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Al Socaire de El blog de Angel Arias

Sobre el ERE de Arcelor-Mittal y lo que significa para Asturias

El 2 de junio de 2009, el Ministerio de Trabajo español aprobó el Expediente de Regulación de Empleo (ERE) presentado por la primera siderúrgica mundial, Arcelor-Mittal, y que afecta a la reducción de salarios de los 12.000 empleados de plantilla en España de la empresa, -que cobrarán ahora el 90% de su sueldo bruto- hasta el 31 de diciembre de 2009, quizá hasta junio de 2010.

El consumo equivalente de acero sigue siendo uno de los indicadores económicos fiables y debe aceptarse que la atalaya desde la que los gestores de la multinacional de la que es propietaria la familia india más rica del mundo, tienen información privilegiada que aconseja soltar lastre de sus negocios españoles.

Es decir, que a pesar de los brotes verdes, la percepción desde el olfato de quienes tienen el dinero es que la recuperación va para largo y es preferible concentrarse en los BICS (Brasil, India y China, como saben todos los miembros del G-20) .

Sospechamos que, en el caso del acero, cuyos consumidores principales son -perdón por ser tan obvios- apenas cuatro sectores ( la construcción civil y la vivienda, los ferrocarriles, el automóvil y los electrodomésticos), no tiene visos de mejorar, en este país, en el nuevo paradigma, sea el que sea.

Si, además, los que mandan en política local se obstinan en afirmar que el futuro está en las renovables y hay que concentrarse en la ecología y dedicar dinero público entre semana a recuperar el hábitat natural que el personal maleducado destroza todos los domingos, es comprensible que en Londres, Bruselas y Nueva Delhi, ordenen apagar esta luz y piensen "Vámonos".

Vuelven a estar de actualidad (si es que alguna vez la perdieron) dos ideas, que son de la categoría del yatavisé, pero no tenemos otras: una, bastante antigua, de Félix Aranguren, el inventor de la Ensidesa en los cincuenta, cuando, presionado por quienes querían una siderúrgica gigante, les decía una y otra vez, sin éxito -of course-: "No me la toquéis, así es la rosa"; frase que, por cierto, habia tomado prestada de Garcilaso de la Vega. Traducida al lenguaje más moderno: "No alardees de ser rey de la selva si eres un ratoncito de campo"

La otra idea tiene que ver con el futuro tecnológico de Asturias, la región subvencionada, como se acostumbra a oir fuera de allí. Con la escasa memoria que caracteriza a nuestro país, ya nadie se acuerda de que la mala suerte de Asturias fue tener un mal carbón y estar cerca de algunas minas de hierro que válgamedios.

Por culpa de esa coyuntura , Asturias fue foco de atracción para los pobres del resto de España, que se afincaron aquí y hoy son asturianos como el que más, y cobran su pensión, que se ganaron dignamente sacando carbón del agujero o quemándose los ojos entre lingoteras, torpedos de arrabio y campanas de recocido. Efecto secundario: la ganadería y el campo se quedaron vacíos.

Tiene Asturias 1 millón largo de bocas que alimentar y un proyecto tecnológico regional que no puede sostenerse de forma autónoma desde la región, porque su industria está lastrada por el peso de los sectores que nunca supusieron una ventaja comparativa, sino una servidumbre. De brotes verdes y plantones se sabe mucho en Asturias, porque cuando el acero y el carbón y el naval y el campo sufrieronsus drásticas reconversiones, se plantaron unos cuentas.

Que esos brotes verdes hayan dado lugar a árboles frondosos, en Asturias, sigue echándose de menos. 

 

Sobre el aborto a los 16, ¿y la pederastia a los 70?

Para algunos ciudadanos respetables, el aborto provocado de un embrión humano viable es un acto abominable, porque ese conjunto de células es un ser humano desde el comienzo de la gestación.

En las sociedades que tienen preocupación por sancionar o amparar determinados comportamientos, se protege a las gestantes y a los que las ayudan a suspender el embarazo -ejecutado el acto según la lex artis-, en algunos casos determinados.

En esos supuestos, no es considerado delito matar al embrión humano, porque su crecimiento natural, en lugar de inmensa alegría, causaría insoportable preocupación o insuperable enojo a la que lo concibió en su seno.

El gobierno del Reino de España, que andaba sembrado de controversias, ha levantado una polémica impresionante porque una ministra ya muy calificada ha expresado su apoyo total a que las niñas de 16 años puedan pedir sin dar explicación  a sus papás o tutores la píldora del día después -una abortiva-.

Igualmente, quedarían autorizadas a decidir autónomamente si quieren suspender voluntariamente su embarazo, en las mismas condiciones que las gestantes adultas (ley de plazos).

Las razones que se han expresado desde el púlpito de los ministerios caminan por los terrenos de las analogías perversas. Por ejemplo, se ha dicho que "esa misma chica también puede ponerse tetas sin consultar a nadie". La boutade aún pudo mejorarse: "Si una niña es mayor para quedarse embarazada, también podrá abortar"

Aunque la controversia no se ha planteado en otros terrenos, puede muy bien trascender, porque no faltaran casos en los que aplicar la misma metodología.

Para otros ciudadanos que hay que entender igualmente respetables (aunque no necesariamente coincidentes con los anteriores), la pederastia debe ser juzgada con tolerancia porque hay menores que están ya desarrollados como adultos y ha de estimarse que consienten y disfrutan con el sexo.

En ambos casos, lo que se introduce como elemento clave para juzgar la admisibilidad de una conducta es la edad.

Una edad que, para que el sujeto sea considerado con plena responsabilidad penal, se había decidido establecer, con avances históricos sucesivos, en los 18 años.

Pero fijar un límite temporal para valorar el reproche legal que merece un sujeto es, por supuesto, una artimaña, un convenio, una falacia. Hay niños disparando -y por lo tanto, muriendo- en las guerras, niñas haciendo la calle, niños falleciendo de hambre o de enfermedades que se sabe cómo curar... 

Nos parece imprescindible recuperar el punto de partida por el que las sociedades establecen sus valoraciones. El aborto y la pederastia, como el asesinato, la apropiación indebida, el aceptar sobornos, el viajar privado con dinero público, el construir chalets a la orilla del mar o no pagar impuestos estando legalmente obligado, son indeseables.

Que algunas sociedades humanas toleran todos o algunos de ellos, no los hace mejores; la propia cultura de donde provenimos, los ignoró o toleró en su momento.

Deberíamos recuperar el sentido de lo que deseamos proteger como más valioso de nuestra sociedad. Algunos querríamos una sociedad en la que la correcta información, el respeto a los demás, el conocimiento transparente y los principios de la ética universal, inundaran todos los actos de nuestra aldea.

Este deseo tan legítimo como el que más incluye que las niñas (y niños) de 16 años se dediquen preferentemente a instruirse, a informarse, siendo el sexo un accidente en sus vidas, no un objetivo al que no debieran sustraerse.

Ahora hay intereses en que los niños califiquen el sexo como lo mejor que pueda sucederles en su niñez; el deseo sexual, un apetito que hay que saciar sin contención alguna.

Sospechamos que parecidos razonamientos y oscuros intereses podrían abogar por autorizar la pederastia a partir de un cierto momento de la vida de los mayores. Si los niños lo consienten libremente, por supuesto.

Sobre la relación entre el sentido común y la alegría desbordante del forofo

El día 31 de mayo de 2009 se produjeron dos hechos sustanciales en la historia de Asturias. El Sporting de Gijón, que jugaba por la permanencia en primera división, ganó a un motivado Recreativo de Huelva, que llevaba ya varias jornadas hundido sin remisión en la categoría inferior. Por su parte, el Real Oviedo, culminó una brillante campaña deportiva por la que ascendió a Segunda B, consolidando así una marcha ascendente hacia las categorías de honor.

Estas dos gestas de dimensiones indescriptibles, provocaron que miles de ciudadanos salieran a la calle, hicieran sonar estrepitosamente las bocinas de sus automóviles, se bañaran vestidos en las fuentes públicas y justificaran ante sí mismos y sus amigos y familiares la razón para emborracharse un poquito y, tal vez, enzarzarse en alguna discusión malresuelta a puñetazos.

Hace apenas dos semanas, algunos de los seguidores de un club de fútbol que ha proporcionado las mayores gestas a la cultura catalana y, por ende, española, tuvieron ocasión de demostrar su alta vinculación con el equipo de sus sueños, a saber, el Barça, liándose a mamporros con los mossos de esquadra, incapaces estos últimos de entender que, por una vez, la calle era de los primeros, pues el equipo de Pep Guardiola había conseguido ser tricampeón mundial, proeza imposible salvo para los hijos de los diosees.

De estos concretos ejemplos, se puede colegir la relción entre el sentido común y la alegría desbordante de los forofos, c.q.s.d. (como-se-quería-demostrar)

Sobre locuras, genialidades y chocheces

En cada generación de pollos, siempre aparecen uno o dos más espigados que los demás, que descuellan antes, y son la envidia del cotarro. Las madres cluecas, orgullosas, los apuntan como ejemplo a las demás -"el mío es el más alto, me dice la profesora que está maduro para su edad; es listo como el hambre"-, hasta que llega ese día en que los otros también han crecido para igualarle e incluso, generalmente, siguen creciendo hasta dejar pequeño al que se desgarbó primero.

Las nuevas tecnologías generan espigados de corral que se creen los gallitos de la ciencia, porque saben combinar cuatro palabras de la nueva jerga. Como se les llama para que cuenten lo que saben, levantan la cabeza a destiempo, y se malogran. Sucede ahora mucho, porque cada tres por cuatro se inventa en algún sitio una fórmula para hacer lo mismo algo mejor, un poco más rápido, un si es no es más simple. Y como el tiempo ha pasado a medirse en eternidades, unos segundos parecen un fastidio.

La sociedad debería cuidar más lo de repartir prematuramente los premios a los pollos espigados, haciéndolos creerse lumbreras demasiado pronto, sin ser más que espejos o repetidores de segunda, que es lo mismo que les pasa a los pollos que cambian el plumón un par de días por delante de los otros. La caída mental de estos engreídos les suele resultar estrepitosa, convirtiéndseoles en  frustración, sino en locura, lo que fue tenido por genialidad.

En el otro lado de la pirámide de edad, están las chocheces de los que vienen de vuelta, los gallos con espolón y plumas descoloridas, -equivalentes a leonzuelos desdentados- que se empeñan en contarnos historietas inventadas, insertándose en la historia como si hubiera sido los tipos más gallasperos y galanes de la quintana.

Unas actitudes y otras, impiden repartir bien el grano en las camadas, trasladando sin presiones las enseñanzas más relevantes de los chamanes de la tribu a los aspirantes más capaces y a quienes mejor puedan asimilarlas. En el libro de la selva, dicen que está fórmula sería la manera de conseguir alguna vez levantar el vuelo, conseguir ser libres de las servidumbres de esta granja.

Sobre la prevaricación de los jueces y la capacidad de asombro de los administrados

El Tribunal Supremo ha admitido a trámite una demanda contra el juez Baltasar Garzón, por prevaricación. ¿Delito?. Sospecha fundada -fumus boni iuris-  que se empeñó sabiendo que no tenía competencias, en querer abrir las fosas de los fusilados y, con ellas, mantener también abiertos los juicios de valor sobre quienes ganaron la guerra incivil y sus razones.

Ay, Baltasar, Baltasar, qué pena honda. No es competencia suya ni de nadie perseguir la paz de los muertos, y en especial si se sospecha que están enterrados al lado de Federico García Lorca, el homosexual español que mejor escribió poemas sobre la mujer infértil, los gitanos, el desamor y la guardia civil.

Ay, Baltasar, qué no se subleven los tataranietos de Camborios. Porque sería una maldad asociar a una conspiración el que la petición de que empapelen aún más al juez más trabajador de esta piel de cuadrúpedo, la haya cursado Manos Limpias. Como si fuera necesario demostrar que la Etica española ha sido siempre total - y superior, por tanto, a toda Etica universal, incluída la de Kant,  y no precisa inspirarse en ningún grupo neofascista italiano.

Desde una orilla del abismo  se objeta, sin embargo, que esa asociación de pejigueros que no quieren que la justicia se salga del guión que a ellos les apetece, está un si es no es vinculada al PP y que su insólita propuesta solo pretende desacreditar a la judicatura de izquierdas, si es que tal cosa existe.

Desde la otra orilla, se asevera que la situación procesal de Garzón, queda ahora equiparable a la del presidente Camps y que el juez valiente entenderá ahora que también hay interesados en hacerle a él los trajes a medida.

Si se añaden a las noticias sobre fútbol, las de los casos relacionados con la aplicación regular o irregular del Derecho, prácticamente se cubre la mitad de lo que se pretende que ocupe la atención de los españoles. Puede incluso parecer que es imprescindible ser jurista todo-terreno para entender mejor lo que está pasando en el país. Lo explicamos: la eterna vocación de las dos españas a buscarse las cosquillas.

En fin, no en vano las legislaturas ya no se conciben como momentos para hacer, sino para legislar y, lentre ley y lechuga, ir de paseo por los juzgados, ora como imputado, ora como testigo y otrora como portavoz bien de un interés legítimo o de una mala uva inconciliable.

Como ejercicio diletante y clara intención compensatoria de lo que el otro tiene ganas de enseñar de los trapos sucios del vecino, los dos partidos mayoritarios se han lanzado a sacar casos de corrupción de la casa de enfrente. De momento, se andan por las ramas, pero como estamos en crisis profunda, la cosa promete mejorar: como distracción, tendremos espectáculo con el garrote.

No todo es, sin embargo, labor de destape, sino que también hay que trabajar la ocultación. Junto a las voces que advierten al que se aventura de que que tenga cuidado de mirar bien por dónde mete el pie buscando donde otros metieron, al parecer, la mano, hay que tratar de que la cortina de humo se haga muy espesa para camuflarse en la escapatoria.

Dos peccatas minutas. El vicepresidente de Gobierno, Chaves, quedó envuelto en las redes de Casandra, por un lío de subvenciones millonarias que se concedieron a la empresa en la que trabaja ahora una hija suya como asesora jurídica. El presidente Zapatero se obstina en utilizar el avión oficial para asistir a mítines del partido, a pesar de que le consta que así le da munición a Aznar, que se pagaba los viajes equivalentes con lo suyo.

Porque, a no dudar, todo quedará en agua de borrajas. Como se generan, los humos, se disipan en la confusión y en el olvido. El ex ministro Trillo estuvo detrás, ordeno y mando, pero se salió de rositas, en el proceso por la inidentificación de los militares que fallecieron en el accidente de un avión Yack en Turquía. ¿No era ése un armatroste  que no cumplía con las exigencias de seguridad y, a riesgo de caerse, permitía sostener el presupuesto de Defensa?.

Incluso se especula con que el juez que está por encima de los que juzgarán a Camps es amigo íntimo del President, y que lo quiere, por tanto, aún más que un güevo...

La prevaricación de los jueces puede diluirse en un instante, pero la capacidad de asombro del personal resulta inagotable.

Sobre el coste de oportunidad del cierre de la central nuclear de Garoña

El día 5 de junio de 2009 al Gobierno de Rodríguez Zapatero le pasarán, en teoría, la patata caliente  de tener que decidirse sobre la prolongación o no de la vida útil de la central de Santa María de Garoña, que cumplirá sus cuarenta años dentro de un par, allá en 2011.

Difícil papeleta, para un equipo cuyo presidente se ha definido, y aún no lo ha corregido, como el más antinuclear de su Gobierno.

Como los malabaristas siempre prefieren forzar lo más difícil,  la Fundación Ideas (a la que algunos apostillan con adjetivos de los que sirven para descalificar), dirigida por el fiel Jesús Caldera,  ha apoyado la fantasía de que España podrá cubrir en unos años todas sus necesidades energéticas con el 100% de las energías verdes, creando además multitud de puestos de trabajo.

Nada ha cambiado para el núcleo duro del actual Gobierno socialista, que confundiendo la estrategia energética con la opción política, se mantiene anclado en los ochenta, en donde los entonces jóvenes cachorros socialisitas, capitaneados por Enrique Barón, empujaron a la derecha a Miguel Boyer, convenciendo a González de que si apoyaba la energía nuclear perdería votos. Eran tiempos, además, en que ETA, que aún no era ecologista, asesinaba ingenieros solo por su saber hacer.

Y si el 7 de junio aún no dan por perdidas desde el PSOE las elecciones europeas, estarán aconsejando en La Moncloa y en Ferraz que adelantar el cierre de la central de Garoña y olvidarse de lo que aconseja el CSN y el sentido común, puede incluso traducirse en un rédito político.

Porque esta vez, salvo exóticas y sentimentales opiniones, todos los técnicos están de acuerdo en que España debe seguir manteniendo sus centrales atómicas, prolongándoles la vida últil hasta los 60 años (como ya se está haciendo Estados Unidos con las instalaciones gemelas que tienen allá). La decisión, además, está ligada a la necesidad de mantener un mix energético en el que la energía nuclear cubra el 20-25% de las necesidades españolas.

Las razones técnicas se unen a las económicas, o al revés, en este caso. La dependencia energética de España supone un riesgo de desabastecimiento y una incertidumbre permanente respecto al coste que deberemos pagar por las materias primas. Si se hace descansar la producción de energía eléctrica solo en las energías naturales, no tendríamos garantía de continuidad, el coste sería mucho más alto y, además, no nos liberaríamos de las imprescindibles importaciones de petróleo para mover tanto vehículo.

Racionales e intuitivos enfrentados otra vez. Los cerebros crédulos de una parte de la población están intoxicados con las ideas de "riesgo de desastre nuclear" (Chernobil, terrorismo, hecatombre), "residuos eternamente contaminantes" (radiaciones que se mantendrán millones de años activas, riesgos incontrolables para la salud, deformidades), a las que se han añadido defensas, con el encarnizamiento que dan los intereses, sobre la "indiscutible belleza de los parques eólicos y solares", "el beneficio natural de los altos períodos de insolación que tiene España", "dificultades a largo plazo de abastecimiento de mineral de uranio y su alto coste", etc.

Por eso, hay que alabar la oportunidad que ofreció la cátedra Rafael Mariño, de la Universidad Pontificia de Comillas, en Madrid, para que se expresara, técnicamente, la situación de la producción de energía nuclear de fisión en España. Una exposición de alto valor técnico y de claro mensaje político, a la que tendremos ocasión de referirnos con más detalle en los próximos comentarios.

Una cuestión diferente es decidir qué se puede hacer con los beneficios que genere la prolongación de la vida de las centrales nucleares españolas que vayan terminando su vida útil. La ingente deuda acumulada por el déficit de las tarifas del sector invita a que las rentas adicionales de estas centrales se dediquen, en buena parte, a compensar esa partida.

De eso no se está hablando. Sin embargo, forma parte de los costes de oportunidad que debemos poner en el caldero, quienes defendemos la energía nuclear como una opción necesaria, aunque de carácter transitorio, mientras hacemos viables otras formas alternativas. Y, como queremos tener las manos libres para opinar, no estamos dispuestos a chupamos el dedo.

Sobre escotes generosos, currículums impresionantes y otras hierbas verbales

(Nota previa: La palabra currículum no está, aún (28.05.09) en el Diccionario de la R.A.E. Luego, mal podrá figurar su plural, que debería ser currícula, pero que, a los efectos de lo que sigue, y para no desviarnos del tono que pretendemos, llamaremos currículums, como hace casi todo el mundo en las ocasiones en que se presenta el uso del plural de la palabra latina usada para designar la "Trayectoria vital" o "Trayectoria profesional" propia o ajena.)

Hay combinaciones de palabras que parecen contagiarse la una a la otra, venir pegadas como hermanas siamesas. Las mujeres elegantes y modelos de pasarela, suelen llevar escotes generosos e incluso de vértigo, que dejan, normalmente, al descubierto, una plataforma pectoral con menos curvas que las de un practicante de halterofilia.

También se da mucho la especie, en la presentación de un conferenciante hecha por un desconocido o cuasi, presidente de mesa, que renuncie a leer todo o parte de la nota con las hazañas profesionales que minutos antes le han largado los intervenientes de la mesa que le han propuesto moderar (es un decir), indicando que tiene un currículum impresionante.

No son las únicas combinaciones: Existen -al menos, en la imaginación de los que así escriben- clamorosos fracasos, espléndidos resultados, combinaciones caprichosas, extremas elegancias, rostros impávidos, apreciaciones personales, sabios consejos, inútiles apostillas, vacuos comentarios y, por supuesto, espurias intenciones.

Los políticos gustan mucho de denunciar propuestas inasumibles, escándalos sonoros, ilegítimas aspiraciones o torpes apreciaciones. Las revistas de moda hablan de senos firmes, esbeltas y espléndidas figuras, piernas largas, bellezas clásicas o radiantes.

Los decoradores nos ilustran sobre imponentes terrazas, azules intensos. Los vendedores de auténticas joyas, piezas únicas, últimas oportunidades. Se habla o escribe también de deporte favorito, luz pública, valor sentimental, viud@ desconsolado@, eterna juventud, numeroso público, deseos colmados... Y así siguiendo.

En fin, que hay adjetivos que, de puro gastados, han pasado a formar parte de los sustantivos a los que creen calificar. Claro que, en realidad, lo que están descalificando es a los seres humanos que emplean estas manidas y bastante ridículas coletillas, que solo demuestran la falta de imaginación literaria de sus emisores emocionales.

Sobre el Estado en una economía de mercado

La culpa de todo la tiene el Estado, es decir, el gobierno del Estado. Estamos en una economía de mercado, propugnamos la libertad del comercio, los presupuestos de las administraciones públicas se van en su mayor parte a pagar gastos corrientes (sueldos, prácticamente), pero el Estado es visto como la solución, la panacea, el acicate. Y si nos va mal, la culpa es del Estado.

Parece que, cuando nos conviene, ignoramos que los ingresos de esa relativa "maquinaria de poder" provienen, fundamentalmente, de los impuestos. Por tanto, su capacidad de actuación económica está limitada al empleo de lo que sobre, deducido el pago de los gastos corrientes y de la atención a las obligaciones financieras. Por supuesto, con el complemento de la capacidad de endeudamiento, contando con los ingresos futuros.

Las administraciones públicas descubrieron hace algún tiempo que podían vender lo que tenían, e incluso lo que no tenían, esto es, el futuro. Empresas públicas en sectores estratégicos o declinantes, concesiones por servicios de agua, recogida de residuos, cementerios, autobuses y, no en último lugar, terrenos para edificar. ¿A quién? Lo compraron, claro, las empresas privadas. ¿Con qué objetivo?. Enriquecerse, claro.

Carmen Alcaide, economista prestigiosa y ex Presidenta del INE se pregunta (EP, 24 de mayo 2009) ¿cuál debe ser el papel del Estado en una economía de mercado?.  En una respuesta de fácil digestión, concluye que "mejorar las condiciones para el desempeño del papel de las empresas, (...), generando un entorno de estabilidad y seguridad jurídica, etcétera."

No hace falta irse por la teoría. El papel de la administración del Estado, en una economía de mercado, ha de ser controlar a los agentes económicos, protediendo a los más débiles de la tendencia a utilizar las posiciones dominantes para fijar arbitrariamente las condiciones. 

Podemos tratar de inventarnos un nuevo país, pero no será posible augurar el éxito del proyecto. España tiene unas condiciones naturales que predisponen a ventajas comparativas, como ya ilustró Donges: para el turismo y, por tanto, para los sectores interrelacionados. Tiene una carencia de recursos que la sitúa en posición de demandante forzoso, en temas como la energía.

Dispone de un elemento natural de gran valor, el sol que combinado con el agua -relativamente escasa, y, en todo caso, desigualmente distribuída- y con la tierra, adecuadamente compensada, permitiría producciones agroalimentarias y transformados de alta calidad. Dispone de una Universidad, actualmente bajo mínimos, pero con material humano al que se podría reactivar, para mejorar la capacidad para proponer proyectos en nuevas tecnologías e, incluso, en lo que respecta a las Facultades literarias, para estimular la creación y transmisión de cultura.

Podemos discutir si hace falta más o menos Estado. Debería estar fuera de discusión que el Estado, en una economía de mercado, solo puede ejercer el control y, eventualmente, actuar simbólicamente, a efectos de ejemplaridad o de referencia comparativa para el control, en ciertos sectores, con voluntad, además de no permanencia.

Lo que no deberíamos, aunque podemos, es alimentar desde el Estado la sensación de que lo que nos conviene es más espectáculo. Hoy, 27 de mayor de 2009, a las 21h, el país se paralizará porque más de once millones de personas decidirán que lo mejor que pueden hacer es ver un partido de fútbol. Mientras tanto, la deuda y la crisis, que no descansan, crecerán.

Sobre la postura del dimisionario

(Advertencia para lecturas transversales: Nos referimos en este Comentario a los que han dimitido; su posición no tiene, por tanto, nada que ver, o muy poco, con la llamada postura del misionero, que es aquella en la que dos personas, del sexo opuesto, se ven la cara mientras andan en sus intimidades).

Los dimisionarios son especie humana que, como todo, tiene sus épocas. Las de crisis son especialmente aptas para que florezcan. Pero será necesario hacer una clasificación de las aptitudes que mueven a quien, hasta entonces, ostentaba una posición de poder, para bajarse del pedestal, voluntariamente.

El dimisionario más común es el que entiende que está perdiendo el tiempo sin obtener beneficio alguno, manteniendo el gorro de capitán o el peso de la púrpura. Suele darse esta situación en los que están al cargo de instituciones benéficas, organizaciones sin ánimo de lucro, asociaciones profesionales, etc. Un día de insomnio se levantan con el otro pié y razonan: "¿Qué hago allí?". Y dimiten.

A partir de entonces, suelen disfrutar de mejores sueños, y sus antiguos comilitones empiezan a criticarles libremente. "Era, en el fondo, inoperante". "Demasiado ambicioso". "La mayoría de sus propuestas eran inviables". El sustituto lo promete hacer mejor, recibe atenciones especiales ab initio, acaba captando las mismas indolencias que su predecesor y, si no se acomoda al paso, llega el día en que su propio caballo le tira al suelo de la desilusión.

Otros dimisionarios son, desde luego, los que se ven obligados a hacerlo a su pesar, y, barruntando cielo oscuro, se adelantan al momento en que tendrían que ser cesados. En política se da muchísimo esta suerte y, en especial, en tiempos revueltos. Cuando el cerco de una investigación se aprieta sobre un cuello, lo más aconsejable para el que que nota la soga, es dimitir, para "poder defenderse adecuadamente",. Es decir, para tratar de que los perseguidores aflojen la tensión y, entendiendo que ya se está falto de poder y, por tanto, de interés, le dejen a uno en paz.

Hay otros tipos de dimisionarios, siendo los dos anteriores, los comunes. Se puede dimitir para llamar la atención del personal, y salir robustecido con las peticiones de que te quedes. Es el caso del falso dimisionario, o dimisionario in pectore.

Hay que dimite de un puesto inexistente, casi desconocido o puesto solo en su imaginación, y, por tanto, que casi nadie sabía que ostentaba. Cuando dimiten, la gente se pregunta: "Pero éste, ¿qué hacía?" "¡Ah! ¿Fulanito, era tal cosa? ¡Primera noticia!". Si el puesto del dimisionario estaba bien remunerado son, sin duda, los galardones más apetecibles; por eso, no suelen salir al mercado de los méritos.

Sobre el atractivo anaquel donde se guardan los ídolos rotos y caídos

Habrá más, pero desde la perspectiva del suave encanto de la burguesía con base socializante española, hay, con ventaja sobre otros, dos líderes caídos que siguen despertando interés. Se les invita a dar conferencias y opinan con conocimiento de concausas y una lejanía, a la vez, melancólica y agria respecto a los asuntos de la política diaria, dando a entender que no se cortan un pelo, aunque a la hora de soltarse la melena, se advierte que llevan redecilla.

Nos referimos a Bill Clinton y a Felipe González, ex Presidentes, respectivamente, de Estados Unidos y España. No será necesario, para muchos, recordar las circunstancias por las que tuvieron que irse del poder efectivo por la puerta pequeña, pero como la memoria es esquiva, vengan un par de pinceladas.

El uno, se fue envuelto en las llamas de un proceso vergonzoso en el que fue tratado de obseso sexual y perjuro, con toda la caballería rusticana -perdón, republicana- tras de él: una palabra, obscena en todos los idiomas, le persiguió durante meses: impeachment (impíchment en otras lenguas).

El otro, después de haber opositado para el lugar de mejor presidente de la democracia, fue despedido contra la pared de la historia, por un vendaval en el que fue presentado como una mezcla abominable de corrupto, incompetente y falsario y algunos de sus estrechos colaboradores compartieron días con delincuentes en campos de rehabilitación.

Ambos se aprecian. Bill Clinton piensa de Felipe González que es un "gran tipo" (EP, 23 mayo 2009). Del atractivo personal del hoy secretario de estado consorte, da muestra su capacidad para llenar un aula con casi 1.000 plazas en la Universidad Europea, un invento feliz dirigido por Agueda Benito, en esa ciudad culturalmente anodina que es Madrid.

Clinton, en un lenguaje políticamente correcto, dijo unos cuantos lugares comunes sobre la crisis, Estados Unidos y el mundo, con unos cuantos mensajes para los jóvenes, para la generación del "cómo". Que también podría ser llamada la generación del "para qué", o del "con qué", o incluso del "hacia dónde".

González, por su parte, tampoco se priva de dar opiniones sobre políticos en activo, aunque sean -o especialmente, si son- compañeros de partido. Creyendo, seguramente, que las doctrinas del otro conferenciante en activo, y este en inglés, Mr. Aznar, se desprestigian solas, acostumbra a opinar del gobierno de Zapatero. Ultimamente asevera que "le exaspera la escasez de las medidas" adoptadas para tratar de resolver la crisis, y, también "su lentitud" en implantar las pocas que se le ocurren.

En fin, hay un atractivo anaquel en donde se guardan ídolos rotos y caídos. Se les ha tumbado de un manotazo cuando estaban haciendo las cosas razonablemente bien y ahora, recompuestos los trozos con pegamento y con la pintura desvaída, se les pone sobre la mesa de vez en cuando, para recordar nostálgicamente cómo eran otros tiempos.

La operación de rescatar juguetes rotos tiene más proyección, según se constata, si se realiza después de comer unos huevos rotos con patatas cuadradillo, por ejemplo, en Casa Lucio. A Bill le entusiasma, y también a Jorge Valdano, Plácido Arango, Alejandro de la Joya, Rafael del Pino y Martín Varsavsky, entre otros. No importa que algunos tengan su propia cadena de restaurantes o asimilables.

No será fácil aparcar el coche, y los huevos resultan siempre ser -los de Lucio y hasta los del Lucero del Alba- algo indigestos, pero el momento de saludar a los curiosos con el brazo en alto da bien en las fotografías y la gente de Lucio sabe cómo despejar de coches la calle casi peatonal.

Con esta combinación, los poderes fácticos sombríos, pueden reunirse con los líderes caídos,  ya desprovistos de espolón, y dejar que lancen algún mensaje a los que están en el poder actualmente.  Se interpretará que están subrayando con tinta simpática lo que dicen esos expertos, sin miedo a que les tilden de contrarios. Si fuera necesario, podrán manifestar su desacuerdo; no vaya a ser.

La operación no es barata (en el caso de Bill, unos 300.000 euros), pero merece la pena, is worth while (is uórz juáil, en otras lenguas). Que aproveche a todos, pues.

Sobre la catarsis del barranco

El expresidente de Corea del Sur, Roh Moo-hyun, sospechoso de haber consentido una trama de corrupción de la que fueron beneficiarios su esposa y otros familiares, apareció gravemente herido en el fondo de un barranco el 23 de mayo de 2009, cerca de su lugar de residencia. Murió como consecuencia de las graves heridas.

Roh Moo-hyun fue un buen presidente. Promovió el acercamiento entre las dos Coreas, impulsó la modernización del país y firmó acuerdos de cooperación con las potencias económicas occidentales que aportaron múltiples beneficios a sus conciudadanos.

Entre las empresas que tuvieron un fuerte desarrollo durante su mandato, se contó el conglomerado (chaebol) Taekwang Industry, que se dedica a la producción de bienes electrónicos y textiles y, sobre todo, de calzado. Hace unos meses, la fiscalía, en la investigación de sus irregularidades contables, decidió procesar a la cúpula directiva de la compañía.

Tirando del hilo, se descubrió que la esposa del circunspecto Roh Moo-hyun, su hijo y un sobrino habían recibido importantes cantidades de dinero de la empresa.

Cuando se conoció la noticia, no faltaron lectores que enviaron comentarios a las redacciones de los media, expresando que, si todos los corruptos se tiraran por los barrancos, se solucionarían los problemas del mundo.

Debemos advertir, en primer lugar, que no consta probada esta situación delictiva por parte del ex-presidente. No se descarta que haya sido un asesinato.

Pero es que, además, matarse tirándose por un barranco no parece una forma típica de suicidio para un corrupto descubierto. Aunque los occidentales tienen otra formación respecto al honor y a la manera de lavar los errores, no es imaginable que un personaje que mantenía tanto poder y credibilidad decida apartarse de este mundo lanzándose a un agujero.

Parece más bien propia de quien no tiene a mano otros medios de acabar con su vida, dando por descontado, de que se encuentre en una situación de fuerte excitación, aislamiento y enajenación transitoria.

Tengan en cuenta esos lectores con propuestas insólitas, que la figura del corrupto no existe como una tipología para calificar al ser humano. La ocasión  es la que hace a los corruptos y, sobre todo, la apariencia de seguridad de no ser descubiertos.

Posiblemente, un alto porcentaje de personas respetables se hubieran convertido en corruptos si no hubieran existido sistemas de control y observación de las decisiones de quienes tienen poder sobre los órganos del Estado.

Deseamos que se aclare, con todas sus consecuencias, la muerte del ex-presidente correano. Y abogamos, no por la señalización de barrancos con potencialidad para que se lancen por ellos los corruptos descubiertos, sino por mejorar los sistemas de control que impidan el nacimiento de los deseos de obtener ventajas de las decisiones de gobierno, en la creencia de que esos movimientos nunca van a ser descubiertos.

 

Sobre las ideas

No vamos a hablar de la cosmogonía de Platón, sino de la de ahora. No va a ser cosa de filosofía, sino de manual de urgencias. No entraremos en la cuestión de si habrá necesidad de recurrir al cambio de paradigma -palabro que, como ya hemos reflejado, nos repugna-, que veremos luego lo que hará falta para controlar los desmadres de los dioses del mercado...cuando pase la borrasca.

En una situación que se ha concretado como gravísima, y que persiste a pesar de los brotes verdes que algunos ven forzando los ojos de su imaginación -un observador inteligente los llamó "brotes de invernadero"-, faltan ideas. Buenas ideas para conservar la calma, mantener la flotabilidad y revisar la solidez de los botes salvavidas, si es que el asunto ha de acabar -lagarto, lagarto- en un naufragio.

No pensamos que la escasez de ideas sea cuestión de una falta de liderazgo. Hace ya tiempo que no creemos que una persona pueda ser cabalmente tenida por responsable de las actuaciones acordadas por la mayoría de una sociedad. Siempre hay equipos, estructuras, decisiones que se adoptan por filtros piramidales, detrás. El líder nunca está solo, porque no puede vivir sin un fuerte respaldo.

Cuando la mar está relativamente en calma, la mitad de la tripulación puede descansar o mantenerse al pairo. Ahora bien, cuando hay huracán, nadie en el barco debe dormir (ni podría), ni sería admisible que se resistiera a colaborar argumentando que el problema no va con él o que el capitán no tiene su confianza. No es tiempo de motines.

En casos de crisis, ni siquiera hace falta un programa coherente y lógico para movilizar al personal.  La gente está tan asustada que se podría dejar conducir hasta por un loco. El abominable Hitler -perdón por la cita- demostró que es posible contar con la colaboración, activa o pasiva, de la mayoría de una población, tenida por inteligente, con el pretexto inasumible de exterminar a una minoría.

Hoy no se pretende exterminar a nadie, sino salvar una situación económica. Y es lamentable que no existan programa ni ideas, capaces de movilizar a la inmensa mayoría, ilusionándola sin resquicios, a pesar de que la ideología de la solidaridad es, indiscutiblemente, la mejor (la única) que podemos poner en funcionamiento para alcanzar una sociedad justa.

Y, sin embargo, alguien se empeña en colocar sobre el tapete de las preocupaciones, temas que son importantes, pero no son prioritarios ni urgentes. No ahora.

El debate acerca de la corrupción es muy interesante, pero no debe concentrar nuestros esfuerzos en este momento, porque debilita o imposibilita la adopción de acuerdos sólidos, mayoritaios. Debió haber sido mantenido antes, tendrá que ser resuelto después.

Hoy necesitamos concreciones, no propósitos ni buenas intenciones que no puedan llevarse a cabo por falta de consenso. Necesitamos programas inmediatamente realizables, plasmados con total seriedad, con sus consecuencias, resultados y costes perfectamente estudiados. Bien explicados.

Nos preocupa la pérdida de nuestros puestos de trabajo, el parón de la actividad, el no saber cómo vamos a salir de ésta y cuándo. Nos preocupa advertir que nuestras fábricas, con sus equipos y maquinarias en buen estado de uso, aún no amortizadas, están cerrando porque no se compran productos que ayer eran imprescindibles. Y no tenemos sustitutos.

Nos preocupa saber que nuestras universidades y escuelas de formación siguen manteniendo su apacible ritmo de que aquí no pasa nada, sin haber activado todos sus mecanismos de alarma, de creatividad, de impulso y colaboración con los demás agentes sociales.

Nos preocupa que una granm parte de nuestra población -más, bastantes más de cinco millones- se encuentre inactiva, improductiva, inútil, cuando estamos en una situación de crisis: que no se sepa qué hacer con nuestros jóvenes, nuestros jubilados y prejubilados, nuestros parados cobrando subsidios y nuestros parados que no tienen prestaciones, nuestras mujeres y hombres cualificados pero desempleados... a pesar de las leyes de igualdad, de la Constitución y del sentido común que llevaría a utilizar todos los recursos.

Nos preocupa que, estando ahí, aún sin grave daño, todo el potencial de mano de obra, de activos industriales, de poder intelectual, de masa monetaria (ay, ese dinero guardado que espera que la situación se complique aún más, para sacarle mayor rendimiento), no haya una preocupación obstinada, unánime, para volver a movilizarlo de inmediato, tocando a rebato en todos los focos de responsabilidad.

Salgan a la calle las ideas. Que les dejen expresarlas a quienes las tengan, que se promuevan, por el debate, otras, que se discutan y elijan las mejores y se pongan en práctica. Que se llamen para actuar y colaborar a los que más sepan. Que se callen los que vociferan, disimulando que van de vacío.

Que Dios y Obama nos cojan confesados.

Sobre las plataformas multilaterales como opción ante la crisis

Las plataformas multilaterales (Multi-sided platforms, MSPs) son modelos de negocio en el que un empresario pone la base para que otros, ajenos a su actividad, establezcan sus relaciones o negocios.

Las plataformas son puntos de encuentro puestos a disposición de potenciales interesados, que, en la economía de mercado, son generalmente los ofertantes y sus clientes; pero también sirven para que empresas complementarias -e incluso concurrentes- se presenten ante el mercado, lo estimulen, lo perfeccionen o generen

No responden, en verdad, a una idea nueva. La novedad (a partir del 2000, con Rochet y Tirole) consiste en el análisis de sus efectos, especialmente sobre las estrategias de competencia. La situación actual invita a reflexionar, por otro lado, acerca de si constituyen una fórmula atractiva, y de qué nivel,  para superar las crisis y/o cambiar de "modelo económico".

Richard Schmalensee habló sobre ellas desde una plataforma multilalteral muy singular, que es en lo que se ha convertido la Fundación Rafael del Pino. Fue el 21 de mayo de 2009, ante unas ciento cincuenta personas, entre las que figuraba -lo dijo Amadeo Petitbó, por cierto, cada vez más entregado al juicio político - su esposa, Daisy.

El profesor Schmalensee es ameno y provocador. También profundo, como pueden atestiguar quienes lo conocen y, sobre todo, los que lo han leído, aunque esta última cualidad decidió no manifestarla, prefiriendo obviar la concreción de las posibles aplicaciones a la crisis económica -que era, justamente, el objetivo de la charla-, limitándose a afirmar que hacía falta aplicar la imaginación.

Ejemplos de MSPs expuso varios. Para empezar, se refirió a las tarjetas de crédito. Las tarjetas surgieron para resolver el problema del cliente de un restaurante que ha dejado la chequera en casa y no tiene dinero en efectivo suficiente. Cuando se idearon (1949) en solo un año llegaron a ser admitidas por 330 restaurantes y utilizadas por  42.000 consumidores de Nueva York.

En la actualidad, las MSPs proliferan, aunque no siempre sean detectadas como tales. Google, I-pod, You-tube, Face-book, Amazon.com, Windows, son algunas de ellas. El profesor Schmalensee puso de manifiesto sus peculiaridades.

En todas, la cuestión de quién paga por el servicio -how to price- ha sido resuelta a satisfacción tanto de ofertantes como de usuarios -que son generalmente, beneficiarios de un servicio gratuito- y, por supuesto, de los que soportan la plataforma. Los anunciantes son la clave del arco en casi todos los casos, al sentirse atraídos por el alto flujo de visitantes (clientes potenciales) de estas plataformas.

En un mundo en el que la información fluye por la red en tiempo real, en que la mano de obra ha perdido casi todo su terreno frente a la cualificación y la inventiva, montar una plataforma multilateral es sencillo, requiere muy poca inversión y puede organizarse con pocos empleados. Por eso también, se pueden crear y destruir negocios rápidamente.

Por cierto, algunos de los negocios tradicionales se están muriendo ante nuestros ojos. El periodismo escrito, por ejemplo. Los periódicos compiten, no ofreciendo artículos ni información de calidad precisamente, sino vídeos y musica en dvd, o revistas gratuitas.

Schmalensee, que reconoció que él se informaba de la situación general, vía Google, porque daba noticias e informaciones en tiempo real y le permitía contrastar muy diversas fuentes, dijo el espacio para la prensa escrita se había quedado reducido a la información local o muy específica.

Y comparó la plataforma Vogue con The Economist. En Vogue, es díficil encontrar un artículo, porque la revista se paga fundamentalmente por los anunciantes, y por ello, se pretende que el lector, en su búsqueda, se vea obligado a pasar por y ver los anuncios. The Economist se centra en información y comentarios de calidad, y los interesados en leerla pagan prácticamente la totalidad del precio.

En otros comentarios, propondremos algunas plataformas multilalterales, esa forma de interacción nacida "to create value bringing two groups together".

Sobre las responsabilidades políticas y las jurídicas

La investigación de la naturaleza del percal, orígenes de la tela, pero, sobre todo, la  procedencia del dinero con el que se realizaron los movimientos monetarios que afectaron a algunas sastrerías madrileñas que llegaron a adquirir gran fama en Valencia, está arriesgando provocar graves daños colaterales al partido de la oposición.

La ausencia de facturas por las que el Honorable Sr. Camps y otros elegantes personajes se hayan pagado un par de trajes es algo intrascendente. Pocos clientes guardan esos resguardos, una vez que ha transcurrido el período de garantía o finiquitada la posibilidad de devolución de lo adquirido. No hay nada particular, tampoco, en hacer las compras en efectivo; las tarjetas de crédito son caras y algunas personas tienen por costumbre pagar a tocateja..

Tampoco hay que dar especial relevancia a la manifestación, y menos si se realiza con obscena terminología, de los cariños. El príncipe Carlos de Inglaterra, por ejemplo, en un momento de exaltación, empleó guarras metáforas para expresar su ardor principesco con una señora entonces malcasada.

No vemos, en fin, posibilidad de deducir responsabilidades penales de un registro de conversaciones privadas que no pasarán, ciertamente, a la historia de la antología de los buenos ejemplos de contrucción gramatical, y que no se sabría, en puridad, si atribuir a la cortesía extraparlamentaria, a la estulticia imperante en nuestra sociedad, o a la timidez de una de las partes para mandar a tomar vientos a la otra.

Ya se ve que en España ("este país") el poder judicial tiene mucha vida, propia e impropia. Seguramente, dada la inmensidad de casos que se podrían investigar, el impulso para la actuación por la vía penal, como sucede ya en lo civil, tenga que venir, exclusivamente de la denuncia de parte perjudicada o interesada en esclarecer un delito.

Mientras sea admitida como válida esta premisa, el terreno para generar tensiones políticas con las actuaciones judiciales, estará siempre servido. Porque si no fueran suficientes el par de jueces y fiscales que ya se se hallan, al parecer, atentos a detectar a la primera sospechas delictuales en ciertos sectores ideológicos con preferencia a otros, existen en abundancia prófugos políticos, ex-compañeros de partido, descontentos en quién sabe que reparto de poder o ventajas, dispuestos a delatar situaciones oscuras de sus antiguos compañones.

Por lo tanto, los que tengan algo que ocultar en relación con los dineros, no deberían dormir nunca tranquilos. El día menos pensado, zás, saltará la sospecha.

Por cierto, para estas gentes que comparten tantas horas de pupitre, ¿es tan difícil detectar quién se está enriqueciendo, por los síntomas y ostentaciones, por encima de lo que cabría esperar de los sueldos oficiales?. ¿Hay que esperar a que un constructor enfadado o un colega discrepante denuncie a estos nuevos ricos por haber aceptado unas corbatas a cambio de adjudicaciones de algunos milloncejos?.

Aquí no solamente está la cuestión en lo que aparenta el César, ni su mujer, ni sus hijos y amigos, sino en las razones -que ojalá no existan, por supuesto- por las que vuelven la vista hacia otro lado los rivales políticos del César. Qui prodest? .

Aunque también: Beatus ille qui procul negotiis ("Dichoso el alejado de los asuntos del dinero", equivalente a:"Qué descansada vida la del que huyendo del mundanal ruido...")

Sobre parlamentarios europeos y prebendas

El 7 de junio de 2009 habrá elecciones al Parlamento de la Unión Europea, para cubrir 736 plazas de diputado. El Estatuto del Eurodiputado, aprobado después de casi diez años de discusiones, estrenará su vigencia con estos nuevos representantes del invento europeo, en indudables horas bajas.

La más importante de todas ellas, para estos elegidos, será que tendrán todos idéntico sueldo: 7.000 euros mensuales. No habrá las tremendas disparidades de antaño, que alcanzaban hasta un factor 4 o 5 entre los más humildes y los más ricos. Los salarios los pagarán los fondos comunitarios y no los Estados, y el tipo impositivo será el fijado por la Unión, aunque cada Estado podrá complementarlo, si lo cree conveniente, con un tipo adicional, para adaptarlo al resto de los asalariados de su país.

Tampoco se pagará ahora a tanto alzado por los gastos de viaje, sino que tendrán que ser justificados con facturas. La jornada de trabajo seguirá siendo de lunes a jueves y los eurodiputados viajarán en clase business, y tendrán como edad de jubilación la de 63 años, con pensiones pagadas por la Unión.

No es para tirar cohetes, pero no está nada mal. El trabajo, por cierto, no parece agotador. Bruselas sigue siendo una ciudad muy aburrida -se la compara en animación, junto con Bonn, y sin ventaja aparente,con el cementerio de Mindianápolis- pero las posibilidades de viajar por la Europa de los de siempre y la buena conexión con Madrid y Barcelona, ofrece indudables paliativos al aislamiento relativo.

Hay eurodiputados ejemplares. En esa indirecta intención de servirr ejemplo, Jaime Mayor Oreja, cabeza de lista por el PP, se presentaba a sí mismo como modelo -respondiendo a una pregunta de un asistente a una de sus charlas en la Fundación Rafael del Pino, el 16 de abril de 2009-, al decir que figuraba entre los parlamentarios europeos con mayor número de asistencias (86,7%).

También expresó en aquel foro: "A las sesiones plenarias, la gente suele acudir. Pero la cuestión de la asistencia de los eurodiputados no es el problema esencial, sino que estamos muy lejos, distantes de las preocupaciones de la gente. En España, los debates europeos no se siguen y solo ocupan un lugar en los medios cuando hacemos el ridículo o pretendemos hacernos daño  en la política interior llevando a Europa temas propios (casos de ETA, corrupción, etc)"

Desgraciadamente, ha trascendido que el eurodiputado Mayor Oreja figura también en el pelotón de cabeza con los parlamentarios europeos que menos han intervenido.
Vaya, vaya. Nos tememos que no va a haber tampoco mucha participación en las elecciones. Si los propios parlamentarios no saben bien para qué sirve Europa, es muy probable que los electores potenciales no tengan idea de para qué sirven los parlamentarios europeos.

La razón de la pretendida movilización electoral parecería obedecer, exclusivamente, a dos objetivos: repartir algunas prebendas entre políticos quemados para la política nacional y tomar el pulso de la opinión pública con carácter previo a las elecciones generales en el propio país.

)

Que nos lo expliquen mejor, por favor.

Sobre pájaros y huevos

"O páxaros o güevos", dicen en Asturias, cuando alguien quiere estar en la misa y repicando.

En muchas circunstancias, hay que elegir, porque no se puede tener al mismo tiempo la gallina y su caldo. Claro que también hay algunos que, cuando llega la hora del compromiso, encuentran la fórmula de escurrir el bulto.

Es viejo pero significativo el cuento ese que explica la diferencia entre colaborar y comprometerse. En los huevos con chorizo, la gallina colabora y el cerdo se compromete. ¡Cuántas veces se encuentra un corro de gallinas, a la espera de que aparezca alguien dispuesto a comprometerse, para apuntarse -ellas- el tanto!. Florecen, por ello, las necrológicas laudatorias, cuando no hay riesgo de competencia.

Volviendo al principio. Hay muchos ejemplos en los que se detecta a quienes pretenden servir a dos señores al mismo tiempo. No se puede ser a la vez antinuclear, y mantener el crecimiento despilfarrador del consumo energético, molestándose además porque los molinillos y las placas solares afean el paisaje (además de no servir para solucionar todo el problema).

No se puede despreciar el saber y el trabajo bien hecho y  creer que la improvisación vendrá a cubrir los huecos de lo que se ignora. No tiene justificación imaginar que el país está en disposición de inventar como los mejores sin apoyar una enseñanza coherente, seleccionar los docentes (y los discentes) y estimular a los investigadores con medios y confianza, conectando sus centros de trabajo con la sociedad civil, y, sobre todo, con el mundo empresarial.

No se puede pretender cambiar de paradigma económico, sostener las altas prestaciones sociales sin preguntarse por su equilibrio presupuestario y lo correcto de los destinos. No se puede estimular el consumo y gastar el dinero público en decisiones del corto plazo, pretendiendo generar líneas estructurales de sostenimiento futuro. No se puede apoyar el libertinaje y quejarse por la falta de seguridad. No se puede hablar de sobrepoblación mundial y estar contra los métodos anticonceptivos. No se puede...

O páxaros, o güevos.

Sobre un cambio de modelo económico y su oportunidad

No debe ser tan fácil eso de cambiar de modelo económico, así, de golpe.

No basta, porque aunque se pertenezca al G-8+1, y se esté convencido de que ha llegado el momento de cambiar de caballo, dejando atrás el ladrillo y las industrias pesadas, tan contaminantes, la economía no lo es todo. Cuentan también la técnica y, en momento de crisis, lo social. Por no decir que hay convencer a quienes tienen el capital de que la rentabilidad estará garantizada en esas "nuevas oportunidades"

Por supuesto, todos estamos de acuerdo en que sería estupendo conseguir la máxima recuperación ambiental, impulsar la investigación aplicada, dar protagonismo al transporte verde y a la actividad socialmente responsable. Pretender cambiar el modelo tratando de convencer que todas estas actividades y propósitos generan empleo y riqueza -globalmente considerados- es una idea del terreno de las ilusiones.

Que unos pocos se hayan hecho ricos instalando molinillos o placas solares gracias a las subvenciones y al furor ecologético, no tiene que ver con un cambio de modelo económico.

No debe ser fácil, además, cuando hemos instalado en nuestro concepto de bienestar social un Estado de derecho espléndido, protector, optimista. Y todavía se lo pone más difícil al Gobierno, considerar que la oposición es antiespañola, retrógrada, carente de ideas (en un resumen esquemático de lo que cree, según reiteradas manifestaciones, el Presidente de Gobierno sobre el pensamiento de Rajoy).

El Ministro de Industria, Turismo y Comercio español, Miguel Sebastián, aboga por construir un nuevo modelo económico, diferente del que nos ha llevado hasta aquí, apoyándolo "en los fuertes programas de expansión del gasto público", que tienen "como objetivo fundamental suavizar la recesión económica y preservar el empleo" (EP, 17 de mayo de 2009)

En estos momentos, el gobierno de Rodríguez Zapatero se ha embarcado en ese propósito titánico: cambiar de modelo, o sea, de paradigma. En lenguaje figurado, cambiar de caballo o poner los huevos en otro cesto.

Lo quiere hacer, ante todo, sin precisar la esencia del cambio de modelo (lo que puede significar una ventaja, sin embargo: si no se dice a dónde se va, no habrá que justificar adónde se llega). Lo desea realizar, aprovechando el aumento del gasto público, que puede ser importante cuantitativamente, pero no puede olvidarse su proveniencia (los impuestos o el endeudamiento a futuro) y su reducida dimensión en relación con la actividad económica general.

Y, para mayor dificultad, desea que se realice ese cambio, preservando el empleo, sin explicitar cómo se han de cambiar las cualificaciones profesionales necesarias de los trabajadores, ni cuáles habrían de ser éstas...Suena a la cuadratura del círculo, y especialmente, si se concibe el cambio de modelo económico como propósito a corto plazo.

Como el tema tiene mucha enjundia y atractivo actual, un periodista especializado en temas socio-culturales, Vicente Verdú, ha sacado a la luz estos días un libro bajo el título "El capitalismo fineral" (Ed. Anagrama), en el que, puede leerse: "El capitalismo hace años que ha dejado de ser un sistema determinado y sus condiciones forman parte de la condición misma de la Humanidad (...) El funeral del capitalismo es, sin distinción, el fin de una época, puesto que lo fracasado no es un orden de desarrollo económico o social, sino el desarrollo del orden conocido".

Puede que todos estemos equivocados. Pero si Verdú tiene razón en su análisis -y suena bien- Sebastián lo tiene crudo. Y, por tanto, todos los españoles.

Sobre crisis, desarrollo y desigualdades

Vamos a ver si nos entendemos: si la Humanidad ha llegado hasta aquí, con esta divergencia abrumadora entre los países más pobres y los más ricos y, dentro de cada uno, con diferencias drásticas entre los que más tienen y los que menos, es gracias a las crisis.

Permítasenos no entrar en detalles. Pero cada una de las crisis, bien fueran provocadas por hambrunas, pestes, guerras, catástrofes naturales o artificiales, ha tenido sus vencedores y perdedores.

Hay un par de crisis que significaron un avance importante para una mayoría, aunque el resto de las crisis tuvo ventajas únicamente para las minorías. Incluso, en buena medida, fueron provocadas por ellas para aumentar su poder económico a costa de otros.

La crisis del descubrimiento de tierras ignotas, hasta entonces en manos de gentes con posibilidad de respuesta armada menor, benefició a las llamadas metrópolis y a los aventureros que surgieron de ellas. Desde los hechos más antiguos a los más recientes, la apropiación de lo que otros tienen -riquezas, tierras, mano de obra, etc- es la forma más simple de mejorar el nivel de vida...a costa de los desposeídos.

La crisis de la revolución industrial fue otra operación singular. Permitió el aprovechamiento de materias primas nunca o apenas utilizadas hasta entonces, lo que benefició a los poseedores y transformadores de estas materias primas, y de las máquinas que posibilitaron las operaciones, creando, junto a los magnates, una clase social a la que se dió un nombre adecuado: el proletariado...aunque, en realidad, no eran sino los herederos culturales de siervos de la gleba, vasallos, esclavos, plebe, criados, etc.

Es cierto que la crisis industrial -y su paralela sentimental, la crisis cultural- también benefició, al aumentar la productividad conjunta de la sociedad, al grupo intermedio entre pobres y ricos, que aumentó ferozmente: las clases medias.

No se hizo esta transformación sin tensiones. Significó un drástico cambio de formas de asentamiento y comportamiento, creó una complejidad de funciones de apoyo no directamente productivas, provocó la masificación de las urbes, la destrucción de muchos parajes y, por supuesto, aumentó las desigualdades entre los más altos y los más bajos de la cadena de aprovechamiento de las oportunidades.

Porque la organización sindical por parte de los trabajadores manuales (sobre todo, reivindicando mejoras y estabilidad en el trabajo para sus propios grupos, se apoyó en una fuerte beligerancia que los convirtió, en algunos países, en aliado político importante. En general, esa actitud combativa les supuso, en recompensa, la mejora relativa de sus posiciones -y, desde luego, de sus líderes- respecto al resto de los trabajadores (y no digamos, de los desempleados).

Concluyendo. La crisis actual dará oportunidades a algunos. A los que tengan liquidez -no parece, en este caso, probable una devaluación brutal del valor del dinero en los países más desarrollados- y, sobre todo, a los que más tengan. Localmente, se verán beneficiados los que estén situados en los sectores que se vean más afectados por la crisis y hayan resistido, porque podrán adquirir posiciones de oligopolio o monopolio.

Ahí están los más listos, esperando. Aunque el magnate Warren Buffett (el que dijo que al bajar la marea se distinguía a los que iban en pelota y, también, quien se jactó de afirmar que había tantas oportunidades que lo difícil era decidir) ha declarado entrar en pérdidas en el primer trimestre de 2009, y aunque los Mittal, Gates, y otros ricos muy ricos, parezca que lo están pasando mal, peor lo están pasando los Fernández, Smith, Shuhmacher y Durand.

Porque cada crisis tendrá siempre sus propios beneficiarios. Pueden cambiar los perros, los collares, o ambos.

Sobre hinchas deportivos, símbolos y repercusiones

La final de la Copa del Rey de 2009, supuso la confrontación deportiva, en fútbol, entre equipos de dos regiones españolas con señalada retranca autonomista:  Barça y Athletic.

Algunos vieron en la circunstancia y en el hecho de encontrarse en disposición de presenciar en directo el espectáculo, una oportunidad. La de mostrar que ambas regiones comparten las mismas actitudes anticentralistas, independentistas y, por ende, republicanas. Cataluña y el País Vasco, juntos contra el resto de España. El marco hacía el reto aún más apetecible: campo del Mestalla, Valencia.

El acto deportivo contaba, por supuesto, con toda la cobertura mediática imaginable para un evento que prometía ser muy interesante, dado el excelente estado de juego del Barcelona y las ganas de hacerse con el título copero del Atlético de Bilbao, ayuno de gloria deportiva desde décadas.

En el palco se encontraba la representación adecuada de las autoridades, teniendo en cuenta que se trataba de la mayor manifestación cultural de uno de los países más avanzados del planeta. Todos esperaban, en pié,  la entrada al estadio de los Reyes de España, SAR D. Juan Carlos y SAR Da. Sofía.

Como está señalado en el protocolo, sonó el himno nacional. Se oyeron algunas protestas. Contagiados, la gran mayoría de los asistentes, tanto los de camiseta rojiblanca como los de las blaugranas, irrumpió en un silbido estruendoso; Muchos gritaron: "¡Fuera, fuera!".

Los regidores de  la emisora pública, RTE-1, que seguramente transmitía con unos pocos segundos de retraso el evento, cambió la señal de inmediato por una conexión desde Bilbao. El director deportivo de la emisora pública, que se apellida Reyes, tuvo que dimitir al día siguiente, a pesar de haber explicado que se había tratado de "un fallo humano", porque, al decir de los que se alimentan de los detalles, es "un escándalo que en este país democrático se censuren imágenes".

Nos parece que el escándalo está en que varias decenas de miles de españoles, presentes en un campo de fútbol, para ver un acontecimiento deportivo, coincidan mayoritariamente en demostrar su falta de respeto hacia los símbolos del Estado, Monarquía e himno nacional.

Y hayan demostrado lo sencillo que es encender una mecha de incultura en una multitud, sin haber reparado en lo vacuo de lanzarse piedras al propio tejado.

Porque, monárquicos como republicanos, lo que estábamos preparados para ver no era una votación ni la manifestación de un deseo nacionalista. Era el espectáculo de veintidós tipos en calzoncillos pegándole patadas a un esférico.

Nos encontramos, por el contrario, cuando en el descanso del partido nos fueron ofrecidas las imágenes previamente escamoteadas, con varios miles de espectadores que habían perdido el control. Que estaban dispuestos a linchar su compostura, ante un grupo de personajes que, lo quisieran o no, estaban representando las instituciones españolas, el Estado, el gobierno de las Autonomías.

Exhibicionistas ante varios millones de personas sentadas en sus casas ante el aparato de la tele, cerveza o cola en mano.

Para el próximo año, tal vez habrá que meditar si conviene que el Rey asista a la Copa que lleva su nombre si algún equipo vasco o catalán llega a la final. O que se interprete en lugar del himno nacional, una charanga.

Porque o reciben una educación de urgencia, o los hinchas españoles catalanos y vascos seguirán en su propósito de cachondearse de los símbolos, los suyos y los de todos. Se han tomado la realidad por un juego de pelota, en el que lo más importante de sus vidas es ganar el partido.

Sobre las huellas de los asturianos en La Habana

Indianos fueron llamados los españoles que a finales del XIX y principios del XX, después de haber hecho una pequeña fortuna al otro lado del Atlántico, volvieron a su pueblo natal, de donde habían salido pobres.

En una actuación con pocos precedentes y consecuentes, muchos de ellos dedicaron una parte importante de su dinero a crear escuelas, hospitales y centros de acogida para que se pudieran beneficiar de su éxito los menos favorecidos de las tierras de donde se habían tenido que marchar algunos años antes.

Asturias tuvo, como es conocido, unos cuantos indianos. Ya hemos contado que algunas casas con palmera, ya en su mayor paprte destruídas por el paso del tiempo y el abandono forzado de unas familias que no pueden sostenerlas, jalonan aquí y allá la geografía de la Suiza española. También se pueden ver palmeras y palacetes en Cantabria y Galicia. Comparativamente, menos.

Moisés Llordén Miñambres, catedrático de Economía aplicada, ha escrito un libro de más de 300 páginas, después de haber buceado en los archivos del Centro Asturiano de la Habana. No es exactamente un trabajo de análisis, sino de exposición de resultados.

No debe, por ello, el lector de este voluminoso resultado de una zambullida en una parte de la historia de 75 años de esa Institución asturiana en tierras de conquista, esperar críticas de las actuaciones de aquellos personajes, hasta ahora en su mayor parte anónimos, moviéndose en un entorno que a otros podría haberles parecido hostil y que ellos cocieron en su salsa, haciéndose uña y carne de la tierra que tan bien los había acogido.

Pero sin olvidarse jamás de donde venían, porque, aunque la mayoria no tenían nada que agradecer a la tierrina que habían dejado con una mano delante y otra atrás, deseaban volver, triunfadores, y reinstalarse en los pueblos de sus padres.

La inmensa mayoría no triunfaron. Muchos no pudieron volver. De los que vovlieron, bastantes se arruinaron, o fueron incomprendidos y, desde luego, envidiados. Hay quienes, tenidos por gentes de derecha, fueron asesinados por sus vecinos. Otros, tenidos por gentes de izquierda, sufrieron damnatio memoriae de sus propios compañeros inmigrantes como ellos.

Al leer la pequeña historia de esos miles de desarraigados, un escalofrío nos recorre. El testimonio está ahí. El mérito de haberlo puesto en palabras, de Moisés Llordén y la Fundación Archivo de Indianos. Setenta y cinco años de historia de El Centro Asturiano de la Habana.