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Al Socaire de El blog de Angel Arias

Economía

Sobre la necesidad de encontrar un culpable cuanto antes

Sobre la necesidad de encontrar un culpable cuanto antes

Se nos está haciendo imprescindible encontrar un culpable del malestar que nos acogota, para tener la satisfacción de inmolarlo en la picota. Esta búsqueda del culpable único de todos los males se va haciendo cada vez más complicada, en la medida que se van incorporando descontentos e indignados a las manifestación de disgusto, abarcando ya prácticamente todos los países, todas las ideologías, todos los regímenes, todas las economías.

La adhesión al movimiento de los indignados (al fin, otra palabra española incorporada al inglés, junto a corrida, toros, guerrillero, adiós y amigo) por parte de una masa creciente de norteamericanos descontentos acaba de hundirnos los palos del sombrajo. Nos confirma que todo el mundo, quién más quien menos, tiene algo de qué quejarse.

Nos falta saber ante quién, y esto ha pasado a ser una necesidad urgente. Tenemos que encontrar el buco emisario para inmolarlo ante el Gran Solucionador.

Entendíamos perfectamente que se protestara contra la incompetencia de los políticos para ofrecer soluciones y no nos importó decir que no nos representaban, aunque los hubiéramos elegido.

Nos pareció de perlas que se criticase la avidez y falta de solidaridad de los banqueros, aprovechándose del estado de necesidad de los más humildes, aunque tampoco nos había importado acudir a ellos para que nos prestaran el dinero con el que comprar la casa, el coche y el ordenador a cambio de enseñarle a un empleado tres nóminas de precario.

Aplaudimos enloquecidos cuando, en la llamada primavera árabe, supimos que miles de descontentos de regímenes autoritarios y retrógados, pedían la instalación de la democracia en sus países (es decir, la incorporación de ciertas libertades mínimas) y, más en particular, creimos entender que las mujeres serían reconocidas como iguales en derechos a los hombres. A nosotros, concentrados en la solución de problemas más elevados, esas protestas, catalogadas de otra índole (inferior o más elemental), no nos distrajeron.

Nos alarmó, sin embargo, advertir que algo raro estaba sucediendo cuando miramos a los que protestaban y vimos que muchos de los que deberían estar, por puridad, al otro lado -ser destinatarios de las protestas y no sus protagonistas- se nos acercaban y aplaudían o vociferaban lo mismo que nosotros.

Parece, en fin, que nos hemos decantado por pedir el "cambio global", esto es, el cambio total, que tiene que ser algo así como hacer lo contrario justamente de lo que hemos estado haciendo hasta ahora.

Como el inocente gatito del chiste al que sus compis mayores llevaron a conocer las delicias de una noche de juerga -que el bisoño nunca había disfrutado-, y que resultó muy especial porque, desgraciadamente, fueron descubiertos por un perro feroz que se la amargó, podemos decir, mientras damos vueltas a la farola, perseguidos por el perro a punto de mordernos. "¿Sabéis una cosa?. Ahora que sé lo que va a ser el cambio global, yo me apeo en la próxima".

Porque manifestar que todos estamos descontentos no es una opción política, ni un programa, ni un objetivo, es un deporte, una catarsis.

En Chile, los españoles podemos poner más energía

El Ministro chileno de Industria y Energía, Rodrigo Alvarez Zenteno, empezó su charla en el Foro de la Nueva Energía el 14 de octubre de 2011, con un reconocimiento a su abuelo paterno, "joven asturiano que recaló a principios del pasado siglo en la Patagonia" y que, por lo que luego precisó, se casó con una asturiana.

Si cabe encontrar un hilo conductor a la alocución, Alvarez Zenteno pretendió animar a las empresas españolas a que inviertan en Chile, y mantengan las expectativas respecto a las inversiones que ya efectuaron allí. Hizo la presentación del conferenciante el ministro español del ramo, Miguel Sebastián, (breve en el verbo y átono en el espíritu) y cerró el acto, en poco más de un minuto, el Presidente de UNESA, Eduardo Montes.

Por lo oído, el día anterior habían tenido una cena varios representantes de las empresas con el Ministro y el embajador (Sergio Romero) chilenos, en la que se trataron -hay que suponer que con rapidez supersónica, entre plato y plato y el bullicio- los temas principales que afectan a la colaboración española en el sector energético chileno.

Imaginamos también que habría tenido en la mesa un lugar preferente los representantes de Aguas de Barcelona-Suez (1), principal accionista de Aguas Metropolitanas, filial a su vez de Aguas Andinas, en la que recientemente CORFO -la entidad estatal para que controla con su derecho de veto y sus participaciones, el sector hídrico- desinvirtió hasta quedarse por debajo del 5%, ingresando casi 1.000 millones de dólares.

Alvarez Zenteno hizo el doctorado en Derecho en la Universidad de Navarra (tiene también un máster en Harward) y posee amplia experiencia en la bancada opositora al Gobierno de coalición que retuvo la presidencia de Chile durante 20 años, y cuyo último representante fue Michelle Bachelet. Su sintonía con el actual Presidente, Sebastián Piñera, debe ser muy alta, por el número de veces que se refirió a el en su alocución, siempre de manera elogiosa e incondicional.

Problemas que resolver no faltan al casi recién estrenado ministro (lleva dos meses en el cargo, aunque antes estuvo como viceministro de Hacienda), y entusiasmo para abordarlos, tampoco. Hace una semana, Chile se vió afectada por un apagón que alcanzó a más de 1.000 km de red y puso en solfa la capacidad del sistema eléctrico para soportar un crecimiento del pib del 6% anual y alcanzar esa meta de "ser el primer país del cono sur que sale del subdesarrollo", que se fijó, por gobiernos anteriores, para finales de la década pasada ("en la que vivimos en peligro", apostrofó Alvarez Zenteno, recurriendo a la filmografía).

La interconexión de los dos sistemas eléctricos principales internos fue definida como una de las prioridades del Ministerio chileno. Para la unión del sistema de Norte, -eje Iquique, Antofagasta y Arica-, sesgado hacia las necesidades de la potente industria minera de la zona, con el del Centro (Santiago-Chiloé), se había aprobado una inversión de 1.000 mill. de dólares que, recientemente, al plantearse la revisión completa del sistema de transmisiones, se ha visto como insuficiente, estando prevista una ampliación en otros 600 mill.

La interconexión externa del sistema, principalmente con Colombia -pero también con Ecuador, Perú, Argentina y Brasil, en la idea de lograr una red de intercambios eléctricos en el cono sur- es una preocupación adicional, siendo analizadas las previsiones de demanda en los próximos 30 años.

"Necesitamos el conocimiento de las empresas españolas", y no solo la inversión, afirmó el ministro chileno. España es actualmente el segundo país inversor en Chile, muy cerca ya de Estados Unidos. Se han valorado en 9.000 Mw las necesidades energéticas adicionales hasta 2020, sobre los 6.000Mw actualmente disponibles que deberán provenir -además de la oferta hidroeléctrica, recurso sustancial para el país- de otras ERNC (energías renovables no convencionales): solar, geotérmica, eólica (incluída, o, tal vez, en especial, la marina) y biomasa.

En respuesta a preguntas sobre la situación normativa, Zenteno defendió el mantenimiento del Decreto sobre racionamiento, lanzado por su antecesor, hasta abril de 2012, y se refirió a la evaluación de cambios legales en materia de los concursos de ERNC, -"imprescindible despejar el debate en dos meses"-, para precisar la forma de adjudicación (por tecnología, subasta, firm prices, tarifas por bloques, etc.).

En cuanto a los incentivos a la inversión extranjera, el Ministro, manteniendo un tono general, dejó anotado que "dependiendo de la zona del país, existen varias excepciones tributarias". "El espacio es inmenso"- dijo- en energías renovables, con inversiones respaldadas por el Estatuto de Inversión Extranjera, y no solo se concretan en el SING (Sistema Integrado del Norte Grande).

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(1) El nombre no confunda al lector: Se trata de una empresa francesa.

Conviviendo con sistemas de desequilibrio generalizado

Quienes tuvieron la oportunidad de asistir el 10 de octubre de 2011 a la presentación del libro "The Spanish Economy: A general equilibrium Perspective", se encontraron con un regalo inesperado. (1)

José Manuel Campa, secretario de Estado de Economía y Hacienda, que debería, según el Programa, haber intervenido como presentador o glosador de la publicación, puso sobre la mesa de operaciones, utilizando como pretexto el modelo de simulación económica que habían utilizado sus autores -y el propio Ministerio-, las líneas claroscuras del panorama actual de la economía española.

Lo hizo con magnífica consistencia, rotundidad y fluidez verbal: como quien se sabe bien de qué pie cojea el sujeto, aunque no tenga en su mano la solución para ponerlo a andar correctamente.

Campa no tuvo empacho en definir la actual situación como "crítica", aunque matizó muy bien porqué. "No es necesario acudir a la imagen de un extraterreste que visitara la Tierra, basta con ser ciudadano del mundo. Es incomprensible que se haya sacado la deducción de que estamos ante un riesgo sistémico en Europa, cuando estamos ofreciendo mejores números económicos que cualquier otra zona del mundo desarrollado: mejor ratio de deuda respecto al PIB, mejor marco de gobernanza, cifras constantes de consolidación fiscal (...)" y, sin embargo, sufrimos una de las primas de riesgo más altas del planeta.

Destacó así que el problema de Europa no proviene de las cifras agregadas, sino de su distribución. "Se confunde correlación con causalidad" y, además, no se ha sabido plasmar la forma de compartir la salida de la crisis, que pretendemos alcanzar por compartimentos separados, "cuando lo contrario sería mejor: actuar de forma coordinada, con voluntad de completar las medidas que llevasen a compartir las políticas".

El reflejo de esta política de medidas discretas, puntuales, es la generación de nuevas disfuncionalidades en la zona euro, con transferencia financiera "no del Norte al Sur -como se suele creer- sino justamente al contrario. No se es consciente que Alemania y Francia se están financiando a los precios más baratos de los últimos 150 años", en tanto que países como España, Portugal, Italia y, desde luego, Grecia, tienen que pagar costes muy altos por su deuda soberana.

Campa resaltó este sinsentido de la situación económica. A diferencia de Estados Unidos, "en España, y en Europa, no estamos hablando de activos tóxicos -en todo caso, en nuestro país, solo en el sector de la construcción, y con un alcance perfectamente delimitado- sino de deuda soberana", castigándose la solvencia de Estados Europeos frente a otros países de economías mucho más débiles.

Al final de su disertación, concretó Campa los "retos con los que se enfrenta el Gobierno en los próximos dos o tres meses", advirtiendo que "los agentes sociales no están en período electoral".

- Cumplimiento de los compromisos nacionales e internacionales, reconociendo, con todo, que rebajar el déficit fiscal al 6% del PIB será de satisfacción difícil en este año, máxime cuando la economía internacional se está desacelerando.

-Proseguir con el ajuste estructural, generando perspectivas en el sector financiero y laboral en particular, en la consciencia colectiva de que la economía no son solo los poderes públicos.

-Mantener el debate en Europa para desarrollar una solución a la crisis que atienda a la superación del problema griego, proporcione credibilidad a nuestros gobernantes respecto a la capacidad de implementar las medidas, y la construcción de cortafuegos a la economía que garanticen la posibilidad de completar las medidas de ajuste en un máximo de tres meses.

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(1) La presentación tuvo lugar en el salón de Actos de la Fundación Rafael del Pino, e hizo de anfitrión, Amadeo Petitbó, quién, por cierto, anunció enigmáticamente un "cambio de fase" del organismo que ha venido dirigiendo con notable éxito. Rafael Doménech, en representación de los autores, hizo un repaso por los capítulos del libro, que ilustra sobre la aplicación del modelo REMS ("Modelo de Expectativas Racionales de la Economía Española") a distintas variables de la economía.

 

Hacia la tercera vía, por los caminos de lo virtual

Hemos festejado -nos referimos a la doctrina oficial occidental-, en su momento, y ruidosamente, la caída de los postulados marxistas o comunistas, confirmando el fracaso de la economía centralizada.

Lo hicimos desde la petulancia observadora que permitían nuestros pedestales occidentales, rodeados de la complacencia y bienestar a que habían llevado nuestros principios, basados en el dios mercado y los dogmas impuestos por sus sacerdotes, derivados de la libertad de acción individual como única forma segura de conseguir el bienestar duradero.

La ceguera con la que nos embriagamos de la sensación de riqueza y poder, no nos permitió apreciar adecuadamente que nuestra velocidad de crecimiento tenía, en realidad, también las patas muy cortas: dependía fuertemente de la apropiación de externalidades a las que no habíamos fijado costo alguno, porque creíamos que eran ilimitadas (aire, agua, combustibles, ambiente en general) y, no en último lugar, estábamos ejerciendo desde esta parte del planeta una colonización tecnológica sobre los países emergentes (le dimos nombre: economía global), que nos proporcionaba materias primas baratas y mano de obra poco reivindicativa, a cambio de enriquecer con las migajas a algunos de sus dirigentes.

Nos parece que es llegada la hora de que algún pensador independiente proclame, con igual devoción y seriedad a la que se ejerció en su momento para defender lo conrtario, la caída de los principios liberales que rigieron, al menos hasta ahora, la economía de mercado.

Porque, aunque desde el escenario se esfuerzan en poner parches a la tramoya que se desmorona -consumo responsable, economía sostenible, desarrollo equilibrado, energías alternativas, cuidado ambiental, apoyo tecnológico a los países emergentes, etc.), los síntomas de que el sistema ha fracasado son ya muy evidentes, y las causas no son diferentes, en sustancia, a las que propiciaron la caída de esos muros de Berlín, aquellos telones de acero y, en general, han dado al traste, con socialismos de zapatilla, postulados marxista-leninistas y economías de producción teledirigida.

A saber, el engaño a los postulados, la falsedad en el cumplimiento de las normas básicas, la falta de ética de quienes estaban llamados a hacerlas cumplir, la pérdida de productividad y eficacia de los que estaban en la base del sistema, por abandono, actitudes acomodaticias, falta de interés por participar activamente y, en fin, la desconfianza hacia los líderes.

El diagnóstico está hecho ya a la perfección, y tiene muchos bastiones difíciles de corregir: Las entidades financieras nos han engañado; los controladores del sistema, también; los representantes políticos se han revelado ineficaces y (también), en parte, corruptos; y a casi todos nosotros se nos ha puesto la cara de tontos al comprobar que a quienes habiamos confiado las llaves del tesoro, nos estuvieron engañando, ocultando agujeros, prometiendo futuros que no existían, enriqueciéndose.

El futuro prometido se escapó por la ventana, llevándose a rastrar un bienestar que no podíamos permitirnos, porque las bases de ese futuro no habían sido generadas aún.

Si queremos ser radicales, tendríamos que reconocer que el sistema capitalista tampoco funcionó. Porque no fuimos capaces de establecer mecanismos eficaces de control, los beneficios que generamos entre todos, sirvieron, principalmente, para engordar la economía de unos pocos (se volatilizaron para nuestros ojos).

Los argumentos empiezan a decantarse por una "tercera vía" ("tercer desarrollo industrial", "la revolución tecnológica de las comunicaciones", etc.), basada, en esencia, en la combinación eficaz y prudente de elementos propios de la economía centralizada con otros de la economía de mercado.

Lo difícil está, desde luego, en ponerse de acuerdo sobre los sectores o aspectos que deben ser controlados férreamente desde el Estado (o los Estados) y cuáles han de dejarse al libre arbitrio y decisión de los agentes privados y, en este caso, con qué medidas de supervisión deberían reforzarse.

Pues bien: creemos que esa "tercera vía" ha de tener una base virtual, en el sentido de apoyo en las tecnologías de comunicación y en la explotación eficiente de esos recursos que aún no ha sido, ni de lejos, explorada.

Esa tercera vía tiene que profundizar en la drástica reducción de los gastos innecesarios que producen los desplazamientos físicos (transportes para ir al trabajo, de compras, o a los espectáculos, asistir a reuniones nacionales e internacionales, ferias, congresos, etc.), facilitar la solución a problemas diarios a través de las comunicaciones (mejorándolas, en primer lugar; y luego, creando y apoyando empresas de servicio que actúen con base telemática, ofreciendo información, noticias, atenciones domiciliarias gestionadas en la red, etc.) y creando e impulsando redes de excelencia que potencien la creatividad (intercambio de documentación, ideas, proyectos, generando orientación sobre oportundades de negocio, facilidades crediticias, apoyos a la exportación, etc.).

Pensemos en virtual, y alejémonos de las ideas preconcebidas respecto a lo que puede solucionar el mercado libre o las limitaciones de la economía centralizada. Enseñemos a cada ser humano a gestionar, de forma autónoma, la solución de sus propias necesidades, convirtiendo, paralelamente, el papel del Estado en garante de la seriedad, lealtad, transparencia, con la que se realizan esas transacciones.

Contra arredrados, arrostrados

Para los que siguen, sin entender ni papa -como la mayoría, sino todos, de los que se expresan- las elucubraciones acerca de lo hay que hacer para salir del agujero, una de las cuestiones conceptuales que les gustaría que alguien resolviera, de una vez por todas, para saber a qué atenerse y actuar en consecuencia, es si conviene más consumir a tope a ahorrar en lo superfluo, o andar por ambas cosas.

Como en toda situación de incertidumbre, la sensación de peligro inminente provoca ya algunas reacciones desesperadas. Una interviniente en un programa de radio (No es un día cualquiera, 2.10.11) afirmaba que ahora cogía muchos más taxis que antes: era su contribución personal para mejorar la economía (de los taxistas, se entiende).

Algunos cuentarrentistas, alarmados por los agujeros que se han descubierto en ciertas entidades seudobancarias, se han decidido a volver a utilizar los calcetines o el bajo-colchón para guardar los ahorros (lo que ha elevado, de forma indirecta, los asaltos a domicilio de delincuentes a la busca del dinero fácil).

Haciendo traslación del ejemplo concreto, la cuestión subyacente, es: ¿Qué actitud sería preferible, la de los arredrados o la de los arrostrados?.

Reconociendo que la pregunta es difícil y que, como tal, se corre el riesgo de que los especialistas en la cuestión pretendan contestarla con varias páginas de ininteligibles palabros, proponemos que se les confronte, simplemente, como se hace ahora en las escuelas de negocio y otras universidades del saber, con poner una cruz sobre la respuesta que prefieran. Unicamente como escapatoria mental y salvaguarda a su honor, si lo estimaran imprescindible, podríamos ofrecerles la posibilidad de que marcaran una tercerca casilla, no puntuable: "No sabe/no contesta".

Apostaríamos a que, si les fuera en ello la vida o el empleo en el empeño, la inmensa mayoría se decantaría por esta última opción, salvando así el pellejo, pero no los muebles ni las circunstancias.

(Por cierto, nosotros hemos defendido persistentemente que la máxima circulación de los excedentes en una economía, es imprescindible: el dinero improductivo es lo mismo que papel mojado).

Sobre algunos dilemas de RSC en las empresas multinacionales

Durante la IV Jornada sobre Responsabilidad Social Corporativa en las empresas multinacionales, celebrada el 28.09.2011 en el Auditorio de la Fundación Mapfre en Madrid y con la colaboración de El Nuevo Lunes, los ponentes -representantes casi todos ellos de empresas multinacionales con sede en España- se esforzaron en ofrecer, tanto una panorámica del estado de la cuestión, como hacer exhibición de la forma concreta por las que sus propias corporaciones se aplican para atender a las exigencias crecientes de ese terreno variable.

Si tuviéramos que emitir un juicio global sobre la reunión, diríamos que todos estuvieron muy bien, a la altura de lo que se esperaba de ellos. La conferencia inaugural de Antonio Garrigues Walker, diseccionando el tema entre lo legal y lo ético, centró ya los aspectos filosóficos de la cuestión.

Nosotros tuvimos ocasión de hacer dos preguntas, una para cada mesa de intervinientes. Como en estas reuniones, el personal se comporta con una gran timidez (o es que en realidad, salvo un par de anomalías, todos o casi todos son directivos, empleados o becarios de las empresas actuantes, como sucede sistemáticamente en las asambleas generales de las grandes empresas), no hubo más preguntas que las nuestras (y las que el moderador de cada panel realizó a los conferenciantes.

La primera pregunta se refería a la disponibilidad de las corporaciones  para incorporar a sus órganos de gestión o de control, en fórmulas que habría que estudiar, a los representantes de la sociedad civil. Contrariamente a lo que viene sucediendo, que los consejeros independientes son elegidos entre aquellos que han servido en la administración pública (y acaban defendiendo intereses corporativos), nuetra propuesta ería que los representantes políticos en el Parlamento -la forma, hasta ahora más eficiente de conseguir representación de la sociedad civil- tuvieran acceso a esos órganos, teniendo información e interviniendo positivamente sobre las líneas de trabajo futuro de las empresas.

Se trataría, como pretendimos explicar, por una parte, de ayudar, en el trabajo conjunto entre Administración pública y empresas, a construir una pipe line (al estilo de los proyectos previstos por los organismos multilaterales) que sirviera de orientación a empresas de menor tamaño y a futuros inversores.  Por otra, se evitarían así -seguramente- los sinsentidos éticos de negar la implantación de una tecnología (digamos, la nuclear) en el territorio nacional, en tanto que se está apoyando ese desarrollo, con empresas propias, en países menos avanzados tecnológicamente.

La otra pregunta hacía referencia a las dificultades prácticas de defender una postura de responsabilidad social con decisiones emanadas simplemente de la sensibilidad de una empresa privada, cuyo objetivo principal es la maximización del beneficio. Más poderosas que muchos Estados, las multinacionales acaban decidiendo lo que es bueno o malo para las sociedades en las que se asientan, convirtiéndose los representantes de las Administraciones (es decir, el pueblo) en meros espectadores. La ética global, o los principios éticos generales, que a nivel personal son patrimonio individual y asumibles a los principios kantianos o religiosos más compartidos, pasan así a ser definidos por las multinacionales.

¿Cómo traducir adecuadamente los principios, p.ej. "actúa de forma que lo que hagas no te gustaría que te lo hicieran a tí" o "procura que tus acciones puedan ser adotadas como norma general", cuando el sujeto es una multinacional y a sus ejecutivos se les valora por la "creación de valor" que sus decisiones han tenido en un corto plazo para sus accionistas? ¿Nos conformamos con que nos digan que cumplen la Ley y sus normas internas de conducta, incluso en países donde domina la corrupción? ¿Estamos dispuestos a admitir un doble comportamiento, según se refiera a su actuación cercana a nosotros ("los clientes principales") o en aquellos temas que solo vivimos -al menos, aparentemente-, por la televisión?.

En el fondo, aunque no lo expresamos así, por no alarmar más de lo debido a los pulcros representantes que hacían gala de la sensibilidad de sus empleadores, subyace una pregunta inquietante: ¿Aumentará el riesgo, ya aparecido con ejemplos concretos, de que las multinacionales ubiquen sus sedes o centros de consolidación global del negocio, al margen de filosofías, en países menos exigentes, cuando dejemos de ser sus clientes preferenciales?

Hemos extraído como denominador común a las respuestas de los ponentes que aún no estamos maduros para "mezclar churras con merinas". ¿Quiénes "no estamos"? ¿Quién lo decide? ¿Las mismas multinacionales?

Por qué suena el río y doblan las campanas

"Por quién doblan las campanas" es el título de una conocida novela de Ernst Hemingway sobre la Guera Civil Española (GCE), banco de pruebas indecente de la Segunda Guerra Mundial (SGM); no todo el mundo sabe que la frase está extraída de una larga reflexión del poeta metafísico inglés John Donne (Devotions Upon Emergent Occasions, siglo XVII), que, en ese párrafo concreto que la incluye, dice así:

"No man is an island,  entire of itself; every man is a piece of the continent, a part of the main; if a clod be washed away by the sea, Europe is the less, as well as if a promontory were, as well as if a manor of thy friend’s or of thine own were;  any man’s death diminishes me, because I am involved in mankind, and therefore never send to know for whom the bell tolls; it tolls for thee. " (1)

Si lo traemos aquí, sin embargo, es sobre todo, por la continuación:

"Neither can we call this a begging of misery, or a borrowing of misery, as though we were not miserable enough of ourselves, but must fetch in more from the next house, in taking upon us the misery of our neighbors. (...)" (2)

En la versión que ahora se entiende más atinada sobre el problema surgido por cómo los mercados juzgan la solvencia de algunos países europeos, se atribuye la falta de credibilidad de los Estados, no a la cuantía de su deuda soberana, sino al inmenso endeudamiento de las familias, que sería -en el caso de España- superior incluso a tres veces el PIB anual.

Resultaría, en consecuencia, que no es el Estado (sus Administraciones públicas) quien presenta el riesgo de no poder pagar, sino sus ciudadanos que, endeudados hasta más allá de las cejas, y sin ingresos suficientes, no podrían afrontar la devolución de los créditos que les fueron concedidos por sus instituciones financieras.

Acabáramos, pues. Ahora ya sabemos por quién doblan las campanas y porqué sonaba el río. Agua llevaba, pero prestada. Al secarse las fuentes, afloró nuestra pobreza individual acumulada con la de nuestros vecinos.

Pero los entendidos dicen que, aunque las aguas han amainado, el cauce es sólido: los Estados sobrevivirán a esta angustia, la crisis no prevalecerá contra ellos.

Esto huele, por tanto, fuertemente, a devaluación; ya están preparados nuestros cuellos; nos han bajado la gorguera, dejando al descubierto nuestra fragilidad, y, con ella, los cortes en la piel que atestiguan pasadas soluciones a momentos similares. 

Mientras tanto, en los charcos patean (espatuchan, decimos en Asturias), los vecinos, montando caceroladas con sus venerable razones. Hay huelga de enseñantes, y parece que tienen razón; se anuncia la intención del Consejo de Administración de los noticieros públicos de supervisar los contenidos emitidos o radiados y los periodistas y afines tienen buenas razones al reclamar su libertad de opinión; los sindicatos piden más puestos de trabajo y no les falta razón; los banqueros quieren más dinero para tapar agujeros y puede que esa sea la razón; los indignados ocupan la calle y se llenan de razón;...

Si no fueramos ya bastante miserables, siempre podemos atrapar más miseria de la casa de al lado. Teniendo razón, por supuesto.

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(1) "Nadie es una isla, completo en sí; cada hombre es un trozo del continente, una parte del todo; si el mar se lleva un pedazo de tierra, Europa disminuye, tanto si se trata de un montículo prominente, como si se es la casa solariega de tus amigo, o la tuya propia; del mismo modo, la muerte de cualquier hombre me disminuye, porque estoy vinculado a la humanidad; y, por eso, nunca mandes a nadie a enterarse de la razón por la que doblan las campanas: doblan por ti." John Donne

(2) "Tampoco podemos confundir esta situación como una petición o un préstamo de miseria, porque si no fueramos ya bastante miserables por nosotros mismos, siempre podremos atrapar más miseria de la casa de al lado, incorporando a la nuestra la de nuestros vecinos". John Donne.

En confianza, ¿creen los Brics en el futuro de los países desarrollados?

La paradoja tiene los cantos picudos. Los países emergentes más activos -Brasil, China, India y Rusia- no desearían que las economías de los más desarrollados se agotaran demasiado pronto. Están dispuestos, por tanto, a ayudarlos.

Porque, en esencia, aunque la vieja Europa y el gigante norteamericano necesitan mucho dinero para mantener su nivel de vida y no tienen suficientes recursos propios para ello, el creciente desarrollo de los que empujan desde atrás demanda algo que todavía no pueden garantizar plenamente: mercados suficientes.

Si lo reducimos a los aspectos esenciales, lo que ha sucedido es que el bienestar alcanzado por los países más avanzados -en teoría- se concentraba en una combinación virtuosa entre tecnologías y recursos; los recursos, tanto los materiales como los humanos, agotados los primeros e ineficientes o muy caros los segundos, en los territorios propios, se buscaron fuera de las fronteras.

La explotación de las materias primas que se encontraban en territorios ajenos pasó por diversas fases con nombres muy variados: territorios sojuzgados, colonias, países con acuerdos preferenciales, etc. La deslocalización tecnológica y la avidez de los capitales por hallar siempre mejores rendimientos, permitió utilizar la mano de obra más barata, la legislación más permisiva, la administración más connivente, de los países más atrasados, pero con alto índice de recursos por explotar.

Ahora están dispuestos a prestar dinero, con altas tasas de interés, a los países desarrollados, para que puedan sostener, unos años más, sus cotas de bienestar.

Parece una cuestión de negociación entre países, pero no hace falta tener muchas entendederas para reconocer que es un asunto de capitales. El gran capital abandona la vieja Europa, tecnológicamente avanzada y tal y cual, consciente de que carece de recursos y de que no podrá aguantar mucho tiempo más.

La respuesta a la pregunta del encabezamiento de este Comentario es, sencillamente: "No. Creen en el suyo únicamente".

Al borde del abismo

Seguro que el lector recuerda aquél chiste que dibujaba a un desgraciado que, agarrado a unos matojos que le habían impedido de momento destrozarse en el precipicio al que había resbalado, rezaba a Dios que le salvara del trance. Respondiendo a su plegaria, oyó una voz sobrecogedora que le decía desde lo alto: "Hijo mío, tu fe te ha salvado; suéltate, y mis ángeles te recogerán al vuelo y te llevarán otra vez al camino".

Dice el cuento chusco que el devoto alzó la vista, y con el presumible pavor, preguntó: "¿Hay alguien más ahí?".

El ex-presidente de gobierno Felipe González se ha unido al coro de profetas que pronostican el desastre total de nuestra economía, indicando que -dada la falta de coherencia y solidaridad de la respuesta ante la crisis- "la Unión Europea está al borde de un abismo irreversible". Fue en Madrid, el 12 de septiembre de 2011., en su disertación como presentador del libro de José Ignacio Torreblanca "La fragmentación del poder europeo" (Ed. Icara & Antrazyt).

Lo cierto es que la situación que estamos padeciendo nos ha ilustrado acerca de algunas cuestiones que se nos habían impuesto como dogmas.

Ante todo, ha quedado transparente la perversidad del mercado, especialmente en lo que afecta a ciertos bienes, que permite la acumulación incontrolada de riqueza en pocas manos, cuyos intereses no pasan por la solidaridad con los demás ni el apoyo al desarrollo global, o -por añadir un elemento más de discrepancia con objetivos nobilísimos- el cuidado del medio ambiente. 

Esos macroorganismos no solo controlan parcelas de poder económico y social superior al de muchos Estados, sino que están incrustados en todos ellos, utilizando mecanismos de intervención no todos conocidos.

En el otro lado de la Balanza de desilusiones, lamentablemente, la práctica ha demostrado también que la pretensión de dotar a un sistema capitalista -consolidado como única opción válida- con prestaciones sociales elevadas, en lo que se llaman Estados sociales, exige estructuras de control muy complejas.

Si no se ajusta perfectamente lo que se tiene con lo que se puede pagar, la presión social y el empuje político conducen irremisiblemente a la quiebra del modelo. Porque el futuro no puede soportar las expectativas de crecimiento que hemos imaginado para lo que se acaba convirtiendo en huída hacia adelante. Ni la sociedad en su conjunto es suficientemente solidaria y activa, ni los gobernantes realizan su función como agentes brillantes, capaces, honestos y leales, ...ni los ricos son sensibles ni los pobres son sensatos.

Como en el chascarrillo, nos queda preguntar: ¿Hay alguien más ahí?

Sobre las consecuencias de la rebaja en la calificación crediticia internacional

El 6 de agosto de 2011, la agencia de valoración (rating) de inversiones Standard and Poors, cumplió su amenaza de rebajar la calificación como acreedor de los Estados Unidos de América, desde la triple A a la doble A plus.

Así que, si había dudas, quedó puesto en total evidencia quiénes mandan -en el mundo. Porque los argumentos esgrimidos por los empleados de la agencia no dejan de ser un juicio interesado a la política del actual presidente del país que aún pretende liderar la economía internacional.

Lo datos objetivos nos dejan bastante indiferentes. La deuda estadounidense está situada en algo más de 14,5 billones de dólares ("billones" europeos), que es prácticamente el equivalente (97%) a su PIB anual.

Los comentaristas político-económicos han llenado páginas con sus elucubraciones respecto a las consecuencias de esa ligera disminución en la valoración de la solvencia de Estados Unidos. El gigante tendrá los pies de barro, pero los mayores efectos de la desfachatez con la que los consejeros económicos de los muy ricos diagnostican sus males, se han dejado sentir a unos cuantos miles de kilómetros de distancia, en la Desunión europea.

Confiamos que el serio lector no juzgue frívolo este comentario si lo vinculamos al inmediatamente anterior, en el que tratamos -con la ligereza evidente de quien pretende sintetizar lo que conoce solo superficialmente- de la explicación global que físicos y místicos pretenden dar a la cosmogonía.

A ese nivel cósmico, allí donde hay que integrar lo físico y lo metafísico, lo que nos indiquen las agencias de valoración crediticia, refiérase a quien se refiere, nos parece, no ya irrelevante, sino ridículo. Deberían enterarse, de una vez, que no están influyendo en absoluto en el orden cósmico y que sus aparentemente complejas escalas de valoración no son sino el producto combinado de leyes físico-matemáticas, ondas electromagnéticas y órdenes de indeterminación.

Vamos, que nos la traen floja, nos toca los pies y nos importa un bledo.

 

 

Sobre cómo rentabilizar la incertidumbre

En las Escuelas de Negocios, el tema central a partir del cual gira, como en un ordenado sistema planetario, el conjunto de enseñanzas a cuya culminación se le otorgará al educando un preciado diploma que servirá para aumentar su currículum de estudios (el tiempo les dirá si inútiles), tiene que ver con la gestión de la incertidumbre.

Sacar partido de la desorientación de los demás es, en realidad, un objetivo muy apetecible, incluso para las almas más puras. San Ignacio de Loyola, fundador de una de las empresas de mayor éxito que se conocen, superviviente en batallas horrísonas incluso contra el establecedor de su orden propio, y autor de algunos aforismos que merecerían colocarse en el frontispicio de todas las Universidades técnicas -no solo de las del ICAI-, expresaba con rigor que "En tiempos de mudanza, gran templanza" (en versión original no rimada: ""En tiempo de desolación nunca hacer mudanza", según sus "Ejercicios Espirituales" EE318).

¿Cabría interpretar que lo que el eximio vasco aconsejaba a sus seguidores era no mover un dedo en tiempo de vientos procelosos, o más bien, estar atento a lo que se tiene y no cambiarse de techo de acogida, rentabilizando lo propio?.

En este segundo sentido, con el que concordamos, la frase del compatriota de Unamuno y de Induráin, sería equivalente a la de "Nunca cambies de caballo en plena carrera" (Que no es un dicho castellano, sino una versión adaptada del inglés "Don´t change horses in midstream", trasunto a su vez de aquello que Abraham Lincoln en 1864 alegó a quienes le urgían a presentarse como candidato a la Presidencia de los Estados Unidos: "It was not best to swap horses when crossing streams").

Sin llegar, ni pretenderlo, a la altura de los zapatos de tan ilustres antecesores en el arte de aconsejar, nuestra conseja para aquellos que no han tenido dinero para costearse un curso de MBA ni se cuentan entre los egresados de Comillas (con o sin órdenes menores) es que existen formas de rentabilizar la incertidumbre, que consisten en aprovechar las olas que crean los grandes paquebotes.

Estamos en una época de tormentas, generada por varios impulsores de borrascas, manipuladores de los mandos de nuestra bañera. Hubo olas generadas por los inventores de los bonos basura (antes llamados "bonos oportunidad que no puede dejar perder"), otras que surgieron de los consejeros espiriturales del dinero fácil (para ellos: "con ese sueldo suyo de mierda puede comprarse una casa de ensueño y pagarla durante el resto de su su vida, según nuestros infalibles cálculos financieros"); muchas, aparecieron cuando las aguas bajaron de nivel (y "se vieron los que estaban en calzoncillos", pero, sobre todo, tenían en las manos mercancías apetitosas).

Ahora ha llegado el momento de quienes han sacado las mejoras notas en la escuela de la desfachatez y del desprecio a los demás, que se empeñan en asustar a nuestros gobiernos, -muy ilusionados, en su momento de euforia, con los lemas de "crecimiento sostenible", "mundo global", "estado social y de derecho, invirtiendo hoy para pagar el endeudamiento en un par de generaciones, puesto que los ciclos económicos tienen tendencia alcista", etc.- haciéndonos ver a los ciudadanos de Credilandia Incorregible que, según los indicadores que ellos confeccionan, podremos pagar -es decir, arriesgamos no pagar- los créditos obtenidos, pero solo si el interés del principal restante es mucho más alto que el que sirvió para hacer los cálculos iniciales.

Llegando al final: si Vd. tiene algo de dinero libre, es el momento de aprovechar los movimientos alcistas que se generan después de cada movimiento al árbol de la solvencia de los Estados, una vez que se conozca que se ha adoptado algún acuerdo de pagar la deuda que mantienen con las entidades financieras que han confiado en nuestra capacidad de mantenernos colectivamente a flote. Eso sí, venda inmediatamente que haya conseguido alguna plusvalía superior al 10% y espere al siguiente achuchón.

Pero si pertenece al grupo mayoritario de quienes no tienen más que ofrecer que su capacidad de trabajo, reduzca gastos al mínimo, métase en su madriguera, no cambie de coche ni de caballo, y espere a que las aguas retornen al cauce que determinen los poderosos. Por fortuna, estamos aún en una zona del planeta en donde sigue siendo difícil morirse de hambre, en la que incluso en las cárceles se come aceptablemente, y existen multitud de cunetas baldías y hasta vastos terrenos abandonados en donde se pueden cultivar tomates, cebollas y lechugas, sin que sus dueños (si existen) se enteren, preocupados en acumular un misterioso mejunge que se sigue llamando plusvalías, que es, en sentido estricto, la diferencia entre el precio de mercado y lo que nos cuesta, de verdad, mantenerse en la carrera.

A los que el mercado les da, las agencias se lo bendicen

No sabemos de que se haya hecho ningún test de estrés, de credibilidad (ni de ética) a las agencias de valoración. Lo que estamos seguros es de que no lo superarían.

Hasta hace un par de años, la inmensa mayoría de los ciudadanos ignoraba su existencia, y no la echaban de menos ni creían que influyera lo más mínimo ni en su bienestar ni en sus eventuales desgracias. Ahora, si se les preguntara, coincidirían en que nos están amargando la vida.

En realidad, no necesitamos que nos lo diga ninguna agencia, ya sea nortamericana o una que haya puesto su chiringuito en la esquina de enfrente, que nos diga que estamos pasándolo mal.

Tampoco necesitamos que el compañero de oficina nos diga, poniendo cara de descubridor del Amazonas, "te ha salido un grano en la cara" o que el vecino nos pregunte, mirando el rasponazo que presenta nuestro vehículo por el lado del conductor, "¿te has fijado en golpe que tienes en la puerta del coche?".

Lo que suena ya a castaño oscuro es que el vecino con el que nos cruzamos en el garaje, nos diga al día siguiente: "He mirado mejor el golpe de tu coche y es bastante mayor de lo que suponía." ¿Cómo reaccionaríamos si el colega chinche nos espetara por la tarde, vestido ya él con el pantaloncito de jugar al pádel, mientras nos toca las teclas del ordenador con el que calculamos la distribución de temperaturas en un molde refrigerado -es un ejemplo-: "He estado pensando en tu grano, y ahora que lo miro mejor, no se te va a curar solo con esa pomada que te dije le había ido bien a mi abuela, que en paz descanse"?

Nos hemos convencido, porque teníamos ganas de aparecer como culpables, que la culpa de esta burbuja que nos explotó en las manos, es de todos, incluso de los que nunca pensamos en comprarnos un piso a base de hipotecas. No en vano se nos ha presentado como la combinación de la avidez de los más ricos, los consejos para aprovechar la oportunidad de bonanza que prodigaban sus asesores, la ignorancia económica -por ser suaves- y el deseo de inaugurar por parte de los políticos, y, en fin, la algarabía que formaban todos estos elementos en el patio de los que, simplemente, querían vivir mejor de aquello para lo que les daba su sueldo.

Bien, pues ya vale. Volvamos a empezar. Queremos retornar al momento anterior a la burbuja, allí donde estábamos. Porque en algún lugar habrá quedado el terreno firme, ¿no?.

Señores de las agencias de valoración, retírense del campo antes de que nos veamos obligados a hacerlo a gorrazos. Mientras los demás estamos atareados retirando escombros y tratando de reconstruir lo caído, ustedes siguen socavando los cimientos, dando la tabarra. Antes consiguieron que se volatilizara el dinero de los ahorradores, ahora resulta que están haciendo que nuestra deuda pública nos resulte más cara, es decir, que el futuro se nos haga aún más complicado.

 

Sobre lo que no hay que hacer

Reconocemos, ante todo, el origen del título de este Comentario y, por tanto, la intención. "Lo que hay que hacer con urgencia" es el título de un libro colectivo de más de 500 páginas, escrito por 33 economistas y coordinado por Juan Velarde Fuertes.

La criatura intelectual fue presentada en sociedad a principios de julio de 2011, en un acto que presidió Mariano Rajoy, según las encuestas, el candidato que tiene la más alta probabilidad de ser Presidente del Gobierno español a partir de abril de 2012 (pero tampoco descartamos que pueda llegar a serlo algo antes).

No nos han regalado el libro y aún no hemos podido hojearlo en las librerías -es casi seguro que no nos animemos a comprarlo-, por lo que estas notas no están influidas por las sugerencias que, posiblemente, expongan en él esos estudiosos de la situación económica que, por su número, recuerdan -tal vez no por casualidad- la edad en la que Cristo fue llevado a su martirologio y que corresponden, también, con la cantidad de monedas que el traidor Judas percibió por entregarlo a los miembros del Sanedrín.

Cuando un autor -o varios- hacen llegar a la autoridad sus elucubraciones y consejos -que nadie, que sepamos, les ha pedido-, y lo hacen en un acto público bajo la forma de una publicación, están poniendo de manifiesto muchas cosas.

La más evidente, que creen tener algo que decir y que no tienen otra forma de rentabilizarla que escribiendo un libro y ponerlo a la venta. Otras razones, algo más oscuras, afectan a la intención de exigir a la autoridad actual que se tomen en cuenta sus fundadas recomendaciones; y, también, puesto que es la alternativa y no el poder el que actúa con ellos en el escenario, indicar de qué lado están: del árbol de apariencia más vigorosa.

En cualquier caso, la ocasión sirve para que todos ellos tengan por presentadas sus propuestas (ya que no análisis, pues hablan de "lo que hay que hacer"), y así garantizan que, si las cosas siguen mal, podrán, más adelante, recordar a tirios y troyanos aquello de "Te lo advertí, forastero". Nos parece, con todo, que en este caso, se produce una exhibición de cercanías, y que lo que expresan, unos -los teóricos- y otros -quienes han de ejecutar-, es que el futuro preboste está de acuerdo con lo que se (le) propone.

Como, sin tener idea de las propuestas, solo podemos intuirlas por lo que conocemos del pensamiento de Velarde Fuertes -un enamorado del mercado, un amigo entregado a las razones del poder financiero y un ilustrado tardío en las fortalezas de la técnica-, y las estimamos tan respetables como contemporizadoras.

Para ayudar algo a menear las raíces del debate, esto es lo que, en nuestra opinión, y refiriéndonos a la actual situación socioeconómica, no hay que hacer:

a) Seguir tolerando la exhibición de posesión de riqueza incontrolada, incluído el flujo de dinero negro, que se está produciendo en el país.

b) Concentrar la inspección fiscal en las pequeñas y medianas empresas y en los autónomos, dejando vías libres a la generación de beneficios excesivos por falta de control administrativo, la evasión de capitales, ocultación de plusvalías, premio con injustificables honorarios y prebendas a ejecutivos de medio pelo, etc.

c) Aplaudir que quienes hicieron sus primeros dientes en la gestión pública, afilen luego sus colmillos y trituren con sus muelas de conocimientos adquiridos, desde la gestión privada de los grandes grupos empresariales. Elíjase, de una vez, la experiencia, como valor, no la desfachatez como mérito.

d) Ignorar la baja productividad efectiva de muy amplios sectores de la población ocupada, desde luego, en contraste con la asunción de horarios y esfuerzos laborales insoportables por otras minorías; la simple comprobación de los ratios de facturación respecto a empleo, dentro de cada sector, daría pistas de lo que está pasando.

e) Despreciar los efectos de la importante contratación irregular o con salarios reales parcialmente ocultos al fisco en algunos sectores (servicios turísticos, restauración, construcción, talleres de reparación, servicios de distribución y comercialización, etc.)

f) Subestimar la importancia de la técnica; la economía, como ciencia, es muy posterior al desarrollo técnico, y se debe subordinar a él. (El Sr. Velarde lo sabe bien, pues pertenece a la primera promoción de economistas en España. La Facultad empezó sus clases en febrero de 1944). Los economistas, por su propia formación, no están capacitados para crear empresas -salvo, tal vez, las financieras-, aunque resulten (algunos) buenos controladores y otros (muy pocos) adecuados gestores.

g) Dejar de confiar en que el futuro tiene la solución. Los problemas se han de resolver cuando se presentan, sin aplazamientos. Por ejemplo, si se ha detectado que existe la incapacidad para soportar el modelo de bienestar, se ha de ser capaz de tomar de inmediato las medidas correctoras -ajustando ingresos y gastos-; la dilación agudiza los problemas, porque no se puede confiar en que nos encontraremos siempre con ciclos expansivos de la economía.

h) Dejar sin control la venta de beneficios futuros y, en especial, consentir que se realice por las administraciones públicas. La privatización de los servicios públicos, en concreto, no puede servir de base especulativa, y jamás se ha de renunciar al control final -y a la posibilidad de rescate- de una concesión pública.

Esto, también con urgencia. Se puede leer en positivo, pero se entiende mejor si se expresa con tintes de denuncia. Para que el nuevo Presidente, si lo que se espera, y muchos desean, se produce, no mire solamente hacia los lados que a algunos interesan.

 

Sobre la forma de crear empleo del hijo del cristalero

Frederic Bastiat,  en el siglo XIX, en las primeras lecciones de economía para dummies que se conocen, ilustraba acerca de las consecuencias prácticas de que el hijo del zapatero rompiera un cristal del modesto negocio de su padre.

Su análisis esclarecía que, por romper muchos cristales, no se generaba más riqueza ni actividad para una población y ni siquiera el eventual aumento del número de cristaleros venía a proporcionar empleo estable ni bienestar duradero a este colectivo, al empobrecerse la comunidad en su conjunto.

Ha despertado el natural bullicio la afirmación del candidato a presidente del Gobierno en las próximas elecciones generales, Alfredo Rodríguez Rubalcaba, de que "sabía cómo generar empleo". Nosotros, más modestos, afirmamos que sabemos cómo no crearlo.

Y, además de la cita informal de Bastiat, traemos a este Comentario una anécdota que ya tuvimos ocasión de glosar en otra ocasión.

Una familia muy pobre y con muchas bocas que alimentar cuidaba con el máximo cariño a un cerdito que le habían regalado, esperando que adquiriera peso suficiente para sacrificarlo y así superar otro invierno. Quiso la mala suerte que, jugando con él, una de las criaturas lo mató sin querer; después de los lamentos, haciendo de la necesidad virtud, la madre asó el cochinillo y todos se sentaron a la mesa a dar buena cuenta del animal. Entonces, la niña que había provocado inconscientemente la desgracia colectiva, reclamó: "Pra mín, máis, que fun la que o matéi".

Algo nos viene diciendo, desde hace tiempo, como runrún en los oídos, que en esta crisis que tanto nos machaca, han cogido los mejores trozos de lo que se ha podido salvar, quienes más hicieron por provocarla. Y, para más inri, nos sopla encima de este ruido, otro, y es que estamos creando empleos de cristaleros, sin acertar con lo que debe servir para generar actividad sólida, y porqué no, más duradera.

Es muy importante tener en cuenta que el desarrollo económico se produce por la generación de valores añadidos que, o bien la propia economía puede reabsorber, provocando la recirculación y redistribución de esos excedentes entre amplios sectores, de forma que se haga posible la elevación conjunta de su nivel y eficacias productivas o bien se es capaz de canjearlos en los mercados exteriores por productos que resulten más baratos que si se acometiera su producción con medios propios.

¿Es una simplicidad?. Puede parecerlo, pero entonces, ¿por qué no se aplica?. Si subvencionamos productos (no importa si hortofrutícolas, energéticos o electrodomésticos) que podemos comprar más baratos en los mercados exteriores, estaríamos despilfarrando nuestros recursos, aunque generásemos "empleos de cristaleros".

Suponemos, pues, que los dos candidatos con opciones reales de ser presidentes del Gobierno de España (Rajoy y Rubalcaba) tienen claro cómo crear empleo en este país: aumentando la productividad de los recursos -capital y trabajo-, concentrándonos en aquellos sectores en los que tenemos ventajas competitivas, o donde podamos crearlas.

En esencia, se trata de actuar en dos direcciones principales: a) fomentando el consumo interno de los productos de fabricación propia, tanto más cuanto más diversificada se encuentre su fabricación, y b) apoyando, con todos los efectivos, la exportación de aquellos productos en los que estamos generando mayores plusvalías debidas a la productividad, sobre todo, de la mano de obra (es decir, con ventaja sobre el capital, dado nuestro alto endeudamiento); en especial, claro, del sector servicios, y, dentro de él, del turismo y sus relacionados (hostelería, restauración, ocio, etc.).

Ni qué decir tiene que, a medio plazo, el apoyo a estas directrices se sustenta en la investigación y la educación, además de vigilar el ahorro de todo despilfarro, la ausencia de corrupción en las instituciones, y corregir todas las bolsas de inactividad.

Nos gusta mucho el actual estado social, pero no podemos olvidar que debemos estar en condiciones de poder pagárnoslo nosotros mismos, sin acudir a endeudamientos que comprometan el futuro ni a cuentos de la lechera que solo se sostienen por imaginaciones calenturientas-esto es, garantizando que sea sustentable-.

Por eso, hay que estar vigilantes a los que se empeñan en crear empleos de cristaleros como solución a la crisis y, por supuesto, a los que pretenden tener mayor tajada con el argumento de que fueronellos los que acuchillaron la becerra.

Con perdón por la insolencia: tengo una pregunta para Vd. Mr. Myerson

Con perdón por la insolencia: tengo una pregunta para Vd. Mr. Myerson

Las conclusiones expuestas por R. Myerson en su conferencia del 15 de junio de 2011, en el foro de la Fundación Rafael del Pino invitaban a un amplio debate.

Nosotros no pudimos sustraernos a la curiosidad de plantear, teniendo en cuenta las características del modelo utilizado, en el que la simplificación de los comportamientos de los agentes económicos financieros nos parecía excesiva para reflejar los comportamientos reales en un mundo globalizado, cuál era su opinión concreta acerca del efecto de las tensiones entre países desarrollados y en desarrollo para competir sobre los recursos.

Teníamos en mente, además del interés en exponer una crítica indirecta a las aplicaciones de la teoría de juegos (subespecie de los llamados juegos cooperativos con información incompleta) a la economía real, el conocer, al margen de las conclusiones académicas, el pensamiento de Myerson sobre las preferencias de potenciales inversores de los países en desarrollo, a la hora de decidir dónde colocar su dinero.

La amplia respuesta de Myerson a nuestra pregunta fue esclarecedora de que las convicciones previas a un modelo teórico de su creador son determinantes para seleccionar las condiciones de contorno. También debió de aportar claridad a quienes debían cubrir el evento en las publicaciones económicas, pues se dió especial importancia en ellas, más que a la conferencia en sí, a la disquisición que el premio Nobel ofreció, a partir de la reflexión que le planteamos.

Para Myerson, la consideración del "riesgo moral" (mejor traduciríamos, por riesgo ético) por parte de los agentes es el factor determinante a la hora de analizar los flujos de inversión a nivel mundial. El claro avance de los sistemas económicos de la mayoría de los países en desarrollo, operado en las últimas décadas, y que se ha hecho notar en especial en China, India o Brasil, ha generado riqueza y hecho más ricos a millones de personas.

Sin embargo, considerando el caso concreto de China, a pesar de las excepcionales posibilidades de inversión que se pueden detectar allí, los poseedores de los mayores capitales chinos no invierten en el país, a pesar de los proyectos interesantes que se detectan allí, porque no confían en que las instituciones financieras chinas tengan capacidad para retornar el dinero invertido, en caso de que los inversores lo precisen, por la carencia de suficiente marco legal y político que les proteja frente al fraude o el engaño.

No fue una respuesta políticamente correcta, sin duda, pero ofreció una visión interesante de lo que piensa, cuando se le solicita que ponga los pies en la tiera, un Premio Nobel de cuya inteligencia y sinceridad no podemos dudar. La conclusión es que, si queremos ser precisos, más que jugar a los comportamientos éticos irreprochables, tenemos que no perder de vista las trampas que se hacen bajo la mesa.

No nos darán jamás un Premio Nobel, pero estuvimos muy cerca físicamente de varios y, en este caso, también coincidimos pragmáticamente con Roger Myerson.

 

En teoría de juegos, no siempre ganan los que manejan la banca (y 2)

(continúa del Comentario anterior)

Muy didáctico, y siguiendo la línea de glosar el artículo publicado en 2010, Myerson abordó la cuestión del racionamiento de los créditos, defendido por Stiglitz y Weiss en 1981, como una consecuencia de los criterios de "moral hazard" y "adverse selection" en el mundo de las finanzas.

El riesgo moral o ético (moral hazard) supone conseguir que la gente toma decisiones apropiadas en las actuaciones que no son trasparentes y la selección adversa -presupuesto básico de la concreta parte de la teoría de juegos en la que Myerson se especializó- implica conseguir, por su parte, que la gente comparta honradamente la información oculta al sistema.

Ha de tenerse en cuenta, como resaltó Myerson, que los bancos (en una de las últimas preguntas del coloquio posterior admitiría que era más adecuado refererirse a los agentes financieros) y los intermediarios obtienen sus beneficios porque tienen más información que sus clientes.

Sin embargo, la obtención de beneficios no puede pretenderse desde la falsedad y, por ello, las transaciones no deben ser anónimas, porque las instituciones "allocating moral hazard rents must haver leaders with reputations for reliability rewarding good service".

Esta cuestión, para los modelos en los que trabaja Myerson, aparece como relevante, pues "back loaded rewards create an emphasis on long-term relationships" y, por tanto, excluye su anonimato. "The mass of small investors must rely on specialits to o thework of identifying good investment oportunities".

Una de las hipótesis introducidas en la estructura de simulación por Myerson es que "investors can find good investments only through bankers" (tradúzcase, agentes), lo que conduce a la consceuencia de que, en períodos de recesión, en donde la capacidad de inversión queda limitada, "competitive recruitment of new bankers cannot fully remedy such undersuplpy", y los estímulos, bajo el modelo de "moral-hazard", para que se incorporen nuevos agentes financieros, implican mayores impuestos sobre los trabajadores.

Después de exponer las condiciones de contorno para su simulación del comportamiento de los agentes en período de crisis, -lo que hizo Myerson, en nuestra opinión, demasiado sucintamente para que resultara inteligible en la exposición para quienes no hubieran leído sus artículos y no estuvieran al tanto de las restricciones que implican sus modelizaciones- expuso el conferenciante su conclusión más polémica: "Tax on poor workers to subsidize rich bankers may benefit workers, as the increase in investment and employment can raise their wages by more than the cost of the tax" (1).

Esta es la única forma, para el conferenciante, dentro de un escenario de comportamientos honestos de los agentes, de recuperarse de la recesión: que los trabajadores destinen parte de sus salarios, por la vía de impuestos, para rejuvenecer el sistema con nuevos agentes, que sustituyan a los que ya han terminado el ciclo.

(1) En una aplicación concreta de su modelo de simulación, el economista-matemático supone que los ciclos de los agentes se reducen a diez años, momento en el que los banqueros obtienen una renta de retirada, si han tenido éxito en lo que aconsejan a sus clientes; en momentos intermedios de su ciclo, cada agente tiene un interés decreciente en asumir y aconsejar inversiones de riesgo para su capital disponible, que arriesga perder si se equivoca, por lo que "el sistema envejece".

En teoría de juegos, no siempre ganan los que manejan la banca

Roger Bruce Myerson, premio Nobel de Economía en 2007, tiene el aspecto de ser un tipo campechano, acostumbrado a responder a las preguntas más difíciles con un doctrinario propio, un catecismo hecho de axiomas y teoremas cuyo nihil obstat está en sus manos y que, de todas maneras, solo unos pocos cacúmenes privilegiados pueden discutir, ampliar o -Dios sea loado- corregir.

La Fundación Rafael del Pino, una institución a la que los aficionados a entender algo mejor las razones ocultas de lo que mueve el mundo nunca podremos agradecer bastante lo que está haciendo por traernos a su palestra a políticos, empresarios, profesores y otras gentes de buen vivir, invitó a este pluriempleado profesor de la Universidad de Chicago recién entrado en la década prodigiosa de la sesentena, a que nos hablara, el 15 de junio de 2011, seguramente, sobre lo que quisiera.

Myerson decidió coger el toro por los cuernos y, según explicó a la audiencia -incomprensiblemente, no tan numerosa como otras veces, quizá por los exámenes de fin de curso- eligió como tema de su disertación "How to understand financial crisis", una adaptación de su reciente trabajo "A model of moral-hazard credit cycles", y que el equipo del catedrático Amadeo Petitbó tradujo, con intención de acercar la cuestión al roman paladino, rebajándole pretensión, por "Las crisis financieras: una perspectiva keynessiana".

Los asistentes pudieron comprobar en el curso de la brillante ponencia, que esta fue justamente la perspectiva que el comerciante criticó, por insuficiente e inadecuada, para entender lo que nos está pasando.

Las teorías de Myerson en nuestras latitudes han tenido más acogida en los terrenos de los matemáticos que en los de la economía. Las aplicaciones del "valor de Myerson" (generalización del "valor de Shapley", y que presupone el comportamiento honesto de los competidores en juegos cooperativos que se desarrollen dentro de estructuras con cooperación parcial) han dado lugar en España a elucubraciones mentales, tesis doctorales y trabajos académicos, por parte tanto de seguidores como de detractores, con menores aplicaciones prácticas de las que alcanzan, por ejemplo, las tesis de Krugman o Stiglitz.

Una demostración quizá de que los macroeconomistas españoles, se encuentran más cómodos en los análisis empíricos de la realidad que en trabajar con postulados, axiomas y teorías que implican complejos cálculos numéricos en el territorio de la abstracción.

Myerson puso de manifiesto que el economista británico Keynes, en sus escritos a raiz de la primera guerra mundial, reunidos en el libro "Economic consequences of peace" (publicado en USA en 1920), había recomendado perdonar las compensaciones derivadas de la guerra a Alemania, o limitarlas, como máximo, a un tributo del 3% del Pib anterior a la guerra durante 30 años, tal como había defendido en las negociaciones del Tratado de Versalles, frente a la posición que pretendía exigir compensaciones de hasta 3 veces aquel valor.

La idea central que manejaba Keynes era que facilitar la recuperación de Alemania era lo mejor para Inglaterra (lo que se plasmó en el Plan Marshall), pero, al decir de Myerson, carecía de un modelo según nuestros actuales estándares lógicos. Tampoco habría considerado el maestro de la política económica moderna, seriamente, el papel de los intermediarios financieros, por lo que no analiza los posibles "bank failures" ni mantiene coherencia con sus propias observaciones sobre política monetaria, que puede afectar la inversión agregada sin afectar las tasas de interés.

(continuará)

Sobre tics, oportunidades de negocio y empleo

Pocas similitudes pueden encontrarse entre la revolución industrial que nos introdujo en la modernidad, allá por los finales del siglo XVIII, y la situación provocada por la irrupción de las llamadas tecnologías de la informática y las comunicaciones (tics), que estamos viviendo en tiempo real, sobre las dos cuestiones que más afectan al ser humano en sociedad: la propiedad de los medios de producción y el valor económico del trabajo.

Respecto a la propiedad de los medios de producción, una nueva tecnología incorpora la opción de mejorar el rendimiento que se conseguía con las antiguas metodologías, que convierte rápidamente en obsoletas y, por tanto, en inútiles.

En cuanto a la cualificación laboral, cada cambio tecnológico ofrece la oportunidad de especializarse en el control de las técnicas innovadas, generando nuevas élites profesionales y reorganizando la pirámide de cualificaciones. Pero lo más importante es que, a nivel global, todo cambio tecnológico genera desempleo y provoca la ruina de muchos empresarios e inversionistas.

Las tecnologías de información y comunicación tienen notables peculiaridades, cuyos efectos no son fáciles de analizar, dada la complejidad de los factores que entran actualmente en juego.

Se habla de la Sociedad de la Información, aunque esa denominación hace referencia a la modificación que se ha operado en el uso de la instrumentación, que se ha generalizado, pero no en la propiedad de los medios, que ha sufrido pocas variaciones; o, en todo caso, cuya evolución no ha experimentado ninguna brecha apreciable, porque los grandes grupos empresariales siguen siendo los mismos -aunque cambién sus denominaciones y oculten pudorosamente los nombres de sus beneficiarios- y no parecen dispuestos a ceder ese liderazgo.

Y esto, a pesar de los fuegos de artificio que provoca la aparición estelar de los Bill Gates, Lawrence Ellison, etc., cuyas grandes fortunas aparentes sirven de cómodas pantallas para la acumulación descomunal de recursos naturales por parte de otros capitalistas menos famosos.

La verdad: El uso de estas nuevas tecnologías es relativamente sencillo -son, además, cada vez más user-friendly y más user-focused (1) , pero su efectividad descansa en la posesión de medios extremadamente complejos, y cada vez más sofisticados, que se concentran en muy pocas manos.

Se puede decir que han generado una gran competitividad entre los usuarios, pero la dependencia de éstos respecto a los que ofrecen el soporte (equipos para implementar las herramientas de usuario, redes de distribución, servidores, satélites, centros de control, hardware e incluso del software,etc.) es prácticamente absoluta. Saber usar está cada vez más lejos de saber cómo se hace lo que nos sirve de instrumento, y el riesgo que se corre ante esa ignorancia es evidente.

En cuanto a los negocios de aplicación que se soportan actualmente con las nuevas tecnologías, se han creado, indudablemente, muchas oportunidades de dar los antiguos servicios con menor coste, mayor agilidad y mejores prestaciones. Los ejemplos son múltiples, y especialmente brillantes allí donde la eficacia de las decisiones dependen del mejor uso del tiempo y del espacio.

Se pueden hacer muchas cosas más rápido y difundir opiniones o resultados, además, a grupos de interés más numerosos, reduciendo así el tiempo para generar rentabilidad, pero no son muchos los ejemplos en que se estén creando nuevas oportunidades en nuevos sectores.

Los avances de las tics en este sentido son escasos y es justamente en este aspecto en que subsiste la dependencia respecto a los sectores tradicionales  en donde hay que reclamar mayor análisis e investigación. Hace falta seguir trabajando en mejorar los medios de producción agroalimentaria, de generación energética, de transporte físico, de materiales resistentes, de conductores, de biomedicina, de explotación minera, etc.

Las tics son, en fin, un medio para potenciar el saber usar, y no pueden hacernos olvidar que las necesidades básicas del ser humano no quedan resueltas con ello, sino que dependen, sobre todo, de la mejora de las facultades para incorporar los recursos de la naturaleza a la cadena productiva.

Al fin y al cabo, lo que no podemos comer ni disfrutar con los sentidos, no tiene utilidad, aunque provoque ocasionalmente el enriquecimiento de algunos que, no lo dudemos, dedicarán los recursos que acopien a comer y gozar más y, dependiendo de su conciencia social, convertirán lo que les sobre en una oportunidad para otros o en apalancar fieramente sus vías actuales de negocio.

(1) Pedimos perdón por los anglicismos, uno de ellos, incluso inventado por nosotros: queremos expresar, con ellos, respectivamente, "más fáciles de usar" y "más orientados a soluciones específicas".

A DSK le han hecho una pirula

El serio lector podrá pensar que para un día como hoy, 22 de mayo de 2010, en el que treinta y cuatro millones de españoles -o más- están llamados a las urnas para expresar su descontento, habría cosas más importantes sobre las que escribir que volver a dedicar un Comentario de uno de los Cuadernos más prestigiosos del país a hablar de un, -hasta el 15 de mayo de los corrientes-, prácticamente desconocido por  estos predios, director gerente del Fondo Monetario Internacional.

Pero es que lo que le está pasando a Dominique Strauss-Kahn (DSK, para los amigos de las siglas, entre los que se encuentran todos los norteamericanos), no tiene nombre, pero arriesga cambiar la historia de la humanidad. Por eso, nos referimos a él y sus circunstancias con este título poco común, porque, de veras, nuestro sentimiento es que le han hecho la pirula.

No decimos esto porque hayamos tenido el soplo de que se haya sometido a la operación de cirugía estética del instrumento que sirve a los infantes para la micción. No.

Le han hecho una trastada, se han saltado las normas de obligado cumplimiento para meterlo en un berenjenal del que solo saldrá, sí o sí, con mierda hasta las cejas y, a medida que se la emoción del primer momento deja ver más detalles del bosque, aparece claro que le han tendido una trampa, en la que cayó como un pinín.

Pasemos por alto que, en una típica llamada de atención para despertar el interés sobre el personaje, se ha difundido hace un par de días la foto del futuro protagonista de la debacle entrando a un Porsche con su mujer, la famosa multimillonaria de familia, informadora periodística de renombre, Mme. Sinclair.

Aquel anuncio nos puso en el cuadro mediático al candidato de la gauche (pas divine, monsieur, la gauche enmerdée) para desbancar, con sus buenas opciones, al actual presidente francés, Sarko, casado también en n-simas nupcias con una joven actriz, la Bruni, descubierta para el celuloide de culto por el antes genial Woody Allen.

Pasemos por alto incluso que ahora haya una tal Madame -esta vez con todas las letras- Kristin Davis, que realizó en cameo como el propio DSK en el docudrama Inside jobs, que afirma, dado que su profesión de conseguidora de prostitutas de lujo -abrimos paréntesis: "jóvenes de reputación impecable que rentabilizan su disponibilidad sexual a más de 1.000 dólares la hora, aproximadamente lo que cobran, con perdón, por un trabajo distinto, los consejeros delegados de muy pocas selectas compañías, algunos de los cuales se gastan una parte de sus honorarios en dar rienda suelta a sus frustraciones sexuales con ell@s", cerramos paréntesis- no le permite proteger a violadores, que Dominique no solamente era cliente de su red -que ya le bastaba-, sino que, además, era un sádico que forzaba a sus chicas (y nos preguntamos, ignorantes de cómo se hacen estos negocios de tal hampa, ¿por qué lo haría?¿sería para no pagarles?).

Pasemos por alto que a DSK se le han aparecido, y vendrán más, algunas amantes sufridoras de su desenfrenado apetito sexual, que cuentan ante las cámaras las vejaciones de que han sido objeto y que antes no se atrevieron a narrar por temor a represalias y cuya veracidad, confiamos ciegamente, la justicia francesa -que tiene otros parámetros de valor algo diferentes a la norteamericana- se encargará de esclarecer, a partir de las oportunas instrucciones de los órganos judiciales competentes.

Detengámosnos, pues, en lo que sabemos, aún intuyendo que está contaminado por la imaginación de lenguaraces policías e imaginativos periodistas de investigación.

1. DSK está duchándose, después de haber ingerido un copioso desayuno. Un camarero se dispone a retirarle la bandeja con los residuos y la limpiadora de piso del flmante hotel de lujo pide permiso para entrar que, diligente, el empleado anterior le concede por su cuenta.

2. DSK, ignorante de que hay una mujer en su cuarto, sale del baño -vamos a suponer que púdicamente cubierto por una toalla de esas que dan dos vueltas a la cintura- y al ver a la chica se avalanza sobre ella y, tirándola sobre la cama, intenta violarla. Después, como la joven se resiste y se zafa del acosador, la persigue por el pasillo -ignoramos si ha tenido tiempo de vestirse, entre zarandeos y forcejeos, aunque entendemos que la respuesta ha de ser que sí-.

3. Si hemos puesto el cronómetro a correr, debemos contar con que necesitamos unas cuatro horas para hacer lo siguiente (esto es, tenemos que correr también): superar la emoción; contárselo al responsable de servicio; organizar un revuelo para aclarar lo que han intentado hacernos; aclararnos de quién o qué es lo que pretendió hacer el tipo ese desconocido, registrado con el nombre supuesto de Dominique Strauss-Kahn, cliente habitual del sitio, y que, entretanto, se acaba de marchar apresuradamente, dándole una propina de tres dólares al mozo que le ayudó a bajar la maleta e introducirla en el taxi que le pidieron en la puerta; decir que hay que llamar a la policía; esperar que venga, y que realice el atestado correspondiente; decidir que se trata de un hecho realmente grave y preguntarse cómo localizar al execrable tipo; atender a una llamada de un tal Strauss-Kahn desde el aeropuerto de NY, que pide que alguien le lleve el móvil que se ha dejado olvidado, además de unos calcetines; decirle al policía que ya tenemos localizado al malo; avisar a todas las unidades de que el tipo está localizado, es peligroso y posiblemente lleve armas; ordenar detener el avión en el que pretende huir a la lejana ciudad de Washington, en donde el criminal regenta una oficina de lavado de dinero llamado Fondo Monetario Internacional (FMI)...

No, si ya sabemos que hace tiempo que se le acabó el ídem. Pero era tan divertido... Ya se habrán imaginado Vds. que el camino real para llevar a DSK a chirona no fue ese.

Cuando se quiere pillar a un indeseable -por quién sabe que motivos- no hace falta ser tan complicado.

Sobre la incapacidad para generar empleo en España

Tenemos 5 millones de parados en España, un  número que aún no ha dejado de crecer y que resulta, por ello, la demostración más evidente de que la situación de crisis no ha cambiado, es decir, de que no sabemos cómo generar puestos de trabajo.

Nos resultan dramáticas, porque no podemos decir en absoluto que sean cómicas, las reiteradas declaraciones de los representantes del gobierno por las que, una y otra vez, sin importarles el paso del tiempo, afirman que estamos a punto de cambiar la coyuntura, y que la crisis ha tocado fondo. ¿Qué fondo? ¿Un fondo que se desliza con quienes se apoyan en él?.

Para quienes tenemos nuestro observatorio de la realidad en la calle, en la observación independiente de lo que sucede, no hay razón para creer que la situación económica pueda modificar su signo en el corto plazo.

Tenemos un sistema productivo inadecuado para nuestra naturaleza territorial, económica, social e histórica. Hemos copiado sin análisis ni adaptación modelos de desarrollo de otros países -particularmente Francia y Alemania- que disponen de estructuras mucho más complejas, tecnológicamente mucho más avanzadas y un comportamiento colectivo de respeto institucional más maduro y disciplinado.

Debemos elegir el perfil preferente, lo que deseamos ser.

Si queremos ser un país de servicios -hostelería, hospedería, gastronomía, transporte, informática, telecomunicaciones, ingeniería, ...- habrá que apoyar a los profesionales y empresarios de estos sectores con plena decisión, dándoles financiación, formación, estímulos publicitarios y facilitando su coordinación y empuje colectivo. Tendremos también que valorar nuestros puntos fuertes y las consecuencias de las debilidades.

Si pretendemos competir tecnológicamente en algún área, habrá que seleccionar cuidadosamente aquellas en las que estemos mejor preparados, con una base empresarial ya existente y unos contactos exteriores comerciales que garanticen aceptablemente el crecimiento de esa posibilidad. Por supuesto, habrá que dotar de facilidades de financiación a las empresas que actúen en el sector y coordinar la cobertura de la formación que precisen sus actuales y futuros empleados con los centros educativos.

No se espere que un desempleado sea capaz de generar por arte de birlibirloque su puesto de trabajo, convirtiéndose en autónomo de la noche a la mañana. El incremento del número de peluquerías, bares y mercerías no generará más que una apariencia efímera de actividad, y hundirá las economías familiares aún más.

Hay que formar el espíritu de competitividad y la voluntad de asumir riesgos controlados desde las Universidades. Con un profesorado imbrincado en el mundo real y un alumnado motivado en su condición de élite, sí, pero solo en cuanto sea capaz de servir mejor a la sociedad con su talento.

Mención especial en toda estrategia de desarrollo han de tener los grandes grupos empresariales y financieros que actúan en un país. Es imprescindible activar la cohesión y el compromiso de estos intereses con los colectivos. Las cabezas visibles de estos colosos económicos de nuestro entramado productivo, han de asumir la responsabilidad social con el país, como parte indisociable de su responsabilidad ante esos accionistas que, en buena parte de los casos, carecen de cara y ojos para la ciudadanía.

Parafraseando algo que les gusta decir a esos ejecutivos cuando hablan a sus Asambleas Generales, tenemos que aumentar el valor de lo que hacemos, pero no solo para los accionistas, sino y sobre todo, para la sociedad en conjunto. De otra forma, no merece la pena mantener ni el mercado ni la fantasía de progreso. El futuro o es de todos, o de ninguno.