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Al Socaire de El blog de Angel Arias

Sobre la preparación para la vejez

Las formas de entrada en la vejez son dos: la más común, a partir de una edad determinada, que suele fijarse en la de jubilación legal. La más dolorosa, cuando los demás empiezan a atribuir al sujeto pérdida de facultades que hasta entonces había tratado de ocultar o disimular.

En todo caso, la vejez configura una situación de deterioro irreversible. Puede ser mayor o menor, pero supone -o se supone- que el anciano desea y, por tanto, necesita, menos cosas, y, en general, su capacidad para proporcionárselas por sí mismo, puede verse muy disminuida.

Es frecuente que los maduros, sobre todo, cuando se reunen unos cuantos, acaben reconociendo en algún momento de la cháchara que hay que prepararse para la vejez, y cuenten casos gloriosos de quienes aparentemente han conseguido el éxito en ese propósito.

Son, casi sistemáticamente, gentes de las llamadas con pudientes, que han concentrado sus propiedades en un piso cómodo, cerca de un hospital bien dotado, o se han acogido a una de las cada vez más abundantes opciones de centros geriátricos que ofrecen el oro y el moro, incluidos campos de golf, asesoría espiritual y baño individual con acceso lateral.

No está mal, pero lo que sería especialmente atractivo es que se ofrecieran lugares en donde a los ancianos se les diera afecto, cariño, se les manifestara aprecio. Sin que tuvieran que comprarlo. Todos necesitamos aprecio, a cualquier edad de la vida, pero, muy en particular, cuando no tenemos ya las facultades para ir a buscarlo, para provocarlo, para atraer la atención del otro hacia nosotros.

Los hijos o sobrinos de los ancianos abandonados a su suerte se sorprenden de que el difunto y querido familiar haya dejado una parte de su fortuna, increiblemente para ellos, al cuidador o cuidadora de sus últimos años. Un desconocido que se encargó de pasear a la abuelita en silla de ruedas, le limpió las cacas y pises, le dió conversación en los ratos en que lo permitió el Alzheimer o la demencia senil y el poseedor de la voz que respondía al teléfono cuando se le preguntaba si todo iba bien con el vejete.

Se puede confiar en el azar, y creer que no nos tocará acabar los días desde un golpe de invalidez, física, mental o ambas. Podemos ilusionarnos suponiendo para nosotros un envidiable viaje final, rodeado de afectos, en la cama; acaso en un brusco tránsito, deseable, en un último sueño con el que pretendíamos reparar un día de normal lucidez: morirse de repente.

Pero lo normal no será eso. Y será conveniente prepararse para: a) el día en que no puedas subir ni dos escaleras seguidas ni levantar el pie para meterlo en la bañera; b) las largas semanas en que nadie te llame ni se preocupe por tí; c) el momento en el que no sepas calcular si la pensión o los ahorros serán lo bastante importantes para cubrir los gastos del próximo mes; d) la hora en que no te apetezca levantarte de la cama porque no hay absolutamente nada que te atraiga; e) el minuto en el que te preguntes si el culpable de que a nadie le importe un bledo lo que suceda contigo eres tú.

La preparación para ese momento tiene una componente personal, intransferible. Lo que no impide considerar que la sociedad debe analizar las vías colectivas para que, en lugar de considerarlo una ruptura, la ancianidad sea vista como una prolongación natural de la madurez, un cierre de ciclo que retorna a cada individuo al misterio aún indescifrado de desaparecer subsumido en el magma difuso de lo que fue.

 

Sobre la exhibición excéntrica de la diferencia

La tolerancia arrastra sus servidumbres, implica ciertos sacrificios en beneficio de la tranquilidad y de alcanzar mayor satisfacción -individual y colectiva- , pero tiene sus límites. Si el que ejerce de tolerancia no los tiene claros y no consigue imponer su respeto al beneficiado por ella, es posible que acabe sucumbiendo ante las exigencias del que la disfruta.

Porque existe el riesgo de que, encoraginado hacia el fundamentalismo, sin alcanzar a ver que la tolerancia que se le ha otorgado respecto a sus comportamientos es un acto graciable del otro, lo entienda como un su derecho. Sin atender a ninguna correspondencia, el tolerado en sus manifestaciones, puede, excitado por el placer de exhibir su razón, alardear de lo exótico, y, a la postre,  exigir que se le de lo que antes se le regalaba. Hasta puede sentirse apoyado en la confusión por quienes creen que, sí, que le asiste el derecho de hacer lo que le plazca, pues ningún daño individual causa, y el que no quiera verlo así, que vaya o mire a otro lado.

Nuestra sociedad aborregada confunde muchos términos y, entre ellos, libertad y tolerancia. Inútil será repetir que la libertad individual termina allí donde se encuentra con la libertad de los demás, porque lo entiende muy poca gente. Por cierto, casi todos ellos, gente mayor, educadas en otro contexto, en donde, en España al menos, se dice que no se disfrutaba de libertad. Gente que es también cuidadosa con los símbolos, con la exhibición excéntrica de la diferencia.

Ejemplos de lo contrario, se encuentran a miles. Jóvenes que se sientan en el suelo de los vagones del metro, que organizan botellones en jardines y patios, públicos o privados, sin importarles lo que les digan los afectados; bocinazos y exabruptos para quien lucha unos segundos contra el motor o el embrague de su automóvil, repentinamente díscolos; desperdicios del picnic, abandonados en el campo; neumáticos, lavadoras, televisiones, tirados por barrancos, junto a los ríos, en cualquier sitio.

La exhibición del desprecio a los demás puede también ser detectado en la manifestación excéntrica de nuestra diferencia. ¿Por qué algunos homosexuales, por ejemplo, han de exhibir en la calle sus cuerpos en camiseta o marcando paquete o, igualmente sin que entendamos por qué, en otros casos, adelgazan su voz, o exageran sus gestos, imitando no se sabe qué comportamientos?  

Y en el terreno de los símbolos religiosos, ¿qué está manifestando, en realidad, el que, siendo minoría, exhibe inequívocamente el sentido de sus creencias, incluso de sus fundamentalismos? ¿No está, buscando los límites a nuestra tolerancia, a la de los que no piensan como él?

Tener la cabeza cubierta o descubierta como símbolo religioso responde a un arcaico convencionalismo sin sentido moderno. Incluso puede ser visto, como una falta de higiene. Desde luego, a nadie en su sano juicio, se le ocurrirá hoy que ver el cabello de la mujer excita la concupiscencia de nadie. No significa ni recato, ni respeto, ni nada que pueda asumirse coherentemente.

Es un símbolo, como llevar la insignia de un equipo de fútbol, una cruz (gamada o no), unas zapatillas levys o dejar que se asomen las bragas o el calzoncillo por el pantalón. Pero cuidado. Hay símbolos que son provocadores, porque evidencian la voluntad de falta de correspondencia con los principios colectivamente admitidos. Llevar un símbolo nazi es visto en nuestra sociedad como una provocación, porque hemos abominado oficialmente de lo realizado por aquel régimen nefasto.

Quienes hemos analizado el contenido de muchos libros reputados sagrados, nos reafirmamos en el respeto a las creencias de los demás, pero defendemos la necesidad de que cada uno encuentre su camino desde la libertad, sin imposiciones ni sin tener que defender su tolerancia contra exhibiciones excéntricas de la diferencia. Allí donde fueres, haz lo que vieres. Si no lo haces, no apeles a tu derecho, sino que debes recordar que estás utilizando de su tolerancia.

Sobre cenas donde el menú somos todos

Los papás que envían a sus hijos a estudiar en las escuelas de negocios han oído campanas, pero quízá no todos los repiques adecuados.

Porque, por supuesto, no se trata de seguir cualquier cursillo que te adjudique un MBA de baratillo. Ni siquiera basta haberse graduado en finanzas en la Universidad de Nueva York y tener un master por Hardvard. Hay que seguir perfeccionando el currículum con trabajos en varias empresas que se dediquen a hacer cosas raras con el dinero: Boston Consulting Group, Bear Sterns. Gruss Partners, Goldman Sachs, Lehman Brothers y demás especialistas en sacar rendimiento a las carteras de los grandes inversores, esos que mueven los hilos del mundo.

No serás nunca inmensamente rico, pero manejarás mucho dinero y podrás tomar decisiones importantes. Y, de vez en cuando, como parte de tu trabajo, te reunirás a cenar con otros gestores de grandes fortunas, compañeros o rivales en algún master, para, estimulada la imaginación por un poco de champán y la agradable sensación de crear en grupo sin barreras formales, aplicar los juegos de estrategia aprendidos en las aulas al mundo real.

Habrá quien se eche las manos a la cabeza al enterarse que los gestores de las carteras de hedge funds de los más ricos del mundo, entre los que se cuentan George Soros, John Paulson y Steven Cohen, fueron descubiertos cenando en el Townhouse, hace unas semanas, en una idea dinner, al parecer, para conspirar sobre cómo hundir el euro y sacar tajada de los mordiscos a las economías más débiles de la Unión Europea.

Tomaron un acuerdo tremendamente imaginativo: difundir que algunos países de esa coalición de empresarios que disponía de una moneda única, llamada euro, con la que daba gusto jugar a la especulación desde el dólar, entrarían en suspensión de pagos, manejando a la perfección un mecanismo perverso que se habían inventado que era el de los índices de solvencia.

Para apalancar la idea-fuerza, se confabularon para elevar el precio del dinero a cuantos acudieran a sus ventanillas en busca de liquidez para atender a los vencimientos de los préstamos pendientes.

El descubrimiento del complot ha hecho saltar los gritos de aviso de los gestores de los fondos públicos de la lejana Europa, es decir, de los presidentes de los países del núcleo duro de la Unión Europea, que también se reúnen a cenar de vez en cuando, pero no tienen, lamentablemente, -sus papás no han podido pagárselos- el mismo bagaje intelectual y formal, aunque no les faltan redaños.

En la cena convocada de urgencia para decidir qué se podía hacer ante el ataque, reinó cierto alboroto, y quienes más gritaron, por supuesto, fueron los más débiles de la manada de piezas de caza, preocupados de que se produjera una estampida y se quedaran con los culetes expuestos de sus economías.

Para su consuelo, no se ha producido tal estampida, y los países de la Unión se están comportando como hemos leído que hacen los caballos cuando sufren el ataque de los lobos, que se concentran en círculo para dar coces a quien se atreva a tocar a uno solo de la recua. La foto de la operación de defensa ha resultado muy bonita, si bien, observándola con mayor aumento, se advierte que por algunas patas corren líquidos malolientes.

Entretanto, los brillantes alumnos de las escuelas de negocios norteamericanas siguen planificando cenas, en las que, junto al pollo al limón y el filet mignon, en el menú potencial entramos todos. En su exquisito programa, como en toda operación de caza bien organizada, los depredadores simulan perseguir una pieza, pero, en realidad, aspiran a zamparse otra, esperando, agazapados, que se ponga al alcance de sus garras.

(Nota: Agradecemos a XLSemanal la idea base para confeccionar este Comentario, y discrepamos, desde nuestra modesta posición, de la opinión del premio Nobel Joseph Stiglitz que juzga legal, aunque tal vez éticamente reprochable, el comportamiento de los magos de las finanzas que son coprotagonistas de la historia: ni ético, ni legal. Otra cosa es que alcance su castigo.)

 

Sobre el Defensor de lo Razonable

¿Estamos proponiendo un cargo más? ¿No nos basta con Defensores del Pueblo, del Cliente, del Lector, Síndics de Greuges, Ombudsmanes y demás parafernalia protectora de los derechos vapuleados de ese ciudadano gris al que, si no existieran, nadie escucharía?

Pues, sí. La propuesta no tiene nada que ver con las instituciones disponibles. En realidad, es imposible que la institución de Defensor de lo Razonable la pueda ocupar una sola persona, porque responde, genuinamente, al concepto de detentador del sentido común. Una esencia que se atribuía a la colectividad, a la mayoría, y que parece haberse perdido.

Se hace imprescindible recuperar la forma razonable de pensar, de argumentar, de decidir. O lo conseguimos, o acabaremos hundidos en la confusión de democracias, libertades, tolerancias, alianzas de civilizaciones y todo ese bagaje incompatible de comprensiones aduladoras, superficiales o estúpidamente rendidas respecto a cuanto hace el de enfrente, sea lo que fuere, guíele cualquier interés, con tal de que vocifere y adquiera puesto en la cancha pública, sin importar si actúa por ganar dinero o notoriedad, igual si le impulsa la Asociación de víctimas de la violencia de género, los Amigos del Jaleo, un tomatochóu o la Cocacola.

No se trata, en efecto, de crear una institución que defienda el respeto a los derechos y libertades establecidas en el Título Primero de nuestra Constitución (ni en cualquier otra). Lo que necesitamos es poner bajo los focos de la actuación colectiva el criterio de quienes, por encima de normas, credos, tendencias e intereses, señalen lo que resulta razonable.

Lo que haríamos si no tuviéramos ninguna ley escrita. Lo que diría Dios, si le apeteciera volver a quemar unas zarzas, a nuestros nuevos Abraham y Moisés. Lo que nos han venido indicando, despojados sus cuentos de los adornos del escriba, profetas, rabinos, curas, hafizes, santones, bienvanturados, pero también, filósofos, librepensadores, historiadores, estudiosos, poetas.

Aún más preciso: lo que han dicho, generación tras generación, que convenía hacer por ser lo más razonable, los consejos de ancianos de la tribu, los patriarcas, los abuelos, ... lo que alguien trató de introducir, como concepto jurídico (ay!) indeterminado, como manual de urgencia para muy despistados... actuar como un buen padre de familia...

En las Constituciones cabemos todos...los razonables. Y ser razonable no es un atributo a priori, porque no se detenta individualmente, sino que es la esencia del colectivo, que destilan, como preciado néctar, los pensadores independientes, los sensatos al margen de los vaivenes de la política y del mercado, los ancianos de la tribu, que por haber vivido muchas vicisitudes, tienen claro el método, no por la teoría, sino por la praxis.

Podemos imaginarnos ejemplos de actuación del defensor de lo razonable en relación con el actual momento, de tan desorientado cariz, que vive España; tal vez, sí, incluso, todo el mundo.

El defensor de lo razonable aconsejaría que la judicatura penal se concentrara en perseguir delincuentes (con prioridad a los que más daño hacen respecto a los rateros) antes que dedicar esfuerzos a acuchillarse entre los jueces. No dudaría en expresar la manipulación que se pretende del Tribunal Constitucional si se le pida que decida sobre Estatutos claramente anticonstitucionales, pero que ya vienen avalados por anómalos referendos regionales que, dirigidos desde la confusión, apoyan la ruptura de la unidad de un Estado regido por un gobierno débil.

Aconsejaría no airear como muestra de intolerancia la lógica prohibición de que los educandos precisamente en la tolerancia acudan a las clases cubiertos con velos, gorras y gorretes (sin que les sirva de nada apelar a conceptos religiosos de estructura racionalmente estrafalaria y sexista).

El defensor de lo razonable indicaría que se considerara como objetivo prioritario de una colectividad el pleno empleo, para alcanzar la máxima productividad, y que, por ello, se detectaran todas las necesidades de realizar tarea y se distribuyeran entre los ciudadanos, controlando que la falta de información y las ineficiencias del sistema favorecieran la acumulación intolerable de riquezas en unas manos y se empobreciera a otras.

El defensor de lo razonable...

Sobre la acumulación de cargos

En una situación en la que muchos buscan desesperadamente empleo, otros acumulan cargos y más cargos. Al mismo tiempo en que miles de jóvenes, con sus flamantes títulos bajo el brazo, se postulan de acá para allá en entrevistas francodirigidas, tratanto de conseguir que se les contrate por primera vez, hay septugenarios e incluso octogenarios que ocupan puestos de postín, incapaces de ceder los trastos de mandar a sus hijos o nietos o, lo que aún resulta más extrambótico, elegidos como candidatos idóneos para desempeñar ciertas funciones públicas.

En fin, cuando muchas familias carecen de los mínimos ingresos para garantizar su subsistencia y, no pocas de entre ellas, han agotado ya hace tiempo las prestaciones sociales por desempleo, muchos prejubilados y jubilados llevan desde sus cuarenta años disfrutando de una pensión estupenda que, además, les ha permitido dedicarse a alimentar sus aficiones o flotar en la economía sumergida con nuevas ambiciones y tareas.

La historia de la efectividad de los recursos humanos disponibles se escribe con muchas líneas torcidas y con tintas entrampadas. Por supuesto, estamos a favor de que todo el mundo encuentre el lugar adecuado a su formación, inteligencia y capacidades en el escenario económico. Pero no podemos estar de acuerdo con la concentración de cometidos sustanciales para la sociedad en algunos pocos -que no es cuestión de su eficacia, sino manifestación del poder que poseen ellos y su entorno-, y máxime, si estos cometidos tienen una importante repercusión social y, ya no digamos, si se les está pagando con dineros públicos.

Necesitamos gente capaz en los sitios más difíciles, que actúe sin ataduras comprometedoras y que se entregue a su trabajo con toda la capacidad posible. Nos preocupa que, por presión de los grupos de control y poder de la sociedad, desconfiados de los talentos, se recurra a las sotas, caballos y reyes de los fieles al sistema.

Isidre Fainé, nuevo presidente de la Confederación de Cajas de Ahorro españolas -desde el 20 de abril de 2010- es, sin duda, un profesional competente. Como Emilio Botín, Albert Oliart, Marcelino Oreja, Ricard Fornesa, Amancio Ortega... Podemos poner cientos de nombres. Mírese la foto de consejos de administración, patronatos de fundaciones, juntas de colegios profesionales, academias.

Casi todos los venerables que se sientan en esos lugares de decisión, obviamente por lo general bien remunerados, tienen en común el ser bastante mayores -nacidos en los años 30 del pasado siglo, e incluso antes- y acumular, al día de hoy, múltiples cargos relevantes. Algunos, desde siempre, casi desde que eran niños. Unos pocos, gestores de sus propios negocios; otros, crecidos en la administración de los negocios de terceros.

Ante la exhibición de sus currícula plagados de referencias y cometidos de complejidad tal que hubieran hecho dudar, antes de asumir uno solo de entre ellos, a cualquiera en su normal juicio, por capaz que se le pudiera considerar, cabe preguntarse de qué madera están hechos estos titanes, en dónde encuentran su tiempo, su fuerza, sus ganas. Qué es lo que hacen, en realidad.

Nos gustaría mirar por los entresijos de su existencia y, con los ojos iluminados por la claridad, adentrarnos en el misterio de lo que se mueve detrás de tanta actividad aparente, de ese cúmulo de elogios desmedidos, de la inmensa capacidad de liderazgo que se les atribuye. A estos preclaros titanes de la humanidad, de los que nuestra Historia reciente nos obsequia a millares, les preguntaríamos, mirándoles a los ojos, con la fuerza penetrante de lo coherente: Tú, ¿De qué vas?. O mejor aún, ¿Sabes a dónde te llevan? ¿Has olvidado, acaso, de dónde vienes?

Sobre las mentiras piadosas y las desvergonzadas

Para situar al lector, respecto a la metodología para la clasificación no académica de las mentiras que emplearemos en este comentario, válgale que una mentira piadosa es, por ejemplo, la que difunde que existe una recompensa a las buenas obras, más allá de la muerte (cuestión que no ha sido comprobada jamás, a pesar de las decenas de miles de años de existencia de una especie de hombres erectos, algunos de cuyos ejemplares deberían ser escarmentados algún día por su utilización de los demás en beneficio propio).

Una mentira desvergonzada sería la de quien pretende que una forma segura de ganar méritos eternos es otorgar dádivas terrenas a los administradores de la mentira piadosa.

No queremos, sin embargo, restringir el ámbito de las mentiras piadosas y desvergonzadas a la metafísica, pues la realidad cotidiana nos da múltiples ejemplos de unas y otras. Resulta ser mentira piadosa la de quien, para salvar su pellejo de ir a la cárcel, afirma que el dinero que se le ha descubierto en sus cuentas corrientes y molientes, proviene de ocultaciones al Fisco de las rentas de un edificio recibido en herencia y, en cambio, pasa a ser desvergonzada si pretende que no se enteraba de lo que hacía su santa esposa trajinando con la pasta gansa de sus gananciales, porque él estaba ocupado en administrar bien los dineros públicos.

Resulta ser mentira piadosa la de quien afirma que el descalabro financiero mundial no va a afectarnos apenas porque tenemos el mejor sistema bancario concebible y es mentira desvergonzada expresar que apoyamos que la economía griega no se vaya al garete con un préstamo de 3.600 Millones de euros -de un total de 30.000 aportados por el conjunto de la Unión Europea-, no porque nos asuste lo que pueda pasar con la nuestra a corto plazo, sino por pura solidaridad europea y porque no lo necesitamos para otras cosas, porque estamos saliendo de la crisis.

La mayor parte de las mentiras que pululan por ahí son desvergonzadas. El deseo de tomar al interlocutor por tonto ha llevado a la multiplicación de la desfachatez. La paradoja es que, si el destinatario de la mentira desvergonzada no replica, pasa a ser tomado por tonto esférico por el mentiroso, y la autoestima del que es bombardeado con cuentos infumables baja cada vez más. 

No confundamos la educación con soportar la inventiva chabacana con una sonrisa. Exijamos inteligencia al mentirosos. Proponemos llevar una bocina siempre a mano -bueno, en el bolsillo- y cuando se nos intente hacer comulgar con las ruedas de molino de una mentira desvergonzada, le avisemos de que no nos la ha colado, con un sonoro bocinazo.

Claro que el inconveniente es que el estruendo que se organizará será mayúsculo. Pero como las ciudades españolas tienen ya tanto ruido incontrolado, el mal quizá no sea tan grave y, pensando en positivo, nos divertiremos, hasta que se alcance la proporción que creamos soportable de mentiras piadosas respecto a las desvergonzadas.

Sobre los Protocolos

¿Se han fijado Vd. que quienes más protestan y chillan en caso de que se vean obligados a cambiar sus planes de viaje suelen ser quienes se encuentran de vacaciones, es decir, no tienen nada importante que hacer?

En este año bastante denso ya en catástrofes naturales, la erupción de un volcán en Islandia (al que alguien puso en nombre impronunciable de Eyjafjalla) ha puesto el acento sobre la masiva cancelación de vuelos, como consecuencia, según se dice, de una nube de ceniza y polvo que se extiende, como un jinete de la Apocalipsis -aunque sin causar, por fortuna, más que confusión y no muertes- sobre Europa.

Como medida de precaución, y siguiendo un Protocolo de actuación de 1983 -después de la erupción del volcán Galunggung, en 1982,  situado a 180 kilómetros de Jakarta (Indonesia), que causó un centenar de muertos y estuvo a punto de provocar un accidente en un Boeing 747 de British Airways- , las autoridades aéreas de los diferentes países que se iban sucesivamente viendo afectados por esa capa de ceniza casi impalpable, han ordenado la suspensión de vuelos.

Miles, centenares de miles de viajeros han colapsado las salas de espera de los aeropuertos afectados. La primera medida surgió del Reino Unido -se apunta al Centro Asesor sobre Cenizas Volcánicas, VAAC (lo que no inventen los británicos...)-, colectividad enzarzada en período electoral, y ha sido adoptada, sucesiva y disciplinadamente, por todos los Gobiernos europeos, para creciente desesperación de las compañía aéreas y de los pasajeros que se encuentran sin conexiones en aeropuertos de tránsito en los que pensaban pasar solo una o dos horas.

Se dice que cada día de suspensión aérea costará  entre 150 y 180 millones de euros a las empresas de transporte aéreo y nisesabe (pero mucho más) en daños colaterales, a las economías europeas (¿Un 1% del pib?).

No se sabe aún, el 19 de abril de 2010, cuántos días más durará la situación que ha transtornado las comunicaciones de los principales aeropuertos europeos. Serán cientos de miles los ciudadanos que no han podido incorporarse hoy a sus trabajos, otros tantos o más, los que no han podido volver o empezar sus vacaciones. Algunos, han tenido que hcer importantes desembolsos para no perderse una sustancial reunión de negocio.

Entre las medidas de urgencia más comentadas, el equipo del Barça se ha tenido que desplazar a Milán, en donde el martes juega un partido de la Copa de Europa, en autobús. Al menos, habrá algo de circo.

Hemos escuchado a José Blanco, Ministro de Transportes español y a Diego López Garrido, secretario de Estado para Asuntos Europeos, explicar que se está cumpliendo el Protocolo, para garantizar la seguridad área. Bendito sea Dios que aquí hay un Protocolo, aunque sea del año la pera. Cuando hubo que tomar decisiones respecto a un buque que amenazaba partirse en dos en el océano Atlántico, no había Protocolo y hubo que improvisar, recurriendo a los expertos y al sentido común. Y aún se está en juicios para dilucidar responsabilidades y resarcimientos a los afectados.

Protocolo para todo, ya. Por la tranquilidad de los políticos, que ya bastante tienen con darse mamporros entre sí.

Sobre el futuro de las Cajas de Ahorro

Cuando se habla o escribe de la situación atípica que en la Unión Europea representan las Cajas de Ahorro, se suele omitir que la cuestión no proviene de una singularidad original de estas entidades, sino de que son el último reducto de una anomalía financiera.

El propósito de dotar de un objetivo social a la circulación de los dineros que fuera capaz de ahorrar una colectividad, encajaba con la genuina doctrina católica de los primeros siglos. Era inadmisible pedir intereses a quien necesitara dinero para sacar adelante su familia, porque los buenos cristianos deberían ayudarse y ya se obtendría la recompensa en la vida eterna, en bonos miríficos. Cuando el protestantismo puso algunas cosas en su sitio, introduciendo pragmatismo de mercado a la devoción sobrenatural, se perfeccionó el modelo de préstamo con rentabilidad a los necesitados de la colectividad.

¿Cuál es la diferencia entre una Caja y un Banco? Pues en realidad, son dos, y ambas muy peligrosas para la primera entidad. Los consejos de administración de las Cajas se articulan en torno a representantes de las Administraciones públicas -regionales y locales-, que tienen la mayoría o un peso muy importante en ellos (incluso superior a la representación de los impositores) y, en segundo lugar, han venido desplegando una función social, de ayuda preferentemente al desarrollo local, a las pymes e iniciativas regionales y a la promoción de viviendas de bajo coste.

La banca privada ha renunciado a meter sus pies en el sector industrial, porque las pocas veces que lo ha intentado, ha salido trasquilada. Aunque los  Bancos más conocidos tienen algunas participaciones en grandes grupos empresariales, no existe en España una verdadera banca industrial. Los Bancos han preferido recolectar pasivo con bajas remuneraciones y prestarlo -con mayor o menor prodigalidad- a empresas y particulares. Incumpliendo, por supuesto, el mandato evangélico, al exigir tanto menores intereses cuanto más solvente (más rico) fuera el destinatario y favoreciendo, en general, al grande -en fauces y apetito- antes que apoyar a los chicos -que constituyen el cardumen empresarial-.

Las Cajas de Ahorro han seguido, frente a este camino por el diablo de la ambiciones capitalistas, una dirección errática o no uniforme. Algunas han ido perfeccionando y extremando sus mecanismos de control y reduciendo la libertad para organizar aventuras peligrosas de hipotético desarrollo regional, que estaban reduciendo su solvencia en el altar de las ambiciones políticas, y se han adaptado para funcionar como entidades financieras más puras y duras.

Otras, han seguido sirviendo de instrumento apetitoso a la ambición del político de turno de disponer de un dinero calentito, cuyo empleo sería supervisado por amigos correligionarios, con el que poner parches a los problemas de las empresas locales, crear instrumentos de posible promoción regional que aglutinaran a las fuerzas vivas, cuando no la construcción y ventas a plazo de viviendas de protección oficial, muchas de las cuales retornaron en los últimos años como activos enfermos cuando los beneficiarios no pudieron cumplir sus obligaciones crediticias.

El cuento de la lechera regional se acabó, aunque, justamente, una de las Cajas que mejores ratios presentan es Cajastur, que participa como socio de referencia en la Central lechera asturiana. Como hemos seguido desde hace tiempo el funcionamiento de esta Caja, podemos decir que, a pesar de sus indubitados sesgos políticos, se ha mantenido, entre tempestades y tensiones, con una gestión profesional (y, además, ha tenido suerte).

La crisis económica ha supuesto acelerar la necesidad de conversión de las Cajas de Ahorro a entidades financieras como cualquier otro Banco. Lo único que ralentiza el proceso es que, a pesar de las declaraciones apresuradas del Gobierno español de que el sistema bancario propio era de inquebrantable solidez, resulta que, en verdad, la estructura financiera del Estado está actualmente en entredicho, y la pérdida de solvencia pública mueve los cimientos de la Banca, y recíprocamente.

Con la disipación de las nubes del optimismos, ha aparecido como afectada la credibilidad de todo nuestro sistema bancario -orgullosa e innecesariamente restregado ante las narices ajenas, sobre todo, alemanas y franceses-. Pero, además de la penosa situación de ver el control de las cuentas nacionales cuestionado, lo más peligroso es que, por los síntomas, aún no conocemos exactamente las verdaderas necesidades y posibilidades de fondos para tapar completamente el agujero -si de tamaño detectado, aún no confesado- en el que están metidas las hipotecas podres, los préstamos alegremente concedidos, las revalorizaciones de activos, las inversiones que ya nunca serán rentables, los efectos de los compromisos de alta rentabilidad para remunerar pasivos que no hay donde emplear,  y, en fin, los bonos basura propios y ajenos.

La dimisión de Quintas como presidente de la Confederación de Cajas de Ahorro ha abierto una dura polémica interna acerca de lo que se puede hacer con las Cajas de Ahorro españolas. Los expertos bancarios -algunos de ellos, advenedizos a la gestión de las Cajas- parecen coincidir en que hay que reducir su número a poco más de la veintena, y extremar los mecanismos de control de riesgo, calificando a éstos con criterios totalmente profesionales, y dotando corrrespondientemente las reservas.

Se dice que Isidre Fainé, candidato en la sombra para suceder a Quintas es la persona capaz de movilizar esa reforma, siguiendo el modelo de la Caixa y apoyándose en su gran experiencia empresarial. Aunque, para nosotros, la cuestión no está en las ideas de lo qúe hay que hacer, sino en cómo hacerlo.

 

Sobre la trayectoria vital

Pocos están orgullosos de lo que han hecho en su vida, y una mayoría de los que lo están, no lo merecen (al menos, para los que les juzgan sin haberles ayudado a obtener esos méritos).

Dejando a un lado a quienes triunfan socialmente, y concentrándonos en lo que sucede al ciudadano medio, ese al que se le apostrofa despectivamente como tipo de la calle (hombre o mujer de la calle), en la trayectoria vital, se pasa muy rápidamente de la esperanza confiada a la desilusión y al desánimo.

No siempre el culpable de esos cambios de ánimo o perspectiva reconocerá que se debe a él, al propio individuo, a sus elecciones, lo que le pasará en la vida.

Por eso, queremos referirnos hoy, no tanto a lo que se ha hecho o podido hacer, sino a la puesta de manifiesto de aquellas circunstancias que, si son aprovechadas, condicionan fundamentales aspectos de la vida de la persona. Para ayudar a los más jóvenes, a los que empiezan.

Las amistades son uno de los elementos sustanciales. Están las que se han podido hacer en la escuela o en la enseñanza básica, cuando la naturaleza social del ser humano se abre a todas las posibilidades, sin reservas. Aunque no se les vuelva a ver hasta después de muchos años a quienes compartieron con nosotros los juegos de prendas en la guardería, las excursiones de exploración por el patio de la manzana de casas o pertenecieron a nuestro clan en las representaciones de la fiesta del pueblo, los consideraremos amigos para siempre.

Pero poco podremos obtener de ellos, más que abrazos, recuerdos inanes y celebraciones quinquenales con libaciones y cantos de madrugada. En especial, salvo que su profesión sea la de ingeniero de caminos o sacerdote exclaustrado, será extraño que quienes hicieron la carrera con nosotros, nos sirvan para algo más que para gastarnos con ellos sesenta euros cada vez que a algún desocupado le da por convocarnos a una cena de promoción, a cambio del relativo placer de contemplar cómo se van perdiendo el pelo o los dientes y adquiriendo curvas en las zonas más inconvenientes.

Las amistades útiles son las que se consiguen en los máster, en las excursiones parroquiales, en las reuniones de padres, en las agrupaciones religiosas, sociales o deportivas y en los partidos políticos. ¿Por qué?. Porque agrupan a gentes de diversas procedencias y formación, y porque permiten poner en contacto a personas que, en variados grados, poseen influencia o pretenden tenerla en campos diferentes, seguramente complementarios.

Aprovéchense todas las oportunidades de reunirse con gentes de diversos sectores , responsabilidades y campos de actuación, esforzándose, no tanto en aumentar los contactos, sino en escogerlos bien. No basta reunir tarjetas de visita o intercambiar educadas frases amables. No. Hay que conseguir que, después del primer contacto, efectuada la selección de la(s) pieza(s) los contactos continúen, las líneas de comunes expectativas se concreten, trabajar en su rentabilidad, urdir móviles comunes.

Puede que el consejo llegue demasiado tarde para Vd., pero podrá trasladárselo a sus hijos, a sus nietos. Que entiendan que la trayectoria personal no depende más que en una escasa medida de los propios méritos. Incluso, éstos, pueden constituir un lastre. Lo que interesa es pertenecer a un grupo adecuado y sacar partido de él y, para ello, hay que trabajar en el mundo de las relaciones.

Por supuesto, si este comentario se lee desde un lugar del desierto africano o desde un monasterio del Tibet, estas agudas reflexiones no valen. Tendrá que esperarse a la siguiente reencarnación, si es que llega. Pero si Vd. vive en occidente y está en período de aprendizaje, elija una formación básica corta y afíliese a varias agrupaciones, complete algún máster de esos que cuestan mucho dinero y no se pierda ninguna fiesta en la que pueda contactar con los que tienen alguna mano sobre los timones del poder, y ofrézcase para llevarles la cartera, limpiarles los zapatos, o compartir su pareja.

Si le preocupan la ética y los modos de medrar, ya será cosa suya hasta dónde quiere comprometerse o, simplemente, colaborar. Y si tiene escrúpulos de hacer lo que le indicamos, conténtese con ser un tipo normal, pero no venga con quejas al final de su vida.

(Nota: Se supone que el lector recuerda el cuento de la participación de la gallina y el cerdo en los huevos con chorizo: la gallina colabora y el cerdo se compromete. Por supuesto, solo podrá comprometerse una vez; los más perspicaces, se limitan a colaborar. Vea sus currícula, coméntelos con los suyos y saque consecuencias.)

Sobre el triángulo virtuoso de la energía geotérmica

El Presidente del IIE (Instituto de Ingeniería de España), Manuel Acero,  pronunció las palabras de inauguración de una Jornada sobre Los acuíferos y las energías alternativas" que organizó TIASA (esforzadamente dirigida por Vicente Lara). Tuvo que marcharse rápidamente porque, expresó, estaba escribiendo una carta al Presidente del Gobierno (Rodríguez Zapatero), anunciando el propósito de convocar una manifestación masiva de la ingeniería, si se persistía en no hacer caso -es decir, hacer caso omiso, como quedó patente en la plasmación de ese monstruo jurídico que es la Ley Omnibus-, a las justas reivindicaciones de los Colegios profesionales en relación con el mantenimiento obligatoria de la colegiación y del visado.

Todo encaja, en realidad, en el desconcierto progresivo all que la falta de verdadera democracia parcipativa ha llevado a este país. En otros comentarios, ya nos hemos referido al escaso encaje que tienen las posiciones técnicas en los planteamientos coyuntarilistas que hacen los políticos, preocupados por los votos y el qué dirán, en lugar de concentrarse en hacer las cosas bien, pensar en el futuro, escuchar a los que más saben y anteponer la ética al carpe diem.

Viene esto a cuento porque, en el interesante debate sobre la promoción de las llamadas energías alternativas, se entremezclan, sin que tengan igual peso, tres elementos sustanciales: el marco geográfico, las disponibilidades técnicas y financieras de las empresas y la adecuada selección de los lugares idóneos para, con el menor coste colectivo, conseguir el aprovechamiento de las fuentes energéticas.

El caso de la energía geotérmica es paradigmático. Disponible en cualquier lugar (la temperatura de la Tierra sube 3ºC cada cien metros que se profundice, cualquiera que sea el lugar que se considere), existen tecnologías suficientes en este momento para aprovechar, empleando de forma eficiente los ciclos de Rankine y de Carnot, para implantar un modelo que combine necesidades de frío o calentamiento, con una bomba de calor y un circuito de circulación para el medio que actúe de transporte y que, como el agua, pueda someterse a cambios controlados de fase líquido-vapor.

Ah, pero el problema no es ése. La técnica tiene soluciones para casi todo, si se le dota de medios suficientes para la investigación, se permite que los especialistas trabajen en la perfección de los métodos, y se les proporciona del apoyo financiero suficiente. El problema central es el de la eficiencia en el empleo de los recursos y el establecimiento de un marco que proporcione la adecuada seguridad jurídica a las inversiones.

Como las energías alternativas necesitan ser subvencionadas a los precios actuales de mercado, el empleo de los recursos de todos -ambientales y económicos-, obliga a una transparencia múltiple: en la indicación de los lugares más adecuados, el compromiso de eficiencia de las empresas que estén trabajando en el sector, y el control público y la perfección del marco legislativo en el que se han de mover los proyectos.

Existen los rudimentos para poner en pie ese triángulo virtuoso, pero las inseguridades e indeterminaciones dominan el campo. Como siempre que no se ha dado la importancia adecuada a todos los elementos, se está beneficiando -o se corre el riesgo de hacerlo- a la aparición de desajustes importantes en la tema de decisiones que, vendidas como logros políticos, se convertirán (o se pueden convertir) en servidumbres para el fufuro.

En el caso concreto del aprovechamiento de la energía geotérmica profunda, en sistemas de los llamados abiertos, la problemática cobra todo su vigor. Existen, como es sabido, zonas de mayor deterioro geológico -fallas, por ejemplo- en las que existe mayor temperatura. Para la explotación industrial, son especialmente apetecibles, si se combinan con la existencia cercana de un acuífero. Problema: en los sistemas abiertos, se produce la contaminación térmica y cualitativa, además de la pérdida por evaporación del líquido.

Es necesario clarificar, desde la posición de la Administración, los perímetros de protección (distinguiendo entre loas zonas para las que debería impedir cualquier aprovechamiento del acuífero para apoyar el uso de los recursos geotérmicos, porque el agua debe ser reservada para su uso como recurso de boca, para ingesta humana, de las que, en un marco de concesión clara y control permanente, pueden ser utilizadas para usos energéticos e industriales o agrícolas, y, en fin, aquellos de utilización libre, porque no afectan ni afectarán a acuíferos susceptibles de otros usos, o ya irreversiblemente contaminados).

Un marco jurídico claro, elaborado con profundidad y claridad, ha de permitir a las empresas tecnológicamente capaces, elegir las ubicaciones idóneas para sus instalaciones. Y a nosotros, los ciudadanos, conocer dónde se va el dinero, qué se hace con él, y para qué; porque, no lo olvidemos, las energías alternativas están subvencionadas (y así seguirán), y aunque todos somos ecologistas (no solo los que cobran por estar En Acción), algunos somos, además, técnicos, y, ya puestos a presumir, sabemos algo de economía y derecho.

Sobre la imperiosa necesidad de rescatar credibilidades

Cuando Montesquieu puso en limpio las ideas de Locke, allá por la primera mitad del siglo XVIII, defendiendo en su Espíritu de las Leyes, la separación de los tres poderes, no se le hubiera ocurrido, a pesar de su personal escepticismo religioso, que debería haber expresado que monarcas, aristócratas y jueces deberían situarse bajo el poder superior de Dios, y actuar conforme a la moral.

En la España antes católica, los principios religiosos, conformaban un cuarto poder, como en los demás Estados europeos (y, al parecer, sigue siendo vigente en Estados Unidos de Norteamérica), que se imponían a los demás. En algunos países, a pesar del laicismo constitucional, esa moral sigue presente y, posiblemente, es el que actúa como elemento principal de control interno y externo de todos los poderes.  

En España, la fusión de cúpula eclesial del catolicismo y Dictadura que, en tantos temas, actuaron al unísono, en recíproca conveniencia, ha provocado el descrédito de la Iglesia católica, y, en la ceremonia de la confusión, ha quedado afectada la ética. Porque, mientras los cardenales y obispos supervivientes de la barbarie civil miraban a otro lado, en la Dictadura se atropellaron derechos en supuesto nombre de Dios y de la fe, se maltrataron personas y opiniones, se beneficiaron a los partidarios y se acallaron las voces contrarias. Nadie se atrevía a rechistar, y el pueblo se hizo, sin saberlo, indolente y agnóstico.

Cuando desapareció la Dictadura, y después de un convulso período, se confeccionó, con trozos nobilísimos de otras Constituciones y algo de imaginación, una joya del voluntarismo. Se confiaba en las propias fuerzas, en la honradez de los dirigentes, en la separación e independencia de los poderes, en que el pueblo siempre encontrará su camino virtuoso. Pero no se reconoció que entre las primeras y segundas filas de los que aplaudían el cambio, el triunfo de la libertad, había algunos que no creían en nada. Solo en su propio placer.

No pretendemos ahora hablar de aquello, sino de ésto. Los recientes descubrimientos de la actuación y móviles de ciertos representantes muy cualificados de los poderes legislativo, judicial y de gobierno, nos han dejado con el ánimo destrozado. No solo no han actuado de forma independiente, sino que no han sido honestos con el pueblo al que deberían servir, ni se han atenido a los más elementales principios de la ética universal.

La confianza en que el sistema se autoregulaba era falsa.

Los tres poderes están, por lo evidenciado, corruptos. No es que no lo sospecháramos, por síntomas parciales. No es que no lo temiéramos, por simple conocimiento histórico. Pero ahora no hay manera de ocultarlo. La independencia de estas representaciones, su falta de control interno y su opacidad hacia el exterior, han dado lugar a gravísimas aberraciones que han hecho perder credibilidad, a manos llenas, a nuestra ordenación democrática, a nuestro sistema constitucional.

En el pueblo llano se extiende la convicción de que la Constitución es papel mojado, el Parlamento, un asilo para comodidades o ambiciones económicas, la Judicatura, un guirigay de odios y recelos enconados subidos al pedestal de sus egos, el Gobierno (y la oposición, según filias o fobias), un hatajo de incompetentes que usan sus puestos como atajo para enriquecerse.

Ý es que no se trata de analizar casos aislados, sino, con base en ellos, extraer las conclusiones. No se tiene, por supuesto, más que información parcial, pero creíble, cierta.

Hay vesania en la actuación de algunos jueces, prepotencia y falta de rigor; y el propio sistema judicial no puede controlar los desmanes. Aunque oigamos repetir hasta la saciedad que se confía en la independencia de los jueces -habrá que decirlo, por si acaso-, hay evidencias de que se ha favorecido a este o aquél poderoso, de que las aficiones comunes entre encausados, demandantes, demandados y jueces han provocado sentencias injustas. También sabemos que la parafernalia legal se modela y articula en beneficio de quien corresponda, porque no es objetiva, sino interpretable, no es clara, sino oscura, no es homogénea, sino contrahecha.

Ah, pero el poder legislativo, ni está separado del Gobierno (ya se sabe que funcionamos a base de decretos leyes), ni deja de estar corrupto: no representa al pueblo, sino a profesionales de la política; y muchos serán, no lo dudamos, honestos, pero otros están en esa carrera para enriquecerse. Con el dinero de todos. En lugar de ver en la dedicación política un honor, ven una ventaja. Habrá que decir, por si acaso, que hay parlamentarios muy competentes y serios, pero los diarios de sesiones ponen de manifiesto que la mayor parte de las reuniones e intervenciones son tortuosas, vacuas, torpes.

Y qué decir de los poderes de gobierno, del "Ejecutivo". Relacionado hasta el envenenamiento con el falso poder legislativo y pretendiendo controlar hasta la insania el judicial, se empeña en ocultar información, vender falsas ilusiones y, sobre todo, gestiona, ejecuta mal. No le ayuda tampoco la oposición que, falta de los mismos méritos y capacidades, demuestra con sus voces, sus críticas acervas, su desgana, que pretende, en realidad, hacer lo mismo cuando le llegue el turno. Conducir el vehículo del Estado sin saber donde están las marchas.

Habrá que decir que hay ministros y políticos en la oposición que son muy capaces, pero deberíamos también imaginarnos cómo sufren, si es que existen aquellos, a la vista de la escasa capacidad intelectual y de acción demostrada por algunos de sus compañeros de bancada (ponga el lector el género que le parezca).

Cuando el Barón de Secondat, el tal Montesquieu, escribía sobre la separación de poderes, desde su experiencia, con título heredado de su tío, de Presidente del Parlamento francés, nos dejó esta perla: "Por el primero, el príncipe o el magistrado hace las leyes para cierto tiempo o para siempre, y corrige o deroga las que están hechas. Por el segundo, hace la paz o la guerra, envía o recibe embajadores, establece la seguridad y previene las invasiones; y por el tercero, castiga los crímenes o decide las contiendas de los particulares. Este último se llamará poder judicial y el otro poder ejecutivo del estado."

Como quedó indicado, no se le ocurrió escribir que: "Todos ellos, por supuesto, serán sometidos a los principios de la moral y de la ética, porque, si no lo hacen, serán castigados con el fuego eterno". O rescatamos las credibilidades, o el fuego eterno, pero esto no funciona. No como debiera.

Sobre Asturias y porqué

Venimos expresando, sin intención de molestar, que Asturias ha sido utilizada, especialmente en la Historia moderna, por los poderes públicos (pero no solo: también por los privados), como banco de pruebas de España.

Las ventajas naturales de la región son bien conocidas. Posee un paisaje diverso, que hace pensar, recorriendo la distancia de pocos kilómetros, en la naturaleza impoluta o en la destrucción provocada por la ávida explotación de los recursos de la tierra. La concentración de paisanaje, en un círculo de apenas 15 km de radio, que suponen ciudades tan distintas como Oviedo, Gijón, Ávilés o Langreo, no puede hacer olvidar, a poco que se salga el visitante de esa almendra porosa, que existe una periferia de pueblos y villas que mantienen una personalidad variada, justa y, por ende, orgullosa.

Como consecuencia de la era industrial y del desarrollo tecnológico, Asturias ha visto su pacífica geografía mancillada por las explotaciones hulleras, las humeantes siderúrgicas y plantas de próducción de energía o la frenética actividad de puertos y astilleros, entre otras actividades  que coexistieron con lo bucólico de una ganadería de subsistencia y una agricultura de lo exquisito pero escasito.

En Asturias han nacido, crecido y enfermado (y tal vez, incluso ya estén muertos), el sindicalismo, el republicanismo, el izquierdismo, y, para no hacer largo el cuento, casi todos los ismos que en el mundo han sido. Convertida hoy en una región subvencionada, a pesar de todos los esfuerzos por implantar nuevas tecnologías, abrir otras vías, cambiar desde las fábricas de toneladas a la finura de los servicios turísticos y la atención personalizada, no hace falta ser un lince para captar que no se ha conseguido ilusionar al personal, y que la mayoría de los brotes verdes se vienen secando tercamente, aunque se rieguen con la palabrería de la autocomplacencia.

Asturias es una región hermosa, pero triste. Conserva muchos de los encantos de juventud, pero se la ve con las arrugas de un cambio de piel que no acaba de llegar, quizá porque se anunció como conseguido muchas veces y se vendió demasiado pronto.

Cada vez que viajamos por Asturias, en donde seguimos teniendo el corazón, vemos, persistente, la esencia de España. Grandes capacidades y potencialidades, aunque dispersas, descoyuntadas, malutilizadas. Sin que sea culpa de nadie en concreto, tal vez. Simplemente, demasiadas individualidades luchando encarnizadamente por encontrar un hueco en el que poner su huevo, cuando se trata de hacer tortillas.

A riesgo de parecer devotos de José Antonio Marina (lo somos), recordamos aquí una de sus (falsas) anécdotas favoritas. Tres canteros trabajaban, bajo el sol abrasador de la canícula, en la plaza de lo que sería luego la catedral de Toledo. Un paseante se acercó a cada uno de ellos, interesándose por lo que hacían. "Pico piedra con este sol, y tengo mucha sed", dijo el primero. "Hago un sillar", explicó el otro. "Trabajo en construir una catedral", confesó, orgulloso, el tercero.

Tenemos que trabajar para construir obras como catedrales y, quienes nos dirigen, tienen que decirnoslo. Porque parece que solo estamos picando piedras. 

Sobre geocosmoísmo y guerras por el agua

Uno de los asistentes a la conferencia del muy laureado arquitecto Antonio Lamela (título: "El agua"), que dictó el 13 de abril de 2010 en el claustro de la Escuela de Minas de Madrid, se interesó por saber si la tercera guerra mundial tendría como objetivo el agua.

El título "paraguas· que se había encontrado para la exposición y la personalidad polivalente del conferenciante, favorecían un coloquio abierto e interesante. Se le preguntó por casi todo - riesgo actual de contaminación del agua subterránea como consecuencia del accidente de Chernóbil, precios del agua desalada para agricultores e industrias, coste real del trasvase del Ebro, etc.-

A todo contestó Lamela sin inmutarse. Como aquellos sacerdotes de la postguerra que tenían los libros sagrados en el cerebro y, por la fe y el dogma encontraban la respuesta para las más intrincadas o aviesas de las preguntas, el arquitecto, premio Jaime Primero, y avezado en conferenciar en muchos ámbitos y ante públicos menos entregados que el de ayer, recurrió al geocosmoísmo cuando había que dar cifras.

El geocosmoísmo es una de las creaciones originales de Lamela, que viene difundiendo -el dice que sin mucho éxito- desde hace quizá medio siglo. Supone, en en esencia, la necesidad de considerar la repercusión de las acciones humanas a escala global, con una visión integradora, holística.

Es decir, aunque algunos de los intervenientes en el coloquio estaban empeñados, al parecer, en traducir en cifras económicas los asuntos del agua, la variable que permitiría tomar las decisiones adecuadas en relación, por ejemplo, con los Planes Hídricos (que no Hidrológicos, como apuntó el conferenciante), sean de España como de China, es la ética.

No se nombró. Tampoco tuvimos ocasión de formular nuestra reflexión -habia muchos asistentes interesados en decir algo y a las ocho y media de la noche el bedel de la Escuela de Minas asomó la cabeza por el precioso claustro para anunciar que había que cerrar-. Pero nos acordamos de la conferencia de José Antonio Marina, a la que habíamos tenido ocasión de acudir por la mañana del mismo día.

Lamela y Marina, como otras de las escasas figuras del páramo intelectual contemporáneo, nos recuerdan, cuando les damos ocasión, de que lo importante no son las cifras, sino las ideas. De que las guerras por los bienes que nos producen satisfacción, no provienen por su escasez, sino por el deseo de algunos pocos de acaparar más de lo que necesitan, para enriquecerse a costa de otros.

Sobre la ética y la lógica de la selva

El profesor José Antonio Marina fue invitado por Merco, que presentaba el informe anual con su ranking de empresas y ejecutivos, a pronunciar una conferencia sobre Etica empresarial.

Marina aprovechó la ocasión para dar al público asistente, una magnífica combinación de su frasco de esencias de pesimismo positivista. Combinando anécdotas con apreciaciones filosóficas y pragmáticas, defendió los deberes éticos como elemento sustancias del proyecto que permitiría, de tener éxito, a la Humanidad salir de la selva.

Los deberes éticos aparecerían como deberes "de proyecto", diferenciable de los deberes de sumisión (los deberes legales, por ejemplo, que deben cumplir las empresas obligatoriamente), y los de compromiso (en los que, igualmente como ejemplo, se prometen a los accionistas, clientes o a la sociedad ciertas prestaciones no obligatorias, pero que serían exigibles en virtud de esa promesa)

"Nuestro  proyecto es muy  raro; supone que el fuerte y el débil tengan los mismos derechos: que todos los seres humanos tengan los mismos derechos, o la misma dignidad...". Con la crisis económica, -dijo- se habló también de la crisis de valores éticos y de que se podría aprender de su superación. Marina fue contundente: "No vamos a aprender nada de ética de la crisis. En épocas de prosperidad, el capitalismo salvaje funciona de forma estupenda, aunque como no es perfecto, es necesario que, de vez en cuando, el Estado tenga que acudir a reflotar la economía de mercado".

Las cuatro instituciones en las que descansa el proyecto humano "son suicidas, a no ser que todas ellas se integren en un marco ético". Porque el sistema de mercado es el más eficiente desde el punto de vista económica, y la racionalidad científica, la innovación tecnológica y la democracia política, consideradas de forma independiente, son aparentemente perfectas. Pero, abandonadas a su propio crecimiento, conducen al colapso ético.

Los ejemplos propuestos por Marina son muy claros. La ley contra los monopolioos no es una ley económica, sino ética. El contrato laboral, que se construye desde el reconocimiento del desquilibrio entre empleador y trabajador, proviene de razones éticas. La racionalidad científica no entiende de dignidad. Para la ciencia somos un primate con un cerebro algo más elaborado. Igual consideración le merece la tecnología "que vale lo mismo para un barrido que para un fregado" (desde el punto de vista ético, se entiende) y la democracia, que si no está sometida a leyes éticas, supodrá que la mayoría se coma a la minoría.

El conferenciante vierte optimismo sobre su discurso al afirmar que cree que "acabaremos viendo el triunfo de la ética, porque todo lo que hacemos está en relación con la felicidad, que es la armoniosa satisfacción de nuestros tres grandes deseos: el de la comodidad, el de contar con una vinculación afectiva satisfactoria, y el de sentir que progresamos".

Con la cita a Max Aub pidiendo para su epitafio la inscripción "Hice lo que pude", y que se aplicó a él mismo e invitó a que sirviera de modelo vital para todos, José Antonio Marina terminó su conferencia despertando el fuerte aplauso de la sala.

La presentación del ránking Merco, que realizó su inventor e impulsor, el también profesor Justo Villafaña, y que consagraba este año 2010 a Telefónica como la mejor empresa española, objetivo principal de la reunión, tuvo un carácter inevitable de telonero de la estupenda intervención que lo precedió. Emilio Botín se clasificó como mejor empresario y su hija, Ana Patricia, fue la mejor catalogada de entre las mujeres. 

Cabría decir, a la vista de los resultados, que el binomio virtuoso empresas-empresarios distinguidos, -detectados por este índice que mide, fundamentalmente, la RSC (Responsabilidad Social Corporativa), y, dentro de ella, la ética empresarial-, tiene también inequívocos aires de familia.

Troncos familiares y talantes empresariales que, aunque, como denunciaba Marina, "la crisis ha desfondado la reputación ética en general, desacreditando la RSS", siguen siendo referencia.  Sin olvidar que, en esto de la ética y la responsabilidad social corporativa, ..."todos somos partidarios".

Sobre la perplejidad

La perplejidad es una cualidad muy difícil de utilizar bien, ya que debe extremarse su uso cuidadoso para que no se confunda con devoción o cursilería. Ejercida en su forma natural, revela una posibilidad de salvación de los escépticos, mirada desde la tabla de los convencidos.

Los perplejos genuinos son escasísimos, porque hace falta un nivel intelectual que raras veces se alcanza. Solamente pueden ser reconocidos como perplejos los que, creyendo dominar una ciencia, una disciplina, un dogma, se encuentran, de pronto, con que había más cosas escondidas hasta entonces, y que se desvelan con todo se esplendor, poniendo en solfa lo que entendíamos como inamovible.

Por ejemplo, es casi seguro que una buena parte de los mil¡tantes del PP se encuentren perplejos (a lo mejor, ya se les ha pasado), al descubrir que se podía utilizar el partido por algunos de sus dirigentes para enriquecerse personalmente. Esa perplejidad, al ser de naturaleza política, no debe ser muy disímil -aunque haya discusiones para entendidos acerca de cada una- con la que sintieron los afiliados y simpatizantes al PSOE cuando quedó al descubierto que este partido que predicaba desde la honradez había organizado una trama, en torno a Filesa, para engordar las arcas propias y, posiblemente, algunas de las ajenas, viendo de conseguir más votos.

Los perplejos pueden darse en todas las épocas y disciplinas y son gente imprescindible para avanzar. Existen manuales y guías para perplejos, que pertenecen tanto al campo de la ciencia como de la literatura. La más elaborada es la que escribió Maimónides (Rabino Moshe Ben Maimón), de exacto título Guía de Perplejos, que contiene toda su filosofía (y que resulta prácticamente ininteligible, por desgracia, provocando una perplejidad de genuina esencia en el lector no iluminado).

En la mitología bíblica, el primer perplejo fue Adán que, por comer una manzana en cuyo contenido se le había prometido distinguir del bien y del mal y ser como dioses (él y su costilla), fue castigado a perder el Paraíso, con lo que se inició una época oscura de la especia humana que, en el campo real, aún no ha terminado ni se sabe cómo podrá terminar.

Vivimos hoy una situación proclive a la perplejidad, pudiendo decirse que los niveles de perplejidad han bajado varios peldaños. Se puede estar, hoy por hoy, perplejo por múltiples motivos que, apenas hace un par de décadas, serían impensables. Perplejo de la actuación de la judicatura, como colectivo, empeñada en hacer ver sus filias y fobias personales y políticas; perplejo, desde luego, por la desfachatez con la que se actúa en las más variadas instancias, sin tener en cuenta la menor pudibundez.

Se haría necesario, incluso imprescindible, recuperar los niveles de perplejidad intelectual de los tiempos clásicos. Es que, tal como se han puesto las cosas, lo extraño sería no mostrarse perplejo-

Sobre las razones para escribir post largos

Desde Marketing Guerrilla en la web 2.0, Carlos Bravo, por inspiración -escribe- de otro gurú del mundo digital en español, Carlos Blanco, escribe un post sobre las tres razones fundamentales (en su docta opinión) por la que los post(s) debe seben ser cortos.

Comienza Carlos citando una frase, que atribuye a la correspondencia entre Schiller y Goethe, en la que el primero habría escrito al segundo (¿o fue al revés?, se pregunta) "Te escribo esta carta larga, porque no tengo tiempo para escribirte una más corta". La frase es, desde luego, magnífica, pero no pertenece a la correspondencia entre los dos genios de la literatura alemana, sino a Blaise Pascal, físico, que vivió entre 1623 y 1662 y que tenía otras preocupaciones diferentes a las literarias (entre otras, las religiosas, pues se empeñó en demostrar la existencia de Dios, incluso buscándolo en su bolsillo).

De Pascal se citaban muchas frases en los calendarios de mesa, entre las que también recordamos una estupenda: "Es más hermosos saber algo de casi todo, que casi todo de algo".

Pero la razón fundamental de nuestra discrepancia con los dos Carlos (y con sus casi infinitos seguidores, de los que muchos pertenecen al grupo de los generadores de spam, con sus "muy bueno lo tuyo", o "estoy completamente de acuerdo") es que, como puede imaginarse quien siga estos comentarios, preferimos que las entradas de nuestros cuadernos informáticos tengan una cierta longitud.

Estamos de acuerdo -aunque tampoco disponemos de estadísticas, pero nos guiamos por nuestro propio comportamiento, como hacemos casi todos- en que solo leemos en profundidad lo que nos interesa en un momento dado y, en particular, si proviene de alguien que consideramos un autor o escritor serio, al que, por lo general, seguimos con regularidad.

A nosotros, además, nos gusta leer lo que está biene escrito, y nos gusta que lo que esté bien escrito ofrezca información. No nos importa que no sea breve, si cumple esas dos condiciones. En cambio, si algo está torpemente redactado, con fallos gramaticales y expresiones sin sentido semántico, no nos dura un segundo ni en las manos ni en la pantalla del ordenador.

Nos interesa casi todo y, por ello, agradecemos que se haga una introducción corta pero suficiente del tema, si es complejo, para que podamos entender suficientemente de qué va el comentario. En este sentido, entendemos que en los blogs realizados por especialistas y dedicados a otros especialistas, no hace falta extenderse en circunloquios. Se va al grano, y está. No se pretende hacer literatura, sino expresar, escuetamente, el avance, las características del nuevo producto, el juicio concreto.

Nuestros blogs no van en esa dirección, porque lo que comenta expresa opinión personal, que no puede quedar expuesta sin los imprescindibles matices. Y siempre hay matices, que garanticen, en lo posible, que el que lee se sitúe en la órbita de pensamiento (desde luego, si le apetece hacerlo así) del que lo escribió. No pedimos al lector que se identifique con nosotros, pero sí que, si desea leer lo que hemos escrito, acepte el disfrute de suficiente material para que sepa dónde nos encontramos, ideológica e intelectualmente.

Hay, en fin, las mismas razones -porque son producto del cristal con que se miran, esto es, no son objetivas- para escribir post(s) cortos como largos. Nosotros preferimos los que tienen una cierta longitud, porque, cuando se pretende hacer literatura, como los maestros Schiller y Goethe -entre tantos otros que podríamos citar- es imprescindible cuidarse de encontrar las palabras adecuadas. Si se actúa como ingeniero, como físico, como químico -valgan los ejemplos- basta con disponer de la fórmula o saber cómo alcanzarla. Y si no se tiene tiempo  para encontrarla, habrá que emplear muchas palabras para decir a nuestro interlocutor qué es lo que estamos pretendiendo.

Sobre la predisposición

Unos investigadores suecos y alemanes, utilizando un grupo de 50 voluntarios, han demostrado que existen dos polimorfismos genéticos que, cuando están presentes en algunos individuos afectan a la susceptibilidad para superar el miedo y afrontar las enfermedades.

Es decir, ciertas personas estarían predispuestas a sufrir más que otras.

El asunto es atractivo. En los colectivos, siempre hay alguien que parece destinado a recoger un mayor número de bofetadas. No necesariamente puede coincidir con el que vuelve de la excursión de fin de semana que ha realizado con los compañeros de trabajo, con un tobillo fracturado, o el que deja la maleta olvidada en el hotel y no se da cuenta hasta que se sobrevuela el aeropuerto de la próxima escala.

Tampoco tiene, seguramente, esta predisposición a sufrir con la vocación de la que tanto hemos oído hablar de niños. Pero si, finalmente, se comprueba que existen genes que nos predisponen a sufrir, habrá genes que nos predisponen para otras cosas, y acabaremos convencidos de que nuestro destino está escrito en nuestra naturaleza.

Queda aún mucho trabajo por realizar, sin duda, hasta la incorporación de las características genéticas sospechosas de encauzar nuestras predisposiciones a las tarjetas de identidad. Habría, cuando llegue ese momento, que redactar los Códigos Penales a la medida de cada individuo. El juez de instrucción, antes de meterse en más honduras en la investigación de un presunto delito, se interesaría por saber las predisposiciones, no del culpable, sino de la víctima.

Lo siento, amigo, podía concluir el togado, Vd. estaba predispuesto a sufrir y, sus posibilidades de ser víctima eran altísimas, por lo que la situación actúa de eximente para el presunto culpable. Era Vd. una víctima propiciatoria, amigo.

 

Sobre la derecha liberal española en el obituario de Guillermo Luca de Tena

El fallecimiento de Guillermo Luca de Tena, nieto del fundador de ABC, empresario y periodista, personaje relevante de la derecha liberal española ha servido para convocar, en el obituario que le dedica, justamente, el periódico que sostuvo económicamente y que dirigió personalmente en años difíciles, a múltiples representantes del panorama político y del periodismo de opinión.

El número de ABC del 7 de abril de 2010 constituye, por sí mismo, un muestrario de los intereses, tensiones y afectos que caracterizan el momento político. Un tiempo convulso, en palabras de Alberto Ruiz-Gallardón, alcalde de Madrid, que escribe la Tercera del periódico.

La lectura de las opiniones expresadas, si se las desprovee de las lógicas coincidencias que corresponden a escritos necrológicos destinados a la hagiografía, en la que, como seguramente es el caso de casi todos los que las escriben, el conocimiento del ensalzado era mínimo, proporciona material muy interesante para entender mejor algo de lo que se mueve en el río de la derecha española, esa que "está donde estaba" (trasunto de un Editorial de ABC en el que se reafirmaba la línea ideológica del periódico, monárquica, católica, "genuinamente liberal").

Si el lector se va a las páginas 32 y 33 del número especial de ABC, -dejando de lado, de momento, los escritos laudatorios de los profesionales de la pluma-, encontrará, juntas, las aportaciones de Mariano Rajoy, José Luis Rodríguez Zapatero y Marcelino Oreja Aguirre. Si ha podido hacerse en propiedad con el ejemplar, le aconsejaríamos que las enmarcara para la posteridad.

Rajoy expresa, llevado de arrebato comprensible, dado el sufrimiento al que le están exponiendo los asuntos de Gürtel y Cía, que "su desaparición nos deja huérfanos de aquello que España hoy más necesita: lealtad a las convicciones, respeto a la verdad, honradez y profesionalidad". Este magnífico ejemplo de exageración, de hipérbole con segunda intención, tiene una traducción evidente: hay que seguir en la línea de defensa de los valores tradicionales y Rajoy se considera paladín de las razones que merecen la pena "la entrega de toda una vida", dándoles forma con "sencillez y valentía".

Zapatero alaba en el Marqués del Valle de Tena haber sido "capaz de incluir entre sus colabordores a personalidades distintas en lo político y en lo social", dando "cobijo a grandes plumas de muy diferentes esferas ideológicas", y lo define como "testigo y protagonista del camino de nuestro país desde la dictadura a la democracia", manifestando a las claras lo que, para él tiene el mayor valor: el arrepentimiento de Luca de Tena, para acercarse a la pluralidad, en clara discrepancia conceptual, pues, con el inmovilismo que defendían Rajoy y Gallardón.

Marcelino Oreja, hoy Presidente de la RA de Ciencias Morales y Políticas, ex Ministro, ex Presidente de Fomento de Construcciones y Contratas, ex casi todo lo que se puede ser de prestigioso en una vida, destaca en Luca de Tena "su concepción cabal del papel crucial de la monarquía en la recuperación de las libertades públicas y su inquebrantable lealtad al rey", que "en el momento más comprometedor de la vida del períodico, él y solo él, lo dió todo para salvarlo".

Oreja representa a un tipo de político intercambiable con el empresariado, un genio del mimetismo capaz de bajar a la arena o subir a las alturas, haciendo gala de una versatilidad digna de admiración, ya que no de aprecio. Manuel Pizarro lo intentó, pero se estrelló contra la dureza del caparazón de la política; no recibió suficientes instrucciones, por lo que parece, para manejar el vehículo anfibio que le confiaron, desde la derecha liberal, esa por la que, en los momentos difíciles, hay que estar dispuesto a todo.

Por eso, de todos los artículos del obituario, tenemos que destacar el de Marcelino Oreja. Como el que escribe una necrológica, según todos los análisis posibles, se está refiriendo a sí mismo, el mensaje resulta meridiano. El y sólo él. No se puede definir mejor la trayectoria del héroe, conseguir el emplazamiento en la egolatría más sublime.

Ojalá que te dejen descansar en paz, Guillermo Luca de Tena.

Sobre el perendengue de la política

Cada cosa tiene su perendengue. Algunos son más robustos que otros y el perendengue de la política, no es que sea de los mayores, pero deben admitírsele ciertas peculiaridades. Aunque, si bien se considera, el suyo es como el perendengue del fútbol; ambos tienen muchas coincidencias.

Por ejemplo, todo el mundo conoce las bases de los dos juegos: hay que meter gol en la portería contraria y, una buena parte de las personas han hecho sus primeros pinitos, de forma espontánea, en los dos. ¿quién no sabe dar patadas, atinadas o no, bien a un tema, bien a las espinillas del contrario?. Si teníamos, además de la afición, vocación, quizá hasta hemos sido representante de curso en la Facultad, extremo izquierdo en el equipo de barrio, o Presidente de la Comunidad de Vecinos hinchas del Spórting.

Seguro que conocemos a alguien que destacaba en alguno de los dos deportes, a nivel local, y que sigue teniendo disposición para volver a asumir los papeles en ocasiones excepcionales: partido de representantes de la judicatura contra delincuentes comunes, negociar una compensación por la pérdida de maletas en un viaje a Japón, etc. Hay que reconocer que hay gente que está especialmente dotada, de forma natural, para jugar al balón o por lo bien que hablan. Piquito de oro, Maradona, Pelé, Castelar, les dicen.

Casi ninguno de quienes manifestaron sus habilidades de forma temprana, sin embargo, -hagan memoria, señores- triunfaron en el juego de la verdad de la política o del deporte. Abandonaron o los tumbaron sin piedad, otros que eran menos diestros pero más hábiles o mejor protegidos.

Ejemplos hay a miles: Julio Iglesias, que era un buen portero, se dedicó a cantar y triunfó. A Baltasar Garzón, el juez, le pasó prácticamente lo mismo, aunque ahora, injustamente en nuestra opinión, vuelve al cante. Florentino Pérez, que fue delegado de curso, prefirió primero montar una empresa de construcción para cumplir su gran deseo de llegar a ser presidente de un club famoso. Son solo unos pocos modelos de carreras reorientadas a tiempo, de arabescos laterales.

Pocos hay que son diestros simultáneamente en ambas disciplinas: Laporta es, quizá, el paradigma de la combinación hasta ahora más lograda entre la afición al fútbol y a la política, aunque tratándose de la Generalitat se puede hablar, quizá con mejor propiedad, de aflicción a la política.

La opción más habitual cuando se quiere dedicar alguien profesionalmente al fútbol o a la política es la de ponerse bajo la tutela de un experto e ir adquiriendo habilidades de las que, en principio, se carece, o avanzando mejorando las que se apuntan o se cree ver apuntar. Se comienza, generalmente, por presión de su padre, a asistir regularmente a entrenamientos y reuniones, y, si no se desfallece, al menos, tendrá la compensación de ser suplente.

Siguiendo con las similitudes, de fútbol y de política todo el mundo entiende. No hay ser humano que no manifieste sus preferencias, filias y fobias y, sobre todo, que no se encuentre en disposición de expresar lo que debería haber hecho aquel que está en el campo o en el ministerio. Desde la grada y desde el butacón se ven estupendamente los fallos de posición, los errores de apreciación de la magnitud de las crisis, los defectos de preparación física, las debilidades y fortalezas del equipo contrario y la tendenciosidad de los árbitros, sean jueces, periodistas o intelectuales.

Todo sería más o menos aceptable si, de pronto, no surgiera un Leo Messi, un Barak Obama, un Ronaldo, un Helmut Schmidt. Esos tipos -y otros, que podríamos citar, pero preferimos que sea el lector quien ponga sus acentos- desbaratan las ideas preconcebidas. Son capaces de hacer, de un golpe de inspiración, lo que a los demás les resultaría imposible aunque tuvieran varias vidas. Son seres de otro mundo. Así no se puede. Con ellos en el campo, solo queda actuar de comparsa.

Es de agradecer que, cuando a esos monstruos del fútbol o de la política se les alaba por lo que hacen, se refieran a que no serían nada si no fuera por el grupo. "Es labor de todo el equipo", reconocen. ¡Ellos, los genios!.

Podríamos escribir del perendengue de la investigación científica, solo que, en este caso, habría que empezar ilustrando sobre una diferencia capital con la política y el fútbol: opinar sobre lo científico no es intuitivo; no se nace sabiendo. Hay que estudiar duro para  saber, y por eso, es una disciplina que no atrae a casi nadie. Tampoco da dinero a los que la practican.

Sobre la financiación de los partidos políticos en la oposición

Desde el 6 de abril de 2010, a las 9h, el juez Pedreira ha levantado el secreto de sumario del caso Gürtel, (accesible en página web mediante una clave de usuario y contraseña, proporcionada al ministerio fiscal, letrados y procuradores en sobre cerrado). A pesar de esa medida de seguridad, no hay que dudar que el mayor escándalo surgido en España en relación con la financiación irregular de un partido político será analizado, destripado y juzgado antes de que el magistrado dicte sentencia alguna.

El tesorero del Partido Popular, un ex-presidente de una Comunidad autónoma, el presidente de otra, varios diputados y senadores nacionales y autonómicos y, en fin, los cimientos mismos del partido, están involucrados en una actuación presuntamente delictiva que, por los síntomas (prácticamente, evidencias), ha servido para sostener parte de la maquinaria del partido de la oposición, además de, -igualmente a falta de ser probado o desmentido en los Juzgados de lo Penal-, haber ayudado algo a las economías particulares de quienes se jugaron el pescuezo en las maquinaciones y arreglos financieros.

Este material informativo de tan maloliente catadura será utilizado ahora por la prensa, tanto canalla como devota, para cebarse en detalles y más detalles de la historieta, bien para intoxicarla con giros y retruécanos, o para apuntar directamente a la cabeza de los altos personajes de la política que se hayan visto o se quiera ver involucrados en la investigación penal.

Como no tenemos intención de rasgarnos las vestiduras a estas alturas del guión, ni de aportar nuestras voces plañideras al coro de quejumbrosos, preferimos recordar el grave problema no resuelto de la financiación de los partidos políticos. Los partidos son el eje representativo del pueblo en la democracia española y, con su modelo actual, se favorece la "profesionalidad" de quienes se dedican a la política. 

También conviene analizar las consecuencias de la falta de verdadero control sobre los temas económicos que se realiza desde las instituciones pertinentes, con sesgo distante de ser equitativo (sospechamos que se investiga más a las clases medias y a los asalariados que a los grandes patrimonios y sus rentas) y, desde luego, clama al cielo, la falta de visión respecto a lo que hacen los compis en torno al dinero, tanto colegas de Gobierno como del propio partido.

Mientras la política sea vista como una carrera profesional a la que se acude tempranamente para ir medrando paso a paso o zancada a zancada, mal podrá evitarse toda esta problemática. El político pensará en su futuro, y apuntará a dedicarse a la vida empresarial privada cuando tenga que dejar su cargo público, para lo que tenderá sus filias en los lugaras que le parezcan adecuados.

Si su partido pierde las elecciones generales, se refugiarán los más significativos tripulantes de la nave política al abrigo de lo que pueda obtenerse de los puestos públicos que les hayan quedado, y tratarán de obtener las mayores prebendas posibles. No se engañe nadie: si hay corrupción (digamos, simplemente, porcentajes que se entregan bajo cuerda a los adjudicantes de proyectos y trabajos) es porque existe flujo importante de dinero negro en el país, y los optantes a las adjudicaciones no tienen más remedio que generar una parte del mismo, para obtener con él sus contratos.

No viene mal que casos como el Gürtel destapen redes de financiación irregular y corrupción, y que quienes se hayan visto descubiertos, paguen sus culpas (y, si nuestras elucubraciones fueren atinadas, las de los demás). Que no sirva ese escarmiento, sin embargo, para ayudar a extremar la sutileza de los que creen que la cuestión de la financiación irregular de los partidos es inevitable, sino para reconsiderar la función que sería exigible a los políticos y a los partidos políticos.

Porque la democracia necesita alternancia y es imprescindible, salutífero, que los partidos políticos que hayan tenido responsabilidad de Gobierno, pasen temporadas en la oposición. Es decir, la financiación de los partidos políticos en la oposición debe ser la de todos los partidos políticos.