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Al Socaire de El blog de Angel Arias

Sobre la pesca y otras debilidades

Ahora que está a punto de abrirse la temporada de pesca de algunos salmónidos, no estará de más hacer la alabanza de ese deporte que tiene tantos aficionados. El pescador de trucha, en especial, merece atención como una subespecie no siempre bien comprendida.

Hélo ahí, levantándose de madrugada, para llegarse al tramo de río que habrá escogido como lugar de antñas pescatas inolvidables. Un amigo recordaba que los santos de cierta iglesia deberían haber sido pescadores, pues sus posturas recordaban, manos y brazos abiertas, las posiciones que esos esforzados del río utilizan para magnificar sus hazañas. A medida que van pasando los días, la imaginación de los pescadores es capaz de convertir una jornada lluviosa con apenas un par de mordidas, quizá fallidas en resultado, en una memorable historieta de éxitos.

Las truchas son animales, en realidad, muy poco sagaces. En los momentos en que estos animales están en el río, cuando bullen las aguas porque se estén cebando ante cualquier eclosión de efímeras, estos alargados animales morderán cualquier cosa que se mueva, con tal de que se les ofrezca al alcance de su lugar de caza.

Ya sé que habrá algunos pescadores que, en la misma jornada y en el mismo tramo de río, serán capaces de engañar a varios animales, en tanto que los inexpertos cosechrán un rosco. Me he pasado horas, días, meses, observando las evoluciones de las truchas, en desembocaduras, pozos, riachuelos de ancho menor de un metro o en ríos  en los que nadie osaría adentrarse. He pescado en aguas quietas y turbulentas. También, por supuesto, he vuelto a casa con las manos vacías muchas veces.

Para pescar, lo fundamental es encontrar un tramo de río en el que los animales no estén resabiados. Y ofrecerles, preferiblemente, un cebo vivo: lombriz, maravallo, mosca. La lombriz –pequeña, recién cogida, enhebrada de forma que deje la colal libre para que pueda moverse en el agua, es infalible. Hay que arrastrarla con mimo cerca de las orillas, en los pequeños pozos, una y otra vez, sin desanimarse. Y cuando la trucha muerda, no hay que apresurarse, hay que dejarla tragar.

Para pescar a mosca, conozco quien prepara pacientemente los más variados señuelos: estos aficionados de altura, eligen anzuelos, brincas, plumas, lastres, caparazones de látex e hilos, tratando de reproducir o imitar las moscas y las ninfas naturales. El placer que produce engañar con una mosca artificial realizada por uno mismo es infinito. Pero, junto a reproducciones maestras, he tenido igualmente éxito con burdas imitaciones, apenas un plumón atado torpemente a un anzuelo, moviéndolo desesperadamente en el río.

Hace ya tiempo que no me llevo nada a casa. Mi satisfacción es, simplemente, engañar al animal, para después, soltarlo, cuidando de hacerlo con las manos húmedas. La secreción de adrenalina es similar, la satisfacción, inmensa. Y tiene la ventaja de que, cuando llego a casam no tengo que explicar a nadie si he tenido o no un buen día de pesca; siempre ha sido bueno, por definiciòn.

Sobre la exaltación del buen humor

Benditos sean los que sonríen, porque ellos nos alegran la vida. Benditos sean los que nos ceden el paso a los peatones en los pasos cebra, porque ellos nos evitarán sobresaltos y, en los peores casos, también se evitarán dificultades a sí mismos si nos arrollan.

Benditos los que ceden en su derecho para afirmar nuestra expectativa, y los que reconocen que nuestro derecho, porque, al evitarnos conflictos, mejorarán el bienestar de las dos partes.

Benditos sean los que alaban las virtudes del contrario en cualquier contienda, política o no, porque su eventual victoria los hará aún más grandes a nuestros ojos.

Benditos sean los que reconocen sus dificultades, nos confiesan que tienen miedo, buscan apoyo en nosotros, porque ellos contribuirán a que nos sintamos más felices, ayudándoles.

Benditos sean los que nos cuentan chistes y anécdotas graciosas, que nos hagan reir de ellos o de nosotros mismos, sin ridiculizar a terceros, porque así habrán demostrado que nos consideran inteligentes, y nos confirmarán su propia inteligencia.

Benditos sean, en fin, los que nos llaman a primera hora de la mañana para que les alegremos su día, porque nos alegrarán también el nuestro; y benditos sean los que se acuerdan de nosotros a última hora de la jornada, para despedirse y decirnos que nos quieren, porque, aunque no podremos jamás pagarles su aprecio por nosotros, sabrán reconocer que nuestro cariño hacia ellos tampoco tiene precio.

 

Sobre la medicina pública y las autonomías

Alguien tiene que decirlo: la medicina pública en España va cuesta abajo, y en algunas autonomías la pendiente es muy inclinada. La atención en Madrid se ha derivado hacia la supuesta sedación terminal de algunos pacientes de urgencias y, como en el caso del Once-Eme, hay quien sigue defendiendo sus argumentos, a pesar de fallos en contra y a favor de rencillas entre colegas y sin embargo, enemigos. Los cánticos suenan en un lado, pero los huevos se ponen (o faltan, en este caso) en otros nidos.

Desde Madrid, el observatorio privilegiado de cuanto sucede en el país, campo de pruebas de las opciones políticas y de sus políticas asistenciales, las cosas están claras. Los tiempos de espera para recibir atención facultativa aumentan, el nivel de dedicación profesional de médicos y ATSs disminuye, el descontento y desorientación de los enfermos, se dispara.

Si Vd. acude a su médico de cabecera a reclamar una revisión mamaria, porque le haya crecido un forúnculo o porque le duelan las encías -ejemplos elegidos al azar para reforzar la idea-, se encontrará con la realidad de un volante para el especialista para unos cuantos meses después, cuando no con la sorprendente afirmación (contrariando los carteles publicitarios de amplia difusión) de que el control de cáncer de pecho puede demorarse cada tres años.

Un número alarmante de sanitarios se muestra desmotivado o indiferente, falto de esa calidad humana que es virtud de la buena praxix médica. Proliferan las bajas por depresión, las escapadas para hacer la compra, ls confesiones de desánimo a los usuarios. Las consultas duran apenas un par de minutos y las autorecetas son  bienvenidas, porque facilitan la satisfacción del fulano que se sienta al otro lado de la mesa. Los diagnósticos apurados, como si se tratara de un juego de adivinación en el que el porcentaje de error solo tuviera importancia en relación con el premio final, abundan. Las historias que se intercambian los pacientes, sangran y supuran cada vez más.

No entra en la discusión el que los facultativos españoles tengan un alto nivel de formación y, por supuesto, hay que admitir que desean hacer las cosas bien. Pero la terrible masificación de la asistencia sanitaria, unida a una falta creciente de coordinación y autosuficiencia, mezclada con la escasez de medios personales y físicos, puede estar generando un monstruo si no se le alimenta con ilusión, control, medios, estímulos, orden.

El desplazamiento de las competencias en Sanidad a las autonomías ha servido en algunas para reforzar un modelo de prestaciones ejemplar, cercano al paciente y ágil. En otras, ha actuado multiplicando gastos y reduciendo calidad. En Madrid, parece existir un -deliberado o derivado, qué importa- apoyo indirecto a la sanidad privada, como solución a los males de la pública; si Vd. puede pagárselo, aléjese de este mal, déjeselo a los más pobres y a los crédulos del sistema.

Póngase orden en el cotarro, señoras y señores. Que los inspectores sanitarios hagan mejor su labor, y que los funcionarios de la sanidad pública se vean más motivados, vigilados y enaltecidos, como convenga. Para los pacientes, no se trata solamente de morir con dignidad, -que ya-, sino de que nos ayuden a vivir mejor.

Y queremos que la mejora nos alcance a todos, no solamente quienes conocen mejor los entresijos del sistema para tener un trato preferencial, saltándose las colas de neo-parias, y, por supuesto, no queremos que su ineficiencia sea utilizada como forzada justificación para que aquellos que puedan pagárselo, acudan a la medicina privada para que les hagan allí los diagnósticos y tratamientos, manteniendo el colchón de la asistencia pública spara el caso de que su currículum clínico precise algún equipo caro del que su médico particular no disponga todavía.

¿No estamos en un mundo informatizado? ¿Qué se puede hacer para que las historias clínicas -manteniendo la confidencialidad, por supuesto- reflejen más datos que sirvan para contrastar la eficiencia de nuestro sistema asistencial, eliminar consultas inútiles y agilizar las prestaciones?

 

Sobre la posibilidad de que los debates políticos sean divertidos

El debate del dia 25 de febrero de 2008 entre los dos candidatos principales a la Presidencia de Gobierno de España, el actual Presidente Rodríguez Zapatero, y el líder del partido más votado de la oposición, Rajoy Brey, despertó un alto interés mediático. Transmitido por multitud de cadenas televisivas, recogido en directo por muchas emisoras y hasta diifundido y prolijamente comentado por internet, tuvo una característica importante: fue tremendamente aburrido.

Al margen de la posibilidad de analizar sin intermediarios las imágenes, argumentos y talantes de ambos opositores, poco nuevo ofreció a los seguidores no partidarios, es decir, no incombustiblemente fieles a ambos cabezas de lista. Se conocen muy bien, han disfrutado de muy parecida formación y, la utilicen de una u otra forma, disponen también de la misma información. La ocultan, distorsionan o falsean como les conviene.

Para los recalcitrantes defensores de las clásicas posturas vinculadas a lo que se llama, como estereotipo, izquierda y derecha, ha quedado mostrado y demostrado, por si hacía falta, que los socialistas se jactan de realizar la mejor política social posible y los populares, están seguros de dominar los resortes económicos como nadie. Ambos leen los datos con gafas diferentes y, cuando los interpretan, no tienen empacho en declarar al otro, mentiroso, incompetetente, necio.

Puede ser que tengan razón o que no la tengan. Los libros de historia se han cuajado de ejemplos de estas actitudes, que resultan muy útiles para apoyar los argumentos del color correspondiente. Las hemerotecas han reflejado también que algunos representantes socialistas han buscado el poder para enriquecerse y que la corrupción ha salpicado sus filas. También han recogido el tono prepotente de algunos representantes populares, y son bien conocidas las vinculaciones, directas e indirectas, del capital con ciertos personajes de la alta política.

Los actuales líderes del PP y del PSOE parecen -desde fuera- buenas personas, y transmiten, a quien quiera verlos desposeídos de otros enlaces, credibilidad. Incluso cuando mienten. Tienen oficio. El debate del día 25 de febrero parecía, por ello, más bien una representación de un combate de lucha libre americana, en el que los contendientes repiten fintas y figuras que han ensayado muchas veces. Aparatosas, de amplio efecto, pero inofensivas. No hay sangre verdadera, solo el tufillo de un combate amañado.

Tampoco ha de ser exigible que los candidatos, seres humanos, al din y al cabo, sepan de todo y mucho. Habrá que contar, más bien, con que los equipos que bullen a su alrededor sean eficaces, honrados, ágiles. ¿Cómo comprobarlo? Habría que tener otros muchos indicadores, y no solo un par de debates entre dos hábiles opositores a la plaza de presidente de Gobierno, cogidos en el turno de descalificaciones al contrario, lo que se llamaba "la trinca".

Por eso, echamos de menos que sean más divertidos. Que el personal se divierta, que cuenten chistes, que se rediculicen con más saña. Menos retórica y repetición de cifras macroeconómicas que parecen extraídas de manuales para aficionados a explicar economía para niños.

¿Qué tal si, por ejemplo, Rajoy (o Zapatero) le dijeran al otro algo así: "He tenido un sueño. He visto que una multitud te seguía, contenta, lanzando vítores, mientras tú ibas en en un coche engalanado. Todos te aplaudían. Tú no podías moverte, porque ibas en una caja de madera, y me desperté bañado en sudor. Qué horrible pesadilla, con lo amigos que somos"?

Y si les parece fuerte para abrir boca de un debate distendido, acaso podría servir aquello de "-Mariano, ¿Chema le habla a Mr. Bush de tú? -¿Pues por qué no le dices que le hable de mí?"

Sobre Javier Bardem y los otros buenos actores españoles

A Javier Bardem le dieron en Los Angeles el primer Oscar a un actor español. Mejor actor secundario (?) por su interpretación en "No es país para viejos", de los hermanos Coen.

Este magnífico ejemplar de ser humano en varias facetas, ha tenido la gallardía de ofrecer su premio a "los cómicos españoles que llevaron la dignidad a nuestro oficio". Bardem, que ha aprendido la técnica de la actuación en casa y fuera de ella, que es de esos actores, como algunos otros grandes -pensamos en De Niro, Nicholson, Brando o Lee Jones- que se meten en la piel del representado para hacernos sentir la emoción desde dentro, con muy variados registros, se lo tenía merecido.

Y ha hecho muy bien en recordar, implícitamente, a toda una serie de magníficos actores y actrices españoles que, cuando han tenido un buen papel y una buena comercialización de su producto, han asombrado a los que valoran un buen trabajo para recontar una historia, haciéndola creíble. Paco Rabal, Penélope Cruz, Landa, Aitana Sánchez-Gijón, López Vázquez, Charo López, Fernando Fernán Gómez,...y un largo etcétera. Al menos, los cinéfilos españoles hemos disfrutado de ese saber hacer, asociado a películas inolvidables: Los santos inocentes, La niña de mis ojos, El abuelo, Mi querida señorita, La Soledad era ésto, etc.

Antes, en otra ocasión dentro del camino a este éxito, había tenido ocasión de declarar que para su papel de malo se había inspirado en el actual Presidente de Estados Unidos, Mr. Bush. No ha sido, evidentemente así, pero es que un gran actor, cuando interpreta su propio papel, el de ser humano al margen de las bambalinas, tiene algún derecho a plasmar su emoción en una boutade, para que, como hacemos en la vida real, saquemos interpretaciones desde nuestra inteligencia de espectadores.

Felicidades desde Alsocaire, compañero. Y eso que la película por la que te han dado el premio no pasa de ser una mediocridad y tu actuación en ella, desde luego como actor principal y no de secundario, dista de estar a la altura de otras memorables interpretaciones tuyas. Pongamos como ejemplo, ese Sampedro tetrapléjico en Mar adentro.

Sobre el 23-F, años después

No merece la pena, desde luego, recordar aniversarios de momentos lamentables de la historia de los pueblos. Ya se ha escrito hasta la saciedad que la historia la escriben los vencedores y, por tanto, los sucesos que han trascendido han sido decorados, tergiversados y adulterados como convenía a la mayor gloria de los que han subsistido, no importa si para conseguir esa supervivencia hayan desarrollado un papel de héroes o de verdaderos villanos, porque, en muchos casos, no habrán dejado vivos a ninguno de sus detractores para contarlo.

Hace unos ventiséis años, los más viejos del lugar llamado España, recuerdan que se pasó inquietud y algo de miedo. Unos, quemaron archivos y se refugiaron en casa de amigos sin mácula de disidencia, a la espera de que la tormenta amainara. Otros, se llevaron las manos a la cabeza, al corazón e incluso a la faltriquera. Aquellos, se mantuvieron en pie, firmes ante la amenaza y algunos, aguardaron a que el panorama se aclarara antes de tomar postura.

¿Qué pasó?. Ya nos hemos acomodado a reconocer que nunca lo sabremos bien del todo. Un grupo de gentes armadas, pretendiendo, como  otras veces pasó, que debian ser garantes con su poder prestado, de que la mayoría no se desviara de lo que a ellos y a sus mentores convenía, secuestró en el Congreso de Diputados, la razón del pueblo.

Todo hubiera podido terminar en sangre, nuevamente. La democracia, apenas nacida, sollozaba entre pañales, y, ante ella empezaban a desfilar magos, demiurgos, diaños y gentes del lugar, deseándole todo tipo de bienes y augurándole variados males. Había ruido de sables y pistoletazos en las trastiendas. Con lo fácil que es criticar, había círculos en los que ciertos especialistas en anunciar desastres, se aplicaban mucho.

Por fortuna, y sin que aún supiéramos exactamente cómo y porqué, aunque no se puede ignorar que hubo un núcleo duro de resistencia desde la razón y la oportunidad. Lo formaron SM El Rey, Fernández Campo, los subsecretarios del Gobierno de entonces, algunos generales serenos y la imagen firme de Suárez, Gutiérrez Mellado y algunos otros -pero también la rabia de ver por el suelo a los representantes del pueblo-. Lo disfrutamos, hoy, todos.

AlSocaire quiere rendir homenaje a quienes, fueran quienes fueran, nominados o anónimos, nos abrieron el camino ancho hacia la paz y la tolerancia de que hoy disfrutamos todos, haciendo enrojecer de vergüenza y desprecio, esperamos que como ejemplo sempiterno, a quienes pretendieron arrogarse la capacidad de tutelar nuestra libertad.

Sobre los indicadores de sequía y la planificación hidrológica

La Ley 10/2001, del Plan Hidrológico Nacional, establece en su art. 27 las bases para la gestión planificada de las sequías, ordenando que se establecerá un sistema de indicadores hidrológicos que sirva como referencia a los Organismos de Cuenca, la entidad competente para la planificación hidrológica en su zona de acción.

La consolidación de un estado de sequía real, presentada en la mayor parte de las cuencas españolas a partir de 2004, ha cogido a los Organismos con los deberes a medio hacer. Las zonas más afectadas -por su densidad demográfica y por los intereses económicos en juego- han procurado poner en pié unos Planes de urgencia, en los que se delimitan algunos indicadores, fundamentalmente cuantitativos, refiriendo sus medidas a series históricas muy cortas y escasas.

La cuestión no es ya la cuantificación de la situación -grave en algunas zonas-, sino la dificultad de adoptar medidas inmediatas, creíbles y asumibles por los afectados, de forma que se actúe de una manera coordinada, priorizando las necesidades, distinguiendo entre las urgentes y las que, siendo necesarias, pueden hacerse esperar.

Esperemos que las lluvias de primavera palíen el dramatismo de una situación que ha levantado ampollas y encrespado los ánimos. Una vez resuelto el panorama de forma natural, lo que cabe esperar es que los agentes socio-económicos reconstruyan un debate en el que el objetivo debe ser, sí, cuantificar bien el alcance de las eventuales circunstancias de sequía, poniendo en pie indicadores fiables basados en medidas extensas y homogéneas.

Pero no puede olvidarse que el fin último del control de un momento de estrés hídrico es establecer los mecanismos para que, cuando haya que apretarse el cinturón, la distribución de los recursos esté sometida a criterios de completa racionalidad, asumidos por todos los implicados. De poco valdría que unos ahorren si otros despilfarran. Sería un despropósito obligar a unos a la contención mientras otros, más ladinos o menos considerados, aprovechan los momentos revueltos por el nerviosismo para reclamar para sí actuaciones que solo a ellos favorecen. El agua es, al fin y al cabo, recurso económico, y disponer de ella de forma suficiente tiene tanto más valor cuanto más escaso resulta.

Sobre la soledad y otras miserias

Nuestra sociedad occidental está posiblemente enferma, pero, dada la dificultad de hacer un diagnóstico para un colectivo tan extenso y la imposibilidad de recetar, por tanto, un curativo, los subgrupos del entramado societario están medicándose individualmente. Seguramente, lo que se administran estas víctimas indirectas del fenómeno colectivo no tienen efecto alguno, son placebos.  

La obsesión por la comunicación telemática es, desde luego, un síntoma de que algo no va bien. Existe un personaje, creado por la imaginación de "Muchachada Nui" (Joaquin Reyes y Cía, TV-2), el inefable Enjuto Mojamuto, que refleja muy bien la sensación de dependencia del individuo aislado respecto al entorno virtual que se ha forjado para compensar su soledad.

Esos 60 o 120 ¿o son ya 240? millones de blogueros, en número creciente de forma prácticamente exponencial (dicen que se cuadriplican cada año), que escriben con mayor o menor asiduidad, sus pequeñas historias con la esperanza de que los lean conocidos y desconocidos, son un reflejo, también de la soledad. Desde los blogs más visitados (lo que no quiere decir, ay, leídos), hasta el más recóndito de los diarios informáticos perdido en la red, reconozcámoslos, el tufo destilado es el de la necesidad de comunicación de sus creadores, es decir, la existencia de alguna forma de soledad.

El mundo de lo virtual es solo un espacio muestral representativo de lo que está sucediendo en el mundo real, aunque, en algunos casos, el primero se complazca en ser una caricatura o una deliberada expansión liberadora del segundo. Ancianos y jóvenes que viven en soledad (abandonados a ella, o forzados sociológicamente a independizarse a su pesar). Parados. Estudiantes y trabajadores víctimas del mobbing. Pobres. Desarraigados. Prejubilados. Maltratadas. Homosexuales. Etc.

En alguna de tantas esferas de marginación y soledad, seguro que cada uno encuentra un sitio en el que reposar su desilusión. Y si no lo halla, medite seriamente de donde le viene ese equilibrio.

Sobre la educación para la ciudadanía

Puede que no sea el momento más oportuno, pero siempre será necesario dedicar algunas palabras hacia lo que se llamó, desde que el mundo es mundo, buena educación. Es decir, educación para la ciudadanía. Con otras palabras, respeto hacia los demás.

Tiene que ver con el principio básico de toda ética con pretensión de universal, que ya en otras ocasiones hemos recordado -no hagas a otro lo que no quisieras que te hicieran a tí, amarás a tu prójimo como a tí mismo-, aunque no guarda completa identidad con él, porque hay elementos que no suponen apelar al principio de reciprocidad.

No es necesario acudir a la reciprocidad para entender que cualquier persona sana, en especial si es joven, debiera ceder su asiento o la preferencia de paso, a una embarazada o a un anciano, y no enfrancarse aún más en la audición estentórea de un MP3. No sería imprescindible esgrimir la igualdad de géneros para que sea visto como una agradable cortesía y no como una muestra de machismo el que el varón se adelante para abrir las puertas de los locales a sus acompañantes mujeres -después, tal vez, de dar un rápido vistazo para cerciorarse de la inexistencia de peligros-.

Tampoco hace falta haber aprendido de memoria el manual de la buena educación para que los hombres desciendan por delante en las escaleras o se adelanten al subir (si ellas llevan faldas, y, en todo caso, evitando quedarse rezagados). No habría por qué interpetar como una invitación a la reciprocidad de los restantes comensales si uno de ellos coge el cuchillo como quien agarra un sable o masticara a dos carrillos o se obstinara ene hablar con la boca llena, escupiendo restos de la masticación en nuestra pechera.

Al margen de debates -muy interesantes, desde luego- sobre si la religión A enseña mejor comportamiento ético que las B y C y obviando la discusión acerca de si la perfecta laicidad es el ideal de la enseñanza para los Estados aconfesionales, se constata fácilmente que lo que nuestra sociedad ha perdido es mucha educación para la ciudadanía.

Váyase un fin de semana a un centro comercial (por ejemplo, San Sebastián de los Reyes) y compruebe cómo un número importante de conductores habrán aparcado sus vehículos obstaculizando uno de los dos unicos carriles de tránsito, supuestamentete por no haber encontrado aparcamiento fácil en los sitios reservados al efecto, o por simple placer de considerarse ombligo del mundo. Serán o no conscientes de que con ello habrán ayudado a provocar aún mayores embotellamientos. Vea los carritos de la compra abandonados fuera de sitio, en medio de los carriles, por ciudadanos ddespreocupados de lo que pase a los demás.

Con los vehículos, desde luego, los ejemplos que se encuentran son múltiples: dobles filas ante restaurantes y discotecas, aparcamientos obstaculizando salidas de garaje o zonas de descarga; etc. Pero también, la falta de respeto a los demás se manifiesta sin necesidad de ir parapetado tras una masa de acero y plástico: en las colas ante las taquillas del cine, o para ir a pagar la compra, siempre habrá alguien más listo que los que aguardan pacientemente que se aproximará para hacer valer su desvergüenza, despreciando el tiempo de los demás ante el suyo...

Educación para la ciudadanía, sí, nos hace mucha falta.

¿Le tranquiliza saber que sólo el 10% de las multas de tráfico son cobradas? ¿Le preocupa conocer de dónde habrán sacado su dinero los habitantes de todos los poseedores de casas, automóviles y ritmos de vida superiores a los suyos? ¿Tiene la curiosidad de comprender qué hacen -descartado que vayan a su trabajo o vuelvan de él?-, y de qué viven -propietarios, pensionistas, agentes comerciales- los miles de conductores que, a media mañana de un día laboral bloquean las vías principales? ¿Qué tipo de actividades hacen merecedor a un alto ejecutivo de algunas entidades para ser remunerado hasta veinte o treinta veces más que un jefe de gobierno? ¿...?

Sobre el inglés fluido como promesa electoral

Mister Sapatíro jas prómised in an electóral mítin dat in no mór dan ten íars ol de ispaniards sul bi eíbol tu espic flúen inglis.

Is ei veri gúd an sorpraisin niú, bicóse as uel non, de juól uorld jas fóund peinfol dificolties in domineit risoneibeli de veri compliquéited lenguech of Chéqspir. Afta cómon persepsion, onli inglismen sím tu can.

Is not bin iet páblised de uéi de ispanis président in chárch is góin tu achíf dis inúsual perfórmans, bat próbabily de mízod vul bí tu tích de yuniors píupils in de práimari escúls dáirecli onli in inglis prononsieison, avóidin dei tu lern de espélin.

As ei módes jómeige tu dis taitanic porpós, in Alsocaire, ui ar devotin tudéi dis cóment tu gíf an sémpel exámpel as jóu zins can gu in de inmediéit fúchur, if Sapatíro uins de yeneral púl (oder séid,  de eléchions téiquing pléis in cómin márs).

Jópeli mister Asnar uil bi téik de responsábiliti tu coordineit som of de lísons, prófitin jis demostréited abíliti tu spic síveral lenguiches almos fluenli.

Eniuéi is espected uiz lóyical curiósiti de ánsuer dat de oposícions líder, mister Rayoi, is prepérin tu dis chálenyin propósal . Sóm spócsmen reléited uiz jis níar sáiquel jad anónsed alredi tudéi -in unofísial uéui- dat de pipis parti jéd is consíderin tu prómis dat al de ispániars uil bi éibol tu espík énglis in onli éit íars o íven les, if dei gif jin dea vouts in de march eléchions.

Sobre lo que los fideos en boca de Rajoy le pueden costar a Zapatero

El expresidente del gobierno español, Felipe González, ha dicho en un mítin de campaña de Rodríguez Zapatero, en presencia enardecida de los simpatizantes de su agrupación socialista, que "cuando Mariano Rajoy se quite los fideos de la boca, sabremos cuáles son sus propuestas".

Es una frase ingeniosa para un cómico, pero no nos parece acertada para un político, hablando del oponente más relevante, y clara alternativa de Gobierno, como lo demuestra lo apretado de las encuestas.

Es cierto que la vocalización no es el fuerte de Rajoy. Sin embargo, hacer escarnio de una forma de dicción, convirtiéndola en elemento distintivo de las propuestas del candidato opositor, no puede tener más que dos efectos, ninguno de ellos bueno para los intereses del PSOE.

Un primer efecto, hacia el candidato alternativo, es enardecer su discurso haciendo ver que, supuestamente falto de otras ideas, el presidente de gobierno y sus apoyos se detienen en cuestiones anecdóticas, pretendiendo ridiculizar aquello que es irrelevante.

Un segundo efecto, entre la amplia masa de independientes y observadores de los discursos políticos, aún indecisos respecto a su voto, supone darles el argumento de que Zapatero está nervioso, y que en su programa tiene sitio importante la descalificación frontal del líder de la oposición. Malos augurios para quien ha presumido siempre de tener un talante tranquilo.

Porque justamente la trasmisión de calma en períodos revueltos (la economía está caminando por terrenos de crisis, a pesar de los esfuerzos de equipo de gobierno en minimizar la situación), es muy apreciada en los dirigentes, como garantía de que saben qué hacer para reenderezar el rumbo de lo que se tuerce.

Por un debate constructivo y leal, esperamos que la campaña no se polarice, y los candidatos -también los de partidos minoritarios- comprendan que, además de los titulares, quienes seguimos con lógico interés las propuestas concretas, leemos la letra pequeña de los programas y, justamente, estamos preocupados por la valoración económica de una catarata de propuestas de última hora cuya plasmación ha de salir del bolsillo de los contribuyentes.

Claro que a casi todos nos gustaría que se crease más empleo, que los servicios públicos funcionaran mejor, que el Estado de las autonomías se reenderezara, que el medio ambiente se cuidara como algo sustancial, que los jubilados y pensionistas tuvieran mayores prestaciones, que los jóvenes tuvieran cómodo acceso a una vivienda digna, etc. ¿Cómo hacerlo, con qué módulos de gestión pública concreta, con qué medidas legislativas? Y, aún de forma más incisiva, ¿por qué no se ha hecho antes?

Sobre Albania, Kosovo y la Gran Albania

Estaba cantado, pero parece haber cogido a algunos de sorpresa. La ficción del estado kosovar, en la pretensión de una imposible convivencia entre serbios y albanos, ha estallado cuando Kosovo ha declarado la independencia unilateral.

Nada importa, a los efectos prácticos prácticos, que esta situación se produzca al margen de las Naciones Unidas y, en concreto, de la resolución 1.244 que pretendió poner fin a la situación de guerra en los Balcanes, allá por 1999.

Kosovo tiene solamente 2,3 millones de habitantes y es una de las regiones más pobres de Europa. Sus habitantes están convencidos, en general, que sus riquezas naturales figuran entre las más atractivas del planeta. Pasa a menudo. Incapaz de mantenerse por sí mismo, sumergido en la corrupción y en la lucha mafiosa por el control de los beneficios de esas materias primas subexplotadas o en vías de agotamiento, mira hacia los países más prósperos europeos, esperando su ayuda.

El gobierno español, en período electoral, ha adoptado una posición conservadora (en el sentido de poco arriesgada) al respecto de ese movimiento independentista, que ha gozado del beneplácito de algunos de los países más fuertes, entre ellos, Estados Unidos: ha manifestado que no aceptará, de momento, el nuevo Estado, constituído en torno a Fatmir Sejdiu.

España se pronuncia así, una vez más en la Historia reciente, en contra de la decisión de algunos de los países europeos más influyentes, unidos en torno al Plan Ahtisaari. Los dirigentes españoles anteponen, nuevamente, y para bien o para mal, sus objetivos internos cortoplacistas -poner límite en este caso a la alegría de los separatistas catalanes y vascos por el modelo kosovar, en pleno período electoral- con una estrategia internacional de alineamiento con los grandes bloques.

Para Alsocaire, la reconstitución de una Gran Albania es una posibilidad abierta de inmediato. Al menos, y a no ser que la Unión Europea mantenga el nuevo estado con aportaciones sustanciosas, el riesgo/ventaja se ha puesto sobre el tapete político.

No faltarán esfuerzos internos para tratar de restaurar lazos económicos que se apoyarán en la comunidad de lengua, etnias y culturas entre Tirana y Kosovo. Les separa, en la actualidad, también el extremismo religioso, que entre los musulmanes kosovares tiene connotaciones islamistas muy radicales.

La herida de los Balcanes, que nunca estuvo cerrada, vuelve a supurar. Bosnia-Herzegovina , otro protectorado internacional nacido de una ficción en la que los países más prósperos han querido alejar el peligro de la guerra con ayudas cuantiosas para mantener en calma las ambiciones de los clanes económico-políticos, tiene ahora un espejo en el que mirarse, una guía a seguir, en la esperanza de que la Unión Europea se convierta en el colchón amortiguador de las tensiones locales.

Sobre el gotelét

El gotelé o gotelét se puso de moda hace unos treinta años, después del reinado del papel pintado, que se había impuesto en todos los hogares de clase media como una forma estupenda de tapar las grietas de la edad y la incuria de los inmuebles y dar un poco de alegría sosaina a las paredes.

Desde hace apenas un lustro, el gotelét ha sucumbido al mundo de las modas que, como es sabido, tienen un retorno cíclico a los estereotipos del pasado. Ahora lo que se lleva son las paredes lisas, pintadas al temple, con suaves colores brillantes. Y, si Vd. quiere estar realmente a la última, debe pensar ya en los papeles pintados y en cubrir la habitación con telas de colorines o diminutas pirámides que reflejen la luz, dándole al salón-comedor-cocina americana aspecto discotequero.

Yendo a lo concreto. Si la pintura de su casa tiene más de diez años y ha llegado el momento de darle un retoque a algunas paredes (bien porque las marcas de los bordillos de los cuadros, o las huellas de las manos pringosas de aquellos niños que ya están ahora emancipados, etc. se le han hecho insoportables), puede suceder que descubra que tiene el gotelé en casa.

Según los entendidos, tener gotelé en una respetable mansión es muy parecido a descubrir que la han invadido las termitas. Si se decide a convivir con él (ellos), la situación es soportable. Pero si se decide a eliminarlos, su vida pasará por un naufragio.

No importa que lo haga Vd. mismo o lo encomiende a los expertos. Una vez liberada de muebles, libros, cuadros, cortinas y lámparas la habitación que está infectada de gotelét, el desgotelador deberá aplicarse a la temible labor de tratar de eliminar esos montoncitos de yeso. Porque si el gotelét es plástico, y de verdad no le gusta lo que tiene, múdese de casa.

Pida una lijadora potente al vecino, para empezar. Compre un par de máscaras protectoras. No haga caso de los expertos, no contrate a ningún rumano para esa labor tan íntima. La cantidad de polvo que se va a formar, lo haga por sus medios o con ayuda de las tecnologías sudamericanas o del Este, será inenarrable.

No importa que cierre las ventanas, abra las puertas, realice la operación de lijado de forma lenta o a toda velocidad. Todo, absolutamente todo, se verá cubierto de polvo. Desde la estancia más cercana a la más remota habitación de la casa. El piso ático como los subsótanos. Las huellas de sus pasos señalarán en blanco las evoluciones de su desesperación en busca de agua a la cocina, al baño, a los ascensores.

Ah, pero la felicidad que Vd. sentirá cuando haya conseguido librarse del gotelét  y recuperar las paredes como estaban hace treinta o cuarenta años es -también- indescriptible. Pintadas ahora al temple liso lucirán impecables. Tendrá dos o tres semanas aspecto de venir de una panadería y no podrá recibir visitas. Sus pulmones sufrirán, pero Vd. tendrá la satisfacción de haber contribuído al aligeramiento de la estructura de su edificio en unos cuantos kilos que, con el conveniente disimulo, habrá sabido ir arrojando en los cubos de basura del vecino (Esto está muy mal, pero ¿qué hacer si no hay a mano ningún contenedor de desechos de construcción, al no ser ya verano?)

Ya sabe, la corriente durará diez años, quizá mucho menos. La siguiente etapa es/será el papel pintado. Ahora le separan del gotelét otros veinte años y, con un poco de suerte, podrá cambiar antes de casa. Claro que también puede saltarse un escalón y empapelar directamente las paredes.

Sobre el debate entre Rajoy y Zapatero y la democracia española

La democracia española tiene los pies bailones con zapatos italianos, anchas las caderas soportando un talle corto producto de un árbol genealógico en el que se confunden pedigrí y gentes de la calle y, en fin, la cabeza amueblada con una mezcla insólita de productos franceses y alemanes.

Pero si algo caracteriza especialmente este producto de tiempos convulsos de los que (casi) todos los españoles están felizmente orgullosos, es el corazón. Allí se concentran las esencias propias, el tradicional arrojo, -conectado directamente a ovarios y testículos-, los sentimientos que nos hacen, dependiendo del momento en que nos pillen, llorar y reir. El corazón nos hace también ser tímidos para reivindicar lo nuestro y obstinados para defender con uñas y dientes aquello que, a otros, les importaría un ardite.

Rajoy y Zapatero son producto genuino de la democracia española. Parecen buenas personas, serias, honestas. Uno de los dos será el próximo presidente de Gobierno. No dan el perfil de los que despartan pasiones, pero ni mucho menos de los que producen rechazo a primera vista.

Zapatero y Rajoy han tenido periplos políticos parecidos. Antes de que el primero llegara -seguramente, de rebote- a presidente de Gobierno, han hecho dientes en posiciones intermedias, y conocido desde dentro, en el entorno de jefes más indiscutibles y más pesados, el aparato del partido. Ambos son licenciados en derecho, están acostumbrados a hablar sin tener mucho que decir y a poner mucho énfasis en las ideas, improvisando lo justo, conscientes del valor de las palabras.

Alsocaire está a favor del debate, obviamente, de este, y de todos los debates. Ve, sin embargo, un riesgo en que, por la gran influencia del medio, ese único debate cara a cara sirva para sacar conclusiones a muchos españoles indecisos. Porque, independientemente de quién gane el debate, lo que se está jugando en el envite es un trozo del futuro del país, no quién es más brillante, más ocurrente, más simpático en ese par de horas.

Sobre la participación de los cónyuges y parejas en las campañas políticas

A las parejas de los políticos españoles no les gusta participar en la campaña electoral. No lo hacen, no lo han hecho, y si llegó el caso, lo hicieron a disgusto. Se da por supuesto que participan de las ideas de sus compañeros de alcoba, pero no suelen manifestarlo públicamente, aparentemente conscientes de que eso no aumentaría el número de votos.

Sonsoles de Rodríguez Zapatero prefiere cantar en su coro que en los mítines de su esposo. Elvira de Rajoy lleva una vida discreta con sus hijos, y básicamente solo acompaña a D. Mariano públicamente para ver juntos al Papa de Roma. Ana de Llamazares solo se fotografía junto a su esposo en los actos familiares.

Se pueden, tal vez, encontrar algunos ejemplos en contrario, pero no cabe identificarlos con vocaciones políticas o de verdadero apoyo: Ana Botella de Aznar es un modelo singular, tal vez asimilable a Carmen de Felipe González, con cometidos políticos surgidos a contrapié.

Y la misma valoración puede hacerse mirando desde los pocos ejemplos del otro sexo: El esposo de Esperanza Aguirre, conde de Murillo D. Fernando, prefiere dejar vía libre a las inquietudes de su pareja, cuidando sus reses y jugando al golf (entre otras cosas). José Sobrino de Rudí hace negocios en Zaragoza, pero no aparece por la alcaldía. Etc.

Contrasta este desapego por la vocación pública de sus consortes, lo que se ve en la campaña americana. Hillary se apoya en Bill Clinton, y Obama tiene su valedora en Michelle, que se hace acompañar de Maria Shiever, la esposa de Schwarzenegger que, vaya por Dios, es republicano. Todos los candidatos hacen campaña con sus parejas al lado, cuando no en actos multitudinarios simultáneos.

Sobre el pasado

El pasado no tiene mucha fama entre los jóvenes. En general, se le desprecia, particularmente ahora que nuestros educandos solo deben estudiar cuatro cosas de Historia y, en muchos casos, solo circunscrita a los pequeños hérores locales, rescatados de los cuentos de hadas regionalistas.

"El pasado ya no es lo que era", es una frase de inconfundible valor mediático, pero no tiene la fuerza de esa otra de "El futuro es el lugar en donde vamos a vivir el resto de nuestras vidas".

Si los más ancianos encuentran consuelo parcial a la devoradora vejez en aquello de "cualquier tiempo pasado fue mejor", que tan estupendamente aprovechó el poeta soldado Jorge Manrique, los más jóvenes piensan del pasado que es un tiempo perdido, y que los viejos no están ni para cederles el asiento en los transportes públicos.

El pasado de los que peinan algunas canas, en España, estuvo lleno de interesantes objetivos, que ocuparon mucho tiempo de los jóvenes, de sus mentores y de los que se encargaban de mantenerlos a raya.

Educados en el catolicismo rancio, muchos, sin renegar de esas raíces -estudiaron la Biblia por capítulos de Historia Sagrada-, encontraron un agnosticismo culto. Preparados para tener -ellos- a las hembras sumisas a sus deseos, acabaron haciendo la mitad de la cama por las mañanas y adoctrinadas -ellas- para no ceder ni ante versos de Gutiérrez de Cetina o Bécquer, enviaron a sus hijas por el mundo con trece años.

Y, por supuesto, inmersos en un programa vital asfixiante en el que todo estaba atado y bien atado, rompieron los nudos con la espada de la tolerancia y las libertades.

Las nuevas generaciones se encontraron cómodas en un entorno agnóstico, libérrimo, protector, que, posiblemente, les dió ventajas pero no les dotó del músculo suficiente que da el hambre, la pugna por conseguir los objetivos, la satisfacción de haber ganado lo que se tiene sin que te lo cedan o regalen.

En pie, jóvenes. Los que no llenáis vuestros libros de estudio ni con sangre ni con bilis, ni los llenáis de dibujos geométricos producto del aburrimiento.

Adelante, jóvenes. Los que no os dejáis convencer de que todo está hecho, sino los que pensáis que la mayor parte está por hacer. Arriba, jóvenes. Los que, por encima de mezquinos intereses individuales, trabajáis por hacer mejor el porvenir de todos.

El futuro está en vuestras manos, y tiene mucha tela. Tal vez os convenga siaber que el pasado es la plataforma desde la que lanzamos nuestras ilusiones hacia el futuro. No interpretéis lo de la plataforma solo como un pedestal; en ella están también los centros de investigación, los acopios de combustible, las salas de preparación de pilotos y tripulación, los análisis de trayectorias, la fijación de objetivos...

Sobre la crispación de la vida social, razones y efectos

La importancia de los media en la conformación de la vida social ha traído ciertos efectos que no está de más analizar, especialmente al abrigo de los procesos electorales para elegir a sus máximos mandatarios.

En primer lugar, debe señalarse que, por el comportamiento de los políticos, se toma como axioma que la mayor parte de los ciudadanos asistirán a las campañas electorales con el ánimo indeciso, necesitados de dejarse convencer. Puesto que el porcentaje de correligionarios, es decir, de afiliados a los partidos políticos en liza, es pequeño (seguramente no llega al 3% del electorado), esta hipótesis tiene serios fundamentos.

En segundo lugar, se constata que los partidos afilan sus armas y enuncian, corrigen o perfeccionan sus propuestas, justamente durante el período de campaña. Dramática diferencia frente al espectáculo de un hemiciclo prácticamente vacío o semivacío, cuando, durante la legislatura, se han ventilado cuestiones trascendentales para la vida social.

Pero, ¿qué mueve a los ciudadanos -digamos, en España- a votar, y, una vez decidido el cumplir con esa obligación cívica, votar por alguna de las opciones? Pues, por los síntomas reflejados en la campaña, el aumento de la crispación, la generación de nuevas tensiones que polaricen a los candidatos, diferenciándolos por encima de lo que, durante la legislatura, será la tónica de su discurso y actividad.

Sorprende, también, esta obsesión por presentar propuestas que parecen surgidas del propósito de emulación, del "y yo más", como si se estuviera jugando una partida de póker en el que, -ay-, los que hacen las apuestas juegan con los dineros de otros: los contribuyentes.

Y, lo que aún es más extraño, los beneficiarios o, por mejor decirlo, los destinatarios de las fintas, faroles y posturas, son colectivos de votantes potenciales, sin que se hayan analizado sus niveles de necesidad, sus pretensiones y el efecto de las medidas sobre la economía global y la consecución del objetivo de aumentar la felicidad del conjunto ciudadano, mejorando, sobre todo, la satisfacción de los colectivos más humildes, pertenezcan al grupo genérico de jubilados, mujeres, padres, inmigrantes, jóvenes, e incluso enfermos o parados. ¿O es que los niveles de renta han dejado de importar?

 

Sobre empresarios y creación de empleo

En todos los objetivos de promoción empresarial desde las entidades públicas, especialmente desde la administración local, se reitera la importancia del pequeño empresario como elemento determinante de un sólido tejido industrial, y se anima a los particulares a invertir, a solicitar créditos hipotecarios, a demostrar su ingeniosidad e iniciativa, arriesgándose.

Pero, después de este mensaje, la foto de portada se la hacen los políticos con los representantes de las multinacionales o las grandes empresas, allí cuando se inagura un complejo de alta calidad tecnológica, en esos parques rodeados de verdes pantallas en donde con patentes foráneas se da trabajo a diez o cien trabajadores de alta cualificación.

Los puestos de trabajo de esas grandes empresas, pueden llega a costar un millón de euros cada uno (en inversiones asociadas), y, en cuanto a la capacidad de empleo local, las oportunidades laborales se ocupan frecuentemente por científicos y técnicos venidos de fuera, pertenecientes a las plantillas de las empresas matrices. Por supuesto, también se da empleo a becarios españoles rescatados de algún laboratorio en universidades extranjeras, -en donde puede que hayan estado lavando probetas de, porqué no, un premio nóbel- y a los responsables de las empresas de desarrollo local.

Completamente en serio: la promoción empresarial debe prestar aún más atención al pequeño empresario, apoyando, desde luego, su asociacionismo y la potenciación de los objetivos comunes o complementarios, y, fundamentalmente, atendiendo a las dos o tres cuestiones básicas de quien arriesga su dinero y, muchas veces, depende de la empresa como autoempleo: menor presión fiscal, más cobertura social, mayor tolerancia respecto a la contratación laboral -hace falta crear un tipo de contrato específico para los empleados del empresario autónomo, que permita una mayor capacidad de autoregulación en la contratación-...

Porque los pequeños empresarios son los que más empleo crean, los que más acusan las crisis pero -paradójicamente- más capacidad de resistencia poseen y, en fin, tienen la mayor sensibilidad local posible. No van a marcharse con una regulación de empleo masiva para ubicarse en un país subdesarrollado cuando las cifras de beneficio les empiecen a no encajar. Van a aguantar con las botas puestas, hasta que el temporal amaine y hasta se hundirán con el barco.

Sobre la igualdad de género

Dice la Biblia:(Poema acróstico de la mujer perfecta, Proverbios 31) "Una mujer perfecta, ¿quién la encontrará/Vale mucho más que las perlas".

Dice el Corán:(Sura 12,28): "Es una astucia propia de vosotras. Es enorme vuestra astucia".

La preocupación de los libros religiosos por ordenar la vida de las mujeres, combinando cualidades y virtudes con defectos y desvaríos imaginados por los dominadores, no deja de ser un ejemplo más de la persistente voluntad de los varones en controlar a esos seres más resistentes físicamente, más longevos, capaces de parir y, para colmo, menos dados a la dispersión intelectual.

Hoy, las mujeres son consideradas teóricamente como iguales al varón. Allí donde se trata de medir la capacidad ajustándose a un programa -escuelas técnicas, oposiciones, etc.- ganan casi siempre, ocupando los mejores puestos, copando los números uno de las promociones. Se han empeñado en ser guardias civiles, soldados, mineros, y allá van, con las monteras, los gorros, los galones y los cascos de seguridad, superando testeros, saltando potros, haciendo llaves de judo.

En los temas sexuales, se han convencido de que allí había también terreno que ganar y, animadas por sus madres y con el recelo sistemático de sus padres, han elegido la libertad en las relaciones, el disfrute por el disfrute en ese terreno antes misterioso del sexo; toman, cuando les parece, la iniciativa; hablan de culos y de relaciones guay con la misma ligereza que antes solo cabía en los salidos del carril.

Podíamos pasar revista a multitud de situaciones en las que las mujeres han ganado posiciones frente a los varones, aprovechando los marcos favorables, contando con la connivencia y la comprensión de los hombres convencidos de la necesidad de la igualdad y, cuando no encontraban el escenario adecuado y el objetivo les apeteció o les era necesario, luchando a brazo partido por vencer la resistencia de los machos dominantes.

Hora es ya, pues, de que reflexionemos. La sociedad necesita de la colaboración de los dos sexos para mejorar. Esa igualdad que en los países más avanzados está ya muy admitida, no debiera hacernos olvidar que existen muchos otros desequilibrios mayores que la igualdad de género. Que hace falta llevar la educación a todos los estratos, la igualdad de oportunidades, la cooperación internacional.

Estamos seguros de que la sensibilidad de las mujeres por los problemas sociales, precisamente por el camino que han recorrido para alcanzar posiciones de poder (las pocas que hoy lo tienen todavía), debería enfocarse, preferentemente, más que en luchar para dominar puestos en el mundo de la empresa, -incluso en la política-, para conseguir que el mundo fuera más justo, más solidario, mejor. Porque si no fuera así, nos daría lo mismo estar dominados por varones que por hembras, mientras los collares sean los mismos.

Sobre los inmigrantes: integración y xenofobia

Por supuesto, uno de los temas que deben plantearse en el debate electoral previo al 9 de marzo de 2008, en el que los españoles votaremos el Gobierno que preferiríamos para los próximos cuatro años de legislatura, es el de la inmigración.

No puede ser de otra forma en un país en el que hay en este momento censados más de 3,5 millones de extranjeros no comunitarios empadronados y que, relativo a su población total, muestra el porcentaje más alto de toda la Unión Europea - (8%), que tiene en total 18,5 millones de inmigrantes-, y cuyo número experimenta un incremento anual en torno a 500/600.000 personas. De este contingente, más de 1 millón no tiene permiso de residencia (y, por tanto, aún menos, de trabajo), estando únicamente empadronados. Un número incuantificado se encuentra sin identificar de ninguna forma.

Problema, desde luego, grave, para un país en el que, además, el debate interno sobre las nacionalidades, sus lenguas, indiosincrasias y culturas está sin resolver. Y para el que las voces de crisis económica se multiplican, aunque no se pongan de acuerdo con la intensidad de la recesión.

La aparición de un número muy alto de extranjeros en nuestro entorno se advierte por doquier, formando parte de nuestro "paisaje demográfico". Una parte sustancial de ellos se encuentran de forma regular, y, de entre ellos, son mayoría los que tienen  permiso de trabajo, aunque no son tantos los que cuentan con trabajo estable, ya que los inmigrantes integran el núcleo duro de la bolsa de precareidad laboral -con las consecuencias imaginables respecto a las prestaciones por desempleo-.

Un grupo singular del contingente, por su situación semi-regular, lo forman los rumanos, cuyo número oficialmente supera el medio millón y que, faltos de permiso de trabajo, se mueven a nivel de expectativa: son los que hacen picnics bajo los soportales o en los parques, aprecen en grupos animados discutiendo o hablando en voz alta, algunos piden en la calle o en el metro, y, ciertamente, se presentan a cualquier oferta laboral, ofreciéndose para incorporarse de inmediato, como ciudadanos comunitarios, aunque la moratoria les impide trabajar hasta 2009.

Ya dentro de los inmigrantes no comunitarios, aunque como incontrolados, se encuentran los grupos de subsaharianos, cuyo aspecto inconfundible se remarca con sus peculiares vestimentas, pues van ataviados con chándales deportivos, exhibiendo exultante juventud, y,  dada su situación de ciudadanos apátridas, deambulan por las ciudades, vendiendo Cds pirateados o productos falsificados con dudoso sabor a Africa auténtica. Su número crece, aunque su discreción es manifiesta, alimentado continuamente tanto por los ocupantes de pateras ilocalizadas, como por los distribuídos por la geografía española con un "vete con Dios, compañero, sálvate donde puedas".

Hay un contingente importante de marroquíes -segunda población inmigrante en importancia, después de los ecuatorianos-, que exhiben una capacidad mimética indudable, pues son capaces de aparecer y desaparecer según la oportunidad del momento, con encomiable resistencia a las adversidades, buen español por lo general, islámicos moderados, y cuya voluntad de trabajar les ha llevado a ocupar los puestos libres en la restauración y construccción, hoy sometidos a la dura competencia de los latinoamericanos, tal vez menos reivindicativos.

La población de mayor entidad es, hoy por hoy, la de los latinoamericanos y, dentro de ella, la de los ecuatorianos, seguidos por peruanos, brasileños (un gran número de ellos en economía sumergida), bolivianos y argentinos. Se les encuentra atendiendo en restaurantes, comercios al por mayor, cadenas de distribución-¿no son todas las dependientes de los hipermercados ya latinoamericanas?-, servicios en general.

Los hispanoamericanos no tienen especial preocupación por integrarse, porque no les hace falta: son bien recibidos por los españoles, con los que comparten lenguaje y simpatías, aunque en realidad, se les prefiere distantes: devalúan de inmediato los barrios que ocupan, pues no tienen problemas en vivir hacinados, comer barato, vestir con cuatro perras y armar bulla.

En la escolarización, los latinos y los marroquíes forman grupúsculos con tendencia a la rebeldía, la belicosidad y la automarginación; estudian poco. Como curiosidad, los servidores hispanos son los preferidos para conformar esas singulares parejas de hecho con ancianos con hándicaps: se les ve a él o a ella llevando en carrito o del brazo a los poseídos por el Alzheimer o la artrosis, en su paseo diario aprovechando las horas de sol.

¿Integración? No hay por qué engañarse. Para la mayor parte de ese contingente, es imposible e impretendido. Solo unos pocos lo lograrán, y no exactamente por resistencia de los receptores. Un extranjero que conoce bien las costumbres propias, que domina el idioma, es siempre bien recibido: necesitamos algo de exotismo controlado. Pero un extranjero que se mantiene en sus costumbres, que se distingue por sus hábitos y su automarginación, que no controla la lengua del pais de acogida, será siempre "el otro". De ahí también el grave problema de las mujeres islámicas, sometidas al yugo del varón y de su grupo, controladas en sus movimientos, veladas, incomunicadas con los nativos.

En Alsocaire creemos que la cuestión de la integración o no de los inmigrantes ha de discutirse sin visiones a priori. No hay una fórmula unversalmente válida, y no todos los extranjeros que acuden a nuestro país tienen las mismas intenciones y han de someterse a los mismos supuestos. Habrá que distinguir entre los que vienen para quedarse, y los que quieren volver, después de haberse aprovechado de nuestra necesidad en tiempos de bonanza.

No es xenofobia, no es posición de derechas ni de izquierdas, es puro pragmatismo. Como país de emigrantes, España debiera tener buen presente dónde se encuentran hoy los cientos de miles de personas que ayudaron al despegue de Alemania. ¿Se integraron? ¿Fueron aceptados? ...No, han vuelto, están aquí, de vuelta, con los demás. Han hecho algo de dinero, tienen cosas que contar, han percibido desde su perspectiva otra sociedad. Pero no son alemanes, claro. Que nadie nos cuente cuentos, por favor.