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Al Socaire de El blog de Angel Arias

Sobre piratas y pesqueros

Tenemos 36 tripulantes (16 de ellos, españoles) rehenes del rescate de un pesquero secuestrado, llevado al inclemente abrigo de la costa somalí, una fragata española al acecho de una intervención problemática, varios helicópteros sobrevolando tomando fotografías aéreas de gran valor documental, dos presuntos piratas -uno de ellos, herido en el vientre- en prisión incondicional por aplicación por los pelos de un artículo del código penal, y un gobierno nervioso reclamando calma y tranquilidad a la población, al unísono con una oposición igualmente nerviosa y posiblemente tanto o más incompetente que proclama que todo lo que se ha hecho, hace, y hará estará mal, por definición.

Somalia es, como se sabe, un país inexistente marcado por el hambre y el desorden. Está muy mal ubicado, porque la zona es rica en caladeros de pescado, en gas natural, en petróleo y otros recursos llamados naturales, y las aguas de aquel lejano territorio, adecuadas como basurero colectivo de residuos, especialmente los más contaminantes y peligrosos.

Si no fuera porque las apariencias internacionales se han hecho algo más civilizadas, hace ya tiempo que algún país poderoso lo habría invadido, encarcelado y muerto a esos señores de la guerra y esos bucaneros que tanto molestan y que dicen defender sus costas de la invasión explotadora, y puesto un poco de orden occidental en la población. Pero se tienen ya demasiadas actuaciones de pacificación abiertas en el mundo, y conviene aportar algo de calma.

Nos parece que, mientras el bufete ese londinés negocia con los bucaneros -se va a seguir haciendo así, ¿no?- el rescate del pesquero (aproximadamente habrá que pagar un millón de euros, cuya entrega, obviamente, será negada), lo mejor que estaríamos todos haciendo es estar callados. Ese dinero, por supuesto, servirá para dotar de mejores equipos y armamento a los patrulleros de la zona, el mejor oficio detectado para los pescadores autóctonos.

El superjuez Garzón no va a tener más remedio que mandar soltar a ese par de indocumentados, una vez que sean curados de sus heridas, y sería preferible que lo hiciera en la misma chalupa en donde fueron apresados, para evitar incrementar con otro par de desharrapados las ya muy amplias poblaciones de alóctonos que están atiborrando nuestros espacios marginales.

Y el Gobierno puede, desde luego, preparar su cara de satisfacción para anunciar que, después de intensas gestiones, los 36 marineros del pesquero han sido liberados, sanos y salvos. Ellos contarán su historia: les trataron bien, en ningún momento temieron por su vida y que, desde luego, no se habían alejado apenas de la zona protegida, pero el pescado es cada vez más escaso y hay que arriesgar más.

En fin, que o nos vamos acostumbrando al pescado de piscifactoría que, con cebollita y un chorrito de vino blanco, está muy aceptable, o nos hacemos vegetarianos. Porque eso de que nuestra Armada tenga que medirse con piratas armados con fusiles navegando en chalupas zodiac que se aventuran a más de 700 km de la costa a la ventura de atrapar un atunero amordazado por tener sus redes echadas, no aguanta el tipo por mucho tiempo más.

 

Sobre los hijos de las tinieblas

(En un Comentario anterior, nos referimos a los "hijos de Dios y los hijos de las tinieblas". En éste, nuestro destinatario, como se colegirá de inmediato, es un colectivo diferente al apuntado entonces)

En época de crisis y de oscuridad, es evidente que quienes florecen y encuentran su medio adecuado, son los hijos de las tinieblas. Entre las alcantarillas, hurden sus trampas, realizan sus oscuras operaciones de canibalismo, engordan, se multiplican y resisten. Son ratas humanas.

Seguramente el lector al que suponemos de costumbres fundamentalmente diurnas y con domicilio conocido (al menos, por él y los suyos), no sabrá mucho del mundo de la noche y, salvo por experiencias ajenas de las que acostumbran a servirnos los media, poco de perversiones y actitudes delictivas.

De ahí que podamos deducir que habrá muchas cosas que no ha hecho y, salvo que se le atraviese un casual, no hará nunca. Ni dormirá bajo un puente ni al abrigo del portal de un cajero automático, ni comerciará con ciertas partes de su cuerpo o el de otros a cambio de unos billetes, ni asaltará un banco cubierto con pasamontañas o bigote postizo, etc.

Más bien, le tocará pasarlas canutas para llegar a fin de mes, entrar en un cajero bancario para consultar si no se le habrá puesto la cuenta en saldo negativo, aguantar lo que le pide el cuerpo durante largas horas de faena que, sí, cambia por dinero, etc.

Los hijos de las tinieblas a los que nos referimos no se ven impelidos a dormir a la intemperie. No. Duermen, a salvo de leyes o reglamentos que interfieran en su camino, en esponjadas camas, quizá con vistosos doseles y en habitaciones con vestidor y baño de lujo integrado.

Pueden pagar en efectivo, pero también cuentan con tarjetas doradas con las que cargar variados gastos, incluso de perversas aficiones. Y, en fin, se juntan con otros de la misma catadura, agrupándose para protegerse mejor, actuar más impunemente, controlar más aviesamente las pistas falsas que suelen dejar de sus andanzas.

Los hijos de las tinieblas de esta época han ocupado algunos puestos directivos en las entidades financieras, en los gobiernos, en las empresas. Se les identifica muy mal a la primera, porque están revestidos de un aura de respetabilidad y serenidad. Parecen por fuera como Vd. y como yo, pero no tienen la misma piel, carecen de sensibilidad.

Nos desprecian. Creen que somos tontos, que nos los hemos merecido por nuestra ingenuidad.

 

Sobre el ecologismo militante

Hay muchos tipos de ecologismo militante, desde luego. Desde el que te mira con los ojos casi inyectados en sangre cuando enciendes un cigarrillo hasta los que abordan barcos balleneros o se atan con cadenas a la puerta de una instalación nuclear, para impedir que se trasladen fuera de ella los residuos.

Hay también muchos esquemas para el antiecologismo. Desde aquellos que vacían el cenicero del coche o cambian el aceite aprovechando que están en un bosquecillo, hasta quienes hunden en el mar viejos barcos cargados con residuos nucleares o los que aprovechan las noches para limpiar los filtros de sus factorías sin bajar la producción.

Es muy difícil, en nuestra sociedad consumista, ser verdadero ecologista. La huella individual es terrible: no hay sino en molestarse en calcular la contaminación que producimos porr nuestros desplazamientos en vehículo propio o ajeno, la suma de las contaminaciones consecuencia de nuestros aparatos electrodomésticos, nuestros coches, nuestros sofisticados gustos alimentarios o conusmistas...

Sobre los juegos olímpicos, de Madrid a Río

El sueño olímpico de Madrid se ha roto en un frustrado amanecer, vencido en última instancia -que es donde más duele- por la candidatura de Río de Janeiro.

Es posible -y necesario-, desde la calma posterior a la tormenta, extraer varias consecuencias, algunas francamente negativas y otras, razonablemente positivas.

En primer lugar, hay que reconocer que la elección de ese conglomerado variopinto de compromisarios, en el que se reúnen las más complejas relaciones de personajes desde la política elemental, al deporte, la farándula e incluso la capacidad de algunos para obtener un cómodo y saneado modus vivendi, ha sido la más acertada. La más conveniente, la mejor. En realidad, la única opción válida.

No se conocen, en verdad, los criterios seguidos por esos noventaitantos que consiguieron concitar la tensión de varios cientos de millones de personas de a pié, entre los que se contaban la mayor parte de los madrileños, obnubilados por una fantasía irrealizable.

Porque todos podrían imaginar, hasta el voluntarioso y obstinado alcalde de Madrid, Alberto Gallardón, que Madrid no tenía opciones, gastárase lo que se gastara, y movilizárase a quien se movilizara.

No las tenía porque:

a) España no era país preferente. Barcelona ya había tenido sus juegos olímpicos, y antes que Madrid habría que salvaguardar otras opciones en Europa y, en concreto, las de París o Roma; por eso, era necesario sacrificar a Madrid, llevándola hasta la final, para dejarla morir exhausta en la orilla;

b) Brasil representa el futuro, la esperanza de cien millones de brasileiros y de cuatrocientos millones de sudamericanos, el guiño a los BICs frente a los PIGs; Río es una hermosa ciudad, con problemas de delincuencia y tensión social, sí, pero con un carisma y encanto inigualables dentro del continente americano;

c) se ha dado una bandeja de plata a los compromisarios para que aparenten una inexistente neutralidad y su imposible resistencia al tráfico de influencias: ni Obama, ni Rey Juan Carlos, ni presiones de mandatarios carismáticos; seguramente, Obama fue informado por sus espías de lo que se ventilaba, y propuso la rápida eliminación de Chicago. La eliminación de la candidatura española en la última ronda fue también un premio de consolación a la innecesaria presencia de S.M., a quien se le hizo pronunciar un meloso discurso de postulante perdedor.

Lula ha estado, además, genial. En una presentación directa, breve, nada lacrimógena ni grandilocuente, ha puesto el dedo en la llaga de lo que Brasil y Río representan: el futuro, ni más ni menos; la esperanza, el cambio.

Madrid, además de una ciudad patas arriba, empantanada en obras interminables y en gran parte innecesarias, tiene una infraestructura deportiva mejor, que habrá que enseñar a utilizar bien, no solamente para ser sede de juegos deportivos (que también), sino para animar a la juventud, y no solo la élite deportiva, a mover el solomillo.

Y, desde luego, ahora, a los madrileños y españoles les queda por hacer lo más ingrato: ¡A pagar!

Sobre metafísica y poesía (3)

El avance de la técnica, con importantes hallazgos en los dos últimos siglos, ha significado el resurgir de un nuevo antropocentrismo.

La presunción de que todo, absolutamente todo, pueda ser reducido a un conjunto entrelazado de teoremas físico-químico-matemáticos, anima –especialmente a los más incultos de entre los seres humanos- a creer que se podría explicar, a partir de un sencillo postulado o una relación somera de principios, la evolución que ha llevado al Kosmos hasta la situación actual y a predecir su desencadente futuro.

La idea, que encuentra su primera plasmación brillante en Spinoza, supone que el universo sea una unidad predecible, reducida a una concatenación de relaciones matemáticas.

El problema valorativo, sin embargo, al implicar que ninguna ciencia, ninguna filosofía, puede dar una explicación a su propia necesidad (como detectó, entre otros, Leo Strauss), nos conduce al núcleo del antagonismo manifestado permanentemente en el pensamiento humano.  

Ese conflicto entre lo que sabemos y lo que ignoramos, pero desearíamos justificar, es el móvil permanente de la curiosidad por encontrar una respuesta válida que es atributo esencial de ese ser que, por desconocido capricho de la naturaleza o de una o varias entidades superiores, ha captado su propia existencia y a la que se encuentra impelido de dotar de un sentido.

Por eso, la poesía, como un elemento a caballo entre la filosofía social y la religión (la metafísica que todo poeta exige para sí), juega un papel nada despreciable en cuanto busca comunicar a otros la tensión vital que forma parte de la emoción particular del ser humano.

 

Sobre metafísica y poesía (2)

El conocimiento de la realidad física ha mejorado con el paso de los siglos. Hoy entendemos mejor los fenómenos y, lo que es más interesante, sabemos cómo aprovecharnos de algunos. La técnica, utilizando la capacidad inductivo-deductiva del ser humano, ha perfeccionado divrsos mecanismos que nos facilitan las cosas, a nivel de lo que entendemos por bienestar material.

A nivel metafísico, es decir, extrasensorial, la situación no ha cambiado mucho. Seguimos sabiendo muy poco, por no decir, nada, de lo que existe más allá de la caverna. Aunque, abandonadas las concepciones geocéntricas o heliocéntricas, e incluso las antropocéntricas, hemos admitido que no estamos solos en el Universo y que este excede con mucho de nuestra capacidad de percepción, las cuestiones filosóficas no se han visto robustecidas por el paso del tiempo.

Los filósofos elucubran a partir de uno de estos dos postulados incompatibles: existe alguien superior, o no existe.

Si la existencia humana no está interrelacionada con la de ningún ente que la controle, de alguna manera (no importa siquiera cuál), nuestro conocimiento extrasensorial está limitado a lo que podamos conocer por la introspección.

Ni verdades reveladas ni sometimientos a la voluntad de dioses han de variar, en este caso, la profunda crueldad existencial del ateísmo: no somos nada, salvo para nosotros mismos y el resto de seres con los que podamos establecer comunicación mientras existamos.

La poesía, desde el nivel de no-consciencia, profundiza en las intuiciones, recurre a las imágenes y a las metáforas, para provocar reflexiones y sensaciones en el lector que no se provocarían por otros medios.

 

Sobre metafísica y poesía

La creación poética supone una introspección en el mundo de la metafísica. El poeta usa del lenguaje escrito, por supuesto, pero la forma de alcanzar los significados le separa claramente de otros autores.

Un novelista, por ejemplo, selecciona los significantes- las palabras- con la intención de que el lector vea después reproducida fielmente la realidad que ha imaginado, haciéndole creer que pudo suceder así, aunque lo que haya contado sea pura fantasía. Su "buen oficio" le servirá de guía. Si la novela no ha conseguido reflejar un mundo asimilable al real, o la trama no le resulta interesante, el juicio posterior del lector la calificará de bodrio, obra frustrada.

La relación entre los significados y los singnificantes, para un poeta, se construye de manera diferente. Para empezar, el juego entre ambos niveles no se elabora plenamente desde la lógica. El poeta se siente mucho más libre que el novelista o el dramaturgo para componer relaciones entre lo que quiere expresar y la forma de hacerlo.

Eso es así, porque un buen poema ha de dejar un campo de acción importante al lector, a su imaginación. No se trata de que lo guíe, cogiéndolo literariamente de la mano, sino que lo encamine hacia un espacio de fantasías en el que el lector pueda sentirse dueño de su recreación.

Por eso, y aquí hay mucha magia, las sensaciones que puede percibir el lector de un poema pueden ser muy diferentes de las que lo motivaron. Un poema es, relativamente, un lienzo en el que apenas si se han esbozado las estucturas básicas de las formas, dejando el resto del trabajo a la voluntad e imaginación del lector, que puede construir su propio mensaje con los elementos que el poema le haya suscitado.

Un buen poema es un regalo de amor del autor al lector o lectora, en el que, al abrir la caja, el receptor la puede encontrar vacía o llena de emociones. Lo que no todos los posibles lectores saben es que la mayor parte del contenido lo pone el destinatario.

Sobre Ribadeo, apaga y vámonos

Ribadeo es la entrada a Galicia desde Asturias. Una villa magnífica, con casonas de principios de siglo pasado llenas  de encanto. En la plaza principal, el Marqués de Sargadelos ha dejado una palacete que es ahora, después de diversas vicisitudes, residencia de la corporación municipal.

La ría del Eo da un carácter especial a la población, en la que hay un magnífico Parador (muy bien de precio) y algunos hoteles dignísimos, como el Hotel de tres estrellas O Cabazo, muy bien atendido, a 55 euros la habitación doble.

Pero no escribimos este comentario para hacer propaganda de Ribadeo, centro de atracción de los pueblos de la comarca, revilanizando (y ganando) con Vegadeo, a pesar del esfuerzo desde Asturias.

El problema es que Ribadeo se cae. El caserón más emblemático, una joya de la arquietectura  del XiX, la casa de los Morenos, falta de subvenciones y de apoyos, está a punto de convertirse en una ruina.

Hay que seleccionar el destino de las ayudas para recuperación de casonas y palacetes de Galicia. Y el centro de Ribadeo, merece una reflexión. Se debe recuperar ese edificio. Es la prioridad de la comarca. De nada valdrá el esfuerzo del comercio, la cantidad de bares y cafeterías ( la gente viene desde Tapia a tomarse el chocolate con churros), si los edificios emblemáticos de caen.

Dinero para los Morenos, con urgencia.

Sobre las hijas del César

El discurso temperado del César Zapatero en las Naciones Unidas, defendiendo un espacio acorde para Palestina, Afganistán, Honduras y elogiando la solidaridad internacional, ha quedado desvirtuado por dos personillas que le acompañaron en su visita al Metropolitan Museum en donde los matrimonios Obama y Zapatero fueron fotografiados con las hijas de este último.

Nada de particular, en realidad. Dos adolescentes en busca de su identidad, rebeldes con algunas de las enseñanzas que les inculcan en casa, y que han decidido pertenecer a una de esas tribus urbana, por supuesto, pacífica.

No tiene la menor importancia. Las hijas de José Luis y Sonsoles se han sentido encandiladas -ambas- por Los Góticos, gente así como normal, que tiene algunas ideas para mejorar el mundo y que, como son adolescentes, habrán de perfilar cuando sean mayores.

Dentro de su candorosidad, los chicos y chicas góticos creen que viviríamos mejor atendiendo a las raíces históricas de hace un par de siglos, que se visten de negro y de forma más bien zaparrastrosa y, que, válganos dios, no están de acuero con cómo se hacen las cosas en este momento.

Ya sabemos que los padres no tienen la culpa de lo que pasa, pero si el Presidente del Gobierno español nos hubiera pedido consejo, le hubiéramos dicho que hasta que a sus hijas no se les pase el calentón contestatario era mejor no sacarlas por ahí.

No ya solamente preservar su intimidad, que es algo legítimo y hasta imprescindible, dado el afán de perseguir a los famosos y a sus circunstancias, sino por no mostrar presuntas debilidades en su formación que podrían servir para minar la credibilidad o la imagen de su padre.

Porque la foto con los Obama queda digna de enmarcar. Las hijas del César también ayudan a entender los problemas con los que se tiene que enfrentar el líder. Son múltiples. Porque no solo se refieren al paro, a la crisis económica, a ministros enfermos, o díscolos o resistentes a salir del armario. 

Llegas a tu casa, y tus hijas parecen venidas de la familia Monster a darte las buenas noches plantándote las tachuelas en el hígado...

Sobre la sostenibilidad ambiental en la crisis económica

Resulta tan interesante sociológicamente como demoledor en lo pragmático, ver los esfuerzos de los líderes mundiales para convencer al personal de que (lo peor de) la crisis ha pasado.

La postura es asimilable a la de quien, depués de un terremoto, sale a la calle gritando que "lo peor está solucionado", avanzando entre cadáveres, casas derruídas, tuberías cortadas y campos agostados.

No, lo peor no ha pasado. Y eso, por, al menos, tres razones:

a) No se ha puesto en pie ningún nuevo modelo, porque no se ha hecho una reflexión acerca de las razones que han hecho caer, y no solo tambalearse, el existente. Se ha echado la mayor parte de la culpa a la burbuja inmobiliaria y a la especulación sin base material (hedge funds), pero no se ha analizado que el problema de esta sociedad es ético: falta de valores, de solidaridad, de honestidad con los demás.

b) Los anteriores dominadores de la situación han vuelto a ocupar sus puestos. Primero, con cierto recelo y prudencia, por si se les echaba con cajas destempladas. Ahora, desvergonzadamente. Ellos no han tenido la culpa del problema. Hemos sido todos y, particularmente, las familias, con sus desmesurada afición a enriquecerse. Paradojas.

c) El conflicto entre el desarrollo insostenible y el mantenimiento ambiental no solamente no ha sido resuelto, sino que sigue rellenándose de falacias. Basta mirar alrededor con ojos sanos para advertir que nuestro desarrollo se ha comido los recursos naturales sin reemplazo posible, y que el ambiente ha sido profundamente modificado, a peor. Podemos admitir que era necesario, pero el debate que hubiera permitido extraer esa conclusión, no ha sido realizado jamás.

Y a algunos -¿muchos?- nos gustaría seguir disfrutando de la naturaleza, no valoramos el lujo, apreciamos las ventajas tecnológicas pero, ante todo, en aquello que nos permiten compartir y, sobre todo, no nos moveremos de la convicción de que los intereses particulares no deben apoyarse pensando que así se favorece a los intereses generales. Habrá de ser al revés, siempre al revés.  

Sobre el cosmos contemplado por un idiota (o al revés)

No hace falta ser un lince (figurado) para deducir que no conocemos de la misa la media de lo que pasa en el cosmos.

No conocemos nada, en verdad.Tenemos algunas teorías para justificar ciertos aspectos físicos, pero su capacidad de convicción es limitada. Desde la física, parece que, mientras no veamos más allá del segundo principio de la termodinámica, el desorden es cada vez mayor: vamos, para no volver, hacia el caos.

Desde ese otro aspecto no menos inquietante que se alinea en el campo de la biología, y que evoluciona, al parecer, hacia la selección de los más dotados para sobrevivir, el hombre constituye una singularidad pensante, empeñada en poner algo de orden -o en cambiar el existente-, incluso, en los momentos más felices, empeñado en descifrarlo.

Nos parecemos al niño del ejemplo de San Agustín, dedicado a meter el agua del mar en un agujero realizado en la playa.

Por eso, resulta convinvente la conclusión de Ken Wilber: el cosmos es ajeno, innaccesible e inabarcable.

Somos unos idiotas contemplándolo. Cada aproximación a su conocimiento, abre nuevos agujeros negros.

¿Y desde el punto de vista de la biología? ¿Encontraremos algún día la llave? ¿Se unirán los dos campos, el de la física y el de la biología, en alguna conclusión coherente, una fórmula única?

Qué pena no estar ya aquí para vivir ese momento, si se produjera. Harían falta unos cuantos miles de años más, otros cientos de genios, la casualidad de descubrir algunas claves...

Sobre la corrupción como móvil universal

En el principio, era la ética. Los hombres del clan andaban ocupados en la caza y las mujeres se quedaban cuidando de las crías en las cercanías de las cavernas, protegiéndolas de los carnívoros. No había propiedad privada, luego no se robaba. A nadie se le ocurría matar a otro, porque las tribus no se relacionaban entre sí.

Alguien puso una raya en unas tierras para indicar que el cultivo era suyo. Las mujeres más trabajadoras o hermosas y los cazadores más certeros o fuertes eran preferidos por el otro sexo. Empezó a ser arriesgado aparearse con algunas, incluso desearlo.

Cuando se tomó consciencia de que en la tribu, ciertos individuos se aprovechaban de otros,  un sector intelectualmente más activo inventó la religión. Había que convencer de que los que no cumpliesen las norams tendrían un castigo, de que gentes superiores los vigilaban. Había que adorarlos y hacerles sacrificios para que intercedieran por los devotos.

Con el tiempo, las religiones se fueron adulterando, se corrompieron mucho. Utilizando el instrumento, ciertos chamanes en colaboración con poderosos impulsaron en nombre de los dioses guerras, rapiñas, dominaciones. Para ellos, el esquema funcionaba muy bien. Sobre todo, ofrecía una esperanza a los más oprimidos.

Después de siglos y de muchas reflexiones internas y externas, un sector que consiguió -sorprenentemente- cierto poder intelectual en una de las religiones más difundidas, trató de recuperar los principios éticos primitivos, que dieron en llamar universales, pretendiendo que estaban impresos en el ser del hombre, aunque los adaptaron a los nuevos tiempos.

Incluso defendían la prioridad de la ética sobre la devoción a los dioses.

No se les hizo caso. No era ya sencillo recuperar el camino de las religiones, que se habian multiplicado, diversificado, adulterado a su vez. Los intereses particulares habían corrompido de tal forma la idea, que parecía irrecuperable la tranquilidad universal.

En el principio, también era la igualdad. Todos colaboraban y nadie pretendía recibir más a cambio de su destreza.

La tribu creyó, al cabo de un tiempo, que si recompensaba a los más hábiles de alguna manera, las cosas irían mejor para todos. Los más dotados y, en todo caso, con la garantía de la colectividad, cuidarían de que nada faltara a los débiles.

Pero el sistema se corrompió. Para corregirlo, unos pensaron que habría que dejar libre a la sociedad, fijando unas normas generales, en la que todos tuvieran iguales oportunidades. Otros, creyeron que solo una organización central podría garantizar la igualdad, estimulando para que todos trabajaran en bien de la colelctividad.

Ambos subsistemas se corrompieron. Dirigentes de uno y otro se aprovecharon de las ventajas, para enriquecerse ellos mismos.  

El subsistema llamado democracia y el susbsistema llamado comunismo, en realidad, se llenaron de gusanos que seguían, implacables, corrompiéndolo todo, aunque desde dentro algunos no veían nada bien, pero que nada bien, lo que estaba pasando.

Pero la mayoría pensaba que, en algún momento, podría también aprovecharse y unos pocos, verdaderamente sí se aprovechaban.

Sobrevivir

El verbo sobrevivir tiene muchas acepciones, dependiendo del contexto en que se utilice la palabra.

El ejercicio de sobrevivir depende también del país y la circunstancia. Por ejemplo, no es lo mismo sobrevivir en Irak, Afganistán, Zimbawue, Tanzania, Honduras, Cuba o Venezuela que en Francia, Estados Unidos, Canadá o España. Por supuesto, tampoco es lo mismo sobrevivir en cada uno de esos países concretos.

En algunos, se sobrevive a atentados, bombas, guerras. En otros, a la falta de medios, a la miseria, a las enfermedades, a la hambruna. En aquél otro, se sobrevive soñando con días de libertad, con la boda del hijo, con la suerte que traerá la santera, la polla, el chamán o la devoción a un milagrero.

Hay quien juega a sobrevivir poniendo en riesgo su vida. Por ejemplo, los que se embarcan en una patera para tratar de llegar a una tierra prometida que no los quiere. Muchos morirán. Otros, se perderán en las sombras de la noche de la economía sumergida. Muy, muy honda. Lejos de nuestra sensibilidad.

Porque, cuando nos referimos a sobrevivir, pensamos en algo excepcional. Se sobrevive de un accidente en el que otros murieron o pudieron morir, de una visita a la uci después de un infarto masivo que ha puesto a prueba el desarrollo de la tecnología coronaria.

Se sobrevive también, por estas tierras, de pandemias y enfermedades más o menos imaginarias a las que se ponen nombres rimbombantes o exóticos: (gripe H1N1 o porcina, síndrome de Kreufel-Jacobs o de vacas locas, gripe aviar, etc.). También se sobrevive de las múltiples guerras que se ha querido provocar para limpiar la economía: Vietnam, Irak, Primera y Segunda guerra mundial, etc.

Sobreviviremos también a la crisis económica presente. Cómo, y a costa de qué, aún no está claro.

Sobre la guerra de nervios digitales

Reconocemos que, para titular este Comentario, nos hemos sentido atraídos por el juego de palabras. No en vano queremos hacer referencia a la tensión entre las sociedades Mediapro y Prisa, ambas con propietarios vinculados al partido actualmente en el Gobierno en España.

La opinión pública informada por radio macuto ha conformado la idea de que el grupo Prisa está en situación de crisis previa a la quiebra, y que los hijos de D. Jesús de Polanco, q.e.p.d. ni tienen la misma influencia en los aledaños del PSOE ni están tan a gusto con sostener un invento mediático que no les reporta beneficios tangibles.

Por otra parte, es bien conocido que el holding empresarial inglés WPP (Ogilvy, Sofres, Burson Masteller) que es socio de Imagina -fusión de Mediapro (en donde reina Jaume Roures) y  la cadena alimentaria El Arbol (Emilio Aragón)- y de Torreal (Juan Avelló), controlan la cadena La Sexta y el periódico Público.

Menos conocido quizá es que el consejero delegado para España de la empresa Young &Rubican, de WPP, es Miguel Barroso, -esposo de Carme Chacón, la superministra de Defensa- e íntimo amigo de José Miguel Contreras, director de La Sexta.

El consejero delegado de Prisa, el influyente Juan Luis Cebrián, ha sacado de su caja de los truenos varios rayos y centellas, acusando al Gobierno de partidista, inoportuno, despilfarrador e incompetente (con otras palabras, pero por ahí van los tiros) por haber propuesto La Ley de la Televisión Digital Terreste, que, dicho sea de paso, coloca las cosas aún más difíciles para la supervivencia de Prisa (Canal Plus) y ha dado alas a Mediapro, sobre todo, que habría tenido -al parecer y dadas las relaciones con el Gobierno- información privilegiada.

No tenemos ni idea de lo que se cuece entre bastidores de la política. Hace tiempo que venimos sospechando que los políticos de todo signo comen, cenan, se divierten y juegan demasiadas veces juntos y, claro, se acaban haciendo amigos y, puede que hasta cómplices. Nos suenan muy mal todos estos cruces de nombres e intereses.

Pero no hace falta que nos expliquen las cosas, por favor. Ya tenemos la cabeza demasiado caliente como para incorporar nuevas justificaciones, excusas, argumentos. Que nos dejen a solas con nuestros razonamientos, porque lo más sencillo tiene más posibilidades de ser lo verdadero, y la intuición primera, la buena.

Sobre la diferencia entre la libertad de opinión y el debate constructivo

En España existe libertad de opinión. Sin duda alguna. Cualquiera puede expresar lo que le apetezca. Cuestión diferente es que no le (a)traiga consecuencias desagradables. Puede perder su trabajo, ser marginado en el servicio, olvidado o ridiculizado por quienes opinan diferente.

Por eso, una buena parte de los españoles sigue prefiriendo no opinar, no dar la cara, no comparecer. Las opiniones, cuando se manifiestan, figuran enmascaradas tras un seudónimo, el anonimato, o un "Fulanito me contó que" o "Perenganito opina que". Por supuesto, en estos últimos casos, normalmente para tratar de hacer daño al citado.

En España no existe debate constructivo. Pocas gentes exponen sus ideas, aún menos de quienes las exponen lo hacen conocimiento y, de manera absolutamente sistemática, se rehúye el intercambio de opiniones y propuestas.

En consecuencia, se ha ido implantando el desánimo. Los que de verdad pueden aportar conocimientos a la mejora de la situación, se recluyen en el ostracismo. Buena parte de los que opinan, se limitan a repetir lo que han oído de otros, no importa si expresado con intención de engañar o desde el nulo o precario análisis.

Hace falta recuperar el debate. La Universidad debe dar ejemplo, porque la sociedad le ha encomendado formar a los mejores, educarlos en la colaboración, en el respeto a la pluralidad y a las normas de una sociedad democrática.

Pero la Universidad se ha convertido en un banco e pruebas en miniatura de la ineficacia de la libertad de opinión, expresada como supuesta libertad de cátedra y defensa de las prebendas propias en perjuicio de la valía ajena.

Hay que abrir puertas y ventanas para que en esta sociedad entre el debate, ya. Solo desde la voluntad de construir juntos una verdad que no es monopolio de nadie, de ningún partido, persona, secta, tendencia o grupo, avanzaremos.

Mientras creamos que la libertad de opinión es el objetivo, sin diferenciar entre los que gritan en la calle, escriben en un blog, pronuncian un discurso ante sus afiliados, escriben columnas en un diario de sesgo ideológico concreto, pontifican desde un púlpito o una cátedra...habremos pisoteado lo que da valor a la libertad de opinión, que es el debate de esas opiniones, para seleccionar y perfeccionar las mejores ideas y hacer de ellas el camino de todos. 

Sobre el principio de igualdad en la ilegalidad

El principio de igualdad en la ilegalidad es uno de los más apelados en el lenguaje corriente por aquellos infractores que se ven afectados por la aplicación de medidas correctoras,  punitivas o coercitivas que no son aplicadas a la generalidad de los que tienen idéntico comportamiento que ellos.

¿Por qué a mí? ¿Por qué se me va a castigar a mí con la orden de retirada del cierre de la terraza que mandé construir, -contra el reglamento municipal, desde luego-, pero que se tolera, en cambio, en el resto de la calle?

¿Por qué se me impone una multa a mí por haber superado en quince minutos el tiempo de aparcamiento en una zona de O.R.A. y, en cambio, se pasan por alto estacionamientos de varias horas y en doble fila, delante de ciertos locales comerciales o de alterne?

¿Por qué se me incoa un expediente por llegar unos cuantos días algo tarde al trabajo, cuando a mi compañera, que mantiene una relación sentimental con el director del servicio, se le consiente que falte un día sí y otro no?

Aceptemos que el que así se pregunta no tiene manía persecutoria, y que sus preguntas tienen fondo de razón. ¿Le asiste algún derecho a reclamar que el comportamiento sea el mismo para todos los infractores, y no se le tome a él como buco emisario?

La respuesta jurídica es simple, y abrumadoramente coherente: No. Nadie puede alegar discriminación, según el Tribunal Constitucional, porque se le sancione, aunque casos similares hayan quedado o estén quedando impunes. Cabe, eso sí apelar a la adopción de medidas desproporcionadas respecto al fin pretendido (corrección de la ilegalidad, sanción, medidas paliativas, etc).

El problema de fondo no está en la aplicación el principio de igualdad en la ilegalidad, en nuestra opinión, si no, en la inobservación de obligaciones de carácter netamente superior,como son la de neutralidad en las actuaciones, la exigencia de igualdad de trato a los administrados, o la no discriminación (no solamente ante la Ley) injustificada, que debieran guiar a las administraciones públicas y a quienes actúan en su nombre.

En el caso de particulares, el enfoque habrá de ser distinto. Mantener la homogeneidad en los comportamientos, cuando afectan a relaciones de subordinación, habrá de inscribirse en los principios éticos, de coherencia y de lealtad entre las partes de un contrato laboral.

Pero no parece descabellado, aunque los tribunales aún no lo tomen en consideración, apelar, en la propia defensa, ya que no del derecho a ser tratado igual que todos los infractores, sí a la denuncia de la discriminación, es decir, aunque sea un himno a la bandera, a expresar nuestra disconformidad con que no se aplique el principio de igualdad en la ilegalidad.

Alguna vez el legislador se dará cuenta que no podemos construir un edificio con solidez democrática si la discrecionalidad no puede ser sometida a control. Y las Administraciones tomarán medidas para que su presunción de eficacia no se vea empañada por la arbitrariedad.

Que un vecino enfadado nos denuncie, que un policía amigo pase por alto determinadas infracciones o se cebe en otras, que el encargado de anotar la lista de espera para operaciones urgentes abuse de su poder, castigando o premiando afectos o reclamando prebendas, etc., no son sino formas de menoscabar el entramado democrático.

No estamos apoyando el que todos nos convirtamos en ilegales, pero sí el que la persecución de las irregularidades, al menos, desde las administraciones públicas y en cuanto revestidas de poder y obligación de control, sea el mismo para todos. Y si no puede ser, que la discriminación no se produzca por azar, sino en razón con la cuantía del daño causado a terceros o a la comunidad o del beneficio adquirido por el contraventor.

 

Sobre los premios 20 blogs

Acabamos de recibir el resultado -aún provisional- de las votaciones que los blogueros inscritos en el Concurso 20.blogs han otorgado a sus colegas. Este blog ha conseguido "cero" votos, y ha quedado, por tanto, exaequo con otros miles, el último.

Enhorabuena a todos los blogs que han conseguido cero votos. Es una magnífica demostración de independencia, posiblemente también de calidad.

¡Perdón, se nos olvidaba!. El ganador (más votado, con 196 votos) en la sección Cultura, en la que participábamos, ha sido el intitulado: "Lo que me toca los cojones".

Sin más palabras, ¿verdad?

Sobre el proyecto de ley de economía sostenible

En mayo de 2009, con ocasión de un Debate sobre el estado de la nación, el presidente Rodríguez Zapatero, en una de sus acostumbradas improvisaciones, anunció la inmediata presentación de una Ley de economía sostenible.

Concebida como solución a corto plazo para los problemas causados por la crisis, esa Ley debería precisar las medidas de apoyo público, incremento de la presión fiscal y estímulo a la coordinación entre los agentes sociales para cambiar algunos de los postulados económicos vigentes, y enfocar al país hacia un nuevo modelo productivo, de forma "rápida, viable y consolidada".

Es imposible conocer en este momento quiénes serán los artífices de esa concreción de un modelo que, desde luego, supondría, en caso de ser viable, la concesión por aclamación universal del premio Nobel de economía (y quizá algún otro) a sus autores.

No serán sus autores, salvo desmentidos de última hora, ni Pedro Solbes, ni Manuel Marín, ni Ramón de Miguel, ni Carlos Westendorp, ni Joaquín Almunia, alejados del fuego de las ingenuas genialidades del Presidente de su partido.

Porque alumbrar una ley de economía sostenible, es un parto imposible. La historia económica universal nos ha permitido concluir que los principios del ser humano están vinculados estrechamente a la búsqueda de su propio bienestar (y, salvo excepciones, el de su familia directa, es decir, sus descendientes). El altruismo no está entre los valores de la mayoría de la humanidad.

El Estado necesita más ingresos para sostener un modelo de asistencia social concebido en momentos de euforia por el cambio de un gobierno autoritario a otro con base democrática. Esos incrementos no deberían provenir más que de un aumento de la productividad, porque, de otra forma, generarían un malestar en quienes los deban soportar, que tendría consecuencias previsibles.

Esas consecuencias supondrían, para el capital, el aumento de la velocidad de fuga a otros países con menor presión fiscal, más bajos costes de mano de obra y más tolerantes leyes ambientales.

Para los pequeños empresarios, una mayor presión sobre la viabilidad de sus proyectos y un paso hacia su ruina. Para las clases medias, disminución de su calidad de vida y más desánimo. Para las clases económicamente mejor dotadas, aumento de la evasión fiscal, incremento de las transacciones en dinero negro, proliferación de las operaciones opacas.

 

 

Sobrescobio, un pueblo distinguido de Asturias

La Fundación Príncipe de Asturias ha concedido el premio "Pueblo ejemplar" de Asturias en 2009 a la Comunidad vecinal de Sobrescobio, un pueblín metido en el Parque Natural de Redes.

Magnífica iniciativa la de la Fundación -como todas las suyas- la de premiar a un pueblo de Asturias todos los años, para acercar a la luz, tanto a propios como a extraños, las bellezas de la región. Porque, incluso para muchos asturianos, ese paraíso natural que ha sido castigado en algunas zonas por una industrialización a la que entregó paisaje y paisanaje, permanece desconocido.

¿Cuántos asturianos conocen el puerto de Tarna, Ponga, Campo de Caso, Sobrescobio?. Siguiendo la ruta del alto Nalón, río de trasgos y xanas como todos los astures, la belleza del paisaje regional se desvela, magnífica, y se adoba con la hospitalidad de gentes sencillas que no simples, socarronas que no sarcásticas, leales que no confiadas.

Desde la lejanía física, que no sentimental, subidos a las alturas imaginadas de los picos Retriñón y La Xamoca, saludamos a las gentes de Sobrescobio. Enhorabuena, paisanos.

 (Por cierto: Puede que el lector agradezca la relación de los pueblos premiados por la Fundación desde la instauración de este galardón específico: Torazo (2008), Moreda (2007) -en este caso, junto a la sociedad "Humanitarios de San Martín"- Sariego (2006), Porrúa (2005), Villar de Vildas, Somiedo (2004), Naveldas, Tineo (2003), Foz de Morcín (2002), Paredes, valdés (2001), Tuña, Tineo (2000). Ibias (1999), Xomezana y Valle del Huerna, Lena (1998), Castropol (1997), Nava (1996), Puerto de Vega, Navia (1995), Picos de Europa, representados en sus pastores (1994), Grandas de Salime (1993). Soto de Luiña y Novellana, Cudillero (1992), Villaviciosa (1991) y San Esteban de Cuñaba, Peñamellera Baja (1990).)

Hasta que no se nombre a todos los pueblos de Asturias, Pueblo distinguido, habrán de pasar algunos siglos. Vemos, además, que la zona del Narcea-Pigüeña no está muy andada por los buscadores de joyas, que, por lo demás, fácil lo tienen en esta región: ¿Qué tal Cornellana, Laneo, Hospital, Aliva, Doriga, San Marcelo...?

Sobre incapaces e inimputables

Conocimos a un letrado de provincias que solía referirse a un compañero de profesión dedicado a la política como "inimputable", para resaltar que lo consideraba un imbécil.

Suponemos que, de seguir aplicando los conceptos jurídicos para calificar a las gentes que mangonean la res publica, estará echando ahora mano a las diferentes categorías de incapacidad que prevee el derecho.

Incapaces e incapacitados -en el sentido común del término- podrían verse, desde luego, algunos. Lo que nos resulta chocante es la convivencia, aparentemente pacífica, entre las personas diligentes, responsables y serias, y aquellos que adoptan maneras de inimputables mentales y torpes para la labor que se les ha encomendado.

Como si la demostración de la propia incapacidad fuera una defensa para no ser molestado, incluso (o especialmente) cuando se anda por las alturas.