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Al Socaire de El blog de Angel Arias

Entre economistas y licenciados en derecho

Hace ya bastantes años, nos hicimos eco en otro lugar de una idea cuyo mensaje se nos antojó digno de análisis: para conocer la confianza en el futuro de una entidad basta conocer la formación profesional de sus responsables.

Y explicábamos: si se pone el énfasis en encontrar nuevas oportunidades y desarrollar nuevas líneas de actividad, porque la coyuntura es de bonanza, se habrá elegido a ingenieros; si la empresa va mal, tiene dificultades de control económico pero se cree que podrá salir adelante, estarán economistas al mando; y si el asunto va realmente catastrófico, encontrándose la entidad abocada al cierre y crecen las reclamaciones de proveedores y clientes, el objetivo principal será salvar los muebles y, por ello, lo más probable es que al volante se encuentre un licenciado en derecho.

No es, por supuesto, doctrina universal, pero algo nos sigue indicando que sigue sirviendo como regla del pulgar. Por eso, teniendo a la vista de los currícula de los trece ministros que el 21 de diciembre de 2011 fueron designados por Mariano Rajoy, y encontrando que, entre ellos, solo hay un ingeniero (industrial), al que se encomienda la cartera de Interior, es posible deducir el diagnóstico que el presidente de Gobierno hace de la situación del país: el momento no está para nuevas ideas, y aunque habrá que cuidar la caja de los dineros, es más importante defenderse que atacar, porque la res publica huele a chamusquina.

Contamos, en efecto, a siete ministros licenciados en derecho (titulación que es también la del propio Presidente) y a tres economistas (aunque hay dos ministros que tienen la doble licenciatura en derecho y economía, lo que eleva a cinco el número de diplomas de los que han elegido formarse en el control de las monedas).

No parece, sin embargo, que, al margen de la titulación en derecho o en economía, los diplomas de otras disciplinas hayan influído para encomendar la responsabilidad de los Ministerios, puesto que no se enseña mucha metodología de seguridad del Estado en ingeniería industrial -que sepamos- ni los licenciados en cirugía podrán acreditar saber de infraestructuras civiles (aunque hay que saber algo de teoría de fluidos para acertar por dónde cortar sin arriesgar vaciar los depósitos del paciente, y no dudar al hacer un buen by-pass o realizar oportunos drenajes a los humores corporales).

Hay que desear, por la cuenta que nos tiene, suerte a los nuevos trece ministros y a su seleccionador y capitán. Son todos gente conocida en la política, o sea que su talante no proporcionará sorpresas a los que vigilan las formas: de actitud dialogante en apariencia pero acostumbrados, por contra, a hacer lo que les parezca bien, o sea, les pete a ellos o a quienes convenga. Sonrisas para la calle y concentración para hacer lo que sea necesario en los despachos.

De momento, la consecuencia más sonora del nombramiento ministerial es que, al asignar a Alberto Ruiz Gallardón una cartera (pedimos disculpas por haber forzado con nuestro comentario de ayer el que, a última hora, se haya incorporado a Pedro Morenés al Ministerio de Defensa, desplazando de esta posición al alcalde de Madrid), Ana Botella, vicealcaldesa en la capital y política perteneciente a la saga de los Aznar, ascienda a regidora.

Rajoy ha apostado, con este Gabinete, por -aún con mayor énfasis que el de controlar los dineros y ajustar las finanzas con ajustes por lo fino- tener preparada la parafernalia legal que aplique los parches jurídicos al barco agujereado del Estado de bienestar. 

Se infiere que, como sucedió con los gobiernos de Zapatero y viene siendo la tónica de los ejecutivos de la democracia en España, los que mandan en las cosas del Estado están convencidos de que, o no es momento para ingenieros o estos no sirven para que se les confíe el mando principal de un Ministerio, condenándolos a ser fontaneros de segunda.

Es el vacío más notable que encontramos en esta selección de incondicionales, todos productos intelectuales de la derecha moderada, con la que Mariano Rajoy que, no hay que dudarlo un instante, desea hacer las cosas bien/muy bien, comienza su legislatura. 

Suerte, pues. Y a esperar, nuevamente, que nos llegue la hora de pensar en construir con nuevas ideas el futuro.

De ahora en adelante: arranca despacio, no cambies bruscamente de marcha y arrímate a la derecha

El titular del Comentario no corresponde a ese último consejo, al bajarse del coche y dejarlos solos al volante, que los monitores de las academias de conducir, darían a los novatos que acaban de sacar el carné.

Tampoco nos consta, aunque podría encajar bastante bien, que ese texto provenga de un mensaje transmitido -tal vez por sms- por un simpatizante del Partido Popular a Mariano Rajoy, investido desde el 21 de diciembre de 2011 como sexto Presidente de Gobierno de la democracia española. A falta de ulteriores concreciones, podría servir, sino como programa de Gobierno, sí como modo del mismo.

Poco se sabe de las intenciones concretas del nuevo conductor de la Administración central del Estado que, por experiencia, carácter y sentido de la oportunidad, parece más orientado hacia la flexibilidad que a la rigidez del modelo de gestión. Sea como sea, la publicación en las fechas finales de 2011 de los nombramientos de los nuevos ministros españoles habrá de empañar la relevancia del tradicional discurso de Navidad del Rey, este año forzado a precisar, sin llegar al detalle de publicar los gastos de peluquería de la Casa Real, algunos aspectos del comportamiento económico-financiero de alguno de sus miembros, presuntamente muy activo en la zona trapacera del mundo de los negocios.

En cuanto a los ministrables, ha habido una únicamente una filtración previa respecto a la composición del nuevo Gabinente. Se trata del nombramiento de Alberto Ruiz Gallardón, alcalde de Madrid, como Ministro de Defensa.

Los lectores de El Mundo -y, por contagio informativo, el resto del periodismo de investigación- pueden creer que esta revelación proviene de un sms interceptado en el móvil del animusdisminuído lider de la oposición, Alfredo Rubalcaba, por el que éste comunicaba no se sabe a quién el chivatazo de una infiltrada en el Ayuntamiento, su confidente.

No hay tal novedad. Todo el mundo (con minúsculas) aficionado a la especulación ya había atribuído a Gallardón esa cartera, como consecuencia de tenerle asignado un puesto fijo en el Gobierno, en reconocimiento a su talla política y capacidad de endeudamiento en la alcaldía de Madrid y el peligro que supone para sus compañeros de gabinete la personalidad avasalladora del curtido y avezado simpatizante de la tendencia más rojiza del Partido.

La cartera de Defensa es la de un ministerio importante, pero marginal, con un presupuesto claro, aunque reducido, dotada de personal funcionarial disciplinado y sufrido (¡por ahí podíamos volver a pasar!), y que permite ostentar una capacidad de representación notable, pero inocua, en la que se incluirán viajes al extranjero para asistir a más bien inoperantes organizaciones. Un sitio cómodo para no molestar, mucho, vamos.

Ante el cúmulo de noticias que se avecinan en este final de año 2011, puede creerse que, con sentido de la oportunidad, y conscientes de la importancia de mantener un alto nivel mediático, el piloto Fernando Alonso y Raquel del Rosario han anunciado que se separan oficialmente. Quedaría con ello resuelta la curiosidad general acerca del tiempo del que podrían disponer para estar juntos, dada la frenética actividad de ambos.

Tampoco nos dejaremos engañar. Lo que pasa es que, necesitado Rajoy de temple de acero para conducir el bólido del Estado español -en el que hemos sido varias veces doblados por Alemania y Francia, estamos pasados de revoluciones, nos han penalizado por conducir como locos por la izquierda sin gasolina en el depósito, hemos chocado contra Portugal, Grecia e Italia que iban a entrar en boxes-, Fernando ha sido tentado por los fontaneros de Rajoy para ser asesor de ritmos, y necesita, claro, mucho tiempo para estudiarse con calma el complicado circuito.

Sin mucha chicha

Sin mucha chicha

Las medidas que formarán el núcleo del programa factual del ya inminente presidente del Gobierno de España, Mariano Rajoy, (que los días 19 y 20 de diciembre de 2011 defendió su investidura), están siendo probadas en el banco de pruebas de Castilla la Mancha y, como el rodaje aún no ha terminado, no han podido ser expuestas en el hemiciclo más que con genéricas pinceladas abstractas.

Esta circunstancia, y no otra, es la que debe ser causante de que el discurso de Rajoy no haya tenido mucha chicha, expresión coloquial que, como se sabe, equivale a adolecer de enjundia, esto es, no haber aportado al plato, más que hebras escasas de carne comestible.

Durante décadas, el banco de pruebas por excelencia de las medidas que se deseaba posteriormente implantar en España, fue Asturias. Esa elección inteligente e interesada fue apoyada tanto por gobiernos de la izquierda moderada como de la derecha pragmática (estos adjetivos no pretenden calificar a los Ejecutivos habidos en la democracia, sino a todos los que en la Historia moderna han sido) .

Si las medidas pergeñadas resistían esa prueba especial del algodón, -formada por manifestaciones sindicales, barricadas, petardazos, disputas a sangre y fuego en el parlamentín regional y diatribas plagadas de mala saña en los innumerables periódicos regionales, cuando no denuncias en los Tribunales o bofetadas en la calle-, pasaban ya, con todos los honores, a ser publicadas como decreto ley o disposición complementaria en el BOE, con la seguridad de que el país soportaría los recortes y/o aplaudiría -caso reconocidamente mucho más improbable- las decisiones del Gobierno.

Falto de ese campo de experimentación, el candidato del partido ganador en las elecciones de noviembre de 2011, al que se le encomendará la dirección del gobierno para enderezar un país que se nos llenó de más agujeros que un gruyére, tiene que acudir hoy por hoy a la factoría de Castilla la Mancha para probar las puntadas que pretende dar al descosido.

Castilla la Mancha es región singular, sin duda, pero habría que advertir a los del gabinete de investigación sociológico del PP que no les vale como bancada de pruebas, pues no es reflejo, ni trasunto, ni siquiera por aproximación, de la capacidad de réplica, barullo y mordiente que tiene el país, cuando las cosas se les tuercen a los que más poder de convocatoria concentran en sus filas.

A Castilla la Mancha la están aún peinando con los lazos y colores del gobierno de María Dolores de Cospedal. Queda escrito: el problema no es esperar a ver qué pasa allí, sino darse cuenta rápido de que la selección de la muestra no es la idónea. La culpa la ha tenido, en parte, Cascos y su Foro, que ha conseguido romper la posibilidad de un cambio de ciclo socialista en Asturias para entregar los trozos de la oportunidad al foso de los cocodrilos.

Rajoy no tiene porqué esperar a que le den los resultados de la investigación. Si su equipo tiene ideas qe cree que son válidas para salir del pozo, que las ponga sobre el mantel, ya. Y que deje a Cospedal y a los castellano-manchegos hacer de su capa el sayo que allí convenga.

Por detrás del B20

Entre las varias organizaciones cuyos más bien etéreos objetivos fundacionales pudieran hacer creer a los extraños que solo sirven para que sus miembros puedan saludarse cuando vuelvan a coincidir en los aeropuertos, se encuentra, en lugar destacado, el Business 20 o B-20.

En noviembre de 2011 tuvo lugar en la ciudad francesa de Cannes -más vinculada, por ejemplo, al teatro de vanidades mundanas que a la responsabilidad social corporativa- una reunión de los pertenecientes a ese club, coincidiendo con la de otro aún más prestigioso, pero no menos inútil, llamado el G-20.

El propósito principal confesado del B-20 (el del G-20 nos es prácticamente desconocido) es "expresar los puntos de vista comunes de la comunes de la comunidad internacional", entre los que se incluye, cómo no, "elaborar recomendaciones y alcanzar compromisos consistentes para hacer frente a los retos actuales”.

El B-20 ha seleccionado como motivos de especial preocupación, doce temas, en relación con los cuales ha organizado otros tantos grupos de trabajo, para integrar poco más de un centenar de ejecutivos de compañías multinacionales (ahora autoconsideradas como "globales"). Estos doce temas, de máximo interés para la salvación de los cuerpos, son: política económica, regulación financiera, sistema monetario internacional, commodities y materias primas, desarrollo y alimentación, empleo y dimensión social, anticorrupción, comercio e inversión, innovación, gobernanza global, energía, y desarrollo sostenible.

Los representantes de las empresas españolas tienen en este foro un papel relevante. El presidente de la CEOE, Joan Rosell, presidirá la mesa de empleo, por lo que podrá recoger interesantes iniciativas que podrá proponer en las negociaciones con sindicatos y fuerzas políticas, incluso mejorando la opción de los mini-jobs. El actual presidente de Telefónica, César Alierta, presidirá la mesa de gobierno corporativo, desde la que podrá exponer, sin duda, los avances de la multinacional en la gestión de los call-centers para atender reclamaciones de usuarios como fórmula segura de perder clientes en el mercado que es sede principal de la compañía.

Otros representantes españoles en las mesas de trabajo son Antonio Brufau, especialista en desarrollo sostenible, Alfredo Sáenz, miembro estable en el consejo de Banco de Santander, que ilustrará sobre la regulación financiera en situaciones de conflicto de intereses, Francisco González que, en tanto que presidente del BBVA, y uno de los valedores del futuro presidente de España, participará en los debates sobre política económica, defendiendo -es una hipótesis- la necesidad de una vocación industrial para las entidades financieras.

Es de lamentar que se hayan caído del panel de expertos, en el sector de infraestructuras, tanto el presidente de Acciona, Manuel Entrecanales, como el de Ferrovial, Rafael del Pino, que participaron en la reunión anterior, en Seúl, en el marco de la defensa de la importancia de la inversión pública en infraestructuras -fundamentalmente vivienda, autovías, trenes de alta velocidad para viajeros y desaladoras- para consolidar la competitivad, base de la economía. 

Sobre el significado de felicitar la Navidad

Sobre el significado de felicitar la Navidad

Entre las costumbres y usos de buena educación que se han perdido -aunque de ésta, en concreto, quedan aún algunos restos dispersos- se debe señalar la de felicitar con una tarjeta física, bien las Navidades y el Año próximo, bien ambos eventos, bien todo el año venidero.

Desde el advenimiento de la telemática y las redes sociales encajadas en ellas, se ha ido sustituyendo lo real por lo virtual. Con un doble efecto positivo, desde luego: ahorro de materiales y, por tanto, de CO2 equivalente y con aumento de la creatividad global, aunque sea limitada al trabajo elemental de sustituir la cabeza de Papá Noel en un dibujo pixelado por nuestra fotografía escaneada.

Lo hace todo el mundo. Porque hoy, quien más quien menos, no hay humano que no disponga de una dirección propia de correo electrónico (aunque viva con su padre o habite piso realquilado), y sea usuario de alguna porción de la inmensa variedad de herramientas que internet y la informática aplicada ponen a disposición del más lerdo en nuevas tecnologías.

Pocos se sustraen, por ello, a la atracción gratuita de la posible difusión global que supone generar en un par de minutos un tarjetón digital personalizado y lanzarlo, con un clic digital (este, físico), a centenares o miles de personas.

El uso masivo de las fuerzas telemáticas tiene por consecuencia que, en estas fechas, -se quiera o no, se ponga uno como se ponga-, se recibirán muchos -muchísimos más- deseos de felicidad de los que sería el caso si el envío se hubiera efectuado utilizando los servicios de Correos; el impulso de comunicar a algunos de los que nos rodean que los queremos hasta el punto de implorar a las fuerzas cósmicas que les traten bien durante el próximo año, nada costará al remitente... y puede servir para algo.

Toda nuestra cartera de contactos y relaciones se verá, por ello, potencialmente afectada por ser subsumida en una marea irrefrenable que, impulsada desde varios ordenadores, se empeñará en expresarnos que seamos felices, que no se nos desea ningún mal, que se quiere que lo pasemos bien con los nuestros, que no se oponen a, sino que promueven, que tengamos un happy year, ... aunque, a pesar de las promesas, ninguno dejará testimonio fehaciente -¿un jamoncito, un turrón de guirlache, una cartera de piel de vacuno...un traje a medida... un empleo?- de que se comprometen a mover algún otro dedo (además del ya han movido) para que lo seamos por su culpa.

Y, obligados a la reciprocidad, inermes ante el avasallaje, los convertiremos a todos ellos en objetivo de vuelta, indiscriminadamente, al buen tuntún, tanto a amigos de verdad como a perfectos desconocidos, lanzando cientos, miles, de comunicaciones de felicidad, a tropeles de gentes y entidades que, sencillamente, jamás hubiéramos pensado tener ni en nuestro corazón ni en nuestras listas, ni, seguramente, sabemos bien quiénes son, ni porqué o cuando hemos hecho algo para que no nos odien o nos ignoren, arriesgándonos a desearles lo mismo, a los mismos, incluso con las mismas tarjetas pixeladas, varias veces.

Así están las cosas. En estos días, la escena se repetirá, una y otra vez. Abriremos el correo electrónico y nos encontraremos con decenas de mensajes nuevos en los que se nos darán consejos sobre cómo ser felices, frases pretendidamente ingeniosas que expresarán, incluso en varios idiomas -¿chino, coreano, suahili, árabe clásico, latín?-, que tenemos la obligación de ser felices con los que queremos, apoyando esa obviedad incluso entre admiraciones.

Si nos preocupara saber, quizá para corresponder a la batería de homónimas voluntades con deseos más concretos, quiénes y porqué están detrás del esfuerzo de pulsar la tecla para enviar esas banales intenciones, utilizando nuestra dirección electrónica embutida entre otros cientos, tendríamos que arriesgarnos a especular sobre sus intenciones subyacentes.

No es tan difícil, ya embarcados en la aventura, hacer abstracción de la forma e imaginarse, tirando al fondo, porqué se nos quiere tanto de repente.

Allí, entre los deseos subliminales puestos a la luz, encontraremos a una mayoría formada por representantes de compañías con las que hace años hemos tenido alguna relación, empresas que venden adminículos variados -viajes a Burkina-Fasso, útiles de restauración, apósitos clínicos, ...- que jamás hemos pedido ni pediremos, pero que alguien más bien perverso ha convencido a un ingenuo a punto de suspensión de pagos de que podemos ser potenciales consumidores de sus productos.

También estarán, surgidos del túnel del tiempo, con polvo tal vez de decenas de años, la práctica totalidad de los viejos amigos (que creíamos muertos), colegas (con los que no nos hablábamos), conocidos (de los que no recordábamos el nombre), participantes en torneos y ménsulas de opinión (cuando niños y/o cuando ilusionados), algunos más pasados de fecha de caducidad que la lata de anchoas que se quedó olvidada en un cajón de la despensa. ¿Qué quieren? Que no los olvidemos, que los coloquemos otra vez en la mesita de los cariñitos, porque... nunca se sabe.

Todo ese movimiento con frecuencia anual e intensidad creciente, nos obligará a adentrarnos en el juego y, para no arriesgarnos a que, por haber omitido una felicitación bien intencionada, se nos señale en el mundo real como un zafio, tendremos que entrecruzar, con el mejor esmero, las máximas intenciones de felicidad en estos días. 

Lamentablemente, esta frenética actividad de confirmación urbi et orbe de que no estamos dispuestos a acuchillarnos unos a otros sino que nos deseamos que el próximo año sea más feliz que el que termina y que se pase el momento muy requetebién con nuestra familia ("los tuyos"), no ha tenido, que se conozca, hasta ahora, efecto alguno sobre la realidad de las cosas.  Seguimos siendo, igual de feos, pobres, solitarios o guapos, ricos, animosos.

Así será, al menos, hasta la próxima oleada de fiebre contagiosa en la que las oscuras aves migratorias de las navidades volverán, en nuestro mundo regido a impulsos de la Cocacola y del cristianismo nominal, a nuestros escritorios, para dejarnos cientos de granos cargados de deseos virtuales, sin conseguir persuadirnos, desde luego, de que deberíamos ser obsequiados de rositas con una felicidad que la hosca realidad nos recuerda, tercamente, que será inalcanzable si no nos empeñamos de hoz y coz en trabajar duro por ella.

(P.S. "¿Por qué no me habrá felicitado estas Navidades Fulanito? ¿Estará enfadado? ¿Debo felicitarle yo primero? ¿Lo interpretará como que deseo pedirle algún favor? ¿Tendré bien su dirección? ¿Creerá que le quiero hacer la pelotilla? ¡Ay, ojalá me felicite antes de que pase el mes de enero...aunque...no sé...!"

Sobre desarrollo, ejército y ambiente en la Unión Europea

Que la Unión Europea está viviendo horas bajas, lo saben hasta los niños de parbulario. La secesión económica del Reino Unido es solo un síntoma más, que quizá duela más intensamente porque afecta al hueco de los sentimientos en donde se guardan los dineros.

No es cuestión de poner nuevamente de manifiesto las carencias del modelo. Las divergencias entre la Comisión Europea y el Parlamento son demasiadas y demasiado evidentes. Porque si, impulsados por una voluntad de independencia y una autosensación de poder definir directrices para un modelo común, los funcionarios de la Unión trabajan en conseguir imponer normativas cuyo cumplimiento posteriormente se revela difícil y dispar, los representantes políticos en el Parlamento defienden intereses de partido, Estado o incluso región, especialmente cuando se ven bajo los focos de las televisiones.

Hemos puesto en el título del Comentario tres elementos que, aunque sin correlación a primera vista, han estado siempre entrelazados. No como cosa de ahora, sino desde que el mundo es mundo.

Un Estado fuerte se ha vinculado siempre a un ejército poderoso; es cierto que, desde hace un par de décadas, los países más desarrollados no se dedican a guerrear entre sí, prefiriendo ordenar las controversias que provocan, de diversas formas, en los países más pobres, pero el impulso a la industria de armamento -ahora llamada, eufemísticamente, de defensa- sigue siendo considerado como uno de los ejes de su desarrollo; basta analizar el porcentaje del PIB que se dedica a este capítulo de gastos directamente (ya no digamos, indirectamente).

Si fuera necesario encontrar argumentos de autoridad para justificar el empleo de recursos en esta industria, que tanto ha contribuído -y esto cuenta, desde luego, en su haber- al avance en la medicina, las comunicaciones, la recuperación de espacios degradados, las técnicas de fabricación de materiales con altas características, etc., podríamos recurrir incluso a Albert Einstein: "El mundo es un lugar peligroso, no por los que hacen el mal, sino por los que no hacen nada por evitarlo".

Sin ejército propio ni estrategia conjunta de defensa, la Unión Europea no puede basar su credibilidad exterior -esto es, su capacidad de presionar para que se realicen sus propósitos- más que en declaraciones de buena voluntad o movimientos unilaterales de ejemplaridad, que confía seguirán los demás, por imitación.

Gracias a esa política de gestos, la distancia respecto a Estados Unidos, China o Japón -por designar a quienes están dominando los mercados o la tecnología- es cada vez mayor: las buenas intenciones no cotizan en las Bolsas de intereses mundiales.

Dando un giro solo aparente a los razonamientos, la Unión ha creído ver en su defensa del ambiente, al amparo de ciertos estudios realizados por varios científicos, una oportunidad económica para ampliar su mercado. En España, se sigue difundiendo en algunos foros que "el ambiente" crea empleo (ocultando que, en balance neto, lo destruye).

Alemania y Francia -sobre todo- se han aprovechado, impulsados por la necesidad de dar salida a sus excedentes, de una estrategia definida con hilos muy precarios, por la que se defiende que la inversión en control ambiental es necesaria, y, gracias a ello, han aumentado su penetración tecnológica en los países en desarrollo (y la dependencia de éstos).

Los demás países europeos -y en especial, los del sur de Europa- se han empobrecido o se han empeñado en costosas inversiones que no pueden rentabilizar al completo, porque la "recuperación y la defensa del ambiente" es siempre costosa y, por tanto, es ocupación para momentos en que las economías estén boyantes, no para épocas de crisis.

En fin: sin política de defensa, con recursos dedicados a la protección de un ambiente que ya no produce rentabilidad sino que la consume y faltos de una estrategia común de desarrollo, los países de la segunda o tercera velocidad dentro de la Unión Europea solo pueden desear que pase el huracán sin que se lleve por delante las estructuras.

De momento, representantes de países que antes se ponían de rodillas ante las exigencias de la Unión Europea, ahora le sacan tranquilamente la lengua. Marruecos, Mauritania, Turquía, han protagonizado algunos ejemplos recientes.

Sobre modos, formas y maneras

Si nos proponemos analizar la pasión iconoclasta que se ha instalado en la sociedad, tratando de encontrar sus aspectos positivos y negativos, no nos faltará material para despiezarlo sobre la mesa.

Se oye decir, con frecuencia, que "se han perdido las maneras". Un juicio de este estilo suele provenir de personas mayores y, como nota de importancia para la valoración, con independencia de su procedencia social o nivel educativo.  

Las ocasiones que sirven para detectar esa pérdida de atención en los comportamientos son varias: jóvenes que no se levantan para ceder su asiento ni a embarazadas, lisiados o ancianos; estudiantes que, no solo tutean al pulcro académico, sino que suelen acudir a las clases en chanclas, minifalda o pantalón deportivo; funcionarios públicos que simulan estar enfrascados en funciones metafísicas; dependientes de grandes almacenes que parecen optar aleatoriamente entre estar dispuestos a entablar discusión con el cliente o tratarlo como si fuera el vecino del sótano...

El 15 de diciembre de 2012, hemos tenido ocasión de contemplar una peculiar manifestación de maneras, expresadas por S.M. El Rey y los representantes de los partidos que han alcanzado representación parlamentaria en las últimas elecciones en España, a los que, por imperativo del art. 99 de la Constitución Española, el monarca debe consultar antes de proponer, a través del presidente del Conngreso, un candidato a Presidente de Gobierno.

Esa ronda de consultas es parte del fundamentalmente etéreo ropaje formal con el que la Constitución ha pretendido adornar las mínimas funciones adjudicadas a quien detenta la Corona española, caracterizada nominalmente como Jefe del Estado. Pero no es esa la cuestión: está claro que en unas votaciones en las que un partido ha alcanzado la mayoría suficiente para gobernar en solitario, y que su cabeza de lista ya viene siendo designado como "Presidente electo" o "futuro Presidente de Gobierno", poca entidad han de tener esas consultas.

Por eso, asombra oir las declaraciones de los distintos representantes, una vez realizada la Audiencia, acerca de supuestas opiniones reales, su estado de ánimo o hipotéticas indicaciones acerca de cómo debería desarrollarse la legislatura o si el Monarca es partidario o no de que ciertos partidos formen grupo parlamentario.

Nos quedamos, exclusivamente, con las formas. En contraste con la cordialidad evidenciada en las demás reuniones, y particularmente, con el respeto manifestado ante El Rey por el futuro presidente, Mariano Rajoy -que realizó la protocolaria inclinación de cabeza y esperó a que S.M. tomara asiento antes de hacerlo él- un representante de un grupo minoritario, favorecido por la injusta Ley d´Hont, puso en evidencia sus malas maneras, pretendiendo convertirlas en un mensaje.

La postura de Xabier Errekondo, hoy portavoz de Amaiur y anteriormente defensor de los colores nacionales en el equipo nacional de baloncesto, avanzando con la mano izquierda en el bolsillo, que solo sacó para dar una palmada a D. Juan Carlos y sus declaraciones posteriores, demostrando su capacidad inventiva y su voluntad de transformar en publicidad para su agrupación las ocasiones que le brinde la Constitución, no pueden hacernos olvidar a quienes lo contemplamos que, si él representa a 333.628 votos, concentrados en un área específica del territorio nacional, enfrente, en esta ocasión, tenía al representante constitucional de 46 millones de españoles.

(P.S. Este Comentario incorpora, sin perjuicio de lo expresado, lo que es un error de la Mesa del Congreso, en nuestra opinión, al no acceder a que los diputados de Amaiur formen grupo parlamentario propio. Error que suponemos se corregirá cuando el Tribunal Constitucional analice la reclamación presentada por esta agrupación.

No nos convencen los argumentos de la falta de unas décimas para alcanzar la representación del 15% de los votos emitidos en Navarra ni resulta coherente el que se permita a UPyD tener ese grupo con la ficción de incorporación transitoria del parlamentario del Foro por Asturias, cuando no ha llegado al 5% de votos emitidos en el conjunto de las jurisdicciones españolas.

El problema está en la Ley d´Hont para el reparto de escaños y esa es la disposición a modificar, por injusta. Mientras se mantenga, o se actúa con rigidez aplicando el Reglamento o, si se elige practicar una cierta tolerancia, que no provoque más discriminaciones o hipotéticos agravios políticos. Haya paz parlamentaria.

 

 

Sobre los mini-jobs

Siendo el paro el problema social más importante por el que atraviesa la sociedad española (1), es lógico que cualquier sugerencia que sea presentada como fórmula de creación de empleo suscite interés y -puesto que nos encontramos en uno de los países que aspiran a la categoría de ser el máximo polemista mundial- levante encendidas divergencias.

La propuesta de incorporar un tipo de contratación a tiempo parcial, en el que la remuneración máxima regular del trabajador sea de 400 euros mensuales -por un máximo de 15 horas semanales-, con ciertas exenciones fiscales para su empleador, ha provocado la expresión de opiniones contrarias entre el presidente de la CEOE, Juan Rosel, y el secretario de la UGT, Cándido Méndez.

En realidad la propuesta no es sino una más dentro de la amplia panoplia de posibilidades de legalizar o autorizar tipos de contratación que no están permitidos por la legislación anterior. Tampoco es una propuesa original o novedosa, pues en Alemania se viene utilizando desde hace varios años (a raiz de la integración de las dos Alemanias, cuyos niveles socioeconómicos eran tremendamente dispares).

La contratación temporal tipo "mini-job" (desgraciada denominación) tiene algunas ventajas: a) no se pagan impuestos ni contribuciones sociales, b) proporciona la oportunidad de adquirir conocimientos y experiencia al trabajador, c) permite que el empleador conozca las capacidades del empleado d) sirve de referencia para el currículum del trabajador, suponiéndole contactos, mejora de cualificación y -en caso de quienes no tenían experiencia laboral previa- les introduce en la visión del mundo del trabajo y de la empresa.

Estos elementos se reúnen en la idea de que un "mini-trabajo" sirve de primer paso importante para conseguir una relación laboral normal. En Alemania, las empresas que desean ofrecer este tipo de empleo lo comunican a las Agencias de Empleo o Bolsas de trabajo específicas (que le darán una difusión local o las publicitarán en internet). Las Agencias son competentes para determinar la parte del subsidio por desempleo que queda compensado, según las características, por el mini-trabajo.

El ahorro por parte del empleador de los impuestos y cuotas correspondientes a la seguridad social es, como se ha hecho notar, no solo una ventaja para él, sino también una desventaja para el trabajador, pues implica que éste no está cubierto por el seguro. Además, para muchos empresarios/empleadores es más rentable contratar a varios trabajadores con este tipo de contrato que a uno solo (o más) con un contrato "normal".

Los colectivos para los que un mini-trabajo puede resultar interesante están bien detectados en Alemania. Son estudiantes, desempleados, jubilados, y aquellos que quieren trabajar más tiempo, teniendo ya un contrato a jornada completa. 

Pero el asunto más relevante, en  nuestra opinión, afecta a la naturaleza estructural de este tipo de contratos y sus posibilidades de transformación en un contrato normal. Podemos valorar que, en concretos supuestos -reales- sea ventajoso para empresario y trabajador. Sin embargo, la clave para que estas contrataciones sirvan como solución consistente es el análisis de las posibilidades de que, en plazos determinados, se conviertan en trabajos estables y completos.

Para ello, la empresa tiene que haber mejorado su oferta y su rentabildad, al incoporar al mini-trabajador. Y esto exige controles estrictos para evitar que la cuestión se convierta en un fraude, en una engañifla para el sistema, y en la formula para que los empleadores obtengan trabajadores a coste menor.

Nos parece que, sin rechazar de plano esta modalidad (estableciendo sus límites concisos, tanto en cuanto al tipo de empresas, al colectivo al que va dirigida y la duración temporal de la misma), los esfuerzos del Gobierno- legislador, los empresarios y los sindicatos deben concentrarse en activar la economía, apoyando sectores emergentes, modalidades tecnológicas con proyección, propiciando la colaboración entre empresas complementarias, y dotando de un impulso mayor a la exportación de productos elaborados.

Todo ello implica exenciones fiscales, reducciones de impuestos a la reinversión y subvenciones específicas (no necesariamente a fondo perdido). Claro que esto implicaría, en lugar de estar pensando en "mini-jobs" el trabajar en la búsqueda de "super-jobs": esas figuras que tienen salarios que a los demás se nos antojan estrambóticos, como ejecutivos/ejecutantes de las grandes empresas (y no tan grandes), deberían exprirmirse las meninges, y repartir de lo suyo.

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(1) Se ha hecho costumbre decir "crisis que atraviesa la sociedad", pero nos parece más correcto expresar "crisis por las que atraviesa la sociedad". ¿No les parece?

¿Hacia dónde han ido los optimistas?

Cierto que ni la situación propia ni las noticias que vienen de fuera animan a tocar tambor ni castañuelas, pero es necesario preguntarse dónde se han refugiado los optimistas que, si la sabiduría sicológica los ha conseguido definir correctamente, serían aquellos que enfocan los problemas de la vida con resolución, conscientes de que aplicando ilusión, conocimiento y esfuerzo, se conseguirá resolverlos o, en todo caso, disminuir a lo soportable sus efectos negativos.

Hemos estado confundiendo a los optimistas con aquellos que negaban la existencia del problema o que disminuían su importancia, apuntando hacia otros lados. Confundidos por esas señales, hemos consumido por más valor de lo que ganábamos -e incluso de lo que necesitábamos, dilapidando recursos- y hemos descuidado la preparación de las reservas en nuestra bodega para los años peores.

Es casi seguro que, entretenidos los de más abajo de esa cadena alimentaria de despropósitos, en satisfacer su voracidad -con las sobras-, se haya dejado el campo abierto a quienes, con mayor conocimiento y medios de las oportunidades verdaderas, han mejorado sus posiciones, acumulado beneficios que han situado en lugares seguros y, en fin, generado o potenciado un marco de corrupción, de mentiras, de falsos negocios, de informaciones trucadas.

No es a los falsos optimistas -en realidad, propiamente, falsarios- a los que dedicamos esta reflexión. Queremos apelar a aquellos que, desde el realismo -la forma útil del optimismo constructivo- serían capaces de entender la situación (ésta, no otra; no necesitamos análisis académicos de rutina), encontrar sus puntos fuertes (y débiles) y estimular con sus ideas la capacidad de ponernos a todos los demás a trabajar, y sacarnos adelante, llevándonos a un lugar menos embarrado.

La situación de partida no es totalmente negativa, por supuesto. Tiene muchos elementos de anclaje, sólidos, que han de servirnos para actuar de fulcro o punto de apoyo con el que catapultarnos a lugares más ventajosos.

Tenemos una estructura productiva cuya rentabilidad es imprescindible mantener: inversiones en equipos, maquinaria, tecnología, que ni son obsoletas ni se encuentran amortizadas. Pero, y sobre todo, tenemos una formación, una capacidad, unas ganas de trabajar y ser útiles que hay que potenciar, canalizar y rentabilizar en beneficio de todos.

Hay algo en las formas de la política española actual -hoy es 14 de diciembre de 2011- que ha cambiado y para bien. Han amainado las críticas frontales y los portavoces de los diferentes partidos políticos apuntan más hacia la colaboración, cuando no al consenso. Es muy positivo, en este sentido, la constatación del carácter sereno, prudente, conciliador, de quien será próximo presidente de Gobierno, Mariano Rajoy; sus colabodores inmediatos han bajado también el nivel de tensión, y es de agradecer.

Pero no basta. Hay que llamar al escenario a los optimistas. A esas personas, en gran parte desconocidas en el panorama político, que no han tenido oportunidad de manifestarse hasta ahora, ni se les ha preguntado o escuchado su opinión, y que poseen el conocimiento para detectar soluciones.

Sí, esos optimistas a los que debemos rescatar, son los realistas; eran caracterizados como pesimistas cuando advertían de la necesidad de contener los despilfarros, priorizar las inversiones, concentrar esfuerzos en tecnologías de mayor valor añadido, evitar duplicidades y redundacias improductivas, reducir el número de funcionarios y revisar sus fórmulas de contratación, obligar a reinvertir parte de los beneficios empresariales, controlar las grandes fortunas, limitar los salarios desmesurados, perseguir el fraude, agilizar la justicia, apoyar la exportación de productos con mayor valor añadido, ...

Andan por ahí, pero son muy fáciles de detectar. No hay más que preguntar a sus compañeros de trabajo, analizar sus trayectorias profesionales, oir sin apasionamientos ni vicios a priori sus propuestas. Y ponernos a trabajar junto a ellos, apoyándolos. La política general lo agradecerá de inmediato.

Sobre la responsabilidad penal de las Fundaciones, los Colegios Profesionales y los Partidos políticos (y 2)

Lamentablemente, las noticias respecto a las presuntas actuaciones delictivas, que están siendo investigadas, de Ignacio Urdangarín, miembro de la Familia Real española por su matrimonio con la infanta Cristina, conceden un alto interés a las previsiones legales respecto a la imputación penal de las Fundaciones y de sus administradores.

En nuestro Comentario anterior, y con relación a la II Jornada de Excellent Talks, organizada por Promomadrid y la cátedra Madrid Excelente de la Univ. Carlos III, el 12 de diciembre de 2012, comentábamos algunos aspectos tratados en ella sobre la responsabilidad de los administradores y sus derivaciones en la posibilidad de que las propias entidades resultaran imputadas penales.

Ampliamos ahora, tanto con base en las intervenciones de los ponentes en la Jornada como utilizando nuestro propio entender jurídico, otros matices de la cuestión.

Los riesgos penales, con las disposiciones actuales del Código Penal, son muy altos. Como destacó Ramón Hermosilla, ponente en la Jornada, "hoy más que nunca, los administradores se mueven entre la responsabilidad y el riesgo". Esta responsabilidad es solidaria de todos los administradores y no solo para los de derecho: también los de hecho responden de los deberes y obligaciones que corresponda asumir, por ley, a la entidad.

Estos deberes se configuran en torno a la expresión "actuar como un ordenado empresario", con diligencia y lealtad, sin valerse de su cargo en beneficio propio. La responsabilidad, desde luego, no es objetiva -a diferencia de la responsabilidad por deudas, que es automática-, sino que hay que demostrar -en la fase de instrucción, con base en la aportación documental y testifical y el auxilio de la policía judicial y los medios de investigación aplicados-, que se generó el daño.

El magistrado Enrique López había dejado expuesto, en la ponencia inaugural -concebida a modo de conferencia magistral- que "el problema real que el legislador de los cambios en el Código Penal había tratado de corregir era la lucha contra la corrupción. Sin embargo, la respuesta a esta cuestión, no proviene del Código, sino del derecho procesal, y ahí ha fallado el legislador, porque el mayor problema de jueces y de la policía judicial es la investigación del delito", para lo que les faltan medios.

La protección ante el riesgo penal de los administradores y de la propia empresa, está, ante todo, en no delinquir directamente y no ser instigadores u ocultadores de delitos cometidos por terceros en beneficio propio o de la entidad. Sin embargo, la inseguridad jurídica aparece en cuanto a un segundo tipo de supuestos penales en los que se obliga a la entidad -y, por responsabilidad personal, a los administradores- a tomar medidas para evitar delitos de terceros que puedan redundar en beneficio injustificado de la empresa (entendida esta persona juridica en el sentido amplio de la Ley).

La defensa de los administradores en este caso, -aunque nunca supondrán la seguridad de exención absoluta, que corresponde al fundado criterio del juez penal-, es analizar los riesgos de que se puedan cometer esos delitos económicos, prever medidas de control conducentes a eliminarlos y, como medida de garantía aportable como eximente o atenuante penal, hacerlas auditar por terceros acreditados.

Por ejemplo, si un gerente de la Fundación realizara acciones delictivas, que redundaran, no ya en su beneficio, sino de la misma Fundación -falsificando facturas, por ejemplo- los Patronos (y, con especial imputabilidad, el presidente de la Fundación o su Tesorero), a nivel individual, no tendrían sencillo alegar ignorancia de estos manejos.

Pero, además, en cuanto a la necesidad de exculpar a la propia Fundación, que sería imputable por un grave delito que podría provocar su extinción judicial y la imposición de multas muy elevadas, deberían demostrar los administradores (es decir, los Patronos) que han procurado cubrir, con los controles y auditorías adecuados, la eventualidad de que ésto sucediera.

Aplicando estas reflexiones al caso que ocupa, en las fechas en que se escribe este Comentario, máxima atención mediática, entendemos que no es sencilla la exculpación total de Ignacio Urdangarín -de probarse la comisión del delito de falsificación de facturas por parte del gerente de la Fundación- y tampoco sería fácil limpiar de toda sospecha de culpabilidad por connivencia o por ignorancia culposa a quien fue Tesorera de la misma, la infanta Cristina.

Por respeto a la institución real no nos exponemos a sacar más consecuencias ni realizar otros comentarios respecto a unas actuaciones y comportamientos que, al menos de momento, no han sido probados.

No solo éso: deseamos fervientemente, por el bien de nuestra democracia, que adoptó constitucionalmente la forma de monarquía parlamentaria, no lo sean nunca, y quen perfectamente libres de toda sospecha los miembros de la Familia Real.

Lo cual nos lleva a lamentar, -por inconveniente, inoportuno y hasta encajable en la figura de calumnia con publicidad, art. 206 del CP, de probarse la inocencia (porque se le atribuye "dañar el prestigio de la Corona", delito castigado en el art. 491.2 del CP)-, como ya ha hecho más ponderadamente el 13 de diciembre de 2012, el letrado portavoz de Ignacio Urdangarín, las manifestaciones del Jefe de la Casa Real al respecto de un comportamiento solo intuído, y cuyo juicio jurídico, si llegara el caso, corresponde a los Tribunales.

Sobre la responsabilidad penal de las Fundaciones, los Colegios Profesionales y los Partidos políticos

En la Jornada dedicada a "Novedades jurídicas en la gestión de la empresa", que se celebró en la sede de PromoMadrid el 12 de diciembre de 2011, la última pregunta surgida durante el coloquio, emitida por quien se identificó como responsable de una Fundación, fue: "La responsabilidad penal por delitos económicos, y las obligaciones que se derivan de la obligación de prevenirla, ¿afectan a las Fundaciones?".

Gerardo Viada, socio de Dikei Abogados, que había sido uno de los ponentes en la "mesa redonda", leyó el párrafo 5 del art. 31 bis de la Ley Orgánica 5/2010, (que modificó algunos artículos del Código Penal de 1995), en el que se indica qué entidades son excluídas de las responsabilidades penales atribuíbles, a partir de la misma, a las personas jurídicas:

"Las disposiciones relativas a la responsabilidad penal de las personas jurídicas no serán aplicables al Estado, a las Administraciones Públicas territoriales e institucionales, a los Organismos Reguladores, las Agencias y Entidades Públicas Empresariales, a los partidos políticos y sindicatos, a las organizaciones internacionales de derecho público, ni a aquellas otras que ejerzan potestades públicas de soberanía, administrativas o cuando se trate de Sociedades mercantiles Estatales que ejecuten políticas públicas o presten servicios de interés económico general."

En consecuencia, al entender que la relación de la Ley es exhaustiva, y completa, la conclusión que extrajo Viada era que, no encontrándose expresamente excluídas, las Fundaciones deben cumplir con las responsabilidades y obligaciones derivadas de la Ley.

Ignacio Fernández, que también había intervenido como ponente desde la mesa, aclaró el punto definitivamente, al recordar que la Circular 1/2011, de la Fiscalía General del Estado -de obligada lectura, por cierto, para todos los abogados que se dediquen a temas mercantiles y de conocimiento aconsejable para gestores y directivos de empresa- interpreta, con criterios que tienen la importancia que ha de dársele al órgano que los publicita, el alcance de las exenciones, la interpretación de la proveniencia de su justificación legal y -de forma no menos interesante-realiza una crítica severa a varios aspectos de la Ley.

Las Fundaciones estarían, pues, en cuanto personas jurídicas no exentas expresamente de la responsabilidad penal por delitos económicos, plenamente incursas en los supuestos de delitos punibles, en tanto que los partidos políticos estarían completamente exentos, compartiendo posición -injustificable también- con empresas públicas y sindicatos-. Los colegios profesionales, dada su especial naturaleza, solo quedarían exentos cuando ejercieran las funciones públicas que les encomienda expresamente la Ley de Colegios (1), lo que conduciría a entrar en una casuística de no fácil interpretación, con riesgo grave de inseguridad jurídica.

No se trata de una cuestión baladí. En absoluto. Enrique López, magistrado de la Audiencia Naciona, en la ponencia que abrió la sesión técnica, y después de realizar una ilustrativa excursión por la evolución histórica seguida por el incremento de las responsabilidades legales vinculadas a las obligaciones mercantiles (desde el ámbito civil al penal, pasando por el administrativo), abordó, con excelente claridad expositiva, los dos tipos de responsabilidad penal que, según la modificación del Código Penal de 2010, afectan a las personas jurídicas españolas (2), en ese capítulo específico de los "delitos económicos".

1) cuando el delito cometido lo sea en provecho propio o el de sus responsables, bien sean los administradores de hecho o de derecho.

2) cuando el hecho punible consista en la falta de previsión de las corporaciones, al no haber ejercido el debido control, evitando o procurando evitar la comisión de aquél (es decir, encajando la situación sancionable penalmente en lo que el derecho anglosajón ha venido llamando los corporate compliances).

(continuará)

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(1) Los párrafos específicos a los que se refiere, ilustrando sobre este aspecto, la Circular citada, son los siguientes:

"La exclusión del Estado es común en la mayor parte de los ordenamientos de los países de nuestro entorno y tiene su justificación en la incongruencia que supone hacer responder al Estado, titular del ius puniendi, frente a sí mismo.

"Las Agencias Estatales están reguladas en la Ley 28/2006, de 18 de julio, de Agencias estatales para la mejora de los servicios públicos (LAE) y en la Ley 6/1997 de 14 de abril, de Organización y Funcionamiento de la Administración General del Estado (LOFAGE); por otra parte, constituyen ejemplos de Organismos Reguladores la Comisión Nacional del Mercado de Valores, la Comisión Nacional de la Energía, la Comisión Nacional de la Competencia y la Comisión Nacional del Sector Postal.

"Las Entidades Públicas Empresariales se definen en el artículo 166 de la Ley 33/2003 de 3 de noviembre, del Patrimonio de las Administraciones Públicas (LPAP) y tienen esta naturaleza, entre otras, el Administrador de Infraestructuras Ferroviarias (ADIF), el Centro para el Desarrollo Tecnológico Industrial (CDTI) y la Fábrica Nacional de Moneda y Timbre (FNMT).

"En cuanto a la expresión organizaciones que ejerzan potestades publicas de soberanía y administrativas, parece remitir a los Organismos Autónomos regulados en la propia Ley 6/1997 de 14 de abril de Organización y Funcionamiento de la Administración General del Estado. La interpretación teleológica del precepto obliga a entender que esta exclusión —cuya dicción resulta manifiestamente mejorable— afecta a las organizaciones no en todo caso, sino exclusivamente en el marco de su actividad en el ejercicio de las funciones de soberanía o administrativas, lo que enlaza con la preservación del ejercicio de la función publica que está en el espíritu de todo el precepto.

"En coherencia con lo anterior y a falta de mención expresa, no puede considerarse excluida con carácter general la responsabilidad penal de los Colegios Profesionales y las demás Corporaciones de Derecho Público, por cuanto constituyen cuerpos intermedios de configuración bifronte que tienen entre sus fines primordiales la defensa de intereses privados, aunque comunes, a los miembros de un determinado sector económico o profesional, de modo que participan en tareas de naturaleza pública en mayor o menor medida, con un grado variable de asimilación de sus actos al régimen administrativo, lo que aconseja efectuar en este sentido una valoración jurídica casuística."

2) La redacción del art. 31 bis, que se incorpora al CP, es ahora la siguiente:

«1.  En los supuestos previstos en este Código, las personas jurídicas serán penalmente responsables de los delitos cometidos en nombre o por cuenta de las mismas, y en su provecho, por sus representantes legales y administradores de hecho o de derecho.

En los mismos supuestos, las personas jurídicas serán también penalmente responsables de los delitos cometidos, en el ejercicio de actividades sociales y por cuenta y en provecho de las mismas, por quienes, estando sometidos a la autoridad de las personas físicas mencionadas en el párrafo anterior, han podido realizar los hechos por no haberse ejercido sobre ellos el debido control atendidas las concretas circunstancias del caso.

2.  La responsabilidad penal de las personas jurídicas será exigible siempre que se constate la comisión de un delito que haya tenido que cometerse por quien ostente los cargos o funciones aludidas en el apartado anterior, aun cuando la concreta persona física responsable no haya sido individualizada o no haya sido posible dirigir el procedimiento contra ella. Cuando como consecuencia de los mismos hechos se impusiere a ambas la pena de multa, los jueces o tribunales modularán las respectivas cuantías, de modo que la suma resultante no sea desproporcionada en relación con la gravedad de aquéllos.

3.  La concurrencia, en las personas que materialmente hayan realizado los hechos o en las que los hubiesen hecho posibles por no haber ejercido el debido control, de circunstancias que afecten a la culpabilidad del acusado o agraven su responsabilidad, o el hecho de que dichas personas hayan fallecido o se hubieren sustraído a la acción de la justicia, no excluirá ni modificará la responsabilidad penal de las personas jurídicas, sin perjuicio de lo que se dispone en el apartado siguiente.

4.  Sólo podrán considerarse circunstancias atenuantes de la responsabilidad penal de las personas jurídicas haber realizado, con posterioridad a la comisión del delito y a través de sus representantes legales, las siguientes actividades:

a)  Haber procedido, antes de conocer que el procedimiento judicial se dirige contra ella, a confesar la infracción a las autoridades.

b)  Haber colaborado en la investigación del hecho aportando pruebas, en cualquier momento del proceso, que fueran nuevas y decisivas para esclarecer las responsabilidades penales dimanantes de los hechos.

c)  Haber procedido en cualquier momento del procedimiento y con anterioridad al juicio oral a reparar o disminuir el daño causado por el delito.

d)  Haber establecido, antes del comienzo del juicio oral, medidas eficaces para prevenir y descubrir los delitos que en el futuro pudieran cometerse con los medios o bajo la cobertura de la persona jurídica."

 

 

 

En la hora de la revisión de los postulados

No resulta fácil encomendarse al análisis de la situación socioeconómica por la que atraviesa España sin arriesgarse a caer en el pesimismo.

Por eso, para ahuyentar desde el principio los fantasmas derivados del maleficio hipotético que alguien con poderes especiales hubiera podido lanzar sobre nosotros, indicamos que sabemos quienes son los culpables de lo que nos pasa.

Las razones fundamentales residen, según nuestra respetuosa opinión, en la nefasta interpretación que la sociedad española ha estado realizando de los principios básicos de la democracia representativa y del Estado social y de derecho, que han sido adulterados, ignorados o tergiversados por todos los agentes sociales, sin distinción.

El culpable, pues, de la decadencia económica, del desánimo intelectual, del libertinaje sociológico en los que hemos caído no solo no es único, sino que es marcadamente plural y extenso: somos todos. Todos hemos estado contribuyendo, con variados grados de responsabilidad y, por supuesto, con diferente intensidad, al desequilibrio del sistema, que será urgente enderezar con un ejercicio de autocrítica general, expiatorio, purificador, constructivo.

Debido al exceso de protagonismo que se viene atribuyendo a la política sobre la ordenación de la vida comunitaria -sin duda, por otros intereses-, los argumentos más utilizados implican a los partidos mayoritarios. Esta polarización es estéril, inadecuada e injusta.

No merece la pena entrar en los detalles de esa discusión, pues nos llevarían a obsesionarnos con matices sin consecuencias prácticas. Porque si el Gobierno -para algunos- ha sido torpe, escaso de recursos imaginativos, concentrado en sacar adelante cuestiones marginales e incapaz de conseguir animar a la colaboración colectiva, para otros, la oposición ha estado destructiva, falta de propuestas, inconsciente de que sus críticas frontales al Ejecutivo deterioraban la imagen exterior del país.

El cambio de partido en el Gobierno debería, si estos juicios fueran correctos, modificar felizmente la situación, solucionando los problemas presentes, y bastaría, por tanto, esperar a que tomaran posesión los nuevos ministros y responsables del Ejecutivo, que actuarían de dinamizadores globales de la economía, de la sociedad y de las ilusiones individuales. Esta consecuencia genial pero estrambótica, carece de toda verosimilitud, pues los males a combatir están profundamente arraigados.

Otros agentes sociales no han de salir mejor parados. Los sindicatos han actuado obsesionados con el mantenimiento del empleo, sí, pero de sus afiliados, que son,, en la inmensa mayoría -siendo, además, pocos en número real- , trabajadores de grandes empresas, despreciando las necesidades del contingente de parados, de los jóvenes, de las mujeres y, no en último lugar, de quienes actúan como autónomos o están empleados en las pymes. A su polarización indecente, a la escasa credibilidad colectiva de sus dirigentes y la mínima fuerza de sus genéricas reivindicaciones, se une el que sus portavoces, reiterativos y abrridos en la exposición de sus postulados, están muy escasos de visión -lo que es, seguramente, por defecto de conocimientos e interés- respecto al engarce entre el sistema educativo, el empleo y las bases del desarrollo económico en este momento actual y no en el que podía ser válido hace décadas.

Qué decir del otro gran eslabón de la actividad productiva, allí donde debieran residir las iniciativas, las ideas y, sobre todo, dinamizarse el dinero que busca la rentabilidad en el riesgo y la innovación. Los empresarios -nos referimos, muy especialmente, a los propietarios de las grandes empresas y a sus ejecutivos- han estado, conscientemente, al margen de las necesidades sociales, desvinculados de la obligación ética de generar oportunidades en torno a sus negocios, obsesionados con la deslocalización, con la rentabilidad a corto plazo y con la reducción de sus obligaciones fiscales, cuando no con la evasión de beneficios e impuestos.

Se podría, con igual intensidad, hacer el repaso de la dejación de funciones a adulteración de las mismas que corresponden a los más diversos estamentos, faltos -en no pocos casos, esto es, más que suficientes- de la ilusión, la disciplina, el pundonor, y hasta el conocimiento que correspondería al correcto ejercicio de sus labores. Se ha dado una grave situación de contagio entre vasos comunicantes, por el que muchos han dejado de hacer lo que deberían y las mismas instituciones y sus garantes han bajado la guarida respecto a sus obligaciones.

Esto sucede en la educación (mala, injusta, ineficaz, selección del profesorado y falta de control, o insuficiente, acerca de su funcionamiento), en la justicia (se ha escrito mil veces que una justicia lenta no es justicia, pero, además, cabría añadir la falta de preparación de muchos jueces, la excesiva ligitiosidad -de la que es, en no pocos casos, culpable el letrado asesor, preocupado por sus honorarios-, la complejidad, e innecesaria exuberancia normativas), en la sanidad (con descontrol de gasto público, permisiva, ineficaz con demasiada frecuencia, corporativista), en la investigación, en el desarrollo tecnológico, etc.

No en última instancia, el tremendo despilfarro de los conocimientos, y el coste que ello acarrea, debe ser referida también a las prejubilaciones y jubilaciones sin orden ni concierto, favoreciendo a unos en detrimento de otros y en perjuicio económico de todos, además de a una formación juvenil pésimamente enfocada, que anima a la titulitis sin sabiduría, y a un erróneo enfoque respecto a la incorporación de la mujer al mundo del trabajo, que ha beneficiado a las grandes empresas, perjudicado a la familia, y disminuído los ingresos salariales por hora efectiva para la mayoría de las parejas.

El ciudadano individual, sea cual sea su posición -como cliente, como usuario, como sujeto impositivo, como receptor o prestatario de funciones y servicios- también debiera analizar, y corregir, la dejación que haya podido realizar de sus cometidos como persona comprometida con la sociedad.

Que la Familia Real -aunque se nos intente ahora convencer de que Ignacio Urdangarín, previsible inculpado en cuestión de semanas por un grave delito de malversación no pertenece a ella- esté también involucrada en ese tremendo deterioro, no puede tranquilizar a nadie. Hay que corregir la situación, de inmediato, con un mea culpa colectivo, y con soluciones ordenadas, alentadas, dirigidas por los mejores de cada uno de los estamentos, y contrastadas con el criterio de los más sagaces de los demás. Aunque caigan torres.

 

 

Para fieles a la cocina recreativa

Son más los amigos del buen comer que los que presumen de tener mano para la cocina, y es lógico. Pasa como en todo, que tiene que haber más gente en el patio de butacas que en el escenario (salvo en los musicales). 

Los cocinillas suelen puntuarse a sí mismos entre cocinar como los ángeles y hacerlo de rechupete; también se jactan de haber sido aprendices en la escuela culinaria de su madre o, si aún no son huérfanos, de haber aprendido de oídas -es decir, de ingestas fallidas-, leyendo y viajando y...aunque no lo  confiesen, con los manuales del Thermomix.

Para todos ellos, hemos ideado este Comentario, con la intención de hacerles las delicias. Si alguna mujer cae por esta página, puede -valga la expresión- saltársela sin tapujos, que no nos lo tomaremos a mal, pues, aunque sea ella de buen tomar, puede que le siente mal el tufillo a machismo pueril que destila este mejunge.

Una comida inolvidable empieza por la selección correcta del local. El sentido común desechará de inmediato los locales de mala muerte, los tugurios e incluso los lugares de alterne (estos últimos, porque no solo no le darán de comer, sino porque para abrirle el apetito, le sacarán, a poco que se descuide, un riñón y la mitad del otro).

Por extensión, son desaconsejables aquellos sitios en los que se sepa que su dueño no tenga donde caerse muerto, o ande a dos velas. Sirve aquí, como en todo, la máxima de que donde no hay no se puede sacar, y menos, buen provecho.

Elíjanse sitios en donde el cocinero o cocinera tenga buena mano para los fogones y una fama que le venga de atrás (en el tiempo). Piénsese igualmente, que la compañía -la suya, no la del que anda entre pucheros- es tan importante como lo que le venga al plato, o sea, se traiga a colación.

Para gustos, se hicieron colores. Si Vd. es hombre de los que no le hacen ascos a la caza, invite a una señora de las de armas tomar, que suele ser la propia, y que aprovechará para amargarle la comida, poniéndole a caldo y echándole en cara lo que no está escrito. Por eso, si prefiere sacar rentabilidad a su dinero, hágase acompañar de alguien que le haga tilín, porque casi todas se vuelven melindrosas a medida que se va entrando en materia. 

(Si Vd. es mujer y ha recalado en restaurante para celebrar el final de las clases de gimnasia, le sugerimos que no les de la comida -es decir, la tabarra- a sus acompañantes con que tiene una receta que logra el punto mejor y más jugoso.)

Para abrir boca, nos vendrá bien solicitar, si hay, una sopa boba (muy rica de comer) y, en caso de que no la tengan en el repertorio, algo con que hacer el caldo gordo. Por supuesto, no se trata de que acabemos embutidos, por lo que, buscando lo ligero, alternaremos entre col y col, por ejemplo, lechuga, y, de soslayo, nos iremos apretando el cinturón, en especial, si nos va a tocar hacer de paganinis.

Ya que en todas las casas cuecen habas, extraño será que no tengan de ellas un potaje, que nos harán buen cuerpo (aunque nos dificulten hacer luego de cuerpo). Los huevos, como manden, y que no sean grandes, ni como los del caballo de Atila ni siquiera de avestruz, por indigestos. Si prefiere el arroz, que venga con menudos, y como serán de pollo, que no se los cuelen de pollopera.

Será buena señal advertir que está toda la carne puesta en el asador, porque es señal de que no falta clientela, aunque no sea fiel (que eso es ya otro cantar). Hay quien prefiere pescado, e incluso, si es época de caza, andar a la que salte. Para chuparse los dedos, por cierto, no hay como el marisco, aunque hay sitios que son capaces de hacer de rechupete hasta el mondongo.

No se resista a echar una mano, que para eso estamos, ni haga ascos a que se la echen, si bien, nunca al cuello. Eso sí, si se las ponen en el plato, mejor que sean de cerdo, y que sean manitas; si se acompañan de un buen caldo (con su puntito de alcohol) le han de venir como de santo.

¿A quién amarga un dulce? Pregunte por las especialidades de la casa, que un lugar que se precie de estar a todo, habrá de tener algo en su punto, pero si le resulta muy almibarado, rebájele a su justa medida, advirtiendo al camarero que  Vd. no es de los que se dejan engañar con carantoñas, melindres ni piononos.

 

Sobre la originalidad

Entre las muchas contradicciones con que nos movemos los humanos, la pretensión de originalidad, en conflicto con la necesidad de ser gregario para no correr el riesgo de resultar marginado, debe ser una de las que provocan las mayores esquizofrenias en nuestra dotación genética más íntima, ésa que es subyacente al ADN y a los alelos, y, por su carácter metafísico, aún no investigada.

Empezando por lo fácil: necesitamos mucho a los demás y, más precisamente, de la sociedad, hasta el punto de que no seríamos capaces de sobrevivir sin ella.

No estamos pensando en los primeros meses o años del infante, en el que la dependencia de la madre es absoluta, sino en la existencia del ser ya adulto. Poco sabemos hacer por nuestra cuenta, como consecuencia de la especialización y complejidad de las tareas que permiten conseguir los productos, cada vez más sofisticados, imprescindibles para vivir; ya no digamos, de aquellos que la publicidad nos invita a desear poseer o de los que queremos disfrutar porque nos obsesionamos creyendo que nos harán más felices.

Aún para ejecutar lo más sencillo, y específicamente en los países avanzados, la inmensa mayoría necesitamos del auxilio de otros. Nos hemos convertido en unos incapaces esféricos, en un acopio parásito de lo que podíamos calificar como "inutilidades adquiridas".

Sin valorar el riesgo de la situación, no son pocos quienes, con estúpida petulancia, hasta se jactan de ello: "No sé ni freir un huevo", oímos decir; es una demostración de inutilidad, desde luego, pero quien alardea de tan penosa condición debiera admitir, además, que para conseguir ponerla en evidencia debiera disponer de un huevo, una sartén, fuego y aceite: demasiadas cosas previas.

Si pensamos en cómo podríamos sobrevivir, totalmente solos, en distintos escenarios naturales -ni siquiera hay que imaginarse en el desierto o el ártico, basta suponernos desplazados, sin móvil ni dinero, a un bosque de un país del que no conozcamos el idioma (y sin cámaras de televisión que nos sigan, claro)-, la conclusión alarmante es que no duraríamos mucho: el hambre, la sed o el frío acabarían con nuestro experimento, inadaptables al medio, dependientes de la piedad o la lástima de desconocidos.

En algunos lugares, más por diversión que por otra cosa, se realizan periódicamente ejercicios de supervivencia, a la manera de aquellos manuales para boyscouts que enseñaban a distinguir una sabandija de una sanguijuela y a hacer fuego frotando dos maderos, consiguiendo que las manos ardieran. Pero no tienen mucha credibilidad, porque el que experimenta la falsa soledad sabe que, si algo se tuerce, vendrán a rescatarle.

Está, por otro lado, la cuestión de querer ser originales ante aquellos a los que deseamos impresionar: la persona a la que estamos cortejando, el jefe al que pretendemos convencer de nuestra capacidad, el grupo al que desearíamos ver entregado a nuestra facilidad de palabra, dotes escénicas o el genio musical que desplegamos anteél.

Pocos, muy pocos, de entre nosotros somos originales, aunque la medida fuera solo "una chispita". A la inmensa mayoría, no queda otra opción que copiar, trasladando a la esfera personal lo que se ha visto o aprendido en otros lugares, confiando en que nuestra falsaria acción no sea descubierta, en que lo que imitamos sirva para elevar la estima que pretendemos de los demás.

Cruzándose entre ambas tensiones -ser gregario y aparentar originalidad-,  individuos particulares en nuestra especie, se apropian del resultado de la originalidad de otros, retirándolo de la contemplación o el disfrute a todos los demás. 

Pueden ser los autores o instigadores de robos de páginas miniadas monacales, lienzos de maestros pintores, delicadas piezas de orfebrería, valiosos elementos sustraídos de museos, iglesias o viviendas ajenas; son "coleccionistas privados", que nos privan, en realidad, al resto, del gozo que se quieren reservar a sí mismos.

A veces, su propósito de apropiarse de la originalidad, les cuesta mucho dinero. Pueden ofrecer cantidades estrafalariamente altas por una obra que se subaste en una prestigiosa casa de pujas, haciéndose con la pieza pagando por ella un caudal que hubiera supuesto inmensa felicidad para el autor, quizá muerto hace años en la miseria (es sabido que, para que un original se cotice más, su artífice tiene que haber fallecido: así se tendrá la certeza de que no competirá consigo mismo).

Apostaríamos que lo importante no es la posesión de la obra para estos exclusivistas de la originalidad ajena. Es más atractiva la sensación voluptuosa de haber sustraído de la contemplación de todos, eliminándolo del mundo salvo para ellos, el producto de la originalidad de un artista. Equivale a haberla destruído para siempre, similar a quemarla, romperla a martillazos, enterrarla muy hondo, negando a partir de ahí, fundadamente, su existencia fuera de un territorio de vacuidad y miseria mental del que ellos son los únicos guardianes. 

Sobre el control de la natalidad

La capacidad de influir sobre la naturaleza, distorsionando (así lo creemos) su evolución en beneficio propio, tiene, también, sus servidumbres. Somos, desde luego, unos excelentes depredadores, dispuestos a utilizar, muchas veces de forma consuntiva o destructiva, lo que encontramos elaborado, -pertenezca al reino que sea-.

Somos tan fastidiosos para la mayoría de nuestros compañeros de viaje -desde luego, prácticamente todos los visibles-, que se alegrarán, posiblemente, de que solo compartamos con ellos una mínima parte de la eternidad, desapareciendo para siempre.

Para contabilidad peculiar de nuestro orgullo como especie, sin embargo, podemos jactarnos de haber escrito algunas páginas brillantes, según nuestros propios cánones. Hemos sido capaces de transformar, perfeccionándolas, adaptándolas a nuestro disfrute y aprovechamiento exclusivos, muchas cosas.

La curiosidad de algunos miembros de la tribu nos ha permitido, por ejemplo, conocer la forma de curar ciertas enfermedades, aumentar bastante la productividad agrícola y, a pesar de ser relativamente patosos, conseguimos movernos de un lado a otro del planeta Tierra sin esfuerzo propio, aunque a cambio de contaminar bastante.

Tenemos pues, en principio, serios motivos, -mientras no aparezca alguien por ahí con mejores credenciales-, para creernos el centro del Universo, la anomalía consciente más activa de la evolución natural desde el gran estallido.

Hemos también perfeccionado, sofisticándola, nuestra ilusión de entender lo que sucede, mezclando filosofía e imaginación. Los avances han sido aquí también, espectaculares, pues no solo estamos más cerca de teorizar sobre cómo se produjo el comienzo del cosmos, sino que hemos desarrollado algunas convicciones sobre lo que significa la existencia para nosotros, y que se han difundido y se difunden, incluso a sangre y fuego. (1)

Impulsados por la natalidad, protegidos por los avances médicos, controlada buena parte de los enemigos procedentes de otras especies y, por el momento, situados los humanos en períodos interbélicos, crecemos rápida, exponencialmente. Ya somos, según cálculos aproximados, 7.000 millones de seres humanos sobre la Tierra. Viviendo en condiciones muy diferentes, eso sí; aproximadamente, un 15%, subsisten y mueren en la penuria; son, socioeconómica y tecnológicamente, asimilables a una subespecie. (2)

El día 8 de diciembre -día en que se celebra por la Iglesia católica la Inmaculada Concepción de la Virgen María- puede ser un momento adecuado para reflexionar sobre el control de la natalidad, y sus derivados controvertidos, la contracepción y el aborto.

Cuando a mediados del siglo XiX, el Papa Pío IX elucubró, convirtiéndolo en dogma, sobre la concepción extraordinaria de la que había sido madre de un Dios hecho judío, poniéndola en relación con el pecado heredado de una pareja de sapiens que hizo, por primera vez, caso omiso de las leyes cósmicas, no había aparecido aún el problema mayor con el que nos enfrentaríamos los seres humanos. Por lo tanto, no tuvo ocasión de pronunciarse, con similar inspiración, sobre otras verdades que el futuro convertiría en imprescindibles para la supervivencia.

Hoy está muy claro. No porque lo haya dicho Malthus, ni se debata en el Club de Roma, ni surja como producto de una revelación externa. Somos objetivamente demasiados. Tanto los de aquí, los que estamos en la parte hasta ahora rica y poderosa de la Tierra -incapaces de mantener nuestro ritmo de consumo, faltos de recursos-, como los de allí, los de las zonas hoy pobres -incapaces de explotar los recursos que aún se mantengan intactos en sus territorios, porque no encontrarán suficientes mercados capaces de pagar su coste-.

Si no paramos la máquina de nuestra natalidad, no habrá para todos: ni alimentos, ni aire limpio, ni agua. Hemos poblado la tierra, hasta alcanzar, con mucho, el límite de saturación, y  precisaríamos más de dos planetas como el nuestro para sostenernos. Y cada vez somos más y, por tanto, tocamos a menos.

Podemos llamar al remedio más inmediato como queramos: control de natalidad, contracepción, aborto provocado. Una solución de urgencia que no solo depende de la relativa obviedad de admitir que las mujeres puedan decidir libremente sobre sus cuerpos y lo que suceda en ellos por su condición de receptoras de la llave de la fertilidad.

Todos debemos sentirnos involucrados. La humanidad entera debe tener claro que hay que poner orden en esta evolución sin mesura, y que estamos solos en el cosmos para adoptar las medidas que limiten nuestro feroz crecimiento demográfico. Corrigiendo, de paso, nuestra insensata cerrazón en sostener que la humanidad es dicotómica, y consta de dos naturalezas: una, privilegiada, y la otra, subordinada al bienestar de la primera.

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(1) 

Echamos la vista atrás y advertimos que hace apenas diez mil años -que es una nimiedad, incluso considerando la totalidad del período de presencia de la especie humana en la Tierra-, hasta los más sabios de una forma de razonar de la que nos consideramos sucesores, creían que la parte poblada por el hombre se concentraba entre dos ríos, ignorantes de lo que sucedía en las demás. 

Los acontecimientos se aceleraron a medida en que se descubrieron otros territorios, más gentes, culturas y modos diferentes de explicar lo ignoto. Sorprende, sin duda, que solo fue hace más o menos dos mil años, cuando algunas familias autóctonas de esa franja de lo que hoy conocemos como Oriente Próximo, se entregaron a la difusión a ultranza de una fábula apasionante, que volvía a conectar, antropomorfizándolo y dotándolo de principios éticos que superpusieron a los legales, lo físico y lo metafísico.

No resultaba imaginable que esa construcción llena de piedad llevara implícitas semillas de discordia. En otros lugares, la historia no evolucionó de manera diferente y, cuando se consumó, al fin, el contacto entre todos los pueblos y se compararon las creencias, ninguna facción estuvo dispuesta a admitir que las suyas eran menos valiosas.

(2) 

Las múltiples diferencias entre las zonas pobladas por el hombre, evidencian que, aunque genéticamente compatibles, no formamos parte del mismo grupo. Estamos hechos de distinta naturaleza, y, por eso, nos preocupan cosas distintas: en el mundo desarrollado, sin ánimo de exhaustividad, nos obsesiona disfrutar a tope de la vida, el coste del dinero, el control tecnológico, la máxima producción de energía, la moda en el vestir y los sabores y placeres insólitos, así como los viajes especiales y la caza por placer; en el mundo de la miseria, unos homínidos con muy inferior capacidad de supervivencia, se obcecan en analizar a diario su disponibilidad de agua para beber, abrumados por enfermedades que desde el lado de la opulencia hemos superado, no consiguen en general llegar a los treinta años de vida y, varios cientos de milllones, puede que no consigan comer hoy, y serán miles de millones los que lamentarán, cuando paren, tener hijos hembras.

Con algunas ideas para el discurso de Navidad de El Rey

La proximidad a las fiestas navideñas, en las que S.M. El Rey ofrece una alocución, a modo de discurso institucional,  preparada, según se ha comunicado otras veces, por el Gobierno de la nación, nos sugiere ofrecer graciosamente al anónimo escriba, algunas ideas que podrían ayudarle en su trabajo.

Ante todo, y aunque este año también ha habido éxitos singulares para el deporte español, desaconsejamos que, sobre la mesita, se haga figurar una foto del Barça, o de Nadal, descartados, de momento, tanto Contador como Marta Domínguez (...¿o era Sánchez?). Tampoco convendría incluir una foto de la familia, ya menguada en otra ocasión y, lamentablemente, a punto de sufrir -salvo remedio de última hora- otra pérdida afectiva.

Podría ser una sorpresa agradable para el mundo técnico-científico que se pusiera sobre la ménsula de la sala regia la foto de algún investigador, empleados de cualquier centro de desarrollo o, incluso, de los startuperos que se reunieron con representantes políticos de gobierno y oposición, hace unas semanas, para presentar sus ideas de cómo mejorar el país, pero habría que poner un letrero junto a la instantánea para que pudieran ser identificados.

Nos queda, por tanto, la elección limitada entre la fotografía del gobierno saliente o una de las acampadas del Quince-Eme. Ambas podrían servir como demostración de sensibilidades, bien hacia políticos que no gozan del fervor popular en estos momentos, bien hacia el fervor popular que no goza del apoyo de los políticos.

Pero esto son, al fin y al cabo, pecatas minutas. Gran parte de las ideas, reflexiones y consejos expandidos el año pasado, siguen siendo de furiosa actualidad, desde luego; incluso, más rabiosa todavía. La frase "Debemos proseguir y abordar las reformas necesarias, cumpliendo además nuestros compromisos en materia presupuestaria y de déficit" parece haber sido acogida por el tándem Merkel-Sarkozy, aunque ambos personajes son, reconocidamente, republicanos.

El dolor de la crisis "que ha golpeado a tantos hombres y mujeres que han sufrido -en su propia carne o de sus familias- la pérdida de empleo", no habrá hecho, también lamentablemente, sino aumentar. "Todos ellos merecen nuestro más amplio respaldo", dijo entonces S.M., y es de agradecer, aunque sería preferiblemente que se les diera un trabajo.

Vayamos, pues, directamente, al consejo, que será único: Convencidos, al fin, por haber sido la clave del discurso que llevó a Mariano Rajoy ganar las elecciones de noviembre de 2011, de que "somos una gran nación", es hora de demostrarlo, caiga quien caiga. Como para la noche del 23 de diciembre aún no habrá dado el futuro presidente de España las claves de su programa político, se puede perfectamente aprovechar la credibilidad y simpatía de S.M. para hacerlas públicas, ya que tenemos que suponer que serán representantes del futuro gobierno y no del que está en funciones quienes redactarán las líneas del discurso.

Como será comprendido de inmediato, no podríamos ser nosotros quienes desvelemos el misterio. Hay que preservar la posibilidad de máxima audiencia de una emisión que se emocionará, una vez más, escuchando que "debemos desterrar el desánimo, levantar la cabeza, aunar esfuerzos y continuar la faena, conscientes de lo que somos, de lo que ya tenemos, y de lo que podemos avanzar".

O algo parecido. ¡Morituri, te saluntant!

Entre modas, vestidos y desnudos

Entre modas, vestidos y desnudos

No vamos a explayarnos en este Comentario acerca de la importancia de la moda, en especial, de la que se dirige a la mujer.

Ocupa espacios físicos y síquicos, mueve dineros y voluntades. Orienta, incluso, promociones oficiales, vocaciones tempranas y, como muy pocas otras actividades humanas, es capaz de concitar a su alrededor el interés de una pirámide compleja.

En medio de la estructura de negocio, bullen unos cuantos comerciantes y sus ojeadores, copistas y modistos, que imitan, envidian, lucen, destrozan o ensalzan lo que muy pocos genios, iluminados por la luz de algo parecido a la inspiración, conciben en una hoja de papel y que ejércitos de varios miles, con menos luz y posiblemente a destajo, cortarán sobre telas y coserán con puntadas presurosas, dándole a la idea -o a la fotografía hurtada en un desfile- la forma física que servirá para cubrir y embellecer otros cuerpos, situados a miles de kilómetros de distancia.

La moda no tiene mucho que ver con las artes, pero maneja elementos que se le pueden asimilar. Por ejemplo, se podría pensar que el cuerpo femenino es el lienzo o bastidor (permita el lector que nos concentremos en la moda dirigida a la mujer, que es la que polariza lo sustancial del interés del sector, desde ambos lados del mercado de la pieza, tanto de la oferta como de la demanda) y el traje es el motivo que se refleja en él, equivalente a un paisaje con casitas, un jardín con flores, una cacería con leones o una batalla campal con muchos decapitados.

Como fenómeno sociológico, la moda refleja estupendamente, también por analogía, la selección de valores que los distintos estratos de la sociedad considera relevantes, y sirve, en consecuencia para detectar ante quién o quienes se realiza la exhibición de su posesión, y porqué se hace ésta.

Basta pasear, con los ojos abiertos, por una metrópoli, compararla con el juego de gustos y poderes en cualquier ciudad de provincias, acercarse a un pueblo remoto o sumergirse en una barriada y observar cómo visten en ellas las mujeres, captando los mensajes de lo que se está moviendo detrás de las tramoyas y bastidores de los vestidos, que ya no cubren ni son muestras de pudor, sino que han trascendido al campo de los valores y de la destrucción de los clichés.

Incluso en el mundo árabe -y, si se permite el desafío, especialmente en él-, la calle es muestrario de la combinación de recato, sensualidad, muestra y ocultación dirigida que está implícita en la voluntad de sustraer a la contemplación parte del cuerpo -o casi todo- para cubrirlo con ropajes, sean éstos estrafalarios, opacos, atrevidos o mustios, y dar así un mensaje, en el que el cuerpo y el vestido forman una unidad.

Ah, pero es que la moda está hoy en día -dicen- al alcance de cualquiera, porque "vestir a la moda" es muy barato. Es apasionante observar a grupos de mujeres probando, tocando, valorando, cada uno de los cientos -o miles- de prendas que ese invento genial que es la cadena Zara les pone, cada dos semanas, y por mínimos dineros, a su disposición. Un mercado consumista formado por quienes tienen pocos recursos y compiten, a escala local y en otra división económica, con diosas y cariátides de semanario que llaman "fondo de armario" a lo que para ellas -sacerdotisas en su calle, en su barrio- es la envoltura nuestra de cada día.

Se puede escribir mucho sobre la moda, sin pertenecer a ese mundo, y hablar bien de él, porque no todo habrá de estar, ni lo está, mal cosido ni pergeñado con maldad, aunque se puedan adivinar bastantes intereses bastardos.

Pero lo que nos trae hoy a este recinto de vanidades menores, que vive de la obsesión subyacente por ser el más bello, (o por aparentarlo, utilizando como poder de seducción las plumas que diseñan otros y con las que nos vemos, complacientes, en el espejo personal de la madrastra de Blancanieves/, es el valor que ha cobrado el desnudo en esta sociedad de apariencias.

La moda es ahora y siempre, también, desnudo, carne, exhibición de intimidad, haciendo de lo oculto, muestra pública. Sabedores de ello, los desfiles de "creaciones" de modistos encumbrados ya a la fama, se concentran, desde hace tiempo, en poner al descubierto partes, antes y en otras épocas consideradas íntimas, del cuerpo de las modelos.

Esas mujeres forzosa, escandalosamente bellas, seleccionadas de entre los animales con apariencia humana que resultan más hermosos, extraídos con independencia del lugar de la Tierra en donde hayan sido encontrados para ponerlos sobre las pasarelas, nos enseñan sus cuerpos, llamando con ellos la atención al observador, con mucha más intensidad que la ropa, el calzado o los complementos que llevan con fingido donaire. Cuerpos que no se pueden imitar, porque son, estéticamente, perfectos.

La moda ha evolucionado hacia la exhibición controlada del desnudo y, conscientes de que el valor para despelotarse no está al alcance de cualquiera -aunque todo tiene, por supuesto, un precio, que vencerá el innato temor- hay algunas mujeres que se ofrecen para señalar, como iconos, el final de una época, convirtiéndose en orgullosas precursoras de la debacle de la moda que viste, para consagrar la que desviste.

Tomemos un último ejemplo del que, como otras veces, Interviú sirve al propósito de desnudar a un famoso, mostrando un cuerpo al que da valor servir a la curiosidad de lo que esconde un ropaje: Terelu Campos, la hasta ahora conocida simplemente como presentadora de programas del corazón, se ha alineado, con fatal decisión, entre las representantes de una tendencia anti-moda, que consiste en mostrar a desconocidos los efectos sobre la propia carne de la tijera y la aguja que no manejan modistos, sino cirujanos en quirófanos.

Su desnudo completa, con sello personal, la forma, íntima, que nos hace entender por dónde está yendo, de verdad, la moda. 

Sobre el desarrollo compatible contra la avidez de los que más tienen

Ya no se habla apenas del desarrollo sostenible o sustentable, porque la explosión de la crisis económica de los países occidentales ha puesto en su lugar las verdaderas prioridades humanas: y, como podríamos habernos imaginado, la máxima prioridad no tiene que ver con las necesidades de los más humildes, sino con la avidez y el egoismo de los que más tienen.

Pero no estará mal volver una y otra vez, al menos para mantenerlos vivos y frescos en la memoria colectiva, sobre cuáles son los argumentos que han quedado arrumbados en las lindes del camino, una vez que sonaron las sirenas de alarma -accionadas por unos individuos que ahora se empeñan en decir que no era para tanto, y que volvamos al trabajo- que provocaron la desbandada general, dejando abandonados, entre otros, los petates intelectuales.

Permita el lector ilustrado que recordemos una presunta definición que, de tan manida, parecería formar parte de las evidencias absolutas: "Desarrollo sostenible es aquél que satisface las necesidades actuales de las personas, sin comprometer la capacidad de las futuras generaciones para satisfacer las suyas".

Hay en esa aparente definición de una verdad incontrovertible demasiadas peticiones de principio para hacerla efectiva. No sabemos cuáles serán las necesidades de esas futuras generaciones y, aunque fuéramos capaces de predecir (que no lo somos) las de la inmediata a la nuestra -entendiendo por ella, la de nuestros hijos o nietos- no parece que la norma de actuación quiera limitarse a un horizonte tan escaso, visto desde la perspectiva de la historia del hombre sobre la Tierra.

Queda abierta, pues, la incógnita acerca de qué deseos serán capaces de producir satisfacción a los que nos sucedan, y con qué capacidades actuales pretendemos cubrirlos, y para un intervalo de cuántas generaciones deberán ser considerados.

Ah, pero el valor de la palabra "comprometer" y ante quién se asume la obligación, nos devuelve, como en un frontón, la pelota dura de nuestra intención. ¿Cuál será el castigo y quién lo habrá de imponer, en el caso -ya dijimos que difícilmente demostrable, pues se carece de pautas- de que se incumplan las expectativas?.

Si fuéramos serios, habríamos reconocido que no puede, válidamente, pretender actuar ante el futuro bajo unos principios éticos y de solidaridad que no se es capaz de incorporar en el presente. ¿De qué personas habla la definición?. Es evidente que, dadas las desigualdades -económicas, de expectativas, de acceso a la educación, a la sanidad, a los recursos- según áreas y grupos sociales, no se parte de ninguna homogeneidad, luego tampoco tiene sentido hablar de "desarrollo" sin introducir el concepto de reparto.

No queremos extendernos mucho más en reflexiones que son, en esencia, muy elementales. Digamos que somos partidarios de un desarrollo compatible, que tiene una dimensión interior y otra exterior al concepto. En lo interior, la compatibilidad se refiere al mantenimiento -pero solo en lo posible- del nivel de vida en los países occidentales, compatible con el aumento del bienestar, de los medios tecnológicos y del incremento del Producto Interior Bruto en los países menos desarrollados, considerando la disminución de las diferencias como un objetivo global.

En la dimensión exterior, el desarrollo ha de ser compatible con el menor deterioro al ambiente, procurando -lo que exige su correcta valoración técnica y económica- la restitución de los deterioros que provoque la explotación y el uso de los recursos.

En la frontera de ambos criterios, se encuentra, sea cual sea el nivel de éxito alcanzado en esa tarea continua, la incontrovertible obligación de ampliar a todos los seres humanos los beneficios de las mejoras en la producción y las derivadas del aprovechamiento de los recursos.

Como no somos capaces de ponernos de acuerdo en estos principios, en las cumbres de Río, Oslo, Durban, México o... de Wonderland, se seguirán empleando palabras rimbombantes, redactando prolijos informes de reconocible vacuidad, pero seguiremos avanzando por el sendero abierto de la destrucción irreversible y acelerada de nuestro medio, reduciendo drásticamente el espacio de disfrute real, que se concentrará, cada vez más, en el privilegio de unos pocos, siempre -aunque se empeñen en convencernos de otra cosa- menos.

Porque la felicidad no tiene poco que ver con un "desarrollo sostenible" con ribetes academicistas para torpe consuelo de pólíticos ineficientes , y mucho con nuestra capacidad para hacer compatible nuestra forma de vivir, como humanidad, disminuyendo el desequilibrio entre las tensiones ambientales, sociales, económicas. Algo en lo que venimos fracasando.

Entre pamemas

La historia mundial de las pamemas está por escribirse -al menos, de agruparse sistemáticamente-, pero habría de ser muy formativa.

La sospecha de que algo raro sucede en la forma de contar las cosas, proviene de que la mayoría de los hechos heroicos que se veneran como glorias nacionales en unos pueblos son irrelevantes, sucesos sin importancia, para otros; otras veces, no escasas, un mismo acontecimiento parece haber servido, para mérito de todos, lo que la más elemental racionalidad revela como imposible.

El lector podría imaginar que es lógico que, por ejemplo, en una contienda, los vencedores entiendan que se han cubierto de gloria, en tanto que para los vencidos, la situación se haya convertido en un asunto para olvidar, una desgracia, y se borre para siempre de la memoria colectiva propia. El refinamiento de esta forma de mejorar el pasado es convertir en victoria lo que fue derrota.

Obviamente, no existe un pueblo o nación que haya sido permanentemente vencido a lo largo de su historia (puede ponerse también con mayúsculas, si se desea), por lo que los relatores oficiales han tenido ocasiones para ir suprimiendo cada cierto tiempo, los hechos en los que se probó el amargo sabor de la desgracia. Al cabo de los siglos, perdidas las referencias, solo quedan historias inconciliables, haciendo imposible la exacta reconstrucción de un coherente pasado común.

Así que, inventados, mejorados o, simplemente, falsos, el libro de hechos de la humanidad está poblado de heroicidades y héroes, que unen personajes de cuento y relatos novelados, siendo muy posible -pero imposible de detectar- que momentos sin ninguna enjundia se hayan convertido en hazañas, y que, quienes podrían haberlo hecho, no han desmentido, cómplices todos de los sastrecillos valientes que mataron siete de un golpe, sin especificar de qué les fue la bola.

Toda nación arrrastra, creyéndola cultura, una muestra estupenda de su peculiar idiosincracia, que, en realidad, son sus pamemas.

Para descubrir las pamemas que forman parte de nuestra propia historia no hay más que leer con ojos críticos el relato de lo que nos dicen que ha sucedido, despojándolo de oropeles, incongruencias, méritos individuales, juicios colectivos.

Lo que queda, si queda algo, es la Historia verdadera de la Humanidad, no la que se cuenta, sino de la que cuenta. El resto, el inmenso material que hayamos dejado a un lado, inservible, hueco, forma parte, ese sí, del cuento.

Desde esta perspectiva, con esa llave de la sagaz sabiduría, sirve de consuelo al menos, atinar a percibir que estamos ahora mismo viviendo en una pamema global, en la que por una vez, todos aparecemos como vencidos por un enemigo al que, como no conseguimos ponerle cara y ojos, habrá que concluir que, muy posiblemente, se ha afincado dentro de nosotros, formando parte de nuestro imaginario colectivo.

Sobre la importancia de llamarse Ernesto

Sobre la importancia de llamarse Ernesto

Quien tradujo al español el título de la obra de Oscar Wilde "The importance of being earnest" por "La importancia de llamarse Ernesto" era un bromista, pero conocía las debilidades del alma humana.

Para muchos, por lo que hemos ido sabiendo, es mucho más importante llamarse Ernesto que ser serio. Tenemos numerosos ejemplos en la Administración pública, en los partidos políticos, en las entidades financieras (Cajas de Ahorro incluídas), en algunas grandes empresas (por su facturación solo)  y, como parece que nadie está libre de que le tiren la primera piedra -y, ya puestos a dilapidar, las siguientes-, últimamente, también en la familia real española.

A los efectos de la negativa de la expiación por la disculpa clásica de "yo no he sido, y no me enteré de nada", nos da lo mismo que el infractor -aunque tenga que calificársele con el apelativo de presunto- de la norma de seriedad exigible a quien tiene la obligación institucional de dar ejemplo de comportamiento, se llame Iñaky, Ernesto o utilice el seudónimo de Capitán Araña.

Si quien se mete en azarosos berenjenales es incapaz de entender que sus actuaciones habrán de ser analizadas, tarde o temprano, y desdeña la intuición de que debe andar con especial cuidado para contener sus eventuales impulsos avariciosos, porque sus actos no solo servirán para juzgarle a él, sino a instituciones de cuyo prestigio depende la credibilidad del marco de convivencia, aviados vamos.

No somos iconoclastas, sino posibilistas. Aunque tenemos nuestra fundada opinión sobre todo tipo de oropeles, regalos, propiedades y triunfos que no han sido ganados por quienes los ostenta, no practicamos la teoría de la destrucción del orden heredado por la satisfacción problemática de empezarlo todo de nuevo.

Pero nos sentimos legitimados para exigir, sin ambages, que quienes resultan aupados, por las circunstancias que sean, a cualquier pedestal, se comporten con la dignidad del puesto que ocupan. Porque nos va en ello nuestra propia tranquilidad, la de estar cumpliendo con la obligación, los que no nos llamamos Ernesto, de ser serios.