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Al Socaire de El blog de Angel Arias

De ilusión también se vive

Vivir de ilusiones es, como se sabe, la expresión por la que condenamos al desprecio a quienes no son capaces de tener los pies en la tierra y se mantienen levitando en fantasías que, a diferencia de lo que creen a pies juntillas quienes les rodean, ellos se piensan sin el menor fundamento que se van a realizar, simplemente porque así lo quieren.

Para algunos, son un grupo aún más digno de lástima que los que se andan por las ramas, están en Babia o dan palos de ciego; parientes intelectuales de la lechera del cántaro a la fuente, sueñan despiertos con sus principes azules, tienen, hasta el momento del sorteo, billetes de lotería premiados en sus manos, y, a la menor, predicen cambios de coyuntura con las gafas de rosa. Caminan, entre tumbos, por las tierras de sus deseos imposibles, irrealizables salvo por artes de birlibirloque o milagros que no vienen al cuento.

Vivir de ilusiones es, sin embargo, una forma de vivir, en la que aposientan sus reales, por convicción o por truco, ciertos individuos. Por dura que sea la realidad no consigue nunca despertar de sus sueños a estos ilusos, que después de cada descalabro parecen recuperar nuevas energías.

Tenemos hoy en la vida política española un ejemplo estupendo de lo que significa vivir de ilusiones. El candidado a presidente Rubalcaba ha comenzado una campaña de enardecimiento de las huestes socialistas con un discurso victorioso, una arenga llena de ardor.

Viéndolo recorrer los territorios destruídos de los seguidores más fieles, avanzando entre ruinas y desgarros, prometiendo victoria y poniendo en pie los muñecos rotos, amenazando al contrario con la debacle, convertido en primo de Zumosol a base de hormonarse fuera del campo de batalla, recuerda a las bravuconadas de los contrincantes de la lucha libre, que ya han pactado quien ha de ganar y se limitan a representar complicadas figuras acrobáticas que han ensayado en el gimnasio.

De ilusión también se vive, desde luego; hasta cierto punto, en que es imprescindible dar de comer a la multitud con los cuatro panes y los peces que han traído al campo los discípulos. Y aunque está preparado el escenario, completa la parafernalia, falta quien haga el milagro de la multiplicación, y el personal lleva ya años esperando.

Por todo ello, los sondeos de opinión reflejan a las claras que, por mucha ilusión, empuje y ganas que se le echen al cotarro, por más aplausos y vítores que se cosechen tras el rezo, a la hora de comer, viendo los platos vacíos, los devotos dejan de creérselo.

 

Sobre la pista de la Escherichia Coli

La bacteria Escherichia coli es, casi con certeza, de todos los organismos procariotas, el que creíamos conocer mejor. Imprescindible para la digestión de los alimentos, capaz de provocar la fermentación de la glucosa y la lactosa, las cepas de este bacilo han sido estudiadas durante generaciones por biólogos, técnicos en aguas sanitarias, e investigadores de todo tipo.

Antes de que se le cambiara el nombre, en atención a su descubridor, el bacteriólogo alemán Dr. von Escherich, era conocida como Bacillum coli, y para la generalidad de los mortales era, aunque de forma anónima, el causante habitual de cólicos y diarreas -hoy llamadas gastroenteritis-, que aparecían cuando se ingerían alimentos en mal estado o aguas contaminadas por heces y que, en su inmensa mayoría, se curaban al cabo de un par de días tomando mucha agua y manteniéndose a dieta "blanda".

La aparición de esta nueva cepa mortal de la Escherichia coli en Hamburgo ha puesto, sin duda, en desarreglo mental a los prestigiosos bacteriólogos de Alemania, pero también de todo el mundo. Después del descalabro de haber atribuído a los inocentes pepinos españoles y a una manipulación poco cuidadosa de las hortalizas almerienses el origen de la infección, ahora -es decir, en la mañana del 4 de junio de 2011, cuando escribimos esto- no se sabe cuál pudo ser el foco que provocó el episodio de contaminación que ha causado ya 18 muertes y más de 2.000 enfermos, algunos muy graves.

Aunque no hay acuerdo absoluto sobre la identificación de la cepa de Escherichia que está detrás de todo esto, la opinión más extendida cree haber detectado que no es una variante, ni una mutación, sino el producto de la combinación de los materiales genéticos de varias bacterias de la misma familia: el serotipo E. coli 0104, que sería el que proporciona la base (un 80%), y que fue identificado en Corea en el año 2005, y otra u otras cepas (0517, 026,0111), también con potencial letal, al menos para los seres humanos.

Como ya sucedió recientemente con otros episodios sanitarios, la rápida propagación de la noticia se contamina de inmediato con la imaginación y el sensacionalismo de los medios y, también, con las actuaciones precipitadas y las declaraciones de incompetentes autoridades que, faltas de criterio y deseando únicamente salvar sus pellejos, crean alarmas sociales improcedentes, disparando al primero que pasa.

Nos parece que la investigación del foco de esta contaminación ha de buscarse, como en toda labor policíaca, analizando, ante todo, el mapa con la ubicación de los afectados. El análisis de lo que han ingerido o tocado en los últimos días supone realizar una extensa tabla de datos cruzados en la que hay que analizar todas las posibles correlaciones. Para conseguir de inmediato este contraste, se debe hacer a todos los afectados y a sus entornos familiares o laborales, un mismo cuestionario, quizá con más de cien preguntas al inicio, que se irán ampliando o perfilando sucesivamente, yendo desde lo general a lo más particular.

Se ha dicho por algunos medios que la(s) cepa(s) bacteriana(s) es/son muy resistente(s) a los antibióticos habituales. Llama la atención que, a pesar de su alto nivel relativo de propagación -un par de miles de personas afectadas no son de despreciar-, es reducido el ámbito geográfico y el número de casos no crece exponencialmente, sino que se ha contenido,  por lo que no parece que su difusión sea sencilla, y, desde luego, tampoco parece que se propague por contacto.

La causa ha de buscarse en la ingesta de algún producto por parte de los afectados, y es lo más probable que provenga de alguna granja animal (vacuno, seguramente), en las proximidades a Hamburgo capital, o a alguna partida de carne contaminada desembarcada en ese puerto.

En todo caso, nada que justifique la tremenda alarma causada y, por supuesto, hay que expresar nuestra más total reprobación hacia el comportamiento en este caso, tanto de las autoridades sanitarias alemanas como de la propia Unión Europea, que han actuado de forma insensata, generando un pánico colectivo sin fundamento y, lo que es aún peor, sin soluciones.

En ayuda de Rajoy y Rubalcaba (2)

Proseguimos en este Comentario con la relación de temas que exigen un tratamiento más urgente, y cuyas propuestas concretas deberían ser objeto preferencial del programa de Gobierno, independientemente de su signo político.

3. Activación económica.- La reactivación supone señalar claramente los sectores estratégicos -para los que la forma de control desde la Administración puede incluso llegar a la fijación de precios independientes del mercado-, de desarrollo preferente -en el que se concretarán las ayudas y estímulos oficiales y los mecanismos de coordinación- y los que se dejan a la libre determinación del mercado.

No es una cuestión baladí. Aunque nos encontramos formando parte de la Unión Europea, nuestros representantes en esa institución parecen olvidarse a veces de que es, fundamentalmente, una agrupación de intereses comerciales, incapaz, a pesar de todos los voluntarismos, de funcionar como una verdadera unidad política.

El ejemplo más reciente de esta distancia entre lo que se dice desear y lo que en verdad se lleva a cabo es el episodio de descalabro de las exportaciones agrarias españolas, en la que otro país comunitario, Alemania, no ha dudado en imputar -se demostró que injustificadamente- a los pepinos españoles la causa del brote de la Escherichia colli en Hamburdo. La pésima gestión común de la política energética o la incapacidad para plantear una estrategia internacional, incluso ante temas tan graves como la defensa de los derechos humanos, el comportamiento ante los regímenes dictatoriales o la ayuda al desarrollo, son ejemplos concretos de la falta de criterios compartidos y de la primacía de los intereses nacionales sobre los europeos. 

La reactivación económica y, en general, la política económica, implica mantener activa la interrelación entre los agentes socioeconómicos, tutelándola y dinamizándola. El país necesita aumentar su productividad, y este punto no admite polémica en ninguna mesa de negociaciones. El sostenimiento de nuestra competitividad no puede basarse en la diferencia de los costes salariales con los países con los que competimos, a igualdad de desarrollo, porque eso es pura fantasía mercantil, que no puede sostenerse.

No existe más "clase empresarial" en esta etapa del desarrollo económico mundial que las empresas multinacionales, a las que hay que controlar con una legislación seria, bien estructurada y que impida los fraudes hacia paraísos fiscales de las plusvalías generadas aquí y que persiga las actividades delictivas, pero, y sobre todo, que anime a una colaboración y encaje entre los objetivos nacionales y los de estos grupos. Conseguir esa interlocución, y mantenerla, es sustancial.

Las empresas que cotizan en el Ibex 35 -y, por ampliación, las doscientas o trescientas empresas que generan más empleo y/o más facturación- deben ser objeto de un tratamiento especial, buscando siempre combinar la cooperación con los objetivos generales del Estado con el respeto a sus iniciativas de crecimiento. No hay que engañarse: ni existe el libre mercado ni la filantropía produce réditos económicos.

Máxima preocupación para la activación económica ha de ser la tutela de las pequeñas y medianas empresas y promover nuevas iniciativas. No toda propuesta particular es una "nueva iniciativa" que conviene proteger. Por el contrario, la imaginación individual, cuando no se cultiva con información correcta y con orientación respecto a las carencias a cubrir o perspectivas más saludables, lo que hace es generar redundancias y pérdidas de recursos, para nada.

No necesitamos más peluquerías, ni bares, ni mercerías, ni restaurantes, ni tiendas de iluminación ni complementos. Sí, en cambio, establecimientos de calidad, de muy alta calidad incluso, y especialmente en los campos de las nuevas tecnologías, de la informática, de la energía, de las comunicaciones, de control de contaminación -de las aguas, del suelo, del aire-,...

(Continuará)

Sobre el periodismo militante y el filtro de objetividad

El ex-Presidente de Extremadura, Juan Carlos Rodríguez Ibarra y el director de El Mundo, Pedro Jota Ramírez han resucitado viejas rencillas, de las que han hecho partícipes, como personas públicas que son, a mucha gente.

El propio Ibarra reconoció en el espacio que Toni Garrido le concede en el programa radiofónico de la tarde "Asuntos propios" (RNE1), que este nuevo episodio de su ya larga confrontación personal, surgió por la comparación que realizó el militante socialista entre el suceso -real o imaginado- que protagonizaron el ex-director del FMI, Strauss-Kahn y la limpiadora de habitaciones de hotel que lo denunció por acoso sexual y otro episodio -avalado por un vídeo vergonzante- que protagonizaron hace muchos años, el citado Pedro Jota y una trabajadora sexual con el pomposo nombre de Exuperancia Rapú.

Sin entrar en más detalles, las coincidencias que el imaginativo y tocacojones Juan encontraba, además de la componente sexual y el color de la piel de las figurantes femeninas de las respectivas historietas, se concretaban en la posibilidad de que DSK fuera hallado inocente pero la aún anónima denunciante diera con sus huesos y carnes en la cárcel, de forma similar a las consecuencias penales de aquel otro lance del que el periodista había salido colorado pero de rositas, (obviamente, pues el ser objeto de risión no está penado más que con cuchufletas y cachondeos),  en tanto que la del nombre de matrona "exhuberante y exótica" había pasado por el amargo trago de verse enchironada, por vulnerar el derecho a la intimidad, -que nada tiene que ver con tutús ni palos de escoba, sino con filmarle a uno haciendo el chorras en bolas (1) sin consentimiento-.

Utilizando el poder que le da ser director de un periódico de gran difusión, alimento espiritual del centro derecha del país, Ramírez montó la máquina de escribir en su cólera, y arremetió contra Ibarra, acusándolo de aprovecharse del dinero público para engordar su patrimonio y haber actuado como despilfarrador de recursos públicos, poniendo a los coches oficiales, en lugar de combustible, fantasías.

Todo esto fue en el programa radiofónico desmentido con serenidad por el ex-Presidente, quien dedicó palabras muy duras contra el periodista, en forma y modo tales que cabe vaticinar que habrán de verse las caras en los tribunales de Justicia, abriéndose así un nuevo capítulo de enfrentamientos entre una forma de entender, creemos que erróneamente, el periodismo -intermediarios de la noticia convertidos en primadonas- y la política -conceder más importancia a lo que se dice en los medios periodísticos que a lo que dice el pueblo-. 

Siempre ha sido imprescindible interpretar las noticias con reservas, pero se está haciendo necesario abrir un espacio en los cubos de la basura intelectual para los rifi-rafes entre periodistas y políticos, vulnerables egos que, por confusión de los biotopos, ya no pueden vivir los unos sin los otros y cuyas diferencias de opinión y rencillas personales, en realidad, no nos interesan a los demás ni siquiera como espectáculo.

(1) Nota para estudiantes de español (llamado en España castellano por algunos secesionistas, conscientes o no del valor de una lengua): "Hacer el chorras" -también se puede hacer en singular- es realizar actos contrarios a la razón, por divertimento, descuido o creyendo que uno se encuentra con la luz apagada y no hay observadores indiscretos; "hacer el chorras en bolas" comportarse como anteriormente descrito, pero en pelota picada, o sea, con las partes pudendas al descubierto.

En ayuda de Rajoy y Rubalcaba

No es por petulancia, pero la ausencia de programas explícitos para el Gobierno de España por parte de los candidatos a presidirlo de las dos fuerzas políticas actualmente más poderosas, nos anima a tratar de llenar el hueco, ayudando a definir las líneas maestras de las actuaciones que servirían para mejorar la situación del país.

Lo hacemos desde la modestia de nuestros conocimientos e información, entendiendo que lo que procede es abrir oportunidades de intercambio de ideas, que no existen o son insuficientes.

Por supuesto, no estamos expresando estas opciones desde ninguna otra ideología que no sea la voluntad de progreso y, por ello, lo que pretendemos exponer es igualmente válido para su reflexión desde otros partidos y, en especial, por Izquierda Unida y por UPyD, aunque matizamos que, precisamente por ser minoritarios y no tener vocación de gobierno, sus propuestas sí tienen mayor concreción, pero, en algunos casos, aparecen como irrealizables en el corto plazo y, por lo tanto, sin validez para la acción gestora.

1. Imperiosa necesidad de una reforma educativa total. Contrariamente a lo que se ha venido haciendo en nuestro país, la urgencia de esta reforma implica empezar, no por la enseñanza básica, sino por las Universidades y por la Formación profesional.

Es imprescindible revisar los títulos habilitantes para ejercer una profesión, los programas impartidos, las cualificaciones exigidas para acceder a las distintas carreras, desde una posición práctica, seria, constructiva y crítica. La reforma no ha de venir solamente desde los estamentos docentes, sino que han de participar en ella los demás agentes sociales y, en especial, empresarios, sindicatos y colegios y asociaciones profesionales. Se ha de confeccionar un Libro Blanco de Base y, a partir de él, plantear el reajuste completo de las carreras.

No se puede seguir engañando a los jóvenes con estudios que, en verdad, no les califican para nada o para muy poco. La mayoría de los que obtienen un título no están más preparados para obtener -¡no digamos crear!- un puesto de trabajo ue lo hubieran estado si hubieran dedicado el tiempo que emplearon en su hipotética formación en viajar en bicicleta por el mundo. Rectificamos, si hubieran hecho lo segundo, estarían mucho mejor pertrechados.

Como siempre sucede cuando las cosas se hacen mal, hay, si embargo -pero no sirve como defensa de la actuación- un grupo de superdotados que sobreviven, a pesar del sistema, y obtienen -generalmente, por sus propios medios- una gran capacitación. No siempre están recompensados con las mejores calificaciones, pero generalmente, sí destacan fácilmente: son admirados por sus compañeros, de los que se convierten en sus verdaderos maestros, y son protegidos por los profesores -los malos como los buenos- porque les ayudan a dar unas lecciones magistrales de las que los docentes se sienten, a veces orgullosos.

2. Reforma urgente de la función pública. Cuando se habla de la función pública se piensa, habitualmente, en los funcionarios, y se les asocia a gentes que tienen poco que hacer, un buen salario y su futuro garantizado. Sean cuales fueren sus privilegios -verdaderos o producto del imaginario colectivo- no es por su culpa. La inmensa mayoría han obtenido unas duras oposiciones, en su momento, y una buena parte de ellos desearían hacer bien las cosas, obtener satisfacción por el trabajo bien realizado y estimado por la colectividad.

Es imprescindible revisar las actuaciones desde la función pública, lo que nos conduce, indefectiblemente, a tratar dos cuestiones: a) el reparto de competencias entre las Administraciones el Estado; b) la definición de los parámetros e indicadores que permiten cualificar de eficaz, o, al menos, como aceptable, a la gestión de la cosa pública.

Las dos líneas de trabajo son tremendamente complejas, pero ineludibles. En relación con la primera, se trata de recuperar, si no competencias, al menos, la labor de coordinación y homologación en sectores fundamentales para el bienestar de la ciudadanía.

La transferencia de competencias en ambiente, sanidad, educación, justicia -como más relevantes- ha traído como consecuencia graves heterogeneidades y el descontrol de las actuaciones; en el caso del ambiente, la existencia de diecisiete formas de entender su protección ha motivado otras tantas realidades legislativas, políticas de intervención y sanciones y la exacta sensación de que, dependiendo del lugar en donde se ubique una actividad, las exigencias a cumplir son diferentes. Sin embargo, puesto que, a efectos de la Unión Europea, el responsable del cumplimiento de las Directivas es el Estado, esta disparidad abre un frente débil a sanciones ambientales -como así está siendo-, que pagamos todos los españoles.

En relación con la segunda, existen tremendas diferencias de dotación funcionarial, que no se corresponde con las competencias asumidas. Los municipios de menos de cincuenta mil habitantes, por ejemplo, no pueden realizar correctamente las funciones que se les han encomendado, por falta de equipos técnicos adecuados, además de insuficiencia de recursos. La privatización, por la vía de concesiones a muy largo plazo, no es más que una enajenación del control para muchos de ellos, incapaces de ejercer esa función de garante desde la Administración.

Mucho habría que hablar de las consecuencias del atasco judicial, que hace que los más poderosos tengan muchas más altas posibilidades de salirse con las suyas, tengan o no razón legal. Pleitear trae cuenta, y la posibilidad de pedir la ejecución provisional de las sentencias de primera instancia, en lugar de servir al propósito previsto de acelerar la restitución de las situaciones antijurídicas, dado el alto número de revisiones de estas sentencias por los tribunales superiores, y la posibilidad de dilatar casi sine die el resultado final de los procesos civiles, plantea multitud de injusticias reales, a las que no es ajeno, desde luego, la insuficiente preparación de algunos jueces, la complejidad legal -exponencialmente creciente- y la variedad casuística, que no queda resuelta apelando a la figura de los peritos judiciales, muchos de ellos, profesionales con escaso conocimiento de lo que dicen estar en situación de peritar.

 

 

Contra pepinos, pepinazos

A los alemanes les gustan mucho los pepinos y, a algunos de ellos, concienciados ecológicamente a estas alturas de la película mundial, los cultivados sin pesticidas, crecidos al natural, a buen precio, y, obviamente, ofrecidos con todas las garantías de salubridad e higiene.

La empresa "Pepino Bio Frunet" es uno de los productores y exportadores españoles de hortalizas a Alemania. En especial, como su propio nombre comercial indica, su producto estrella son los bio-pepinos, que en aquel país se comercializan como Bio-Gürken.

El nombre de esta empresa es, por el momento, el único que ha trascendido, como responsable de que algunas de estas humildes hortalizas, no muy del agrado de los gustos españoles, hayan aparecido en los mercados de Hamburgo y otros lugares del norte de la Europa comunitaria, infectadas con un tipo realmente raro de E. colli (Escherichia colli), la cepa O104.

El caso no es para minimizar, porque ese cepa bacteriana puede provocar la muerte y, hasta el momento, (31 de mayo de 2011) se han registrado 14 fallecimientos -y más de 400 enfermos- que le son atribuídos por las autoridades sanitarias alemanas, en una extensión que ha dado al caso características de "epidemia".

Desde el momento en que se tuvo la sospecha de que una partida de pepinos españoles era portadora de la bacteria, se informó, su importación. Como es de imaginar, se creó una alarma general sobre las hortalizas españolas, cerrándose para ellas el mercado comunitario.

Es conmovedor ver ahora las fotografías de la consejera andaluza de Agricultura, Clara Aguilera, comiéndose "a pelo" un pepino ecológico, componente que ha pasado a ser constituyente de la dieta forzosa de los políticos españoles. Porque desde nuestro pequeño país se está negando la mayor: los pepinos portadores del bicho ese pueden que sean españoles, pero la bacteria de marras, no.

Conmueve, pero también, nos enrabieta. Haber apuntado hacia la tierra de cultivo de las hortalizas, sin haber realizado una mínima investigación, no ya respecto a lo que habían ingerido los afectados -algunos declaran no haber probado pepinos de ningún tipo- sino de lo que pudo haber sucedido a unos pobres pepinos españoles hasta llegar a un mercado de Hamburgo -proceso sometido a condiciones estrictas de trazabilidad-, es una temeridad cuyo daño comercial no puede menospreciarse.

Es como si, por haberse saltado una tuerca de una máquina fresadora automática alemana, con la desgracia de haber saltado un ojo a un operario, se prohibiese la importación de todas las máquinas herramienta con origen en las tierras teutonas, sospechosas de pronto en haber sido mal ensambladas.

Un pepinazo, vamos.

Para terminar el Comentario, recogemos que la penicilina y los antibióticos tradicionales "de amplio espectro" no sirven para tratar las diarreas, en los casos más graves, sanguinolentas, causadas por esta bacteria mutante, que produce las toxinas Shigas, a las que se imputa lo que se conoce como Síndrome urémico hemolítico (SUH o HUS, por sus siglas en inglés).

Los europeos nos hemos vuelto muy limpios (aparentemente, al menos), lavamos con agua clorada las hortalizas y legumbres que ingerimos, y son raros los episodios diarreicos.

Tanto lavarnos nos ha hecho, posiblemente, más vulnerables y, también, menos imaginativos respecto a lo que puede suceder en una manipulación de lo que comemos, que no está bajo control total (cajas que caen al suelo, camiones que se utilizaron antes para transportar ganado, expendedores, cocineros, sirvientes o el propio que ingiere el alimento, que no se lavan con jabón después de ir al aseo, etc.).

En Latinoamérica han hecho más estudios de cómo tratar a estas cepas. Parece que los antibióticos betapenems, que pertenecen al tipo de los Beta-lactámicos, (entre los que figuran penicilinas, cefalosporinas y muchos otros), administrados por vía intravenosa, son los únicos que han evidenciado la deseada eficiencia para atajar el síndrome. 

Mientras se resuelve el embrollo, un consejo para gente tranquila: comamos hortalizas españolas, que se nos han puesto muy baratas y siguen estando igual de ricas y nutritivas. Lo hemos hecho con la carne de ternera cuando la aventura de las "vacas locas", con las fresas italianas cuando "el desastre de Chernobil", con el aceite de oliva cuando los "bichitos de la colza", con las aves de corral cuando el episodio de la "gripe aviar", sin olvidarnos del "salmón noruego contaminado con mercurio", de la "merluza del norte con anisakis", y de las apetitosas "caballas y sardinas del norte", cuyo único defecto conocido es ser baratas hasta que las descubran los japoneses.

A las autoridades alemanas les puede importar el asunto del pedrisco que han levantado sobre el campo español un pepino, pero a nosotros, el que los alemanes no nos importen los pepinos no solamente nos hace la pascua y nos toca los pinreles, sino que nos parece increíble que nos sigan viendo como gastarbeiter que les limpiamos la basura con las manos sucias por su roña, después de las veces en que les hicimos la pelota por sus ocurrencias y nuestros esfuerzos porque se sientan en su casa cuando su idea del estado del bienestar los convierte en jubiletas, poniéndose morados con nuestros caldos y mariscos y rojos por el sol de nuestras playas. 

¿Hasta cuándo?

Los acampados en la puerta del Sol de Madrid han decidido prolongar la ocupación de la emblemática plaza, el domingo, 29 de mayo de 2011. Lo que no saben es hasta cuándo.

Para poder decidir hasta cuándo, es decir, en qué momento se encontrarían en la situación evaluable como de victoria o derrota respecto a sus planteamientos, tendrían que haber precisado con antelación qué es lo que pretendía obtener y cuáles son los mínimos con los que se conformarían.

Iniciada la movilización, tendrán que valorar, si se deciden a desistir sin haber obtenido lo que querían, o, en caso de proseguir, cuánto sufrimiento -económico, de prestigio, social, etc.- están en disposición de soportar. 

No lo han hecho.

No haberlo hecho así, -y no estar dispuestos a hacerlo aún-, implica graves riesgos de que el movimiento pierda adeptos convencidos de la pertinencia de la protesta, y se radicalice, concentrándose en los que, sin atender a razones, lo que buscan es utilizar como escudos a los ingenuos, porque su objetivo no es negociar, sino armar barullo, encrespar.

Las cosas están así, por tanto: mal planteadas. Porque lo que hizo simpático a bastante gente fue lo abstracto de sus peticiones, variopintas, pero asumibles por muchos, deseadas como forma de enderezar un rumbo que, por la autocomplacencia, la crisis, la falta de trasparencia y los episodios de corrupción, se había torcido: -"democracia real", "cambio de comportamientos", "mejora de la educación cívica"-, suenan bien y no hacen daño más que como llamada a recuperar la ética personal, por exigencias del pueblo llano.

El movimiento surgía en su momento, además, con un objetivo concreto, relacionado con la fecha de las elecciones en España: "No les votes". Tuvo sus adeptos, pero, ahora, realizadas las elecciones, evidentemente, ha dejado de ser válido.

Trascurridas más de dos semanas de acampada, carece de sentido mantener el asentamiento como si se tratara de un parlamento alternativo, porque no lo es, ni puede llegar a serlo. Trasladar de esta forma el "poder al pueblo", volver a las asambleas medievales para decidir, es inabordable, anticontitucional y antidemocrático.

Es antidemocrático, habida cuenta que los más concienciados políticamente de los manifestantes del Quince Eme saben muy bien que no representan a la mayoría.

Sus ideas de cambio son -o pueden parecer a muchos- interesantes, los principios suenan atractivos, pero ni la realización de lo que propenden es factible ni habrá lugar a ella, porque, por cientos o miles que reúnan estas ideas, la inmensa mayoría quiere otras cosas, precisa de otro orden, sabe que para conseguir algo, hay que emprender otras vías, hablar, negociar sin presiones, seguir los cauces democráticos.

Convertir las Plazas de los pueblos de España en un remedo de la esquina del Hyde Park, no puede ser tenido por ejercicio de democracia. Es un adorno, un arabesco.

Y en todo caso, para los que quieran subirse a un cajón y decir algo que les libere de su adrenalina, se podría habilitar un lugar en el Retiro, un Speaker´s Corner castizo, en donde no estorben demasiado.

Porque la calle, jóvenes del Quince-Eme, quien quiera que seáis, no es vuestra; es de todos, siempre que la usemos para pasear, saludar a los amigos, ir de un lado para otro con las cosas de trabajar y de comer, no para convertirla en un lugar de acampada ni para hacer de ella un poster con chorradas (porque, aunque algunas de las ideas nos parecen bien, la mezcla conseguida es puro esperpento).

En favor de los ingenieros españoles

En favor de los ingenieros españoles

Cada vez que se publica el nombre de los premiados en el capítulo de Investigación Científica y Tecnológica de esa estupenda iniciativa para llamar la atención sobre Oviedo que son los Premios Príncipe de Asturias, nos preguntamos dos cosas:

a) la forma exacta de seleccionar, de entre los numerosos grupos de investigación que trabajan por el avance de la ciencia, aquellos que merecen ser destacados, y las razones para hacerlo, y

b) los caminos de selección que, a pesar de que una aceptable proporción de científicos españoles han alcanzado el galardón, han dado por resultado que, hasta el momento, solamente un ingeniero, Amable Liñán (Dr. Ing. Aeronáutico), haya sido distinguido con él (en 1994), siendo el grupo de los físicos, biólogos y médicos quienes más atención han merecido del Jurado.

Como no deseamos convertir este Comentario en una relación de merecedores del premio, nos limitamos a apuntar que, sin duda, entre las "medallas" de la Real Academia Española de Ingeniería -fundada justamente en 1994- tiene que haber muchos dignísimos candidatos.

Y, como nos consta que, incluso dentro de este prestigioso núcleo de ingenieros ilustres, surgen amores y odios hacia otros colegas a los que se les niega el pan y la sal para sentarse en esa plataforma, demos por hecho que no están allí, en la Academia,  todos los que son. Habrá que buscar también, con las debidas normas de serenidad y seriedad, en otros foros de prestigio, quiénes han hecho descubrimientos y aplicaciones relevanes.

Tenga la seguridad el lector que se habrán de encontrar más de un centenar de ingenieros españoles con méritos para figurar en la élite mundial. Nos vendría bien ponerlos en valor, por la cuenta que nos tiene: hacer difusión de lo que hacemos bien en este país con permanentes pretensiones de que no nos tomen por el pito del sereno, pero sin saber cómo zafarnos del sanbenito.

Además de deportistas, de bioquímicos emigrados y de esforzados médicos oncólogos formados en el extranjero, en España también tenemos ingenieros laureables.

Porque, además, qué caramba, los Premios esos de Asturias los pagamos entre todos.

Sobre las inconveniencias ambientales (y 3)

La introducción de los factores económico-financieros en las estrategias que pretenden elevar los niveles de bienestar básicos en las poblaciones de los países en desarrollo, sitúa la magnitud del problema en una dimensión titánica.

Limitándonos exclusivamente a dos de los servicios más elementales, agua y residuos, situar la gestión para los usuarios dométicos (¡solo!) en el nivel actual de los  países desarrollados, implica movilizar anualmente, en todo el mundo, más de 240.000 millones de euros.

Son cifras orientativas, sin duda, pero que sirven para dar una idea de la dimensión del problema. La gestión integral del agua (incluído el tratamiento básico de depuración de las aguas residuales) no bajará, tomando costes actuales en la Unión Europea, de los 1,3 euros/m3, lo que para un modesto consumo por persona de 30 m3/año -inferior a los 100 litros/día, por tanto- de los 180.000 Mill. Euros/año (cifras de 2010).

Haciendo un cálculo similar para resolver, con estándares europeos, lo que se estima como correcta gestión de los residuos domésticos, y teniendo en cuenta una producción de 0,3 t/año por persona (igualmente modesta), y aceptando un coste medio de 30 euros/t, se llegar a la desalentadora cifra de 54.000 Mill euros/año (cifras de 2010) como necesarias para sostener el equilibrio económico de una gestión de residuos domiciliarios a nivel mundial.
A nadie se le ocurriría pretender recaudar tales cifras de los países en desarrollo, en donde para casi todas las familias, podrían suponer más del 15% (en algunos lugares, incluso más del 100%) de la renta familiar. Los desequilibrios actuales de renta y nivel de vida en ellos, solo para estos servicios que reputamos de básicos con nuestra mentalidad de bienestar occidental, implican aceptar que la mejora de los servicios domiciliarios se concentre en los núcleos centrales de las poblaciones, que pueden soportar mejor el coste, limitando a prestaciones muy elementales -una fuente, unos pocos contenedores- a los pobladores de la periferia, que nada podrán pagar o solo cantidades simbólicas.
No mejora esta actuación, por lo tanto, la consecución de un equilibrio, sino que lo aumenta. Tampoco es sencillo convencer al sector más solvente en lo económico que subvencione a los más humildes, pagando mucho más por el servicio de lo que les costaría, si todos asumieran su parte.
Estos cálculos pueden parecer frágiles a quienes se contentan con manejar ideas sin descender a las cifras de lo concreto. Para ellos, la mala noticia es que estos costes de gestión solo se alcanzarían después de una descomunal inversión en infraestructuras, y ese paso previo, al nivel de calidad al que se acostumbraría el mundo occidental, fue iniciada, actuando de motor económico, a finales del siglo XIX y principios del XX por empresarios locales privados, que habían conseguido su fortuna en la emigración y con la explotación de recursos de países de desarrollo.
La financiación de infraestructuras en los países en desarrollo está movilizando importantes flujos de capital, para los servicios ambientales. Estas ayudas se realizan, en general, por entidades financieras multilaterales, que prestan a los Estados, bajo la forma de créditos a largo plazo, las cantidades necesarias, supervisando que los proyectos sean rentables, porque se pretende que se puedan devolver con los beneficios que generen, en fórmulas de capital-riesgo sofisticadas, en las que la garantía final proviene de los Estados que actúan de receptores de los préstamos.
La financiación multilateral supera los 21.000 Mill $/año, a la que hay que añadir algunos miles de millones más aportados por canales filantrópicos y de actuaciones mercantiles puras. Se calcula que se han invertido más de 140.000 Mill. $, que, teóricamente, habrán de ser devueltos en los próximos 50 años, gracias al "desarrollo sustentable".  Se necesitarán otros tantos para lograr los objetivos del Millennium en 2015.
Por su parte, el World Development Report 2010 estima que la mitigación del cambio climático en países en desarrollo costará 140–175.000 mill$/año durante los próximos  20 años, y los de "adaptación" (para combatir inundaciones, tifones, etc.) supondrán de 30–100.000 millones$/año de 2010 a 2050 .
Según la UNFCCC, en su informe de 2009, en 2008, se dedicaron 4,5.0000 Mill $ a actuaciones relacionadas con el clima, que se aumentarán a 28.000 Mill$/año en 2010-2012 y subirán a $100.000 Mill/año.
Comprendemos que el lector se encuentre mareado con estas cifras. Quédese con esta simple idea. Cómo los gobiernos mobilizarán este nivel de recursos, se desconoce. El coste de mantener la biodiversidad no ha sido aún calculado.

Sobre las inconveniencias ambientales (2)

Sobre las inconveniencias ambientales (2)

La observación desinhibida de prejucios ideológicos o buenistas acerca de lo que está sucediendo en el mundo globalizado respecto a la consecución del hipotético objetivo del desarrollo sustentable, nos lleva a extraer varias verdades incómodas, que hemos expuesto en la conferencia a que hicimos referencia en el comentario anterior:

1. El ambiente seguirá siendo degradado y, además, seguirán contaminando más los países más desarrollados. La aceleración con que se produce el deterioro es tanto mayor cuanto mayor sea el crecimiento de la población, y los agentes contaminadores concentrarán las actividades más depredadoras en los países y zonas en los que las brechas tecnológicas, económicas y sociales sean mayores, y se combinen con una legislación inexistente o permisiva.

2. El terreno agrícola disminuye aceleradamente, provocando desequilibrios crecientes para satisfacer la demanda. Estados Unidos y Europa son ya fuertes deficitarios, pero, además, el crecimiento de las urbanizaciones y de las infraestructuras, junto con el abandono del campo y la selección ineficiente de los cultivos, provoca la pérdida irrecuperable de zonas agrarias.

3. El coste de contaminar lo pagamos todos, pero el beneficio lo recogen solo algunos. Por grande que sea el esfuerzo por internalizar los costes, los agentes más contaminadores triunfan en sus propósitos de evadir los controles y enmascarar los resultados. Recuperar un ambiente contaminado es mucho más caro que deteriorarlo, convirtiéndolo en recurso en beenficio del depredador. Las diferencias entre lo que paga el contaminador a la sociedad y lo que esta debe aportar son siempre beneficiosas para el infractor.

4. La capacidad de regeneración natural del planeta está ya ampliamente superada y aunque sabemos que el consumo de bienes ambientales no está relacionado directamente con el bienestar (el individuo asocia, en lo relativo al ambiente, el bienestar con su contemplación y uso, no con su consumo destructivo), carecemos de consciencia ambiental para valorar el verdadero efecto de nuestras acciones.

En este contexto general, que obliga a mantener una perspectiva pesimista acerca de lo que dejaremos a las generaciones venideras (un problema agravado y que hoy entendemos como irresoluble), el conferenciante se planteó acerca de lo qué podríamos hacer -desde la perspectiva de modificar drásticamente la tendencia creciente de producción de contaminantes-, dirigiendo la reflexión hacia tres tipos de propuestas:

1. Técnicas.- Los Mecanismos de difusión tecnológica tienen que ser revisados, ya que compartir tecnología con los países en desarrollo solo tiene sentido si esa tecnología es respetuosa con las condiciones naturales y ayuda a la mejora de bienestar de las gentes del territorio en donde se implementan. Consumir ambiente de los países menos desarrollados para mantener el nivel de vida y de consumo de los países desarrollados es una trampa ideológica que acelerará el desastre. El discurso ambientalista no puede ser el mismo a ambos lados del desarrollo.

2. Jurídicas.- No puede mantenerse la situación de falta de consenso entre los países desarrollados respecto a lo que debe hacerse. Los tratados internacionales no se cumplen y, aún más grave, los principales infractores son los países más industrializados. El Convenio de Basilea es incumplido por Estados Unidos y la Unión Europea, que han permitido, entre otros muchos ejemplos, la exportación de residuos contaminantes a países en desarrollo (caso de Accra, en Ghana, de Guiyu, en China, entre muchos otros), enmascarados como "donaciones" o "materiales de segunda mano". El Tratado de Kyoto no fue suscrito por Estados Unidos, los acuerdos no serán cumplidos por varios países y, desde luego, no parece haber prisa para  activar nuevos compromisos de reducción de contaminación cuando expire (en 2012), a pesar de los negros auspicios de la mayoría de la comunidad científica sobre las consecuencias de no hacerlo.

3. Eticas.- En este aspecto, el conferenciante defendió la necesidad de recuperar la conciencia ética, tanto de gobernantes como de la población en general, y orientó la propuesta para concretar la realidad de la aplicación de los términos Responsabilidad Social Corporativa -ya clásico- y el de más nuevo cuño, Responsabilidad Social Gubernamental (RSG). Los gobiernos deben dar ejemplo de comportamiento, y convertirse en el referente. Existe una frontera mínima para la RSG, que es la penal; pero hay un nivel para evaluación del comportamiento que es el que ha pasado a ser exigible a los que pretenden gobernar en la aldea global.

Ese nivel ético, voluntario, pero inaplazable, supone poner definitivamente en valor que los que nos gobiernen han de serlo porque son los más experimentados, los que tienen la mejor información, los que carecen de cualquier servidumbre que no sea la satisfacción de trabajar por la sociedad a la que representan. Con una matización sustancial: en la obtención del bienestar para sus administrados no pueden pretender el sacrificio sin contraprestación de quienes no lo son.

(El gráfico que ilustra este Comentario responde a las conocidas Curvas de Kutnetz, quien expresó que el desarrollo -medido en incremento de PIB en valores constantes- provoca el incremento en la producción de contaminantes, hasta llegar a un cierto momento en que la sociedad consigue controlar la situación y retornar a niveles de partida.

La propuesta empírica tiene algunos detractores, pero ha podido ser comprobada, según otros, con datos reales. En nuestro trabajo, consideramos que el cambio en la tendencia debería venir forzado por la combinación de tres factores: incremento de la legislación y, sobre todo, de su poder coercitivo, perfeccionamiento de los procedimientos técnicos, con una fuerte dedicación de recursos a investigación que tengan una perspectiva de rentabilidad para los agentes y, como más importante, la consciencia ética. Sin embargo, el factor oculto que parece predominar es la traslación de la contaminación a países en desarrollo, dándoles tecnología para fabricar semiproductos y las materias más contaminantes.)

 

Sobre las inconveniencias ambientales

Sobre las inconveniencias ambientales

Una de las leyes ambientales sacadas a la luz de la razón por el físico Dr. Bartlett,  emérito Profesor de la Universidad de Colorado, expresa que "añadir sostenible a todos los informes, comunicados y normas no es suficiente para conseguir la sostenibilidad".

En la conferencia que pronunció el 26 de mayo de 2011, el autor de estas líneas, en el Claustro de la Escuela Técnica Superior de Ingenieros de Minas de Madrid, fueron presentadas algunas de las incómodas cuestiones que rodean el tema del desarrollo sostenible, ese oximoron, (es decir, absurdo, o contraditio in terminis) en torno al cual se arma tanto jaleo verbal en los más variados foros.

Como tantas otras cosas de las que el apático personal cree saberlo todo, a la conferencia asistió un puñado de amigos, que puso el nivel y la calidad intelectual a la conferencia. No hubo alumnos, a pesar de haber sido pronunciada en un centro de formación, porque andarían entre los exámenes que les capacitarán para ser parados de lujo; y no hubo gentes anónimas -para el que suscribe- entre el auditorio, porque el Club Español de Medio Ambiente, una ONG con un hermoso nombre, pero en crisis existencial, tiene una evidente escasísima capacidad de arrastre que, desde luego, no puede compensar el nulo gancho del conferenciante.

Liberados, pues, del desánimo que produce haber preparado, creemos que bien, una charla y hallarse ante un auditorio exigüo en número, pero, repetimos, altísimo en calidades intelectuales (aunque, por eso mismo, nada podemos enseñarles que no les inquiete ya), vamos a dar unas pinceladas sobre lo que se trató en la charla.

El desarrollo sustentable, expresó el conferenciante, se polariza hacia el ambiente, de una forma instrumental y falaz. Los cinco elementos de la construcción del modelo sustentable, como objetivo inalcanzable, aunque movilizador, tienen que ver -además de con los habituales apoyos económico, social y ambiental- con otros dos, tanto o más importantes: la técnica y el derecho (elemento este último al que se debe asociar, como instancia conexa, la ética).

Hemos expuesto que el desarrollo sustentable no se puede alcanzar de forma global, porque falta voluntad global e individual. Los actos egoístas dominan las expresiones altruistas, y los propósitos reales son adornados con realidades durísimas.

El efecto nimby (noenmipatiotrasero) se combina con la visión túnel (asícomoloveoeslocorrecto), impidiendo soluciones que permitan el reparto de las cargas y los beneficios del desarrollo sobre todos, atendiendo a que pongan más los que más disfrutan, en provecho de los que más padecen por las decisiones.

N.B. La foto fue obtenida por Guillermo Koerting, director del CEMA, al que agradecemos la invitación y animamos a seguir sosteniendo, contra vientos y calmas, ese espacio de comunicación de reflexiones y silencios en torno al ambiente y los ambientólogos y que, como muchas de las cosas que deberían merecer la pena, no despiertan interés porque, al fin, la minoría está donde quiere la inmensa mayoría: con el circo).

(continuará)

 

Sobre el deterioro insostenible de nuestra convivencia

Sobre el deterioro insostenible de nuestra convivencia

Tenemos más razones para ser pesimistas respecto al futuro de la especie humana en conjunto que para defender el optimismo con el que nos obsequian, en cada ocasión, los paladines y principales beneficiarios de nuestro actual desorden: grandes empresarios, políticos y altos funcionarios.

Si el lector es amigo de las representaciones gráficas vinculadas al desarrollo, y, aunque no lo fuera, como observador inteligente, habrá tomado conocimiento de que el crecimiento de la población y el aumento del bienestar suponen un sistemático, y en general exponencial, deterioro de los parámetros ambientales.

Los optimistas defienden que, a partir de un cierto momento, la tecnología, la conciencia social y, en no menor término, una legislación restrictiva, detendrá el deterioro y se volverán los parámetros a cifras gobernables.

Los pesimistas opinan que, aunque eso fuera cierto, el momento en que se invierta la tendencia estará demasiado alejado de la posibilidad de mantener incólumes a una prte importante de la población mundial, y, antes incluso de que se llegue a esa situación de autocontención del sistema, percerá un número suficiente de individuos, de forma que se alcanzará el equilibrio nuevamente en un punto anterior, pero sin necesidad de haber incorporado tanta tecnología ni tanto derecho.

En la Plaza del Sol, en Madrid, un grupo combinado de inconformistas, ilusos, marginales y rateros, está consiguiendo trasladar a la mente general el ejemplo de cómo se llega, rápidamente, a generar una situación de caos con buenas intenciones de partida, cuando se da el poder a la masa, sin otra directriz que "el poder es vuestro".

Hacen falta líderes creíbles que pongan en pie programas realizables. Si faltan unos u otros, el deterioro de nuestra convivencia se vuelve rápidamente insostenible y el desorden lo dominará todo.

Alcalde, hay que poner coto a esta manifestación de libertinaje, ya.

Sobre estrategias animales y humanas improvisaciones

La observación de comportamientos en el mundo animal nos ha servido para extraer ejemplos que asimilamos a estrategias, aunque posiblemente deberíamos hablar más acertadamente de instintos y aprendizaje selectivo.

Los adultos enseñan a las crías la manera más eficaz de proporcionarse alimento y protegerse de convertirse en el de otros y, a base de probar el modelo, los jóvenes llegan a su perfección (o mueren en los intentos).

Hablamos, pues, de la estrategia del avestruz (esconder la cabeza ante los peligros), de las leonas (cazar en grupo, agotando a la presa persiguiéndola sucesivamente), de la hormiga león (esperar en el fondo del agujero a que resbale por las inclinadas paredes su alimento preferido), de la araña (tejer un entramado tramposo para confundir a incautos que creen obtener otra cosa)...

Incluso se han escrito libros sobre las estrategias animales: Antonio Núñez ha publicado recientemente "La estrategia del pingüino", y aprovechó que el Pisuerga pasa por Valladolid (o el Nora por Oviedo o que el Manzanares nace en Madrid) para aplicar el cuento a la actitud de los mandamases socialistas en estas elecciones.

Sin desmerecer, en absoluto, todos estos bellísimos intentos de acercar el mundo animal a nuestra área de conocimiento, estamos cada vez más convencidos que lo que caracteriza al ser humano, como colectivo es el rechazo visceral de toda estrategia e, incluso, el gusto por desmontar cualquier intento de aprovechar como enseñanza los descalabros que han sufrido los antepasados.

Si la generación de los mayores trata de imbuir a los más jóvenes la necesidad de huir de ciertos comportamientos peligrosos, se puede tener la seguridad de que los retoños los probarán en su grado sumo. Entre los placeres de la existencia, el hombre ha encontrado el de hacer justamente lo contrario de lo que le indiquen, como más sensato, los experimentados (léase, escarmentados).

Puede que el avance de la Humanidad tenga que ver con este continuo prueba y error en el que los ensayos más aplaudidos se llevan a cabo en los territorios que deberían estar prohibidos, a tenor de las experiencias dolorosas del pasado.

Tal vez como consecuencia de la asunción del escaso valor de la enseñanza para transmitir conocimientos, estamos asistiendo a un ceremonial de improvisaciones, de desprecio de técnica, de pasarse por alto (por los arcos del triunfo, se dice, incluso) los consejos de los que podrían tenerse por más sensatos.

Habrá que ponerle un nombre a este destrozo: "estrategia del ñu".

Estos animales, si en su peregrinar se encuentran con un obstáculo que individualmente no pueden salvar, no se detienen ni buscan otro camino. Se van precipitando en el vacío, empujados por los que vienen detrás y por su instinto ciego, y, cuando se ha acumulado un montón de cadáveres adecuado, el resto de la manada puede pasar sobre ese puente de carne sacrificada.

Otro comportamiento del mismo cornúpeta confirma las similitudes. En uno de esos magníficos documentales de National Geographic, se recoge el episodio en que un ñu adulto -fuerte y sano- es atacado por varias leonas, que, después de conseguir detenerlo en su carrera, se esfuerzan en doblegarle la cerviz para darle las detelladas definitivas, agarrándose con sus patas a la dura piel del bóvido, que desgarran una y otra vez sin piedad.

Los demás rumiantes han escapado, veloces. Solo el macho dominante de la manada observa la contienda, para el caso, según se nos explica en off, en que su colega consiga liberarse de las carnívoras, y acompañarle de vuelta al rebaño. Sin embargo, cuando percibe claramente que el otro no conseguirá zafarse, da media vuelta y lo abandona a su suerte, sentenciándolo así antes de que los felinos consumen la tragedia que a unos da muerte y a otros sirve de alimento. 

Esta parte de la estrategia del ñu resulta igualmente emocionante.

Desde Guatepeor a Guatemala, con vistas a Guatemejor

Ha ganado el Partido Popular en las elecciones celebradas en España el 22 de mayo de 2011, como se esperaba. Lo ha hecho con el apoyo de una amplísima mayoría -más de dos millones de votos de diferencia con el PSOE-, lo que no se esperaba.

El voto de los descontentos del centro izquierda ha ido a parar -además de a la abstención- a Izquierda Unida (que ha matizado sus posiciones más radicales, concentrándose en una crítica hacia la política económica del partido en el Gobierno, pero sin profundizar en propuestas que pudieran espantar a votantes menos concienciados) y a Unión por el Progreso y la Democracia (que defiende la mejora de la gestión pública, basada en la honestidad y la solvencia).

En el País Vasco, la singularidad ideológica de ese paisanaje que se encuentra cómodo en alimentar soledades, ha permitido, aprovechando la propaganda gratuita proporcionada por el temperamental rechazo conjunto del PP y del PSOE hacia una fuerza que les podría desbancar de un gobierno compartido, que Bildu, una formación cuyo programa se concreta en la independencia como forma de suicidio económico, consiga un fuerte respaldo-.

Nos espera, hasta marzo de 2012, en que se celebrarán las elecciones generales, completar un período muy interesante para la democracia española. Por una parte, se trata de una prueba de solvencia -insuficiente en el tiempo para ver resultados, pero aceptable para captar estilos- al Partido Popular, que ha conquistado plazas en donde venían gobernando algunos de los más solventes militantes socialistas.

Por otra parte, para el PSOE, aún con unos meses por delante de gobierno central, se trata de demostrar si es capaz de ordenar la grave situación económica del país, generando una nueva ilusión y abriendo cauces a la participación ciudadana. No será posible sin conseguir la colaboración de las grandes empresas, los sindicatos y, sobre todo, sin tranquilizar a la población, activando de una vez líneas de generación de empleo reales y cambiando el escenario de las batallas dialécticas, pues ya se ve que los votantes no están tan preocupados por la corrupción como por la exhibición de eficacia que, tratándose de gobiernos, ha de ser demostrable, no especulativa.

Creemos que hay más opciones para el optimismo, y se atisba, aún lejos, pero en la línea de lo factible, la posibilidad de caminar hacia Guatemejor. No tiene que ver, si se nos ha seguido hasta aquí, con quién gobierne, sino cómo lo haga.

(N.B. Los jóvenes portavoces de "Democracia real, ¡ya!", anuncian que se mantendrán una semana más ocupando las plazas, pero estas van quedando vacías. Era de esperar. No puede pretenderse que la atención popular se mantenga durante mucho tiempo sin objetivos concretos, que puedan asumirse como logros.

Y "democracia real" no es un objetivo político, es una necesidad de contexto, como comer o tener cobijo. Para confeccionar un programa, hace falta escribir la letra pequeña y eso exige meditación y trabajo de gabinete. Suerte, muchachos. Os queda lo más arduo.)

A DSK le han hecho una pirula

El serio lector podrá pensar que para un día como hoy, 22 de mayo de 2010, en el que treinta y cuatro millones de españoles -o más- están llamados a las urnas para expresar su descontento, habría cosas más importantes sobre las que escribir que volver a dedicar un Comentario de uno de los Cuadernos más prestigiosos del país a hablar de un, -hasta el 15 de mayo de los corrientes-, prácticamente desconocido por  estos predios, director gerente del Fondo Monetario Internacional.

Pero es que lo que le está pasando a Dominique Strauss-Kahn (DSK, para los amigos de las siglas, entre los que se encuentran todos los norteamericanos), no tiene nombre, pero arriesga cambiar la historia de la humanidad. Por eso, nos referimos a él y sus circunstancias con este título poco común, porque, de veras, nuestro sentimiento es que le han hecho la pirula.

No decimos esto porque hayamos tenido el soplo de que se haya sometido a la operación de cirugía estética del instrumento que sirve a los infantes para la micción. No.

Le han hecho una trastada, se han saltado las normas de obligado cumplimiento para meterlo en un berenjenal del que solo saldrá, sí o sí, con mierda hasta las cejas y, a medida que se la emoción del primer momento deja ver más detalles del bosque, aparece claro que le han tendido una trampa, en la que cayó como un pinín.

Pasemos por alto que, en una típica llamada de atención para despertar el interés sobre el personaje, se ha difundido hace un par de días la foto del futuro protagonista de la debacle entrando a un Porsche con su mujer, la famosa multimillonaria de familia, informadora periodística de renombre, Mme. Sinclair.

Aquel anuncio nos puso en el cuadro mediático al candidato de la gauche (pas divine, monsieur, la gauche enmerdée) para desbancar, con sus buenas opciones, al actual presidente francés, Sarko, casado también en n-simas nupcias con una joven actriz, la Bruni, descubierta para el celuloide de culto por el antes genial Woody Allen.

Pasemos por alto incluso que ahora haya una tal Madame -esta vez con todas las letras- Kristin Davis, que realizó en cameo como el propio DSK en el docudrama Inside jobs, que afirma, dado que su profesión de conseguidora de prostitutas de lujo -abrimos paréntesis: "jóvenes de reputación impecable que rentabilizan su disponibilidad sexual a más de 1.000 dólares la hora, aproximadamente lo que cobran, con perdón, por un trabajo distinto, los consejeros delegados de muy pocas selectas compañías, algunos de los cuales se gastan una parte de sus honorarios en dar rienda suelta a sus frustraciones sexuales con ell@s", cerramos paréntesis- no le permite proteger a violadores, que Dominique no solamente era cliente de su red -que ya le bastaba-, sino que, además, era un sádico que forzaba a sus chicas (y nos preguntamos, ignorantes de cómo se hacen estos negocios de tal hampa, ¿por qué lo haría?¿sería para no pagarles?).

Pasemos por alto que a DSK se le han aparecido, y vendrán más, algunas amantes sufridoras de su desenfrenado apetito sexual, que cuentan ante las cámaras las vejaciones de que han sido objeto y que antes no se atrevieron a narrar por temor a represalias y cuya veracidad, confiamos ciegamente, la justicia francesa -que tiene otros parámetros de valor algo diferentes a la norteamericana- se encargará de esclarecer, a partir de las oportunas instrucciones de los órganos judiciales competentes.

Detengámosnos, pues, en lo que sabemos, aún intuyendo que está contaminado por la imaginación de lenguaraces policías e imaginativos periodistas de investigación.

1. DSK está duchándose, después de haber ingerido un copioso desayuno. Un camarero se dispone a retirarle la bandeja con los residuos y la limpiadora de piso del flmante hotel de lujo pide permiso para entrar que, diligente, el empleado anterior le concede por su cuenta.

2. DSK, ignorante de que hay una mujer en su cuarto, sale del baño -vamos a suponer que púdicamente cubierto por una toalla de esas que dan dos vueltas a la cintura- y al ver a la chica se avalanza sobre ella y, tirándola sobre la cama, intenta violarla. Después, como la joven se resiste y se zafa del acosador, la persigue por el pasillo -ignoramos si ha tenido tiempo de vestirse, entre zarandeos y forcejeos, aunque entendemos que la respuesta ha de ser que sí-.

3. Si hemos puesto el cronómetro a correr, debemos contar con que necesitamos unas cuatro horas para hacer lo siguiente (esto es, tenemos que correr también): superar la emoción; contárselo al responsable de servicio; organizar un revuelo para aclarar lo que han intentado hacernos; aclararnos de quién o qué es lo que pretendió hacer el tipo ese desconocido, registrado con el nombre supuesto de Dominique Strauss-Kahn, cliente habitual del sitio, y que, entretanto, se acaba de marchar apresuradamente, dándole una propina de tres dólares al mozo que le ayudó a bajar la maleta e introducirla en el taxi que le pidieron en la puerta; decir que hay que llamar a la policía; esperar que venga, y que realice el atestado correspondiente; decidir que se trata de un hecho realmente grave y preguntarse cómo localizar al execrable tipo; atender a una llamada de un tal Strauss-Kahn desde el aeropuerto de NY, que pide que alguien le lleve el móvil que se ha dejado olvidado, además de unos calcetines; decirle al policía que ya tenemos localizado al malo; avisar a todas las unidades de que el tipo está localizado, es peligroso y posiblemente lleve armas; ordenar detener el avión en el que pretende huir a la lejana ciudad de Washington, en donde el criminal regenta una oficina de lavado de dinero llamado Fondo Monetario Internacional (FMI)...

No, si ya sabemos que hace tiempo que se le acabó el ídem. Pero era tan divertido... Ya se habrán imaginado Vds. que el camino real para llevar a DSK a chirona no fue ese.

Cuando se quiere pillar a un indeseable -por quién sabe que motivos- no hace falta ser tan complicado.

Entre Indignados y Estamos disponibles

Entre Indignados y Estamos disponibles

La movida de ese grupo simpático que ha descubierto el placer de ocupar los espacios centrales de algunas ciudades españolas, ha conseguido su mayor éxito: conseguir que el Gobierno haya cogido con papel de fumar la prohibición de manifestarse el día 21 de mayo, que había expresado la Comisión Electoral, y ratificado el Tribunal Constitucional.

Por supuesto, no  a todo el mundo le parecerá simpático ver las calles convertidas en una kermese improvisada, amenizada por músicos de flauta dulce y titireteros que cuentan historias de malos y buenos para niños. Los tipos de greñas mal recogidas en coleta y las hembras con blusones sueltos y aretes en las orejas siempre han parecido sospechosos de estar tramando algo peligroso, para las gentes para las que el orden consiste en pasar desapercibido.

Dejando a un lado otros matices, el momento elegido por estos manifestantes para salir a la calle, es oportuno. Una oportunidad que no vemos, sin embargo, en el plano político, sino como catarsis. Hemos escrito en otro lugar que, sin necesidad de rizar el rizo con el argumento, su aparición favorece al voto Partido Popular (refuerza el sentir de la falta de control de las situaciones por parte del gobierno socialista, y canaliza descontentos de los votantes potenciales a la izquierda, desplazándolos hacia la abstención).

Estos grupos de jóvenes, minoritarios a pesar del éxito de su convocatoria -¿qué son, cuarenta, cincuenta mil manifestantes?-, son el extremo de un iceberg que proclama la urgencia de recuperar una verdad. El poder pertenece al pueblo y, como indica un cartel ingenioso visto en una de las plazas (la de Zocodover, en Toledo), advierte que "sois nuestros empleados y os vamos a hacer un ERE".

La política se ha convertido en una profesión que dedica su esfuerzo más importante en pretender convencer a los votantes, cada cuatro años, que se han captado las inquietudes de un pueblo dicotomizado por el propio interés de los postulados a ser elegidos. Y no es así. La inmensa mayoría de la gente carece de ideología, que es un privilegio de minorias.

El pueblo, la gente, es algo dinámico, activo, vivo, y su fuerza propia es la capacidad de exigencia, que hay que canalizar, ordenar y saber satisfacer con sensibilidad y eficacia.

Los cauces para lograr ese objetivo puede perfeccionarse, pero, hoy por hoy, no son tanto las mejoras a esos caminos de la representación los que se discuten. Las propuestas de estos jóvenes -son ellos los que las confeccionan; los mayores, aplauden- no tienen el marchamo de la originalidad. No parecen revolucionarias, y en algún caso, pueden ser tildadas de ingenuas; en general, como expresiones individualizadas e improvisadas, resultan heterogéneas, demasiado elementales para constituir un programa y, en muchas ocasiones, resultan ya conocidas, se encuentran téoricamente asumidas en los programas de los partidos oficiales.

El mensaje no enfatiza los contenidos, sino que va enfocado hacia las personas. Apunta hacia los que han hecho de la política su profesión, y a los que se atribuye un no saber resolver las situaciones difíciles, no haber previsto la crisis, no crear empleo, no controlar a los Bancos. Es una crítica conjunta a los partidos mayoritarios, sin distinguir: por su falta de credibilidad, su distanciamiento y conformismo, por haber tolerado la corrupción en alguno de sus miembros y por no haber prestado suficiente atención para detectarla y condenarla en colegas y opositores. 

También es cierto que este movimiento, como tal, carece de futuro. Se han colado, además, entre los manifestantes, muchos de los que se apuntan a los barullos para engordarlos, amigos de la bulla, antistemas profesionales, gentes desarraigadas, marginales, individuos permanentemente enfadados, etc., que ocupan mucho sitio en el escenario. No se confunda nadie: en estas plazas, se encuentran jóvenes muy valiosos, que saben bien lo que dicen, y por qué, y que tienen capacidad de convicción y, además, conocen alguna de las respuestas a los temas capitales.

Para ellos, va este mensaje: Estamos con vosotros, entre Indignados y Disponibles. Queremos, como vosotros, sentirnos, vivos, útiles.

Estas elecciones municipales serán diferentes, gane quien gane. Nosotros, siendo independientes, pero deseosos de contrilbuir a la política, estaremos siempre con la minoría crítica, apoyando el discurso inteligente, con los que analizan y se preguntan las razones, pretendiendo no dejar jamás de ser constructivos.

Y, ahora, como vosotros, nos encontramos ocupando la calle. No porque sea nuestra, porque es de todos. Pero, caramba, alguna vez había que salir a la plaza para proclamar: nolesvotes. Que nuestra reflexión les sirva a ellos.

Ante la Semana Verde europea, negros auspicios

Bajo el enigmático lema de "Gastar menos, vivir mejor", la Comisión Europea conmemorará, del 25 al 27 de mayo, la Semana verde, por el uso eficiente de los recursos.

Con unos días de antelación, la Representación de la Comisión en España, -es decir, con el impulso unipersonal de Javier Ruiz-Tomás, el responsable de dar el calo por la DG de Medio Ambiente en estas tierras-, celebró una Jornada dedicada al tema, en la que se tuvo el acierto de aunar intervenciones de las Administraciones públicas, las industrias y consumidores y las organizaciones no gubernamentales.

A nosotros, que estuvimos, como solemos hacer siempre que podemos, camuflados entre el público, nos correspondió abrir cajas de Pandora. 

No tiene sentido, a estas alturas de la película, reiterar argumentos. Bastará decir que las Aministraciones cumplen bien, como resultado de su ya gran experiencia y la seguridad de tener su puesto de trabajo garantizado, el papel de generadores continuos de legislación y normativa; los funcionarios, por el contagio con los políticos, tratan de infundir optimismo al personal, confeccionando sin parar programas de actuación (primeras ediciones y múltiples revisiones) a los que bastaría echar el primer vistazo crítico para reconocer que son incumplibles (desde las perspectivas económica, técnica y sancionadora, cuanto menos).

Debemos reconocer, sin embargo, que esta andanada bajo la línea de flotación no encaja con el discurso de Soledad Blanco, Directora de la DG de Medio Ambiente de la Unión Europea, que estuvo magnífica, seria y constructiva en su intervención en la mesa. Salvamos también a nuestra colega Maj-Britt Larka, Subdierrectora de Calidad del Aire y Medio Ambiente Industrial del MARM, que, en esta ocasión, se limitó a repasarsnos los aspectos más importantes de la Ley de Economía Sostenible, que tanta tinta y palabras ha hecho ya correr y recoger.

Las empresas grandes se encuentran más o menos cómodas en su función de controlar a los funcionarios para que no les hagan daño con las medidas que se pretenda implantar y vender la nueva moto filosófica de la Responsabilidad Social Corporativa y su vocación neoinstrumental de artífices de nuestro mejor Desarrollo Sostenible. Las empresas pequeñas no suelen estar en el panel, aunque en este caso se podrían identificar con la intervención de Belén Ramos, representante de la OCU.

Y, en fin, las ONGs, cuya representación física en los foros suele ser encarnada por jóvenes tan ilusionados como ilusos en la defensa de ideas que están en el corazón de cualquiera que tenga dos dedos de frente -valga la doble imagen orgánica-, y que lanzan al auditorio previsiones catastrofistas si no se siguen lo que llaman líneas de actuación inevitables y que consisten (más o menos) en cambiar de paradigma, ayudando a los que están al otro lado del sistema a que se aúpen al sitio de privilegio al que, según dicen, ellos están dispuestos a renunciar.

No quisiéramos ridiculizar mensajes en los que nos va la vida -y nunca mejor dicho- pero la audición de los lemas y postulados de estos tres sectores en una misma sesión -haciendo abstracción de los mensajes personales, y pidiendo disculpa ante el evidente esfuerzo realizado por todos los panelistas de ser claros en la defensa de sus posturas- permite sacar de inmediato una conclusión, que resumimos de esta forma:

"Amigos, tengo una buena y una mala noticia. Primero la mala: Esto no tiene solución. Y ahora, la buena: esto no os debiera preocupar, porque hace tiempo que ya lo sabíais".

 

Sobre lo que hay detrás de Democracia real, ya

Sobre lo que hay detrás de Democracia real, ya

Varios miles de personas, en su inmensa mayoría jóvenes estudiantes universitarios, han ocupado la Plaza del Sol de Madrid el 15 de mayo de 2011, atendiendo a una movilización cuyo lema es "Democracia real, ya".

El ejemplo ha cundido y la difusión de la invitación a manifestarse, ocupando las plazas centrales y otros lugares públicos se ha extendido a más de setenta poblaciones españolas.

Se trata, según la web oficial de la convocatoria, de una manifestación "apolítica y asindical", con lo que se desea expresar, sin duda, que ninguno de los partidos mayoritarios se encuentra detrás de esta movida.

Además de llamar la atención, de esta forma aparatosa, sobre la situación de la juventud española, afectada por el paro, la desorientación y el contagio del desánimo de sus mayores, es necesario preguntarse quién rentabilizará esta movilización, y, naturalmente, qué pueden conseguir o qué han conseguido los manifestantes.

Porque el deseo general es abandonar la concentración el domingo, 22, en que se celebrarán las elecciones muncipales y autonómicas en España. ¿Qué quedará de esta exhibición de fortaleza social una vez que se dispersen estos jóvenes?  

Desconcertados por una reacción cuya importancia no esperaban, la campaña electoral de los políticos oficiales ha quedado dañada. Luego, en efecto -no cabría interpretarlo de otro modo- estos manifestantes están haciendo política, están interviniendo en la vida de la ciudad, al criticar, de esta forma tan visible la situación y las propuestas para corregirla de los programas de los partidos.

Es también deducible que, aunque asindicales, también están haciendo crítica a los sindicatos. Siendo los manifestantes, en su mayoría, recién licenciados y estudiantes de los últimos cursos de sus licenciaturas, expresan que carecen de perspectivas laborales y que las actuales organizaciones sindicales no les representan.

Habrá quien rescate paralelismos de esta manifestación con mayo del 68 o, con otra movilización más reciente, en la que también se ha querido dar el protagonismo de su difusión a internet: la de los países árabes.

Señalamos las profundas diferencias de ambas con lo que se deduce de "Democracia real, ya".

Los jóvenes universitarios de mayo del 68 se encontraban imbuídos de ideología marxista-leninista, se sentían y eran vistos como gentes de izquierdas; sus líderes militaban en los partidos comunistas, criticaban de forma encendida la sociedad de consumo, abominaban del capitalismo y pedían un cambio de régimen.

Eran, pues, revolucionarios. Pero tanta fuerza se les fue fundamentalmente por la boca -y algún intercambio de golpes con la policía-, pues en su movilización más agresiva, y más seria, en Francia, todo se saldó con unas cataplasmas: elecciones generales. Fue la demostración de que el Partido Comunista no se sentía preparado para gobernar, y que su capacidad se limitaba a proporcionar munición ideológica a los descontentos.

Por cierto, lo que queda en la actualidad de los recursos ideológicos de aquellos jóvenes, fervientes adoradores de Mao y su socialismo igualizante socialización, y que imbuyeron de sentido formal al despliegue de fuerza, es bien conocida, y nos exime, por tanto, de realizar ningún comentario: la historia pone en su sitio a los que sobreviven. Lo que queda, es la social-democracia europea, la complacencia hipócrita por lo bien hecho.

Tampoco es posible encontrar muchos paralelismos con las movilizaciones de la juventud de esos países árabes en las que se pidió, o pide aún, la dimisión de unos ancianos autócratas que consolidaron un poder descomunal para sí y para sus seguidores, enriqueciéndose con los recursos del país que controlaban.

Faltos esos países de Constitución democrática, de tradición de participación política, de educación para ejercer eficazmente la gestión administrativa, son demasiados los riesgos de que los deseos de cambio de los manifestantes árabes reproduzcan situaciones similares a las de origen. Ojalá no, desde luego, pero no parece posible un cambio brusco hacia una democracia participativa.

Entonces, en España, ¿qué?. Democracia real, ¿cómo?.

Después de reconocer que nos sentimos inclinados a ver con simpatía estos movimientos de llamada de atención, de más que justificada protesta, y que el lector que siga este Cuaderno, encontrará coherentes con lo que venimos expresando, debemos indicar que no le vemos futuro al movimiento.

Los cabezas de los partidos "a la izquierda", que se someten a las elecciones oficiales, han confesado, ladinamente, que hay que escuchar a los que se manifiestan, y que entienden que sus reivindicaciones tienen parte de razón, pero que el cauce es la participación democrática.

Los que se alinean con lo que se ha dado en llamar posiciones "a la derechas", salvo excepciones, han decidido identificar la protesta con agrupaciones de la izquierda irredenta, asignándoles casi el valor de manifestaciones de ácratas y terroristas.

Nuestra modesta opinión es que se trata de un movimiento ideológico que, por sus efectos, beneficia a la derecha, esto es, al mantenimiento del sistema, a la consolidación de la situación previsible. Porque, a partir de las elecciones del 22 de mayo, el Partido Popular, sin sorpresas, hará efectiva su ventaja en las encuestas. 

Pasado el calor, esta movilización languidecerá, y muy rápidamente. Las aguas volverán a su cauce.Las vacaciones de verano provocarán una diáspora de estos jóvenes y, después de unas semanas de festejar el éxito de la convocatoria, las webs que sustentaron este exabrupto sentimental, perderán fuelle, hasta extinguir su fuego.

Sic transit gloria mundi. Una lástima.

(La magnífica foto con la que ilustro este comentario se la tomé prestada a Luz Naredo, que la incorporó a su perfil de Facebook. Corresponde a la acampada de los de Democracia ya en la Plaza de la Escandalera, en Oviedo.)

En turno de réplica: así vemos los españoles a los suecos

Nos caían simpáticos, los suecos. Serios, altos, con corpachón, aunque, para el fútbol, algo blandos de canillas. Eso, los hombres.

Las mujeres suecas fueron siempre para darles de comer aparte: su contribución a la formación sexual de los españoles varones en los 60 y 70 nunca será olvidada. Figura en los anales de nuestra historia colectiva, en las bases de nuestro orgullo viril, y ocupa un espacio conversacional en las relaciones de hechos gloriosos en batallitas de juventud de una parte importante de ocupantes de nuestros geriátricos, residencias de ancianos y del "cuarto de tu padre".

Gracias a ellas, a su desprendida colaboración, existe el latin lover, se justifican tanto el sexto como el noveno mandamiento, y muchas españolas han llegado vírgenes al matrimonio.

Expliquémosnos ya. Nuestra indignación proviene de un documental difundido por la TV Sueca en el que, sin venir a cuento, dado que nuestras relaciones con la corona sueca son pacíficas, se ridiculiza la forma de trabajar de los españoles. En esencia, se defiende que aquí permanecemos mucho tiempo en las oficinas, pero no para currar, sino esperando que se vaya el jefe, charloteando con los compis o escribiendo para Féisbuc.

Y, para demostrarlo, han estado filmando, a altas horas de la tarde, espiándolos con cámaras ocultas, a probos empleados de Torre Picasso, de las altas torrres de Kio y otros edificios de oficinas en donde se asientan nuestras joyas de la corona empresarial, pretendiendo desprestigiarlas.

Porque todos sabemos que los españoles, jamás desconectamos de nuestro trabajo (los que lo tenemos): en el fútbol, en casa de los suegros, en el wáter, en los oficios, en la cola por el pan, en la conversación con el vecino.

En todo momento, estamos dispuestos a criticar al compañero que no nos cambia el turno, que es un pelotilla, que nos quitó el bolígrafo; al jefe, que es un torpe, y un cabrón y un inepto; y a la empresa, que no valora al personal, que protege a enchufados, en la que otros ganan una pasta gansa con nuestro trabajo, y que si se va al traste es porque no hay quien tenga el mínimo sentido de futuro.

Por eso, por ahí no pasamos. No podemos castigar a Ikea movilizando a todo el personal a que no compre ni siquiera un tirador ni una jabonera en ese imperio del todo a cien para recién casados sin ajuar. Ya no ha lugar a prohibir la importación de Volvos, porque ahora todo el mundo en España tiene suficiente pasta para comprarse un coche coreano de esos de usar y tirar y, si se dedica a las finanzas subterráneas, posiblemente  le alcance para subirse a un BMW, un Audi o un Mercedes de segunda mano.

Pero algo sí podemos hacer, para que esos nueve millones de suecos se nos pongan de rodillas.

Rescatando nuestras esencias del sex appeal, en una expedición pacífica, bien organizada -habría que convencer, quizá a Mourinho, para que defina la estrategia y hacer lo contrario-, desplacemos a ese lugar en donde se jactan de haber inventado los vikingos y el colchón de láminas, a una élite de nuestros jóvenes varones, una fuerza de la naturaleza a la que tenemos básicamente en paro, con un objetivo glorioso: conquistar a cuantas más suecas, mejor. (Advertimos que, por si hay niños leyendo esto, empleamos un eufemismo).

En esta labor patriótica, es preciso que ningún español en edad militar se haga el sueco. Al contrario, que se aten bien los machos y que si se han de hacer algo, que se hagan la depilación de los sobacos.

La Patria necesita movilizar a los varones, porque está en peligro lo que tenemos por más sagrado: la picardía de hacer creer a los demás que estamos hasta el gorro de trabajo, que estamos preparando los exámenes, que las tareas de la casa nos tienen ocupados hasta las tantas, que no damos abasto para solucionar tantos problemas, que estamos atendiendo sin descanso la reparación de su cacharro... y, en verdad, lo que hacemos es no dar ni clavo, estar mirando las musarañas, para mayor satisfacción de la sin hueso.

Estos suecos, ¿qué se habrán creído? ¿que nos chupamos el dedo? ¡Se van a enterar!

Sobre el privilegio de ser norteamericano y la presunción de inocencia

Al director gerente del Fondo Monetario Internacional, Dominique Strauss-Kahn, le ha caído encima la manera de entender la justicia por parte del sistema penal norteamericano. Y al Partido Socialista francés, que confiaba en este candidato para presentar batalla creíble al Presidente Sarkozy, se le ha puesto, -figuradamente, bien sûr- cara de tonto.

La historia puede aparecer con ribetes divertidos, pero no para el sospechoso, privado de inmediato de su libertad, mancillado en su imagen y maltrecho en su honor y ayuno, como el peor terrorista, del derecho a la presunción de inocencia -una fórmula, respetada con devoción quasi-mística en Europa, que nos sirve incluso para defender a quienes han sido atrapados in fraganti en el delito o para suscitar adhesiones mayoritarias con los que son procesados por corrupción, prevaricaciones o cohecho-.

El momento tampoco ha de parecer graciosa a todos los europeos, pues señala, en este caso de tanto alcance mediático, pero que no deja de ser uno más, la tremenda diferencia de tratamiento que merece para los jueces norteamericanos el hecho de ser ciudadano de aquel país o serlo de otro cualquiera.

En nuestra memoria está, sin duda, el caso ignominioso de la abogada española Carrascosa.

En este asunto, al tema se le otorga mayor notoriedad, porque ese "otro país" es Francia, la capital ideológica europea de los derechos humanos y el denunciado extranjero es una personalidad política y económica mundial, en campaña como candidato de su partido, y el asunto del que se le acusa -una historia de rijosidad tan irrefrenable como increíble, en un hombre frisando la tercera edad, rico y famoso, que tiene al alcance de un chasquido de sus dedos cuanto se le antoja, con una empleada de la limpieza, y a media mañana- no se sostiene ni con el pegamento imaginativo de Ildefonso Falcones.

Strauss-Kahn no es un hombre que despierte precisamente simpatías a tutiplén, pero merece, como todos, un juicio justo, con garantías, en el que se le protejan sus derechos.

Esta situación ha puesto de relieve que Estados Unidos no es un país en el que exista la protección a derechos fundamentales o, al menos, derechos considerados de primer nivel de la persona en un Estado de derechos: el derecho a la presunción de inocencia, a la igualdad de trato o a un juicio justo, son alguno de ellos: Que se pueda ejercer, ante un juez imparcial, el de defensa, otro, y asistido por un profesional del derecho; y, para el caso de que, si se es acusado de un elito, el derecho a que, hasta que no se haya completado la instrucción, y no teniendo antecedentes, y con salvaguarda de otros elementos de lógica procesal, el juez tenga en consideración aspectos personales y sociales, sin conceder mayor valor a la declaración del presuntamente agraviado que a la del presuntamente ofensor.

Y eso, aunque el primero sea ciudadano norteamericano. Y eso, aunque el presunto culpable sea un tipo que a algunos pueda parecer tan ominoso como Strauss-Kahn, gerente del FMI, ex-ministro francés, militante distinguido del Partido Socialista.

(N.B. Puede que la cuestión de fondo no esté en ser o no ciudadano norteamericano, sino en resultar molesto a los poderes fácticos.

No podemos evitar recordar a Strauss-Kahn, relajado y explícito, declarando para el documental Inside Job que hacía aproximadamente un año, había sido invitado a una cena en casa de "Hank" (Henry Merritt) Paulson, en la que los banqueros presentes habrían reconocido "haber sido demasiado avariciosos", y reclamaban del Secretario del Tesoro, "mayor control, porque tenían miedo", aunque "cuando la solución a la crisis empezó a aparecer, cambiaron de opinión".

¿Una venganza? ¿Una repetición, en versión a la francesa, del caso de la becaria experta en felatios & confessios, que dejó fuera de juego al entonces molesto Bill Clinton?

No queremos prejuzgar. Incluso si la líbido de Dominique hubiera provocado una explosión hormonal incontrolable en una mañana de primavera, este ser humano, convertido pasajeramente en animal de bajos instintos, merecería el respeto de escuchar sus razones para comportarse como un imbécil.)