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Al Socaire de El blog de Angel Arias

Sobre el sexo de los ángeles

Parece ser que (suponemos que con base en la apreciación de quienes los han visto) los ángeles no tienen sexo. Nos referimos a los ángeles hechos y derechos, no a esas cabecitas angélicas cortadas de sus troncos que adornan, como expresión de sádico malgusto, algunos cuadros religiosos.

No les hemos levantado las faldas para escudriñar sus entresijos pero admitimos que sí, que esos seres con cuerpos de efebo bien alimentado, básicamente de raza blanca y con afición a dejarse el pelo largo y teñirlo de rubio, no tienen apetencias carnales. 

La economía creativa supone que lo que no se utiliza, acaba languideciendo y, por ello, estamos seguros que los ángeles, si alguna vez tuvieron atributos sexuados, los han perdido con el transcurso de la mitad de la eternidad, que es, más o menos, lo que ya llevamos.

Que los ángeles no tengan sexo es una cosa y que los humanos no utilicen el que tienen, otra. Y lo hacemos, vaya si lo hacemos, con las respetables excepciones.

El cuerpo en su conjunto y el instrumento específico para el placer que nos ha sido felizmente dado, admiten, como es bien sabido, múltiples aplicaciones. Solo que de esta observación a que se pretenda ver al ser humano como objeto sexual va un abismo. Porque lo que nos parece, por el contrario, es que somos sujetos, no objetos sexuales.

Se habla mucho de sexo en en esta sociedad. Y de todas las variantes que ocupan atención, una de las que parece encontrarse en su propia adolescencia es la consideración de la sexualidad de los homosexuales, sean hombres o mujeres.

A muchos les resulta circunscribir a la persona que se ha reconocido homosexual al limitado espacio de su sexo, y de su comportamiento sexual.

Hora es de que maduremos y que, de la misma manera en que no nos planteamos cómo resuelven su búsqueda privada de comprensión, complicidad y placer, en el terreno sexual, las parejas heterosexuales, nos ocupe en la homosexuales, también, la mejor comunicación con ellos, entender su capacidad y proyectoy participar en él, si nos es grato o posible, respetando su intimidad sin querer sacarla a la luz de la murmuración.

Y ayudaría, desde luego, que algunos homosexuales dejaran de restregar ante las narices de los demás su condición de tales, poniendo énfasis, justamente, en lo que menos debería interesar: lo que hacen en la cama con sus parejas. Ni ángeles, ni plumas, porfa.

 (Nota: Este comentario lleva el mismo título que otro publicado hace varios meses. Además de poner de manifiesto que la imaginación de este bloguero para inventarse títulos tiene limitaciones, queremos aclarar que no es una repetición de aquél, sino que glosa un aspecto diferente, aunque convergente en buena medida)

Sobre el mundo de las ideas (al margen de Platón)

El admirado Platón (rebus sic estantibus) se refería de forma genérica a las ideas, contruyendo una de las metáforas más bellas de todos los tiempos.

Pasados los siglos, hablamos sin problemas de las ideas como cosa de cada día. En el mundo de internet, ese poblado imaginario que utiliza como infraestructura viaria las ondas y las palabras como vehículo para moverse en ellas, ha surgido ideólogos de variado pelaje. Algunos, incluso, han tenido éxito social. Otros, pocos, éxito económico.

La mayoría de los usuarios de ese complejo entramado bastante interactivo lo que han hecho, hasta ahora, es dedicar tiempo y algún dinero en ese holocausto imaginario. (del griego: "completamente quemado")

El País dedica su suplemento dominical a extraer algunos nombres del mundo de las ideas internáuticas, atribuyéndoles éxito y dinero. Conocemos a todos y la mayoría son amigos, y respetados -y envidiados- por su(s) iniciativa(s).

Encontrar la proyección de las páginas del diario más leído en estas tierras de maldición, merece la enhorabuena. Es un anuncio gratuito que redundará en más fama, más admiración, más envidia o respeto, según los casos.

Pero ignorar que el mundo está en pañales y que el edificio es aún precario, es obligación de los que se mueven con los pies en el fregado. La mayoría de los que han tenido éxito, hasta ahora, han contado con subvenciones oficiales, porque internet vende políticamente.

Lo que no estamos seguros es que, además, venda, o venda tanto, -aún- fuera del mundo de las ideas.

Venga Hacienda y lo vea.

Sobre el alpiste del canario y otros ahorros

La obsesión por reducir gastos atraviesa España. Abandonando los postulados de la teoría del consumo, aquellos principios que animaban a consumir mucho para generar mercado, transacciones y satisfacción, la crisis ha instalado la preocupación por la austeridad.

¿Preocupación?. Mejor diríamos, la exhibición de una pretendida austeridad. Porque las medidas que algunos organismos y empresas están tomando demuestran tanto la improvisación con la que se ha decidido su implantación como su previsible nula efectividad.

Encajan con el cuento popular de la familia que, queriendo reducir gastos, ahorraba "en el alpiste del canario". Sabemos de varias empresas que limitan la duración de las llamadas de teléfono, o han retirado los móviles a sus empleados, ( incluídos comerciales y la mayor parte de los directivos... ) para acabar reconsiderando su postura, cuando los capitostes culpables de la orden advirtieron que, más que remedio, habían creado una enfermedad que desmoralizaba al personal y reducía la eficacia.

Parecida estupidez es la de esos correos electrónicos que se envían a decenas de personas de la organización (pretendiendo que así todo el mundo está informado) y que se adornan con la coletilla de "no imprimas si no es absolutamente necesario".

Seguro que los archivos de esas eficientes organizaciones engordan más de lo necesario y la cantidad de papel consumido no ha bajado, sino subido. Incluso aunque las impresoras utilicen "papel reciclado"  ya impreso por una cara, que no pocos disgustos ha causado por hacer llegar infomación de difusión no deseada a quien no debiera.

Hemos conocido que en diversos Juzgados se obliga al personal administrativo encargado del reparto de notificaciones a ir en transporte público, dotándoles del bonobús correspondiente a primera hora de la mañana, con lo que se ha logrado es alargar hasta la exasperación el tiempo de entrega y reducido hasta casi la nimiedad el número diario de comunicaciones a los afectados.

Es difícil, desde luego, tomar medidas atinadas para cortar los costes. La más simple y utilizada es la perentoria exigencia, mediante circular "a toda la organízación", de reducir "de inmediato" los gastos de cada departamento al, digamos, diez por ciento. Si se pudiera hacerlo así sin pérdida de eficacia, la medida consecuente sería despedir, por incompetentes, a todo el personal con capacidad de dirección.

Aunque las empresas no tengan canarios (como se sabe, en la minería de hulla se utilizaban como fórmula infalible para detectar el temible grisú), hay muchos casos de reducción equivlente del dinero dedicado a comprar alpistes para los canarios.

Lo seguro es que se nos morirá el canario, que tanto nos alegraba con sus trinos, y perderemos, faltos de su estímulo, más dinero que antes. Habrá que fijarse en los animales que más comen, y para lo que sirven.

(N.B. Estamos, además, en contra de aprisionar pájaros en jaulas. El canario al que nos referimos es un animal nacido en cautividad. La disminución de alpiste que narramos en la historia no ha sido probada con ningún animal vivo, al menos, por nuestra parte. No nos hacemos responsables de cualquier actuación imitativa que no sea efectuada por profesionales)

Sobre la noche oscura de la moda

En varias ciudades de Europa, se ha celebrado una noche de la moda. Los comercios de élite, ésos en donde los escaparates lucen precios para prendas y complementos que superan el salarios mensual de la inmensa mayoría de los mortales, han abierto sus puertas.

No se trataba de dejar entrar a todo quisque para que llenase con sus manos grasientas los preciados paños, ni falta que hacía. Las invitaciones para el evento debería ser rigurosas, y la difusión de la conmemoración, por supuesto, limitada.

En fin, al menos en Madrid, la convocatoria resultó un éxito completo. Alfombras rojas sobre las zanjas abiertas en donde, hoy Gallardón, mañana su oposición, buscan el tesoro que enterró Tierno y no encontró Aguirre.

Miles de nenas con faldas tipo cinturón y escotes andróginos (es metáfora) poblaron, sobre sus zapatos de más de diez centímetros, los sitios transitables y lucieron su palmito con el traje que llevaron en el último sarao. Otros tantos pijos de salón, con el pilo engominado y camisas de seda finísima, hicieron los mismos caminos, tomándose el cava que les ofrecían y riendo y dándose abrazos, todos entre sí.

A las doce de la noche, el espectáculo terminaba. Los actores secundarios del evento se fueron retirando a sus lugares habituales de copeteo, las chicas que emulaban modelos de pasarela (o lo eran ellas mismas) se fueron a sus casitas a descansar de la exhibitio, y los empleados de las tiendas de moda pasaron uno de sus peores días. No hubo caja, les arrancaron algunos botones a las piezas de tanto valor, y desaparecieron algunos cinturones.

Noche oscura de la moda.

Sobre la rentabilidad política de las devociones y los signos

El primer domingo de septiembre, los mineros de Asturias y León con simpatías socialistas se reunen en las campas de Rodiezmo,  con sus familias, a tomar unas empanadas, beber algo de vino y escuchar el discurso enfervorecedor del José Angel F. Villa, el de me-cagu-en-mi-mantu pero también el principal valedor, utilizando la fuerza del sindicato que controla, el SOMA, del mantenimiento a trancas y barrancas de la minería del carbón asturleonés.

Eso es así desde hace 30 años.

Van quedando pocos mineros, pero la costumbre se mantiene, y nunca faltan jerifaltes venidos de Madrid para hacerse la foto, dar algunos mensajes de cara a la nueva temporada política y, de paso, departir con los presuntos votantes repartiendo abrazos y sonrisas. La foto de este año prueba que estuvieron allí, en olor de multitud, el Presidente del Gobierno y, por lo menos, dos de las mujeres importantes que va colocando el PSOE en primera línea de la opinión pública: Bibiana Aído (Ministra de Igualdad) y Leire Pajín (Secretaria de Estado de Cooperación Internacional) 

Es esta foto una de las dos que suscitan este comentario. Mientras se cantaba (o mejor, tarareaba, ya que la letra no la conoce ya nadie) La Internacional, extraño resto de otros tiempos de lucha, las dos jóvenes militantes, siguiendo miméticamente la acción de algunos de los que se encontraban por allí (viejos combatientes contra el fascismo), levantaron con garbo el puño izquierdo.

El Presidente Zapatero, listo como el hambre, mantuvo las manos a la espalda y el aire ido. Foto de portada.

Hay otra foto de estos días que encaja igualmente, e incluso mejor, con la idea que pretendemos expresar: la rentabilidad de los signos, cuando se utilizan y, si se sabe aprovechar el momento, mucho más, cuando se los ignora.

La foto la proporcionan los actos de celebración del Día de la Santina, representación local asturiana de la polimórfica Virgen María. Esta imagen pequeñina y galana tiene fama merecida de ser muy milagrera, a nivel de la Pilarica y la del Rocío (por ejemplo). El ex-futbolista Quini, venerado a su vez como héroe pagano en las Asturias, figura públicamente entre los defensores de esa devoción, al verse curado de un cáncer de garganta por haberse (com)prometido a llevar las andas en la procesión de este año de gracia de 2009 y, por supuesto, también debido al buen hacer de los médicos que lo atendieron, y que aún están en el anonimato hagiográfico.

En esa foto que tenemos a la vista, el presidente del Principado, Vicente G. Areces, junto con el ex-Presidente Antonio Trevín y otros principales, asisten con aspecto recogido a la misa de la conmemoración, co-oficiada por un arzobispo -Gabino Díez Merchán, varios obispos y otros clérigos católicos.

Como no nos consta la reconversión de estos políticos regionales a la fe de su probable bautismo infantil -en general, ayunos de prácticas devotas, lo que no resulta criticable, sino simple constatación-, entendemos que, en este caso, como resulta habitual en las ceremonias religiosas en donde se da la presencia masiva de autoridades de variado pelo ideológico y confesional, ha tenido lugar la utilización publicitaria de las devociones de los demás.

A diferencia del Presidente Zapatero, que se mantiene al margen de la manifestación de otros, estos Presidentes locales, se apuntan activamente, no a título personal, sino por lo que representan, a la participación en un acto religioso a pesar de la aconfesionalidad de los Gobiernos, central y regionales.

Puede argumentarse que, de cualquier forma, todo es puro teatro. Lástima. Nos convendría a todos que creyéramos firmemente en aquello en lo que participamos y manifestáramos con nuestra ausencia coherente, cuando no con nuestro rechazo activo, la distancia con lo que no pertenece al ideario colectivo que debemos respetar. ¿O todo vale si la foto es buena?

 

Sobre la belleza de las piedras

Sobre la belleza de las piedras

En los libros dedicados a minerales y rocas, se presentan fotografías de escogidos ejemplares, que tienen en común el estar bellamente cristalizados o cuidadosamente pulidos (según los casos), reforzadas con comentarios poco inteligibles para profanos respecto al cumplimiento de determinadas reglas de simetría y otras características de su composición y metalogenia, junto con datos de los índices de refracción, dureza o friabilidad (por ejemplo), con indicación somera del lugar de hallazgo del ejemplar y, cuando procede, añadiendo el nombre del poseedor, se supone que afortunado, de tal anomalía de la naturaleza.

Porque se trata de anomalías. Existen para ellas, como para la disposición a apropincuarse de casi todas las anormalidades naturales, coleccionistas ávidos, -de cuya total capacidad mental podrían incluso, por los sintomas, dudar algunos, por supuesto, no coleccionistas-, que son capaces de recorrer el mundo de cabo a rabo para adquirir, sustraer o verse regalados con esas piedras tan especiales, que añadirán empaque a su preciado montón de rarezas mineralógicas y deleites indescifrables por la contemplación solitaria o en comandita de sus imaginarios tesoros.

Allá cada cual con la responsabilidad de emplear su tiempo y su dinero como le peta. No van por ahí nuestros tiros. La cuestión que queremos suscitar aquí es otra: pocas enseñanzas prácticas pueden derivarse de esas bellas piedras que adornan las colecciones públicas y privadas, salvo la constatación de su singularidad y su eventual valor estético. Poco podrán aprender los alumnos de mineralogía o geología por contemplar hasta la saciedad esos fenómenos, al menos con enseñanzas que puedan ayudarles en el campo para identificar de visu lo que se ponga ante sus narices.

Quienes se dedican a la minería, saben que el valor práctico de las piedras que se extraen de la naturaleza -salvo en las tenidas por piedras preciosas o semipreciosas- no consiste en sus bellos maclados, sus estructuras cristalinas casi perfectas, o la ausencia de máculas o la combinación de colores entre la roca madre y las inncrustaciones metalogénicas.

Nada digamos de la dificultad de identificar, a pelo, una variedad mineralógica, salvo que se sepa de antemano por dónde se anda y lo que se ha cocido en tales predios.

Propondríamos que las Escuelas y Facultades de Minería y Geología y, en general, todos aquellos centros que se dedican a la divulgación y enseñanza de la importancia de las piedras y pretendan ayudar a su identificación, junto a los bellos ejemplares de sus colecciones preciadas, dispongan de otros, mucho más representativos de lo que se extrae de verdad de la buena de la naturaleza, y aprendan aquello que tiene valor para el técnico, el ingeniero, el empresario minero y la sociedad: que solo los análisis químicos o espectrográficos dan las claves de la mayoría de los hallazgos y que la belleza de lo natural se mide por otros cánones que por una piedra singular y, por lo tanto, anómala.

Ayudaríamos así a que los jóvenes educandos sepan identificar mejor las piedras tal como se las van a encontrar cuando salgan de paseo y, de rebote, a que la sociedad consumista apreciara, junto a la belleza, la practicidad de lo que resulta verdaderamente útil para mejorar nuestra calidad de vida. Datos que tienen que ver con cantidades, concentraciones, profundidades, procesos de extracción selección, lixiviación, cribado, hidrólisis, fundición, etc.

(Nota para curiosos: La fotografía que ilustra este comentario es un magnífico ejemplar de scheelita, en su soporte cuarcítico y con sus destelleantes ribetes micáceos, tal como se presentaba en la  mítica mina de Penouta, en Boal, en la que sucesivos inversores y en variadas épocas, perdieron hasta la camisa)

Sobre cómo detectar un buen blog sin morir en el empeño

En otros lugares hemos escrito que mantener un blog con regularidad es una tarea desagradecida. Nos referimos a sostener un buen blog, por supuesto.

¿Qué es un buen blog?. La mayor parte de los que viven al margen del mundo creado por internet, (por fortuna para ellos) creen que un blog es un diario que, en lugar de escribirse sobre el papel, se coloca sobre las ondas, en un ejercicio de exhibicionismo que, muchos de esos ignorantes, desearían ver castigado algún día con el robo de la cuenta bancaria del incauto que comunica sus experiencias vitales urbi et orbe.

Por su parte, la mayoría de los que escriben blogs creen que un blog es una plataforma para contar, en un lenguaje simple y con redacción apurada, las emociones de cada día. Como los autores suelen ser gente jovenzuela, los comentarios habituales van de cosas de esas del amor, la última película que ví o lo mucho que me fastidia me hermana cuando pone la música muy alta. También mola cantidad incluir muchas fotos de la última quedada, y lanzar mensajitos a la nena que nos hace tilín o al perchas de la clase de al lado. Es decir, estos blogueros de ida y vuelta creen, también, que un blog es un bloc de notas, un diario aéreo.

Nos preocupa ese otro grupo de gentes que creen que un blog es una oportunidad para lanzar ideas, realizar comentarios enjundiosos, aportar información relevante. Nos preocupa, en especial, si advertimos -por los indicadores de entradas a sus guaridas intelectuales- que no los lee prácticamente nadie.

Cuando comprobamos que, día, tras día, esos esforzados quasidesconocidos se empeñan en ofrecer al mundo (sin éxito) sus elucubraciones, nos preguntamos, cómo hacerles caer de la burra, hacerles ver lo inútil de su trabajo. ¿O es que, en verdad, no pretenden más que tranquilizarse a sí mismos, en la esperanza de que un buen día obtengan esas cientos o miles de seguidores que, secretamente, anhelan como recompensa a sus desvelos?

Nada ni nadie los detendrá, persiguiendo, incansables esa quimera. Mirarán de reojo, tal vez con algo de envidia, las listas de blogs más leídos, y se preguntarán porqué. Por qué los microsiervos, los Dans, los Beppegrillo, los Sabediosquienestadetras, tienen tantas entradas, puede que, incluso, tantasd lecturas...

Solo cuando los dioses de la blogosfera, un mal día, destruirán con un virus letal todo lo acumulado durante años, podrá llegar el momento en que, viéndolas convertidas en nada, sin copia de seguridad ni la madrequeloparió, ese conjunto de felices ideas alcancen el plenamente el inefable destino para el que fueron creadas: la exclusiva satisfacción del ego de sus autores, la comprobación de la indescriptible levedad del ser y del no ser.

¿Que cómo se detecta un buen blog? ¿Pero de veras tal cuestión le interesa a alguien? Si esa preocupación desea verse cumplidamente satisfecha, aconsejamos que se visite, como ejemplo, la actual clasificación de los mejores blogs en el Concurso organizado por 20.minutos. Mírense los que están arriba y los que están abajo del todo, con sus cero votos, y extráiganse las consecuencias que parezca al lector sean del caso.

 

Sobre los festejos populares: el caso Pozuelo

El final de las fiestas de Pozuelo (población satélite de Madrid) este año estuvo marcado por unos graves disturbios. Ya de madrugada del sábado al domingo, unos doscientos jóvenes se enfrentaron a la policía local, tratando de amedrentarles.

La policía había sido reclamada para intervenir como consecuencia de que un joven había recibido un botellazo. De todas maneras, ante la previsión de altercados (ya se sabe lo que son hoy por hoy las fiestas populares para algunos: alcohol y droga), la policía ya estaba vigilante en la zona.

Hay 20 jóvenes detenidos, y diez policías heridos, dos de ellos graves. Suponemos que también habrá algunos jóvenes heridos, pues la policía tuvo que emplearse a fondo, e incluso llegaron refuerzos de la Policía Nacional especializada en disturbios.

El diagnóstico del problema, porque aquí (no en Pozuelo, en toda España, quizá en casi todo el mundo) tenemos un problema,  es relativamente sencillo. Falta de autoridad en casa y en las escuelas, libre comercio de droga en las cercanías de estas últimas, alcohol, poca formación y educación, incapacidad para comunicarse, proliferación de liderazgos vacíos para la juventud.

No hacen falta más policías. Son necesarios mejores y más motivados maestros y, sobre todo, padres que se responsabilicen de la educación de sus hijos. Tampoco ignoramos que con la inmigración se ha incrementado la marginación de algunos sectores juveniles, generándose bandas de delincuencia, que, faltos de control en sus casas, sin conciencia de futuro, creen realizarse implantando su propia ley del más fuerte.

Hay que controlar los focos de estos puntos de respuesta antisocial. Saber porqué se producen, donde, y estudiar la manera de atajarlos lo más cerca posible de sus orígenes. No esperar a que se manifiesten para reventar una fiesta popular en la que miles de jóvenes, sencillamente, iba a pasarlo bien, no a aprovechar la oportinudad para enfrentarse ni a la policía ni a sus posibles contradicciones.

 

Sobre varios consejos para mejorar la sociedad

Nuestra sociedad tiene varios problemas, y la salida a esa complejidad no habrá de aparecer por arte de birlibirloque, sino que ha de ser discutido por los que pueden tomar las decisiones, escuchando a quienes pueden aportar las soluciones.

He aquí algunas reflexiones

1. Financiación de los partidos políticos.

Los descubrimientos, seguramente fortuitos, de algunas fórmulas ilegales para financiar el Partido Popular no pueden movernos a engaño. Todos los partidos recurren, para aumentar su capacidad de premiar a los simpatizantes y colaboradores, a reclamar cantidades de los contratistas a quienes conceden adjudicaciones cuando están en el poder.

Negar esa evidencia es una tontería, una falsedad de nuestra sociedad, una mentira nada piadosa que obliga a difíciles equilibrios contables, a falseamiento de facturas, a flujos de dinero B. Para poner coto a esta práctica no basta con apuntar a los escalones más débiles de la cadena ni, por supuesto, echarse las manos a la cabeza cuando algún exmilitante cabreado denuncia alguna irregularidad.

2. Independencia judicial

El poder judicial no es independiente. Podemos hablar largo y tendido (o de pie) sobre la conveniencia de serparar los tres poderes (o los cuatro, o los diecisiete), pero no es cierto que los jueces se dejen -siempre- guiar por la búsqueda de la justicia. Está claro que la mayoría de los jueces tratan de ser independientes, como la mayoría de los políticos pretenden huir de las prácticas de corrupción.

Pero esta sociedad está muy imbrincada. No es posible la independencia absoluta de nadie. Y menos de aquellos a los que les gusta cazar o pescar, o hacer vida de sociedad, o tienen amigos en este o aquel partido, o aquella o tal cual empresa. Podemos cerrar los ojos a la realidad de que los más poderosos económicamente podrán pagarse fórmulas de evasión y de exención de responsabilidades que el ciudadano medio ni soñó con que existieran, y si son descubiertos (o para defender sus intereses, sean cuales sean) podrán poder disponer del mejor y más influyente  bufete, y gozar de capital para aguantar un largo proceso. 

3. Elección de los gestores de la función pública

La política no puede ser parte del comienzo de una carrera personal, ni mucho menos, una profesión, especialmente de aquellos que ocupen los más altos cargos. Los políticos han de acceder a los puestos de mayor responsabilidad, en la cumbre de su vida profesional, no en los comienzos.

Para la elección de funcionarios, el dilema a resolver es, si queremos profesionales que, después de su oposición, tengan garantizada su carrera y su promoción, o los queremos someter a pruebas más o menos regulares de eficacia. Si nos hemos decidido por la primera opción, hay que ser consecuentes, y proveer a los funcionarios de expectativas profesionales coherentes, así como medios para estimularlos, incentivarlos, y, cómo no, aparcar a los incompetentes.

4. Mejora de la información sobre los flujos de capital

Nos gustaría saber quién analiza los datos del sector inmobiliario, o del mercado de coches de lujo, o la existencia de segundas y terceras viviendas, o quiénes son los detentadores de depósitos bancarios o acciones bursátiles o participaciones empresariales.

Hay mucho rico ostentoso que vive en parcelas a todo lujo, goza de vehículos último modelo de marcas carísimas y parece escapar a todo control.

En fin, existen otros muchos aspectos que podrían analizarse. Los dejaremos para otro día.

Sobre crápulas y benditos

(Desgraciadamente, Blogia vuelva a tener problemas. Volveré a escribir el comentario cuando tenga tiempo)

Hace ya muchos años, los benditos de Dios eran corrientes. Igual podía ser el cura que te perdonaba un pecado mortal a cambio de tres avemarías (en representación del invocado), que el sereno que te ayudaba a descargar el maletero cuando llegabas de Torrelodones (no hagan rimas, porfa) a las tres de la madrugada.

Con el paso del tiempo, los benditos de Dios han dejado el paso a los benditos a secas. Desde luego, siempre se dijo que "He dormido como un bendito" y los más instruídos recordarán aquello de "Bendita la madre que te parió y los pechos que te amamantaron", que no es, como pudiera creerse, un piropo callejero, sino del Nuevo Testamento.

También los crápulas han variado. Ya no se trata de aquellos tipos entregados al vicio, que disfrutaban de la bebida y de los placeres carnales sin medida.

Si Vd. ve al dueño de la empresa que le da de comer entrar un día en el negocio acompañado de un tipo de traje gris y corbata de colorines, con pelo engominado y sonrisa betáfica, y que le es presentado como. "Fulanito va a encargarse de hacernos un estudio de viabilidad; hay que darle la información que necesite", es altamente probable que al cabo de un par de meses Vd. y otros cuantos se encuentren en la calle.

El desconocido será, para Vd, y los demás afectados, sin lugar a dudas, un crápula.

Sobre lo difícil que es ser buen Gobierno y estar bien en la Oposición

Las diferencias entre ser y estar en el idioma español son habitual quebradero de cabeza para angloparlantes y un motivo -de los pocos de que podemos disfrutar- para cachondearnos de los errores que cometen los extranjeros hablando nuestra lengua.

Ser Gobierno y estar en el Gobierno son dos cosas muy distintas. Cuando faltan las ideas, se está, simplemente en el Gobierno. Cuando se toman medidas de buena gestión, se es Gobierno.

Salvando las distancias, con la Oposición sucede algo similar. Solo que cambiando las tornas en el empleo de los verbos. Si se es buena Oposición, es decir, si se considera el período de Gobierno del otro como una legislatura pasajera que nos devolverá la mayoría para gobernar, se sabrá estar en la Oposición.

Si, por el contrario, se carece de ideas, y lo que se prefiere es armar barullo, impedir que el otro gobierne, criticando cuanto haga, sencillamente porque sí, se será Oposición.

Tenemos un problema en España que va camino de petrificarse: el Gobierno no sabe ser y la Oposición no sabe estar. Prefieren estar y ser, respectivamente.

Sobre la prostitución callejera

Un periódico de gran tirada (EP, 1 de septiembre de 2009) celebra a su manera la vuelta de las vacaciones de agosto, publicando en primera página, con mayor refuerzo gráfico en las páginas interiores, la fotografía de un joven que enseña manifiestamente sus genitales a una dama de piel morena con la intención de que le realice, si la imaginación no engaña, una felación.

Las fotografías interiores, recogen diversas situaciones de otros jóvenes, con los pantalones igualmente bajados, realizando un coito anal, recibiendo/realizando una felación, practicando una masturbación asistida.

¿Qué se intenta demostrar? ¿Cuál es el valor de la noticia?. Lo desconocemos. Hace falta estar ciego para no haberse dado cuenta de que la gran permisividad que en el terreno sexual se ha implantado entre nosotros, ha traído como consecuencia de que, cobrando o sin cobrar, la práctica de sexo ha pasado a ser parte, para muchos, de las acciones que se pretende abandonen el recinto de lo privado para pasar a ser dominio público.

Nos parece, desde luego, grave, que en las calles de Barcelona (o Madrid, o en las de cualquier otra ciudad del mundo) se practiquen las diversas modalidades del acto sexual a la luz pública. Nos parece, por supuesto, grave, que se aireen en revistas de amplia difusión fotografías de famosos reales o pretendidos realizando, con mayor o menor claridad, manifstaciones íntimas de su amor o de su líbido.

Estamos en contra, también de la permisividad que ha conseguido poblar de Clubs, enmascarados como Hoteles de carretera, nuestra geografía, en donde, por las escasas labores de inspección que se reportan, se concentran miles de inmigrantes irregulares, atrapados en redes mafiosas que les obligan a prostituirse, entre otras presiones de clara naturaleza delictiva.

No es cuestión de mojigatería. Es de decencia y sentido común, de coherencia con los principios de una sociedad que, por abierta, no puede ser permisiva con el delito.

Mal, muy mal, por El País. No por su denuncia, sino por el apoyo gráfico que le ha dado. No hacía falta para aumentar la credibilidad de la noticia.

Sobre tarambanas, garrulos y rabaneras

No será fácil que los tarambanas, con su incapacidad para acudir a los entresijos de las cosas, con su impulso natural de repicar las campanas y estar en la procesión, que no es sino preludio de la afición a andarse por los cerros de Ubeda, se fijen en las sutilezas que florecen a su alrededor. Hay que estar a las duras y a las maduras, por supuesto.

Se dice, se comenta, sin embargo, que un tarambana pudiera estar, en verdad verdadera, hecho de rabos de lagartija y que, por eso, cuando se les confía un tema importante, llegan a tener más peligro que una caja de bombas.

Con el paso a la adolesencia, estos niños tarambanas (solos o acompañados con los badulaques) corren el riesgo de convertirse, especialmente si son hembras y frecuentan las malas compañías, en pendones, si no se les ata corto.

Por eso, para darles educación adecuada,  si los padres son gente de pudientes, acostumbran a meterlos de internos en colegios de religiosos, para que los aten corto. Así se evitará, en especial, que entren en contacto con garrulos y rabaneras (lo que es, generalmente, compensado con creces con el establecimiento de amistades con hijos de papá, tontos de baba, bordes, camellos, pirados y, por supuesto, listos y listas de los que se salen).

Los garrulos y rabaneras no son gente mala de por sí, pero como no han recibido educación ni de cómo coger bien la cuchara, usan un vocabulario inapropiado, que enfatizan con altos tonos, meteduras de pata y disposición, en las segundas para armarla buena.

Los genuinos garrulos y rabaneras, tienden a casarse entre ellos, por lo general, por aquello que Dios los cría y ellos se juntan. Pero su capacidad de suscitar la imitación es prácticamente infinita, llegando a causar estragos formativos entre la gente de bien, cuando por un casual se entrecruzan sus caminos.

Las ciudades están pobladas de empleados garrulos (oficinistas y funcionarios de atención al público, básicamente) y de mujeres rabaneras (hembras que quieren colarse en las filas ante el único cajero de los supermercados o cines o vecinas de escalera, por lo general).

Las rabaneras y verduleras son tan semejantes que solo se las puede diferenciar al microscopio cómico. Esta clasificación específica, sin embargo, no tiene ventaja alguna. En la antigüedad, a las niñas se les trataba de compensar su perjudicial ejemplo, en los casos más leves, con lecturas, como las de la buena Juanita, y luego Carmelín y Mujercitas.

Los niños se creía que resultaban menos susceptibles de contagio, hasta que se descubrió que también podía resultar afectados, y por ello, se les impusieron -pasados los años- las lecturas de Luiso, matrícula de Bilbao y los viajes por España de los santos hermanos Antonio y Gonzalito, huérfanos.

Sobre los nindunguis

Ay, los nindunguis. Hora es llegada de que se hable de ellos. Son los que sostienen el país, este y los otros.

Los nindungui no tiene currículum, y tampoco es que las pasen perras, si bien pasan por este valle sin pena ni gloria.

Los que no son nindunguis son famosos. Entre los famosos, están aquellos que han decidido vivir la vida que les ordenan las llamadas revistas del corazón, o los que nos ilustran con sus teorías y prácicas sobre cómo salvarnos de las crisis después de meternos en ella, o ganan títulos deportivos o descubren la forma de gastar en fiestas el dinero que a saber de dónde lo habrán sacado, aunque podríamos imaginarlo.

Un nindungui verdadero lo es, incluso, para los de su propio círculo, con lo que se puede decir que ha bajado algunos peldaños más profundo en la escala de minusvaloración.

Cuando alguien de pretendida alcurnia mediática presenta en sociedad a un nindungui, lo que se espera es que lo deje tirado después de haberlo usado para mantener viva la llama de su popularidad. Pero hay nindunguis que se pegan al rollo como lapas, y acaban siendo famosos, adquiriendo un perfil propio por el que lo que antes se consideraba normalidad pasa a tener interés para el cotilleo de los demás nindunguis.

Sobre marimachos y mariquitas

Con el paso del tiempo, los marimachos (rectius, las marimachos) han pasado a mejor vida. No es que ellos se murieran, por Dios, sino que a los potenciales no se les da ocasión  de crecer y manifestarse en esa afición.

Porque un marimacho era una niña que jugaba al balón, se subía a los árboles y, en general, se comportaba como se creía que debían comportarse los niños. Eso sí, si no había servicio en casa (lo normal) pocas veces quedaban dispensadas de hacer la cama a sus hermanos varones, lavar los platos y ayudar en la cocina.

Su contrapunto eran los mariquitas. Como estamos todavía hablando de niños, un mariquita jugaba con muñecas, cosía trapitos y le gustaba andar haciendo de cocinitas con unos cacharros de miniatura en los que las borras de café y las hojas de los árboles eran las comiditas y el agua del grifo se transmutaba (rectius, se transustanciaba) en café, vino, o coñá, según correspondiera.

Los padres andaban a la caza de potenciales marimachos y mariquitas, porque los hijos tenían que llegar a ser, respectivamente, mujeres y hombres de provecho, como Dios y el orden establecido mandaban. "No seas marimacho" decían a las niñas cuando daban saltos sobre el sofá. "No seas mariquita" decían a los niños cuando hacían pucheros porque se habían ortigado o pinchado con una espina.

Las madres, por su parte, más perspicaces, estaban más vigilantes a los momentos en que marimachos y mariquitas presuntos decidiesen jugar a los médicos o a papá y mamá, para que las investigaciones corporales recíprocas no llegasen muy allá. Las operaciones preferidas eran las de apendicitis y el juego de papás acababa bajo un cobertor.

Cuando la mayoría de los potenciales marimachos y mariquitas crecieron, y se convertieron, respectivamente, en mujeres y hombres de probable provecho, se encontraron con que los marimachos y mariquitas eran una ficción.

Sobre actividades singulares (y 2)

Hay otras muchas actividades que resultan incomprensibles, aunque sus efectos se pueden catalogar de interesantísimos, por la dedicación que demandan a sus ejecutores, o la admiración o desprecio que despiertan en quienes las valoran.

Así, por ejemplo, podemos citar las de estar más perdido que un pulpo en un garaje, estar a la última o contenerse las ganas de mandarlo todo al garete. No menos enigmáticas resultan las situaciones por las que no se entiende de la misa la media, ni se pueden pasar por alto algunas cuestiones o se está encandilado hasta la médula.

Si se tienen en cuenta hasta los menores pormenores o se valoran todas las circunstancias del caso, es, obviamente, difícil que se pueda caer en un error insalvable o tropezar dos veces en la misma piedra, por no decir nada de la imposibilidad de ser tomado por tonto o que te la metan doblada.

Hay mujeres que están de un asunto hasta los cojones, de la misma manera que están hasta los pies, que es donde se ponen a disposición (a sus pies) los caballeros galantes. Quizá lo que pretenden es evitar que se cometan errores de principiante o se tengan que dar más vueltas que un tonto o que una peonza para llegar al meollo de un asunto, de cuya complejidad no cabe dudar, por muchas aristas que tenga o pifias se nos hayan descubierto.

Porque aunque puedas encontrarte en pelota (o ser visto de esta descuidada manera), siempre habrá alguien dispuesto a echarte una mano, o te queda el recurso de que puedas hacer de tu capa un sayo, para cubrirte las espaldas antes de cantarte las cuatro verdades, acaso.

Lo que no irás si estás donde Cristo dió las tres voces o en el quinto coño (o C), aunque no te hayas dado cuenta de que tus argumentos no valen un pijo ni tú mismo sirves ni para "pañar (recoger) bellotas", limpiar retretes o "mamarle el cuete" al más torpe de la manada, culpable de haber consumado la "gran chigada".

Sobre actividades singulares (1)

El deseo de saber del ser humano le ha llevado a las más variadas actividades de investigación y ha tenido consecuencias a veces sorprendentes y de compleja interpretación.

La tarea parece interminable. Unos, siempre al decir de otros, se pasan el tiempo mirándose el ombligo, para, sin embargo, no no llegar a saberse de la misa la media. Menos divertido parece, con todo, que pasarse las horas mirando el vaciado de solares a través de los agujeros abiertos en la tela de protección del vallado.

Son muchos los que andan a uvas, tienen la cabeza como un bombo o se mueven por las alcantarillas del Estado y, aunque rompan una lanza a favor de alguien (y ya deben quedar pocas), no los librarán, por lo general, de salirse con las suyas o por peteneras o, si son más rápidos, tomar las de Villadiego, incluso llevándose el santo y la peana.

Hay quienes, puede que incluso sin tener nada de tontos, se encuentren como pulpos en un garaje, cuando no como elefantes en la cacharrería. O lo echen todo a perder, sin decir oste ni moste (que ya son ganas de pronunciar incongruencias) por un quítame allá esas pajas.

¡Qué dificultoso trabajo, combinando científica reflexión y análisis certero, cabe suponer de ciertos cometidos y dedicaciones!. ¿No es intrigante saber a qué ha conducido la tarea de papar moscas, o tocarse íntimas partes? ¿Qué se ha podido estudiar para acabar no teniendo ni la más pajolera ideade un asunto? ¿Y para no tenerla, con perdón, ni puta?

Se podrá mirar para otro lado, despreciar cuanto se ignora o no dejar títere con cabeza, ¿pero se alcanzará con ello la cima de la sabiduría que se puede suponer de quien tiene el cuerpo jota, le importa todo un bledo o está hasta los mismos aquellos genitales que antes se había manoseado tan poco higiénicamente?

 

Sobre mujeres especiales

La preocupación de la mitad de la Humanidad para que la otra mitad no le quitara el sitio especial que había conseguido por efecto de la mentira de autodeclararse como sexo fuerte, trajo muchas consecuencias históricas. Algunas, por supuesto, en el lenguaje.

Por ejemplo, nacieron, gramaticalmente hablando, las mujeres de pelo en pecho.

Una mujer de pelo en pecho no tiene porqué disponer del menor elemento piloso situado entre los más significantes de sus signos sexuales secundarios. Lo que se le pide, eso sí,  es que se comporte, en ocasiones muy especiales, de una forma decidida, como se supone que lo haría un hombre.

Es decir, haga lo que hace falte hacer, allí donde un varón (con o sin pelo en pecho) se lo pensaría dos veces, y, seguramente, acabaría tomando las de Villadiego o mirando para otro lado.

Relativamente cercanas a las primeras, se encuentran las mujeres de armas tomar. Con ellas hay que andarse con cierto cuidado, porque acostumbran a cantar las cuarenta al más pintado. Las mujeres de armas tomar suelen ser suegras, jefas que no perdonan que te duermas en el trabajo o esposas de los amigos íntimos a los que solo cabe compadecer, mientras nos manchan de lágrimas el hombro o la pechera.

Objeto (y sujeto) de particular atención son las mujeres de mala vida. Aquí si que hay notables diferencias entre unas y otras.

Las de peor vida son, indudablemente, las que malviven en países subdesarrollados, especialmente si en ellos se ha impuesto la práctica radical de principios religiosos claramente inventadas por los hombres poniéndose la careta de ser dioses para ocultar que, en puritísima verdad, lo único que les guia es que carecen de la menor intención de ceder privilegios al segundo sexo.

En el llamado primer mundo, las mujeres de mala vida suelen ser mujeres del segundo mundo que han sido traídas a estos lugares de perdición, engañadas con la promesa de poder llevar una vida apacible y feliz, y que, al llegar a la tierra tan falazmente presentada, se encuentran desprovistas de pasaporte, dinero y horizontes, siendo compelidas a prostituirse.

Se mujer de mala vida y "ejercer la prostitución" suelen usarse como sinónimos, siendo la segunda forma verbal  más elegante que la primera. Pero se nos antoja que ese verbo aquí está mal empleado. Se ejerce una carrera o se actúa en el ejercicio del libre albedrío, pero las mujeres que sufren esta situación tan desgraciada no ejercen nada, y suelen ser buenas mujeres desorientadas y engañadas que, simplemente, necesitan dinero para malvivir.

Otras mujeres especiales son las mujeres de hoy. Vienen a tener el mismo aspecto de las otras mujeres -aunque, en traje de baño, y sin pretender ofender, lucen más estilizadas- , pero se las distingue por lo que hacen con los demás. Llevan a sus hijos a colegio de pago, tienen personal a su servicio, una economía saneada y disponen de mucho vestuario, "para cada ocasión". Las mujeres de hoy suelen ser princesas, modelos, actrices y mujeres de futbolistas.

No hay que confundirlas, pues, con las mujeres normales y corrientes, que tienen maridos barrigudos, no tienen ocasiones y por ello, carecen de otro vestuario que un par de vestidos de Cortefiel o de Zara y tienen que lavar a mano los cacharros.

 

 

Sobre balarrasas y tiquismiquis

Ya se ve, a primera vista, que los tiquismiquis son gente rara donde los haya.

Hay categorías, por supuesto. En el escalón más bajo, se suelen encontrar los que separan a un lado el plato, con optativa cara de asco, parte de los alimentos; generalmente concentran su aversión sobre la cebolla, el pimiento, el ajo o el tomate. No soportan el sabor de estas sustancias, les recuerdan que sus padres les obligaban a comerlos en la primera niñez, o les provocan unos insufribles dolores de estómago.

Los tiquismiquis más selectos jamás viajarían en metro, para no mezclarse con las gentes malolientes y malencaradas que han oído que utilizan ese transporte público. No se dejarán engañar por quienes les digan que es el medio más barato y seguro para llegar a tiempo a una cita.

Cada tiquismiquis tiene su servidumbre de renuncias, porque en eso consiste su singularidad. Algunos renuncian a alimentos, otros a lugares, incluso al encuentro con personas o a situarse en según que circunstancias. Pueden ser llamados melindrosos y acongojados, pero les va mucho mejor el apelativo de tiquismiquis.

En el otro lugar de la escala, parecen encontrarse los balarrasas. Un balarrasa no se detiene por nada, aunque arriesgue morir en el empeño. Los que tienen ocasión de verlos actuar en su papel, los consideran tarambanas, por más que un verdadero tarambana puede estar hoy aquí y mañana allí, y esos cambios de humor, opinión y comportamiento, les protegen a ellos y desquician a sus mentores.

"Eres un tarambana" es una calificación bastante más asumible, por leve, que la de "eres un balarrasa". Los balarrasas es muy poco probable que se casen con la protagonista en las películas de amor y son poco divertidos; los tarambana están metidos en líos y, aunque tampoco se casen con la chica, nos hacen reir.

Sobre los metomentodo

Es evidente que los metomentodo son unos entremetidos, aunque mucha gente los considera también entrometidos, en lo que parece que la Real Academia Española de la Lengua no está de acuerdo.

El nombre es una hipérbole de su condición, una exageración. Porque no es que los metomentodo anden a la que salta para colarse en cualquier sitio. Primero, porque les sería imposible y, después, porque ni ellos lo pretenden.

Se dice a veces también "Fulanito es un metiche metomentodo", lo que es un pleonasmo, una redundancia innecesaria, y este error debiera tener algún castigo, como, tal vez, mirar una moneda por ambas caras o, encontrar la razón para que todas las puestas de sol se produzcan al atardecer.

La especialidad de los metomentodos es la vida de los demás, pues gozan juzgando las acciones del prójimo. Hay metomentodas que son marujas de escalera, que a la mínima sacan los trapos sucios de cualquiera y hasta les ponen encima unos cuantos prestados de otras lavanderías.

No se crea que los metomentodos son mayormente mujeres.

Quiá. No hay más que ver la cantidad de metomentodos que compran un periódico deportivo para enterarse cómo va la rodilla de tal o cual jugador o las relaciones sentimentales del último fichaje de su equipo del alma. En las empresas, la cualidad natural de los metomentodos se trasluce en su propensión a poner a parir a los compañeros, en particular, a aquellos que son más trabajadores o inteligentes.

Existe la falsa creencia de que los metomentodo y los sabelotodos son la misma especie. En absoluto. Los sabelotodos no están interesados en la vida de los demás, sino que, por deformación mental de naturaleza inexplorada, creen que deben opinar acerca de lo divino y de lo humano, emitiendo pareceres y juicios que se acercan a los de Perogrullo.