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Al Socaire de El blog de Angel Arias

Sobre lo fácil que es ser un (mal) economista o periodista

No son las únicas profesiones en las que el intrusismo está a la orden del día, aunque nos parecen las que sufren más de la competencia surgida al margen de los títulos oficiales.

El fondo de la cuestión lo conoce todo el mundo:

a) son periodistas quienes escriben en algún medio de difusión (o han escrito, o aunque no lo hayan hecho, tal vez lo hagan algún día); si han estudiado en Facultades de la Información o en las Universidades de Periodismo, lo más probable es que no ejerzan la carrera y, por tanto, trabajen como camareros, celadores, traductores de chino mandarín o correctores de pruebas;

b) son economistas, quienes no entienden lo que está pasando en la economía, pero lo cuentan mezclando al azar los términos de inflación, desempleo, monetarización, sustentabilidad y déficit; es posible que tengan otra carrera universitaria, pero no la de quienes soportan, con los programas informáticos ad hoc, la contabilidad de un departamento de "análisis económico" o asumen desde su casa la de un par de decenas de pymes, para ajustarlas a los complejos y mutantes impresos oficiales, responder a las posibles inspecciones fiscales de sus colegas y calcular varios índices que resultan muy útiles cuando se entienden.

Las razones de este desconcierto en el que, por las evidencias, todo el que quiere puede robustecer su currículum como periodista o economista puede que sean las mismas por las que la generalidad del personal (incluído el Gobierno) cree que todos los ingenieros sirven para lo mismo o que para ser buen abogado hay que seguir estudiando en una escuela jurídica después de la licenciatura (ignorando, en este caso, que las clientelas se siguen pasando de padres a hijos como si se tratara de las monedas de plata de la época colonial).

Aún a riesgo de ir a contrapié, estamos convencidos, sin embargo, que para ser un buen economista hace falta haber desarrollado una alta capacidad de análisis de las situaciones, utilizando de forma muy concienzuda las informaciones disponibles y teniendo el conocimiento y la imaginación para hacer propuestas, al nivel que profesionalmente corresponda, con las que se esté en mejor posición para corregir los desequilibrios o aprovechar las ventajas.

Esto implica saber mucho más que para estar al tanto de las denominaciones de las partidas del Balance, y, además de calcular vanes y peres e índices de solvencia ideados por uno mismo y por los hipotéticos controladores, se mantengan las ganas de seguir estudiando micro y macroeconomía. Para hacerlo con solvencia, hace falta haber conseguido la licenciatura en una Universidad, y no por lotería, sino por haberla estudiado bien.

También estamos convencidos de que no es fácil ser un buen periodista. Hay que mantener una gran base cultural, sostener la humildad y la prudencia de contrastar en varias fuentes la mayor veracidad de la información, escribir muy bien (además de sin faltas de ortografía), saber expresarse, conocer varios idiomas, haber tenido buenos maestros y, no en último lugar, ser hábiles en captar la sicología y bastante expertos en atender a la sociología. Y, sobre todo, hará falta ser universitario.

No defendemos aquí la Universidad como el único modo de realizar el encuentro del educando con la ciencia: no somos tan estúpidos. Puede que la Universidad no debiera ser el único método, pero sí el más seguro. La sociedad no debiera prescindir, por su indolencia o condescencia, de la única manera conocida de garantizar un adecuado nivel de formación -que es, sobre todo, una base ética- para quienes se pretende estén en disposición de ocupar los lugares de mayor responsabilidad y teórico prestigio social.

Tolerar, y menos aún, conceder, que se utilice el nombre de periodista por quienes desprestigian, con su zafiedad, torpeza y mala educación, a los universitarios que ejercen esa misma profesión (aparente) es un error. Idéntica situación se da, aunque no de forma tan frecuente, con los economistas, ya que en este caso, lo que se detecta es más bien una ligereza en los análisis, sustentada por una sesgada ideología o una intencionalidad política o económica.

Periodistas y economistas son parte importante del cuarto poder -por el que la sociedad civil se reconstruye con cada revolución o reforma- y no podemos perder su capacidad de influir sobre los tres poderes oficiales, afilando las armas que tenemos a disposición de los administrados: el saber más, hacerlo con solvencia, y no renunciar, jamás, a los principios deontológicos.

Ante la duda sobre si fue violación o sexo consentido

La valoración de algunos comportamientos, especialmente cuando no tienen más testigos que los propios intervinientes, y cuando no existen vestigios remanentes de lo sucedido que puedan ser analizados por terceros, está supeditada a la credibilidad de los protagonistas.

En el fondo de los asuntos que se tratan en los tribunales, y ya que los jueces son -o deben serlo imperativamente- ajenos a lo que dirimen, la presentación por parte de los abogados y los mismos involucrados de la sinceridad de lo que defienden y el objetivo simultáneo de minar la credibilidad del contrario, es sustancial. 

Los avances de la medicina forense, en particular, y de la tecnología en general, permiten alcanzar mayor objetividad en cada vez mayor número de casos, a despecho de lo que pretendan los sujetos: análisis de ADN, rastreo de frecuencias, restos de documentos en la memoria oculta de los ordenadores, inspección por sondas magnéticas o al microscopio electrónico, etc. 

Sin embargo, es posible que, a pesar de incorporar muchos elementos objetivos, -rescatándolos de la bruma que crea el tiempo transcurrido, superando la insuficiencia de datos y la ocultación de los protagonistas de algunas circunstancias y la generación de otras, para provocar confusión respecto a cómo sucedió- subsistan dudas.

¿Fue violación o sexo consentido? ¿Hubo intento de forzar o fue un acuerdo para relación sexual, frustrada o incompleta por alguna razón? ¿Fue un regalo de amistad, una donación a un partido político, un soborno personal? ¿Tuvo o no tuvo efectos en la adjudicación de una obra o servicios públicos?

En cualesquiera casos en los que la duda se plantee y no puede ser resuelta, por supuesto, por la incorporación de nuevos datos objetivos desde la investigación, se debe apelar a la credibilidad de los intervinientes en el acto, pero nos parece determinante atender, sobre todo, al beneficio que algunos obtendrían del hipotético resultado del juicio.

El a quién beneficia (qui prodest) pasa a ser, en casi todos los asuntos que han alcanzado un furor mediático, la piedra angular del edificio. Hay episodios que están ocupando grandes espacios de la llamada actualidad, en los que el o los beneficiarios, no parecen encontrarse, curiosamente, entre los actores y sus presuntas víctimas, ni figuran, en otros casos, como corruptores ni corruptos.

En los casos de DSK, Camps, como ejemplos típicos, los tiros apuntan en un lado, pero las consecuencias ya obtenidas no tienen mucho que ver con lo que se debe juzgar.

En circunstancias como éstas, en que los autores de los presuntos hechos alegan -por medio de sus defensores jurídicos- haber tenido una participación diferente a la que se ha juzgado en los medios, cabe preguntarse por quiénes están actuando, aparentemente, como simples espectadores del resultado conseguido pero se han convertido, ya, en seguros beneficiarios por el escándalo causado.

Son situaciones en las que, sin pretenderlo, todos pasamos a ser cómplices, nos pese o no, forzados por la precipitación en juzgar a otros por vestigios. Porque es claro que estamos en contra de violadores y corruptos, pero no tenemos ganas de participar en la condena, por alto que sea el personaje y desagradable que su talante nos pueda parecer, por sexo consentido ni por algo que se presenta como gran corrupción cuando los mayores desfalcos permanecen a oscuras. No queremos que se nos distraiga con migajas.

Sobre el perfil de los emprendedores (y 2)

(Continúa del comentario anterior)

Si se representara en un diagrama tridimensional el grado de intensidad de cada una de las variables que deben conformar el perfil de un emprendedor -conocimiento de la existencia de una oportunidad en el sector, capacidad personal para llevarla a cabo y existencia de financiación suficiente- nos encontraríamos con que la práctica totalidad de los proyectos que fracasan en su primer año lo son por falta de hueco en el mercado. No hay clientela o demanda suficiente para sostener la idea de negocio.

Ciertamente, se puede suplir la ausencia de demanda suficiente para mantener a todos los que tienen presencia competitiva en un sector, ofreciendo desde nuestra empresa valores diferenciales (calidad o precio). Para ello, hay que contar con la capacidad personal para implementar esas cualidades al producto que se ofrece y aguardar a que el mercado lo aprecie. Es, por tanto, imprescindible, combinarla con un soporte financiero suficiente, lo que, con gran frecuencia, no es el caso.

En las nuevas tecnologías, y más específicamente en las llamadas trasversales -informática, telecomunicaciones, ambientales, como más típicas-, el riesgo de poner en marcha un negocio sin contar con la capacidad financiera para absorber el crecimiento es típico. Se trata de iniciativas de profesionales o expertos que saben perfectamente utilizar una nueva tecnología, tienen éxito inicialmente, porque lo hacen bien, crecen rápidamente, y las necesidades financieras para sostener la empresa acaban dando al traste con ella, incapaz de pagar las nóminas o a los acreedores por servicios o víctimas de la demora en el pago de las Administraciones públicas o de las grandes empresas, que les han dado el abrazo del oso. Es la conocida perfectamente por los especialistas en gestión empresarial, "muerte por éxito".

No pretendemos dar aquí consejos acerca de cómo actuar en caso de que el crecimiento de la empresa se detecte como acelerado. El síntoma más claro es la existencia de desequilibrios de tesorería o el aumento de los saldos pendientes que jamás deberían superar los seis meses de facturación, además de poder cubrir tres meses de tesorería. Si la marcha de la empresa se hace incontrolable desde el punto de vista de la gestión -exceso de conflictos de personal, negociaciones comerciales a muy alto nivel que absorben demasiado tiempo, aparición de competidores protegidos por grandes empresas- es mejor, vender a un competidor solvente y envidioso de nuestro saber hacer, haciendo caja.

(continuará)

Sobre el perfil de los emprendedores

El mundo necesita emprendedores, y le sobran desempleados. En España, las encuestas más serias como las más informales reflejan claramente cuál es la mayor preocupación de la ciudadanía: el paro.

Si bien los políticos -unos, desde luego, más que otros- se jactan de conocer cuáles son las fórmulas para crear empleo y, por tanto, reducir la tasa de desocupados, tal vez para quienes tengan curiosidad por saber cuáles son los perfiles más habituales de emprendedores y, en especial, qué condiciones son las que propician su estímulo, vengan bien estas líneas.

No tenemos otra autoridad que haber dedicado bastantes años de nuestra vida a escuchar proyectos de inversión, analizar su viabilidad, estudiar sus opciones de financiación y tratar de encauzar a los promotores hacia las vías de mayor éxito potencial. Sirva también de aval para reforzar la credibilidad de estas notas haber participado, arriesgando incluso el dinero que no teníamos, en varias iniciativas personales.

Comencemos expresando las tres condiciones básicas que ha de entender adecuadamente cumplidas un potencial emprendedor, para que inice su aventura: detección de oportunidad, sensación de control del riesgo y disponibilidad de capital para comenzar a funcionar.

La exacta valoración de estas variables es muy importante. La mayor parte de los potenciales emprendedores identifican mal las posibilidades de negocio (o no las identifican en absoluto, pero las copian, imaginando que "si a otros les va bien, ¿por qué no a mí?"), creen controlar los riesgos porque tienen, seguramnte, una excesiva confianza en sus facultades para ello (o están mal aconsejados) y no disponen de fondos suficientes para comenzar con el nivel mínimo que les aporte las mayores garantías de éxito (aunque también puede suceder que hayan hecho unas erróneas valoraciones del capital necesario, generalmente, por desprecio al "circulante" y a la duración del "período de madurez o lanzamiento" del negocio.).

Se podría analizar, pues, con este ligero bagaje, los siete tipos o perfiles de emprendedores que se ven con, al menos, una de esas características en sentido positivo y, que corresponderían, considerándolas estrictamente independientes, a los derivados de todas y cada una de las combinaciones imaginables (tres con una característica; tres con dos; y una con las tres);  a ellas habría que añadir la opción de meterse a empresario sin tener la menor idea del asunto -incumplimiento total de las características positivas-, que llamaremos, descartándolo de inmediato, "emprendedor kamikaze", y que no estudiaremos aquí, entendiendo que su valoración corresponde a la siquiatría.

a) emprendedores de "medio pelo", entendiendo por tales los que solo cumplen favorablemente una de las condiciones. Por ejemplo, como más habitual, los que conocen o creen conocer el negocio (generalmente son antiguos empleados, incluso de altos niveles técnicos, que piensan que, con lo que saben, lo demás es "pan comido"); muchos restaurantes, peluquerías, talleres mecánicos, autónomos de multitud de servicios, pero también internautas que "han oído campanas", voluntaristas que imaginan que la cuestión está en montar el chiringuito -el que sea- y sentarse a esperar a que vengan los amigos a encargar cosas, etc. empezaron ...y terminaron así.

Este tipo de emprendedores, incluso aunque tengan la financiación a mano (hijos de papá, amigos íntimos de banqueros y responsable de promoción empresarial, o similares, lo que, en sentido estricto, los situaría en el grupo siguiente), están llamados a fracasar, salvo que se consiga -y muchas veces, no quieren que se haga así, porque temen que "se les vaya a copiar el proyecto"- que se les haga su revisión del planteamiento de negocio.

La inmensa mayoría de estos proyectos no generan riqueza ni empleo, sino frustración y pérdidas patrimoniales. Pero como existe una minoría que pueden merecer la pena, no conviene rechazarlos de inmediato, aunque sí someterlos a una evaluación rápida por especialistas.

b) emprendedores "de respeto", o sea, dignos de atención especial. Cumplen, como hemos supuesto, dos de las tres condiciones. Típicamente, han estudiado -más o menos- el mercado y conocen el sector, han hecho un planteamiento razonablemente justificado de la evolución de la facturación y los gastos (incluso han dispuesto de una partida para "imprevistos", pero no tienen capital suficiente, o carecen de él en absoluto.

A esta mayoría de emprendedores que tienen la idea y las ganas, hay que  ayudarles a conseguir el dinero. No nos parece que el préstamo bancario sea el más adecuado, porque la inmensa mayoría de esas entidades financieras no aman correr más riesgos que los que ellos mismos peinan y lavan (o sus amigos íntimos) y querrán ver devuelto su dinero rápidamente y con altos intereses, por lo que no son los socios deseables.

Si la entidad financiera, analizado el proyecto, está dispuesta a aportar la parte de capital restante, con las solas garantías del proyecto (como, por supuesto, hacen con las grandes empresas), adelante. Si no, no se precipite, amigo: busque otras fuentes.

Resulta más interesante (después de la siempre más barata financiación familiar, cuyo defecto es que nos privará de obtener la crítica a nuestro esquema económico) la de los coinversores, bien sean "bussines angels" o accionistas, con o sin cogestión en el proyecto.

En esta línea, nos  gusta mucho, porque nos parece una excelente iniciativa, la seguida por algunos Colegios Profesionales que ofrecen a sus colegiados jóvenes, la asesoría de sus senior y, también, su colaboración inversora, a veces conjunta, surgida de los ahorros de una vida profesional y que, con seguridad, ya no se van a necesitar para necesidades propias.

Las oficinas de promoción, que ofrecen préstamos a bajo interés e incluso subvenciones, cumplirían una interesante función, pero solo si fueran capaces de detectar sectores prioritarios, y ofrecerlos a quienes, careciendo de proyecto, cumplieran la condición de cualificación técnico-empresarial: "saber gestionar, tener ilusión, y poder evaluar, para tomar las decisiones adecuadas,las necesidades técnicas del proyecto ".

Estamos convencidos de que las Universidades -en especial, las de las ramas técnicas-, los departamentos de desarrollo de las empresas de mediano tamaño (obivamente, también lo deberían ser las más grandes, pero éstas son menos proclives a la transparencia) y las Escuelas de Negocio, además de las Administraciones públicas, tienen mucho que decir para estimular iniciativas empresariales. Si no lo hacen, y lo saben hacer, es un despilfarro; si no lo hacen porque no lo saben hacer, es un engaño.

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(1) Añadimos, aunque no venga a cuenta, que hay que desconfiar de bancarios-burócratas que aprovechan la menor oportunidad y nuestra inocencia para colarnos goles entre las piernas: por ejemplo, mandándonos en un solo correo, varias comunicaciones de saldos de nuestra exigüa cuenta, que maldito si nos hace falta la información, o se congratulan por cobrarnos las comisiones por la mínima variación de capital inmobiliario, incluso llevándose la totalidad de los "beneficios" por su ridícula "mediación"... asuntos, entre otros, que debemos denunciar, colectivamente, ante los Tribunales.

(continuará)

En Sudán del Sur no saben qué hacer con el petróleo

Si el lector tuviera tiempo libre, y nos curamos en salud lamentando que no lo tenga, le aconsejaríamos que leyera el Informe del Banco Mundial sobre Sudán. Publicado en diciembre de 2009, 19 meses antes de la escisión del país, proporciona datos económicos y sociales, pero, en lo que más nos interesa reflejar aquí, realiza una reflexión acerca de lo que sería necesario lograr para desarrollar la región.

Una región en la que se produce la incongruencia de disponer de un recurso muy codiciado por los países más desarrollados -el petróleo-, con el que ha conseguido desde 1999 un notable crecimiento en los indicadores macroeconómicos y en el que, sin embargo, la mayoría de la población sigue viviendo en la pobreza.

¿Cómo puede ser que un país que es el décimo productor mundial de petróleo - 500.000 barriles/día- no saque partido de ese flujo de divisas? (exporta a China las 3/4 partes de esta producción, 12,6 millones de t).

La respuesta es sencilla, pero dolorosa y tiene tres soportes: 1) La participación en los ingresos por el petróleo en la balanza comercial ha aumentado al 96% (en 2008), que se cambia, básicamente, por productos agroalimentarios. 2) La Corporación Nacional de Petróleo de China actúa prácticamente como monopolista; el gobierno de Sudán recibe directamente, a través de empresas particulares, la mayoría de las "compensaciones"; 3) Se calcula que el país tiene reservas para únicamente 20 o 30 años, y, al no haber conseguido -ni intentado- generar un tejido industrial diversificado con el apoyo de los ingresos por petróleo, al acabar este período se verá sumido en una catástrofe fácilmente imaginable.

La división del país ha sido apoyada unánimente por la "comunidad internacional" pero no está, en absoluto, claro que ofrezca más soluciones que problemas, si el objetivo fuera el desarrollo de Sudán: la mayor producción de petróleo se encuentra en el Sur de Sudán, pero las conducciones hasta los puertos de descarga se hallan en el Norte; aunque ha habido un auge en la edificación se ha concentrado en las dos ciudades más importantes: hay el mismo número de puentes -ocho- que cruzan el Nilo en Jartum que en el resto de la región; la carencia de servicios de agua y electricidad afecta a más de 8 millones de personas (el país tiene una población de 35 a 40 millones, imposible de conocer con exactitud, por la ausencia de censos oficiales, incluso después de la paz impuesta por la ONU en 2005); y la sequía y la hambruna amenazan con desequilibrios persistentes en amplias zonas, separados, sus habitantes, además, por ideologías que se está alimentando continuamente -con armas y soflamas- como inconciliables, enraizadas en tensiones étnicas y tribales que han crecido profundamente gracias a la incultura, la pobreza y el aislamiento.

Juba, la capital ahora de Sudán del Sur, es un poblachón que actualmente no superará los 350.000 habitantes (pero imposible ser precisos: la población tiene uno de los crecimientos mayores del mundo), que han sido atraídos desde el desierto hacia esta ciudad artificial, con tremendos déficits en servicios básicos, aunque con una floreciente actividad económica puntual, gracias al petróleo y a la ayuda del gobierno chino, que ha centralizado en ella las oficinas de la actividad extractora del crudo en la zona.

(continuará)

 

Con algo más que dos pelotas

Ese desiderátum oficial de lograr la igualdad de los géneros -que no se debe confundir con la fusión de los sexos- donde ha conseguido sin duda su objetivo es en la pérdida de identidad sexual en el lenguaje, quizá porque es uno de los escasos espacios en donde los políticos están convencidos de no tener mucho que decir y, por tanto, en el que los ocupantes del agora popular se manifiestan sin directrices ni tapujos.

Resulta así, sin que nadie les haya impuesto esta forma de comportamiento verbal, que en el lenguaje los hombres y las mujeres de nuestro pequeño país se ahn hecho iguales, y utilizan el mismo vocabulario, idénticas frases, los mismos giros y retruécanos. Hombres y mujeres usan las apelaciones a los atributos sexuales sin importarles si los tienen o no, para dar fuerza a lo que expresan

Hay que hacer, sin embargo, una importante precisión: las imágenes de metafórico contenido sexual que tienen su origen en características diferenciadoras del sexo masculino, son empleadas por las mujeres sin ningún problema, pero la situación inversa no se produce jamás.

Para algunos, esta situación puede aparecer como una consecuencia más de la pervivencia subliminal de la "añoranza del pene", entendido este apéndice como símbolo de poder.

Nuestra interpretación, es justamente la contraria: resulta un ejemplo claro del imparable desprecio por parte del segundo sexo (a despecho de lo que piensen el primero y el tercero) hacia ese adminículo y sus pendejos colaterales que forman parte inseparable -al menos, no desgajable sin dolor- del cuerpo masculino y, cuya utilidad, con los nuevos tiempos que ahora corren, se ha visto no solo controvertida, sino puesta al mismo nivel  que el consolador y otras manipulaciones que están al alcance de cualquiera.

Tal vez esta trivialización de lo específicamente viril sea la razón por la que muchas féminas están con harta frecuencia hastaloscojones o les importaunpito lo que les pueda suceder, e incluso exigen/prohiben que nometoqueslosgüebos a la primera de cambio en que el entrometido quiere hacerles la puñeta.

El desequilibrio, sin embargo, ha pasado a ser de signo inverso. Porque, como quedó expresado, estamos aún por oir -no digamos ya, por ver- que un varón esté hastalosmismosovarios o le importeuncoño cualquier asunto que realmente le parezca de poco interés o le cause la menor sospecha de desazón. Lo que no nos impide imaginar que, de seguir las cosas su evolución natural, descartemos que esté próximo el momento en que los varones empiecen a notar en el habla que tiene más fuerza apelar a los órganos sexuales femeninos que a los propios.

Son, al fin y al cabo, los efectos de la evolución del lenguaje, al encuentro de las expresiones que encajan mejor con lo que el momento pide. Cada vez son menos los necios de capirote, los bobos de baba y más los tontos del culo, y los maricones de cartel van cediendo sitio a los gilipollas y cornudos.

No queremos extendernos en más elucubraciones, porque echar mano a lo que se entiende por insulto en una sociedad acaba siempre por levantar alguna ampolla.  Quizá, hoy por hoy, lo peor que se puede llamar a un tipo es banquero y, en cambio, ser emprendedor está bien visto, y no digamos, ser bloguero, estar enredado con cientos de desconocidos en intercambios de paridas.

Por la razón que fuere, hasta la nueva presidente del FMI ha declarado públicamente, viniéndole al cuento por culpa de aquel que sustituye -caído en el pozo de una sensualidad de cajón y billetera-, que hay demasiada testosterona en las decisiones económicas, lo que es equivalente a poner el dedo en la llaga de lo impregnado que de sexo está el ambiente, pero no el virtual, el que surge de los recovecos de la líbido.

Por la cocina hacia la solución global

Teresa de Jesús, una santa abulense con vocación universal, estaba segura de que "también entre los pucheros anda Dios" y, quizá por ello, recomendó separar tajantemente los momentos de perdices de los amargores de las penitencias ("Cuando perdiz, perdiz; cuando penitencia, penitencia").

Somos casi legión quienes creemos a pies juntillas que en los fogones se cuecen muchas más cosas que las que nos sirven de alimento. (Véase, como ejemplo de esta convicción, nuestro libro "Cómo no montar un restaurante", que podría ser breviario de cabecera de quienes se sienten presos por el hormiguillo de querer meterse a "restaurador", preludio casi seguro de convertirse en "destructor" del propio patrimonio).

El 8 de julio de 2011, gracias al Thinking Party que organizó la Fundación Telefónica para promover ilusión en este país (dura y, también, cruel tarea: difundir olor a perdices en tiempo de penitencias y ollas vacías), pudimos escuchar del cocinero navarro Jesús Sánchez, unos consejos de los que no hacen daño a nadie, pero que tampoco pueden comerse, aunque estén extraídos del territorio de la cocina ("El mundo con la visión de un cocinero" fue el título que dió a su charla).

Jesús Sánchez pertenece al selecto grupo de cocineros españoles que han logrado su fama enseñando trucos de cocina de la bisabuela desde las pantallas de las televisiones, lo que les ha obligado a llamar concassé al tomate picado, velouté a la crema ligera y reacción de Maillard al churrruscado, además de pesar las pizcas de sal y explicar cómo se pocha una cebolla a quienes lo único que saben de cocina es el número de telepizza.

Sánchez tiene méritos. Su restaurante cántabro, el Cenador de Amós, es un magnífico ejemplo de combinación de restauraciones: un edificio singular, un espacio espléndido y una cocina inteligente. Lo de la estrella Michelín es lo de menos, pues son muchos más los que le condecoran de felicitaciones cada día, y, además, le pagan por lo bien que han comido, lo que no pasa con los críticos culinarios que igual te ponen a caldo que te suben por las nubes, por razones que más vale no investigar. 

En su charla, Jesús Sánchez mezcló trozos de películas sobre el tema ese tan manido ahora de la cocina, con algunas observaciones respecto a lo que les pasa por la cabeza a los cocineros cuando están con el estrés de atender al servicio, que debe ser como la regla, pero sin norma alguna.

Sastre además de cocinero y comunicador, Sánchez confeccionó un traje de retales compuesto con minutos de "Con un toque de canela",  "Play time", "A la carta", "American cuisine" , "La camarera" o "El festín de Babette" -entre otros muchos-, que generó más bien confusión en cuanto al mensaje, pero despertó muchas risas.

Que es de lo que se trataba, al fin y al cabo.

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No hace falta que compren el libro "Cómo no montar un restaurante" (ni podrían, pues no está publicado como tal), pero una buena parte de sus capítulos están publicados en El blog de Angel Arias: http://amarias.blogia.com. Hace tiempo que me dí cuenta que ya no se compran libros más que para las bibliotecas públicas, y no soporto ver libros de mérito ofrecidos en los Vips a 2 euros, antes de pasar, vencido el plazo, al reciclaje del papel que sustentó fugazmente sus teorías.

Sobre la relación entre el Club de la Comedia y Telefónica

Sobre la relación entre el Club de la Comedia y Telefónica

Nunca hemos visto publicado este anuncio, pero estamos seguros de que la petición circula con insistencia, emanada desde prácticamente todos los centros de poder: "Necesitamos encontrar optimistas; hay que difundir mensajes de ánimo, positivos, constructivos".

¿Por qué habrá que difundir optimismo? ¿Para quitar la razón a esos grupos de indignados que protestan contra los políticos, el Gobierno, la Banca, los empresarios y, en general, contra todo lo que se mueva con tufillo a autoridad? ¿Para detener, como sea, cualquier vía por la que se cuela la creciente alarma social, entusiasmada con proclamar la incoherencia del modelo y la ineptitud o la avaricia de los que lo controlan?

No lo sabemos. Lo que sí estamos seguros es de que el día 8 de julio de 2011 la Fundación Telefónica, en su II Thinking Party, pretendió difundir optimismo y, para ello, reunió a un grupo de conferenciantes que rebosaban satisfacción y que tuvieron aún más de la misma, entregándola al público, en dosis de veinte minutos de plática tan divertida como edulcorada.

El espíritu de la convocatoria estuvo muy bien asumido por todos los intervinientes, (al menos los que lo hicieron hasta las 12h30, en que tuvimos que ausentarnos), si bien desearíamos destacar a Pau Garcia-Milà Pujol, creador de EyeOs, un sistema operativo que "se convertiría en el fenómeno del cloud computing", según reza la carátula de su libro "Está todo por hacer", una obrita al estilo de "El monje que vendió su Ferrari" o "Quién se ha comido mi queso", que va ya por la cuarta -¿o es la séptima?- edición, prologado y epilogado por los dos Felipes más importantes del momento y con el que fuimos agraciados en el sorteo de final de la sesión.

El joven Garcia-Milà (ponemos atención a los acentos) representa, en verdad, la conciencia de nuestra sociedad, y con sus dotes de comediante aprendidas en la escuela de Andreu Buenafuente, las traslada, con éxito, a cualquier audiencia, entregada al aplauso emocionado desde el mismo momento en que conoce que la empresa de este chaval que acaba de cumplir los 24 y que "fue expulsado de la carrera de Ingeniería en Informática" (?)  emplea a más de 40 personas, factura más de dos millones de euros al año y está a la vanguardia de no se sabe muy bien qué descubrimientos que revolucionaron a Google y, por tanto, el mundo.

La Universidad española debería reflexionar seriamente sobre lo que está pasando.

Si, con absoluta capacidad de convicción, notable desparpajo y el apoyo de varias de las cabezas visibles del país -algunas han expresado incluso porqué-, jóvenes como Pau Garcia-Milà pueden en 20 minutos (o en cien páginas con letra grandecita) demostrar que es un mérito sustancial de tu currículum que te expulsen de la enseñanza oficial y que en el mundo en el que nos están obligando a movernos, "está todo por hacer", lo mejor que harían la mayor parte de los  porsímismos considerados muy doctos y por suspropiasinstituciones muy laureados culosentados que pretenden detentar la sapiencia oficial del país, sería apagar las luces e irse; hacer hueco, vamos.

¿O se atreven a poder demostrar, ante las mismas audiencias, lo contrario -o, al menos, que saben cómo terminar una parte de lo que falta, y que están ya haciéndolo en beneficio de las mayorías-? 

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P.S. 1.- Los dos Felipes a quienes nos referimos son S.A.R. Felipe de Borbón y el Excmo Sr. D. Felipe González, ex-Presidente de Gobierno.

P.S.2.- Nos gusta el botijo que decoró Karla Frechilla, símbolo del evento, y que se atrevió, además, a pintar un cristal con sus acrílicos luminosos, a la vista de todo el mundo, mientras se desarrollaban las sesiones.

P.S.3.- Por cierto, uno de los ponentes de la tarde, en línea con la mayoría de los ponentes y con el título de este Comentario, fue el humorista Leo Harlem (Leonardo González Féliz), fijo del Club de la Comedia original, el de las risas como objetivo confesado.

Sobre antideslizantes, riesgos y espectáculo

Sobre antideslizantes, riesgos y espectáculo

Desde hace unos seis o siete años, se vienen impregnando de una sustancia antideslizante algunos tramos de las calles de Pamplona por donde han de pasar corredores, toros y cabestros, en los encierros que tienen lugar cuando las Fiestas de San Fermín.

El lugar más conflictivo del trayecto hasta la plaza de toros es la curva de la calle de Mercaderes en el cruce con Estafeta. En ella, los participantes en la carrera se ven obligados a girar a toda velocidad (casi 40 km/hora) y no faltaba quien resbalase, -bípedo o cornúpeta- cayendo al suelo, creando más peligro.

Esto se acabó. El 7 de julio de 2011, por ejemplo, la carrera discurrió sin ningún incidente. Los toros entraron prácticamente juntos a la plaza, no se separaron apenas, durante el recorrido, de sus cabestros, y los jóvenes corredores -algunas mujeres entre ellos- se comportaron muy correctamente, sin alardear de valentías improcedentes, sin asumir riesgos innecesarios.

Fue un espectáculo aburrido, pues. No hubo emoción. Nada que reseñar, salvo un par de contusiones; lo mismo que en cualquier otra fiestucha de barrio.

Hay que tomar medidas. Proponemos que para el próximo año se unten las calles con sebo y aceite de girasol, se embadurnen las zapatillas de un diez por ciento (al menos) de los corredores y las cuatro pezuñas de todos los astados -cornifinos como mochos, castrados así que enteros- con grasa de caballo y se dicte, por pertinente ordenanza, que los intervinientes en la carrera se verán obligados a dar dos vueltas a Pamplona antes de entrar en la plaza.

Y que se llame a algún Hemingway, que venga a dar testimonio de lo bien que lo pasamos corriendo ante los cuernos, poniendo peligro donde no hay razón, llenando el cuerpo hasta los topes de alcohol y adrenalina, porque hay que saber vivir, que son dos días; perdón, siete.

Para entender el mundo algo mejor

La teoría de la evolución hace aguas cuando se aplica a la especie humana, pues, lejos de adaptarse a la Naturaleza, el objetivo fundamental de esta anomalía de la que formamos parte es sobrevivir a las dificultades generadas por nuestra propia naturaleza.

Antonio Machado trató de reflejarlo sintéticamente, en unos versos que aplicó a los españoles: "Españolito que vienes al mundo/te guarde Dios:/Una de las dos Españas/ha de helarte el corazón". Para un poeta que había sido testigo de una guerra civil, el desánimo estaba muy justificado. Pero no vemos en la idea el reflejo de una ley universal. Ahora que el mundo tiene pretensiones de global, las gentes con el corazón helado se concentran preferentemente en el occidente, aunque quienes sufren las consecuencias están por todas partes, y son la inmensa mayoría.

Otros escritores, como Georges Perèc, lo intentaron ya desde el título de su obra magna: "La vida, instrucciones de uso"; Podíamos citar a muchos, a casi todos los grandes, -Balzac, Cervantes, Shakespeare, Tolstoi-, como empeñados en contarnos a los demás lo que creían saber del comportamiento de la humanidad. 

Hoy día, cualquier niñato cree conocer las claves de la existencia sin necesidad de que se las cuente nadie, gracias a la televisión y a la calle (por este orden). Por la primera, se ha impregnado desde los primeros chupeteos, de violencia, obsesiones por la belleza corporal como clave para el sexo promiscuo, desprecio al mérito y convicción profunda de que nadie puede servir de modelo de comportamiento ético, ya que la mierda y el engaño lo contagian todo.

Por la calle, aprenden del peligro de separarse del grupo, buscan la protección en el anonimato y en la imitación, y entienden rápido que el saber ocupa lugar, por lo que es mejor dedicarle mínimo espacio en el cerebro.

Sería muy necesario que los que pretendan controlar los mandos de esta sociedad dedicaran tiempo a poner en valor algunas cualidades caídas en desuso: la ética, el pundonor, la honradez, el servicio, la disciplina, la esplendidez, la seriedad, la coherencia, ...

Porque nos ayudarían a entender el mundo algo mejor: no el que tenemos en las manos ni tampoco del que venimos, sino el que nos permitiría recuperar el sentido de nuestra naturaleza.

Habría que advertir, sin embargo, que, como instrucciones de uso, en este momento, para la vida que tenemos por delante, aparecen como extremandamente perjudiciales para la serenidad emocional, e incluso, como peligrosas para garantizar la supervivencia.

Sobre la forma de crear empleo del hijo del cristalero

Frederic Bastiat,  en el siglo XIX, en las primeras lecciones de economía para dummies que se conocen, ilustraba acerca de las consecuencias prácticas de que el hijo del zapatero rompiera un cristal del modesto negocio de su padre.

Su análisis esclarecía que, por romper muchos cristales, no se generaba más riqueza ni actividad para una población y ni siquiera el eventual aumento del número de cristaleros venía a proporcionar empleo estable ni bienestar duradero a este colectivo, al empobrecerse la comunidad en su conjunto.

Ha despertado el natural bullicio la afirmación del candidato a presidente del Gobierno en las próximas elecciones generales, Alfredo Rodríguez Rubalcaba, de que "sabía cómo generar empleo". Nosotros, más modestos, afirmamos que sabemos cómo no crearlo.

Y, además de la cita informal de Bastiat, traemos a este Comentario una anécdota que ya tuvimos ocasión de glosar en otra ocasión.

Una familia muy pobre y con muchas bocas que alimentar cuidaba con el máximo cariño a un cerdito que le habían regalado, esperando que adquiriera peso suficiente para sacrificarlo y así superar otro invierno. Quiso la mala suerte que, jugando con él, una de las criaturas lo mató sin querer; después de los lamentos, haciendo de la necesidad virtud, la madre asó el cochinillo y todos se sentaron a la mesa a dar buena cuenta del animal. Entonces, la niña que había provocado inconscientemente la desgracia colectiva, reclamó: "Pra mín, máis, que fun la que o matéi".

Algo nos viene diciendo, desde hace tiempo, como runrún en los oídos, que en esta crisis que tanto nos machaca, han cogido los mejores trozos de lo que se ha podido salvar, quienes más hicieron por provocarla. Y, para más inri, nos sopla encima de este ruido, otro, y es que estamos creando empleos de cristaleros, sin acertar con lo que debe servir para generar actividad sólida, y porqué no, más duradera.

Es muy importante tener en cuenta que el desarrollo económico se produce por la generación de valores añadidos que, o bien la propia economía puede reabsorber, provocando la recirculación y redistribución de esos excedentes entre amplios sectores, de forma que se haga posible la elevación conjunta de su nivel y eficacias productivas o bien se es capaz de canjearlos en los mercados exteriores por productos que resulten más baratos que si se acometiera su producción con medios propios.

¿Es una simplicidad?. Puede parecerlo, pero entonces, ¿por qué no se aplica?. Si subvencionamos productos (no importa si hortofrutícolas, energéticos o electrodomésticos) que podemos comprar más baratos en los mercados exteriores, estaríamos despilfarrando nuestros recursos, aunque generásemos "empleos de cristaleros".

Suponemos, pues, que los dos candidatos con opciones reales de ser presidentes del Gobierno de España (Rajoy y Rubalcaba) tienen claro cómo crear empleo en este país: aumentando la productividad de los recursos -capital y trabajo-, concentrándonos en aquellos sectores en los que tenemos ventajas competitivas, o donde podamos crearlas.

En esencia, se trata de actuar en dos direcciones principales: a) fomentando el consumo interno de los productos de fabricación propia, tanto más cuanto más diversificada se encuentre su fabricación, y b) apoyando, con todos los efectivos, la exportación de aquellos productos en los que estamos generando mayores plusvalías debidas a la productividad, sobre todo, de la mano de obra (es decir, con ventaja sobre el capital, dado nuestro alto endeudamiento); en especial, claro, del sector servicios, y, dentro de él, del turismo y sus relacionados (hostelería, restauración, ocio, etc.).

Ni qué decir tiene que, a medio plazo, el apoyo a estas directrices se sustenta en la investigación y la educación, además de vigilar el ahorro de todo despilfarro, la ausencia de corrupción en las instituciones, y corregir todas las bolsas de inactividad.

Nos gusta mucho el actual estado social, pero no podemos olvidar que debemos estar en condiciones de poder pagárnoslo nosotros mismos, sin acudir a endeudamientos que comprometan el futuro ni a cuentos de la lechera que solo se sostienen por imaginaciones calenturientas-esto es, garantizando que sea sustentable-.

Por eso, hay que estar vigilantes a los que se empeñan en crear empleos de cristaleros como solución a la crisis y, por supuesto, a los que pretenden tener mayor tajada con el argumento de que fueronellos los que acuchillaron la becerra.

Sobre homenajes póstumos

Con el más bien enigmático título de "Cortar el revesino" -al menos, para los tiempos que corren (1)-, aprovecha Javier Marías, en la página del Pais Semanal del 26.06.2011, para referirse a la torpe práctica de homenajear, después de muertos, a quienes en vida no se ha dado el mérito debido.

Entre otras observaciones que vienen al pelo, Marías indica, con su especial finura para acertar donde más duele, que si los homenajeados ya en su descanso eterno hubieran fallecido jóvenes -sin que les hubiera faltado tiempo para llegar a ilustres- podría entenderse que el coro de alabarderos hubiera esperado a que alcanzan más edad, dando prioridad a los más viejos en el escalafón de la aplaudidera. Pero no se ve el caso a los remilgos para no homenajear, en vida, a sesentones y setentones que tuvieran buen currículum, pues no cabe esperar que el tiempo los mejore y sí que los catarros de invierno les puedan hacer mala pasada.

Quizá por eso, y para evitar el bochorno de tener que elegir entre tanto meritorio, algunas cofradías, corporaciones y colegios, dan las medallas, simplemente, a los que llegan a una cierta edad o han cumplido tantos años como miembros del grupúsculo.

Distinto asunto es que -como reconoció, si la memoria no nos falla, Eduardo Haro Tecglen en una presentación de los premios del Café Gijón- se monte un concurso literario con la intención de premiar, ante todo, a los organizadores del mismo, gentes ya de cierto renombre pero sin títulos de empaque, poniendo así en claro el nivel de los méritos que se pretende ensalzar más adelante.

Sugerimos a quienes creen tener méritos no reconocidos aún para ser objeto de un homenaje póstumo, que en su testamento, ya que están a tiempo, prohiban tales manifestaciones de cariño.

Porque, ya que al difunto no le ha de servir ni para levantarle la más leve sonrisa, un reconocimiento a posteriori solo puede tener la intención de tocarle los pinreles virtuales al difunto, representado en las lágrimas de quienes lo han querido más en vida, y conseguir, con ello, que esos personajes a los que les gusta menear el incensario medren un poco en la escalera de su propio reconocimiento, que querrán tener en vida, como todos.

(1) El revesino es un juego de naipes, caído en el olvido, en el que gana el que se queda con todas las bazas; ha de estar atento, sin embargo, el que cree estar a punto de hacerse con la victoria, pues existe la posibilidad de que, en las últimas vueltas, otro jugador le levante todo lo ganado, "cortándole el revesino".

Sobre sociedad civil y liderazgo

Entre todos, hemos puesto de moda el término de "sociedad civil", que sería una forma actualizada, un neologismo de conveniencia, para denominar al "pueblo llano", a los que no tienen acceso natural a los poderes fácticos; la sublimación del significante, con perceptible descaro epistemológico, del viejo vocablo "plebe", vituperado, como otros, por su uso reiterado.

Junto a esa característica propia de la sociedad civil, aparecen otras que también le son propias, y que ponen de manifiesto sus múltiples carencias: su desorganización interna, la ausencia de líderes, y facilidad para asumir -por la vía de la pasión- objetivos fugaces, (cuyo interés por alcanzarlo decaerá si no son conseguidos de inmdiato).

Las constituciones y normas fundamentales suelen indicar que el poder reside en el pueblo, es decir, en la sociedad civil. Pero es solo una forma brillante de desviar la atención de la residencia real de la potestad de control, porque el poder reside en las instituciones, y las instituciones son gestionadas por muy pocos, que son cuidadosamente elegidos por una máquina perfectamente ideada para reproducir el statu quo, la situación llamada "el sistema", o con un anglicismo, el estáblismen.

Cada comunidad de control perfecciona su fórmula para mantenerse en el poder. Para detentar poder real en España, es necesario cumplir alguna de estas condiciones: a) la posesión de una fortuna superior a los 100 millones de euros; b) haber alcanzado el puesto de control de organizaciones con más de 50.000 socios o afiliados; c) gestionar grupos empresariales con facturaciones anuales superiores a los 1.000 millones de euros; d) haber sido designado como influyente por el sistema, o tolerado por él.

En las sociedades en paz -que no se debe confundir con pacíficas- existe un interés particular por explicar las fórmulas de acceso al liderazgo, presentándolas como abiertas, neutrales, o de una forma muy preferida, "democráticas". Analizar el currículum de los líderes, estudiar la trayectoria personal que les permitió llegar a ocupar un lugar -por la vía del apartado d) indicado en el párrafo anterior, es siempre muy interesante.

Una parte nada despreciable de los líderes han traicionado aparentemente las agrupaciones a las que pertenecieron, trasvasando así el conocimiento interno del funcionamiento de unas a otras, tenidas formalmente por opuestas.  Asombra ver los currícula de dirigentes de, por ejemplo el PSOE o el PP que provienen de otras formaciones políticas, y que presentan aquellas devociones como desviaciones de ímpetus juveniles, pretendiendo haber alcanzado la verdad en el íter, lo que no excluye que, si les fuera necesario, podrían volver a perderla.

El "sistema" valora muy alto el conocimiento que se aporta del contrario o, mejor, de la organización que se desea rentabilizar en su provecho. Por eso, altos funcionarios -ex-ministros, ex-directores generales, ex-consejeros delegados de empresas públicas, etc., y no digamos, ex-presidentes de Gobierno- son muy codiciados, porque aportan información sobre la manera de obtener mayores beneficios particulares.

Quizá el mayor mérito de la democracia en ese aspecto es conseguir, en no pocos casos, que las actuaciones públicas, además de beneficiar a capitales privados, satisfagan de manera más eficaz las necesidades de grupos específicos de la plebe. Si alguien tiene dudas de lo que significa este avance, no tiene más que atender a comparar cómo se emplean los dineros públicos en la mayoría de los países en desarrollo, donde la ausencia de escrúpulos en justificar formalmente lo que se está haciendo con ellos es habitual.

Sobre exhibicionistas, pudorosos y perversos en la red

Entre los efectos secundarios menos analizados de las telecomunicaciones se encuentra el que cambian, -según se alega, con extraordinaria frecuencia-, la personalidad real de sus usuarios. Nos referimos, para precisar el campo de nuestro análisis informal, más específicamente, a las llamadas "redes sociales".

Los estudios conocidos acerca de la influencia de las redes y la personalidad, se han concentrado en la creación de una imagen virtual atractiva por parte de los más jóvenes, por la que el internauta aún en proceso de madurez pretendería darse a conocer de una forma idealizada; este trabajo de construcción de un yo virtual más apetitoso que el verdadero, en el mundo de las relaciones telemáticas, es vista como una manera positiva de perfeccionar la personalidad real, madurándola.

No estamos de acuerdo. Ante todo, porque debemos discrepar de lo que esos estudiosos de variado pelo intelectual -crecido, en general, en las dehesas de las Universidad norteamericanas-, entienden por "manifestación de la personalidad", haciendo una dicotomía entre las apariciones virtuales y reales, como si ambas pudieran disociarse.

Eso de que uno puede crear y controlar egos/yoes o personalidades a complacencia, es una patraña. Cada uno es cada uno, tiene sus cadaunadas, y, por fino y escrupuloso que parezca en borrar huellas de lo que no quiere ser o aparentar lo que le gustaría que pensaran de él, no es posible engañar a ese "permanente ayuda de cámara de uno mismo", que es -permítasenos la escasez de vocabulario-, justamente, uno mismo.

Incluso para las personalidades más bipolares de la siquiatría no existe más que un yo que, no lo negamos, según circunstancias externas, conveniencias del individuo o tensiones físico-químicas en su organismo, puede volverse en manifestaciones extrovertidas y exultantes o llevan a la depresión y al ostracismo del individuo que la padece frente a los demás, pero siempre tenemos que volver a la guarida individual, porque no tenemos manera de zafarnos de lo que, en esencia, somos.

Volvamos, pues, a la red y a la relación que tienen con ella los habitantes del mundo real.

Están, por un lado, los que temen enseñar aspectos que les interesaría mantener ocultos, y creen que la red los desnudaría, les haría perder intimidad. Muchos de los reticentes a usar las vías de intercomunicación telemáticas, alegan una y otra vez que no confían en su seguridad, y que están seguros de que la información que se proporciona a la red -desde número de cuentas corrientes a visitas a páginas de contactos sexuales o pornografía- acabará en manos indeseables, vulnerando datos, secretos o particularidades que no desean que caigan en poder de terceros incontrolados.

No vemos forma de contradecirles, pues si los protocolos para medidas de seguridad más potentes que conocemos, que son las relativas al manejo de la energía nuclear, tienen fisuras y pueden dar lugar a situaciones que se pretendía tener bajo control, no habrá guapo tecnológicamente hablando que pueda defender que esos protocolos que avanzan a base de prueba y error (su vulneración) nos defiendan de que nuestros datos confiados a la red no sean puestos en pelota por fallos de servidores, hackers bien dotados para penetrar en las barreras de otros y, por supuesto, organizaciones delictivas o al servicio de los espionajes internacionales, que tienen como trabajo único levantar el velo de lo que se quiere mantener secreto (Wikileaks nos ha puesto sobre aviso de las dificultades de conservar una información a buen resguardo).

Lo que sí les advertimos que la información que existe en las redes -al margen de los datos que proporcionen organismos oficiales, boletines de las administraciones públicas (y privdas) y las eventuales fugas de seguridad de entidades financieras, centrales de compra venta y análogas detentadores de bases de datos- proviene de dos fuentes: a) la que proporciona el propio sujeto, y que puede controlar y b) la que proporcionan sobre él los demás, a la que no es posible cerrar los ojos, porque no depende del sujeto; y que, si es falsa, tendenciosa o errónea, la mejor manera de combatirla es desde dentro, con argumentos verdaderos y, en su caso, con la denuncia a los órganos jurisdiccionales.

Están, por otro lado, los exhibicionistas en la red, no solo de sus flaquezas anímicas, sino también, y ello nos resulta especialmente simpático, de sus producciones, del tipo que sean. Blogs, webs, redes sociales, están llenas de fatuas, incluso ridículas, pero en una importante cantidad de casos, bien intencionadas, exhibiciones de lo que uno cree poder aportar a los demás, que es, al fin y al cabo, la demostración de la necesidad de ser amado por lo que se es o quiere ser.

Para estos individuos, la red supone ampliar o querer ampliar la capacidad de influencia, de concretar la necesidad de ser amado, querido, respetado, o, sencillamente, de ser tomado en consideración. Estos individuos convierten a sus apariciones en la red, a veces interpretables como sicopatías, en una bandera permanentemente desplegada, cuyo sentido es, inequívocamente: "Eh, que estoy aquí, que quiero que me queráis". La red es, para ellos, un campo de despliegue de su personalidad, que obtiene su recompensa -ocasional o sistemática- con esas reiteradas manifestaciones de "me gusta", o "te copio esto que se me ha ocurrido" o, más frecuentemente, "comunico urbi et orbe que me estoy tomando una cerveza, entro en el baño o me encuentro en una manifestación, una conferencia o estoy disfrutando de un día en la montaña".

Terminamos este Comentario con la referencia a un tercer tipo de individuos, que llamamos genéricamente, perversos, que utilizan el anonimato de la red para poner huevos de mala uva en lo que otros hacen. Convertidos en especialistas en tirar piedras sin necesidad de esconder la mano, porque creen estar actuando de forma anónima, meten mensajes soeces, descalificaciones frontales sin más fundamento que su intención de dañar sin ser identificados, utilizando la red como un campo de exposición de sus debilidades sicológicas, en la misma línea que los que gritan hijoputa al árbitro de un encuentro deportivo, porque entienden que nadie los reconocerá por su verdadera personalidad.

Pues bien: los tres tipos de actuación revelan aspectos de la personalidad real. Exhibicionistas, pudorosos o perversos en la red son reflejo de otras tantas características del yo real, y dan información sobre comportamientos, que cabe analizar con las mismas técnicas que utiliza la sico-sociología tradicional.

Hacia la ignorosfera por la tecnosfera

Javier Monserrat, especialista en Percepción visual, editor de Tendencias21, catedrático de la UP de Comillas, aguantó con resignación sorprendida que Luis Palacios (director de desarrollo de Cisco para España) y Simón Viñals (responsable comercial de Intel) terminaran sus presentaciones tecno-comerciales y las preguntas improvisadas de Ildefonso Mayorgas, responsable de Thursday (y no precisamente en su mejor día).

Se trataba, al parecer, de una reunión de frikies interesados en el cloud computing, la infotecnología e incluso, a tenor de una pregunta que formularía un joven de la primera fila, curiosos por el avance de la informática cuántica.

Una hora antes, este jesuita de formación, filósofo de la noosfera, había tenido también que oir las intervenciones improvisadas del catedrático emérito de la Complutense Fernando Saenz Vacas y de un tal Angel Arias, forzados por el moderador a abrir la caja de las ideas como les viniera en gana, y que, después de expresar algunos remilgos, chapotearon entre los cerebros de la audiencia delante de los invitados oficiales.

Así empezó la reunión de "los últimos jueves de mes", que tuvo lugar el 30 de junio de 2011. Saenz Vacas se enteró, gracias a esta oportunidad, de que entre los asistentes, salvo seguramente Antonio Fumero (también en la sala, luciendo en su camiseta un pensamiento irrelevante: "Deja ya de joder y ponte a follar") y nosotros (o sea, yo), nadie había leído su último libro, por lo que se alargó algo en explicar lo que entiende por netoesfera ("nuevo entorno tecnosocial", según tradujo) y nootropismo. El segundo (en plural: nosotros), tuvo el dudoso placer de negar la mayor ante los espadas principales, en cinco minutos de paso por la cacharrería.

El caso es que allí estaba, aguantando el tipo y con la bolsa de pastillas de Fisherman´s en la mano que lo acreditaban como antiguo fumador, Javier Monserrat, en las instalaciones de La Sombra Producciones, decidiendo si tiraba por la borda una conferencia preparada para presentar en poco más o menos una hora lo crucial del tema que le habían propuesto quienes contactaron con él, "De la tecnosfera a la noosfera", en la que no debían faltar algunas referencias a Teilhard de Chardin, según algún desorientador le había comentado hacía un par de días, cuando le contactaron.

Monserrat tiene cientos de artículos y tres libros escritos sobre una de sus múltiples aficiones, que es la filosofía política, por lo que sus ideas son bien conocidas, o debieran serlo. Centró la conferencia, cuando le abrieron paso, concediéndole media hora, en un resumen de uno de sus libros ("Hacia un nuevo mundo", 2005), que presenta la historia de la humanidad como un proyecto hacia el ideal ético-utópico, y en la que este estudioso del comportamiento colectivo, dice haber descubierto la emergencia de una "nueva sensibilidad".

Ese "nuevo mundo", exige el protagonismo de la sociedad civil, que tendrá como efecto salutífero que las naciones se pongan de acuerdo en un "proyecto universal de desarrollo solidario".

La tecnología ha creado, gracias a la fantástica capacidad de comunicación entre los seres humanos que aporta, circunstancias nuevas para ese protagonismo emergente, distinto -señaló  Monserrat- de los partidos políticos, aunque debe alcanzar organización y seleccionar los objetivos concretos, lo que logrará gracias a líderes civiles que tendrá que escoger, para que salgamos del "caos absoluto".

Fue el único de los intervenientes al que se le aplaudió; la conferencia fue brillante, pero había en el ambiente un deseo de compensar, al menos con un batir de palmas, el tiempo que este jesuita tuvo que esperar para hablarnos de su libro. Y, por cierto, puso de manifiesto que sabía bastante más de informática-computación cuánticas y de eso del qu-bit computing que la inmensa mayoría de la sala, incluídos los demás ponentes.

Sobre las relaciones entre sujetos y el papel de los terceros (y 3)

(Con este Comentario terminamos la referencia,  forzosamente sesgada e informal, a las ponencias de la sesión de la mañana del 27 de junio de 2011, en la Real Academia de Jurisprudencia y Legislación, sobre Relaciones Jurídicas, organizada por la Sección de Filosofía del Derecho, que preside el académico Angel Sánchez de la Torre).

La ponencia de Carmen Dolores Baeza, como ella misma advirtió al principio, se dirigía de lo particular a lo general, esto es, de lo concreto a lo abstracto. Partiendo de la asunción de que las relaciones jurídicas nacen y mueren por hechos jurídicos -y que han de ser realizados por personas- extrajo con base en el Código Civil, muy interesantes ejemplos de situaciones singulares, relativas a la concesión de la personalidad y de los deechos por la legislación, que trascienden las fronteras que podrían creerse naturales entre la vida real y la jurídica.

a) El nasciturus (por el art. 29 CC) adquiere derechos antes de su reconocimiento como persona: su vida disfruta de protección (a salvo de los casos previstos que justifican legalmente el aborto), y tiene expectativas de otros, que se consolidarán si cumple las condiciones del art. 30 CC (nacer con forma humana y ser capaz de vida independiente de la madre). La criatura abortiva pierde, por falta de consolidación, la capacidad de suceder que se le otorgaba al nasciturus.

b) El fallecido pierde la personalidad (art. 32 CC) pero mantiene derechos que otros pueden ejercer o proseguir en su defensa (p.ej. respecto a su honor y fama, o por intereses que ya estén entablados en proceso, o ejercitar la acción de rectificación, etc.)

c) La relación jurídica, indicó Carmen Dolores Baeza, nace o se extingue a veces por actos involuntarios de los protagonistas, por prescripciones legales. Es el caso del derecho al retracto legal del colindante, que es una creación legal, o las extinciones prescriptivas (por las que persiste la obligación natural de restituir, pero ya no está amparada por el derecho), o el plazo para usucapir.

d) Por el contrario, otras relaciones jurídicas no nacen de la Ley, sino que corresponden a relaciones naturales que se incorporan al ordenamiento. Tal es el caso de la familia, la indemnización compensatoria al perjudicado, la obligación de comportarse como buen padre de familia, etc.

e) La relación jurídica aparece con todos sus elementos en los contratos de compraventa: están bien determinadas las partes, el objeto, la forma de perfeccionamiento.

En consecuencia, se deduce que el derecho admite la existencia de obligaciones naturales que solo vuelve jurídicas por decisión de los juristas. En la presentación en juicio de las pretensiones de su cliente, el abogado busca argumentos para justificar la acción, tratando, en los casos en los que no exista obligación jurídica, de descubrir si existen obligaciones naturales que puedan hacerse valer ante los órganos jurisdiccionales. Para Carmen Dolores, sin embargo, si la sentencia es justa, no crea obligaciones nuevas, porque no hace más que poner en valor las existentes; solo la sentencia injusta o improcedente las crea.

Qué lástima no haber podido disfrutar con las ponencias de la tarde y del día siguiente, aprendiendo y debatiendo con este grupo de juristas que analizan las situaciones desde la filosofía del Derecho, que equivale a profundizar en las razones de la vida en sociedad. 

Sobre las relaciones entre sujetos y el papel de los terceros (2)

Sobre las relaciones entre sujetos y el papel de los terceros (2)

(Proseguimos aquí nuestro comentario anterior)

Angel Sánchez de la Torre atribuye a la relación un carácter siempre tridimensional, en la que "la presencia del otro, del tercero, (..) va a dar consistencia a la relación que establezco contigo".

Se disculpaba este maestro de generaciones en Filosofía del Derecho, medalla nº 35 de la Academia, en no haber dispuesto de tiempo para preparar su ponencia (ya hemos recogido que estaba convaleciente de una operación). Pero Sánchez de la Torre tiene conocimientos y recursos para dar una sugerente conferencia, llena de agudas reflexiones, sin más necesidad que acudir a su amplio acervo cultural, en lo jurídico y en lo personal.

Recordó Sánchez de la Torre que la persona jurídica apela a quien es responsable, concepto derivado del término "persona", que proviene de prósopon (el que da la cara) en contraposición a métopon (el que ofrece la espalda), que era como se caracterizaba a los actores que representaban las tragedias en la Grecia clásica.

"Lo que da estabilidad al Derecho es la tridimensionalidad", afirmó; justamente, en el modelo aplicable a la crisis actual, el Derecho internacional carece de actuación, pues no existe relación jurídica entre la parte perjudicada y quienes han causado el daño.

Utilizando el derecho de obligaciones que regula el Código Civil español, el conferenciante expresó que existían cuatro modalidades de tercería en las relaciones, respecto a los protagonistas de las mismas, que serían las partes a quienes afecta directamente: 1) sustitutos (administradores, apoderados, terceros hipotecarios, que, en determinados casos pueden pasar a ser protagonistas; 2) verificadores del acto de relación (notarios, testigos); 3) interesados de afectación (herederos forzosos, abogados); 4) interesados sancionadores (jueces, árbitros, componedores, y hasta los propios individuos, en ciertas situaciones, cuando resuelven su controversia sin acudir a terceros).

En la fértil discusión de lo expuesto por los ponentes, tuvimos ocasión de comentar acerca de la peculiar situación en la que entendíamos se encontraban procuradores, abogados y jueces, en cuanto a las relaciones jurídicas de las que no eran protagonistas principales.

Su posición solo puede entenderse analizando a quiénes reporta utilidad el desenlace de la relación jurídica, pues para ellos no debe existir. Los procuradores, por ficción procesal, representan a las partes en el proceso legal, pero son ajenos a ella, y sus honorarios se rigen por tasas establecidas a priori. Los abogados, especialmente cuando ha sido suprimida la cuota litis, carecen de otro interés que la adecuada presentación de los hechos (y, en general, aunque los jueces no tienen obligación de incorporar sus propuestas, en la indicación de la normativa y jurisprudencia aplicables a la relación que afecta a sus clientes). Y los jueces, en particular, no solamente han de ser ajenos a la relación, y renunciar a juzgarla si entienden que no se cumple el presupuesto, sino que pueden ser recusados por las partes si se entiende que su neutralidad no puede garantizarse.

(continuará).

Sobre las relaciones entre sujetos y el papel de los terceros (1)

Sobre las relaciones entre sujetos y el papel de los terceros (1)

La Real Academia de Jurisprudencia y Legislación, integrada en el Instituto de España desde la creación de éste en 1947, tiene una larga historia que se remonta a 1739, y se rige actualmente por unos Estatutos y Reglamento que han sido aprobados por el R.D. 1058/2005, para acogerse al Alto Patronazgo de S.M. El Rey.

Las actividades de esta respetable institución, de la que forman parte, como académicos de número (medallas), honorarios y correspondientes, una buena parte de los mejores juristas y aplicadores del Derecho españoles, son muy variadas (enfocadas, desde luego, al "cultivo de las ciencias del Derecho y afines" y "al perfeccionamiento de la legislación") y, como suele suceder en el actual escenario de desarreglos, no tan conocidas como se debiera y, por tanto, mucho menos valoradas de lo que merecería.

Nuestro acercamiento en esta ocasión a la Real Academia vino motivado por la invitación a participar -como oyentes- en uno de los Seminarios que organiza un docto y querido maestro de juristas, abogados y licenciados en derecho (con todas las intersecciones de estos tres conjuntos que el lector quiera conceder) que es el catedrático de Filosofía del Derecho, Angel Sánchez de la Torre.

El tema del Seminario era "La relación jurídica y sus aplicaciones metodológicas para el análisis de los hechos jurídicos", y la sesión a la que asistimos fue la de la mañana del dia 28 de junio de 2011, teniendo oportunidad de escuchar las ponencias de Isabel Araceli Hoyo Sierra, Carmen Dolores Baeza Gutiérrez, Juan Antonio Martínez Muñoz y el propio Sánchez de la Torre, convaleciente de una operación.

Presentar el contenido de las ponencias (aunque sea sometiéndolas a un breve resumen) y, no digamos, incorporar la discusión posterior a las mismas que se suscitó entre los asistentes -que ocupamos el espacio inigualable del Salón de sesiones de los académicos-, se alejaría de los objetivos con los que nos hemos propuesto sustentar nuestros comentarios en este blog.

Haremos, pues, un repaso sesgado, interesado y, por ello, distorsionador, de lo que oimos allí, introduciendo, más que lo dicho por los ponentes, lo provocado en nosotros. Vaya, pues, por delante, nuestra petición de disculpas a los intervinientes oficiales en la intensa mañana filosófico-jurídica, que no se verán reflejados aquí por lo que expusieron, porque no es nuestro propósito. 

La cuestión de la personalidad, para acercarse luego al concepto de personalidad jurídica y de las relaciones que podían generarse entre los sujetos, estaba en el centro de las disquisiciones.

Juan Antonio Martínez, en la última conferencia a que pudimos asistir, resaltó los diferentes desarrollos de ciertos aspectos de la personalidad (p.ej. la habilidad musical) según el entorno del individuo, aventuró una definición provocadora, metafórica: "La persona es un intento de mediación entre el espíritu y la naturaleza".

Antes, Isabel Hoyo había realizado un repaso del concepto de relación, a partir de los filósofos griegos (Aristóteles estableció hasta 10 categorías de correspondencia), pasando por los romanos (aunque se dice por algunos que no elaboraron el concepto de relación jurídica, su desarrollo del derecho sería impensable sin él), por Santo Tomás, Savigny, Kant  o Hayet. La Justicia (ius) era un término relacional, que pasó de definirse en términos de igualdad ("lo justo es lo igual", "la voluntad permanente y constante de dar a cada uno su derecho") para "pasr a analizar el acto o sucesión de actos que permite determina a quien se debe aplicar el ius".

Por ello, para Isabel, "la evolución del Derecho ha otorgado a la Ley el poder de modificar las relaciones sin elaborar instituciones -desde hace tiempo- o sin aclarar cómo se modifican las existentes".

(continuará)

 

Sobre proles y responsabilidades

La Humanidad podría considerar cumplido de sobra el hipotético objetivo sublime (un mandato divino) de poblar la Tierra.

Es verdad que no lo ha logrado una sola estirpe ni una sola nación ni los pertenecientes a una sola secta, pero intentos no han faltado: el genocidio de los rivales parece estar ubicado muy hondo en las miserables razones de muchos sátrapas y dictadores, compartido y ejecutado por súbditos que unen miedo invencible y fidelidad inquebrantable como quien lava.

Exterminar al contrario fue una fórmula muy utilizada a lo largo de la Historia, que, por supuesto, no solo quedaba impune, sino que reportaba innegables beneficios: quedarse con lo suyo, esclavizar mujeres e hijos, y ampliar poderes, tierras y bienes que podían repartirse para premiar adeptos.

Aviso a navegantes: han cambiado algo las cosas.

Desde ayer mismo prácticamente, los países más poderosos de la Tierra, cuando encuentran algún resquicio entre las debilidades de los que lo son mucho menos, lanzan órdenes de busca y captura contra presuntos culpables de lesa humanidad y, con suerte, al cabo de los años, la Corte Penal Internacional puede ocuparse en juzgar a un anciano con cara de no haber roto nunca un plato, del que se demuestra capacidad para maldades inimaginables. Después de un juicio justo, se le condena, con alivio, a cadena perpetua y se le encierra en una cárcel de carísimo mantenimiento junto a sus dos más directos colaboradores, sometida a una estrecha vigilancia que no permite descartar que se acaben colgando con su cinturón de los barrotes de lacelda.

El otro lado de esta turbia moneda es que los gobernantes suelen apoyar los incrementos de natalidad de los que les convienen. Más población puede significar más representantes en los Parlamentos, más subvenciones, más votos, más poder; animar a tener hijos está también vinculado a las técnicas de huída hacia delante, son un método de aumentar la base de la pirámide de edades, para que parezca que encajan las cifras de generosas prestaciones sociales, se sostenga el crecimiento insostenible y todo eso que gusta al personal creer para no hacerse el harakiri.

La imaginación al poder: se podrían dar 2.500 euros a los que tengan un hijo antes de determinada fecha, o animar a conseguir Premios de natalidad -incluso ofreciendo un chalet- si se consiguiera concentrar doce, quince o veintidós retoños bajo un mismo techo. 

Hace un par de días, la prensa del corazón (toda, aunque en este caso era La Nueva España, que está algo más cerca del nuestro por razones ancestrales) presentaba el caso dramático de un chatarrero al que las nuevas normativas para recogida de residuos iban a hacer más difícil la subsistencia de su negocio clandestino, de recoger frigoríficos, teléfonos móviles y ordenadores abandonados en cualquier esquina por ciudadanos des-preocupados por el cambio climático: "Tengo seis hijos, y si me quitan ésto, me veré obligado a robar para darles de comer".

Ibamos a extraer algunas consecuencias de la falta de controles a la natalidad, pero se nos fue la imaginación por la ventana, en este caluroso día de comienzo de verano. Era algo sobre las consecuencias de un mundo en el que las parejas acomodadas ocidentales tienen solo un hijo, que pudo incluso haber nacido en China, mientras los pobres del mundo -desde Egipto a Sumatra o Sudán, pasando por Ecuador, Guatemala, Bangla Desh  o Pakistán- siguen creyendo que, cuantos más hijos tengan (varones, of course), más posibilidades les serán concedidas para salir de la miseria.

Se nos cruzó el chatarrero y su amenaza de perturbar nuestro orden. Así no se puede vivir.

Sobre la perfección

Si se preguntara a un grupo de personas lo que entienden por una "fiesta perfecta", detectaríamos -además de a los que no saben o no contestan, esto es, a los que no quieren mojarse en su vana pretensión de no ser catalogados- dos grandes grupos: a) quienes opinan que una fiesta perfecta es aquella en la que estuvo todo organizado hasta los menores detalles; y... b) los que están convencidos que una fiesta perfecta es una reunión improvisada en la que cada uno de los asistentes se esforzaron en pasarlo bien, no a costa de los demás, sino con los demás (o, al menos, con algun@s).

No nos sentimos con fuerzas para realizar una lista de las medidas que un buen anfitrión debe adoptar para que sus invitados no se le vayan de la fiesta después de haber agotado las aceitunas con hueso, y que los más interesados sin otras ideas podrán encontrar en cualquiera de los manuales de etiqueta que publican regularmente los que se consideran expertos en organizar la vida de los otros.

Lo que estamos convencidos es que, saraos y festejos aparte, la mayor parte de los seres humanos se dividen entre los que encuentran placer en sacarle punta al lápiz que otros han afilado (o "tajado", como decimos los asturianos) y los que se esfuerzan en escribir con el que tienen a mano, aunque lo hagan con tachaduras, enmiendas y errores.

Son dos esquemas de búsqueda de la perfección, al fin y al cabo: la de los que pretenden crear con los mimbres de que disponen, y la de quienes utilizan el trabajo de otros, para matizarlo o ampliarlo. Si ambas subespecies humanas son capaces de colaborar, sin hacerse daño, estaríamos en buen camino. Pero si los primeros ven a los segundos como pejigueros sin remedio y los otros sientan su autocomplacencia en creerse que son los autores de lo que, simplemente, han pretendido corregir, mal vamos.

Porque la Historia está plagada de fracasos de quienes pretendieron haber encontrado el camino perfecto para lograr algo, pero también tiene magníficos ejemplos de quienes encontraron soluciones para problemas que no estaban analizando. No pocos descubrimientos de los llamados claves para la Humanidad son producto de una casualidad que se colocó en la trayectoria de los que estaban investigando otra cosa o ni siquiera pretendían descubrir nada.

Y nadie habrá de creerse tan fino como para no admitir que lo que ha hecho no puede mejorarse. La sensación la percibe, con frecuencia, el propio autor, cuando repasa lo que hizo al día siguiente, o al cabo de los años; nuevas informaciones, mejor percepción de lo que se tenía a la vista, cuando no el amargo sabor de descubrir errores, defectos de expresión, faltas de ortografía, confusiones tanto de bulto como de fineza...

Hace algún tiempo, los que creían tener algo que decir lo dictaban a su secretari@, o se lo trabajaban con el bolígrafo sobre un papel en blanco, y había oportunidad para corregirlo una y cien veces, antes de lanzarlo a más publicidad; hoy, casi todos los creativos de la letra impresa trasladan directamente del magín al procesador de textos sus elucubraciones, y de ahí, al espacio sideral, con lo que los enanos infiltrados en los programas informáticos engorrinan el trabajo: suprimen, aparentemente a su antojo, aquí y allá palabras, cortan párrafos, o corrigen otros automáticamente sin respeto, pudor y sin consultar a dios ni al diablo.

Desde los escritos oficiales, sean dictámentes jurídicos a informes de situación, presupuestos del Estado como comentarios anodinos, hemos aprendido a convivir con los errores, conscientes, mal que nos pese, de que cualquier intento de hacer algo brillante será superado en días, por mucha que sean la importancia que queramos darle. Preocupados por difundir cuanto antes, ya que lo efímero nos acogota, nos hemos acostumbrado a no dar a la letra impresa mucha importancia, aunque nos vayan en ello los dineros y la tranquilidad, no pocas veces.

A pesar de todo, se siguen adjetivando como perfectas muchas creaciones por sus orgullosos autores. No importa que la corrección de errores ocupe un lugar preferente en el BOE o que las tormentas perfectas no pasen de ser fenómenos atmosféricos de tres al cuarto. Desde la otra esquina, se califican como porquería, lanzándolas al cubo de la basura, muchas propuestas dignas de sereno análisis, porque contienen la base para avanzar hacia lo bueno.

Lo que no entendemos es el celo con el que, cogiéndose el artilugio de pensar con papel de fumar, persisten en los sótanos de atractivos edificios mentales, tipos sin ninguna imaginación para crear que critican con placer lo que otros proponen, cortando a hacha las hojas y las ramitas de su trabajo, o añadiéndole arabescos laterales tan rimbombantes como estériles, jardineros de fin de semana a los que solo importara dar al envoltorio carácter de bombonera, sin percatarse de que lo que interesa es la calidad de los bombones, no los plásticos y papeluchos que los envuelven.