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Al Socaire de El blog de Angel Arias

Sobre el concepto de amigo y Facebook

"Mi querido amigo y compañero", suele ser la expresión estereotipada con la que se encabezan las cartas (hoy: los emails) en la que se comunican noticias de interés corporativo. Esta cariñosa referencia no implica que el destinatario no deba cuidarse de quien así se le dirige, puesto que, en no pocos casos, las cuchilladas con intención mortal provienen, justamente, de esos "queridos amigos y compañeros".

Hoy día se conoce a mucha gente, pero tenemos pocos amigos. Nos cruzamos a veces con alguien con quien creemos mantener una relación entrañable y resulta que es solo el protagonista de una serie televisiva. Participamos en múltiples actos sociales, encuentros de cortesía, ceremonias, cursos, actos y reuniones en los que se nos presenta y somos presentados a cientos de personas, a las que, generalmente, no volvemos a ver.

Consideramos amigos a todos los compañeros de instituto o colegio, a los que se matricularon en la misma Facultad, aunqye no hayamos coincidido jamás, a los amigos de nuestros amigos, a todos los personajes y personajillos políticos, a los que nacieron en nuestro mismo pueblo y/o región, a los que viajaron a los mismos países y a los que fueron operados de apendicitis por el mismo médico o están a tratamiento de fertilidad en la misma clínica.

Tenemos tal necesidad de no sentirnos solos, que acudimos a las redes sociales informáticas, con frenesí convulsivo, para recopilar amigos, como si al final nos dieran un premio por ser los más amistosos-amigables del mundo mundial.

Tomemos como ejemplo una de las redes sociales construídas en la web de mayor aceptación en este momento, Facebook. Si introducimos el nombre de cualquier personaje de la farándula, de la política o del deporte, veremos que su número máximo posible de amigos está, en general, agotado. El sistema no admite más: han alcanzado su tope. ¡Pueden alardear de tener más de cinco mil amigos, a los que ni conocen, ni conocerán!

No nos vayamos a gente con perfil público. Busque el nombre de alguien que usted conozca directamente. Con un poco de trabajo de investigación, llegará al conocimiento alarmante de que alguno de los amigos de sus amigos ha entrado en la fase convulsiva de acumular amigos sin límite, seguramente como protección a su posible soledad. ¿Qué hacer?

¿De qué le servirán a ese para el que Vd. creía ser un amigo apreciado, convertido ahora en adicto a la amistad virtual, esos mil o dos mil amigos en Facebook, que, evidentemente, han sepultado su afecto en un magma incalificable? ¿Ha descubierto acaso placer en enseñar el culo a quien no se lo irá a tapar? (Disculpe el lector lo agresivo de la frase, que tiene su raiz en un ilustrativo aforismo, que aconseja ser cauto con las intimidades)

Ah, qué bueno sería recordar aquello de "Dadme un solo buen amigo y moveré el mundo" (¿o era un punto de apoyo?). Acaso sea más válida esta otra frase: "Solitarios del mundo, uníos en los afectos virtuales" (¿se la atribuímos a Marx?)

Sobre la recuperación de Toledo

Sobre la recuperación de Toledo

El autobús le habrá dejado junto al Alcázar, sobre las diez de la mañana, procedente de Madrid, Sevilla, Zaragoza o tal vez Segovia. Bajará en grupo hasta la plaza de Zocodover, y de allí, le conducirán al Palacio de Santa Cruz, de admirable fachada; las exposiciones del recinto, que tienen escasa rotación, puede que no le ocupen su precioso tiempo. Hay tanto que ver...

Desde la plaza, en donde McDonalds luce su gloriosa enseña, su comitiva le conducirá luego por la calle del Comercio, prácticamente llana, para acercarse hasta la Catedral. No tiene pérdida, porque el gentío, una frenética aglomeración de turistas japones, italianos, norteamericanos, portoriqueños, catalanes y sevillanos, le conducirá hacia allí. Si hubiera tiempo, el recinto sacro merecería una visita, pero hay tantas cosas que reclaman  nuestra atención en Toledo, que deberemos contentarse con la visión desde la plaza, que es ya magnífica. 

Conviene luego acercarse hasta la casa de El Greco; el cuadro que allí se expone, El entierro del Conde Orgaz, es, desde luego, bien conocido; la cola para ver esa magnífica obra puede llevar a una hora de espera; no merece la pena, porque figura en todos los libros de arte. Nos acercaremos después hasta San Juan de los Reyes, donde es obligada la visita al claustro, precioso en esta época con sus naranjos... La entrada cuesta 2,3 euros por persona, pero el esfuerzo económico compensará: las fotografías que obtendrá serán espléndidas.

No olvide llevarse, además de las fotos, otro recuerdo agradable de la ciudad unos sabrosos manazapanes -convertidos en IGP desde finales de 2008 (1) y que aguantan mucho tiempo en las maletas, aunque es cierto que los podrá encontrar en cualquier lugar del mundo, pues la fórmula ha sido copiada hasta la saciedad-.

Si le apetece, porqué no, cómprese una de esas curiosas espaditas de adorno, reflejo de aquellos tiempos en los que el acero toledano fue famoso. Las armaduras medievales y las katanas, aunque atractivas para situar en el salón de la casa, son desaconsejables, porque debido a su volumen no son fáciles de transportar. Otro recuerdo impagable es el de su nombre en un cartel de toros: puede escoger un apodo que haga sonreir a sus amigos.

Un consejo adicional: En Toledo hay tanto que ver en tan poco tiempo que, sin darse cuenta, se anda mucho y rápido. Lleve zapato cómodo. Si está físicamente preparado, piérdase con tino por la ciudad, teniendo en cuenta que, abajo, está el río, que le servirá de referencia. Para comer, le aconsejamos que se lleven unos bocadillos de casa y un botellín o dos, con agua o su refresco preferido.

Sobre las seis de la tarde, le esperamos de vuelta en el autobús, haremos una rápida visita a la zona del Parador -bella vista de Toledo desde el mirador, aunque la carretera normal está actualmente cortada por desprendimientos- y contamos con llegar a Madrid a buena hora para la cena en un restaurante famoso y asistir luego a un espectáculo nocturno de los muchos que hay en la capital.

Si ha llegado hasta aquí pensando que vamos a proporcionarle una guía para visitar Toledo a uña de caballo (es una metáfora, en realidad, deberíamos decir, a suela de inculto esférico), cambie de página, por favor.

Toledo es una de las más hermosas ciudades de España, pero su promoción sigue adoleciendo de graves problemas: subsiste un terrible deterioro arquitectónico, añadido a la falta de visión comercial de las autoridades públicas y a la ausencia de estímulos reales para que el visitante conozca la ciudad fuera de los cuatro clichés, mal presentados en lo que debería ser un modelo de oferta de nuestra cultura plural, abierta, integradora. 

Hace dos años escribíamos en otro lugar sobre el deterioro de Toledo. No queremos ser reiterativos, sino enfocar ahora la atención hacia la necesidad concreta de aportar nuevos elementos al turismo de la ciudad. Que supone, también, consolidar definitivamente el casco histórico como uno de los lugares más gratos de España para vivir de forma permanente. Para ello, es imprescindible la recuperación absoluta de todo el entorno intramurallas, dotándolo de un tipo de comercio con variedad y calidad y auténtica vida ciudadana, no un pastiche sin vigor.

No vale para el caso sostener en pie algunos edificios singulares, -gracias, por supuesto a inversiones públicas cuantiosas- entre casas que se desploman, con una bella factura de arquitectura civil, pero construidas con pobres materiales que exigen una revisión inmediata y un análisis de estabilidad caso por caso. Edificios que están, en buena parte, vacías o que, en no despreciable número, han sido ocupados por inmigrantes que se aprovechan de los bajos alquileres y amontonan en sus pisos varias familias.

La proximidad a Madrid, de la que debiera convertirse claramente en ciudad alternativa, dota a Toledo de un atractivo adicional para residentes fijos potenciales. Es un sitio potencialmente ideal para profesionales, jubilados o prejubilados, y, desde luego, debiera ser el lugar obligado de residencia para funcionarios y políticos de la Comunidad de Castilla La Mancha.

Las comunicaciones por carretera son buenas, por más que no se pueda saber nunca cuánto tiempo puede durar el desplazamiento, debido a que existen lugares de congestión en Getafe y Pinto, tanto en la mañana como en la tarde. Utilizar el enlace por Ave entre las dos ciudades sería opción preferente, si bien deberán ampliarse aún los horarios, y completar el transporte interno: la estación está lejos del centro.

Para confort del turista, debe hacerse además un gigantesco esfuerzo en hostelería, restauración y comercio. Una ciudad con mucho menos atractivo que Toledo, como Oviedo, tiene mucho más gancho para pasar la noche. Analícese por qué, y extráiganse las consecuencias, aplicando el cuento.

Existen ejemplos en Toledo de buena recuperación de edificios para negocio, y esa línea debe impulsarse con decisión. Parece imprescindible eliminar los coches de la ciudad histórica, salvo los casos de urgencia y .de servicio al comercio. Se han construído dos estupendos aparcamientos, aceptables para el visitante ocasional, pero que resultan prohibitivos para el residente.

También habrá que incorporar las plazuelas a la vida urbana, que no han de ser solo empleadas como aguaduchos de dudoso gusto y ocupadas por sillas y mesas sin diseño, cuando no, desvencijadas. Toledo necesita crear más perspectivas desde el interior, más espacios visuales y quizá algunos edificios ruinosos deban caer definitivamente en la piqueta, para dar realce a otras joyas históricas. Hay que analizar la cuestión con rigor, y actuar con la cabeza, y, aprobado el criterio, con decisión. Antes de que sea muy tarde.

¿Dónde está la vida universitaria de Toledo? ¿Por qué no se promueve el enclave cultural que significa una ciudad histórica de tanto abolengo?. No tenemos respuesta a la realidad de una Universidad que se oculta, misteriosa, tan difícil de encontrar su ubicación física y creativa como resulta la de la mayor parte de los servicios públicos. ¿Dónde está Correos? ¿Cómo no perderse ningún edificio singular, en una ciudad falta de indicaciones completas? ¿A dónde van esos coches que aprietan al transeúnte contra las fachadas, faltos de espacio para circular?

Y, desde luego, hay que recuperar completamente las aguas del Tajo -no tiene perdón que sea todavía un río cloaca-, y llevar a la gente -propios y extraños- al paseo fluvial, uno de los mejores concebidos de España y un atractivo turístico de primer orden, si se sabe combinar con los enlaces a los monumentos históricos, al casco antiguo.

En definitiva, hay que dotar a Toledo de un encanto moderno, además de poner en valor ese rancio sabor de lo vetusto y hermoso, que impregna, todavía, la ciudad, a pesar de varios defectuosas "recuperaciones" de edificios que, muy al estilo de estos tiempos, han sustituído viejas glorias por una masa de ladrillos y hormigón con muy poca gracia.

Finalmente, es imprescindible ayudar al visitante a conocer la ciudad. Con indicaciones adecuadas, sobre el terreno, explicaciones históricas coherentes y suficientes, espectáculos, representaciones, renovaciones de contenidos museísticos, bonos completos para visita de monumentos, etc.

Toledo necesita cariño e inteligencia de las administraciones públicas. Es una oportunidad viva de llevar cultura histórica al pueblo español y a quienes nos vivitan, combinada con sentido de la actualidad y de la realidad ciudadana. No es un cliché, no puede serlo, sino una ciudad viva, proyectada hacia el futuro; no un conjunto mixto de ruinas y edificios espléndidos. Dótesela de coherencia, como la tuvo en su momento. Ya.

(1) Nota.- Parte del comentario está escrito desde la ironía. En lo que se refiere a los Mazapanes de Toledo, una delicia de almendra y azúcar, gozan de protección como IGP -indicación geográfica protegida- desde 2008, por Orden publicada en el Boletín de la Comunidad de Castilla La Mancha en septiembre de ese año. Tarde piache.

Sobre la verdad

"Prefiero no saber la verdad", se dice a veces, expresando con ello que, aunque tenemos serias sospechas de que algo se haya realizado contrariamente a lo que nos hubiera gustado, nos inclinamos por no profundizar en la investigación, para no tener que actuar en consecuencia. Se emplea, sobre todo, cuando existe una clara relación de subordinación entre quien tal dice y el que oculta o disimula la "verdad"; generalmente, un hijo, un criado, un empleado.

El ser humano, curioso por naturaleza, necesita conocer el porqué de las cosas. Es un principio que ha impregnado su devoción religiosa, el culto a quienes saben más, o se jactan de saberlo mejor, de tener información privilegiada. Alcanzar la verdad absoluta es parte del summum de perfección, un desideratum muy apetecible.

"Yo soy la Verdad" (en forma completa; "Yo soy el Camino, la Verdad y la Vida") es la expresión que atribuye el hagiógrafo Juan a su maestro Jesús (Jn 14; 6-14). El alcanzar la verdad absoluta, dominar la máxima sabiduría es el culmen del camino de perfección, el fin de todos los procesos de mejora individual, sean dirigidos hacia un ser superior o al mejor conocimiento de uno mismo.

El mentiroso descubierto es objeto de desprecio y burla, cuando no de castigo. Por eso, la ocultación forma parte también de las actitudes humanas, pretendiendo así que no se conozca nuestra verdad, casi siempre porque nos hace vulnerables, más despreciables, mezquinos a los ojos de los de más. La Biblia, el libro sagrado de nuestra cultura teocéntrica, castiga al mentiroso duramente.

El patrono de todos losmentirosos es Caín, caracterizado como el primer mentiroso de la historia humana, que cuando fue preguntado por su hermano Abel, al que había matado por envidia, dijo no saber nada de él. No es tan fácil descubrir al mentiroso convulsivo, porque teje un entramado complejo de ocultaciones y, generalmente, no está nunca solo. La política nos está dando ejemplos recientes de mentiras colectivas, punta de iceberg de las que permanecerán ignoradas, tal vez para siempre.

A niveles no teocéntricos, dejando al margen las verdades reveladas y su análisis, la preocupación por conocer la verdad es la guía de todo trabajo de investigación, el móvil de todo científico y filósofo. No se estará nunca completamente seguro de haber alcanzado verdades absolutas, pero los descubrimientos, tanto en el terreno técnico como en el humanístico (si se nos permite esta dicotomía) pueden resultar útiles.

Los descubrimientos técnicos (o científicos), en particular, han servido para mejorar la calidad de vida de muchos seres humanos, y han permitido controlar algunas leyes de la física para obtener rendimientos y resultados efciientes de las máquinas y de otros artilugios de la creatividad.

No todo el mundo, por su formación o por su capacidad intelectual de base, está capacitado para buscar su propio camino hacia la verdad. Para muchos, incluso capaces, no merece la pena el esfuerzo. Se rinden ante la evidencia de lo mucho que queda por conocer, por la dificultad de encontrar verdades entre la confusión. Se acogen, por ello, a la presunta existencia de verdades reveladas por espíritus superiores, que, a lo largo del tiempo, generación tras generación, se han conformado de una manera sincrética, en doctrinas, principios y dogmas, a los que se engloba en el concepto de fe.

Creer lo que no vemos, ni podemos experimentar. Admitir como verdad lo que nos han dicho otros, bienaventurados que han tenido el contacto con los dioses, que han sentido la revelación del más allá, de la verdad que está por encima de lo que, con nuestros medios, nos cuesta tanto obtener.

Bienaventurados los que no creen, los que dudan de la verdad que otros les quieren imponer, porque en ellos está la esencia de lo que nos hace libres para encontrar las verdades que son patrimonio de todos y no moneda útil para unos pocos, con las que, tantas veces, ocultan su ignorancia, su mala fe o su desprecio hacia la humildad de los que trabajan con las preguntas para las que todavía no hemos encontrado las respuestas.

 

Sobre los límites de los poderes públicos en las campañas institucionales

La Ley 29/2005, de 29 de diciembre, de Publicidad y Comunicación institucional, establece el régimen jurídico de las campañas promovidas por todos los órganos de la Administración del Estado español.

A tales efectos, distingue entre las campañas institucionales de publicidad y las de comunicación. Ambas son actividades que tienen por base, como no podía ser de otro modo, la difusión de mensajes u objetivos dedicados a una comunidad, pagados con dinero público. La primera utiliza un soporte estrictamente publicitario, a diferencia de las campañas de comunicación, que combinan otros soprtes.

Los límites de tales campañas incluyen la prohibición de dedicar los dineros públicos a alardear de los logros de gestión de los responsables de la Administración, o a criticar la actuación de otros poderes públicos; tampoco se pueden incluir mensajes discriminatorios o incitar a la violencia.

Enrique Arnaldo, -asesor del ex-presidente balear y ex-ministro de Medio Ambiente en uno de los anteriores gobiernos del PP, Jaume Matas-, recibió, en su día, el encargo de realizar un informe sobre el tema que da título a este comentario, según obra en los autos en los que figura encausado el segundo. Profesor de derecho constitucional, ex vocal del Poder judicial, abogado y articulista habitual en El Imparcial, no debió haber tenido problema alguno en confeccionar un brillante trabajo con un tema tan apasionante y sobre el que, como se ha podido ver en estas ligeras pinceladas previas, reina, al parecer, alguna confusión.

Con imaginación, a falta de que se de publicidad al trabajo realizado, podría intuirse algo sobre los objetivos del mismo, de otros artículos de divulgación del insigne jurista. El 18 de junio de 2009, en un artículo intitulado "Nada es lo que parece",el profesor Arnaldo se preguntaba por el color de la piel de Michael Jackson (q.e.p.d.) y escribía, como colofón:

"Nada es lo que parece. Ni el Parlamento manda. Ni el Tribunal Constitucional garantiza la supremacía de la Constitución. Ni el Gobierno garantiza el interés general de los españoles. Ni siquiera el racismo es lo que parece. Todo es según el color con el que se mira. Pero el fondo del pozo, al que tanta miseria y vacuidad nos lleva está tintado de negro. La insoportable levedad de los seres extraterrestres que nos dirigen nos conduce a la huída o a dar las teclas de “borrar” y “papelera”.

Palabras de cuya demoledora conclusión se puede dudar, pero definitorias de quien no tiene problemas en confesar sin ambajes sus filias políticas e institucionales. El juez Castro, encargado por el momento del "caso Jaume Matas" -ya que corre el riesgo de ser recusado por enemistad manifiesta y por predisposición a culpabilizar antes de haberse realizado el juicio en el que deberá dirimirise la responsabilidad del encausado-, ha redactado un auto de prisión eludible con fianza de 3 millones de euros a finales de marzo de 2010, dinero que el ex presidente pudo reunir en su particular Semana de Pasión.

En el proceso, según la instrucción, deberá decidirse si el presunto delincuente Matas cometió delitos de corrupción, falsedad en documentos públicos, infringiendo de paso una decena más de figuras penales,

Nuevamente el profesor Arnaldo parece estar en situación de dar respuesta a lo que está pasando, a pesar de la confusión que el caso está causando entre los analistas políticos y el ciudadano confiado en que quienes administran lo público son gentes de fiar. El 5 de noviembre de 2009, bajo el ilustrativo título de !¿Cuándo se jodió España?", en el mismo periódico, respondía de esta manera, entre otras atractivas sugerencias, a la pregunta que él mismo se hacía: "Se empezó a joder cuando la clase política se transformó en casta profesionalizada, perpetuada en el machito inexpugnable cual muralla china."

Duro trabajo ser juez en estos tiempos convulsos. Por eso, como orientación para las oposiciones a judicatura, no dudamos en que alguien esté preparando un informe sobre "Los límites de los autos judiciales en los procesos penales contra cargos públicos". El profesor Arnaldo seguro que ya tiene el bosquejo para tan ímprobo trabajo, que, a no dudar, no tardaremos en ver publicado en El imparcial.

Sobre los líderes y lo que representan

Que los líderes, y en especial, los máximos mandatarios políticos, aunque se trate del lugar más miserable y apartado de la Tierra, tienen un ego que se lo pisan, no merece dudas.

Verse en el pedestal de la admiración, el respeto, e incluso, de la moderada crítica, sentirse aupado  en el por todos sus conciudadanos, tiene que ser muy estimulante. Te levantas de la cama, aún con la resaca de haber tenido cualquier pesadilla, te miras en el espejo, y pronuncias, para animarte, las palabras mágicas: "¡A mandar!" y, allá te vas, hacia los laureles de tu gloria, entre crisis, paro, descarrilamientos, inauguraciones, atentados, discursos, corruptos, entregados, reformas, éxitos,...

Se han descrito diversos síndromes vinculados a la sensación de poder y soledad combinados que hacen pasto de los líderes políticos. En España, se habla del "síndrome de la Moncloa", pretendiendo resumir de esa forma la actitud de menosprecio a cualquier opinión negativa que venga de quienes no son los fieles del Presidente.

El afectado por el síndrome de la Moncloa, cree que todo lo hace bien y que las críticas están infundadas o malintencionadas, y, al escuchar solo a los suyos, se cuece en la salsa de su autocomplacencia.

El problema no es nuevo, y por eso, ya Tertuliano registraba que los generales romanos, cuando eran recibidos en victoria por el pueblo enardecido, llevaban a su lado un esclavo que repetía: "Respice post te! Hominem te memento!" (¡Mira atrás!¡Recuerda que eres solo un hombre!).

No vendría nada mal que se recuperase esta sabia manera de bajar los humos a los líderes, recordándoles que, si representan a sus pueblos, no es por lo mucho que valen, sino porque ellos así lo han querido, y que la gloria que les han otorgado, por el mismo camino se la pueden quitar. No sabemos si en Francia existe costumbre de referirse al síndrome del Elíseo, pero el presidente Sarkozy podría ser diagnosticado del mismo en grado sumo.

Un ejemplo: El 31 de marzo de 2010, después del encuentro con el presidente norteamericano Obama, en Washington, afirmó que "Si hay alguna diferencia, la resolveremos hablando entre nosotros. Confío en Obama, y hablo en nombre de Merkel, de Brown y de otros líderes europeos".

A algunos comentaristas españoles les sentó mal que omitiera a Zapatero, actual presidente del Consejo Europeo. Pero a nosotros lo que nos pareció improcedente es que hablara en nombre de cualesquiera otros mandatarios. Debería haber, en todo caso, matizado que hablaba en representación de una exigüa mayoría de franceses. Y eso, aunque lo que estaba diciendo no eran, por supuesto, tonterías.

Sobre la mujer del prójimo

"No desearás la casa de tu prójimo. No desearás la mujer de tu prójimo, su sirviente, su sirvienta, su buey, su asno, ni nada que le pertenezca a tu prójimo".(Libro del Exodo, Sección Itró, 20;14).

Se puede decir más alto, pero no más claro. Yahvé (El Eterno), en sus conversaciones privadas con Moisés, sitúa a la mujer del prójimo al mismo nivel que cualquier otra pertenencia de aquél, salvo la casa, a la que deja en un lugar superior, al dedicarle una frase aislada.

Unos siglos más tarde, el profeta Mahoma tuvo una revelación más precisa, que le permitió escribir en la Sura de la Luz: "Y di a las creyentes que bajen la mirada y guarden sus partes privadas, y que no muestren sus atractivos a excepción de los que sean externos; y que se dejen caer el tocado sobre el escote y no muestren sus atractivos excepto a sus maridos, padres, padres de sus maridos, hijos, hijos de sus maridos, hermanos, hijos de sus hermanos, hijos de sus hermanas, sus mujeres, los esclavos que posean, los hombres subordinados carentes de instinto sexual o los niños a los que aún no se les haya desvelado la desnudez de la mujer" (28;31).

El persistente propósito del Supremo Hacedor, en sus revelaciones a los iluminados del pueblo judío (y revisionistas), por situar al hombre varios metros por encima de la mujer, podría ser interpretado como una señal inequívoca de que habló, no solamente por la boca, sino por el cerebro y las intenciones de los varones.

Pero, ¿por qué debería tener interés Quienquieraquefuese en salvaguardar de deseo a la mujer del vecino? Se ha indicado en sesudos estudios que era una manera de perseguir, para obtener garantías respecto a la filiación, el adulterio, en una época en que los medios anticonceptivos eran prácticamente desconocidos.

Esta explicación valdría para comprender que se ordenara mantenerse alejado de la casa del vecino, sino era para tomar unas pastas con té, servida con sumisión por una de sus esposas, sumisamente arrodillada ante los varones domunantes. ¡Sin embargo, prohibir desear a su mujer -la de él- es una condición exorbitante!. Urge una revisión, actualizada y no machista de estas supuestas Leyes divinas, que, al permanecer intocadas durante tantos siglos, han perdido poder coercitivo para aparecer como galimatías sin sentido.

Proponemos, aún reconciendo no haber recibido una iluminación especial, la revisión de ese Mandamiento. Y sugerimos que las próximas normas reveladas sean redactadas por mujeres. Los varones les debemos una compensación histórica y el reconocimiento de que Dios, donde quiera que deseemos ubicarlo, no puede ser utilizado para discriminar a las mujeres.

Sobre la resurrección de los muertos

La resurrección de los muertos está en la esencia de nuestra inquietud filosófica. Tanto del erudito en teosofías como del torpe atraído por la intuición patafísica.

La muerte de todos los seres animados es una verdad cuyo cumplimiento sistemático constatamos sin fisuras. Lo comprobamos en el fallecimiento de las personas que conocimos, lo sufrimos en la muerte de aquellos a quienes amamos, y sospechamos con incómoda presunción que lo mismo nos sucederá a nosotros. Esperamos que lo más tarde posible.

Pero la resurrección de los muertos no ha sido comprobada por nadie. Algunos, muy pocos, bajo sospecha fundada de haber sufrido alucinaciones u otras debilidades de la mente, nos quieren ilustrar sobre apariciones de fallecidos, mensajes de seres celestiales o visiones de luminarias cegadoras en túneles de paz o de inquietud.

No será necesario que resucitemos con los mismos cuerpos que tuvimos y, si podemos elegir, podría ser más justo que los feos nos reencarnáramos en algún canon estético, para que disfrutáramos por un tiempo de la capacidad de atractivo que se nos negó mientras soportábamos lo puesto. Sin embargo, lo confesemos o nos, necesitamos confiar en alguna forma de trascedencia. Eterna o más inmediata, gnóstica o pagana, solitaria o grupal.

Las religiones y cualesquiera ejercicio dimanante de la espiritualidad, se basan en esta negación de nuestra finitud, en la resistencia a desaparecer. Cierto que algunas personas dicen no tener esa inquietud (en especial, cuando se hacen ya mayores), pero muchos actos de su existencia contradicen esa postura.

La literatura y, sobre todo, el cine, se han recreado en historias de aparecidos, que vuelven al mundo de los vivos para perturbar su tranquilidad. En los Carnavales, disfrazarse de zombi da mucho juego para asustar a los demás, en la pretensión de reirse de uno mismo.

Los cristianos dicen creer en la resurrección de los muertos, vinculada con la existencia eterna. Otras religiones manejan términos parecidos. Los pensamientos de introspección trascedente se remiten a un posible progreso individual en el conocimiento que nos llevaría a un ascenso metafísico en nuestra incardinación con todo lo que es.

Felices vacaciones, lectores.

Sobre la Semana Santa y el cambio climático

En el mundo cristiano, la celebración religiosa del misterio más profundo de la fe -el camino que va desde la muerte de Dios encarnado, por petición expresa de su propio pueblo, el elegido, hasta su gloriosa Resurrección y Ascensión a los cielos-, ha ido degenerando hasta convertirse en una semana completa de asueto.

Para un pequeña minoría de los creyentes, el más específico sentimiento de devoción que puedan experimentar, apenas si guardaría relación con asistir al espectáculo relativo conformado por alguna procesión de encapuchados, con hachones y cilicios, siguiendo un paso de la Magdalena, de la Virgen de los Dolores o del Cristo Yacente.

Para la inmensa mayoría, Semana Santa significa escaparse de la ciudad y del trabajo, y pasar unos días de asueto, tomando el sol en las playas, subiendo montañas, esquiando, o entregados al dolce far niente, sin preocupación, desde luego, por lo que puedan estar haciendo los devotos de convocar la devoción de deidades, aunque sean las más verdaderas y arraigadas en nuestra tradición.

Calculando que en estos días haya habido, solo en España, del orden de 6 millones de desplazamientos, a una distancia media de unos 300 km, resulta que se han devorado 1.800 millones de km, que -utilizando una cifra aproximada- suponen 3,5 K t de CO2 equivalente lanzadas a la atmósfera en honor del futuro cambio climático.

Como cada año se emiten del orden de 30 Gigat de esa sustancia gaseosa, a cuya masa España contribuye con un 1% (unas 440Kt), podría deducirse, que son despreciables (menos del 1%)las emisiones hispanas a la mayor gloria de la destrucción de la biodiversidad  producidas en Semana Santa.  Qué aliivio.

 

Sobre el raitán, el glayu y el cuclieyu

El raitán, el glayu y el cuclieyu son aves que todo el mundo conoce, o debiera conocer. El raitán (petirrojo, Erithacus rubecula) es un pájaro amistoso, que vive cerca de las casas, y alegra con su canto melodioso los atardeceres y amaneceres. Si no se le asusta, acaba tomando confianza y puede acercase incluso a comer en la mano. No es pájaro de jaula, y muere de tristeza al poco tiempo, negándose a beber y comer.

El glayu (arrendajo, garrulus glandarius) es un córvido esquivo, que grazna asustado tan pronto ve al ser humano y se escapa volando hacia las profundidades del bosquete, distinguido también porque sus machos tienen unas vistosas plumas en las alas, que adornan muy en su punto los sombreros tiroleses y las gorras de los cazadores de domingo.

Finalmente, el cucliellu, cuclieyu, o incluso cluquiellu, (cuco, cuculus canorus) es un ave cuculiforme, que pocos han visto, pero que nadie ha dejado de oir, con un canto monótono, que sugiere misterio y abandono.

Traemos a este Comentario estos tres tipos de aves, porque representan, como tantos otros productos de la naturaleza, diferenciados comportamientos de la persona, en relación con los demás.

Hay quien se muestra confiado y siempre dispuesto a echar una mano para ayudar. Ronda los problemas del otro, los entiende, y nos consuela con sus opiniones y, si hace falta, con su presencia activa. Otros están observando atentamente lo que pasa en su alrededor, comen y beben a la chita callando de lo que producen otros, pero se evaden a la primera de cambio, dando el grito de "¡A mi que me cuentas!"cuando intuyen el problema, refugiándose en sus cosas; no quieren que les salpiquen las dificultades de los demás, y lo mejor para conseguir tal empeño es encerrarse en la hondura de su bosque particular.

No falta, en fin, quien ni aparece en la danza. Desde el misterio, se sabe que existen porque, de vez en cuando, se les oye o se les intuye acompañándonos; nunca pedirán nada, y no sabremos si nos han sido útiles. Cuando desaparezcan es el momento en que nos daremos cuenta cuánto los necesitábamos.

Sobre apáticos y atípicos

Proponemos una división de la humanidad, que nadie parece haber puesto de manifiesto hasta ahora, a pesar de su evidencia, en dos categorías sicodinámicas: apáticos y atípicos. Al definir la forma de clasificación como sicodinámica, queremos indicar que se combinan en ella las características que impulsan lo síquico (inteligencia emocional, si es que se admite el concepto como mensurable) y las motrices externas (aquello que nos atrae de lo que no hemos propuesto nosotros o no controlamos)

Los primeros, el grupo, con mucho, más numeroso, se conformaría con quienes, por incapacidad, resignación o comodidad, han encajado su vida entre la inercia del día anterior y el calor gregario de la masa con la que, pro principio, quieren identificarse. Lo determinante es que, para moverse, no se preguntarán lo que les gusta a ellos, sino lo que le está gustando a la mayoría, para auparse de inmediato a compartir esa opinión.

Por supuesto, las raíces de esa actuación colectiva están en el miedo al qué dirán, a que se les distinga. Tienen pavor a que se les considere singulares. Su aparente único objetivo vital es no llamar la atención. No emitirán su opinión ante desconocidos y si se ven compelidos a hacerlo, farfullarán un tópico, vestirán de igual forma, asistirán a  los mismos espectáculos (preferentemente nada complicados: el fútbol es ideal), irán de viaje a los mismos sitios.

Nuestra teoría es que la inteligencia emocional de esos individuos es prácticamente nula. Aparentemente, y como buscan sintonizar con la mayoría, se esfuerzan en detectar dónde están los otros, pero no exactamente para identificarse o criticar a los que pretenden el liderazgo, sino para buscar la protección del grupo. Una vez confortablemente instalados en el grupo, se moverán con él hacia el objetivo grupal por excelencia, que es destruir, arrinconar, marginar o matar a los atípicos.

Estos atípicos, con la carga de su singularidad, sus ganas de hacer cosas, su capacidad de crítica o de reflexión sobre lo que sucede en su alrededor, están llamados a sufrir.

Por eso, algunos desarrollan una alta inteligencia emocional, cuidando evitar la agresividad de sus formas para que no parezca tan duro su mensaje, encajando en palabras de justificación las ideas, acercándose al grupo pidiendo un poco de pan y agua para sus reflexiones. Otros, los genuinos atípicos, después de haberlo intentado un par de veces, cierran sus puertas y ventanas al exterior y mandan a tomar vientos al rebaño de apáticos.

Ni qué decir tiene que nadie se da cuenta.

Sobre la potestad de anular

Existen varias formas de eliminar la realidad, y no todas pertenecen al mundo de la magia. La obsesión por borrar el pasado, verse eximido de remordimiento o culpa es una consecuencia -se cree- de la consciencia en una ética universal, que llevamos impresa en nuestra capacidad de razonar.

No son pocas las actuaciones de los seres humanos encaminadas a destruir los vestigios del pasado y, en lo que les convenga, darles otra apariencia. Todos ocultamos, y quien esté seguro de no hacerlo así que tire la primera piedra.

Los mecanismos individuales actúan a su modo. Queremos olvidar lo que nos pesa en la consciencia de lo mal hecho y, a veces, lo olvidamos y, con suerte y práctica, puede parecernos haber vivido lo que habíamos imaginado. Aunque, sobre todo, nos preocupa que los demás no lo sepan y, si llegan a saberlo, que no lo utilicen contra nosotros. Por eso, adulteramos nuestra realidad, la adornamos, borramos las huellas de lo que no nos gusta.

No basta. Todas estas maniobras individuales no nos dan suficiente tranquilidad. Por ello, para nuestra seguridad emocional, están previstos dos magníficos mecanismos que se sitúan por encima del individuo, y que se otorgan la preciosa facultad de anular la realidad, con poderes sobre los demás. Esas potestades exorbitantes, se han depositado, perfeccionándolas generación tras generación, en dos instituciones ejemplares: la Iglesia (las iglesias) y la Justicia (los órganos de administración de Justicia).

Las iglesias -entendidas como dictadoras de las normas religiosas- podrían haber mantenido como único objetivo rendir pleitesía a Dios, aunque siempre les ha preocupado la fórmula de la absolución de los pecados, llevando la calma espiritual al pecador arrepentido. Aunque algunas reclaman todavía que la verdadera absolución implica cortarle la cabeza al que peca o quemarlo en la hoguera, las formas civilizadas explican otras maneras de borrar, para toda la eternidad (ni más ni menos) las agresiones cometidas a las reglas.

Como es sabido, los administradores de esta fuerza omnímoda, los representantes de la divinidad en la tierra, obtienen su capacidad por mecanismos de aprendizaje más o menos severos y secretos. Cuando la institución los considera aptos, -según las distintas modalidades religiosas previstas para el acercamiento a la comprensión de las máximas fuerzas que influyen sobre la naturaleza-, son distribuídos por el mundo para propagar sus manifestaciones, explicar sus misterios, e incluso, intuir otros. Es, desde luego, una lástima para el núcleo duro del sistema, que algunos de esos elegidos utilicen su poder para aprovecharse de la ingenuidad de algunos fieles en su beneficio.

Pero la fuerza realmente humana con poder para anular la realidad, y para la que no se ha tenido necesidad de apelar a espíritus extraterrestes, es la Justicia. En virtud de esa deidad claramente pagana, se ha sustraído de la voluntad popular, el mecanismo de separación de las actividades admisibles y punibles, una fórmula adaptativa para distinguir, en ella de lo bueno y lo malo, la Ley.

Por la Ley, y, en particular, por la aplicación que hacen de ella unos administradores de esa fuerza imponente, -los jueces- se puede borrar lo sucedido de este mundo. La diosa Justicia ha generado, para cumplir con este propósito, otra deidad igualmente pagana, llamada "seguridad jurídica".

Por la devoción a la seguridad jurídica, se ha creado el "instituto de la prescripción" por el que lo que se haya hecho, a partir de un cierto tiempo, ya no existió en el terreno legal, y, por su favor, por ejemplo, se anulan conversaciones que evidencian la comisión de delitos.

Gracias a su intercesión, quienes tienen la capacidad económica para procurarse buenas amistades y un equipo de juristas especializados en mirar los agujeros de las leyes, es mucho más probable que las cárceles se ocupen por pobres diablos a los que se les ha pillado robando un par de aparatos fotográficos para revender que por gentes de buena apariencia que se mueven en los entresijos del Estado.

No vamos a extendernos más, al menos hoy. Solamente, una última pincelada: resulta instructivo para quienes tengan dudas sobre la solidez de esas instituciones, que, en ocasiones como las que nos toca vivir, estén muy atentas al celo de quienes aplican las normas.

Bien, para perseguir a los sacerdotes que muestren especial capacidad y actividad para, llevados justamente por los contenidos del programa oficial, se empeñen en corregir errores y analizar el comportamiento de los poderosos, por errónea aplicación de la doctrina. Bien, para exculparlos de las penas del infierno, porque, aunque pecadores, debe serles aplicado el sagrado estatuto de la prescripción de su falta.

Sobre los TICS en la enseñanza

"La equidad de nuestro sistema educativo supone que la brecha digital tiene que desaparecer". Lo dijo la Secretaria de Estado de Educación española, Eva Almunia, en su conferencia el 23 de marzo de 2007 en el salón de actos de la Delegación de Asturias en Madrid.

Almunia, que tiene un verbo fluido y convincente, había defendido antes que "las leyes se hacen pensando en lo que hemos aprendido, pero no consultamos a los jóvenes; no les dejamos participar". El núcleo de su presentación era glosar el modelo "Escuela 2.0 que, según explicó, tiene cuatro ejes: conectividad, contenidos, profesorado y material.

En la mejora de la conectividad, apeló a un apoyo mayor de Telefónica, representada en la mesa por un entregado Javier Nadal, vicepresidente de la Fundación, que acababa de presentar a Eva Almunia, como "ejemplo de persona de bien dedicada a la política (...) innovadora, mujer y madre", además de contar con una experiencia como consejera en Aragón, patria chica de ambos.

El "aula tiene que estar abierta al mundo", pero debe disponer de contenidos, superando el libro, para constituirse en plataforma que dote al profesor y de recursos; para ello, además de la formación tecnológica, el docente debe disponer de aptitud pedagógica en las nuevas tecnologías. "El profesor no es el único que transmite el conocimiento, sino que (ahora) tiene otros roles".

La cuestión del material "para que las aulas sean digitales" llevó la cuestión nuevamente hacia el coste de disponer de una conexión barata. "200 alumnos conectados simultáneamente a la red, eequivalen a una empresa de cierto dimensión. Las compañías de comunicaciones deben implicarse y ofrecer un precio barato".

La Secretaria de Estado salpicó su conferencia con algunas anécdotas caseras ("a los jóvenes les gusta comunicarse con varios a la vez; mi hija lo hace"), y, al fin, abordó la cuestión más polémica: En la actualidad, la forma de enseñar y aprender es distinta. Hay muchas razones, unas internas a las aulas, pero otras, externas, dependientes de la evolución de la sociedad.

Porque "para el 30 por ciento de los niños que estamos educando, no sabemos cómo será su puesto de trabajo". Porque "el 70% de los niños utilizan el ordenador en casa -en su tiempo de ocio, y, por tanto, para su ocio-, en tanto que el espacio y el tiempo que se dedica a las nuevas tecnologías en la escuela es mínima".

Y, quizá sobre todo, (esto ya lo decimos nosotros) porque los profesores siguen aferrados a la vieja idea de lo que es enseñar y conectan (otra conectividad que hay que mejorar) poco con los alumnos.

Como sucede en este tipo de actos, las preguntas surgidas en el debate ayudaron a poner algunas cosas en su sitio, es decir, a dejar patentes las cuestiones abiertas, para que el beneplácito del administrador no sea nunca completo. Desde la sala, se argumentó que "se está perdiendo el valor emocional de la enseñanza". Los estudiantes, en lugar de ir a las aulas y atender a una clase, acuden al "Rincón del vago" o a "Fisiquímica.com".

Almunia reconoció la existencia del problema. "Hace 6 o 7 años, hablando con un profesor del MIT, en donde había 6 o 7 profesores premios nóbel, me hacía la misma reflexión. (...) Pero es que cuando un profesor edita un buen manuel de referencia, se pierde el interés por asistir a las clases. El ministro habla de que se educa por contagio. Hay que replantearse un poco todo".

Para otro interviniente, "el objetivo de la educación no es solo ayudar a encontrar trabajo, sino formar ciudadanos que sean capaces de tamizar la información que les llega". Y es que "las TICs no dan información. Hacemos lo mismo de siempre, con soporte digital."

Aquí, la Secretaria no estuvo tan acertada al replicar, pues confesó que se conformaba con que el profesor pusiera el libro en soporte digital (en la primera fase, se entiende), y explicó la experienca de una escuela en Ariño (cuencas mineras de Aragón) con niños de 6º de Primaria, preparando un viaje a Londres, que involucró temas de matemáticas, lengua, geografía, etc.

No estuvo tan acertada porque, al pedir "un cambio de cultura, de mentalidad", del profesor que "debería ser capaz de adaptar su clase" a los nuevos tiempos y, como se había sugerido en la sala "hacer públicos los contenidos de los libros", consiguió la intervención objetivo-defensiva del representante de la Editorial Anaya que, oportunamente, expresó que "en educación, nada se puede estandariizar. Hace años, los que podían permitírselo, tenían tutor, es decir, ya disfrutaban de interactividad. La tecnología no es más que una herramienta, no es el modus operandi de la sociedad."

Por eso, "el contenido no puede ser libre. ¿Quién acude al Rincón del Vago?. Hay profesores que introducen errores en los temas que envían a esa plataforma, para detectar los malos alumnos, los que copian y aprenden de memoria sin razonar".

Almunia recogió, inteligentemente, el guante. "Ese es el debate. No tengo la certeza, tengo la sensación (de ir por el buen camino). Quisiera que un profesor pudiera tomar de la red -pagando, matizó- lo que desea, y con ello, montar su propia clase y contenidos. (...) Queremos seguir trabajndo con las Editoriales, que, además, en un Estado descentralizado como el nuestro son una vía de acceso a los responsables de educación en las Autonomías".

Una interesente conferencia, en fin, que, como expresó a su inicio Miguel Munárriz, delegado en Madrid del Principado, era la primera de un Ciclo de 4 Jornadas llamado "Educación para transformar la sociedad", organizado en colaboración con Asimico, que puso, además de la presencia de Julián Conte, su presidente -que también tuvo incienso para la Secretaria de educación: "Aula 2.0 es un proyecto muy profundo", dijo - los pinchos de final del acto.

(Tendremos que aclarar, aquí al final del Comentario, que, al mismo tiempo en que se incorporan las TICs (Tecnologías de Informática y Comunicaciones) a las enseñanza, habrá que suprimir muchos de los tics que se resisten a desaparecer?

Sobre la necesidad de la poesía

Todos los días 21 de marzo, por iniciativa de la Unesco, se celebra (por muy pocos) el Día Mundial de la Poesía. Coincide con el equinocio de primavera, ese momento en que los días empiezan a ser más largos que las noches, y el calor anima a la Naturaleza -si es que no lo ha hecho ya- a despertar de su letargo invernal.

Queremos hablar hoy, desde este Comentario, con un poco de retraso respecto a su onomástica, de la Poesía. Para muchos, la poesía sigue siendo asociada a los cursis versos de amor, rimados generalmente en espantosas asonantes, con los que los adolescentes -menos los de hoy que los de antes- tratan de expresar la ausencia de la amada (más raramente, del amado).

Quien no haya tenido o tenga algún amor platónico no sabe de anhelos, desconocerá la profundidad de la pasión cuando lo deseado se corporeice, no podrá calibrar los altibajos del querer y, desde luego, ignorará el amargo sabor de la separación, si tiene la desgracia de que esa máxima unidad con el otro se vaya de su lado.

No puede ser casualidad por la que las mujeres son mejores lectores de poesía amorosa que los hombres y, aunque ha habido y hay magníficas poetisas, no puede ser cosa del azar que los poetas más alabados sean varones.

Claro que quien únicamente asocie lo poético a lo amoroso y, aún peor, quienes crean que la poesía es asunto femenino, se equivocan. La poesía apela a los sentimientos, intenta recoger en palabras, ordenadas o dispuestas de forma diferente a cualquier otra forma de expresión, aquello que a nosotros nos produce emoción, con la intención de transmitirla, de hacerlo sentir al otro.

La poesía es necesaria para vivir, y por eso la iniciativa de la Unesco de honrarla para que, sobre todo los jóvenes, se acerquen a ella, es encomiable.

Incluímos, para los amantes de la poesía, un poema en su homenaje, que hacemos extensivo a todos los que crean que, también en este momento de pragmatismo, de crisis de valores, de búsqueda de nuevas fórmulas para garantizar una convivencia más honesta y relajada, hace falta mirar hacia dentro, en donde yace la razón por la que acertamos a preguntarnos si vivir, amar, morir, merecerá la pena.

Se pasó la primera parte de su vida

deshaciendo preguntas,

sobre el amor, la muerte, las secuencias

y Dios y si nos quiere.

 

Pensaba firmemente que la segunda mitad

le serviría

para encontrar respuestas,

afianzarse con ellas.

 

Pero en la aplicación,

a pesar de probar métodos, hipótesis, axiomas,

no dejaba de encontrar más y más preguntas.

 

Sin poder soportarlo, aisló su ventana,

cerró puertas, dispuesto a aguantar sin comer ni beber

hasta el juicio final.

 

Estaba loco, dijeron,

mientras se notaba muy débil.

 

Lo encontraron el día después de su muerte:

atenazado a la única verdad que había detectado.

 

En la mesita, al recoger sus cosas

para dejar sitio a otro, alguien recogió un papel,

con delicados subrayados en rojo.

 

Era el fruto de su búsqueda.

 

Decepcionados, sus amigos,

encontraron que eran solo preguntas,

elucubraciones sin principios ni fin,

expresiones abiertas que solo revelaban

 su imaginación exuberante.

 

Preguntas sobre el amor, la dignidad, los pobres, las maneras.

Había preguntas sobre dioses, rebeldías,

algunos intentos de rendirles pleitesía,

y más interrogantes sobre triunfos y fracasos,

propios y de otros.

 

Y, al final, interrumpido el trazo por una fuerza mayor,

la interrogante se transformaba en la íntima curiosidad

por conocer quién sería capaz de encontrar esa llave

que nos serviría para salir de este campo de concentración,

sin hacerlo más arduo, más forzado, más difícil.

 

“Solo sé que está vivo o aún no ha nacido”,

escribió con su sangre.

(Angel Manuel Arias, 2008, rev. 2010)

Sobre el enriquecimiento ilícito

El enriquecimiento ilícito, tan misteriosa como atractiva figura jurídica, incorporada a algunos códigos civiles y penales (sobre todo, latinoamericanos), tiene sus raíces, desde luego, en la ética universal. Por ello también, ha sido objeto de postulaciones especiales, con mayor o menor fuerza coercitiva, según el momento histórico, en los códigos morales que las religiones imponían a sus fieles. Se han escrito algunos libros sobre el tema y, suponemos, se habrán hecho varias tesis doctorales.

Aquí trabajaremos a un nivel más modesto. Porque, si bien la ilicitud del término hace referencia a la antijuridicidad (y ya se sabe que en el derecho civil está permitido todo lo que no está prohibido), la falta de tratamiento legal a la cuestión la deja en agua de borrajas o en simple pretensión argumental, que no podrá ser acogida por la jurisprudencia. Pero cuando tomamos como referencia la ética, la moral, lo que está bien o mal, la cosa cambia. Podemos incluso preguntarnos, ¿por qué tendrán miedo los legisladores, tan proclives a emitir leyes sin cuento, para tratar la importante cuestión social del enriquecimiento ilícito?

Como principio moral, sería posible argumentar que todo enriquecimiento que se aprovecha del desconocimiento o del estado de necesidad del otro es ilícito, por ser contrario a las condiciones necesarias para una vida pacífica en común y poner en cuestión la solidaridad que debe regir la actuación de los seres humanas. Pero es justamente con esta base con la que se hacen y han hecho grandes fortunas.

En una economía de mercado, la oferta y la demanda se admite teóricamente que sirven para fijar el precio. Quizá el sistema sirva para el caso ideal de un sistema abierto, con múltiples ofertantes y productos y libertad del comprador para decidir, al contar con dinero suficiente, capacidad y movilidad.

No es el caso en multitud de ejemplos. Existen ofertas que tienen escasa competencia y cuyo precio no lo fija el mercado sino los movilizadores de necesidades. Podemos traer a colación la cuestión de los futbolistas de élite, que reciben honorarios fuera de toda proporción con otros salarios, en relación con el esfuerzo que realizan y el tiempo que dedican al trabajo. Como ahora se puede medir todo, sabemos que un futbolista medio, en los 90 minutos de un partido, recorre unos 11 km. Si atendemos a lo que percibe alguna figura, se puede calcular el precio pagado por km y echarse la manos a la cabeza.

No nos cebemos en lo fácil. Pongamos la cuestión del enriquecimiento ilícito sobre cualquier aparato de una nueva tecnología, cuya fabricación está todavía al alcance de muy pocos. Más que la técnica (y podemos fácilmente admitir que el inventor del equipo poco beneficio sacará de su creatividad), lo que cuenta es el gasto masivo en publicidad que la empresa comercializadora realizará para convencernos de que su adquisición es imprescindible para aumentar nuestro bienestar.

La generación de necesidad por la publicidad, lo que se llama "lanzamiento del producto· es lo que actúa como verdadera barrera disuasoria para otsiders. Hemos pagado, a precios actuales, más de 20.000 euros por un ordenador que ahora juzgaríamos sin duda como completamente obsoleto, y que en el mercado actual, con increíbles mejores prestaciones, se puede encontrar por 600 euros en la tienda informática de al lado. ¿Cuánto le cuesta este equipo al fabricante, en realidad?...Lo sabrá él; el que lo compra, no; el que lo vende, tampoco.

No se sabe con exactitud el coste -y, por tanto, el precio justo- de casi nada de lo que se nos ha metido en la casa como imprescindible. No sabemos lo que puede costar una TV con multifunciones que jamás usaremos, un ipod, un iphon, un reproductor de dvds, ...

Es posible que, cuando se sepa algo mejor lo que le cuesta, los fabricantes líderes ya hayan lanzado un nuevo producto, para forzar a la clientela a cambiar el viejo y hacer su producción poco apetitosa, incluso a los que usen la mano barata de los países en desarrollo en donde las prestaciones laborales no son recompensadas adecuadamente. Pasa con los automóviles y la ropa de moda, y los cosméticos, y los detergentes, y las delicateseen. También. Con casi todo lo que recibe un apoyo publicitario masivo para meternoslo por las narices de nuestro consumismo convulsivo.

Los honorarios profesionales también sufren de importantes deformaciones. De nada sirven las orientaciones que se dan, a veces, desde los Colegios del ramo. ¿Preferiría Vd., por ejemplo, que defendiera su caso un bufete "de prestigio" o un abogado cuya placa encuentra al doblar una esquina? No se lo ponemos tan fácil. ¿Prefiere Vd. que se ocupe del tema un abogado con varios años de experiencia a las espaldas o un bufete en el que se dice que están actuando, bajo la dirección de un ex-ministro o un catedrático con supuesta dedicación exclusiva a la Universidad, cincuenta profesionales? ¿Por qué? No conteste, no hace falta.

Hay mucho que hablar del enriquecimiento ilícito. Una parte del fundamento de la propuesta de analizar en profundidad la cuestión, está en revisar, no la actuación del que oferta, sino del que demanda. Porque, muchas veces, es el cliente, el comprador, quien está pagando mucho más de lo que vale lo que adquiere o recibe, sencillamente, porque sí, porque no se ha parado a analizar para qué sirve lo que está a la venta, cuánto cuesta al que lo produce, y quién y para qué se le está incitando a que lo disfrute o lo compre.

Sobre la relación entre la formación universitaria y el botellón

Hace mucho, muchísimo tiempo, para distinguir a quien había pasado varios años de su vida empapándose de cultura en un lugar que gozaba de cierto prestigio social porque servía para formar a las élites intelectuales del país (hablamos de la Universidad), se decía que tenía "formación universitaria".

La formación universitaria era uno de los intangibles de la sociedad, que servía de parapeto defensivo y de tarjeta de visita para quienes ostentaban un título emitido por esa institución. Los licenciados universitarios sabían -en general- hacer más cosas, se expresaban mejor, alcanzaban por ello (y, en algún caso, por recomendación de sus papás) mejores puestos en el mundillo laboral y se alzaban con los lugares del funcionariado más apetitosos, porque estaban acostumbrados a ponerle codos al asunto.

Cuando terminaban la indicada "formación universitaria", consolidados en el empleo y con un par de hijos a la espalda, se referían a los buenos amigos que habían conseguido en aquellos años de Universidad, a los buenos ratos pasados en los momentos de descanso, a los métodos para preparar airosamente los exámenes,  y, sobre todo, a las horas de estudio, a los numerosos exámenes, a las concretas dificultades para superar alguna asignatura, a algún inolvidable docente o a la malauva de cierto catedrático.

La leyenda cuenta que universitarios fueron los que se movilizaron, más allá de las fronteras, para protagonizar una oscura acción revolucionaria que se llamó, no se sabe ahora bien porqué, "mayo del sesentayocho". Dicen también que en España, algunas facultades universitarias se distinguieron en reclamar libertades cuando la dictadura de un ser legendario sedicente Caudillo tocaba a su fin.

Hoy los estudiantes universitarios parecen los principales interesados en tirar por la borda el escaso prestigio que aún pueda quedar en la Universidad. La palabra "botellón" es utilizada a la menor ocasión para sustituir la idea de formación universitaria y, en ello, sean discentes de teleco como de industriales, medicina, minas o filosofía (no quisiéramos dejar a ninguno atrás: imposible citarlos a todos), rivalizan en hacer gala del espíritu menos respetuoso.

El botellón es reivindicado como paradigma de la conquista del campus universitario por su verdadero propietario, el estudiante. Puede que se considere un error gravísimo centrar la cuestión universitaria en esas fiestas multitudinarias en las que, por sus efectos, se bebe sin moderación, se ensucia y destrozan muebles, césped y decencias, manifestando con claridad la rebeldía hacia el orden y lo que provenga de un señor de perfil obsoleto en cualidades y autoridad, al que se llama Rector como se le pudiera llamar Perico de los Palotes.

Cada poco se asiste a una manifestación del espíritu universitario imperante. En marzo de 2010, por ejemplo, el Rector de la Universidad de Vigo, recordando lo sucedido en otras celebraciones, había prohibido que los estudiantes de Ingeniería Industrial celebrasen su San Pepe (una advocación heterodoxa del comienzo de la primavera, época en la que no hace mucho tiempo los futuros ingenieros industriales preparaban sus exámenes). 

Pero los estudiantes no aceptan prohibiciones de autoridad alguna, sean vigueses, sevillanos, madrileños o catalanes. Nada los impedirá venerar con otro botellón a San Teleco (espíritu imaginario convocado por los imaginativos estudiantes, surgentes para el caso de la dura ingeniería de Telecomunicaciones), hacerlo propio, esta vez con el añadido de petardos, cuando llegue Santa Bárbara o caer rendidos de devoción etílica ante Santo Tomás de Aquino, San Isidro Labrador o Santo Domingo de la Calzada.

Tal vez no sean estos revolucionarios que no se avienen a respetar autoridades, el daño que se hacen. A cada botellón, dejan el campus hecho unos zorros. Quizá muchos piensen que no es su problema, que los desperfectos deben limpiarlos otros, que para eso les pagan, les pagamos. No se han dado cuenta, seguramente, que están disparando contra su propio prestigio, contra el concepto de formación universitaria.

Sobre el cuidado de la propia imagen

La posibilidad de inventarse un pasado para auparse sobre el no es tan difícil y, para algunos individuos, se convierte en un modus vivendi muy saneado. Es curioso que en estos tiempos en los que se pretende tener mucha información acerca de todo, se sepa poco del vecino y nada -nada que sea absolutamente cierto, queremos decir- del que está algo más alejado.

La intoxicación acerca de la noticia, sea la que fuere, es moneda común. Muchos son, desde luego, los que se complacen en distorsionar los hechos hasta hacerlos irreconocibles y, para más confusión, mezclar cuestiones inventadas con las reales, dándoles idéntico tono de credibilidad e, incluso, aún mayor.

En marzo de 2010 se ha vuelto a comentar, porque acaba de cumplir su deuda con la Justicia, de Luis Roldán, un experto en engaños, que llegó a ocupar el cargo de Director General de la Guardia Civil. No fue lo más grave de este personaje de la farándula política que se hubiera inventado licenciaturas de las que no disponía, sino que hubiera conseguido estafar regularmente al Estado, cobrando comisiones por la venta de propiedades de la Benemérita, engañando, por tanto, a sus compañeros de Gobierno y de Partido, que veían en él un ciudadano ejemplar.

Claro que su caso no es único. Los centenares de personajes de la vida pública que se han visto descubiertos en sus operaciones de enriquecimiento ilícito, aprovechando de la confianza que se había depositado en ellos para guardar el Patrimonio de todos, ha deteriorado terriblemente el sentimiento popular acerca del político y, por ende, afectado a la capacidad de la democracia para detectar a los corruptos.

Porque nadie podrá defender a estas alturas que lo descubierto no es sino la punta de un iceberg de miserias y, aún más grave, que resulta imposible creerse que esos casos, que no han trascendido o no han aflorado, no cuentan con algún grado de connivencia por parte de algunos de los compadres del viaje político. La mayor parte de quienes se dedican profesionalmente a la política son, seguro, gente honesta, pero, además, debieran ser más perspicaces para detectar lo que hacen sus colegas de la mesa de al lado.

El cuidado de la propia imagen es un derecho y un deber de todos. Aunque, atención. El aumentar las plumas propias, echando sobre el currículum esencias, títulos y virtudes de las que se carece, debiera estar mucho más vigilado y mejor perseguido. Cuesta mucho, en verdad, en tiempo, en dinero y esfuerzo, hacer una carrera, conseguir una buena formación, conocer en profundidad de un tema.

Y es un tremendo desgaste social, un despilfarro de recursos inaudito, que quienes se han formado para servir a la sociedad y pueden conseguir el máximo rendimiento al trabajo colectivo, se vean arrumbados por mentirosos que mienten sobre lo que saben, ocultan lo que hacen en su beneficio y cacarean de haber conseguido mejorar algo del bien común, cuando su objetivo principal era enriquecerse a costa de la credulidad de quienes somos incapaces de entender que se pueda juzgar a alguien no por los méritos, sino por las afinidades y simpatías conseguidas entre bambalinas.

 

Sobre el padre

Produce su nosequé de inquietud que el patrono de los padres, en la tradición católico-instrumental de la que procedemos, sea un santo varón al que, según la crónica más acreditada, no se le conocen hijos propios, aunque enseñó su oficio y lo sostuvo hasta que pudo valerse por sí mismo, al que Dios puso en sus manos.

Los padres putativos siempre han dado mucho juego en la historia. Debido a lo que los romanos, con su docta intención de poner lo más importante en aforismos -y, además, en latín- habían concretado en eso de que "mater sempre certa est", quedó siempre abierta la mofa, befa, caza y escarnio del padre presunto, o, mejor dicho, del padre atribuído.

El avance de las técnicas de ADN está deshaciendo con impudicia algunas de las presunciones genéticas. En España, en donde disfrutamos de un deseo irrefrenable de conocer la verdad (aunque ni sabemos priorizar las verdades más valiosas y, cuando descubrimos la mentira, no siempre sepamos qué hacer con ella ni con el mentiroso), las leyes de filiación permiten investigar la paternidad, utilizando el material genético.

Se trata de defender el derecho del hijo a saber, no solo quién es su madre, sino también, quién dejó a su santa embarazada. Laudable propósito, sin duda, pero terriblemente sesgado en su aplicación. Porque, como se puede deducir de la investigación en las hemerotecas (sobre todo, en las judiciales), lo que interesa a la mayor parte, sino a todos, los hijos llamados secularmente "naturales" que, a edad avanzada, se interesan por descubrir quién fue su padre, es echar mano de la herencia del que, ya difunto, no puede responder de las razones por las que no reconoció a su hijo.

Y, aún más grave, resulta advertir que las investigaciones posteriores de la paternidad son discriminatorias respecto a los restos de quienes han sido incinerados y aquellos otros cuyos huesos yacen en los cementerios, en tumbas fáciles de exhumar para que su pecadillo -en su momento, social y económicamente no sancionado- se convierta, al pasar de los años, en una revolución hereditaria cuya expiación caerá sobre los deudos que, hasta que la investigación genética puso la luz insolente sobre el caso, vivían en la inocencia de no saber que debían compartir con un desconocido (o ver que les es arrebatado totalmente) un patrimonio que habían considerado legítimamente suyo.

Varones del mundo: si tenéis alguna duda respecto al resultado de vuestras aventuras extramaritales, dejad indicado que se incineren vuestros restos y se aventen las cenizas sobre la tierra que os dió mejor vida.

Sobre la biodiversidad, el desarrollo sostenible y responsabilidad social corporativa

(Nota previa: Hoy aparecen publicados dos Comentarios, porque el de ayer, que estuvo visible durante gran parte del día, sufrió una transmutación genética indeseada y durmió toda la noche del 18 al 19 de marzo de 2010 archivado como "Borrador")

Biodiversidad, desarrollo sostenible, responsabilidad social corporativa, son denominaciones convencionales de conceptos, realmente, muy abstractos. Cada uno se los puede imaginar como quiera, y ello a pesar de que ya existe alguna legislación al respecto. Tomemos, como primer ejemplo, la biodiversidad. Es difícil encontrar una expresión más sometida a variabilidad interpretativa que ésta.

La madre de las Biodiversidades podría responder, quizá, al deseo de expiación del Hombre, tradicional malfactor sobre la naturaleza, de evitar que prosiga la actuación perniciosa de los seres humanos sobre ella, limitando en adelante las intervenciones sobre el medio (llamado también "ambiente") a las que les apetezca autorizar a unos pocos, legitimados para decidir lo que hace daño y lo que no.

La idea de biodiversidad no será, sin embargo, la misma se uno se encuentra en un enclave selvático del Amazonas o en los alrededores de Madrid.

Para el citadino matritense puede resultar una proeza biodiversificadora ver varias urracas disputándose unos mondos de fruta entre las palomas urbanas. En el Amazonas, la biodiversidad no es observada más que por otros seres biodiversos, hasta que la tranquilidad se rompe por la llegada de un turista concienciado, amante de lo natural, y que puede permitirse pagarse el viaje, el hotel de lujo y las vacunas para llegarse hasta allí.

Porque el perfecto observador de la biodiversidad amazónica es (salvando cuatro científicos haciendo inventarios y cien indios a los que la civilización no ha quitado el taparrabos) un turista, bien provisto de una cámara de muchos píxeles y varios gigas. Su conquista biodiversificadora será hacer abstracción de la cantidad de anhídrido carbónico que ha generado su proeza de búsqueda de lo genuinamente natural, para poder enseñar a la velta, a sus amigos, en una TV de plasma de última generación, la producción virtual de su huella contaminante trasnmutada en mayor perturbación del medio natural, hasta entonces, casi impoluto.

La obstinación por querer presentarnos como desarrollo sostenible, no ya lo que no es, sino lo que no puede ser, ha merecido ya, por nuestra parte y la de otros, suficientes consideraciones para excusarnos el repetirlas aquí. No es posible que las generaciones futuras vayan a disfrutar de las mismas condiciones ni sociales, ni económicas ni ambientales, que las actuales, y ni falta que hace. No hay sostenibilidad posible, ni desarrollo sostenible.

El progreso del ser humano ha consistido en la combinación, decidida de forma consciente o aleatoria, de un punto de equilibrio inestable entre esas tres variables (y, por supuesto, de muchas más), en el que instalar su vida y la de otros. Nuestros nietos no tendrán el mismo ambiente, ni la misma idea de bienestar económico, ni (ojalá) se regirán por las hipócritas convenciones de solidaridad que arrastamos como parte sustancial de nuestros egoísmos, recelos y miedos, personales y colectivos.

¿Y su habláramos de la Responsabilidad Social Corporativa?... ¿No sería esta la perfecta ocasión, en la profunda crisis en la que estamos, para que esas empresas que presumen de sus preocupaciones por la colectividad, escribieran menos informes y nos demostraran, muy a las claras, qué saben hacer con las plusvalías que han conseguido en épocas de bonanza? ¿O es que el concepto de RSC es también un término variable, acomodaticio a lo que a cada uno le parezca para enmascarar la apetencia en incrementar el propio beneficio, aunque fuera a costa del bienestar de los demás?

Sobre los primeros síntomas de la primavera

No lo tienen tan fácil los habitantes de la ciudad, a los que las manifestaciones de los cambios de estación suelen pasar desapercibidos.

De los muchos signos de que el invierno se acabó y la naturaleza inicia un nuevo ciclo, queremos referirnos, por distintas razones que explicaremos en este Comentario, a tres:

La eclosión de las prímulas, violetas y narcisos, por un lado; la aparición de los dientes de león y su utilización como "cura de primavera"; y el pote de grelos, nabizas o rabizas, con las hojas tiernas recolectadas por estas fechas, antes de que la planta grane.

Si Vd. tiene la suerte de poder darse un paseo por cualquier terreno de montaña del norte, verá, en los bordes umbríos de los caminos, allí donde la capa vegetal es rica en humus, unas eclosiones de un amarillo brillante, casi refulgente. Son las prímulas, flores de apariencia modesta, pero demostrativas de la calidad del terreno. Junto a ellas, mucho más heterodoxas y promiscuas, pero igualmente magníficas, distinguirá, con algo más de esfuerzo visual, las violetas.

Cuando éramos propietarios de un restaurante, hicimos durante una de las tertulias que organizábamos, una desgustación de violetas. Bueno, en realidad, fue un acto simbólico: unas pocas violetas (viola odorata) por cabeza, como tributo de respeto a la Naturaleza, que masticamos y engullimos con deleite casi religioso.

En Alemania, en donde mantienen una devoción exultante por la primavera (no en vano los inviernos allí se las pelan), la cura de primavera con las dentadas hojas de esa hierbecita que inunda los campos, el taraxacum officinallis, no se perdona así como así. En los restaurantes más caros, lo anuncian como si se tratara de un manjar propio de dioses: Löwenzähne Salat, frish aus den Feldern. (Por cierto, que en algunas tribus indias americanas les atribuían también, a éstas como a otras, propiedades mágicas).

En cuanto a las rabizas, si tiene Vd. ocasión de ir al occidente costero asturiano o a Lugo, no se pierda un pote con las hojas más tiernas de esa deliciosa legumbre, cuya raíz servía de alimento poderoso para el ganado, cuando el campo servía para algo más que para pasar un fin de semana en la naturaleza. Hay quien dice que son preferibles las berzas. No seremos nosotros quienes entremos en tal discusión. Pero donde esté un buen pote de nabizas, con cacheira, lacón, chorizo y patacas da terriña, las berzas pueden esperar para el día siguiente en el que, por cierto, sabrán aún mejor, reposadas.

Y todas las hierbas y verduras, claro, bien potenciadas con el sabor de ese bendito animal que, si volara, sería también el mejor de las aves y, si se le mira con ojos de entendido, han de gustarle al observador sin perjuicios, hasta los andares.

Sobre las corridas de toros y otros espectáculos soeces

Hay ciertos temas que no admiten, considerados seriamente, mucha discusión. Son objetivamente perversos. Ponemos algunos ejemplos: la esclavitud, la prostitución, el enriquecimiento a costa de la debilidad de otros, la pedofilia, el racismo, ...

Todos los ejemplos anteriores tienen como sujetos pacientes a otros seres humanos. Algunos, creen que el maltrato a los animales debiera incluirse entre los actos abominables. Especialmente, aquellos que se cometen con los animales más parecidos a nosotros, los mamíferos.

Nadie podría negar que las corridas de toros, fiesta nacional española, son un espectáculo. Han inspirado a miles de artistas, que reflejaron en pinturas, esculturas, fotografías, y otras formas de expresión, las posturas, los colores y las composiciones de la confrontación desigual del torero con el toro. Están muchos de los elementos que causan conmoción al ser humano: la lucha de la fuerza y la razón, la sangre, la estética de lo grácil junto a lo brutal, y el triunfo del aparente débil frente al gigante.

El espectáculo también está fuera de la arena. El ambiente, los aderezos que ilustran una tarde de toros, el calor, el flirteo, la discusión, el compadreo, la diversidad de opiniones, el estallido de complacencia o disgusto ante lo unánime.

Las corridas de toros son un espectáculo soez. Coincidimos, desde luego, con lo expresado por Pérez de Ayala: "Si fuéramos autoridad para poder prohibirlas, las prohibiríamos de inmediato. Pero como no lo somos, no nos perdemos ni una."

No son el único espectáculo soez, ni el más cruel, ni el que debiera ocupar el primer lugar de las atenciones de los más sensibles en corregir los, desgraciadamente, múltiples ejemplos de maltrato. Habría que empezar por los que sufren las personas, si no queremos que todo se quede en una manifestación elegante, una postura de diletantes.

Eso sí, creemos que las corridas de toros no perderían nada sustancial como espectáculo si se suprimiera la llamada "suerte de matar", "la hora de la verdad", ese momento en el que el toro, ya vencido, es atravesado por una espada no siempre certera al primer golpe.

Porque, a diferencia de otras acciones dirigidas contra animales que sí deben terminar necesariamente con la muerte de los segundos, sean o no tenidas como espectáculo o diversión individual o colectiva, el toro muere, en los últimos minutos de la faena, no como culminación del espectáculo, sino como justificación final del poderío del hombre sobre la bestia, para catarsis colectiva.

Lo mismo que se pudiera decir del ajusticiamiento de un convicto: la pena de muerte no libera a nadie, no satisface a nadie, simplemente demuestra indiscutiblemente (a los que quedan) quién manda aquí, quién es el dueño de la vida.

Por cierto; no hay espectáculo más soez que el que lleva a contemplar la muerte -no importa cómo- por "ajusticiamiento" de quien ha resultado convicto y condenado a la "máxima pena". Cuando vemos las fotografías y otros testimonios gráficos que muestran, a los "espectadores invitados" al acto de extrema crueldad por el que un ser humano, por deplorable que haya sido su comportamiento, es privado de la vida, nos preguntamos por las razones oscuras que se mueven en los entresijos de los sentimientos.