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Al Socaire de El blog de Angel Arias

Sobre las madres de los hijos de mala madre

En casi todas las lenguas, el peor insulto que puede lanzarse a un hombre -no suele utilizarse con mujeres- es llamarle hijo de mala madre. Hijo de puta, son of a bitch, Hürensohn, fils de putain, إِبْن كَلْبَه (Oueld El Kahba), etc.

Cuando se lanza tal andanada hacia la genealogía del otro, se desconoce, por lo general, todo sobre su madre. Lo que se quiere expresar, mediante ese arabesco lateral esa perífrasis, es que aquel a quien nos referimos es un canalla, un tipo nada de fiar, un elemento de cuidado.

En el día de la madre, ese invento comercial tan eficaz, queremos tener un recuerdo especial hacia las madres de los hijos de mala madre.

Ellas que, como todas las demás, los han amamantado o alimentado con biberón, que han vivido noches en vela cuando los suponían con varicela, sarampión o escarlatina, que se han emocionado cuando terminaron su formación profesional o su carrera, abrieron su tienda, taller o consulta, enseñan su foto cuando aparece en el periódico o esperan su llamada telefónica en este día señalado, no tienen la culpa de cómo son sus hijos.

Pero, sin saberlo ni sospecharlo siquiera, cargan con el estigma del juicio que nos merece el comportamiento desleal, retorcido, insolidario, egoista o despótico, de sus perversos retoños.

Por eso, debemos recuperar el buen nombre de todas esas madres, exculpándolas de que sus hijos nos hacen daño. Llamémosles a ellos por su nombre, avergoncémosles sin circunloquios por su comportamiento, clavándoles directamente en su prestigio la aguja de nuestro desprecio.

Para la restitución de dignidades arrebatadas a prostitutas y a sus hijos, ya dedicaremos otros días. La reinvindicación tiene también su recorrido.

 

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