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Al Socaire de El blog de Angel Arias

Sobre la pugna entre la ciudad y la selva en Asturias

Como ya hemos escrito, uno de los valores de Asturias -quizá el menos conocido- es el de servir de banco de pruebas miniatura de ese territorio mayor que es/era España. Seguramente incluso tenga importancia como campo de experimentación mundial, si como algunos mantenemos, el ombligo del mundo está situado allí mismo, en un lugar impreciso entre Gijón, Oviedo, Avilés y Langreo.

Escribimos hoy sobre una de las esencias más apreciadas del tarro asturiano, que es el paisaje. El observador que siga la evolución de la región, contemplándola desde fuera, que es como se deben valorar las cosas, habrá advertido que el paisaje ha exarcebado la lucha entre sus dos elementos contrapuestos, la ciudad (el asfalto) y la selva.

No se puede adivinar quién será ganador, pero sí el perdedor de esa pugna: la variedad de elementos paisajísticos que han venido conformado, por la colaboración relativamente pacífica entre el hombre y la Naturaleza, la belleza de Asturias.

Sobra hoy en Asturias, y cada vez en mayor medida, hormigón, carreteras, edificios sin gracia, monumentos "emblemáticos" a la vanidad de arquitectos, políticos y falsos ilustrados. Sobran ridículos elementos de falso mobiliario urbano, ruinas de casas y casonas que fueron gloria de sus dueños, carreteruelas abandonadas, adoquines que sirvieron tal vez para pagar campañas ideológicas, viaductos muy altos y aerogeneradores muy bastos; sobran centrales térmicas que ya no producen y bloques de viviendas con letreros de se vende o se alquila que a nadie concitan.

Y falta paisaje. La carencia es ya grave, a pesar de los uuyes de admiración de madrileños que se están muriendo de asco en el vencimiento declarado de la ciudad. Ríos que están ya tornándose sucios, escombreras que ya aparecen donde menos se espera, campos de labranza que hoy soy pasto de zarzas y helechos, caminos rurales que se pierden, bosques sin cuidar porque su dueño no los rentabiliza, jardincitos de horteras en los que se mezclan, protegidos por un murete, ciruelos japoneses y manzanos granie smith.

En esa pugna entre ciudad y selva, que Jaime Izquierdo Vallina, recogió en un magnífico libro (librito por su extensión), "Asturias, región metropolitana",  hay empate. Pero es que el resultado que interesaba era otro, que ganase el paisaje de siempre, el que nos gusta recordar, el que nos dejó a los asturianos el trabajo apegado del hombre en sintonía con su tierra.

¿Sobre guerra civil en España?

La cuestión que da título a este Comentario pretende llamar la atención sobre una situación de amplio desconcierto que estamos viviendo en estos momentos (mayo de 2010) en España, y que afecta a la credibilidad de las tres instituciones troncales de cualquier país de concepción moderna y democrática: el poder legislativo -Cortes y Senado y la sintonía con aquellos a los que representan, ciudadanía y pretensiones autonómicas regionales-, el poder ejecutivo -Gobierno y su alter ego, la oposición- y, en fin, poder judicial -jueces, magistrados y la coherencia de las leyes y normas que, conceptualmente, deben aplicar para juzgar comportamientos ajenos.

No estamos en guerra civil porque, aunque se dan los elementos teóricamente suficientes -crisis económica, malestar social, diferencias crecientes entre pobres y ricos. imposibilidad de entendimiento Gobierno-oposición, estamentos empeñados en luchas intestinas, graves desentendimientos entre los que pretenden explicar y quienes reciben las hipotéticas explicaciones, etc.- la amplia mayoría disconforme no tiene las armas legales ni ilegales para dar un vuelco a la situación, y la reducida minoría dominante da muestras de su descomposición ideológica en luchas intestinas incomprensibles para el pueblo llano, que observa atónito el resultado del ejercicio del poder que puso en las manos de sus dirigentes.

Ni Gobierno ni oposición muestran la mínima voluntad de entenderse (y resulta imposible saber qué es lo que les resulta tan complicado), ni resulta tolerable a la salud mental del ciudadano normal que la judicatura, con cientos de miles de casos pendientes que afectan a la vida y bienestar de las familias, se enzarce en tiquismiquis complacientes sobre la interpretación del corpus procesal (los casos de Garzón y Camps no son sino punto de iceberg), ni se puede entender qué es lo que están debatiendo, en momento de profunda inestabilidad económica y social, las Cámaras, empeñadas en seguir legislando con un rumbo nada claro y en hacer florituras mentales con las ideas (pocas) de los demás.

Pongámosnos todos a trabajar, y concéntrese, los que deben hacerlo, en lo importante. Porque da la impresión de que muchos tienen las Manos Ocupadas Con lo que O No Nos interesa o Es Menos Urgente.

Sobre quién manda en los funcionarios españoles

Como no podemos imaginarnos al Presidente Obama -a pesar de ese talante abierto, tolerante y green que le hemos atribuído- mirando el reloj para saber qué hora tenemos en España, suponemos que habrá llamado al Presidente de ese pequeño-lejano país called Spain cuando le vino bien en su apretada agenda (léase ayínda).

"Jélou, Jóse Luís, is yúa intérpreta déa?

"Jelóu Bárac, ¿pero no sabes qué hora es aquí en España?

"Bé you pádon, frénd, bat de sábyet is áryen. Aim cúrius tu nóu juích ar de aidías yu ár zínkin tu imprúf de spánis económic situeishon an vuld bi veri glad tu sayést yu somuán from mai sáid. So, cól jín, plís.

"Bueno, bueno. Pero que sepas que no son horas. Aquí son las tres de la madrugada, tío. Llamo a Moratinos, porque ya sabes cómo te admiro, aunque me va a poner a caldo".

"Uót?

El contenido de la conversación se ignora, aunque, pocas horas después, el Presidente español comunicaba las "drásticas medidas" adoptadas para solucionar la "grave situación" del déficit público. A saber: reducción del 5% en el salario de los funcionarios durante 2010, eliminación del llamada cheque-bebé, reducción en 600 milloncejos de euros la ayuda al desarrollo, disminución de unos 6.000 millones en las inversiones públicas y congelación de las pensiones.

Si la existencia de la conversación entre ambos presidentes -con este u otro contenido- es cierta, y el interés de Obama era manifestar su preocupación por la situación del déficti europeo (que ya son ganas de tocar los c...), el conjunto de las medidas comunicadas, pone en evidencia lo poco que controla el Gobierno de Zapatero.

No hay medidas sobre las grandes empresas y sus beneficios, ni sobre la Banca y su mejor control y la reducción de sus márgenes, ni sobre el impulso a la creación empresarial, ni sobre el incremento de la presión fiscal de las mayores rentas, ni sobre la mejora de la inspección fiscal y el control del lujo y otros despilfarros, ni sobre los estímulos para aumento de la productividad, ni sobre la reducción de los gastos militares y el aumento en gastos de educación.

Obama volverá a llamar, suponemos.

 

Sobre el coste de no estar de acuerdo

Discutir es un deporte nacional, y estar en desacuerdo, una postura que se utiliza continuamente, sin valorar generalmente las consecuencias. Y deberíamos ponernos en situación de hacerlo. Porque no estar de acuerdo tiene efectos en múltiples ámbitos -sicológico, terapéutico, político, etc- y, puesto que estamos en época de vacas flacas, debe tenerse en cuenta su repercusión en el ámbito más importante del momento nuestro entorno supuestamente desarrollado: el económico.

Fijándonos en lo más cercano, no siempre se puede saber en qué consiste la discrepancia entre los dos partidos principales en España. A veces, se tiene la impresión de que se intercambian los papeles ideológicos, porque su objetivo principal es mostrar la falta de sintonía con el contrario. Algunas medidas propuestas por el Gobierno socialista son propias de un Gobierno liberal preocupado por tener contentos a los grandes empresarios y a los banqueros, y ciertas afirmaciones de los representantes del PP parecen surgidas de la más genuina defensa de los intereses de la clase trabajadora.

Pero no es lo habitual que las posiciones propias se plasmen, en el caso del Gobierno, con justificaciones convincentes, ni que, en el caso de la oposición principal, los desacuerdos se traduzcan en la presentación de alternativas o de propuestas de colaboración para salir de los baches. Quiá. Los portavoces y representantes políticos más cualificados del PSOE como del PP expresan continuamente latiguillos vacíos como "La oposición carece de ideas y propuestas", o "El Gobierno no ha hecho los deberes", pero pocas veces se expresa en qué se basa, exactamente, el desacuerdo y, no digamos, cuáles son las propuestas concretas para superarlo.

Sería aconsejable que aprendiéramos a calcular el coste de no estar de acuerdo, de no arrimar el hombro a la propuesta que no se nos ha ocurrido a nosotros, sino al contrario, pero que es válida y, en verdad, nos hubiera gustado haber sido sus autores.

Las consecuencias de no saber o no querer calcular el coste del desacuerdo son muy graves. Porque existe un coste por aplazar la reforma de las pensiones, por no abordar la revisión de los planes de la educación escolar, por estar en desacuerdo con la política sanitaria o asistencial.

Existe un coste por la falta de criterios para impulslar nuevas iniciativas y apoyar con algo más que buenas palabras a posibles nuevos emprendedores, en un país en el que se necesitan 500.000 proyectos con capacidad para emplear cada uno a 10 personas, si queremos absorber los casi 5 millones de desempleados que quieren trabajar y no tienen dónde.

Existe un coste por haber creado confusión en la estrategia de captación de inmigrantes no cualificados, que ahora son un evidente lastre -pobres engañados- para nuestra política de empleo y asistencial, incluída la enseñanza de los agrupados familiarmente. Existe un coste por la falta de consenso en reestructurar una Universidad, que necesita un repaso desde los planes de estudio, las carreras, la proliferación de mediocres campus de saber y un caos de caciquillos y reinos de taifas.

Existe un coste en no estar de acuerdo en poner en claro qué significa para el país cargarse con currícula de universitarios con títulos costosos pero de escaso valor práctico. Habría que saber calcular el coste de no estar de acuerdo con la reforma del modelo energético y de no haber sabido hallar la plasmación de un mix razonable, y que sirva para impulsar tecnológicamente al país y no para lastrar aún más su deuda. Existe, por supuesto, un coste para el desacuerdo en la estrategia militar y en la llamada ayuda humanitaria prestada, nos tememos, sin mucho control.

Existe un coste por mentir respecto a la realidad, porque no se está de acuerdo en pedir ayuda para solucionar lo que no se sabe cómo corregir, y se prefiere ocultar hasta que estalla. Como tambiéen existe un coste por no impulsar la realidad investigación y, en lugar de vender como logro político haber atraído a un figura desde el exilio para que dirija un centro de nueva creación sin dotación material, apoyar equipos de jóvenes investigadores y dotarlos de buenos medios.

Ponga el lector el énfasis donde más le duela, y calcule, aunque fuera de forma aproximada, el coste que nos provoca el que nuestros políticos no estén de acuerdo.

Sobre visados y penurias

El Gobierno socialista prosigue en su intención de hacer más difícil la vida de los Colegios profesionales, y ha preparado un anteproyecto de Real Decreto "sobre las obligaciones de visado colegial" que, en realidad, reduce de manera drástica los casos en los que es obligatorio visar los proyectos por los Colegios profesionales.

Como es sabido, el art. 36 de la aún vigente Constitución Española, expresaba un mandato al legislador: la regulación por ley del "régimen jurídico de los Colegios profesionales y el ejercicio de las profesiones tituladas". Sin embargo, -puesto que ni este Gobierno que ahora tenemos, ni los demás que hemos tenido, se han aplicado en "hacer bien los deberes"-, los Colegios se venían rigiendo por una Ley preconstitucional -que no es sinónimo de mala, y que, en este caso concreto, era/es magnífica-, la Ley 2/1974 de 13 de febrero.

Con inusitada premura, aprovechando que el Guadiana pasaba por allí -en realidad, a varios kilómetros y en otra dirección-, el Gobierno se ha metido en la desvergonzada tarea de aplicación de la pena capital a los Colegios.

Además de poner en evidencia la descarada animadversión oficial a todo lo que signifique crítica -los Colegios habían puesto en valor su libertad ideológica y su capacidad intelectual, expresando su oposición a algunas decisiones gubernamentales-, el Real Decreto que se ha sometido a objeción pública tiene todo el aspecto de ser una improvisación legislativa.

La improvisación que se detecta en el texto, no es sinónimo de incoherencia jurídica respecto al propósito que le guía: el sometimiento de los Colegios profesionales a la exposición pública de su hipotético carácter elitista y de su inutilidad como instrumento de control. El cuidado con el que se recogen citas y sentencias del Tribunal Supremo y del Constitucional, amén de presuntas consultas y análisis más o menos exhaustivos, revela la intención de dotar de corpus argumental al despropósito.

El momento es malo para los Colegios, que estaban, justamente, embarcados, al fin, en su modernización democrática, pasando a ser considerados por los profesionales como plataformas de opinión, formación, impulso y control a sus cometidos, totalmente inmersas en la sociedad civil, y no como organizaciones pacíficas, anodinas, dominadas por profesionales en edad de jubilación y faltas de sentido social o crítico.

El Decreto, contrariamente a lo que se expone en la Memoria de Análisis de su Impacto, no va a suponer un ahorro anual de más de 800 millones de euros (228 Millones como importe de la recaudación de los Colegios por los visados que se eliminan y, el resto, por la estimada reducción de gastos de cumplimiento de la obligación de visar).

No, el cálculo está mal hecho, porque lo que hay que calcular es el coste de los efectos de no-visar. Y va a resultar muy alto para el país, pues el control de calidad de los proyectos deberá hacerse ahora por entidades privadas y, si no se hace, los riesgos contra la seguridad de personas y bienes, se incrementarán en espiral. Habrá más gastos para la Administración destinataria, más inseguridad en las ejecuciones, más descontrol profesional, menores esfuerzos en formación técnica, más desconcierto ciudadano...

En su aspecto jurídico, el Real decreto implica, para los Colegios que agrupan profesiones técnicas, desligar de la Administración a estas Corporaciones, hasta ahora entidades de naturaleza público-privada. El tajo sobre el cordón umbilical es certero y dramático, al negarles las dos fuentes -prácticamente únicas- de ingresos, amparadas por la Ley 2/74, a cuyo abrigo habían crecido, como Reales decretos y Ordenes Ministeriales, los Estatutos Colegiales : las cuotas colegiales y las percepciones por visados.

Si la colegiación no va a ser obligatoria y los visados se van a ver restringidos a un par de casos de forma excluyente y exclusiva, la mayoría de estas instituciones profesionales deberán desaparecer y, las que sobrevivan, lo serán bajo otros supuestos distintos a la Ley 2/74: bien como entidades de derecho privado -asociaciones profesionales- o amparadas, en algunos pocos casos, por una Ley específica que proteja el ejercicio profesional, como es el caso de los médicos y los abogados.

Los Colegios técnicos, en especial, son los que se verán más afectados, pues -en general- del orden de un 50 a 70% de sus ingresos provienen del visado de proyectos.

La casi segura destrucción de la base colegial, viene en mal momento económico, y desperdicia, tirándolos a la basura legislativa, la posibilidad de utilizarlos como instrumento para la modernización de la Administración y de los propios Colegios.

La situación ha puesto de relieve la pérdida de poder político de los Colegios profesionales, que están sucumbiendo ante la corriente de liberalzación que está caracterizando el gobierno de Rodríguez Zapatero. El objetivo confesado es la reducción de gastos; el objetivo real, que cabe vaticinar conseguido, será un mayor descontrol, facilitando la competencia desleal, aladida a la de profesionales extranjeros con títulos inhomologables y forzando el incremento de la inseguridad, técnica y jurídica, para los autores de los proyectos, y para sus clientes y usuarios.

¿Tan torpes somos los españoles para organizar mejor nuestra sociedad civil? ¿No somos capaces de construir sobre lo que tenemos, dialogando, perfeccionando, en lugar de dar un empellón a lo que no nos gusta y silenciar lo que nos molesta?

¿Estaremos siempre ofreciendo preguntas, en lugar de buscar las respuestas?

 

Sobre más cuestiones candentes del derecho de la energía

Continuamos con el comentario anterior.

3.- Red mundial del gas.

España está ausente de los consorcios de explotación de gas -14- que se han establecido en torno a los países descapitalizados que formaban la antigua URSS. No existe ningún documento público que plasme un Plan geopolítico de abastecimiento.

Incluso la industria del sector no tiene en cuenta datos esenciales: sirva como ejemplo la cuestión de Carboneras y Cabo de Gata, en el que se sigue menospreciando la problemática ambiental, en la inconsciencia de que que se acabaron los tiempos en los que el dinero lo arreglaba todo. Seguimos tratando los temas con ignorancia de las organizaciones internacionales.

Para Alonso, se trata de un problema de cultura general de las emrpesas energéticas, que ven las cuestiones ambientales como confrontación, en lugar de traducirlas en términos de oportunidad.

La ubicación del mar de Albarán, zona de gran diversidad biológica -por la combinación de reflujos de agua caliente y fría- afecta decisivamente a la estrategia de distribución de gas natural, perfilando un casus belli similar al acaecido con la ubicación del aeropuerto de Ciudad Real. El 25% de la flota de barcos mundiales atraviesa el estrecho de Gibraltar. La Organización Marítima Internacional (IMO) votó unánimente llevar el tráfico fuera del mar territorial.

4. Ronda Doha.-

En España, nadie parece estar enterado de las negociaciones que se están llevando a cabo para la liberalización de los servicios energéticos, y por la que se pretende igualar las condiciones de acceso a los mercado para los operadores extranjeros respecto a los internos (en el Marco GATTs). Existe una relación que involucra a 500 servicios, considerados energéticos, y que se hallan pendientes de la culminación del acuerdo.

En nuestro país se ignora cuál sería el acuerdo más adecuado a los intereses propios.

5. Derechos de emisión, almacenamiento de CO2 y ATC

Alonso se refirió al proyecto de Ley que modifica la 1/2005 (por la que se regula el régimen del comercio de derechos de emisión de gases de efecto invernadero). ¿Cómo se realiza el control de las emisiones de CO2 y qué medidas se adoptan para reducirlo?. "En España, como siempre, aparecerán los problemas a última hora", indicó, en respuesta a una pregunta que no llegó a formular, pero que quedó expuesta en la  línea que recogemos en este Comentario.

El debate acerca de si el almacenamiento de CO2 debe regirse o no por la ley de Minas carece de sentido, pues responde al desconocimiento de juristas y técnicos. La discusión pretende sustraer al Estado la decisión sobre estos emplazamientos, ya que la Ley de Minas traslada a las CCAA la responsabilidad minera.

Pero se trata de un tema claramente no minero, porque "no todo agujero es una mina". Las cavidades susceptibles de ser empleadas para almacenamiento son recursos, en todo caso, geológicos, cuya utilización instrumental deberá ser, además, aprobada por Bruselas. Lo lógico, por tanto, será atribuir la cuestión a un título competencial centralizado por el Estado.

La cuestión no es diferente de la que afecta a los Almacenamientos Transitorios Centralizados de residuos nucleares. Se trata de depósitos que han de permanecer 20, quizá 100 años, a la espera de un destino final. No puede confiarse la cuestión a administraciones locales ni a intereses variables políticamente.

Alonso atribuye la proliferación de discusiones sin argumentos convincentes a la falta de formación de los abogados, formados en el contexto de las últimas bocanadas del derecho administrativo francés, que era premoderno, y que derivó en miles de leyes, sin que fuera capaz de plantearse modelos nuevos. El derecho urbanístico cayó en ese caos legislativo de carácter arcaizante, y el derecho energético tiene ese riesgo.

(Sigue en otro Comentario)

 

Sobre las cuestiones candentes del derecho de la energía

Con una vertiginosa incursión por los problemas europeos que se acumulan en la cartera energética, el Consejero de Estado Enrique Alonso cerró las Jornadas sobre Derecho de la Energía organizadas por la CNE.

No podemos hacer una reseña formal de la conferencia, ya que, el Consejero es una máquina de expresar ideas y palabras y resulta muy difícil tomarle notas coherentes a vuelapluma. Nos limitamos, por ello, habida cuenta además del reducido espacio de este Comentario, a intentar un resumen, en nuestras propias palabras, de sus reflexiones, buscando su presentación sistemática -lo haremos en varios artículos-.

1. Marco energético global.-

Europa no puede sacar adelante sus propias medidas energéticas sin un marco global, en el que la evolución del Acuerdo entre Estados Unidos y China señala la referencia.

El programa energético electoral del presidente Obama era inaplicable ("una locura", expresó Alonso) y el pragmatismo se impuso. En febrero de 2009, se aprobó el American Recovery and Reinvestment Act, que destinaba 787.000 millones de dólares a la recuperación económica. Las medidas adoptadas después de la reunión de Copenhague suponen la continuación con la política del ex-presidente Bush en este campo.

El mercado de compra-venta de derechos de emisión norteamericanos se alimenta, realmente, solo la contaminación del aire, y es California el que, con una atmósfera que ya no admite más contaminación, el Estado que precisa las más urgentes medidas o la compra masiva de derechos. Por eso, la administración de Obama, buscando un efecto demostración, permitió la apertura de nuevos pozos en el Golfo. El derrame de Louisiana ha venido ha puesto en solfa esta estrategia.

Pero la plasmación de un modelo energético estable y con una base de autonomía satisfactoria es la preocupación persistente en los EEUU.  Las medidas regulatorias no pierden de vista los efectos económicos. En la página del Departamento de Energía norteamericano puede obtenerse una información amplia, actualizada, sobre muy diversos aspectos, políticos, legislativos y técnicos.

2. Plasmación de un mix energético coherente.

Obama apoya la energía eólica, pero hay que tener en cuenta que las posibilidades de aumentar su proporción en EEUU en este campo son reales, en tanto que en España, parecen agotadas. Las posibles ubicaciones terrestes en nuestro país para aerogeneradores ya se han utilizado, y quedaría analizar las posibilidades en la plataforma marina, pero el mapa eólico off-shore coincide con el de las zonas sensibles biológicas.

En cuanto a la energía nuclear, la tecnología del reactor de hidrógeno sería, en opinión de Alonso, la única perspectiva que justifica la apertura del programa en USA. La Oficina de Energía Nuclear (NE) pretende que eln 2017 esté disponible a escala comercial la producción de hidrógeno a partir de esta fuente energética. (Los Reactores llamados de IV generación serían capaces de proporcionar el calor a bajo costo).

En octubre de 2009, la EPA publicó la reglamentación, como Programa de Prevención de Deterioros Significativos (PSD), que obliga a las nuevas fuentes de contaminación o a las existentes que modifiquen sus características, a demostrar el uso de las mejores técnicas disponibles para minimizar los gases con efecto invernadero, a partir de la emisión de 25.000 t/año de CO2 equivalente.

En la actualidad, unas 14.000 fuentes contaminantes necesitan estos permisos, y unas 3.000 deberán revisar los actuales para comprobar el cumplimiento del Clean Air Act. La EPA estima que, cada año, unas 400 nuevas fuentes deberán someterse al Programa -en su mayoría, vertederos municipales-). 

(continúa en otro Comentario)

Sobre los efectos de Babel en los europeos

A la Unión Europea le faltan bastantes cosas, y algunas de las que le sobran son evidentes. Este mosaico multicultural, repleto de recelos ancestrales, no solo no habla el mismo lenguaje político, sino que sus habitantes se desentienden en más de una treintena de idiomas, a los que habría que sumar innumerables dialectos, fábricas de modismos, acentos separatistas y localismos irredentos.

Podemos pensar, por las mañanas, despiertos desde la ilusión, que el asunto de Europa funciona. No llegaremos al mediodía sin habernos convencido de que las dificultades a superar son aún tremendas.

La situación de Grecia ha venido a demostrar la consistencia de unos cuantos argumentos. El país heleno, ante todo, ha venido mintiendo a sus comilitones de la Unión Europea, desde que entró en el Club. Engañó en los datos, falseó los resultados y se autoconvenció, quizás, de que las cosas iban bien, para que le dejaran disfrutar del calorcito de la opulencia centroeuropea.

Después, cuando cambió el gobierno y los nuevos se dieron cuenta de que la cuestión era insostenible, porque las cajas no tenían dinero, se llamó a la puerta de los compañeros de viaje, pidiendo ayuda. Aunque se sabía que Grecia había mentido -no es el único-, se prefirió mirar, de momento, hacia otro lado, para hacer sufrir un poco (más) a los griegos.

No vamos a extendernos en análisis ya archiconocidos. Unicamente, queremos afirmar que la crisis -lejos aún de haberse superado- debiera servir para afianzar Europa. Menos voluntarismo, y más pragmatismo. Menos discusión de ideas, y más realidades.

Hablemos una lengua, una lengua común. Un solo idioma para entendernos cuando fijemos la política energética, la comercial, la de exportación, la monetaria, la de investigación, la educativa. Para ello, se necesitan líderes fuertes, convencidos de Europa, y con credibilidad en sus respectivos Estados, convertidos en parte de una Federación.

¿A dónde vamos? En dirección contraria. Mientras nos falta más unión por arriba, dejamos que, por abajo, a nivel de cada Estado de la Unión (y qué terribles diferencias entre ellos), se concreten separatismos de salón, discusiones de pie de banco, egoismos trasnochados de quiero más porque sé administrarlo mejor.

"Confundamos su lenguaje de modo que no se entiendan los unos y los otros" (Genesis, 11, 7). El Antiguo Testamento atribuye a Yahvé esa frase terrible, y los exégetas han tratado de encontrar explicaciones de tan anormal comportamiento. Sería más sencillo entender que fue el diablo quien habló por la boca del divino. Esa misma serpiente que, asomándose por el ojo del Creador, encontró que el mundo estaba bien hecho.

Sobre pájaros y graveras

Sobre pájaros y graveras

En las márgenes del río Jarama, antes de su confluencia con el Tajo, se han depositado, a lo largo de 2 millones de años, los productos de la erosión de las rocas que el trabajo de las aguas ha ido deshaciendo. Esa labor fluvial de desmenuzamiento ha formado una zona de graveras, piedras de tamaño regular, que, en este caso, por las peculiaridades del cauce y del encuentre entre ambos ríos, ofrecen una calidad y cantidad notables.

El hombre ha utilizado la grava y la arcilla, - los áridos-, desde la antigüedad. Lo usa para casi todo, y en especial, para la fabricación de cemento, pero también como aporte en papel, piensos, pinturas, plásticos... Como es tan abundante y relativamente fácil de extraer, resulta un recurso mineral muy barato (una tonelada de grava en origen puede costar del orden de los 4 a 6 euros). Solo el coste de su transporte limita el ámbito de aplicación: unos 20 a 30 km de la gravera (o cantera).

Por eso hay tantas graveras y canteras, y por eso, la incidencia sobre el paisaje es tan importante. El paisaje es, para muchos, solo algo estético, pero significa, también -y sobre todo- hábitats. Por eso, cuando se finaliza la explotación minera, es fundamental atender, no solamente a "lo bonito", desde una siempre discutible estética humana, de una recuperación paisajística , sino a lo efectivo que resulte.

Hay que conseguir el desarrollo armónico entre las especies vegetales que se hayan plantado o sembrado y, a la postre, captar la atención de los animales que vayan a poblar ese espacio. Este visto bueno natural es la prueba de fuego de una rehabilitación de un paisaje dañado por la acción del hombre.

La grava de la zona final del Jarama ha sido explotada desde hace mucho tiempo. En la zona llamada de El Puente, hay varias graveras. La multinacional suiza Holcim -un gigante que emplea 90.000 personas en todo el mundo- tiene una de las concesiones, que comprende del orden de 220 Ha. De ellas, unas 80 están rehabilitadas, y otras 60 se encuentran, terminada su explotación, en las labores de devolución de las condiciones que garantizarían un hábitat de calidad para la fauna.

En estos momentos, mayo de 2010, no se puede visitar la zona más antigua, porque una colonia de garcillas -unas 800 a 1.000 parejas, según estima el biólogo que asesora a la empresa- está anidando. Se pueden observar con telescopios de campo desde un mirador preparado por la empresa. En otros lugares, se pueden contemplar patos, somormujos, porrones, gaviotas, cormoranes,... Hasta 174 tipos de aves, de los que 4 especies se encuentran en peligro de extinción: la garcilla cangrejera, la cigüeña negra, el porrón pardo y la malvasía cabeciblanca.

A la gravera de El Puente de Aranjuez de Holcim le concedieron en 2008 el Premio a la mejor gravera restaurada (rehabilitada) de Castilla La Mancha. Su trabajo evidencia una sensibilidad digna de elogio. A su lado, otros concesionarios, se preocupan -por lo visto- solamente de sacar piedra y venderla.

 

Sobre las energías renovables del Tribunal Supremo

Las Jornadas Pedro María Meroño que organizó la CNE sobre "cuestiones actuales del derecho de la energía", proporcionaron una base de información importante para los esepcialistas. Aunque el tono general de estos Comentarios procura alejarse de los específico, dedicaremos algunos a recoger y, en la medida de que nos sea posible, glosar, alguna de las intervenciones.

Todas estuvieron a gran altura. Coincidieron, además, en la seriedad y cordialidad dialética de las propuestas y reflexiones. La conferencia de clausura, pronunciada por el Consejero de Estado permanente Enrique Alonso, fue una explosión de sinceridad y conocimientos, respecto a "las cuestiones candentes" sobre el tema central de la Jornada. Y al escuchar al insigne ponente, vaya si queman.

Manuel Campos Sánchez-Bordona, magistrado de la Sala de lo Contencioso del TS sistematizó la jurisprodencia del TS al respecto de las energías renovables.  Comenzó, como no podría ser de otro modo, advirtiendo que no se referiría a nada que estuviera sub iudice, e incluso se disculpó a sí mismo, expresando su duda de que "en las actuales circunstancias hubiera aceptado" dar la conferencia.

Numerosas demandas desenfocan el fundamento jurídico llevando al orden procesal cuestiones que corresponderían a otros órdenes. La litigiosidad en materia de energía le parece, por ello, al magistrado, excesiva. En los últimos 6 años, especialmente, se han llevado al TS un cierto número de controversias, que permite, en opinión de Campos, su sistematización en 4 bloques:

El primero afecta a la función social de la propiedad. El TS ha tenido ocasión de pronunciarse, por ejemplo, en relación con las reclamaciones de titulares de terrenos en donde se ubicaron parques eólicos, precisando los límites a las facultades dominicales.

El segundo bloque supuso que el TS se vió obligado a terciar en el debate de los límites recíprocos respecto a la doble intervención, al respecto de la obligación de que la localización de instalaciones contaminantes minimice sus impactos negativos, atemperada con la protección de especies y aves en áreas sensibles.

El tercer bloque al que se refirió Campos incidió en la situación competencial estatal o autonómica, bien porque las instalaciones estuvieran a caballo entre dos comunidades autónomas o se tratara de nuevas líneas de evacuacion de energía que discurrieran por un territorio autonómico.

Finalmente, el cuarto bloque, y el culpable de la duda generada en el magistrado respecto de aceptar el encargo de la conferencia, incidía sobre la seguridad jurídica y los límites a las actuaciones reglamentarias, cuando provocan cambios en la normativa aplicable.

 

Sobre el futuro de la CNE

A veces la casualidad convierte en magnífica oportunidad una Convocatoria que tenía -quizás-un objetivo más modesto. Las II Jornadas Pedro María Meroño sobre cuestiones actuales del Derecho de la Energía, que organizó, por segundo año consecutivo la Comisión Nacional de la Energía adquirieron un carácter de máximo interés y relevancia, pues justamente se está en un momento clave para el propio organismo.

La Presidenta, María Teresa Costa Campí, se perdió la inauguración y el primer día de Conferencias, justamente porque debía encontrarse en Bruselas para la constitución de la primera línea de mando del nuevo regulador comunitario en materia de Energía, ACER -Agencia de Cooperación de los Reguladores de la Energía, o séa, ACRE-, previsto en las Directivas comunitarias 72 y 73/2009, que suponen el nuevo paquete legislatico en relación con la energía y la sostenibilidad, y que supondrán profundos cambios en la responsabilidad y cometidos de los actuales organos reguladores internos de los países miembros de la UE en la materia.

Elisenda Malaret, catedrática de Derecho Administrativo en la UB, resaltó en su intervención que se producía una inflexión en cuanto a los cometidos de ls agencias europeas. Hasta ahora, estas entidades gozaban de una cierta autonomía, pero únicamente por su saber científico, no por su status jurídico. La ACER tiene un poder más significativo y directo sobre los operadores del mercado, y en ello se asemeja a la estructura del Banco Central Europeo en relación con los Bancos Centrales, propiciando la interconexión entre los agentes reguladores estatales, añadiendo la exigencia de prohibición de recibir o impartir instrucciones de las Administraciones estatales.

Una peculiaridad específica de la ACER es que, a diferencia del BCE, cuya base jurídica es el Tratado de la UE (con su fuerza o naturaleza constitucional), en este caso, su fundamento proviende del derecho derivado.

La creación de la Red Europea de gestores de redes surge de la necesidad de avanzar en la desregulación del mercado interior de la energía. La Agencia de Reguladores tendrá obligación de intervenir en ciertos supuestos, obligatoriamente, con poderes de decisión propios y tasados. Aunque sus cometidos y reglamentación técnica se basa -como soft law- en Directivas Marco no vinculantes, las posibilidades de sanción por incumplimiento de sus directrices vienen garantizadas por otras vías.

Los poderes de decisión de la Agencia son técnicos, resaltó Malaret, pero la Comisión se reserva, a partir de los datos factuales la capacidad de enmarcar las actuaciones en el interés general comunitario, en lo que afecta a la regulación propiamente dicha (acceso a las redes y seguridad de suministro).

El Informe Anual de la Agencia se conforma como el poder de actuación clave. La mayoría de las agencias tradicionales solo tienen el cometido de informar. En este caso, la rendición de cuentas ante el Parlamento y la Comisión Europeas, con propuesta de medidas correctoras, y el carácter público del informe y de las propuestas de medidas, la caracteriza como un instrumento clave de la política energética europea.

La compleja estructura de la ACER la configura como un "Estado en miniatura". El Consejo de Administración, sin cometidos sobre los operadores, se forma con 9 miembros -5 nombrados por el Consejo, y 2 por cada una de las Instituciones Parlamento y Comisión: es un gestor de los medios. El Consejo de Reguladores es el organo consultivo y decisorio, órgano colegiado que actúa con total independencia. El director del órgano regulador, elegido por el principio de mérito por la Comisión Parlamentaria, examinará a 3 candidatos resultantes de la convocatoria pública (proceso en el que se está actualmente).

Sobre los improductivos

En las sociedades vive un conjunto de individuos que son improductivos.

No se les puede calificar de zánganos, porque, en realidad, sí que realizan actividad. Tampoco se puede confundir a estos seres que habitan en nuestro edificio socioeconómico de chupasangres, ni de aprovechados, porque se consideran imprescindibles para que el sistema funcione, para poner en contacto oferentes y demandantes que, de otra manera, jamás se hubieran conocido.

La crisis económico-financiera internacional ha dejado al descubierto -para los legos, porque, por supuesto, quienes se habían tomado la molestia de hacer bien el análisis, ya estaban en las claves- ciertas perversidades de nuestro sistema de mercado. Por esos elementos no añaden valor al producto, pero incrementan su precio.

Se puede ir aumentando el precio de venta de un producto desde el fabricante o generador primero, hasta el consumidor o usuario final, a través de una cadena de intermediarios que lo único que ponen de su parte es la comisión que quieren cobrar, y que harán efectiva cuando el comprador pague por la mercancía o el servicio.

¿Cuál es la razón por la que alguien puede pagar por un artículo más, mucho más de lo que cuesta fabricarlo, incluídos los costes de distribución?. Fundamentalmente, la ignorancia. La posición de desconocimiento, por parte del consumidor, de lo que le cuesta al productor aquello por el que le está pagando, supone una ventaja sustancial que un oferente sin escrúpulos puede aprovechar hasta límites insosprechables,

También juega a favor del oferente la situación de necesidad del demandante. Hay momentos puntuales de aparición de los improductivos. Cuando existe una huelga de transportes, p.ej., o, en general, una disminución circunstancial de los medios disponibles, los oferentes sin escrúpulos suben arbitrariamente sus precios. No buscan el que el mercado los equilibre, sino aprovecharse del estado de necesidad del que solicita sus servicios.

Pero otros viven permanentemente en el sistema, se han anclado en él.

El mercado genera, de forma natural, toda una panoplia de elementos improductivos. Las burbujas -aire para la economía real- estás relacionadas con la combinación de la ignorancia y la falta de escrúpulos de muchos de los elementos de la cadena de compra-venta. A menudo, sin moverse de su silla de especulación, trasladan, como una pelota, los papeles que suponen la propiedad (o la expectativa de obtenerla) de una mercancía.

El productor inicial y el consumidor final suelen estar ajenos a la maniobra. El mercado lácteo (por decir uno muy simple) en la Unión Europea ha conseguido que el productor inicial reciba una pequeña porción del precio que paga el cliente a las empresas transformadoras y/o distribuidoras. En algunos casos, las empresas intermediarias del sector agrario, energético, y, por supuesto, del financiero, no tienen más que papel para ofrecer. Sus empleados pueden hasta desconocer lo que están vendiendo.

Que las entidades bancarias, reputadas especialistas financieras, hayan creado, en combinación con agencias de calificación de riesgos y otros intermediarios, una burbuja financiera, a base de adornar paquetes de toma de riesgo hasta hacerlos irreconocibles a los inversionistas, es una demostración patente de cómo los improductivos pueden poner en solfa nuestra economía de bienestar.

Creyendo adquirir edificios, participaciones en empresas, fábricas o contribuir a la producción del sistema, hemos caído en la trampa de los productores de humo. Son los improductivos. Un posible guión para una serie de terror, cuyo final sigue sin estar del todo claro. Y, lo más curioso, es que seguimos haciendo caso a las agencias de rating, esas que nos habían indicado la solidez de ciertos activos que estaban compuestos por aire y, allá en el fondo, tal vez, la sangre, sudor y lágrimas, de un productivo que se esforzaba en sacar adelante a su familia.

Sobre arreglos, trampas y soluciones

La Presidenta de la Comunidad de Madrid, que celebraba el 2 de mayo, una vez más, el levantamiento de unos no muy bien informados madrileños contra los franceses que dirigía Napoleón, ha dicho que la corrupción es consustancial a la política.

Es, desde luego, una frase con porvenir, de raigambre histórica, y proporciona, de forma gratuita, una de las claves del edificio precario en el que se acomoda la vida pública. No hay que interpretarla de forma sesgada: Política y corrupción no son idénticos. No. Lo que indica Esperanza Aguirre es que la segunda forma parte indisociable de la primera.

No se puede  imaginar a un banquero diciendo algo parecido de la Banca. La corrupción no forma parte del imaginario del sistema bancario. Jamás. Por definición. Tampoco puede suponerse que forme parte del deporte rey por estos lares, el fútbol. Ni hablar.

Ni Botín, los Rodríguez Iriarte, Francisco Paco González, ni Pellegrini, Ronaldo, Messi o Clemente dirán jamás una frase así. Ellos se mueven en otras intenciones, tienen un público entregado. Nadie pone en duda su honestidad ni ponen en duda la de sus compañeros de viaje.

Pase lo que pase.

Podría pensarse en que la razón está en que no tiene sentido que gentes que ganan al año de 4 a 20 millones de euros caigan en las tentaciones de la corrupción. Para qué molestarse en arañar unas decenas de miles de euros, si tu salario representa 400 o 2.000 veces el del resto de los mortales.

No hay corrupción en los estados mayores de la Banca y del Fútbol, ni en los cuarteles centrales de las Grandes Empresas. Por definición. Nunca sabremos si lo que hace tan eficaces en lo suyo a banqueros, bancarios, futbolistas y entrenadores de élite,  es el dinero que reciben por su trabajo, o está más bien relacionado con la cara de tonto con la que admiramos sus hazañas.

Siendo campos tan dispares, no parecería razonable que un entrenador deportivo con éxito o un presidente de un club de fútbol de categoría puedan ser reputados como idóneos presidentes de Gobierno. Sin embargo, los sectores se interelacionan cada vez más, y hay bancarios que fueron políticos y que han vuelto a ser bancarios, y viceversa; y hay presidentes de club que hacen política y presidentes de partidos políticos, y de autonomías, y hasta de Congresos de diputados, que crean empresas para ellos o sus cónyuges y tienen la suerte de hacer mucho dinero con ellas.

Seguramente lo que es consustancial a la política, al fútbol, a la Banca y a la Gran Empresa es el escaso control que realizamos todos los demás -los que no pertenecemos a ninguno de estos estamentos- sobre el trabajo que realizan los dirigentes de estos sectores. Porque se puede sospechar que soportamos sus altos salarios -que todos vienen de nuestros bolsillos- por el placer de que nos metan un gol. Uno tras otro.

Sobre las madres de los hijos de mala madre

En casi todas las lenguas, el peor insulto que puede lanzarse a un hombre -no suele utilizarse con mujeres- es llamarle hijo de mala madre. Hijo de puta, son of a bitch, Hürensohn, fils de putain, إِبْن كَلْبَه (Oueld El Kahba), etc.

Cuando se lanza tal andanada hacia la genealogía del otro, se desconoce, por lo general, todo sobre su madre. Lo que se quiere expresar, mediante ese arabesco lateral esa perífrasis, es que aquel a quien nos referimos es un canalla, un tipo nada de fiar, un elemento de cuidado.

En el día de la madre, ese invento comercial tan eficaz, queremos tener un recuerdo especial hacia las madres de los hijos de mala madre.

Ellas que, como todas las demás, los han amamantado o alimentado con biberón, que han vivido noches en vela cuando los suponían con varicela, sarampión o escarlatina, que se han emocionado cuando terminaron su formación profesional o su carrera, abrieron su tienda, taller o consulta, enseñan su foto cuando aparece en el periódico o esperan su llamada telefónica en este día señalado, no tienen la culpa de cómo son sus hijos.

Pero, sin saberlo ni sospecharlo siquiera, cargan con el estigma del juicio que nos merece el comportamiento desleal, retorcido, insolidario, egoista o despótico, de sus perversos retoños.

Por eso, debemos recuperar el buen nombre de todas esas madres, exculpándolas de que sus hijos nos hacen daño. Llamémosles a ellos por su nombre, avergoncémosles sin circunloquios por su comportamiento, clavándoles directamente en su prestigio la aguja de nuestro desprecio.

Para la restitución de dignidades arrebatadas a prostitutas y a sus hijos, ya dedicaremos otros días. La reinvindicación tiene también su recorrido.

 

Sobre los Sherpas, la fama y el dinero

Sherpa significa Hombre del Este, pero para los seres humanos occidentales, son los criados que ayudan a los montañistas de élite a alcanzar las altas cimas del Himalaya. 

Haber sido el primer occidental en poner el pie en una cumbre de más de 8 kilómetros supuso una cierta fama para quien logró la hazaña. A Edmund Hillary le acompañó uno de esos individuos, hombrecitos de las nieves, que viven por allá, en el Nepal, en donde ha crecido geomorfóilógicamente el Himalaya.

Se conoce su nombre: Tenzig Norga. Fue nombrado incluso caballero británico, pues por aquel entonces esas siempre remotas tierras pertenecían al segundo Imperio mayor que vieron los siglos. No fue el primero en pisar el Everest porque cedió a su jefe y compañero de expedición el honor o lo que fuera de ser el primer ser humano en hollar la "mítica montaña" (se dice así, ¿no?), que lleva ese nombre en los mapas occidentales en recuerdo del topógrafo que calculó su altura y la detectó como la cumbre más alta del planeta.

Para los tibetanos, parece que no tenía por entonces aún nombre. Para qué. Hoy, los tibetanos la llaman Qomolangma Feng (madre del Universo) y los gobernantes de Nepal en 1960 pretenden que debe llamarse Sagarmatha (Cabeza del cielo). Un lío.

No hay comparación de méritos, porque los sherpas, acostumbrados genéticamente a la altura, porque viven a los 4.000 m, la mayoría superan los niveles de los 7.000 m o más sin problemas. No necesitan botellas de oxígeno y, por tanto, pueden hacer de porteadores de los equipamientos de los demás.

Desde hace algún tiempo, abrir nuevas vías de acceso a las montañas más altas del planeta, hacerlo de noche o en condiciones muy adversas, realizarlo solo o andando hacia atrás, o combinar una decena, o todas de las ascensiones más peligrosas, además de notoriedad, supone algo más interesante que el placer de ver un bonito paisaje, segregar mucha adrenalina o demostrar la fuerza de voluntad del ser humano. Para el pueblo Sherpa, se abrió una oportunidad de ingresos extraordinarios.

Subir a una alta cumbre porque sí es un deporte de riesgo, pero a nadie se le ocurriría hacerlo sin fotógrafos. Por eso, hay publicidad detrás de cada ascensión importante, con su teatro. Se mueve bastante dinero, que aportan los que se quedan abajo. Anunciantes de productos de montañismo, de refuerzo energético, de visión nocturna, de resistencia, etc. Los equipos de distintas nacionalidades compiten en ofrecer las imágenes más audaces, más brillantes a cámaras que pudieran estar portadas por Sherpas y afines.

Los Sherpas no valoran como deporte subir las montañas de su tierra; es una tontería para ellos hablar de proeza cuando la mayoría, con algo de entrenamiento, puede hacerlo. Pero la actividad del montañismo de altura como deporte ha traído consecuencias serias, pues para muchos de ellos, organizados por el gobierno de Nepal, acompañar a las expediciones de montañeros se ha convertido en medio de vida.

Son una garantía de que todo vaya bien. Gente sufrida, recia, acostumbrada a la austeridad. Conocen las montañas, saben encontrar los caminos más simples, leyéndolas. Resisten a las condiciones más duras. Es obligatorio, llevar al menos un sherpa con cada expedición, desde hace años. Se les paga de acuerdo a baremos relativamente fijos y se les debe proveer de equipaje, alimentación, enseres. Son los acompañantes perfectos para los héroes occidentales de la escalada.

Y ahora, vamos, a la histeria reciente. Es increíble que los Sherpas de la expedición de la coreana Oh´s (el espíritu de superación occidental también ha prendido en el mundo oriental cualificado) que se cruzaron con la expedición del español Oiarzabal después de alcanzar el Anapurna, no aceptaran colaborar.

Se les ofrecieron incluso 6.000 dólares, que es muchísimo para ellos, que suben a la montaña más alta por 1.500 a 3.000 dólares. Además, en este caso, solo tenían que volver a subir a la altura de 7.500 metros, más o menos, en donde Josu Calafat había sufrido un edema cerebral, y encontrarlo.

Buscar un montañero en el Himalaya y encontrar un aguja en un pajar deben ser equivalentes. Pero para un Sherpa es fácil; esos enanos son resistentes, han nacido y crecido allí.

Qué importaba que estuvieran cansados, agotados. Qué importaría que sus compañeros hubieran dejado a Calafat solo, preocupándose, por supuesto, de pedir ayuda por sus teléfonos móviles.

Estamos comparando a quienes lo hacen por dinero o por prestigio. A quienes se ganan la vida con un riesgo o hacen publicidad. A siervos de la gleba ascensional con deportistas de la élite mundial. A los que dejan sus nombres estampados en la Historia cpm los que no tienen más historia que conseguir algo más de libertad para vivir un pelín mejor.

Nos hemos enterado también que Josu Calafat se había pagado de su propio bolsillo la participación en la escalada, porque no tenía patrocinador. Eso sí que es un hándicap, Josu.

Hemos puestos nuestra lupa particular sobre la historia y hemos visto, de pronto, a los Sherpas Sonam y Dawa, volviendo a subir en busca de Calafat. Desgraciadamente, no lo encontraron aquella noche, y no es fácil adivinar lo que pensaban mientras ascendían de nuevo.

A la mañana siguiente, se pudo hallar el cuerpo del deportista, desgraciadamente fallecido. Un helicóptero bajó a algunos de sus compis, desolados, rotos, al campo base, en donde hubo quien tuvo palabras duras contra la falta de solidaridad de los Sherpas de Oh´s, que no habían querido retornar a subir ni por todo el oro del mundo (su equivalente, queremos decir, para ellos).

El helicóptero recogió también el cuerpo del infortunado escalador. Pero los Sherpas Sonam y Dawa rehusaron bajar de ese modo. No querían dejar abandonados sus equipajes de montaña. No deseaban perder su medio de vida. Porque, quizá, a la semana, incluso al día siguiente, tendrían que volver a acompañar a algunos deportistas de élite, para que consumaran su hazaña.

Y, Vd, lector, ¿qué se considera, Sherpa o deportista de élite?. Conteste después de la publicidad, por favor.

Sobren, sobramos, sobras

Tal vez les pasó desapercibido. El grupo holandés Por voluntad propia (Of our own free will) , promueve la legalidad del suicidio a partir de los 70, en personas sanas que no deseen seguir viviendo. En un país en el que existe la eutanasia, esta propuesta significa un gran avance hacia lo que le espera a la Humanidad en un par de vueltas de manivela, pues como todo el mundo es libre de suicidarse -no se puede perseguir al culpable en el otro mundo- lo que se promueve es la legalidad de la asistencia al suicidio de quienes lo único que padecen es por hastío del vivir.

Porque la exigencia, que ha recolectado más de 120.000 firmas, no agrupa a enfermos terminales, de esos con cuerpos deshechos sosteniendo un cerebro lúcido que advierte el deterioro irreversible de las fuerzas. No. La propuesta está avalada por antiguos ministros de Cultura (Ms. Hedy D´Ancona), directores médicos, abogados y empresarios de prestigio aún consistente (Dick Swaab, Marie José Grotenhuis, Eugène Sutorius), que podrían ser útiles a la sociedad, pero que llevan algunos años dándose cuenta de que su opinión no vale ni para limpiar el culo.

La referencia es solamente un síntoma del desánimo respecto a los objetivos de la Humanidad, a su destino y a la evaluación de lo que se tiene entre manos. En un juicio emitido por algunos de los ancianos de la tribu.

Hay más síntomas, y encajan como piezas de un rompecabezas. Faltan aún bastantes piezas del maldito puzzle, pero no se debería dejar de reflexionar sobre ellas, únicamente porque se crea conveniente despacharlas creyendo que la propuesta proviene de un grupo de orgullosos pensionistas procedentes de un país con alto nivel de vida que ya se han cansado de ver mundo y de pasar los inviernos en hoteles baratos de la costa mediterránea. O que tal vez, en un acto de extremo desprendimiento, no quieran cargar por más tiempo con sus pensiones las arcas del Estado.

Quieren quitarse de en medio.

Otro síntoma de lo que nos está sucediendo lo encontrarán Vds. en las calles, en el metro; a poco que se fijen. No hace falta ni siquiera viajar al extranjero. Decenas de jóvenes mujeres, algunas con los cabellos ocultos tras una pañoleta, con uno o dos niños de menos de dos o tres años al cuello o en un cochecito, balbuciendo un par de frases más o menos inteligibles, apelan a conmover nuestra voluntad. No todas piden, qué va. Podemos preguntarnos con qué medios cuentan, de qué viven; qué hacen sus esposos, sus parejas. Por qué.

Son pobres, están desarraigadas, pero tienen hijos, muchos; desde edades muy tempranas. Muchas parecen adolescentes. Creen en la vida. Son latinoamericanas, rumanas, albanesas, armenias, marroquíes, argelinas, rusas. No nacieron aquí, pero han venido aquí buscando un sitio mejor para implantar una descendencia en cuyo futuro creen.

Más síntomas. Han proliferado nuevos negocios relacionados con las infertilidades masculina y femenina, la fertilización asistida, la selección de embriones, la donación de óvulos y esperma. Las mujeres de los países desarrollados no quieren tener hijos hasta -dicen- tener garantizado el porvenir económcio o profesional. Cuando los quieren tener -las pocas que así lo desean- tienen dificultades para quedar embarazadas. Cuando quedan embarazadas por inseminación in vitro, varios embriones tienen que ser eliminados con la basura. Puede que tengan, al final, dos gemelitos.

En cualquier caso, si calculamos que la mayoría de los matrimonios "jóvenes" no tienen hijos o solamente uno (dos si les ha tocado la varita de la fertilización en probeta), la población autóctona disminuye a pasos rápidos.

Resulta, pues, que aquellos que podrían educar mejor a sus hijos, que -teóricamente, al menos- tienen mayores coeficientes intelectuales y mayor preparación académica no van a tener descendencia o escasa. En cambio, en países subdesarrolados o allí donde se ha acogido una masa inmigratoria importante, habrá un crecimiento exponencial de población cuyos recursos educativos y asistenciales son escasos, o muy disminuídos.

Faltan piezas para el rompecabezas existencial, desde luego. Pero han quedado perfiladas dos posturas en relación con las expectativas vitales. En un país desarrollado, hay gentes sanas que, considerándose sin objetivos, quieren morir. En los países subdesarrollados, las mujeres paren y paren hijos, incluso sin contar con medios de subsistencia.

"Leven is in God´s hand", leemos en una pancarta antiabortista. Lo malo es que la opinión divina lleva tiempo sin manifestarse, y lo último que alguien ha creído oir de un ser superior, allá en Medina, ha puesto más distancia entre el mensaje anterior y, en suma, la confianza del ser humano en su capacidad de encontrar soluciones.

Sobramos, sobran...un debate que subyace aún, sin plantearse abiertamente, y que es duro asumir mientras haya quien viva de nuestras sobras al tiempo que algunos "de los nuestros" creen que están mejor apeándose del viaje. Posiblemente sea cosa de analizar qué podemos hacer, entre todos, con esta fuerza vital que, en efecto, individualmente tiene poco valor para los demás.

Aunque si nos consideramos como única especie, evidencia una capacidad de regeneración que nunca dejará de sorprender incluso a los más escépticos. La naturaleza busca huecos para persistir en su fuerza incontrolable. Posiblemente, a costa de la racionalidad, que será el sacrificio que ahora nos demandan los dioses de la aldea.

Sobre los índices de papanatismo y su interpretación

Ahora que casi todos entienden de derecho y economía, bien estaría introducir un nuevo índice, que permitiera contrastar, desde las referencias históricas, esos otros índices que tan profusamente se utilizan para justificar lo mal que van algunos y hacernos olvidar quién o quiénes fueron más culpables.

Contra el índice de solvencia, el índice de papanatismo. Contra desfachatez, estulticia.

Será necesario hacer un somero repaso histórico de cómo se ha configurado un tercer índice, que es el de la credibilidad, que las economías más desarrolladas de la comunidad internacional, sin preguntar a nadie más, se están aplicando a sí mismas con los mayores ratios. Veamos unos pocos ejemplos.

No han sido los alemanes los que iniciaron y mantuvieron  en el lejano siglo XX dos guerras expansionistas desde su base europea que, especialmente la segunda, fueron aprovechadas para realizar algo de limpieza cultural y mejorar la concentración de la riqueza. No fueron los culpables del llamado exterminio judio (y, de paso, de algunos millares de desgraciados rojos y expatriados que pasaban por allí).

Fueron los nazis. Además, se mantuvieron, hasta hace poco -y subsisten, en algunos sectores eruditos-, serias dudas de que tal aberración, impropia del ser humano, pero que tanto contribuyó -en su caso- a mejorar la ciencia, hubiera existido. Sin olvidar que los judíos no fueron exterminados; existen, y muy boyantes y activos. Que se lo pregunten, entre otros, a los palestinos.

Tampoco fueron los ingleses e irlandeses los que exterminaron a los pueblos indios de la América del Norte, que, lejos de vivir una pacífica existencia en contacto con la Naturaleza que el buen Dios les había regalado, se mataban unos a otros. Fueron una facción fundamentalista de la metrópoli, respetuosa con las creencias propias, y no hubo tal destrucción ni usurpación de propiedades de otros y, si la hubo, que se fastidien, porque no se podía permitir a aquellos primitivos con taparrabos que no reconocieran la superioridad del hombre blanco.

No fueron los actuales belgas, holandeses, franceses, alemanes o ingleses los que maleducaron a líderes de países a los que desposeyeron de sus riquezas básicas y, cuando el reloj de la historia señaló un ligero cambio de rumbo, prefirieron seguir la explotación recursos y gentes bajo la forma de ayuda al desarrollo. Fueron otros, desde otras repúblicas.

Pero, en cambio, fuimos los españoles, los de ahora, los que tenemos la responsabilidad de haber descubierto la placidez con la que vivían los indígenas de Centro y Sudamérica. Les hemos expoliado, destruído su cultura, convertido a los supervivientes en esclavos y enriquecido a su costa. Tenemos una deuda eterna contraída con esos pueblos, como nos lo recuerdan líderes con vocabulario revolucionario, en nuestro lenguaje, con apellidos inequívocamente españoles y una piel que proclame a las claras su mestizaje.

Tendríamos que pedir perdón a estos pueblos y al mundo en general, por lo que les hicimos. Pagar nuestras culpas hasta la expiación absoluta, arrastrando nuestros imperdonables pecados como una lacra estampada en cada rostro español y, quizá debamos corregirnos, castellano (o, más precisamente, hispano no catalanovasco).

No importa que ni siquiera la institución más poderosa en credibilidad -su fuerza proviene de la divinidad-, la Iglesia católica, no sea capaz de reconocer su culpabilidad por nada de lo que hicieron -no ya sus fieles, sus mandatarios más cualificados-, en defensa de la misma fe que hoy se predica.

Porque, junto a salutíferas actuaciones, no siempre recompensadas con el reconocimiento terrenal,  desde la cúpula eclesial se desarrolló una frenética actividad en beneficio del más acá, propiciando Cruzadas, apoyando exterminios, generando estrambóticos autos de fe, impulsando crueles inquisiciones, preparando exquisitos martirios para quien pensara diferente -en lo religioso y en lo científico-, y, también, ocultando aberraciones y expolios, pederastias, violaciones y estupros, enmascarando con cuidado exquisito datos y encubriendo culpables.

En el índice de papanatismo los españoles ocupamos la categoría triple A. Cuando lo combinamos con la rebaja a la categoría AA+ de nuestra deuda pública, se entenderá mejor la relación inequívocamente entre ambos. Alemania, para salvar a la economía griega -comportamiento siguiendo fielmente el libro  del ahogado por parte del presidente Papandreu ("Si no me salváis, moriréis también vosotros")-, exige un plan severo. España no solo no ha exigido nada a cambio, sino que nuestro Gobierno ha presentado la operación de préstamo incluso como una operación rentable. 

Pensamos que nuestro Gobierno vive en un país distinto al de la realidad en la que nos vemos obligados a habitar el resto de los españoles. Aquí tenemos paro, falta de productividad, de ideas, desplazamiento de los mejores por los mediocres e incompetentes. Vemos mucho fútbol pero poca economía, nada de impulso industrial. Hay mucho proceso judicial y mucha palabrería vacua, pero escasa educación para saber, incluso para saber estar.

Hay signos de esperanza. Quizá el índice de papanatismo se esté concentrando en la cúpula de nuestro ejecutivo. Quizá la salvación esté próxima y podamos enterrar la incompetencia y ese síndrome de estúpida culpabilidad improductiva en las próximas elecciones, para concentrarnos en el interés de todos los españoles. Quizá sea llegada la hora de dejar las alianzas de civilizaciones y la búsqueda de la sustentabilidad mundial o la protección ambiental apoyando energías verdes, pero que muy verdes -entre otras banderas- cuando estemos seguros, no tanto de que nos siguen, sino de que formamos parte del pelotón de los más listos.

Preguntamos, ¿hay alguien más ahí? ¿Hay más oposición que la que se sienta en el Congreso o en el Senado? ¿De qué se ríen, señores diputados? ¿De nosotros?

Sobre cargos, poltronas y oportunidades

A riesgo de repetirnos (la presunción de originalidad tiene sus límites), queremos dedicar el Comentario a quienes, superada ampliamente la edad y vencidas una buena parte de las neuronas, se aferran a los puestos a los que se les aupó -o se auparon- ya hace décadas.

El síndrome es general, y terrible, en aquellos que llevan tiempo en el poder, ejerciendo dominio desde parcelas grandes o pequeñas. Quieren permanecer, perpetuarse. Nos pretenden convencer de que no hay nadie mejor que ellos, de que lo hacen con su sacrificio, de que nos quieren preservar del caos.

Es todo mentira. Sin necesidad de juzgarlo con ninguna atención, si alguien se postula para continuar en la poltrona, nos está haciendo fácil, muy fácil, reconocer la verdad. No la suya, la de todos. Está sacando provecho, su provecho, de la gestión de lo común. No quiere abandonarlo porque está seguro de que, si lo deja, ya no disfrutará de las prebendas.

No hay que pensar exclusivamente en beneficios económicos, pero también. Gastos de representación, viajes y hoteles pagados, prestigio social, oportunidades de poner el careto en ciertos actos, figurar entre próceres, ser invitado a ceremonios, eventos y comidas. Todos estos pequeños adornos de un cargo de honor, sirven para hacerlo apetitoso al que está en él y, en general, no concitan atractivos para los que ni siquiera alcanzan a imaginar lo que se cuece en ellos.

Más grave es, sin duda, la postura de quienes proclaman el sacrificio que representa para ellos mantenerse en el cargo, cuando en realidad le están sacando el jugo económico que pueden, utilizando la "ventaja" del escaso control tradicional que tienen algunos puestos. Patronazgos de Fundaciones que no conoce ni Rita, Juntas directivas de consejos y colegios profesionales que languidecen entre incactividad y comiloneas, empresas y empresillas de promoción local, regional o nacional, que nada activan, delegaciones y delegacioncetas de administraciones públicas y parapúblicas que sirven a la mayor gloria de extraños personajillos de la periferia política.

Este cuadro forma parte, sin duda, de la Carpetobetonia secular, una combinación de desfachatez para aprovecharse de las oportunidades de mejorar la comodidad de la propia vida a costa de la ignorancia y la desidia de los que, sin saberlo tal vez, están aportando las cuotas, las tasas, los impuestos o los aplausos que son tan torticeramente administrados desde las poltronas.

Sobre lo que ensucian el agua los políticos

Cuando un político descubre -o le descubren- un tema y, sin saber cómo resolverlo, lo toca y manosea, generalmente lo emponzoña. Lo enmierda, tal vez para siempre. Prisioneros de sus improvisaciones, siguen, erre que erre, empecinados en defender lo que les pareció en un momento dado como más oportuno. No ayudan, por eso, a que la colectividad que dicen representar encuentre la solución más ventajosa para todos, sino que la dividen en posiciones encontradas que nunca debieron haberse planteado.

En su comportamiento, tienen similitudes con los extraterrestes, a los que el excéntrico científico Hawking, que cree firmemente en su existencia, aconseja no contactar para correr el riesgo de sufrir grandes calamidades, como las que sucedieron a los indígenas del continente americano a partir de 1942, contaminados  y colonizados por sus "descubridores".

El tema del agua -como el de la energía o el de la solidaridad interregional- es uno de los que, en nuestra España semiárida, viene sufriendo de la falta de resolución de los políticos. Convertido en tema de controversia permanente, no se toman decisiones. Por el contrario, cuando no se discutía sobre el agua más que en algunos foros profesionales, se hicieron aquí presas y pantanos, aducciones, depósitos y redes.

Si se hubieran sometido a discusión política, no se hubiera hecho seguramente nada.

Por supuesto, cuando no había polémica oficial sobre el agua, se toleraron muchos aprovechamientos del recurso bajo la norma del que más chifle, capador. Se hicieron tomas de ríos y acuíferos, se envenenaron campos con pesticidas, y se regaron con aguas fecales las verduras.

En los ríos del norte del país había salmónidos, en las rías se mariscaban deliciosos crustáceos y en las costas se podían conseguir más peces de los necesarios para una cena. Hoy, con inmensas sumas de dinero empleadas para cuidar el ambiente, ni los ríos ni sus orillas están mucho más limpios -algunos, peor- ni las costas menos contaminadas -la mayoría, peor- ni las desigualdades territoriales han disminuido -por el contrario, han aumentado.

Los Sres. Barreda y Cospedal (la segunda, del género femenino, y atractiva, aunque con conspicuos redaños), andan a la greña porque el primero ha accedido a disminuir la reserva estratégica de agua para Castilla-la Mancha a 4.000 hectómetros cúbicos. Del orden de 2.500 hectómetros cúbicos menos que el número en que se había fijado la reserva, cuando se pactó el texto del trasvase Tajo-Segura.

Si alguien se toma la molestia de leer los textos del presidente de Castilla-La Mancha, José María Barreda -casi 30 años de PSOE en el poder- y de María Dolores de Cospedal, candidata a derrotar ese largo período de socialismo suigéneris, en las elecciones de mayo de 2011, sobre el agua y el Estatuto en la región, no entenderá nada.

Porque el agua está sucia, muy sucia, y no hay forma de ver nada de lo que se mueve debajo. Puede que sea aconsejable no contactar con los monstruos que habrán crecido en un medio tan opaco en tantos años de indefinición hidrológica, no vaya a ser que nos devoren.

Lo que no nos impide afirmar, y alto, que el agua es un elemento central de desarrollo regional y que la naturaleza de las cosas no se puede distorsionar sin contraprestaciones. Es una falacia grave indicar que los recursos naturales "sobran" en una región, cuando lo que "faltan" son otros recursos -fundamentalmente, económicos-.

Sobre los elementos de una nueva Constitución para España

Necesitamos una nueva Constitución para España. Y no hay porqué ponerse nerviosos, ni elevar gritos estridentes e histéricos apelando a que la Norma colectiva ha sido consensuada por todos y es un modelo seguido por otros países.

Seamos claros: la Constitución por la que nos regimos contiene elementos que se han atragantado, incluso para el Tribunal Constitucional, órgano político de singular especie que es uno de los inventos más estrambóticos de aquellos Padres de la Patria que trabajaron a machamartillo y con ruido de sables y amenazas de separatimos, como fondo intranquilizador.

No hacemos encuestas, ni falta que nos hace. Sabemos que, aunque respetuoso con la imagen del Rey Juan Carlos -que nos salvó, según se cuenta, de caer otra vez en las cavernas del militarismo cutre-, y nos divertimos a veces con sus salidas de pata de banco ("¡Que te calles!", impropias de quien detenta la Jefatura de un Estado)-, no somos un pueblo monárquico.

Ni por la derecha, ni, por supuesto, por la izquierda. Para evitar que, a la muerte o a raiz de la abdicación de D. Juan Carlos se arme la tremolina, no estaría más revisar a tiempo ese capítulo que declara que somos un Estado monárquico. La modernidad ha hecho caer de su pedestal el concepto de Monarquía, y deberíamos dejarlo para las hemerotecas. Es llegada la hora de proclamar, sin que nos apunten como revolucionarios con el dedo (o con armas más contundentes), que queremos ser un Estado republicano; que somos, colectivamente, ideológicamente republicanos.

Este cambio de régimen constitucional nos aliviaría de algunas contradicciones añadidas, que tendrían inmediatamente solución, sin dibujos ni saltos en el vacío para justificar lo injustificable. Somos oficialmente un Estado aconfesional, y con igualdad consideración hacia los dos sexos, y esto no debe admitir excepciones.

Por tanto, hora es ya de establecer que todos los actos del Estado, todos cuantos desembolsos provengan del dinero público, implican respetar esa neutralidad respecto a los ritos religiosos. Por supuesto, independientemente de su condición u orientación sexual, se establecerá la igualdad de acceso a todos los cargos públicos y privados. También para ser Jefe de Estado.

Es hora ya de analizar adónde nos ha llevado el nefasto art. 150 de la Constitución -con graves interferencias, en su práctica, respecto a los art. 148 y 149-, y el tipo de Estado federal que se ha dejado construir, admitiendo, a golpe de necesidades electorales, la desmembración del Estado Central, y tensando las cuerdas sobre un grupo de magistrados de los que, lo que más ha acabado destacando, por encima de su competencia profesional, son sus filiciaciones políticas.

He ahí al Estado central español, convertido en un pollo desplumado, manipulado por Gobiernos controlados por sus partidos, que legislan con frenesí no se sabe muchas veces porqué ni para qué, habiendo dado luz a una parafernalia legislativa que exige a gritos, no ya una Nueva Recopilación, sino una limpieza exhaustiva.

Un Estado central comprometido ante la Unión Europea y los Tratados Internacionales de hoz y coz, pero que no manda ni coordina casi nada, porque todas las competencias básicas han sido transferidas, con consecuencias heterogéneas, a las autonomías, que han hecho de sus capas, sayos o vestidos de fiesta.

Ojalá que un partido político recoja este guante, entienda lo necesario de cuanto proponemos -y más, mucho más, que a otros se les ocurrirá, con más solvencia-, y lo trabaje con seriedad y solvencia.