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Al Socaire de El blog de Angel Arias

Sobre líderes y mártires en economía

No corresponde a España el papel de liderar las decisiones a tomar ante la crisis ambiental que supone la percepción de un calentamiento del planeta provocado por el aumento de la concentración de CO2 y otros gases con efecto equivalente.

De la estimada cantidad de 28.000 Mill. de t que cada año se emiten a la atmósfera, España solo es responsable del 1,1%. Cumplamos o no los acuerdos de Kioto, nuestra huella contaminante por habitante no llega a las 10 t/año, que es aproximadamente la tercera parte de lo que se permite contaminar al ciudadano de Estados Unidos y más o menos la mitad de la contribución al desastre de cada alemán.

Lejos, por supuesto, de los chinos, indios, brasileños, a los que seguro que será imposible convencer de que no ha llegado su oportunidad de utilizar los recursos propios -sean carbón o forestas-. Lo ha expresado paladinamente el representante de los G-70 más China en la convención de estos países, en 2007: "Ha llegado nuestro momento. Es de justicia".

Si incumpliéramos Kioto (andaremos por las 400 Mil t en el año 2012), el incumplimiento nos costará, a un precio de mercado posible del bono de carbono compensatorio, de 20 €/t unos 1.000 mill. de euros.

La cuestión para nuestro país se debe formular a un nivel modesto: somos acompañantes de lo que decidan los poderosos, no líderes. Nuestra posición de supuesto paladín ejemplarizador, pretendiendo incluso, que el 100% de nuestras necesidades energéticas se acaben cubriendo solo con las "energías verdes", abominando de nuclear, carbón y hasta de ciclo combinado, nos conducirá al martirologio.

Lo aconsejable sería mantener el mix energético más económico y concentrar nuestros esfuerzos en mantener el empleo, que es tanto como sostener la actual economía, apoyar la investigación y propiciar el ahorro, tanto a nivel empresarial como a nivel individual.

Hoy por hoy nos sobran unos 20.000 Mw de potencia instalada, sobre todo por razón de la innecesaria proliferación de ciclos combinados.

Hemos apoyado con más de 30.000 mill. de euros las energías eólica -de porvenir prácticamente agotado en nuevas instalaciones, dado el mapa eólico español- y, sobre todo, la solar fotovoltaica (dependiente de las horas de insolación), en detrimento del aprovechamiento de la solar termoeléctrica (que puede funcionar las 24 h). Y se ha lanzado desde el Gobierno socialista un mensaje erróneo, que perjudica la posición de nuestras empresas eléctricas y de nuestra tecnología nuclear, abominando de esta forma de energía, barata y necesaria, y que necesita de una investigación continuada para resolver definitivamente los problemas de tratamiento de los residuos y de ratificar la total seguridad de su manejo.

No entendemos la asunción del papel de mártires. Como país menor en población, pero tecnológicamente capaz, debemos atender a nuestra propia economía y prepararnos para ese momento previsible en que tendremos que competir con los grandes para ayudar a resolver su problema de desarrollo a los países emergentes. Mejoremos nuestra calidad de vida (ya alta) y apoyemos la credibilidad de nuestros técnicos. La política de oportunidad es mala consejera. No son votos de ecologistas asustados o vehementes lo que necesitamos para ser más prósperos.

Sobre los buenos guiones para películas

No hemos comentado otras veces acerca de las películas que están en la cartelera. Omisión imperdonable, porque nos gusta -nos entretiene, nos enseña- el cine y nos seduce el lenguaje cinematográfico.

Una buena película es la combinación virtuosa -esto es, nada fortuita- entre un buen guión, una dirección y fotografías acertadas y unos cuantos actores metidos con credibilidad en el papel que se les ha asignado. No hace una buena película la publicidad masiva, aunque se la emponzoñe con mensajes engañosos.

Las cosas son como son, y aunque el tiempo afecta sustancialmente al factor sorpresa, creemos en la coincidencia básica de criterios respecto a lo que es una buena o una mala película, si se emiten los juiicios libremente.

La reciente obra del excelente director español Amenábar, "Agora", nos da pie para realizar algunos apuntes, que empezamos con un mensaje: hay que verla. Es la peli que ha hecho el primero de la clase, el matrícula. Sabe todo sobre trucos, efectos, movimientos de cámara.

Pero seguimos con otro: no es una buena película.

 Agora es una obra de arte frustrada. Amenábar se ha empeñado en una obra con escenarios grandiosos, movimientos de masas importantes, pero la ha adobado en un mensaje dogmático excesivo, petulante, y, al final, fatuo, que hace que la película se le vaya por múltiples lados.

Nada que ver con las delicadas producciones del gran John Huston -ni con la pretenciosa La Biblia, a la que se asemeja, en la que el mayor culpable fue Dino de Laurentiis, o las impitaciones del Ben Hur de William Wyler. Anda más cerca en concepto visual de las adaptaciones de El señor de los anillos, de Peter Jackson, pero a años luz.

Amenábar ha sucumbido ante la idea de realizar una obra inolvidable, y se le nota demasiado la pretensión, que queda anegada por fallos evidentes. Ha combinado demasiados elementos gráficos en una sola obra, convirtiendo a la masa en protagonista y dejando a los actores sin espacio, y a la película sin argumento.

Salvo Raquel Weistz, los demás actores no tienen papel. Sobresale, desde luego, el esfuerzo de Oscar Isaac, embutido en un Orestes incongruente, apocado, insulso. E incluso el guión de la propia Raquel -magnífica en su interpretación de lo que sea, llenando la pantalla con un rostro vital, aunque diciendo tonterías y pasmándose ante lo evidente- se sostiene con muchas debilidades, a base de su profesionalidad, de su especial sensibilidad. .

En conjunto, Agora es una pretenciosa fantasía fílmica. Al faltarle suficiente argumento, no se consigue alcanzar en ella la viveza y la fuerza prescindibles para perfilar adecuadamente los personajes, que parecen figuras propias de un juego de ordenador para adolescentes, nada convincentes, recitando sus frases desencajadas, en general, del contexto o sin carga dramática, que se confía a las escenas posteriores o anteriores. Por ello, los actores se mueven como zombies por la película, sin posibilidad de expresar sus sentimientos, a pesar del uso de los primeros planos.

Y cuando la dirección pretende que algunas de las caricaturescas inflamas verbales deben haber servido para justificar el arrastre de masas de los respectivos fieles, esos movimientos fanáticos, carentes de real justificación doctrinal, confieren a la escena un aire de panfleto que mueve a risa más que a la reflexión.

El universo en el que se mueven las gentes a las que no se ha dado protagonismo está, además, vacío, es inexistente, aparecen de cartón piedra: no viven cuando salen de la pantalla. Cuando se retiran de ella, se les supone comiendo sus bocadillos de chorizo y sardinas.

Lástima de la falta de coherencia, de un guión más trabajado, de menos dogmatismo y más sutilidad y fuerza de convicción. Porque el despliegue -se advierte desde las primeras imágenes- es magnífico, costoso, arriesgado. Suponemos que Amenábar y los que arriesgaron su dinero con la película habrán tenido asesores. No les han asesorado bien, porque debieron aconsejar que el guión fuera más trabajado.

La película se cae, en fin, y muy pronto. Se mantiene la curiosidad, no por lo que se cuenta, sino por el cómo, pero la apuesta general es fallida. La insulsa repetición del soporte ideológico, -el anticatolicismo frontal, ridículizándolo, -ni siquiera un inteligente agnosticismo que la hubiera aproximado más al espectador moderno- empaña las intenciones y mensajes.

¿Cuál es la historia? ¿Qué se nos cuenta, con qué se nos quiere impresionar o divertir?¿Cuál es el eje del relato? ¿Se pretende hacernos cómplices de una mujer maravillosamente carnal, (Amenábar desnuda en dos ocasiones a la estupenda Raquel) pero con ideas de cartón piedra, de la que solo sabemos que está obsesionada hasta la enajenación por entender algo que cualquier niño actual conoce hasta por ciencia infusa?

Los hipotéticos conflictos ideológicos, de base religiosa -ni más ni menos, que la confrontación entre paganismo, cristianismo, judaísmo y agnosticismo- están tan débilmente preconstruídos que solo sobresale la intención de dañar a una religión, la cristiana, y la opción que sale robustecida, paradógicamente, es el paganismo.

Por no hablar de los errores históricos, geográficos o respecto a los libros sagrados, pero eso ya no es culpa de Alejandro Amenábar.

Sobre cálculo de probabilidades para jueces

Pocas veces los abogados, jueces y magistrados se encuentran confrontados con la necesidad de utilizar el cálculo de probabilidades y, por ello, no se estudia en las facultades de Derecho ni en las escuelas jurídicas.

Pero, de tarde en tarde, se les presentan casos en los tienen que tomar su decisión con base a un número.

Por ejemplo, un flagrante secuestrador de la tripulación de un barco pesquero español, a la que sus compinches han convertido en rehenes con exigencia de un rescate del buque, ha podido ser detenido en aguas internacionales y, en una operación de gran riesgo político, fue traído a España para ser entregado para que tenga un juicio justo a la Audiencia Nacional.

Siguiendo métodos inductivos-deductivos de profundidad desconocida, se determina que el detenido es adulto (mayor de 18 años y, en consecuencia, con plena responsabildidad penal), con una probabilidad de 0,93. Es decir, de 0,07, de ser menor de edad. Una vez consultados los especialistas en cálculo de probabilidades, el juzgador comprende que una probabilidad de 0,07 significa que de cada 100 casos de constitución oseométrica similar al del detenido, 7 corresponden a menores de edad. Se ignora la población de referencia, es decir, si esos 100 casos corresponden a la etnia del posible encausado, al referente mundial, o a cualquier otro subgrupo.

Supogamos, en fin, que, abrumado por la responsabilidad, el juez determina que, puesto que el detenido pudiera ser menor de edad, la duda debe beneficiarlo, y, por ello, lo declara inimputable, y lo remite con atento oficio a la Fiscalía de Menores, para que determine lo que debe hacer para reformar su conducta antisocial., educándolo adecuadamente.

Dentro de las suposiciones, supongamos que, unos días más tarde, otro juez se confronta ante una demanda de filiación extramatrimonial. Realizadas las pruebas pertinentes, la confrontación de alelos determina que existe una probabilidad de 0,93 de que las dos personas afectadas por el asunto sean padre e hijo.

Para darle emoción al cuento, imaginemos que una de esas dos personas es el juez del primer caso. ¿Piensa el lector que al juzgador de esta instancia aplicará correctamente el cálculo de probabilidades?

Sobre la responsabilidad de los ingenieros

Los ingenieros son carne de cuchillo para las reclamaciones por responsabilidad. Han sido educados para trabajar con fórmulas, superar pruebas en las que existe por lo general una única solución y -salvo cuando se encuentran a solas con la almohada- tienen razón o razones.

No vamos a hacer una apología de los ingenieros, sino una ligera crítica: en las demandas por responsabilidad civil, son el elemento preferido por los abogados de la parte reclamante de indemnización para estrechar en torno a ellos el cerco.

Hacen proyectos sobre los más variados asuntos, calculan estructuras, máquinas y artefactos que desafían el azar, y su facilidad para rebelarse contra las presiones de los arabescos jurídicos, añadida  su presunta dificultad para movese en el campo de la palabra, facilitan el que se les vea razonablemente como culpables de algo. De todo, en realidad. Su solvencia económica, igualmente presunta, les convierte en muy apetitosos.

AMIC (la Mutua de la Ingeniería) convocó el 22 de octubre de 2009 una reunión entre ingenieros y expertos en seguros, en la que tuvo la perspicacia de invitar a dos excepcionales ponentes de la judicatura: Angel Illescas y Mariano Zaforteza, magistrados (el primero en ejercicio en la AP de Madrid, el segundo en excedencia). Les acompañaron -o al revés, que todos estuvieron a la misma altura- Luis García del Río (abogado) y Francisco Héctor Bouzo (ingeniero del ICAI).

Dirigió con sabiduría el coloquio, José Ramón Recalde, consejero delegado de AMIC.

Fue una Jornada intensa, en la que se pusieron de manifiesto muchas cosas. Desde luego, lo que saltó a la vista, el interés de este tipo de coloquios, y la necesidad de acercar dos mundos, aparentemente disjuntos, el de la abogacía y el de la ingeniería. La jornada pudo seguirse por internet, y, según los organizadores, más de 300 personas estuvieron conectadas a la red. En la sala, un lleno prácticamente absoluto.

Volveremos sobre el tema. Lo merece.

Sobre los tesoros de Madrid

Pulula por ahí una frase de esas pretendidamente ingeniosas, aunque por lo repetidas y el pelo que han adquirido con el paso del tiempo, más bien hieden, que quiere dar a entender que el alcalde de Madrid -que tiene la ciudad patas arriba- anda buscando un tesoro en los subsuelos de la ciudad.

Tesoro no hay, pero ruinas, muchas. La historia de Madrid, en lugar de mostrarse al aire libre como la de algunas otras famosas, está enterrada, incluso a varios metros de profundidad. Lo que queda a la vista, salvo excepciones, no refleja historia alguna, salvo la miseria de la concepción urbanística de la ciudad, hecha de remiendos, y falta de una concepción global, uniforme.

No ha tenido Madrid ni su Hausmann ni su Napoleón. Carlos III hizo algo, pero la ciudad era pequeña y el presupuesto exigüo. El hermano del prócer al que Francia venera todavía como compendio de virtudes, y que aquí se apodó Pepe Botella, mandó utilizar con ardor la piqueta sobre edificios y plazuelas que no merecían, según él, resistir el paso del tiempo. Arturo Soria o el no menos genial Palacios llegaron a esta ciudad cuando la mayor parte del mal estaba hecho.

Dicen que Franco mandó trazar el Paseo de la Castellana para llegar rápido desde el Pardo a la Plaza de Oriente; debe ser un remedo adaptado de lo que se cuenta que pretendía Napoleón para poder sacar o meter los carros de combate por los Campos Elíseos.

Lo sustancial es que cuando España tuvo medios -allá cuando en los dominios del emperador no se ponía el sol- la capitalidad de Madrid ni se presentía. Después, cuando Madrid empezó a ser centro de patrias chicas, no solamente los españoles no ganaban una guerra, sino que las perdieron todas, hasta la que entablaron contra sí mismos.

Gallardón, actual alcalde de Madrid -nos tememos, por él, que ya por poco tiempo- está empeñado en cambiar el adoquinado de la ciudad, una vez más. Como también ha mandado hacer algunos agujeros más profundos, lo que está aflorando por ellos es el esqueleto de Madrid. Una ruina de una ciudad que nació ya vieja, pobre, imprecisa, y cuyo máximo atractivo, mientras el ánimo resista, son sus habitantes: ciudadanos que venían de paso y han sido compelidos a quedarse por inextricables fuerzas de amor, conformidad, fatalidad, oportunidades, malestar e inútiles protestas.

Sobre el futuro de Willies y Wallies

Uno de los presuntos piratas somalíes apresados en la brillante actuación militar española en aguas del Indico, se llama Cabdiweli Cabdullahi, alias "Abdu Willy".

Es el compi de un tal Raageesey (’Machote’), el otro sospechoso bucanero que abandonaba en una barquita, cargado con algunos dólares y varios teléfonos móviles, el pesquero español que había sido realmente apresado, y que llevaba el terrorífico nombre de "Alakrana".

En el atunero quedaba el resto de sus verosímiles compinches y empezaban a pasar un personal calvario 36 marineros que, hasta entonces, podrían haberse creído que el asunto se arreglaría pagando más o menos 1 millón de euros de rescate por el barco.

Como, después de completas pruebas oseométricas realizadas a Willy (el niño), se ha determinado que su edad, está comprendida entre 17 y 19 años, la Audiencia Nacional, se ha declarado incompetente para juzgarlo, por ser posiblemente menor de edad. La Fiscalía de Menores ordenará su puesta en libertad, en aplicación de la Ley de defensa del Menor.

Willy se unirá así, de tal hacerse, al conjunto de Wallies que pueblan ya nuestra geografía.

Estos Wallies (nombre que nos permitimos tomar de aquellas series de dibujos atiborrados de figuras en los que se pedía "Busca a Wally") son más fáciles de descubrir. No se ocultan, en realidad: los ocultamos los demás.

Son seres humanos fundamentalmente de raza negra, que andan a la carrera. No tienen domicilio conocido, y, para los más aclimatados a nuestro modo de vida, su oficio aparente es la venta. Venden falsificaciones, principalmente, de dvds, pañoletas y bolsos.

Han cambiado de selva. Aunque, en realidad, en el Africa profunda de donde provienen estos Wallies, hay más sequía que foresta. Han recalado en nuestra selva, supervivientes de un trayecto de centenares de kilómetros, en el que combinaron la marcha a pie, en patera y vehículo terreste. Tal vez han superado alambradas, carreras de obstáculos, golpes altos y bajos.

Tienen experiencia, si bien no la harán figurar en su currículo. Son jóvenes, hablan idiomas (chapurrean), tienen gran inteligencia emocional. Después de una temporada en un centro de acogida e indentificación, si no pueden ser devueltos a su país -¿lo tienen?-, han sido liberados por el nuestro. Suponemos que les han provisto de un bocata -¿jamón de york, o pollo?-, un par de euros y un papel sellado que atestiguará, a quien le interese, que carecen de identidad legal, pero no son ilegales propiamente hablando.

Por ahí andan. Con sus hatillos llenos de mentirijillas que no engañan a nadie. Jugando a policías y ladrones, cuando aparece la pasma. Por supuesto que correr no es lo único que saben hacer. Pero, por el momento, la única preocupación es sobrevivir. Algunos defienden un par de tramos de acera en donde animan con gestos a los conductores a aparcar su coche; se les puede dar una moneda para erradicar el temor a que, en otro caso, te rayen la chapa.

La leyenda cuenta que un par de ellos han sido fichados por el Real Madrid, o por alguna constructora, o trabajan de porteros de club de alterne. Aunque la mayoría viven de rebuscar en la mierda de los demás.

Hay mujeres, pero no se las ve en la calle. Puede que trabajen en un club de alterne  o se hayan hecho aún más trasparentes.

¿Dónde está su Wally?. En las noches, por algunos sitios de las ciudades, un grupo de fantasmas enciende hogueras para calentarse del frío o una lata de sardinas. Cuentan relatos de tierras prometidas en donde corren ríos de leche y miel, cantan al ritmo de tambores y acechan la llegada del alba.

Sobre la urgente necesidad de reformar los partidos políticos

La idea no parecía mala, solo que se adulteró en poco tiempo hasta límites insospechados. Escribimos sobre los partidos políticos. En general, sobre todos. En particular, sobre el caso español.

¿Cuál era la idea? Estructurar básicamente la participación ciudadana en torno a los partidos políticos, haciéndolos el eje de la vida pública. Conseguir que, desde una desmesurada fragmentación ideológica, la madurez conseguida en pocas elecciones acabara seleccionando dos grandes opciones, una ligeramente a la derecha y otra ligeramente a la izquierda de un centro dinámico, que se alternaran en el poder.

No hacía falta ni escribirlo, pero el atractivo que supone servir a la causa pública, serviría de acicate suficiente para que algunos de los mejores, y. desde luego, entre los más capaces, se sintieran atraídos por la carrera política e, incluso los que se hubieran mantenido independientes, se verían muy honrados si fueran llamados algún día a un cargo público.  

El sueño se desvaneció pronto. El "caso español" tiene, entre otras singularidades, el que la plataforma política se configuró en torno a partidos bastante jóvenes, surgidos a raiz de la democracia, una vez desaparecido en su cama, rodeado de casi todas las bendiciones, el régimen de Franco.

Si tratamos de descubrir los puntos de enlace de los partidos actuales con los que existían antes de la guerra incivil, encontraríamos entre estox y aquellos muy pocas semejanzas. Solo imaginarias líneas de conexión, posiblemente interesadas, en cuanto a ideologías, posiciones y creencias.

Máquinas de acceso y mantenimiento en el poder. Monstruos que necesitan el alimento continuo de dinero, siempre escaso para sostener el entramado, cada vez más oscuro, incluso para algunos de los que pretenden estar arriba y dominarlo todo.

No hace falta dar un repaso a la Historia. Nos contentaremos con mirar hacia lo que poco defienden ideológicamente, la escasa coherencia interna de lo que expresan, la poca transparencia de lo que les impulsla. ¿Cómo se construyen las ideas y los programas de los actuales partidos que pugnan por el poder en España?. ¿Qué guía a quienes conforman la mayoría de sus órganos directivos y controlan las decisiones estratégicas?. ¿Cuál es el debate?

Fundamentalmente, el interés personal de los que mangonean los partidos, su exclusiva "carrera política". Por eso les es imprescindible mantenerse en la línea de la hipotética representatividad. Viven de eso.

Y cuando han tenido la suerte de, por haber ganado su partido las elecciones, auparse en el poder real, o mejoran su posición económica desde entonces, o la podrán rentabilizar después, trabajando para alguna entidad privada o parapública que les nombrará para un cargo directivo desde el que podrán sacar tajada a lo que han aprendido dirigiendo los bienes de todos.

Los partidos, estas maquinarias de reproducirse a sí mismas han desplazado su centro de gravedad hasta conseguir situarse en el centro de lo anodino, allí donde soplan los plácidos vientecillos de la mayoría silenciosa, que es la de amíquemeimporta y todoslospartidossoniguales.

Una mayoría que no se asombrará por nada ni por nadie, porque tiene bastante con que no le quiten el lugar conseguido, quién sabe cómo, cuándo o dónde, junto al pesebre, su particular pesebte, y que no moverá ni un dedo, salvo lo que pueda llevarse a la boca o al bolsillo.

Es urgente la necesidad de reformar los partidos políticos.

No nos referimos a hacerlo desde dentro. Hay que hacerlo desde fuera. Propiciando movimientos ciudadanos que consigan mover esta masa pastosa.

Aprovechemos el momento. Ahora que parece más preocupada por saber quién se ha enriquecido más con el dinero de todos, que en resolver de manera inteligente la forma de salir de los problemas principales que tenemos los demás, démosles un escarmiento.

Porque han de enterarse de una vez cuáles son nuestros temores: conseguir un empleo, lograr la estabilidad en el que tenemos, proteger la viabilidad de nuestra empresa, pagar las nóminas a fin de mes, no sentirse abrumado por impuestos que no sabemos a qué se dedican, orientar efizcamente nuestra formación para el futuro, garantizar nuestras pensiones en el futuro, mejorar la sanidad y la enseñanza, encontrar un enlace que no sea fantasioso con la política internacional, defender nuestro ambiente sin despendios ni ejercicios para la galería y menos para el amigo americano, controlar el precio de la energía y aún más su despillfarro, mejoracontrolar los servicios públicos, motivar a los funcionarios, erradicar la corrupción y, en fin, defender la solidaridad del modelo de Estado, en el que los que más tengan -las regiones, también, y sobre todo- pongan más para los que más necesitan. No como un regalo, sino como una obligación ética.

Hay tajo, hay tela.

Sobre amortizados, inmigrantes y parados

Nunca supimos cómo hacían en realidad sus encuestas y análisis sociológicos las variopintas empresas de demoscopia que, periódicamente, nos ilustran sobre aquello que les apetece decir a los entrevistados y les agrada leer a quienes los han contratado.

Bastaría con estar atentos a las evoluciones de esos jóvenes con cara de estar cumpliendo los últimos días de un castigo ejemplarizante, y que abordan con poco rendimiento a los paseantes con cara de estar más desocupados, en plazas transitadas o a la entrada del metro, interesándose por si tienes un momento y rellenado a solas los cuestionarios que pocos están dispuestos a satisfacer.

Las observaciones particulares -sin valor científico, pero sí práctico- muestran, entre otras cosas, que ha crecido el número de obras de reforma y rehabilitación en viviendas particulares y edificios públicos, realizadas mayoritariamente por dilectos trabajadores provenientes de países del este europeo, que trabajan según la actividad que despliegan, a destajo, con precarios instrumentos y sin las convenientes medidas de seguridad.

También ha crecido, hasta la colmatación, el número de técnicos latinoamericanos dedicados a dar respuesta -más o menos eficiente- a los innumerables problemas que las líneas de ADSL española presentan a los usuarios. Muchos deben ser también los habitantes de los cubículos de los llamados call center -ahora todos de obligado pago para los sufridos "clientes"-, que responden con acentos árabes o latinos a las desesperadas peticiones de los telefonantes.

Igualmente, se constata que ha crecido el número de prejubilados, jubilados, jóvenes en edad de estudiar o trabajar y mujeres de todas las edades, que toman el sol o el fresco en las plazas y parques públicos, mirando el tiempo y las gentes pasar.

Ha crecido el número de jóvenes extranjeras empleadas de hogar -o así parece- cuidando mientras alimentan sus chácharas con compatriotas, proliferantes parejas ajenas de niños gemelos sospechosamente producto de inseminaciones in vitro (y, por supuesto, también toman cuidado de otros infantes con perfiles físicos individualizados).

Ha aumentado desorbitadamente la cantidad de parejas de hecho, formadas por un latino y un local, hombres y mujeres, apoyándose en sus complementarias necesidades, los de acá con Alzheimer o demencia senil o un serio hándicap físico y los de allá con ganas de llevarse algo de vuelta al hogar foráneo en donde esperan las bocas de los suyos.

Ha aumentado el número de parados universitarios, menores de 35 años, seguramente con una, dos o tres carreras, despedidos de pronto por reconversión de empresas de tecnología puntera, consultings afamados, periódicos de éxito, subcontratistas de los que añadían valor, etc., que esperan en vano que los llamen de algún sitio para ser mileuristas por primera vez o volver a serlo.

No hace falta hacer muchas estadísticas para intuir con fundamento que ha aumentado la circulación de dinero B, el empleo sumergido remunerado por debajo del mercado, el número de notas de entrega en lugar de facturas, el despilfarro de recursos intelectuales de miles de jóvenes formados para dar lo mejor de sí, el desprecio hacia la experiencia de los mayores de cincuenta años, la competencia por los puestos de trabajo inframileurista por parte de la inmigración readaptada gracias a permisos de residencia y trabajo conseguidos en otros sectores,...

Sobre preocupantes ficciones

Orson Welles lo consiguió por bastante menos dinero y con mucho más ingenio. Fue en 1938. El entonces desconocido cineasta mantuvo en vilo a los oyentes de su programa de radio por el anuncio de un ataque de marcianos. Dicen las crónicas que la gente se movilizó a millares, presa del pánico, aunque el instigador de la farsa solo pretendía publicidad para su obra "La guerra de los mundos".

Pasados los años, el personal está curado de espantos -ha habido guerras mundiales, múltiples guerras locales, descarrilamiento, inundaciones, desastres naturales y atentados infanaturales-, pero mantiene algunos recovecos de sensibilidad.

No le va a alarmar, por supuesto, que en Pakistán, Irak o sabealádónde varios terroristas suicidas se lleven por delante a varios centenares de ciudadanos que trataban de adquirir cuatro vituallas.

Tampoco se habrá de conmover porque algo más de mil millones de personas se encuentren por debajo del umbral de la pobreza -¿por qué no suben?; será que les gusta estar ahí, ¿no?-. Qué más dará que se esté deteriorando irreversiblemente el Planeta, y que algunos visionarios anuncien que o se toman medidas, -por cierto, de imposible puesta en pié-, antes de 2020 o nos iremos todos al garete, tal vez ahogados por la subida repentina de los mares.

Nos hemos hecho de piedra. Ah, pero que un niño norteamericano esté, aparentemente, aupado a los aires por un globo de helio que su papá estaba fabricando (los papás norteamericanos enseñan a sus hijos a disparar y fabricar globos de helio, por si acaso los necesitan algún día), habrá de movilizar al Ejército y la policía del país y a las televisiones de medio mundo.

"Por supuesto, les mantendremos puntualmente informados de lo que está pasando", decía una y otra vez la comentarista de una emisora de TVE ante las imágenes en las que el globo era atrapado en directo, mientras unas decenas de funcionarios públicos, en vehículos preparados para actuar de inmediato, se acercaban para resolver de una vez la intriga: ¿Estaría vivo el niño? ¿Se habría caído?

Qué desilusión. Era todo una farsa, una engañifla preparada por un padre ansioso de notoriedad. El niño nunca había estado en el globo. Su papá era un especialista en comunicación de masas y quería demostrar de esta estúpida manera que se puede movilizar a la población muy fácilmente, improvisando un Reality Show.

La próxima vez, el o quien lo intente, lo tendrán más difícil. Quizá deben utilizar un gatito, colocarlo en la copa alta de un árbol. La gente se ha hecho muy sensible a lo que pueda suceder a los gatitos y a los perritos.

Sobre las aguas de Barcelona

Barcelona anda escasa de agua. Es un problema común a todas las ciudades que han crecido sin tener al lado un río caudaloso. Se podría argumentar, apelando a la intuición historicista, que lo que le sucede es que está mal situada. Demasiado cerca de la frontera con el enemigo histórico, limitada al este por un mar lleno de guerreros y cola de una comarca rica en donde se asentaron poblaciones prósperas y, a la larga, terriblemente contaminantes del sufrido Llobregat, sus afluentes y compadres.

Madrid, que no tiene río, y más que duplica en población a Barcelona, anduvo más previsora. Implantada desde la nada, ha resuelto el problema del agua desde los tiempos de Isabel II, a base de captar las aguas de los alrededores y conducirlas hasta el punto de consumo con largos canales para llevarla a la boca, y no para regar secanos.

El denominado Grup de l’Aigua –que forman diversas instituciones empresariales, comandadas por la Cámara de Comercio, los empresarios catalanes más dilectos y, por supuesto, Aguas de Barcelona (léase Aigües de Barçelona)– está preocupado porque entienden que la ciudad condal no ha solventado su problema con el agua.

Están en desacuerdo, sin embargo, con que la desalación sea la solución rentable y adecuada para el païs.  Podría serlo para Valencia y para otras zonas del Levante español , pero no para ellos. Han calculado que para obtener 200 hm3 de agua desalinizada al año -el déficit estimado- se consumiría el 5,5% del total de energía eléctrica aportada ahora a las comarcas de Barcelona y el Bajo Llobregat. Y costaría mucho dinero: a 0,60 €/m3, serían, por ejemplo, 120 millones de euros.

No creen, además, que la reutilización de las aguas residuales provenientes de las depuradoras aporte cantidades significativas al consumo -¿mejor entregarlas al Mediterráneo?-, y proponen, en consecuencia, que se realice el trasvase del Ebro de una vez y que no se descarte la traída de aguas desde el Ródano.

Se reabre, así, la caja de los truenos regionalistas por el agua. Porque la propuesta entra en colisión frontal con la política del gobierno central y ha sido asumida, ahora, por el Govern de Montilla que acaba de firmar el Pacto Nacional de Infraestructuras..

El informe se realiza de la mano y cerebro de una de las empresas que más saben del agua en España. Aguas de Barcelona, cuyo propietario principal es, aunque se esfuerce en ocultarlo, La Lyonnaisse des Eaux, que, Dieu soît benît, lleva la gestión de aguas de Marsella, en comandita con el otro gigante francés del agua, La Compagnie General des Eaux, hoy Vivendi o Veolia.

Es una pena que Vivendi no sea hoy más que socio residual del otro grupo con sede en España con el que tuvo un acuerdo próximo a la fusión, FCC.Ninguno de los dos tienen una experiencia importante en desalación, proceso que han despreciado olímpicamente, dejando el camino expedito a Ferrovial y Entrecanales (hoy Acciona), más próximos a las ideas que bullen en el Partido del Gobierno, PSOE, y que se han plasmado en el programa A.G.U.A.  

Sobre el valor del consejo de los mayores de esta tribu

Morgan Tsvangirai es el primer ministro de Zimbabue, presidido por Robert Mugabe, a pesar de que fue aquel quien ganó las elecciones para presidente en 2008, pero su victoria fue sepultada en un fraude masivo, denunciado por todos los observadores internacionales. Para no hundir aún más a uno de los países más pobres de la Tierra, Tsvangirai aceptó una cohabitación forzada que juzga "Correcta. Hay unos acuerdos firmados que cumplir". (EP, 8 de octubre de 2009, crónica de Ramón Lobo).

Lo que más nos ha llamado la atención de esta entrevista es una frase que parece, en efecto, venida del fondo de la Historia: "El (Mugabe) tiene la edad que tendría hoy mi padre. En Africa existe la dignity, un concepto que no entienden los europeos: el respeto que se tiene por la gente mayor". (1)

Hemos mirado alrededor y creemos que en España, si pudiéramos remedar al bueno de Morgan, "hoy existe la indignity. El desprecio continuado a cuanto proviene de la edad, la seriedad, el fundamento, el conocimiento de la Historia y de los procesos".

Estamos prefiriendo la improvisación, el destruir lo que tenemos para erigir allí algo completamente nuevo y quizá hasta estrambótico, hacemos mofa del que presenta argumentos, tenemos por seguro de que los más jóvenes -avalados tal vez con un montón de papeles emitidos a base de entregar dinero por no sabemos cuántas universidades extranjeras- saben más, por ser nuevos, que los que tienen los colmillos retorcidos por la experiencia.

Por supuesto, esta situación insólita, costosísima, tiene exclusivamente lugar allí donde lo que se juegan son los dineros públicos o se juega solo en el terreno de las apariencias. Los que defiende su dinero se mantienen en sus puestos a pesar (o a favor) de la edad.

Y cuando jubilan a sus colegas más íntimos, los mantienen como asesores, para que puedan compaginar el disfrute de sus patrimonios con la emisión de unos cuantos sabios consejos que siempre vendrán bien a los pardillos que, por la centésima parte de los honorarios, harán los deberes con aplicación, utilizando fórmulas que seguramente no entienden y escribiendo en el inglés fluido macarrónico que aprendieron, becados por sus papás, en un campus de la América profunda o en KFC (2).

(1) Tsvangirai nació el 10 de marzo de 1952; tiene, el 16 de octubre de 2009, 57 años. Mugabe nació el 21 de febrero de 1924; tiene, por tanto, en la misma fecha 85 años. No estamos en este comentario referiéndonos al pelaje personal de quien está considerado como uno de los dictadores más corruptos y sanguinarios de Africa (laureado en Londres como economista)

(2) Kentucky Fried Chicken, una cadena de comida rápida.

Sobre el imposible acuerdo de Copenhague

En la reunión sobre Cambio climático celebrada el 14 de octubre de 2009 en el Salón de Actos del Colegio de Ingenieros Industriales de Madrid (con buena entrada), Alicia Montalvo, la directora general de "la cosa" inauguró los parlamentos resumiendo los resultados de la última citade Bangkok, preparatoria de la de Copenhague.

El resumen era fácil de hacer, en realidad. Ningún resultado. Los representantes de los países se limitaron a exponer sus reivindicaciones, armando un muro de dificultades que, si no se rompe antes, impedirá llegar a ningún acuerdo en Dinamarca.

Y no se llegará a ningún acuerdo, porque será imposible conciliar los intereses contrarios en juego. Los países emergentes piden compensaciones si se pretende impedirles a usar su naturaleza como les parezca, y apelan a que el deterioro climático ha sido causado por los países desarollados, es decir, que en huella per cápita, todavía les queda carrera por recorrer.

No hay tampoco liderazgo mundial respecto a las medidas. Estados Unidos, con un presidente actual que actúa de defensor (prudente) de las tecnologías alternativas, quiere suscribir un acuerdo con trampa, porque el Comité de Representantes da muy poco juego a los visionarios catastrofistas del cambio climático.

Están dispuestos los norteamericanos a reducir "algo" la contaminación: un 4-5%, referido al nivel de 1990. Y como anunciar públicamente tal cosa les sonrojaría, hablan de una reducción del 18% respecto al nivel de 2005, allá por el año 2020.

Se comprende que, con este panorama, la posición de la administración socialista española, -convencida, gracias al conjunto de ecologistas utópicos que se han reunido para alimentar la Fundación Ideas de buenas intenciones, de que toda la energía primaria que producirá en el 2050 será "verde"- es la de un "Pepito Grillo", si bien nada molesto.

España solo consume el 1,5% de la energía mundial contamina relativamente menos y, haga lo que haga, y gaste su dinero como le de la gana, no será ni siquiera un granito en el zapato de lo que decidan Estados Unidos, China,e India. Si la Unión Europea quiere hacer de paladín de las causas perdidas y España de adalid con su espada de madera y sus trajecillos rotos de paje a lo obin Hood, los únicos que se van a reir serán Alemania y Francia. En verdad, ya han empezado a reirse.

Hoy, 15 de octubre, se celebra, un año más, el día mundial de acción por (en contra de) el Cambio climático. Alicia Montalvo mostró los días que quedaban para la cita de Copenhague. No está de más mostrar también los días que quedan para llegar al año 2020

Sobre las dificultades de supervivencia de los partidos políticos

Se viene hablando del ocaso de las ideologías, y el argumentario está justificado. La confusión sobre los términos izquierda y derecha está servida desde hace décadas. El centro ideológico está influído por las coordenadas geográficas, y los progresistas europeos pasarían por peligrosos revolucionarios en Norteamérica, en donde "la derechona" española, por ejemplo, podría hacer un buen papel entre los "demócratas".

Pero los que en realidad están en decadencia  son los partidos políticos. Esas máquinas de consecución y mantenimiento en el poder que llevan en sí mismas su perversión. El "aparato" se convierte en un monstruo que necesita alimento continuo y, ya se sabe, el alimento de los mecanismos sofisticados inventados por la oportunidad acaba tragándose dinero.

Dinero que debe salir de cualquier parte. De los contratos adjudicados a contratistas amigos, de sobrecostes falsos que se cobran en dinero negro, de colaboraciones amistosas o forzadas que se ingresan en cajitas controladas por unos pocos, de facturas falsas, de actividades descontroladas.

Dinero que sirve para muchas actividades imprescindibles o inanes. Pagar a los más activos colaboradores, remunerar lealtades, engrosar la paga de los militantes con mayores responsabilidades, comprar trajes, realizar faustos y perderse en el camino de la corrupta pachanga.

No hay porqué generalizar, ni tampoco procede extraer consecuencias apresuradas de apreciaciones, sospechas o indicios preliminares. Ni todo incompetencia ni todo choriceo. Serán mayoría los competentes y los honestos. Solo que, en esta mala época, el escenario parece dominado por incompetentes y chorizos, y eso nos produce muy malas vibraciones.

Sobre efímeros y trascendentes

El galápago miró a la mariposa y le dijo: "¡Qué pena me das! Con lo hermoso que es vivir y solamente durarás este día!...En cambio yo...".

La mariposa revoloteó un instante alrededor de la cabeza de la tortuga, antes de seguir poniendo sus huevos sobre las hojas de las ortigas. "¿Acaso sabes de dónde vengo? ¿Sabes tú a dónde irás?".

Pocas horas más tarde, un muchacho que recogía galápagos para vendérselos a un restaurante de la zona que hacía una famosa sopa de tortugas, se llevó al animal de la concha, casi al mismo tiempo que la mariposa aleteaba por última vez junto al último huevo que, unos días más tarde, eclosionaría dando salida a unos diminutos y voraces gusanos. 

Hay quienes andan por el mundo creyéndose trascendentes. Miran a los demás por encima de su hombro elevado y desprecian las preocupaciones de las demás, porque las suyas son las que merecen la pena.

Su petulancia encontraría justificación, al menos, si los trabajos de estos galápagos estuvieran enfocados hacia la mejora del bienestar colectivo, la búsqueda de una fórmula magistral que nos sirviera a todos o a la mayoría para algo,..., en fin, tareas que tuvieran importancia para muchos.

Pero no. Su idea de trascendencia está limitada a su propio ego. Son, por ello, tan efímeros como nosotros. Si supieran algo de Historia, sabrían que no dejarán ninguna huella más allá del agujero inútil de su petulancia.

Sobre armas y armados

Se celebra el 12 de octubre el Día de la Hispanidad (antes, Día de la Raza, por propuesta impulsada allá por 1913, por el asturiano Faustino Rodríguez San Pedro, alcalde que fue de Madrid). Es la Fiesta Nacional por excelencia de las que se conmemoran en España y en Hispanoamérica, coincidente con el Día de la virgen del Pilar, patrona de las virtudes guerreras de nuestro indómito genio.

La fiesta va a arbitrarse, como no puede ser de otro modo, en torno a un desfile militar. En este caso, el de 2009 será algo más austero que en las precedentes efemérides, porque estamos en crisis, aunque los más de 4.000 efectivos humanos, el medio millar de aeronaves y los varios cientos de carros de combate y otros adminículos de destrucción, darán la impresión adecuada del poderío guerrero de esta nación que fue otrora líder mundial indiscutible y ahora pide permiso para escuchar lo que se dice en el G-8, con la banderita de alianza de las civilizaciones y I love Obama.

No tenemos más que respeto, y admiración, hacia los que han decidido hacer de la vida militar su modus vivendi profesional. Perdida la noción de Patria en un maremagnum de intereses provinciales bastante confusos cuando se les mira en conjunto, nos parece casi incontestable que el Ejército moderno español está limitado a cumplir una misión, en el contexto de los intereses mundiales, de segunda fila.

No se producirán, en consecuencia, ya más gestas heroicas combatiendo contra los feroces moriscos, turcos, albiones, galos, walones, romanos o portugueses, por citar solo algunas de nuestras gestas más heroicas, y sin olvidar, tampoco, aunque nos pese, las medallas ganadas por parte del estamento militar combatiendo contra civiles y sus propias facciones...

No habrá caso. Nuestras fuerzas armadas defenderán el honor de España corriendo riesgos de ser alcanzadas por una bomba accionada al paso de un malblindado, o cayendo desde un helicóptero de transporte pésimamente mantenido, o siendo atacados por insurgentes de quién sabe qué motivaciones, pero dispuestos a inmolarse ante la promesa de una eternidad llena de goces carnales.

Armas y armados. Qué lástima que la inteligencia del hombre tenga de compañera su beligerancia. Contra los que quieren apoderarse de lo que tiene el otro, no queda más remedio que defenderse. Habrá siempre armas y armados. Serán necesarios, imprescindibles, no seamos estúpidos.

Pero nNos gustaría que en el Desfile de la Hispanidad, y en todos los desfiles, hubiera científicos, técnicos, médicos, biólogos, abogados, filósofos,...muchos investigadores de la paz, de la defensa ambiental, del desarrollo cultural. Que se leyeran escritos de convivencia, de lealtad recíproca.

Y que, al final, solo al final, apareciesen esos esfozados hombres y mujeres armados, que arriesgan, desde luego, su vida, lejos de sus familias y hogares, para garantizar algo que nadie se ha preguntado con serenidad qué es exactamente, porque, diablos, seguramente ya nadie sabe bien de qué se trata en estos momentos.

 

Sobre la aplicación de la teoría de los agujeros negros a la creación de empleo

No importa que el lector no conozca demasiado acerca de la teoría de la relatividad, basta con que tenga la confusa idea al respecto que tenemos casi todos: existen en el Universo físico unos sumideros de energía, que carecen aparentemente de masa.

Su existencia ha sido deducida teóricamente a partir de ecuacíones físico-matemáticas y comprobada, -siempre por lo que nos han contado los sabios-, posteriormente, utilizando potentísimos telescopios en observación combinada con migraciones de la luz, elucubraciones ininteligibles para gente normal y paciencia.

Tampoco importa que no tenga mucha idea el lector acerca de los fractales. Basta con que eche mano de la idea simplona de que se pueden idear estructuras que se autocontienen, de forma que, cuanto más se las investiga, se descubre que existen interrelaciones entre los niveles inferiores, que reproducen las mismas geometrías -o idénticos comportamientos- que las de los niveles superiores.

La capacidad de imitación y repetición de todos los entes del Universo nos lleva a creer firmemente que cualquier observación en un entorno limitado encuentra su paralelo, aumentado o disminuído en las estructuras que lo contienen o en las que contiene.

En el campo económico, existen agujeros negros que retiran el dinero, es decir, las plusvalías generadas con el trabajo de otros, y no generan empleo. Según estudios que nunca hemos realizado, el empleo generado por un sistema está vinculado con el capital y el ambiente en la relación: sostenibilidad de un territorio = K*población activa ocupada*recursos financieros en circulación exp 2. (siendo K un coeficiente, menor que uno, que se calcula como la relación entre la superficie forestal y la total de un territorio)

Hay que animar a los que tienen dinero a que lo pongan en circulación, a que ariesguen, a que lo inviertan o a que lo gasten. Y hay que conseguir que todo el que pueda trabajar, trabaje, aunque sea barriendo la puerta de su casa. Ni gentes tomando el sol en los bancos del pueblo ni banqueros llevándose el dinero a paraísos fiscales o a "valores refugio"

Sobre la generación de empleo verde

La búsqueda de soluciones rápidas para las dos crisis que tenemos encima -la económica financiera y la ambiental-, combinándolas en la coctelera de la necesidad de detener la pérdida de empleo, ha dado lugar a este hijo bienintencionado, pero lisiado, de que las tecnologías verdes crean empleo.

Claro que sí. Todo nuevo sector sirve para generar nichos de actividad, riqueza y empleo en donde no existían. Ah, pero al mismo tiempo, se producen tensiones en el resto de las estructuras económicas y sociales que lo destruyen. Y pueden hacerlo en media grave.

Las necesidad de controlar la y reducir la contaminación ambiental es una generadora neta de desempleo. No puede ser de otro modo. La presión legal sobre las formas productivas más contaminantes obliga a inversiones que, si no son rentables, forzarán el cierre de instalaciones.

La sustitución de las fuentes energéticas desechadas por las energías verdes, provocará el cierre de minas, centrales térmicas y formas de extracción o explotación que no consigan alcanzar los niveles de calidad ambiental pretendidas con los nuevos acuerdos y condicionandos.

Y, en fin, las subvenciones que deberán entregarse a los productores de las nuevas tecnologías verdes, no rentables por sí mismas, provocará una mayor presión fiscal y un empobrecimiento económico relativo: producir la misma energía será más caro.

Lo que tenemos que entender, y muy claro, no es que las nuevas tecnologías verdes son más baratas o crean empleo, sino que es imprescindible incorporarlas, y rápido, para que el Planeta Tierra siga siendo habitable para la especie humana.

Puede que por cada empleo creado en tecnología verde se pierdan dos en otras ramas. Pero si no avanzamos con velocidad en la descontaminación ambiental, perderemos mucho más.

Sobre basura, caca y bolsas en Madrid

Madrid es una ciudad sucia, polvorienta y ruidosa. Tiene indudables encantos, pero no resultan muy visibles, salvo que se la contemple con la condescendencia natural del madrileño, una condición humana inexplicable para foráneos, que es una combinación del quémecuentas, yatelodecíayo y nosédóndevamosaparar.

El caos lleva tomando posiciones dominantes en la ciudad desde hace muchos años, y gracias a la fuerza destructiva de los nuevos equipos y maquinarias, a la aparentemente inmensa capacidad de endeudamiento  basada en la credibilidad de los contratistas de que la Administración de una ciudad no puede quebrar, al plan E, al COI, al Real Madrid, al Ministerio de Fomento, al tráfico, al madrileño, a todo el que pasaba por aquí y al alcalde, -este último. empeñado en meter el Estado en Madrid, pasando por su cabeza-, se ha impuesto la sensación de que esta villa del oso y del madroño no tendrá solución ya nunca.

De Madrid, al caos. La villa del foso y del quécoño.

Ya lo dice el refrán, si llueve como si hace aire, lo culpa la tiene el alcalde. El alcalde de Madrid, Alberto Ruiz Gallardón, necesitado de dinero para llenar algunos agujeros por donde se le estaba viendo demasiado la desnudez del edificio financiero de la ciudad, ha recurrido a la basura, para recuperar una tasa que se había suprimido, en una ciudad cuyos habitantes ya padecen demasiadas penalidades síquicas, físicas y económicas.

La tasa de la basura, supondrá -si el PSOE no lo remedia y esos 100.000 folletos informativos para recurrir el tributo al desmoronamiento económico de la ciudad- una inyección menor de aire monetario para una ciudad que se ha convertido en perdedora.

Es un paso atrás respecto a los argumentos empleados para la subida del ibi en 1986. Y su efecto económico real es seguramente pequeño. Si la media de la tasa fuera de 50 euros por familia y todos pagaran se alcanzarían los 50 millones de euros de recaudación (1 millón de familias).

Peanuts. Naderías, alpiste para el canario, para Madrid, que está endeudada en más de 8.000 millones de euros (por encima del 160% de los ingresos corrientes), y cuyo déficit crece a un ritmo superior a los 1.500 millones de euros cada año.

Madrid ha perdido la organización de los Juegos Olímpicos, sí. Y con ellos, 40 o 50 millones de euros. ¿Son los que se pretende recuperar con la tasa de basura?. No sería lo más grave.

Lo más grave es que Madrid ha perdido, sospechamos que para siempre, la ocasión de convertirse en una ciudad agradable para vivir el futuro. Los que hemos vivido en Madrid en estas décadas hemos soportado obras y penurias inenarrables, creyendo que la ciudad iba hacia buen sitio que podríamos dejar a nuestros hijos, a pesar de que la juventud hace ya tiempo que abandonó esta ciudad para ir a vivir a su periferia.

La tasa de la basura es el testimonio de la derrota. Se nos han caído las telarañas de la ilusión. La ciudad se nos ha llenado definitivamente de caca -ya no de perro- y no tenemos bolsas para ocultar el desprópósito. 

Madrid, caca, culo, pis.

Sobre la distribución de libros y las editoriales de provincias

En el Salón de Actos de la delegación del Principado de Asturias en Madrid, tres editores asturianos presentaron sus fortalezas, el día 7 de octubre de 2009, y, entre ellas, aparecieron algunas debilidades.

Miguel Munárriz, el delegado, ya los había definido como "héroes", dejando entender que la labor de editar es asunto de esforzados. Marta Magadán (Septem Ediciones), Angela Sánchez Vallina (Pintar Pintar) y Alvaro Diaz Huici (Trea) no desdijeron esta calificación, sino que se postularon para ella.

Editar en provincias no tiene, por lo oído, la dificultad de encontrar autores de calidad, bien sea en los campos de la poesía, la narrativa, la literatura infantil, el turismo, la museografía, por citar solo algunos de los muchos campos que abarcan las editoriales asturianas que se acercaron al Liber.

La dificultad reside en la distribución, que está ligada, no solamente a la promoción de las novedades.

El distribuidor es, suponemos que salvando notables excepciones, el malo de la película. Porque los distribuidores esperan novedades, pero "con las novedades los editores no ganan ni para pagar los costes de edición".

Por eso, la figura del distribuidor -"es singular que algo tan importante para la subsitencia de la editorial esté en manos de terceros"  se encuentra con una tesitura: "O cambia o desaparece". Sus pecados son múltiples: no dedica atención a las remesas de libros enviadas, no busca la calidad sino la cantidad, no cuida a los libreros que son los verdaderos clientes del editor.

Una cuestión suscitada también en el debate del interesante acto fue la utilización de internet como nuevo elemento de enlace entre el autor, el editor y el lector. Advertimos escepticismo y reservas entre los editores asturianos.

Marta Magadán, presidenta de la Asociación de editoriales de Asturias, se refirió a la demanda contra Google por los editores europeos, por no respetar derechos de autor. Los editores no quieren que el libro circule libremente, y es necesario adaptar la ley de Popiedad Intelectual.

La nueva Ley de Ciencia y Tecnología, anunciada por la ministra Garmendía, debería aportar soluciones a la cuestión de los derechos de los editores, y no solo a los del Estado, se dijo en la reunión. Los asistentes, como en otras ocasiones, fueron invitados a un magnífico cóctel, adornado esta vez con las aerografías de Jorge Serrano, que inauguraba su exposición al día siguiente.

 

Sobre remodelaciones, reformas y otros despilfarros

Bastaría darse una vuelta por nuestra geografía para percibir que los españoles no somos perfeccionistas, pero sí, refomistas.

No nos suele gustar lo que han hecho los demás, porque, simplemente, creemos estar capacitados plenamente para realizarlo mejor. El resultado es que estamos continuamente de remodelación y reforma.

¿Que compramos o alquilamos un piso?. Ante todo, y aunque nos cueste lo que no tenemos, hay que cambiar la cocina, remodelar los baños, unir y separar habitaciones, cambiar las ventanas o cerrar la azotea.

¿Que acabamos de ser elegidos alcaldes o concejales de una ciudad? No importa que las arcas municipales estén exangües, debemos proponernos pasar a la historia como los que hemos incorporado una fuente en la plazoleta donde antes había una escultura (o una escultura donde la fuente), sustituído las farolas del alumbrado por otras igualmente horrorosas o llenado de un maldenominado inmobiliario urbano aceras, parques, isletas y hasta alcorques.

Por supuesto, la magnitud del despilfarro estará siempre de acuerdo con la megalomanía del despilfarrador. Habrá alcaldes que revienten las tripas de la ciudad durante lustros, endeudando sus poblaciones por siglos. Directores de empresa que cambien la ubicación de las oficinas y talleres, buscando una eficacia que solo pasó por su cabeza. Horteras de revista del corazón disminuído que llenen su palacete de imitaciones de esculturas greco-romanas y pongan jacuzzi hasta en los armarios...

Nos duele -en los oídos y en los pulmones, por lo menos- advertir a miles de pequeños destructores de obra ajena ordenando remodelar, en esta época de crisis económica, sus pisos, chalés, mansardas y mansiones para acomodarlas a sus cutres imaginacionens. Algo positivo, sin embargo: muchas de esas obras dan empleo (imaginamos que pagado con dinero negro) a parte de la colección de inmigrantes que la debacle de la edificación de obra nueva ha dejado en la calle.

Cuando vemos a estos esforzados hablando su lengua vernácula entre ellos, encaramados como equilibristas a percarios andamios para la ocasión, sin casco ni arneses, armados con martillos y cinceles, amontonando cascotes cubiertos de polvo hasta las cejas, nos preguntamos: ¿Este es el plan E particular de cada quien? ¿con qué se está pagando? ¿A qué viene esa prisa?

Y, en fin, ¿No podríamos en esta España de la apisonadora y del piquete, dedica el dinero que, al parecer, siempre sobra a algunos, aprender a respetar lo que otros han hecho y, cuando se hace algo nuevo, proyectarlo para que dure, por estética, por utilidad, por fortaleza?