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Al Socaire de El blog de Angel Arias

Sobre la rentabilidad de las redes sociales

La plataforma Know Square, una muy interesante red de directivos y empresarios que ha montado de la nada Juan Fernández-Aceytuno, uno de esos ingenieros de minas que parecen no ejercer como tales, organizó el 15 de marzo de 2010 una Sesión sobre Redes sociales. Tuvo lugar en el excelente marco del Salón de Actos de la Escuela de Minas de Madrid, prestado para la ocasión, ya que actuaba también como co-organizador el Colegio de Ingenieros de Minas de Centro.

Una de las preguntas a resolver, según la convocatoria, era si las empresas deberían ver en ellas una oportunidad. Los conferenciantes, participantes de éxito en el sector objeto de la conferencia, en los mínimos 7 minutos per cápita que les concedió el organizador, se esforzaron en dar una pincelada de ese incipiente mundo, coincidiendo en exaltar sus virtudes.

Luego del baño de autocontemplación exultante, las intervenciones desde la sala resultaron, en general, más escépticas.

La primera, "para romper el hielo", fue propuesta por quien escribe estas líneas. "¿Qué debe hacer un empresario para rentabilizar una red social? ¿Se pueden obtener beneficios de una red que no consistan en organizar nuevas redes sociales?". Todos los integrantes de la mesa se vieron en la obligación de contestar a la provocación, negando la mayor.

En realidad, la cuestión suponía mover a una reflexión crítica de la que, desde los blogs que venimos ya alimentando desde hace varios años y por nuestra activa participación en redes sociales y otros inventos de la comunicación, conocemos la respuesta oficial al dedillo.

Las redes sociales son, por supuesto, un instrumento (como había destacado Luis Arroyo), aunque de alcance aún bastante impreciso.

Por lo fácil que resulta organizar y pertenecer a ellas, se está asistiendo a su proliferación desmesurada, sin que los objetivos de quienes las promueven estén en absoluto claros. Tal vez, ¿conseguir muchos seguidores de cualquier idea, por elucubrante que sea? ¿Generar una pirámide de falsa información o de alabanza a una supuesta autoridad que nada aporta ni puede aportar a la ciencia, a la cultura o al arte? ¿Divertirse fastidiando a otros?

El riesgo de que los pertenecientes a una red sean utilizados como instrumentos, y no como posibles beneficiarios es muy alto. Basta entrar, por ejemplo en Facebook y tomarse la molestia de investigar acerca de los miles de subgrupos que se han formado, que se están formando cada día. La pertenencia a la mayoría de esos subgrupos (¿son redes sociales?) proporciona información sobre los gustos, las filiaciones políticas, las orientaciones religiosas de sus miembros, pero es realmente opaco lo que éstos pueden obtener de aquéllos.

Las redes sociales pueden y deben ser un elemento muy útil, si se las utiliza bien. Por eso, hay que tener claro para qué (nos) sirven, qué podemos obtener de ellas y cómo sacarles rendimiento. Las redes sociales, instrumento neutral (como lo son todas las TICs y sus subproductos) están cayendo víctimas de envenenamientos muy graves, que arriesgan provocar, sino su muerte, probablemente, un período de convalecencia importante.

En ese sentido, fue una lástima, -ya que el auditorio, como era patente, se componía fundamentalmente de empresarios y no de alumnos-, que el esfuerzo de los conferenciantes no se haya enfocado a obtener zumo de las preguntas, y se concentrara en defender lo más obvio.

Porque por supuesto que hay aquí un "campo enorme" (Luis Arroyo), y que "las redes son medios para comunicarse y es más barato llegar al consumidor final" (Tino Pérez), y que "ol objetivo de las redes es más fidelizar que vender" y que, a la hora de difundir un contenido en la red "hay que tener cuidado con no provocar el efecto Streisand" (Ismael El-Qudsi), e incluso, es cierto, respecto a la privacidad, que "no te hagas fotos en pelotas y sobre todo, no se las des a tus amigos si no quieres que algún día aparezcan en la red" (Pablo Herreros).

Pero, también se puede decir, "no pertenezcas, en principio, a una red que no hayas creado tú mismo" (Angel Arias). Y. ya hablando sin tapujos: De verdad, ¿alguien cree que los buenos negocios se realizan a través de internet? ¿No es una ingenuidad pretender que ya no es necesario el conocimiento personal directo y hablar face to face para conseguir un buen contrato?

(Por cierto, Nicolás Alcalá e Ismael El-Qudsi alardearon de haber estado tuiteando en directo mientras intervenían en la conferencia... La capacidad de los más jóvenes para partir su cerebro en varias actividades empieza a ser, más que envidiable, preocupante. Algunos lo llamaríamos síndrome de esquizofrenia 2.0.

Muy ilustrativa, desde luego, la intervención de una espectadora que defendió a los expertos en publicidad, criticó algunas afirmaciones de la mesa, con datos reales, defendió la pertinencia de la pregunta que formulamos, y, en fin, explicó como case study que habían conseguido, gracias a la red, varios miles de clientes de un producto que no fabricaban ni pensaban fabricar...Cosechó una semisalva de aplausos, totalmente espontáneos, del respetable.)

Sobre los abstenidos

No estará de más advertir, para quienes hayan llegado a esta página navegando por Google, que los abstenidos no existen. Abstenido no es sustantivo, sino participio del verbo abstener(se), que es reflexivo. Así que siempre que, como no es tan extraño, se especifique en un Acta de una reunión el número de los que no expresaron opinión, o se prevea en unos Estatutos cómo contabilizar a quienes decidan no mojarse, no se deberá hablar de los abstenidos, sino de los que se hayan abstenido.

En fin: Los abstenidos y los que se hayan abstenido son ya franca mayoría en todos las votaciones. Da igual que se elija presidente de la República como de la Comunidad de vecinos. Por supuesto, la situación de haberse abstenido será la más común si se piden voluntarios para dar el callo, aunque en este caso, el de escurrir el bulto o darse el piro, más bien se debería hablar de huídos, mangantes, escapados. Los más jóvenes, que han aprendido algo de inglés, hablan en este caso de que Fulanito o Fulanita, "están mísin".

Las razones de haber crecido tanto el número de los que propenden a la abstención está, en opinión fundada, no tanto en la ignorancia acerca del tema sino en la convicción de que, vótese lo que se vote, no se va a cambiar nada de lo mucho a lo que sería necesario dar el vuelco. Por ello, la decisión personal que adopta una parte creciente del personal, cuando se le pide que elija, es tomarse el día libre, y, en lugar de acudir al lugar en donde habría que emitir el voto, irse de excursión con los parientes o sobar un rato más.

También es cierto que, puestos a abstenerse de manifestar opinión válida, hay que distinguir entre los ausentes o no comparecientes y los que, estando presentes, votan en blanco o manifiestan su neutralidad acerca de lo que se vota. Se han lanzado dardos envenenados contra los primeros, que forman la abstención propiamente dicha, o supina. Que si su opción es antidemocrática, que se debe acudir a las urnas aunque sea para votar en blanco o hacerlo nulo, y que si patatín o patatán.

Pero, bien mirado, para los que organizan las votaciones, es preferible la actitud del que se abstiene del todo, del que vota, por ejemplo, al Pato Donald o a la Bruja Piruja. Este último voto sería nulo,pero expresaría a las claras que el que lo emitió está en absoluto desacuerdo con las propuestas válidas. No nos consta que en los cuadros con los resultados de una votación figuren los votos otorgados a personajes imginarios, pero sería una medida nada despreciable del grado de descontento inaguantable de un sector de votantes.

Lo que no entendemos es esa obsesión en vigilar el porcentaje de lo que se considera como "participación". Porque, si lo que se va a elegir es importante, todos los que tuvieran ocasión de emitir el voto habrían participado en la votación, tanto si se hubieran abstenido de acudir a las urnas, como los que hubieran votado a los candidatos oficiales, como los que hubieran entregado la papeleta en blanco o marcada con más cruces que un camposanto (hipérbole) y, sobre todo, reivindicamos la clara intención de quienes hayan optado por inmolar su voto apoyando a un ser imaginario.

Sobre los catedráticos de Obstetricia y Ginecología

Los catedráticos de Obstetricia y Ginecología españoles son todos hombres. De sexo masculino, queremos decir. No puede darse mayor paradoja que los máximos expertos oficiales en la mujer, -en su fisiología específica y en el más indubitado proceso que solo puede albergar en sí la hembra humana y jamás, por mucho que las ciencias adelanten, realizará el macho de esta especie, la gestación y el parto-, sean tipos con pene.

Podrá decirse que no hace falta tener de lo que se sabe todo (o casi todo), ni por ser mujer se habrán visto vaginas, ovarios, úteros, o trompas de Falopio, por decir algunas especificidades físicas del segundo sexo. Tampoco los veterinarios tienen del animal al que tratan más que un porcentaje. Pero no es esa la cuestión.

Porque nadie negará que el máximo interés por analizar, ayudar o entender algo, se produce cuando te afecta directamente. Y a los varones, aunque les afecte bastante, no les afecta igual lo que sucede íntimamente a las mujeres, en cuestiones de los tejidos de los que naturalmente carecen.

Mírese, por ejemplo, cómo muchos de los famosos que ayudan a una causa humanitaria concreta, la han sufrido en sus carnes o tienen el problema en casa. Fundaciones contra el cáncer, asociaciones de niños autistas, o con síndrome de Down, o de afectados de ELA, o tetrapléjicos, o víctimas del terrorismo (perdónesenos por no citar todas las buenas razones para ayudar a los que sufren), cobran más impulso gracias a que dentro de ellas los que asumen el peso mayor de la actuación, o son afectados directos o tienen la custodia del que necesita del cuidado.

Nos podríamos imaginar, sin pretender faltar al respeto de nadie, que esos catedráticos de Ginecología y Obstetricia (o al revés), añoran, en sus momentos bajos, tener algo de aquello de lo que tanto saben. Quizá han pensado en tomar fuerzas de flaqueza y ordenar a un colega que les implante, con las mejores tecnologías disponibles, unos labios de vulva; puede que, incluso, mientras manejan las probetas con embriones humanos, hayan tenido la tentación de implantarse algunos blastocistos y ver qué pasa.

Mujeres catedráticos de Obstetricia, Ginecología, Pedagogía (y Proyectos, Urbanismo, Tecnología Nuclear, ya). Y, sí, tampoco vendría mal que hubiera alguna experta en la fisiología del Pene y en el cáncer de Próstata. No la mayoría, ni, por supuesto, todas. Algunas, no más. Para, como en cualquier tema, ver los problemas desde fuera y así ayudarnos a entender, desde todos los ángulos, las mejores soluciones.

(Nota: La idea de este irreverente Comentario -irreverente para con los cátedros de Gine- nos la dió Blanca Lleó, arquitecta, profesora titular de Proyectos, que, en una entrevista con comida, de esas que hacen para la última página del diario El Pais, al mismo tiempo que indica que no hay catedráticas ni de Urbanismo ni de Proyectos, dice que le "deja perpleja" la ausencia de mujeres catedráticos en Pediatría, ni en Obstetricia y Ginecología. )

Sobre la enfermedad senil del teatro

Al teatro (como arte escénica) le pasa algo parecido al estado en que se encuentra la prensa escrita. Sus contenidos son imprescindibles, los buenos profesionales lo encuentran como el modo de expresión idóneo para poner de relieve su capacidad. Pero les falla el formato. El cine e internet les están comiendo la tostada, y a medida que pasa el tiempo, es difícil sustraerse a la sensación de que su pasada época floreciente no se recuperará ya.

Los esfuerzos de los propietarios -y, en algún caso, de los mismos empleados, actores, periodistas- de teatros y periódicos impresos son importantes para captar al público. Las obras teatrales se representan ahora, con frecuencia, con un lío de tramoyas que hace difícil captar el mensaje, por debajo (o por encima) de la complejidad de escenarios móviles, artefactos con efectos especiales, luces, vídeos, voces en off y en poff e intervenciones desde y por el público.

Para aligerar costes, y siempre que se encuentre un actor o actriz que sea querido por el público por ser buen monologuista o haber participado en una serie de televisión, se lanzan con demasiada frecuencia representaciones de un solo personaje que aguanta el tipo entre luces y bambalinas, mezclando lágrimas y chistes.

Ah, y cuando se recupera alguna obra de autores difuntos, a los que ya no hay que pagar derechos, se les da la vuelta por mor de la actualización o adaptación de diálogos, personajes y entornos, dejándola casi irreconocible, sepultada bajo una barahúnda de fru-frús, saltos, desnudos de los actores (y, sobre todo, de las actrices) animales en escena y rayos vengadores, aunque no del estropicio que se haya hecho del texto.

Habría que recuperar el núcleo genuino del teatro. No -en nuestra opinión, haciendo ver que el teatro es ficción, porque eso es una perogrullada. Cualquiera que se sienta en una butaca ante un escenario, para observar a unos actores, cuya historia personal no ignora, representar historias que manifiestamente no son sus vivencias, sabe bien a lo que ha venido. A ser testigo de una ficción.

Pretende que, con la interpretación y, sobre todo, con el texto, se le traslade hasta el alma un mensaje. El teatro es, así, el vehículo de la palabra, reforzando, con las buenas interpretaciones, la asimilación de su contenido por el espectador.

Puede que hace unas decenas de años se valorara mucho la reproducción relativamente fidedigna en el escenario de una habitación, una sala de estación, un trozo de paisaje. Hoy, ya no. El cine domina la ciencia del trampantojo, del engaño visual, de una manera que el teatro de puede igualar. Ni falta que hace. Porque la fuerza del teatro, ahora más que nunca, no descansa en las imágenes.

Hemos visto recientemente en Madrid dos obras que tratan de presentar, de muy distinta manera, aspectos del cómo del teatro. En Por el placer de volver a verla (de Michel Tremblay), dos actores se esfuerzan en dar credibilidad a un mensaje de transustanciación cuya clave es traer a la escena una madre muerta cuya vida ha sido de lo más vulgar, dicho sea de paso.

En Realidad (de Tom Stoppard), son siete los actores que entrecruzan sus galimatías, jugando a ser, ora personajes reales, ora imaginados (o sea, actores que son actores), mientras el escenario se compone y recompone con frenesí de poleas, luces y otros efectos especiales, 

Las interpretaciones, en ambos casos, son notables. El texto de la primera obra es flojo. El de la segunda, pasa por momentos anodinos, que se mezclan con otros interesantes. En las dos, hay unos a modo de cojines que los actores mueven como posesos, para hacerlos figurar -se supone- como muebles, sofanes, camas o simples apoyos a los, a fuerza del ejercicio físico, agotados cuerpos.

El mensaje teatral es lo que falla en ambos (mucho más, desde luego, en la primera de los obras, notablemente peor, incluso fallida). El espectador moderno ya lo conoce de sobra. Que el teatro es ficción, que los actores representan a sí mismos y a los personajes, que las historias reales y las inventadas se entnremezclan e interfieren, lo sabe todo el mundo.

La enfermedad senil del teatro es considerar al cine como su enemigo. En absoluto. Tiene hueco propio. Hay que convencer a los autores que, en lugar de querer profundizar en las esencias del teatro, escriban obras de teatro, para ser representadas. Nada más. Que nos dejen poner el resto a los actores y a los espectadores. Ah, y no hace falta que nos los hagan desnudar para ese empeño.

Un desnudo o semidesnudo de un señor o señora de carne y hueso, a tres metros de las narices, en un teatro, aunque se nos diga que no es él sino lo que representa, no produce el mismo efecto que en la pantalla. Queremos decir, para nuestra sensibilidad, no es ni justificado ni agradable (salvo en programas de varietés, lo que no era el caso).

Sobre las palabras inútiles

Una de las razones por las que el español resulta una lengua tan fácil de aprender para un extranjero, es que una buena parte de las palabras de uso común las utilizamos juntas, nos salen del cerebro a la lengua de dos en dos o por tríos, como cerezas que extrajéramos de un cesto. Por eso también, al oir a algunos foráneos expresarse en nuestra lengua, aún reconociendo la correcta estructura formal de lo dicho, puede no entenderse nada, como si el conjunto de palabras tuviera un contenido hueco.

La manera más rápida y simple de encontrar ejemplos de ese acervo popular de vocablos que constituyen lugares comunes del lenguaje, es decir, cuyo significado es mucho menos ambicioso que lo que se podría deducir por lo ampuloso del significante, resultando incluso vacíos, nos lo proporcionan los discursos y declaraciones de los políticos. Ellos, como gente avezada en el mucho decir, tienen siempre preparada una batería de frases inanes, insulsas, romas, míreselas por donde se las mire, y a las que aduden recurrentemente como quien echa mano del versátil bálsamo de Fierabrás, válidotanto para curarse tanto una verruga como de un golpe con la mesa.

Las frases de los personajes públicos se pueblan de "permanente contacto", "logro insuperable", "situación controlada", "íntima satisfacción", "daño inevitable","intensa cooperación", "pérdida irreparable", "lazos profundos", "medidas acertadas" y "ocasiones irrepetibles". Por ejemplo. Si se analizan con un mínimo de crítica, ninguno de los adjetivos tiene sentido lógico respecto al sustantivo al que pretenden cualificar o, en otros casos, añaden nada -más bien, restan- a la comprensión del mensaje.

Hay que creer que el uso de esas expresiones manidas facilita el que el cerebro se concentre en el hallazgo de las ideas más originales. Algo parecido debía de sentir Manuel Fraga (aquel político que llegó a tener el Estado español en la cabeza, antes de que se desmembrara en autonomías) cuando decía a un adoctrinando: "Mire usté, si no se le ocurre nada acerca de un tema, empiece diciendo que las vertientes del caso son tres: ya verá cómo se le ocurren tres opciones sobre la marcha. Porque todas las cosas tienen tres posibilidades".

En el lenguaje periodísitico, no les van/vamos a la zaga de los que están obligados a hablar aunque ocasionalmente no tengan mucho qué decir. de los que lo usan/usamos como herramienta central del oficio de escribir para poder comer aunque tampoco haya mucho que contar. Tenemos un acopio de "abismos insondables", "recuerdos imborrables", ", "exposiciones brillantes", "oportunidades perdidas", que mezclamos en "permanente contacto", parra salvar la "torpeza injustificada", además de echar mano de "algo de consuelo", "medidas del caso", para conseguir ver al "peligro conjurado", y no tener que expresar "lo siento en el alma", ni sentir "amor a primera vista" u "odio enfermizo", que son, naturalmente, también utilizados por el pueblo en sus conversaciones a diario.

Desde luego, mirado de otra forma, puede pensarse en la riqueza de nuestro lenguaje. Desde luego. También, en la facilidad con la que pretendimos sugerir, sin más que mezclar dos palabras al azar, algún pensamiento. Tal vez alguna de las palabras de esas frases sean inútiles. Tal vez lo que suceda es que el pueblo que concretó la lengua española, a lo largo de los siglos, tenía alma de poeta.

(En el día en que falleció Miguel Delibes, -12 de marzo de 2010-, frustrado Premio Nobel de Literatura, autor inolvidable de "Los santos inocentes" (sobre todo, conocido por la película), maestro insuperable del bien decir y escribir, hoy ya en el eterno descanso, recogiendo a raudales los merecidos elogios, -que, desgraciadamente, solo podrá escuchar desde ahora en adelante donde quiera que esté, habiéndonos dejado a sus fieles admiradores, huérfanos desconsolados de su docto magisterio, con la amarga sensación de pérdida irreparable, por ser tan irrepetible escritor, vallisoletano ejemplar, maestro de generaciones, infatigable amante de la naturaleza, inspirado escritor, andariego incansable, etc.)

Sobre la utilizacion del calor de la mina

Las minas de carbón asturiana tienen futuro, aunque es posible que ya muy pocas sirvan para proporcionar carbón. El producto que se extraerá de ellas será el calor. No con esta contundencia, por supuesto, pero así pudo ser entendido por quienes escucharon a dos profesores de la Escuela de Ingenieros de Minas de Oviedo, Belarmina Díaz Aguado y Rafael Rodríguez Díez, en la conferencia inaugural del segundo día de sesiones del II Congreso de Energía Geotérmica, el día 11 de febrero de 2010.

El asunto central está en tener en cuenta que en la minería subterránea, particularmente la que ha tenido lugar para la explotación de capas verticales o subverticales de carbón, se han alcanzado profundidades importantes y allí se está más cerca del calor. En las minas de carbón asturianas se han tenido que realizar pozos de extracción y ventilación de más de 600 m, en muchos casos.

Hay que mirar hacia abajo, y no solo pensar en la energía que nos viene del sol. El caso analizado por estos ingenieros fue el de una mina de la cuenca central asturiana, con galerías entre 300 y 650 m, y que estaba a punto de cerrarse (lo que fue caracterizado por ellos como "una gran suerte" ya que les permitió estudiar las cocnsecuencias de cegar o mantener abiertas algunas zonas, y anegar las instalaciones progresivamente para estudiar las variaciones de temperatura en el agua que se extraía en cada nivel y con cada opción real).

El grupo de investigación de la ETSIMO, en el que figura el catedrático Celestino González Nicieza, es experto en modelización y simulaciones estructurales y dinámicas. Por lo que contaron, se lanzaron a hacer cálculos, suposiciones y modelos con el ordenador antes de ponerse manos a la obra sobre el concreto mundo de la mina.

Los datos reales estarían confirmando esas previsiones. Con una temperatura media del macizo de 28 a 30 ºC ("la habitual a las profundidades medias de las minas asturianas"), se consiguee una temperatura a la entrada a la caldera de al menos 12ºC (con 7º en el exterior), y, para un caudal de 10m3/h, se pueden obtener 65 wh por cada 1000 m de galería (de diámetros entre 10 y 15 m2), suficiente para calentar, en el caso estudiado, en el húmedo invierno asturiano, 170 viviendas. Unos 300 habitantes ...porque, no en vano, las cuencas se han ido despoblando.

El trabajo que presentó, por su lado, la también ingeniero de minas Belén Garzón, en las mismas Jornadas, se refirió, en este caso, a la experiencia de aprovechamiento del calor de las aguas extraídas del Pozo Barredo (1,167 m3/s), abandonado ya, en dos instalaciones utilizadas por la Universidad ovetense. Fue otra de las demostraciones prácticas del esfuerzo de la voluntad y la técnica para usar la energía geotérmica aprovechando las estructuras de las explotaciones de la hulla.

Enhorabuena, colegas. Vuestra participación en esta brillante Jornada, junto a la de otros compañeros a los que tendremos ocasión de referirnos en otros Comentarios, sirvió para dejar claro que el buen conocimiento de los recursos terrestres, en sus variadas formas u manifestaciones, mantiene en los ingenieros de minas toda su vigencia.

Sobre la energía geotermica

Si hay que juzgar el momento de la energía geotérmica en España por el número de asistentes (más de 700) a las Jornadas Técnicas sobre el tema que organizó en Madrid, los días 10 y 11 de marzo de 2010, la muy activa Dirección de Industria, Energía y Minas de la CAM que lidera el Dr. Ing. de Minas Carlos López Jimeno, habría que decir que se está viviendo una situación de gran expectativa y reveladora de concretas perspectivas de negocio inmediato.

El aprovechamiento de la energía del subsuelo no es una tecnología novedosa, no ya en su concepto teórico, sino en sus experiencias reales, en el extranjero como en España. Los técnicos y físicos hemos estudiado en Termodinámica el prometedor ciclo de Rankine para obtener energía aprovechando el cambio de fase líquido a vapor del agua, aumentando la presión sobre el líquido a volumen constante, para luego, aportando calor, transformarlo en gas y enfriarlo en condiciones adiabáticas, es decir, sin pérdida de calor-.

El calor lo aporta la Tierra, más caliente cuanto más se ahonde, de forma natural y gratuita. Los ingenieros de la Tierra, geólogos e hidrogeólogos, sabemos bien cómo realizar sondeos, bombear líquidos y aprovechar las menores diferencias de temperatura para producir energía. No se necesita una maquinaria sofisticada, aunque, por tratarse de una intervención en el subsuelo que implica cierto riesgo -para personas y para el medio-, es imprescindible la dirección facultativa de un ingeniero de minas.

El coste de un sondeo para realizar una instalación que aproveche la energía geotémica somera (profundidades inferiores, a 130 m, y, en general, en el intervalo de los 60 a los 120 m) no es muy alto. Se puede calcular un coste medio de 100 €/metro lineal, para una cifra promedio del sondeo de unos 10.000 euros, dependiendo la cifra exacta, por supuesto, de las dificultades del terreno.

La colocación de los tubos para circulación del medio que aproveche la diferencia térmica, incluído su coste, y, en su caso, si se quiere reforzar la instalación con bomba de calor, elevan la instalación total a unos 20.000 euros, amortizable entre 6 y 10 años. En el caso de que se pretenda aseguraqr las prestaciones de calefacción en invierno, con temperaturas inferiores a 2ºC, el sistema debe ser reforzado con una caldera o con una resistencia eléctrica para evitar la congelación de los colectores, como apuntó Antonio Baron Pladevall, en una documentada ponencia.

La aportación tecnológica, en la que se concentran los trabajos de investigación, implica obtener la máxima rentabilidad a la inversión, garantizando un aprovechamiento óptimo de la energía disponible. Es aquí donde se deben introducir los conocimientos respecto a la ubicación del sondeo, su profundidad adecuada, la optimización de los materiales, la mejora de las características dieléctricas, el monitereo adecuado de la instalación, etc.

Las ponencias estuvieron, todas, a gran altura, ofreciendo experiencias concretas. La Directiva 2009/28/EC, establece el marco común para el fomento de todas las fuentes renovables, entre las que figura la geotérmica. Es una satisfacción, como asturianos, recoger que el Dpto. de Ciencias de los Materiales e Ingeniería Metalúrgica de la Universidad de Oviedo y la empresa Georenova SL, ubicada en Asturias, se encuentran en el pelotón de cabeza de los expertos en nuestro país en el uso práctico del calor que alberga la subsuperficie terrestre.

No hay todavía una gran experiencia práctica en el uso de la energía geotérmica para dedicarla a la calefacción y refrigeración de las viviendas y, como se resaltó en las Jornadas, es necesario eliminar trabas burocráticas y precisar la cuantía de las subvenciones, haciéndolas también de concesión más rápida, para reducir las indeterminaciones.

El caso de las prospecciones para aprovechamiento de la energía geotérmica profunda, una fuente primaria renovable -en el sentido de respetuosa ambientalmente y, por su naturaleza, inagotable- merece una reflexión matizada, a la que dedicaremos otro comentario.

Hoy, en este Comentario, solo cabe felicitar a la DG de Industria y Minería por la iniciativa de este segundo Congreso sobre el tema. El interés de la compañía australiana Petratherm (actualmente, con un 7% de capital español), de la que Peter W. Reid presentó su experiencia en el Proyecto Paralana (entre el Lago Frome  el Monte Pinter Inlier, aprovechando la anomálía geotérmica de la zona, evidencia la creencia en las posibilidades de una parte del territorio español, hoy solo inicialmente exploradas.

Sobre la independencia, incluso la de los jueces

El juez más activo (al menos, aparentemente) de la democracia española, está a punto de sentarse en el banquillo del TS, que es la manera popular de indicar que está imputado en proceso penal y que los autos con la instrucción, realizadas las pertinentes citaciones a encausado, testigos, denunciantes, perjudicados e interesados en que se haga justicia, están ya listos para que tres magistrados decidan si hay o no delito.

La presunta culpa del juez de la Audiencia Nacional Baltasar Garzón no es accesible al común de los mortales. Se le acusa de haber prevaricado, delito solo atribuíble a un funcionario público que actúa injustamente a sabiendas y que, en este caso, al tratarse de un juez, tiene la calificación de prevaricación especializada, definida por el art. 446 del Código Penal.

Según la acusación, Garzón incurrió en la prevaricación, al haber abierto un proceso para dilucidar la situación de enterramientos masivos realizados con los cuerpos de fusilados durante ese período oscurísimo de la Historia española, que siguió a una guerra incivil, y que se llamó Glorioso Alzamiento y democracia orgáncia, y que ahora es referido como franquismo, dictadura o fascismo a la española.

Muchos de esos cuerpos, aún no descubiertos, pertenecieron a quienes se encontraron de bruces con la muerte por sus convicciones contrarias a los sublevados, por ser comunistas o republicanos, por pasar por allí, por compartir una novia, por ser del pueblo de enfrente, o por cualquier razón imaginaria, y yacen, según la memoria ya claudicante de testigos de aquellos actos, al borde de los caminos, o en parajes entonces aislados, o junto a tapias de cementerios, o ni se sabe ya dónde; solo que la muerte fue cierta.

Pero, como el miedo y la voluntad de olvidar son libres, también hay cuerpos por ahí de quienes murieron durante la guerra del 36-39 por represalias y parecidas sinrazones esgrimidas desde el bando contrario, que llevaron al más allá a católicos, monárquicos, universitarios, propietarios, guapos, despistados, llamarse Sotelo, José Antonio o Ernesto.

Estamos acostumbrados a que los cadáveres adquieran importancia como material político y económico. No importa que los cementerios estén vacíos de vivos. Sabemos, bien asesorados, cómo remover tierra con Santiago para que se identifique bien los muertos, atribuirles autorías o dudar de ellas, dentro y fuera de nuestras fronteras. Sabemos cómo reclamar al Estado dineros si se alguien se equivoca al asignar una identidad.

Este caso es especial, sin embargo. Al entender de los que saben acerca de cómo encontrar resquicios a las leyes para hacer la vida imposible al más pintado, el juez Garzón sería culpable de no haber cumplido con lo dictado en la particular Ley de Punto Final hispana (Ley de amnistía de 1977), que obliga a no investigar los crímenes cometidos. El, como juez, está obligado a conocer la ley y a hacer cumplirla, y por ella, la Sala Segunda del Tribunal Supremo, encuentra fundamento para admitir la querella de la agrupación Manos Limpias, en la que se expresa que el denunciado ha actuado "prescindiendo total y absolutamente del procedimiento establecido, de la irretroactividad de la ley penal, de la ley de amnistía de 1977 y de sus propios actos y autos, en los que rechazó como genocidio los asesinatos de Paracuellos del Jarama".

Obviamente, la admisión no implica que el TS prejuzgue la existencia inequívoca de delito, sino que el alto Tribunal encuentra razones para investigar la actuación del juez como susceptible de haber incurrido en tal.

Como la crisis económica necesita pan y circo, el asunto ha supuesto que, desde varios flancos, se den pasos al frente, para salir en las fotos y aportar matices al interés propio. El gobierno del presidente Zapatero se ha manifestado, varias veces, a favor de la correcta actuación del juez Garzón, en lo que se interpreta, por otros, más que por una legítima manifestación de opinión, un intento de injerencia sobre los jueces. (Es decir, injerencia sobre los jueces conservadores, que sobre los considerados progresistas huelga la injerencia) 

Los portavoces del partido de la oposición mayoritaria, defienden la "independencia judicial" y dicen respetar sin prejuzgar lo que está siendo hecho, aunque está claro que el proceso beneficia a alguno de sus miembros, implicado en el caso Gürtel (Cinturón o Correa), un escándalo de corrupción que apunta hacia la financiación irregular del PP y que, claro, ha instruído el superjuez de nuestra atormentada democracia, Garzón.

Se está hablando, pues, al hilo de esta singular situación, mucho, de la independencia política de los jueces. Pero no parece que sea esa la cuestión central. No se discute o debe discutir lo obvio. Porque, por supuesto, los jueces no son independientes políticamente. Nadie puede creer que lo sean y no deberían serlo, porque son seres humanos que actúan en beneficio de su polis, de sus contemporáneos, aplicando, con su mejor saber y entender, las normas que les han señalado otros.

Para llegar a jueces, han tenido que estudiar y memorizar unos cuantos temas y, para llegar a magistrados del Supremo, han tenido que acumular experiencia, contactos personales y capacidad de maniobra en una sociedad compleja, en la que, para ascender, por encima de los muchos méritos, hay que tener los mejores padrinos.

La cuestión capital sería, en nuestra opinión, otra. La independencia judicial implica su plena libertad para ordenar su propio trabajo, de forma autónoma, sin que nadie les imponga prioridades, puesto que ya están expresas en su obligación de servicio a la Ley, a la Justicia, a la igualdad, al bien común y a todos esos principios que precisan (más o menos) la Constitución y la legislación vigente.

Un cometido nobilísimo, irrenunciable, específico de este poder del estado del derecho, que no comparte con nadie. Por eso, habiendo tantos temas atrasados en los Juzgados, existiendo una comprobable situación de inseguridad ciudadana (que es, también, jurídica), conociendo la capacidad de trabajo del juez Garzón, ejemplo de actividad para todos, ¿piensan sus Señorías que la mejor manera de emplear su valioso tiempo es analizar una descabellada querella, realizada por un sindicato cuya intención más clara es la de intoxicar las relaciones públicas y hacer daño a la credibilidad de la Justicia?; y, además, ¿creen de verdad ayudar al prestigio de esa Justicia admitiendo que se persone en la estrambótica causa uno o varios de los encausados por el juez ahora imputado, y encarcelados preventivamente ante la presunta magnitud de su delito, favoreciendo así la idea de un caótico totum revolutum judicial, en el que el ruido importa más que las nueces?

Suponemos que muchos pensamos que no. La independencia judicial no es tanto política, como la demostración de la sensatez del juez para obrar, en conciencia, valorando lo que es importante de lo que es interesada fantasía. Mucho más exigible cuando, por otra parte, actúan en resolución consensuada por un Tribunal pluripersonal.

 

Sobre la femineidad

El Día Internacional de la Mujer es una ocasión adecuada para reflexionar sobre la femineidad. Aunque incorpórea, pertenece al grupo de las especies amenazadas. Hay muchas; tantas, que la mayoría no son celebradas. Pero, desde este modesto pedestal en el que nos aupamos cada día, nos atrevemos a defender que la femineidad debería gozar de especial protección.

Habrá que comenzar haciendo alguna disquisición que nos recuerde de qué se trata -o debería tratarse. Porque femineidad no guarda referencia, ni siquiera lejana, con la ahora indiscutida igualdad de géneros -que, por cierto, mal entendida o adrede mal interpretada, está perjudicando a la mujer en algunos campos-.

Tampoco tiene que nada que ver con esas actividades, ocupaciones, condicionamientos y mitos que han servido para marginar, en casi todas las culturas, a la mujer respecto a la indefendible superioridad del hombre -ni en lo síquico ni en lo síquico. Por supuesto, ni mucho menos, la femineidad tiene su templo en la preocupación por imponer a la mujer comportamientos, gestos, gustos y precocupaciones por el aspecto físico, destinadas a gustar al otro y que, todavía hoy, a pesar de las demostraciones en contrario desde el otro sexo, se creían privilegio de las hembras humanas para atraer al macho.

La femineidad debería restringirse, exclusivamente, a aquello que, salvado el aspecto exclusivamente morfológico que señalan las diferencias sexuales, reúne sutiles características que solo se podrían encontrar en las mujeres. Sutiles, no porque sean difíciles de encontrar, sino más bien poque son incorpóreas, metafísicas. Solo se captan desde la sensibilidad.

¿Existieron alguna vez tales elementos? Cuando se decía -incluso se dice a veces- "qué femenina es fulanita", ¿se significaba algo, en realidad?.¿ No se tratará de una falsa idea?; ¿una asignación gratuita?, ¿deformada con ánimo de contraponerla a lo valioso, la masculinidad? ¿Utilizada incluso para molestar, como la que se utiliza todavía en ciertas ocasiones para zaherir, cuando se dice "¡Maricón el último!"?. No seas femenino, serviría para expresar, torpeza, debilidad, ingenuidad, asumiendo que ha de entenderse que es una vejación, un demérito, ser considerado gay o mujer, porque estas subespecies propenden a la poesía, a perder el tiempo con lo que no es útil, con lo que no vale la pena.

Separando, pues, la femineidad como la idea que conduce a la consecución de la igualdad de acceso al trabajo por parte de mujeres y hombres (para lo que habría, además, mucho que discutir, si es todo logro o no supone otras servidumbres), ¿qué nos queda? ¿Gestos?. No, desde luego. Si lo femenino fuera gestual, se entendería como femenino el comportamiento de algunos homosexuales que parecen complacerse en exagerar actitudes y posturas, copiando en caricatura, a veces estrafalaria, los elementos superficiales que entienden, algunos varones por naturaleza, que componen las características visibles del "otro sexo".

Por supuesto, también, los conceptos de femineidad y masculinidad tradicionales están imbuídos del sesgo aportado por sus creadores, que no podían ser otros que los dominantes en la sociedad. Fundamentalmente hombres, pero no todos, necesariamente. Hay que admitir, siendo lógicos, que también las mujeres contribuyeron a perfilar el núcleo de las "cualidades femeninas", no siempre entendidas como "valores", sino, y a menudo, como "deméritos".

Habrá que descubrir la femineidad (como la masculinidad), despojándola de estereotipos, de diferencias que apuntan exclusivamente a lo sexual, de formulaciones interesadas o ingenuas que descansan en la idea motriz de que la igualdad entre hombre y mujer ha de ser absoluta. Porque de ser capaz nuestra sociedad de hacerlo así, profundizando en las diferencias entre hombres y mujeres, adquiriríamos nuevas potencialidades.

Admitiendo incluso la posibilidad de que lo que nos diferencia se ponga de manifiesto únicamente cuando, liberados de toda atadura preconcebida, hombres y mujeres se muestren unos a otros como son, productos de la máquina incansable de la naturaleza, conducida -¿lo sabremos algún día de forma inequívoca?- por el azar o por la necesidad.

Feliz día de la Mujer, hombres y mujeres. Podríamos dedicar hoy un poco de nuestro tiempo a identificar eso que nos diferencia desde la poesía, separando, con el bisturí, todo aquello que copiamos del viejo estereotipo, sin habernos detenido a descubrir lo que, en verdad, distingue, desde la profundidad del alma, a los hombres de las mujeres.

Sobre los límites reales de la privacidad

Las Constituciones de los países tenidos por más avanzados y una parte sustancial de su desarrollo legislativo defienden la privacidad. La lectura de estos propósitos tranquilizadores nos invita a pensar que la privacidad está, principalmente, relacionada con los datos personales que están a disposición de terceros.

Se entiende que son privados, por ejemplo, el domicilio particular, la fecha de nacimiento, los números de cuenta bancarios y de las tarjetas de crédito, nuestra filiación política o afinidades religiosas. También se defiende la presunción de inocencia, la prohibición de publicación de las imágenes de los menores, y hay un consenso bastante general para no divulgar aventuras extramaritales, salvo que interese fastidiar por ese motivo la carrera de un opositor político.

La realidad contradice sistemáticamente tan buenos propósitos. Para empezar, el tremendo crecimiento de los recursos informáticos y telemáticos cuyo uso está al alcance de cualquiera, ha aumentado la información disponible en la red de manera incomensurable. Incomensurable en el sentido de que no se puede saber, en realidad, cuales son sus fronteras.

Las redes sociales y los instrumentos para comunicar lo que se está haciendo en tiempo real bombean continuamente información sobre nosotros a la red. No la controlamos nosotros, sino que una buena parte, la controlan otros. Fotografías con nuestro rostro, comentarios acerca de nuestra personalidad y gustos, relaciones de amigos, etc. Desde luego, consciente o ingenuamente, también nosotros mismos contribuímos a perfilar hasta detalles mínimos quiénes somos. Nuestra ubicación, quizá incluso hasta el domicilio, la fecha de nacimiento, el estado civil, la orientación sexual, las opiniones expresadas acerca de los más variados temas: religiosos, políticos, culturales, técnicos.

¿Es todo esto peligroso, y en qué sentido?. No lo sabemos. Si la sociedad tuviera una ética general común, si no existieran individuos que -por variadas razones- viven de aprovecharse de los demás, delinquiendo o no, podría no ser tan grave.

Pero es grave. A despecho de las Leyes de Protección de Datos, inservibles por la imposibilidad de controlar y denunciar una bola de nieve creciente que almacena datos y los entrecruza a velocidades de fantasía, nuestra intimidad está saltando en pedazos a cada instante, vapuleada por los lados más inocentes como de los que creamos menos vulnerables. No la protegen ni claves de acceso complicadas, ni reservas pudibundas, ni huídas vergonzosas o exabruptos molestos.

Tenemos que acostumbrarnos a que se sepa mucho de lo que nos debía pertenecer solo a nosotros o a los que nosotros hubiéramos querido. Por eso, la manera más segura de proteger nuestro yo virtual, ese que construye la red sobre nuestros datos, es engañándolo con muchos datos falsos, imaginados, fantasiosos, para crear un personaje ficticio con el que enmascarar nuestro, posiblemente anodino, pero mercantilmente evaluable, personaje real.

Sobre la soledad de las integrales de Riemann-Stieltjes

Los seres humanos somos como las integrales de Riemann-Stieljes.

La frase puede entenderse como procedente de un impulso similar al que hizo decir a Jesulín de Ubrique -el que fue famoso torero- que la vida es como el toro. Y, en efecto, por ahí vamos.

La inspiración concreta nos ha venido, sin embargo, de una de las novelas que están causando furor en el metro de Madrid -que es el barómetro de las tendencias culturales de la capital de España-: "La soledad de los números primos", de Paolo Giordano. Es un entretenido relato acerca de las dificultades de comunicación, de las consecuencias de haber tenido que asumir en la edad temprana una responsabilidad demasiado grande para nuestro tamaño.

No vamos a dar aquí un cursillo de urgencia para neófitos sobre lo estupendas que resultan las matemáticas para trasladar al campo de lo teórico muchos de los problemas del espacio real, y así poder tratarlos con comodidada. Se pueden encontrar simplificaciones para casi todo lo que nos pasa o nos preocupa, en las matemáticas.

La preocupación de matemáticos, físicos, ingenieros y de todos los que ponen ecuaciones a la observación es reducir a números y fórmulas lo empírico, (obviamente, simplificándolo), para poder trabajar con esa información y sacar consecuencias útiles.

Las integrales de Riemann-Stieltjes son, en esencia, el recurso teórico para incorporar y tratar una segunda función al concepto clásico de integral. 

 

Por eso, suponen una imagen simplificada del nosotros.

Porque somos, fundamentalmente, integrales de Riemann-Stieljes lanzadas al campo de las consecuencias vitales. Nuestra capacidad integradora no depende de una sola función (nuestro ego, el integrando), sino que también se relaciona con otra (la que aprotan los demás, que aglutinamos con el integrador).

La percepción que uno tiene de sí mismo puede ser más o menos compleja. Algunos se consideran números primos, incluso números primos especiales, porque están solo separados por otro número (por supuesto, par), sin que les sea capaz de encontrar relación alguna entre ellos.

Otros van por la vida llenos de empatía, derrochando contactos. Una buena base para desarrollar la inteligencia emocional la tienen los números pares, que forman la mitad de la población, pero hacen falta que los comunes denominadores de los individuos entre sí sean más para que encajen sus inquietudes de forma satisfactoria. Varios miles de divisores comunes, en realidad. Cuanto más alto sea el máximo común denominador, mejor.

Pues bien, considerados como trasunto de integrales de Riemann-Stieljes, estamos solos. Al lado de otros yos, por próximos que queramos vernos, siempre acabaremos advirtiendo que hay un espacio que no podemos salvar. Menos mal, porque, en otro caso, seríamos clones, sin alma, sin individualidad; con forma, pero interiormente, vacíos.

Sobre lo que podemos arreglar entre todos y lo que no

Sobre lo que podemos arreglar entre todos y lo que no

En este país pródigo en historias de adulterio, engaño, ocultismo y sofisticación, un grupo de gentes capitaneadas por cuatro políticos procedentes de las alas más ligeras del centro ideológico ha creado una Fundación, llamada Confianza.

Su lema: estosololoarreglamosentretodos.

Sus nombres son: Miguel Roca y Antonio Garrigues Walker (colegas del extinto PRD), Javier Gómez Navarro y Guillermo de la Dehesa (colegas en las proximidades del PSOE, con el que han hecho una brillante carrera profesional) . La campaña mediática que ha desarrollado esa estructura solvente, que se autopresenta como independiente, profesional y apolítica, es impresionante. Solo en Madrid, decenas de placas publicitarias se han visto adornadas con un palabro inolvidable, en fondo negro: "estosololoarreglamosentretodos".

La invitación a incorporarse al manifiesto, apoyada además por unos cuantos personajes de proyección pública e indiscutible buena imagen -Millás, Buenfuente, Mariscal, Adriá, etc- y, para adornar, por algunos individuos más con aspecto de ser como Vd. y como yo, ha movilizado cariños incondicionales. En pocos días se alcanzó la cifra de cincuentamil adheridos, atraídos por el tam-tam de "¿Dónde tengo que firmar para que esto cambie?"

Sin embargo, las reacciones a la operación -indudablemente política, qué le vamos a hacer- no se han hecho esperar. En Facebook se ha creado la plataforma alternativa -en el sentido de ácrata, que agrupa a los de la izquierda irredenta como a los de la pedorreta- Esto no lo arregla ni dios, que denuncia que la campañara es una maniobra publicitaria, orquestada por El Corte Inglés, Telefónica, BBVA, Santander, entre otros.

No ha sido la única lanzada. El partido emergente UPyD también se ha sentido afectado en las intimidades, y ha puesto su particular grito en el cielo por la manipulación ideológica que atribuye, en esencia, al grupo en el poder y a su inmensa capacidad de manipulación.

Puede que sí, si bien se mira. Si se tiene la paciencia de analizar las declaraciones (o lo que sea) de quienes prestaron su cara en el invento y aglutinar el argumento, se puede extraer la línea argumental. En esencia: hay que disminuir la exageración sobre la crisis -no es para tanto-, debemos trabajar en silencio y ser buenos -haced como yo, que he ganado esto y lo de más allá, entrenando sin parar- y, sobre todo, hay que tener confianza en los que están ideando soluciones para superar esta calentura -ya veréis como esto pasa, y nos reiremos cuando volvamos a estar tan bien como antes-

Podría pensarse que, en efecto, alguien nos quiere meter doblada(perdón si se mal interpreta) la llave de la solución por el agujero negro por el que se fue el dinero que nos han volatilizado a los de a pié, vamos, a los currantes de toda la vida.

Nosotros, superado el primer calor del atractivo de caminar todos juntos, nos hemos apartado un poco del grupo, para reflexionar. Tenemos claro que esto no lo podemos arreglar entre todos, sino que son unos pocos -poquísimos- los que tienen en su mano la solución. Ya que no son los mejores, sí son los que tienen ahora la sartén por el mango. El resto, sí, podemos (y, por la cuenta que nos tiene, debemos) aportar nuestro trabajo, nuestra capacidad, incluso nuestra voluntad de someternos a la voluntad de quienes nos guíen.

Pero, por favor, que no nos engañen con gestos para la galería. A nosotros, no. La historia de la cooperación colectiva nos recuerda la de aquel capitán en el campamento de milicias de Montelareina, que, subido encima de un puente que su compañía acababa de construir, animaba a los soldados a empujarlo, haciendo él mismo que empujaba desde la barandilla, gritando: "Fueeer....za!".

Que se bajen los que no empujen, que ya está bien de que tengamos que aguantar su peso, además del puente. Y los que saben cómo salir de aquí, que nos lo digan -desde abajo del puente, igualmente- no sin que antes nos indiquen dónde está el camino seguro, el río navegable, o la nave que nos conducirá a la estratosfera. Porque así, solo por empujar, podemos estar llevando el puente, el carro o la moto, para atrás, o andar dando vueltas sin rumbo.

Sobre los que nos salvarán de la crisis

Los que nos sacarán de las crisis:

No estarán entre los empresarios de entidades que llevan años en suspensión de pagos enmascarada y que defienden el despido libre de trabajadores a los que deben varios meses de salarios, ni entre los sindicalistas que reivindican sueldos más altos y vacaciones más largas sin preocuparse de los números de las empresas y de su productividad y que olvidan que los que más necesitan apoyo son los que no tienen trabajo.

No estarán entre los gobernantes que crean que la salida a la crisis económica está en impulsar sectores subvencionados muy poco intensivos en mano de obra o en mirarse en el ombligo de sus posturas iluminadas, ni entre partidos opositores cuyo principal argumento sea llevar la contraria a cualquier propuesta que venga de los otros, sin incorporar a su discurso las ideas de una sociedad civil cada vez más distante.

No estarán entre los funcionarios que no perdonan por nada del munso su larga pausa de bocadillo a media mañana, protegidos por sus plazas fijas a viento y marea de las crisis, sin importarles que en el mundo real llueva o truene y sin dar importancia a que la cola de ciudadanos esperando a que les atiendan para que resuelvan sus peticiones de información, de varias vueltas a la manzana, o que desaparecen un par de semanas "porque tienen depresión" o, tal vez, alegando que aún tienen pendientes de disfrute varios días de vacaciones y permisos, amparados en que nadie les controla con rigor ni su actividad ni sus rendimientos.

No estarán entre los desempleados sin derecho a cobrar el paro, ni entre quienes nunca han tenido un empleo, ni entre los inmigrantes irregulares ni entre todos aquellos que, necesitados de llevar algo que comer a sus bocas y a las de sus familias, están dispuestos a hacer cualquier trabajo por cualquier dinero en cualquier momento.

No estarán de la mano de quienes se han lucrado con la especulación inmobiliaria, ni con los que ocultan los beneficios que no han declarado al fisco en paraísos fiscales y colchones reales o ficticios, ni surgirán de los corruptos de cualquier naturaleza, ni de quienes sustentan negocios de prostitución, droga o receptación, ni de sus explotados, ni de sus clientes ni de los que toleran su proliferación desde su malejercida autoridad, argumentando que carecen de medios suficientes.

La crisis se resolverá, mal que nos pese, cuando quienes mantienen intactas sus disponibilidades económicas, a la espera de mejores oportunidades crean, que deben, por fin, comprar, antes de que el vecino se aproveche de las ventajas.

La crisis se resolverá cuando los miles de emprendedores que siguen dedicando muchas más horas de las que posee una jornada laboral normal, sin preguntarse por condiciones ni obsesionados por el corto plazo, sin escatimar medios propios ni de sus familias, consigan al fin que sus empresas generen un entramado de clientes y proveedores confiados y solventes, en otros tantos miles de brotes verdes en la economía real, allí donde, a lo peor, nadie está regando apoyos ni atención.

La crisis se resolverá porque millones de trabajadores manuales e intelectuales no habrán dejado de aportar todo lo que saben para que la producción no decaiga, manteniendo en servicio instalaciones que aún no han sido amortizadas, procurando que el coste de los productos sea cada vez menor y la calidad más alta, aún siendo conscientes de que lo que ganan no guarda relación con lo que merecen.

La crisis se resolverá por miles de empresarios, y sus directores y técnicos seguirán arriesgando su dinero, su tiempo y un futuro más apacible, en la realización de sus ideas y de proyectos, a los que dedican cuanto tienen, sin preocuparse más que por hacerlo cada vez mejor.

La crisis se resolverá gracias a los investigadores, maestros, funcionarios, jubilados, intelectuales, políticos, independientes, amas de casa, técnicos, médicos, etc., etc,  que se concentran cada día en su trabajo, haciéndolo lo mejor que saben y pueden, sin emplear lo mejor de su tiempo en lamentarse por lo mal que están las cosas.

La crisis se resolverá debido a los bancarios y banqueros que olviden el beneficio a corto plazo, la especulación, las matemáticas financieras que consumen hoy el rendimiento futuro que no tendremos, y apoyen los proyectos serios, impulsados por profesionales competentes y en sectores necesarios, no en fantasías empapeladas en oropel y colores engañosos.

La crisis se resolverá, desde luego, porque necesitamos seguir viviendo y, para ello, tenemos que consumir y, preferentemente, consumiremos lo que más nos gusta. Y, si además, ayudamos al vecino a sostener su negocio, en lugar de comprar lo que necesitamos en la multinacional cuyo dueño carece de cara y ojos, mejor.

 

Sobre el ocaso de las Ferias reales

Hay más información, menos dinero, más presión, menos tiempo, más competencia, menos ganas. Y está el mundo de internet, omnipresente, de tan cómodo uso, discreto.

Las Ferias que resultaban imprescindibles para conocer el estado del arte, para vender o comprar lo último, para comparar, ya no lo son. Cuestan mucho dinero, reclaman una atención personal que no es tan fácil de compensar, ni para expositores ni para visitantes.

Y, después, está el gran desnivel entre las grandes empresas, capaces de presentar un gran estánd, en el centro de la sala, con gran alarde de medios, y las pequeñas, que quizá tienen productos realmente novedosos, pero no pueden pagarse más que un lugar en un espacio múltiple, subvencionado, sí, pero al que no pueden dedicar la presencia física que sería imprescindible para defender la bondad de su producto.

Adiós a las Ferias reales. Su decadencia es evidente. Las que tenían una proyección más local, han desaparecido ya. Y las grandes, están obligadas a una reestructuración que ya les come los pies o la cabeza. Estas últimas tienen probabilidades de supervivencia -algunas ciudades las tienen como producción emblemática-, pero habrán de renovarse, cualificando su oferta.

Nadie viajaría cientos de kilómetros para ver un producto o una aplicación que se le podría presentar a él solo, en su propio espacio. No negamos el interés de conocer simultáneamente varios productos que compiten entre sí y poder hablar con sus responsables sobre sus virtudes y aclarar las dudas que se presenten. Pero la información en la red elimina muchas cuestiones previas y la red comercial de las empresas es muy ágil como para esperar a la próxima Feria para captar clientes.

Las Ferias virtuales han entrado por la puerta del escenario mercantil. Tienen aún que perfeccionar su oferta real, conquistar más espacio virtual, atraer amás expositores y mejorar los contenidos. Miles de millones de visitantes, en sus casas, en sus despachos, en sus oficinas, están preparados para visitarlas a un clic de su viaje para detectar oportunidades que les interesen.

(Estas reflexiones están motivadas después de asistir a varias Ferias reales y comentar con decenas de expositores y visitantes, caminando, muchas veces, entre espacios vacíos y rostros aburridos.).

Sobre la facultad de olvidar

Si no pudiéramos olvidar, seguramente no soportaríamos vivir. Nuestra sensibilidad ante los acontecimientos, tanto placenteros como dolorosos, acabaría anquilosando la capacidad para apreciar el presente.

Puede parecer que estamos refiriéndonos poéticamente a la existencia, pero no es en este momento nuestro propósito. Superamos la muerte de los seres queridos, echando sobre el recuerdo de su ya imposible proximidad a nosotros, otras vivencias.

No quedarán olvidados del todo, aunque, casi siempre, las capas de nuevas emociones nos ayudan a superar aquella pérdida. El nacimiento del hijo coincidiendo con la muerte de uno de sus progenitores, no hará que el superviviente olvida al otro, si bien le servirá para concentrar su actividad y afectos en el retoño.

Olvidamos para dejar hueco a nuevas sensaciones, que son la esencia de la existencia. Olvidamos conocimientos, personas, paisajes. Con el paso del tiempo, mezclamos incluso circunstancias reales con otras imaginadas o soñadas.

Ya ancianos, si la mala suerte del Alzheimer o la demencia senil no nos ha apresado, recordaremos, de golpe, lo que habíamos arrumbado en el falso archivo de la memoria. Como si el cerebro, consciente de que ya no habrá necesidad de dejar espacio para más, hiciera liquidación de pasajes, de momentos, de historias y supuestas sabidurías. 

Escuchar a un viejo hablar durante un par de horas de lo que ha vivido es bucear en la existencia de otro como un espeléologo en una cueva inexplorada.

"Perdono, pero no olvido", suele decirse, cuando, habiendo sido agraviados por la actuación de otros, que, arrepentidos, solicitan nuestra indulgencia, se quiere manifestar que el daño a nuestro sentimiento fue imborrable. A pesar de todo, olvidamos, olvidemos. La facultad de saber olvidar es una manifestación de la superioridad moral del que ha sido ofendido, y también una liberación.

Porque el recuerdo de lo malo que nos haya sucedido, nos sigue haciendo daño.

Sobre la dinámica en la creación y destrucción de empleo

La cobertura al desempleo costará en 2010 a la Seguridad Social española, más de 34.000 millones de euros. Con casi 3 millones de beneficiarios, la percepción media superará mensualmente los 960 euros, es decir, más del 30% del salario mínimo interprofesional, que es actualmente de 624 euros.

Un 20% de los dispuestos a trabajar no encuentran empleo: más de 4,5 millones de 23 millones de personas (población activa), sobre un total de 38 millones mayores de 16 años. Leídos estos datos en sentido inverso al habitual, hay 15 millones de personas que no buscan trabajo o que no pueden trabajar.

Respecto a este colectivo que no figura en las estadísticas del paro, no hay que pensar que se trata de improductivos. En absoluto. Allí se encuentran las "tradicionales" amas de casa que jamás han tenido un empleo fuera del hogar, labradores o agricultores que "han pasado" de darse de alta en la seguridad social, inversionistas, bolsistas y otros administrradores de propiedades declaradas o clandestinas, jubilados que dedican buena parte de su tiempo a obras sociales, trabajos no remunerados  -o a cuidar a sus nietos mientras los hijos trabajan-, físico o síquicodependientes y otros incapacitados, etc.

Las cifras anteriores pretender dar solamente unos cuantos brochazos sobre el panorama general del empleo en España. Son datos, en realidad, poco relevantes para tomar medidas sobre algo sustancial: qué medidas concretas sería necesario tomar para reactivar la economía, de forma que se consiguiera generar empleo suficiente para disminuir el número de receptores de las ayudas públicas.

Para enfocar a fondo el problema, sería necesario profundizar en la dinámica sectorial de generación y destrucción de empleo. Es imprescindible analizar en detalle los subsectores que son más resistentes a la crisis y aquellos otros que están siendo más activos en la creación de demanda laboral.

No hay que tener mucha imaginación para inducir que los más resistentes son los que producen materiales de primera necesidad y aquellos bienes de consumo imprescindibles; en tanto que los sectores dedicados al ocio, a la fabricación y distribución de elementos de lujo y a la generación, importación y comercio de productos tecnológicamente sofisticados o de poca versatilidad, estarán sufriendo más los efectos de la crisis.

Pero no solamente eso: los sectores resistentes son aquellos en los que la producción está basada en verdaderas ventajas comparativas dentro del mercado global, lo que les permite resistir la competencia interior y, en su caso, mantener la exportación, concentrada ahora más en los paises con mayor resistenciaa la crisis o que ya la han superado. Las empresas de estos sectores están manteniendo el empleo e, incluso, ven cómo su cartera de clientes aumenta.

Analicemos de una vez en este país, con espíritu sistemático, cuáles son los sectores más robustos de nuestra economía, y enfoquemos hacia ellos los principales recursos de educación, investigación e impulso a la exportación coordinada. Y, si como sería deseable, pretendemos impulsar nuevas actividades emergentes, apoyemos aquellas iniciativas generadas por jóvenes universitarios en los nuevos sectores tecnológicos.

No nos parece que las mejores ideas de reactivación puedan provenir de aquellos empresarios o gestores de los grandes grupos ubicados en sectores más profundamente afectados por la crisis, que estarán, obviamente, mucho más preocupados por mantener sus negocios y reducir sus péridas; ni por sindicalistas con filiación política conocida, que se verán obligados a matener posturas muy sesgadas a la defensa y mantenimiento de empleo de sus afiliados, mayoritariamente empleados en grandes empresas.

Hay que escuchar a otros agentes, y darles más voz: Universidad, centros de investigación, autónomos, plataformas civiles, expertos internacionales y consultores tecnológicos, desempleados de alta cualificación, y, sobre todo, escuchemos a los responsables de pymes y micropymes en sectores de largo desarrollo. Ellos nos ayudarían a conocer mejor la dinámica de la creación y destrucción de empleo, sin los ruidos lastimeros que producen los que se están chamuscando en los infiernillos del cambio de ciclo.

Sobre pleno empleo, mujeres y jóvenes

Hemos comentado en otros momentos la función esencial que cumple el trabajo, en relación con la supervivencia del individuo. No aceptamos que nos haga más libres (produce escalofrío intelectual recordar el "Arbeit macht frei" nazi) , ni nos convence que responda a un castigo divino, ni contiene en sí mismo elementos suficientes para lograr nuestra felicidad.

La mayoría, trabajamos simplemente para obtener una remuneración que nos permita subsistir, esclavos de la verdad incontrovertible de que quien no trabaja no come, o, para traducirlo al lenguaje de estas latitudes,  come peor. Superada la condición mínima, se pueden considerar otros componentes que añaden satisfacción: cumplimiento de objetivos, reconocimiento social, ascenso personal o éxito de grupo. Y, naturalmente, cuanto mayor sea la remuneración, tanto mejor.

El trabajo sin remuneración, realizado independientemente de la estructura social, no garantiza la supervivencia. Es casi seguro que pescar, cazar o recolectar los frutos de la tierra fuera de nuestra propiedad o desprovisto de licencias nos conduzca a la cárcel o al despojo de lo cazado  o recolectado.

Ni siquiera nos servirán el deseo y las ganas de trabajar dónde y cómo sea, si no encontramos empleador. No menos lamentablemente, la cualificación, incluso alta, no garantiza que obtengamos un puesto de trabajo, porque puede que nuestro saber haya devenido inútil o muy caro en el mercado laboral.

La demanda de trabajadores es uno de los medios, y en nuestra opinión, el más importante, que nuestra sociedad mercantil utiliza para controlar a los individuos. ¿De qué forma?. No muy sutil, en el fondo, y bien conocida. Con la remuneración por el trabajo se consigue generar una dependencia malévola entre los factores capital y trabajo que no ha podido construirse jamás en la Historia como una relación de igualdad.

En épocas de crisis, la falta de ingresos en las familias que sufren la lacra del desemplo, impone nuevas tensiones al mercado laboral, y pone de relieve la esencia de las raíces de la remuneración por el trabajo. Es una obviedad: el desempleado que no tiene medios para su subsistencia y la de sus dependientes, está dispuesto a trabajar por menos dinero, incluso en economías sumergidas, en trabajos de más riesgo y a aceptar que se le infracualifique.

Aunque se suela argumentar lo contrario, el salario no guarda relación con la productividad -plusvalía real- del individuo, y éste no tiene capacidad para conocer la suya.

Incluso, en ciertos casos flagrantes la falta de relación alcanza niveles estrambóticos: la remuneración con la que se remunera a ciertos altos cargos en muchas empresas e instituciones más bien tiende a recompensar el menosprecio a los intereses generales, o de sus accionistas, con misiones impuestas por minorías de control para obtener mayores beneficios de los que les corresponderían.

La cantidad de trabajo disponible en una sociedad y su distribución por sectores depende, en fin, del nivel de desarrollo tecnológico que haya alcanzado. No es una variable que se pueda estirar como la goma. Viene afectada directamente por los avances técnicos, que provocan a nivel general la sustitución de las ofertas de empleo para los trabajadores demandantes que, de pronto, se pueden encontrar como no cualificados para los nuevos métodos, o descubrir que son despedidos porque su actividad anterior ha podido ser sustituída por la máquina.

En el sector de las nuevas tecnologías, la creación y generación de empleo es particularmente constante, y con efectos dramáticos sobre las relaciones con el capital y el sistema productivo. En absoluto puede pretenderse que el individuo consiga acomodarse con facilidad y, si lo hace, no sin graves traumas, a las nuevas exigencias, por grandes que sean sus deseos de cualificarse y su preparación previa. La capacidad de aprendizaje y adaptación del individuo medio no es muy grande.

Por su parte, en las sociedades menos avanzadas se puede advertir cómo subsiste una demanda mayor de trabajo que no precisa de altas cualificaciones, y que se distribuye, con salarios a menudo mezquinos, entre individuos que aún no han sido sustituídos por las máquinas en el sistema productivo, aunque pudieran serlo, de contarse con la capacidad de inversión adecuada.

En estas sociedades infradesarrolladas tecnológicamente, los salarios mínimos proporcionan lo básico para la subsistencia, al no existir asistencia social, lo imprescindible para que el trabajador no se muera de hambre. Lo que no impide que muchos, desde luego, mueran de inanición o de enfermedades para cuya curación carecen de medios económicos. Esto se tolera, hoy en día, a pesar de las alabanzas al mundo globalizado y a la solidaridad.

En las sociedades más avanzadas económicamente, la mayor cualificación media ha traído efectos particulares, que también se pueden calificar de dramáticos. Y en los que el individuo tiene también poca capacidad de reacción.

Por un lado, el acceso de la mujer al mundo laboral, ha causado una fuerte competencia por los puestos de trabajo -recordemos que la cantidad de trabajo disponible y su distribución por cualificaciones es una constante del sistema económico, en cada momento-, rebajando el salario medio real, en beneficio del capital, que puede elegir entre más demandantes. Se produce también otro efecto nefasto: el incremento del tiempo improductivo.

Por otra parte, los avances tecnológicos han causado una pérdida masiva de funciones que venían a ocupar los individuos con menores cualificaciones, y que, además, cuando subsisten, se pueden acabar considerando como vergonzosos o indignos (abriendo vetas hacia la entrada de la inmigración y el subempleo).

No es posible, en fin, admitir que la hipotética superior cualificación de algunos pocos justifica sus altas remuneraciones. A pesar del oscurantismo en que se intentan mover las cifras de honorarios, salarios y primas compensatorias de los altos ejecutivos, se reconoce que sus ingresos alcanzan cifras que no guardan lógica alguna respecto a las de los escalones técnicamente cualificados.

No hace falta tener mucha imaginación para suponer que se remunera una fidelidad y el ejercicio de salvaguarda de los secretos e intimidades más oscuros de sus grupos y empresas.

Mientras la mayoría de la sociedad civil anda preocupada por resolver las tensiones provocadas por la crisis económica entre el empleo y las prestaciones sociales, buscando pactos y acuerdos cuya naturaleza exacta el individuo de a pié (entre los que nos encontramos, con orgullo) no alcanza a precisar, nos permitimos lanzar la mirada hacia la complejidad de elementos que han configurado una estructura de capital y trabajo.

Una estructura fundamentalmente insolidaria, que permite, a pesar de todas las buenas palabras, sostener como forma axial del sostenimiento familiar la remuneración por el trabajo. El salario viene decidido, no por el mérito o por la eficacia, ni tampoco por los intereses de la sociedad en su conjunto, sino, con señalada frecuencia, por los intereses específicos del capital y las decisiones de sus gestores, bien compensados éstos por su labor de guardianes del secreto.

Las mujeres y los jóvenes se han convertido en elemento de cambio del mercado laboral. Su incorporación favorece, no a las familias, no a la productividad global, sino a la renatabilidad viciosa del sistema capitalista.

Si queremos avanzar tomando medidas efectivas para corregir las malformaciones del sistema, analícese el conjunto de la estructura económico salarial, su reparto por subsistemas productivos, el coste de la asistencia social y cómo afecta a las cualificaciones laborales, y realícese una reflexión seria y completa acerca de lo que deseamos conservar y lo que es necesario apoyar preferentemente en nuestra economía.

El mercado, por sí solo, tampoco funciona en este concreto aspecto. Y los cursos de capacitación en jardinería, peluquería, monitores turísticos o soldadura -por ejemplo- no son más que engañiflas de los que los proponen para quienes los ven como una solución para conseguir un bien imprescindible: un trabajo remunerado.

Sobre los gallegos en sentido natural y peyorativo

La rica y versátil lengua española permite, sin embargo, que algunos vocablos oculten varios significados. Esta economía fonética para un vocabulario tan amplio, tiene diversas razones, que no es cosa de descubrir aquí.

Una misma voz sirve, por ejemplo, para definir algo, como sustantivo, y, en otras ocasiones, para calificar, como adjetivo. Especialmente curriosas son aquellas palabras que, además de caracterizar, como patronímico, a los habitantes de un lugar, pueden ser utilizadas por otros e incluso por ellos mismos, en un determinado contexto, para incorporar otros significados, positivos o negativos.

Este es el caso de "gallego". Sirve, desde luego, para designar a los habitantes de Galicia, secularmente olvidada región del noroeste español, tierra que, como todos los espacios de cierta dimensión, ha producido momentos históricos memorables, caudillos, ricos (poquísimos), pobres, listos, normales (la mayoría) y otros algo menos dotados intelectualmente.

Entre los vivos nacidos en Galicia se encuentra Mariano Rajoy, actual presidente del Partido Popular. Rosa Díez, cuando el periodista Gabilondo le pidió, en un programa en directo, realizado a finales de febrero de 2010, que definiese a Rajoy con una sola palabra, lo caracterizó como "gallego", sin más, dejando abiertas al oyente todas las posibles interpretaciones, pero, como el líder del PP es gallego natural, nadie se molestaría en encontrarle otras.

El vocablo "gallego", mientras la Real Academia no borre para siempre esa acepción -la quinta, lo que hará en la versión de 2013-, tiene también, entre las otras, el significado de "tonto, falto de entendimiento o razón".

No es este el significado más frecuente, con el que se usa "gallego" en el lenguaje coloquial (además de su utilización, la más habitual, para referirse a los nacidos en Galicia).

Cuando se dice a alguien "no seas gallego" o de alguien "parece gallego", la referencia subliminal, lo es a la sospecha de que alguien no se define, porque no quiere, no precisa porque no le da la gana, oculta su verdadera posición, en medio de una hojarasca de palabras, porque no le apetece enseñar la gaita en ese momento, se va por peteneras adrede, huye a los cerros de Ubeda para que no le retraten ni le pillen.

Tampoco es que sea mala cosa, ser, así, gallego. Al fin y al cabo, es el resultado depurado de la prudencia imprescindible desarrollada como defensa por quienes han recibido muchos palos por enseñar sus sentimientos y devociones. Con los costillares magullados por la Historia grande y la pequeña, prefieren, por si acaso, que no se sepa exactamente de qué lado, si van o vienen, si suben o bajan de la escalera. Que el otro mueva ficha, para ver cómo respira, el primero.

En fin, para Rosa Díez, cántabra euskadizada, presidente/a de un partido emergente, José Luis Rodríguez Zapatero, presidente de Gobierno español, es un "gallego, en el sentido más peyorativo del término". Que debe ser la acepción quinta.

Si lo que se pretendía por Rosa Díez era hacer alarde de conocimiento del lenguaje, además de quedar demostrado que a la presidente de UPyD no le sobra prudencia cuando se expresa para el público, cabría hacer la observación crítica de que el leonés Zapatero tendrá sus defectos pero, caramba, tampoco es para tanto.

No ya hasta 2013, sino incluso aunque no se vaya más allá de 2012, año en el que se celebrarán las elecciones generales.

(Por cierto, Zapatero, podría ser caracterizado con menos polémica, dentro de la simpleza que implica poner un solo epíteto a un complejo argumental, como "cazurro". Aunque bastante gente cree que significa ser leonés -o sea, de León-, lo que significa oficialmente, en la acepción primera de la RAE es "malicioso, reservado y de pocas palabras", ya que cazurro y leonés no son sinónimos, al menos, para los que se sientan en los sillones de la Academia.

Esperamos, también, con algo de intriga, qué palabra utilizarán para definirla a ella sus contrarios políticos... con lo imaginativa que es toda esa basca: ¿cantabrona?.)

Sobre Políticas energéticas

Políticas energéticas es el título de un "pequeño libro" -así lo adjetiva su prologuista, Carlos Martínez Gorriarán, vipresidente de la Fundación Progreso y Democracia (UPyD)- que fue presentado en sociedad (la matritense), el 25 de febrero de 2010. Lo fue en el salón de Actos de Unesa, ante un público de unas 50 personas.

No lo calificaríamos de "librito", sino de una propuesta energética para España, con un horizonte de largo plazo (contempla el período 2010-2045), que supone, aunque no haya tenido en ese acto el apoyo expreso de la cúpula visible del partido (Rosa Díez), una toma de postura concreta acerca del mix energético que debe ser del gusto de la emergente fuerza política, con vocación de ser charnela entre los grandes, que es UPyD.

Los ejes de la propuesta son muy claros: apoyo a la energía nuclear de fisión y a la energía eólica, con abandono acelerado de la producción de carbón nacional. Las centrales de ciclo combinado, que se mantienen, se alimentarían con carbón de importación, y se confía limitadamente en las opciones de producción hidroeléctrica, a pesar de que 2010 haya comenzado con tanto brío lluvioso.

Las líneas maestras de la propuesta energética presentadas están, en realidad, como se hizo notar en el coloquio, limitadas a la producción de energía primaria con destino a la generación de electricidad. Alfonso Sopeña, director de la Comisión de Medioambiente y Energía del partido político así lo admitió, remitiendo al título del primer capítulo del libro, que precisa el alcance del análisis.

A nosotros nos parece muy aceptable la propuesta como primera reflexión para intentar centrar técnicamente la complejidad del debate y  deshacer algunas de las falsedades o errores que se han introducido en el mismo. En ese sentido, nos remitimos a un comentario posterior en el que destacaremos algunas de las ideas que compartimos especialmente.

Sin embargo, la publicación nos pareció prematura e insuficiente como modelo de "política energética". Desde luego, resulta sorprendente que el primer documento de propuesta estratégica de UPyD haya obtenido un apoyo tan frío del partido y de su cúpula. (Ha habido una publicación anterior, sobre las Jornadas que se tuvieron en Llanes, bajo el epígrafe de "Un modelo de organización para España",cuyo muñidor suponemos sería Fracisco "Paco" Sosa Wagner).

El planteamiento realizado resulta también algo desigual, sesgado hacia detalles del tema nuclear o con capítulos a los que no se trata con la profundidad esperada (caso de la energía eólica marina). Se puede adivinar que esto es consecuencia de que, entre quienes lo desarrollaron, se contó con el mayor peso técnico de Jesús Gómez de Santa María, experto nuclear, presente en la mesa. También impuso sus criterios, por supuesto, el propio Sopeña, geólogo, escéptico respecto a la captación y almacenaje del CO2 e ilusionado con las perspectivas de desarrollo de la energía eólica marina. Esta debe ser la razón por la que pusieron más carne en el asador de lo que conocían o creían conocer mejor.

Con el libro, que ayer se vendía a 12 euros, el debate pierde, lamentablemente, una oportunidad para UPyD, por la importancia pública que se da a la letra impresa. Es la oportunidad de tratar y trasladar ya analizadas, al hilo de la propuesta de mix energético,  lo que más interesa a los votantes: los efectos sobre el empleo y la economía real.

Apoyado todo ello, como pretende UPyD en su propaganda, con cifras, datos y análisis técnicos. Por eso hay que extremar el cuidado de evitar documentos que puedan ser confundidos con ejercicios académicos de fin de semestre.

 

 

Sobre los encuentros entre técnicos y políticos

La técnica está desprestigiada en España, y muy especialmente, desde la democracia. A los partidos políticos mayoritarios -PP y PSOE- no les gustan los técnicos.

Los técnicos que no les sean afines, queremos decir.Las razones de este desencuentro no han sido, según creemos, analizadas hasta ahora.

En nuestra opinión, la desconfianza de los políticos hacia los técnicos proviene de la incomprensión del valor de la opinión profesional y de las consecuencias prácticas de la aplicación del concepto del estado del arte (lex artis) cuando se recurre a uno o varios especialistas independientes, o a un colectivo profesional no comprometido ideológicamente (nuevamente, aclaramos: con la opinión dominante del partido) para que emitan su opinión sobre un tema del que tienen, pónganse como se ponga el mandatario político, competencia técnica.

Porque parece que se interpreta que la opinión técnica ha de ser única, ignorando que los técnicos, y especialmente si actúan colectivamente, buscan soluciones a los problemas, y no pretenden presentar problemas a las soluciones, si son correctas técnicamente.

Recientemente, el PSOE ha lanzado un mensaje demoledor a la población en su conjunto, -aunque acogido con especial devoción por sus votantes más incultos-, respecto a lo que opina de los técnicos. No son gente de fiar.

El buco emisario que soportó esta gravísima lanzada en el corazón de la credibilidad técnica fue la Comisión Nacional de Seguridad, que emitió un informe inequívoco sobre la central de Garoña, a petición del propio Gobierno, en el que, con argumentos de la máxima seriedad y nivel técninos, proponía prolongar el período de funcionamiento, por encontrarse dentro de la vida útil y tener todas las garantías de seguridad. 

El Gobierno hizo caso omiso de este dictamen, y, después de haber caldeado el ambiente mediático, decidió cerrarla, sin ningún argumento técnico, obviamente, sino, simplemente "en cumplimiento de su programa electoral".

Ah, pero, en lugar de poner en práctica su decisión de inmediato, Garoña se mantendrá en funcionamiento un par de años más, porque... es segura (y la necesitamos). Desde luego que la necesitamos, pero será algo menos segura -aunque estamos convencidos que suficientemente segura, dado el nivel técnico y la seriedad de sus responsables- porque la decisión de cerrar centrales nucleares nos hace perder nivel en formación y tecnología nuclear,

El PP va por otro camino. Está a favor de la energía nuclear, porque basta que el otro partido mayoritario se postule claramente en una dirección para posicionarse en la contraria.

Lo que falta es convicción en el mensaje. Por eso, sus representantes en los territorios, que tienen que defender sus votos, se muestran incoherentes con la postura oficial del partido. Por ello, cuando se trata de postularse para ser candidato a la ubicación de un Almacén Temporal de Combustible Nuclear Gastado, los responsables de las administraciones directamente afectadas, pasan a defender la posición nimby (no me lo pongas aquí, porfa).

El ambiente, convertido en cuestión electoral, ha pasado a ser manipulado a diestra y siniestra. Es un recurso, un recurso político. La energía, como el agua, son cuestiones que forman hoy parte de la opinión pública de manera natural. Todo el mundo tiene opinión acerca de la energía nuclear, la solar, la eólica, los trasvases, las desaladoras, los pantanos. No hay acuerdo, no hay consenso, todos hablan como fakires pero se comportan como epulones.

Y no puede haber acuerdo, porque el caldo de cultivo es el desorden técnico. El grave problema que arrastran los dos partidos mayoritarios es haber lanzado a la opinión general, tardíamente, y como si fueran temas que tuviesen una inequívoca solución técnica, lo que ya estaba condicionado por la evolución histórica, económica y tecnológica de España, minúsculo agente en el panorama internacional, del que es altodependiente.

Porque, pongamos por ejemplo, Marruecos o Ghana, si pueden lanzar el debate (el primero ya no tanto, por cierto) a su población por si prefieren centrales nucleares, placas solares, esperar al viento o abanicarse al sol.

Pero en España, con 9 centrales nucleares en perfecto funcionamiento, responsables del 20% de la producción de energía primaria, abrir el debate de lo que se prefiere para obtener la energía primaria a la que se está acostumbrado, es falsearlo extemporáneamente. No tenemos alternativa sin afectar decisivamente a nuestro estado de bienestar.

Con el agua pasa algo parecido. Bienvenidos sean pantanos franquistas, desaladoras en la costa y trasvases, si con ellos se crea riqueza y mantienen los puestos de trabajo. Por supuesto, podemos abrir el debate acerca del interés de proteger la avutarda o el pato azulón, pero no de forma aislada, sino introduciéndolo dentro del contexto de lo que cuesta su protección en sacrificio de bienestar. No como una actuación nimby, sino solidaria.

Hay dos partidos del espectro político que tienen, en el tema ambiental, una posición coherente. Son Izquierda Unida y la UPyD. Por razones y con consecuencias, muy diferentes

Los primeros han caído presos de las posiciones ecologistas más radicales. Se fundamentan con opiniones técnicas, razonables, desde luego (en su contexto irreal), pero minoritarias e inconsistentes con el modelo de desarrollo económico del que todos disfrutamos y al que la inmensa mayoría no quiere abandonar.  Lo más grave es que no tienen mucho que ver con la izquierda, porque lo verde y la lucha de clases no son conceptos acordes.

Por eso, los herederos del marxismo español andan perdidos. Defienden el no a todo lo que toca el ambiente. No a la energía nuclear y el no a los trasvases y a las desaladoras en la costa, junto al pleno empleo, la igualdad social, el no a la guerra, el ahorro energético, la energía solar y eólica (lejos de casa), etc. La vuelta a las cavernas.

UPyD representa en este momento la coherencia de los políticos con los técnicos. Una coherencia que tiene sus raíces, simplemente, en que los técnicos pueden tener opinión personal, pero sus ideas profesionales tienen un escaso valor político. Porque un buen técnico, cuando se le pide que lleve a cabo una decisión política, pondrá lo mejor de sí para hacerla real. Pero un buen técnico no tiene opinión de valor político sobre los grandes temas ambientales.

Libres de compromisos ideológicos previos, su discurso tiene, en el tema ambiental, la racionalidad que han perdido los partidos tradicionales. Hacerlo todo lo mejor posible, sin olvidar que no todo lo posible es oportunamente factible.

Resulta por ello que haber llegado el último tiene una gran ventaja, desde el punto de vista del nivel técnico y la inteligibilidad de lo expresado.

La lógica de UPyD tiene un gran encanto técnico, al no estar contaminada por la política. Necesitamos la energía nuclear, es segura y debemos seguir trabajando porque se mantenga así y aún se mejore; bienvenido sea el mix energético, porque hay que abaratar nuestra producción y ayudar a la industria; habrá sitios en los que sean necesarias desaladoras y en otros será imprescindible llevar agua del trasvase, dentro del marco de lo racional y del progreso; no introduzcamos al debate político lo que no es realizable económicamente ni coherente con lo que podemos hacer, etc.

Qué cosas. Nos han puesto en bandeja a los profesionales decidir dónde queremos estar políticamente.