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Al Socaire de El blog de Angel Arias

Sobre el agotamiento de la noosfera

Podíamos expresarlo quizá mejor de otra manera, aunque esta sirve para empezar el diálogo.

Si la noosfera es la tercera fase de un proceso evolutivo del cosmos que tiene por antecedentes las transformaciones geológica y biólogica, y en la que formas evolucionadas de algunos seres vivos son capaces de actuar sobre él con independencia de las leyes biofísicoquímicas, o sea, conscientemente, puede ser que estemos vislumbrando el final de la película.

¿El progreso de la evolución significaría volver a empezar, o salirnos del cine?. Algunos llevan tiempo preguntándose lo que hay detrás de esta maquinaria, si Dios (o dioses) o azar; si casualidades o causalidad, en definitiva.

Puede que el lector, sobre todo si está ilustrado en las teorías de Teilhard de Chardin (versión cristiana) o de Vernadsky (rama neomarxista) sobre la noosfera, se incomode porque se trate de forma irreverente una de las teorías más atractivas de las que tratan de explicar lo que los humanos hacemos aquí, metidos entre materia y energía. 

Obviamente, eso implica haber superado la preocupación, considerándola minucia, por llevarse algo a la boca o a alguien al catre; lo que también puede significar que, antes, se han resuelto ambas cuestiones, pues sospechamos que todos los que pueden dedicarle tiempo a pensar, tienen sustento y compañía.

Volvamos, pues, al centro. Hay un elemento que merece la pena analizar, a raiz de la potenciación de las interrelaciones entre seres con consciencia que han supuesto las telecomunicaciones.

Esperamos no ser considerados demasiado simples recordando que en los orígenes de la consciencia, era la comunicación. El trasvase de información de una generación a la siguiente, superando la simple traslación por lo que llamamos instinto, es la clave para avanzar en la profundización de la consciencia; empezando por el hecho más elemental de trasferir a otros el hallazgo, convertido en drama individual, de que somos finitos, de que moriremos sin remedio.

Inicialmente para trasladar conocimientos, se confiaba en la memoria, y la transmisión era básicamente oral, aunque no descartamos que se incorporaran rápidamente algunos signos; concretos mementos, recuerdos de respeto, monumentos para ensalzar los descubrimientos que se habían realizado: monolitos, señalamiento de lugares sagrados, indicaciones acerca de donde podría encontrarse alimentos o se hubieran detectado peligros o señales misteriosas.

Puede que la principal transmisión de saber hacer estuviera relacionada con la correcta selección de los elementos para cobijo y protección contra las inclemencias y enemigos, con la indicación de los productos biológicos que fueran sanos o venenosos, y, muy pronto, con la fantasía: las fórmulas para conjurar peligros, los encantamentos, las supuestas señales de los dioses, las elucubraciones, seguramente mentirosas, mentiras convertidas en verdades, incrustadas en el conocimiento de lo que realmente era útil...

¿Cómo distinguir lo cierto de lo incierto, al fin y al cabo? ¿Por sus efectos positivos o por las hipotéticas consecuencias negativas del incumplimiento de la norma sobrevenida? La introducción de la probabilidad fue, en este contexto, un gran hallazgo, porque permitió expresar que nunca estaríamos plenamente seguros de conocerlo todo de forma absoluta.

Dando un salto en el tiempo, la imprenta facilitó enormemente la comunicación y, por tanto, la interacción, pero quedó rápidamente disociada en dos líneas con pocos puntos de unión: la información que servía para transmitir conocimientos -cada vez más sofisticados-, o la que permitía al lector avivar su imaginación, transmitiendo emociones.

Vamos a llegar al final de esta elucubración, obviando pasos y razonamientos intermedios. En la etapa actual, la preocupación por trasmitir la información ha quedado muy relegada ante la posibilidad de dejarla documentada. En los centros de enseñanza hay cada vez menos interés por justificar la forma de llegar al saber, trasladando solo los resultados: reglas nemotécnicas, ábacos, gráficos, conclusiones a cuya justificación no se llega, sino que se impone; no se enfaden los profes, pero es muy posible que ellos mismos también sepan (relativamente) menos, tengan más carencias para entender lo que enseñan: han perdido credibilidad, pues.

Tampoco es ya posible, salvo para algunos privilegiados, entender ni siquiera una pequeña parte de lo que se conoce. ¡Es tan vasto el conocimiento que habría que transmitir! ¡Hay tantas teorías!.

En cambio, la posibilidad de transferir emociones ha quedado potenciada hasta límites que no resultaban imaginables. Se puede jugar, hacer el amor, viajar, interactuar, con otros seres como se desee, de un forma virtual.

Ni siquiera hace falta conocer su verdadera identidad; incluso el número de identidades virtuales puede ser muy superior al de las reales, generando un sin fin de personalidades, cuyo sostenimiento, en las líneas de lo que llamamos carácter y en lo que consideramos soporte curricular, solo depende de la imaginación inividual. Podemos disponer de cuantos avatares queramos, con la única dependencia del tiempo que les podamos dedicar. Ah, pero también podemos construir un generador aleatorio de personalidades ficticias, y poblar con ellas el mundo imaginario...

Pues bien. Se hace cada vez más complejo y difícil conocer, incluso para nosotros mismos, la verdadera personalidad que se esconde detrás de esta paranerfalia de elementos para la comunicación de trivialidades. No sabemos, con frecuencia, si lo que estamos sintiendo es propio  de nuestra vivencia real o de lo que hemos volcado en el escenario virtual, engañando, no solo a los que interactúan con esos yos que hemos creado, sino a nosotros mismos.

La ebriedad que provoca esta opción con tintes maquiavélicos parece que nos ha hecho olvidar que lo más importante de la noosfera era el conocimiento transformador que podíamos ejercer sobre la materia y los demás seres vivios. Ahora, aunque una parte muy reducida de la Humanidad -en general, ni siquiera individuos, sino más bien, corporaciones- tiene la capacidad para realizar transformaciones importantes, la mayoría no saben cómo hacerlo y, por los síntomas, tampoco les importa cómo lograrlo. Viven solo para el disfrute, para las sensaciones.

Con una fundamental diferencia: hasta hace pocos años, quienes quisieran y pudieran, estaban en condiciones de ponerse al tanto de lo sustancial del conocimiento en una generación. Ahora, eso ya no es posible.

La noosfera está dando paso aceleradamente a la ignorosfera, cuyas bases constructivas no se encuentran en el interés por conocer cómo, sino en la terrible dependencia de disfrutar de, sin importar la forma en que esa sensación se origina ni quién o para qué la provoca. 

Sobre la imaginación y el poder

Su relación no se parece a la del sol con la noche, sino más bien a la que mantiene el culo con las témporas, ya que la imaginación y el poder no son complementarios, ni opuestos, sino que se mueven por territorios diferentes.

Para un observador que pretenda analizar las cosas libre de condicionandos, el eslogan del situacionismo, "La imaginación al poder", aparece como una luz guía que genera opciones para el optimismo en nuestro mar de dudas.

La travesura intelectual de aquellos jóvenes de los cincuenta del pasado siglo, que creaban situaciones para manifestar su rechazo a cuanto significara dogma, que pretendían dar la vuelta a los calcetines y anclajes del pensamiento, para poder contemplar las cosas desde el otro lado del espejo, cobra su vigencia otra vez, ahora que colectivamente nos hemos vuelto a anquilosar en el fango de la estulticia, siendo el pensamiento creativo despedazado a picotazos, sostenidos como estamos por las garras de la comodidad, el conformismo y la falta de imaginación.

Los indignados del 15-M, que han conseguido que tanto se hable de ello, no tienen mucho que ver con aquellos jóvenes, porque la situación que critican se la han creado otros, es decir, ha venido generada por el poder. Sus eslóganes, deslabazados, sin la deseable coherencia, reflejan un claro malestar -compartido, como sentimiento, por una gran mayoría silenciosa-, pero no son, en conjunto, ni graciosos ni establecen una línea de actuación. Son, hasta el momento, simplemente, confusionistas.

No resultan prácticos, porque no son realizables, pero su planteamiento en tono de seriedad, de presión al poder, crea desconcierto. No hay revoluciones pacíficas, ni cambios drásticos desde dentro. Y, en realidad, los jóvenes manifestantes -y los que los acompañan, canosos- son un movimiento pacifista, light, que no quiere sangre, porque le da vértigo, pero pide a gritos que se corten cabezas con los cortauñas de la estantería.

No hay que pedir imaginación al poder, porque no la tendrá. Su preocupación será reproducirse, entregar justificaciones en la pretensión de que no se puede hacer mejor o de que lo que se hace es el único camino posible. Es también evidente, que los partidos políticos -¡todos!-se han convertido en España en instrumentos controlados férreamente por sus estructuras dirigentes, en las que la ciudadanía, e incluso la mayor parte de los militantes, no tienen ninguna o muy pocas posibilidades de influir.

Tampoco la imaginación quiere el poder, porque el eslógan es, en estricto sentido, una manifestación ácrata. La imaginación, el estímulo de la novedad, la novedad como recurso, solo provienen de la libertad y la imaginación reclama vivir en libertad.

Pero, ay del poder que no atienda regularmente a las propuestas de la imaginación, porque caerá, falto de solidez, víctima de la revolución de las ideas, que, sin guía, se habrán convertido en caos, en exigencia de destrucción inmediata del poder.

Sobre la conexión entre los mercados energéticos y los financieros (y 3)

(Finalizamos con este Comentario la reseña informal de la conferencia del catedrático Julio Segura, pronunciada el 20 de junio de 2011 en la sede de la CNE; esta entrada forma parte indisociable de las otras dos, publicadas el pasado día 21 de los corrientes en este mismo blog).

Como ya hemos expresado, Segura se preguntó, recogiendo inquietudes, según dijo, que se le habían manifestado desde el sector, si, era necesario el requisito de incremento de capital vinculado a la existencia de riesgo sistémico en los mercados energéticos. Esa misma cuestión fue formulada desde la sala, en el coloquio, y la respuesta del conferenciante reflejó claramente su posición.

La pregunta fue, más o menos, expresada así: El tema de la trasparencia se acepta por el sector. Queda pendiente la discusión sobre los requisitos de capital y la valoración de la existencia de riesgo sistémico en los mercados energéticos. ¿Qué opina sobre las obligaciones de registro de capital en esos mercados?

Segura se disculpó, en principio, "porque no se elaborar mucho más el argumento (expresado en la conferencia) salvo casos concretos. Pero una compañía eléctrica que vende derivados está asumiendo riesgos relevantes, como consecuencia de la volatilidad de los precios, por lo que, automáticamente, deben exigírsele ciertos compromisos de capital para cubrirlos.

El conferenciante separó el tema, de las obligaciones que impone Basilea respecto a las entidades bancarias. "Hay que estudiarlo, pero si existe riesgo de caída de precios, habrá que cubrirlo adecuadamente".

Un empleado del bufete de Solchaga Asociados expresó sus dudas sobre la necesidad de Cámaras de Contrapartida, aventurando que sería tal vez preferible repartir el riesgo entre todos los operadores, pues en el caso de crisis sistémicas, la propia crisis podría llevarse por delante la Cámara.

Segura no dió su brazo a torcer. "El riesgo de un colapso sistémico es muy remoto a escala mundial. Las Cámaras de Compensación funcionan, por supuesto, siempre que no haya una crisis tan grande que no se lleve todo por delante. Lo que hay que hacer es evitar llegar a esa situación, distribuyendo riesgos."

 Previamente, el catedrático se había metido en un berenjenal, que, dado que el texto de la conferencia fue leído, hay que admitir que lo fue a sabiendas. La cuestión era tan delicada que motivó otra de las preguntas del coloquio.

Se refería Segura a que el precio fijado por los centros comercializadores de último recurso (subasta CESUR) están influidos fuertemente por la subasta anterior. "En los tres días anteriores a la subasta, el precio sube un 90% respecto al promedio, volviendo a caer después de la subasta. Es imprescindible la trasparencia de las operaciones OTC frente al regulador".

La pregunta surgió en este caso por parte de un funcionario del Ministerio de Industria, y dado lo delicado tema, que vendría a demostrar que "tenemos necesidad de incrementar la supervisión, en interés de los consumidores", se pedía que se indicara "cómo se relaciona -el asunto de clarificar la manera de hacer las subastas- con el memorandum de intercambio de información, y cuál debería ser el esquema de regulación".

Segura salió del pantanal a brazadas. "La actividad de OTC casi se duplica en días previos y luego baja, lo que debería ser objeto de análisis preciso. Si eso sucede en una OPA, desde la CNMV tengo obligación de investigar. Puede no haber nada, pero es preciso investigar qué pasa. La información que tengo respecto a lo que sucede en las subastas CESUR es lo que dice la EMI (Consultora de Mercados), y no tengo ninguna razón para suponer que eso implica algún tipo de estrategia para modificar el mercado. En la CNMV saltan 70.000 alarmas al año y solo se hacen 15 expedientes. Solo actuaría en caso de intento de manipulación de un mercado financiero".

En conexión con ello, manifestó que en el protocolo firmado entre la CNE y la CNMV, figura precisamente el interés de conocer cómo funcionan los mercados OTC y los subyacentes. Para trasladar esa información, cuando se tenga, a otros supervisores se necesita, sin embargo, una normativa que ampare esa actuación, lo que estaría resuelto con la Ley de Economía Sostenible.

Hacia la generación distribuída, ¿caiga quien caiga?

El Club Español de la Energía organizó el 22 de junio de 2011 una jornada sobre Generación distribuída de pequeña potencia, en la que los asistentes tuvimos ocasión de conocer las opiniones (y, el caso de la Comisión europea, sus decisiones) de diversos agentes sobre este tema.

También pudimos expresar nuestra propia opinión en un momento del coloquio, y que adelantamos ahora: es imprescindible calcular los efectos económicos de una estrategia de generación formada por un número indeterminado de usuarios que dispongan de instalaciones destinadas a su autoconsumo, pero que, por su naturaleza, resultarán insuficientes para garantizarles un suministro al ciento por ciento fiable y, en consecuencia, no evita la obligación a las empresas eléctricas de mantener un nivel de producción mínimo, pero, en principio muy difícil de estimar.

El problema, además, se encuentra en la necesidad de estimar el coste total para el conjunto del país de una tal filosofía, que obvia la solución al problema central de nuestra economía: conseguir competitividad para nuestras empresas (no las eléctricas, sino todas) y rebajar los costes de producción de energía primaria, pero también los costes de la dependencia exterior derivados de la importación de fuel para el sector transporte, que se mantiene fuera del marco, a pesar de los esfuerzos que quieran dedicarse, aún poco efectivos, al coche eléctrico.

Javier García Breva -Presidente de la Fundación de Energías Renovables- realizó, bajo la forma de Conclusiones, unas muy atractivas consideraciones, con las que estamos de acuerdo casi en su totalidad y que, por ello, utilizamos como guión para nuestro Comentario:

1. La nueva Directiva con medidas para ahorro energético que se aprobó el 22 de junio por la Comisión (y que está pendiente, conforme al procedimiento de codecisión, de su aprobación final por el Consejo y el Parlamento), es bienvenida "porque es la única manera de que en España nos decidamos a hacer las cosas". La Directiva de impulso a renovables, sin embargo, ya contiene las bases para la generación distribuída en sectores urbanos y de transporte (DIR 1009/28 CE), y no se ha traspuesto; tampoco la 2010/31 CE de mejora de eficiencia en edificios. Mal vamos, cuando esta Directiva es indicativa, si no somos capaces de trasponer las obligatorias en plazo. La E4 incluso la sobrepasa, pero como es igualmente indicativa, no ha tenido los efectos deseables.

2. Tenemos necesidad imperiosa de modificar los ratios básicos: elevadas dependencia e intensidad energéticas, altas emisiones de CO2, que siguen creciendo. Las importaciones energéticas suponen un 70% del déficit comercial español, con sus 35.000 Mill. euros/año.

3. La generación distribuída constituye una opoortunidad para mejorar el modelo a otro más democrático, en las ciudades, teniendo en cuenta que 3.500 millones de personas viven en ciudades de menos de medio millón de habitantes.

4. Tenemos excesiva incertidumbre regulatoria, con una gran indefinición en los modelos energéticos, lo que perjudica al país de forma brutal, ahuyentando la inversión (en renavables, en 2010 la inversión ha disminuido en España un 53%, mientras se duplicó en Alemania y aumentó un 38% en el mundo). Las normas españolas son, en realidad, barreras administrativas. El PER, sin ir más lejos, impone cupos, limitaciones y, además, el regulador podrá cambiar el escenario cuando y como desee.

5. La competitividad de las energías renovables está vinculada a los objetivos. El incremento en la generación de renovables es el instrumento para que se reduzcan las emisiones de CO2 y se mejore la aportación al PIB, reduciendo importaciones.

6. Existe un grave conflicto competencial entre las Comunidades Autónomas, que precisa cambios estructurales.

7. Es imprescindible una estrategia a largo plazo (10 a 30 años). Vivimos de la planificación -actualizada, eso sí, año a año- datada en 2002. Los diferentes Libros Blancos redactados no han servido para casi nada. Las administraciones públicas tienen que dar ejemplo al consumidor final.

8. Falta ambición y coherencia en los objetivos. En geotermia, teníamos como objetivo anterior llegar a 3.000 Mw en alta generación y 50.000 Mw de uso térmico: actualmente los objetivos han quedado reducidos a 150 Mw. En eólica marina, existe la impresión de que se está perdiendo una "oportunidad inmensa"; en Europa se desea alcanzar los 40.000 Mw, y en España lo hemos limitado ahora a 700 Mw. Estos cambios de objetivos son señales negativas a los mercados.

9. Se ha dado muy poca importancia a las redes transeuropeas. No se cumple el objetivo de llegar al 10% de capacidad de interconexión propuesto hace 10 años, cuando teníamos el 3%. En el resto de países europeos, las interconexiones pueden ser incluso superiores al 20%.

10. La política industrial permanece en el olvido, con lo que las posibilidades de recuperación se han hecho más difíciles. Se debe unir la política energética con la industrial.

11. Es necesario implantar el concepto de corresponsabilidad en los costes en el sistema eléctrico, que hoy día en España solo son soportados por el consumidor. No se trata de implementar un nuevo impuesto, sino de aplicar equidad y equilibrio a la tarifa, generando estímulos a la eficiencia y al uso responsable, como sería conceder impactos fiscales positivos a los ahorradores de energía.

Excelente síntesis, no exactamente de las ponencias que se presentaron en la Jornada. Más bien han de interpretarse como la reflexión de una cabeza lúcida e informada sobre el panorama energético español, por lo que solo cabe felicitar a García Breva por el esfuerzo de síntesis.

Sería injusto, sin embargo, no referirse también a la excelente organización de la reunión y al trabajo de claridad en sus exposiciones que evidenciaron todos los ponentes, felicitación que concretamos, en representación en Concepción Cánovas del Castillo, presidenta del GT de Energías Renovables del CEE.

Sobre la conexión entre los mercados energéticos y los financieros (2)

(Proseguimos aquí el Comentario anterior, dedicado a glosar la conferencia de Julio Segura, Presidente de la CNMV y de la Comisión de Regulación Peninsular del Mercado Ibérico de la Electricidad -MIBEL-, entre otros muchos títulos y distinciones, propietario de uno de los currícula más brillantes de entre los economistas españoles).

De entre las muchas ideas que, como si dispusiera de una ametralladora mental, expuso Julio Segura, nos detendremos, en aras de la brevedad, en solo algunas:

a) por parte del G20, para la adecuada gestión del riesgo, se han señalado las siguientes líneas básicas, a seguir a partir de diciembre de 2012: liquidaciones centralizadas de todos los derivados en OTCs en cámaras de contrapartida central, para asegurar el buen fin de las transacciones; la comunicación a los tenedores de depósitos de todos los datos que permitan verificar la trazabiliad y a transparencia de las operaciones; renegociar, cuando sea posible, las operaciones OTC de forma que dejen de ser tales; e imponer nuevas obligaciones de capital paa mejorar la solvencia de quienes realizan las OTC.

b) por la parte de IOSCO (cuya vicepresidencia obstenta actualmente la CNMV), Segura seleccionó igualmente 4 directrices: inciiativas para reforzar la transparencia en los mercados, tanto de futuros como físicos; diseño de mejores prácticas de supervisión de los mercados, persiguiendo la homogeneización y la estandarización de los contratos de derivados; la realización de estudios, junto con la CNE, para evaluar los impactos de las agencias de información previstas; y la implantación de requisitos de capital a las empresas que operen derivados.

c) por parte de la UE se está trabajando en estos otros 4 ejes, en gran parte, coherentes con las anteriores preocupaciones: reforzar la transparencia de los mercados financieros y físicos (inminente revisión de la Directiva MEEF y reforzar los requisitos de transparencia para evitar abusos de mercado); implementar reglas comunes en el mercado de derivados, incluso para quienes los utilizan de foram estrictamente comercial; y mejorar el intercambio de información entre reguladores energéticos y financieros, incluso con disposiciones legales que pudieran establecer límites a la exposición.

(continuará)

Sobre la conexión entre los mercados energéticos y los financieros

Recordamos a Julio Segura, barbado, hábil conversador, entusiasta, sentado despreocupado en la baranda, despertando pasiones no solo intelectuales, en el Salón de Actos de la flamante Universidad de Económicas y Empresariales de Oviedo, hace 30 años. Defendía entonces, invitado por José Luis García Delgado -otro catedrático desde su tierna infancia, para envidia permanente de los que, por nuestra mala cabeza, no hemos podido salir de penenes-, el crucial papel de la empresa pública en España.

Cuando terminó de hablar, todos le freímos a preguntas. Sabía de todo, opinaba sobre todo.

Este Julio Segura de hoy (20 de junio de 2011) se ha afeitado la barba, ha envejecido manifiestamente (ay, como todos), se reconoce algo sordo -es emocionante verlo acercarse al lugar de quien le hace una pregunta desde el auditorio, con el argumento de poder oirlo mejor- y se atreve a decir que hay muchas cosas de las que no sabe "nada".

El auditorio formado por quienes acuden a oir sus palabras ha cambiado sustancialmente, respecto a aquel recuerdo. La sala es ahora de la CNE y el tema de la conferencia, aunque atractivo,  "La conexión entre los mercados energéticos y los financieros", fue tratado por el conferenciante con una terrible formalidad, hasta el punto que leyó, y lo hizo a uña de caballo, lo que tenía escrito.

Escuchándole, y seguro que atentamente, estaban algunos de los principales muñidores de las esencias económico-financieras del país, rimbombantes directivos de las empresas eléctricas, laureados compañeros de la muy ilustre Real Academia de Ciencias Morales y Políticas, e insignes catedráticos, -eméritos y vigentes-. Lo que les unía en realidad a casi todos ellos, es el haberse convertido en provectos personajes, canos o calvos, silenciosos, pertrechados en su amplia cultura, sin dudas que exponer en público y bastantes respuestas que dar, si quisieran. 

Y, al menos hasta donde pudimos descubrir, no había ni asomo de aquellas sílfides -hoy seguras abuelas satisfechas en la genealogía de otros- que le solicitaban a gritos o in pectore un hijo suyo como si el joven cátedro fuera Raphael, Rod Steiger o Ringo Starr.

Volvamos, pues al presente. Julio Segura arrancó su reflexión, perfectamente, trabada, en torno al palabro financialización, cuyo paternidad europea atribuyó al presidente Sarkozy, en su discurso del 14 de junio, y lo definió como el proceso en el que los mercados tienden a dominar los asuntos financieros.

La crisis reciente habría demostrado la escasa o nula reglamentación, que habría permitido al sistema bancario crear una estructura opaca a los controladores. La razón de esa permisividad se encontraba en la falsa premisa de fondo de que las inversiones profesionales estaban necesitadas de menor regulación que los minoristas.

Había, también, indicó Segura, otras razones que se revelaron falsas: se creía que el excesivo desglose de las operaciones provocaría la pérdida de liquidez de los mercados, al descubrir las estrategias de los grandes grupos financieros; los datos que se solicitaban eran escasos, se proporcionaban con retraso y gozaban de acceso restringido.

La realidad demostró que sólo los mercados más transparentes siguieron funcionando con normalidad después de la crisis; los de renta fija privada no se han recuperado aún, por la falta de confianza respecto a la falta de transparencia de los agentes. Por el contrario, los mercados de renta variable privada y renta pública fija siguen funcionando bien.

Las nuevas líneas maestras de la situación, las agrupó el conferenciante en tres directrices, coincidentes en lo sustancial, emanadas, respectivamente, desde el G-20 (en septiembre de 2009), de las recomendaciones de IOSCO - la Organización Internacional de Comisiones de Valores (OICV), que Segura denominó en inglés, por las siglas de la International Organization of Securities Commissions- a partir de 2008,  y de la estrategia implementada por la Unión Europea (UE), todas ellas enfocadas hacia la consecución de una mayor transparencia de los mercados.

El punto de mayer polémica de las áreas en las que trabaja la UE, en palabras de Segura, es la categorización de las empresas eléctricas como empresas MEFF (1), a lo que se han opuesto los lobbies del sector, que pretenden que ofrecen los derivados a sus clientes, no como inversión sino como mayor protección contra el riesgo, y argumentan que imponer garantías adicionales pone en peligro el mercado único de la energía, aumentando los costes y creando mayores barreras a la entrada de terceros en el sector.

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(1) Para que los menos expertos no se pierdan con estas y otras siglas, que, por cierto, Julio Segura empleó como quien lava, farfullando incluso a veces los acrónimos, dejando seguramente in albis a parte de la audiencia, la novedad del esquema es la constitución de una cámara de contrapartida central para dar seguridad a las operaciones, como ya ocurre con MEFF Renta Variable (Mercado Oficial de Futuros y Opciones Financieros de renta variable en España, que inició su actividad en noviembre de 1989).

Las transacciones OTC ("over the counter", esto es, extrabursátiles) sobre cualquier activo dispondrán de esta seguridad, de la que carecían.

(continuará)

Para los españoles, se enfría el cambio climático

El Instituto de Prevención, Salud y Medio Ambiente de la Fundación Mapfre ha financiado un nuevo estudio, realizado bajo la dirección de Pablo Meira, de la Universidad de Santiago de Compostela (grupo SEPA), sobre "La sociedad española ante el cambio climático".

Fue presentado a las doce horas de la mañana del 20 de junio de 2011,  ante la Secretario de Estado Teresa Ribera, y el habitual público de especialistas e interesados por el tema ambiental que, dada la hora en que la Fundación se empeña en convocar estas presentaciones, queda muy sesgado hacia funcionarios, jubilados y prejubilados.

Las conclusiones del trabajo están recogidas en un libro que supera las 200 páginas y que fue entregado a los asistentes. La metodología de base consistió en realizar 1.295 encuestas personales, con un cuestionario semiestructurado, perfeccionado a partir de un ensayo del mismo sobre 25 sevillanos y su validación se realizó mediante supervisión telefónica sobre un 15% de las entrevistas.

El trabajo, por lo que hemos podido analizar en una rápida inspección de contenidos, proporciona valiosos elementos no ya sobre la percepción misma del tema por parte de la población española, sino como material de trabajo para la Administración, las empresas, las organizaciones no gubernamentales y los profesionales del sector.

Se pueden extraer consecuencias sobre las motivaciones subyacentes, la evaluación popular del tema del cambio climático y las medidas que se están adoptando. El equipo de autores ya se encargó de extraer, desde luego, las más importantes. 

Teresa Ribera que, por lo que la venimos observando, no se asusta ante las críticas ni rehusa presentar su autocrítica sobre las cuestiones de su Secretaría, cerró el acto con algunas reflexiones, que resumimos en este Comentario:

1) Ausencia de percepción de urgencia y escala respecto a las medidas. El cambio climático no se asocia a otros valores que tienen que ver con la crisis económica.

2) Reacción de hartazgo como consecuencia de las informaciones recibidas después del fracaso político en Copenhague, no coherentes con la intensidad global puesta sobre el tema. En consecuencia, se reacciona expresando que no estoy suficientemente informado.

3) Problema de comunicación, reflejada en la dilución de las imágenes positivas en el marco de las negativas, faltando enlace entre ambas. Las críticas al apoyo a las energías renovables, actualmente en el ojo del huracán mediático, se superponen sobre el orgullo y satisfacción deseables. La sociedad percibe el tema como algo complejo, siendo interesante conocer el ascenso relativo en la credibilidad de algunos agentes (empresas, sindicatos, ongs) frente a la pérdida de otros (gobiernos, técnicos).

Los resultados de la encuesta en España entran en cierta discrepancia con los datos publicados, justamente en estas fechas, por la Comisión Europea, según la cual, el medio ambiente constituye una preocupación personal importante para más del 90 % de los encuestados, en la creencia de que el uso más eficiente de los recursos y el esfuerzo por la protección del medio ambiente impulsarán el crecimiento económico de la UE.

Con perdón por la insolencia: tengo una pregunta para Vd. Mr. Myerson

Con perdón por la insolencia: tengo una pregunta para Vd. Mr. Myerson

Las conclusiones expuestas por R. Myerson en su conferencia del 15 de junio de 2011, en el foro de la Fundación Rafael del Pino invitaban a un amplio debate.

Nosotros no pudimos sustraernos a la curiosidad de plantear, teniendo en cuenta las características del modelo utilizado, en el que la simplificación de los comportamientos de los agentes económicos financieros nos parecía excesiva para reflejar los comportamientos reales en un mundo globalizado, cuál era su opinión concreta acerca del efecto de las tensiones entre países desarrollados y en desarrollo para competir sobre los recursos.

Teníamos en mente, además del interés en exponer una crítica indirecta a las aplicaciones de la teoría de juegos (subespecie de los llamados juegos cooperativos con información incompleta) a la economía real, el conocer, al margen de las conclusiones académicas, el pensamiento de Myerson sobre las preferencias de potenciales inversores de los países en desarrollo, a la hora de decidir dónde colocar su dinero.

La amplia respuesta de Myerson a nuestra pregunta fue esclarecedora de que las convicciones previas a un modelo teórico de su creador son determinantes para seleccionar las condiciones de contorno. También debió de aportar claridad a quienes debían cubrir el evento en las publicaciones económicas, pues se dió especial importancia en ellas, más que a la conferencia en sí, a la disquisición que el premio Nobel ofreció, a partir de la reflexión que le planteamos.

Para Myerson, la consideración del "riesgo moral" (mejor traduciríamos, por riesgo ético) por parte de los agentes es el factor determinante a la hora de analizar los flujos de inversión a nivel mundial. El claro avance de los sistemas económicos de la mayoría de los países en desarrollo, operado en las últimas décadas, y que se ha hecho notar en especial en China, India o Brasil, ha generado riqueza y hecho más ricos a millones de personas.

Sin embargo, considerando el caso concreto de China, a pesar de las excepcionales posibilidades de inversión que se pueden detectar allí, los poseedores de los mayores capitales chinos no invierten en el país, a pesar de los proyectos interesantes que se detectan allí, porque no confían en que las instituciones financieras chinas tengan capacidad para retornar el dinero invertido, en caso de que los inversores lo precisen, por la carencia de suficiente marco legal y político que les proteja frente al fraude o el engaño.

No fue una respuesta políticamente correcta, sin duda, pero ofreció una visión interesante de lo que piensa, cuando se le solicita que ponga los pies en la tiera, un Premio Nobel de cuya inteligencia y sinceridad no podemos dudar. La conclusión es que, si queremos ser precisos, más que jugar a los comportamientos éticos irreprochables, tenemos que no perder de vista las trampas que se hacen bajo la mesa.

No nos darán jamás un Premio Nobel, pero estuvimos muy cerca físicamente de varios y, en este caso, también coincidimos pragmáticamente con Roger Myerson.

 

En teoría de juegos, no siempre ganan los que manejan la banca (y 2)

(continúa del Comentario anterior)

Muy didáctico, y siguiendo la línea de glosar el artículo publicado en 2010, Myerson abordó la cuestión del racionamiento de los créditos, defendido por Stiglitz y Weiss en 1981, como una consecuencia de los criterios de "moral hazard" y "adverse selection" en el mundo de las finanzas.

El riesgo moral o ético (moral hazard) supone conseguir que la gente toma decisiones apropiadas en las actuaciones que no son trasparentes y la selección adversa -presupuesto básico de la concreta parte de la teoría de juegos en la que Myerson se especializó- implica conseguir, por su parte, que la gente comparta honradamente la información oculta al sistema.

Ha de tenerse en cuenta, como resaltó Myerson, que los bancos (en una de las últimas preguntas del coloquio posterior admitiría que era más adecuado refererirse a los agentes financieros) y los intermediarios obtienen sus beneficios porque tienen más información que sus clientes.

Sin embargo, la obtención de beneficios no puede pretenderse desde la falsedad y, por ello, las transaciones no deben ser anónimas, porque las instituciones "allocating moral hazard rents must haver leaders with reputations for reliability rewarding good service".

Esta cuestión, para los modelos en los que trabaja Myerson, aparece como relevante, pues "back loaded rewards create an emphasis on long-term relationships" y, por tanto, excluye su anonimato. "The mass of small investors must rely on specialits to o thework of identifying good investment oportunities".

Una de las hipótesis introducidas en la estructura de simulación por Myerson es que "investors can find good investments only through bankers" (tradúzcase, agentes), lo que conduce a la consceuencia de que, en períodos de recesión, en donde la capacidad de inversión queda limitada, "competitive recruitment of new bankers cannot fully remedy such undersuplpy", y los estímulos, bajo el modelo de "moral-hazard", para que se incorporen nuevos agentes financieros, implican mayores impuestos sobre los trabajadores.

Después de exponer las condiciones de contorno para su simulación del comportamiento de los agentes en período de crisis, -lo que hizo Myerson, en nuestra opinión, demasiado sucintamente para que resultara inteligible en la exposición para quienes no hubieran leído sus artículos y no estuvieran al tanto de las restricciones que implican sus modelizaciones- expuso el conferenciante su conclusión más polémica: "Tax on poor workers to subsidize rich bankers may benefit workers, as the increase in investment and employment can raise their wages by more than the cost of the tax" (1).

Esta es la única forma, para el conferenciante, dentro de un escenario de comportamientos honestos de los agentes, de recuperarse de la recesión: que los trabajadores destinen parte de sus salarios, por la vía de impuestos, para rejuvenecer el sistema con nuevos agentes, que sustituyan a los que ya han terminado el ciclo.

(1) En una aplicación concreta de su modelo de simulación, el economista-matemático supone que los ciclos de los agentes se reducen a diez años, momento en el que los banqueros obtienen una renta de retirada, si han tenido éxito en lo que aconsejan a sus clientes; en momentos intermedios de su ciclo, cada agente tiene un interés decreciente en asumir y aconsejar inversiones de riesgo para su capital disponible, que arriesga perder si se equivoca, por lo que "el sistema envejece".

En teoría de juegos, no siempre ganan los que manejan la banca

Roger Bruce Myerson, premio Nobel de Economía en 2007, tiene el aspecto de ser un tipo campechano, acostumbrado a responder a las preguntas más difíciles con un doctrinario propio, un catecismo hecho de axiomas y teoremas cuyo nihil obstat está en sus manos y que, de todas maneras, solo unos pocos cacúmenes privilegiados pueden discutir, ampliar o -Dios sea loado- corregir.

La Fundación Rafael del Pino, una institución a la que los aficionados a entender algo mejor las razones ocultas de lo que mueve el mundo nunca podremos agradecer bastante lo que está haciendo por traernos a su palestra a políticos, empresarios, profesores y otras gentes de buen vivir, invitó a este pluriempleado profesor de la Universidad de Chicago recién entrado en la década prodigiosa de la sesentena, a que nos hablara, el 15 de junio de 2011, seguramente, sobre lo que quisiera.

Myerson decidió coger el toro por los cuernos y, según explicó a la audiencia -incomprensiblemente, no tan numerosa como otras veces, quizá por los exámenes de fin de curso- eligió como tema de su disertación "How to understand financial crisis", una adaptación de su reciente trabajo "A model of moral-hazard credit cycles", y que el equipo del catedrático Amadeo Petitbó tradujo, con intención de acercar la cuestión al roman paladino, rebajándole pretensión, por "Las crisis financieras: una perspectiva keynessiana".

Los asistentes pudieron comprobar en el curso de la brillante ponencia, que esta fue justamente la perspectiva que el comerciante criticó, por insuficiente e inadecuada, para entender lo que nos está pasando.

Las teorías de Myerson en nuestras latitudes han tenido más acogida en los terrenos de los matemáticos que en los de la economía. Las aplicaciones del "valor de Myerson" (generalización del "valor de Shapley", y que presupone el comportamiento honesto de los competidores en juegos cooperativos que se desarrollen dentro de estructuras con cooperación parcial) han dado lugar en España a elucubraciones mentales, tesis doctorales y trabajos académicos, por parte tanto de seguidores como de detractores, con menores aplicaciones prácticas de las que alcanzan, por ejemplo, las tesis de Krugman o Stiglitz.

Una demostración quizá de que los macroeconomistas españoles, se encuentran más cómodos en los análisis empíricos de la realidad que en trabajar con postulados, axiomas y teorías que implican complejos cálculos numéricos en el territorio de la abstracción.

Myerson puso de manifiesto que el economista británico Keynes, en sus escritos a raiz de la primera guerra mundial, reunidos en el libro "Economic consequences of peace" (publicado en USA en 1920), había recomendado perdonar las compensaciones derivadas de la guerra a Alemania, o limitarlas, como máximo, a un tributo del 3% del Pib anterior a la guerra durante 30 años, tal como había defendido en las negociaciones del Tratado de Versalles, frente a la posición que pretendía exigir compensaciones de hasta 3 veces aquel valor.

La idea central que manejaba Keynes era que facilitar la recuperación de Alemania era lo mejor para Inglaterra (lo que se plasmó en el Plan Marshall), pero, al decir de Myerson, carecía de un modelo según nuestros actuales estándares lógicos. Tampoco habría considerado el maestro de la política económica moderna, seriamente, el papel de los intermediarios financieros, por lo que no analiza los posibles "bank failures" ni mantiene coherencia con sus propias observaciones sobre política monetaria, que puede afectar la inversión agregada sin afectar las tasas de interés.

(continuará)

Sobre tormentas y aerogeneradores: rayos, dudas y certezas

Sobre tormentas y aerogeneradores: rayos, dudas y certezas

(Este comentario es continuación del inmediatamente anterior, con el que forma una unidad).

Que los aerogeneradores, situados en general en las crestas de las cadenas montañosas, a las que añaden su envergadura de 100 metros o más, y con componentes metálicos, actúan de pararayos en caso de tormentas eléctricas, es casi una afirmación de las atribuídas a Perogrullo.

La cuestión se desplaza, por lo tanto, a analizar qué tipo de protección tienen los molinos ante esta eventualidad, su grado de eficacia, y qué consecuencias puede tener el que, a pesar de las medidas adoptadas, un rayo cause la ignición del generador.

La preocupación de los fabricantes de aerogeneradores por conseguir la mayor protección posible ante las descargas eléctricas existe, desde luego, aunque está rodeada de misterios. En España, la norma que se ocupa de fijar las características y grados de los sistemas de protección es la UNE 21 185, que tiene su complementaria en la UNE 21 186.

Gamesa ha publicado haber resuelto recientemente el problema derivado de la obligación de dotar a los grandes generadores de una señal lumínica en el extremo de las palas -además de en el centro del rotor-, como seguridad ante el riesgo de colisión de los aparatos aéreos con ellos. El dispositivo de alimentación no emplea cables eléctricos a lo largo de la pala y el módulo de la baliza de la pala posee un sistema protector conseguido con el enjaulado de todos los elementos a los que el rayo puede dañar, facilitando la reparabilidad.

La Norma alemana -DIN EN 62305 (VDE 0185-305)- previó para los aerogeneradores en tierra que se instalaran en el período 2006 a 2010 unas condiciones de protección correspondientes a la clase II (protección hasta 150 kiloamperios) y para los de plataformas off-shore, el cumplimiento de las características más exigentes de la clase I (protección contra descargas de hasta 200 kiloamperios).

La norma española aparece, en comparación, mucho menos restrictiva. Los constructores se refieren al cumplimiento de la normativa IEC 62305 y anteriores. Por ejemplo, la empresa Gamesa indica en su publicidad que el generador G87-2.0 MW utiliza el sistema “protección total contra rayos”, según la IEC 62305, y aclara que "este sistema conduce el rayo desde ambas caras de la punta de la pala hasta la raíz y desde ahí, a través de la nacelle (plataforma o cabina dentro del aerogenerador) y de la estructura de la torre, hasta el sistema de puesta a tierra de las cimentaciones. De esta forma, se protege la pala y se evita que los elementos eléctricos sensibles resulten dañados."

Parece existir, en todo caso, un notable desorden en la protección frente a las tormentas de estas instalaciones que, en muchos casos en España, se han situado al lado de las poblaciones. Cabe preguntarse seriamente qué tipo de norma han seguido, si es que han seguido alguna, las instalaciones más antiguas, y cómo se confeccionan las prescripciones técnicas de los parques, en un mundo bastante anárquico como es el conseguido con el traspaso de las competencias ambientales a las autonomías y pliegos de condiciones "redactados" por los Ayuntamientos.

Teniendo en cuenta, además, que los parques eólicos se encuentran situados sobre suelos de elevada resistividad, los sistemas de puesta a tierra de las instalaciones éolicas tienen difícil conseguir valores bajos de impedancia con la puesta a tierra. El aislamiento de cada turbina se construye colocando un anillo alrededor de la torre, a profundidades variables entre 0,5 y 1,5 metros, y situando electrodos verticales en combinación. Se requieren 2 watios de resistencia a tierra en España (10 en el Reino Unido).

Creemos que es imprescindible exigir una clarificación de este importante aspecto: qué grado de protección tienen, en verdad, las instalaciones de aerogeneradores frente a las tormentas eléctricas, y que riesgos se corren por las poblaciones y propiedades próximas, en caso de que un rayo incida sobre un aerogenerador.

Que, por cierto, y a falta de estadísticas más precisas, tiene una nada despreciable probabilidad de incidencia (en el marco del proyecto Venus, permitió que en Alemania se monitorizaran 405 aerogeneradores entre 1992 y 2005, se  detectaron 497 incidencias de daños provocados por rayos, y 147 fueron impactos directos).

Sobre tormentas y aerogeneradores

Sobre tormentas y aerogeneradores

En el territorio español habrá instalados unos 40.000 aerogeneradores, ocupando la mayoría de las crestas orográficas en las que se han medido condiciones de viento favorables.

Los vientos, en metáfora que es muy utilizada por su inmediatez, soplan de forma favorable para las eólicas. Particularmente, en 2010 y el invierno pasado. La energía eólica proporcionó en marzo de 2011 el 21% de los kilovatios consumidos en España (es decir, cubrió la quinta parte del consumo eléctrico de ese día), superando a las demás fuentes de energía primaria. En marzo se produjeron por esta vía el equivalente a 4.700 Gigawatios/hora y durante 2010 generó el 16% de la electricidad consumida en España.  

Quedan pocas zonas favorables para la instalación de nuevos aerogeneradores en tierra, y las empresas de la energía, sus asesores e intermediarios buscan afanosamente emplazamientos, negociando con vecinos, alcaldes y consejeros de las Autonomías, porque, como es sabido, lo eólico ha permitido reducir la contaminación que provoca quemar carbón -sobre todo el nacional- y, como efecto colateral, ha generado algunos nuevos ricos y, por supuesto, empleos nacionales y extranjeros.

Pero lo que deseamos tratar hoy en este Comentario es el fundamento de un temor que se ha difundido por las poblaciones de Galicia y Asturias en las que se han instalado estos molinillos y que está provocando la negativa a autorizar nuevos emplazamientos, por lo que hemos podido constatar: los aerogeneradores atraen los rayos en caso de tormenta y son peligrosos, pues pueden "explotar" -asçi se expresan- si una descarga incide sobre ellos.

La cuestión retrotrae, en realidad, al peligro que representan los aerogeneradores para las poblaciones circundantes -humanas y animales- y, también, dada la ubicación, para las poblaciones forestales, si uno de ellos o varios, por desgraciado accidente, comienza a arder y el fuego se expande por el bosque. Los ejemplos, aunque escasos, no dejan de ser preocupantes, y obligan a establecer con claridad protocolos de actuación, tanto para las dotaciones de bomberos de la zona como para los habitantes que se encuentran en la cercanía de los parques eólicos.

Las poblaciones en las proximidades de los parques deben saber que, una vez que comienza a arder un molino solo cabe esperar a que lo haga completamente, pues las escalas disponibles no permiten acceder a alturas que, en general, superan los 60 metros y pueden llegar a los 180. En muchos casos, el rotor seguirá funcionando descontrolado, adquiriendo las aspas una velocidad de giro creciente, liberándose los restos de las palas que no hayan ardido -y otros elementos de la estructura- con una gran energía cinética, que puede lanzarlos hasta 2 kilómetros de distancia.

No pretendemos alimentar un alarmismo gratuito, sino llamar la atención sobre la necesidad de dar información seria y completa, sin entregarse a pasiones irracionales que, a la larga, arriesgan provocar rechazos igualmente temperamentales.

Una enumeración sucinta de los problemas vinculados a los aerogeneradores, tomada de diversas fuentes, sería la siguiente:

-Las construcciones eólicas tienen basamentos con importante obra civil y, por tanto, modifican sustancialmente las condiciones del terreno en donde se implantan, que ya no puede considerarse para "usos terciarios", alterando con ello los planes de ordenación del territorio que se hayan aprobado con anterioridad

-El diámetro de giro de los generadores es superior, en la mayoría de las instalaciones a los 120-130 m. Provocan un efecto visual desagradable y un ruido constante, perturbador para el entorno -es decir, tanto para seres humanos como para animales-. A los ruidos rítmicos de los aerogeneradores se une, por la noche, la intermitencia de las luces de posición obligatorias.

-Los aerogeneradores producen infrarojos, que causan disminución de facultades y dolores de cabeza, actuando también sobre el sistema inmunológico, como han empezado a poner en evidencia algunos estudios clínicos ( citamos, entre otras referencias, los análisis del Dr. Reinhard Lange).

-En días soleados, el contraste en luces y sombras sobre el material brillante y pulido del que están hechos los molinos, provoca daños similares al "efecto discoteca".

-En las zonas frías (Avila, por ejemplo), se ha informado de bloques de hielo que se desprendieron de las alas de los rotores y que volaron cientos de metros, cayendo en algún caso, sobre vehículos, a los que dañaron gravemente; si no ha habido daños personales -o mayores daños materiales-, ha sido por casualidad...o porque se han silenciado.

Estas razones son suficientes para entender que las propiedades agroforestales, las casas unifamiliares y colectivas, e incluso, la totalidad de las edificaciones de una población, situadas en las cercanías de los campos eólicos se hayan depreciado de forma muy significativa -se calcula que más de un 30%- arrastrando ese efecto sobre un área, en realidad, bastante más amplia ("Efecto absorción" de un perjuicio).

Pero la inquietud que hemos trasladado al título y a uno de los párrafos de este Comentario queda aún sin responder aquí, porque será motivo del siguiente análisis, del que nos ocuparemos mañana. ¿Atraen verdaderamente las descargas eléctricas los aerogeneradores? ¿Qué riesgo suponen en este campo específico?.

Advertimos al lector interesado que no tenemos toda la solución, pero sí una buena parte del planteamiento de la incomodidad.

(continuará) 

Por si las moscas, palmetazos

Hacer algo por si las moscas no es lo mismo, quiá, que curarse en salud. El que actúa por si las moscas toma precauciones porque es consciente de que existe alguna posibilidad, por remota que sea, de que suceda algo que le puede perjudicar.

Los que se curan en salud se toman la medicina sin estar enfermos, con lo que, seguramente, están disminuyendo su capacidad de respuesta a la enfermedad para el caso de que la misma se presente, pues el organismo se irá acomodando al nivel de antibiótico suministrado, exigiendo dosis más altas para superar el síndrome, e incluso inhabilitando su efecto.

Los que actúan por si las moscas no por precavidos dejan de estar sometidos a críticas severas, puesto que tienden al despilfarro. Si no conocen de la misa la media, o son lerdos de solemnidad en un tema que les preocupa, no pocos de los que oyen campanas actúan por si las moscas, poniendo para-rayos donde no hay tormentas, trampas para ratones donde lo que sobran son los gatos y defendiendo lo que nadie amenaza, con lo que caen bajo el ámbito de aplicación del principio de excusatio non petita, acusatio manifesta.

En un documento anónimo que se puede recoger en las iglesias católicas por estas fechas, se defiende que la Iglesia ahorra al Estado 36.060 millones de euros al año, haciendo unas cuentas que se parecen a las del Gran Capitán en su momento, pero que, además, puesto que nadie ha pedido tal explicación, responde a un palmetazo dado sobre la mesa, en época de recogida de dineros por parte del recaudador fiscal y que, como no hay moscas, lo que hace es llamar la atención sobre las cifras y su pretendida justificación, arriesgando provocar un efecto contrario al pretendido, que es de suponer, haya sido animar a que el personal ponga una x en la casilla que implica destinar a la iglesia el 0,7% de lo recaudado por el irpf.

Si los datos divulgados por la propia Conferencia Episcopal Española (CEE) son correctos, la Iglesia católica recibió casi 250 millones de euros en 2010 como consecuencia de esta partida, provenientes de algo más de 7 millones de declaraciones que hicieron esa asignación, y que representan algo más de un tercio de las totales (34,75%), si bien la recaudación ha disminuído en un 1,5%.

Nadie discute (o muy pocos) la excelente labor social que está realizando hoy la Iglesia en los barrios pobres, gracias a la caída del caballo de sacrificados curas y monjas que supieron distinguir entre ponerse del lado del que sufre o prometer el cielo eterno a los que no pasarán, montados en sus camelos, por el agujero de una aguja.

Solo alabanzas merecen aquellos de sus miembros pastorales que están haciendo su trabajo en los antaño llamados países de misiones y hoy, más correctamente, referidos como países en desarrollo; estos esforzados expatriados están enseñando a leer y escribir, riego por goteo, higiene personal y otras excelencias a los que nada tienen, posponiendo para mejor ocasión el incitarles a abrazar la fe verdadera, y abominando la amenaza de someterlos al yugo de la esclavitud, como aquellos iluminados del siglo XV parece que utilizaron como materia de convicción.

Pero decir que la Iglesia ahorra al Estado 36.060 millones de euros pertenece al lenguaje apodíptico, extrafalario, inexacto de todo punto, propio de quienes quieren poner cifras desmesuradas a lo que hacen sin atender a la seriedad y validez de los conceptos que suman, y que hemos encontrado, desde luego, en otros sitios (Gobiernos en retirada, defensores de las energías llamadas alternativas, empresas comprometidas con engañar sobre su concienciación ambiental y su hijo putativo el desarrollo insostenible, etc.) pero nunca nos hubiéramos imaginado que acabaríamos encontrándolo en un reducto de la sacrosanta Madre Iglesia, católica, apostólica, romana.

Un palmetazo, vamos.

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N.B. Para los que no pisan iglesias, el resumen del documento a que nos referimos es éste:

1) 5.141 centros de enseñanza, ahorran 15.423 Mill. euros/año
2) 107 hospitales, 5.035 Mill. euros/año
3) 1.004 centros asistenciales, 4.016 Mill. euros/año
4) Cáritas: 155 Mill. euros (de cristianos españoles)
5) Manos Unidas: 43 Mill. euros/año
6) Obras Misionales Pontificias: 21 Mill. euros/año (Domund)
7) 365 centros de reeducación social marginados 183 Mill. euros/año
8) 937 orfanatos: 93,7 Mill. euros/año
9) 80% del gasto de conservación y mantenimiento del Patrimonio histórico-artístico. (11.090,3 Mill. euros, obtenidos por nosotros como resta de la suma de las partidas anteriores respecto al total)

De méritos a meritorios

De méritos a meritorios

Que no estamos en una sociedad -nos referimos a la española- de méritos sino de meritorios de segunda categoría, no aportará sorpresa alguna a los que participan como actores o asisten de espectadores -voluntarios o forzados- al tragicodrama (1) nacional.

Quizá lo único que habría que precisar, para quienes tienen menos conocimiento de la lengua que nos es propia, que un "meritorio de segunda" no sería -en la acepción de la RAE- quien tiene méritos, sino quien los pretende, trabajando incluso sin remuneración, haciendo lo que se ha dado en llamar "la pelota" al que está en el poder, para tener acceso a un puesto de funcionario.

Los meritorios que tienen éxito en sus objetivos forman legión en una tierra como esta nuestra en que abominamos del riesgo y en la que nos gusta es tener un gorro, sea cual sea, que nos regale autoridad y nos permita controlar lo que hacen otros, escapándonos de que se nos controle lo nuestro.

Lo que da mayor singularidad a un meritorio de segunda no es, sin embargo, el puesto que ocupa, sino su empeño, una vez conseguido el sitial, en impedir con todas sus fuerzas que quienes no sean de su cuerda, de su familia o de su agrado accedan a un sitio semejante al que le han encumbrado.

Participan en este devaneo casi todos cuantos están en la pirámide de meritorios: desde el más humilde conserje o celador al más lustroso cátedro, magistrado o director de departamento. Podría decirse, pues, que conforman un cuerpo invisible de meritorios, en los que la protección del estatus y el control de accesos forman parte indisociable de la doctrina.

La historia de los pícaros se entremezcla así con la de los valiosos; la de los que tienen mérito de primera categoría, con la de los que han tenido su mayor destreza en lamer culos ajenos. Unos y otros andan juntos en una única manada, hecha de toros y cabestros, en la que tanto sirve montar como ser montado.

Si deseamos mejorar lo que se hace mal en España -que no es tanto como dicen los enemigos de nuestra idiosincrasia ni tan poco como pretenden los que están arriba del machito- habrá que reflexionar sobre la valoración de los méritos que deseamos en esta sociedad, que es tanto como decir, lo que deseamos que tengan los que llevamos hasta arriba, en donde se nos dirige.

Porque si, al observar atentamente lo que tienen en las manos y en el cerebro los que han llegado, no encontramos en muchos diferencias con los que no se han acercado ni de lejos, habrá que dar la razón a quienes sospechan que el mayor mérito para ser considerado un figurín es haber combinado el arte de lamer culos con el de pisarnos la cabeza a los de abajo. 

(1) Lo normal, por supuesto, es hablar de tragicomedia para referirse a esta feria de vanidades que acaba en valle de lágrimas para todos; como no queremos utilizar el palabro hiperdrama, hemos creado un vocablo que refleja, a un tiempo, el superlativo equivalente a "dramón" y el sarcasmo que está implícito en todo docudrama.

Sobre lo que conviene cambiar

El ascenso de votos favorables que los Juan Español han entregado a los militantes del Partido Popular en las elecciones de junio de 2011, ha activado reacciones y tactismos de los portavoces de los partidos mayoritarios; por su agresividad, resultan especialmente inquietantes las declaraciones de muy cualificados representantes del grupo de la gaviota, que, al tiempo que exigen elecciones generales han encontrado gusto a afirmar que la gestión de sus oponentes ha sido, está siendo y será, un completo desastre.

Como en el experimento de Pavlov, las secreciones salivares y gástricas de estos animales de la política -cuyo trabajo fundamental es hablar- ponen en evidencia los mecanismos de defensa-ofensa automáticos ante la proximidad del momento en que perderán o ganarán, respectivamente, las posiciones de control en el aparato del Estado, que es lo que más les importa.

La cadena de acción y reacción no tiene fin. La facilidad con la que unos y otros se lanzan descalificaciones personales, tachándose de ineptos, incompetentes, estúpidos y corruptos no puede, en absoluto, tranquilizar a Juan Español, por mucho que se haya pretendido abotargar su inteligencia por décadas, a base de insuflarle dosis crecientes de metadona en forma de telebasura, fútbol y explicaciones sandias de lo que pasa y lo que no y, sobre todo, de lo que no tenía que pasar.

Nos gustaría que, allí donde se haya producido un cambio político, no se organice un espectáculo de destrucción sistemática de la labor realizada por el equipo anterior.

Esa postura, ni es creíble ni es inteligente. No es creíble que los anteriores hayan sido pésimos gestores, ni que hayan sucumbido en tropel a ambiciones personales, alimentando únicamente, descontrol y despotismos. No es inteligente tampoco negar virtudes al contrario, porque ello rebaja el valor de la victoria que se ha obtenido sobre él, genera enemistades y rencores que pasarán factura a los ahora vencedores cuando se vuelvan las tornas y, además, de ser injusto, perjudica a la colectividad cuya gestión, tanto a unos como a otros, les fue encomendada.

Debemos convencernos, de una vez por todas, que el camino central del programa de bienestar común está emprendido, que no cabe improvisarlo ni torcerlo, y que ha de ser seguido con ilusión por unos y otros, gentes tanto de derecha como de izquierda, -vamos, de un signo como de otro-, porque cuando acceden al poder los políticos se convierten en independientes, es decir, en gestores movidos por el bien de todos.

Como no estamos en equilibrio inestable, o no querríamos estarlo, son solo matices y renovadas ilusiones, lo que deben añadir, con su esfuerzo y dedicación, los nuevos gestores.

Y es su obligación, canalizando sabiamente el trabajo, los recursos económicos y las ideas de millones de Juanes Español, empresarios como asalariados, funcionarios como trabajadores por cuenta ajena, aprovechar eficazmente las coyunturas, defender y mejorar lo que se ha conseguido, para que el bienestar de todos aumente y, en especial, lo haga más el de los que menos tienen.

Si seguimos destruyendo o queriendo destruir lo que el anterior ha hecho, solo porque es de otro partido -y, aunque ya a pocos se engañe, presuntamente de otra ideología-, estamos haciendo un flaco servicio al colectivo; quienes así hagan son, ya desde el principio, en pura verdad, malos gestores.

Entre carbayones, magdalenas

Resulta que los carbayones -los habitantes de Oviedo, en recuerdo de un árbol que había en la ciudad y del que solo queda una placa en la acera de la calle Uría- se desayunan con magdalenas casi todos los días.

El palacete de la Magdalena es una construcción de esas que llaman los urbanistas "singulares", que estuvo, desde su construcción, cercada por una verja y un muro que impedía ver lo que había dentro, hasta que el Ayuntamiento que dirigía entonces Antonio Masip -en 1986- decidió expropiarlo, en un intento de preservar de la piqueta demoledora algunos de los pocos edificios con valor estético que, aparte de la catedral y los monumentos del Naranco, subsistían en la capital del Principado.

La cuestión quedó sin ser perfeccionada, como dicen los juristas, hasta que, siendo ya alcalde Gabino de Lorenzo, se consumó la expropiación, que se realizó, a falta de acuerdo con los nuevos propietarios -una de las empresas del poderoso entramado de intereses urbanísticos que tiene en la ciudad Del Fueyo-, con base en la valoración de los servicios municipales, que estimó que la finca valía unos 100 millones de pesetas.

El edificio se convirtió en una biblioteca, o más bien, en un centro cívico; o sea, un lugar en donde los jubilados -que en Oviedo son muchísimos- se reúnen para leer los periódicos y aliviar necesidades, y el caso se transformó en una de las comidillas con las que se adereza, desde entonces, la historía mínima local, pues la empresa expropiada demandó al Ayuntamiento y pidió una nueva tasación, que realizó el Tribunal de expropiaciones, que elevó el valor de la finca a cuatro veces más.

La historia de las magdalenas en Oviedo tiene, visto desde el momento actual, como diría un castizo, sus perendengues: el Tribunal Supremo ha venido a ratificar que ese palacete, construído en 1902, y que mantiene el nombre de la esposa de su primer propietario, Figaredo Sela, ha pasado al erario municipal incumpliendo la normativa de la Ley del Suelo y, por tanto, el Ayuntamiento debe indemnizar a los expropiados de acuerdo con la tasación más alta que, por el tiempo transcurrido, y no haberse consignado el valor en su momento, se ve incrementada con los intereses y costas del proceso.

No termina ahí la cosa, puesto que, pretendiendo llegar a algún acuerdo con los propietarios, el Ayuntamiento se enredó en la firma de sucesivos Convenios de compensación, de los que el último, que supone la concesión de la autorización para hacer un gran aparcamiento subterráneo bajo el campo de San Francisco y otros compromisos de autorización de edificaciones y reservas de dominio, ha levantado una intensa polvareda judicial, que ha puesto, paralelamente, en funcionamiento las calculadoras y el magín de los opositores al equipo de Gabino de Lorenzo.

Aquellos iniciales 7 millones de euros se habrían transformado en casi 15 de deuda acumulada; el constructor ha pedido una retasación, al no haber sido hecho la consignación del valor en litigio, y resulta que ahora pretende que lo que se le expropió vale casi 70 millones de euros.

Los negociadores por parte del Ayuntamiento se esforzaron en todo este tiempo, en llegar a convenios con la propiedad expropiada, que no cuajaron, por razones que no siempre estuvieron claras.

Para los más críticos, el escándalo proviene ahora de que el acuerdo alcanzado con el poderoso señor Del Fueyo implicaría un regalo incomprensible en una ciudad que no ha sufrido tanto como otras por el descalabro inmobiliario, difícil de valorar, pero que superaría los 30 millones de euros y otras servidumbres nada claras; y, para todos, en una ciudad tan chica, sirve de comidilla verbal en cafés, bares y baretos, especulando sobre razones, beneficiarios, culpables y presuntos.

En fin, que los carbayones (así se identifica, además de a los ovetenses, a una creación de la prestigiosa confitería Camilo de Blas, gozo de golosos de cierto empaque) y las magdalenas (que es, además de patronímico de las plañideras, denominación de una más modesta bollería omnipresente en los desayunos y meriendas del personal menos exigente) ocupan ahora un espacio propio en el fregado de los dimes y diretes con los que se alimentan los mentideros asturianos que, como venimos demostrando con nuestros comentarios, no son sino reflejo, banco de pruebas, trasunto fiel, de lo que se cuece en nuestros predios carpetobetónicos.

Una masa realizada con oscurantismos y misteriosos pactos, dejaciones incomprensibles por parte de las autoridades públicas, ávidos intereses privados para aprovecharse de lo que debía pertenecer a todos y esa sórdida sensación de que el tiempo, lejos de curarlo todo, no hace sino aflorar, aquí y allá, las momias de un pasado en el que los protagonistas pocas veces fueron las personas de buena voluntad.

Contra vientos y mareas

Los indignados del Quince-Eme parece que, al fin, están dispuestos a levantar los campamentos con los que ocuparon algunas plazas españolas (e incluso, extranjeras), defendiendo métodos de discusión y toma de decisiones que, los que peinamos canas, no habíamos vivido desde las reuniones asamblearias en la Universidad.

Aquellas interesantísimas asambleas, en las que se perfilaron las lenguas viperinas de los mejores políticos que daría a España la democracia que se pactó constitucionalmente en 1978, terminaban de forma imprevisible, aunque, con el tiempo, se concretaron en dos opciones: acabar como el rosario de la aurora o aguantando mamporrazos y realizando carreras por obra y gracia de los grises (que era como se denominaban entonces, por el color de su indumentaria, a los guardianes del estáblismen).

Los jóvenes del Quince-Eme nos recuerdan, a los mayores, algo de lo que habíamos olvidado o querido olvidar, y del que nos parece conocer, como en una película, el desenlace.

Hemos tenido la suerte y las ganas de asistir, como espectadores mudos, a varias de estas asambleas callejeras, en diferentes lugares de España. Los medios de difusión informativa nos proporcionan también algún material para el análisis, con los sesgos que hay que saber filtrar.

Desde la simpatía inicial hacia todo lo que signifique mover el cotarro de la comodidad y la autocomplacencia, identificándonos con lo que significaba de protesta y llamada de atención, en un momento oportuno (las elecciones locales), a los que ejercen la profesión de la política, respecto a la imperiosa necesidad de escuchar a los representados y no solo a los representantes, hemos pasado rápidamente a la decepción.

La manifestación de inquietudes ha degenerado en algarabía, en barullo; la ocupación de las plazas, en kermese barriobajera; las discusiones sobre lo que hay que hacer, en elucubraciones entre la fantasía irrealizable y la realidad ya consumada.

La retirada a los cuarteles de invierno de ese autollamado movimiento era imprescindible, y vendrá bien a todos. Para quienes, con buenas intenciones y loable voluntarismo, han intentado dirigir las reuniones asamblearias, es una enseñanza que no olvidarán el haber captado lo difícil que es extraer conclusiones de un desorden ideológico. Se ha podido detectar también a los arribistas y aprovechados (por variadas razones: desarraigados, curiosos a la que salta, disconformes crónicos, macarras, violentos, drogatas, ladronzuelos,...), y podido enjuiciar el ruido que provocan, siempre malsano y a veces ensordecedor, en los mensajes.

Pero hay mucho aprovechable, y es importante que esos jóvenes -son fundamentalmente jóvenes- de los que hemos visto lo articulado de su descontento, lo serio de sus -a veces- ingenuas propuestas, pero dignas de mayor reflexión, lo noble de sus inquietudes y lo intenso de sus ganas de participar haciendo algo útil y para lo que no se les deja sitio, no abandonen su intensidad, mejoren su discurso y se lancen a la arena de la disputa por el espacio político.

Porque nos ha dejado perplejos que los que están en el poder o en la alternativa digan ahora que han entendido sus mensajes, y que en el movimiento hay mucho aprovechable. Aquí no se trata de tomar la calle para expresar un genérico descontento o para abrir un debate con propuestas generales.

Las energías alternativas son imprescindibles para conformar la democracia. Solo que lo nuclear no puede venir de la calle, entendiendo por ello, la voz de quienes no están en la gestión de lo público. Si sucediera así, estaríamos en los albores de una revolución, lo que no parece ser el caso, ni, por supuesto, sería deseable.

La enseñanza que los profesionales de la política deben sacar del Quince-eme es que se les ha olvidado que no solamente no están solos, sino que la mayoría que los apoya en las urnas no les vota por convicción de que lo harán mejor que otros, sino por costumbre de salir a la calle un domingo cada cuatro años a que les vean los vecinos en un colegio electoral, para volver luego a sus cavernas de indolencia y conformismo.

Estos jóvenes son, en verdad, la conciencia colectiva. Llena de contradicciones, ayuna de debates, falta de objetivos compartidos, perdida en discusiones que no mejoran la solución a los graves problemas que tenemos, entre todos, que resolver y que, a medida que pasa el tiempo sin abordarlos, se hacen más difíciles y disminuye la credibilidad de quienes pretenden disponer de soluciones adscribibles a las artes de birlibirloque.

Sobre tics, oportunidades de negocio y empleo

Pocas similitudes pueden encontrarse entre la revolución industrial que nos introdujo en la modernidad, allá por los finales del siglo XVIII, y la situación provocada por la irrupción de las llamadas tecnologías de la informática y las comunicaciones (tics), que estamos viviendo en tiempo real, sobre las dos cuestiones que más afectan al ser humano en sociedad: la propiedad de los medios de producción y el valor económico del trabajo.

Respecto a la propiedad de los medios de producción, una nueva tecnología incorpora la opción de mejorar el rendimiento que se conseguía con las antiguas metodologías, que convierte rápidamente en obsoletas y, por tanto, en inútiles.

En cuanto a la cualificación laboral, cada cambio tecnológico ofrece la oportunidad de especializarse en el control de las técnicas innovadas, generando nuevas élites profesionales y reorganizando la pirámide de cualificaciones. Pero lo más importante es que, a nivel global, todo cambio tecnológico genera desempleo y provoca la ruina de muchos empresarios e inversionistas.

Las tecnologías de información y comunicación tienen notables peculiaridades, cuyos efectos no son fáciles de analizar, dada la complejidad de los factores que entran actualmente en juego.

Se habla de la Sociedad de la Información, aunque esa denominación hace referencia a la modificación que se ha operado en el uso de la instrumentación, que se ha generalizado, pero no en la propiedad de los medios, que ha sufrido pocas variaciones; o, en todo caso, cuya evolución no ha experimentado ninguna brecha apreciable, porque los grandes grupos empresariales siguen siendo los mismos -aunque cambién sus denominaciones y oculten pudorosamente los nombres de sus beneficiarios- y no parecen dispuestos a ceder ese liderazgo.

Y esto, a pesar de los fuegos de artificio que provoca la aparición estelar de los Bill Gates, Lawrence Ellison, etc., cuyas grandes fortunas aparentes sirven de cómodas pantallas para la acumulación descomunal de recursos naturales por parte de otros capitalistas menos famosos.

La verdad: El uso de estas nuevas tecnologías es relativamente sencillo -son, además, cada vez más user-friendly y más user-focused (1) , pero su efectividad descansa en la posesión de medios extremadamente complejos, y cada vez más sofisticados, que se concentran en muy pocas manos.

Se puede decir que han generado una gran competitividad entre los usuarios, pero la dependencia de éstos respecto a los que ofrecen el soporte (equipos para implementar las herramientas de usuario, redes de distribución, servidores, satélites, centros de control, hardware e incluso del software,etc.) es prácticamente absoluta. Saber usar está cada vez más lejos de saber cómo se hace lo que nos sirve de instrumento, y el riesgo que se corre ante esa ignorancia es evidente.

En cuanto a los negocios de aplicación que se soportan actualmente con las nuevas tecnologías, se han creado, indudablemente, muchas oportunidades de dar los antiguos servicios con menor coste, mayor agilidad y mejores prestaciones. Los ejemplos son múltiples, y especialmente brillantes allí donde la eficacia de las decisiones dependen del mejor uso del tiempo y del espacio.

Se pueden hacer muchas cosas más rápido y difundir opiniones o resultados, además, a grupos de interés más numerosos, reduciendo así el tiempo para generar rentabilidad, pero no son muchos los ejemplos en que se estén creando nuevas oportunidades en nuevos sectores.

Los avances de las tics en este sentido son escasos y es justamente en este aspecto en que subsiste la dependencia respecto a los sectores tradicionales  en donde hay que reclamar mayor análisis e investigación. Hace falta seguir trabajando en mejorar los medios de producción agroalimentaria, de generación energética, de transporte físico, de materiales resistentes, de conductores, de biomedicina, de explotación minera, etc.

Las tics son, en fin, un medio para potenciar el saber usar, y no pueden hacernos olvidar que las necesidades básicas del ser humano no quedan resueltas con ello, sino que dependen, sobre todo, de la mejora de las facultades para incorporar los recursos de la naturaleza a la cadena productiva.

Al fin y al cabo, lo que no podemos comer ni disfrutar con los sentidos, no tiene utilidad, aunque provoque ocasionalmente el enriquecimiento de algunos que, no lo dudemos, dedicarán los recursos que acopien a comer y gozar más y, dependiendo de su conciencia social, convertirán lo que les sobre en una oportunidad para otros o en apalancar fieramente sus vías actuales de negocio.

(1) Pedimos perdón por los anglicismos, uno de ellos, incluso inventado por nosotros: queremos expresar, con ellos, respectivamente, "más fáciles de usar" y "más orientados a soluciones específicas".

Sobre el despilfarro de energías

Aunque una cosa es oir la canción y otra entonarla bien, todos tarareamos más o menos el estribillo ese de que hay que ahorrar energía. Porque es cara, porque contamina, porque no hay bastante o porque hay formas de producirla que solo las queremos en países menos desarrollados.

Sea cual fuere nuestra opinión acerca de lo que debería hacerse a nivel global para solucionar el problema de la escasez o de la carestía de los inventos que, en esencia, nos iluminan las noches de insomnio cuando tenemos el cuerpo jota y nos permiten obviar el uso  del transporte público, vamos a dedicar este comentario a algunas de las energías que despilfarramos y cuyo productor es nuestro cuerpo.

Los dos despilfarros mayores se producen entre los que tienen más de sesenta años y los que tienen menos de treinta. Los primeros, porque el mercado del trabajo ha decidido que ya no le sirven, y los segundos, porque no tienen claro para lo qué sirven, ya que nadie se ha preocupado de indicárselo.

Son millones las horas perdidas cada día, con la que todos estos ciudadanos contribuyen al calentamiento global, sin que conste beneficio alguno para nadie.

Paseos sin rumbo por las calles, sentadas en los bancos de los jardines públicos contando musarañas, largas partidas de dominó o a las cartas en bares y centros de mayores y no tanto, esculturismo forzado,  sin otros objetivos que dejar pasar el tiempo, en tapias, muretes y bordillos de acera, torpes ejercicios manuales ante las tragaperras, inútil confección y entrega de currícula a cientos sin resultado por carecer de padrinos, ensuciamiento estúpido de paredes, estropicios de mobiliario urbano, ingestas de alcohol ayunas de fundamento e inhalaciones de humos con riesgos para la salud,  etc.

¿No podemos hacer nada para aprovechar toda esa energía humana, de seres inteligentes y capaces -en su inmensa mayoría, al menos, o así cabe suponerlo- de realizar algo productivo, sea lo que sea, útil para mejorar el bienestar de la sociedad, que, además, les ayude a ellos a sentirse mejor, supongan menos coste a las arcas públicas y, si no tienen otros ingresos, les proporcionen algunos?

Si no sabemos qué hacer con el tiempo de que disponemos, que es nuestra herramienta, no merece la pena preocuparse por resolver otros problemas. La energía se nos va en fuegos de artificio.

Entre dimes y diretes

Toda noticia sometida a la acción de dimes y diretes sufre una deformación proporcional al número de chismosos por los que se propaga y su alejamiento de la verdad será tanto mayor cuanto más interés exista en ocultarla.

Este principio indiscutible que consagra la capacidad de imaginación del ser humano para adornar con elementos de su cosecha, antes de contársela a un semejante, una información, ha alcanzado su versión capital en tierras alemanas, por obra y gracia de un bichito de los que, parodiando a aquel ingenioso ministro que fue Sancho Rof, aunque no se mataría si cayera de lo alto de una mesa, sí que lo hubiera hecho, ahorrando disgustos, si todos los alemanes se lavaran las manos después de hacer sus necesidades y las ministras alemanas lo pensaran dos veces antes de ponerse delante de un micrófono.

Ilse Aigner, la lamentable protagonista del hundimiento de las exportaciones agrarias españolas, no solamente no ha reconocido su grave error al imputar el brote mortal de E.coli (variedad mutante, pero váya a Vd. ahora a fiarse de los investigadores teutones) a los pepinos españoles, sino que persiste en la equivocación, una vez demostrado que no tenían nada que ver con el episodio que se desató en Hamburgo, afirmando ahora que, de todas maneras, los pepinos tenían bicho.

Podemos afirmar ahora, con contundencia, que los alemanes son unos guarros. Les hemos visto muchas veces salir del baño sin haber hecho pasar sus manos por el grifo. También estamos en condición de indicar que para ser ministra -o lo que sea- de Agricultura y Defensa de los consumidores en Alemania no es necesario saber del tema, sino solo estar afiliado al CSU de Baviera.

La Sra. Aigner es de profesión técnico en helicópteros -gracias a un cursillo de un par de meses-, que debe ser equivalente a reparador de televisiones en España, lo que no tendría mayor importancia -hay especialistas en esa rama del saber que son excelentes comunicadores- si supiera mantener la boca cerrada ante lo que no sabe.

Ilse Aigner, dimite, por favor. El prestigio de Alemania, al que has mancillado de forma difícilmente recuperable, lo exige. Los pepinos españoles saldrán del agujero en el que los has metido, pero tu incompetencia enciclopédica no tiene remedio.