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Al Socaire de El blog de Angel Arias

Sobre las conmemoraciones de fechas históricas

El dos de mayo de 1808, el pueblo madrileño se levantó contra los franceses, utilizando la rabia como arma que tenían más a mano. Fue un momento muy especial, que el general Murat se encargó de reprimir con sus 30.000 soldados, pasando después por las armas a todos los que fueron apresados en aquella guerra civil singular, del pueblo soberano contra la aristocracia afrancesada y los tejemanejes de la alta política rastrera.

El 6 de julio de ese mismo año, el emperador Napoleón nombraba a su hermano José era nombrado rey de España y de las Indias, promulgando la Constitución de Bayona para conciliar "la santa y saludable autoridad del soberano con las libertades y privilegios del pueblo", mientras se tejía una resistencia al control francés que hemos estudiado, patrióticamente, como "guerra de la independencia".

Pero lo importante ahora, dos siglos después, metida España en la Unión Europea, es analizar, si se puede hacer con tranquilidad, las enseñanzas de aquella manifestación popular y de los efectos que, años más tarde, en 1814, llevaron a poner en el trono español a Fernando Séptimo "El deseado" (en realidad, indeseable), como consecuencia de lo que se entiende como verdadera primera constitución española, la de las Cortes de Cädiz.

Puestos a celebrar actos del pasado, los próximos años del siglo XXI han de ser pródigos en celebraciones. Habrá que celebrar en 2012, el bicentenario de la Constitución de Cádiz, después, el bicentenario del advenimiento de los Borbones en la persona del dicho rey Fernando VII en 2014 y, desde luego, en 2031, el centenario de la segunda República española.

El mismo 2012, y en fecha 16 de julio, tendremos tambíén que celebrar la victoria sobre los almohades, en las Navas de Tolosa. El 10 de mayo del 2013 se debería celebrar el tricentenario del Auto Acordado por el que Felipe V introdujo la Ley Sálica, por la que se daba preferencia a las mujeres en el acceso al trono, ejemplo, sin duda, del talante feminista de aquellos tiempos y que, con fidelidad digna de análisis, perdura en nuestros días.

En fin, que de posibles conmemoraciones andaremos sobrados y, si no, al tiempo.

Sobre la procrastinación y sus antítesis

En un capítulo del librito con el sugerente subtítulo "Teoría y práctica de la estupidez" (el título principal no es menos atractivo, desde luego: "La inteligencia fracasada"), José Antonio Marina repasa diferentes aspectos de los fracasos de la voluntad.

Una de las seudosicopatologías en las que se ceba el ilustre científico es la procrastinación. Define esta actitud como la persistencia en aplazar, para mejor ocasión, lo que está pendiente. El procrastinante encuentra que el momento no es perfecto para realizar lo que debe, y, en consecuencia, lo postpone. Lo que sucede -y ahí está el punto enfermizo- es que, como nunca está a gusto con la circunstancia que tiene ante sí, no lo hace nunca.

Qué diferente actitud, que no nos atrevemos a llamar enfermiza, la de que quienes, a sabiendas de que el momento no es perfecto, ni mucho menos, adelantan la realización, para sacar pecho o salir en la foto. Se pueden celebrar así cincuentenarios adelantados en un par de años, festividades recuperadas de lo profundo de los tiempos de las que nadie tenía memoria, homenajes a desconocidos que no conoce ni su padre.

 

Sobre la necesidad de cuotas masculinas

Alarmas desplegadas. La inmensa mayoría de los opositores que obtienen plaza en la judicatura, en las convocatorias para proveer vacantes funcionariales, los primeros números de las carreras de ingeniería, son mujeres. Ha caído el mito, mantenido como engaño durante siglos, de que los hombres estaban mejor dotados para competir, que su cerebro estaba mejor organizado para lo abstracto, que se concentraban mejor.

Qué mal momento. En algunos países, se está favoreciendo la entrada forzosa de mujeres en consejos de administración, gobiernos de Estado, puestos de responsabilidad -al menos, intermedios-, porque con esas cuotas femeninas, se quiere compensar un desequilibrio histórico, una injusticia.

Pero, qué error, qué inmenso error. Si alguien no lo remedia, visto lo que está sucediendo por la facilidad con que las mujeres consiguen, en igualdad de condiciones, los puestos que se deciden por oposición libre, dentro de poco, ellas coparán todos los ámbitos de responsabilidad, decisión y control.

Cuotas masculinas, ya.

Sobre la crisis económica y su alcance previsible

Tocan tambores de crisis, de corrección de previsiones a la baja. El culpable de esta desaceleración señalado es el sector de la construcción, la burbuja inmobiliaria. Se entiende bien: los precios estaban inflados, debido a que los dineros se canalizaban hacia el ladrillo, animados los inversores porque, como en el juego de la pirámide, los que iban entrando en el mercado insuflando dinero fresco, garantizaban una alta rentabilidad.

De pronto, en sueño se quebró. No se venden viviendas, y quienes hasta hace pocos meses disfrutaban de sus vacas gordas y obtenían buenos beneficios, particularmente de ahorros que no tenían, porque actuaban con dinero prestado de las entidades bancarias, ahora ofrecen sus casas por debajo de coste para salvar las hipotecas.

Nos lo creemos todo, por supuesto. Desorientados, tratamos de entender lo que está pasando, echando la culpa a otros. Aparecen términos nuevos, ininteligibles salvo para iniciados, que pretenden poner un nombre al origen del descalabro. Las hipotecas subprime, los edge funds, la madre que los parió.

Al menos, que nos sirva la enseñanza. El mercado no es la fórmula mágica. Los que nos aconsejan, nos mienten. Lo que no necesitemos, no lo compremos. Si no necesitamos el dinero, no vendamos. Y, como fórmula magistral, los excedentes, consumámoslos en lo que nos guste. Y que nos quiten lo bailado. El Dorado nunca es tan áureo como nos lo pintan. Incluso ni siquiera es áureo, solo pintarrajeado de purpurina.

Claro que, dándole la vuelta de tuerca. ¿Dónde están todos aquellos que necesitaban viviendas? ¿Por qué es necesario que los constructores vendan ahora para salvar su pellejo por debajo del coste? ¿Nos podemos creer que, puesto que el mercado ha bajado solamente un 10-15%, el margen de los constructores era tan exigüo? Y, finalmente, ¿quién está interesado en convencernos de que estamos en una crisis? ¿Qui prodest? ¿Quién sacará tajada?

Sobre los saltos laterales

El lenguaje alemán llama "salto lateral" -Seitensprung- al engaño sexual a la pareja con la que se convive. Aquí las variaciones de este ejercicio de riesgo, van desde echar una cana al aire, pasando por echar a perder el matrimonio, hasta llegar, en los casos más graves, a echar a perder el patrimonio.

En castellano, la expresión salto lateral podría interpretarse, en sentido figurado, como un desvío de atención respecto al objeto principal, un rodeo. Los expertos en semántica suelen referirse, más pomposamente, a estos circunloquios, como "arabescos laterales".

Estos saltos laterales hispanos, están admitidos por la iglesia cátólica y respaldados por el buen orden internacional, y no son peligrosos de ejecución. Los deportistas, sin embargo, practican un salto lateral que está reconocido como una de las figuras del atletismo de competición, y que, si se hace mal, puede conducir a descalabros. 

Pero, para los observadores, la vida cotidiana está plagada de estos ejemplos de la imaginación calenturienta. En especial, la política y la empresa. La razón podría ser que, como quienes están encumbrados a la obligación de decidir sobre los destinos de los demás, se supone que tienen que saber de todo, llenan su existencia de saltos laterales.

En lugar de decir simplemente: "Pues no lo sé" o, quizá, "Pregúntenle a fulanito, que es quien lleva el tema", los interpelados en público se lanzan hacia complejos desvíos de la verdad de su ignorancia, tomando decisiones que nos afectan, y que provocan daños y pérdidas económicas. Prefiriríamos que nuestros dirigentes se acostumbraran, sin temor, a decir "lo ignoro", y nos ahorrarían mucha confusión, y muchos esfuerzos para enmendar sus meteduras de pata en berenjenales de cuidado.

En estos días, hay varios ejemplos de estos saltos laterales que acabaron en quebraderos de cabeza.

Sobre los bufetes de abogados y la negociación con terroristas

Si alguien abrigara dudas acerca de la naturaleza del mundo que tenemos construído, y soportamos, existen noticias que nos sitúan perfectamente en las coordenadas reales. "Put me in the picture" (nos meten en el cuadro, como dicen gráficamente los angloparlantes).

La historia de la liberación de los rehenes del Playa de Bakio, apresados por piratas somalíes y finalmente, liberados después del pago de un rescate superior al millón de dólares, tiene las componentes suficientes para despertar nuestras alarmas.

Porque nos hemos enterado que un despacho de abogados británico, designado desde Somalia por los delincuentes, ha actuado de mediador, negociando la cuantía del rescate, y encargándose de la designación de una entidad bancaria en la que debería ser entregado el dinero, para su distribución a los distintos implicados en el negocio, previa deducción de los honorarios por su intervención profesional.

Somalia es una hija un tanto deforme de la idea de los protectorados británicos, en los que, según la Constitución de este país, el islam es la religión oficial y la aplicación de la sharia el fundamento legal de las actuaciones jurídicas. La pobreza del país, su descomposición tribal, la posesión de abundante armamento occidental por mercenarios sin escrúpulos y nerviosos con el gatillo, unido a la presencia de desprotegidos barcos pesqueros que faenan en las ricas aguas del Oceano Indico, ha dado lugar a una combinación idónea de riesgos y oportunidades.

El Golfo de Guinea y el Cuerno de Africa son, hoy por hoy, buen sitio para hacerse ricos, tanto para armadores como para piratas.

De entre las muchas cuestiones sorprendentes de la historia recientemente vivida, extrañan, al menos, las siguientes: Por qué el Gobierno español ha tenido una intervención en el asunto, cuando, a lo que parece, todo se limitó a una negociación entre armador y representantes de los secuestradores; Por qué el Gobierno español manifestó tanta satisfacción cuando fue liberado el barco y su tripulación; Qué es lo que va a hacer ahora las fragatas, helicópteros, Geos y otro personal de apoyo, y cómo se va a arbitrar el seguimiento de los secuestradores; Por qué no se ha dado orden inmediata de paralizar el dinero entregado, si es que este lo ha sido por vía bancaria y qué caminos ha seguido hasta llegar a los bandidos o sus representantes e intermediarios...

Pero, sobre todo, nos preguntamos, a qué principios éticos obedece la actuación de los abogados británicos que actuaron en el caso y que, dada la celeridad con la que se movieron sus hilos, no parece haber dudas de que estaban en contacto previo con los piratas. ¿Cómo se negocia en nombre de unos delincuentes?

Nos podemos imaginar el encargo profesional: "Necesitaríamos la mediación para cobrar un secuestro que nos proponemos hacer en los próximos días. El dinero habrá de ser entregado en nuestra cuenta en el Banco XX y la cantidad no deberá, en ningún caso, bajar del millón de dólares. La comisión para el bufete será del 15%, con un plus del 20% a partir de esa cantidad. "

Sobre los peligros del aceite de girasol y su trazabilidad

La Agencia española de seguridad alimentaria ha alertado el 25 de abril de 2008 sobre el riesgo de consumir aceite de girasol procedente de Ucrania. Contendría hidrocarburos tóxicos que, aunque en proporciones pequeñas, sería susceptible de causar efectos dañinos sobre la salud humana si se consumieran de forma regular.

Al no poderse detectar todavía las partidas concretas que están contaminadas, el representante del Ministerio, siguiendo instrucciones, se dice de la Comunidad Europea. ha desaconsejado cautelarmente el consumo de este aceite, recomendando a los consumidores que posean alguna botella del líquido que aguarden hasta que se completen los análisis ordenados y se divulgue las marcas que pueden consumirse sin riesgo. Lo que se hará, parece, en unos días.

Se justifica desde las autoridades españolas que origen del aviso de riesgo proviene de las unidades de vigilancia francesas. Parece que desde últimos de febrero, Francia, que es el puerto de destino europeo del aceite uncraniano, en donde se someterá a las operaciones de rectificación, andaba ya con la mosca detrás de la oreja.

Sin embargo, lo que se está haciendo ahora en Francia es recoger en la prensa la noticia de la decisión española, sin hacer ninguna referencia a medidas en el propio país, tal y como si el asunto no fuera con ellos. La confusión reina en el tema. Se diría que el síndrome del aceite de colza, contaminado con anilina, que causó la muerte de centenares de personas y la desgracia de varios miles en 1981, gravita sobre la decisión adoptada aquí..

La alerta del responsable de la Agencia, transmitida por la cadena SER, ha generado un clima de inseguridad ciudadana, y, como suele suceder, también de inseguridad jurídico-económica, ya que los daños que se están causando sobre la industria alimentaria son, además de incalculables, muy altos, y habrán de ser reclamados a algún culpable del desasosiego.

Ucrania -dentro de los países de la antigua URSS- es el primer productor mundial de aceite de girasol y la Unión Europea, el principal consumidor (alrededor de 2,5 millones de toneladas anuales). En España, el consumo de este aceite, mucho más barato que el de oliva, ha subido de forma espectacular.

Nos parece que el Ministerio de Sanidad ha aplicado con precipitación el principio de precaución y que debería haberse coordinado con los demás países presuntamente afectados, para tomar una medida idéntica en todos ellos. Además, si el riesgo era mínimo y localizable tras una investigación cómoda, lo prudente hubiera sido esperar unas horas.

Lo que resulta, además, inexplicable, es que las autoridades francesas, si han detectado en febrero alguna irregularidad en el aceite de girasol ucraniano, no hayan ordenado más análisis de inmediato (entonces) y paralizado las partidas dañadas. Por no hablar de la cuestión misteriosa de la "contaminación con hidrocarburos", como si pudiera identificarse esta genérica denominación de productos químicos con sustancias peligrosas.

Antes de causar alarma, debería haberse realizado la detección exacta de las partidas contaminadas, teóricamente factible gracias a la trazabilidad de los productos de consumo sanitario, que es obligatoria en la Unión Europea, y de la que estamos orgullosos. ¿O no?

 

 

Sobre la oportunidad de una Visa para católicos

La idea se nos ocurrió al comprobar que en la mayoría de los templos católicos españoles se ha impuesto la condición de pagar una entrada para acceder a su interior. Ya no es posible entrar en las iglesias como parte del itinerario turístico. Un tenderete adecuado a la entrada, con un@ cancerber@ provisto de talonario y que también aprovecha para vender estampas y fotografías del interior, advierte que no es posible alegar únicamente la profesión de la fe católica para introducirse a la piadosa -o simplemente curiosa- contemplación del resultado de siglos de donaciones y bienventuranzas temporales.

Hay que pagar y, además, está prohibido hacer fotos: esto último, no porque se deterioren los bienes culturales guardados, sino porque se han vendido los derechos de reproducción a una agencia de publicidad.

Simultaneamos esta reflexión, nada irreverente, como se comprende, con un hecho simultáneo: la firma del consejero de Sanidad de la Comunidad de Madrid, Juan José Güemes y el obispo auxiliar de esta diócesis, Don Fidel, procurando la asistencia religiosa en los centros sanitarios de la Villa y Corte, y la participación en los comités de ética y cuidados de un representante de esta formación católica. Hay que suponer que el Convenio supondrá alguna forma de compensación económica por tales desvelos.

Pues bien: proponemos la emisión de una tarjeta para los católicos, que se emitiría en colaboración con alguna empresa especializada en concesiones crediticias -valga, como ejemplo popular, Visa-. Daría acceso gratuito a la visita de los templos y a determinadas rebajas en la administración de sacramentos y otras utilizaciones de los lugares sagrados. Quizá incluso podría servir para reducir los tiempos de espera para encontrar fechas libres para bodas y bautizos, además de facilitar -porqué no- la confesión por correo electrónico, con la correspondiente clave intrasferible.

Por supuesto, aquellos devotos -por convicción o tradición- que sigan poniendo la x en la casilla de la declaración a Hacienda por la que decidan subvencionar las obras pías de la Iglesia católica, obtendrán, de forma automática y gratuita, su tarjeta, con incorporación de la unidad familiar en pleno.

Otras religiones también podrán ofrecer a sus fieles y admiradores las mismas o parecidas ventajas, siempre que gocen del imprescindible plácet de nuestras Administraciones pùblicas. No se trata de discriminar a nadie, sino de ofrecer a todos los que tengan fe, la posibilidad de rentabilizarla en este mundo.

Sobre Juan Gelman, premio Cervantes 2007

Juan Gelman es un hombre al que las circunstancias convirtieron en poesía, modelándolo a golpes de dolor, tristeza y sinsabores, haciéndolo símbolo para muchos argentinos y bastantes latinoamericanos. Símbolo de resistencia, de honestidad personal, de dolor vital expresado, no a gritos, sino desde la calma de lo que uno sabe que no puede controlar solo.

Cuando a Juan Gelman le concedieron el Premio Cervantes, seguro que han sido muchos los que se lanzaron a conocer algo de lo que escribía este autor, definido como poeta, aunque también ha sido cronista de una época que nunca deberá repetirse de la historia reciente argentina. Las alabanzas se precipitaron sobre él y su obra, aunque Gelman es un escritor muy premiado.

Algunos empezaron a fijarse en su rostro, en su actitud, en la forma de responder a los halagos. Juan Gelman parecía cansado, dijeron.

Hay una blog que habla mucho de Gelman y que surgió en el 2000 desde la intención de un admirador, Marcelo, simpatizante de Amnistía Internacional, de ayudar al abuelo-poeta a encontrar a su nieta, desaparecida cuando la dictadura argentina. Quizá leer su biografía ayude a entender algo más sobre sus razones vitales. Pero es en su obra literaria donde un autor nos muestra la parte del misterio de la existencia que le correspondió desvelar a sus lectores.

Gelman se mueve con galones de visitante ilustre y un aspecto físico actual de tímido solemne -él, que batalló en campos donde había que apretarse los machos para no saltar desvencijado-, por los pisos donde habitan la poesía y el periodismo -utilizamos su metáfora-.

Puede que la mayoría se contenten con saciar su curiosidad conociendo algo de su vida, intensa y dura. Otros, se animarán a leerlo. Nunca será tarde. "Se puede entonces volver a casa/y no buscar soluciones,/entrar en uno mismo/como una visitación" (Juan Gelman, A Mara)

Sobre el debate interno de los partidos políticos

El debate dentro de los partidos, tanto en sus contenidos ideológicos como para elegir a los miembros claves de la organización, es una exigencia prevista constitucionalmente en muchos países, como garantía de su democracia interna.

La realidad es, por supuesto, otra. Hay partidos en los que sus estatutos ofrecen tales trabas a los candidatos posibles -un número de compromisarios que avale su candidatura, por ejemplo, superior al 15%- que pocos se atreven a oponerse al que tiene en un momento dado el poder y, cuando lo hacen, suelen cosechar un cruel descalabro: en todas las organizaciones, los miembros prefieren mantener la continuidad, apuntándose a la fidelidad al oficialismo reinante.

En España, el debate ideológico en los diferentes partidos -mayoritarios o no-  ha dado poco juego. Y, cuando el novato ha tumbado al senior -recordamos lo sucedido cuando "el guaje" se enfrentó a Santiago Carrillo- la crisis se ha ahondado, porque el aparato utiliza sus formas de resistencias y el nuevo no logra salir de la sensación de ser pulpo en un garaje.

Esperanza Aguirre quiere debate ideológico en el PP, después de las perdidas elecciones, y Mariano Rajoy le invita a formar un partido propio.

Mejor lo hizo -en este sentido figurado- José Luis Rodríguez Zapatero que, para reformar ministerios, se retiró con un par de fieles a Doñana y allí decidió unir Agricultura y Ambiente, mandar el Registro de Títulos Universitarios a Investigación Biotecnológica, crear un Ministerio de Igualdad para defender a las mujeres maltratadas con buenas palabras y envió a opinar sobre la guerra a una mujer embarazada de siete meses.

Pero el debate ideológico, cuando es largo y cruento, acaba minando al propio partido. Es lo que parece estar sucediendo en los Estados Unidos, en donde el despedazamiento entre los candidatos demócratas Obama y Clinton (Hillary) está propiciando la polarización del electorado propio, con un McCain sentado cómodamente a la espera de ver pasar el cadáver político de su enemigo, ganador en estas primarias tan esclarecedoras sobre los verdaderos intereses del partido más grande del planeta, como oscuras para generar la confianza unánime de los votantes en el vencedor de esa lucha fraticida.

Sobre el currículum (y 2)

(Para facilitar su lectura, hemos dividido el post Sobre el currículum en dos partes)

Como el cuerpo humano, que consta de cabeza, tronco y extremidades, un currículum consta de apellidos, dinero e influencias. El que se adorne con títulos universitarios, reales o ficticios, con obras heroicas o con puñaladas por la espalda, ya depende del gusto de cada uno.

Unos buenos apellidos, sonoros y diferentes, son el elemento sustancial del currículum. En teoría, todo quisque podría inventarse los suyos, pero lo más conveniente es que se hereden. Si por enlaces matrimoniales poco cuidadosos corrieran el riesgo de perderse, han de mantenerse encadenados con guiones y, aún mejor, dotarse con las partículas "de", "von" o apóstrofes y acentos circunflejos.

No ha sido bien analizado porqué, en todos los países, hay tan pocos apellidos diferentes y solamente unos pocos lucen nombres que los identifiquen inequívocamente. Resulta que, contrariamente a lo que se piensa, los Fernández, Smith, Schneider o Petit tienen árboles genealógicos que echan sus raíces en lo más profundo de los tiempos y, por contra, cuanto más sonoros, más modernos son los brotes.

Si Vd. pertenece a una familia con apellido diferenciado, y la rama de la que procede tiene consistencia, ya puede considerarse con currículum hecho y derecho. Esto vale tanto en democracia como en dictadura, porque, al fin y al cabo, se trata de matices.

El segundo aspecto importante del currículum es el dinero del que su portador disponga. Entiéndase, los bienes terrenales puestos a disposición de los antojos del sujeto. En otras épocas, el apellido solo podría servir para ir tirando, pero ahora es imprescindible acompañarlo de la pasta.

No importa cómo se hayan conseguido esos dineros. Pero si, por desconocidos caminos, el iniciador de la riqueza familiar es Vd. , lo aconsejable es que trate de disimularlo, salvo que su capital provenga de la droga o de la más profunda economía sumergida. Le prevenimos: en algunos lugares, jueces desaprensivos se dedican a la caza de los currícula y sería lamentable que Vd. cayera como una de sus víctimas propiciatorias. Esconda su riqueza detrás de los muros de la discreción.

En fin, está la cuestión de las influencias, tercer elemento del currículum. Nos referimos a los amigos, el grupo de semejantes, aquellos con los que se crean los lazos de identidad de propósitos, creencias, propiedades o prebendas que defender. Nunca vaya solo con su currículum, porque se expone a que lo asalten y le dejen en pelotas.  De nada le valdrán ni los apellidos ni el dinero si no camina en grupo de semejantes.

Si carece de todos los elementos que componen un currículum áureo como el que tenemos descrito, cuando un desconocido le pide que le enseñe su currículum, desconfíe. Especialmente, si, además del currículum, le pretenden someter a un examen sicotécnico.

Sobre el currículum

Contrariamente a lo que mucha gente cree, el currículum no nace con la persona. Algunos ya traen una buena parte de su currículum debajo del brazo, a la manera del pan ése que se decía que adornaba el sobaquillo de ciertos recién paridos. Otros no consiguen hacer currículum a lo largo de toda una vida, por mucho que se empeñan.

Incluso, hay a quienes se les reconoce el currículum cuando están ya criando ortigas, circunstancia que poco aprovecha a los difuntos pero que es utilizada por algún vivo para hacer crecer el suyo, convertido en una planta saprófita del árbol caído en la batalla por la supervivencia entre canallas.

Para conseguir un primer trabajo, se ha puesto de moda exigir que el aspirante presente su currículum, y hay especialistas que enseñan a redactarlo convenientemente. De las actividades más modernas a las más antiguas; concreto y limpio. 

Ya se puede uno imaginar el esfuerzo que significa contar algo cuando no se tiene nada que decir. Ese primer currículum, en realidad, sirve para poco. Quizá, en otros momentos, haya que volver a redactar el currículum: para acceder a una beca de investigación, optar a un premio nóbel, o cosas así. Entonces el currículum deberá detallarse hasta la minucia, pues tiene más valor cuanto más extenso y, por supuesto, lo que se haya hecho en inglés, cuenta triple.

Estas disquisiciones previas enmarcan el propósito de este comentario, eliminando falsas ideas respecto al currículum. Porque el verdadero currículum, el que cuenta con pedigree -aunque esta expresión parezca una redundancia-, no necesita escribirse. Es. Se podría identificar como un aura que acompaña a determinados individuos, algo que se percibe aunque no esté delante. Ese buen currículum tiene vida propia y va por delante de su portador, como un vocero, haciéndole sitio.

Inconscientes de ello, hay ingenuos que pretenden forjarse su currículum a base de sudar la gota gorda, acumulando esfuerzos y conocimientos. Trabajo de Hércules. En cada generación, hay escaso lugar para currícula de ese tipo, y lo normal es que cuando uno llega al objetivo con su currículum debajo del brazo, pensando que le corresponde una silla, compruebe que ya están todas ocupadas por gentes que llegaron mucho antes; puede que tuvieran el sitio reservado desde antes de que llegaran a este mundo.

Y es que incluso aquellos buenos currícula que no están predestinados, se adjudican tempranamente. Al terminar la adolescencia -los veinticinco años- si Vd. no ha conseguido forjarse el suyo, lo más probable es que, haga lo que haga a partir de entonces, su currículum no valdrá una mierda.

Sobre la piratería somalí y la condescendencia internacional

Un pesquero español -el Playa de Bakio- que faenaba en aguas internacionales en el Oceano Indico ha sido apresado por piratas somalíes, con la intención de pedir un rescate a los armadores.

No es la primera vez que, en aquella zona, y como si nos hubiéramos vuelto a los tiempos de los bucaneros, los señores de la guerra procedentes de Somalia, toman rehenes de los países prósperos, para sacarles unos dineros. Tripulando una lancha rápida dotada de lanzagranadas y otros adelantos, grupos de ex-combatientes, guerrilleros en excedencia y delincuentes sin escrúpulos, se lanzan a la caza de barcos atuneros y yates de recreo.

Algunas voces se han quejado de que España no hubiera intervenido militarmente, enviando a la zona una fragata y sometiendo a un duro correctivo a estos piratas. El ejemplo de Francia, que mandó a sus geos para liberar el yate Ponant a principios de abril, se toma como referencia de actuación.

No se puede contar con el gobierno de Somalia, uno de los países más pobres de la Tierra, que bastante tiene con agarrarse a los sillones. Pero tampoco se puede convertir la zona, para combatir a delincuentes, en un campo de escaramuzas ni será posible que cada país se encague de proteger de forma permanente a sus barcos en la zona  de forma individualizada. Es caro, es desproporcionado, es inútil.

Nos parece que la vigilancia de la zona tendría que encomendarse a una o varias fragatas de la OTAN, lo que supondría una actuación permanente, coaligada y con  claro efecto disuasorio, gozando además del necesario apoyo internacional. Contra estos piratas de nuevo cuño, más que actuaciones aisladas, con desembolsos importantes y éxito problemático, procede una medida conjunta.

Un organismo internacional como la OTAN, que ya tiene presencia en el golfo Pérsico, parece la entidad más adecuada para poner orden. La decisión debiera ser adoptada lo antes posible, pero nos tememos que la situación creada contra el barco español habrá de resolverse practicando el arte de negociar y consiguiendo una rebaja de los ladrones, para que sean liberados los rehenes.

Después, y una vez localizados los piratas, y con la colaboración somalí, cabrían otras medidas más contundentes.

Sobre los deportes de masas

Los latinos hacemos poco deporte, pero nos enviciamos mucho. Las canchas preparadas en los barrios de las poblaciones para que los ciudadanos quemen energías y moldeen sus michelines, después de unos primeros ardores, se van quedando vacías.

Parece que los chavales prefieren imitar a Alonso, Hamilton o Raikonnen compitiendo en carreras suicidas por caminos secundarios sentados en los coches de papá o liarse a bofetadas y navajazos para defender un tramo de la acera frente a sus hipotéticos rivales. El deporte preferido de los mayores es sentarse ante la televisión con un par de cervezas y proferir gritos variados animando a distancia a su equipo favorito.

El fútbol, el tenis, el automovilismo son, pues, deportes de masas. Esto quiere decir que, cuando se difunde una competicición  en la que haya alguna posibilidad de identificación personal de espectador con el deportista que corre, pelotea o conduce, habrá millones de personas pegadas a la pantalla.

Pensamos que haría falta activar la utilización de esas canchas de barrio, repoblar de verdaderos aficionados al deporte y atletas reales o potenciales los estadios, activando competiciones, formando a los más jóvenes, perfeccionando estilos, estimulando a todos. Pretender que solo dejando un terreno con un par de porterías oxidadas o dos cestas a altura reglamentaria, basta para atraer a los niños al deporte, es ingenuo, porque hay estímulos más fuertes para ellos que salir a la calle para pelotear un rato.

No nos engañemos. Asistir regularmente a espectáculos deportivos de otros, por supuesto, no hace deportistas. Tampoco cubrir un terreno con una capa de asfalto y confiar que el tiempo haga el resto. No hay deportes de masas. El ejercicio deportivo es individual y su disfrute y esfuerzos, intrasferibles.

Sobre la energía eólica y su impacto ambiental

El crecimiento de parques eólicos en España ha sido espectacular. Pocas crestas montañosas se han visto libres de estos molinos de vientos que han pasado de ser alabados por los ecologistas a vituperados por todos los preocupados por el deterioro del paisaje.

La energía eólica tiene fieles convencidos y detractores furibundos. Los primeros argumentan que es una forma barata de producción de energía, limpia, tecnológicamente dominada y que, cuando no se necesite, siempre se podrán desmontar sin dejar huella alguna en el paisaje; además, han significado ayudas económicas para las poblaciones en donde se instalan los aerogeneradores.

Los detractores subrayan el deterioro paisajístico que producen, los daños a la fauna -ahuyentada por los ruidosos mecanismos, cuando no víctima de las.paletas- y el enriquecimiento ilícito que están produciendo en las empresas, que se favorecen de unas subvenciones desemesuradas; pero es que, además, la energía eólica, dada su producción discontinua, no puede vivir sola: necesita de una forma de energía complementaria que garantice el suministro eléctrico cuando no sople el viento y, si sopla, como no puede almacenarse la producida entonces, hay que cederle el sitio. La eólica sería como la prima dona de las alternativas energéticas.

El RD 661/2007 ha modificado el margo regulatorio de las energías alternativas, reduciendo las primas a la producción eólica, creando un período transitorio para las instalaciones entonces existentes, y propiciando dos regímenes alternativos, con una tarifa regulada de 75 euros por Mwh y una prima de 30 euros por Mwh, durante 20 años, con un cap de 87 y un floor de 73 euros, a partir de enero de 2008.

Las empresas inversoras en eólica se han venido aprovechando de la diferente regulación para instalaciones que no alcancen los 50 Mw, con primas superiores y que no precisaban de una declaración de impacto ambiental.

Diversas asociaciones ecologistas han denunciado que se estaban instalando parques de gran capacidad, utilizando las mismas infraestructuras y obviando la declaración ambiental, causando graves daños a la fauna y al paisaje. Se acaba de conocer un primer fallo de los Tribunales de justicia, dando la razón a los reclamantes, y denegando la autorización para 366 aerogeneradores ubicados en Galicia, Orense, en una zona protegida.

Como ha sucedido también con la producción de energía con base en biomasa, las voces discrepantes, con fundamentos serios, están poniendo el dedo en la llaga de la necesidad de ser ponderados en la entrega incondicional hacia nuevas formas de producción energética, de indudable valor dentro del nuevo mix, pero que deben ser estudiadas con toda seriedad, evitando el enriquecimiento aprovechado de quienes se pretenden aprovechar de la falta de control administrativo y de la repentina devoción hacia todo lo que se vende como "verde", que es también el color de algunos billetes.

Es cierto que la prima eólica durante 2006, con una producción eléctrica de 23.870 GWh, supuso 922 millones de euros. Se han creado empleos nuevos y se han ahorrado costes por la menor producción de gases de efecto invernadero. Pero la carrera por el incremento desmesurado del parque eólico debe contar con elementos de contención, para evitar que nuestro paisaje se pueble de aerogeneradores, tecnología que carece de riesgos para los productores, y cuyas externalidades no han sido adecuadamente valoradas.

Sobre el Pazo de Meirás y sus propietarios

El Pazo de Meirás fue regalado a Francisco Franco en 1938 por un grupo de próceres fieles, entre los que figuraban el gobernador civil, el alcalde de La Coruña, y el banquero Barrié de la Maza (luego Conde de Fenosa). El general de la República llevaba ya dos años haciendo de golpista por la g. de Dios y por España, y estaba próximo a convertir a la patria hispana una unidad de destino en lo universal.

Ganada, como es sabido, aquella guerra por una de las dos Españas que se habían conformado para la infausta ocasión, y sucedidos cuarenta años de paz y resistencia amargas, el dictador murió en su cama y su hija heredó lo que tenía. Entre los muchos bienes acumulados, figuraba el Pazo de Meirás.

Hoy, la Xunta de Galicia solicita la reversión de aquella propiedad al dominio público. Solo que el Pazo se conformó con varias anexiones. El edificio y una pequeña superficie fue adquirido a los herederos de la escritora Pardo Bazán, que no discutieron mucho el precio, pues habían incluso pensado en donárselo a una orden religiosa. Los terrenos se ampliaron con "donaciones" de los vecinos al Caudillo, y ventas de bonos, que, dadas las características de la época, no es difícil imaginar que la operación se realizó bajo presión y temores de represalias.

En fin, que la cuestión de la reversión por incautación indebida o iligitimidad adquisitiva tiene amplias implicaciones y suscita graves controversias jurídicas, además, de haber despertado el frasco de las esencias de las opiniones populares.

Hay vecinos que creen que es mejor no menear la cuestión y dejar el Pazo en el disfrute de los descendientes de Franco. Otros, desempolvan las circunstancias en las que fue donado, reclamando la devolución de las tierras a los propietarios de entonces, y la incautación del Pazo por el Estado, alegando que se compró con impuestos ilegítimos.

No nos parece que, emociones aparte, sea una cuestión de resolución sencilla, en el sentido de exigir a sus actuales propietarios su devolución al Estado o, en el caso de las propiedades adyacentes, a los herederos de los donantes forzosos -cuya voluntad, en todo caso, no será posible probar en la mayoría de los casos, sino en todos, pues habrán fallecido.

La familia Franco y el propio dictador han disfrutado de posesión indisputada durante más de cincuenta años, trayendo la propiedad su origen de una donación. Suponemos que, además, está debidamente escriturada en el Registro la propiedad del Pazo, dando fe de que pertenece a los Franco.

Pretender que la propiedad tiene un origen espúrio, por provenir de un levantamiento faccioso contra el poder legítimo, supondría incidir en la propuesta de revisión de un período de la Historia reciente española que, de tener refrendo judicial, abriría el debate sobre muy diversas propiedades conseguidas en ese época por los vencedores de la contienda y multitud de irregularidades cometidas. Estamos hablando de irregularidades jurídicas relacionadas con el derecho a un disfrute pacífico de la  propiedad, no ya las gravísimas represiones, coacciones o juicios sumarios y depuraciones de contendientes vencidos.

Espinoso asunto, desde luego, sobre el que no cabe hacer una pronunciación legal, sino de naturaleza política y no exenta de suscitar multitud de reacciones dispares.

Lo mejor para cerrar la herida ahora reabierta, sería que la familia Franco, consciente de la reacción popular y para tratar de congraciarse con la mayoría, en un gesto que cabría calificar de honroso, cediese la propiedad al Estado, para que se dispusiera en el Pazo una Fundación o un Museo. Los hipotéticos derechos de los herederos que dicen haber sido coaccionados para donar sus tierras, podrían ser simbólicamente compensados con una fiesta popular. Al fin y al cabo, se trata del principio de coherencia con los propios actos, y las actuaciones dictadas por el "miedo insuperable", prescriben también -hay democracia desde 1978- y la acción de reversión no es invocable por los herederos del presuntamente perjudicado.

 

Sobre el español como lengua unificadora y las culturas regionales

Los tiempos modernos están dando al traste con uno de los logros mayores con los que comenzó la modernidad en España: la unificación linguística.

No pretendemos hacer menosprecio de las variadas versiones del latín que, con mayor o menor evolución y contaminaciones producidas por la orografía, han llegado hasta aquí, la mayor parte, heridas de muerte. Todas las lenguas, vivas y muertas, tienen el inmenso valor de haber servido o servir para comunicarse, ser vehículo para expresión de las ideas, los sentimientos, y se constituyen por ello en la base imprescindible para trasmitir los matices del placer, los contenidos de la ciencia, la riqueza de las situaciones.

Pero nos parece lamentable que se esté retornando hacia la situación que, tan simbólica como cruelmente, ha reflejado el Antiguo Testamento en el relato de la Torre de Babel. Los españoles habíamos conseguido tener, felizmente, una lengua única para la comunicación en todo el territorio, para entendernos todos con todos. Circunstancias históricas añadidas, cuyo análisis no queremos hacer ahora, nos habían dejado el regalo adicional de que el español fuera también el elemento de comunicación entre muchos otros pueblos, convertido en la segunda lengua mundial.

Una preocupación que se vende como restauradora de un desequilibrio y una dominación, pero que, al ser extemporánea, aparece como interesada, egoísta, carente de verdaderos propósitos globalizadores, pretende destruir esa unidad lingüistica, forzando la educación de niños y jóvenes en una lengua de difusión menor. Es una mezquindaz ideológica, un daño para esos educandos. La lengua es, sobre todo, base para la comunicación, Por su naturaleza, sirve de elemento portador de la cultura, pero es discutible que sea, por si misma, ella misma cultura.

Si se pierde el español como lengua común para entendernos en las tierras de España habremos perdido mucha fuerza para avanzar conjuntamente. El correcto conocimiento del catalán, del euskera, del galego, o del bable, no deben impedir el pleno y exacto conocimiento del español. Ante todo, tenemos que saber hablar y escribir perfectamente el español. Es nuestra lengua común, es lo que nos hace posible entendernos.

Los que quieren que nos miremos en el ombligo del pasado para buscar allí las borlas de una supuesta riqueza cultural diferenciada, nos están impìdiendo mirar limpiamente hacia el futuro. Español, inglés, árabe, chino, esperanto, ..., cualquier lengua que nos permita entendernos con el otro, con cuantos más mejor, afirma nuestra inteligencia, nos ayuda a ser pacíficos y mejora la creatividad de todos.

Sobre la forma de no perder tiempo renovando el carné de conducir

Supongamos que Vd. recibe la comunicación de la Jefatura de Tráfico de que su carné de conducir está a punto de caducar. Le quedan solo dos meses para renovarlo, pero, dentro de la filosofía de facilitar a los ciudadanos el cumplimiento de sus burocráticas obligaciones, Vd. podrá hacerlo, cómodamente, por correo.

Para ello, solo tiene que seguir cuatro pasos: a) obtener un certificado de idoneidad -algo así como un certificado médico, pero adaptado al objetivo-; b) pagar en Correos la tasa de renovación que se le indica en el impreso, c) sacar un par de fotografías de su careto, y d) enviarlo todo, con un sobre con su dirección correcta, a la Jefatura de Tráfico de su provincia.

No tiene, después, más que sentarse a esperar. Si pasan los dos meses y no le llega el nuevo carné, es posible que el cartero lo haya devuelto a Jefatura o se haya extraviado. No problem. Vaya a la sede de ese órgano de la administración, proteste, dilucide lo que pasó y/o repita el itinerario.

¿Que le parece muy complicado?. No exageremos. En realidad, el trámite primero le llevará apenas cinco minutos (salvo desplazamientos). Personado en la agencia habilitada, deberá pagar unos 15 a 20 euros por ese papel en donde le certifican no se sabe muy bien qué respecto a su vista y salud.

El trámite es la parte sustancial del proceso -renueve por correo como en persona-, pero esféricamente divertida. Con suerte, en uno de esos centros especializados le harán juguetear con una maquinita a adivinar cuándo una bolita debió pasar por una cajita, avanzando a varias velocidades. O puede que le pidan que adivine si esa bolita (u otra) tocaría o no con una línea diagonal oculta en la pantalla. Incluso cabe la remota posibilidad de que le tomen la tensión y le hagan una prueba ocular. Pero lo más probable es que solo le cobren el dinero y le estampen una firma en el certificado.

El segundo paso, debido a la saturación de las estafetas de correos, le llevará más tiempo. Para pagar las tasas deberá hacer cola en un apretado espacio, junto a los que van a comprar sellos, recoger paquetes, informarse, poner buro-fax o pasar el rato. Seguro que alguno de sus antecesores en la cola será un empleado de una empresa de seguros que llevará doscientas cartas para sellar y certificar.

Y, además, tendrá que hacerse las fotografías, sin contar con que corre el riesgo de que se le pierdan todos o alguno de los papeles.

Nuestro consejo: vaya a la Jefatura, con el certificado ése, con las fotografías que se haya hecho Vd. mismo con la cámara digital y la impresora a color y con las pelas. Si está en Madrid, el lugar es Arturo Soria 125. Directamente a la caja -la de particulares-, que está semioculta en el primer piso, según se entra a la derecha.

No haga ninguna cola. Le darán en caja un número para el segundo piso. Si ha ido a primera hora de la mañana, es posible que no tenga que esperar ni diez minutos, tiempo adecuado para leer el periódico. Cuando le toque su turno, un funcionari@ posiblemente con cara de lunes le pedirá el DNI y el viejo carné de conducir, los mirará displicentemente, y despegará la foto que, cumpliendo instrucciones del papel, Vd. habrá pegado en el impreso. Le dará entonces un resguardo válido por dos meses.

Y a esperar que reciba el nuevo carné, impoluto y plastificado, en su casa. En otro caso, si no lo recibe, vuelva a empezar por alguna parte.

Sobre la muerte y otras incomodidades

De entre las incomodidades que nos vemos obligados a soportar, forzados por nuestra débil naturaleza, la de la muerte es la más dura. No nos referimos, obviamente, a la muerte propia -que ésa tampoco es para tanto, tratándose de un episodio indisociable de nuestro currículum-, sino a la de los otros y, más especialmente, de aquellos que no forman parte de nuestra familia ni pertenecen al círculo de nuestros amigos verdaderos

Quizá ya adivine el lector por dónde vamos. Estamos tratando la cuestión desde la perspectiva de la muerte de los otros, considerada como un trabajo adicional, una carga, como consecuencia del acto social que nos demanda una parte de nuestro valioso tiempo libre.

Hay quienes lo tienen perfectamente organizado, conscientes de la relevancia de cumplir adecuadamente con esta pejiguera. Conocemos el caso de directores de personal o ejecutivos de grandes empresas que incorporan a su agenda todos cuantos funerales se refieren a los allegados de sus empleados distinguidos y, por supuesto, no se pierden ninguna de esas ocasiones de manifestar un rostro compungido y derrochar unas palabras ininteligibles pero cariñosas sobre el hombro de los deudos, sin importarles un bledo la veracidad de los sentimientos expresados.

Los funerales -y no solamente desde el rito católico, porque, en este punto, todas las religiones que se precien conceden singular valor al acto de acompañar con pompa a los muertos en su camino al olvido, de la mano de Carón- con actos de significado totémico para nuestras sociedades.

Hay que hacerse ver, y no en relación con el difunto, sino con los vivos. Ni siquiera la familia del finado juega un papel sustancial en este escenario, porque la representación del duelo se dirige por lo general hacia otros lados. No pierda ocasión de asistir al espectáculo de alguna de las próximas manifestaciones de duelo -así las llaman- que, al no afectarle, pueda ser vista desde la distancia. Le aconsejamos alguna según el rito católico.

Observe quiénes ocupan las primeras filas, cómo se tuercen los cuellos durante la ceremonia, tratando de descubrir conocidos y detectando las piezas sociales sobre las que hacerse ver, traduzca en influencias la precipitación de algunos asistentes para estrechar a la familia del difunto; compruebe incluso las formas de devoción que les llevan a no desdeñar cualquier protagonismo, en el reparto de la comunión, en la firma en el libro de condolencias, en la lectura de oraciones, en los apretones de manos en la transmisión de la paz, en el tono de los cánticos devotos.

 

Sobre el valor de la experiencia

Son varios los ejemplos que pueden encontrarse en la vida social y económica española. La realidad muestra que aquí, con cincuenta años uno es ya considerado mayor, es decir, viejo. Hasta los treinta años, sin embargo, se opina que es demasiado joven.

La conclusión es obvia: quedan apenas veinte años de vida útil para cada persona, considerados desde la perspectiva de la sociedad que nos rodea. Pocos serán los que a partir de los cincuenta encontrarán nuevo empleo, si lo han perdido, y serán raros los casos de quienes, no descendiendo de un árbol genealógico con pedigree, sean puestos en cargos de responabilidad.

A los treinta y un años se puede, incluso, llegar a ser Ministro, demostrando con ello que también los altos cargos públicos pueden servir para acumular experiencia útil para el resto de la vida activa. Con cincuenta y pocos años te pueden dar la patada, bajo la fórmula de jubilación anticipada, con o sin plan de reconversión, o hacerte la farsa de un despido improcedente para meterte en el bolsillo cuarenta y cinco días por año trabajado, con máximo de dos anualidades.

Lo más curioso es que la sociedad no se ha dado cuenta de quién pierde. Esos millones de maduros sin sitio en la sociedad, deambulando por las calles sin rumbo fijo o, si más afortunados en sus ahorros, acumulando viajes de recreo tras otro hasta la extenuación de sus rencores, son un despilfarro y, también, una vergüenza.

Quizá una cosa traiga como consecuencia la otra. Si despreciamos lo que pueden hacer por nosotros los que ya acumulan la experiencia, el saber hacer y la tranquilidad de veinte, treinta o más años de actividad y de trabajo, tendremos que acudir al señuelo de los que exhiben su juventud, su belleza y su frescura indómita.

Si a unos les negamos la responsabilidad para dársela a los otros, con aún débil currículum, pero con fuerte empuje para probar en donde equivocarse, no debemos extrañarnos después de lo que pase.

Hemos aumentado la esperanza de vida, para incrementar la desesperanza de quienes ven que la sociedad cree no necesitarlos, y propiciar la acumulación de errores en viejas piedras del camino, porque los que podían habernos advertido de su presencia están pescando carpas o jugando a las maquinitas en el bar de la esquina.