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Al Socaire de El blog de Angel Arias

Desdeñando a Desdémona

Como sabe el culto lector, Desdémona fue el nombre que dió William Shakespeare a la fiel esposa de Otelo, quien, cegado por los celos hacia Casio, que le alimentó Yago respecto a ella, la mata, iniciando así un desenlace en el que mueren casi todos.

La obra es un ejemplo recurrente de ese tipo de situaciones en que, dejándose llevar por intrigas cuya intención real es mal valorada, todos acaban perdiendo. No son pocas las situaciones en las que un malentendido desemboca en un daño general, en un despropósito del que muchos padecen las consecuencias, y que podía haberse evitado si se hubiera actuado con prudencia y serenidad.

La vida enseña en que hay muchos momentos en que -haciendo abstracción de personaje y circunstancias-, los/las Desdémonas padecen graves injusticias y que, una vez que el daño causado es irreparable, el asunto desemboca en tragedia de aún mayores alcances, ante el descontrol de los diferentes involucrados.

Nos parece que algunos casos que la compleja expresividad de la fauna política ha sacado a la palestra, tienen el tufo de que se está desdeñando a Desdémona y que, a base de sembrar dudas sobre el comportamiento ético de algunas personas, todos los personajes avanzan hacia lo que se puede asociar a una especie de inmolación colectiva.

El descrédito creciente de la llamada clase política, provocado por la proliferación de descalificaciones y denuncias, propiciadas aparentemente por el deseo de hacer daño, sin que se puedan acreditar en la mayoría de los casos, fehacientemente, las pruebas, invita a considerar que nos encontramos ante una pespectiva de tragedia de gran alcance, en la que resultará afectada irreversiblemente la credibilidad de Desdémonas, Yagos, Otelos, Casios, tirios y troyanos.

Puede, que de haber vivido en la misma época y no haber sido una de ellas (o las dos) personaje de ficción, Penélope y la mujer del César hubieran sido amigas. Aunque la valoración de su comportamiento -en ambos casos, éticamente irreprochable- se hizo desde dos esferas muy distintas: la mujer del César debía ser una mujer intachable, y, además, parecerlo, ante los ojos de los súbditos de su importante esposo; la mujer de Otelo no consiguió, ante él, alcanzar el poder de convicción que su fidelidad irreprochable merecía.

Lo que ya no nos atrevemos a analizar es el tipo de tragedia que se podría armar si ni Penélope fuera tan fiel como se presenta en el drama ni la mujer del César, pareciendo honesta, fuera en realidad cómplice en la malversación de los caudales públicos, la admisión de sobornos, la cara menos pública con la que se ocultaba el enriquecimiento ilícito de su marido.

El desarrollo de esta nueva trama y otras relacionadas ocupa la atención de jueces, políticos de las oposiciones respectivas, periodistas de investigación, directores de media preocupados por las finanzas, etc. 

La cuestión movería a recogocijo sino fuera porque, además de espectadores, todos somos comparsas de la descomunal tragedia de la que empezamos a conocer el guión y algunos personajes de doble moral, pues lo que se ventila, al fin y al cabo, es la mejor manera de sacar adelante una obra común, que es la gestión óptima de la res pública.

 

Parafraseando

Hay que tener mucho cuidado con las palabras. No son elementos neutrales. Aunque tengan idéntico significado, dos palabras pueden suponer que a quien las emite se le juzgue como bien o mal educado y, entre otras posibilidades, se consiga llamar la atención sobre lo que se desea o hacerlo pasar desapercibido.

Las madres eran las transmisoras principales de este valor semántico oculto de algunas palabras prohibidas, que era refrendado por otros miembros de la familia del educando y la sociedad en general. Las niñas eran material especialmente sensible, como receptoras destacadas del mensaje. No se debía, por ejemplo ni decir ni mierda -ni siquiera caca-, ni mear -ni tampoco orinar-, ni culo, palabras que deberían ser sustituídas por sus hermanas de buen tono, pó, hacer pipí y pompis.

Todas estas cuestiones y otras parecidas causarán el estupor y la risa hoy en día, en el que nadie sale a la calle ni menos se sube al automóvil sin un buen acervo de palabras de uso común (antes llamadas palabrotas o tacos) para espetárselas al primero que tarde en arrancar ante un semáforo o al peatón que apure el verde intermitente en un paso cebra; en los colegios, escuelas y guarderías, y especialmente en las Universidades, el empleo de nomejodas estoyhastaloscojones o melasuda es de uso tan común como de buen gusto para ambos géneros (o sexos, si la palabra no resulta molesta al lector).

El gran acervo idiomático del español en relación con los insultos y palabras de las tenidas antes por soeces, ofrece unas excelentes posibilidades imaginativas a los traductores de los textos en inglés en las películas, pues el archirrepetido fuck you (que los americanos siguen escribiendo, incomprensiblemente, f...you), puede ser trasladado de tantas maneras que su enumeración completa ocuparía varios comentarios como éste.

Esta proclividad a parafrasear, seleccionando las palabras para dar más énfasis o no dar ninguno, a un texto, ha llegado, por supuesto, a los escritos técnicos. Ya no se habla de "secuestro de CO2",  sino "captura de CO2", y no se descarta que, dentro de poco, se pueda hablar de "paseo con el CO2" para expresar una de las muchas formas que estamos estudiando de solucionar la reducción en la atmósfera de los perniciosos gases con efecto invernadero que, seguramente porque tan denominación afectaba a la producción agraria, ahora se tiende a llamar gases causantes del cambio climático que, por cierto, más que mutación climática, van a provocar, si no hay otro remedio, una catástrofe extintiva del ser humano.

Algún ingeniero poco escrupuloso con el alcance de las palabras llamó enterramiento de una carretera a lo que ahora prácticamente todo el mundo entiendo por soterramiento; y, por supuesto, los cementerios municipales (privados como públicos, quedando ya pocos de estos últimos), se llaman tanatorios.

En la misma línea, los basureros -de los que aún tenemos, por desgracia, muchos ejemplos "salvajes" en nuestra geografía-  serán menos dañinos gramaticalmente hablando si se les llama vertederos controlados, derivado civilizado de esta especie técnica que agrupa los modos del quehacer humano para llevar la basura donde no se vea.

Los vertederos controlados o no (en Latinoamérica se llaman botaderos), están en riesgo de extinción -aunque la historia va para largo- debido a una moda relativamente reciente, de hacer más complejo el trasiego de la basura, que se llama recogida selectiva. Algunos, incapaces de ver más allá de las palabras, parafrasean con mala intención, que la recogida selectiva es lo mismo que mover la mierda, y que el objetivo real es que las empresas especializadas cobren por ello más dinero, pues acaban mezclándolo todo y llevándolo al mismo sitio.

Pero eso es una falsedad. La razón fundamental de la obligación de separar la basura es permitir que ese ejército incontrolado de camionetas que se dedican a destrozar los contenedores de vidrio, papel y cartón, ropa, metal, etc., puedan encontrar juntos los materiales con los que malviven los nuevos pepenadores.

A vueltas con los pecados capitales

Al parecer, fue Santo Tomás de Aquino, aquella cabeza tan bien amueblada que llegó a abarcar y compendiar para general asombro, todo lo concerniente a lo teológico, quien puso definitivamente nombre a los siete pecados capitales, -así llamados por ser origen de muchos otros- y a las virtudes que los compensan y superan.

Con ello, dió la máxima popularidad a estos vicios de la carne y de la mente, que ya habían sido detectados por San Gregorio Magno, Papa, unos siglos antes, convirtiéndolos en una referencia central para caracterizar a las malas personas de este mundo.

Nada viene a empañar esta idea que muy recientemente, el periódico L´Observatore Romano haya pretendido añadir algunos pecados más -relativos a la conservación del ambiente y al consumo de drogas, entre otros- que, sin duda, no están a la altura de lo pretendido por los verdaderos Padres de la Iglesia cristiana.

El asunto nos atrae hoy, habida cuenta del desconcierto imperante en nuestra sociedad respecto a lo que es bueno o malo y cómo graduarlo. Las legislaciones vigentes en los diferentes países -incluso o especialmente en los democráticos- no contienen líneas de acuerdo.

En unas se considera muy grave apropiarse de los bienes de una empresa falsificando la contabilidad y en otros, ni se menciona. Por momentos, resulta que se concentra una buena parte de la actividad punitiva de los Tribunales penales en castigar duramente a quien da una bofetada a su cónyuge, y en otros casos y hay latitudes en las que se mata con todas las de la Ley a quien haya echado una canita al aire y hubiera sido descubierto (tampoco sabríamos precisar si por lo primero o por lo segundo).

Hemos intentado hacer una clasificación de estos pecados, de más grave a menos grave, de acuerdo con la percepción actual del reproche ético, matizado con el número de las personas a quienes -teóricamente- puede afectar el que un individuo esté poseído, como característica mayor de su personalidad, por uno de esos demonios del comportamiento.

Para explicarnos: Siendo la envidia más grave que, pongamos por caso, la pereza (así nos parece), una persona-tipo puede envidiar, a lo largo de su vida (afectándolos, pues, sobre todo, si hace lo posible por ponerles alguna zancadilla además de autoprovocarse una úlcera de estómago en casos muy graves) a unas 100 personas. Con su pereza, por el contrario, el más afectado será él mismo y, en condiciones extremas, los 4 miembros que compongan su familia más directa.

Un lujurioso (sin que sea posible distinguir aquí, en este análisis somero, por ejemplo, entre los que acumulan páginas pedófilas, se gastan el salario en casas de lenocinio o son habituales de peep-shows -si es que queda alguno-), en promedio, puede afectar, negativamente (no podemos olvidar que el sexo es un negocio floreciente en nuestra obtusa incivilización) a unas 2 o 3 personas.

Y así siguiendo, y aplicando los índices de ponderación correspondientes, hemos llegado a esta clasificación de los pecados capitales: avaricia, orgullo, envidia, pereza, lujuria, ira y gula. Las explicaciones, en caso de ser requeridas, pueden ser objeto de una tesis doctoral.

Sobre la pareja de hecho entre neoliberalismo e izquierda nostálgica

Un sexto jinete parece que está recorriendo el mundo, y se le ha puesto el nombre de neoliberalismo. El atributo troncal del pensamiento neoliberal no se diferencia, en realidad, en nada de lo que constituía la mentalidad de su padre, que es la fe en el mercado como solución para sellar los pactos de trueque entre productores y consumidores.

Esos trueques se llevan a cabo con y por dinero y el mecanismo que se ha inventado para regular la oferta y la demanda se llama mercado, y tiene su plasmación en zocos, Bolsas de valores, reservados de restaurantes, puticlubs, galerías comerciales y otros muchos lugares.

Hasta no hace mucho, ser liberal era un síntoma de pedigrí: caracterizaba a las personas de buena familia que estaban preocupados porque, dentro de un orden, cada uno alcanzara el modo de realizarse en la vida: los liberales no se escandalizaban por casi nada: no importaba que hubiera comunistas en el Parlamento, que los negros comieran en los mismos restaurantes que los blancos, que las mujeres fueran a la Universidad o se desnudaran por placer, o que el hijo de la portera se hiciera ingeniero si encontraba quien le pagara la beca.

Todos estos son mínimos ejemplos del pensamiento liberal, porque lo más importante es que un liberal debía confiar que el tiempo pone todas las cosas en su sitio.

Frente al edificio, cada vez más alto y lustroso, de quienes defendían el mercado contra cualquier ataque, instalaron su campamento de nómadas los supervivientes de un ejército que procedía de los fríos del norte, en donde habían estado apoyando una idea que había sufrido una derrota estrepitosa. Eran los que creían que solo desde un Estado fuerte, con la iniciativa pública como principal empresario y el gobierno de todos como forma de decidir lo que hay que hacer, se podía alcanzar el bienestar colectivo.

Estas últimas gentes, que agrupaban a algunos intelectuales universitarios -profesores titulares-, funcionarios, jubilados, parados y precarios obreros del metal y del campo, acompañados por ciertos artistas, se especializaron en hacer fiestas frente al edificio de los neoliberales, además de insultarlos y lanzarles piedras cuando se asomaban a las ventanas. Como no tenían nombre especial, se les dió en llamar Izquierda Nostálgica, por otro nombre, en España, Izquierda Unida.

Los que estaban en el gran edificio, infinitamente más numerosos, les hacían burla, -pero sin intención de zaherir, solo por compasión-, y les lanzaban, de vez en cuando, cestas con frutas y ropa vieja. Por cierto, algunos desertores del edificio neoliberal (se cree que, en realidad, espías entrenados) pidieron permiso para instalarse en el campamento de desharrapados y, con asombrosa facilidad, consiguieron rápidamente instalarse en las mejores tiendas de campaña, desde donde escribían densos artículos para los periódicos que solo leían los neoliberales cultos (no muchos, claro está).

Pasaron los años, y algunos observadores extraterrestes se dieron cuenta de que neoliberales e izquierda nostálgica formaban, en realidad, una pareja de hecho. Se necesitaban uno al otro para subsistir.

Y dice la Historia por escribir, que así siguieron, por los siglos de los siglos, soportándose y respetándose mutuamente, e incluso, a hurtadillas, no faltaron miembros de ambos clanes que decían amarse tiernamente.

Sobre la disputa del voto por el Sr. Cayo

El coordinador general de Izquierda Unida, Cayo Lara, expuso el 4 de abril de 2011, invitado por el Fórum Europa, y ante un auditorio más bien frío, su visión acerca de lo que habría que hacer para salvar España del neoliberalismo donde la han introducido, según su argumentación, los dos partidos mayoritarios.

La intervención, realizada ya en campaña electoral de las administraciones  municipales y autonómicas (con las excepciones bien conocidas), tuvo lugar en el Hotel Ritz de Madrid, en el transcurso de un desayuno. Junto al turno de preguntas, apenas si se empleó, en total, una hora, con lo que la duración resultó anormalmente corta, comparada con otras convocatorias del Fórum a las que hemos sido invitados.

Nosotros habíamos formulado una pregunta que el moderador no estimó de interés u oportunidad presentar en el coloquio, y que pretendía incidir sobre la grave dificultad de la izquierda -por no decir incapacidad formal- para plasmar un modelo económico y de desarrollo en los países organizados sobre una economía de mercado. (Al final de este comentario recogemos la pregunta concreta).

Resulta evidente que Cayo Lara, como los dirigentes de Izquierda Unida, dirigen su llamamiento de voto hacia los descontentos con la política del PSOE, sin necesidad de señalar distancias con las propuestas del PP, al que identifican como el enemigo natural.

La mayor parte de la exposición del ponente se detuvo en presentar un sombrío panorama de crisis, afirmando que "las medidas del Gobierno, además de injustas, han sido inútiles", y haciendo culpable de la grave situación a las políticas de los últimos quince años, que, por tanto, juzga de continuistas, concretando incluso que "sirven para detraer recursos públicos y garantizar beneficios al sector financiero, enjugando sus pérdidas en la burbuja especulativa".

Las críticas de Lara se extienden a las medidas de reforma de las Cajas de Ahorros, que ve "como la mayor transferencia de recursos al capital financiero desde 1939" y "la pérdida de una oportunidad irrepetible de crear una Banca pública".

Entiende el Coordinador General de IU que la política del Gobierno del PSOE "ha subordinado la democracia al interés de los poderes fácticos" y que, "en lo fundamental, son coincidentes con las propuestas de la FAES y su Presidente Aznar", enumerando, en apoyo de su tesis, siete medidas que estaban comprendidas en las indicaciones de la Fundación que preside el ex-Presidente de gobierno del PP, y que han sido seguidas al pie de la letra por el actual Ejecutivo:

Privatización de las empresas públicas (ejemplos de Aena y de la Lotería Nacional) y recorte del gasto público; rebajas de impuestos (supresión de los impuestos a grandes fortunas); profunda reforma laboral; reforma de las pensiones; reestructuración financiera, privatizándolas, de las Cajas de Ahorros; más nucleares y menos renovables; revisión de la desconcentración autonómica.

No olvidó Cayo Lara manifestar su oposición frontal a la "guerra como mecanismo humanitario", apoyando un inmediato alto al fuego, "que podría ser supervisado por la Organiación por la Unidad Africana", y afirmando su solidaridad con "los movimientos sociales árabes, promovidos por una población joven (63% de la ciudadanía) y antiimperialista".

Resumiendo otro de los aspectos de su discurso, cabe referirse al desacuerdo con "ligar los incrementos salariales a la productividad, que vacía, de paso, de sentido la negociación colectiva, y que es un ataque a la Europa democrática, y que obligará a cambiar los Estatutos" (y la Constitución) " de los 27 países". Igualmente, Lara se desmarca de la supuesta vinculación del incremento del gasto público con la política de municipios y autonomías, a los que atribuye, respectivamente, un 3 y un 10% del mismo.

Para IU, en fin, estas elecciones municipales y autonómicas se presentan como una oportunidad de liberar a las instituciones que están más cerca de la población del "neoliberalismo, implantando una nueva forma de relaciones laborales, eliminando la especulación inmobiliaria y la corrupción".

En un momento de la exposición se preguntaba -defendiendo su tesis de que el Gobierno trata de desviar el debate desde lo sustancial a lo anecdótico- "¿Pero alguien compraría a Camps un coche de segunda mano?" No dejó, tampoco, de hacer ver el contento de Botín (en quien personificó el apoyo al Gobierno del gran empresariado y su desprecio a autónomos y pymes) por la política económica desarrollada, que le había permitido "obtener beneficios como nunca".

Nuestra pregunta era ésta: "En un mundo en el que los avances tecnológicos están concentrados en las grandes multinacionales, ¿cree posible sostener un modelo económico basado únicamente en las actuaciones desde la empresa pública y los autónomos y pymes? ¿Cuáles serían las líneas de desarrollo para creación de empleo masivo que propone IU?"

La respuesta, para otro debate. Necesario, sin duda. Porque para quienes tenemos el corazón a la izquierda, pero nos esforzamos en que la cabeza encuentre argumentos pragmáticos, somos conscientes de que las posiciones voluntaristas no ofrecen soluciones.

Hay que dotar de fundamentos, serenidad y sentido práctico a las posiciones renovadoras de la sociedad. Porque la Historia no ofrece, hasta ahora, ningún ejemplo de que un partido formado por las masas descontentas haya conseguido mejorar la situación colectiva. Los avances sociales de las últimas décadas han sido importantes, pero muy costosos, y para generar empresas eficientes y competitivas en un mundo global es imprescindible abandonar la crítica frontal y ofrecer soluciones concretas, factibles, asimilables por el resto de los agentes económicos y sociales.

De otra forma, siempre se jugará a la contra, y siempre se será muy minoritario, porque lo que todos queremos es tener trabajo estable y ello solo será posible en una economia próspera que el Estado es incapaz de garantizar por sí solo, aunque sí, como ya hemos manifestado muchas veces, no puede renunciar jamás a su labor de control, de estímulo y, en sectores prioritarios, mantener la referencia que le sirva para contrastar las actuaciones privadas.

 

Hasta en la sopa

Antes incluso de que Pedro Ocón de Oro, el inventor prolífico de pasatiempos con los que llenar la última página de los periódicos y revistas, perfilara su sopa de letras, los niños renuentes a ingerir el caldo que le preparaban sus mamás, se divertían combinando letras de pasta en la cuchara, para formar palabras alimenticias que engullían de inmediato.

Suponemos que aquellos niños de la postguerra que hayan sobrevivido a la dictadura y a la posterior democracia estén otra vez para sopitas (esta vez reforzadas con buen vino). Si fuera así, y estando en época electoral, además de felicitarles por su supervivencia, les aconsejaríamos que estén atentos a las palabras que les introduzcan en el caldo con la pretensión de orientar su voto según los deseos de quien lo cocina.

Nos dirigimos especialmente a los mayores en este Comentario, puesto que son quienes son más proclives a centrarse en el desánimo que favorece una situación de crisis como la presente.

La sopa nunca se toma tan caliente como se cocina, dice un proverbio alemán, pero no hay memoria de que en el pote se encontraran juntos, compartiendo ebullición, tantos elementos.

Guerra, revolución, fanatismo dirigido, inextricable desorden o autocrático embelasamiento en la mayoría de los países árabes; desánimo, pobreza intelectual, mensajes crípticos, avaricia, suspensión de pagos y cómplices latrocinios en buena parte de los estados occidentales; castigos sobrenaturales sobre la incómoda senda del discurrir técnico entre los que hallan atractivo en el retorno ajeno a unas cavernas a las que ellos no tienen propósito de volver; ...

En la sopa de quienes ya vienen de vuelta de muchas cosas, la prioridad habría de ser ayudar a encontrar las palabras que encajen en la solución, no al embrollo que no está en la mesa propia, sino a lo que han de engullir, ellos y sus coetáneos.

Para ese futuro enderezado, las razones que cuentan debieran ser éstas: honestidad como bandera, reinversión de beneficios privados para fomento del empleo, apoyo del Estado a los proyectos de interés general, capacidad y no improvisación en la gestión, concesión de valor  a los programas y evitar la veneración de las personas, otorgar más peso a la sociedad civil sobre el ansia reproductora de partidos, extremar el control del gasto público, extremar el control del origen del gasto privado ostentoso, abrir de una vez el melón de la renovación total del sistema educativo, realizar la revisión eficaz de las líneas de investigación preferentes y perseguir la rentabilidad de las ayudas para desarrollarlas, ...

Qué cansino encontrar, hasta en la sopa, cantinelas que nos quieren confundir con lo que a otros le es urgente haciéndonos creer que para todos es importante.

 

Entre lo esotérico y exotérico, ¿qué hay?

He aquí dos palabras, con significados opuestos y apenas discernibles fonéticamente, que son confundidas frecuentemente. Como dos hermanos gemelos, parecidos físicamente como dos gotas de agua -así se suele decir-, pero que tuvieran caracteres contrarios, son tan distantes como pueda estarlo el huevo de la manzana.

En una primera aproximación, puede aceptarse que lo esotérico responde a lo oculto, a lo interior, y lo exotérico a lo vulgar o simple, que corresponde, en principio, a lo exterior. Para profundizar en los recovecos de lo esotérico (eso, interno) hay que instruirse, y para entender de lo exotérico (exo, externo) bastará el sentido común.

Como no hemos concebido este Cuaderno como un ejercicio de pedante exhibición gramatical, procede de inmediato contestar a la pregunta que formulamos en el título. La respuesta no ha de ser otra, una vez recordado el significado de ambos  términos, que ésta; entre lo esotérico y lo exotérico el espacio debiera ser nulo, pero la realidad muestra que es vastísimo.

Se enfrentan aquí, por cierto, otros dos gemelos. Para los que se contentan con moverse en lo exotérico, el ropaje intelectual puede ser basto, pues su trabajo es de observación, y serán muchos los que se sentirán satisfechos con lo que vean; para quienes preocupa avanzar en lo esotérico, no les bastará, si son cabales, tener en cuenta lo que hayan aprendido de los libros, por vasto que fuera, pues al investigar a través de la conciencia, que tiene por puertas lo oculto y escondido, siempre se encontrarán, en el patio propio, fuentes de sorpresas.

De lo exotérico y lo esotérico se pueden sacar infinitas consecuencias, pues los terrenos para la investigación son amplísimos. La frontera de ambos mundos es tan frágil, sinuosa y difuminada que nadie se aventuraría a trazar sus límites.

Hay algunas sedicentes ciencias que quieren acercarnos lo esotérico, contando historietas que resultan del gusto de los que tienen menos cultura y se dejan seducir por los misterios. Pero hay tanto de misterioso en lo que está fuera como dentro de nosotros.

Los simples tienden a creer que hay un mundo que solo se percibe desde lo esotérico, cuando los más sabios convendrán en que, mientras no se demuestre lo contrario, ambos espacios se imbrican de tal modo, que la única forma de saber si nos movemos en lo esotérico o en lo exotérico es admitiendo que el límite queda trazado en cada uno por la sola voluntad de considerarse centro del universo o una ínfima partícula de un cosmos aún inabarcable, mírese como se mire.

En defensa de la pirámide del saber

Hubo en la Escuela de Ingenieros de Minas de Oviedo un profesor un tanto singular (por diversas razones) que aconsejaba a sus alumnos que más que preocuparse por saber ellos mismos, tuvieran la perspicacia para saber quien lo sabía (bien, se entiende), que era lo importante. 

Ahora que todo el mundo se jacta de venir de vuelta, el aparente chascarrillo encaja de maravilla con lo que nos está pasando. Todos tenemos títulos universitarios; todos queremos sentarnos en los sitios de preferencia para pontificar como si hubiéramos merecido un premio nobel. Y pocos son quienes conocen verdaderamente de lo que hablan.

Y la cuestión es muy grave. La diferencia entre la punta tecnológica y lo que saben estos eruditos de saloncete crece exponencialmente. La pirámide del saber se resquebraja brutalmente. De lo que se enseña en la Universidad, poco es lo que se aplica. Los centros de investigación se especializan en campos muy concretos, reproduciendo títulos de doctor a base de exprimir sacharomices, saxífragas, índices de extrusión y modelos dinámicos de simulación hasta el paroxismo.

No es un problema único de España. Los núcleos de trabajo están desconectados entre sí. Los excelentes se confunden con los vulgares, los copiones, los ineptos. En los pocos centros en que se cuenta con equipos de altura, multidisciplinares, motivados y bien orientados, el riesgo del presupuesto suficiente amenaza como una espada de Damocles.

Necesitamos rellenar los huecos del saber, del saber bien, reconstruyendo la pirámide. La base, hoy, es mucho más ancha que hace décadas. No sirve tener un puntito de luz a gran altura, si, por abajo, reinan oscuridades y vacíos. En lugar de pretender ser todos ingenieros, médicos, científicos de gran nivel, jugando a ser sabios para todo, debemos ilustrar a nuestros adolescentes, convencer a nuestros jóvenes, de la dignidad y necesidad de las funciones bien hechas por todos los escalones intermedios.

Para que no se nos caiga, como está sucediendo, la pirámide del saber sobre nuestras inconscientes cabezas de falsos ilustrados. Un grupo de profesores universitarios anda recogiendo firmas contra el Borrador del Estatuto del Profesor universitario, en apoyo de un Manifiesto en el que se refleja, además de mucho resquemor, un análisis amargo de la situación, abonado con algo de improvisación. (Se han deslizado errores gramaticales -como "todos los viejos (...) se puedan hacer catedráticos de bien mayores"- que no hubiera perdonado el más novel de los docentes de Lengua, imaginamos).

Se les disculpa, porque se trata de recuperar el edificio en donde se ha apalancado la indolencia, generando un espacio para reproducirse cómodamente, sin reparos para aparearse cuando convenga con cómplices tan aviesos como la envidia, el descaro, la impudicia, la ignorancia y el desprecio. Ese edificio, fundamental para nuestro desarrollo, es la Universidad, y necesitamos volver a encajarla en la pirámide del saber, del que se ha desconectado.

En el país de los brotes verdes: incapacidades, complacencias y parados

A finales de marzo de 2011, en lo que parece convertirse en una reunión periódica -puesto que ya van dos- entre el presidente del Gobierno y los más cualificados empresarios españoles para comentar cómo van las cosas, se consiguió suficiente consenso para difundir que la situación se va aclarando.

Lo primero que viene a las mentes, oyendo hablar otra vez de brotes verdes y de síntomas positivos de que se va por la senda de la recuperación, es el chiste aquel en el que un infeliz, agobiado por las deudas, pedía al que le auguraba: "Ten confianza en que todo va a mejorar", una precisión pertinente: "¿Mejora de mejorar o mejora de mejoder?".

Mientras caminamos de complacencia en complacencia por los bordes de un precipicio, es imprescindible preguntarse porqué estamos tan afectados por una crisis que no hemos provocado y para la que no hay razones -fuera del sector inmobiliario- para entender que haya destruído los cimientos sustanciales de nuestra economía.

Habrá que coincidir con los consejeros aúlicos del presidente Zapatero, conviniendo en que las empresas que conforman el IBEX-35, en efecto, no van mal. Sus beneficios colectivos en 2010 han sido de 51.637 millones de euros, cifra que mejora en más de un 24,7% las del año precedente.

Telefónica es responsable de aproximadamente un 20% de ese resultado, y, junto a Banco de Santander, Repsol-YPF, BBVA e Inditex, concentran el 63% del beneficio conjunto de los mayores barcos del mar económico español.

Las empresas del IBEX daban empleo en 2006 a 1,15 millones de personas. Al día de hoy, las confusas y heterogénas cifras oficiales (ha habido cambios en el número de empresas y múltiples operaciones de fusión, adquisición y absorción) apoyan que las grandes empresas españolas mantienen -ERE arriba o abajo- el número de sus plantillas.

La información disponible no es, an absoluto, transparente, y llega de forma tardía, no ya a los análisis académicos (que no importan mucho, la verdad, ¿qué consuelo produce saber que el 20% de los empleos creados para discapacitados hayan sido generados por un grupito de ibexantes?), sino a los políticos y sociales.

Estamos asistiendo en España a un proceso de concentración de actividad en los grupos de capital más importantes, a costa de una caída que se convierte aceleradamente en no recuperable de entramado empresarial, por destrucción de las pymes. Son estas empresas, las que se mueven en la parte baja de los sectores, las que los sostienen localmente, y es en ellas en donde se refleja mejor el dinamismo de las estructuras económicas.

Los ministros y los factores principales de esa parte de la economía del país que mejor aguanta las crisis, (y que, por ello, componen el Ibex: servicios básicos, vestido, alimentación y financiación de bajo riesgo), podrán ver ilusionados brotes verdes en el alféizar de las ventanas de sus despachos, pero no hay muchos vestigios de vegetación en las calles.

El 85% de la economía real sigue enmerdada con los restos de un tsunami que no ha provocado y del que no se les ha avisado. Ningún consuelo ofrece que desde esas centrales de sabiduría de alto nivel se les indique que se han podido poner en marcha nuevamente los reactores, porque hay sospechas de que nunca han estado parados, sino solamente al ralentí, atentos a fagocitar a los pequeños más rentables.

Menos beneficios en los grandes y más respeto al trabajo y esfuerzo de los pequeños.

Conseguir bajar los precios de proveedores agobiados por llegar a fin de mes y estar atentos a fagocitar, antes de que crezcan lo suficiente para constituir un peligro, los proyectos que apuntan sólidas buenas maneras, no merece el premio de un bonus. Tampoco sirve para garantizar la salvación de aquéllos, la opinión de ejecutivos que se empachan con las grandes cifras de la economía, tomando café con pastitas en despachos desde los que dan las órdenes oportunas para regar sus jardines, procurando diferenciarlos bien del territorio contaminado de la lucha por la supervivencia.

Sobre Interights y el caso Garzón v. Spain

Interights (International Center for the legal protection of human rights) ha presentado, en nombre de Baltasar Garzón (que está suspendido cautelarmente por el Tribunal Supremo del ejercicio de sus funciones como juez), una demanda contra el Estado español, alegando que el alto Tribunal, al proceder contra él, está vulnerando la independencia judicial e incumpliendo los principios del Estado de derecho. 

La organización Interights, creada hace 29 años, está presidida por Jeremy McBride, abogado de una agrupación británica denominada Colegios Monckton (Monckton Chambers), un prestigioso invento del cooperativismo anglosajón. Ha recolectado para su Junta Directiva a algunos afamados juristas especializados en derechos humanos en Europa (mayoritariamente ingleses) y se ha venido ocupando de denunciar su vulneración flagrante por algunos dictadores (mayoritariamente africanos) de elementales principios éticos y de poner de relieve el desprecio de sus propias normas promulgadas en ciertos casos concretos de países desarrrollados.

España entra en la lista de países objeto de denuncia por parte de Interights, con un caso que supone un tiro por elevación respecto al correcto funcionamiento de la Justicia, porque el denunciado es, ni más ni menos, que nuestra institución judicial de más rango.

No faltarán justiciables que trasladen a su propia experiencia la crítica que ahora se pone sobre la mesa de una presunta actuación discriminatoria de los magistrados del TS. El juez suspendido no se ha recatado en denunciar que no confía en que la resolución del Alto Tribunal le sea favorable, porque entiende que sus miembros están contaminados por una instrucción que ya le ha condenado de antemano.

 

De sátrapas, revolucionarios y otros intereses en los países árabes (y 2)

Quienes se han lanzado a la arena del análisis de las razones por las que la actitud revolucionaria se ha extendido entre los países árabes, han puesto el énfasis sobre la explosión de la voluntad de forzar la caída de unos regímenes totalitarios, surgida, fundamentalmente, de la movilización de una población joven, que deseaba para sus países una estructura democrática similar a las occidentales.

Tenemos que discrepar frontalmente de esta explicación voluntarista, que desconoce el perfil de esa juventud árabe -adolescentes, en su mayoría- a la que se atribuyen voluntades de asimilación con Europa o Norteamérica.

Pocos han tenido la oportunidad de viajar al extranjero y,son aún menos los afortunados que han podido estudiar fuera del propio país: lo que sabe del exterior es, sobre todo, por el turismo, en su mayor parte por transmisión oral de quienes han tenido contactos directos, a los que que se añade la imaginación la intuición y las películas que alimentan la versión europea del sueño americano.

Tampoco pueden asociarse los motivos de un movimiento que se ha encendido, con práctica simultaneidad, en países con mayorías religiosas y étnicas muy diferentes, a una identidad de móviles políticos o a un deseo repentino de implantar en la zona una determinada forma de entender la doctrina de Mahoma: no es exactamente una cuestión de suníes, chiíes o alahuíes lo que subyace en el descontento: la etnia tiene más fuerza que las peculiaridades en manifestarse con normas el Altísimo.

No nos parece que sea así, como lo quieren los comentaristas oficiales, sino que la mecha que ha prendido el subyacente malestar de la mayoría es el haber intuído que existía una repentina oportunidad de cambiar la situación, por contagio respecto a lo que había sucedido en Egipto y Túnez, países en los que existía ya una contestación organizada al poder establecido.

Ese descontento no estaba impulsado inicialmente por los jóvenes, sino por los más venerados de las etnias y grupos religiosos, que allí siguen siendo los ancianos. Y el objetivo, desde luego, no podía ser otro que provocar la salida de quienes se encontraban en el poder y sus camarillas, favoreciendo un nuevo reparto de las fichas del juego de intereses en el que aparecieran nuevos rostros.

Además de las expectativas autóctonas, el cambio de actitud en la posición mantenida por los intereses empresariales extranjeros (norteamericanos, frances y alemanes y, en menor medida, italianos) en los países árabes estaría jugando un papel sustancial.

Los capitales extranjeros venían masticando el temor creciente a que la reproducción sine díe de las dinastías dominantes en esos países, a la muerte de los actuales dictadores, los condujera a una gran inestabilidad, dado el perfil mucho más bajo de los sucesores y han preferido alimentar, en lo que entendían podía ser un desmantelamiento controlado, el impulso renovador que estaba dispuesto a aflorar desde las clases menos favorecidas.

Pero si en Egipto y Túnez los militares y una parte de los líderes morales y religiosos -en realidad, económicos- aparecieron como dispuestos para alinenarse de inmediato con las peticiones de apertura democrática, una vez que los presidentes -corruptos, sí, mas, ¿quién tira la primera piedra, sintiéndose libre de mancha?-, sus familias e  inmediatos apoyos entendieron garantizada la salida ordenada de sus país y el respeto a los capitales que habían situado fuera de las fronteras, la situación no es la misma en los demás feudos del Magreb y Makreb.

En Siria y Libia, en concreto, el régimen dictatorial detenta la fuerza militar y cuenta con el apoyo sólido de las élites económicas, funcionariales e incluso, de las intelectuales del país, sin que exista una alternativa creíble de recambio.

La fuerza persuasiva de las potencias extranjeras, por la vía diplomática y empresarial, está lejos de ser suficiente para convencer a los clanes dominantes para que abandonen por las buenas el poder y dejen que los países en los que han campado a sus anchas experimenten -con las armas- en el sinuoso camino de una revolución popular sin líderes claros ni programa inteligible.

Por eso, nos parece extremadamente delicada la intervención occidental en el escenario de la guerra civil libia, tomando claro partido por los revolucionarios. Cierto que Libia tiene solo 5 millones de habitantes y que Al Gadafi es un sátrapa enajenado, pero la oposición al régimen no constituye hoy una alternativa, por lo que será imprescindible, una vez que se logre la deposición del coronel autor del Libro Verde, generar una estructura que cree estabilidad en el país.

¿Cómo?. Puede creerse ingenuamente que ese germen existe ya en Libia - pero no hay razón para pensar que sea así. Y no digamos nada de Siria, un desierto ideológico en el que se ha venido ahogando sistemáticamente cualquier oposición a la familia "reinante".

Además, como se demostró en Irak (y en Afganistán), los occidentales no saben cómo crear estructuras democráticas en los países árabes. Nunca los han entendido más que como colonias para sacarles el fruto de sus territorios.

Así que solo se puede imaginar que la inestabilidad se prolongará por mucho tiempo, y, no hay que descartar que, si no se está atento a demostrar con exhibición de fuerza bélica a lo que se está dispuesto, la intervención del fanático régimen iraní -que puede arrastrar incluso a sus exóticos aliados sudamericanos- nos llevaría a una complicada situación en la zona, preludio de un complejo escenario de confrontación.

Lejos, por cierto, una vez más (y va la tercera) del intocable territorio de los Estados Unidos de América.

De sátrapas, revolucionarios y otros intereses en los países árabes

La importancia y repercusión de lo que está pasando en los países árabes no pueden ni minimizarse ni dejar de situarse en su contexto. Un tejido de elementos culturales -entre los que se incluye la adaptación de la religión cristiana a la estructura tribal de sus poblaciones- y un escenario consistente de hacer valer sus propios intereses económicos por encima de las necesidades locales, por parte de los Estados europeos y, más recientemente, del gran vecino norteamericano.

Los niños y adolescentes occidentales (cuando nos hacían estudiar geografía e historia mundial) habíamos aprendido acerca del trazado convencional de las fronteras de los Estados africanos, surgidos, primero de una colonización genuinamente explotadora, y continuada con el reparto de territorio sin contar con la población autóctona.

Una visión utilitarista de la geopolítica cuya "obra bien hecha" se culminó  cuando soplaron vientos que aconsejaban conceder la independencia formal y se comprobó que los bastiones aseguraban el negocio.

Las claves de la operación se sustentaban en la complacencia -cómplice- hacia unos caudillos locales que se enriquecían sin escrúpulos cambiando los recursos de los territorios en los que gobernaban como señores feudales, por divisas que acumulaban en cuentas a su nombre y el de los suyos en entidades financieras extranjeras.

Se podrán realizar cuantos matices se desean a una afirmación aparentemente tan trivial, pero la religión islámica, y sus dos mayores consecuencias sociales -la marginación de la mujer y la subordinación de los jóvenes al dictado de los varones mayores, ordenados en castas- resultaban ser los elementos claves para entender tanto el mantenimiento del terrible retraso de los países árabes después de su independencia, como su incapacidad para organizar agrupaciones que se rigieran por principios democráticos.

Primaban los principios de subordinación al poder eclesiástico y civil (no pocas veces, confundidos) y la creencia en la conexión entre la vida terrena y la sobrenatural, que premiaría definitivamente los sacrificios a que obligaba una fe sin condiciones.

(seguirá en otro Comentario)

Entretenidos

Nos sigue asombrando la capacidad de ciertos personajes para mantenernos entretenidos. No, desde luego, en el sentido de hacernos pasar un buen rato, sino de impedir, con sus improcedentes observaciones, impertinentes o pedantes puntualizaciones y sus torpes discursos plagados de trivialidades, que los que tienen más que decir y con mayor enjundia, no tengan cancha para expresarse.

Miradlos por doquier, desparramados. Ocupan, por supuesto, sitio (a saber porqué) en esas tertulias que ahora tanto proliferan en los medios, por sí mismas en gran medida gratuitas, en donde se agrupan en torno a una noticia, sentados para despedazarla, unos cuantos expertos en todo, de entre los que destacan los especialistas en sacar pecho donde no hay ni una hebra de solvencia.

Llenan, eso sí, mucho más hueco del que les  corresponde por ideología y por cabeza, interrumpiendo constantemente a los demás, repitiendo hasta la saciedad argumentos sin chicha ni nabo y, a la postre, entreteniendo, esto es, ya que no aburriendo al más pintado, evitando que se profundice en el análisis.

No les contiene en su insulsa verborrea ni el desespero del moderador ni las protestas airados de los otros, ni, claro, un sentido de la prudencia del que, por completo, carecen. Pero, como el tiempo se nos va, implacable, cuando termina el programa han puesto su bandera zafia en cada esquina, y al final predomina el reflejo, entre oyentes o televidentes aturdidos, de que ellos son los auténticos maestros utilizando las malicias, de que su opinión es la que vale, y que más cuenta ser así que comedido si se trata de vencer como sea a los contrarios. 

El efecto final es aún peor de lo que se pueda colegir de su mala educación, pues su pericia en entretener con vacuidades, es contagiosa y se propaga. Habiendo dejado mal sabor de boca en quienes, por su mayor educación y prudencia, no encontraron forma de decir bien lo que podían, no es de extrañar que a la siguiente ocasión, adoctrinados por lo que conviene hacer para enfrentarse a colosos del desplante como aquellos, hayan tomado éstos también buena nota. Por eso, que, a la postre, se ha hecho habitual que todos los contertulios se enzarcen en interrumpirse y maltratarse, más ocupados en cortar el hilo argumental del otro que en construir un tejido coherente con el suyo.

Estos necios u otros parecidos pagados de sí mismos, (con dinero de todos) están también en los debates parlamentarios. Se desparraman en discursos plagados de descalificaciones, tan ayunos de ideas y florituras verbales de las que, al menos, dan gusto al escucharlas, como hartos de zafiedad y malos modos.

Escalan otros de las mismas especies, los peldaños de organizaciones y empresas y largan, al principio como el final como en los medios, unas frases sin valor, poniendo el careto para las fotos y restando tiempo a los que han preparado sus exposiciones y ponencias, cuando no interrumpiendo y llevando las mentes de los que escuchan al vacío, aburriendo hasta las piedras.

Vánse, en fin, estos maestros de improvisar desde lo infame, llenando claustros, convenciones, reuniones de distrito, coloquios después de unas ponencias, cenas de amigos, debates de partido,...Nos entretienen las horas, las ocupan con sus voces y malolientes recursos, nos desgracian la oportunidad de escuchar a los mejores.

Malditos sean, por siempre, estos perniciosos engreídos, a los que no parece llegado el día en que, soltándonos el pelo, los demás les gritemos que se callen, que se vayan con sus frases rimbombantes, sus soliloquios vacuos y sus miradas complacientes al ombligo, a la última fila, castigados a guardar en silencio para siempre velando las armas del olvido.

Por los pelos

Por los pelos es el título que se dió en español a la obra teatral Scherenschnitt (1), (Shear Madness, en inglés), un enredo trasladado a la escena a partir de un libro escrito por el sicólogo alemán Paul Pörtner, en el que el público interactúa con los actores, que se ven obligados a improvisar parte del libreto.

Esta comedia de misterio, que se desarrolla en una peluquería y se centra en descubrir el autor de un asesinato -el de la vecina del piso de arriba- ha sido representada,-solo en Boston, en donde se estrenó en 1980-  del orden de 13.000 veces, sin interrupción, y más de 100.000 en Estados Unidos, proporcionando así un nicho laboral para muchos actores y actrices y gentes del teatro y sirviendo a la diversión de millones de espectadores en todo el mundo, encantados, por lo general, de verse convertidos en uno de los protagonistas de la obra.

La representación ha sido puesta sobre tarima algunas veces en España, sin que alcanzara, ni mucho menos, la devoción de que disfruta en Norteamérica. Las crónicas hablan de la dificultad de los profesionales del teatro para improvisar -la obra tiene una estructura abierta, en la que el público hace preguntas a alguno de los actores, y éstos se guían por sus indicaciones para descubrir al asesino, que no está predeterminado en el libreto-, y, también de la reticencia del público español a interactuar, convirtiéndose en parte del espectáculo.

Es muy tentador dejarse arrastrar por los resultados de esta obra a ambos lados del charco atlántico, para lanzar algunas pinceladas sobre el lienzo en blanco de las dos idiosincracias detectables en el colectivo del pueblo norteamericano y el español.

Aquí es más difícil conseguir que la gente se moje y tampoco disponemos de conductores que hagan que el personal se anime a colaborar. Preferimos ser espectadores sin protagonismo: pagamos la entrada, miramos lo que haya, y nos volvemos a nuestras cosas, generalmente después de criticar a muerte lo que hemos visto, sobre todo si es de entendederas complejas.

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1) Scherenschnitte se refiere tanto a la habilidad de hacer figuras con el papel, recortándolo con unas tijeras, como a los cortes que se realizan con ellas.

En alemán, tiene un significado ambigüo, cuando se utiliza en singular, como es el caso del título de la obra de Pörtner. En inglés, la traducción del título nos llevaría a interpretarlo como Locura por el corte, también con ambigüedad, sabiendo que la escena se desarrolla en una peluquería ("Obsesión por pelar"), pero, además, que "sheer madness" es utilizado con la acepción "Pura locura".

 

Sobre el peligro de los viernes

Los viernes son vistos por la mayor parte de los que tienen trabajo como un día grato. La semana laboral termina para ellos allí, y se abre la perspectiva de un fin de semana lejos de jefes, compañeros chinches, máquinas rebeldes o llamadas de clientes disconformes.

El viernes ha desplazado al sábado como promesa de desahogo sexual para quienes tienen o buscan pareja con la que soñar despierto y, aunque no se diga, bien podría aplicársele, por analogía, la deplorable rima de "viernes, viernesete, camisa limpia y p...", con la que se hacían gracias los machitos ibéricos que se preparaban para la triste realidad de lo poco que se ligaba en los sesenta y setenta del pasado siglo.

Pero el peligro de los viernes al que nos queremos referir acude por otros lados. Estos días son los que eligen los especialistas en eso que se llama sicología industrial (no queremos ofender a nadie; se trata de poner un nombre aceptable a cada cosa) para aconsejar a los empleadores a que se despida a los trabajadores que sobran, a los díscolos o a los que destacan demasiado.

El personaje que hemos creado hace unos años (Linkweak) empieza su historia de viñetas así: siendo despedido un viernes. "Tengo mucho trabajo", se defiende, desde su ingenuidad de currante convulsivo. "Tanto mejor", le replica su jefe, Bigbós, un disminuído mental (no diagnosticado) encumbrado al control de una empresa de alta tecnología.

Los viernes son también los días que eligen los jueces y magistrados para largar, con prodigiosa frecuencia, sus Sentencias, en especial, las que resultan de contenido más abstruso. Sin duda, lo hacen así por una doble razón: la sensación de liberación que les produce, obtieniendo así mayor disfrute de su tiempo libre en el wíquén, y dejar (como en el caso anterior) unos días de meditación para que los que han perdido disminuyan su cabreo.

Podemos poner aún más ejemplo, pero dejemos en estas pinceladas la traslación del peligro de los viernes. Atentos, currantes, abogados y clientes, penados, confiados, insumisos, listos, desgraciados: los viernes son los días en que se toman las decisiones más difíciles, y, con ello, aumenta la probabilidad de que os corten cabezas o den la patada que os escocerá las ilusiones.

Sobre las agencias de medición de riesgos

La agencia de riesgos Moody´s está campando a sus anchas por la cacharrería de las finanzas, cambiando los precios de los artículos, y colocando carteles de "producto estropeado" o "artículo en liquidación", para consternación de los tenderos del negociete con el que pretendemos sostener nuestra economía global.

Debiéramos saber que el principal muñidor de los informes que publican con pasmosa insolencia los analistas que trabajan para la agencia es el Sr. Buffett (Warren), que es uno de los clientes más importantes de la tienda. Este reconocido filántropo de sí mismo es accionista mayoritario y presidente de Berkshire Hathaway, la empresa que controla Moody´s.

Tiene, por tanto, sólidas razones para afirmar rotundamente, el Sr. Buffett, que "cuando bajan las aguas se reconoce los que van en calzoncillos" (o algo así) o que "el momento es muy propicio para hacer buenos negocios".

Sus tarascadas a las economías con mayor endeudamiento, precisamente por ser las que hace pocos años ofrecían mejores posibilidades de crecimiento, no tienen más objetivo que recoger los frutos maduros de sus actuales necesidades financieras, convirtiendo en oportunidad de hacer caja a coste bajo con las joyas de la corona de los desgraciados contribuyentes e inversores que confiaron en que formaban parte de un escenario solidario.

Llueve sobre mojado, pero se sigue venerando a estos popes del engaño. En 2006, Moody´s no tuvo escrúpulos, condenando a muchos inversores a la ruina, en dar su máxima nota, triple A, a más de 9.000 títulos inmobiliarios, que cayeron a nivel de bonos basura en un 80% con la crisis.

El análisis de los accionistas de McGraw-Hill, la otra agencia "prestigiosa" en la elaboración de ratings de solvencia, conduce a parecidos callejones de oscuridad. Aunque se defiende su independencia, argumentando que son accionistas del invento economistas y analistas sin compromisos externos, la realidad es que solo un 2% de las acciones son controladas por ejecutivos de la agencia, siendo el mayor propietario, el propio McGraw-Hill (Harold).

El mayor inversor en McGraw-Hill es The Capital Group Investments, una agrupación de intereses capitalistas con control sobre más de 3 billones de dólares, repartidos en prósperos negocios.

Si se deseaba tener una visión real acerca de quién controla, desde las añagazas del poderío económico travestido de bonhomía, los entresijos de las finanzas mundiales (que son, no hará falta explicarlo, los de nuestros maltrechos deseos de bienestar), aquí quedan estos sencillos ejemplos.

Votaremos gobiernos, confiaremos en que las medidas que adopten los dirigentes políticos redunden en nuestra tranquilidad y sirven para compensar nuestros esfuerzos, pero la realidad -oculta en la bruma de la codicia- nos mostrará, una y otra vez, que somos juguetes de los intereses de unos pocos.

Cuando a esos verdaderos poderosos que se lucran con las plusvalías que generamos con nuestro trabajo, les apetezca cambiar las reglas de juego para chupar con más comodidad nuestros humores, solo nos quedará confiar en que nos dejen suficiente energía para recuperarnos de las cenizas con las que nos habrán devastado, por enésima vez, nuestras tiendas de campaña.

Eso sí que lo harán, porque, por supuesto, dependen de nosotros, de lo que seamos capaces de construir, atentos ellos para echárselo al coleto cuando entiendan que es llegada su hora de colecta.

A costa de qué, a beneficio de quién

Además de a quién beneficia (qui prodest) debemos preguntarnos a costa de qué o de quién (cuius sumptibus); o sea, quién paga el pato, los platos rotos, quién asume los gastos de la fiesta.

No es raro encontrar que quienes sacan tajada son distintos de quienes apechugan con el marrón. Por lo tanto, no basta, aunque ya es un dato, indagar quiénes están detrás de un movimiento, ocultos tras la mampara.

Tenemos en este momento varios asuntos de relevancia internacional que nos permiten, con la información disponible, desvelar el misterio de los que se lucran y de los que apoquinan.

En el mundo del derecho, que gusta del brocardo, el lema y la ocurrencia, se apela a veces al acto de "levantar el velo", es decir, descubrir lo que ocultan las enaguas (prenda que antaño usaban las mujeres para proteger las intimidades de los vientos); hoy, siendo neutros con el género, deberíamos referirnos, ya que es la prenda utilizada masivamente por unos y otras, al momento de "bajar los pantalones" para dejar al sujeto con sus vergüenzas al aire.

¿Quién es el beneficiado de la que se está montando en Libia?. No es el pueblo libio, desde luego, enzarzado en una guerra civil entre tribus cuya rivalidad no se entiende más que haciendo retrocediendo en el túnel del tiempo varios siglos; no será, desde luego, ese misterioso gen de la política occidental que se llama democracia participativa.

Los beneficiados de la operación son las empresas petrolíferas, fundamentalmente norteamericanas y francesas (no podemos olvidar tampoco los intereses de Repsol); y el país que robustecerá su antorcha como proveedor de mercancía energética es Argelia. ¿Quién lo va a pagar?: los contribuyentes norteamericanos y europeos; ¿Por qué Alemania no participa en el envío de material bélico a Libia? Porque quiere reservarse un papel mediador ante los adictos a Gadafi, con los que mantiene unas buenas relaciones de cooperación, en el sector de la desalación, en la explotación del inmenso acuífero de Nubia y, claro está, -junto a Italia y Francia- en material para usos bélicos.

¿A quién beneficia la campaña de desorientación respecto a las actuaciones del gobierno japonés y la empresa Tepco en el control de los reactores de Fukushima, afectados por el tsunami de finales de febrero de 2011?. A las empresas de seguridad, a las constructoras, a los fabricantes de aerogeneradores y otros productores de energías con baja tecnología y, no en último lugar, a los gobiernos incompetentes asentados en Europa, como resultado de la apatía y el miedo cerval de la cidudadanía.

¿Quién pagará estos despilfarros?. Los poseídos por el temor a cualquier amenaza, de la índole que sea, los ignorantes tecnológicos, y, desde luego y como siempre, los ciudadanos cumplidores con sus impuestos, pero poco escrupulosos en perseguir en qué se emplean sus aportaciones.

Sea como sea, lo que es imprescindible cuidar se puede decir en latín, que siempre queda más culto: Sumptus censum ne superet. Que los gastos no superen a los ingresos. Porque, en otro caso, lo que se conseguirá es profundizar en el pozo de la diferencia entre lo que se puede y lo que se desea, que es cargar más a los que pagan con el peso de los que se lucran.

De la teoría de bloques a los bloques de teorías

El fútbol, al concentrar el interés de mucha gente, es útil para difundir teorías que pueden aplicarse a la vida normal, la de ganarse el cocido. Ya ese genial filósofo de lo cotidiano que fue (no nos consta que siga ejerciendo) Jesulín de Ubrique: "La vida es como un toro"; es decir -salvando las distancias, y haciendo abstracción del objeto y del sujeto- como un partido de pelota.

Los analistas han descubierto que las razones por las que el Real Madrid que ahora entrenan José Mourinho y Florentino Pérez (el uno con la pizarra y el otro con la chequera) se encuentran en la utilización de la teoría de bloques. Una teoría cuya originalidad los perversos de la película no atribuyen a Mou, sino a un tal Víctor Frade, profesor de estrategias en la Universidad de Oporto.

La teoría de bloques (fundamental mantener el plural) significa que, en lugar de correr todos los jugadores tras el balón, como hacíamos en la escuela, creyéndonos Di Stéfano, Pelé, Ronaldo o Messi (según tiempos), hay que mantener un sentido global de equipo, y cada uno debe tener claro que es responable de una zona del campo.

No somos los españoles muy dados a entender eso de los bloques, salvo que admitamos que cada uno nos sentimos un bloque de nosotros mismos. Como, ocupados por largar nuestra opinión, -creyéndonos los reyes del Mambo o los protagonistas de la película (homenaje particular a ese magnífico anuncio que nos aconseja apagar el móvil)- no atendemos generalmente a las razones de los demás, somos muy descuidados en aplicar la teoría de bloques.

Nos faltan miles de Mourinhos en nuestra vida. Gentes con autoridad que nos convenzan, nos obliguen, nos sujeten a defender bien nuestra parcela, a hacernos fuertes en ella.

Es difícil la tarea. Entretanto, allá van los esforzados por la pelota. Hoy, puede ser la central de Fukushima y las elucubraciones sobre la seguridad global; ayer, la gripe aviar, el aceite de colza, el anisakis o la Biblia en verso; mañana, cualquier asunto que les llame la atención, sobre todo si da cancha mediática. Preguntados por su opinión, no dirán que no saben, sino que se meterán, gozosos, en tierras ignotas, camisas de once varas.

En pie de guerra

Tal vez la desmesurada preocupación por lo que nos puede pasar a nosotros, los mustélidos occidentales, si nos llegara alguna nube cargada radioactivamente procedente de lo que se les haya escapado a los cíclopes japones, nos ha impedido reconocer que estamos en guerra.

El enemigo al que hemos declarado hostilidades se llama Al Gadafi, dice ser coronel, y nuestra inmensa tolerancia con quienes nos proporcionan materias primas a cambio de armas, lo había convertido en uno de nuestros amigos oficiales (besos y abrazos bajo la jaima incluídos), hasta que la vergüenza no nos permitió seguir torciendo la vista hacia otro lado.

Lo cierto es que estar en guerra, en una guerra que tenemos muchas posibilidades de ganar, viene muy requetebien a nuestros dirigentes, cuya mayor obsesión es darnos continuamente de comer con alguna noticia -circo próximo, catástrofe o cataclismo lejanos- que alivie la terrible tensión puesta sobre sus cogotes por la incapacidad -ya proverbial- para solucionar los problemas próximos e inmediatos.

Quizá el problema que nos creará esta guerra con el ex-amigo libio es que generará desconfianza respecto a la idea de amistad que utilizamos en los negocios y, esto ya como segunda derivada, que aumentará un poco más nuestro nivel de inseguridad global, lo que nos obligará a incrementar las medidas -más o menos chorras- con los que pretendemos convencer al personal que les protegemos de ataques suicidas, locos fanáticos, bombas caseras copiadas de internet o mercenarios hambrientos surgidos de las catacumbas de algún país misérrimo.

Sería interesante que nuestros dirigentes, que parecen dispuestos a revisar muchas cosas (desconocemos exactamente con qué medios intelectuales, morales y económicos), dieran un repaso también a las labores de la diplomacia internacional.

Porque si la diplomacia consiste en menospreciar a un país amigo, técnicamente mucho mejor dotado que la inmensa mayoría de quienes lo juzgan, indicando que revisamos sistemáticamente sus informaciones sobre una desgracia natural complicada con un accidente imprevisible, de las que están saliendo a flote como jabatos, poniéndoles índices de gravedad más altos de los que ellos nos proporcionan, e invitando a nuestros nacionales a que se escapen del país por la vía rápida, sería imprescindible llamar a un cursillo de educación internacional a nuestros funcionarios.

Y, con otro ejemplo, si la diplomacia consiste en ignorar lo que sucede en un país vecino, a cuyos dirigentes -evidentemente, sátrapas, corruptos, inmorales- venimos aplaudiendo durante décadas, para llevarnos la mano a la cabeza o al bolsillo cuando las poblaciones cuya opresión hemos consentido se alzan a montones, dudando en si ponernos del lado del opresor o de la multitud, sería también muy conveniente, realizar algunos trabajos de campo sobre comportamientos y análisis en el contexto internacional.

Pero, ahora, lo que más debe ocuparnos, es que estamos en pie de guerra, y en el horizonte se vuelve a dibujar una gran incógnita sobre cómo manejaremos una invasión en un país desconocido, del que no sabemos, ni nos ha interesado saber, lo que piensa la mayoría de sus habitantes; solo nos había preocupado darles armas para que se entrenaran disparando a las palmeras de sus desiertos, y ahora tienen blancos móviles, y humanos.

Sobre seguridad global y gambarimasu

Nos parece, en efecto, pero por diferentes razones que las que esgrimen algunos bustos parlantes, que el desarrollo de los acontecimientos recientes en Japón deberían señalar un antes y un después en el tema de la seguridad en nuestro planeta.

Ya hemos expresado en otros Comentarios nuestra admiración, respeto y afecto por el comportamiento de la población japonesa ante la desgracia provocada por el terremoto, el maremoto y su derivación nuclear.

Mientras los occidentales escapan del escenario, sus políticos hablan de apocalipsis o paralizan sus centrales nucleares, la gran mayoría de los japoneses trabajan sin descanso en la recuperación de la situación normal, la búsqueda de víctimas, la superación en silencio de sus duelos, temores y carencias; y un grupo de héroes están dominando, con coraje, técnica, recursos extraídos de debajo de las piedras y dientes apretados, -y entre voces de "dañado irreversiblemente" "fuera de control" "desastre nuclear", "falta de información", "ampliación del espacio de seguridad", "nucleares, no"-, la fuerza rebelde de los reactores de Fukushima.

Vivimos deseando máximo confort, máxima seguridad y eterna juventud. Tenemos cada vez menos de los tres.

Nuestro confort es falso, porque lo hemos ido concentrado en satisfacciones individuales, hedonistas, ficticias a la larga, porque van dirigidas al cuerpo y no al espíritu.

Nuestra seguridad es mínima, amenazada por terrorismos de todo pelaje, violencias de sátrapas, locuras de género, desastres naturales y, sí, la necesidad desmesurada de energía para alimentar el confort de nuestro cuerpo caduco. Y no tenemos la eterna juventud, ni siquiera disfrutamos bien de nuestra salud, porque aunque vivimos más tiempo y podemos hacernos varios lífting e inflarnos los carrillos, los pechos y el trasero, caeremos irremisiblemente en una vejez abandonada, en un final de fiesta miserable, rodeados de aparatos y embutidos de medicamentos, mientras los que creíamos que nos amaban se habrá ido a jugar al squash o al julepe.

Gambarimasu implica sentirse solidario con el espíritu colectivo, poder olvidarse de que el individuo que somos es muy poco en relación con la fuerza de todos juntos. Desde la órbita de la seguridad, supone que, mientras nos mantengamos unidos, seremos indestructibles.