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Al Socaire de El blog de Angel Arias

Sobre la sicopatología de la Feria de Muestras de Asturias

Sobre la sicopatología de la Feria de Muestras de Asturias

El 22 de agosto, domingo, se cerró la quincuagésimo cuarta (54ª) edición de la Feria Internacional de Muestras de Asturias, más conocida como la Feria de Muestras de Gijón.

La hermosa ciudad costera asturiana ofrecía ese mismo día varios alicientes que competían con la oferta ferial. Sin duda, la que restó más público al ya longevo evento -además de la playa- fue el Rastro, que se celebra todos los domingos, también en las cercanías del estadio de El Molinón y del Parque de Begoña.

Según Alvaro Muñiz, director de la Feria (El Comercio, 22.08.2010), es posible que se superen este año los 700.000 visitantes, de los que el 25% proceden -según él mismo apunta- del mismo Gijón. Como la ciudad andará por los 270.000 inquilinos, esto podría traducirse en que una buena parte de los culomolláos vuelven varias veces al recinto.

No sabríamos adivinar el porqué de tanta reincidencia en visitar una feria que se recorre en un par de horas, una vez que se hayan recolectado los tres pins y las cuatro gorras de reclamo que regalan los feriantes, excepto como demostración de masoquismo, cualidad que no nos constaba acreditada en los gijoneses.

La Feria aparece, sobre todo, como una gran carpa de productos asiáticos que se pueden encontrar en todoacien, abalorios sin gracia, sartenes que no pegan, pulseras de asta y tallas simplonas de vendedoras senegalesas, y abrillantadores y balletas mágicas. Por supuesto, sin que falte la oferta de bocatas de calamares, pizzas resecas, chorizos de León y morcón de Tineo.

Ni los hologramas de Cajastur, ni los cuadros prestados por Tudela Veguín, ni la curiosa oficina de atención al cliente (?) de la enferma de pachorra Hidrocantábrico o el cansino despliegue de concesionarios de automóviles y tractores, eliminan la sensación agria de que la Feria necesita con urgencia un cambio de orientación.

Dos de las mayores empresas de la región asturiana han expresado su parecer al respecto. Alsa, no yendo (a pesar de que el metro cuadrado de Feria se vende a solo 100 euros). Arcelor-Mittal, repitiendo visita en un stand de circunstancias, en el que entrega el mismo folleto de propaganda de travestido siderúrgico que el año pasado, con el que confía desviar la atención sobre la reducción de inversiones y actividad en Asturias, reafirmándose como "un gigante siderúrgico que cuenta con 310.000 trabajadores en más de 60 países".

La Feria de Gijón tiene que ofrecer la muestra más eficiente, clara, agresiva, eficaz, de la producción asturiana. No puede derivar en un elenco de bisutería y abalorios, que solo concitarán papanatismos, cerrilismos, oportunismos comerciales de medio pelo y ofertas gastronómicas aptas para tomar en chanclas y bermudas.

Asturias tiene mucho que ofrecer, original, creativo, fértil. Y hay que ayudar a crear nuevos elementos, mejorar diseños, perfeccionar calidades, ampliar productos. Otra cosa sería que lo elegido para la Feria de Muestras de Asturias sea consolidarla como un escaparate de quincallería ofrecida por charlatanes profesionales a visitantes indolentes con mono de bocata y sangría y sin nada mejor que hacer.

(1) Nota: Un buen amigo observador me ha hecho notar que es bayeta y no balleta el paño que se usa o usaba para sacar brillo, lustrar suelos o enjugar líquidos; mi retorcido sentido del humor me habría traicionado; porque, en efecto, en esa Feria de la que hablo se venden ambas, con el mismo aspecto. He mirado en Google y, a pesar de lo que quiere la RAE, las balletas avanzar a ritmo de unas 70.000 entradas frente a 300.000 de las bayetas; y subiendo aquellas, que, como se verá en el enlace, hasta el poderoso 3M las está promocionando.

Sobre la historia de las religiones y la educación para la ciudadanía

Para la formación ácrato-agnóstica de una mayoría de nuestra población, resultará sorprendente advertir que, a pesar de todo, muchas de las decisiones políticas que más nos afectan a nivel internacional están adoptadas por dirigentes con fuertes convicciones religiosas.

El culto a la divinidad, y su invocación/advocación en beneficio propio, ha sido una constante de la Humanidad, y se refleja de forma evidente en insignias, blasones, escudos y banderas. Desde In God we trust (USA) o God save the Queen/the King (Imperio Británico) a Dios, Patria y Libertad (R. Dominicana), son multitud los ejemplos de respeto interesado de los los pueblos porque un ser superior defienda a sus devotos de todo mal o, al menos, haga lo posible.

Dios/Allah también está muy presente entre la simbología musulmana. Allí lucen los  پرچم ایران  " la ilaha illa Allah " (No hay más Dios que Alá) y los Allahu Akbar (Dios es grande), que la parafernalia de los exégetas iraníes y el fundamentalismo islámico han querido interpretar dando a la devoción un tufo de insoportable intransigencia.

Mucho más práctica, desde luego, resulta la selección del Corán que ha realizado la monarquía marroquí, que lleva en su escudo la frase: "In Tansourou Allaha Yansouroukoum" (Si ayudas a Dios, El te ayudará a ti).

El análisis de todas estas referencias a la divinidad en la bandera patria resultaría motivo brillante de análisis para una tesis doctoral. Bastará en este Comentario lanzar el mensaje de que la historia de las religiones, su evolución, debería ser materia obligada de estudio en todo proceso educativo.

Cómo se han adaptado a las más diversas circunstancias, y lo siguen haciendo, y, por supuesto, porqué, es el mejor aprendizaje que puede pretenderse para formar un futuro adulto sensato.

Porque la educación para la ciudadanía es otra cosa. Y su evolución, aún reconociendo los amplios márgenes que se puede dar a la expresión, mucho menos interesante. Lo que no nos impide, en el ámbito restringido de lo que se ha entendido simplemente por "buena educación", bastante más divertida.

(De un libro de educación infantil de principios del siglo XX: "¿Qué defectos debe evitar el niño en la mesa?. Los siguientes: Estar mal sentado y mover la silla; poner los codos sobre la mesa; sostener la cara o la cabeza con la mano; exigir o rehusar alguna cosa; empezar por comer pan; tocar los manjares o las salsas con los dedos; revolver y soplar las comidas; hablar sin permiso de sus padres; comer y beber con ruido; hablar y beber con la boca llena; lamer el cubierto y rebañar los platos; comer a dos carrillos; llegar tarde y marchar demasiado temprano; beber sin limpiarse los labios antes y después con la servilleta; y todo lo que pueda ofender y repugnar a los demás".

La cláusula de cierre de la normativa nos resulta especialmente encantadora.)

Sobre la conservación del patrimonio arquitectónico y las ruinas

La declaración de un edificio como elemento merecedor de especial protección, supone, paralelamente, la asunción de claras obligaciones de conservación y, en su caso, restauración.

En otro caso, no tiene sentido llenar el país de BICs, (bienes de interés cultural), Monumentos nacionales y provinciales, edificios declarados con valor industrial, patrimonios culturales, etc. Si no se dedican las partidas presupuestarias correspondientes, todo será papel mojado. Aún peor, las declaraciones de valor que se hayan hecho servirán como muestra de la dejación pública y privada.

Tenemos demasiados edificios catalogados, monumentos y arquitecturas huérfanas, desasistidas del apoyo imprescindible, que se arruinan día a día. Muchos, en manos privadas, sufren el acoso de las inclemencias atmosféricas, mientras sus propietarios esperan que todo se derrumbe para conseguir la declaración de ruina y poder poner en valor el terreno en el que se asientan.

Vemos ventanas y puertas abiertas para que entren vientos, lluvias y visitantes de todo tipo, aceletando así el proceso de descomposición de lo que los libros entienden que tiene o tuvo importancia para ser conservado.

No le va mejor -en absoluto- al patrimonio en manos públicas. Una fiebre declarativa ha llenado el país de edificios a los que se dedicó dinero público para la compra, se les concedió título de protección -ya se ve que ni siquiera honorífica-, y son pasto de zarzas, ocupas, incendios provocados y fortuitos, agresiones de todo tipo.

Más coherencia, pues. Dar el nombre de la antigua dimensión a una ruina no sirve para mucho. Pretender que algo tiene valor y no ser consecuente en protegerlo como se entienda merezca, no demuestra más que la falta de respeto de estos tiempos hacia lo que debería apreciar e incluso, en algún momento, ha dado aprecio.

Sobre partidos políticos, propósitos públicos, ideologías coherentes y ambiciones personales

El distanciamiento que se ha venido produciendo en España respecto a los partidos políticos, obliga a una reflexión profunda, puesto que lo que está en juego no es la supervivencia de determinadas facciones ideológicas, sino la pérdida de interés general por los elementos de participación ciudadana que, más o menos ordenados y con mayor o menor profundidad, son los soportes de la democracia.

Se podrán incorporar matices ad libitum, pero habrá que reconocer que las grandes disquisiciones sociofilosóficas acerca de las grandes vías tradicionales para encauzar de forma práctica la gestión de lo público han quedado desvirtuadas, seguramente ya de forma definitiva.

Nadie hablaría en los países occidentales de comunismo de economía centralizada y cristianismo liberal más que como reductos de un sentimentalismo histórico que movilizó temperamentalmente las masas, hasta enfrentarlas a muerte, en el pasado. Ni la religión ni el Estado absoluto ni la iniciativa privada sin barreras son vistas como guías sólidas para conformar las guías de una nación moderna.

En España nuestra libérrima concepción oficial de los caminos de la democracia nos ha conducido, por una parte, a la pérdida de capacidad de actuación del Estado central y por otras, a un exceso legislativo con el que se pretende poner coto (tarea imposible) a los egoismos individuales y grupales.

Los partidos mayoritarios (PSOE, PP, IU) no han conseguido mantener el interés ciudadano por la participación. La corrupción y la incompetencia, unidos al nepotismo y amiguismo grupales en los dos primeros partidos han emponzoñado la visión popular de la política, y provocado un distanciamiento con la ciudadanía no interesada profesionalmente en la política.

El caso de IU, falto de liderazgo y con un mensaje ideológico confuso y, en una monarquía, sesgado hacia la ruptura constitucional, merece apenas unas líneas de conmiseración por el despilfarro de una postura política que debería mantener un valor de referencia mucho más que testimonial, ética.

Es en este contexto en donde cobraría valor, y muy alto, el interés por conformar una nueva fuerza política que ayude a poner orden e ilusión en los foros ciudadanos. La intención promulgada para UPyD podría parecer indicadora de una voluntad de cambios en el debate.

Por los síntomas ya esbozados, nos tememos que esto no va ser así. La toma de posiciones por resentidos con intactas ambiciones personales, la falta de discusión interna y la dirección férrea de los debates hacia posturas preconcebidas de crítica a los partidos mayoritarios, la debilidad de bastantes planteamientos programáticos, confeccionados con urgencia y escasez de medios intelectuales y económicos, y, no en última medida, la fuerza mediática embadurnada de notas ácidas de marujismo de la líder del partido, pueden dar a traste con una ilusión que apareció en el panorama secarrón de la política española cuando Rosa Díez y cuatro amigos dijeron que había que cambiar el decorado, los actores y el libreto.

Sobre las relaciones con Marruecos

Marruecos es un país pobre, con graves desigualdades sociales y económicas y unas infraestructuras muy deficientes. En situación de enlace geográfico entre un continente subdesarrollado y el mundo algo más civilizado, goza de un estatus privilegiado entre los demás países africanos en cuanto a sus relaciones con la Unión Europea, solo comparable al de Túnez.

España mantiene dos enclaves de su antigua presencia en tierras africanas, de la que huyó sin negociación, a los que cuida ahora como la niña de sus ojos: Ceuta y Melilla. Las ha convertido en ciudades que nada tienen que envidiar (al contrario) con otras del sur de la península, y el floreciente comercio, legal e ilegal, con Marruecos, ha enriquecido a muchas personas y creado puestos de trabajo a ambos lados de la frontera.

Defender que estas poblaciones están en territorio marroquí es, geográficamente, una verdad de Perogrullo. Pero para quienes conozcan mínimamente Marruecos, sabrán apreciar que ambas ciudades no tienen nada que ver con el país que las reivindica periódicamente, aunque siempre lo hará con la boca pequeña.

Marruecos necesita el mantenimiento del estado fronterizo de Ceuta y Melilla como comer, pues es, de lejos, el mayor beneficiario de esa situación. La hipotética cesión de ambas ciudades al reino alahuí (eufemismo que utilizamos para no repetirnos) las convertiría en muy poco tiempo en una sombra de lo que eran.

Porque las dos ciudades españolas viven fundamentalmente de ayudas de la península y del comercio de oportunidad por el que se exportan en pequeños lotes, a lomos de personas generalmente, cientos de toneladas de mercancias de las que carece Marruecos. Con previsión elemental, integrarlas en el Magreb supondría, ante la imposibilidad de mantener su ritmo de vida, someterlas a un expolio acelerado.

Las demás ciudades marroquíes, que en su momento estuvieron bajo la dominación francesa y la más leal cooperación española, nos darían la referencia de en qué se podrían convertir.

Así que los activistas que se inventaron una historia de vejaciones en la frontera hispano-marroquí y reclamaron, con el beneplácito, desde luego, de Rabat -ya que Mohamed VI tiene que dar de vez en cuando la sensación a sus fieles de que hace algo en ese sentido-, la recuperación de Ceuta y Melilla, saben lo que quieren. Seguir igual, pero con aún más atención económica por parte de España y la UE. Más dinero, en suma, para seguir chupando febrilmente del bote.

Sobre el poder de la ignorancia

A medida que se van obteniendo más datos, puede concretarse que España, y en especial, ese pequeño territorio en donde habitan los asturfiados, vivió su última época floreciente en el primer sexenio de los ochenta del pasado siglo.

Atraídos por la perspectiva de participar en un cambio decisivo en la historia económica y social de la región asturiana y en concordancia con lo que parecía estar sucediendo en el resto del país, volvieron a la región gentes que se habían autoexiliado a los distintos extranjeros que entonces había.

Junto con otros bienpensantes que habían permanecido en la tierra matriz, se creó la ilusión de un diálogo social amplio y, por las perspectivas de diversa índole que se presagiaban, hubo la posibilidad de llegar a algunos acuerdos entre los agentes sociales, en especial, el capital y los sindicatos.

Animados con algunos éxitos y, sobre todo, con la promesa de otros muchos, se acometieron modificaciones masivas de la forma de hacer las cosas, guiándose por buenas voluntades, improvisaciones, empujes de variada intención, intereses de toda índole.

No fue fácil darse cuenta que los vicios anteriores se estaban reproduciendo, aflorando los mismos o parecidos desencuentros, combinado con la marginación que acabó siendo prácticamente sistemática de cualquier discrepante.

Se crearon así, nuevamente, las dos Españas, que, contrariamente a lo que muchas veces se difunde por ahí, no significa que los cuarenta y tantos millones de españoles pertenezcan a un grupo o al contrario.

No. Solamente hace referencia a que los cien mil o así que se esfuerzan por controlar al país, pugnarán de forma permanente por hacerse con los poderes, arrinconando al contrario; y, por tanto, como la lucha es ancestral, habrá de verse cómo las familias que están en el ajo de este cuento permanente han decidido repartir a sus miembros alineándolo en una opción y en la contraria, para que les importe lo mismo ocho que ochenta.

Esta combinación de estrategias vencedoras, exige como complemento imprescindible que el resto del personal se mueva en la ignorancia. Y a ello se aplican, por igual, tanto los de una facción como los de su complemento necesario.

Sobre controladores, sueldos y mano de obra

Los controladores aéreos españoles, según se nos cuenta, están más tranquilos y no van a fastidiar, -hasta nuevo aviso, que decidirán tomar cuando les peta y nos comunicarán por la vía que les resuelte más adecuada para hacernos un daño proporcionado a sus intereses-, nuestra planificación de un viaje aéreo de negocios, urgencia particular o placer turístico.

Controlar la seguridad de los demás es un trabajo muy estresante, que exige amplios conocimientos de planificación, nervios de acero para resolver situaciones potencialmente conflictivas que pueden llegar a provocar cientos de víctimas humanas y cuantiosas pérdidas económicas, como sabemos por algunas películas que resultaron muy taquilleras en su momento y, por desgracia, también en el mundo real.

Es necesario también saber que los controladores inglés -nivel C-1-y, sobre todo, manejar a ciegas el abecedario, y poder deletrear (spelling, spelling out) cualquier palabra sin titubear.

Para mantener contentos a este colectivo que, aunque no tiene estudios universitarios necesariamente (bastaría con ser diplomado), ha debido pasar pruebas y cursillos muy selectivos -45 plazas por oposición, convocadas por AENA- y verdaderamente muy caros, se les garantiza en este momento, como resultado de una negociación unilateral en la que, haciendo uso de su derecho de tocar los derechos de los demás, un salario mínimo bastante razonable de 200.000 euros al año, un poco más alto que el de sus homólogos europeos.

Tienen razones para estar descontentos. Significa una pérdida sustancial de anteriores emolumentos, que se encontraban a nivel de los 350.000 euros (en media); al parecer, tales salarios que suenan a estrambóticos a los demás mortales, son debidos a la necesidad de realizar muchas horas extraordinarias, que creíamos limitadas a un máximo muy bajo por las negociaciones sindicales al uso.

Por todo ello, la rebaja en las percepciones se verá equilibrada con una reducción proporcional de las horas de trabajo (No más de 1.650 horas al año y ni una más de 80 extraordinarias).

Puede parecer un escándalo a todo hijo de vecino, pero no a los beneficiarios, claro está. Para el colectivo, resulta lógico que no les resulten salarios desproporcionados, en absoluto, en un país con casi cinco millones de inactivos forzosos y en donde la gran masa de trabajadores no supera los 12.000 euros anuales, especialmente los jóvenes licenciados universitarios. Como es sabido, aquí cada uno puede fijarse el salario que corresponda a su capacidad de trabajo, ilusión y méritos. 

Después de todo, no llega a la altura de lo que cobran los altos ejecutivos de la Banca española y de otras empresas de postín de las que ordenan nuestra economía, cuyos emolumentos se cuentan por millones de euros al año y a lo que habría que añadir la indemnización que percibirían si, por cualquier razón, se decide prescindir de sus servicios o faltan -es un decir- a la estricta ética de la compañía, pagándose un par de viajes con una amiga y algunas pernoctaciones en hoteles de lujo cuando no se encuentran en misiones de negocios.

Si, como resulta de la información extraída de los presupuestos del Estado y de otras informaciones derivadas, llegar a controlador máximo de España, función que cabe relegar al presidente de Gobierno o ministro de este mismo país no permite llevar a casa cada año (unas cosas con otras) más allá de los 150.000 euros, está claro que los niños españoles deben orientar su formación, si es que no son hijos de papá o superdotados para las combinaciones económico-financieras, a controlar los movimientos por aire.

Es más rentable controlar lo que se mueve por los aires que los desplazamientos por tierra, mar, industria o economía. Y, además, mucho menos arriesgado para el controlador. Puede permitirse viajar en coche cama con chófer de librea.

Sobre el turismo de calidad y el de cantidad

Los responsables de promoción turística de aquellos lugares que quieren atraer a visitantes foráneos, hablan mucho de "turismo de calidad".

El turista de calidad es el que viene con dinero, pernocta y come en el sitio, y compra en las tiendas del lugar, no solamente los ridículos souvenirs para regalar a la mamá o a la tía, sino lo que necesita y lo que le apetece.

El turista de calidad predilecto es el que se aloja en hoteles de cinco estrellas, viene acompañado de un séquito familiar y, tal vez, de sirvientes, se hace servir comida de muchos tenedores y compra por decenas vestidos de diseño y joyas, que se hace entregar sin salir del hotel.

Nos parece que la obsesión por orientar hacia un "turismo de calidad" las infraestructuras hoteleras y de servicios de los municipios españoles es un error. Uno de tantos como se producen como consecuencia de una programación acelerada, improvisada de las inversiones.

Porque lo que sostiene, de forma permanenente el atractivo turístico, es la calidad objetiva de lo que se ofrece. Y esta cualidad es una combinación de paisaje, posibilidades de disfrute -cultural y gastronómico- y paisanaje. Y esa oferta no puede ser orientada hacia una élite económica, cuya idea del lujo tiene que ver, en general, muy poco con lal cultura, con el respeto a la naturaleza y su disfrute pacífico.

Puede haber quien pague unos cuantos millones por matar un elefante o tener una piscina particular en sus sutie, pero no destinaríamos un euro del dinero colectivo a confirmar su hipotético derecho a pasar por encima del respeto que merecemos los que ni podemos pagarnos ese lujo, ni se nos ocurriría, de poder hacerlo, permitírnos tal despilfarro de recursos.

Sobre fuegos intencionados, propiedades públicas y bosques descuidados

Se quema el bosque. Es decir, lo queman. A veces, se descubre la mano que encendió la mecha por la que se inició el incendio. Otras veces (parece que las más), el fuego aparece por razón de un fenómeno natural, el rayo.

El bosque es riqueza paisajística, pero significa realmente poco para sus propietarios; servidumbres, impuestos, obligaciones.

El bosque se disfruta poco, aunque del bosque todos hacen elogios. Es bonito pasear por él, luce bien en las fotografías propagandísticas. Pero la realidad es que el bosque está abandonado, descuidado, solo.

Y hay intereses -ocultos aún o puestos al descubierto de pronto, para asombro de inocentes- para que el bosque desaparezca. Desde la envidia a la propiedad del vecino, el interés por recuperar algunas zonas para pastos del ganado, hasta las operaciones de contraturismo de largo alcance. Porque, sí, también hay quien paga porque el bosque de la competencia turística se queme, desaparezca.

Sintámosnos culpables. No estamos cuidando el bosque. Lo abandonamos en manos de las hojas secas, los helechos resecos, las ramas rotas; lo olvidamos entre caminos por los que, desde hace décadas, nadie transita. Pretendemos defenderlo con pomposas declaraciones de protección ambiental, con la creación de equipos de apagado de incendios muy sofisticados, pero no vamos a las raíces del problema.

No queremos cuidar al bosque, solo disfrutar de él, consumirlo. Y así se nos va, nos lo queman. Hoy es en Peneda-Gerés, en Pontevedra. Pero el lugar es lo de menos.

Sobre la importancia

Sobre la importancia

Escribe Indro Montanelli ("Historia de los griegos", Ed. Backlist), que "lo primero que hay que hacer para adquirir importancia es darse mucha".

El agudo consejo le viene al hilo al que fue uno de los mejores periodistas italianos, recontando la historia de Zeuxis de Heraclea, el orgulloso artista que pintaba uvas que atraían bandadas de pájaros y cuyo orgullo resultaría herido por Parrasio de Efeso, otro enamorado de su propio arte que engañó a su rival Lhaciéndole creer que la cortina que había pintado ocultaba un cuadro, cuando ella era el cuadro mismo.

Ninguna obra se conserva de tan dotados genios, y solo han quedado un par de anécdotas relativas a la importancia que se daban a sí mismos y la veneración que suscitaron entre sus contemporáneos.

Desde la perspectiva moderna, y contando con la incredulidad de estos tiempos, podemos expresar, sin asomo de duda, que "ya sería menos" y que su arte, por egregio que pareciera a sus contemporáneos, no nos causaría ahora más que una efímera admiración, justificando tal vez tres o cuatro horas de espera en la cola a las puertas de un museo, antes de tomarnos una caña con cacahuetes.

En cambio, sigue con plena validez la cuestión de lo importante que es darse importancia para que otros te la den. Nuestro ejemplo local posiblemente más paradigmático, aunque de parecido tenor tenemos la casa llena, es el de Belén Esteban.

Esta inteligente mujer se ha mantenido camaleónicamente en la palestra mediática utilizando a la perfección el principio de hacerse imprescindible para una buena parte de sus conciudadanos y adláteres. Sus virtudes específicas se mantienen ocultas primorosamente, pero su importancia ha cobrado tal entidad que ha pasado a formar el núcleo vital esencial de mucha gente.

¿Qué opina Belén Esteban sobre esto o aquello? ¿Qué hace, ha hecho, hará? ¿Cómo defiende, acusa, se inhibe, tolera o amenaza? Son preguntas inquietantes, absolutamente anodinas y completamente indiferentes para nuestra existencia (y puede que hasta para la suya propia), pero es importante saberlo todo sobre ella.

Porque se ha dado mucha, muchísima importancia, y es imposible quitárnosla de encima. 

(La foto que acompaña a este comentario corresponde al número de la revista ¡Hola! del 6 de agosto de 1998, y la original fue realizada por Alberto Matey)

Sobre teleredes sociales y el diálogo de besugos

Las redes sociales que utilizan como soporte las telecomunicaciones se pueden agrupar en dos grandes especies, considerados sus resultados desde la perspectiva de la rentabilidad individual:

a) las de éxito seguro, que son utilizadas por millones de personas (pronto, serán miliardos) para enviarse mensajes cortos con los más simplones contenidos, desde "estoy desayunando" a "me voy al cine" hasta poner a disposición de desconocidos fotografías del último viaje a las playas de Cancún o de la excursión a la Pedriza o a Pedraforca.

b) las de fracaso muy probable, que son utilizadas por cientos de personas (en algún caso, miles), para tratar de hacer negocio.

Las primeras cumplen a satisfacción plena, por los síntomas, el objetivo personal de los telenautas.

a-1) Muchas veces, se consigue el contacto permanente con compis del cole, con remotos supercolegas anónimos con los que intercambiar frases en cutreinglés y pochoespañol, y se puede, con esfuerzo, recuperar, al menos durante un par de mensajes, a viejos conocidos cuya existencia se había perdido (en bastantes casos, por razones poderosas que no hay razón para modificar, pero que el tiempo ha borrado).

a-2) Otras veces, los telenautas se envían mensajes cortos conteniendo direcciones de páginas web -incluídas, sobre todo, las propias- con informaciones que pueden resultar, realmente, relevantes y muy interesantes. Sin embargo, esta aplicación de las redes sociales del tipo a) cabe considerarla espuria, inusual, casi, insultante, para el resto de la heterogénea cofradía.

Sus integrantes suelen autoconsiderarse expertos, quizá incluso gurús, puede que frikries, seguramente pirados. Son mirados como si se tratara de drogadictos por los del subgrupo a-1)  que entiende que las teleredes deben utilizarse, sobre todo, para crear spam, ruido y comunicarse tonterías.

El grupo que merece especial atención sicológico es el b-1). Se trata, en su mayoría igualmente, de personas enganchadas al mundo digital, que buscan alguna forma de autoempleo, convenciéndose a sí mismos de que lo que saben o creen saber será valorado por otros internautas. Craso error. Los que les siguen, los que contactan con ellos, son personas con idénticas o muy parecidas necesidades y ofertas, creándose así, por lo general, un caldo de cultivo bastante pastoso, que se resuelve de cuando en cuando convocando a los más fanáticos a tomar unas cervezas (reales), contarse algunos chistes y ligar, si es posible.

Esto último es lo que les provoca, ocasionalmente, la verdadera satisfacción, que se prolonga en la medida en que obtienen ingresos por otras vías, siguen de mantenidos por sus familias o hasta que su pareja descubre que les están sosteniendo la afición, como becarios.

Por todo lo cual, resumiendo lo aquí apuntado, y puesto que de redes y pescar se trata, dado que los intervinientes en todas las categorías suelen leerse a sí mismos y pasar por alto o hacer lectura transversal de prácticamente todo lo que escriben los demás, cabe expresar la situación como de diálogo de sordos, o mejor, conversaciones de besugos.

Todo sea dicho sin ánimo de ofender, solo con ánimo esclarecedor para iniciados. Y por si es necesaria la aclaración, un diálogo de besugos es la expresión coloquial de una conversación trivial, en la que dos hablan sin contenido ni sustancia.

Sobre las esquelas

Las esquelas mortuorias y las sexuales ocupan una buena parte de las páginas de los medios escritos. Es claro que la mayor parte de los lectores de periódicos no los compran por estos anuncios y, por ello, es evidente que los que utilizan este soporte para comunicar su mensaje no cuentan con dirigirse más que a una pequeña porción de los que buscan informarse con él.

Tampoco necesita comentario alguno, por la misma naturaleza de lo que se difunde, que quien lee las esquelas y quien se interesa por los anuncio sexuales, salvo la curiosidad ocasional de unos y otros, son públicos diferentes.

Las esquelas, además de informar sobre una defunción, cumplen una función de naturaleza social, especialmente en provincias. Los deudos y los compañeros del difunto y, en algún caso, las instituciones que dirigían o a las que pertenecían, pagan la esquela con frecuencia para poner en evidencia la importancia del fallecido, o la consideración que le tenían. En cierto sentido, también, hacen publicidad de sí mismos, de los que viven todavía.

Por supuesto, para los familiares cercanos, especialmente los que dan a la esquela un contenido religioso, al anunciar las exequias o el culto de despedida que se prevea, pretenden conseguir la mayor asistencia posible a tales actos, como muestra de afecto final al que se fue y como manifestación de influencia social.

Por eso también, cuando muere algún famoso, sea cual fuere su actuación en vida, concurren muchos personajes, interesados y curiosos, que venden su producto, aprovechando la muerte del otro.

Los anuncios sexuales, muestra deplorable de los vicios y miserias que pululan en nuestra sociedad, pretenden vender una mercancía denigrada y denigrante a un colectivo misérrimo, que está dispuesto a pagar por obtener una satisfacción a la líbido, de quienes son incapaces, por motivos generalmente inconfesables, de amar al prójimo, creyendo que el dinero proporciona la felicidad de una compañía ocasional.

Deberíamos meditar en dos direcciones, respecto a estas esquelas. En cuanto a las de contenido sexual, deberían eliminarse, por más que proporcionen ingresos muy interesantes a los medios, y relegarse a publicaciones restringidas; no debemos pagar por la impresión de páginas que no deseamos y que, a muchos, ofenden y, á la inmensa mayoría, nada interesan.

En cuanto a las esquelas, no tiene sentido discriminar, en tamaño y en cantidad, la noticia de una muerte. Todas las esquelas deberían ser idénticas, y de discreto porte. Si alguien desea pagar por un obituario, que lo haga, pero en loor del difunto, no de los vivos.

Sobre frases sensatas de asturianos (2)

Las frases recogidas en el comentario anterior, y en éste, están desprovistas de contexto. Suponemos que el lector sabrá ubicar, si le pete, tanto el contexto como, sobre todo, identificar la personalidad de quien las ha pronunciado.

Puede que en algún caso, el verdadero autor sea el propio periodista que realizó la entrevista. Es sabido que los informadores tienden a expresar, a través del entrevistado, sus propias opiniones, seleccionando las de aquel a quien están preguntando.

No importa si tal ha sucedido, y los que citamos aquí no se consideran plenamente identificados con lo dicho. A (casi) todos los autores de las frases los conocemos personalmente, y lo que aquí figura les encaja perfectamente con la simpatía que dispensamos a quienes hablan sin pelos en la lengua.

Por cierto, también (casi) todos los seleccionados en esta peculiar esfolla son asturianos; los que no lo son, como si lo fueran. Y, si se nos admite una clasificación dentro del grupo, hay que hacer un apunte: la mayoría de los que opinan libremente son profesores universitarios.

Ramón Fernández-Rañada: "(Regresé a Asturias en 1981). Todo estaba politizado y para oponerse hacían falta técnicos (...) Aunque aún no se llamaba así, la lucha ecológica más importante de España la hizo ANA (Asociación Asturiana de Amigos de la Naturaleza) " y en otro momento: "Durante un tiempo contraté de delineante a Gerardo Iglesias porque lo habían despedido de todas partes y le podían detener por la ley de vagos y maleantes. El hacía gestiones políticas desde el estudio y empezó a respetarme cuando vió que me telefoneaban las mujeres. Muy de la cuenca"

Delfín Puente: "Todos los salmones mayores de 75 cm de longitud deberían ser devueltos con vida al agua, en especial las hembras, con la finalidad de garantizar la mayor cantidad de salmones de dos años en los desoves naturales".

Fernando Nanclares:"Oviedo viene ya desde algún tiempo ofreciendo fantasía" (...) "No es la ciudad que deseo". Y (citamos de memoria): "Una ciudad hermosa, como París, o Roma, es el resultado de la actuación durante siglos de muchas generaciones, no un producto de la modernidad".

Sobre frases sensatas de asturianos (1)

Asturias es tierra de acogida, lo que demostró cumplidamente con la absorción de miles de familias atraídas por el revuelo tecnológico de los cincuenta del pasado siglo, en el que se forzó el ritmo regional al son de aceros y carbones. Pero de la misma manera que acoge y aprieta, afloja. Así ha sido y parece que será. (1)

En épocas de penuria, está justificado que los más inquietos y los que peor lo pasan busquen la suerte marchándose.

Sin embargo, también en momentos de prosperidad ha forzado a hacer las maletas a algunos de sus hijos, incapaces de soportar las zancadillas y las pequeñeces intelectuales y morales de quienes, aprovechándose tal vez de esa inocencia paradisíaca de la mayoría de los pobladores, se aúpan al control de las cosas y disparan a todos los lados con lo que encuentran a mano, principalmente con la mala leche.

Traemos a esta mini-sección algunas frases de asturianos, que calificamos de sensatas.

Son un simple ejemplo de lo mucho que, continuamente, se está emitiendo desde múltiples puntos de destello intelectual. Lo que ya no es seguro es de que tengan seguimiento. Porque, cumpliendo con la tradición del todovale, se tiende a dar igual importancia a lo sensato como a lo insensato.

Carlos Monasterio: “Cataluña ha asumido con más profundidad el desarrollo de su autonomía y la arquitectura del nuevo modelo de financiación responde a los criterios regulados en el Estatut de Cataluña, que es una comunidad densamente poblada y con un alto crecimiento económico. (...) evidentemente, no le va a venir bien a Asturias, que es una autonomía con un desarrollo demográfico muy reducido y que depende más de la solidaridad interestatal.”

Ramón Punset: “En principio, parece que estamos ante una disminución del autogobierno estatal. Si hay menos Estado, habrá menos nación española”.

Carlos Escudero: “Cuando (las langostas) caminan conjuntamente, de forma ordenada, marchan dos o tres horas en la misma dirección, pero en sólo dos o tres minutos pueden dar la vuelta y seguir avanzando conjuntamente. (..) Esto es así porque no tienen un líder.”

Jesús Serafín Pérez, “El deslizamiento y pérdida de renta del sector agrario entraña pérdida de valor para toda la cadena de la industria alimentaria”.

José Coca Prados: “Imagínese que se pusiera fin de una vez por todas a los privilegios de aquellos cargos políticos que reciben dos o más sueldos de las administraciones púbicas. Hace muchos años, los profesores universitarios tuvieron que optar entre un salario u otro, pero hay quienes siguen disfrutando de dos, tres o más fuentes de ingresos. Es intolerable.”

Paz Andrés Saenz de Santa María: “Quien puede tomar las principales medidas para solucionarla es el gobierno central, porque ninguna comunidad autónoma puede con sus solos recursos superar los efectos de una crisis mundial”.

(1) La idea está tomada de prestado de la curiosa sarta de ripios de "El país de afloja y aprieta", de Samaniego (El jardín de Venus y otros jardines de verde hierba, Ediciones Siro, 1976)

(continúa)

Sobre la planificación de la vida que nos queda

Posiblemente la felicidad tiene que ver con la concreción de las expectativas personales a lo que es factible.

Si desde niños somos educados a fijarnos metas altas, la frustración nos estará acechando. Pocos serán los elegidos y la comparación con los logros de otros, más ineptos o peor formados (siempre en apreciación subjetiva), nos hará pensar en la inutilidad del esfuerzo propio y provocará desilusiones que habrá que vencer.

Una cuestión relacionada, aunque indirectamente, tiene que ver con la actitud de quienes creen que van a vivir eternamente. Con cincuenta años, se comportan igual que si tuvieran veinte, y se entregan con la misma ilusión a nuevas aventuras.

No estamos criticando tal comportamiento, en absoluto. Negar la evidencia de que la vida es finita, de que las fuerzas se acaban, y de que lo que iniciemos en la tercera edad es probable que no podamos terminarlo o no lleguemos a disfrutarlo, puede ser una forma de autoengaño, pero también puede constituir -y ojalá sea el caso- una manera de mantenerse activo, útil, eficaz.

Morirse con las botas puestas -como reza el dicho- es un objetivo muy loable.

Sobre monumentos, ruinas, rehabilitaciones y nuevos edificios emblemáticos

El espacio se nos está llenando de ruinas. El origen de esas ruinas puede ser muy diverso, aunque el valor que se les concede parece depender exclusivamente del tiempo que ha transcurrido desde que fueron habitadas hasta llegar al momento presente.

Por supuesto, una ruina se produce por el hecho de que los que deberían atender a su cuidado, en un momento preciso, la abandonan.

No siempre se conocen las razones de ese abandono: puede haber sido la muerte de su propietario, una disputa hereditaria sin resolver, la peste, una enfermedad contagiosa, o la incuria privada o pública. Podría pensarse en una invasión, un fenómeno natural terrible, tal vez en una guerra.

Pero posiblemente el motivo más común de abandono provenga, simplemente, de que las nuevas generaciones han decidido que aquello ya no tenía utilidad alguna.

Las generaciones actuales, que viven un momento especialmente convulso -no en vano algunos creen que nos encontramos en los albores del fin del mundo, esto es, de la existencia del ser humano sobre la Tierra- viven una esquizofrenia particular en relación con la ruina.

En primer lugar, somos convulsivos generadores de ruinas. No hay más que pasear con los ojos más o menos abiertos por campos y ciudades, para advertir que el paisaje está repleto de casas y construcciones abandonadas; unas, en abandono consciente, con las ventanas y puertas abiertas para que la inclemencia haga su trabajo, que es destruir; otras, subsistiendo al lado de las construcciones modernas, mientras su deterioro se consuma.

Incluso, y curiosamente, algunas de las ruinas corresponden a edificios inventariados, monumentos que gozan de supuesta protección oficial.

La devoción hacia la ruina se demuestra también en el dinero público que se gasta en mantener como tales, considerándolas objetivos turísticos, restos de monumentos provenientes de culturas tartesas, fenicias, griegas, romanas, medievales y, en fin, otras cuantas, de las que la mayoría no sabría ni identificar en qué consistieron.

Y el loor a la ruina alcanza su plenitud con ese despilfarro con que el politicastro de turno se empeña en crear un teatro, un palacete de congresos, un parque industrial de alta tecnología, un museo o un estadio olímpico, en los que poner una placa con su nombre y pretender que la posteridad se alcanza de ese modo.

Sobre libretas, archivos digitales y hemerotecas

Una de las personas más inteligentes que hemos conocido, lleva siempre consigo una libreta en la que ha anotado las ideas básicas de lo que va a exponer o discutir en la reunión siguiente.

A hurtadillas, como quien no quiere la cosa, echa de vez en cuando un vistazo a lo escrito y lo desarrolla con un excelente piquito de oro y una capacidad excepcional, tanto para la síntesis como para la antítesis.

Nos permitimos comparar esta forma de actuar con la de otros jóvenes -y no tan jóvenes- que confiando en que "todo está ya en internet" o su equivalente estrambótico "todo está inventado", ni preparan, ni saben, ni son capaces de argumentar con coherencia respecto a un tema de debate.

Pues bien, creemos que existe un importante déficit de formación entre los niños y adolescentes -es decir, los educandos- como consecuencia de que no se les está enseñando a seleccionar, a discurrir el porqué de las cosas, encontrando el propio camino hacia la convicción, que es la base del saberlo bien, en profundidad y "para siempre".

En relación indirecta con el tema, existe un grave riesgo en el ejercicio de ciertas profesiones, del que no  estamos seguros de que todos seamos conscientes. Por ejemplo, es muy sencillo escribir, buscando información en internet, sobre cualquier tema y, pegando aquí y allá, refundir en unos minutos un comentario sobre el tema más complejo.

El resultado, ¿será fiable? ¿tendrá valor?. Posiblemente, ninguno. Más bien, será una vía para la confusión del lector, al entremezclar datos y opiniones certeras con otras erróneas que, por razón de la falta de criterio del recopilador, adquirirán la misma importancia.

En la abogacía, en la ingeniería, en la medicina...en cualquier profesión es muy fácil "dar el pego" de una falsa sabiduría ante los que no saben suficiente.

Reinvindicamos aquí, una vez más, la necesidad de introducir el criterio -el del saberlo bien- en la selección de opiniones, ideas y conclusiones. Antes, era más fácil detectar lo que merecía la pena respecto a lo que no tenía valor, o lo tenía menor. Incluso, cada uno -en la ciencia, en el arte, en el periodismo y, sobre todo, en el periodismo- realizaba su personal recopilación de lo relevante, creandon un archivo personal al que echaba mano cuando llegaba el caso.

Hoy, las hemerotecas están llenas de información. Hay datos de todo, para dar y tomar. Vivimos en la intoxicación y vale lo mismo ocho que ochenta y, lo que es mucho peor, cada vez son menos los que están cerca, en disposición de decir: "ojo, por ahí no; que ese camino es equivocado".

Sobre paisajes, ingenieros y políticas en Asturias

No es casualidad. En Asturias, en este momento, hay unos cuantos ingenieros dedicados a la política.

El alcalde de Oviedo, Gabino de Lorenzo, es ingeniero de minas, y antes ejerció en Ensidesa como responsable de hornos altos de Veriña.

Francisco Alvarez Cascos, ex-ministro de Fomento y futuro optante por la vía del PP a la plaza de presidente regional que deja vacante Areces, es ingeniero de caminos, aunque no consta que haya ejercido esa carrera salvo en los despachos, lo que no es desdoro, sino mérito.

Javier Fernández, consejero de Industria en el actual gabinete regional, es el candidato por parte del PSOE a disputar al anterior el puesto delantero en el tren autonómico, y, por formación académica, es ingeniero de minas.

No son los únicos, desde luego, pero sí los que más suenan. Otros nombres desde la ingeniería para la política, por ejemplo, son -alguno ya retirado- Víctor G. Marroquín, Pedro Martínez Arévalo, Julio Gavito, y Juan Alvarez. Todos estos ingenieros de minas, que no hay que olvidar que existe una cantera en la región para producir esta especie intelectual, considerada de élite en otro tiempo.

Aunque los ingenieros no son responsables del paisaje asturiano, alguna influencia sobre él sí que han tenido. Las minas de carbón (y no solo), las plantas siderúrgicas y las centrales térmicas, son productos de ingeniería. También lo son las carreteras, en especial, las autovías, con sus complejos viaductos para salvar grandes vanos en algunos casos; los túneles, los tendidos eléctricos y de vías férreras, los aerogeneradores, las escombreras, ...

Pero aunque cada uno es libre de entender la estética como le hayan educado, el actual mayor deterioro que sufre el aún muy bello paisaje astur lo producen los miles de ejemplos individuales de descuido, abandono y hortería -valga la palabra- que jalonan, de oriente a occidente y de norte a sur el panorama regional.

Casas construídas y pintadas con pésimo gusto; cercas que pretenden aislar propiedades sin contar en absoluto con el vecino; caminos abandonados a zarzas y maleza; montes que sufrieron el castigo de las llamas y yacen abandonados; casonas y monumentos semiderruidas; letreros indicadores pintados o mal ubicados; parcelas convertidas en vertederos...

Sí, ahora también se advierten residuos de las ingenierías: parques industriales que poco cobijan, muñones de viaductos que la crisis ha paralizado, obras de comunicación que han sido suspendidas sine díe por falta de presupuesto...

Recuperar Asturias plenamente, concienciando a todos y cada uno de sus habitantes del deber de conservar y potenciar su belleza para tener el derecho a disfrutarla y dejarla disfrutar, es una labor de ingeniería, de estética, de responsabilidad.

 

Sobre algunos asesinos y sus razones

Comenzamos expresando que si somos muy restrictivos en definir aquellas situaciones concretas, -por supuesto, siempre contando con total amparo legal-, en las que un ser humano podría tomar algún protagonismo en el acto de matar o acelerar la muerte de otro ser de su misma especie, no tenemos ninguna justificación ante el asesinato.

Sean cuales sean sus móviles, las justificaciones pretendidas, los intereses defendidos, la tolerancia, comprensión o pasión que despierten los móviles del o de los asesinos, el asesinato es una aberración. Quien lo comete, se convierte en un ser despreciable, indigno.

Todos los días se cometen en el mundo cientos, miles de asesinatos. No conocemos estadísticas precisas, pero podemos aventurar por extrapolación que, al margen de las muertes en guerras conocidas, se producen entre 4 y 5 asesinatos al año por cada cien mil habitantes, lo que supondría que unas 240.000 personas mueren cada año asesinadas. Casi 1.000 al día.

El lugar más inseguro en la actualidad es Sudáfrica, con unos 120 asesinatos por cada 100.000 habitantes, seguido a poca de distancia de Colombia; otros países que superan la tasa de los 10 asesinatos por cada 100.000, son Guatemala, Tailancia, Paraguay y México.

En España estamos al nivel de unos 1.000 asesinatos al año. Tenemos asesinatos pasionales, producto de ajustes de cuentas y rencillas vecinales o familiares, robos con violencia exacerbada, muertes causadas por enajenados y otras cuantas sin móviles conocidos. Los periódicos ilustran al respecto.

Todas las muertes por asesinato, son inexplicables desde la razón. Pero, de entre todas ellas, si pudiéramos establecer una siempre difícil clasificación, la más desgraciada, la que hace más abyecto al asesino, es aquella en la que la víctima es elegida como símbolo.

Sobre hábitats científicos y rurales

Hace tiempo que deseábamos dedicar uno de nuestros comentarios a Mariano Barbacid, un bioquímico español nacido en la triada prodigiosa del 47-49, de inconfundible rostro, que ha dedicado decenas de años de investigación a tratar de descubrir cosas sobre el cáncer.

Y ha descubierto muchas, sobre el cáncer y sobre los seres humanos en general. También ha hecho descubrir algunas, a aquellos de sus compatriotas que tienen la mente suficientemente despierta (aún) para analizar las razones de lo que sucede alrededor.

En septiembre de 2009, después de 10 años de dirección del Centro Nacional de Investigación Oncológica (CNIO), creado por el gobierno de Aznar para que Barbacid, un exiliado tecnológico que había hecho su carrera de éxitos en Estados Unidos, se volviera a España, anunció que lo dejaba, "para dedicarse a la investigación y a su familia".

Por supuesto, no le faltaron problemas en estos años, que alcanzaron, casi, mayor difusión que los éxitos de un Centro que -hasta recientemente- "se dedicaba a investigar con ratones".

Para algunos, Barbacid era "autoritario", y engreído; otras voces apuntabon a que nunca se debería haber nombrado director de un centro de investigación de ese tipo a un científico que jamás se había propuesto volver a residir en España, y que dirigía el Centro poco menos que por teléfono; dos de sus más "estrechos colaboradores" -el matrimonio Luis Serrano-Isabelle Vernos- dimitieron en el pasado septiembre por discrepancias con él.

En julio de 2010, mientras se mantenía la situación de interinidad en el CNIO, el Ministerio de Investigación, que coordina Cristina Garmendia, decidía concederle el Premio Ramón y Cajal -a través del secretario de Estado Petriz-, en reconocimiento a su carrera dedicada a la investigación bioquímica.

Mariano Barbacid lo rechazó con el argumento de que "esos premios suscitan envidia". Más o menos sobre la marcha, se decidió nombrar como premiada a María Blanco, investigadora en el Centro; la publicación de la lista de todos los premiados, permitió descubrir que el equipo de Garmendia-Petriz había concedido otro Premio a Carlos Martínez, el antecesor del segundo en el cargo de Secretario de Estado de Investigación.

Los hábitats científicos son semejantes, mutans mutandis, a los rurales. A todos nos gusta mucho disfrutar del campo, pero nadie quiere cuidarlo, ni tomar consciencia de lo que necesitan los agricultores para subsistir con él.

En consecuencia, el campo se abandona, los agricultores se van a la ciudad o mueren de asco sobre la tierra que nada útil produce, más que fotografías digitales para llevar de recuerdo de las vacaciones, y la maleza cubre rápidamente los caminos, que se hacen intransitables.

Sic transit gloria mundi.