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Al Socaire de El blog de Angel Arias

Sobre el cambio climático y su rentabilización

El cambio climático se ha convertido en uno de los elementos de conservación popular, al que se atribuye cualquiera de los fenómenos atmosféricos que, en otras circunstancias, hubieran sido calificados -seguramente- de normales.

Se ha olvidado aquello de la "pertinaz sequía" y no se tiene en cuenta la concreción de la sabiduría popular en refranes como "hasta el cuarenta de mayo no te quites el sayo", que son más antiguos que todas las series históricas de indicadores hídricos conocidas.

Que el clima y sus variaciones ha sido siempre objeto de preocupación lo demuestra la propensión a buscar culpables de esa mutabilidad, juzgado como imprevisible. Los "hombres (y mujeres) del tiempo" han sido objeto de burlas y menosprecios, cuando emitían afirmaciones contundentes sobre el tiempo atmosférico futuro. Hubo quien tuvo que perder su bigote por jugárselo a la carta del clima. No hay que olvidar tampoco las plegarias a los dioses reclamando lluvia en épocas de siembra y sol en los momentos de recolección, porque pocas veces llueve a gusto de todos, y casi nunca a favor de lo que desean los agricultores.

Consecuentes con la necesidad de buscar un buco emisario a las veleidades del clima, otro dicho popular dogmatiza que "si chove como si fai aire, tóa la culpa tiénla l´alcalde".

Pero, como los tiempos avanzan -que es una barbaridad-, a pesar de los informes de las plataformas para el clima y del supuesto consenso científico, muchos están todavía persuadidos de que la culpa del cambio climático actual, la tienen Al Gore y su concierto de gentes ávida dolar, que estarían pretendiendo convencer al personal de que tal entelequia existe, su momento crítico es peligrosamente vecino a nuestra época y, ya en el colmo de la desfachatez, nos insinúan que podemos controlarlo si nos apretamos el cinturón energético.

En fin, tomen las cosas por la vía de un práctico consejo: si tienen liquidez y quieren aprovecharse tanto del bajón del sector inmobiliario como del temor a que la hipotética subida del nivel del mar deje sumergidos en sus aguas a muchas primeras líneas de las playas, analicen las curvas de nivel de las costas, y compren allí donde en veinte o treinta años, según dicen, se vayan a disfrutar de las mejores vistas del océano.

Eso sí, tengan en cuenta que con el avance de la contaminación, es posible que no puedan abrir las ventanas. Pero siempre se podrán compensar con algún  ambientador con olores a bosque de pinos, que a saber si nos quedarán muchos para entonces.

Sobre la autoridad en la red y su aplicación a la vida real

Pocos serán los blogueros, esa raza especial de humanoides, caracterizados por ser capaces de dedicar unas cuantas horas al mes, sentados ante un ordenador, escribiendo sobre las más variadas materias, que no están preocupados por su autoridad en la red.

El concepto de autoridad se determina mediante un algoritmo misterioso que, según dicen, combina el número de comentarios publicados, sus referencias, y, sobre todo, la cantidad de enlaces de otros blogueros hacia las entradas del propio blog.

Para conseguir aumentar algo esas entradas, al principio, pueden utilizarse muchos procedimientos. Hay quien crea varios blogs, y los entrelaza febrilmente. Pero lo más habitual es convencer a los amigos que estén enganchados en la misma aventura, de  supuestos trascendentales efectos, para que enlacen con uno. Se pretenderá generar así una espiral de conexiones, un fenómeno pirámide, que debe llevarle, algún día, a ser un referente inexcusable para cualquier buscador virtual, igual si un desconocido internauta busca cómo arreglar una persiana o pretende consejos para ser millonario.

Aunque si lo que Vd. desea es ser respetado entre los verdaderos profesionales de las blogs, no escriba sobre opiniones, sino que copie, traduzca o elucubre sobre conceptos crípticos para los otros humanos insensatos, preocupados solo por llevar una vida real: web 3.0, genbeta, cnet,

Uno de los calificadores más utilizados, Technorati, coloca ya en un muy aceptable nivel -el lugar 900.000-, si se dispone apenas de un par de conexiones regulares, para las que no haría falta, en realidad ni mover un dedo. La misma posición se conseguiría con un generador de palabras sin sentido, aunque entre esos blogs de escasa audiencia se encuentran, en lo que tenemos investigado, la mayoría de los que merecería la pena seguir.

Se atisbará la gloria de los 600 a 700.000, con solo dieciséis a dieciocho enlaces, con el riesgo de entrar en una espiral de autoemulación que puede conducir a la paranoia. Atrás quedarían entonces los duros comienzos, en los que franquear la barrera de los 1.000.000, cuesta un mínimo de 6 referencias.

La ascensión a niveles superiores es, por supuesto, muy dura. Haría falta tener más de sesenta enlaces para llegar al nivel 120.000, doscientos para subir más acá de los 30.000 y entre trescientos y cuatrocientos cincuenta para subir a los niveles 15.000 a 20.000., lugar de los elegidos, de aquellos que són respetados doquiera se hallen, si nos referimos, obviamente, y en exclusiva, a las reuniones de gentes del sector.

Si el internauta bloguero consigue que 500 o 600 interesados, entre desocupados, aduladores, majaras, parados, pensionistas, profes, funcionarios, informáticos, friquis, telecos, políticos, vendedores y/o amigos -etc-  dirijan sus referencias hacia su creación, podrá ascender a cifras del ránking impensables para los enjutos mojamutos normales: tendrá por encima, menos de ocho o nueve mil "pirados".  Ahí es nada. Mayor influencia teórica que la mayor parte de los pensadores de renombre universal.

¿Qué sucederá su tiene más de 12.000 referencias? Pues que habrá alcanzado el sitio de los top mil, aquellos bienaventurados que se sientan a la derecha del señor, en pugna por el lugar de honor permanente de ser, ay, el bloguero relativamente menos leído del mundo.

Porque lo que debe tener por seguro es que, salvo los cuatro amigos fieles de toda la vida, leerle, leerle, no le leerá prácticamente nadie. ¿Para qué?. Como se podría imaginar cualquiera, lo que prima en la red, como en la vida real, es el pensamiento de "¡Que sean ellos los que me sigan a mí!". Por eso, a la pregunta de "¿Has leído lo que puse en mi blog sobre tal o cual tema?" La respuesta obligada es: "Por supuesto. Muy bueno." Punto pelota.

Sobre los agujeros negros

Agujeros negros, enanas blancas, estrellas de neutrones y música celestial relacionan las complejas teorías de la física cuántica y de la astrofísica con el subconsciente colectivo. La mayoría, careciendo de conocimientos para analizar las conclusiones con las que las mentes más fértiles de la humanidad tratan de explicar lo que está pasando aquí, han renunciado a entender lo que se esconde en ellas. "Demasiado para mí", concluyen.

Algunos términos de la teoría de la relatividad y sus derivaciones, sin embargo, atraen la atención y se utilizan como moneda común en las conversaciones triviales. Una gran explosión como origen del Universo y un final oscuro para volver a empezar, encaja bien con la imaginación más modesta. No es necesario preguntarse porqué, cuanto más intenso es el campo gravitatorio, mayor es la pérdida de energía de la luz emitida por una estrella. 

No hay que saber que, cuando se está produciendo el colapso de una estrella de neutrones (la última fase de la extinción de las enanas blancas), la luz de la estrella, perdida toda su energía, ya no puede escapar. Su campo gravitatorio sería entonces tan intenso que cualquier objeto que se aproximara al mismo, sería atrapado, para hacer compañía a la luz, apareciendo su color como negro. Porque esa hormiga habría caído en un agujero negro, atrapada por la hormiga león que, situada en el centro, se lo come todo.

En la carrera entre la ciencia por conocer los inmensos misterios que conforman la naturaleza exterior al hombre, por un lado, y la naturaleza, por otro, como fuerza indudablemente superior, por escaparse de esa intención, algunos científicos se esfuerzan en descubrir algunos agujeros negros del pensamiento filosófico. Es un consuelo efímero, porque cuanto más se conoce, más misterio se desvela, por lo que nos cuentan.

Podría parecer aconsejable rendirse ante la evidencia de que lo que nos rodea es inalcanzable para el ser humano, al menos, en toda su magnitud. Esto nos llevaría de la mano a admitir que existe alguien superior a nosotros, para el que constituímos uno más de sus objetos de creación o imaginación. Tal vez, incluso, un objeto predilecto. Puede, además, que tan queridos que, si conseguimos superar ciertas pruebas, seguir algunos mandatos, purificarnos de ciertas maneras, consigamos reunirnos con El para toda la eternidad, con sus idas y venidas, sus implosiones e implosiones.

En esta fecha, domingo de Pascua, en la que la religión más elaborada venera la resurrección del hijo de Dios hecho hombre, y, además, -para más INRI- muerto por salvar a los hombres, cabe preguntarse muchas cosas. Una de ellas podría ser, desde luego, la distancia a la que nuestro sistema astral se encuentra de su propio agujero negro. Cuando observamos la cantidad de guerras, asesinatos, atentados, violaciones, avasallamientos, desprecios, etc que se multiplican en nuestro entorno, las evidencias parecen indicar que vamos camino de la luz, sí, pero para meternos en el agujero negro.

Si la realidad que nos ha tocado vivir es solo una de las infinitas opciones de reparto de las cartas en el juego del azar, y en la incomensurable eternidad tenemos opciones de volver a ser, ¿mola una cita para una próxima reencarnación?.

Sobre la Procesión del Cristo de Medinaceli el Viernes de Pasión en Madrid

Observar el lento avance de la procesión del Cristo de Medinaceli en Madrid, al final de una tarde bastante fría de inicio de primavera, por la calle Alcalá, es un espectáculo único. Es Viernes de Pasión  y la "Archicofradía Primaria nacional de la Real e Ilustre Esclavitud de Nuestro Padre Jesús Nazareno"  ha sacado, como cada año, a esta imagen del Ecce Homo a pasear por Madrid.

Se trata de emociones que hay que vivir en primera persona, porque ninguna descripción permitirá captar los sentimientos -homogéneos o encontrados, poco importa- que la situación provocará en el espectador. Habrá quien la viva como una demostración de ingenuidad y arcaísmo, pero hará falta mucho escepticismo personal para no captar la honda emoción de una multitud entregada a la contemplación de una muestra de devoción colectiva.

Los preparativos para el momento se llenarán progresivamente de la presión de una multitud que se irá agolpando, en filas cada vez más apretadas, a lo largo del recorrido. Poco se hablará, entre los desconocidos que se alinean a la espera del paso, entre tanto. De vez en cuando, alguien atravesará la calle cortada al tráfico, buscando  mejor acomodo en las hileras de enfrente, que le habrán parecido menos prietas.

La tarde cae lentamente. Los más ancianos recuerdan para quien quiera oirlos, otras épocas, acaso hablen de un milagro de la imagen que fue otorgado a un conocido. Los más eruditos recordarán la ajetreada imagen de la talla, custodiada hoy por los frailes capuchinos. Unos jóvenes cámaras de TV preparan sus tomas, desde un caballete construído para la ocasión, entre chascarrilos y risas. Junto al andamiaje circunstancial, hay varias cajas de botellas de agua.

De pronto, un sonido de tambores, trombones y timbales rompe el silencio. Se atisba, a lo lejos, perfilándose con parsimonia, un grupo que lleva el guión de la Cofradía y algunos estandartes votivos, precedido de varios jinetes en caballos hermosamente enjaezados, montados gallardamente por miembros de Guardia Real. Cuando pasan ante nosotros, percibimos que del pequeño grupo de caballeros, la mayoría son jóvenes mujeres. Viene detrás una banda de música, con tamborileros convertidos en protagonistas, redoblando feroces, acompasados, tenues, tibios o galanes, según les corresponda..

Pero lo que colapsa nuestra atención es que, de seguido, comienza un desfile que se nos antoja interminable, de cientos, miles de penitentes, abigarrados, silentes, portando escapularios y miradas perdidas. Los primeros, avanzando descalzos por la calle alquitranada, fría, nos descubren a gentes normales que están haciendo demostración de fe, de creencia en intercesiones divinas y milagros. Algunos, suponemos, han recibido ya el premio a sus oraciones: la curación de un ser querido, una oposición, un mal aventado, un premio socorrido; otros, esperan recibirlo. Quién sabe si algunos no estarán allí, en el grupo, por curiosidad, ostentación o incluso burla. Lo que despide el grupo, acogido en silencio mientras pasa, es respeto. Un denso respeto hacia los dolientes.

La procesión no ha hecho sino empezar. A aquellos descalzos, siguen, en una manifestación de sacrificios in crescendo, gentes con cruces, otros, con sus pies descalzos, alguno ya sangrante, arrastrando cadenas -que parecen algunas muy pesadas-, capuchas que, en algunos casos, fijándose en los cuerpos rotos, en los pies hinchados, permiten deducir que ocultan el rostro de ancianos y ancianas; hay también mujeres jóvenes, hombres fuertes, acaso algunos niños: de todo hay en esa viña. Algún penitente se apoya en otros, exhausto, bajo algún capirote se adivinan unas gafas de alta graduación...

Una asistente sanitario se acerca para reclamar un par de botellines de agua. Después pasan señoras de luto riguroso, llevando comó únicas joyas permitidas por las reglas ceremoniales, algunos collares de perlas, ataviadas con altas peinetas que sostienen esas mantillas españolas que parecerían perdidas en el tiempo para siempre.

Y, finalmente, el gran protagonista, el Cristo de Medinaceli, surgiendo entre aplausos, abriéndose paso entre la fe y la razón de una multitud que, al rato, se ha disuelto buscando los autobuses y las bocas de metro mientras quienes siguen protagonizando el espectáculo avanzan para completar el itinerario, sumergidos suponemos en su dolor, en su esperanza, en su devoción, en sus misterios.

Sobre la conservación del Toledo antiguo

Si se pudiera apostar por el futuro de una ciudad española, pondríamos una buena parte de nuestros activos sobre Toledo. Descendida a lo largo de los siglos desde ciudad principal del Reino visigótico a capital de Castilla-La Mancha, las muchas batallas que ha tenido que librar por su subsistencia le han dejado múltiples heridas pero no le han privado de un encanto singular.

Toledo es hoy Patrimonio de la Humanidad, palabras mayores que suenan muy bien a oídos del visitante, pero que quizá no le hagan entender que, como todo ciudad construída de viejos edificios, corre un riesgo permanente de desmoronarse, por lo que hay que dedicar a su mantenimiento y restauración, muchos dineros.

La restauración del Toledo antiguo, en su parte de arquitectura civil, ha tenido en los útlimos diez años un empuje sustancial. Le queda todavía. Un paseo detenido por las calles y callejuelas del casco histórico descubre la labor que aún queda por hacer. Acá y allá un edificio presenta sus heridas, ventanas desvencijadas, huecos por los que entran las prolíficas palomas, arrullando a sus crías en este comienzo de primavera. Hay balconadas que parecen amenazar caerse sobre el viandante desprevenido.

Los visitantes de la ciudad, cámara digital en ristre, toman miles, millones de fotos de una combinación única de esplendor, riqueza monumental y artística, y decadencia aún no salvada. Existen importantes ayudas públicas para dejar al Toledo histórico "planchado", pero no parecen suficientes o no han conseguido aún movilizar a todos los que debieran haberlo sido.

Hoy es posible acercarse de Madrid a Toledo en menos de media hora. La escalera mecánica que conduce desde la parte nueva al casco histórico es un prodigio de buen gusto arquitectónico y agilidad para la movilidad ciudadana. La vista desde Roca Tarpeya, en el museo Victorio Macho, es, posiblemente, un anticipo de la eternidad serena. Turistas propios y, sobre todo, extranjeros, acuden regularmente, comprando dócilmente esos recuerdos que se asocian a lo toledano: espadas, mazapanes, encajes, repujados...

Se nos antoja que, para rehabilitar completamente a Toledo habría que impulsar un comercio menos "tradicional", diversificando la oferta -cultural, gastronómica, lúdica-. Hay que recuperar plenamente el centro toledano para la vida normal, para la convivencia diaria y sacar definitivamente los vehículos privados del casco antiguo.

Sobre las Fallas de Valencia

A los valencianos hay que alabarles su sentido histórico de la trascendencia. Todos los años, los barrios de la ciudad se organizan para crear composiciones artísticas de cartón, madera y pintura, que serán expuestas apenas diecinueve días de marzo a la curiosidad popular, para ser luego quemadas en la noche de la festividad de San José.

Solamente una de las fallas subsistirá a la cremá, elegida por votación popular. Dicen que será conservada en un museo de salvadas de la quema, pero nosotros hemos creído siempre que avabarán quemándola igualmente. Con ello se cumple el destino más noble de la creatividad humana: pasar a ser fuego y humo, esto es, nada.

Si lo que se entrega al fuego fueran torpezas, tonterías, creaciones sin valor a la que se ha dedicado poco tiempo, cosas inservibles, nos encontraríamos en algo similar a las hogueras de la noche de San Juan: inmensas piras de muebles viejos, cajones, tablas rotas y palos de escoba, que se incineran porque no sirven para nada, aporando así el placer del ver las chispas y oir el crepitar de las maderas.

Pero los valencianos queman obras a las que han dedicado mucho tiempo, en las que se han esmerado como si fueran a perdurar durante siglos. Han gastado en ello bastantes dineros. Su fiesta es, por eso, un homenaje al trabajo inútil del ser humano, a las tareas de hércules diminutos que, conscientes de su debilidad, queman su obra una vez hecha, sísifos que transportan su carga de año en año hasta la hoguera.

La cremá reconoce el valor del fuego para el disfrute instantáneo del que observa cómo el trabajo de otros se destruye para siempre, en un acto de claro poder catártico, liberatorio. Pero el artista también queda afectado en su lado masoquista cuando deja que las llamas pastoreen su obra. Se sacrifica así al dios fuego lo creado por el hombre, y, a cambio, el espíritu retiene un disfrute incomparable por haber destruído adrede lo que llevó tiempo realizar.

 

Sobre el día del padre putativo

Hoy día 19 de marzo, hay que felicitar a los Pepes, o sea a los padres putativos, a los padres presuntos, a los que creen que sus hijos son suyos, pero no lo son.

En alguna estadística de esas que los periodistas, sociólogos o aficionados al arte de poner números a las cosas de la vida, suelen peinar para expresar sus ideas, hemos leído que entre el 20 y el 30% de los hijos habidos en un matrimonio no son de la pareja, sencillamente porque son producto de la infidelidad de la esposa. Más difícil será conocer de ese 30% cuáles son producto de la infidelidad de ambos (la mamá y el engendrador), y, en todo caso, carecemos de estadísticas o memoria para traerlas a este espacio.

Siendo San José el padre putativo por excelencia, cuidador del niño Jesús con delicada atención, al que enseñó un oficio (que no llegó a ejercer, con el disgusto que producen esos desplantes filiales), es lógico que a los padres se les preste atención especial el día de su (del santo) onomástica. San José, destinatario de muchos chistes crueles y hasta soeces  respecto a su carácter de padre putativo consciente y asumido, debe servir de ejemplo para todas las paternidades.

Ahora que se ha puesto de moda tener hijos putativos, con técnicas de inseminación in vitro e implantación in vagina que han sido perfeccionadas desde el mundo veterinario, es hora también de que se celebre el día del hijo putativo. O sea, del que cree ser hijo de A y B y no es hijo de A, sino de C, pudiendo ser C conocido, desconocido o de falsa atribución. Quizá es un poco complicado para un Comentario leído a esta hora de la mañana, pero así son las cosas.

Ser padre putativo está menos valorado que ser madre putativa, que, en esta época de avances científicos, está algo más cotizado. Parece que se pagan solo 40 euros por donación de semen, frente a 600 euros por donación de óvulos. No se puede vivir solo de esa prestación social. desde luego, pero menos da una piedra.

Aunque el anonimato del padre real debiera estar garantizado, para proteger de reclamaciones tanto a los putativos que alimentaron y educaron el árbol como a los donantes de la semilla, en algunos países hay que guardar archivo de los donantes, en previsión de que al niño se le ocurra preguntar un día: ¿Quién es mi padre verdadero, oh querido padre putativo?.

El consuelo para los padres putativos es que, por ahora, el desorden de los archivos clínicos españoles no permite ni garantizar la trazabilidad ni, mucho menos, limitar a seis inseminaciones con éxito las resultantes de una donación de esperma. Un día, sin embargo, se tendrá el archivo mundial del adn y, con técnicas perfeccionadas, se levantará el velo para descubrir a todos los padres e hijos putativos. Temblad, queridos.

Sobre las devociones de la semana santa para incrédulos

Malos tiempos para la lírica y, por tanto, para la religión. Al menos, para las religiones que han evolucionado hacia la tolerancia y la comprensión del otro. Esas manifestaciones de bondad, máxime si se hacen bajo el duro propósito de que la mano izquierda desconozca lo que hace la derecha, están amenazadas.

¿Para qué sirve en este momento de hedonismo y exhibición, aquello que no se pueda mostrar a los demás, -haciéndoles palidecer de envidia-, o no nos proporcione placeres inmediatos?. ¿Se necesitan dogmas para que los más jóvenes analfabetos, desempleados y sin futuro, de cualquier país subdesarrollado, se dejen convencer por los mandamases de cualquier secta o supuesta religión, de que es lícito arrebatar bienes y hasta las vidas de quienes no pertenezcan a sus etnias o grupos?. Y, ¿cómo desmentir que, para los caídos en la batalla, el premio no será la vida eterna?

Si las religiones quieren captar adeptos, hay que reconocer que la mejor formación cultural ayuda poco. La fe es un don de los dioses, pero la razón es una rémora para convencer a los incrédulos. Las religiones verdaderas florecieron en tiempos de Cruzadas, de la defensa encarnizada de los dogmas, de Inquisición, de enemigos concretos y claros a los que poder avasallar, combatir, vencer. Las acciones teológicas suben cuantas más iras, pecados, odios y castigos infernales se acumulan sobre catecúmenos y adoctrinandos, y cuantas más cabezas se puedan inmolar a los dioses, que han de ser crueles, despiadados, terribles.

Menos globalización y comprensión y más intransigencia, serían las medidas adecuadas para recuperar terrenos para las feligresías. Habría que volver -si apeteciera- a la idea central de que el consuelo de los más pobres o más tontos es admitir que los altos designios les han otorgado sus miserias terrenales para que estén más confortables el resto de la eternidad.

Pero, en fin: ¿Qué puede esperarse de fieles que incumplen los preceptos, desoyen a sus ayatolás, vacían los templos para refocilarse en placeres terrenales, entregándose a la molicie en lugar de orar y flagelarse para no caer en la tentación?.

Consolémosnos ante la evidencia de que la evolución del santoral de la religión católica nos ha premiado por estas latitudes con unas magníficas vacaciones, más o menos al principio de la primavera. La Semana Santa se ha convertido, por ello, una fiesta de final del invierno. 

Tal vez los más antiguos del lugar recuerden que se conmemora la pasión de un iluminado que se decia hijo de Dios y que consintió que lo mataran, después de un juicio injusto, de una forma habitual en tiempos bárbaros, crucificándolo, (aunque ahora está en discusión si lo hicieron a la velazqueña o en posición fetal, y se está pensando en clonar el adn de la sábana que lo amortajó). Nos tememos que una buena parte de los jóvenes solo saben que se disfruta de unos días de asueto para pasarlo como dios.

Tierra de paganos, en algunos pueblos de nuestra piel de toro carpetobetónica, entre cochinillos y corderos asados, miles de personas -quizá nostálgicas, en el fondo- se reúnen para ver el desfile solemne de unos encapuchados que siguen con ritmo de no tener ninguna prisa unas composiciones de cartón piedra o barro cocido que representan momentos de aquél calvario. La multitud vibra enardecida cuando algún artista local, gratificado al efecto, canta o grita a pelo una cancioncilla triste desde un balcón de las atiborradas casas por donde transita el grupo doliente; más doliente cuanto más pesada es la carga y más angosta la calle y más caluroso el día.

No faltarán, sin embargo, algunos que aprovechan estos días de devoción para refugiarse de la furia de la ciudad en la aldea de donde tal vez no debimos salir y que se preguntarán, no ya si Dios existe, sino si esa parafernalia que hemos montado alrededor del culto a las divinidades, en atención al respeto que decimos dispensarles, no estará empezando a inflarles las teológicas narices.

Sobre Orange, y el fraude en los servicios telefónicos de España

Estamos teóricamente en un país desarrollado, pero la realidad es terca. Tenemos mucho que aprender, y la calidad de los servicios de telefonía es, para muchos usuarios, un ejemplo específico de la situación en la que nos encontramos, con los usuarios desprotegidos, engañados por una publicidad desleal, falsas promesas de servicio y un apoyo técnico deficiente.

La liberalización del servicio de operadores en España ha traído consecuencias funestas para una parte de los usuarios, que sufren en sus carnes el deterioro de la calidad de los servicios de telefonía. Si Vd. se toma la molestia -incluso antes de haber sufrido el castigo de ver que su línea de telefonía o de ADSL se ha caído y se mantiene en ese estado durante días, quizá meses- de visitar las páginas de internet con opiniones de usuarios frustrados porque carecen de servicio telefónico, tendrá una panorámica del estado real de las comunicaciones en este país.

Las ofertas de las compañías operadoras son tentadoras. Los cambios desde Telefónica a cualquiera de ellas parecen simples. Prácticamente en un par de días le llegará un paquete de su nueva compañía con el nuevo router y la indicación del número de teléfono que deberá marcar previamente para que las llamadas sean canalizadas a través de su nuevo proveedor. Perfecto hasta aquí.

Cuando el operador que Vd. ha elegido le comunique que ya puede hacer las llamadas directas, sin ningún prefijo, y que ya es cliente directo, seguramente descubrirá que la línea ya no es lo que era. Caídas de red, pérdidas de calidad en las comunicaciones, mensajerías que Vd. no ha pedido comunicadas con voz de ultratumba, etc. Un día se encontrará con que no tiene línea telefónica. Avisará al teléfono de averías de su compañía, una, dos, diez veces. Se aprenderá de memoria su número de "incidencia".

Al cabo de cinco, diez días, un mes, y después de haber hablado con medio Latinoamérica ("¿Su nombre completo, para dirigirme a Vd.?" "¿Su número de DNI?"..."Su"..."Le paso con el departamente técnico"..."Estamos haciendo ping a su línea"...."Hay una avería en su router, un especialista le visitará próximamente en su domicilio/empresa"..."Díganos a qué hora prefiere la visita") un "técnico" le hará la prometida y reiteradamente anunciada "visita". Un jovenzuelo con cara de haberse aprendido cuatro cosas en un curso de FP2 acelerado le reconocerá que "No sé que puede suceder. He probado la línea interior y el router y es correcto. He avisado a la central".

Le ahorro una historia que Vd. se puede imaginar y que tal vez ha sufrido o esté sufriendo. El cuento no es ficiticio, desde luego. Orange es uno de los protagonistas principales. Creen que el papel de asesino lo está jugando Telefónica. Podría ser.

Sobre las presas reversibles, las desaladoras por presión natural y otros inventos

En el número de marzo de 2008 de la revista Tecnoambiente, el imaginativo escritor de ficción Alberto Vázquez Figueroa -también, ingeniero aficionado- retoma una de sus propuestas más queridas: aprovechar el bajo coste relativo de producción de la energía en las horas valle para elevar el agua desde las zonas bajas a una altura considerable (más de 600 m), empleando la energía potencial así almacenada en la misma para reutilizarla en los momentos de máximo consumo energético. Tiene otras variantes, aplicadas, por ejemplo, a la desalación.

Una idea simple, factible, y ampliamente utilizada -a pequeña escala- casi desde que el mundo es mundo: acumuladores de todo tipo hay en muy variados ejemplos de nuestra vida cotidiana, y la hormiga de la fábula también utiliza el mismo principio que, contrariamente a lo que argumentan quienes no leen las cosas más que en trasversal (o sea, mal) no vulnera ningún principio de la termodinámica y sí aplica el del sentido común.

Casi simultáneamente, la prensa ha dado difusión a una iniciativa de principios de los setenta: las presas reversibles. Con ellas, se pretendía aprovechar los excedentes de la energía nuclear de producción nocturna. Los ministerios de Medio Ambiente e Industria han retomado la cuestión, con la idea de ayudar a la reducción del precio de producción de agua desalada, que, cuando se hayan construído todas las desaladoras previstas por el programa AGUA habrán aumentado la capacidad de desalación española a más de 1.000 Hm3/año y  supondrán un consumo energético superior a los 2.800 Gw/h (casi el 10% de la producción hidroeléctrica de 2007).

A nosotros, ambas iniciativas nos suenan a trabajos de fin de curso de las escuelas de ingeniería. Su viabilidad técnica es incuestionable, y la económica, depende exclusivamente de la coyuntura. Desde luego, las voces de alarma respecto a la saturación de la red para absorber la variable producción de los aerogeneradores y huertas solares, y que aún no han sido convenientemente atendidas, ponen el punto de atención en los límites de la generación "ambientalmente correcta", si no se cuenta con capacidad de almacenamiento de las puntas de energía no consumida.

Vázquez Figueroa, cuya capacidad noveladora es indiscutida, pone el grito en el cielo respecto a la poca atención que los ministros del Ambiente e Industria han prestado a "su invento". Los voluntariosos consejeros de la ministra Narbona redescubren ahora algo que todos los ingenieros saben (o deberían saber) y, en particular, los diseñadores de las centrales nucleares que, por sus grandes necesidades de agua para refrigeración, las habían dotado de presas de cabecera "reversibles".

Quizá dentro de poco nos venderán como descubrimiento ahorrador de energía y paliativo del temible "gas de invernadero", la rueda, la manta zamorana y el skijama. ¿Dónde podremos patentarlos?

Sobre el ahorro de agua y su recompensa

Como en España se mantienen los síntomas de un año seco, la cuestión del agua sigue entre los temas cruciales. Como es conocido, cuando un tema es esencial, todo el mundo quiere opinar, los ánimos se enconan, y el tiempo pasa sin tomar soluciones. Se reproduce, en fin, la fábula en la que el lobo se come a los borregos que discuten en su presencia, en lugar de apresurarse a buscar cobijo.

La cuestión central del agua es que, junto a su creciente escasez, en los términos de pureza en la que nos gustaría encontrarla, se trata de un bien cuyo precio no puede ser regido por el mercado, porque aunque es posible priorizar unos usos -consuntivos o no- sobre otros, lo importante es que hay que trasladarla desde los puntos en los que se encuentra en la naturaleza a aquellos en los que la actividad humana lo demanda. Resulta que el mayor consumidor/usuario del agua dulce es la agricultura, actividad esencial para quien produce, pero aún más importante para los que comemos productos del campo, que somos todos. Y ese gran usuario (70% de la demanda de agua) no puede pagar el recurso al mismo precio que el consumidor urbano.

En España, el precio medio del agua para consumo de boca anda por 1,2 euros el metro cúbico. Se  consumen del orden de 150 litros por habitante y día -siempre aproximadamente- por lo que los 45 millones de habitantes del año 2008 necesitan que se les ponga al alcance, se distribuyan, potabilicen y depuren del orden de 2.200 Hm3, proporcionando unos ingresos a las arcas municipales o de los concesionarios del bien, de aproximadamente unos 2.600 millones de euros.

Hay que ahorrar agua, éste es el lema. Si se reduce el consumo urbano en un 10%, se necesitará distribuir, potabilizar y depurar 220 Hm3 menos, que podrán emplearse en la agricultura, o servir para abastecer nuevas construcciones urbanas, con capacidad para otros 4,5 millones de personas más.

Pero el precio del agua no va a bajar por ello; al contrario, probablemente aumentará, porque el "equilibrio económico financiero" de las entidades que se encargan de proporcionar este servicio público, exigirá que el precio medio del agua tenga que subir lo suficiente para mantener los ingresos anteriores y, por supuesto, recuperar la inflación. El nuevo precio del agua será, por tanto, 1,33 euros/m3, con una subida del 11,11%. Ese será el premio a la eficiencia ahorrativa de los usuarios.

Aunque no hay cifras fiables, pero se acepta para esta discusión de ideas básicas, que el agua para riego se paga a unos 0,15 centimos/m3, y que se consumen más de 20.000 Hm3, poniendo en circulación una masa monetaria relativa de "solo" 3.000 millones de euros, que genera, sin embargo, una actividad industrial relativamente inmensa: el campo es responsable, incluso en estas épocas de abandono de aldea, del 4% del PIB español.

La cuestión no está, por ello, en el precio del agua de boca para usos urbanos, y tampoco en subir el precio para los agricultores, sino en decidir de una vez sobre las prioridades más rentables para el conjunto de la sociedad y asignar un precio para el bien al metro cúbico urbano que subvencione, directamente, el consumo agrario.

Sobre las aves de alta velocidad y ciertos misterios de comportamiento

Referirse a las aves de alta velocidad es utilizar una redundancia equívoca, ya que no son aves,si bien les falta poco para volar, sino acrónimos que sintetizan la rapidez con la que los artilugios se mueven entre dos puntos dados. Los aves (porque se debe preferir el masculino para denominar a esta categoría superior de trenes) tienen una gestación difícil, y un parto prematuro que suele dejar a sus padres para el arrastre, y a los abuelos putativos -el pueblo llano-, bastante más pobres durante décadas; como los padres son ministros de Estado, generalmente son inmolados en el transcurso de la gestación, por lo que los que asisten al parto acostumbran a ser los padres adoptivos, que cobran la subvención del aplauso popular, mientras los que los engendraron yacen en el sueño del olvido.

Pero, una vez que son puestos en el mundo y hacen sus primeros escarceos, confirmando al poco que pisan buen terreno, no suelen dar más que satisfacciones a los que los utilizan y algún temblor a los que viven en las cercanías, que no suelen coincidir con los que han recibido las compensaciones por el sacrificio que supone que les partan en dos las tierras de labor y los bosquetes, o les horaden los montes protegidos con las teorías ambientales vigentes.

Desgraciadamente, no faltan hijos de mala madre que pueden estar tentados de utilizarlos para indicar a todo el mundo su condición de degenerados -invoquen lo que invoquen-, poniendo bombas bajo sus alas.

Es por eso que las salidas de los aves están sometidos a cómicas medidas de seguridad, porque se deben pasar por los escáner las maletas y bolsos de los viajeros, pero ellos mismos y lo que tengan encima -incluídos sus temibles teléfonos móviles- no necesitan traspasar ningún arco detector. Con ello se mantiene a los viajeros ocupados y se crean algunos puestos de trabajo.

Las plazas de los aves están controladas por sistemas informáticos muy sofisticados, que permiten la asignación de plazas y controlar cuántos viajeros ocupan cada tren. Ah, pero si Vd. desea cambiar el billete para otro tren anterior, el empleado de ventanilla le indicará que va completo. Vd. no tendrá así ocasión de comprobar que, en realidad, ese tren que le hubiera ahorrado un tiempo precioso, tenía unas cuantas plazas vacías.

Finalmente, se echa de menos algún letrero cercano a las ciudades y pueblos más importantes del trayecto, que sean visible desde el propio tren. Así se evitarían algunas confusiones y acertijos de los viajeros orgullosos de sus conocimientos geográficos, y los menos viajados podrían aumentar su conocimiento de la topografía y poblaciones asociadas, aunque fuera a alta velocidad.

Sobre el maravallo

Cuando éramos adolescentes o niños, algunos de los que vivíamos cercanos a la naturaleza todavía casi impoluta, descubrimos el maravallo. Aficionados a la pesca de la trucha, supimos pronto que aquellas larvas que se defendían de sus enemigos (básicamente, las voraces truchas) con una protección de piedrecitas con las que construían  un caparazón que los hacía menos vulnerables, eran justamente irrenunciables para los salmónidos.

Ensartados en el anzuelo, solos o en parejas, y llevados a la orilla de ríos y riachuelos con la destreza del que sabe ocultar su aproximación, las gusarapas se convertían en un arma terrible, de casi segura captura, irresistibles para cualquier trucha.

Hoy hay pocos maravallos en los arroyos españoles y, además, hace tiempo que su pesca con ellos está prohibida. Es  una mala noticia, pero no ya para los pescadores. Estas larvas de los insectos tricópteros son indicadores de la salud de los ríos. Perfectos indicadores biológicos. Si al levantar unas piedras planas, allí donde la corriente se remansa pero mantiene una fuerte aireación, descubrimos sus construcciones de diminutas piedras, todo va bien. El alma del ecologista aficionado o instruído puede llenarse de gozo.

Pero la mayor parte de las investigaciones de campo sobre los maravallos, gusarapas o gusarapines, no los encuentran, vuelven de vacío, o apenas descubren cuatro o cinco reliquias donde antes había abundancia. La naturaleza no perdona nuestra actuación contaminante y se va refugiando en el único sitio en donde parece estar segura: la nostalgia.

Sobre el Once-Eme, los terroristas y el respeto a la vida de los demás

Hace cuatro años, en un día muy distinto a hoy, se nos rompió aún más la tranquilidad a los españoles. Casi doscientos fueron asesinados en una inmolación causada por el fanatismo, el desprecio a los demás, la intolerancia. Vivíamos ya con la mosca detrás de la oreja, porque éramos muy conscientes de que no todos valoran las razones de los otros, y algunos, faltos de argumentos, creen que podrán vencerlas a bombazos y a pistoletazos.

En momentos como aquél -pero en cualquier lugar del mundo se pueden econtrar, ay, ejemplos similares casi cada día- se debe entender que no todos somos iguales. Claro que no. Y no se trata de diferencias congénitas, no hay que hablar de malformaciones de la naturaleza, de desgracias provocadas por los genes. No. Hay que referirse a un mal que está permanentemente entre nosotros, los humanos, que lleva a algunos a creer que tienen razones más poderosas que las de la mayoría.

Y, en realidad, es muy posible que haya seres humanos que tengan razones más poderosas. Suelen estar callados. Si acaso, escriben sus ideas en libros que pocos leen. Raras veces, alcanzan puestos políticos desde los que asumen el riesgo de que los asesinen antes de que puedan ayudarnos a ser mejores.

Lo que nunca se podrá dar es que las minorías fanáticas que albergan la idea irracional de que van a vencer con las armas, las bombas, los asesinatos y la tortura, la fuerza de la razón, puedan hacerse de forma permanente con el control de la especie humana, ni siquiera de un grupo.

Porque si la sinrazón se instala entre nosotros, dejaremos de ser humanos.

Víctimas del Once-Eme y de todos los extremismos, presentes. Que vuestro recuerdo no nos abandone jamás a los pacíficos. Sois razón de vivir.

Sobre las operadoras telefónicas y, en especial, Orange

El llamado servicio de telefonía avanzada en España está sometido a muy graves deficiencias, que los usuarios soportan con extraño estoicismo. Aunque se contraten líneas de alta velocidad, la realidad es que la capacidad efectiva de transmisión es de lo más heterogénea. Hay zonas geográficas sobrecargadas, la cobertura real es variable, pero lo que son verdaderamente constantes son los precios: altos, altísimos, en comparación con otros países avanzados.

La liberalización del mercado de comunicaciones en España ha traído también efectos nefastos. Ignoramos si la razón es que Teliefónica se resiste a perder su hegemonía y tiende trampas a los demás operadores, o si la ineficacia de unos y otros, y la sobresaturación del mercado es la que provoca el resultado final, fácilmente constatable. Si tu router te abandona y demandas el apoyo del servicio técnicos, pueden pasar, en este país que se dice desarrollado, semanas, antes de que el problema quede resuelto.

Para empezar, la publicidad es engañosa, la formulación de las ofertas, compleja, ininteligible salvo para especialistas, y la situación práctica está llena de disgustos, reclamaciones y sinsabores. Si Vd. se queda sin línea, o quiere hacer una consulta, los fatídicos 902 le conducirán, después de un periplo de selección de opciones que al que lo inventó le parecerá avanzado, pero que es tercermundista en su formulación real, a una/un teleoperador/a situado en uno de esos callcenter que se encuentran en Sudameríca o en el norte de Africa.

La amable voz, que se interesará por conocer su nombre y un montón de datos personales (para cónfirmación, le dicen), le responderá a sus consultas con una serie de obviedades, repitiéndole hasta la saciedad instrucciones de cajón. Si, como es probable, no tenga ni idea de cómo solucionar su problema, le remitirá a un servicio técnico, y lo más probable es que se le corte -cómo no- la línea, desde el teléfóno móvil o de otro operador del que se ha visto obligado a llamar.

De la personal estadística que venimos haciendo, Orange se lleva la palma como peor y más ineficiente operador actuando en este momento en España. La competencia es, en cualquier caso, reñida.

Sobre el chicle

No será necesario definir el chicle, pero por si acaso existiera algún lector que se preguntara a qué podemos referirnos, adelantamos un conato de precisión: chicle es la materia negro-parduzca que, en forma de mancha informe proporciona incrustaciones indelebles en todos los asfaltos, adoquinados, bulevares y paseos de nuestras ciudades.

Se han intentado máquinas para eliminar esa materia indestructible: durante algún tiempo se creyó que las inyecciones de nitrógeno líquido podrían provocar la contracción de la masa gomosa y facilitar su separación del sustrato soporte. Fracasaron los intentos de un tratamiento masivo. Cada incrustación -de tamaño aproximado 2 a 3 cm2- necesita un tratamiento individualizado. Por eso, las pegaduras de chicle forman parte del paisaje horizontal urbano.

Cierto que esa masa insípida y destructora de dentaduras también sirve para ser masticada, (nunca tragada, pues no constituye alimento reconocido). Dicen que así se relaja el mascante, seguramente a costa de la tranquilidad de quien lo observe. Encontrarse ante un empleado de cualquier negocio que masca chicle mientras farfulla frases destinadas a prestarnos atención, suele ser enervante. Hay incluso quienes, al mascar convulsivamente, parecen actuar como pequeñas máquinas machacadoras atascadas.

El chicle tiene múltiples aplicaciones, prácticamente todas ellas dañinas para el medio ambiente y la salud o los bienes terrenales del prójimo. Es fácil encontrarse chicles pegados en la zona inferior de casi todas las mesas de reuniones, desde las previstas para consejos de administración como para plenos municipales. Raros son los asientos de cines de barrio (ay, tan añorados en su versión primigenia) en los que alguien no ha dejado esa huella de su paso, y no serán muchos los paseos de los que se retorne sin tener adosado a la suela, como recuerdo, la llamada goma de mascar.

Por lo demás, con el avance científico, los chicles de sabores no saben a nada. Al cabo de un par de masticaciones, se convierten en lo que son, masas gomosas de calidad inalterable, indestructible, sórdida. Aunque son muchos los que los mantienen en su boca durante horas, segregando saliva a diestro y siniestro, su final es mayoritariamente único: la acera, en donde en pocos minutos se convertirán en estampado forzado del empedrado que los acogerá para toda la eternidad.

Sobre el trabajo y las mujeres

Es el día de la mujer trabajadora en esta parte del planeta en donde somos dados a las advocaciones, en fechas elegidas por lo general siguiendo criterios mercantilistas. No es el caso. Como todos los articulistas dedicados a ilustrar sobre el tema se encargan de recordarnos, lo que se conmemora aquí es el asesinato en 1857 de más de cien mujeres trabajadoras (146) del sector textil que murieron en Nueva York al ser incendiada la nave en la que se habían hecho fuertes en una huelga, reinvidicando una jornada de solo diez horas.

La mujer se ha incorporado en España, como en la maýoría de los países occidentales, al trabajo remunerado. En cuanto al trabajo no remunerado, aquí como en cualquier lugar del globo, las mujeres han llevado siempre la parte más gravosa: cuidado del hogar, de los enfermos, trabajos de apoyo a los varones asalariados no reconocidos, desprecios, vejaciones (incluso autorizadas por religiones que entronizaban a dioses machos y machistas).

Queda tanto por hacer para que la mujer se iguale al hombre en los aspectos formales, que la labor no puede llevarse a cabo sin una profunda conmoción social. Algunos de los supuestos logros o avances por la igualdad de sexos, son falsos: no gana nada especial la mujer a la que se hace empuñar las armas contra el prójimo, no es motivo de orgullo para nadie que para ganar el sustento con el que sacar adelante a su familia, haya mujeres dentro de las minas, carretando pesados fardos o conduciendo camiones pesados.

Tampoco es justo para ellas que para acallar algunas voces o edulcorar conciencias se impongan cuotas mínimas o se eleven a puestos de más responsabilidad, de forma digital, a algunas hembras. Solo cuando el reconocimiento a la igualdad se haya extendido a todos los resortes de esta sociedad controlada por valores masculinos, podremos hablar de igualdad.

Entonces sabremos apreciar el mayor valor de la sensibilidad, valoraremos lo que significa educar a los hijos en la familia, entenderemos que el trabajo remunerado no nos hace libres. Nos hace libres el actuar unidos, hombres y mujeres, codo con codo, para mejorar el bienestar de todos. Y, desde luego, nos hará sentirnos orgullosos el que, cuando una mujer, con capacidad para ello, conseguida desde la igualdad de oportunidades en escuelas, oficios y trabajos, decida estar en el mundo laboral remunerado, no tenga ni que enseñar más pierna, ni sonreir mejor, ni aguantar comentarios sobre su pelo ni, desde luego, imitar a los machos dominantes para que le hagan un hueco. 

Sobre el asesinato de un polìtico y sus efectos

El asesinato hoy por la mañana de Isaías Carrasco, un ex-concejal de Mondragón, en Euskadi, perpetrado y realizado por ETA, nos ha dejado con la sensación de haber perdido uno de los nuestros.

No importa que no militemos en su partido político, o que quizá no hayamos sabido nada de él con anterioridad. Nos han asesinado a alguien que había dedicado una parte de su vida a trabajar por su comunidad, porque, en especial, los concejales están más próximos que ningún otro político a sus conciudadanos.

AL asesinarlo, la banda terrorista pretendía únicamente utilizarlo como mensajero de una propuesta intolerable: están por encima de nuestras preocupaciones y deseos, tienen las claves para influir sobre vuestras vidas. No pretenden nada que pueda ser traducido en palabras, porque, si algo desean, es seguir viviendo al margen de cualquier ley, extorsionar como se les antoje, utilizando nuestras instituciones para tratar de ridiculizarlas, a nuestros empresarios para amedrentarlos, a nuestra paz para violentarla.

Por supuesto que, como bien dice el leendakari Ardanza (ahora...), Eta no puede arrogarse la representación del pueblo vasco. Nunca la ha tenido. Quienes dicen comprender alguno de sus ideales, y no se atreven a criticar sus propuestas, se confunden al creer que la banda pueda ofrecer el más mínimo proyecto organizativo y político en el que tuvieran encaje los ideales de los pacíficos. Los terroristas no tienen viabilidad más que en el propio magma viscoso que se ven obligados a mantener: la organización delictiva y mafiosa, la amenaza criminal, el asesinato por la espalda.

Los efectos del asesinato de un político no pueden ser más que éstos: la mayor unión de los demócratas contra el grupo que sustenta la banda armada, y el desprecio a cualquier forma de relación con ellos. Hoy, más que nunca, no a la negociación con Eta, no al pacto con los terroristas, sí a la firme cooperación de todas las fuerzas democráticas para su extirpación. El apoyo a las fuerzas de seguridad del Estado, para que extremen sus investigaciones hasta detectarlos, y ponerlos a disposición de la Justicia, estén donde estén, los proteja quien les proteja, es una necesidad insoslayable.

Sobre el gusto por el teatro y la escenificación

Los dos contendientes principales en la campaña que se está librando actualmente en ese país en desarrollo permanente que es España, han demostrado, al menos en sus debates televisados, que no tienen grandes dotes dramáticas. Es cierto que la cuota de pantalla fue altísima, y que el seguimiento de los dos programas en los que, teóricamente, debatieron sobre sus programas, alcanzó las más altas cotas. Pero, desde el punto de vista de la escenificación, fueron terriblemente aburridos.

No hubo ningún momento divertido, no se presentó ninguna anécdota, no variaron sus discursos, incorporando las motivaciones del contrario para tratar de rebatirlas con ironía o con gracia. No se construyó un guión conjunto, que permitiera, aunque fuera de lejos, plantear un desenlace. Como dos luchadores sobre el tatami, de fuerzas relativamente igualadas, se concentraron en estudiarse mutuamente, lanzarse diatribas -agunas de gran calado, pues llamar mentiroso a un futuro Presidente de Gobierno son palabras mayores-, y, al final, respiraron tranquilos porque ambos se auto-declararon vencedores, aplaudidos por sus incondicionales respectivos.

Hace falta introducir más personajes en ese escenario, para que todos nos podamos ver representados, pero, sobre todo, para que las ideas de los mejores tengan oportunidad de ser plasmadas o, al menos, recogidas y analizadas por la mayoría.

Sobre el azabache y su valor industrial

Ya nadie talla el azabache, porque falta la materia prima y los artesanos tallistas. Se perdió la posibilidad de extraerlo de las profundidades, siempre de forma individual, a mano, por esforzados que se adentraban en minas angostas armados con un martillo y llevando un saco en el que arrastraban las piedras que iban seleccionando, guiados por la experiencia, en la oscuridad.

El gobierno de Asturias hace unos veinte años había impulsado la talla de esta mezcla de materiales carnobánceos y minerales, compuesto fundamentalmente por vitrinita, formado por fósiles de árboles –protopináceas y araucarias-. (Ver el Libro de Valentín Monte Carreño, de Editorial Picu Urriellu, 2004, El azabache, piedra mágica, joya, emblema jacobeo). Los azabaches mejores provienen de la zona de Lastres, procedentes del Jurásico Superior, pero ya no hay nadie que los extraiga, porque no resulta rentable.

Por ello, los pocos azabaches que se comercializan o son falsos -carbón aglutinado con resinas- o provienen de otros países en los que aún la mano de obra es barata o la legislación laboral y la seguridad de los mineros es más precaria. Cabe pues, decir: el azabache es historia. Si Vd. tiene algún objeto de esta piedra semipreciosa, guárdela como oro en paño, porque, como los marfiles de elefante, esas piezas pertenece a un pasado extinto.