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Al Socaire de El blog de Angel Arias

Sobre el ambiente para políticos y profesionales

Sobre el ambiente para políticos y profesionales

La Comisión de Ambiente de la Unión Interprofesional de Madrid tuvo la idea de invitar a los representantes de los cuatro partidos con mayor peso parlamentario a un desayuno de trabajo con algunos de sus miembros.

Esta iniciativa se concretó el 27 de abril de 2011, repitiendo el esquema ya probado en febrero de 2010 -entonces, ante las elecciones generales- aunque la incorporación de las vituallas y el reducido espacio (la reunión se celebró en la Sala de Juntas del Colegio de Veterinarios de Madrid, en Profesor Ripoll, 8), obligó a seleccionar la presencia de los portavoces colegiales.

Izquierda Unida excusó su no asistencia, por lo que el encuentro contó con solo tres opiniones políticas en lo ambiental: Nieves García Nieto (del PP), Daniel Sánchez (del PSOE) y Jorge Papadopoulos (de UPyD). Por cierto, ninguno de ellos probó bocado del desayuno ofrecido.

El tiempo fue escaso para propiciar cualquier debate o intercambio de opiniones, por lo que las dos horas de la reunión se fueron bastante por divagaciones. No fue, en este caso, por culpa de los políticos, sino de los mismos representantes colegiales, que no acertaron a formular preguntas concretas o a criticar las propuestas de los políticos.

La cuestión del desencuentro entre políticos y técnicos ha ocupado ya otros comentarios de este blog, por lo que no hace falta incidir aquí sobre lo que, para nosotros, es casi doctrina. Los políticos buscan el voto, que les garantizaría su supervivencia vital y los técnicos ven a los políticos como incompetentes en sus (de ellos, los técnicos) respectivos ámbitos, tendiendo a su (de los otros, los técnicos) descalificación frontal, pretendiendo que manejan argumentos ideológicamente neutros -los técnicos-, cuando, en realidad, no siempre es así.

En nuestra opinión, los temas ambientales deberían ser calificados en tres grupos, atendiendo, no a su importancia relativa, sino a la fórmula que nos parece más idónea para su tratamiento eficaz:

1) Temas nucleares, o de obligado consenso. Son aquellos que se refieren al control, protección y uso de los recursos naturales, que deberían contar con una reglamentación única y un programa o estrategia compartidos, claros para la ciudadanía y de cumplimiento indiscutido.

2) Temas ideológicos, en los que cada partido debe expresar claramente cuál es su posicionamiento, y las razones del mismo.

3) Temas de desarrollo, en los que se pueden encontrar distintas opiniones técnicas, y que deben evaluarse y priorizarse en relación con el coste, la oportunidad, y los recursos disponibles.

No es fácil entender porqué una gran parte del debate entre el PP y el PSOE se consume en denunciar incumplimientos de los programas que no se han querido consensuar. Es un asunto que resulta cansino, técnicamente hablando, que la cuestión se derive hacia lo que no se hizo por el contrario, pero que no se quiso apoyar, aún siendo sustancial. Temas como la Ordenación del Territorio, la correcta gestión del agua o de los residuos, el cumplimiento de la legislación y reglamentación ambiental o el mantenimiento y potenciación de las zonas verdes no deberían entrar, una y otra vez en el capítulo de los reproches. Consensuénse los Planes, y ejecútense de acuerdo con los Presupuestos.

Por supuesto que hay temas ideológicos en el debate ambiental, pero no deben caricaturizarse: la especulación con el suelo no es un tema político, sino ético. En cambio, sí son temas ideológicos la asunción mayor o menor de los costes de los servicios por los Presupuestos y la adecuación de la presión fiscal. Dígasenos qué se quiere hacer, quién lo va a pagar y quiénes lo han de disfrutar. Y contrólese bien, por el partido en el poder y, por supuesto, también por la oposición. Pero, sobre todo, séase transparente hacia el ciudadano.

Y, finalmente, no se politicen las cuestiones técnicas. Claro que a todos nos gustaría disponer de energía limpia y barata, por ejemplo. Pero no es posible, al menos no en corto plazo. La correctar valoración de lo que se puede, y cuanto cuesta, ha de venir de la mano de un diálogo continuo, abierto, entre técnicos y políticos. Hay cosas que, aunque sean bonitas, y saludables, no se puede hacer. Depurar todas las aguas, recoger y clasificar todos los residuos, tener servicios gratuitos o con copagos simbólicos para todos, cuesta mucho dinero. No lo tenemos.

Tampoco podemos aspirar al pleno empleo invocando a los espíritus. Hay que atender a la realidad, a lo que se tiene entre las manos. No basta querer, y decir lo que se quiere sin explicar con qué medios se va a hacer es engañar, o pretender engañar.

(En la foto, tomada desde nuestro sitio en la mesa, de izquierda a derecha: Gonzalo Echagüe, Luis Martí Migarro -en el uso amplio de la palabra- y Nieves García Nieto; a su izquierda, el ordenador abierto de Daniel Sánchez; enfrente, también invisible en la instantánea, Jorge Papadopoulos).

Sobre el poder de las religiones y de los clanes en los países árabes

Los "artistas" occidentales pueden expresar libremente, en hipotética defensa de la "libertad creadora", sus ofensas a las religiones de las ramas cristianas -desde Vírgenes en posiciones procaces a Cristos inmersos en residuos de los torpes y falsos creativos-, pero ningún mortal osará exponerse, en su sano juicio, a la mínima crítica o representación caricata de Mahoma o de Aláh, porque habrá unos cuantos miles de fieles islámicos dispuestos a ganarse el cielo a costa de degollar al atrevido.

Pero, ¿qué fuerza se mueve detrás de todo este aparato de fidelidad a los credos? ¿qué matices diferencian a esas sectas con nombres extraños, cuya identificación resulta confusa hasta para sus seguidores?

Las peculiaridades doctrinales podrán aparecer complejas, pero los intereses de quienes capitanean los clanes están mucho más claras. Sabemos hoy  que los Asad y la mayor parte de los que soportan el régimen sirio son alauíes, en tanto que Khaddam, exvicepresidente con Bachar el Sadad y convertido en feroz opositor, está emparentado con los Hahiri, que controlan Líbano, y que son suníes como él; estas diferencias religiosas no obstan para los que capitanean ambos clanes se encuentren entre las familias más ricas de Siria y Líbano.

Sabemos o hemos leído que los chiíes se encuentran detrás del entramado religioso militar Hezbolá, que controla el poder en Irán y Siria y que se declara enemigo irreconciliable de Israel y de quienes lo apoyan.

Como no queremos entrar a hacer una valoración de los orígenes de los distintos ismos islámicos -ni sería este lugar ni, seguramente, sabríamos hacerlo sin herir susceptibilidades-, apuntamos a una derivación de esta religión monoteísta, seguida por un colectivo tan numeroso, en la que no profundizan los analistas: el islamismo oportunista que se defiende en algunos países.

Esta forma espuria de entender la confesionalidad de los regímenes políticos que invocan el Islam es aprovechada por los poderes económicos, occidentales y árabes, para generar lazos que nos retrotraen a la historia europea de la alta edad media, cuando los monarcas rivalizaban por imponer a sus súbditos las razones religiosas que garantizaban su sometimiento a la tierra, y cuyos pasos posteriores fueron  la creación del Sacro Imperio Romano Germánico y su ruptura en los añicos nacionalistas, que aún no hemos acabado de recoger. 

¿De veras sabe alguien lo que está sucediendo en el mundo árabe?

Son muchos los comentaristas que tratan de explicar "las claves" -así enuncian- de lo que está sucediendo en buena parte de los países árabes, embarcados en lo que parece ser un cambio sustancial de sus regímenes políticos.

Los argumentos se centran en expresar que, después de décadas de soportar dictaduras envilecidas por su distanciamiento de la población, en las que los dirigentes y sus camarillas se han enriquecido desmesuradamente, los jóvenes -nacidos durante esa época de represión y sintiéndose con frustradas perspectivas- han tomado bruscamente el protagonismo, exigiendo la apertura democrática de las instituciones del país, a semejanza de lo que ven que se está disfrutando en los países occidentales.

Como los comentaristas occidentales están viviendo en el auge de las nuevas tecnologías, han encontrado también consenso en indicar que, para propagación de ese estallido de descontento, se habrían utilizado masivamente los móviles e internet, que aparecerían como los instrumentos materiales de difusión de las movilizaciones.

Ese movimiento revolucionario habría tenido diversas repercusiones en los diferentes países en donde se está presentando, graduación que se hace depender de la sensibilidad de los actuales dirigentes para captar el espíritu y la fortaleza de exigencia de cambios -teniendo la habilidad para asumirlos o, si no se sentían capaces, abandonando la resistencia desde el poder antes que convertir en cruenta la represión- o, en los casos más dramáticos, para oponerse frontalmente a ellos.  

Si hemos sido afortunados en reflejar de esa forma la interpretación dominante del fenómeno, no nos queda sino indicar que estamos en desacuerdo, para pasar a explicar las razones de nuestro análisis.

1) Ante todo, no creemos que los jóvenes sean los instigadores de la revuelta, sino los mayores, sufridores principales de la represión, frustrados por ella y con líderes con capacidad de contactos internacionales a alto nivel para ofrecerla como una opción en el banco de pruebas de la política internacional.

2) Los regímenes dictatoriales han funcionado siempre muy bien para los intereses comerciales. Proporcionan una base de corrupción previsible, son fiables en los tratos y disponen de un aparato represivo sobre la población civil muy eficaz. No se puede olvidar que la población está siempre desarmada y, por fuerte que sea su descontento, jamás podrá alzarse en armas, salvo que cuente con el apoyo de una facción del Ejército.

3) Occidente ha tenido mucho que ver en el fortalecimiento de las dictaduras árabes, mitificando a sus líderes, ofreciéndoles amistad duradera y, sobre todo, intercambios comerciales satisfactorios.

4) Las revueltas surgieron con el único objetivo de derrocar a los regímenes imperantes. Salvo la unión para vociferar contra el dictador local -en el que se concentraron todas las iras de la población, obviando las camarillas. No existía un programa de acción posterior, ni propuestas de prioridades respecto a las actuaciones inmediatas: los propósitos respecto a lo que se iba a hacer después de la caída de los autócratas eran, fundamentalmente, producto de la imaginación periodística occidental o de profesores universitarios locales que teorizaban sobre un mundo ideal.

5) La feroz resistencia de los regímenes en Libia, Yemen y Siria no puede menospreciarse, como tampoco se pueden echar a volar las campanas de la complacencia por la aparente facilidad con la que se ha arrumbado a los dictadores de Egipto o Túnez (Mubarak y Ben Alí), ni el silencio que rodea lo concerniente con Argelia.

En los países citados en primer lugar, se está en presencia de guerras civiles que, por la posición adoptada por las potencias occidentales -tardía, confusa, timorata- arriesga convertirse en un conflicto duradero, con repercusiones bélicas internacionales, si -por ejemplo- Irán se añade a la caldera de los intereses económico-religioso-políticos.

De Pascuas a Ramos

El domingo de Resurrección es el día más importante del calendario católico, y no hará falta recordar aquí que lo es porque se conmemora el misterio que constituye la piedra angular de esa creencia religiosa: la Resurrección del Hijo mixto de Dios y del Hombre, confirmando su control sobre la muerte e ilustrando con esa demostración de poder la vida eterna muy diferente que espera a los bienventurados y a los demás.

Hasta la secularización oficial de las Españas, ser católico era el adjetivo central de la tarjeta de visita de los españoles por el mundo. En cualquier lugar donde se encontraran, los domingos los expatriados buscaban afanosamente una iglesia de ese culto, para cumplir la obligación de oir misa, que era la condensación más aparente de su devoción, a la que nadie osaba contradecir.

Por eso, con permiso de Ramón María del Valle Inclán y su alter ego, el Marqués de Bradomín, podría decirse que los españoles (varones) eran, como éste personaje de ficción, feos, católicos y sentimentales.

Volviendo al hilo que dejamos suelto al principio, se entiende que, como demostración de estar al loro religioso en la España posterior a las Cruzadas y hasta el advenimiento de los distintos ismos, desde el ignosticismo al idiotismo, existiera la sana costumbre de felicitar las Pascuas el domingo de Resurrección (es decir, el 24 de abril de 2011, en el año en que escribimos estas notas).

La felicitación se acompañaba, en casos especiales, con otros dones. Los padrinos de Bautizo entregaban el bollo (dulces o dineros) a sus ahijados, los cuales, el domingo anterior -el de Ramos- les habían llevado a su casa una palma bendecida -con la subliminal intención de recordarles la siguiente efemérides-, que se colocaría en el balcón como fórmula infalible para ahuyentar demonios.

Todos procuraban estrenar alguna prenda, que habría de durarles el resto del año, cuanto menos. Tenía, por ello, sentido, estar más alegre que unas Pascuas -era día de felicitaciones, estrenos y fiestas-.

En la misma línea, para expresar que algo acontecía rara vez, se expresaba que sucedía de Pascuas a Ramos que es, prácticamente, el año completo, pues las dos dominicas están separadas solo por una semana, que es la de Pasión. "Nos vemos de Pascuas a Ramos", podía decirse, con cara de lástima, cuando te encontrabas con alguien a quien, en realidad, no deseabas ver frecuentemente.

Como las cosas derivan por caminos insospechados, también se puede hacer la Pascua, -o sufrirla- que es sinónimo de hacer la puñeta. Amando de Miguel, que ha escrito sobre este antífrasis, opina que es más bien una ñoñería (ñoñismo, le dice), una forma de farsa educación para evitar decir un taco o una palabra malsonante, equivalente al hoy común nojodas.

Habrá que inventarse algo para sustituir las creencias de esta Hispania que ha dejado de ser católica para arriesgar no ser nada, más que recuerdo de lo que era, pero con servidumbres de las que flagelan al que las mantiene. El domingo de Resurrección, en Toledo, en la misa pontifical, las puertas de la catedral estuvieron cerradas durante hora y media, para impedir que los turistas distrajeran a los fieles mientras se celebraba el rito.

Como casi todo tiene dos lecturas, también se impidió con ese cerrojazo a los fieles salir a tomar el fresco o a evacuar necesidades físicas, por lo que la estampida de la una y media (aproximadamente) por el portalón catedralicio fue de tomapanymoja. Una forma de hacer la Pascua a los que estaban en ella.

La generación vivetú lo queyono

Hay una generación que ahora anda por los 40-50 que aún tienen mucho que hacer y disfrutar por sí mismos, -a menos que se queden sin empleo-, pero que quizá no son conscientes de la razón por la que pueden haber pasado a la historia (la petit histoire, desde luego).

Es posible que, como colectivo, sean los peores educadores de las ultimas promociones, tanto de padres como de maestros.

La razón del descalabro -que se ve a diario en las calles y en todos los lugares públicos, aunque, por supuesto, también se pone en evidencia en los hogares y en las aulas-, la tiene el Vivetú.

Los del Vivetú lo queyono, animan a sus hijos e implícimante a sus educandos, a disfrutar lo que entienden que ellos no han podido gozar plenamente.

Es un mensaje letal, educativamente hablando, porque se superpone a la ausencia de transmisión de creencias y principios, cuestión ésta que, en realidad, viene de algo más atrás, generacionalmente (de los que tienen entre 55 y 70 años). (1)

Su concreción verbal es, más o menos, la siguiente: “Vive tú, hijo mío, lo que yo pude, lo que yo no tuve, lo que yo no me atreví. Vive tú haciendo lo que te venga en gana, porque no te voy a vigilar, porque estoy cansado, no creo en nada, nada merece la pena. Aquí el que más corre es el que más disfruta. Así que, para lo que me queda de existencia, yo me ocuparé de lo mío, y tú eres libre para hacer lo que quieras."

De poco vale que el mensaje sea complementado con este otro: "Yo ya hago bastante con darte de comer y alimentarte, y el Estado te va a dar una educación, y no te van a faltar medicinas y, si te lo arreglas bien, incluso podrás alternar el curro con cobrar del paro. Procura terminar una carrera superior, o, al menos, que tengas un oficio de los que dan pasta. Adiós".

Miremos los frutos de ese mensaje: Cientos de chavales (ellos y ellas) llenando descampados tan pronto como llega la noche, agarrados a las litronas y a las papelinas. En las casas, televisión, teléfonos móviles y ordenadores con videojuegos. En las aulas, mucho cachondeo y aprobado general.

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(1) Lo que sucede es que estas, (si consideramos que cada generación cubre un período de 5 años) generaciones anteriores fueron educadas mejor, por madres que -en su mayoría- trabajaban en el hogar y por maestros que aún se creían que había que transmitir creencias, valores, conocimientos...

Que se hayan convertido en escépticos por propia decisión, es un problema suyo; pero, en ellos, tiene la ventaja de que, al menos, saben en lo que no creen y creen conocer por qué.

N.B. Este comentario fue escrito inicialmente desde el Iphon, y rompe la tradición de empezar los artículos de este Blog con una preposición (o un trasunto de ella). El título previsto era: "Sobre la generación del vivetú loqueyono"; hemos preferido, sin embargo, no cambiarlo, para no perjudicar los enlaces que se habían hecho a él.

¿Desde el Orgullo ignóstico?

Cuando la posibilidad de manifestar una cualidad o actitud ha estado largo tiempo reprimida, el que de pronto se levanten las barreras, provoca exhibiciones de exaltación que, vistas desde la calma, resultan ridículas, necias o estrambóticas.

En pocas décadas, se ha pasado de la represión sexual al libertinaje, de la subordinación de la mujer al varón a la depreciación de lo femenino, de la ciega confesionalidad católica a la proclamación descarada del agnosticismo como virtud.

Son simples ejemplos, cuya valoración exacta exigiría muchas líneas y no estaría exenta de generar polémica. Lo que parece, en especial, criticable es la manía de abrazar los nuevos credos sin haberse preocupado de entender las razones del que se abandona, y sin olvidar que la doctrina emergente también debe tener sus límites.

En lo que respecta a la pérdida de costumbres religiosas, en especial, de las derivadas de la doctrina cristiana por una sociedad que se proclama laica, o mejor expresado, aconfesional, el riesgo es haber abrazado colectivamente el escepticismo sin alternativa ética.

Por eso, no creemos que haya motivos para proclamar a diestro y siniestro el Orgullo Agnóstico de esta sociedad. En todo caso, lo que cabría es hablar de la Humildad Ignóstica (1), que es algo muy distinto.

Un grupo de autoproclamados ateos ha pretendido organizar una procesión sacrílega -desde la perspectiva del dogma cristiano-, apropiándose de dogmas, creencias y signos de los católicos, y llamando así la atención, no sobre sobre aquello sobre lo que ellos creen, sino sobre su desfachatez agresiva respecto a lo que creen otros.

Se han cuidado estos importunos transgresores, en su propósito de organizar una manifestación, en realidad, de su intención de ofender a un colectivo de creyentes, de atacar los principios religiosos de otros grupos menos tolerantes con los que las agreden. No se les verá, por ello, en una ciudad islámica ridiculiizando su libro sagrado o alguna de sus expresiones religiosas más emblemáticas.

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(1) El ignosticismo entiende que, antes de hablar de agnosticismo o ateísmo, hay que ponerse de acuerdo respecto a lo que es la divinidad.

 

Siniestras intenciones

Si tuviéramos la posibilidad de descender a las catacumbas ideológicas, para rescatar lo que queda de la posibilidad de gestionar la forma de vivir más felices, encontraríamos muchos cacharros rotos y, tal vez, una clepsidra en la que cada ampolla tuviera escrito, en todos los idiomas, "izquierda" y "derecha".

Han pasado de setecientos mil o acaso un millón de años desde el momento en que aquél homínido antecessor tuvo el presentimiento de que se tendría que morir. Esa clepsidra imaginaria no ha dejado de girar desde entonces, movida por un mecanismo inagotable.

El VI Congreso del PC cubano (clausurado el 19 de abril de 2011) es un ejemplo más del fracaso de la izquierda dogmática, que toma sus raíces en la bondad de un modelo construído sobre el principio de solidaridad, pero que rápidamente se pervierte en la reproducción de una oligarquía que se enriquece y quiere reproducirse en el poder.

No nos duelen prendas en afirmar, con la misma rotundidad, que la actual crisis de los países occidentales es una consecuencia del error de mantener al mercado sin control ni restricciones; es decir, del fracaso de la derecha liberal. En la cúpula de una supuesta libertad para que cada uno alcance el lugar en la pirámide social y económica que le corresponda, según su capacidad y trabajo, se encuentran, defendidos por francotiradores, los verdaderos beneficiarios del sistema.

Porque, en ambos casos, lo que tienen en común unos y otros, el punto de encuentro, son éso: las siniestras intenciones.

Sobre los ciclos en la economía, ingeniería financiera y burbujas

Los ingenieros nos negamos a denominar ingeniería financiera a las operaciones matemáticas que, en lo fundamental, arriesgan o juegan con las previsiones del futuro : a)  en unos casos, actualizan, otorgándoles un valor presente, los resultados inciertos de una actividad; b) en otros, pactan operaciones especulativas con los valores que se cree tendrán, al cabo de un tiempo determinado, ciertas mercancías.

Para llevar a cabo estos hipotéticos negocios económicos que no precisan más que lápiz y papel en muchos casos, se han perfeccionando fórmulas y siglas cuyo propósito más claro es enmascarar la realidad y complicar el análisis de los datos, de forma que las operaciones resulten opacas y su supervisión, muy difícil.

El estupendo (y algo aburrido) documental Inside Jobs, -de Samuel Ferguson- ilustra de forma muy clara acerca de la conspiración prácticamente sistemática que, con ayuda de la ingeniería financiera, realizan los delincuentes de guante blanco (esos cuya especialidad son los delitos económicos, los más difíciles, no ya de descubrir, sino de imputar y aún más de penalizar), en favor de los que más tienen y, llevados por su avidez -greediness- irrefrenable, más quieren.

Las personalidades de alguno de esos cerebros del delito, y no solo cómplices necesarios, -es frecuente que aquellos a quienes sirven no entiendan, ni se preocupen tampoco de entender, la forma en que sus eficientes directivos atraen dinero para los negocios de los que son propietarios-, ha quedado bien reflejada en el documental.

Aunque los personajes que se presentan en él son norteamericanos, el mismo perfil puede encontrarse en cualquier otro país desarrollado: políticos sin escrúpulos mezclados con compañones inocentes, profesores de prestigio académico dispuestos a dar el salto a la opulencia sacrificando la verdad, funcionarios a los que se les paga por controlar el cumplimiento de las reglas del mercado que, por propios intereses y los de sus mentores, cantan en un sitio y ponen los huevos en otro.

Se puede escribir mucho sobre la situación, repetida una y otra vez en los ciclos económicos y ahora, con los instrumentos que proporcionan la informática y las comunicaciones, reproducible en períodos mucho más cortos, pero la verdad de fondo no cambia: las burbujas son sustanciales al mercado, por razones intrínsecas y extrínsecas.

En lo intrínseco, porque los desajustes entre la oferta y la demanda tienden a ser crecientes, porque los ofertantes propenden a agrupar sus intereses, consolidando o configurando oligopolios, en tanto que los demandantes lo tienen siempre más difícil. En lo extrínseco, porque los que están en la cúpula de la oferta remuneran mucho mejor a sus empleados de mayor nivel, y captan a los más ladinos, reafirmándoles en la rentabilidad de la doble moral.

Protegidos por una maraña inextricable de poderes afectos, falta de escrúpulos, empleados fieles, refugios fiscales y personajes interpuestos, los beneficiados reales de las burbujas no arriesgarán ir a la cárcel, ni siquiera es fácil descubrirlos. Ellos tienen las manos limpias, son inocentes. Por supuesto, nada perderán, al estallar la burbuja, pues sus fieles empleados, habrán recogido los resultados del espectáculo financiero que han generado.

¿Se imaginan cuál es el núcleo duro en donde refugian sus riquezas? ¿En empresas de nuevas tecnologías, en investigación, en desarrollo? No sean Vds. inocentes.

En bienes inmuebles, en terrenos, en edificios, en materias primas. En lo que será siempre necesario.

Tras los cristales

No podemos dejar de imaginarnos al grupo de ricos muy ricos, mirando tras los ventanales de sus caldeados palacetes, en bata de andar por casa, a millones de anónimos individuos que, mal pertrechados, corren de un lado a otro, tratando inútilmente de guarecerse de la tormenta.

Parecería la filmación de una escena de película, porque, si el observador fuera capaz, como esos "ricos muy ricos" de contemplar la situación desde fuera, advertiría que, aunque para esos millones de personas el frío y la lluvia, y el riesgo de que les caigan encima los cascotes o los rayos, es real, hay un tercer grupo de personajes que se encargan de crear la escenografía.

Es el suyo un trabajo delicado, un inside job (1). Desde lo alto de las tramoyas, los especialistas en generar tempestades, vientos o tiempos bonancibles, según convenga al guión, están ahora vertiendo truenos, relámpagos y granizo sobre los pobres desgraciados.

Sin necesidad de recurrir a ninguna metáfora, podemos descubrirnos rodeados de especialistas en escenografía. Desde ilusos convulsivos hasta pelotilleros viscosos, pasando por mentirosos sin escrúpulos, todos estos miserables que nos quieren convencer de lo que no es, nos toman por imbéciles, por incapaces de discernir que, aunque consigan hacernos mucho daño, estamos por encima de sus maquinaciones, porque -al fin y al cabo- sabemos para quiénes actúan y porqué lo hacen.

Y ese conocimiento nos sirve de consuelo, nos hace, mentalmente, libres.

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(1) El lector ya se habrá dado cuenta, suponemos, que estamos referiéndonos al guión de una película real, magníficamente recogida por Charles Ferguson, y en la que nos ha contado, con la voz y el rostro de los personajes verdaderos, nuestra propia historia de crisis y miseria. "Inside jobs" son los delitos cometidos por quienes tienen puestos de confianza. 

En contra de la movilidad de la Semana Santa

En esta época de revisión y carácter práctico, que la Semana Santa dependa de la luna llena, es un atraso.

Por eso, exponemos desde el comienzo de este Comentario (como solían hacer los buenos oradores, cuando los había) nuestra propuesta: La Semana Santa debe ser desplazada a un lugar concreto y fijo del calendario; y, sin perjucio ni prejucio a que cada autonomía decida situarla como en concreto le pete, lo más adecuado sería ubicarla en la cuarta semana de marzo.

Es cierto que mucho mejor sería, para evitar la coincidencia de todos los vacantes haciendo simultáneamente las mismas cosas, que esa Semana de vacaciones con que se ha sublimado la devoción cristiana, -y de la que se benefician, sobre todo, los que tienen la suerte de seguir cobrando un salario de forma independiente de que se lo curren o no (mayoritariamente, funcionarios)-, no se celebrara por todos los ciudadanos al mismo tiempo.

Pero ese desiderátum es de realización imposible, salvo en los pueblos teutónicos, cuyo sentido práctico les ha llevado, sucesivamente a 1) negar la mayor; 2) definir un calendario de vacaciones escolar diferente para cada uno de los Estados, regiones o Länder.

Cuando, como es el caso en 2011, la Semana tiene su lugar en el calendario demasiada avanzada, los amantes de los deportes de invierno se encuentran con que las pistas ya no tienen casi nieve. Los estudiantes se encuentran con que el último trimestre es muy corto, por lo que los exámenes de mayo -con la cantidad de materia que aún queda por explicar- están a la vuelta de la esquina.

Y, lo que es peor, la probabilidad de que llueva es muy inferior, por lo que nos tenemos que quedar en casa, no podemos disfrutar pensando que los que se han ido a la costa se fastidian viendo llover.

Eso sí, siempre nos quedará el consuelo de poder disfrutar de la ciudad semivacía, participar en los cultos locales, encontrar tiempo para terminar las tareas pendientes y ahorrarnos los malhumores de los interminables atascos en las congestionadas carreteras que conducen. dóciles, los rebaños humanos, en esa trashumancia inexplicable, que les impele a ir, buscando a Godot, desde los plácidos pesebres habituales a los incómodos duernos ocasionales.

Para los chinos, Zapatero tiene un pañuelo especial

Para los chinos, Zapatero tiene un pañuelo especial

Trasladar a caracteres chinos un nombre occidental exige imaginación y una cierta tolerancia. Existen fonemas que carecen de versión al chino, por lo que el traductor tiene que moverse por aproximación.

Cuando el Presidente Rodriguez Zapatero visitó China, en el foro económico de Boao se utilizó, para su identificación, un cartel, que hemos fotografiado e incluído aquí, tratando de descifrar su génesis y contenidos.

Para componerlo, el traductor analizó, en primer lugar, los distintos fonemas del nombre del sujeto, y así poder llegar a la primera conclusión de su trabajo. A él le sonaba a:

"Luódélîgés-í SaPateluó" (罗徳里格斯 ...)

No es que se pudiera decir que resultaba perfecto -para oídos hispanos- , pero para quien confeccionó el tarjetón y sus asesores fonéticos, es lo que entendieron como más adecuado.

La segunda fase de la traducción implicaba encontrar los grafismos de las palabras chinas que, en la medida de lo posible, representaran objetos o características hermosas, elegantes. Al fin y al cabo, se trataba de honrar a un presidente de gobierno de un país amigo, que, en principio, provenía de un país desarrollado.

El traductor reflejó los apellidos del Presidente español con los grafismos siguientes:

"Red-Persona de prestigio-Interior-Norma-Entonces; Corazón Magnánimo; Pañuelo: Especial; Red;"

Sí, ya imaginamos que a Vds. les parecerá que "corazón magnánimo" es una descripción inadecuada, por desproporcionada, de las características del Presidente Zapatero.

La radical "sà"(萨), en realidad, no se emplea aislada: Se utiliza en púsä (), "Buda" y púsäxïncháng (), "corazón misericordioso" o "corazón blando". Es la misma radical que se usa como inicial para transcribir al chino el vocablo "Sarkozy".

Sapateluó y Sakosí coincidían -antes de la visita- en tener el "corazón misericordioso" con los chinos. Ahora, seguramente, sería más adecuado "zä", ¿cómo?.

Pero lo que sigue distinguiendo al primero es, sin discusión, llevar en el bolsillo ese "pañuelo especial", con el que secarse el sudor o las lágrimas por ese trabajo, sin "red", de caminar permanentemente por un campo "interior" minado de "normas", no de ilusiones como "entonces", cuando era "persona de mucho prestigio". 

En la escala 2,5 del indice de estupidez, y subiendo

Hemos sido los primeros, según la indiscutida autoridad de Google, en definir El índice de estupidez humana (IEH; en inglés, Human Stupidity Index, HSI), lo que estamos, además, haciendo en este momento preciso:

"El Indice de estupidez humana es un número decimal, abstracto, cuyo rango de valores puede ir de 0,0 al 10,0, que sirve para caracterizar, en un momento concreto, el comportamiento inexplicable de los seres humanos."

Se puede tomar como población de referencia, tanto la población mundial, como un colectivo más reducido, e incluso, la propia familia. No tenemos aún claro si el índice puede ser aplicado a una sola persona, siendo comprensible que, en este caso, la valoración no la realice el mismo interesado.

Aunque el valor más alto que puede alcanzar teóricamente es infinito -y ha habido circunstancias históricas en las que se ha estado muy próximo-, se acepta, por convenio impuesto por sus creadores, que el valor máximo que del índice sea 10.

De momento, no se ha alcanzado más que localmente.

La proporción de estúpidos se calcula dividiendo el número de personas -siempre estimado y, por lo general, según decisión de un panel de expertos en valorar la estulticia- que tienen un comportamiento incomprensible o están en una situación que les priva de su propia personalidad -de forma real o aparente- (numerador), por la población del territorio muestral ("dominio de referencia", y que será el denominador), y multiplicando el resultado por 10.

El índice, que se irá perfeccionando con el uso, exige algunos factores de corrección que lo hagan homologable para realizar comparaciones y, por ello, tesis doctorales.

 Por ejemplo, el índice se afectará de un  sumando corrector -que servirá de base para calcular la "estupidez equivalente"- que servirá para reflejar el número de horas que la persona dedicó a hablar del momento para el que se ha calculado inicialmente el índice de estupidez, que se verá incrementado en 1, si ha empleado para ello, - obviamente, con algunas intermitencias-, una semana.

El valor se disminuirá en un máximo de 1, sensu contrario, si el acto colectivo no ha servido más que para comentarlo brevemente con su pareja o con un grupo selecto de amigos. Casos típicos del primero, pueden ser los espectáculos musicales en los que una figura y su troupe se dedican a moverse en el escenario chillando como energúmenos; también se incluyen en este capítulo las películas sobre el personaje de Torrente. Se publicarán mensualmente listas de estos eventos.

Casos típicos de lo segundo pueden ser las representaciones teatrales, en especial, las de autores clásicos.

En un ejemplo práctico, las cosas discurren así:

Si, suponemos como elucubración hipotética, de imposible realización en un mundo real,  que 10.000.000 personas asistieran a un partido de fútbol -en directo o por televisión- y la población total susceptible de seguir el evento contara con 50 millones de seres humanos, el índice de estupidez aparente sería de sólo 2.

Pero si, de éstos, pongamos, 5 millones, se pasaran una semana hablando del acontecimiento -realización de las jugadas, comportamiento del árbitro, estado de los jugadores (antes y después del evento), declaraciones de los entrenadores y otros atletas, etc.-, el factor corrector será de 0,5. El índice de estupidez total de colectivo de ese país imaginario será de 2,5.

Los últimos estudios realizados por el Gabinete de estupidoscopia expresan que el índice sube, en España, de forma alarmente. Lo más grave es que no se conoce el remedio, porque parece que la crisis económica, el paro, la falta de alternativas, no hacen más que aumentar los valores del índice.

So pretexto de semántica, aporías

Algún ilusionista en el empleo de la semántica, quiere sacarnos de su chistera, los conejos por los que conducirnos hacia la aparente demostración de lo que es genuinamente falso, pretendiendo confundirnos. Aporías.

La más perversa de las aporías que circulan en el presente es, quizá, que crisis es sinónimo de cambio y que cambio significa oportunidad, para lo que se recurre a citar hasta a los chinos. Tiene incluso una hermana pequeña por la que se defiende que el progreso de la humanidad está en crisis permanente.

Otra aporía asocia la inactividad de la sociedad civil a la madurez de la democracia, pretendiendo que cuando los partidos políticos funcionan, el pueblo confía en la alternancia en el poder que provocarían las elecciones periódicas. Se ignora así que, históricamente, las movilizaciones de la sociedad han dependido de la sociedad militar, es decir, de los Ejércitos.

Se nombra mucho la sostenibilidad, una banqueta de tres patas (economía, ambiente y empleo), que nadie ha visto construída, pero en la que muchos se sientan, tan tranquilos, poniendo sobre ella los proyectos de desarrollo, crecimiento, urbanismo, etc.

Tenemos, en fin, la casa de los argumentos llena de aporías, -paradojas, aparentes demostraciones con falsas premisas, conclusiones erróneas a partir de coloridos postulados-, con las que se nos adormece el sentido crítico, seducido ante la idea de que no hay solución alternativa o de que los mandos se encuentran en buenas manos.

Contra aporías, contundencia.

No puede haber sostenibilidad -ni sustentabilidad, para que los puristas del lenguaje no se concentren en la semántica- para nuestra pretensión de desarrollo, mientras siga siendo fagocitador por propia naturaleza de lo que se le ponga delante. Siendo el consumo la base de la subsistencia, de alguna forma tienen que aportarse nuevos elementos a la hoguera: si son espirituales, por la vía de la creatividad; si son materiales, por el camino de los recursos naturales; nada es gratuito; hay la opción de cambiar materia en energía -y puede que, también, al revés-, pero algunas posibilidades revisten riesgos que, en general, no se está dispuesto a admitir en el patio trasero.

Las crisis son el resultado de los cambios forzados por quienes han venido disfrutando de las mayores ventajas de una situación y quieren sacar ahora el beneficio de quienes les acompañaron hasta allí.

La globalización se podría conseguir de inmediato, eliminando todas las barreras económicas, sociales y tecnológicas, pero se dilata indefinidamente pretendiendo el control de los ritmos de crecimiento y desarrollo por parte de quienes disfrutan de las ventajas actuales.

El mercado no sirve para regular el precio de los productos de quienes venden desde la necesidad y compran desde la supremacía, y sí sirve para añadir margen a quienes ocultan los costes de producción de lo que ofrecen a quienes han creado la necesidad.

La incorporación de una nueva tecnología crea, de forma natural, desempleo masivo en la tecnología que convierte en obsoleta y, claro está, genera nuevos ricos en su área (pocos), pero también muchos fracasos de quienes se sienten atraídos por ella sin dominar materia, mercado y financiación.

La recuperación del deterioro de los bienes sin domine supone inmensos desembolsos públicos y arrastra el enriquecimiento de algunos emprendedores cualificados; la recuperación ambiental solo crea empleo en los que se dedican a ella, y, en contrapartida, genera desempleo en todos los sectores a los que se aplica;...

Podemos seguir enumerando, hasta cansar al lector: no es posible ninguna alianza de civilizaciones mientras estas se basen en los dogmas religiosos; ... 

¿A favor de una República con D. Juan Carlos como Jefe de Estado?

Los españoles, al decir de una encuesta de la que, como sucede con casi todas las que se difunden, no tenemos mucha información acerca de en qué peluquería fueron lavadas y peinadas las respuestas, y, menos aún, de quién pagó la factura del frisseur, son mayoritariamente monárquicos.

Según Metroscopia, la empresa que firma el análisis de los resultados, muchos de los encuestados identifican juancarlismo y régimen monárquico, lo que explicaría el alto porcentaje a favor de una forma de Estado que obtiene bastantes críticas frente a otras opciones. Imaginamos que la República será, por principio, la más valorada, y la Anarquía obtendrá un resultado marginal, pero significativo, e incluso, puede que cuente con un número creciente de adeptos.

La encuesta viene al pelo porque hoy se celebran los 80 años (octogésimo aniversario) de la Proclamación de la República en España, allá por el 14 de abril de 1931.

Como convencidos de que no deben existir privilegios de sangre, somos republicanos por naturaleza. Como experimentados acerca de las dificultades de elegir adecuadamente a los más capaces para dirigir los destinos de la República, nuestro pragmatismo nos lleva al posibilismo. Respetuosos con la Constitución vigente, somos monárquicos.

Escépticos con la naturaleza humana, somos ácratas. La experiencia de Bélgica, país que nadie discutirá es muy civilizado, lleva casi un año sin Gobierno oficial, y nadie ha notado cambios para peor.

D. Juan Carlos, como Jefe de Estado de la República de España no nos parece mala opción. Y tampoco creemos que haya que rasgar ninguna vestidura si, mientras se aclaran los opinantes, se mantiene como sucesor al Príncipe Felipe, que sabe idiomas, conoce mundo, tiene dos carreras, está casado con una periodista que da muy buena imagen y lee los discursos con una entonación que no desmerece de muchos de los que se están dedicando, como profesión confesada, a la política.

¡Viva la República del Reino de España! ¡Viva el Jefe de Estado D. Juan Carlos, su Presidente!

Sobre los grados de libertad y su uso individual

Ese edificio central de las relaciones sociales, que se pretende construído sumando los ladrillos de un principio muy atractivo que ordena actuar de forma que, en el uso de tu libertad no se irrumpa, afectándolo negativamente, en el ámbito de los derechos (y, por lo tanto, de las libertades) de los demás, presenta algunos deterioros.

No son fallos estructurales, por supuesto. Son detalles que afectan a algún adorno de la cornisa de la fachada trasera (la que no da al sol), y a una de las escaleras secundarias, la de bajada a los sótanos en donde se guardan los frascos de las fragancias y esencias.

También hay que señalar que algunos decoradores de vanguardia han hecho un análisis de tendencias y su opinión de lo que debería cambiarse en alguna habitación interior, discrepa frontalmente con el espíritu clásico que, según la mayoría, debe ser el propio de un edificio como éste, que representa lo más valioso de una comunidad. 

Bajándonos del terreno de la metáfora al de las realidades, indiquemos que, entre  los diversos temas opinables que en este momento centran los comentarios, han adquirido lugares predominantes en nuestra aldea (Madrid) tres:

-el uso del velo -y otras formas de cubrirse total o parcialmente el rostro- en las zonas de uso público, por ejemplo, escuelas; como elemento extremo de la situación, el uso de la yihab o el burka.

-los medios de control para evitar el uso de las zonas públicas y, en ciertos casos, privadas, por desarraigados.

-el deterioro o cambio de aspecto vandálicos de los bienes públicos y privados, por grafiteros, festejadores de botellones, exaltados ocasionales, etc.

Sobre grandeur y sentiment d´inferiorité en la península francoibérica

Sobre grandeur y sentiment d´inferiorité en la península francoibérica

Los españoles hemos asumido historicamente que la tremenda barrera de los Pirineos completaba el trabajo del mar sobre la Península ibérica, transformando nuestro territorio en una isla.

Durante una época reducida y, en realidad, por impulsos conquistadores impropios de nuestra naturaleza -siendo proclive a mirarnos el ombligo y a la abulia- se han escrito unas páginas que figuran en nuestra Historia, pero sobre todo, en la del orgullo del Imperio austrohúngaro e incluso del francés, que se construyeron como mandan los cánones, invadiendo a los vecinos y esclavizando los de otras razas, sin escrúpulos religiosos ni zarandajas o vainas.

A este respecto, y aunque se han hecho esfuerzos por reconocerles a Carlos III -e incluso a Alberto Ruiz Gallardón- el privilegio de haber sido los mejores alcaldes que ha tenido Madrid, son seguramente mayoría los que piensan que el galardón se lo merece Pepe Botella (menos conocido como José Bonaparte Primero). Que, por cierto, y si bien analizamos la genealogía, c´est tout pareille, mon coeur.

La verdadera península respecto a Europa en la que está incluída España tiene su itsmo natural en Francia, y es controlada simultáneamente por la grandeur francesa y el sentimiento de inferioridad de los españoles.

Ambos prejuicios, el uno arraigado en el pueblo francés y el otro, padecido como síndrome colectivo por los españoles, han venido a caracterizar el distanciamento entre las poblaciones de gabachos y toreros que, recíprocamente se malentienden, se ignoran, se critican, con y  sin razones.

Pero, a pesar de los pesares, nuestra cultura -administrativa, técnica,  literaria- sigue siendo en buena parte francesa, y aunque la construimos/destruimos desde la admiración conjunta hacia lo alemán, del que los franceses quisieran distanciarse claramente y al que nosotros, cumpliendo la regla del salto directo (ésa que preconiza que siempre se sentirá más simpatía por el jefe del jefe que por el jefe directo), conscientes de no llegar a la altura de sus zapatos, hacemos guiños de afecto tan desproporcionados como ridículos.

(N.B. El dibujo que incorporamos a este Comentario fue realizado en un almanaque Myrga el 29 de abril de 1973.)

Sobre el concepto de rentabilidad y los intermediarios

Hay muchas formas de medir la rentabilidad, pero la más útil es la que la define como el cociente entre el beneficio por unidad de inversión. Si Vd. monta un negocio y obtiene el 10% de lo que puso desde el primer día (o al menos, desde el primer mes), es un buen asunto. En otro caso, y si tiene memoria y no padece de almorranas, prepare oposiciones.

Uno de los mejores empresarios que hemos conocido y que, por supuesto, acumuló una respetable fortuna (que sus hijos se encargaron de dilapidar, dicho sea de paso), practicaba la técnica de "la doblada", que no es mal consejo. Consiste en pedir por algo siempre el doble de lo que le ha costado a uno, añadiendo, naturalmente, al precio de compra, los gastos interiores.

En caso de que Vd. no se considere capaz de montar un negocio con producción propia -nos referimos, de esos en los que se fabrican cosas, desde una tortilla de patata a un transductor-, y, de todas formas, se siente con vocación empresarial, lo más sensato es que se dedique a la labor de intermediación.

El intermediario es una persona (física o jurídica), cuyo rasgo de personalidad más relevante es que tiene contactos que le permiten obtener beneficio a partir de lo que otros fabrican y no saben vender en el mercado adecuado para obtenerle el máximo rendimiento.

Ejemplo bastante actual de intermediarios se puede encontrar en las declaraciones realizadas por el teniente coronel español Abraham Ruiz López, entonces enlace entre las Fuerzas españolas y la OTAN, que negó cualquier el pago de cualquier comisión, pero reconoció, en su declaración como testigo en el caso del avión de transporte Yak-42, que hubo muchos intermediarios en la operación.

El viaje, que no el avión, estrellado con sus ocupantes en Turquía, -63 militares españoles,que volvían de colaborar en la misión "Libertad Duradera", en Afganistán; 12 tripulantes y 1 ciudadano bieloruso-, fue contratado a un intermediario (broker, para los anglosajones y algunos pedantes que quieren colar el inglés en todas partes) por Defensa. Se generó así una cadena de intermediarios, todos ellos, deduciendo del importe sus correspondientes beneficios, a partir del coste contratado por el Ejército (es decir, el Estado) de 140.000 euros. La línea de toma y daca estuvo formada por compañías, cuyo bagaje era un teléfono, una secretaria multilingüe y contactos, hasta que se encontró una compañía bielorusa, contratada por una libia, que se encargó de hacer el trabajo (que salió muy mal, en este caso), por menos de 40.000 euros.




Es solo un ejemplo de rentabilidad a la inversa. El 80% del pago del cliente se destinó a llenar el bolsillo de fabricantes de humo. Hubiera bastado un solo intermediario transparente, que se hubiera contentado con el 10% de la operación, en concepto de comisión de agente. Tal vez el avión hubiera sufrido más revisiones, contado con una tripulación no tan extresada, disfrutado de una caja negra sin distorsiones, y ahora estarían 76 personas (de ellas, 62 en España), disfrutando de sus familias y amigos. Y muchas, muchas más, contentas (encasuados, compañías de seguros, mandos de Defensa, ex-ministros, etc.)

Sobre plazos perentorios y dilaciones injustificadas

Contratistas, abogados, consultores, obligados fiscales y otras gentes de mal vivir -si es que queda alguno más sin citar- saben muy bien lo que significa un plazo perentorio (1) : trabajar con la angustia de no llegar a tiempo para entregar la obra o el informe antes de la fecha tope convenida con el cliente, presentar la demanda incumpliendo el término, o no pagar los impuestos antes de que venza el período voluntario.

Esas angustias, que algunos de los citados encuentran placer morboso en aquilatar, concentrándolas en lo que se conoce como "hasta el último momento", tienen su contrapunto, como todo en la vida, en quienes actúan desde el poder para tomar sus decisiones y cumplir con sus obligaciones con dilaciones injustificadas, bien porque nadie les fiscaliza o porque están convencidos de que pueden cumplir sus cometidos con el ritmo que les venga en gana porque son los amos del cotarro.

Suele tratarse de funcionarios y políticos con mando en plaza, pero no necesariamente. Y, como siempre, hay que apresurarse a decir que son muchos -es decir, bastantes- los funcionarios que satisfacen sus obligaciones con bastante -es decir, a veces- diligencia. Y, obviamente, menos -muchos menos- los políticos que se demoran, porque se trata de dos colectivos de dimensiones muy dispares (¿un 12% frente a solo un 1%)

¿Que tiene Vd. 20 días para contestar a una demanda?. Puede estar seguro que si se demora un día más en presentarla (bueno: dos, contando el día de gracia del que disponen los procuradores de los Tribunales), sus desvelos habrán sido inútiles y su cliente, devendrá enemigo irreconciliable, propagando urbi et orbe que es Vd. un inepto de tomo y lomo.

Su culpa no tiene (nos parece, con el debido respeto) parangón con aquella en la que incurre, sin que se le mueva un pelo del bigote o la pestaña, el funcionario de Primera, Segunda instancia, supremo o defensor de la ultima ratio constitucional, que se duerma en sus laureles para dictar su juicio el tiempo que le pete, guarde o no relación con el período que el justiciable juzgue razonable le haría falta para quitar, con un ritmo y vitalidad promedios, el montón de legajos que se acumulen sobre el suyo de Vd., en su mesa de él/ella y la de los oficiales a su mando.

¿Que ha llegado con la lengua fuera para presentar los cuatrocientos mil justificantes de encontrarse al día de todo lo imaginable y estar dotado para hacer malabarismos con su magín, maquinaria y equipos humanos que nada tienen que ver en muchos casos con lo que se ventila en un concurso convocado por cualquier Aminístración pública?.

No obstará a la valoración de su diligencia (de ellos) ver, con la desesperación que corresponda (a Vd.), que la decisión no llega en años, la convocatoria se anula, sus rivales la impugnan, y, todavía peor, sus (de Vd.) clientes públicos no le pagan, porque (ellos) han dedicado la partida de Presupuestos que podría corresponder para abonarle su (de Vd.) encargo, ha sido convertida en voladores y bollos con chorizo para celebrar... (ponga aquí el lector el evento que le resulte más castizo).

Plazos perentorios contra dilaciones indebidas, he aquí el dilema que Hamlet tampoco abarcó.

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(1) Para posible ayuda de lectores más jóvenes y, tal vez, de extranjeros que tengan como segunda lengua el español y no provengan de países del Este (siendo la facilidad para los idiomas de estos últimos, proverbial): perentorio es todo plazo que resulta improrrogable, o sea, de obligado cumplimiento, porque, si no se cumple, atáñese el infractor a las consecuencias.

Rima con muchas palabras: paritorio, dormitorio, envoltorio, jolgorio, purgatorio y otros muchos acabados en "orio", por lo que nos proponemos escribir un soneto sin dilaciones indebidas, pero sin que se nos tome nuestra intención como algo obligotorio.

Atañer, verbo de uso por pedantuelos y escribidores de textos oficiales, por el que se hace referencia figurada al acto de tañer los pinreles a terceros.

Desde la trinchera: en defensa de democracia, globalización y ética universal

Todos los políticos y sus principales seguidores emplean mucho los términos de democracia, globalización, ética, bien común y otros cuantos conceptos que han pasado -si es que alguna vez anduvieron en otro sitio- a convertirse en conceptos abstractos, y de dimensión y contenido variables, interpretables según le apetezca al que los nombra.

Despierta profunda intranquilidad conocer que más de cien candidatos a ser elegidos como representantes de la voluntad popular en Municipios y Administraciones Autonómicas en los comicios que se celebrarán en mayo de 2011 en España, se encuentren incursos, como imputados, en causas penales, en las que se están valorando presuntos delitos por malversación, cohecho, prevaricación, entre otras conductas.

No mueve a la calma ni al aplauso el que los Tribunales -empezando por el Tribunal Constitucional, para avanzar, desde el Tribunal Supremo hasta los jueces y magistrados de las instancias menores- estén tocados, en cuantía indeterminable, pero no nula, por los designios políticos de los Ejecutivos que han nombrado o pactado a algunos de ellos o interferido sobre las convocatorias a adjudicatura, destinos de jueces y evaluación, cuando llega el caso, de sus actuaciones.

No es grato saber, aunque pueda apelarse a la debilidad de la humana naturaleza, que se destapan aquí y allá casos de jueces que han actuado por animadversión a otros, favorecimiento de delincuentes, o, simplemente, no actúan con la diligencia que debieran, por dejación, abusos de autoridad, ignorancia culpable o connivencia dolosa con ciertos justiciables. 

Intranquiliza, por supuesto, que miembros del Ejecutivo y sus opciones de reeemplazo en la oposición, dediquen la mayor parte del tiempo de sus apariciones públicas (incluídos los debates parlamentarios surgidos de sus comparecencias en las Cámaras) a descalificarse, acusándose recíprocamente de incapacidad, indolencia, desprecio al interés general, y otras graves objeciones, ignorando que a algunos votantes nos gustaría conocer bien sus programas y, si se nos requiere, participar en ellos.

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P.S. La fórmula perfecta para aunar las decisiones del Ejecutivo, lo Legislativo y lo Judicial, evitando cualquier diferencia, parece haberla encontrado Vicente Mediavilla, consejero de Justicia (y Presidencia) de Cantabria, diputado autonómico y, por propia postulación, candidato a magistrado de la Sala Civil y Penal del TSJ de Cantabria, por el turno de juristas de reconocido prestigio.

Como experimento funcional, será interesante seguir la evolución de este pluriempleado, cuya sobrada capacidad (es letrado de la Administración cántabra y antiguo jefe de sus servicios jurídicos) nadie puede dudar. El ahorro, en discusiones y, seguramente, en dineros, que supondría aunar definitivamente todos los poderes, sin subterfugios ni medias tintas, resulta muy atractivo en este tiempo de crisis.

Sobre las noticias: entidad, durabilidad y alcance

En los media se hace referencia a menudo al "alcance de la noticia", en el sentido de su importancia.

Se dice, especialmente cuando se trata de aquellos soportes de difusión que trabajan o actúan en directo, en caso de que se algún acontecimiento que se juzga importante se acaba de producir y prometa evolución o se precise más información: "Les mantendremos puntualmente informados".

En fin, ojeando las primeras páginas de los periódicos de las últimas semanas y deteniéndose en los titulares, se comprende perfectamente que lo que ha servido para llamar la atención de los posibles compradores -también, de los lectores, aunque hay que suponer que no todo el mundo se gasta dinero en un soporte informativo para pasearlo bajo el brazo-, tiene efectos de una durabilidad muy corta.

Da lo mismo que se trate de un terremoto, una catástrofe nuclear, una guerra civil o una invasión de las fuerzas internacionales a un país amigo hasta hace un par de días, la intensidad de la llamada de atención decae rápidamente y el tamaño de las letras que se dedican a enmarcar la noticia disminuye, hasta desaparecer, en un par de días.

Y es que, además, cualquier información sobre lo que suceda en otro sitio, por dramático que sea, sucumbe en importancia ante la victoria del equipo local de fútbol, la inauguración del deportivo municipal, el crimen pasional cometido en la paroquia de al lado o la llegada al pueblo de un cantante de moda.

Todas estas cosas son bien conocidas por quienes hacen periodismo, y, sobre todo, por sus clientes y empleadores; no nos estamos refiriendo a los lectores y oyentes de los media, sino a quienes están interesados en que se da forma a la noticia de acuerdo con sus propios intereses, que suelen ser o ideológicos o económicos, o ambos.

No sucede lo mismo con los que reciben los mensajes, muchas veces, víctimas de su credulidad, incapaces de distinguir entre el ropaje con el que se les presenta, su importancia o despojarla de los apliques con los que se pretende adulterar o disimular su contenido.

Las Escuelas de periodismo deberían ofrecer un curso de interpretación de la noticia, que sirviera a sus seguidores para reconocer su verdadera entidad y alcance y valorarla. No estaría, obviamente, dedicado a profesionales de la información, sino a sus destinatarios. Evitaríamos así muchos sobresaltos, aliviaríamos fervores ideológicos, dotaríamos de su dimensión e intensidad adecuadas a los titulares y contenidos y, en definitiva, seríamos más felices.