este caso, hay que sabérsela trabajar en las décadas anteriores.

La pertenencia a un grupo con perspectiva es, para esta segunda oportunidad, imprescindible. Como también lo es no haber destacado antes lo más mínimo: no haber participado en ninguna de las guerras internas, no haberse definido por nadie, no haberse mojado por ninguna opción. No haber hecho nada, incluso, es mucho mejor que haberse descornado con iniciativas, salvo que hayan servido para que otro las hubiera rentabilizado, pero cuidando de hallarse prudentemente en la sombra: se puede, incluso, si se llega a dominar el arte, ofrecer dadivosamente iniciativas o ideas a un incompetente encumbrado, pero jamás -jamás- apareciendo como su autor.

Es absolutamente necesario que, llegado el momento, la opción de uno aparezca a la mayoría, incluso por aclamación, como la más incompetente, la más anodina y floja para presidir y mandar al colectivo.

La última oportunidad -que solo aparecerá, obviamente, si las anteriores se han desaprovechado o malogrado- vendrá, increíblemente, llegada la senectud, y por el hecho mismo de haber sobrevivido. También en este caso será necesario prepararse para subsistir, lo que puede consistir, esencialmente, en no haber realizado mucho ejercicio físico, haber sido moderado en las bebidas y, sobre todo, haber visto muchas películas de vaqueros y dibujos animados, que son relajantes.

Si, con esa edad, se asiste regularmente a la multitud de cócteles, desayunos de trabajo y otras reuniones más o menos folclóricas que se convocan a mogollón en cualquier poblachón, manchego o no, no se dude que un día sonará el teléfono y le convocarán para hacerle un homenaje.

No importa la razón. Ni siquiera los que le llamen lo sabrán por seguro. Pero, si Vd. acepta -¡y cómo no aceptarlo!- Vd. habrá triunfado en la vida.

 

Sobre las oportunidades de la vida

Estando las trayectorias vitales condicionadas por el lugar en donde a uno le ha puesto su madre en este mundo, precisamos que este Comentario se refiere, básicamente, a algunas maneras de aprovechar las oportunidades que se presentan a un ser humano en el mundo occidental, al ser ésa la estructura sociológica que mejor conocemos.

Existen, desde luego, decisiones que un individuo no toma por sí mismo y que le marcarán para siempre: la solvencia económica de sus papás, el colegio al que le han enviado, su coeficiente intelectual o sus capacidades físicas, son algunas de ellas.

Aunque se tiende a ver estas características como positivas o negativas, hay que advertir que no siempre se cumple en un especimen particular lo que resultaría válido para el conjunto de afectados por la hipotética ventaja o desventaja.

Así, ser vástago de una familia inmensamente rica puede convertirse en un hándicap si, por ejemplo, llegado el tiempo, se descubre que los dineros son provenientes de un desfalco; si los papás enviaron al infante a un colegio en el que los compas se han hecho, ya de mayores, en su mayoría, simpatizantes ideológicamente del liberalismo económico, puede resultar útil si uno ha evolucionado hacia la socialdemocracia, pero sería peligroso si, habiendo sido educado en el islamismo, el adulto se ha convertido al judaísmo ortodoxo y escribe un libro sobre la vida sexual de Mahoma.

El tener un coeficiente intelectual bajo -aunque no excesivamente bajo- es, en general, bueno, pues esa limitación obliga a sus portadores a concentrarse en pocos temas y a sacarles el máximo jugo, y a repetir una y otra vez los mantras de su escaso doctrinario; un coeficiente intelectual muy alto es, en general, una lacra, pues suele llevar a los portadores de esa características a la investigación físico-teórica o al ostracismo, y aunque existe una remota posibilidad de que le den a uno, a título normalmente póstumo, el premio Nobel o un homenaje desde el centro para enfermos síquicos terminales, no se puede decir que sirva para triunfar en la vida, al menos, en el sentido que la mayoría lo entendería.

No todos los tontos llegan a jefes de empresa, ministros o se hacen inmensamente ricos, sin embargo: solo unos pocos. Tampoco todos los muy listos acceden al culmen del tratamiento siquiátrico y solo dos o tres cada año alcanzan el premio Nobel de Física (estos últimos tienen, además, que haber nacido en la India o en un país báltico y haberse nacionalizado norteamericanos); muchos de ellos, se hacen a tiempo funcionarios y se dedican a pasear al perro u organizar manifestaciones.

Eliminadas las excepciones, concretaremos que el número de oportunidades que se presentan a todo individuo adulto en su vida, para triunfar en ella, son, rigurosamente tres y surgen, respectivamente, entre los 20 y los 30 años, entre los 40 y los 50 y entre los 70 y los 80 (esta última, en especial, para los que han sobrevivido hasta ahí).

(continuará)

A espaldas de Doña Manolita

A espaldas de Doña Manolita

Desde principios de diciembre -e incluso antes-, en los aledaños de la Puerta del Sol de Madrid, se forman dos grandes colas, formadas por gentes ansiosas, venidas incluso de lejanos lugares, que esperan cumplir su deseo.

Aunque las movilizaciones tienen que ver con la Navidad, sus propósitos son diiferentes. Para unos, el objetivo es dar una vuelta en torno al Belén que se instala por estas fechas en el Palacio de Cibeles, sede actualmente del gobierno regional madrileño. Este año, bajo el cobijo de la sala de Cristal, agrupa figuras cuyo principal autor es el admirable belenista (y escultor) José Luis Mayo Lebrija.

La otra cola se forma a la puerta de la expendeduría de Doña Manolita, un local de venta de lotería que ahora está ubicado en la calle del Carmen, y que regentaron durante muchos años tres hermanas, de la que la mayor -fallecida en los cincuenta del pasado siglo-, Manuela, dió su nombre al negocio. La lotera se hizo famosa porque unos simpáticos estudiantes se encargaron de divulgar la patraña de que los billetes que se vendían en su local tenían mayor probabilidad de ser agraciados.

La idea contra natura de las cosas, prendió. El negocio de Doña Manolita, (propiedad en la actualidad, según el archivo contrastado de mentideros de la villa donde reside la Corte, de D. Juan Luis de Castillejo y Bermúdez de Castro, conde de Cabrillas, título generado por S. M. Alfonso XIII), sigue siendo reconocido como el que más premios reparte de toda España, en competencia relativamente reciente con el de La bruja de Sors, otra idea publicitaria muy bien aprovechada.

Se hace imprescindible poner orden. Las figuras de Mayo sí son una joya: representan escenas llenas de imaginación y gracia, retrotraídas en muchos casos al primer siglo de la era cristiana, allá por Judea y, por tanto, no exentas de ironía: merece la pena hacer la cola.

La probabilidad de que toque a un billete comprado en doña Manolita es la misma que la de que toque a un billete comprado al lotero de la esquina.

Este año, por ejemplo, la lotería de Navidad supuso la puesta a la venta de billetes por valor de 3.300 millones de euros (2.520 millones repartidos en premios: es decir, un reparto en relación 0,76). La administración de Doña Manolita reconoce -a través de su regenta- que ha repartido 15 millones de premios en la lotería de Navidad, por lo que tuvo que vender del orden de 19,64 millones de euros en billetes.

Puesto que la comisión de un lotero en el sorteo de Navidad es del 3,7% -llega al 5% en otras ocasiones-, en este concreto asunto, ese negocio consistente en mover papeles de sitio ha ingresado unos 600.000 euros con cargo a las ilusiones de los que están contentos de perder, al menos, el 24% de lo que juegan; puede parecer que no es mucho lo que se gana por ser tan famoso, pero -como suele decirse, y esta vez con razón- menos da una piedra...

Sobre las cosas de familia

Ya se sabe que, como el cariño de la familia, no hay nada. Nos referimos a la familia natural y, dentro de ella, la troncal, aquella que forman los padres, hermanos, hijos y abuelos.

Las madres, sobre todo, tienen un apego incontrovertible a lo que han generado en su ser, que en el caso de los progenitores varones no siempre alcanza las mismas cotas; los romanos consiguieron recoger la idea  en un aforismo en latín, lo que tiene su mérito (por lo del aforismo, no por el idioma en el que está expreso): mater semper certa est.

Esta frase apodíptica no tiene mucho que ver, aunque lo parezca, con el dicho castellano de que "madre no hay más que una", que implica apreciar la misma situación, pero desde otro ángulo del árbol genealógico.

En algunas poblaciones del sur de Italia y de la zona oeste de Estados Unidos y con relación a ciertos negocios -que no solo son asquerosos porque tengan que ver con la basura-, se habla de La Familia, pero esa es de otro pelaje, no genético, sino de conveniencia.

En la sociedad española, que valora la transparencia, las sociedades secretas están informalmente prohibidas, y los intereses se defienden mediante grupos de presión, sociedades gastronómicas, religiosas o filantrópicas y, por supuesto, grupos de opinión y partidos políticos, todos ellos, actuando a la luz del día.

Por cierto, los partidos políticos se acostumbran a identificar con "familias", como reflejo de la estrecha unión entre sus miembros, si bien la relación es más mística que física (aunque también hay algunos casos de la segunda).

Hoy día, en España, está en boca de todos que la "familia socialista" se encuentra en trance de descomposición. En realidad, se halla a punto de alumbrar varias facciones, y los partos múltiples en un partido político anuncian peligro de extinción. No hace falta mucho talento para pronosticar que algunas decenas de miles que no votaron a los candidatos del PSOE en las últimas elecciones confían que una de ellas se consolide como partido progresista, sin condicionantes personales ni históricos, ni ideológicos. 

Hay familias desestructuradas y familias mal avenidas, desde luego, que ya se sabe que hay familias y familias. Pero lo normal es que una familia actúe como una piña, seguramente porque, en tanto que una rama desgajada del árbol de los primates, la defensa instintiva ante los deprededadores es agruparse. Ante el peligro exterior, renir las huestes.

Las familias suelen llevar el mismo apellido y, si este es común (lo que es muy común en España, valga la aparente redundancia), se sustituye por el de una población, un mote, o una casa. Los interesados, para evitar confusiones, hablan de "mi familia", para distinguirla de la "familia política".

La familia propia puede extenderse en ocasiones, incluyendo hasta primos lejanos. Si hay alguien importante, que destaque en un momento dado, se puede incorporar como de la familia a primos terceros y hasta a gentes que apenas si tendrán un par de gotas de sangre común. "¿Qué me vas a decir? El director de personal es de mi familia".

Existe una modalidad que es ser "como de la familia", lo que se produce, en general, en relación con algún contubernio, pero no únicamente. Entre vecinos de la misma casa, se puede encontrar personas que son como de la familia, porque se prestan de vez en cuando un huevo o el cacillo de la sal; solo que, si por un casual, al del quinto le da por acuchillar a su pareja, declararán a la policía judicial (no a la prensa) que no se conocían de nada.

La familia está actualmente en descomposición o, cuanto menos, en peligro. Hay familias incluso monoparentales cuyo origen es un combinación de circunstancias, desde la existencia de los primeros minijobs, la emancipación de la mujer y lo fácil que está comprarse la comida hecha en el super. Ya no se ven familias numerosas (en estos predios; en los emiratos y en los países vinculados a la miseria siguen estando de moda), aquellas que ocupaban dos o tres filas de la iglesia en la misa de doce del domingo; ahora en las iglesias lo que se ven son ancianos que están lo bastante bien todavía para que sus hijos no los recluyan en un asilo.

No deja de ser notable que algunas de las familias más importantes sean consideradas por algunos estudiosos como imaginarias: La Sagrada Familia y las Familias reales son ejemplos típicos. La composición de la primera es, sin entrar en mayores disquisiciones, no es, contra lo que pudiera parecer, inhabitual, según estudios realizados por sociólogos. Respecto a las Familias reales, su característica diferenciadora consiste en tener sangre azul, lo que, según hemos leído, solo tienen algunos miembros de la Familia real española.

Por cierto, y escribiendo sobre Familias: S.M. El Rey, en su habitual discurso de la noche de Navidad, ha introducido una variante. Ha precisado con ella, utilizando el lenguaje peculiarmente ambiguo de la institución, una precisión respecto al alcance de su propia familia que, a expensas de lo que decidan los jueces, se ha visto, lamentablemente, aunque esperamos que sea por poco tiempo, reducida.  

Sobre lo mucho que necesitamos la poesía

Sobre lo mucho que necesitamos la poesía

Aunque muchos lo ignoren, o hagan por ignorarlo, los seres humanos necesitamos de la poesía. Más que la forma de expresión acorde con uno de los géneros literarios, la poesía es una manera de sobrevivir.

A lo largo de la Historia, la Humanidad fue acumulando, consolidándolos como mensaje cultural que se ha ido transmitiendo y perfeccionando de generación en generación, magníficos ejemplos de poesía. Aunque están, en cada pueblo, bien aferrados a su naturaleza, su incorporación como gen específico a nuestro ADN no ha tenido éxito hasta ahora, a pesar de su incuestionable éxito como garantía de supervivencia ética, como modelo de comportamiento moral que justificaría nuestra existencia animal.

Esos mensajes culturales tienen que ver, como el lector habrá adivinado, con la búsqueda de una explicación para los fenómenos más impactactes de la Naturaleza. El perfeccionamiento de los métodos de observación y la elucubración acerca de las justificaciones de todavía imposible comprobación, -pero demasiado importantes para mantenerlas irresolutas- nos ha llenado de mensajes poéticos la existencia.

Aficionados a la poesía, científicos muy sabios en la selección de historias creíbles, han imaginado hace algunas décadas que ha habido un comienzo de todo esto con una gran explosión en la que una condensación concreta de energía, descomunal para nuestras escalas de medida, consiguió traspasar la frontera que la iría convirtiendo en materia y conducirnos, en un despliegue lleno de discontinuidades, hasta el aquí y el ahora.

Mucho antes -pero, también, hace un instante minúsculo en el calendario cósmico- otros poetas habían elucubrado sobre las hierofanías, elaboradas formas mentales que pretenden vincular, mediante representantes venidos de quién sabe dónde y traídos aquí por los únicmos procedimientos que somos capaces de concebir, el mundo de las ideas con el de la carne.

En días como hoy (24 de diciembre), son muchos los "seres humanos vivos" que celebran una gran fiesta familiar, acompañada con manjares y licores, en la que recuerdan a sus muertos recientes, con la excusa de conmemorar el perfeccionamiento de una idea llena de lirismo -pero no exenta de pragmatismo-, por la que una facción rebelde de un pueblo oprimido decidió que había llegado la hora de apelar a las fuerzas cósmicas para reorganizarse, apelando al arma solidaria más seria que se conoce: tratar de ser buenos con los demás. No de aparentarlo: serlo.

Para los no creyentes, todo puede sonar a fantasía interesada, a cuento chino o, mejor dicho, a cuento judeooccidental. Pero no hay que engañarse: cada pueblo, cada civilización tiene la suya: es nuestro reflejo de un época en la que formábamos parte de la metafísica y a la que, ¿Dios mediante?, ¿inexorablemente?, volveremos.

Feliz Navidad, amigos.

Sobre sentimientos y talantes

Cuando murió a finales de diciembre de 2011 el presidente de Corea del Norte, Kim Jong II -unánimemente reconocido como sátrapa implacable más allá de sus fronteras-, tuvimos ocasión de asistir, entre estupefactos y divertidos, a las descomunales muestras de dolor por parte tanto de los miembros de su cómplice Gabinete, como de los fieros soldados de un Ejército que no duda en disparar contra cualquiera que se mueva, como de los más variados tipos de la calle, a los que parecía habérseles muerto, de golpe, toda la familia.

Aquellas lágrimas de cocodrilo, surgidas tanto de ojos amedrentados (los más) como de estómagos agradecidos se quedaron en nuestra memoria reciente, para contraste con las sonrisas de satisfacción que no podían disimular la mayoría de los nuevos ministros del primer gobierno de Mariano Rajoy que, desde el 22 de diciembre de 2011, han tomado posesión de sus puestos.

En el acto del traspaso (formal y simbólico) de las carteras, de exquisita factura, hubo también sonrisas -que calificaríamos, en este caso, de alivio- de los ministros salientes.

La situación, en realidad, no da para muchas alegrías. Ha habido cambio de partido en el Gobierno y, por ello, algunos se empeñan en suponer (derrotados en las urnas junto a tapados en los petit comités ) que habrá un giro sustancial en directrices claves de la política, resultado de ideologías y de otras formas de analizar la corrección de los problemas.

Dudamos que haya posibilidad de cambios bruscos, pero era imprescindible retirar de escena los rostros de aquellos a quienes se les atribuían -sin mucha razón, pero con contundencia exponencialmente creciente- las causas de la pérdida de solvencia internacional. Los márgenes para generar cambios de entidad en el sistema económico son escasos y no podrán plasmarse en el terreno de los recortes sociales sin arriesgar que la cuerda -ya muy tensa- se rompa por el lado más débil, lo que no es sinónimo de carente de fuerza, porque es enorme la capacidad de reacción de de una población descontenta.

Puesto que no hay que confiar en grandes ideas, ni en soluciones de chistera, pasado el instante de sonrisas, se impone el trabajo de motivar a todos -los que votaron y los que se opusieron, y, en especial, a los que manejan capacidad de decisión en inversiones y dineros-. Estamos mucho más solos que hace décadas, cuando nos encontramos con subvenciones de la Unión Europea y un período de ciclo alcista.

Oyendo las primeras declaraciones de los flamantes miembros del Ejecutivo, advertimos seriedad, ilusión y una lista de tareas concreta -aún elemental-, sin fantasías; podía haber sido consensuada con los salientes, porque no tiene color ideológico, sino carga de trabajo.

Estos nuevos rostros tienen otra labor, que no sería necesario explicitar: helar la sonrisa de los tiburones que, en quién sabe qué lugares, sin taquígrafos y con otras luces, mantienen la esperanza oscura de que el cambio de carteras vaya a favorecerles en sus negocios, agitando más el cardumen que formamos quienes no tenemos más opción que dejarnos guiar hacia donde podamos vivir en paz, ni más ni menos.

Suerte, ministros. Contamos con vosotros, contad con nosotros por la cuenta que nos tiene.