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Al Socaire de El blog de Angel Arias

Sobren, sobramos, sobras

Tal vez les pasó desapercibido. El grupo holandés Por voluntad propia (Of our own free will) , promueve la legalidad del suicidio a partir de los 70, en personas sanas que no deseen seguir viviendo. En un país en el que existe la eutanasia, esta propuesta significa un gran avance hacia lo que le espera a la Humanidad en un par de vueltas de manivela, pues como todo el mundo es libre de suicidarse -no se puede perseguir al culpable en el otro mundo- lo que se promueve es la legalidad de la asistencia al suicidio de quienes lo único que padecen es por hastío del vivir.

Porque la exigencia, que ha recolectado más de 120.000 firmas, no agrupa a enfermos terminales, de esos con cuerpos deshechos sosteniendo un cerebro lúcido que advierte el deterioro irreversible de las fuerzas. No. La propuesta está avalada por antiguos ministros de Cultura (Ms. Hedy D´Ancona), directores médicos, abogados y empresarios de prestigio aún consistente (Dick Swaab, Marie José Grotenhuis, Eugène Sutorius), que podrían ser útiles a la sociedad, pero que llevan algunos años dándose cuenta de que su opinión no vale ni para limpiar el culo.

La referencia es solamente un síntoma del desánimo respecto a los objetivos de la Humanidad, a su destino y a la evaluación de lo que se tiene entre manos. En un juicio emitido por algunos de los ancianos de la tribu.

Hay más síntomas, y encajan como piezas de un rompecabezas. Faltan aún bastantes piezas del maldito puzzle, pero no se debería dejar de reflexionar sobre ellas, únicamente porque se crea conveniente despacharlas creyendo que la propuesta proviene de un grupo de orgullosos pensionistas procedentes de un país con alto nivel de vida que ya se han cansado de ver mundo y de pasar los inviernos en hoteles baratos de la costa mediterránea. O que tal vez, en un acto de extremo desprendimiento, no quieran cargar por más tiempo con sus pensiones las arcas del Estado.

Quieren quitarse de en medio.

Otro síntoma de lo que nos está sucediendo lo encontrarán Vds. en las calles, en el metro; a poco que se fijen. No hace falta ni siquiera viajar al extranjero. Decenas de jóvenes mujeres, algunas con los cabellos ocultos tras una pañoleta, con uno o dos niños de menos de dos o tres años al cuello o en un cochecito, balbuciendo un par de frases más o menos inteligibles, apelan a conmover nuestra voluntad. No todas piden, qué va. Podemos preguntarnos con qué medios cuentan, de qué viven; qué hacen sus esposos, sus parejas. Por qué.

Son pobres, están desarraigadas, pero tienen hijos, muchos; desde edades muy tempranas. Muchas parecen adolescentes. Creen en la vida. Son latinoamericanas, rumanas, albanesas, armenias, marroquíes, argelinas, rusas. No nacieron aquí, pero han venido aquí buscando un sitio mejor para implantar una descendencia en cuyo futuro creen.

Más síntomas. Han proliferado nuevos negocios relacionados con las infertilidades masculina y femenina, la fertilización asistida, la selección de embriones, la donación de óvulos y esperma. Las mujeres de los países desarrollados no quieren tener hijos hasta -dicen- tener garantizado el porvenir económcio o profesional. Cuando los quieren tener -las pocas que así lo desean- tienen dificultades para quedar embarazadas. Cuando quedan embarazadas por inseminación in vitro, varios embriones tienen que ser eliminados con la basura. Puede que tengan, al final, dos gemelitos.

En cualquier caso, si calculamos que la mayoría de los matrimonios "jóvenes" no tienen hijos o solamente uno (dos si les ha tocado la varita de la fertilización en probeta), la población autóctona disminuye a pasos rápidos.

Resulta, pues, que aquellos que podrían educar mejor a sus hijos, que -teóricamente, al menos- tienen mayores coeficientes intelectuales y mayor preparación académica no van a tener descendencia o escasa. En cambio, en países subdesarrolados o allí donde se ha acogido una masa inmigratoria importante, habrá un crecimiento exponencial de población cuyos recursos educativos y asistenciales son escasos, o muy disminuídos.

Faltan piezas para el rompecabezas existencial, desde luego. Pero han quedado perfiladas dos posturas en relación con las expectativas vitales. En un país desarrollado, hay gentes sanas que, considerándose sin objetivos, quieren morir. En los países subdesarrollados, las mujeres paren y paren hijos, incluso sin contar con medios de subsistencia.

"Leven is in God´s hand", leemos en una pancarta antiabortista. Lo malo es que la opinión divina lleva tiempo sin manifestarse, y lo último que alguien ha creído oir de un ser superior, allá en Medina, ha puesto más distancia entre el mensaje anterior y, en suma, la confianza del ser humano en su capacidad de encontrar soluciones.

Sobramos, sobran...un debate que subyace aún, sin plantearse abiertamente, y que es duro asumir mientras haya quien viva de nuestras sobras al tiempo que algunos "de los nuestros" creen que están mejor apeándose del viaje. Posiblemente sea cosa de analizar qué podemos hacer, entre todos, con esta fuerza vital que, en efecto, individualmente tiene poco valor para los demás.

Aunque si nos consideramos como única especie, evidencia una capacidad de regeneración que nunca dejará de sorprender incluso a los más escépticos. La naturaleza busca huecos para persistir en su fuerza incontrolable. Posiblemente, a costa de la racionalidad, que será el sacrificio que ahora nos demandan los dioses de la aldea.

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1 comentario

Jorge -

Impresionante reflexion.
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