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Al Socaire de El blog de Angel Arias

Sobre la capacidad de convicción

Capacidad de convicción y credibilidad no son conceptos idénticos, pero convergen a un mismo objetivo: subyugar la atención del otro, haciéndolo partícipe de nuestros argumentos.

El mundo publicitario está poblado de iconos que ofrecen credibilidad. De esa forma, se realiza un salto, un atajo, sobre la capacidad de convicción, porque no parece necesario exponer argumentos, sino, sencillamente, imponer sobre el que recibe el mensaje la fuerza expresiva, ética, de quien nos lanza el mensaje.

Esta utilización malsana de referencias emblemáticas en algún sector, para aplicarlas a otro, ha envenenado la mayor parte de los mensajes. El mercado ha asumido esta dislocación, al parecer, no solo sin problemas, sino con fruición. Rafa Nadal es un gran tenista, pero resulta convincente, al parecer, vendiendo seguros. Fernando Alonso no solamente nos hace vibrar de emoción -especialmente a los asturianos- subido a un Fórmula Uno, sino que, además, nos anima a resueltamente, como un imán, a abrir una cuenta en determinado Banco, con más poder que cualquier bancario.

Los ejemplos son múltiples, y, en ciertos casos, alcanzan lo cómico. Una actriz entrada en años se representa a sí misma (aparentemente) para hablar de sus pérdidas de orina y la forma, sino de corregirlas, de disimularlas; un otrora galán de comedias reconoce tener malas digestiones -en su fase de evacuación- y nos confiesa que ha superado lo que los franceses llaman constipation con un yogur que cuesta el triple que los demás de la estantería.

Pero sobre la aberración de hacernos confundir la capacidad de convicción, es decir, los argumentos, con la credibilidad de la persona, esto es, la capacidad de seducción, el ejemplo más preocupante nos lo dan, en estos momentos, los políticos y jefes de Estado. Para ser presidente hay que ser guapo o tener al lado una mujer que lo sea (y mejor, las dos cosas). Incluso para ser Papa hay que vestir como un figurín.

De los países europeos, muy pocos mandatarios se salvan, por desmañados o feos, de tener que utilizar la capacidad de convicción con más fuerza que su capacidad para adormecer al personal con su estética. Angela Merkel es nuestra favorita. Esta mujer tiene su encanto en las ideas y, viéndola exponerlas desde su escaso encanto físico, nos hace recuperar la inteligencia del que escucha, porque es interesante lo que dice, no cómo lo dice ni con qué envoltorios.

Sobre la probabilidad de morir atropellado en el desierto

En los desiertos, no hay muchas carreteras, y por las pocas que hay circulan escasos vehículos.  En particular, la probabilidad de que un blanco sea atropellado por un vehículo a motor en un desierto africano es muy pequeña. Y, siendo pequeña, es, seguramente, algo mayor la probabilidad de que un negro norteamericano sea atropellado por un vehículo a motor africano en el desierto de Atacama (que está, paciente lector, en Chile -con permiso de Bolivia- y se considera hasta hoy el mayor del mundo).

Son elucubraciones sin mucho sentido, pues incluso ambas podrían considerarse nulas, referida a una persona concreta, si ésta -blanca o negra- tomara la firme determinación de no pisar jamás de los jamases ninguna extensión de arena el resto de su vida.

Pues bien. Las cosas pueden cambiar. Las predicciones indican que la Tierra se calentará un par de grados en unos años. Unos investigadores bastante serios han confeccionado un informe con datos para afirmar lo que millones de personas estaban constatando por su cuenta. La Tierra se calienta. Parece que existe una correlación entre la concentración de CO2, el agujero de ozono en la atmósfera y el aumento de temperatura de la corteza  terreste. 

Como los convencidos de que el calentamiento global no tiene ya remedio se suman a quienes creen que todo es una patraña para vender más ventiladores, estas elucubraciones científicas y aquellas constataciones personales, no preocupan demasiado a los políticos.  Por ello, la tradicional bajísima probabilidad de morir atropellado en el desierto va a verse modificada en un doble sentido.

En primer lugar, poque aumentará el número de desiertos, ya que el calentamiento provocará la subida del nivel del mar (se especula que podría llegar hasta unos 7 metros, con lo que los apartamentos en las costas se convertirían en potenciales observatorios submarinos), y, al mismo tiempo, la tierra firme se convertirá en muchos lugares un secarral, por la falta de agua. En resumen, habrá más desiertos en una menor superficie libre de agua.

Además, habrá más coches. Los países en vías de desarrollo no están dispuestos a dejar de traducir el bienestar en términos de locomoción. China, India, Brasil y todos los países que ahora tienen bajas rentas per cápita aunque alto potencial de crecimiento, no cejarán de forzar su desarrollo hasta que su número de vehículos por habitante sea similar al de los países desarrollados.

Si tenemos en cuenta que 2.000 millones de personas adquirirán unos 1.000 millones de vehículos nuevos y, paralelamente, que la superficie útil para circular se dividirá por 4 en los próximos 50 años, y que, además, los desiertos estarán surcados por muchas nuevas carreteras para conducir con rapidez desde ninguna parte a otra ninguna parte, la probabilidad de morir atropellado en el desierto, aumentará muchísimo.

(Por cierto, ya están teniendo lugar otras modificaciones asombrosas. Por ejemplo, la probabilidad de encontrar un hotel-restaurante completamente construído en hielo en Dubai, que era hasta ahora igual a la unidad, debido a la suspensión de pagos de este rico emirato -razonablemente, la crisis económica ha afectado más intensamente a los que tienen mucho que a los que no tienen nada-, podrá pasar a ser cero en breve.

Este hecho no tiene que ver con el calentamiento global, sin embargo, sino con la tendencia ineluctable  hacia la racionalidad que, en contra de la contagiosa estupidez humana, presenta la propia naturaleza de las cosas.)

Sobre la inseminación artificial y sus efectos secundarios

Una de las complicaciones más serias de la inseminación artificial es el síndrome de hiperestimulación ovárica que, en su presentación más grave, puede provocar incluso la muerte de la mujer que esté sometida al tratamiento.

Los síntomas se presentan a los 4 o 5 días de la extracción de los óvulos. Los casos más graves suelen estar asociados con el embarazo y exigen hospitalización inmediata para recuperar la pérdida de líquido, el balance electrolítico, controlar a la paciente y, si fuera necesario, provocar el aborto. En todos los casos, se manifiestan con náuseas y dolores abdominales.

No es cosa de desarrollar en este Comentario el panorama de las posibles complicaciones de un proceso que está siendo seguido, con éxito, por miles de pacientes en España (y en el mundo). Los lectores que puedan seguir el inglés y deseen ilustrarse en el tema, pueden darse un recorrido por la excelente información que proporciona el ivf-infertility.com.

La curiosa cuestión que nos motiva a meternos en esta camisa de once varas es la reciente Sentencia de la Audiencia Provincial de San Sebastián, que absuelve de responsabilidad a un equipo médico que no advirtió a la paciente que estaba siendo sometida a un tratamiento de infertilidad de que entre los efectos secundarios de la administración del preparado farmacéutico Neo-fertinom se hallaba la posibilidad de sufrir graves problemas cardiovasculares, como el que sufrió la mujer, a la que se provocó un infarto isquémico (en este caso, un ictus cerebral, que le supuso una hemiplejía permanente).

El Neofertinom es un medicamento-droga, obtenido a partir de la orina de mujeres menopáusicas, del que también habrán oído hablar los aficionados al ciclismo, pues se utiliza(ba) como estimulante para obtener mejores resultados en las competiciones deportivas.

Dice la Audiencia, entre otros obiter dicta, para justificar su fallo, confirmatorio de la Primera instancia, que "el efecto secundario de los medicamentos suministrados (lo) desconocían los propios facultativos" (ya que) "la información suministrada en el prospecto español del Neo-fertinom carecía de la exhaustividad suministrada en el americano".

Learn English, mother-to-be ladies, if you wish know for the better the way you are probably walking when engage yourselves in ivf- infertility processes. But be conscious from the inconvenient collateral consequences. According to our high-court judge´s opinion, some ivf-infertility risks are only published to terrify naïve English women.

 

Sobre Aminetu Haidar y el Sáhara Occidental

Aminetu (o Aminetou) Haidar podría ser una mujer normal. Pero es una activista de la causa saharaui. No una cualquiera.

En un momento determinado de su vida, cuando volvía de recoger un premio desde Nueva York, pecisamente por su defensa de las libertades humanas, las circunstancias la han puesto en primera línea de actualidad mundial con titulares mucho más destacados. Quiere morirse porque Marruecos no la deja volver a su patria, con su familia.

Nos hemos ido enterando a trozos de su guerra, en la que solo está empleando su razón y su cuerpo frágil. En lugar de doblegarse ante los que tienen la sartén por el mando, para que la historia no pasara por ella, ha decidido no detenerse, ni arrodillarse, ni cambiar de rumbo.

Emprendió una huelga de hambre que dura ya veinte días, y que arriesga convertirla en mártir de un objetivo absolutamente razonable: la autodeterminación para los saharauis, la libertad para su pueblo. Una causa que cuenta con todas las simpatías imaginables pero al que le ha faltado, además de las buenas palabras, la fortaleza de los apoyos imprescindibles sobre la mesa en la que los países grandes dan los puñetazos cuando quieren amedrentar a los dictadores.

Aminetu tenía un pasaporte en regla que le fue retirado en El Aaiun, antes de un oscuro procedimiento plagado de tensión e irregularidades por el que la policía y otras autoridades marroquíes la enviaron a Lanzarote -al parecer, con la incomprensible connivencia de la Administración española-, "en donde estaría mucho mejor" que defendiendo sus ideas separatistas.

Dicen algunas crónicas que todo se hubiera arreglado mejor si Aminetu hubiera decidido ser más discreta en la aduana, o hubiera aceptado presentarse simplemente como ciudadana marroquí en el formulario de entrada  y no como "ciudadana del Sahara occidental", que es lo que es.

Puede -se especula ahora- que, si hubiera sido menos insolente y hubiera pedido perdón por su actitud firme de defensora de su derecho, renunciando a él ante las cámaras que la filmaban y los y flashes que  molestaban sus ojos debilitados después de cuatro años de oscuridad en las cárceles marroquíes, la hubieran tratado con mucha indulgencia y hubieran permitido, en fin, que se reuniera con su familia, que esperaba al otro lado.

No parece que hubiera sido tan fácil, sin embargo. Si el lector tiene tiempo, le aconsejamos leer el atestado del Ministerio del Interior español que hemos enlazado en este Comentario. La ignominia estaba, según los síntomas, bien preparada; los personajes, entrenados. El lector entenderá mejor por qué Aminetu se considera solo saharaui, identidad que ostenta con orgullo, y no marroquí.

La independencia de su pueblo es una causa por la que ella lucha desde que tenía uso de razón, y por ella estuvo en la cárcel. No es un derecho que se haya inventado en una tarde de soledad. Es una decisión avalada por la comunidad internacional, acordada con todos los apoyos necesarios. Una resolución a la que Marruecos hace, desde que fue tomada, ojos ciegos y oídos sordos y, cuando creen que tienen a España en el punto de atención, rechifla ignominiosa.

La mala suerte para la diplomacia española es que Aminetu haya sido devuelta aquçi y no a París, Nueva York  o Londres. Allí el caso les hubiera durado dos minutos, porque Marruecos se comprometió a respetar la doble nacionalidad de los saharauis. En España debieron aplicar de inmediato la Ley de extranjería, pero se prefirió, incomprensiblemente, meterse en un berenjenal de negociaciaciones sin sentido, con un equipo funcionarial y en un momento que no parecen muy apropiados para resolver patatas calientes.

Algunos han sugerido que se le podía haber dado de inmediato un pasaporte español (es hija y nieta de españoles, como casi todos los saharauies) y dejarla volver como tal a Marruecos. Otros dicen que, como extranjera sin pasaporte pero con nacionalidad y residencia evidentes (la marroquí). debería haber sido enviada, sin mayores problemas, a Rabat. Todo menos intentar la negociación con el áspero equipo de Mohamed VI, puesto que no había nada que negociar.

La situación del Sáhara occidental no es ni moderna ni española, sino que proviene del descuidado tratamiento internacional a un problema colonial (los niños de la postguerra estudiaban las "provincias españolas en Africa"). España aparece interesadamente como culpable, cuando en realidad, lo que ha venido jugando es el papel de tonto de la película. Puso mucho dinero en las antiguas provincias africanas, y tecnología, y, sí, también cariño, y desarrollo en el Sahara y en Marruecos. 

El 23 de febrero de 1976 España dió la impresión de abadonar a los habitantes del territorio a su suerte, escudándose en un acuerdo de las Naciones Unidas que resultó incumplido. El mandato de la ONU suponía, de facto, la concesión de la autodeterminación al pueblo saharaui, de etnia bereber, y cuyos componentes habían tenido la consideración de españoles hasta la retirada.

El asunto se complicó cuando a Hassan II le pareció que era el momento de ampliar su feudo hacia el sur, aprovechando que los saharuis eran pocos y en el astuto entendimiento de que nadie los defendería, pues la única nación que conocía su situación y podría haberlo hecho, estaba entonces pendiente de lidiar su propio futuro, con un jefe de Estado moribundo y un ruido de sables muy incómodo. El territorio del Sáhara occidental es rico en fosfatos y otros minerales, y su plataforma marítima posee yacimientos petrolíferos y gas natural.

Aquella falsa "res nullius" fue apetececida, desde ese primer momento del abandono de la potencia colonial, tanto por Mauritania como por Marruecos. El acuerdo de Mauritania para ceder al Frente Polisario el territorio sobre el que había fijado sus pretensiones no ayudó, sino que complicó las cosas, tiñéndolas de un color que no gustó en aquel mmento a las potencias internacionales en la zona: Estados Unidos y Francia. España miró para otro lado, porque se movía insegura en el terreno internacional, con la democracia aún fresca en las espaldas.

Aminetu sabe mucho de la historia del Sáhara Occidental y, por ello, no puede dar marcha atrás en su llamada de atención sobre la injusticia que se viene cometiendo, desde al menos 1976, con el pueblo saharaui. Su conocimiento de la cuestión la lleva a aprovechar esta dura ocasión de la única manera posible a los que tienen sus derechos mancillados y no han encontrado un poderoso que los defienda: inmolándose en público.

Su muerte no serviría de mucho, sin embargo. Se olvidaría. Ahora, en cambio, su vida es valiosísima. Por eso, hay que mostrarle a ella y a todo el pueblo saharaui que, en lugar de contar con todos ellos para promocionar mártires, la libre determinación del Sáhara occidental goza del apoyo absoluto de la comunidad occidental frente a Marruecos y que se está a favor de la justicia internacional y del leal cumplimiento de los acuerdos. Sáhara Occidental, independiente y libre. Aminetu, con su familia.

Y España, si Marruecos no se aviene a acoger de inmediato a Aminetu, y, por supuesto, como ciudadana libre, debe romper las relaciones con un gobierno que, una vez más, ha demostrado su falta de respeto a las libertades y a la democracia.

 

 

 

Sobre los ingenieros del agua

La directora de Aguas del Ministerio, la ingeniera de caminos Marta Morén, llegaba tarde (lo hizo con más de una hora) para impartir una conferencia en el Instituto de Ingeniería de España el 3 de diciembre de 2009. El salón de actos del IIE disfrutaba de una magnífica entrada y, a diferencia de lo que suele ser normal en este tipo de actos, ella era la única conferenciante, por lo que no había más opción que esperar.

Pero los ingenieros de caminos tienen amplios recursos. En lugar de anular el acto, concedernos un recreo o proponer que nos lanzáramos directamente sobre el buffet, Pedro Escudero pidió a Luis Berga Casafort que improvisara unas ideas sobre el tema sobre el qué debería ya estar hablando la directora: El agua, retos y oportunidades.

Tuvimos así los asistentes la oportunidad irrepetible de escuchar reflexiones y propuestas sobre la política del agua en España por parte del propio Berga y otros intervinientes en el debate al que se invitó a los asistentes, mientras Morén seguía en el atasco, y contrastarlas posteriormente con las preocupaciones de la Administración pública.

Bien es cierto que como algunos de los presentes habían tenido ocasión de oir a la Directora en el Colegio de Ingenieros Industriales de Madrid disertar sobre el mismo tema, solo dos días antes, se podrían haber presentadosus ideas en su ausencia, pero nadie osó pisarle el terreno a la joven, serena (y guapa) directora.

En resumen, la estupenda disertación de telonero improvisado que hizo Berga, apuntó dos problemas para el agua en España:

1. Incógnita sobre la financiación de los 35.000 millones de euros (19.000 solo en calidad) que supne la Directiva Marco antes de 2015.

2. Dificultades crecientes para coordinar las competencias entre las cuencas hidrográficas, debido a la clara apropiación de su gestión por los Estatutos autónómicos, lo que implica graves problemas de gobernanza para la política común del agua.

La problemática de gobernanza ligada a la creciente escasez del recurso deberá llevar a la modificación de la Ley de Aguas, ya profundamente afectada por las Leyes autonómicas y anteriores afecciones a su articulado en muchos puntos.

Berga, sin dejar de mirar el reloj y con información actualizada respecto a la situación del taxi en el que avanzaba la Directora, presentó unas pinceladas -así las llamó- sobre las oportunidades que, según afirmó, todo nuevo marco trae consigo. Oportunidades profesionales, por lo que habría que enseñar a los jóvenes a adaptarse a los nuevos esquemas, y la necesidad de remodelar las Confederaciones Hidrográficas para facilitar la cooperación entre Estado y Comunidades.

Ya al borde de tirar la toalla improvisada, el catedrático caminero se refirió  a la necesidad de plasmar un Plan Hidrológico que reconozca la inviabilidad de los trasvases en la actualidad y rompa el dilema a favor de las desaladoras y el ahorro del recurso.

La Directora seguía en el atasco, y Pedro Escudero, que presidía el acto, invitó al público a intervenir. Berga provocó a hacerlo a Angel Cajigas, que pasaba por allí (y que, por cierto, se encontraba también entre los que ya habían oído a Marta Morén en el Colegio de Industriales). Cajigas fue escéptico respecto a conseguir la planificación a que obligaba la Directiva Marco. El panorama no podía ser más complejo: problemas de escasez, Comunidades autónomas blindadas, y un 20% menos de agua en la cuenca mediterránea.

Juan Carlos Bravo echó de menos la referencia a la crisis económica y se preguntó si el agua era, o no, una priroridad política, dando pie a que Berga nos ilustrara con algunas cifras -¿inventadas?- respecto a la escasa influencia de la crisis en la demanda: un 15% en Cataluña, que venía de una sequía y un 4% en Madrid.

Se habló también de la "ventaja del agua: la tarifa" (?) y la infatigable ingeniera de Montes Teresa Villarino introdujo una cuestión de peso: el abandono de la agricultura y del monte, preguntándose si se podría hacer "algo más" por repoblar.

Había más ingenieros del agua en la Sala, pues el pretendido monopolio de los ingenieros de caminos sobre ella está ya plagado de agujeros. Podían haber hablado los mineros del agua subterránea, de los acuíferos y de las aguas minerales (o de la desalación, entendido el mar como recurso explotable). O los agrónomos, sobre el mejor control del agua para riego y el precio para los regantes ajustado al rendimiento. O los industriales, sobre la eficiencia del agua para refrigeración o de los consumos de agua en los procesos.

Pero llegó la Directora y todos se dispusieron muy formales a oirle repetir lo que ya sabían.

 

Sobre algunas posibles actualizaciones en el modelo cristiano (y 2)

(Este comentario es continuación del realizado el 2 de diciembre de 2009 y forma parte inseparable de él).

6. Evaluación del Patrimonio de la Iglesia y decisión sobre su mejor destino. Las Iglesias han ido acumulando un importante patrimonio, no solo arquitectónico, sino también dinerario y en terrenos y bienes muebles producto de las donaciones de sus fieles a lo largo de la Historia. Afectado por desamortizaciones en algún país, y en no pocos casos, mermado por hurtos, desapariciones casuales y provocadas, enajenaciones consentidas y fortuitas, y desposeído de protección real por la frecuente ausencia de defectos de inventario o su completa ausencia, es imprescindible que se conozca su contenido completo y se haga su valoración.  Un magnífico ejemplo sería, una vez realizado, la enajenación a precio justo de una parte del mismo y su entrega a las misiones y encomiendas humanitarias que tienen lugar en países pobres (eufemísticamente denominados en desarrollo, cuando en realidad, muchos de ellos se hallan en interesado retroceso).

7. Detección y expulsión de las utilizaciones espúreas, particularmente aquellas que han supuesto la creación de grupos de influencia económicos, del seno de la Iglesia. La hipocresía, que crece siempre desde el momento en que ser cristiano no es motivo para ser perseguido (y cuando lo fue, no hay que olvidar que no sufrió esta persecución por sus ideales éticos, sino políticos) se ha vuelto a asentar entre las clases altas de la feligresía. No hay que engañarse. Aunque las sociedades, en naciones como España, se dicen laicas -incluso constitucionalmente-, la Iglesia sirve de amparo a clanes de poder económico, que se revisten de credibilidad social a su cobijo. Llámese Opus Dei, Comunidad y Libertad, Kikos, Legionarios de Cristo, etc, la existencia de esas élites, culturales y económicas, produce rechazo al creyente sencillo y ha de ser motivo de repudio de la comunidad cristiana een su conjunto, por la utilización contraria a la fe predicada de los objetivos y medios. Y ello, con independencia de que, como en todo clan, se descubra que haya gentes bien intencionadas que han resultado engañadas por la apariencia y desconocen los entresijos de su funcionamiento.

 8. Actualización del modelo de participación de los fieles en la vida comunitaria. Es uno de los aspectos que, seguramente, exigen una tarea de revisión más profunda y, al mismo tiempo, delicada. Los ritos para la participación comunitaria son arcaicos, pero eso también les dota de un cierto atractivo. Muchas veces se ha hecho notar que no trasmite la misma emoción un entierro o una boda laicos que siguiendo el rito católico (por ejemplo). Lo que sucede es que no hay que quedarse en el estereotipo, sino revolver las raíces para dotarlo de sentido permanente, actualizar su poder de comunicación, por encima del hecho de que el rito, en sí, ocupe un espacio de tiempo y exija un boato. Hay que aportar creatividad y participación a los ritos, consiguiendo que cada uno de los actos en común sea una manifestación de la solidaridad y afecto comunitarios. Por supuesto, para conseguirlo hay que tener la valentía de asumir que hay que escuchar los problemas del otro -y  sus alegrías, y sus preocupaciones-, dándole tiempo, no ocupándolo con estereotipos.

9. Respeto dinámico hacia otras religiones verdaderas. Una religión verdadera es fácil de identificar: tiene que estar basada, como estructura de mínimos, en la ética universal. El respeto al otro, la preocupación sincera y eficiente por su situación -independientemente de su origen, raza, sexo, nacionalidad- forman parte de esa base ética. El rechazo a toda forma de subordinación que implique vejación por la persona. La abominación de la guerra salvo como medio de defensa. La unidad de conocimiento científico y técnico. La búsqueda de la justicia universal. Etc. Una religión que no admita esos principios no puede ser aceptada como religión verdadera y, si los contiene como base de actuación, ha de merecer todo el respeto que lleva en sí cualquier forma de dar mensajes colectivos hacia ese desconocido, tantas veces imaginado, que hemos llamado Dios, y al que mayoritariamente se ha decidido rendir pleitesía, en buena medida, por si acaso. La ética universal es, sin embargo, la base irrenunciable. Fuera de ella, no hay ninguna religión verdadera y las que no lo admiten, no merecen ni respeto, ni apoyo y han de ser combatidas con todas las armas dialécticas, publicitarias y culturales al alcance.

10. Apertura de un proceso de reflexión teológica. La afición a incorporar verdades supuestamente reveladas, regulaciones de comportamiento (para los demás, no para uno mismo), anatemas, exoterismos, exaltaciones, castigos y marginaciones, a lo largo de la Historia, sobre quienes criticaron a los que mandaban, o se interrogaron sobre lo que decían creer los que dogmatizaban, ha llenado las religiones verdaderas de una hojarasca de la que deberían desprenderse. No vendría mal recordar al creyente potencial actual los orígenes de cada una de las verdades a las que se venera, admitir con humildad las razones por las que se varió la creencia antigua o se mantiene el empecinamiento con la vigente.

Sobre algunas posibles actualizaciones en el modelo cristiano

Perdónesenos el atrevimiento. El cambio esperanzador que prometía el Concilio Vaticano II, dirigido por aquel coloso humanista que adoptó el nombre Papal de Pablo VI, acercando a la modernidad el modelo cristiano, ha quedado roto en pedazos y, como estamos convencidos de que la religión -y en especial, las religiones verdaderas- cumplen una función primordial para conseguir la paz en este mundo y preparar la posibilidad de gozarla en el próximo, apuntamos algunas sugerencias actualizaciones o reformas del esquema, por si resultan de consideración a quien corresponda.

1. Eliminación de la marginación de la mujer. Para todas las religiones verdaderas la mujer es un sujeto de segunda, causa de múltiples pecados, e intelectualmente más débil. La desconsideración tiene raíces en el Libro sagrado de los judíos que se ha adoptado como Historia de las relaciones entre los humanos y la divinidad, pero se mantiene en múltiples acciones más recientes. Puede que el Dios hebreo haya sido misógino, pero el moderno no puede ya asumir esa carga. Liberése de ella. Mujeres sacerdotisas, revisión de reglamentos conventuales obsoletos, etc. No vendría mal, aunque es problema de mayor calado, reconsiderar la sexualidad de alguna de las figuras de la Trinidad.

2. Revisión de los objetivos del "proyecto" para la vida en común y en especial, del de la pareja humana. La heterosexualidad es, desde luego, la forma más "natural" y frecuente del ser humano, pero no se puede ignorar que también es natural lo orientación homosexual, porque de hacelo de otro modo, se estaría negando espacio vital a quienes, por las razones que sean (fisiológicas o sicológicas) ven en una persona de su mismo sexo la posibilidad de completar un proyecto vital, apoyándose en el otro. Las iglesias cristianas (por no hablar aquí ya de las islámicas o judías) se comportan hipócritamente al castigar una realidad que, además, soportan en su propio seno, en su misma organización sacerdotal o monacal, con formas incluso aberrantes y penalmente calificadas, como es la práctica de la pedofilia que esporádicamente se descubre en algunos de sus integrantes.

3. Expurgo del santoral y selección de modelos de vida ejemplares que resulten acomodados al momento actual. Aunque la guerra civil española (y, desgraciadamente, casi todos los conflictos de entendimiento entre los pueblos) proporcionan una base amplia para seleccionar mártires -y de ambos lados de la contienda-, creemos que es más importante seleccionar del santoral formas de vida que, de principio a fin, sean ejemplares, y no solo se distingan por un final de la suya en la que sufrieron una terrible muerte, con ensañamientos múltiples, en manos de enajenados por la dureza de una matanza recírproca y no tanto (seguramente) por haber adoptado un hábito. En cualquier caso y sobre la base que canonización no significa santidad, no parece descabellado definir un modelo de vida más que un modelo de muerte o extraer ejemplos de la barbarie humana frente a semejantes para mostrarlos a la memoria colectiva.

4. Eliminación de la ostentación de la jerarquía y simplificación y actualización de los ritos comunitarios, dinamizándolos y haciéndolos más participativos. Las monarquías han actualizado sus ropajes -salvo en determinadas ocasiones, en Europa, los reyes no usan coronas, diademas ni mantos de armiño, aparatosidad que se ha dejado solo para los jerifaltes africanos y algunos exóticos mandamases asiáticos- pero las iglesias siguen (y nos referimos en especial a la católica) enseñando púrpuras, tiaras y ropajes suntuosos. Aunque a algunos fieles les gustará que su líder eclesiástico se distinga de la multitud claramente, a muchos, imaginamos que lo que más les atraerá será advertir que comparte sus problemas, en estas épocas de crisis, inseguridad y zozobra.

5. Revisión de la idea de pecado y, en especial, de su forma de expiación. En la iglesia católica, parece ser que algunos pecados solo pueden ser expiados por el obispo o por las órdenes mendicantes: asesinato (incluído el aborto) y el sacrilegio. Además de profundizar, con un espíritu moderno, en la exégesis de los mandamientos que comunicó el Dios de Abraham a un pueblo que era nómada y pasaba bastante hambre, no estará de más reexplicarse si el aborto provocado de un feto que aún depende de su madre es considerado homicidio porque lo impuso la revelación o porque la mujer sigue siendo considerada un ser inferior que no debe tomar decisiones por sí misma. Seguramente -con el respeto debido- si Dios tuviera la amabilidad de enviarnos nuevas tablas de la ley, cabrían varias actualizaciones del decálogo.

(seguirá)

 

 

Sobre el parado

Las crisis aumentan el número de parados. Los parados son personas que no tienen trabajo. Quien no trabaja, no tiene salario y los que no lo cobran, tienen que arreglárselas con medidas excepcionales hasta que se reintegran a ese mundo de normalidad que es el laboral.

Los subsidios sociales ayudan a algunos parados, pero no a todos y a los que ayudan, lo es por un período corto, cuyo previsible final inmediato se convierte en un motivo de angustia, de frustración; y también de marginación. Porque el parado no despierta solidaridad, sino rechazo; por eso, él mismo se oculta, disimula, se esconde, como si asumiera que su situación es una lacra del que él ha sido el causante.

Interesaría hablar más del parado, que del paro, pero sucede al revés, globalizando los datos, con lo cual se pierde perspectiva. Habría que poner la lupa en el parado, en las razones específicas por las que se encuentra en paro y en las soluciones concretas para que él, y no la economía global, puedan salir del paro, porque esa sería la forma de que todos nos sintiéramos involucrados en el problema, y no lo viéramos como un tema sobre el que no tenemos capacidad de actuación alguna.

El índice del paro es un elemento consecuencia de la economía del mercado y de la ley de la oferta y de la demanda aplicada al trabajo, pero el que tú o yo o nosotros estemos parados depende de circunstancias y efectos muy concretos. El índice del paro se corrige y modifica de acuerdo con los parámetros de la buena planificación gubernamental, la cohesión económico-social y las grandes cifras inyectan el tranquilizante de la cuantía monetaria dedicada a las prestaciones asistenciales, pero el que tú o yo o nosotros estemos en el paro y podamos salir de él no depende de medidas a nuestro alcance, o lo es en muy escasa medida, dígasenos lo que se diga. Tienen que ayudarnos.

La cantidad de parados es una cifra que se puede o no relacionar con la población activa o inactiva, con el PIB o con los efectos de una crisis global. Se puede discutir la influencia sobre ese número de lo barato o caro que resulte el despido para las empresas, aunque convendría recordar a todo el mundo que los costes laborales no superan, en media, el 20 o 25% de los costes totales -incluso en las empresas de servicios raras veces supera el 30%-, y que es muy superior el coste energético o el de las materias primas.

Pero el que tú, yo, o nosotros pasemos a engrosar las cifras de parados depende de la capacidad de diversificación y adaptación de la empresa en la que trabajamos, del estímulo fiscal para las pymes, de la información disponible, de nuestra motivación, de si somos funcionarios o becarios, de si nos han dicho que había necesidad de profesionales para la medicina o para la ingeniería de telecomunicaciones, de si...

El paro no tiene corazón, pero el parado tiene, además del corazón, cara y ojos. Y cerebro, y una familia casi seguro que mantener, y unas ilusiones por cumplir, y algún objetivo más que andar de casa hasta la oficina del paro, o cobrar el subsidio, o desesperarse porque nadie le llama, mientras los ahorros se van o quienes le están ayudando a sostenerse le preguntan, con esa cara de pena, si ha aparecido algo, por fin.

El parado es un no-culpable tratado como culpable. Es la víctima, no el victimario. Es inocente de la crisis, del despido legal o la reconversión fabril, del beneficio o pérdida de las empresas del sector, del dinero que se ha embolsado su empleador en los años de bonanza y lo poco que ha reinvertido, de la incapacidad de los Gobiernos para saber qué medidas de reactivación tomar, o de lo exigüo que resulte, y corto, el subsidio del paro.

El parado no es culpable, dedse luego, de la evasión fiscal de capitales a regiones en donde no existe o apenas obligación de tributar, y que no se ha calculado en España, pero que, a partir de la que se estima para otros países (en USA, casi 35.000 millones de euros anuales; en el Reino Unido, 11.000 millones) puede ser tranquilamente superior a los 5.000 millones de euros/año.

Tampoco es culpable del tiempo que le hayan hecho estudiar o hacer prácticas para conseguir su actual cualificación, ni de haber caído en la trampa de la publicidad que le convenció de que podía comprarse una casa, o un coche, o una lavadora, presentando las dos últimas nóminas (o ninguna). No es culpable de que se encuentre simultáneamente con otros cuatro millones de trabajadores -o más- deambulando por las calles de la desesperación, y solamente en España.

Por supuesto que tampoco es culpable el parado de que los sindicatos presten atención a los que tienen trabajo y muy poca a los que lo han perdida. Y mucho menos lo es de que se hable tanto del paro, como su fuera un bloque homogéneo, y no de los parados, de cada parado. Porque el parado es un elemento más de canje en esta economía del sálvese el que pueda.

Porque el parado que tiene padrinos, encuentra pronto un trabajo, y desde ese momento se acabó su penuria y su angustia. Pero la mayor parte, la inmensa mayoría de los parados, son solo un número que sustituya a entes anónimos, un palo más en una cifra que crece,  animada por la insolidaridad y la incompetencia, y que se llama, para falsa tranquilidad de los que tienen empleo, "paro".

Sobre la sexualidad y la persona

Es una lástima que nuestra sociedad esté confundiendo sexualidad con sensualidad, porque nos estamos perdiendo lo mejor.
Quienes más sufren con este descalabro de valores son los jóvenes, a quienes nadie parece haber explicado educación sensual, esto es, la que tiene que ver con los sentimientos y que, a diferencia del sexo, puede y debe crecer con la edad y robustecerse y animarse con la formación integral de la persona.
Si hay dos colectivos que pudiéramos detectar como especialmente afectados, aunque por diferentes razones, podríamos apuntar hacia las mujeres (en particular, las más jóvenes) y los homosexuales (en concreto, los que hayan decidido reconocer su orientación sexual públicamente).
Es lamentable advertir que multitud de adolescentes, prácticamente niñas, se lanzan cada fin de semana a la calle en traje de conquista, vestidas con una ausencia de recato que no tiene que ver con la moda, sino con la presentación de sí mismas como objeto sexual. No es cuestión de juzgar la situación ni bajo la presunción de gazmoñería ni prejuicios. Basta conocer mínimamente la cuestión, visitar los lugares de reunión de los jóvenes, detectar los estados de intoxicación de demasiados de entre ellos, e interesarse por conocer los resultados de esas explosiones de sexualidad.
Hay que enseñar a los padres y maestros a enseñar la diferencia entre libertad sexual y ejercicio de la sensualidad. El sexo produce placeres inmediatos, pero su falta de control conduce, especialmente a las mujeres, a situaciones de subordinación. Podemos discutir sobre la cuestión y matizarla, pero, y no solamente en nuestra sociedad, quien más pierde con el libertinaje sexual es siempre la mujer.
En cuanto a los homosexuales, la persistencia en identificar los comportamientos sentimentales con la tendencia sexual, les perjudicia. En lugar de entender que las relaciones de afectividad homosexual son una parte, absolutamente lícita y natural, de manifestación de la sensualidad humana, la facción heterosexual mal educada en atender a sentimientos, tiende a representar las parejas homosexuales desde la práctica del sexo únicamente.

Lamentable simplificación y adulteración de situaciones a la que ha llegado nuestra sociedad, apelando, paradógicamente, a los valores de la libertad y de la igualdad de géneros.

Sobre la libertad para abortar o para prostituirse

Entre los avances, indudables como necesarios, para conseguir solucionar, de una vez, el problema de la desigualdad de las mujeres (y otros colectivos, menores en número, también marginados) se nos han colado algunas confusiones muy graves.

Uno de los elementos que incluso manejan ciertos colectivos autollamados "feministas" es que la libertad para abortar y la libertad para ejercer la prostitución son dos derechos que dimanan del mismo tronco: el derecho para dispone del propio cuerpo como se desee.

Qué error, qué inmenso error. En primer lugar, la libertad para abortar se ejerce dentro ya de una limitación al ejercicio de la libertad, que es la de estar embarazada y, muy posiblemente, por estar mal informada, a partir de las estadísticas de que se disponen. Aunque ambos miren por una ventana a la misma calle, no es igual la libertad del que mira desde la cárcel o desde su casa.

Una mujer embarazada, por embarazo no deseado, por peligro grave para ella o por malformación del feto, ha de tener, en cualquier momento y sin explicación, el derecho a abortar. Por supuesto, habrá que crear, como elemento de protección adicional, un entorno educativo sexual serio y completo, la facilitación de medios preventivos para evitar embarazos no deseados y un sistema asistencial y desacomplejado que resuelva la petición de ruptura de embarazo solicitada por la mujer o aconsejable clínicamente (y, obviamente, siempre con el consentimiento de la gestante), de forma segura, rápida y legalmente regulada.

Ah, pero la prostitución supone un condicionando distinto de partida. La oferta del propio cuerpo a un desconocido a cambio de dinero no es un ejercicio de libertad, porque no se realiza en términos de igualdad, jamás. Si la mujer (o el prostituído, cualquiera que sea su sexo) accede a entregarse por dinero a la satisfacción sexual del otro, no está haciendo nada por su libertad, sino que se está proponiendo como objeto de esclavitud, de sumisión. No actúa como sujeto, sino rebajándose a la categoría de objeto mercantil, de cosa, con valor no en el mercado libre, sino en el mercado de otros seres que desean cambiar por dinero unas horas de su libertad sexual.

Dejemos la hipocresía colectiva. No es compatible la exigencia de libertad de géneros, no tiene justificación el esfuerzo y la legislación que se ha acumulado para castigar la discriminación sexual, y se mantenga una tolerancia respecto a la prostitución y, sobre todo, que no se deje sin castigo la actuación de "clientes", por no decir ya la de chulos, proxenetas o explotadores sexuales de todo pelo.

En los clubs de alterne, en las casas de masajes, en la prostitución callejera como en la de lujo, en las adolescentes que dicen que prefieren ofrecer su cuerpo por cien euros solo una noche para comprarse un vestido como en las inmigrantes irregulares que se apostan en la esquina sonriendo tristemente al transeúnte mientras un tipo -o varios- las vigilan con descaro a diez metros, hay seres explotados por otros. Son siempre mujeres, generalmente. Explotados por falta de dinero, de información, de futuro, de recursos. Presionadas por otros o utilizadas por ellos.

Persecución penal de los clientes de las prostitutas, ya. Como se viene haciendo en Suecia. La presunta libertad para su ejercicio no soluciona nada, lo complica. Como sucede en Holanda. Y en España, maestros en esconder la cabeza ante los verdaderos problemas, tenemos una contradicción fragante, ignominiosa, intolerable. No comparemos, por favor, el derecho a abortar con el hipotético derecho a prostituirse.

Y por cierto: una menor embarazada, en principio, tiene, no solamente el derecho a abortar, sino que, en principio, ha de considerársele el deber de abortar. Un deber que tiene que asumir el culpable de su embarazo: la sociedad que no ha sabido enseñarle la forma madura de comportarse sexualmente.

 (Aconsejamos leer el Libro "Explotación sexual y trata de mujeres", del que es editora Liliana Marcos, de la ed. complutense, 2006, que recoge las ponencias  del I Congreso Internacional sobre este tema, celebrado en Madrid, organizado por la AFESIP)

Sobre la nanobiología

El perfeccionamiento instrumental permite al científico ampliar su campo de investigación hacia lo más grande y hacia lo más pequeño, con descubrimientos que si bien no consiguen disminuir la inquietud que produce en nuestra racionalidad la complejidad del mundo del que formamos parte, ofrecen algo de consuelo porque creemos entenderlo un poco mejor.

Entre los trabajos de investigación de máximo atractivo, hay que situar la nanobiología y, específicamente, el estudio de los quasi-virus. Como el lector con seguridad conoce, los virus son conjuntos de proteinas y lípidos en torno a un núcleo con información genética. Los quasi-virus carecen de esa información (al menos, que sepamos).

En la Jornada dedicada a los quasi-virus, organizada por la Fundación Ramón Areces el 21 de noviembre de 2009, se habló mucho de los quasi-virus. El acto se programaba también como un homenaje a Charles Darwing, que en 1859 pudo ver publicado On the Origin of Species.

Darwing no incorporó los microbios a su teoría de la evolución. Los virus no fueron descubiertos hasta 1898 por Loefller y Frosch, que investigaron el virus de la fiebre aftosa.

El profesor Esteban Domingo, director del Centro Severo Ochoa, recordó en su disertación que en 1 ml de agua hay del orden de 10 elevado a 8 partículas virales, y que en la biosfera se presentan 10 veces más virus que células (entre 10 elevado a 31 y 10 elevado a 32). Vivimos en un escenario de virus, sometido a permanentes mutaciones, algunas de las cuales -las negativas- provocan su extinción.

Los virus son el enlace necesario entre los principios darwinianos de la evolución y la teoría de la información genética, desarrollada por Eigen, Wilke, Saakian y otros científicos.

La cuestión de resolver la relación entre lo físico y esa parte de lo metafísico que está compuesta por la biología, puede estar en los quasi-virus, cadenas lipoproteicas que se alinean al azar, es decir siguiendo el principio de casualidad, hasta que se produce la transición crítica, el momento en que esas cadenas de transmisión que no acumulan información, pasan a transmitirla.

A Esteban Domingo alguien de la sala le preguntó cuál sería la primera acción que supondría el paso de la transmisión de no-información a información. No lo dudó: la copia del quasi-virus en otro idéntico al primero.

Los quasi-virus parecen, por tanto, ocupar ese lugar privilegiado que conectaría el mundo físico -el de la causalidad- con el metafísico -em el que las relaciones, aparentemente, están regidas por la casualidad-.

Si la función de copiarse a sí mismo es, como puede ser razonable, el primer acto de la cadena no-biológica para comenzar su evolución hasta la actual diversidad (hace más de cuatro mil millones de años), estaríamos cerca de entender, al menos conceptualmente, cómo pudieron suceder las cosas.

Solo nos faltaría explicar cómo, qué, quién, por qué, (se) introdujo la función copiar, doblegando por primera vez el ciego multiplicarse de las cadenas lípido-prótidas en el, hasta entonces, inane multiplicarse por azar de los quasi-virus.

 

Sobre la reforma de los colegios profesionales

La obligación de incorporar la Directiva europea 2006/123/CE "de Servicios" al derecho aplicable español antes de finales de 2009 está provocando virulentas reacciones, entre otros sectores, en los Colegios profesionales. El 23 de noviembre de 2009 ha sido promulgada la Ley 17/2009 ("Ley Paraguas"), adaptando la Directiva, y antes de que finalice 2009 se prevé una continuación del "culebrón legislativo", por el que se alumbre al panorama legislativo la reforma de más de 40 leyes de un solo golpe, en lo que se ha convenido en llamar "Ley Omnibus". 

Los Colegios profesionales estaban necesitando una reforma. Lla Ley que los rige proviene de 1974 y es una de las pocas reminiscencias preconstitucionales de nuestra legislación. Ha sufrido de varias adaptaciones, pero es precisa una reforma integral, para dotarla de plena coherencia y ajustarla a las nuevas necesidades de la sociedad.

No va a hacese así. El legislador ha creído, una vez más, conveniente, aplicar un parche en el ojo antes que reflexionar seriamente sobre lo que hacía falta. Como resultado de ese desencuentro, los Colegios -y, en especial, los Colegios técnicos- han presentado una dura resistencia (sin gran éxito hasta ahora, hay que decirlo).

Solo que lo más importante no es que los Colegios no hayan sido escuchados por los legisladores, sino que, en nuestra opinión, se está perdiendo una oportunidad más para poner orden, con tino y con inteligencia, en unas instituciones imprescindibles para el funcionamiento de la sociedad, de la democracia y la economía, como son los Colegios profesionales.

Sobre el poder de convocatoria

Hace ya tiempo que el éxito de un acto, sea celebración o velatorio, se mide en relación con el número de asistentes, y al resultado frío se le llama poder de convocatoria.

El poder de convocatoria es una variable manipulable -dentro de ciertos límites- y, por eso, los organizadores de los eventos utilizan algunos trucos para elevar su valor. Recurrir al desplazamiento de simpatizantes, curiosos o desocupados para engrosar el número de asistentes a un pronunciamiento político, utilizando autobuses y distribuyendo bocadillos y gorras de publicidad es uno de ellos. Ofrecer un cóctel al final de una conferencia (plúmbea o divertida) es otro.

Ultimamente, se han desarrollado técnicas muy precisas para medir los asistentes reales a las manifestaciones en contra o a favor de una idea. Los resultados han venido a echar por tierra estimaciones demasiado optimistas sobre el poder de convocatoria de lemas, por lo demás, bastante serios: A favor de la Paz, Por la libertad de la Guardia civil, Por la dimisión del Gobierno, Contra el paro, Contra el aborto, A favor de la libre interrupción del embarazo, Contra ETA, A favor de ETA, A favor del Estatut, En contra del Estatut,  etc.

Sean cuales fueran los esfuerzos de los organizadores de un acto, estarán lejos del poder de convocatoria de las dos manifestaciones culturales por excelencia de nuestra época: un partido de fútbol de los llamados de máxima rivalidad, de esos en los que los asistentes habrán sido informados por los medios más variados de detalles íntimos de cada jugador que desconocen hasta de su propia pareja; y un festival de música al aire libre -aunque en recinto acotado-, realizado en horas de nocturnidad, con libre circulación de estimulantes y la garantía de que los concitados puedan moverse al son de lo que toque, en especial los cuerpos del o de l@s vecin@s.

 

 

 

Sobre las razones de la inferioridad de las mujeres

El 25 de noviembre se conmemora -es decir, se lamenta- el maltrato de género, eufemismo para culturetas que traslada la preocupación reciente en ciertos países occidentales por las cifras que reflejan los asesinatos, fundamentalmente de mujeres, a manos de sus parejas (básicamente, hombres).

Como resulta evidente, el número de asesinatos es un reflejo reducido del número de agresiones físicas y éstas, una pequeña muestra de los maltratos síquicos y todo ello, en conjunto, una expresión de la subordinación de la mujer a un concepto masculino de los valores.

Se ha escrito tanto sobre las razones de esta injusticia, que cabría remitirse, sin más, a unos cuantos buenos análisis sobre el tema. En nuestra opinión, más intuitiva que erudita, el reconocimiento de la fuerza del grupo sobre la individualidad ha dado predominio a los hombres respecto a las mujeres en las dos actividades esenciales para subsistir: la caza y la guerra.

No parece que el parto, en un análisis superficial, apareciera para nuestros ancestros directamente vinculado con un acto sexual concreto. Igual que los preadolescentes contemporáneos no son muy conscientes de las muy probables consecuencias físicas al cabo de las 37 semanas del coito que han realizado, es muy probable que aquellas tribus primigenias atribuyeran el nacimiento de las crías, con lo que comporta de carga física para la colectividad, a un defecto de la fisiología femenina.

Por tanto, era a la mujer a la que correspondía amamantar, cuidar y proteger aquella rémora, hasta que pasaba a ser útil.

El papel de las religiones en el sostenimiento de esta subordinación no ha sido despreciable. Las religiones aparecen como una fórmula de dominio (la opción de poder comunicarse con la divinidad, con lo arcano, de dominar lo desconocido, es una manifestación de superioridad) y las mujeres no han necesitado controlar al grupo para nada.

Todavía hoy, la manera como las mujeres se comportan con total naturalidad -esto es, franqueza- para contar sus más variadas preocupaciones o problemas, constituye un ejemplo de igualdad, de libertad, al que los varones, en general, no han podido o sabido acceder.

Es importante la femineización de nuestra cultura yes imprescindible eliminar las raíces marginatorias de las mujeres en otras culturas -en el sentido de costumbres arraigadas- en las que se castiga a un ser humano, no por no tener pene, sino por no haber necesitado nombrar líderes para sobrevivir y haber encontrado las razones de agruparse exclusivamente en la posibilidad de ser algo más felices. 

Sobre las prioridades de la Unión Europea a corto plazo

La Europa de dos velocidades anda ahora convertida en algo parecido a una carrera de ciclistas en montanbike campo a través en la que, para mayor dificultad, los competidores tienen que resolver pruebas de gimkana planificadas por un equipo de aficionados al fútbol sala.

El presidente Zapatero va a asumir la presidencia de la Unión Europea durante el primer semestre de 2010 con un programa de prioridades realizado a la medida de sus ilusiones para reforzar la maltrecha política interior de ese país con pretensiones megalómanas en que se ha convertido España.

La cosa está difícil. Los asesores más sensatos aconsejan, según hemos podido saber, un nivel bajo para las pretensiones. No abrir nuevos temas que no tengan viabilidad, y continuar en la senda abierta por anteriores presidencias.

La ilusión de cerrar un acuerdo en Copenhage que permitiera esperanzas de convivencia internacional respecto a las medidas para paliar el cambio climático se ha desvanecido. Los dos países líderes, por distintas razones, de las perspectivas que ofrece el futuro económico de la Humanidad parecen cada vez más dispuestos a pactar medidas bilaterales, olvidándose de esos locos egregios que dicen manipular la vieja Europa.

Europa no se está recuperando de la crisis, porque aunque Alemania y Francia hayan mejorado sus expectativas de reenderezar sus economías, subsisten las dificultades de los demás parientes pobres de esa comunidad heterogénea que se obstina en aparecer como Unión Europea.

Lo más prudente sería tratar de aumentar la cohesión interna antes de levantar la cabeza en los foros internacionales. Para ello, los objetivos deberían concentrarse en incrementar la información de lo que está pasando dentro de las fronteras europeas y resolver de una vez, si fuera posible, la paradoja de una Europa de las regiones, con fuerza creciente, embutida en una Europa de idiosincrasias nacionales en la que la mayor parte de sus Presidentes de Gobierno se encuentran con graves conflictos de credibilidad interna.

 

 

Sobre las comunidades de vecinos y su problemática

Existen microcosmos que reflejan mucho mejor las cuestiones centrales del comportamiento social que otros. Una comunidad de vecinos propietarios es, sin duda, una de ellas. Un restaurante, en su escala, es un ejemplo perfecto para una escuela de negocios, pues se condensan en él todos los problemas, petición de soluciones y tensiones que caracterizan a una empresa, cualquiera que sea su complejidad.

Los estatutos de las comunidades de propietarios suelen responder a modelos generales, traslación casi literal de la Ley de Propiedad Horizontal, que, como toda legislación pretende abarcar una problemática general, pero deja multitud de elementos abiertos para la interpretación, la polémica y la discusión interna. Por esa razón, entre otras, las reuniones comunitarias se convierten, sobre todo en comunidades con muchos vecinos, en un foco pemanente para plasmación de tensiones internas, cuya solución se complica y las convierte en pérdidas de tiempo y motivo de generación de disputas y discordias que pueden dar al traste con la convivencia.

No pretendemos ser exhaustivos, pero sí pretendemos dar algunos ejemplos de las habituales discrepancias en una comunidad de vecinos.

La utilización de los elementos comunes es una de las causas más frecuentes de controvesia. Algunas de las habituales tensiones surgen por estas razones: a) El cerramiento de las terrazas, de uso privativo o -muy normal en caso de los áticos- inicialmente concebidas como elemento común pero que acaban siendo apropiadas por los propietarios del piso que las disfruta. b) La incorporación de los trasteros a la superficie de los pisos, aprovechando que el espacio se encuentra sobre la propia vivienda. c) La venta en documento privado -o sin él- de antiguas porterías. d) La división de parcelas de aparcamiento en garajes contruídos sobre terrenos comunes, que acaban interpretándose, erróneamente, como de propiedad indisociada del piso del que forman parte. e) La obligación de realizar determinadas reformas, bien de reforzamiento de la estructura del edificio o la incorporación de un nuevo elemento, como puede ser el ascensor del que carece inicialmente el edificio f) El uso del local o del piso para realizar actividades molestas para el resto de los vecinos, o peligrosas, o no autorizadas expresamente.

El insuficiente reflejo en las actas de la comunidad de decisiones que se han tomado en su momento, deja en inseguridad jurídica a algunos propietarios. Otras veces, se han realizado obras que no cuentan con la aprobación comunitaria, pero han sido consentidas o realizadas, simplemente, por todos, sin atender a la escritura de lo realizado y confiando en que, si son ilegales, la defectuosa inspección municipal -o su tolerancia- acabe haciendo buena lo que, en inicio, fue una irregularidad.

Desde luego, las escrituras de propiedad no siempre reflejan la realidad y las operaciones de compra-venta se ven empañadas de vicios graves al ocultar circunstancias que, para conseguir la inscripción registral, se omiten. Reformas que aumentan la realidad de la superficie útil, obras interiores de comunicación de pisos adyacentes, terrazas incorporadas al salón, pasillos comunitarios que se han anexado a la vivienda (por ejemplo) y que se transmiten como cuerpo cierto, separando la realidad jurídica (o registral) de la realidad fáctica.

Sobre la prensa escrita y su evolución

La prensa tiene una función importante que es la de informar, y otra, aún más importante para quienes se sientan en los consejos de administración de las sociedades dueñas de los medios, que es la de influir.

Podemos añadir múltiples matices y reservas a una afirmación tan severa. La realidad es que el objetivo de influir, adulterando la noticia para presentarla con aquellos matices que predisponen a extraer determinadas conclusiones y no otras, se ha convertido en lo principal de la prensa.

Las consecuencias son funestas. La noticia se carga de contenido ideológico desde su presentación, y el lector, muchas veces inconscientemente, acepta la información sin darse cuenta de su seso. También es cierto que otros lectores, predispuestos a una determinada ideología, confieren credibilidad a priori a un medio, porque lo consideran afín a su manera de pensar, desacreditando sistemáticamente cualquier información que llegue por otros medios.

 Toda esta presentación podrá verse como acertada (o no), aunque lo realmente curioso es que, conscientes de que la gente cada vez lee menos (acaso, solo los titulares mientras sorbe el café de la mañana), los medios escritos han reforzado su atractivo, no con artículos de mayor calado, sino con regalos que nada tienen que ver con la información: dvds con películas de variado interés, regalos de todo pelo, revistillas de cotilleos a bajo coste, libros clásicos reeditados en papel estraza, etc.

La pugna en los quioscos se produce, para el comprador medio -que no el lector- de la prensa escrita, no por los contenidos informativos o los comentarios de cronistas de peso, sino en relación con quién ofrece la película más atractiva, el regalo más sugerente o la cartilla de puntos para conseguir la batidora.

Ya hemos sugerido en otro comentario que, en muchos casos, podría pagarse por el periódico, recoger el dvd, y dejar intocado el periódico. Lo que ahora se nos ocurre es que, tal vez, la evolución de la prensa escrita, la salvación deseada para el sector, estaría en inventarse las noticias de acuerdo con la película del día o de la semana. Pocos se enterarían.

¿Secuestro de barco pesquero? Mejor Motín en la Mounty. ¿Desalmados asesinos que extraen la grasa de sus víctimas para amontonarla en frascos sin valor en el mercado? Mejor El perfume.

Sobre la validez de los modelos económicos

La idea es buena: Dejar que la economía se movilice dentro de reglas generales que permitan amplios márgenes a la iniciativa privada y capacitar a la organización del Estado para que una parte de las plusvalías generadas por el sistema, retiradas mediante un procedimiento recaudatorio impositivo transparente, sirva para proporcionar asistencia social a los más necesitados y, subsidiariamente, se dedique a impulsar determinados sectores, reputados estratégicos, que aún no estén maduros para soportar la libre competencia.

La cuestión se complica si incorporamos a ese modelo nuevas variables imprescindibles para plasmar mejor la realidad.

Ante todo, se debe contar con que el funcionamiento se ajuste a los principios éticos generales, no permitiendo que algunos se enriquezcan por incumplir las normas o aprovechar de forma desleal las situaciones de privilegio. Es decir, hay que contar con un aparato de control, una reglamentación y unas previsiones punitivas para los infractores.

La selección de los criterios normativos y la manera de controlar su cumplimiento y garantizar la penalización de los desvíos, es un problema que no está resuelto. Los sistemas legislativos y judiciales de todos los países, incluso de los que alardean de profundas convicciones democráticas, tienen muchos fallos que los hacen estar lejos de la perfección. Por supuesto, también en la aplicación de las normas: los poderes judiciales están conformados por seres humanos y ya se sabe que el poder que no esté sometido a ningún control, acaba corrompiéndose.

Sin embargo, el problema mayor de los modelos económicos en la actualidad se concentra en su incapacidad para manejar dos elementos sustanciales. Uno de ellos, es, desde luego, la globalización o internalización de los mercados, con centros de decisión que no son estatales, sino en gran medida, empresariales, es decir, con objetivos particulares y en absoluto relacionados con el bienestar colectivo o los valores generales, por mucho que se les intente enmascarar con expresiones pomposas, tales como "responsabilidad social corporativa" o "preocupación por la sostenibilidad ambiental".

El otro elemento crucial es el factor técnico. Es disculpable que los economistas -especie ilustrada que, como los periodistas, cuenta con representantes  cualificados que se han formado al margen de las Academias oficiales- hayan menospreciado la técnica en sus modelos. Es, al fin y al cabo, la aplicación del principio noseológico de que la existencia de aquello que no se comprende, debe ignorarse.

Pues bien: la técnica, el saber hacer, y saber hacerlo siempre mejor, ha señalado, con su capacidad de evolución muy superior a la de un mercado de bienes y servicios tradicional, la directriz central de nuestro actual crecimiento económico, rompiendo el modelo por su propio eje. Los países no pueden reputarse como más o menos desarrollados en razón de su capacidad económica, sino de su cualificación técnica.

No podemos seguir midiendo la posición de los países por el PIB, o los factores económicos agregados o desagregados. Un equipo de técnicos con cualificación puede implantar en cualquier lugar, siempre con menos dinero que el necesario para hacer lo mismo hace unos pocos años, la base para el mejor desarrollo futuro de la colectividad. El pasado tecnológico se convierte en un lastre si no es capaz de renovarse rápidamente. Vale más elegir un sitio nuevo que pretender sostener las tramoyas parcialmente inservibles del pasado.

El modelo económico que hay que reconsiderar supone incorporar, de forma inmediata, los factores tecnológico y universal. Tampoco se puede prescindir de la ética, aunque esa variable, como se decía del valor en el soldado, no hay más remedio que presuponerla.

 

Sobre comportamientos de clase

La resistencia social a la desaparición de las diferencias de clases se muestra en varios paradójicos comportamientos.

Las instituciones y, en particular, las entidades públicas, no son ajenas a esta corriente. En muchas actuaciones de quienes deberían ejercer la más estricta neutralidad, se detecta el gusto por diferenciar. No es lo mismo, desde luego, robar a un transeúnte la cartera amenazándolo con una navaja trapera que utilizar información privilegiada para levantar un par de millones de euros de incautos inversores en Bolsa, o ocultar las opciones de vender mejor un paquete de acciones a otros accionistas menos involucrados en la gestión de un tinglado empresarial.

No es lo mismo conducir a 140 km por hora un bmw que una destartalada furgoneta. Por supuesto, tampoco será igual aparcar en doble fila ante un restaurante de lujo que superar el límite de estacionamiento en la ORA. Ni qué decir tiene de las desventajas de haberse comportado diligentemente como un ciudadano cumplidor de sus obligaciones tributarias respecto a quien a venido ocultando, con cuidado exquisito, eso sí, sus medios de fortuna a cualquier medio de documentación ciudadana, evitando ser detectado en las fuentes de dinero negro que le han permitido construir un palacete oculto tras un bosque de marañas ocultativas.

Resulta, por ello, curioso, el interés de ciertos ciudadanos por comprar más caro lo que pueden adquirir, con la misma calidad, en establecimientos menos pomposos. En el sector de la alimentación, de la ropa, del calzado, de los electrodomésticos, se pueden encontrar miles de ejemplos de productos de idéntico valor de uso o de consumo, que se pagan con un sobrecoste, simplemente por el prestigio que se supone asociado a ciertos comercios.

Las modas en el vestir o en el llevar suponen la apelación a la predisposición por comprar ciertos productos, pagándolos muy por encima de lo que sería necesario para cubrir la necesidad de estar correctamente vestido, disfrutar de un producto o comer o beber lo mismo a precio mucho más benigno.

La publicidad cumple aquí una función sustancial que está ligada con la voluntad del engaño. Una característica que está asociada, de forma incomprensible, con la voluntad de dejarse engañar. Por distinguirse, por ser de otra clase, de una categoría diferente y, en general, aceptada como más elevada, más chic, más selectiva.

Sobre los deterioros y sus formas de control o disimulo

Vivimos en permanente deterioro. Es una perogrullada, en realidad. Los pesimistas siempre tienen razón a largo plazo, porque caminamos, de acuerdo con el segundo principio de la termodinámica (el aumento constante de la entropía), hacia un mayor caos. Hacia el caos absoluto. Si Dios quiere, por supuesto.

El ser humano es uno de los pocos animales -y, desde luego, el más eficiente en esa labor- que tratan de poner un cierto orden en algunos aspectos, conformando parte de la naturaleza cosmológica a su alcance para obtener un mayor beneficio de esa actuación.

Es cierto que algunos seres -racionales e irracionales- pueden sentirse perjudicados por esa intervención, pero, en general, los que pertenecemos a los países llamadas desarrollados nos hemos sentido muy felices utilizando lo que nos rodeaba, consumiéndolo sin pudor, como si fuera un regalo puesto allí para nuestro disfrute.

Los ejemplos de intervención humana que han conducido o están conduciendo a acelerar el deterioro son muchos y algunos, tan evidentes que cualquiera los puede constatar sin esfuerzo.

Hemos deteriorado ríos y costas, nos hemos consumido mucha naturaleza. Las predicciones respecto al calentamiento del planeta, dentro de todas las reservas que suponen los modelos a largo plazo basados en constataciones empíricas limitadas, añaden una preocupación muy actual a las consecuencias de ese uso sin limitaciones -o muy escasas- de los entornos naturales.

Nuestro cuerpo es un ejemplo muy concreto de deterioro que nos conduce, irremediablemente, hacia nuestra muerte. Por mucho que nos apliquemos con afeites, pócimas, intervenciones quirúrgicas, disimulos, la verdad inexorable es que envejecemos y desde muy pronto. Como hemos conseguido aumentar nuestra longevidad media, el tiempo en que debemos coexistir con la consciencia de nuestro deterioro, ha crecido.

En algunos sectores parece haber una dedicación convulsiva a disimular esta realidad. Pero convendría enseñar, especialmente a los jóvenes, más que las técnicas de la ocultación del deterioro, el respeto hacia esta manifestación de nuestro carácter finito, que compartimos con todos los seres vivos y, muy especialmente, a apreciar el valor de la naturaleza que nos rodea.

No somos dioses de la Naturaleza. Somos uno de sus elementos, sometidos, como todos, a las leyes inmutables de su deterioro. A corto y a largo plazo. No deberíamos acelerarlo con nuestras actuaciones insensatas. Lo estamos haciendo, mientras se multiplican las voces de que el desastre es inevitable y de que tenemos, como especie dominante, los días contados.

Siempre nos quedará el consuelo, si llegamos al final, de creernos que, hubiéramos hecho lo que hubiéramos hecho, la conclusión de la película de nuestra evolución estaba predeterminada.