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Al Socaire de El blog de Angel Arias

Sobre el debate interno de los partidos políticos

El debate dentro de los partidos, tanto en sus contenidos ideológicos como para elegir a los miembros claves de la organización, es una exigencia prevista constitucionalmente en muchos países, como garantía de su democracia interna.

La realidad es, por supuesto, otra. Hay partidos en los que sus estatutos ofrecen tales trabas a los candidatos posibles -un número de compromisarios que avale su candidatura, por ejemplo, superior al 15%- que pocos se atreven a oponerse al que tiene en un momento dado el poder y, cuando lo hacen, suelen cosechar un cruel descalabro: en todas las organizaciones, los miembros prefieren mantener la continuidad, apuntándose a la fidelidad al oficialismo reinante.

En España, el debate ideológico en los diferentes partidos -mayoritarios o no-  ha dado poco juego. Y, cuando el novato ha tumbado al senior -recordamos lo sucedido cuando "el guaje" se enfrentó a Santiago Carrillo- la crisis se ha ahondado, porque el aparato utiliza sus formas de resistencias y el nuevo no logra salir de la sensación de ser pulpo en un garaje.

Esperanza Aguirre quiere debate ideológico en el PP, después de las perdidas elecciones, y Mariano Rajoy le invita a formar un partido propio.

Mejor lo hizo -en este sentido figurado- José Luis Rodríguez Zapatero que, para reformar ministerios, se retiró con un par de fieles a Doñana y allí decidió unir Agricultura y Ambiente, mandar el Registro de Títulos Universitarios a Investigación Biotecnológica, crear un Ministerio de Igualdad para defender a las mujeres maltratadas con buenas palabras y envió a opinar sobre la guerra a una mujer embarazada de siete meses.

Pero el debate ideológico, cuando es largo y cruento, acaba minando al propio partido. Es lo que parece estar sucediendo en los Estados Unidos, en donde el despedazamiento entre los candidatos demócratas Obama y Clinton (Hillary) está propiciando la polarización del electorado propio, con un McCain sentado cómodamente a la espera de ver pasar el cadáver político de su enemigo, ganador en estas primarias tan esclarecedoras sobre los verdaderos intereses del partido más grande del planeta, como oscuras para generar la confianza unánime de los votantes en el vencedor de esa lucha fraticida.

1 comentario

Guillermo Díaz -

Aun cuando hay un mandato constitucional, teórícamente y sólo teóricamente existe democracia interna en los partidos políticos.
En realidad, los aparatos resuntan tan inflexibles que hacen verdaderamente difícil cualquier movimiento interno.
Todos conocemos la manida frase "el que mueva no sale en la foto".