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Al Socaire de El blog de Angel Arias

Sobre la Union Europea y su cohesión

Tenemos ya expresado en otras ocasiones que la Unión Europea sigue siendo, como lo fue en sus comienzos, una unión de comerciantes. El recuerdo de Eurofer, Euratom y, no en último lugar, la Política Agraria Común, no deberían quedar obnubilados en la memoria de los europeos. Porque se siguen aplicando estos principios cuando los países líderes de la Unión ven afectados los intereses de sus nacionales.

Los ilusionistas de la unión europea (con minúsculas) abrígarán el hermoso deseo de que, algún día, los europeos se agrupen en los Estasos Unidos de Europa (terminen sus fronteras en los Urales y los Balcanes y tengan o no agujeros geográficos en su seno provocados, ejem, por intereses económicos de la más pura esencia).

La realidad es terca y los resultados, palmarios. Cuando los intereses específicos de Alemania o Francia -sin olvidar al Reino Unido e Italia, aunque por diferenciables razones- se ven afectados de forma significativa, el veto está garantizado. Y cuando, por el contrario, las medidas pueden favorecerlos, soplarán vientos a favor de la supuesta "cohesión europea".

¿Cuál es la posición de España? Pues, ante todo, la propia de un Estado desestructurado, falto de cohesión interna y con grandes tensiones políticas en la traducción de una estrategia internacional. El gobierno de Aznar señaló un intento fallido de angloamericanización de la misma, aunque el momento elegido no pudo ser peor; hay que reconocer, sin embargo, que la idea de fondo no parecía mala: construir un eje resistente y alternativo al poder franco-alemán en la Unión.

Solo que el desastre de la actuación en Irak, sin cobertura posible, mírese por donde se mire, dejó en muy mal lugar a la política española respecto al "núcleo duro" europeo, y desvirtuó la posición de España en relación con los pueblos árabes, complicando, además, la relación del nuevo gobierno socialista con el portavoz genuino del capital norteamericano, Mr. Bush jr.

Agotada la posición privilegiada de España para conseguir ayudas, cerradas las opciones de PAC, desacreditada la posición política del Gobierno ante la beligerancia de partidos, ONGs y particulares que trasladan con facilidad sus litigios a la Comisión y a los Tribunales de la Unión (250 denuncias españolas en 2009), sumergidos en una crisis más profunda de la que afectó a los demás países grandes de la UE, después de habernos jactado de estar mejor protegidos que ningún otro país ¿qué nos queda?.

En nuestra opinión, extremar la prudencia, restañar las heridas y, sobre todo, no alardear de ser paladines en lo que cuesta un dinero del que no tenemos.

Necesitamos una energía y agua más baratas, una estructura empresarial más dinámica y menos pesada, orientada hacia los países en desarrollo; necesitamos reducir el peso de las pensiones, recuperar el campo, relanzar el transporte por ferrocarril, especialmente de mercancías; paralizar la inversión en autovías y vías rápidas (que están infrautilizadas), apoyar al pequeño comercio y al empresariado autónomo y a las pymes, controlar la economía sumergida y, claro está, impulsar la investigación y la enseñanza universitaria, recuperando a muchos escépticos y desanimados y aparcando a demasiados vagos y chupatintas.

 

Sobre la presidencia semestral española en el Consejo de Europa

Los parlamentarios y técnicos europueos más experimentados saben bien que no existe ninguna posibilidad de que las propuestas que realice la presidencia semestral en la Unión europea se conviertan en Directivas en ese mismo semestre.

Si se desea que durante la propia Presidencia se consigan resultados políticos concretos, hay que trabajar desde bastante tiempo atrás y tratar de vencer las posibles resistencias -no solo las del Parlamento, sino, y sobre todo, las del Consejo-, utilizando la capacidad de presión y veto del país para terminar de limar asperezas, y precisar, tal vez, nuevos compromisos.

Porque, por encima del trabajo técnico de la Comisión, se encuentra el juego político de Parlamento y la capacidad de maniobra del Consejo, en el que los países construyen sus alianzas.

La presidencia checa ha demostrado que es posible que una presidencia euroescéptica produzca avances inusitados, no tanto por su propia voluntad, sino por efecto de la coyuntura y de los calendarios. La presidencia semestral de Václav Klaus se ha visto favorecida por determinadas circunstancias, que han permitido aprobar la insólita cifra de 6 proyectos legislativos en primera lectura en el Parlamento, y apuntar los mayores logros de cualquier presidencia anterior.

Tomada carrerilla, la República Checa ha acabado ratificando, ya bajo la presidencia sueca, en noviembre de 2009, el Tratado de Lisboa, con el que el propio Klaus estaba frontalmente en desacuerdo.

El éxito del presidente checo como mandatario temporal de la Unión Europea tiene claves ajenas, incluso contrarias, a lo que a él, segramente, le hubiera gustado hacer, y que le arrastraron a una eficiencia aparente. Resulta que terminaba un período parlamentario, y los diputados salientes deseaban presentar un ejercicio con los mejores logros legislativos.

Justamente lo contrario de la situación en la que se encuentra España, con un Parlamento recién llegado, con una Comisión en funciones y un nuevo Tratado que cambia alguna reglas de juego, con un flamante Presidente de la Unión Europea solapado con la Presidencia semestral y la aparición de conflictos de competencia entre Comisión y Consejo (La Comisión pretende haber obtenido mayor independencia para actuar desde la firma del Tratado de Lisboa, en contra de la opinión del Consejo, que no quiere ver recortada su facultad para decir la última palabra).

En fin, nada que no supieran los funcionarios y técnicos españoles expertos en temas comunitarios. Lo que no se entiende es porqué, desde el Gobierno español, se pusieron tantas expectativas sobre una posición temporal del Presidente Zapatero que aparecía desprovista de oportunidades concretas de conseguir algo efectivo y, sobre todo, una vez que la previsión de conseguir un acuerdo en Copenhague -y abortarse la opción de un Copenhague 2 durante el segundo trimestre-, saltó por los aires.

¿Qué se puede hacer antes de finales junio de 2010?. Realmente, que tenga proyección mediática, muy poco. 

Tal vez, la preparación de un marco para un acuerdo sobre el Cambio Climático en México a finales del 2010 (muy problemático), con una concreción pragmática de la posición europea en la reunión de junio en Munich, y el avanzar en temas que ya están en la cartera del Consejo y que no será fácil desbloquear.

Poco se podrá hacer para lanzar la Directiva de Suelo, que está bloqueada desde 2006 por Alemania, Reuno Unido y Francia (además de Holanda y Austria), la de Residuos Industriales (pendiente de la segunda lectura del Parlamento, que pretende una mayor exigencia en los valores límites de emisión y en los períodos transitorios).

No hay mucha opción para las Directivas Rohs y Wee (respectivamente, para  residuos domésticos y equipos electrónicos), con muy notables discrepancias entre los países de la Europa de los 27.

Qué decir diferente de la Directiva sobre Biocidas, sin especiales problemas políticos pero de gran complejidad técnica y burocrática.

y poco vuelo político inmediato se puede esperar del Proyecto de Reglamento para reducción de las emisiones de CO2 en vehículos comerciales ligeros, que también encuentra reticencias por la situación de crisis actual (aunque, salvo España, todos los demás países de la Unión parecen haberla superado).

Otras preocupaciones temáticas expresadas por el equipo del Presidente Zapatero se refieren a los temas de protección forestal (bloqueado conceptualmente por los países nórdicos, que no desean ninguna regulación) y la plasmación de un modelo de gestión de agua para toda la cuenca mediterránea (cuyas dificultades, dada la diferencia económica, política y de actual tipo de gestión técnica y económica, entre los países que se asoman al Mediterráneo, no merece la pena ni siquiera especificar). Habrá reuniones en Barcelona y Gijón, pero serán de trámite, no de conclusiones.

Lo escrito: La presidencia española en el Consejo de la UE no podrá ser más que una gestión de transición. Que no es poco y que hubiera podido ser rentabilizado internamente si se hubiera puesto el signo de atención públic sobre nuestra vocación europeísta, explicando los temas tal como estaban y con las dificultades reales que se estaban encontrando.

Pero se ha perdido la oportunidad, presentando nuestro paso por esta institución de la UE como si se fuera capaz de marcar un hito histórico. Los optimistas, en épocas de crisis, siempre pierden sus plumas, porque en los momentos de cambio de coyuntura, los pesimistas parecen tener razón.

Sobre las perspectivas de recuperación económica en España

Si atendemos a la percepción directa de la actividad económica española que puede obtenerse directamente de la calle, no hay ningún síntoma de recuperación aún. El número de locales comerciales que están cerrados o anuncian su total liquidación por cese de negocio, ha aumentado. El número de viviendas ofrecidas a la venta o en alquiler no disminuye, más bien crece. Y el precio de los inmuebles -en cualquier lugar del país- sigue su tendencia bajista.

En los comercios que resisten, los precios han bajado. Los carteles que confrontan, junto a la mercancía de todo tipo, el precio de "antes" con el de "ahora", son absolutamente frecuentes. Pero, salvo excepciones, los locales no presentan gran activididad, y muchos están vacíos.

Concorde con estas apreciaciones del personal a pie de calle, las cifras oficiales, a regañadientes a veces, reflejan que el paro crece (4,3 millones de personas sin trabajo y queriendo tenerlo), y que la actividad económica declina (el pib disminuyó un 2,9% en 2009 y las previsiones son de que caerá un 2,3% en 2010). Y lo que es más grave, de ser "el país mejor preparado para afrontar la crisis económico-financiera" (gracias, teóricamente, a un modelo de reservas bancarias ejemplar, a una economía más pujante y a otras ilusiones), hemos pasado a ser reconocidos como aquel que se recuperará más tarde de todos los desarrollados.

De poco serviría el optimismo crónico del Gobierno -que persiste en indicar que los datos son menos malos y que lo peor ha pasado- si no se acompañara de medidas o expectativas concretas para reenderezar la tendencia. Porque el deseo no es fórmula para conseguir lo que se anhela: si así fuera, ponemos por caso, cada año, los millones de ingenuos quasiludópatas que creen que este año les tocará el gordo en la Lotería de Navidad, verían premiados sus boletos.

En macroeconomía, sobre todo, lo peor que se puede hacer es no actuar y decir que se está muy bien, porque con ello se consigue que las empresas se endeuden más con perspectivas de negocios internacionales que no habrán de concretarse. En microeconomía, la contraposición de una realidad directamente percibida de más paro e inactividad, contrapesada con mensajes de optimismo desde el Gobierno, mina la credibilidad de éste y crea desconcierto que contrae aún más el mercado.

Las medidas a adoptar han de ser muchas, muy intensas e inmediatas. No pueden ir, desde luego, por la vía de incrementar los impuestos, pues esto retraerá aún más la iniciativa empresarial y el consumo. Para crear empleo, hay que estimular la creación de empresas, facilitando los créditos y orientando las opciones de inversión: lo mercados internacionales de los países emergentes son una oportunidad ahora aún mayor; favorézcase la exportación, la colaboración con sus administraciones y apóyense, con tecnología, sus sectores estratégicos.

Imprescindible la reducción del número de Cajas y su reorganización interna, prácticamente todas ellas (a salvo de La Caixa, Cajamadrid y Cajastur) amenazados de una quiebra que será sonora, pues, metidas en política, nos tememos que están ocultando sus verdaderas situaciones patrimoniales y el alcance de los riesgo que han asumido, impulsadas por sus gestores, con orientaciones exhibicionistas a la galería votante.

(seguirá)

Sobre lo pequeño

El ser humano está mejor preparado sicológicamente para entusiasmarse con lo grande que para apreciar lo pequeño. Y la tendencia a ensalzar lo grande como preferible ha adquirido intensidad en el siglo XX, para instalarse como norma de valoración en lo que llevamos del XXI.  Lo cotidiano está lleno de ejemplos. Desde el Big Mac hasta los Megaconciertos o los Gigatron, todo nos ha crecido.

Los instrumentos de observación y medida nos han ampliado el horizonte de lo perceptible, de lo mensurable. Para cuantificar lo más grande y lo más pequeño, precisamos por ello de nuevas unidades, que nos sirven también para referirnos con brutal exageración al tamaño de los productos comerciales. Encontraremos cada vez más Gigas (10 exp 9), Teras (10 exp 12), Zettas (10 exp 21), Yottas(10 exp 24), nanos (10 exp -9),  picos 10 exp -12), zeptos (10 exp -21), yoctos (10 exp -24), en nuestra vida.

Sin embargo, como no estamos preparados sensorialmente para disfrutar de lo diminuto, aunque hasta el más lerdo puede admitir que se han conseguido avances sustanciales con las nanotecnologías, en lo cotidiano nos hemos centrado en la valoración de lo grande, de lo gigante, de lo máximo.

"Caballo grande, ande o no ande", es el principio que hemos llevado a la exageración absoluta. Cuanto más grande, mejor. Grandes edificios, descomunales monumentos, gigantescas expresiones escultóricas, tremendos bastidores en donde se acumulan líneas y manchas de tamaños ciclópeos, incontrolables congregaciones de forofos ante cualquier manifestación seudocultural, etc.

Los políticos, empresarios, organizadores de toda índole se esfuerzan en ofrecer, inaugurar, impulsar lo inmenso, lo más grande. No lo más alto, ni lo más fuerte, ni lo más veloz. Lo gigantesco es lo que merece el mayor aprecio, lo que más apabulla.

Las consecuencias son nefastas. Hemos perdido el sentido de lo artístico, que ha sucumbido ante el tamaño: si es más grande, más bonito. Museos y ciudades se están llenado de bazofias cuyo único engañoso valor es la dimensión. En el mundo de la economía, aunque se oyen voces acerca de la importancia de la pequeña empresa, como creadora de empleo y riqueza estable, se apoya en lo práctico a las grandes empresas, cuyos propietarios son más influyentes y de las que las movilizaciones laborales resultan mucho más efectistas.

Solo de vez en cuando aflora, como un recordatorio tenaz, la fuerza de lo pequeño. Que no es solo a menudo hermoso, como apuntó Shumacher, sino mucho más: imprescindible, activo, esencial, modesto, complejo, peligroso,... Porque tiene, exactamente, los mismos atributos de lo grande, (salvo el tamaño)porque los factores de escala no afectan al valor, sino que son una consecuencia relativa de la dimensión del observador y su propia capacidad para apreciar el tamaño.

Como hace tiempo que los seres humanos no pertenecemos al centro del Universo, nos parece importante destacar que deberíamos concentrarnos en manejar la utilidad de las cosas en relación con nuestro tamaño y apreciar más lo que, con los ojos de la razón y condicionados por la potencia de la vista respecto a lo que tenemos al alcance de la mano y de la inteligencia, hemos venido calificando como "pequeño".  

 

Sobre la influencia de los blogueros

Para quienes dedicamos parte de nuestro esfuerzo a escribir en un blog, y procuramos hacerlo lo mejor que sabemos y podemos, combinando seriedad, independencia y, desde luego, toda la atención literaria de que somos capaces, cuidando gramática y estilo, sorprende encontrarnos todavía con personas, de reconocida solvencia intelectual y social, que desprecian esta forma de manifestación cultural.

Por supuesto que hay blogs y blogs, y que la facilidad que proporciona el medio para expresarse sin normas, modificando lo que se ha escrito a placer y, muchas veces, descuidando que lo que escribimos puede ser visto por cualquiera, ha dado lugar a múltiples aberraciones y a numerosos ejemplos de torpe quehacer creativo y descuido literario.

Pero esta crítica no es imputable en exclusiva a los blogs, sino que es válida para cualquier otra manifestación de la creatividad humana. No por encontrarse en letra impresa cabe por ello dotar ni de mayor credibilidad, ni elegancia intelectual, ni potencia transmisiva del pensamiento, a lo que puede leerse en un periódico, ni tampo en un libro.

Los blogueros tienen una gran capacidad de influencia que no puede ser ignorada. No debiera serlo por quienes se dedican a la política, pues lo que se escribe en un blog alcanza una gran difusión y puede aparecer dotado de una excepcional posibilidad para generar opinión, destruir una imagen o crear una tendencia.

Esta característica de los blogs, en especial, de aquellos que tienen contenidos serios y están respaldados por comentaristas conocedores de los temas que tratan, les confiere de un potencial excepcional. Y su poder no ha hecho sino comenzar. Precisamente la rapidez con la que se generan desarrollos tecnológicos, informaciones relevantes o curiosas, y la posibilidad de ponerlas a disposición inmediata de todo el mundo, sin trabas ni censuras, dota a los blogs de una fuerza de la que carece cualquier otro medio.

Atentos, pues, a la formación de blogs sindicados en los que personas especialistas, comentaristas serenos y capaces, difunden sus ideas. Un blog tiene mucha más potencia intrínseca que un libro o un artículo periodístico. Y, como forma moderna de comunicación, no lo dudemos, posee un excelente futuro.

Sobre los amigos en política

La presidenta de la Comunidad de Madrid, Esperanza Aguirre, ha visto cómo se le descorría el velo de sus sentimientos políticos, por una confesión a uno de sus vicepresidentes (Ignacio González), realizada sin advertir que tenía los micrófonos abiertos y que sus palabras iban a quedar registradas.

El "hijoputa" al que le quitaron un puesto en CajaMadrid para "tener la suerte de dárselo a Izquierda Unida" es un hombre de confianza de Ruiz Gallardón, alcalde de Madrid, aunque seguramente la presidenta se refería directamente al propio munícipe, con el que no está precisamente a partir un piñón.

Pero se pueden hacer otros análisis de una frase cuya autoría y contenido no pueden negarse, porque se pusieron a la vista y oídos de todo el mundo. Por una parte, resulta manifiesto que es preferible para la presidenta promocionar como consejero a un representante de su oposición más descarada, un rojo de los de antes, que hacer hueco para un compañero de partido.

Por otra, también queda mal el vicepresidente, pues la confesión está destinada a corroborar un contubernio de dos, por lo menos, y no caben dudas en que el receptor de la frase y la emisora de la misma, comparten sentimientos. Así que es sencillo concluir que el Partido Popular tiene, en su seno, un nuevo germen de discordias, en la lucha por el poder de regir los destinos del país que vaticinan las encuestas, en las que el avance del partido de la gaviota sobre el de la rosa es cada vez más abrumador.

El país necesita a gritos un cambio de política, de credibilidad, de orientación económica. El PP está tejiendo una madeja en la que hay demasiadas cabezas para una propuesta económico-financiera aún muy difusa, en la que los adeptos a Aguirre no consiguen ocupar puestos relevantes.

Manuel Pizarro abandona su escaño, quejoso de que no se le ha dado la relevancia personal que reclamaba por su trayectoria (ay, cuánto mejor hubiera quedado como simple profesional competente del sector eléctrico, y no como verde candidato a sacar de sus casillas a Pedro Solves, en un debate desigual).

Rodrigo Rato, cuyo currículum resistió los iniciales rechazos de los partidarios aguirristas, manifiesta su criterio de fidelidad a Rajoy, rescatando a un colega asturiano, Fernández Norniella, con la intención de apalancar su poder ejecutivo en CajaMadrid.

Y, en fin, Cristóbal Montoro, un ácido combatiente de cualquier opción que provenga desde el gobierno socialista, sigue esperando que alguien le de argumentos para poner en pie una estrategia creíble de recuperación del país, cada vez más hundido en la crisis, el paro y la falta de iniciativas.

Sería muy aconsejable que los políticos del principal partido de la oposíción se esforzaran en unir fuerzas, separar corruptos, proponer medidas creíbles, y se abstuvieran de opinar acerca de los compañeros de partido, extremando los cuidados en la utilización de su vocabulario.

Porque nos da la impresión de que la diferencia sustancial en los comportamientos políticos de la izquierda y la derecha se concreta en esta desgraciada conclusión: los descontentos del PSOE, lo abandonan para pasar a ser críticos independientes; los descontentos del PP se mantienen en el partido, atentos a ponerse zancadillas y darse patadas por debajo de la mesa. Los micrófonos abiertos permiten, de vez en cuando, dejar el culo al aire de los verdaderos sentimientos que pululan entre bastidores.

Que el futuro nos coja confesados.

Sobre el significado de la edad de jubilación

Sigue pululando por ahí una patraña por la que se define la edad de jubilación como aquella en la que, después de una vida dedicada al trabajo, se tiene el derecho a un merecido descanso, para que el envejeciente pueda disfrutar de sus últimos años sin necesidad de dedicarse a la mejora de la productividad de la sociedad a la que ha dedicado sus mejores años.

Ahora resulta que los excedentes de la Seguridad Social, conseguidos cuando la población activa era mucho menor, se tienen que emplear en compensar las prestaciones sociales de ese sistema que, teóricamente, apela a la solidaridad entre los ciudadanos como ningún otro.

Seguramente gracias a ese sistema tan peculiar, se han podido prejubilar jóvenes de 45 o pocos años más, pertencientes a los sectores de la minería del carbón, del naval o, incluso, de empresas sobrecargadas de personal porque en otro tiempo fueron públicas, como Telefónica, o privadas que entraron en la ineficiencia de una estimación de mercado muy alegre, como muchas del autómovil, del sector metalmecánico o de la construcción.

Igualmente, por mor de esa solidaridad, un número creciente de jetas laborantes -no precisamente todos latinoamericanos, pero también- se complacieron en exprimir a tope las opciones que presentaba el combinar períodos de trabajo cotizados con otros maravillosos períodos de cobro de prestaciones de desempleo, combinados, en no pocos casos, con estupendas opciones desde la economía sumergida, que benefican tanto a empresarios sin escrúpulos fiscales como a trabajadores necesitados de mejorar su nivel de vida o incrementar sus ahorros con destino a sostener familias allende los mares.

Ahora resulta que, después de haber negado sistemáticamente que el sistema de la Seguridad Social pudiera entrar en quiebra, como habíamos vaticinado estudiosos de medio pelo (porque no hacía falta ser un lince para vaticinar hacia dónde íbamos), va a hacer falta más madera para que los que esperaban jubilarse a los 65 años a partir de mañana puedan disfrutar de su pensión.

Los nacidos desde 1948 van a tener que trabajar un poco más, cotizar un par de meses más o incluso dos años más, para obtener -obviamente- un par de meses menos de prestaciones, o los dos años de marras, porque nuestros legisladores han descubierto, así de pronto, al hacer las cuentas, que no va a haber bastante dinero para pagarles las pensiones. No tiene nada que ver con el baby boom, por supuesto -eso sucedió a partir de los 70, y esos jóvenes se jubilarán a partir de 1930, por lo menos, y, además, justamente por haber aumentado la población, lo lógico sería argumentar que habrá más cotizantes hasta entonces.

Entendemos muy bien que se sientan engañados quienes han venido cumpliendo escrupulosamente con sus obligaciones y se ven ahora sometidos a una nueva presión recaudatoria.

Especialmente lastimosa es la situación de quienes, por no tener padrinos, se han visto despedidos sin contemplaciones gracias al abaratamiento de la patada en el culo y, al no encontrar trabajo fijo, se han dado de alta como autónomos, para seguir cotizando a la espera de alcanzar la edad dorada, admitiendo asumir tareas precarias de unas empresas que se beneficiaron de las menores cotizaciones del personal más joven, pero necesitaban seguir utilizando la experiencia de los mayores a los que habían despedido.

Queda claro el significado de la edad de jubilación. Una magnitud variable al servicio de la ineficiencia de los planificadores, de la conveniencia de las empresas y de la desfachatez (propia o impulsada) de los que se aprovecharon y aprovechan de los agujeros del sistema, sin preocuparse de nada más que de obtener los mayores beneficios para sí del trabajo de los más honrados.

(Por cierto, resultan bastante incomprensibles los datos de la EPA: si hay 1,2 millones de hogares con todos sus miembros activos en paro, y aceptamos que la familia media en edad de trabajar de tales hogares se compone de 2 personas, habría 2,4 millones de desempleados de los 4,3 que constituyen el total que no tienen más ingresos que los de las prestaciones sociales.

Sería muy interesante que se divulgaran, también, el número de personas y sus edades de quienes están percibiendo esas prestaciones. Porque, o hay mucho ciudadano que vive de sus ahorros, o la economía sumergida ha crecido de forma desmedida, ya que las cifras no se corresponden con la escasa o nula conflictividad social que cabría suponer de tales descalabros en las percepciones familiares detectadas).

Sobre Tomás de Aquino y Alberto Magno

Dos de los personajes más venerados por la iglesia católica son una pareja intelectual de hecho: Alberto Magno y Tomás de Aquino, ambos Padres de la Iglesia (y, por tanto, santos). A la advocación del primero como patrono se han apuntado los licenciados en químicas y exactas y a la del segundo, los estudiantes católicos.

El día 28 de enero se conmemora la festividad de Santo Tomás de Aquino (aunque no falta quíen quiere demostrar que no nació en Aquino, sino en otros lugares de Italia, y algunos dudan de que se llamara de verdad Tomás). Fuera su nombre el que fuera, su obra, inmensa, escrita en apenas 3 décadas, deja constancia de su capacidad intelectual y su voluntad sistemática.

Traemos aquí a estos dos colosos de la ciencia teológica, porque representan la imagen ideal de maestro y discípulo, en la que el primero pone la base para que el segundo se proyecte, y salte aún más alto.

Nada que ver con lo que hoy se estila, en el que la mayor parte de los maestros se sienten desmotivados, perdidos ante un alumnado demasiado numeroso y harto apático, al que no están seguros de poder enseñarle algo, y una mayor parte de los alumnos están preocupados por cualquier cosa, menos por aprender; y, mucho menos, por lo que puedan enseñarles sus docentes, a los que desprecian, critican e ignoran, esperando de ellos únicamente el aprobado final que les garantice el pase hacia un hipotético mundo mejor.

Por supuesto, hay todavía muy buenos profesores y muy buenos alumnos. No son la mayoría; ellos y solo ellos tienen derecho a festejar las efemérides de dos personajes que parecen de ficción, pero ahí quedaron sus obras: Tomás y Alberto; discípulo y maestro. Quizá no se llamaban así. Pasó todo hace tanto tiempo... (siglo XIII, para los más despistados)

 

Sobre la historia de Pepe el Ferreiro

La historia podría contarse como un cuento de hadas, trasgos, envidias y maleficios, sino fuera porque está pasando en este momento y tiene todas las características de verosimilitud, salvo que se demuestre lo contrario.

Va ya para muchos años, vívía en  un pueblo de Asturias, cuyo nombre era Grandas (o Grandes) de Salime, un tipo singular, con especial sensibilidad para ver el valor de lo que los demás dejaban en el olvido o tiraban a la basura cuando morían los vieyos del lugar.

Como los fíos y los nietos de aquellos que se habían dedicado a la labranza no tenían ni pajolera idea de para qué servían la mayor parte de los cachivaches que encontraban en lo que habían sido las cuadras, paneras, hórreos o cochiqueras, se abandonaban o se regalaban a quien los quisiera los mecanismos, cacharros y cachibaches que habían servido a los güelos para sacar adelante sus vidas. Con actividades que no daban el rendimiento, ni de lejos, de las pensiones y subvenciones.

Ese paisano del que escribimos tiene por nombre verdadero José Naveiras Escanlar, pero como se ganaba la vida forjando hierros, todo el mundo lo conocía y conoce como Pepe el Ferreiro.

La colección de Pepe el Ferreiro fue creciendo con el tiempo, porque cuando encontraba algún trasto singular, lo limpiaba, lo arreglaba y, si tenía que funcionar, lo ponía a trabayar otra vez, que daba gusto, ver moverse aquellas máquinas que volvían a moler el maiz y la cebada, o aquellos hornos que debían haber servido para hacer un pan de escanda de los de quitar el hipo, o esotros aparatos que tuvieron como función yuncir, rastrillar, fesoriar, arar, aventar, carretar, llindiar, escaciplar, etc.

Un día, pasaron por Grandas unos señores y señoras estudiados en Uviéu y Xixón (que antes se llamaban Oviedo y Gijón) y dijeron a Pepe que aquello que tenía en casa era de un valor incalculable y que había que darlo a conocer porque serviría para atraer a muchos turistas y, aunque Pepe se resistió, le dieron un gorro de cuidador mayor de aquellas cosas -que eran suyas, y a la nave en donde las guardaba la llamaron Museu Etnografico de las Asturias. También, como era un hombre modesto, le ofrecieron un salario y le pusieron varios jefes por encima.

Nadie se explica por qué, con el transcurrir de algunos años, un día a Pepe el Ferreiro le prohibieron el acceso a lo que había creado, argumentando que no lo estaba gestionando bien, porque no daba toda la información necesaria para rellenar las casillas de unos formularios informáticos que había que enviar a no sé dónde.

Le pidieron las llaves del museo y lo mandaron, poco más o menos, a freir espárragos, a tomar polculo, a mirar las estrellas. Eso sí, el que lo sustituyó como cuidador de la colección, le advirtió que si quería entrar al Museo a partir de ahora, tendría que pagar la entrada, como todo el mundo.

No sabemos cómo terminará el cuento. De momento, varios centenares de amigos y admiradores de Pepe han denunciado el atropello que se está haciendo con un personaje que, como el rey Midas, convirtió en una preciosidad digna de toda admiración lo que muchos consideraban que era mierda.

 

 

Sobre los confines de la heterosexualidad

Escribir que nuestra sociedad occidental le da una importancia desmesurada al sexo, es proclamar una evidencia. Los matices implican, sin embargo, reconocer que se puede aplicar también a la cuestión el aforismo de "dime de lo que presumes y te diré de lo que careces".

La sexualidad es un aspecto más de la pulsión vital, vinculada a muy particulares sensaciones placenteras cuando se acude a la relación sexual con una persona a la que amamos. Desgraciado el ser humano que no ha conocido el goce de a mar a otro y haberlo hecho desde la intima satisfacción de sentirse entregado a él, en una unidad que no por pasajera es menos intensa ni dramática. Porque el paseo por el amor y la muerte es, como sabe todo adulto sensato, la sensación característica de nuestra racionalidad.

Pero la cuestión que queremos proponer no está relacionada con la intensidad del amor, ni del sexo, sino que deseamos poner el énfasis sobre la forma de practicar el segundo en parejas heterosexuales. Se dice que lo que sucede en la intimidad de cada alcoba es un misterio que solo comparten los que lo viven de puertas adentro. Bueno. Aunque esta defensa de la intangibilidad de lo que afecta a las relaciones sexuales de la pareja no ha de impedir ahondar en lo que nos une a todos los humanos que es, también en este tema, mucho y sustancial.

Quienes han estudiado algo de estadística saben que lo que se define como "comportamiento normal" no es sino una manera semántica de referirnos a la realidad de que, junto a una mayoría simple de comportamientos más comunes, existen mucho otros comportamientos que se desvían de ellos. Son, obviamente, registros también normales, lo que no impedirá considerarlos no habituales y, respecto a lo que es normal, desviados e incluso, si la desviación es extrema, aberrantes.

Una pareja heterosexual practicará, por propia naturaleza, habitualmente, el acto sexual de la forma como han sido conformados los respectivos sexos. Se ha considerado tradicionalmente como un tabú, cuando no como una aberración, la práctica del sexo anal- Sin embargo, nos atrevemos a afirmar que una mayoría inmensa de parejas heterosexuales lo practican ocasionalmente como una manifestación más del comportamiento íntimo.

¿Son por ello aberrantes?. No osaríamos tal calificativo. Pero esas mismas parejas hablan de aberración, porque así han sido socialmente educadas, cuando se imaginan el sexo practicado entre personas homosexuales.

Dejemos ya la cuestión sexual en su lugar, comportándomos con sentimentalmente adultos. Hay otras características más definitorias de la persona que la forma cómo practican el sexo. Hay mucho que decir todavía desde la sinceridad en la valoración de los comportamientos sexuales, porque, aunque hayan caído tabúes, el tema sigue estando impregnado de deformaciones, temores  y falsedades. Libertad, pues, pero preocupémonos de otros aspectos más relevantes del ser humano, muchas de ellas, más patentes manifestaciones de su racionalidad.

Sobre las previsiones

Muchas previsiones no se realizan con el objetivo de vaticinar el futuro, sino de provocar reacciones en el público con objetivos retorcidos. Generalmente, las razones de las falsas previsiones son económicas. Es muy fácil movilizar a mucha gente, si se cuenta con la base de credibilidad adecuada y el aparato para la difusión de la mentira o la media verdad.

El caso de la gripe A se está conformando como un ejemplo de la implantación de una falsedad utilizando una entidad con credibiliad (hasta ahora) para vender un producto comercial que premitiría (a saber) conjurar la gravedad de un virus hipotéticamente mortal.

La Organización Mundial de la Salud se encargó de tocar a rebato con alarmas terribles sobre la mortandad que se avecinaba por culpa de una mutación del virus ese de la gripe que cada año nos visita y nos fuerza a unas vacaciones en cama de un par de días.

Resulta que se va aclarando que el virus no mutó más que lo que acostumbra, que la gripe de este año es incluso más benigna que otros, y que lo único verdadero es que se han enriquecido más los fabricantes de esas vacunas de las que los países más civilizados (pero nos tememos que con los responsables cada vez más estúpidos o, al menos, más crédulos) se apresuraron a hacer acopios masivos.

Va a ser cosa de recordar que las únicas previsiones a las que hay que hacer caso son las que uno mismo realiza de acuerdo con su experiencia y que las mejores estadísticas son las que se peinan y lavan con las propias ideas. Porque, al fin y al cabo, no podemos olvidar que, desde que el mundo se ha poblado de incrédulos del Más allá (salvo, según parece, los seguidores de Alá), son demasiados los que creen que hay que aprovechar al máximo en el propio beneficio los cuatro días que se van a pasar en este mundo. 

Sobre la ruta Jacobea para invertidos

El año 2010 es año santo compostelano, lo que movilizará muchos peregrinos hacia Santiago de Compostela, de los que un significativo porcentaje harán parte del camino (de los caminos) a pie, haciéndose sellar el pasaporte ad hoc para guardarlo como recuerdo.

Hacer el camino se puso de moda hace algunos años, como una forma de terapia individual o de grupo, uno de cuyos elementos principales está en separarse de las preocupaciones habituales -que, además del trabajo, pueden estar constituídas por la familia- y dejarse llevar.

Pocos serán, nos tememos, los que culminan el camino con el objetivo fundamental del peregrinaje devoto, que consistiría en ganar la indulgencia plenaria, si se confiesa el peregrino de sus pecados y comulga en la catedral de Santiago.

Por eso, como la parte religiosa ha quedado para muchos transformada en mero disfrute, proponemos hacer el camino al revés. Partir de la catedral de Santiago, con buen zapato, bordón inmaculado y la correspondiente mochila con bocatas y vino, y andar al encuentro de los que se acercan sofocados, para acabar en Roncesvalles, en León, en Madrid o en la casa donde se vive, rendido, roto y depurado.

Escríbannos, por favor, con las impresiones, y les mandaremos a vuelta de correo las indulgencias.

Sobre los homenajes póstumos

La consideración que su existencia ha de merecer a sus conciudadanos no dependerá solamente de Vd., sino sobre todo, de la manera en que se produzca su óbito.

Si Vd. tiene la mala suerte de morir en un accidente de autobús cuando regresa de ver un partido del equipo local, ha caído por un barranco mientras hacía senderismo y estuvo varias semanas perdido sin que su cadáver fuera encontrado, o le han acuchillado al salir del cine al ver una película de Almodóvar, sus posibilidades de tener un funeral multitudinario y de que el alcalde/alcaldesa de su puebloa, decrete tres días de luto y bandera a media asta en el edificio del Consistorio, son muy altas.

Por razones desconocidas, que nada tienen que ver con lo que haya sido el resto de su vida (toda). Estamos en un mundo que concede gran valor a los símbolos mediáticos.

Sus posibilidades de adquirir notoriedad póstuma son mucho más altas, desde luego, que si ha dedicado su vida a la investigación, ha sido funcionario probo y eficiente durante cuarenta años o ha consumido sus años como monja dedicada a la enseñanza en el Gabón (ejemplos, como los anteriores, estrictamente imaginarios).

Al igual que existe la fórmula del testamento vital y en paralelo con otras últimas voluntades, quienes han dedicado su vida a hacerlo lo mejor posible, sin recibir la mínima consideración de sus contemporáneos, podrían preocuparse por garantizar que, si tienen la mala suerte de que su muerte se produzca en condiciones de circo mediático, no les hagan, por favor, un homenaje. Que los dejen en la paz e ignorancia con la que les mantuvieron en vida, cuando sí les hubiera producido alguna satisfacción que alguien se preocupara por manifestar algún reconocimiento por su trbajo.

Sobre los aprovechados de primera generación

En esa obra maestra de captación de sensibilidades, que es "El abuelo", de Benito Pérez Galdós -genialmente adaptada al cine por José Luis Garci y en figura inolvidable interpretada por Fernando Fernán Gómez-, D. Rodrigo, conde de Albrit y señor de Lamperusa dogmatiza a uno de sus servidores (creemos recordar que Senén) que una manera segura de enriquecerse es aprovecharse de los que dejan sus bienes abandonados o van despilfarrando y desperdiciando lo que tienen.

La pertenencia a la primera generación de aprovechados, ladrones y ladronzuelos, apropincuadores y usurpadores de lo ajeno, lleva en sí el riesgo de tener que superar el momento en que los verdados propietarios descubren el expolio del que están siendo objeto y lo denuncian o se toman la justicia por su mano.

Una vez que dejan atrás ese momento, que se superan los períodos para la usucapión o que se comprueba que los propietarios legítimos han olvidado sus derechos o los desconocen, es el momento de disfrutar de los bienes ajenos como si fueran propios, porque lo serán para siempre. Nadie reclamará y las nuevas generaciones, los hijos, nietos y demás descendientes de los aprovechados, creerán incluso que lo que poseen lo han adquirido legítimamente.

Podrá parecerlo así, y hasta se consiguirá acreditarlo con papeles, sellos y membretes. Ante los que esgrimen títulos, bienes y riquezas que no han conseguido con su propio esfuerzo demostrable, solo podremos oponerles el privilegio de la duda de cómo los han obtenido sus ancestros. Para que mediten de dónde viene ese prestigio, ese olor a distinción que contiene un tufo a podredumbre.

 

Sobre la política humanitaria de los Estados Unidos

Si alguien tenía dudas respecto a que la economía necesita de la ideología para subsistir, la situación internacional actual ofrece variados ejemplos. Y, si alguien tenía confianza en que la plasmación de una ética universal podría ser alentada desde las dos potencias económicas occidentales, tendrá que contentarse con la esperanza de otros tiempos.

El desastre natural de Haití, aupado sobre el desastre artificial (provocado por otros seres humanos) que ya caracterizaba esa parte de La Española, ha venido a confirmar algunas diferencias en la actuación de la Unión Europea y de Estados Unidos.

En los primeros días después del terremoto, las delegaciones de ayuda humanitaria europeas se han dedicado, muy preferentemente, a rescatar a sus nacionales desplazados en la isla y ponerlos a salvo. Lo han reconocido así algunos de los enviados a Haití y lo demuestra la rapidez con que todos los gobiernos europeos se han apresurado a dar noticias de la situación de quienes se encontraban realizando trabajos en Haití.

La movilización desde Europa de ayuda para Haití fue impresionante. Sobre todo, por lo plural, descoordinada, heterogénea y masiva. Todo el mundo se quiso solidarizar, todos los estados, regiones, municipios y aldeas parecieron dispuestos a enviar gentes, medicamente, víveres. Se fletaron multitud de aviones que colapsaron el aeropuerto semidestruído de Puerto Príncipe, mientras los constituyentes de los equipos de rescate y ayuda se lamentaban de carecer de instrumentos, comida, medios con los que ejercer su intención de paliar la terrible situación cuanto antes.

Paralelamente, la delegación de la ONU, los entrañables boinas/cascos azules (la Minustah), que ya estaban en la zona, a pesar de estar afectados por importantes bajas y tener su sede central destruída, trataron de sacar pecho e hicieron lo que podían. Sus actuaciones después del seísmo  merecen todo respeto.

¿Se preocuparon los Estados europeos, desde su hipotética presidencia general (bicéfala), de coordinar las ayudas que se movilizaban de manera desordenada desde múltiples lugares, de enviar más efectivos militares bajo un solo mando, preparados para la emergencia, utilizando las bases de la ONU y la estructura remanente de la Minustah, se preocuparan, en fin, de estructurar el despliegue humanitario como una Unión de países? Por las apariencias, no. No como deberían haber hecho. Habrá que conocer más detalles, pero solo ha quedado patente su impulso de ayudar y su descoordinación para actuar.

Aparecen entonces los Estados Unidos. Ni ongs, ni voluntarios, ni particulares conmovidos aportando sus granitos de arena. Ni descoordinación, ni pequeños envíos en miles de paquetes abandonados a una distribución imposible. Envían su fuerza de élite, los Marines, preparados para situaciones límite, para combatir en terrenos difíciles, equipados para subsistir y resistir en las condiciones más crueles.

Armados, por supuesto, aunque en la primera línea de choque solo enseñen sus fabulosos equipamientos militares de protección.

Comprendemos los recelos que ha suscitado este despliegue. Se trata de una ocupación, sin duda, de un país sin Gobierno (¿dónde está el presidente Préval, dónde sus ministros?) , sin estructuras, sin medios de prácticamente ningún tipo y en el que la delincuencia tiene ahora mejores opciones que nunca para el robo y pillaje, la extorsión y secuestro, la amenaza y el asesinato, etc.

Vaticinamos que los Marines -o, en su otra forma, el ejército norteamericano- tardarán en marcharse de Haití, a salvo de que la Unión Europea plantee, de forma clara y concreta, su voluntad de dirigir la remodelación del país hacia la modernidad.
En esa labor, por cierto, ya estaba la ONU, cuyo Consejo de Seguridad ordenó el envío de los efectivos que conforman la Minustah; cuya "s" proviene de Stabilisation (en francés)y ése era/es el objetivo básico de esta fuerza milico-humanitaria, después de la intervención militar que derrocó a Aristide.
Y ese objetivo no puede abandonarse en manos de la "política humanitaria" de los Estados Unidos, cuya sensibilidad ha quedado probada en Irak, Afganistán, Corea, Vietnam, por no buscar otros ejemplos algo más alejados en el tiempo y por no referirnos a las actuaciones desarrolladas justamente en la estratégica región de Centroamérica y Caribe.
La ONU no puede perder la cara a la situación de Haití, y la Unión Europea no debe arrugarse ante el formidable empujón que le ha dado en las espaldas los Estados Unidos, aunque lo haya hecho con la sonrisa de niño bueno del Presidente Obama y con el beneplácito con aires de pelotillas del Presidente Zapatero, al que le toca defender los intereses europeos y no aplaudir cualquier movimiento que haga el chico del Zumosol.

Sobre el tráfico ilícito de materiales nucleares

Natividad Carpintero, secretaria general del Instituto de Fusión Nuclear, pronunció el 20 de enero de 2010, en el salón de Actos del Instituto de la Ingeniería de España,  una conferencia con el título "Tráfico ilícito de materiales nucleares".

La interviniente puso énfasis en que no se le grabara la conferencia, que fue brillante y muy atractiva, al menos, para quienes somos legos en estas materias, de compleja naturaleza, que se relacionan con la seguridad ciudadana y uno de sus opuestos, el terrorismo y la amenaza nuclear.

No entendemos exactamente la preocupación de Carpintero para que no se registrara su charla, pues no podía estar relacionada con la difusión de material confidencial -en lo que fue extremadamente prudente y cuidadosa-, ni mucho menos, con la menor reserva hacia la forma de su magnífica locución y exposición. Respetamos, sin embargo, su derecho de autora, que ha escrito mucho sobre este y otros temas relacionados con la seguridad, como el bioterrorismo -algunos disponibles en internet- por lo que nos limitamos a dar algunas pinceladas de un tema tan poco conocido.

Carpintero delimitó el objeto de su conferencia, de acuerdo con las definiciones de la OIEA, al caso particular de los materiales fisibles que pueden emplearse como explosivos para fabricar una bomba atómica (U236 y Pu 239). Después de enumerar las amenazas claves para la seguridad, según el concepto de la UE, entre los que figura el terrorismo provocado por la proliferación de armas de destrucción masiva, en una velocísima inmersión sistemática, se refirió a los 5 tipos de calificación de fuentes radioactivas de la OIEA, para encuadrar las dos especies de terrorismo nuclear:

a) bombas sucias, cuyo objetivo es causar pánico (Weapons of Mass Disruption), bien de explosión, que precisan al menso 20 kg de uranio altamente enriquecido (más del 90% de U235) o de implosión, que precisarían 35 kg al menos de U al 50% y Pu enriquecido como activador.

b) ataque convencional a instalaciones nucleares (ANFs), provocando la liberación de los elementos radioactivos.

Natividad Carpintero salpicó su intervención de algunas anécdotas y, sobre todo, la pobló de rigor y claridad. Especialmente interesante resultó, en nuestra opinión, la enumeración de los Acuerdos para Seguridad Nuclear (desde la Convención del 86, la CPPNM del 87, hasta las resoluciones de las NU 1540 (204) y 1673 (2006) y la CSN UN 1373 (2001), o las no vinculantes, como el Código de Conducta de 2003.


La disolución de la URSS, potencia nuclear que tenía un complejo desarrollo específico, generó la alarma mundial en relación con el destino de los materiales nucleares que quedaban sin el control imprescindible.

En las llamadas ciudades cerradas "ZATO", de las que se conocían 10, bajo la dirección del Minatom, vivían unas 100.000 pesonas, con diferentes grados de responsabilidad, conocimientos y valoración de las posibilidades y efectos de materiales y equipos con los que habían trabajado. Los casos de tráfico ilícito reportado fueron numerosos, siendo uno de los más significativos el descubrimiendo de 1972 kg de U enriquecido robado posiblemente de Elektrostal. La OIEA caracterizó en junio de 2002 las "fuentes huérfanas" nucleares, fundamentalmente, instalaciones de las ex-repúblicas soviéticas y, sobre todo, localizaciones en Georgia (gaanganta de Pankisi).

Entre las anécdotas, Natividad Carpintero se reifirió a la actuación del científico paquistaní (nacido en la India) Khan (Jan) Abdul Al-Quadir, padre de la bomba atómica de Pakistán y que fue acusado de haber vendido información a Maamer Al Guadafi (además de a Corea del Norte e Irán) para desarrollar un programa nuclear clandestino, y que ha sido recientemente liberado después de haber soportado un arresto domiciliario de varios años.

Pero la Conferencia no discurrió por el terreno de las anécdotas, sino de la información seria acerca de las formas que se están implementando o ya están instaladas para detectar el tráfico ilícito de materiales nucleares, desde la ITDB (Illicit Traffick Database), hasta los dispositivos de control y protocolos seguidos por la WCO (Organización Mundial de Aduanas), la Interpol, la Europol, la UPU (Unión Postal Universal), y las medidas marco, como la Iniciativa Global contra el terrorismo Nuclear (suscrita por los Presidentes Bush y Putin), la NSU (Nuclear Smuggling Outreach Initiative).

En muchos puntos fronterizos se han instalado detectores y monitores fijos o móviles, algunos capaces de detectar isótopos a menos de 100 m e incluso en vehículos con velocidades de hasta 50 km/h; y se están desarrollando detectores de neutrones.

No se podría concluir (la repsonsabilidad de esta reflexión es nuestra) que se pueda estar absolutamente tranquilos respecto al riesgo del terrorismo nuclear, pero la sensibilidad creciente de los mandatarios, presionada por la ciudadanía, ha colocado el tema de la seguridad nuclear y la detección del tráfico ilícito de los materiales nucleares como una de las máximas prioridades.

El CSN ha hecho de España el país de referencia para el protocolo mundial de detección en el sector del metal, con 250 pórticos activos; un español está desplazado a la OIA como experto. "El riesgo potencial se convierte en amenaza real según la situación"; en este momento, la reducción de las incertidumbres que demanda la ciudadanía pacífica, obliga a invertir más en detección de materiales y manipulaciones que puedan significar un riesgo.

¿Es excesiva esta preocupación? ¿El gasto merece la pena? ¿Se controla de forma suficiente? ¿Todas las rutas están sometidas a observación?. La ponente obtuvo un merecido aplauso, y el acto se cerró con un cóctel en el que algunos de los asistentes pudieron intercambiar más opiniones, advirtiéndose que en el público que llenó el salón había bastantes expertos en seguridad nuclear.

Sobre espectadores y creativos

La proliferación de creativos no impide seguir distinguiendo a los seres humanos en dos tipos: uno, reducido, aunque con tendencia creciente -al menos, por autodefinición de los que se van incorporando-, de creativos. Otro, inmenso (en relación), de espectadores.

Identificamos a los creativos no tanto por sus resultados, sino por su voluntad. Bastantes de los nuevos creativos surgen como consecuencia del deterioro de los conceptos artísticos y, también, del aumento del tiempo sin destino y la proliferación de talleres de creatividad para que los desocupados de toda índole no se depriman demasiado.

El creativo expresa, con su obra, con su realización, cualquiera que pueda ser su valoración objetiva (si es que tal existe), una carencia: la necesidad de cariño, de ser estimado y valorado.

En la otra acera, los espectadores se concentran únicamente en el disfrute de lo que otros ponen a su alcance. Lo utilizan, lo consumen, lo aprecian o desprecian, emiten un juicio o se lo callan, y se van con su sentimiento a cuestas, para ellos solos.

El creativo no disfruta por la contemplación -ni siquiera de su propia obra, a la que, si es genuino, verá siempre imperfecta-, sino en los efímeros momentos en que el espectador le manifiesta que le gusta lo que ha creado. Lo que ha creado, en general, no para un espectador concreto, pero que ha acabado convirtiéndose en su destinatario, en su único destinatario, comensal exquisito de esa felicidad que la obra ha hecho surgir en él.

Afortunados quienes se saben reconocer únicamente como espectadores, porque de ellos será el reino de los cielos. Porque, muy seguramente, si existe alguien por encima de nosotros -con mayúsculas o con minúsculas-, y ha creado cuanto vemos -o la mayor parte-, lo que espera de nosotros es que nos manifestemos en la contemplación, y cerremos así el círculo de la relación creador-espectador indicándole que apreciamos lo que ha puesto al alcance de nuestros sentidos.

Esa religión/devoción no necesita intermediarios.

Sobre el principio de vinculación positiva

Dos principios contrapuestos delimitan los diferentes esquemas en los que se mueve, en relación con la calificación de las actuaciones respecto a la Ley, el derecho público y el privado.

Son respectivamente: "Quae non sunt permissae prohibita intelliguntur" (Lo que no está permitido, debe entenderse como prohibido)  y "Permissum videtur in omne quod non prohibitum" (Se ha de considerar permitido todo lo que no está prohibido).

Por supuesto, los especialistas en Derecho se han referido en muchas ocasiones a las consecuencias de esta diferente manera de ver las cosas, según se actúe en la esfera privada o en la pública. Sucede, sin embargo, que la realidad fáctica, apreciando el comportamiento de algunos funcionarios y responsables de las Administraciones, viene a demostrar que este aforismo se subestima o menosprecia.

Referido a las actuaciones de las administraciones públicas, el ordenamiento jurídico español ha consolidado un sistema de responsabilidad patrimonial de aquellas que se aparta de la doctrina de la culpa, para establecer la responsabilidad objetiva y directa.

Sin profundizar en el tema, digamos que con arreglo a esta doctrina, es irrelevante que exista un culpable del acto, sino que hay que lo importante es detectar si se ha causado daño, es decir, si hay víctimas que no tengan obligación de soportar las consecuencias de la actuación de la Administración. Por supuesto, es imprescindible que queda demostrada la relación de causalidad entre la actuación administrativa y el daño provocado.

Puede el lector darse un paseo por la ciudad y el campo y comprobar cómo nadie parece haberse enterado que, en el derecho público, lo que no está permitido, está prohibido.

Pero es que, además, lo que está prohibido, parece que se interpreta que está permitido. Descargas de todo tipo de materiales, incluso peligrosos, aparcamientos a doble fila o interrumpiendo el paso de peatones en las aceras, vertidos del cambio de aceite junto a los ríos y arroyos, tubos de escape abiertos y bocinazos a tutiplén sin importar horas, hospitales, prohibiciones,...; sin referirnos, ya en otro orden de cosas, a tratos de preferencia por funcionarios a sus conocidos, familiares y recomendados, saltos descomunales de listas de espera y trámites obligatorios; etc., etc.

Sobre las réplicas del terremoto de Haití en República Dominicana y en otros países

Los enviados especiales de todo el mundo desplazados con ocasión del terrible terremoto que hundió aún más en la miseria a la mayoría de los haitianos y, en particular, a los que malvivían en Puerto Príncipe, se dividen en tres grupos:

a) periodistas de todo el mundo, fundamentalmente de las televisiones, acompañados obviamente de portadores de cámaras y equipos móviles y otros operarios, que toman testimonios ocasionales, aparatosos y elucuentemente gráficos de la tragedia, procurando entremeterse lo más posible entre los sufren, entre los que ayudan, entre los que viven su realidad. Porque la mejor noticia es la que tiene la mayor audiencia de quienes siguen el tema desde sus apacibles casas, tardíamente escandalizados por saber que existe Haití y muy sorprendidos y asqueados por descubrir que ese hipotético Estado no tiene ninguna organización administrativa ni asistencial, y que las ayudas que se habían prometido hace años para paliar otras desgracias, no llegaron o las que llegaron fueron pocas.

b) políticos de todo el mundo occidental, con evidentes ganas de aumentar su proyección popular local, recién llegados a la catástrofe con su uniforme de campaña y acompañados por un séquito variopinto de individuos con misiones bastante desconocidas salvo para ellos mismos, que prometen, ante las mismas cámaras anteriores o, más probablemente, ante las de sus propios servicios de propaganda, que no dejarán solo al pueblo de Haití, que les ayudarán a recuperarse rápidamente, con el mismo tono sospechoso con el que se comprometieron a disminuir las proyecciones de CO2, resolver la crisis económica financiera o ayudar al desarrollo en el mundo global.

c) y, en fin, profesionales y aficionados de las más diversas procedencias -algunos, ay, con camisetas en donde se ve a las claras el equipo al que pertenecen- que ayudan o tratan de ayudar a los dolientes, con los medios, por supuesto, escasos, insuficientes, inadecuados en gran medida, que tienen a su disposición: agua, alimentos, medicinas, ropa, tiendas de campaña, antisépticos, equipos de rescate, maquinaria para retirar cadáveres, heridos, escombros, etc.

¿Cómo va a haber bastantes medios materiales y humanos para resolver el problema de Haití, si hay más de 8 o 9 millones de personas afectadas, no ya por este terremoto, sino por su crisis estructural, endémica, inabordada?

Estabilizada la tectónica, recuperada una nueva calma -precaria- sobre la desgracia, no es difícil imaginar que Puerto Príncipe será foco de atracción para quienes, no habiendo sufrido los desastres del terremoto, tengan sus bienes a salvo y pretendan, faltos de escrúpulos, conseguir alguna ventaja de unas ayudas puestas de sopetón sobre la mesa, quién sabe con qué orden y concierto.

Matarán, amenazarán, robarán. Claro que habrá actos de pillaje, luchas por las ayudas y los bienes abandonados por las empresas sin guardas, por los huídos, por los heridos o por los muertos. Claro está que, si no se arbitra el control suficiente, las ayudas no llegarán siempre a quienes las necesitan, sino a quienes se apropien de ellas, a quienes levanten más alto la mano para decir, aquí estoy yo. Y para eso, hace falta tener fuerza.

Por eso es tan importante estar en el lugar, organizar las ayudas desde el propio sitio que las necesita, detectar en el popio campo del dolor y la carencia, a los verdaderos damnificados.

Es terrible que Haití no tenga Estado, carezca de una administración solvente, y la culpabilidad de que no los tenga no es del terremoto. Hace falta, por ello, organizar de inmediato, una estrategia de campaña, de guerra, con una dirección única sobre todos los medios.

Y existe otro problema. A nosotros nos causan también preocupación las repercusiones del terremoto de Haití en la República Dominicana. Separados ambos países por una frontera tenue, quienes hemos conocido en mejores tiempos -no mucho mejores- a Haití, sabemos que esa marca política estaba defendida por un férreo control militar y policial.

Porque aunque casi todos pobres para los estándares europeos, entre las dos poblaciones había clases: los dominicanos tenían más medios, estaban mejor organizados; sus estructuras adminsitrativas son más sólidas, la corrupción más soportable, el paisaje más fértil, la naturaleza menos esquilmada.

La forma más rápida de hacer llevar la ayuda que necesita Haití, y en particular, Puerto Príncipe, es desde la República Dominicana. En Santo Domingo debería organizarse la selección, agrupación y distribución de los medios disponibles, y ser canalizados hacia Haití mediante cadenas de vehículos en lanzadera, manteniendo un control estratégico, por así decirlo, militar, de lo que se está haciendo.

Para la distribución in situ, es imprescindible agrupar a los supervivientes, llevándolos -hay que convencerlos- a campamentos a unos kilómetros de los lugares asolados y controlando que la ayuda les llegue a ellos, y a todos ellos, no solo a unos pocos. Si no se hace esto así, no solamente habrá cien mil o doscientos mil muertos por el terremoto, sino otros tantos, por el hambre, la sed, las septicemias, las heridas infectadas, el cólera, la cólera.

Y hay que empezar de inmdiato la reconstrucción de la ciudad, con mejores materiales, desde luego, que la de las frágiles edificaciones que se han caído como castillos de naipes. Toda esa labor implica más que un ministerio, y una dotación de personal de de varios miles de personas, contando con material de uso inmediato y varios miles de millones de euros de presupuesto. (por ejemplo: 1 millón de afectados, sostenidos durante 1 año a razón de 700 euros anuales, suponen, solo para eso, 700 millones de euros a fondo perdido).

Reconstruir una ciudad totalmente derruída para 3 millones de habitantes es posible que cueste no menos de 30.000 millones de euros. ¿Hay donantes? ¿Hay interés? ¿Hay tiempo?

Sobre la formación académica y el caos

Podríamos haber titulado este Comentario de muchas otras maneras, todas convergentes: Sobre la formación académica y la banda de Möbius; o Sobre la educación universitaria y la reproducción catastrófica del modelo ineficiente; o Sobre la Universidad y la apatía: es decir, Sobre la incapacidad de las enseñanzas oficiales para cambiar el modelo que nos ha llevado hasta aquí. Cualquiera que sea este modelo.

La valoración pesimista del poder de las universidades se refiere, muy particularmente, a las universidades que siguen el sistema funcionarial que es, por su propia naturaleza, endogámico y, por tanto, perverso. Como todo proceso de selección en el que los que están controlando la cúpula del sistema deciden quiénes han de entrar en ella.

Esos exámenes de admisión, que se concretan en una serie de temas a desarrollar y de preguntas-respuestas cuya evaluación será efectuada desde la presunción de conocimiento de la verdad, no se van a salvar porque se complete con la valoración de un currículum en el que la mayor puntuación se consiga por haber acatado fielmente las reglas del sistema.

No cambiaremos la opinión por el hecho constatado de que hay algunos profesores universitarios muy brillantes, que realizan investigaciones de gran alcance y dirigen equipos motivados de otros colegas y becarios. La mayoría -al menos, la mayoría simple- nos parecen vulgares, cansados, anodinos, concentrados en su rutina, en la penosa obligación -para ellos- de dar un par de clases en la semana y verse recompensados con un salario que no guarda relación con las horas empleadas para obtenerlo.

Por eso, la formación académica que se está impartiendo en las Universidades, coherente continuación de la pobre educación que se transmite en las escuelas, es, por sí misma, una contribución al caos, al desánimo, a la perpetuación de la ineficacia.

Aquí, como en muchas otras actividades de esta sociedad acomodaticia, sería necesario abrir puertas y ventanas, para que entrara en la Universidad la imaginación, la rebeldía, los porquénos de otras maneras, como garantía de regular la falsa impresión de que estamos cambiando la sociedad, cuando en realidad, estamos haciendo todo lo posible por perpetuar sus deficiencias, para proteger a los que ya están en el machito, muy contentos.