Blogia

Al Socaire de El blog de Angel Arias

Lo que distingue a los emprendedores

El debate floreciente acerca de lo que caracteriza al espíritu emprendedor es una nueva versión de la discusión escolástica acerca del sexo de los ángeles.

Por más vueltas que le doy a lo que provoca que un tipo que hasta entonces era normal, se líe la manta a la cabeza y ponga tiempo y dinero en un proyecto que va, en el mejor de los casos, a provocarle insomnios persistentes y taquicardias continuadas y que, si se tuerce, arriesgará con conducirle a la cárcel y si se tuerce aún más -no lo quiera Dios- puede arrastrarle al suicidio o a montar otro negocio con los restos del naufragio, encuentro que no hay análisis sociológico que ofrezca razones convincentes.

En consecuencia, estoy convencido de que el sexo de los ángeles y el espíritu emprendedor son conceptos útiles para sostener los respectivos edificios en los que ocupan una dependencia secundaria: los sótanos o los desvanes del tinglado. Con otros palabras, en lo sustancial, son seres imaginados.

Me resulta mucho más efectiva la comparación entre el espíritu emprendedor y el virus de la gripe, porque surgen a raudales muchas más semejanzas: no se encuentran dentro de uno, en la situación normal, sino que pululan por ahí; se cogen en caso de aglomeraciones y cuando se anda sin protección a la intemperie, en particular en cambios de paradigma; es mejor prevenir su aparición, utilizando las vacunas para combatirlo que, cada período, son ofrecidas por los laboratorios correspondientes y atender a la experiencia de los que ya lo pasaron y están curados; si, a pesar de todas las precauciones aparece, mientras dure la infección, dominará al cuerpo y la mente del que lo posea; algunos privilegiados parecen tener defensas naturales contra el virus, pero ha de tenerse siempre presente que, en general, se contagia y puede alcanzar dispresiones epidémicas en ciertas épocas.

Lo que distingue a los emprendedores, abundando en esta comparación, es una debilidad circunstancial que les deja bajos de defensas y les lleva a ser presa más fácil del virus de la oportunidad. La inmensa mayoría, después de haber guardado unos cuantos meses o años en la cama de su ilusión, se recuperan, y vuelven, desmejorados, a la normalidad de hacer lo mismo que los demás: lamentarse de lo mal que va todo.

Pero hay unos pocos, poquísimos, que triunfan y, desde ese momento, pasan a ser venerados como arcángeles, tribunas, potestades o, si tienen aún más suerte, descienden a los infiernos y son considerados como ángeles rebeldes.

P.S. (Mi hijo Miguel, empresario de éxito, me recomienda -supongo que sin haber leído este post, aunque a su raíz- que, si quiero que mis elucubraciones respecto a lo que deben de hacer los emprendedores tengan repercusión, debo anunciarlas como "Decálogo para emprendedores". He aquí una primera versión de este propósito:

1. Si te crees emprendedor, cerciórate antes de tomar una decisión sobre si existen antecedentes en tu familia, y preocúpate de conocer lo que les pasó a ellos.

2. Antes de seleccionar un proyecto con posibilidades, pon uno tras otro, sin valorarlos, varios proyectos en los que, en tu opinión, no tendrías ningún éxito. Puedes hacer una lista tan larga como te parezca. Si no se te ocurre ninguno, abandona de inmediato la prueba y no pierdas más tiempo: comienza a preparar oposiciones a funcionario.

3. Enumera, al menos, diez proyectos que te parezcan interesantes, y pregúntale a tu mejor amigo -no vale nadie que sea de tu familia y tampoco sirve si tu amigo es un colega del IESE- si invertiría contigo en alguno de ellos. Elimina ese proyecto de la lista.

4. Si crees tener todo el conocimiento necesario para montar uno de esos negocios, sin necesitar en absoluto ayuda de nadie, abandónalo también de inmediato; te falta objetividad para entender su complejidad.

5. Haz una previsión, lo más exacta posible, del capital que necesitarías aportar, las necesidades de personal y las carencias tecnológicas, para, al menos, cinco de los proyectos del apartado 3 (excluído, por supuesto, el que tu amigo seleccionó como el mejor).

6. Realiza una proyección de los ingresos y gastos que esperas obtener para, al menos, los tres proyectos anteriores que necesiten menos inversión, menos personal, y menos tecnología. Elucubra tres escenarios posibles: pesimista, muy pesimista y completamente pesimista.

7. Revisa los proyectos que habías desechado, según el apartado 2 y escoge los tres en los que, con absoluta seguridad, nunca invertirías, aunque estuviéras en situación de máxima necesidad y fueras el único en el mundo con esa idea.

8. Tómate un par de cervezas, ve al cine, lee una o dos novelas de mutantes en el metro y, si te encuentras aún con la cabeza despejada, tómate otra cerveza. En ningún caso cojas el coche ni confieses en ese momento a nadie que estás a punto de tomar una decisión que cambiará tu vida, porque podrá ser malinterpretado. (Si no hay metro en tu ciudad, divide los resultados que hayas obtenido en el apartado 6 por tres).

9. Al volver a casa, vuelve a revisar el mejor proyecto según el apartado 6 y compáralo con el proyecto que menos te ilusiona de los que hayas agrupado según el apartado 7. Medita sobre lo que deberías hacer con ese miserable proyecto para que te ilusionara y llama a tu mejor amigo, a la hora que sea, para confesarle que, siguiendo sus consejos, has elegido el proyecto que a él le gustaba.

10. Si después de haber seguido este proceso, y oir de tu amigo que ya era hora de que le hicieras caso en algo, no te apetece preparar oposiciones para funcionario, incluso como celador de hospitales, pónte un medalla -valen las de la virgen del Carmen-, porque la mereces. Has resistido la prueba del nueve: eres empresario y cualquier asunto al que dediques tu atención, tiene una probabilidad sobre diez de tener éxito. Enhorabuena.

11 (Corolario). Es posible que te llamen para dar conferencias sobre tu proyecto a otros posibles emprendedores. Cuéntales siempre alguna anécdota -inventada, claro- acerca de cómo elegiste el nombre de la sociedad, elegiste a tus primeros empleados o te separaste de tu pareja.

Porcentajes

Nos tenemos que acomodar a los porcentajes. No solamente, que es lo más fácil, a leerlos sin entender de que va la cosa (que esto es pan comido hasta para quienes no sabrían hacer la o con un canuto), sino a poner cara de que estamos en las claves de lo que significan, como si hubiéramos descubierto lo que se oculta tras ese camuflaje.

Se ha hecho normal referirse al porcentaje sin indicar la cantidad principal a la que hacen referencia, con lo que nos dejan en ayunas, in albis, de lo que nos van a hacer tragar.

Se puede, por ejemplo, decir que se va a destinar el 0,3% del pib a hacer investigación o a sostener a más iglesias, subir el iva del 7 al 8% o del 17 al 18%  y hasta el 20% sin indicarnos qué se hizo finalmente con esa recaudación, tanto en el país propio como en los ajenos (por favor: no en porcentaje); podemos estar todos empeñados como locos en bajar del 8,3 al 6% del PIB el desequilibrio en los presupuestos del Estado (sin saber en qué cantidades se han reducido, en números mondos y lirondos, los despilfarros en materias y gentes que no necesitamos); nos desplazamos entre rebajas de "casi todo al 50%" o "hasta el 70%" sin saber jamás con qué beneficios nos han calzado las compras anteriores; y no nos explican los nombres de los que evaden, sicav incluídas, cuando nos retocan -siempre hacia arriba- el porcentaje del irpf a los que hacemos las cuentas como asesores fiscales de nosotros mismos, a solas con nuestras conciencias.

Los porcentajes, que surgieron como propósito de alcanzar la máxima exactitud en la manera de reflejar nuestro estado de permanente incertidumbre, van ocupando todos los órdenes de nuestras vidas, enmarañando de supuesto conocimiento lo que, a la postre, no es más que ocultación, misterio, patraña.

Analizando algunas de las decisiones más delicadas que se adoptan en nuestra pequeña aldea, y que se refieren, naturalmente, a las conclusiones sobre culpabilidad o razón que toman nuestros órganos jurisdiccionales multipersonales (Salas de las Audiencias Provinciales, Tribunales Superiores, Tribunales Supremo o Constitucional), comprobar que en bastantes de ellas, las votaciones no reflejan unanimidad y/o contienen votos particulares o matizaciones discrepantes, nos llevaría a confirmar que la certeza se hace escurridiza como anguila en la cesta.

Porcentajes nos rodean por todas partes. Vivimos en un país que, según se dice, se ha desvelado, mayoritariamente -en porcentaje-, de derechas, entendiendo por tan discutible calificación el que en las últimas elecciones generales el Partido Popular ha sido el más votado. Si se analizan con otro aire los porcentajes de votos, relacionándolos con el número de los que pudieron haber votado, por el contrario, se comprobará que lo que España sigue siendo es un mosaico de opciones, un guirigay de opiniones e intuiciones acerca de cómo resolver lo que nos acogota, entre los que hay un buen grupo de los que prefieren votar al Pato Donald o aprovechar para irse en día de campo con los críos. (1)

Uno de los últimos porcentajes que merecen pasar a la pequeña historia de nuestros desacuerdos, es el que provocó la exoneración, por un Jurado popular -elegido tras una ceremonia de recusación que es una lástima no tener filmada-, de la acusación de cohecho (impropio, es decir, sin resultado) de quienes tuvieron, teóricamente al menos, el máximo poder en la Generalitat valenciana. Cinco de los nueve miembros del Jurado (55,55%), superando, por lo demás, las dificultades de correcta expresión gramatical del conjunto, declararon no haber lugar para condenar, en tanto que los otros cuatro, se apuntaron al sí con sus respuestas a las preguntas que les formuló el Sr. Juez.

Aplicando las consecuencias del brocardo "In dubio, pro reo", los encausados fueron liberados de su carga penal y pudieron manifestar su alegría y afirmar, ahora, sí, su "plena confianza en la justicia" (que, para bien ser, mejor hubieran expresado en su confianza en la teoría del porcentaje, y no confundir lo que se da con mayúsculas a lo que se disfruta con minúsculas y en tierra de agradecidos, por poner un nombre a los que no vieron la viga)

Donde miremos, queda consolidado un camino amplísimo, una autopista, en verdad, acerca de la compleja cuestión de la valoración subjetiva de los hechos, aunque nos pasen por encima. (2)

-----

(1) En realidad, nuestro complejo mosaico ideológico, inestable por lo demás cual arena movediza, reflejaría, tomando como espacio de referencia el número total de electores -34.300.000, redondeando por exceso- que el 71,67% decidieron votar, y que de ellos, el 44,62% lo hicieron al PP (es decir, el 31,97% del censo), un 28,73% al PSOE (el 20,59% del censo) y el 26,65% (el 19,10% a las restantes opciones, políticas o no).

(2) A los aficionados al fútbol: Si se sometiera a votación entre los aficionados del Madrid, habría un porcentaje alto, seguramente, incluso mayoría, que estarían a favor de resolver que en el primer partido de octavos entre el Madrid y el Barça, Pepe no pisó adrede la mano de Messi, sino que lo hizo involuntariamente.

Ideales

Por mi oficio de observador de la realidad metido de hoz y coz en su barullo, me cruzo muchas veces al día con los más ancianos de la tribu. 

La mayoría, dependiendo de la hora, su humor y el tiempo que haga fuera, deambulan haciendo creer que algo les ocupa, leen todos los periódicos de cabo a rabo en los Centros de Mayores, compran pan y verduras en un comercio de vecindad, toman el sol o se quejan del viruje, juegan a las cartas o a la petanca (que es diversión con banzones para mayores) y, en los largos momentos, esperan llamadas que no llegan o discuten como si les fuera algo en ello, de fútbol, política o pensiones.

Es un desperdicio tenerlos así, dejando pasar el tiempo que les queda, sin ser capaces de encontrarles un sitio en nuestras vidas y no solo cociéndose en las suyas.

Los ejemplos en sentido contrario, de envejecientes que se niegan a ser decoración -hasta molesta- en la vida de otros,  son escasos. Es cierto que algunos, resistiéndose, inventan trabajos para mantenerse activos y, al mismo tiempo, no perder la comba de la pensión, en equilibrio precario, por su cuenta y riesgo.

Ya casi nadie quiere del viejo, el consejo, aunque sea gratis, y por eso ni trae cuenta y el riesgo es recibir burla o despecho a cambio. Efecto derivado de la contracorriente de lo que más se lleva, que es la moda de ser más guapo, alardear de joven y disfrutar a tope con lo puesto, mientras dure.

Mónica de Oriol,  presidenta de Cotec, en los únicos dos minutos de que dispuso para presentar esa magnífica idea a quienes no la conocían aún de cuantos asistimos a la entrega de premios KnowSquare 2011 el 25 de enero de 2012, nos ilustraba que en esa ONG se da sostén a los desamparados tecnoeconómicos, y que han llegado incluso a confeccionarles el Plan Estratégico a las Hermanitas de la Caridad, lo  que considero ejemplo perfecto de los propósitos de ayudar a alcanzar la perfección a quienes incluso, para su fortuna, tienen el cielo ganado, como se suele decir.

Ideales, necesitamos ideales (además de ideas). Está muy bien eso de tener que escuchar a los más jóvenes hablar de renovación, de confianza en el futuro, de deseos de cambio, ... aunque les cueste, obviamente, concretar.

Pero no debemos olvidar que los más viejos son los que guardan la memoria -y hoy que se lee muy poco, casi solo ellos- de los ideales. De los que nos han llevado, aunque sea a trancas y barrancas, hasta aquí. No de los últimos que se han incorporado al decorado, sino de los que se quedan, como poso, cuando ya no hay lugar para improvisar, ni sobra el tiempo, ni está el cuerpo para ganas de buscar nuevas veneras.

 

Absueltos de todo don

Mi profesión principal es la de poeta.

Es un estado vital y, por eso, es, con mucho, la que me ha dado más satisfacciones; he intentado compaginarla con la de pintor, pero ésta requiere más dedicación, trabajar la materia con herramientas que hay que conocer muy bien y, además, hoy día tiene demasiados ejercientes, que se exponen todos con la misma impudicia, buenos y malos, porque la pintura se hace, a diferencia de la poesía, para enseñar. Quiero decir, para mostrar a los otros.

"Absueltos de todo don" es el título de mi primer libro de poemas, que recopila algunos de los que escribí cuando tenía en torno a los 20 años. Después siguieron otros que, con sus títulos, completaban estos versos con los que empezaba un poema que era una premonición:

"Cumplir los veinte años
puede parecer importante a un niño
pero no nos engaña a nosotros
que, absueltos de todo don,
sin herencia posible,
no tenemos a nadie
que nos proteja al caer
con algo suave."

El 25 de enero de 2012, un Jurado popular absolvió, por estrecho margen, al expresidente de la Comunidad de Valencia, Francisco Camps y al exsecretario del PP en esta región, Ricardo Costa, del delito o falta de cohecho impropio, del que habían sido imputados.

Nos alegramos por ellos y sus seguidores. Nosotros ya hace mucho tiempo que estamos absueltos (1), pero de todo don, trajes incluídos.

------

(1) Utilicé la acepción menos conocida del verbo absolver, recogida por la RAE, que la identifica con "resolver", y, en mi imaginativa interpretación juvenil, "absueltos de todo don" equivalía a "liberados de todo regalo".

En la Plaza del Conocimiento, con optimistas

A esa hora de la tarde en la que en Madrid los mochuelos se recogen en sus olivos, los responsables de Know Square, una iniciativa plural enfocada, sobre todo, a dinamizar el cotarro de las ideas, convocó el 24 de enero de 2011 a socios, simpatizantes, amigos y, sobre todo, autores y editores de libros relacionados con la empresa, para otorgar los Primeros Premios que llevan el nombre de la plataforma.

Lo hizo utilizando el espacio físico del Auditorio Garrigues y contando, además de con la presencia del culpable principal de que el proyecto haya visto la luz y ande con buenos pasos, Juan Fernández-Azeytuno, con la de Antonio Garrigues, Elena Hernando (Fundación Lázaro Galdiano), Mónica de Oriol (Secot) y Carmen Hidalgo (Telefónica Pymes), que ocuparon la mesa presidencial y dieron, con sus palabras, un contenido especialísimo al acto.

No eran ellos, sin embargo, los que estaban destinados a ser los protagonistas, aunque es difícil sustraerse al encanto de las frases pronunciadas por todos ellos, muy en el papel de someterse a decir algo interesante en pocas palabras y, con su experiencia y simpatía en esas y otras lides, conseguirlo.

Hizo de conductor del acto, Alejandro Vesga, director de la revista Emprendedores, que cumplió su labor con matrícula de honor,  salpicando de humor las presentaciones y supo cerrarlo con una frase de antología: "Soy de natural optimista, pero viéndome rodeado de tanta gente inteligente, me reafirmo en que mi optimismo está plenamente fundado."

Los premios KnowSquare 2011 se concedieron a los siguientes títulos y autores:

"Steve Jobs" de Walter Isaacson, premio al mejor libro dedicado a la empresa

"No te rindas", de Enrique Rojas, premio al mejor libro dedicado a las pymes

y, nuevamente, a Enrique Rojas, por su acción divulgadora.

De entre los más de 200 libros preseleccionados para este novedoso galardón (que constituye un reconocimiento a los autores y una guía para lectores apresurados), se habían elegido como finalistas, a partir de las propuestas efectuadas por el Consejo Editorial de KnowSquare, al que me honro en pertenecer), también estos otros:

Para el primer grupo:

"Cosas que me enseñó la vida", de Carlos Espinosa de los Monteros.
"Economía de los no economistas", de Carlos Rodríguez Braun
"Generación de modelos de negocios", de Ostewalter y Pigneur
y "Historia de la economía", de John K. Galbraith

Para el segundo:

"El arte de cautivar", de Guy Kawasaki,
"Innovar para ganar" de Fernando Trías de Bes y Philip Kotler
"Inteligencia comercial" de Luis Bassat,
y "La nueva gestión del talento" de Pilar Jericó

y, como divulgadores, se habían también nominado como merecedores del premio, a: Carlos Rodríguez Bravo, José Antonio Marina, Mario Alonso Puig y Santiago Alvarez de Mon.

De las muchas frases destacables que, como perlas, nos destilaron nominados y premiados, resalto en este Comentario una que, de Cervantes, recuperó el multipremiado Enrique Rojas: "La felicidad no está en la posada, sino en medio del camino".

Ahí estamos.

 

De verdad, ¿es tan grave deber dinero?

Obsesionados por los aporreos en la puerta, no exactamente de los acreedores, sino de su fanfarria acompañante, -formada por esbirros con visión de catalejo invertido-, los acongojados dirigentes de algunos (¿de todos?) estados europeos corren alarmados desde la caldera fiscal, en que nos tienen sometidos a los de las clases medias. hasta la puerta del viento fresco por el que deambulan los prestamistas hábiles en disimular el anatocismo.

¿Y qué? Si por culpa de tanto grito de mozalbetes empingorotados en diplomas que los habilitan, parece, para juzgar el valor de papeles pintados, resulta que los que estamos dando el callo y aguantando el chaparrón a posaderas prietas, acabamos siendo desfondados, ¿qué va a pasar?

He sido educado en la idea -con tintes voluntaristas, pero sólido fundamento ético- que los Estados no podían quebrar, aunque ya no me acuerdo bien de las razones específicas, que supongo que consistirían en una mezcla de ideas respecto a la importancia objetiva del ser humano, su capacidad de recuperación casi infinita, el impulso incontenible del progreso técnico para explotar los recursos naturales e incluso inventarlos donde no los hubiera o los demás no los quisieran ver y, no en última instancia, para apelar a la solidaridad global.

También recuerdo que quienes estaban más al tanto de los asuntos del dinero alardeaban de que lo importante no era tener como tener quien te fíe. Todavía de vez en cuando leo o escucho del hábito de gentes de postín que tienen a gala salir de casa sin la cartera, pues les parece que no estaría bien ensuciarse los pinreles con papel moneda, incluso aunque se lo dieran muy plastificado.

En consecuencia: si circunstancialmente no somos capaces de generar plusvalías colectivas en nuestra aldea, y mientras nos apretamos los machos, en lugar de acudir como pazguatos a los mismos que nos prestaron, para que nos dejen más dinero con el que pagarles los intereses comprometidos -y que, ya lo estamos viendo, nos conceden aumentando como les pete sus réditos futuros, amañando la pelota en nuestro exclusivo perjuicio-, propongo que les plantemos cara y les digamos que hemos salido sin la cartera, y que sigan apuntando lo que les adeudamos en sus libretas, que ya pasaremos a verlos cualquier día.

Y si no quieren apechugar con lo que toca, los disconformes que vayan a reclamar al maestro armero, y que nos dejen, atendiendo a lo nuestro, tan campantes.

Porque o nos quieren ayudar a salir del atolladero o si lo que pretenden es vernos aún más aturdidos soplándonos en las orejas con trompetas y fanfarrias, que sepan que, por no poder concentrarnos en lo que a todos importa, lo van a tener cada vez más complicado.

Al tiempo, entendederas.

 

Apología del dragón

Apología del dragón

El 23 de enero de 2012 comenzó el año para los chinos, que terminará el 9 de febrero de 2013 y estará bajo los auspicios del dragón; más precisamente, del dragón de agua (subespecie dura de asimilar para los que lo tenemos por bestia con garganta flamígera).

Siguiendo una tradición que cuenta con varios milenios, los especialistas chinos en ponerle puertas al campo de la indefinición, están convencidos de que todo lo que tenga que ver con el dragón es positivo, y que, siendo éste el mejor signo bajo el que se puede nacer o vivir, los humanos y sus negocios están de enhorabuena. Se espera un aumento de los nacimientos en China y, para los que ya están con los pies en la tierra, cambios positivos en sus vidas, en especial, si han nacido en los años en que campó el dragón.

El dragón oriental, como es sabido, tiene poco que ver con el adoptado por la cultura cristiana que, aunque coincidiendo ambos en ser seres legendarios, se asocia por aquí al mal y al demonio. En la leyenda dorada, por ejemplo, escrita por un ingenioso monje algo desocupado amigo de dar que hablar de los santos conocidos hasta el siglo IX, aparece un San Jorge que vence a su dragón en desigual batalla; seguramente, por sublimación de este episodio, los cuentos infantiles están llenos de caballeros que derrotan a dragones para liberar fundamentalmente princesas, entregadas por sus congéneres a la voracidad del macrosaurio o víctimas del mismo por quién sabe qué perversas intenciones. 

Una excepción occidental a la regla de lo mal que se reportan los dragones a la imaginación infantil en nuestras latitudes, es el congénere solitario de cierto cuento inglés, que, en su primera realidad, fue princesa,  condenada a esa cruel transmutación por su malvada madrastra, y que solo recupera su verdadera identidad cuando su hermano la encuentra, en un episodio que los perversos, a los que no va dedicado el cuento, pudieran encontrar incestuoso.

El grafismo del dragón fue reduciéndose con los siglos, y ahora los chinos se conforman con representarlo con un carácter bastante simplón que, nos dicen a los adultos para facilitarnos la memorización, es combinación de un cuerpo de perro (entiéndase, su grafismo chino) con la cabeza de una serpiente. A mí me sugiere, como prácticamente todos los signos de la escritura china, el esquima para un paso de coreografía para el balet del Lago de los cisnes, por lo que no me ha servido como regla nemotécnica.

Picado por la curiosidad, he investigado, utilizando técnicas avanzadas de Google (aprovecho para enviar mi sentido pésame a los usuarios de Megaloud, en especial, a los de pago), los signos bajo los que nacieron varios de los políticos que ocuparán una parte del espacio de los telediarios en este año draconiano. El resultado ha sido decepcionante: no vamos a poder aprovechar la buena estrella. Tenemos cabras (Rajoy, 27.03.55), cerdos (Saenz de Santamaría, 10.06.7; y Guindos, 16.01.60), conejos (Rubalcaba, 28.07.51), ratas (Zapatero, 4.08.60: en este caso, teníamos), tigres (Montero, 28.07.50), pero no dragones.

Tampoco sirve de consuelo que en el exterior español, quienes controlan nuestros hilos no tengan la protección coyuntural: Sarkozy (28.01.55) es tan cabra como Rajoy, la física Merkel (17.07.54) es caballo y hasta Obama (4.08.61) nos ha salido vaca.

Queda solo confiar en que China tire del carro, apoyada en sus creencias y en la tremenda fuerza de sus cifras. Vaya para estos nuevos redentores, mi felicitación más entusiasta: 新年快乐! (Xīnnián kuàilè - ¡Feliz año nuevo!)

Para los que importa

No tengo dudas de que la preocupación más importante de los ministros económicos (Montoro y Guindos) del Gobierno de Rajoy es colocar la deuda soberana al menor coste.

Ese objetivo, aunque se empleen otros términos de la escuela monetarista, es el mismo que el que reflejan muchas de las expresiones que atemorizan nuestros convulsos ánimos: "hay que conseguir calmar a los mercados", debemos mejorar la "imagen en los medios internacionales", tenemos que "cumplir los compromisos frente a Bruselas", es imprescindible "defender nuestra credibilidad internacional", etc.

Si se consigue que los que lo tienen nos presten el dinero con bajos intereses, los estudiosos de la economía recreativa están seguros de que se atraerán inversores que se sentirán cómodos con la rentabilidad que nuestro pequeño país pueda proporcionarles en el futuro.

Fieles al cumplimiento de ese objetivo del que hacen depender, los que saben de números, la satisfacción de otros más subterráneos, los ministros económicos han concedido sendas entrevistas al Finantial Times, -tanto en su versión británica como alemana- en la que cuentan, a quienes no van a padecerlas pero se confía en que puedan disfrutarlas, las medidas que están imponiendo y están dispuestos a intensificar en España.

Entiendo -que no comparto- el propósito de manifestar que se ejercerá todo el poder de la Administración del Estado (el que sea, si bien me temo que de insuficiente entidad) para que las autonomías no gasten ni un céntimo que no hayan ingresado antes en sus cajas, y se anuncien nuevas levas a los particulares de más músculo para que contribuyan a la batalla por la credibilidad, y hasta puedo admitir la consistencia de que todo el mundo se apriete ahora como pueda las ganas de hacer cosas hasta que los de arriba estén seguros de poder devolver lo que se debe a unas incoherentes entidades financieras que hace un par de días nos animaban a consumir sin tasa, aduciendo que ya habría tiempo para arreglar las cuentas.

Lo que no puedo asimilar bien es a qué se espera para explicarnos a los administrados cuál es la exacta "hoja de ruta" que nos conducirá a la solución final, en este juego de la oca -que pierdo porque me toca- de medidas puramente restrictivas en el que lo único que vamos advirtiendo claramente es que a los que nos cocemos en la olla se nos aumenta el fuego y se arrojan al guiso más patatas, oyendo como respuesta a nuestros chillidos el que todo se hace por nuestro bien, mientras los que están fuera, calibrando según sospechamos, la ternura de nuestras carnes, no cesan de decir que aún hay que darnos un par de vueltas más para que el mejunge resulte más apetitoso.

Si es todo un chiste malo, que nos saquen de inmediato, quienes corresponda, del puchero, que ya se han reido bastante a nuestro coste. Y si la cosa va en serio, que nos corten primero las cabezas en vez de  darnos en ellas continuamente con el cazo para que no las levantemos.

Aires de mujer

Si resultara cierto, como alardean cada dos por tres de haber probado, graciosos pero acientíficos, estudios sobre el comportamiento humano, que hombres y mujeres pertenecemos a dos especies diferentes, aunque genéticamente compatibles, los varones tendríamos resuelto, al fin, el reto insuperable de competir, pretendiendo superarlas, con las hembras.

Mientras tanto, habrá que contemplar con masculino pavor la sistemática derrota de nuestro género, cada vez que uno de los nuestros pretende entablar una comparación en igualdad de condiciones con el equívocamente llamado sexo débil, ... salvo que se trate de temas rigurosamente irrelevantes para el común bienestar de las especies, como correr en una pista de arena con zapatillas de Nike, dar golpes a otro especimen con guantes de cuero o trepar por un andamio con una descomunal carga de maderos sin adoptar mínimas medidas de seguridad.

Tenemos bastantes ejemplos actualmente que deberían ponernos en guardia a los portadores del dedo prominente (con permiso de C.J. Cela, y aunque su dimensión no sea para alardear), de que la especie a la que la naturaleza otorgó capacidad paridora nos quiere abandonar. No hay ya necesidad de acudir al hipocampo, ni al lóbulo frontal, ni a las amígdalas; se han dado cuenta de que somos un estorbo, y nos dejan en la estacada.

Veo al candidato (no sé bien a qué, pero así se lo consideran) tiranosaurio Rubalcaba pretender competir con la velociraptor Chacón -que, además, según la he oído, se dirige tanto a los votantes como a las votantas- y me pregunto cómo no se ha dado cuenta el pobre Alfredo de que, aunque gane por la mínima, le van a comer vivo por la máxima los partidarios de que el PSOE se convierta en un partido charnela. Cúlpase del descalabro a Zapatero, pero no hay más que ver cómo se le han ido colando en las fotos de familia los alienígenas, pretendiendo cuotas de paridad, cuando hay millones de desigualdades que podrían haber sido resueltas primero.

Sigo con admiración -y miedo- la trasmutación de Ana Botella, pasando de acompañante en traje de baño de un tipo con dentadura y bigotes (y que, después nos enteramos, resultó que era el mejor Presidente que hubo en la España posconciliar), a auparse a alcaldesa de la mayor ciudad española sin necesidad de cambiar de sastra de toda la vida, y demostrando que lo sabe hacer mejor -o, al menos, igual- que el político mejor preparado del país, Alberto Gallardón, apto para un roto como para un descosido ministerio de Justicia. (1)

¿Vamos más allá de nuestras fronteras pirenaicas, más allá del peñón de Gibraltar, allende la mar océana? ¿Alguien se acuerda del marido de Hillary, que algunos siguen apodando Clinton (sí, el tipo aquél de la becaria), cuando camina con el mismo aire entre chinos, tirios, troyanos, árabes, israelíes, dando órdenes en el inglés que entienden todos los mercados de inmediato?

¿Qué decir de la pareja Merkel-Sarkozy? ¿Quién, con perdón por la osadía, dudaría en identificar "la hembra" -si por ello se entendiera, la parte más débil- de la desigual comunidad de intereses?

Puedo poner muchos más casos. Basten éstos para que el lector sagaz admita, especialmente si es varón -para la otra especie no hace falta argumentar la diferencia-, que una vez que se ha abierto la puerta a la igualdad, se le quitan a las mujeres las cadenas por las que se ha pretendido tenerlas enjauladas en sus labores, es imposible defender que Platón acertó al escribir que los dioses repartieron a los primeros hombres en dos trozos iguales, como castigo por no se qué veleidad. Quiá.

Uno de los pedazos se llevó la mejor parte y la otra, los despojos.

---

(1) Releo, ya en la tarde de este sábado, el Comentario y no quiero olvidarme de otra hembra de armas tomar que le está comiendo la tostada no solo al, por fin, aupado a su desgracia (por la nuestra) Rajoy sino a todos sus compañeros de bancada y cierra España: Soraya Sáenz de Santamaría y todos los santos, más lista que el hambre y la abundancia juntas, que, como es o ha sido docente, nos da clases de cómo entender lo que nos está pasando, e incluso de los que nos va a pasar o puede no pasar, para consuelo de partidarios, vergüenza de detractores y modelo global de lo que vale una fémina cuando la dejan campear a sus aires por los estrados.

Por qué y por quiénes estamos en una crisis

Quesíes. Que si la avidez de unos pocos, que si la corrupción de ciertos estamentos, que si la falta de un liderazgo, que si hemos vivido por encima de nuestras posibilidades, que si la economía sumergida, que si el boom del ladrillo, que si nos han crecido los evasores de impuestos y los paraísos fiscales, que si la desordenada globalización, que si el coste desorbitado del cuidado al ambiente, que si la excesiva apetencia de la sociedad del bienestar, que si los inasumibles niveles de prestaciones sociales o las interesadas elucubraciones de las agencias de rating...

Todas esas razones están muy bien para aplicarlas al caso, son creíbles, no parece sensato discutir su importancia, aunque no entendamos mucho respecto a la forma de cuantificar su relevancia. Podrían añadirse, incluso otras, y formar con ellas un panorama muy completo, nunca exhaustivo y que, por supuesto, será oportunamente -quiero decir, cuando ya no tenga aplicación- libro de texto en las escuelas de negocios.

Pero ¿por qué estamos viviendo la crisis justamente ahora?. ¿Quiénes están detrás, por encima de los seres humanos, si es que existe esa figura, de todo este movimiento para una brusca concienciación colectiva de que "algo va mal", sin que se estuviera plenamente seguro de qué había que hacer para corregir esa deriva hacia la calamidad? ¿Qué nos rige, desde el espacio de la metafísica?

De entre los dioses a los que se podría rendir veneración nuestra aldea global, los más sagaces han elegido rendir pleitesía al dinero y pedirle perdón.  Podíamos, si nos hubieran dejado en liberta para opinar, haber elegido otros, porque el elenco de deidades es, realmente, amplio.

De haber escuchado con mayor atención las voces interiores, habríamos tenido más consideración hacia uno de los dioses principales, temido por encontrarse en los lugares más recónditos del alma humana, en donde aparece de pronto, como el enano saltarín de los cuentos infantiles, amargándonos los buenos momentos: la ética.

Pero no escribo este Comentario para poner de manifiesto los principios deontológicos que hemos perdido, -en realidad, perdidos no están, los hemos dejado momentáneamente arrumbados, por conveniencia-, en nuestro camino inevitable hacia el más allá, oséa, hacia el futuro.

Me siento a la puerta de mi casa y veo pasar a muchos semejantes con su carga a cuestas. Me acerco para ver en qué consiste ese lastre y advierto que es un entresijo de miedos, conformismos, ignorancias, desánimos. Hay, en ese petate que llevan al hombro, con seguridad, muchas más cosas, pero rodeando ese interior, cubriéndolo todo como un líquen, resalta ese envoltorio incómodo.

Me parece que hemos perdido la ilusión. De tanto escuchar a los que nos hablan de temores, por prestar demasiada atención a esos profetas agónicos, nos hemos contagiado de su pesimismo.

Ahora que sabemos por qué y por quienes estamos en crisis, es momento de tomar las riendas de nuestro futuro, apartando de un manotazo a quienes no ven más que dificultades: no necesitamos consejos para amargarnos más.

Pongamos a un dios menor en el altar de las máximas veneraciones: la ilusión. Y entreguémonos, con devoción sin tapujos, a su poderosa influencia.

 

Così fan tutti?

He trastocado algo el título de la conocida ópera jocosa de Mozart, para reflejar con la sonoridad del italiano la que parece la mejor excusa que ha encontrado -sin valor jurídico, desde luego- el aún yerno de S. M. El Rey Juan Carlos para justificar el empleo maligno de los conocimientos que recibió de la prestigiosa Escuela de Negocios Essade, delegación de Barcelona.

El asunto de los negocios turbios de este miembro de la Familia Real española, hasta que se produzca su defenestración, como sucedió -por otros motivos, también de intensa proyección mediática, pero éticamente más dignos- está ya popularmente juzgado, sentenciado y, como dicen los analistas bursátiles, descontado.

Esta es una buena noticia, porque los más alarmistas y los acérrimos republicanos habían visto en el decurso del culebrón por el que se iban conociendo los tejemanejes, cada vez menos presuntos y más evidentes, de D. Iñaky Urdangarin, su mentor y asesores, la creación de una tela de araña en torno a la infanta Da. Cristina y, por ende y naturaleza, de la Monarquía. Que por un quítame allá un par de milloncejos, se arriesgase poner bajo la piqueta del escándalo el pilar más sólido, por intocable, de nuestras instituciones, era insoportable.

Pasado el susto, ya podemos predecir lo que sucederá: el fenómeno Urdangarín será aislado de cualquier contaminación hacia los miembros de la familia real y, con un poco de suerte y algo de humo, exculpado como coautor, coadyuvante o colaborador necesario de esas malversaciones de fondos públicos destinados en origen a ayudar a fomentar el deporte. Si acaso, su Fundación tendrá que devolver parte de lo concedido y no justificado. Pero no va a ser cosa de complicarlo más, obligando a que, quien puede hacerlo, le amnistíe de una condena penal.

Que así hacen todos es una torpe argumentación exculpatoria, pero se suele emplear mucho, en todos los órdenes de la vida, para apelar a los usos y costumbres y defender lo que, de otra forma, no tendría justificación.

Con ese argumento, sin ir más lejos, se ha enmarcado la visita del presidente Rajoy a Marruecos, como costumbre de los presidentes de la democracia española de hacer su primera visita al exterior a este país frontera, con el que nos unen tantos disgustos.

En sentido contrario, desviarse de lo que hacen todos, puede traer muy malas consecuencias. Que se lo pregunten al ya apartado provisionalmente de la carrera judicial, el en otras épocas intocable juez Garzón, que va camino de ser condenado por escuchas ilegales a los abogados de ciertos personajes públicos que hacían lo que, al parecer, hacen todos -hay que puntualizar, mientras no demuestren lo contrario- los representantes del populacho con mando sobre la pasta pública.

¿Qué es lo que puntúan las agencias de calificación?

Agencias de calificación hay muchas, pero de lo que se habla más últimamente es de las agencias de calificación de riesgos, que incluso, por razones de alóctonos, sabemos expresar en ingles: credit rating agencies.

No dudamos, por lo que vamos notando, que esas misteriosas agrupaciones de expertos en análisis de datos influyen en nuestras vidas, aunque ayudaría bastante a que no les diéramos tanta importancia si nuestros principales no actuaran como si la culpa de lo que concluyen con sus contundentes puntuaciones fuera nuestra, de los ciudadanos de a pie (o transporte público, utilitario, o bicicleta, que tanto da).

Se nos acusa de haber vivido por encima de nuestras posibilidades, contrayendo créditos que solo podríamos pagar si se fueran a mantener los salarios de trabajos que hemos perdido por culpa de la crisis. Se nos censura haber elegido mayoritariamente un gobierno que nos engañó -al parecer- indicándonos que nos encontrábamos a resguardo, porque nuestras estructuras financieras y económicas eran más sólidas que las de cualquier vecino, incluso el del zumosol americano.

En esa línea de argumentación, cuyo detalle ahorro al lector, se expresaría, en fin, que las agencias de calificación están valorando nuestra capacidad para construir un futuro creíble, sólido, y, -atribuyéndonos una mayor propensión a ser mani-rotos, torpeza para vencer dificultades en explotar eficazmente nuestras reservas naturales o, tal vez, exceso de reticencias éticas para apropiarnos de las ajenas, en comparación con otros Estados selectos del orbe-, aconsejan a sus clientes y seguidores que tengan mucho cuidado si invierten apostando por nuestro porvenir, dado nuestro inmediato pasado.

Llevados por esa argumentación, nuestros dirigentes políticos ponen en marcha medidas de austeridad, nos suben los impuestos, bajan los salarios efectivos de los empleados públicos, anulan inversiones en infraestructuras que dejan a medio teminar, y prometen, hablando para el vacío telemático, que harán con nuestros cuerpecitos lo que les digan cualesquiera que sean los que andan por ahí, incluso ofreciendo unos cuantos miles o millones de ciudadanos a las fauces del paro y la miseria.

¿Y si las agencias de rating, en esos sus misteriosos cubículos de análisis, con esas sus fórmulas arcanas y esos sus confidenciales procedimientos retorcidos, no nos estuvieran puntuando nuestra voluntad o capacidad para devolver, con creces, como siempre hemos hecho, lo que nos han prestado los que quieren invertir en nuestra capacidad de trabajo, sino presionándonos aún más sobre esa capacidad, para que aumentemos nuestro rendimiento en beneficio de sus clientes y amigos?

¿Y si las agencias estuvieran puntuando, no nuestra solvencia, sino lo que opinan de un país en el que, presuntamente, hasta los miembros de la familia real engañan a la Hacienda Pública; los portavoces de cada partido tildan de incompetentes y obtusos a los contrarios; se descubre cada dos por tres que un número indeterminado, pero creciente, de sedicentes representantes populares ha vivido encapirotado en la corrupción más trapacera; se enjuicia a jueces por haber aplicado el derecho y la ética; algunos de sus empresarios más significativos trasladan sus plusvalías al extranjero; se valora más en los centros de decisión la sumisión que la capacidad; se investiga a no pocos de sus mejores deportistas por el placer de comprobar si se drogan; se tolera el fraude fiscal como un mal inevitable; etc.?

Y si fuera así, tal vez, lo que estarían es invitando a los más inteligentes, formados y capaces de nuestros conciudadanos a que se marchen a otro lugar en que se aprecie su deseo de construir un futuro mejor para la humanidad, no para cuatro especuladores con el trabajo de los demás.

 

 

Sobre lo que vale un euro, digo un peine

No llovió mucho desde el 21 de enero de 2011, en que el Consejo Económico y Social Europeo (CESE) emitía un Dictamen sobre el Informe de la Comisión "Hacia un mercado interior del comercio y de la distribución más justo y eficaz en la perspectiva de 2020". Fue un año de tiempo seco, sentir hosco, careto tieso.

Este Comentario no discurre por los caireles meteorológicos, sino que hace referencia a un tema serio: el mercado interior europeo no funciona bien y, por tanto, el euro no tiene el mismo poder adquisitivo, aunque se utilice como moneda única en buena parte del territorio (pero lo será ya, sospecho, por poco tiempo).

Las consecuencias son terribles, porque están provocando flujos distorsionadores de bienes y servicios, ya que el euro de los alemanes, suizos o franceses, por ejemplo, es mucho más fácil de conseguir -para ellos- que el de portugueses, españoles, griegos o italianos.

El informe de la Comisión se concentraba en el sector del comercio, y era crítico -pero, al mismo tiempo, como proveniente de buenos funcionarios, animoso- respecto a los deseos expresos por las autoridades de que los europeos tuvieran en plazo corto, idéntico acceso a bienes y productos, -incluído el trabajo-, dentro de la Unión.

Hay que admirarse del empeño de los comisarios de Bruselas y sus asesores en reflexionar sobre lo que podría ser Europa si estuviera más unida: venga a hacer informes y a emitir propuestas de Directivas, que se acumulan, traspuestas o no, en libros de leyes casi todas incumplibles en las estanterías de los expertos en derecho comparado. Puede que sus detractores convengan en que no se distinguen precisamente por su capacidad para descubrir la pólvora, pero se les debe reconocer el esfuerzo que hacen por comprender una realidad de la que, debido a su trabajo de gabinete, se encuentran bastante alejados.

Cualquiera que se de un recorrido a pie por esa falsa unidad económico-política en la que se debate el neoconcepto de Europa constatará que un euro no vale -porque no sirve igual- lo mismo en un sitio A como en otro B. 

Ni siquiera hace falta cambiar de Estado. Son las "ventajas" del libre mercado, cuano no se le pone coto: Si Vd. puede permitírselo, -perdone el ejemplo nimio- puede comprar un kilo de sharonis en Supermercados Sánchez Romero y pagarlos hasta 2 veces más que en Casa Elías, a pocos metros (claro que en este sitio, tendrá que tomarse la molestia de escoger la fruta Vd. mismo con esas sus manitas que se ha de comer la tierra).

Cuando hace un par de años, al entonces Presidente de Gobierno, Rodríguez Zapatero, un ciudadano rompeguebos le preguntó si sabía lo que costaba un cafelito, la respuesta correcta hubiera sido:

"No tengo la menor idea. El precio del cafélito es libre y cada uno paga por él lo que le pidan, lo que depende del sitio en que te lo tomes. Puedes pagar 5 euros en el Real Club de la Moraleja y conseguirlo gratis con el menú del día en el Bar de Toño. Yo me lo preparo, tanto en mi casa como en el despacho, en la cocina de gas natural, con una cafetera italiana del año de carracuca, con café tostado natural de marca blanca, y que compro en paquetes de 250 gramos, que me sirven para 25 tazas y que adquiero al más barato, de los cinco comercios de abastecimiento que tengo cerca de casa, que visito mientras hago footing (cierran a las 21h30), a precios que fluctúan entre 1,75 y 2,25 euros. "

El CESCE, en su Informe, entre varias constataciones aún más obvias, afirmaba: "Dentro del mercado interior se han observado considerables diferencias de precios en los distintos Estados miembros para productos similares. El CESE recomienda que todo estudio de los precios se centre en la transmisión de precios y márgenes a lo largo de toda la cadena de suministro. El CESE coincide igualmente con la Comisión en que existen varios factores que influyen en la fijación de un precio. Además de los costes operativos, estos factores son, entre otros, las rentas medias de las familias, el IVA, los costes de transporte, los costes de alquiler, los costes salariales, el marco regulador, el grado de competencia o prácticas comerciales tales como la imposición de límites territoriales a la oferta y las prácticas abusivas que tienen lugar a lo largo de toda la cadena de suministro. (...)"

Creo que a la enúmeración, si no es exhaustiva, no le falta mucho para serlo, y sirve a mi propósito de concluir que la Comisión y el CESCE son plenamente conscientes de lo que vale un euro en cada sitio.

Corregir la situación es harina de otro costal. Por eso, le doy toda la razón el presidente Mariano Rajoy: "No necesitamos que nadie nos diga lo que hay que hacer". Puesto que ellos no lo saben, nosotros tampoco. Así que, cuanto menos ruido, más tranquilidad se tiene para decir con rotundidad que vamos a "hacer lo que hay que hacer", o que hemos hecho "los deberes". ¡Vamos, a nosotros con ésas!.

A medida que avanzamos en la oscuridad, me convenzo de que nos vamos a enterar pronto de lo que vale un peine. Me temo que, esta vez, nos va a costar a los españoles bastante más caro que en Alemania.

Actividades generadoras de empleo (y 4)

El área total de ese "triángulo del empleo" (en el que, como expresé, la altura sería el nivel de tecnología o cualificación necesarios y los cortes paralelos a la base, el número de empleos relativos a él), será, idealmente, igual a la población activa potencial.

Las cifras de parados y de quienes aspiren a su primer empleo aparecerán en ese esquema, en los niveles correspondientes a su formación, y nos darán una idea de las necesidades de generación de actividad que permitirían integrar a esas poblaciones en el triángulo virtuoso.

La pérdida de un sector de actividad importante generador de empleo a niveles inferiores es muy difícil de cubrir; pretender sustituirlo con iniciativas de alta tecnología, en un proceso a corto plazo, es una quimera, porque el triángulo se romperá, no ya por la vía de la estructura económica -una sociedad que fuera excepcionalmente avanzada como para concentrarse en productos de gran valor añadido podría, teóricamente, depender de la inmigración y la importación para satisfacer sus necesidades básicas-, sino porque la destrucción de empleo de un sector de nivel inferior exige miles de iniciativas individuales en los sectores superiores.

En fin, mi reflexión me lleva a afirmar con rotundidad que una estructura socioeconómica no puede modificar bruscamente sus esquemas, sin exponerse a graves desequilibrios que le causarán más daño que ventajas. Estamos viviendo esta situación en la reconversión del carbón, del naval, del campo, de la siderurgia, de la pesca (entre otros), y, últimamente, de la construcción y del sector bancario, y lo que hemos recogido son trozos, desgarros del triángulo de empleo, que no hemos conseguido cubrir o lo hemos hecho solo con precariedad.

Concluyo: es muy interesante, a nivel de estrategia a medio plazo (cinco años, como idea), impulsar empresas en nuevas tecnologías, pero se ha de ser consciente que, precisamente por ser más eficaces, cuando se orientan a sustituir actividades existentes, generan desempleo, reducen puestos de trabajo, aunque, desde luego, permiten obtener beneficios que pueden ser importantes para sus impulsores.

Las empresas tecnológicas que deben impulsarse son aquellas en las que sus productos y actividades se dedican fundamentalmente a la exportación -especialmente a mimar si lo consiguen en países tecnológicamente más avanzados que el nuestro-; se ha de ser más escéptico, como Administración pública, respecto al apoyo a aquellas que hacen lo mismo que las existentes, pero de forma más eficaz: hay que dejar, aquí, que el mercado cumpla su función correctora, sin más estímulos.

Mi propuesta iría casi en sentido contrario: desde la posición de conservar empleos, hay que ser proteccionista de lo que se tiene. en particular, respecto a los sectores intensivos en mano de obra. No creo en el mercado globalizado como solución mágica a la creación de puestos de trabajo. Al contrario, la apertura sin trabas a las eficiencias exteriores crea servidumbres y desempleo.

Lamento estar contra corrientes de apertura a toda innovación, pero en esta serie de artículos estuve reflexionando sobre "el empleo, estúpido".

Actividades generadoras de empleo (3)

En fin, voy al grano. Construyo las conclusiones prácticas de mi argumentación, analizando los efectos de la interacción entre tres de las variables formales más importantes de una economía (típicas de la llamada "función de producción·: trabajo, capital y aportación de tecnología).

La generación de trabajo por la aportación creciente de capital no es una función monótona creciente. A partir de un cierto momento, se produce la saturación de las actividades posibles para un flujo de capitales dado, y la creación marginal de trabajo disminuye rápidamente. Las empresas compiten ineficazmente entre sí, duplican sus cometidos sin que exista mercado, y se destruye empleo, pasando a ser más rentable -desde la perspectiva socioeconómica global, que voy a tratar no perder en este Comentario- la incorporación de tecnología para devolver a los inversores los rendimientos al capital que desean.

La relación entre capital y tecnología es mucho más eficiente: a mayores desembolsos en i+d, todo el mundo está de acuerdo -con la excepción injustificable de algunos gobiernos- en que se incrementa el desarrollo tecnológico. 

En cuanto a las interdependencias entre trabajo y tecnología, mi criterio es que son competidores irreconciliables. Para un entorno dado, el aumento de la tecnología destruye empleo: en una economía expansiva, se puede recuperar con el tiempo, gracias al crecimiento de las empresas tecnológicas, a base de apropiarse de mercados de economías menos avanzadas, a las que colonizarían.

En una economía globalizada, especialmente en las zonas en donde se ha alcanzado la saturación tecnológica para aportaciones dadas de capital, sin embargo, grandes bolsas de trabajo se perderán para siempre: los rendimientos crecerán gracias a los robots, las redundancias serán eliminadas, la mejora de gestión evitará despilfarros y tiempos improductivos, los empleos de menor cualificación serán poco remunerados y, en su mayoría, sustituídos por máquinas..

¿Qué hacer, pues, en una economía de país intermedio? Mi criterio es que hay que comportarse de manera absolutamente pragmática, y tratar de construir una pirámide de empleo posibilista, en la que se dejen, adrede, huecos por cubrir que se confiarán a las importaciones, y que actúe concentrada en las particularidades, ventajas comparativas e intereses específicos del propio país.

Es decir: no se trata de imitar locamente lo que hacen otros -en particular, no lo que hacen los países más avanzados- sino estudiar lo que hacen para, aprovechando sus necesidades no cubiertas, carencias, abandonos de producción o intereses en servicios, ubicar las bases de nuestra producción, pensando, ante todo, en el empleo que podamos generar, pero también en lo que nos cuesta el desempleo que provocan nuestras decisiones.

En la base de nuestro sistema productivo, está el sostenimiento de las siguientes actividades, ampliamente generadoras de empleo: producción agropecuaria, incluída la forestaL; servicios de sanidad y salud, servicios de educación, servicios de apoyo al bienestar (ocio, turismo, hostelería, distribución y comercio, banca), infraestructuras en general, y específicamente, de transporte; construcción y rehabilitación de viviendas; producción de energía; gestión de recursos hídricos; eliminación de residuos; función pública;

En el nivel intermedio (además de parte de los citados, en la medida en que producen bienes más elaborados), se encontrarían: produccción metalúrgica y de aceros especiales; talleres de transformación metalmecánica de piezas contra pedido; minería de metales escasos; fabricación de automóviles y vehículos de transporte; transformación de materiales de fibra de vidrio reforzada y materiales especiales; fabricación de componentes para equipos electrónicos y de comunicaciones; productos para farmacología y aparatos quirúrgicos y para medicina asistencial; etc.

En el vértice se encontrarán los trabajos en investigación en las líneas preferentes de desarrollo para el país. A ese cuerpo de élite habrá que cuidarlo especialmente, consiguiendo la coordinación entre los centros de investigación públicos y privados, remunerando económicamente a los equipos, con solvencia y largueza, y recompensando a los mejores con prestigio social y proyección científica.

(seguiré)

Actividades generadoras de empleo (2)

Si el lector ha seguido mis razonamientos anteriores, convendrá conmigo -mejor dicho, con la Historia- que las prestaciones de servicios, o servidumbres- han sido siempre los genuinos distribuidores de los medios necesarios para sobrevivir, especialmente imprescindibles para la subsistencia de los menos favorecidos de la sociedad, que ven su trabajo recompensado tanto por la vía de salarios (mínimos) como, en parte o todo, mediante pagos en especie.

Debemos ser conscientes que la situación ha cambiado brutalmente, y al mismo tiempo que hay trabajos que hoy se consideran -por exigencias del guión de la sociedad del bienestar- denigrantes, desagradables, insoportablemente molestos o increíblemente peligrosos para la remuneración que se ofrece por ello, se ha ido elevando el número de personas con conocimientos en ciertas tecnologías o métodos, que, con unos estudios bastante rudimentarios, pueden prestar servicios que se juzgan mucho más cómodos, aunque, por el exceso de oferta laboral, han pasado a ser escasamente remunerados, después de un boom inicial.

Me refiero a peluqueros, esteticistas, "informáticos" (en realidad, conocedores de programas específicos que saben usar pero no siempre conocen para qué sirven), mecánicos, dependientes de grandes almacenes, secretarios de alta dirección (porque pueden acreditar dos estancias de verano en Inglaterra o Estados Unidos trabajando en una hamburgúesería), etc.

Se enfadarán, sin duda, pero voy a colocar aquí a una parte importante de los funcionarios de las Administraciones públicas, con puestos generados desde la locura descentralizadora, aupados a ellos por ganar oposiciones preparadas por "agencias especializadas", que les garantizaban prácticamente el éxito solo con saberse de memoria un par de decenas de cuartillas, incluída la fórmula para marcar con crucecitas las respuestas correctas a preguntas supuestamente ingeniosas y que, no pocas veces también, resultan ininteligibles para los auténticos expertos.

La modificación del panorama tecnológico ha puesto el énfasis en ciertos conocimientos que, desde hace menos de cinco años, han pasado a ocupar la primera línea de las ofertas laborales, que, en no pocas ocasiones, resultan ininteligibles para formados en los centros tradicionales o sorprenden, porque correspondían a titulaciones antes poco valoradas.

Por ejemplo: a) expertos en el entorno de redes (diseñador de interfase, analista de sistemas, etc.); b) titulados con formación en el análisis de comportamientos (sicología, sociología, etc.) c) capacidades demostrables en la gestión de información (matemáticos, físicos, antropólogos, ingenieros, etc.); expertos en sectores vinculados al uso de la tecnología digital (creadores y mantenedores de webs, prospectores y consejeros de negocios digitales, venta telemática, etc.)

Las carreras universitarias no forman para la mayoría de estos puestos de trabajo, incluso aunque los centros oficiales otorguen un título que, por su dicción, parecería encajar. En unas, porque la especialización ha crecido y se siguen programas obsoletos, demasiado amplios, impartidos por profesores que están desconectados de la economía real. En otras, porque los contenidos se han fantaseado para ofrecer la apariencia de un título de tercer nivel, cuando la formación que se adquiere en ellas tiene más de fantasía teórica que de práctica útil.

(continuará)

Actividades generadoras de empleo

Hace ya meses que los sectarios del ambiente como generador de empleo y riqueza se han callado la boca -era de esperar: conservar la naturaleza es objetivo de ricos y ahora lo que nos pesan son las deudas- y esta calma relativa me permite realizar algunas consideraciones -por lo demás, casi triviales- sobre los sectores que generan empleo en nuestra actual estructura socio-económica.

Perogrullo podría afirmar que las actividades que más empleo generan son aquellas que precisan mayor aportación de mano de obra por unidad producida o servicio prestado. Si no tomamos en cuenta la calidad del trabajo ni la cuantía de su remuneración, trabajos que no precisan ninguna cualificación profesional, o muy escasa, serían los idóneos para crear rápidamente empleo: servicio doméstico, peón caminero, ayudante de camarero o de cocina, vigilante, portero, albañil, etc.

No pretendo, ni mucho menos, hacer ver que infravaloro estos oficios, sino que la formación precisa para cumplir con el cometido razonablemente bien no es muy alta (Claro que, para hacerlo muy bien, será necesaria experiencia, dedicación, voluntad para ello, etc.).

Supongo que no descubro nada que pueda escandalizar si afirmo que, en las épocas de mayor bonanza del pasado, muchos de estos oficios estaban remunerados al nivel de subsistencia -y, si nos desplazamos algo más allá en el tiempo, incluso prácticamente todos los oficios manuales y una parte de los intelectuales, también-por lo que sus realizadores apenas si tenían para malvivir; una familia acomodada podía permitirse tener uno o varios de esos criados o ayudantes, incluso: sirvientas, chófer, jardinero, guardés, etc.

Las empresas y sus directivos, por su parte, podían estimular la productividad ofreciendo incentivos, estimulando el trabajo a destajo y -lo que era más importante- calcular con mucha exactitud el coste de la mano de obra en relación con el precio de venta del producto, cuidando su rentabilidad.

Cuando la presión reivindicativa de algunos de los trabajadores manuales, organizados en sindicatos, incrementó sus salarios (junto a la adquisición de otras ventajas, todas o casi todas, justas) se produjo un fenómeno distorsionador, que tuvo varias corrientes paralelas: ciertos trabajos de lo que ellos hacían resultaron mejor remunerados y se mantuvieron -al menos, durante cierto tiempo, hasta que la presión de los mercados, obligó a cerrar sus empresas, por falta de competitividad frente al exterior, que no pudo compensarse con la mejora técnica-; otros, se perdieron para siempre o pasaron a ser realizados incluso sin remuneración; y, en fin, algunos más pasaron a ser cubiertos por un nuevo lumpen, los inmigrantes de países en desarrollo.

(continuará)

 

Inspirándose en un trabajo de chinos

Entre las muchas sugerencias constructivas que pueden deducirse de culturas diferentes en las que no hemos sido educados, la oriental (me refiero aquí especialmente a la china) proporciona un bagaje que me parece excepcionalmente atractivo.

Crece el número de estudiantes de la lengua china, y las razones para ese interés parecen derivarse de la convicción de que así se facilita el acceso a un mercado imprescindible, cuya entidad no hará más que aumentar en las próximas décadas. Desde luego, como mejora de la dotación personal para encajar en "un nuevo orden" previsible, en donde ciertos países con economías emergentes jugarán un papel predominante, esa decisión no puede sino compartirse.

Sin embargo, aprender a leer y a expresarse satisfactoriamente en esa lengua tan diferente a las occidentales solo será factible (salvo para privilegiados) si se toma la decisión cuando se es muy joven. Así que, sin faltar al respeto, considero muy poco probable que si el lector ha llegado hasta aquí pueda cumplir el reto, dada su edad.

Con todo, introducirse en las formas de relación y razonamiento verbal de las lenguas orientales resulta muy útil como provocación para generar ideas o metodologías en las que, seguramente, no se hubiera reparado. Ya se sabe que la creatividad se refuerza situando la reflexión personal en entornos que no habían sido trillados.

La estructura gráfica de la escritura china descansa en un conjunto de caracteres o signos básicos, con el carácter de clasificadores, -unos 250- que se combinan idealmente para formar ideogramas más complejos -hasta 50.000, aunque con el conocimiento de 3.000 o 4.000 se podrá leer un periódico y entender la mayor parte de los escritos-.

No existe una metodología clara para esa combinación, aunque en bastantes ideogramas se puede detectar algo de la intención que los originó, si bien, con el transcurso del tiempo, muchos se han adulterado hasta hacer irreconocibles sus intenciones originales, y constituyendo un quebradero de cabeza para quienes tratan de sistematizar de pé a pá (符号中的意义) el aprendizaje.

Voy ahora a la aplicación. La cultura occidental nos ha llevado a suponer que existen 8 o 9 tipos personalidad que constituyen las líneas básicas del comportamiento. Cuando analizamos con sentido crítico la relación de personas a las que se les atribuye cada uno  -gentes públicas de las que sabemos, realmente, poquísimo-, advertimos, en general, que lo que se está valorando son, en realidad, sus actuaciones frente a situaciones excepcionales.

Pues bien: Desde mi observación, resulta sorprendente comprobar que las personas adultas asimilan las características de lo que ven o experimentan con mayor frecuencia, transformando su aspecto físico y adoptando sus módulos de comportamiento a lo que pueda derivarse de ese estado circunstancial.

Por ejemplo, una persona con un perro se acabará pareciendo a él y, para facilitar la transformación, comenzará eligiendo, si puede, uno que ya se le parezca algo, y adquirirá la costumbre de hablar para él, darle órdenes, comer lo mismo que él y, ya como culmen de la identificación, sacarlo a pasear por la mañana temprado o de noche cerrada, para evitar recoger sus cacas, alegando que es él, el supuesto propietario, quien sale a dar un paseo: se estará comportando como el animal que tiene por compañia y, por extensión, como casi todo individuo con perro: egoísta, despreocupado por sus semejantes, etc.;

Si alguien tiene la boca o las orejas grandes, se emparejará con alguien de parecidas características, porque se habrá acostumbrado a no verse esa cuestión como defecto, sino como mérito: los de las orejas, serán melómanos; los de las bocas, golosos: Si se ha vivido en Alemania -especialmente, si allí ha sido marginado como gastarbeiter- se presumirá de ser más rígido que sus nacionales y, además, si se es varón, existe una alta probabilidad de que se deje crecer una barbita de chivo, beberá mucha cerveza y dirá jawohl a cada tontería que se le ocurra, convirtiéndose en un plomo para sus semejantes ; si es propietario o usuario de un lujoso chalet individual, es casi seguro de que también manejará un coche de alta gama y evadirá impuestos, cazará bichos con muchas cuernas y alimentará la suya; etc.

Añadiendo signos a lo que se sabe de una persona, se podrá perfilar lo esencial de la personalidad y comprobar que está reflejado en su apariencia, y esta observación puede perfeccionarse con el añadido de combinaciones de nuevos signos, hasta llegar a alcanzar una precisión satisfactoria -e inquietante- acerca del previsible comportamiento del individuo.

Haga la prueba con su jefe o compañeros de trabajo, con los políticos más relevantes y, cuando adquiera práctica de clasificación, experimente con desconocidos. Si le contestan con un exabrupto y no digamos, si le largan una bofetada, es signo inequívoco de que está en el buen camino.

 

 

Disponible el libro con los Comentarios de Alsocaire en 2011

Como otros años, tengo a disposición de los lectores que lo deseen, en formato pdf el compendio de los aproximadamente 330 Comentarios que publiqué en este blog durante 2011. Un total de 310 páginas que recogen mis reflexiones de actualidad durante el período.

Para recibirlo, basta con que manifiesten este deseo en este mismo blog, indicando, eso sí, un correo electrónico correcto. No quedará visible para el público general este correo, si al rellenar los datos para escribir la petición, escriben la dirección de envío donde se solicita "correo electrónico del autor del comentario (no será publicado". Solamente yo podré, en tanto que único Administrador del blog, leer ese contenido.

Gracias por vuestro interés.

Angel Arias 

A la búsqueda de iniciativas para aumentar el bienestar

He tenido un sueño. Si la sostenibilidad del mundo global fuera objetivo común, la humanidad estaría seleccionando un "Director de Nuevos proyectos", que, con un equipo de élite, se encargara de seleccionar las iniciativas más prometedores para generar bienestar a escala mundial, aumentando los niveles actuales. 

Un trabajo interesante, sin duda, para el que no será fácil encontrar el perfil más adecuado. Para empezar, hay que destacar un matiz respecto a los objetivos que deberían encomendarse al personaje: no se trataría de generar riqueza y empleo como propósitos prioritarios -ni a escala global, ni, por supuesto, a escala local-, sino de aumentar la satisfacción total.

Es una quimera, una elucubración solo posible ante el papel. De ser siquiera esbozado el análisis de esta propuesta, se dedicarían décadas antes de tener unna ligera idea de cómo medir la satisfacción del ser humano, escogiendo aquellas características que fueran admitidas como relevantes. ¿Estarían unánimemente de acuerdo los representantes de todos los países respecto a lo que representan índices ya utilizados en la actualidad, como el IDH (índice de desarrollo humano)?.

Bueno, tal vez, habría que empezar designando a un Defensor de la Humanidad, un recolector de todas las quejas de los que se sintieran agraviados y que tuviera, al menos, un mínimo poder para poner sus resoluciones en el Panel de anuncios por un mundo sostenible.

El Defensor de la Humanidad podría reportar a un Consejo Mundial de Etica, formado por representantes de todos los Estados, grupos sociales, etnias, en número directamente proporcional a sus habitantes o miembros e inversamente proporcional a su riqueza. Ese Consejo debería, también, tener la capacidad de decisión para seleccionar de forma autónoma e incuestionable aquellos proyectos que deberán ponerse en marcha y en qué lugares, de la relación que le fuera presentando el Diector de Nuevos Proyectos Mundial.

Para conseguir la capacidad económica con la que poner en práctica los proyectos que fueran seleccionados, avalados con los correspondientes estudios de viabilidad, el World Project Manager (suena mejor en inglés) dispondría de un cierto capital formado por los importes presupuestarios que todos los países de la Tierra hubieran destinado a dotarse de armamento y mecanismos de defensa durante los próximos diez años, "a partir de ya".

Esta cantidad, seguramente insuficiente, se incrementaría con la mitad de beneficios empresariales que no se dedicara de inmediato a reinversión.

De pronto, me desperté. En la radio, alguien anunciaba que había que dejarse aconsejar, en un país de Liliput, por la empresas que estaban teniendo éxito en la generación de riqueza. Y me volví, consciente, a la pesadilla.