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Al Socaire de El blog de Angel Arias

Sobre lo que no hay que hacer

Reconocemos, ante todo, el origen del título de este Comentario y, por tanto, la intención. "Lo que hay que hacer con urgencia" es el título de un libro colectivo de más de 500 páginas, escrito por 33 economistas y coordinado por Juan Velarde Fuertes.

La criatura intelectual fue presentada en sociedad a principios de julio de 2011, en un acto que presidió Mariano Rajoy, según las encuestas, el candidato que tiene la más alta probabilidad de ser Presidente del Gobierno español a partir de abril de 2012 (pero tampoco descartamos que pueda llegar a serlo algo antes).

No nos han regalado el libro y aún no hemos podido hojearlo en las librerías -es casi seguro que no nos animemos a comprarlo-, por lo que estas notas no están influidas por las sugerencias que, posiblemente, expongan en él esos estudiosos de la situación económica que, por su número, recuerdan -tal vez no por casualidad- la edad en la que Cristo fue llevado a su martirologio y que corresponden, también, con la cantidad de monedas que el traidor Judas percibió por entregarlo a los miembros del Sanedrín.

Cuando un autor -o varios- hacen llegar a la autoridad sus elucubraciones y consejos -que nadie, que sepamos, les ha pedido-, y lo hacen en un acto público bajo la forma de una publicación, están poniendo de manifiesto muchas cosas.

La más evidente, que creen tener algo que decir y que no tienen otra forma de rentabilizarla que escribiendo un libro y ponerlo a la venta. Otras razones, algo más oscuras, afectan a la intención de exigir a la autoridad actual que se tomen en cuenta sus fundadas recomendaciones; y, también, puesto que es la alternativa y no el poder el que actúa con ellos en el escenario, indicar de qué lado están: del árbol de apariencia más vigorosa.

En cualquier caso, la ocasión sirve para que todos ellos tengan por presentadas sus propuestas (ya que no análisis, pues hablan de "lo que hay que hacer"), y así garantizan que, si las cosas siguen mal, podrán, más adelante, recordar a tirios y troyanos aquello de "Te lo advertí, forastero". Nos parece, con todo, que en este caso, se produce una exhibición de cercanías, y que lo que expresan, unos -los teóricos- y otros -quienes han de ejecutar-, es que el futuro preboste está de acuerdo con lo que se (le) propone.

Como, sin tener idea de las propuestas, solo podemos intuirlas por lo que conocemos del pensamiento de Velarde Fuertes -un enamorado del mercado, un amigo entregado a las razones del poder financiero y un ilustrado tardío en las fortalezas de la técnica-, y las estimamos tan respetables como contemporizadoras.

Para ayudar algo a menear las raíces del debate, esto es lo que, en nuestra opinión, y refiriéndonos a la actual situación socioeconómica, no hay que hacer:

a) Seguir tolerando la exhibición de posesión de riqueza incontrolada, incluído el flujo de dinero negro, que se está produciendo en el país.

b) Concentrar la inspección fiscal en las pequeñas y medianas empresas y en los autónomos, dejando vías libres a la generación de beneficios excesivos por falta de control administrativo, la evasión de capitales, ocultación de plusvalías, premio con injustificables honorarios y prebendas a ejecutivos de medio pelo, etc.

c) Aplaudir que quienes hicieron sus primeros dientes en la gestión pública, afilen luego sus colmillos y trituren con sus muelas de conocimientos adquiridos, desde la gestión privada de los grandes grupos empresariales. Elíjase, de una vez, la experiencia, como valor, no la desfachatez como mérito.

d) Ignorar la baja productividad efectiva de muy amplios sectores de la población ocupada, desde luego, en contraste con la asunción de horarios y esfuerzos laborales insoportables por otras minorías; la simple comprobación de los ratios de facturación respecto a empleo, dentro de cada sector, daría pistas de lo que está pasando.

e) Despreciar los efectos de la importante contratación irregular o con salarios reales parcialmente ocultos al fisco en algunos sectores (servicios turísticos, restauración, construcción, talleres de reparación, servicios de distribución y comercialización, etc.)

f) Subestimar la importancia de la técnica; la economía, como ciencia, es muy posterior al desarrollo técnico, y se debe subordinar a él. (El Sr. Velarde lo sabe bien, pues pertenece a la primera promoción de economistas en España. La Facultad empezó sus clases en febrero de 1944). Los economistas, por su propia formación, no están capacitados para crear empresas -salvo, tal vez, las financieras-, aunque resulten (algunos) buenos controladores y otros (muy pocos) adecuados gestores.

g) Dejar de confiar en que el futuro tiene la solución. Los problemas se han de resolver cuando se presentan, sin aplazamientos. Por ejemplo, si se ha detectado que existe la incapacidad para soportar el modelo de bienestar, se ha de ser capaz de tomar de inmediato las medidas correctoras -ajustando ingresos y gastos-; la dilación agudiza los problemas, porque no se puede confiar en que nos encontraremos siempre con ciclos expansivos de la economía.

h) Dejar sin control la venta de beneficios futuros y, en especial, consentir que se realice por las administraciones públicas. La privatización de los servicios públicos, en concreto, no puede servir de base especulativa, y jamás se ha de renunciar al control final -y a la posibilidad de rescate- de una concesión pública.

Esto, también con urgencia. Se puede leer en positivo, pero se entiende mejor si se expresa con tintes de denuncia. Para que el nuevo Presidente, si lo que se espera, y muchos desean, se produce, no mire solamente hacia los lados que a algunos interesan.

 

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