Blogia
Al Socaire de El blog de Angel Arias

Sociedad

Sobre Guantánamo, la CIA y el Once-ese

La desclasificación de los informes ilustrativos de algo de lo que se hacía en Guantánamo y que hasta hace un par de días prácticamente solo se podía sospechar, ha levantado una polvareda que no habría de cegar los ojos de quienes defendemos que los garantes del Estado de Derecho no pueden servirse de su posición para autorizar el incumplimiento de las reglas acordadas, según qué circunstancias.

El asunto es grave, y afecta a la credibilidad de Estados Unidos como líder de las democracias, cuestionando -y no es la primera vez- la legitimidad moral de quien pretende imponer comportamientos y normas a los demás que el infringe cuando le viene en gana.

La difusión de los métodos aplicados por los "entregados hombres y mujeres que trabajaban para proteger América", y que seguían, según se dice oficialmente desde Estados Unidos, "comportamientos autorizados por el Departamento de Justicia", con la comprensible intención de "sacar información" a un grupo de sospechosos de pertenecer a Al Queda, no puede, por ello, ser despachado, sin más, con un pase de página de la Historia negra de estos tiempos convulsos.

El Departamento de Justicia norteamericano ha hecho, con esta historia, daño a Estados Unidos, a la preocupación por una justicia universal y, entre otros aspectos no menores, a la distinción entre terroristas y fanáticos religiosos.

El tratamiento dado por los captores norteamericanos a sus presas retenidas en en Guantánamo, la mayoría, simplemente sospechosos, al margen de toda Ley, sin garantías, sin proceso judicial, sin testigos ni control, y sobre los que se ejerció una presión inhumana para obtener una información con métodos que recuerdan los de la denostada Inquisición o los juicios de Dios, tiene algunos nombres concretos. Los de quienes sufrieron la tortura y los de quienes deben asumir las responsabilidades los procedimientos que la autorizaron.

Entre todos los torturados, destaca ahora Abu Zubaida, alias Abu Zubayadah, alias Abd al-Hadi Al-Wahab, alias Zain Al-Abidin, alias Muhahhad Hussain, alias Zayn Al-Abidin Muhammad Husayn, alias Tariq, alias Abu-al Hasanat, alias Noorud Din, alias Dawood, alias Kamil, alias Badar, alias Al Mujahid, un palestino que nació en Arabia saudí, y que fue detenido el 28 de marzo de 2002 en Pakistán en una acción conjunta de la policía local y el FBI. 

Era presunto lugarteniente de Bin Laden y disponía, según se dijo, información valiosísima. Su tortura no sirvió para obtener información relevante alguna.

O no la tenía, o es un maestro del auto-control. En ambos casos, se puede calificar la metodología empleada: una vergüenza. De momento, la técnica aplicada se habrá de llamar, no de walling, ni waterboarding:  "bushing". Pero como la palabra ya existe con otros significados, habría que precisar: "bushing jr." No estaría de más dilucidar en qué compañía actuaba este personaje que pareció empeñarse en dar argumentos a los violentos para que justificaran su odio contra los pacíficos.

Sobre la predicción del futuro: ciencia, experiencia, fantasías y mentiras

La ilusión por predecir el futuro ha llenado páginas y abierto, de admiración o rabia, muchas bocas. Profetas, magos, druidas, e iluminados de toda índole se han esforzado en convencer a sus semejantes de que podían saber algo de lo que iba a sucederles, generalmente para que se pusieran en lo peor.

Desde luego, si hay que dar de comer aparte a alguien, sería a los profetas del pueblo de Dios, Israel. El profetismo de Israel, como ha sido sabiamente escrito, es un fenómeno propio del pueblo judío, exclusivo, que  acompaña como una constante toda su historia.

Esas gentes especiales, actúan como mensajeros de Dios, anunciando lo oculto o lo futuro, y tratando de recordar a sus indómitos paisanos que deberían ser fieles a los mandatos divinos o, en otro caso, caerían sobre ellos desgracias terribles. Como no les hacen caso, el pueblo elegido es diezmado de las más variadas maneras.

Como hace ya algún tiempo que ni siquiera el pueblo judío recibe mensajes sobre lo que, desde lo más alto, se quiere de nosotros, vienen suplantando esa actividad de predicción de futuro, dos clases de personajes que, no contando con la tutela divina explícita, se ven obligados a utilizar su majín para improvisar lo que quieren transmitir dle futuro a sus conciudadanos.

En un grupo se encuentran políticos y sus inmediatos colaboradores, los sociólogos y economistas de salón (de sesiones), que, combinando algunas ecuaciones y verdades físicas y técnicas con la imaginación más o menos calenturienta, predicen el futuro colectivo y, sobre todo, explican el pasado, generalmente, con el propósito de exculparse.

Por otro lado, se sitúan los videntes, magos, iluminados y tramposos en general, que, utilizando la fórmula magistral de que la historia se repite y de que todos los seres humanos se parecen física y, sobre todo, síquicamente, aplican al que les pregunta la vivencia sintética de otros. Así, por ello, los amores conducen a su terminación, la fidelidad se rompe por definición, las alegrías se terminan rápido, un mal no dura, alguien nos odia rabiar, las cosas no son tan feas como se pintan ni tan hermosas como se imaginan, hay un viaje para cada inmovilista, y un naufragio acechando a cada marinero...

Utilizando las mismas artes  que el segundo grupo, desde el primero se nos está diciendo ahora que la última crisis se resolverá, más tarde o más temprano, en unos meses o un par de años.

De acuerdo con la Historia, acertarán en sus predicciones. Si la catástrofe es sonora, las huestes quedarán diezmadas. Los supervivientes, escaldados, tardarán algunos años en volver a las andadas. Falta solo que nos indiquen, a salvo de que confíen en que la intervención divina nos sitúe por arte de birlibirloque en donde creíamos que estábamos antes del vendaval, que son imprescindibles la penitencia y el sacrificio.

Hay que trabajar mucho más, pedir mucho menos, y, por supuesto, descubrir de una vez dónde estaban los tramposos, avaros y ladrones, porque la expiación implica que no les dejemos seguir haciendo de las suyas con nosotros.

Sobre la ocupación de los parques en las ciudades

No hemos hecho un análisis con intenciones sociológicas, ni, por supuesto, estadísticas. Es una simple constatación, sin más valor que significar una foto fija de las personas que ocupaban un Parque de Madrid, a las 12h y 30 minutos de un día de principios de primavera de 2009. Lucía el sol.

Sobre la explanada principal, en cada uno de trece bancos se sentaba un anciano. Estaban solos y leían el periódico: casi en su totalidad, uno de esos diarios que se distribuyen gratuitamente. En otros dos bancos, una pareja de ancianos -hasta aquí, todos varones- hablaba sobre la situación del país, sin escucharse.

En otro banco, una mujer de cierta edad, aportando de vez en cuando su cara al sol, tejía una chaquetita. Dos mujeres de esa misma época intercambiaban opiniones sobre la boda de sus hijos, muy animadas .

En torno a una de las mesas instaladas en el Parque, cuatro personas de más de cincuenta años jugaban a las cartas (tute); había seis observadores alrededor, de la misma edad. Un poco más allá, un grupo de rumanos celebraba un picnic, comiéndose unos bocadillos; sobre la mesa, había varios tetrabricks con vino barato.

En un lateral, un latinoamericano caminaba hacia atrás, mientras un anciano con un Parkinson muy avanzado se apoyaba penosamente sobre él. Una cuidadora, seguramente boliviana, guiaba a una anciana en su paseo matinal.

En la zona de juegos, ocho mujeres hispanas cuidaban de otros tantos niños menores de tres o cuatro años; un padre jugaba con su hijo; dos madres charlaban de pie,´junto a dos carritos de infantes.

Pasaron tres jóvenes haciendo footing. Dos chicas tomaban el sol sobre el césped, leyendo un libro.

Dos empleados de una contrata de limpieza recogían, parsimoniosamente, algunos papeles y hojas. Un joven enseñaba a dos cachorros de retriever a recoger una pelota y traérsela. Un hombre de unos cuarenta años apareció en el Parque, llevando un perro de lanas sujeto con una cadena, cojeando algo. Una señora de mediana edad dejaba correr un foxterrier todo lo largo que le permitía una cinta enrollable.

Más allá, había...

Sobre lo que se podía aconsejar en estos tiempos a las mujeres de los césares

(Solicitamos clemencia para que no se vea trasfondo machista en las líneas que siguen, pero las mujeres de los césares son hoy un tipo socio-étnico amenazado).

Querida mujer del César:

Ante todo, enhorabuena. Has conseguido lo que querías y, si no era tu deseo exactamente tener a tu lado un hombre con proyección, eso es lo que siguen añorando, a pesar de que corren tiempos de igualdad sexual, miles, millones de mujeres en todo el mundo. Enhorabuena, pues, porque ya han empezado a envidiarte.

Habrás oído que la mujer del César no solamente debe ser honesta, sino parecerlo. Es una tontería sin aplicación. La mujer del César tiene que ser guapa y más joven que él. Por fortuna, existen procedimientos quirúrgicos que te ayudarán, además de saber lucir tu cuerpo con la ropa de marca adecuada. No temas los escotes y las aperturas de vértigo, los móhínes fruncidos. Debes provocar la envidia de las demás mujeres de otros césares, y el deseo rijoso de los Césares de mayor nivel que el que se acuesta contigo. Es ley de vida.

Debes disimular ante tu César que eres más inteligente que él. Aún más importante, debes dar la convicción a todos los demás (salvo a tus padres, si viven) que eres mucho más torpe. Eso tranquilizará a todos, especialmente a ese César que es más césar que tu querido esposo.

No importa cómo has llegado a su vera. Es mejor que te inventes un pasado morboso, y que le des credibilidad. Crea tu misma el misterio alrededor de tu circunstancia. Os conocisteis porque el era el novio de tu mejor amiga. Tal vez, el proceso consistió en un trabajoso camino de secundona de una señora que no comprendía la genialidad de su esposo, como colega québuenoeres o compañera lamelotodo.

Si te parece fuerte lo anterior, imagina al menos que asististe a una clase de "Historia de la humanidad a través del uso de mocasines" que impartió tu actual esposo en la Universidad de Polaroid, en donde tú hacías de becaria-ayudante de laboratorio.

Todo menos admitir que eras la alumna que los otros educandos apelaban de forma tan poco cariñosa porque hacías preguntas con obvia respuesta en el despacho del prometedor profe, la secretaria de buen ver que entregaba siempre las fotocopias del lado del jefe en su regazo o la compañera que no tenía problemas en quedarse a tomar la última copa, sin importarle el sitio. Sea como fuere, aquí estás hoy, a su lado. Rampante.

Unos consejos legales. En primer lugar, debéis hacer de inmediato separación de bienes. Ve poniendo a tu nombre, sin prisa y sin pausa, aquellas propiedades que vayáis obteniendo, de la forma más limpia posble, eso sí, pero selladas con el sudor de vuestras relaciones. Deja a nombre del César lo imprescindible para que no se muera de hambre si tenéis que separaros de golpe. Y por supuesto, aquellos regalos, donaciones y dádivas que tengan más difícil justificación. Es él el que tiene que demostrar que el esposo de la mujer del César es honesto.

Es preferible que trabajéis con efectivo, pero atención a las cuentas en Suiza, si llegara el caso de apetecerle al César abrir algunas. Nada de guardar dinero o joyas en el colchón. Utiliza como caja de caudales algún agujero del tejado, o, mejor, marca en un Parque natural el sitio en donde entierres las joyas originales, porque te harás una copia burda de las que vayas atesorando.

Es aconsejable comprar obras de arte -de mercado fácil, ninguna primera figura- y joyas a mantener terrenos y casas de labranza. Ojo, nunca pongas a tu nombre grandes fincas: tus propiedades han de ser dispersas y discretas y, obviamente, escrituradas muy por debajo de su valor real. Recuerda que debes tener siempre los originales a buen recaudo; en tu casa, solo imitaciones. Lucen igual y, como eres oficialmente tonta, te habrán timado.

Nunca te fijes en los trajes que lleve el César, ni en los coches que conduzca, ni le interrogues por los viajes que haga. Tú debes comportarte como una perfecta imbécil, ignorante de cualquier tejemaneje. Lo tuyo es oficialmente la canasta y los roperos caritativos. Comprendemos que, al principio, pueda resultarte difícil, pero con la práctica, te acostumbrarás. Si llamas mucho la atención en tu imagen oficial, te será fácil pasar desapercibida cuando hagas lo que te apetezca.

Así, cuando te interroguen, especialmente, la policía y los servicios judiciales, podrás decir con pleno conocimiento que no tienes ni idea del lujo que disfrutabas, ni lo que ganaba César, ni a qué se dedicaba. Porque, a tí lo único que te interesaba era jugar a las cartas y hacer obras de caridad. Si acaso, también la literatura romántica y coleccionar pinturas con escenas de caza compradas en los mercadillos.

Cuando asistáis a una fiesta, a una conmemoración, a una celebración de cualquier éxito, propio o ajeno, jamás pruebes el alcohol. Ya lo tomarás en casa. Nada de drogas. Mantén la cabeza fresca. Lleva discretamente en el bolso una libreta en donde anotarás autor y fecha, de cuantastoda confesiones y comentarios que puedas oir casual o intencionadamente contra el César máximo. Recoge servilletas, huellas, papeles, etc., justificando que eres amiga de fetiches y recuerdos.

Anota también, si es el caso, el nombre de los que escucharon contigo. Procura hacer muchas fotos, sin que se descubra tu verdadera intención: obtener una relación completa de todos los amigos, aduladores, compañeros del César. De tú césar y, en especial, del Máximo. Por si acaso.

Jamás escribas unas memorias sobre tu César, salvo que él, por avatares de la vida, diera con sus huesos en la cárcel. Lo más probable es que los enemigos de César le sacaran la punta a lo que hayas escrito, y, como no van a dejarle a él en ridículo -mientras siga llevando esa corona-, la emprenderán contigo.

Pero si tu César cae, tienes dos opciones: abandonarlo para siempre, y marcharte de este p. país, o difundir lo que sepas del mundo que lo rodeó. Nos ayudará a los demás.

Un cordial saludo,

 

 

Sobre las heridas abiertas por el Once-Eme, cinco años después

Los 192 asesinados son reales; los 1.841 heridos o afectados directos, de los que 1.543  con derecho a indemnización no la han cobrado del todo aún, también.

El triunfo del PSOE en las elecciones generales que tuvieron lugar tres días después del mayor atentado terrorista sufrido en España, es, por supuesto, incuestionable a estas alturas. La persistencia de un terrorismo internacional, con apoyo ideológico en el extremismo islámico, resulta hoy, más que nunca, incontrovertible. La subsistencia de células etarras dispuestas a aparecer con su carga de explosivos y amenazas en momentos clave de la historia de los demás, se mantiene tan deplorable como evidente.

Han pasado cinco años del Once-Eme.

En este tiempo han aparecido algunas actitudes, talantes y nombres, nuevos o remozados, que, con el sello mediático del Once-Eme, se anclan en nuestra memoria. Los muertos no tienen ya rostro, pero aquí están en el frente de la historia de dolores, material informativo, proceso penal y mediático, políticas de altura y bajura, los de Pilar Manjón, el juez Bermúdez, el presidente Zapatero, el ex-ministro Acebes, el de Pedrojota Ramírez, y,  hasta el de ese inclasificable comunicador de especies de producción propia, llamado Jiménez Losantos.

En otra línea, se encontrarán los nombres del minero esquizofrénico Zahorras, el egipcio (Rabei Osman Sayed), Abdelmajid el Tunecino, Zuhier, el chino (Jamal Ahmidan), Jamal Zougan, El Gnaoui, y del resto de los condenados y suicidas de Atocha.

Aparecen también en la enumeración de personajes onceméticos la desconcertante novelista y peligro-esposa Elisa Beni, el juez instructor del Olmo, el también magistrado Alfonso Guevara, la fiscal Olga Sánchez. Y más, más gente de letras, de entre las que queremos destacar al desaparecido Gerardo Turiel, el catedrático de derecho asturiano que dijo aquello de "equivocarse en el derecho de defensa es terrible".

Pasados los cinco años, se aclaró lo principal del despropósito, pero subsisten dudas y se han presentado otras. Suponemos que, como en todos los graves acontecimientos que afectaron a un colectivo importante, el tiempo pondrá aún más imaginería, más especulación, abrirá puertas y sospechas y cerrará, por contra, dándoles la vuelta, a inciertas evidencias.

Descansad en paz, los muertos; y los convencidos, los crédulos, los pasotas. No habrá paz para los que crean que quedan oscuridades por iluminar, réditos que obtener, rencores que compensar. Siempre habrá de éstos.

Sobre la pena de muerte para los violentos y la fuerza disuasoria de los pacíficos

Resolver las diferencias con el que nos cae mal o no se doblega a nuestras exigencias, mandándolo al otro barrio con un golpe de quijada de burra, un disparo o un navajazo -por enumerar algunos pocos métodos- es una técnica de alienación presente desde el principio de la historia de la Humanidad que algunos más que otros han utilizado para resolver sus conflictos de forma definitiva.

Hay grados y talantes, claro que los hay, entre las reacciones y los comportamientos ante los mismos hechos ofensivos. Y también los hay, por supuesto, para poder distinguir entre los actores, las circunstancias, y los modos empleados.

Eliminada la opción del ojo por ojo y diente por diente -ya sea aplicando el castigo de forma individual o con autorización de la tribu-,  en las sociedades que se dicen más civilizadas, al menos, la calificación y gradación de las penas a aplicar a los contraventores habrá de sujetarse a las reglas previstas por la mayoría, decididas en frío, publicitadas convenientemente y aplicadas con uniformidad y rigor.

La sociedad, en su conjunto, no se debería guiar por el calentón de un hecho reciente, no tendría por qué actuar apasionadamente para juzgar un hecho aislado de los que se comentan en su seno, siendo la naturaleza de los que viven en ella, fundamentalmente pacífica. No por ello debe, obviamente, de dejar de reglamentar con la adecuada severidad, para darles un contenido disuasorio, el castigo de los que infrinjan las normas.

Esta cualidad para distinguir entre la venganza individual y el castigo colectivo a los agresores, está entre las razones básicas por las que tenemos reglas y normas jurídicas para dirigir el comportamiento social. Al agredido, sea cual sea la magnitud del daño que otro le ha causado, se le relega a un segundo plano, porque es la colectividad en su conjunto la que se siente agredida, y no solamente la víctima. El delincuente es una malformación de la sociedad.

Desgraciadamente, a veces se tiene la impresión de que los pacíficos están muy limitados para responder ante quienes cometen graves infracciones del orden.

Hay casos dramáticos, que conmueven la sensibilidad. ¿Cuál sería la mejor reacción de la sociedad ante quien es autor de un crimen horrible, del que ha sido víctima una joven encantadora, una niña confiada, un bebé indefenso ? ¿Qué equilibrio se puede encontrar para castigar adecuadamente a quién ha colocado una bomba en un local comercial y arrasado con la vida de varios conciudadanos y  lisiado permanentemente a otros cuántos? ¿Existe compensación suficiente para quien ha irrumpido en una guardería y ha disparado contra el maestro y los niños que estaban allí jugando?

La sociedad se ha hecho demasiado tolerante con la violencia, y los más violentos se han aprovechado, creciendo más fuertes y más libres para hacer de las suyas y escudarse en atenuantes o presuntos eximentes: alcohol, drogas, esquizofrenia, peleas multitudinarias, agresión previa, etc. Los abogados defensores de los delincuentes utilizan todas sus argucias jurídicas para retrasar el castigo, aminorar las penas, disminuir la cualificación penal de los delitos.

Y, después, con las cárceles demasiado llenas, el objetivo de la rendención no se cumple completo, y el de la rehabilitación pasa a ser una quimera, un desiderátum imposible.

Hay individuos que han hecho del delinquir su medio vital, y que se han adaptado a pulular a sus anchas por ahí, cometiendo asaltos, robos y crímenes; conocen perfectamente los entresijos de un sistema penal lento y de aplicación con demasiados matices oscuros. El paso por la cárcel es una forma de su modo de vida. No se puede ignorar que la rehabilitación del delincuente es un objetivo teórico, deseable por los bienintencionados, pero escasamente cumplido.

¿Pena de muerte para los violentos autores de determinados crímenes?. No nos parece que esta sea la medida adecuada, porque carece de carácter disuasorio para terceros, y creemos que ni siquiera la sociedad democrática puede decidir sobre la vida y la muerte. Los pacíficos no tenemos ahí nuestra debilidad, sino la confirmación de nuestra convicción: amamos la vida, como un bien común.

Pero hay un arma específica contra los violentos que la sociedad ha dejado de utilizar. Existe demasiada tolerancia hacia los violentos; se les tolera desde la infancia, se les identifica mal, no se les corrige y delata, cuando se producen sus actos contrarios a las reglas. En las familias, en las aulas, en la calle, en todas circunstancias y lugares.

La sociedad debería recuperar el control del reproche, la marginación y el desprecio hacia quienes incumplen las normas. Dejemos de aplaudir a los violentos. La violencia tiene grados, y comienza tanteando la capacidad de tolerancia de las pacíficos. En el deporte, en la empresa, en el mercado, en el transporte público, en la cola del cine, en las escuelas.

Estamos en contra de la pena de muerte, y somos escépticos de la capacidad de rehabilitación de las penas para la mayoría de los violentos. En la época de crisis económica, cuando las opciones de encontrar un trabajo estable y un entorno tranquilo son menores, lo dudamos aún más. Nuestro margen está en utilizar más atención y más firmeza para corregir la violencia de nuestra sociedad allí donde se produzca y exigir, desde la calle, el respeto a las normas. Imponiendo con firmeza el poder de los pacíficos sobre los violentos, cuando aún están tanteando nuestra fortaleza.

Y, para los que no han captado el mensaje siendo educandos, caiga sobre ellos, ya adultos, con todas las consecuencias, el castigo que hayamos los pacíficos, serenamente, acordado para los infractores.

Sobre curiosos, chapuceros y manitas

Hasta hace poco, se te estropeaba el grifo del lavabo o se te atascaba el desagüe del inodoro y te tenías que aguantar varias semanas hasta que, por fin, cuando casi tenías la casa inundada o la pestilencia se hacía insoportable, aparecía un individuo de mono a las ocho y media de la tarde, con una caja de herramientas, que te decía que había que cambiar la grifería, el water entero o las cañerías completas de la casa, para arreglarte el desperfecto. Te cobraba un par de decenas de euros y el transporte y desparecía otro par de semanas porque era funcionario del servicio de aguas municipal y andaban de culo esa temporada.

La historia puede parecer inventada, pero podría contar como protagonista principal a un empleado de la compañía telefónica, eléctrica, gasística o de cualquiera de las utilities e inutilities. Lo importante es recordar que en aquellos tiempos de bonanza, las cosas estropeadas se arreglaban comprando un equipo nuevo y arrojando el viejo a la basura. Y para solucionar un desperfecto, salvo que Vd. o su pareja fueran adictos al bricolaje, tenía que armarse de paciencia y, al final, urgar hondo en la faltriquera para pagar al entendido.

Las cosas van cambiando, porque la crisis está dejando a mucha gente, desgraciadamente, sin empleo. Empezarán a cogerse otra vez puntos a las medias, ajustarse los dobladillos, ponerse coderas a las chaquetas y mediasuelas a los zapatos. Volverán a ofrecerse los curiosos, esos personajes que son porteros, chapuceros o manitas que saben un poco de todo lo imprescindible, y por la voluntad te dejaban como nuevo el calentador del agua, el televisor desajustado o la batería del coche.

"Déjemelo curioso", decían las señoras al peluquero cuando ponían la cabeza en manos del tipo de la tijera para que les arreglara la pelambrera. Los peluqueros eran entonces bisexuales, es decir, atendían tanto a hombres como a mujeres; a los niños les solía afeitar la cabeza -por el cogote y las pulseras- un hijo mayor o un aprendiz del peine, limitándose el maestro a meter la cizalla por arriba, si le dejaban tiempo los clientes de verdad, o séase, los adultos.

En fin, que volverán los tiempos de curiosos, suponemos. De momento, los que han aparecido son los tiempos de gentes que piden una caridad, de pie o de rodillas en la calle. Los vagones de metro ya tienen cada uno su hombre-orquesta (es un decir). No hay supermercado, cafetería o tienda de postín o de falsete, llámese Mallorca, Vips, El corte inglés, Dia, Caprabo, Eroski, McDonalds, etc., que no tenga su pobre pidiendo la caridad o intentando vendernos ese semanario atemporal que es La farola.

Son un termómetro de cómo van las cosas. Mejor aún que preguntar a los taxistas y a los restauradores o hacer el cálculo de lo que supone a un tendero ofrecer la mercancía con el 70% de rebaja.

Sobre los disfraces de Carnaval en crisis

Hay que actualizar los disfraces de este Carnaval, eligiendo algunos que nos permitan ridiculizar lo que más nos asusta, lo que desearíamos enviar lejos de nosotros. Por eso, y como la crisis ocupa el lugar central de las preocupaciones de la mayoría, proponemos algunos disfraces, indicando también la forma de ponerlos en práctica (una de las posibles), para estimular la imaginación del lector.

1. Crisis galopante. Se confeccionará una cabeza de caballo de cartón, que se incrustará en un palo de madera; servirá de montura. Para disfrazarse de crisis, bastará ponerse una careta de cualquier banquero conocido.

2. Parado en apuros. Cójase un reloj de pared y quítesele la batería, colgándolo al cuello. Vístase con uno de los trajes viejos de su padre, al que habrá hecho unos cortes dejando ver alguna de sus parte íntimas (esto lo dejamos a su arbitrio y responsabilidad). Lleve un puro en la boca.

3. Tonto del culo. Deberá realizar una circunferencia del tamaño de su rostro. Píntelo de rosa carne, y trace una línea como diámetro; haga después, los agujeros para los ojos. Si no le salió un culo perfecto, no se desanime; pruebe otra vez. Para el disfraz de tonto no hará falta que se ponga nada, en general.

4. Bono basura. Sabemos que algunos podrán caer en la tentación de enfundarse en una bolsa de plástico de las que usan algunos ayuntamientos para recoger los desperdicios y cubrirse con una careta del actual presidente del Congreso de Diputados español, José Bono, pero nuestra propuesta es mucho más elegante y apolítica. Recójanse unos cuantos miles de bonos como los que entregan los diarios (para poder comprar luego enciclopedias multiuso o ipod de la antepenúltima generación) y mézclelos con fotocopias a color de acciones de las empresas cotizadas en Bolsa. Préndales fuego a todos a mitad de la fiesta y haga sus necesidades en el salón. Será inolvidable.

5. Pelota picada. No se nos ocurre nada, de momento, pero suena muy sugerente.

6. Suspensión de pagos. Deberá utilizar unos tirantes y explicar que tambíén se llaman suspensores. Cuélese en la fiesta sin pagar la entrada.

7. Mentira piadosa. Coja el rosario de su abuela y un librito de aquellos que se usaban cuando la primera comunión. Digale a su pareja que la engaña con otra persona, pero que nadie hace el amor como ella. Dígale a su jefe que es, de lejos, el más inteligente de cuantas personas ha conocido, aunque lamenta ganarle siempre al pádel. Dígale al propietario del bar de la esquina que le pagará todos los guisquis a final de mes, cuando cobre los atrasos. Dígale...

8. Vergüenza ajena.  Tendrá que decirle a su mejor amigo/amiga que le acompañe. Pídale que se disfrace de Caperucita. Ud. irá de verguenza ajena: la de él/ella.

Ya se nos irán ocurriendo más cosas. Usted vaya ahorrando en uvas y leche.

Sobre placas conmemorativas

Nuestras ciudades y pueblos se han llenado de recientes placas conmemorativas y estatuas de hipotéticos próceres modernos. Es el fruto de la voluntad de inaugurarlo todo, de trascender a la Historia, dejando la huella pretenciosamente perdurable de una inscripción en mármol, un retrato al aceite o un fundido aparatoso, con los que se recuerde que bajo el gobierno del representante popular se han empezado, terminado o entremediado edificios, escuelas, geriátricos, polideportivos, puentes o aceras.

Esa ansia de gloria (vanagloria) ha recibido una poderosa llamada de atención sobre su ridículo, con el descubrimiento en Cádiz, en las excavaciones que se están realizando en su Teatro Romano, de una placa tallada en el siglo I a. de C. en la que se lee: "Latro BE". Francisco Alarcón, director de los trabajos, la ha traducido inequívocamente como Balbo, ladrón", siendo Balbo, Lucio Balbo el Menor, -justamente quien encargó la construcción del teatro.

La idea que sugiere el comportamiento del anónimo discrepante con el previsto fausto oficial, debería ser aprovechada en tiempos modernos. Cada vez que uno de nuestros elegidos quiera inaugurar una obra costeada con los dineros de todos, pretendiendo que su nombre pase a ser recuerdo de la posteridad, pondríamos otra, en la que se exprese, junto a su nombre, "Latro".

No hace falta que se escriba en latín, puede ser en español. Lo importante es que con esa fórmula, se dieran cuenta los políticos y todos quienes se ven encumbrados a un cargo o puesto relevante, y de una vez por todas, que están al servicio de la colectividad y que lo que hagan por ella, no será por su mérito y no para su trascendencia, sino por nuestra voluntad y para nuestro disfruto. No será por su capacidad, sino por contar con nuestro apoyo. No será por su valentía, sino por contar con nuestra benevolencia.

También podría mantenerse abierta una cápsula del tiempo, con una antorcha en la que se verían arrojadas al fuego todas las pretensiones de fatuidad, obligando a los políticos contraventores a leer este texto, mientras se incorpora su nombre a la lista: "Recuerda, representante del pueblo, que el mérito es nuestro por haberte elegido para hacer realidad las mejores de nuestras razones, ".

Sobre una receta tradicional: echarle huevos a la cosa

Los huevos son un elemento sustancial en la cocina, tanto para platos dulces como salados, fríos como calientes. Igual valen para una masa de empanada que para una tortilla, con o sin patata; imprescindibles en el revuelto de setas y sublimes en el ponche matinal, especialmente en el que nos daban a los niños de la postguerra civil, mezclados con azúcar y quina Santa Catalina o jerez dulce.

En el trabajo y en la política, hay que echarle huevos (o güebos, pero, en realidad, se quiere decir lo mismo). Es algo así como sostenella y no enmendalla, pero con un sentido mucho más amplio. Los que/las que echan huevos a las situaciones que los demás ven difíciles, o triunfan en ellas, o se caen con todo el equipo. En el primer caso, van servidos. En el segundo, como la memoria del ser humano es frágil, no tienen más que esperar algo de tiempo a la siguiente oportunidad, para seguir echándole huevos.

No hay estadísticas, pero como la costumbre es inventarlas, digamos que, al menos en la actualidad, las mujeres le echan más huevos que los hombres. Se suele incluir a los homosexuales en las encuestas, con el sexo natural del que proceden, aunque estamos convencidos que tanto gays como lesbianas le echan más huevos que cualquiera integrante medio del primero y del segundo sexo, por lo que habría que eliminar el sesgo generador de confusión que produciría el tratamiento integrado.

Ejemplos: Si te han pillado espiando a tus opositores, u ordenando que lo hagan tus subordinados, échale huevos negando. Si has has defendido que no era crisis, sino podenca desaceleración la situación económica, porque crees que las cosas se arreglan mejor desde el optimismo crónico, échale huevos diciendo que tú te equivocarás, pero no mientes jamás. Si estás a punto de la suspensión de pagos, porque la pirámide de falsedad, ya no da para más, échale huevos declarando que tu imperio bursátil va como nunca y procura sacar algún dinero para una cuenta secreta en Londres e incentivar a tus empleados más fieles con los restos de la olla.

Este consejo no tiene nada que ver con el otro, también muy popular, de que allí donde pongas la olla no metas la polla. Tiene que ver, desde luego, con las aves y la cocina, pero se aplica en ocasiones muy distintas. También el incumplimiento de este dicho o refrán castizo, tiene efectos muy distintos: el no echarle huevos produce que te quedes como alguien del montón o que pierdas las elecciones o que el personal piense que eres un pusilánime sin ideas.

El meter la gallineta en el trabajo, generalmente está bien visto, y cada vez es más común, porque la gente que tiene curro pasa mucho tiempo fuera de casa y hay ocasiones que ni pintadas. Desde luego, serás la comidilla de los colegas, pero no dirán esa boca es mía en donde puedan perjudicarte. Lo que no excluye que aparezca alguien con mala leche y, por hacerte un favor o la puñeta, se lo cuente a tu pareja, que montará en cólera o en lo suyo; en el primer caso, la alegría se convertirá en agua de borrajas, y en el segundo te saldrá el tiro por la culata, porque aunque no vayas de apaleado, te habrán hecho cornud@.

Sobre el mercado laboral y sus imperfecciones

Va España camino del 20% de paro en su población con necesidad de trabajar, porque la crisis económica reduce actividades que suponen despidos y planes de regulación de empleo y presiona sobre la productividad de los que conservan su puesto de trabajo.

La Confederación de empresarios lo tiene, como otras veces, claro: hay que abaratar el despido (o sea, reducir el número de días salariales de compensación por año trabajado, actualmente en 45 días, si el despido es improcedente, lo que las empresas suelen reconocer por la mano) y un mayor control público sobre el absentismo (es decir, vigilar el coladero que suponen las bajas médicas laborales, en la mayoría de las cuales, el propio trabajador parece decidir sobre sus razones para pirarse del curro una temporada).

Los sindicatos tampoco modifican su opinión, porque no es cosa de cambiarla: los trabajadores no son los causantes de la crisis (o sea, el factor trabajo es un elemento neutro ante las veleidades económicas) y las empresas han obtenido pingües beneficios en las épocas de bonanza que no han reinvertido (es decir, el empresario utiliza la actividad empresarial para volatilizar en vino y rosas las plusvalías).

No vamos a pretender ahora escribir un tratado sobre las imperfecciones del mercado laboral, pero será tal vez interesante para nuestros lectores recordar algunas cuestiones.

La primera, que casi todo el mundo quiere trabajar, porque lo necesita para vivir, y quiere hacerlo de la manera mejor posible. Es decir, que la oferta se rige por una necesidad vital y sociológica, en la que las condiciones no son impuestas por los trabajadores, sino por la combinación de ambiente socio-económico y ambición personal de la mayoría para disfrutar personalmente, con la propia familia y amigos, de esas condiciones exteriores. Trabajamos, porque no tenemos rentas familiares y porque deseamos tener nuestra parcela de bienestar.

Los inmigrantes, están aquí porque obtienen mejor rendimiento a su trabajo que en sus países de origen, y, además, como advierten que se vive mejor, quieren traer a sus familias. Los parados reducen su capacidad de bienestar a límites de grave tensión cuando no pueden compensar la caída de rentas con la disminución de bienestar. Los trabajadores autóctonos defienden la solidaridad del mundo del trabajo en tanto que los que extranjeros no les disputen los puestos laborales a los que ellos mismos opten. Etc

La segunda, es que el ser humano es vago por naturaleza, tendiendo al mínimo esfuerzo si le faltan estímulos exteriores. El estímulo más civilizado es el salario y la esperanza de conseguir que sea lo mayor posible, procurando que afecte poco, nada o negativamente, al sudor de la propia frente. Otro estímulo es el palo, que no suele tener efecto salvo en las dictaduras o en las situaciones de extrema penuria personal. También se prueba en ocasiones el estímulo de la caricia -mental o física- con resultados erráticos.

Salvo en escasos individuos, el comportamiento innato de la especie humana en cuanto al trabajo, se traduce en escurrir el bulto a la primera ocasión. Como resultado, baja la productividad y se carga a los primeros, los más responsables o activos, con una parte de las tareas de sus colegas remolones; y como los convenios colectivos no suelen distinguir de productividades personales, se producen bolsas de adicional descontento permanente que causan la movilidad de los mejores hacia los nuevos proyectos (y la concentración de los menos productivos en las empresas más antañonas).

El ministro de industria español, Miguel Sebastián, propone que, para conservar puestos de trabajo, se consuman productos españoles. Y calcula, como buen economista, que si cada familia española incrementa en 150 euros anuales sus compras en productos propios (Buy made in Spain), como somos unos 10 millones de entidades de consumo, pondríamos 1.500 millones de euros más en nuestro pib interno, que, traducido en puestos de trabajo (salario medio anual de 12.000 euros) nos permitiría conservar o crear 120.000 lugares en el mercado laboral. Voilá.

No sabemos dónde ha perfeccionado sus conocimientos socioeconómicos el ministro, pero la propuesta nos parece más propia de una charla de café entre sindicalistas con copa de anís del mono que de un licenciado en Harvard. Parece más bien una provocación dirigida al ministro de Trabajo, para que proponga que, para conservar los puestos de trabajo, se creen más industrias españolas.

Pero, puestos a sugerir opciones, se nos ha ocurrido que podría plantearse que un 15% del trabajo que realizan los robots y automatismos fuese realizado, mientras dure la crisis, por seres humanos.

O que todas las empresas que hayan obtenido beneficios en los últimos 5 años, sean obligadas a aumentar un 5% sus plantillas.

O que se redujeran un 10% todos los ingresos bancarios por apuntes y actividades inextricables de las entidades financieras y se destinaran a crear fondos para emplear a trabajadores con servicios a la comundidad.

Los empleados extra podrían ser quienes amonestaran y multaran a quienes contaminan; eliminaran grafitis y afearan la conducta de los grafiteros,;corrigieran ubicaciones dañinas para el tránsito peatonalde mobiliario urbano; denunciaran aparcamientos en doble fila o en lugares prohibidos, especialmente de los poseedores de autos de alta gama, etc.

Porque, claro, encontrar a estas alturas, investigadores serios, técnicos solventes, universitarios capaces, especialistas hábiles, profesionales formados, jóvenes ilusionados, profesores concienciados, prejubilados dispuestos a volver a trabajar, empresarios honestos, sindicalistas cooperadores, ministros competentes, es más difícil, y llevaría más tiempo movilizar esas capacidades.

 

 

Sobre el miedo a manifestarse

No nos gustan (nada) los que tiran la piedra y esconden la mano. Hay muchos.

Pero tampoco nos gustan los que no manifiestan lo que piensan cuando su opinión es necesaria, los que escabullen el bulto cuando se trata de dar un paso al frente, los que escapan si se encuentran ante una injusticia, los que no quieren comprometerse.

Cada vez son más, los de un grupo y los de otro. Los del primer apartado merecen un capítulo aparte y solo son acreedores al desprecio. Los del segundo grupo pertenecen a una subespecie de naturaleza contagiosa, espantadiza, de la que se aprovechan algunos impresentables para conseguir sus objetivos.

Estos, los que se evaden creyendo no tener culpa por el mal que han causado otros, deben saber que la omisión nos perjudica a todos. Y que hay que generar el espíritu del compromiso, recuperar la valentía de decir la verdad en apoyo del que está sufriendo inmerecidamente el acoso del poder.

Hay tantos ejemplos...Javier Neira ha protagonizado, interponiéndose, un episodio de valentía frente a un maltratador. Nada desmerece, sino al contrario, sublima aún más su acción, que la víctima que quiso proteger, incapaz de superar su miedo, diga que fue un malentendido y que no estaba siendo agredida.

Pero hay otros asuntos que, sin reclamar heroísmo, como éste, se beneficiarían del paso al frente de testigos, de colegas, de amigos. Cuántas veces se deja solo frente al malfactor, a su víctima. Cuántas veces se mira hacia otro lado para no tener complicaciones: "otro lo hará", nos disculpamos.

No lo hará nadie sino lo hacemos nosotros. Paso al frente, ya.

Sobre las huelgas de jueces, pilotos y amas de casa

Ls niños queríamos ser jueces o pilotos. Las niñas, esposas de jueces o pilotos. No había huelgas, todavía. Nos levantábamos cuando entraba el maestro. También jugábamos a médicos y enfermeras. Los domingos, veíamos películas de vaqueros, y aprovechábamos los aproximadamente 20 cortes de la proyección para hablar con el vecino o repasar la lección de historia sagrada.

Ya adultos, algunas de esas niñas se han hecho jueces, pero la mayoría de las que han conseguido trabajo son administrativas, empleadas de supermercado, y, también, unas pocas, licenciadas en historia, biólogas o abogados. Sin embargo, la inmensa mayoría de aquellas niñas han sido eficientes amas de casa, y ahora siguen cuidando de los niños, esta vez, sus nietosm y haciendo las labores de la casa.

Aquellos niños están, en su mayoría, jubilados o prejubilados. Hablan mal del pasado, pero mucho peor del futuro. Ya se sabe, que eso va con el avance de la edad.

¿Qué tiene que ver esto con la posible huelga de jueces, o el excesivo celo que han demostrado en época de vacaciones de los demás, pilotos y controladores? ¿Qué tiene esto que ver con la regulación del derecho a huelga de los guardias civiles, de la policía, de los militares, en general? ¿Qué tiene que ver, en fin, con el desánimo de los maestros y profesores, con la aspereza de la vida política, con la crisis?

Tal vez no tenga nada que ver, pero nos parece que hay que recuperar la actitud de las amas de casa. No se plantean ponerse en huelga, jamás. Porque tienen absolutamente claro, metido en lo más hondo de su corazón, que su servicio a los demás, a los que quieren, es imprescindible. Ni siquiera se lo plantean como un trabajo, aunque es de los más duros que se conocen: sin horarios, sin vacaciones, sin remuneración.

Cuando estamos esperando, sin que nadie nos de información clara, que salga nuestro vuelo que debería habernos conducido a las vacaciones o a un reunión de trabajo, y nos enteramos al fin de que los pilotos están en huelga de celo porque reclaman -no ya más salarios, que ya ganan bastante- sino cuestiones que afectan al servicio; cuando nos dicen que los jueces de España se van a colocar en huelga porque están molestos de las injerencias del Gobierno en su trabajo y piden más medios informáticos y más funcionarios; cuando sabemos que se va a aprobar una modificación a la Ley de Defensa por la que se incorporarán nuevos derechos, incluído el de revisar la obediencia debida; ...

Nos acordamos de las amas de casa. Sin reglamentos, sin horarios, sin derecho a la huelga, sin dinero para hacer lo que los apetecería hacer.

Sobre la ley del péndulo

La ley del péndulo, en su acepción sociológica, es decir, cuando se utiliza para reflejar los cambios en las sociedades, es una ley empírica. Como todas las leyes que parecen regular los comportamientos humanos, no se puede demostrar. Se observa su validez, pero se desconocen las razones concretas por las que, después de haber avanzado excesivamente en una dirección, la misma colectividad que había hecho el recorrido se mueve con velocidad hacia el lado contrario.

Los ejemplos son numerosos, desde luego. Las dictaduras caídas son sustituídas por períodos de libertad que confluye peligrosamente con el libertinaje. Y viceversa, los desmanes revolucionarios conducen a fases de tranquilidad acomodaticia que favorecen la aparición de presuntos salvadores que acaban haciendo lo que les viene en gana, junto a sus camarillas.

A escala local, la ley del péndulo se cumple igualmente. Los hijos de padres sufridos y trabajadores tienen propensión a gandulear y a despilfarrar lo heredado -y si ellos resisten la tentación, sus nietos se encargarán de no dejar vestigios-. Una descendencia devota apunta hacia unos precursores disolutos y agnósticos; una madre que vivió constreñida invitará a su hija a que aproveche sin límites los encantos de su juventud . Etc.

Por supuesto, el fondo del asunto está en la necesidad de equilibrio que es sentida como un móvil universal del individuo humano. Lo extremo repugna. Las crisis, duelen. El revolucionario, incomoda. Por tanto, cuando un colectivo, grande o pequeño, "siente" que se ha llegado demasiado lejos, de forma inconsciente, fuerza el retorno a lo que estima como normalidad. Pero, incapaz de calcular bien el tiro, perdida la referencia del hilo neutro, se sobrepasa en dirección contraria.

El conocimiento de la ley del péndulo resulta un magnífico referente cuando se puede detectar que las cosas han llegado a su máxima elongación, a su recorrido mayor, y corresponde, después de un momento de quietud, -solo apariencia, como es sabido- lanzarse a progresiva velocidad a deshacer lo hecho.

Estamos en un momento de máxima elongación, por variados síntomas. Se percibe que hemos llegado demasiado lejos en libertad, en desarrollo económico, en disfrute egoista de lo disponible. Nos han mentido los que controlaban que todo iba bien, enriqueciéndose con nuestra credulidad.

Vendrá, pues, un momento de quietud -se oirá el rasgarse las vestiduras, ponerse ceniza en las cabezas, el crujir de dientes, el preguntarse qué hemos hecho, se pedirá perdón aunque con la boca pequeña-. Luego, quienes nos dirigen nos lanzarán, ganada nuestra confianza hacia el estado contrario. El objetivo será provocar la catarsis general; el suyo, el de los que nos guían, no habrá de cambiar; para qué.

Viviremos, pues, nuevas sensaciones.

Sirvan de orientación algunas pinceladas.Más control estatal, que estará concentrado en menos manos; proliferación de leyes más restrictivas y, por tanto, mayores facilidades de vulnerarlas por los poderosos; creación de grupos de poder más selectos por ser menos permeables (mismos perros, nuevos collares); limitación de las libertades -educativas, generales, financieras, personales-, sacrificadas en aras de la reducción del gasto público; aumento del ahorro privado y recesión del consumo; triunfo de las posiciones más conservadoras en los temas más sensibles: ambiente, energía, desarrollo...

No importa lo que digan hay que fijarse en lo que hagan. Dentro de unos años, los que nos sigan en la señal de la fe, descubrirán que ha llegado el tiempo de volver a preguntarse qué está pasando, se propondrán medidas, y el péndulo social seguirá su curso inexorable.

Enseña la historia que solo muy de tarde en tarde, la ley del péndulo no se cumple, y una generación es capaz de construir sin necesidad de destruir lo que los predecesores han creado. No parece que vaya a ser la nuestra.

Sobre las personas de orden y la policía

El término "persona de orden" ya no se utiliza y, traído así, a pelo, puede ser falsamente interpretado como que nos referimos a aquellos que tienen ideología conservadora. No es así. Por persona de orden queremos entender aquellos que son disciplinados con las leyes, con los reglamentos, con la ética universal y que procuran no interferir el el camino de nadie salvo para colaborar y, excepcionalmente, defender sus derechos (y esto último, una vez que ya se los han mancillado bastante).

Una persona de orden tiene muchas características que deberían de hacerla común, pero, con el paso del tiempo, la han convertido en más y más singular. Paga sus impuestos y tasas con diligencia y con la voluntad de hacerlo a su mejor saber y entender, (consciente de que el ininteligible galimatías le está perjudicando); no aparca su vehículo -nunca un cuatro por cuatro-, salvo excepcionalemente, en doble fila (y eso, para recoger medicinas en la Farmacia o para dejar a su madre lo más cerca posible del ambulatorio, por ejemplo); nunca vacía los ceniceros del coche en la calle (ni, por supuesto, en un parque), ni se le ocurriría cambiar el aceite en otro sitio que no fuera un taller; no pretende jamás saltarse ninguna cola, ya sea del cine o del supermercado; etc.

Cada uno puede explicitar sus propias opciones de identificar a las personas de orden, en las que también sirve de característica fundamental, resaltar que su educación como tales ha empezado, por supuesto, en las escuelas, en donde seguían las instrucciones de sus entregados maestros -que jamás pensaron en darse de baja por ansiedad-, que tenían que estudiar bastante para aprobar cada asignatura, y nunca avasallaron a sus compañeros de clase o de cursos inferiores para quitarles la calderilla ni supieron lo que era drogarse, ni...

Las personas de orden, existen, sin embargo, aunque ya no se les denomina así. Son seres anónimos, casi transparentes, que a medida que van peinando más canas ven con una mueca de creciente sufrimiento como su mundo imaginado ideal se sigue separando del real. Su carácter de persona de orden tiene que ver con la edad, sin duda, pero se trata de una relación engañosa: el número de personas de orden en las edades más avanzadas es mayor porque la sociedad camina hacia el desorden.

Las personas de orden tienen muchos motivos para lamentarse, unos pequeños y otros de orden superior. Unos de ámbito doméstico y otros, de índole universal.

Sufren porque les tutean en los comercios y en las cafeterías, porque nadie se levanta en el autobús o en el metro para ceder el sitio a una mujer de edad o a un lisiado, o porque alguien que se cree más listillo les pasa por encima en la cola para entrar a escuchar el concierto de Año Nuevo. Sufren por tener que avanzar entre cacas de perro o tener que bajar a la calzada porque se encuentran con un ridículo anuncio que obstaculiza su paso en las aceras. Sufren porque ven a un joven comido por la droga tirado en el suelo pidiendo una limosna para comer. Sufren por ver a los representantes políticos conduciendo coches de lujo y viviendo en las mejores casas de sus poblaciones. Sufren por...

La relación más singular del choque entre las personas de orden y su mundo circundante, se presenta en aquellas ocasiones en las que deben acudir a la esencia misma del sistema de orden para que les preste atención. Un ejemplo concreto ilustrará la desigualdad de concepciones.

Cuando las personas de orden tienen que presentar una denuncia a la policía porque les han robado -hay tantas posibilidades de que suceda, en estos tiempos- les tocará sufrir, también, al advertir que quienes son, entre otros funcionarios, garantes del orden, y son remunerados por ello, les tratan como si fueran ellos los delincuentes. Escucharán reproches y desplantes gratuitos e increíbles, que deberán aguantar en silencio, mordiéndose las uñas del alma.

Han hecho mal la denuncia por internet, han acudido a la Comisaría equivocada, han rellenado mal los datos, no les servirá haber obtenido un número para la cita previa, otros enchufados les pasarán ante las narices para ser atendidos con prioridad, tendrán que esperar un par de horas a que les llamen por su nombre de pila -ay, esa educación, aquel respeto-, observando con creciente estupor cómo entran y salen de las dependencias decenas de policías aparentemente sin otra ocupación que gastarse bromas y contarse los últimos chascarrillos.

Las personas de orden se sorprenderán, también, cuando les dicen que no merece la pena que hagan la denuncia (salvo para cobrar eventualmente del seguro) porque ha habido muchas en estos días, y no va a ser posible recuperar nada de lo desaparecido. Mientras, descorazonados, se dirigen a su vehículo, descubrián, en fin, que en el parabrisas les han dejado una multa porque se ha superado en diez minutos el tiempo del ticket que sacaron diligentemente en el expendidor automático, ése tiempo que han estado esperando a que les atendieran en la comisaría de policía... (Por cierto, el más próximo, no funcionaba, y tuvieron que buscar otro, caminando por toda la calle)

Sobre las causas de muerte en 2008

A falta de estadísticas actualizadas a escala global, intuímos que en 2008 habrán aumentado significativamente  las causas de muerte violenta por catástrofes tanto de las llamadas naturales (inundaciones, terremotos, maremotos, desplazamientos de laderas con chabolas, etc), como de las artificiales (guerras, limpiezas étnicas, invasiones, etc).

Dentro del capítulo de muertes violentas, se habrán mantenido a un nivel "aceptable" los asesinatos y ajustes de cuentas (con focos de intensidad localizada en México, Colombia y Kosovo, con un ligero desplazamiento hacia Europa de los mismos, llevado por los movimientos inmigratorios), y se debieron haber incrementado ligeramente las de terrorismo, tanto en su categoría de fanatismo religioso como político, con una escalada a final de año, provocada por los representantes de Jahvé en la tierra prometida.

Las muertes debidas a accidentes de tráfico (fundamentalmente por carretera) habrán crecido -estarán en torno a los 1,5 millones de muertes anuales-, con una contribución significativa ya de los desastres aéreos, -más frecuentes en lugares exóticos y compañías de conveniencia- y cierta disparidad en los datos de naufragios de bajura.

También se habrán incrementado las muertes por violencia de género, es decir, de sexo, aunque las estadísticas de este capítulo carezcan de fiabilidad, debido a que en muchos países se sigue considerando que mujeres y homosexuales son seres instrumentales.

Las causas más importantes de muerte prematura seguirán estando, sin embargo, en razones más soportables para nuestra mentalidad, porque no se producirán de golpe, sino gradualmente espaciadas.. Más de 2.000 millones de personas están infraalimentadas, o viven en infraviviendas o en condiciones de salubridad deplorables, lo que acorta de manera drástica su esperanza de vida; en consecuencia, viven más intensamente.

Las estadísticas son muy poco fiables, pero algunas cifras se cuelan entre las rendijas de nuestra cómoda apatía. La ingesta de agua contaminada, o la falta de agua suficiente, habrá significado más de medio millón de niños,solo en el Africa subsahariana-. Nada que ver con los magníficos índices conseguidos al respecto por la hambruna (5 millones de niños al año) y algunas enfermedades prevenibles o controladas en los países más desarrollados (Gran incertidumbre; ¿habremos superado nuevamente los 11 millones de muertes de niños de menos de 5 años?).

Como en el mundo hay unos 150 millones de niños, no resulta difícil referirse a porcentajes.

Vayamos, en fin, con las buenas noticias. El número de muertos en carretera en España ha retrocedido a cifras de hace 30 años, con poco más de 2.100 fallecidos en 2008 -una disminución de más del 20% respecto a 2.007, lo que amerita una rueda de prensa multitudinaria del Ministro de Interior-, y la violencia total de género, se ha mantenido en las cifras del año pasado (apenas 80 personas asesinadas por sus parejas, casi la mitad, extranjeros).

Las posibilidades de que los españoles muramos de muerte natural o en los hospitales, tratados con sedaciones terminales, tienen estupendas perspectivas. Enhorabuena a todos. Felices Reyes.

 

Sobre la fama, el prestigio y el mérito

Con el título de este Comentario se celebró en el extinto restaurante AlNorte, en Madrid, una cena-tertulia en la que los asistentes debatieron sobre el sexo de estos tres ángeles, llegando a conclusiones, sino definitivas, por lo menos, bastante divertidas, que era de lo que se trataba.

De todas estas tertulias se guarda acta cuidadosa, para memoria de presentes y gozo de la posteridad, cuando, dentro de unos cuantos siglos, se descubran esos debates al abrir alguna cápsula del tiempo, de esas que se han puesto tan de moda, y que van poblando los patios y jardines de los edificios públicos, junto con las estatuas de próceres locales cuyo mérito presuntamente más destacable, en relación con sus contemporáneos -y nada digamos en conexión con sus predecesores en hollar la Tierra- fue estar más cerca del que manejaba los dineros con que pagar al fundidor.

El tema del mérito da para muchas vueltas. Hoy, lo que nos apetece es recordar que la mayor parte de los que se encuentran encumbrados en nuestra sociedad, no han tenido méritos para llegar hasta allí, sino que les han sido atribuídos a posteriori.

Eso no impide a los que ya tienen el puesto o la prebenda, constituirse en los más feroces juzgadores de quienes pretenden llegar a donde ya están, imponiéndoles trabas y pruebas de mucha dificultad, -que, obviamente, aquellos jamás hubieran podido superar en su momento-, reservándose así cuotas de discrecionalidad que aplican como les sale de los caireles.

Bienaventurados los que no han conseguido alcanzar la posición que les hubiera correspondido por su esfuerzo y méritos, al serles impedido acceder por quienes estaban puestos allí por el nepotismo, la trampa, la desfachatez, el clientelismo, la maliciosa oportunidad o la incuria, porque ellos tienen el consuelo inquebrantable de nuestro aprecio.

 

Sobre propósitos sencillos para el Año Nuevo

La tentación de la fecha -el comienzo de un nuevo año- anima a muchos a plantear propósitos que no realizarán, bien porque no van a poder cumplirlos o porque se olvidarán de los mismos al dar la vuelta a la segunda esquina del día. Desde dejar de fumar, hacer ejercicio, dedicar más tiempo a la familia, adelgazar veinte kilos o bajar la basura antes de acostarse, la variedad de invenciones de los seres humanos para imaginar que podemos cambiar a golpe de cornetín de calendario es elevadísima.

Recogemos aquí algunas ideas sencillas para el Año Nuevo, por si sirven como pauta para extraer propósitos de la enmienda que aplicar en el año que hoy comienza:

1) Decir a nuestros amigos que los queremos, que estamos felices de contar con ellos, de saber que se preocupan por nosotros.

2) Hacer ver a quienes no nos aprecian que nosotros no tenemos ningún motivo para odiarlos, porque no hay nada que nos resulte más importante que nuestra tranquilidad de espíritu

3) Expresar a nuestra pareja que lo más hermoso que nos ha pasado jamás en nuestra vida es tenerla a nuestro lado

4) Empezar a leer los periódicos todos los días por las páginas de internacional y tratar de encajar la valoración de esas noticias con las cosas que nos preocupan

5) Emplear esfuerzos cuantificables -en tiempo y en medios- para mejorar algo la existencia de personas concretas

6) Visitar a los ancianos de nuestra familia o, al menos, llamarlos por teléfono con frecuencia, dejando que nos hablen de lo que ellos quieran. Si los ancianos escogidos son de otras familias, apúntese valor triple.

7) Hacer el esfuerzo de decir un par de veces cada día lo que nos parece mal, y a la cara del autor, no a sus espaldas

8) Aprender a llorar con las penas de los demás

9) Empezar a sentir vergüenza cierta cuando gastamos dinero en lo que no nos es imprescindible, y compensarlo con la donación de la misma cantidad a una organización no gurbenamental (no una cualquiera...una que sepamos con certeza lo que hace con el dinero)

10) Viajar con la imaginación, y disfrutar leyendo mucho, hablando más, sonriendo a menudo, riendo como cuando éramos niños.

Seguro que al lector se le ocurren muchas otras ideas.

Feliz año nuevo, amigos.

Sobre el truco del almendruco y las fiestas de Fin de Año

Aunque no hemos encontrado de dónde proviene la expresión, la mayor parte de las veces en que decimos que se ha aplicado "el truco del almendruco" nos referimos a los que nos presentan como gran hallazgo lo que es una trivialidad.

En otras ocasiones, sin embargo, estamos ante el "truco del almendruco", porque somos testigos de actuaciones que provocan efectos imposibles o poco creíbles.

Los trucos del almendruco, a diferencia de otras artimañas, no pretenden engañar a nadie. Es tan evidente su descabellada composición que, tanto el que lo hace como el que lo recibe, son perfectamente conscientes de que se trata de un juego de ilusión, para causar el estupor o la sonrisa.

La nueva Ley de Financiación Autonómica, con la que el presidente Zapatero celebra el fin de año con el President de la Generalitat y la Presidente de Madrid es una posible aplicación del truco, porque, según se dice desde el Gobierno, todos ganan. Un juego de win-win, que dirían los economistas del libro.

Como eso es teóricamente imposible,- pues de algún sitio ha de venir el dinero para pagar los platos rotos-, alguien tendría que explicar cómo resolver el misterio, si es que tiene solución el amasijo.¿De dónde se sacará el dinero para que tengamos más asistencia social todos, mejor educación, apoyemos bilingüismos, etc?.

No estamos por la labor de poner fe en lo que no entendemos, por lo que sospechamos que se trata de una añagaza para divertir al personal, un truco del almendruco de altos vuelos, que no ha de engañar ni a los más despistados, pues con la que está cayendo, no quedará nadie que se crea que se lleva dinero de un maletín en el que, por lógica, solo puede haber recortes de papel de colorines.

Porque la  alternativa al truco, sería apurar la deuda pública, dándole al rabil de la fabricación de billetes, que es una manera perniciosa de hacer más problemático el futuro, ya de por sí oscuro. Comprensible es, desde luego (no atrae votos ni simpatías), que no se haga mucho caso a los que dicen que, nos guste o no nos guste, habrá que cobrar menos y trabajar más (que, traducido a nivel autonómico, significaría, reducir los presupuestos y ser más solidarios)...aunque sean los únicos que proponen abandonar el almendruco y asentarse en la dura realidad.

En fin, estamos en el día de Fin de Año, que es momento de propósitos de enmienda, entremezclados con fiestas y jolgorio, olvidando lo pasado para prometerse mucha felicidad, que también es algo, que, en parte, depende de nosotros. Los humanos necesitamos fijarnos metas, para estimular nuestra creatividad e ilusiones, y que mejor que definir una fecha para creernos que podemos hacer borrón y cuenta nueva.

Son muchos los que hoy harán propósitos que no van a cumplir. Mañana, ni siquiera los recordarán, tal vez. Por ellos, levantamos nuestra copa de cava. No os precocupéis, amigos. Para lo que no pudimos hacer, vendrán otros años nuevos. Para lo imposible, siempre nos quedará hacer el truco del almendruco.

 

Sobre las posibles inocentadas que nadie se atrevió a gastar

Como hemos pasado un año 2008 en el que quedó demostrada nuestra capacidad para ser inocentes, pocos han sido quienes se arriesgaron a "gastar inocentadas". No está el horno para bollos. Ay, aquellos tiempos en los que el sentido del humor se estimaba y aplaudíamos a quienes eran capaces de levantarnos la sonrisa con su ingenio. Hoy, tiene más probabilidades de triunfar lo chabacano, porque nuestra sociedad se ha dejado conducir hacia la risa fácil, el humor basto, el premio a lo vulgar.

No nos pongamos trágicos. He aquí algunas inocentadas que podrían haber hecho las delicias de los que se las creyeron y, muy posiblemente, en algunos casos, de los que las ven posibles.

1) El gobierno aprueba la ejecución inmediata de una central nuclear en la zona de El Pardo. En una reunión de urgencia celebrada por videoteléfono, para no obligar a desplazarse a los ministros de vacaciones, se acordó aprobar la construcción de una central nuclear de la cuarta generación en los montes del Pardo, como medida imprescindible para ajustarse al cumplimiento de los acuerdos de reducción de la contaminación provocada por el carbono. S.A.R. la Princesa de Asturias ha declarado a la prensa: "Me parece una decisión acertada. Si se produjera algún fallo, absolutamente improbable, prefiero estar cerca de la central".

2) Dimite la portavoz del partido popular. Dolores de Cospedal, molesta por las continuas contradicciones entre los líderes de su partido, e incapaz, según propia confesión, de articular una línea coherente en relación con las declaraciones respecto a la política de financiación autonómica y otros asuntos prioritarios, ha dimitido con efecto inmediato al día de hoy, 28 de diciembre.

3) El Papa publica la última encíclica de este año, corrigiendo y aclarando algunos aspectos respecto a la homosexualidad masculina que habían sido malinterpretados por la tradición cristiana. En una brillante encíclica, titulada Encomium homosexualitas, SS ha desarrollado, siguiendo la más estricta interpretación de las fuentes bíblicas conocida hasta la fecha, innovadoras explicaciones respecto a la homosexualidad, basándose en los textos sagrados. ha anunciado otra encíclica, para principios de año, sobre el pecado de la carne a la vista de las nuevas revelaciones.

4) Barak Obama se desplaza a la franja de Gaza. El presidente norteamericano electo, ha realizado un viaje relámpago a Gaza, acompañado de una escolta de aviones de combate de última generación, prometiendo al pueblo palestino en general que no tolerará bombardeos indiscriminados a la población civil, háganse o no con la pretensión de combatir el terrorismo. El presidente español Zapatero ha manifestado su apoyo, explicando que lo realizado por Israel con Gaza sería similar a bombardear el Pais Vasco para tratar de destruir a ETA.

5) Las familias reales británica y española entre los afectados por la estafa de Madoff. Según ha informado la SEC, entre los afectados por la gran estafa piramidal, se encuentran, además de los ya conocidos hasta ahora, SS Benedicto XVI, Hillary Clinton, el Rey D. Juan Carlos, el Príncipe Carlos de Inglaterra, el Sr. Putin, los herederos de la madre Teresa de Calcuta, la Fundación de apoyo al Tío Gilito y los patronos de la ONG In vino habitat veritas.

6) Se ha descubierto un gen que relaciona la afición al teatro de vodevil -versión cutrería hispánica- con la estulticia. Unos científicos americanos dicen haber descubierto la relación entre el coeficiente intelectual y las obras de teatro llamado ligero en el que la gracia consiste en contar chistes gruesos por individuos sebosos en presencia de señoras de cuarenta años en semicueros. La asociación por la defensa de la pureza carpetobetónica dice que tiene muy avanzadas las investigaciones que demuestran lo contrario, sin que se haya precisado hasta el momento qué se entiende por lo contrario.

7) Una patera con ciento venticinco turistas europeos ha desembarcado en Nouakchott, Mauritania. Se trata de una iniciativa de la Unión Europea para favorecer el turismo ecocológico responsable. "La travesía ha sido infernal" .confesó el responsable de la agencia que organizó el viaje. Parece que se cruzaron con decenas de pateras que iban en sentido contrario. A la llegada a la costa mauritana, los turistas fueron obsequiados con un botellín de agua de lluvia y unas pastillas contra la malaria. Mañana serán recibidos por el jefe de una tribu local, que es, en la actualidad, el único habitante de su pueblo. "Todos los demás están ayudando a la distribución de dvds, en España", ha reconocido.

8) Una proposición no de Ley del Gobierno instalará de inmediato el examen obligatorio de revalidación de conocimientos para funcionarios, que se realizará al transcurrir cinco años de la obtención de su plaza, y, desde entonces, se producirá por períodos sucesivos de diez años. Para evitar corporativismos, los exámenes se propondrán por los candidatos rechazados en las dos últimas convocatorias. La medida afecta, entre otros, a jueces, secretarios judiciales, notarios y profesores universitarios. Prácticamente todos los afectados han reaccionado positivamente: "Era hora que se reconociera nuestra permanente vocación de mantener actualizados nuestros conocimientos". Se confía en que solo un 2-3% resulten definitivamente apartados de sus plazas. (Nota de la redacción: Creemos que esta inocentada es tan increíble que no podrá engañar a nadie.)