Blogia

Al Socaire de El blog de Angel Arias

Sobre lo que ha de entenderse por trabajador

Sobre lo que ha de entenderse por trabajador

Los líderes sindicales -denominación, por cierto, que evoca rancios tiempos revolucionarios- se refieren en sus peroratas a "los trabajadores y las trabajadoras", dando por admitido que se trata de un colectivo bien definido.

Nos parece que no es así, y por ello, vamos a hacer el esfuerzo de intentar algunas precisiones deducidas de la observación.

El concepto abstracto de trabajo es medido normalmente por el parámetro de remuneración. Las gentes, por lo normal, dicen estoy sin trabajo cuando no tienen ingresos o me pagan tanto por mi trabajo en relación con el salario que reciben de un tercero, que sería su empleador.

Pocas veces se mide por el parámetro de la rentabilidad o eficacia en relación con el tiempo que el llamado trabajador consigue para su empleador. Por supuesto, este valor es el más importante para este último, que distinguirá entre los maulas, enchufadosdelosquenopuedodesprendermeporlacuentaquemetiene, los pelotilleros y los eficientes o manosderecha. La remuneración no atiende, salvo excepciones propias del Guinness, a este concepto. Y mucho menos, en el caso de los empleados excepcionalmente remunerados, en los que se atiende, básicamente, a su capacidad para manejar o guardar secretos de las entidades que conduciría a algunos a la cárcel.

Finalmente, existiría -entre algunas otras menores- la opción de medir el trabajo por el tiempo empleado para completarlo. Esta fórmula, que antes se denominaba "a destajo", está en desuso, salvo -resumiendo algo- para la categoría especial de autónomos y la mayor parte de los inmigrantes irregulares.

Como nos gusta, en lo posible, representar el conocimiento por gráficos y números, nos hemos tomado la molestia (que no lo es) de representar en un diagrama triangular algunas categorías de trabajadores, por si fuera de interés general. Los parámetros representados para cada una son remuneración (R), tiempo de trabajo (T) y eficiencia productiva (E); esta última se mide desde la perspectiva de la sociedad, no del empleador (aunque podría hacerse también así, obviamente).

Rogamos que el lector, si está en alguna categoría de las indicadas, se lo tome como un divertimento. La valoración individual es algo subjetivo.

Vamos allá:

Funcionarios: R media; baja E y T medio.

Am@s de casa: R nula, alto T, media E.

Autónomos: alto T, E medio, R bajo.

Futbolistas de élite: muy alta R (se salen del cuadro), E nulo (o negativo), T bajo.

Ministros del Gobierno: R medio-alto, T alto, E muy bajo;

Consejos de administración de empresas del IBEX: R muy alta (se salen), T medio, E medio.

Directivos de empresas del IBEX: R muy alta, T muy alto, E alto.

Estudiantes: R nula, T muy variable (entre cero y muy alto) y E nula (aunque se considera inversión de futuro). 

Nota: La escala para medir los valores puede construirse de forma bastante objetiva: Pueden tomarse, por ejemplo, como valores máximos -adminisibles- de R el de 120.000 euros/año, de T, 3.000 horas, y calcularse E como el ratio entre el beneficio de la empresa o entidad (mejor que su facturación) dividido por el salario a considerar; para los funcionarios, a falta de otros factores, se considerará que E es nula o muy baja (actuándose aquí por inversión de la carga de la prueba) 

Sobre lo que es imprescindible reformar en la reglamentación laboral en España

Después del relativo fracaso de la convocatoria de huelga general que los dos sindicatos mayoritarios programaron en España para el 29 de septiembre d 2010 -en coincidencia con la manifestación de la CES (Confederación Europea de Sindicatos) en Bruselas- es tan imprescindible como atractivo realizar un análisis de la situación del factor trabajo en la Unión Europea.

Lo haremos con especial atención hacia España y el alcance de la Ley de Reforma Laboral aprobada el 9 de septiembre ("Ley de Medidas Urgentes para la Reforamdel Mercado de Trabajo"). También tendremos presente el lema de la movilización que pretende mantener el CES, y que es, en sí mismo, todo un mensaje de actuación económico-política: No a la austeridad.

Tanto UGT como CCOO han manifestado, a través de sus secretarios generales, su discrepancia frontal con la Ley que juzgan regresiva y beneficiosa únicamente para el empresariado. Para la CEOE, la Ley no es ni positiva ni suficiente.

Expresado, pues, que la Ley no contenta ni a unos ni a otros, procede indicar qué tratamiento reciben en ella los problemas centrales del mercado laboral (no necesariamente identificables con los más urgentes).

1. Necesidad de que los trabajadores adapten de forma continua su formación.

La incorporación de nuevas tecnologías a la empresa obliga a conocer nuevas técnicas y procedimientos, adquiriendo habilidades que no se pueden garantizar en las escuelas de formación. La formación de los trabajadores ha de ser continua y proporcionada por las empresas, por las organizaciones empresariales o por los centros educativos, en virtud de los correspondientes acuerdos.

La Ley no contempla esta imperiosa necesidad, limitándose a la modificación de la redacción del art. 11 del ET (Estatuto de Trabajadores), bonificando los contratos para la formación y reconociendo a los trabajadores contratados para la formación las prestaciones por desempleo.

2. Necesidad de trasladar a la esfera individual de las empresas el ámbito de las negociaciones de convenios.

La regulación que viene realizando el ET en su título III tiene su base en la situación preconstitucional, en este caso, no democrática, en la que los contratos colectivos tenían eficacia general, es decir, carácter normativo, lo que era coherente en un momento en que no existía libertad sindical, y no era posible pactar libremente las condiciones de trabajo ni se reconocía el derecho de huelga, entre otros.

Es imprescindible romper con la nefasta práctica de establecer convenios sectoriales, que ahogan la competitividad de las pequeñas y medianas empresas, imponiendo condiciones inasumibles. El convenio ha de ser llevado a la situación de una negociación directa entre las empresas y sus trabajadores, dentro, por supuesto, de los marcos constitucional y normativo, que garantizan el respeto a los derechos básicos de las partes.

Además, la prórroga automática de la duración de los convenios, debiera suprimirse, de forma que, como sucede en los restantes contratos privados, las partes convendrán libremente lo que desean realizar a su término, imponiéndose los plazos para su renovación o nueva negociación, sin dirigismos legales que no tienen más que efectos perjudiciales para la estabilidad empresarial.

3. Necesidad de flexibilizar la contratación laboral aunque vinculado a una reforma profunda de la Ley de Seguridad social

El modelo de contratación laboral ha de estar básicamente sometido a la libre voluntad de las partes, Por supuesto, no necesitamos repetir hasta la saciedad que con respeto al marco constitucional, pero no tiene sentido mantener, por Ley, la actual diferenciación entre los tipos de contrato, que, más que proporcionar protección al trabajador, se convierten en un quebradero de cabeza para el empresario -es decir, para la empresa-, al penalizarle la necesidad de liberarse de los empleados vagos o incompetentes.

Debe rechazarse la idea de que el empresario es un sádico que no tiene en mente más que explotar a sus empleados o perseguir a los díscolos. Esa imagen arcaica perjudica el trasfondo de las relaciones laborales, envenenándolas sin causa.

Hay que distinguir entre el pequeño y mediano empresario y el grande, especialmente, los grupos empresariales. Hay que proteger la iniciativa privada, al empresario individual que arriesga su dinero. La fórmula legal es permitirle, desde luego, que para atender a la viabilidad del negocio que ha puesto en marcha, y en el que generalmente él, como autónomo, es autoempleado, pueda decidir con mucha más libertad respecto a los trabajadores que contrata.

Nadie como él puede distinguir la calidad de las prestaciones que está recibiendo de sus empleados y nadie como él está interesado en que la empresa funcione bien y esa es la garantía mayor para el empleo.

Los convenios "sectoriales" son un arcaicismo y una rémora para la vitalidad empresarial, especialmente en este aspecto básico del tejido productivo que conforman las pymes.

4. La flexibilidad laboral ha de estar intimamente vinculada, en un estado social y de derecho como es el español, a las prestaciones sociales que reciban los parados.

Y estas han de estar cubiertas, sobre todo por las aportaciones a) deducidas de los salarios, incrementando las cuotas de los que tienen empleo y, en especial, de los  que más cobran y b) las derivadas de las empresas que, en general, deberán tender a reducirse y, en todo caso, habrán de redistribuirse, de forma que la contribución al sistema de Seguridad Social sea mayor, proporcionalmente, si las empresas tienen mayores beneficios (se puede pensar en una cuota en la que se cotice no solo por empleado, sino por edad media de la plantilla y, sobre todo, según beneficios).

5. Reforma total de las entidades de recolocación.

Los actuales no funcionan, no sirven. Ni los cursos para formación son otra cosa que consumidores de tiempo de los parados y una vía para favorecer a algunas empresas de "formación".

Estar parado ha de ser una situación transitoria, por lo que los mecanismos de recolocación han de funcionar a la perfección. La solución tiene que venir de la agilización plena del mercado del trabajo, con una información instantánea de déficits y oportunidades, tanto a nivel global como individual.

Pero no bastará esto. La realidad demuestra que existe una bolsa de fraude importante. Trabajadores que combinan con desparpajo el tiempo de trabajo y de prestación agotando éste. Trabajadores que faltan a sus puestos, a capricho, amparándose en un control de los servicios sanitarios connivente, o, cuanto menos, permisivo. Empresas que utilizan, al encontrarse en situación irregular con la seguridad social, la contratación de trabajadores extranjeros, "robándoselos" a las pymes, que han hecho los trámites legales y asumido los costes de la integración laboral de estos inmigrantes. Empresas que mantienen trabajadores sin contrato o con contratos que no responden a la realidad, abonando parte de los salarios en negro... 

Una inspección laboral y fiscal competente, seria y completa, es un complemento imprescindible, para evitar que surjan desequilibros, desigualdades o injusticias ante la ley.

Se pueden indicar otras necesidades de reforma, pero estas ideas bastarán para empezar.

Sobre los interlocutores en una huelga general

Sobre los interlocutores en una huelga general

Escribimos este Comentario el día 29 de septiembre de 2010, en que está teniendo lugar una huelga general en España, convocada por los sindicatos UGT y CCOO. La "quinta del gobierno socialista". (Se dice en otros lugares, la séptima de la democracia, o la décima del País Vasco -siempre a la cabeza- ).

Son las ocho y media de la mañana. Las noticias que venimos escuchando reflejan normalidad, dadas las circunstancias. No se detectan incidentes graves, a salvo de algunas contusiones producto de forcejeos entre componentes de piquetes, por un lado, y policías y empleados que hubieran deseado trabajar, por otro.

Los organizadores proclaman el éxito en el seguimiento de la huelga, que habría alcanzado más del 70%.

El Gobierno, por su parte, defiende que se están cubriendo los servicios mínimos, especialmente en el transporte, y aplaza hacer una valoración hasta conocer más datos.

Nosotros no tenemos empacho en hacer una valoración. En verdad, ya la teníamos hecha desde días antes. Es imposible no advertir que, para los líderes sindicales, la huelga general es el objetivo y que, por tanto, el éxito de su seguimiento es relevante en sí mismo. Quizá, lo único relevante.

Por ello la importancia que se concede a la labor disuasoria de los piquetes respecto a los que piensan incorporarse como habitualmente a su trabajo, de ahí la necesidad de plasmar la presión con amenazas verbales cuando no físicas. Porque la plasmación del miedo, la implantación del criterio de "para qué me voy a meter en líos", es un móvil cuya entidad supera en capacidad de movilización a los objetivos oficiales.

Y es una lástima, porque, ya que se ha decidido realizarla, la jornada de huelga general debiera ser una jornada dedicada a la reflexión general respecto a discutir y seleccionar las propuestas respecto a lo que hay que modificar, introducir y hacer para mejorar lo que nos preocupa.

Como el objetivo es la huelga general, los miles de sindicalistas españoles han desplegado una acción guerrillera que ha comenzado de madrugada, presionando para que los conductores y encargados del transporte público y de los servicios básicos (reparto de alimentos en los mercados centrales, sanidad, recogida de residuos, etc.) se vean reducidos a su mínimo.

Si se analizan con independencia ideológica los argumentos esgrimidos por los sindicatos para convocar la huelga, aparecerá claro su carácter difuso, etéreo, incluso inconsistente.

Cándido Méndez, el secretario general de UGT declaraba, en el programa 59 segundos en TVE, que la huelga "es por el cambio del modelo productivo".

No habría que culpabilizar a Méndez de la falta de ideas general del país. Es solo un ejemplo, aunque significativo. Como ideólogo de la gestión empresarial intuitiva, obviamente rebosante de la confianza conseguida a base del ejercicio del perfeccionamiento de su imagen ante los incondicionales, Méndez no tiene más remedio que mezclar obviedades, cifras genéricas, viejos lemas y confusas frases sin contenido aparente.

Por supuesto, la huelga es un derecho constitucional. Lo que ya no se entiende es que se realice "para no quedar en vía muerta de la recuperación". No saldremos en defensa del débil gobierno de Zapatero, al que no negamos buena voluntad, aunque no nos basta ser buena gente, porque no competimos para ganar el cielo. Pero nos resulta ininteligible la frase, viniendo de un sindicalista que milita en el partido del gobierno, de que "haya que empezar a hablar de recaudación en términos de eficacia".

Y más cosas. Entendemos bien que el crecimiento del número de desempleados sea un grave problema, (más que para los sindicatos y los que tienen empleo, justamene, para los que no lo tienen), pero discrepamos de que "esta reforma va a provocar una gigantesca labor de sustitución", pues hace falta aligerar a las empresas de ineficientes y vagos, y no imponerles el mantenimiento a ultranza -hasta su quiebra- de la plantilla.

En fin, tampoco entendemos a qué viene al caso el que " se está debatiendo en Europa que pueden quedar cientos de miles de trabajadores parados de larga duración que no van a volver al mercado", cuando se está justificando una huelga general en España, no en Bruselas.

Mucho menos comprendemos esa obstinación sindical en ver al empresariado como el enemigo a batir, a presentarlo como "enfrente", y no "al lado". Habría motivos para objetar, por supuesto, la posición específica de algunos empresarios, anclados en la edad de piedra,  incluso de ciertos "representantes" empresariales que recuperan frases de la época del inmovilismo y de la falta de sensibilidad social.

Qué más da, en todo caso, cuál sea el contenido verbal de los mensajes. Los interlocutores en la huelga general no están en el Gobierno ni en los empresarios, a los que los sindicatos reconocen debilidad y falta de credibilidad.

Resulta que los interlocutores forzosos, los destinatarios del castigo que supone la huelga general, somos todos nosotros, el pueblo llano, la gente que no fuimos, iremos ni iríamos jamás a una huelga general. Esta silenciosa mayoría que lo que desearíamos es tener un puesto de trabajo estable, adecuadamente remunerado, en una empresa transparente, eficaz, segura.

Los castigados somos nosotros, todos, los que jamás tendríamos una representación sindical, ni nos afiliaríamos tampoco a un sindicato en el que una buena parte de los "liberados" parecen disfrutar de unas permanentes vacaciones, gozan de ventajas económicas y estatus que no sabrían explicar y que nos pretenden enardecer con discursos que se dirían surgidos de la exaltación vinícola y no de la reflexión.

Tenemos algo que pedir. Nosotros, los empleados y desempleados sin partido y sin sindicato. Deseamos menos teatro de unos y otros, máxima claridad en las cifras por parte de quienes manejen la información, completa lealtad en los planteamientos, sin calentar motores de coches que no se sabría conducir.

Queremos más estabilidad, tranquilidad social, que se valore el trabajo bien hecho y el ingenio bien empleado y..., desde luego, queremos muchas dinámicas empresas en las que, unidos, empresarios y trabajadores, se haga todo lo posible por garantizarnos el empleo con el que pagar, no los lujos, sino las necesidades básicas de nuestra existencia y las de nuestra familias.

Todo ello, en el marco que hayamos decidido mayoritariamente y con la interlocución, nada crispada, sino atenta a lo que le decimos, de un gobierno competente para gestionar tanto la crisis como la bonanza.

(Nota: El dibujo que acompaña este comentario fue realizado en una hoja de las agendas Mirga que se entregaban puntualmente a los empleados de Ensidesa -entonces llamados productores- el miércoles, 15 de agosto de 1973. Llovió algo, pero los lodos son parecidos.)

Sobre la recuperación de la crisis y la creación de empleo (2)

Proseguimos en este Comentario el análisis de los argumentos expuestos en la Jornada sobre "La economía y las empresas españolas ¿dónde estamos? ¿hacia dónde vamos?", que se celebró el 27 de septiembre en el IIE, y en la que fueron ponentes Juan Miguel Villar Mir, Miguel Boyer y Antonio González-Adalid.

Indicó Villar Mir, siguiendo con su argumentación acerca de los problemas con los que se está viendo confrontada España para salir de la crisis, que, para el control del déficit exterior, hay que considerar el endeudamiento no solo del Estado, sino de todo el sistema financiero, incluyendo las empresas y las familias. El endeudamiento total español se evalúa en el 280% del PIB -que es de 1 millón de millones de euros-, lo que arroja la escalofriante cifra (el adjetivo es nuestro) de 2,8 millones de millones de euros.

La situación es ahora, pues, peor para España que al principio de la crisis. Además, se debe tener en cuenta que ha habido un cambio de calidad en el concepto tradicional de "paises desarrollados y emergentes": estos últimos están creciendo ya al 6,7%, con una "salida en V" de la crisis. Otros, como Europa del Este y Japón, han sufrido una recaída; y, en fin, otros, como irlanda, España, Grecia o Italia, ofrecen un perfil más plano, no apareciendo claro cuándo van a empezar su recuperación.

Se puede decir que en la vieja Europa, con un 40 a 50% de gasto público y una cultura de bienestar bien arraigada, será más difícil la salida de la crisis.

Resumió Villar Mir su ponencia con estas ideas: España deberá generar actividad, con la digestión de las viviendas que sobran al mercado y ganar competitividad, reduciendo costos y aplicando una política de austeridad. La reforma de la Administración Pública, para reducir el gasto público, es, asímismo, imprescindible.

Miguel Boyer, que intervino a continuación, manifestó estar "de acuerdo en casi todo con Villar Mir". Con todo, puso sobre la mesa varias discrepancias significativas.

Matizó, por ejemplo, que Estados Unidos "tuvo una crisis inmobiliaria tremenda, muy superior a la de España"; también indicó que "hemos sido buenos ahorradores" -22% frente al 20% de EEUU-, y que no creía que se pudiera afirmar taxativamente que hubiéramos "vivido por encima de nuestras posibilidades, aunque hicimos cosas que no necesitábamos, como construir viviendas sin demanda y, posiblemente, creado infraestructuras que hubieran necesitado un período más extenso".

La inversión en construcción consumió el 15% de ese 30% de inversión total (referido al PIB), por lo que el desplome fue superior al de otros países, salvo Irlanda, que también dedicó un porcentaje similar.

Pero la cuestión clave del comentario de Miguel Boyer en relación con el empleo, fue cuando atribuyó la caída central del mismo, a la construcción (55,8% de los empleos perdidos, algo más de 1 millón de personas). Este sector, intensivo en mano de obra de escasa cualificación en general, acaparó más de 1 millón de inmigrantes (del total de 6,5 millones de extranjeros que se encuentran afincados en España). En él, la tasa de paro es del 36%.

En el sector de servicios, por el contrario, no ha habido destrucción de empleo; industria, por su parte, destruyó 860.000 puestos de trabajo, siendo el resto del incremento de desempleados provocado, sustancialmente, por el aumento de la población activa (más de 800.000 personas durante la crisis).

Miguel Boyer cree que, dada la alta tasa de ahorro español, y teniendo en cuenta que una parte de la crisis ha sido provocada por inversión que no era urgente o necesaria, será relativamente sencillo reinvertir la tendencia. Caso diferente es el de Grecia, en donde el ahorro era necesario "para sobrevivir", es decir, poder pagar su alta deuda exterior.

El problema del desempleo, reconoció Miguel Boyer, es de otra naturaleza. Más de 1 millón de parados actuales no van a encontrar trabajo en donde lo tuvieron, por lo que su reconversión es imprescindible; de entre ellos, un capítulo especial son los inmigrantes sin empleo, que permanecen en España, sin volver a su país ni desplazarse a otros países de Europa, que no están en situación de absorberlos.

Los agentes reguladores no advirtieron la gravedad de la situación. Es una situación que no previó nadie "salvo los que acostumbran a decir persistentemente que va a haber una crisis".

El BCE actuó tarde y mal, identificando el problema con la inflación; los americanos llevaban ya más de un año bajando sus tipos de interés, y en la UE no se reaccionaba. En octubre de 2009, tanto el FM como el BEI identificaban una recuperación "débil e incipiente" y recomendaban seguir con los paquetes de medidas.

Apareció entonces la crisis de la deuda, que fue solventada en España con éxito, gracias -dijo Boyer, que elogió en otros momentos a la ministra y a su equipo- "al instinto de Elena Salgado y a su afición a los impuestos". La actuación de nuestro país "fue de las más serias", aunque no contó con el apoyo de algunos medios, interesados en criticarnos como perteneciente "a los países del Club Mediterráneo".

Así, el Finantial Times, "con el juego que suele hacer", situaba a Solbes en penúltimo lugar de los ocho ministros económicos europeos, en el que había calificado al griego como segundo mejor.

La economía está empezando a recuperarse lentamente; este año, se llevan dos trimestres de crecimiento, débil aún, pero positivo. Se daba por supuesto que al subir el iva y caer los estímulos a la inversión, se produciría una inflexión negativa, pero ha quedado probado que nuestra economía tiene otros estímulos, una vez que se ha tocado fondo, porque hay menos miedo a consumir.

Se ha superado, esgrimió Miguel Boyer, el temor a que la crisis se prolongara, y el consumo privado y las exportaciones están presentando un buen comportamiento y el resultado bruto de las empresas experimenta factores de multiplicación de 1,3 o 1,4, lo que indica que la productividad por empleo es superior.

¿Cómo volver al dinamismo? se preguntaba Boyer. "Durante mucho tiempo no podremos contar con la construcción, pero tampoco su valor añadido era tan importante: apenas un 4% en 1997, por ejemplo. El dinamismo provendrá de los servicios, que constituyen el 71% de la economía española.

La industria también está creciendo, aunque su incremento en productividad es de tal tipo que no genera empleo. Los precios de la exportación han experimentado un crecimiento muy notable; en el período 2001-2010 el crecimiento ha sido consistente, del 0,7% anual, mayor que la media de las empresas europeas.

En cuanto al pib, Miguel Boyer destacó que España ha multiplicado su valor por 8 desde 1950. En 1960, la economía alemana era 6 veces superior a la de España, y hoy, solamente la duplica. Otros países, como Italia y Francia solo la multiplican actualmente por 1,2.

En su resumen, Boyer expresó que "no es de esperar que nos vayamos a volver imbéciles de pronto. Es muy difícil que, con el dinamismo que hemos demostrado, vayamos a quedarnos cogidos en una trampa".

Cerró el trío de intervenciones Antonio González Adalid, para el que "las cosas están mejorando más rápido fuera de España" que en nuestro país.

Ve González Adalid, que las empresas se están desapalancando (reduciendo inversiones y deuda) y que, en consecuencia, la demanda interna se ha reducido.

Por ello, una de las salidas a la crisis tendrá que provenir del sector exterior, defendió González Adalid, poniendo como referencia la publicación del Círculo de Empresarios "Una industria competitiva, clave para el crecimiento", que está disponible en la red.

En el documento se expresan las reformas necesarias en el marco institucional, y se pone de manifiesto que "nos estamos olvidando de la industria" y, en el mismo sentido, resulta que "no hay en España suficientes ingenieros".

La desconsideración hacia los técnicos cualificados se refleja en la disminución del interés por seguir carreras de ingeniería, habiendo descendido la matriculación en el primer curso de 17.000 estudiantes (2003) a solo 12.000 en el curso 2006/2007, por ejemplo.

Otros dos elementos que deben corregirse, según J. Antonio González Adalid, son el uso del ferrocarril (solo el 4% del transporte de mercancías se realiza por este medio, frente al 18% de la UE), especialmente necesario habida cuenta de que el transporte es responsable del 50% del consumo de energía primaria; y la política energética, puesto que los precios de UNESA ocupan el cuarto lugar entre los más altos de la UE.

(continuará)

Sobre la recuperación de la crisis y la creación de empleo

Poder escuchar lo que opinan quienes son ocupan lugares de protagonismo en la situación económica, sea cual sea ésta, es un privilegio. Se recibe información directa acerca de las actitudes, los talantes, la percepción de las incógnitas y las soluciones.

Al mismo tiempo, oir lo que dicen quienes manejan más incógnitas -y, posiblemente, más soluciones- provoca reflexiones y sugerencias, entre quienes se sientan en la sala, agilizando la tormenta de ideas que está en el núcleo de la creatividad.

El Instituto de la Ingeniería de España convocó el 27 de septiembre de 2010 a Miguel Boyer, J, Miguel Villar Mir y Antonio González-Adalid para hablar de esta crisis económica y su valoración de cuándo llegará la recuperación.

El Presidente de la institución, Manuel Acero, al hacer la presentación del acto -ante un salón lleno hasta la bandera- manifestó una inquietud que, seguramente, era compartida por muchos: "Si sigues de cerca el proceso no solamente no te aclaras, sino que te complicas la vida. Cada día me cuesta más entender (la crisis), y lo que se comunica en la prensa, no está claro. (Por ejemplo, el sector de la) energía no necesita ligeros retoques, sino una reforma en profundidad".

Los ponentes no defraudaron en trazar un diagnóstico de la crisis con claridad y sinceridad, y tampoco en expresar sus criterios acerca de las posibilidades de salir de ella en corto plazo, discrepando entre sí -con suave educación- en algunos casos.

El IIE publicará, en su página web, los vídeos de las conferencias, lo que nos excusa de hacer aquí un resumen. Sin embargo, amparándonos en la precaria autoridad que nos concede en ser administradores de este cuaderno, sí queremos indicar nuestro punto sustancial de discrepancia con los ponentes y, en general, con todos cuantos abordan la salida de la crisis actual desde una posición economicista clásica.

Lo enunciamos así: Es una equivocación centrar las opciones de la recuperación económica desde la perspectiva de la creación de empleo. Las nuevas tecnologías destruyen empleo, por su propia naturaleza: permiten resolver los problemas con menos participación del factor trabajo y, en especial, con el de aquellos que tienen menor cualificación, es decir, aportan más de cantidad -medida en horas- que de calidad -medida en incremento de las plusvalías, en relación con los márgenes económicos-.

Por ello, hay que meditar sobre nuevas formas de distribuir las plusvalias empresariales, admitiendo que, seguramente, la remuneración de los tiempos de trabajo como asalariados se convierta en un anacronismo. Por el contrario, las nuevas tecnologías permitirán que algunas empresas -en especial, grandes grupos empresariales- acumulen mayores beneficios.

Esta situación conduciría a que habrá que potenciar los sistemas de seguridad asistencial, señalando una mayor presión impositiva sobre las plusvalías que se generen al capital. El número de desempleados crecerá, pero, en cambio, es seguro que los beneficios empresariales, en los sectores tecnológicos más avanzados, se incrementen de forma importante.

Solamente instaurando mecanismos de control e inspección severos será posible detectar estos márgenes, evitando las evasiones de impuestos y los desequilibrios que propiciarán las opciones que ofrece la globalización de la producción, el desplazamiento de los mercados de consumo de ciertos materiales, bienes y servicios, y la diversidad de posiciones tecnológicas, jurídicas y asistenciales, que se dan actualmente entre los países.

Frente a este planteamiento -es decir, ignorándolo- los conferenciantes se han detenido en analizar las causas de la crisis y establecer sus predicciones de superación de la misma, recurriendo a los viejos parámetros. Pasamos ahora a analizar las posturas individuales de cada uno.

Juan Miguel Villar-Mir atribuyó la crisis a la alarma creada por la crisis financiera en Estados Unidos (agosto de 2007), surgida de una política monetaria excesivamente expansiva y a las pérdidas provocadas por una asunción de riesgos desproporcionada.

La inyección de liquidez a las entidades financieras evitó que la crisis se convirtiera en global, aunque, en algunos casos, el sector aún no está "plenamente curado".

En España, a esta crisis general, se han añadido dos crisis o problemas exclusivamente propios: la crisis inmobiliaria y la derivada de la pérdida de competitividad. Durante muchos años se han construído el doble de las viviendas necesarias (700.000 frente a las 350.000 que absorbería el mercado), por lo que existen más de 1 millón de viviendas que están pendientes de venta.

La pérdida de competitividad viene causada porque nuestra inflación en el período 1979-2007 se ha mantenido 1 punto porcentual por encima de la zona euro. Para Villar Mir, una "buena parte" de la responsabildiad debe achacarse al crecimiento de los costes salariales, que han subido un 27% por encima de la inflación, en tanto que la media europea fue de apenas el 13% y en Alemania, durante los últimos 8 años, se han mantenido prácticamente estables (solo un 0,3% por encima de la inflación acumulada).

Como consecuencia, en España se ha generado bruscamente un gran déficit público, que pasó a ser del 4,1% del PIB en 2008 y del 11,2% en 2009. Traducido a porcentaje de los ingresos públicos, (que son aproximadamente el 11,2% del PIB), esto se traduce en que tenemos actualmente una deuda de más del 30% de los mismos.

(seguirá)

Sobre la distancia entre inconformismo y acción

Las crisis son momentos estupendos para escuchar a los filósofos y, especialmente, a esa clase de pensadores sin manual de instrucciones que son los macroeconomistas.

No nos estamos librando de nada. Cada dos por tres, alguien nos ilustra sobre el fracaso de la economía del mercado, las consecuencias de la perversión y avidez acumulativas del capital, o la pérdida de respeto a valores que no deberíamos haber menospreciado.

Estos pensadores, a algunos de los cuales incluso se les remunera por decirnos que no hemos querido escucharles, cuando, en realidad, han sido incapaces de meternos el miedo en el cuerpo mientras los anemómetros señalaban bonanza y no la previsión de huracanes, seleccionan ahora con ahinco las razones de nuestros males, repartiendo mandobles a diestro y siniestro (según su presunta ideología).

Sin pretender una enumeración exhaustiva, he aquí algunos de los argumentos al uso, tomados al tresbolillo, que es como se generan: 

a) no ser conscientes de nuestro emplazamiento en una naturaleza con medios limitados, y haber estado expoliando el planeta e incluso calentándolo con nuestra piromanía;

b) haber dejado que el capital acumulara demasiados beneficios, hasta no saber qué hacer con él;

c) no haber demostrado sensibilidad y/o solidaridad con los demás seres (humanos o no), y, según otros, haber demostrado excesiva simpatía hacia los necesitados, concediéndoles subsidios y beneficios sociales en lugar de abandonarlos a su -mala- suerte;

d) habernos pasado por el arco del triunfo la guía de actuación que suponían los principios de la ética universal, explotando, para enriquecernos, los recursos de aquellos a los que, previamente, hubo que convencer de que eran pobres,...

No tenemos hoy voluntad de hacer el análisis de la calidad relativa de tantas opciones de las razones de generación de esta crisis que, además, está admitido que es múltiple: económica, política, de valores, de iniciativas, de recursos, de ideas.

Total.

Lo que nos sorprende algo es que, habiendo tanta coincidencia en el diagnóstico, no haya más propuestas en apoyo de la única salida que nos queda abierta a la esperanza. Deberíamos  dejar de engañarnos con la persistente huída hacia adelante de las economías -consistente básicamente en apropiarnos hoy de las expectativas del futuro-.

Para conseguir la salvación, tendríamos que abandonar la explotación avariciosa por unos de otros seres humanos y de sus recursos, introduciendo argumentos falaces respecto a los títulos de propiedad y los méritos de los que expropian, y, de una vez por todos, hacer descansar nuestra felicidad en lo que generamos, damos y compartimos, y no en lo que mantenemos en nuestras alcancías, consumimos o despilfarramos.

No hace falta subirse a un púlpito y apelar a la revelación divina para escupir esto a la cara de cada falso penitente.

Sobre la adjudicación de un concurso público al más barato

El miedo a que a los responsables de administrar la cosa pública se les pueda acusar de prevaricación, ha generado un monstruo de pies alados, que se llama concurso por subasta.

La idea es más simple que una patata, como dirían los castizos: se convoca una licitación y se anuncia que, salvo aquellos casos de la llamada baja temeraria -otro icono del pavor insuperable a que se descubra que el funcionario o el gestor político son unos chorizos-, el trabajo será adjudicado a la oferta más barata.

Existe, por supuesto, una adulteración del principio de la subasta. Este hijo bastardo del invento implica que, aunque se concedan muchos puntos -relativamente- al baremar el precio ofrecido por el licitante, se valorarán también otros conceptos tangibles e intangibles, en un totum revolutum que impida juzgar la transparencia de la adjudicación final.

En esas combinaciones de lo objetivo y subjetivo (para caer así en la discrecionalidad, que es donde se cuecen las habas), se indicará el aprecio a la calidad técnica, la experiencia demostrada en trabajos similares (a base de certificados y papeles que cuestan una pasta), la coherencia de los planteamientos, y, en fin, si hay que hacer bulto, el color de los ojos de la licitante, el arraigo local, las mejoras añadidas, y cualquiera de los elementos que puedan pasar por la mente imaginativa de los convocantes.

Lo más puro, dicen los expertos, lo que evitará cualquier comentario de contubernio es hacer apertura de las plicas y adjudicar de inmediato la cosa a aquel que haya ofrecido el precio más bajo.

No hay por qué preocuparse de las consecuencias, porque, desviados los focos, el asunto llegará a un final del que pocos se enterarán.

Puede que, después de un camino incierto, la obra, infraestructura o servicio cuya adjudicación se había confiado al más barato, quede en su ejecución a medias. El fracaso de la empresa adjudicataria, inmersa en suspensión de pagos, insolvente o desaparecida, obligará a un nuevo concurso, o a una adjudicación a la trágala a quien sabía mejor qué hacer, para que componga el desperfecto.

No es la única opción, porque la experiencia es siempre un grado. Las más avisadas y poderosas, habrán ofrecido en aquel concurso-subasta, precios artificialmente bajos a sabiendas de su imposibilidad, confiando en que, pasado un tiempo, conseguirán colar modificados, ampliaciones, reformados, revisiones, en fin, que aumenten las cantidades a percibir, equilibrando la situación con nuevas tolerancias y fantasías.

Habrá también ocasiones en las que los que ofrecieron el precio más bajo, terminaron el trabajo con la deseada calidad y cumpliendo el presupuesto. Sería interesante conocer en detalle esas situaciones -si existen-, difundir quiénes son los héroes, y porqué han hecho tal hazaña.

Lo que dudamos es que alguien se atreva, de una vez, a levantar el velo de la hipocresía, y reconocer que es muy difícil que la Administración sea capaz de componer un pliego de condiciones preciso sobre lo que no sabe, que es imposible que se defina la calidad y el precio sin ser fabricante uno mismo, que es una quimera creer que el que no ha hecho eso que se pide con anterioridad vaya a hacer sonar su flauta sin cometer varios desafinos y, en fin, que, a la postre, jugando en otra categoría, las grandes empresas del sector no tendrán empacho, por la cuenta que les tiene -sobrevivir y seguir haciendo agosto-, en ponerse de acuerdo entre sí para repartirse las adjudicaciones, controlando el cotarro desde el fondo del escenario, en un tuya-mía sin vergüenzas.

Tampoco será extraño que, para que todos estén algo contentos y mantener la pirámide de usos y abusos, éstas últimas subcontraten el trabajo a los más pequeños, que también tienen su derecho a vivir, solo que algo más profundo en la miseria colectiva.

Sobre lo que hicieron nuestros coetáneos por mejorar la Historia de Espana

El 24 de septiembre de 1810, en San Fernando (Isla de León), un grupo de delegados, actuando en representación de las provincias españolas, reunidos en una Asamblea un tanto atropellada, decidieron empezar a trabajar para presentar, en corto plazo, una proclama singular, dadas las circunstancias.

España estaba entonces gobernada por José Bonaparte, hermano de Napoleón, al que aquellos patriotas no reconocían, pues preferían a Fernando, que tenía algo de sangre real (era descendiente de Phillipe de Bourbon, duque d´Anjou, un segundón que tomó el nombre de Felipe V e inauguró la rama borbónica para la Monarquía española), y estaban dispuestos incluso a morir en el empeño de traerlo de vuelta.

La Constitución que se gestó en ese período convulso, conocida como La Pepa, porque se promulgó el día de San José de 1812, estaba inspirada en las ideas liberales y defendía la división de poderes, bajo el sistema de gobierno de la monarquía. Tenía muy buen aspecto, y estaba escrita por manos experimentadas.

Cuando Fernando, el rey Deseado, derrotados los invasores franceses, pudo volver a España y coronarse como Fernando Séptimo, una de las primeras cosas que hizo fue derogar aquella Constitución, que recortaba insufriblemente sus poderes subordinándolos a la opinión de los súbditos erigidos en asamblea popular.

Puede no parecer a algunos plenamente justificable que, pasados doscientos años del comienzo de aquella historia, los representantes de todos los estamentos de esta nueva fase de búsqueda del sentido y carácter de la democracia, se reunan para celebrar aquel momento que, si algo de significado tuvo, fue el de demostrar lo difícil que es quitar poder a quien está arriba.

La ocasión actual sirvió, en todo caso, para pronunciar discursos más o menos grandilocuentes, durante los cuales los oradores aprovecharon para alabar a otros de los presentes, que es una forma educada -aunque insolente- de ensalzarse a sí mismos.

De entre todos ellos, destacó José Bono, presidente de las Cortes Españolas en la actualidad -sucesoras, no de las de Cádiz, que fueron disueltas y abominadas, sino de las de la dictadura franquista, que, aunque pese ahora, murieron de muerte natural-. Esto se dice sin desdoro de reconocerlas hijas de la Constitución vigente desde 1978 y que ahora se habla de modernizar, aunque sin saber muy bien por dónde hincarle el diente.

El jefe de los parlamentarios españoles manifestó que, en los tiempos presentes, se había hecho más que en todo el resto de la Historia de España. Lo personificó en el actual monarca, S.M. El Rey Juan Carlos I, aunque reinvindicamos que el la hipérbole, contagiada de pleonasmo, se haga extensiva a todos los españoles.

"Ha hecho Vd. más por España y por la Monarquía que todos sus antepasados juntos" fue, según las crónicas, la frase inspirada de José Bono.

Era hora que alguien nos reconociera lo bailado. Estamos profunda y justamente orgullosos. Proponemos que se hagan pins conmemorativos del bicentenario y que el propio Monarca haga entrega personal del mismo a cada español.

Que nuestros anónimos desvelos alcancen, por fin, la estima de las más altas instancias y pasen a la historia. Bautizo; primer día del Instituto; final del Bachillerato; título de de la FP; primer empleo remunerado; viajes al extranjero; tercer puesto en el concurso de fútbol playa; aquel coche...

Las futuras generaciones van a tener difícil aprender la Historia, con tantos hitos de hechura inolvidable como hemos acumulado en las páginas de lo que, por fin, se ha entendido que es imprescindible que conozca nuestra posteridad. Por suerte, tenemos fotografías y vídeos de casi todos estos momentos.

¡Viva España, viva el Rey, vivamos todos!

 

Sobre los que seleccionan y sus propios méritos

No es una reflexión muy tranquilizadora: en no pocos los casos, los que seleccionan han sido elegidos a dedo.

Lo más curioso, sin embargo, no es el procedimiento que les ha permitido a ellos, los que forman parte de los tribunales de oposición o de los concursos de selección, alcanzar sus posiciones de ventaja, sino el empeño con el que se dedican a dificultar el acceso de los novatos a sus estatus.

La razón puede ser doble, o quizá triple. Desde luego, un proceso de selección que exija difíciles programas, complejos ejercicios de temarios más o menos azarosos, prestigia a los que están ya en el puesto al que los demás mortales anhelen llegar. Es una forma estupenda de cualificar, no ya a los que quieren, sino a los que ya tienen.

Pero, como todo en la vida, hay más motivos. No debe ser pequeño el que permite, cuando las pruebas son muy exigentes, elegir a quien les venga en gana a los que escogen. Los candidatos se quedarán con la copla de que la prueba ha sido muy difícil, y no reclamarán, aquietándose, si en los primeros puestos se han situado desconocidos cuyo mejor mérito real es ser amigo de alguien del estricto Tribunal o haber tenido la suerte de recibir el soplo de dos o tres preguntas la noche antes.

En nuestro país -suponemos que en todos, pero el caso es éste-, ha habido siempre momentos que han sido aprovechados por algunos para auparse en los machitos. La guerra incivil, desde luego, significó una oportunidad excelente para que se incorporaran cátedros, jueces, funcionarios, directivos, cuya capacidad probada era haber resistido una contienda en el bando vencedor.

No ha sido la ocasión única, y en la que los beneficiados están ya casi todos muertos, aunque hayan dejado sus descendencias en el campo. La nueva democracia de los setenta, los cambios de signo en los gobiernos, nos han dejado igualmente sus herencias. Penenes que pudieron hacerse catedráticos por el mérito de estar allí en el tiempo oportuno, jueces que quemaron las cejas un par de años dirigidos por preparadores que sabían lo que se tenía entre manos, funcionarios de confianza a los que se arbitró un concurso restringido que sacaron con la gorra. Etc.

Hoy día, en el que la situación ha madurado, los procesos de selección -de personas como de empresas- tienden a aparentar la transparencia, divulgando convocatorias en las que se precisan temarios, condiciones, baremos y fórmulas de acceso a puntuaciones, que forman en realidad un tejemaneje de complicados caminos de acceso al mérito oficial.

No nos engañemos. Es muy probable que el pliego de condiciones haya sido preparado por el candidato preferente, que el mérito al que se concede mayor puntuación sea el que solo poseen los que se desea que alcancen el premio en disputa.

Un concurso tiene, en sí mismo, los gérmenes del engaño. Pocos son los capaces que pueden demostrar, de veras, su conocimiento y actitudes con un examen o con una oferta de respuesta a un pliego de bases con un par de trampas cuyo manejo solo conoce el que las puso.

Lo que es más difícil es enmascarar un currículum, trampear en toda una actuación vital o empresarial.

or eso, sorprende el empeño -repetimos- con el que los que tienen la plaza y ocupan un sitio, se esfuerzan en exigir pruebas imposibles en concursos de tramas muy difíciles para acceso a lugares apetecibles, a los que se presentan cientos de candidatos a resultar desengañados.

Plazas que, por cochina casualidad, suelen ganar familiares, amigos, correligionarios de los ya sedentes, o, en sus casos, las empresas que ya han venido prestando sus servicios en precario por asignación digital, o haciendo de urgencia alguna obra que ha servido también para mejorar los predios del preboste.

Sobre las minas de Rio Tinto en el futuro

El ingeniero Preston Chiaro, director de Tecnología e Investigación en el grupo australianobritánico Rio Tinto, pronunció el 22 de septiembre de 2010 en Madrid una conferencia con el sugerente título "Rio Tinto´s mine of the future".

Lo hizo en inglés.

Está demostrado el respeto reverencial que los españoles, en especial los técnicos, dispensaron históricamente a quienes les hablan en inglés, seguramente por el esfuerzo que representó y representa para la mayoría el fijar la atención en lo que les están diciendo, de manera que entenderles es ya un triunfo.

El Sr. Chiaro no defraudó a los asistentes. Su inglés americano es claro, los datos que maneja son precisos, y su enfoque resulta global, pragmático y ambientalista sin recovecos.

Por eso, lo que dijo en una hora, -en el auditorio de la Fundación Gómez Pardo, invitado por el Colegio de Ingenieros de Minas de Centro, ante una audiencia de unas treinta personas-, resultó, a la vez que revelador acerca de lo que piensa sobre la minería del futuro uno de los grupos mineros más importantes del mundo, básico para entender las claves de la minería del presente.

Lo definió el ingeniero Preston en cuatro pinceladas.

Estamos ante un crecimiento de la demanda de productos minerales sin precedentes, con la mayoría de las explotaciones maduras o agotadas en los países desarrollados, obligados a profundizar más y a transportar más lejos minerales con menores leyes, y/o a tratar mineralizaciones complejas, todo ello con el objetivo insoslayable de causar "daño cero" (zero harm) a personas y ambiente, y lidiando con restricciones crecientes en los recursos energéticos, tanto por la necesidad de controlar el cambio climático como por la inseguridad en los precios de las fuentes.

En este contexto, la minería mundial está esperando aún el gran salto cualitativo. Emplea equipos más grandes, más capaces, para extraer, tratar, lixiviar o fundir.  Es capaz de profundizar más hondo o mover en menos tiempo más material. Pero las mejoras se miden en incrementos de porcentaje, y es necesario "to improve the rates by factor 2 or 3".

El grupo Rio Tinto está en esa línea que solo puede seguir una compañía multinacional, con grandes recursos y visión global. En 2007 adquirió Alcan y se convirtió en la mayor productora de aluminio. Posee el 30% de Mina Escondida Ltda., en Chile, la mayor mina de cobre del mundo. Está, desde luego, detrás del fenomenal impulso tenido por la minería china (en 7 años un recorrido mayor que en los 35 precedentes).

El ingeniero Chiaro habló de que en los próximos 10 años, el grupo Rio Tinto necesitará contratar 150.000 nuevos empleados. No se cortó un pelo en definir el perfil: fundamentalmente ingenieros, mecánicos, eléctricos y electrónicos, programadores, informáticos, expertos en nuevas tecnologías, poseedores de habilidades y conocimientos avanzados, dispuestos a trabajar en Africa, Sudamérica, Estados Unidos o China, con conocimientos de lenguas extranjeras como el chino, el español, el hindú,...

Tenemos que mejorar nuestra "own ingenuity", dijo Chiaro. Estupendo ejemplo, por cierto, del riesgo de las traducciones mentales literales, porque no estaba apelando el ingeniero ambientalista a nuestra capacidad para rescatar al salvaje interior -nuestra "ingenuidad"-, sino en nuestra intensidad para aplicarnos en emplear la imaginación y la técnica a resolver los problemas y los desafíos con que estamos confrontados -nuestro "ingenio".

Sobre las piernas y su valor publicitario

Sobre las piernas y su valor publicitario

Reconocemos que íbamos a dedicar este comentario a las piernas femeninas, esa parte de la anatomía del cuerpo de las bípedas humanas en la que la moda actual ha basado lo fundamental de la capacidad de atraer la atención, en principio, del sexo contrario.

La imagen de la inolvidable pretty woman Julia Roberts, presentándose en el Festival de Cine de San Sebastián a recoger el premio a su carrera, con una minifalda de las que se ha dado en llamar (estúpidamente, desde luego) "de vértigo", constituía una referencia actual al respecto de la importancia de enseñar unas bonitas piernas.

También habría que referirse a la obsesión por presentar un cuerpo atractivo que es común a princesas, cónyuges de políticos relevantes, ministras y sus alternativas democráticas o no, empresarias, directivas y empleadas. Nadie podrá negar -en su sano juicio varonil- que la moda de los minipantalones y las minifaldas (especialmente si son lucidas por las jóvenes ejemplares de la raza humana- ha alegrado la vista este verano, que acabamos de despedir.

Pero las piernas masculinas también son importantes en muchas conversaciones, incluso de tipos que presumen de pelo en pecho y de que, en caso extremo, no dejarían que un pelo de gamba atravesara otro orificio de su anatomía que no fuera el previsto para la ingesta, pero que no pueden evitar -a lo que parece- preocuparse por el estado de las piernas de Ronaldo, Messi, Iniesta, Nadal y muchos otros deportistas que ocupan un espacio excesivo en las preocupaciones triviales de una parte nada despreciable de los espectadores deportivos.

Ah, pero nuestras piernas son también muy importantes, y no las utilizamos tanto como debiéramos. Hoy, día 22 de septiembre de 2010, es el día internacional sin coches. Por los datos, no le hemos hecho mucho caso a la celebración. Hemos sabido, y constatado personalmente, que seguimos yendo al trabajo con importante uso del transporte privado.

Las piernas de todos, femeninas como masculinas, exigen darles más publicidad, para que se tome consciencia colectiva del que es su oficio principal: caminar, andar, servir para desplazarse. Que, además, algunas sean bonitas o fuertes es un complemento, no un fin en sí mismo. Y lo que nos ahorraríamos en energía, en importación de combustibles fósiles, en enfermedades coronarias, ni se sabe

Sobre la vida como espectáculo de variedades

Parecería imposible clarificar las prioridades, bajo la presión de tanta información disponible, y tan variada.

¿Cómo decidir si es más importante la lesión de Messi debida al patadón de un colega enrabiado que las inundaciones con muertos en Croacia o en Bangladesh, quien sabe si atribuíbles al cambio climático?

¿Atraerá más atención la visita del Papa católico al Reino Unido, incluídas sus prudentes elucubraciones sobre la afición pederasta de alguno de sus lugartenientes o será preferible situar en primer plano la foto quesloqueimporta del presidente Zapatero dándose un apretón con el hijo de Hassan II?

¿Será cosa de poner a caldo ese períódico tenido por serio cuando elogiaba la transición española a la democracia (o hacia lo que fuera) y vituperable ahora por  comparar a las ministras españolas con las velinas del presidente Berlusconi?

¿Podrá ser más interesante seguir contando las interioridades morbosas de la vida de unos mineros secuestrados por la mala suerte en una mina chilena o habría que poner una pincelada más sobre el holocausto irakí a la mayor gloria de la desfachatez internacional?

¿Querrá alguien que se le ilustre mejor acerca de los miles de personas que se mueren de desnutrición, cada día, en Etiopía o preferirá conocer la alineación del Barça o del Athleti de mañana?

¿Habrá que mostrarse en contra de la petición de condena a muerte del bloguero iraní Husein Derajshan, de la lapidación por adúltera de su santa compatriota Sakineh Ashtianí -injustificable, Alá y sus ayatohlas nos perdonen la intromisión, incluso aunque fuera ella quien hubiera ordenado estrellar aviones contra las Twin Towers-, o será más apropiado presentar el dramatismo del temperamental rechazo a un silo nuclear por cualquier ciudadano que se precie de practicar devotamente la filosofía nimby?

Son demasiadas opciones, para elegir sin titubeos las que pueden llamar mejor nuestra atención de espectadores. Porque, para qué darle más vueltas, a la hora de decidir acerca de las prioridades, actúan/actuamos como si la vida fuera un espectáculo de variedades.

Sobre la responsabilidad de los mineros del carbón españoles

Ya todo el mundo sabe que el carbón español es comparativamente caro. También, que los mineros se jubilan pronto, porque los años de cotización a la Seguridad Social les cuentan doble y, como la mayoría han empezado muy jóvenes el curro, con cuarenta y dos o cuarenta y cuatro se van para casa con el sueldo íntegro.

Puede que bastante gente sepa, también, que desde principios de los ochenta del siglo pasado se viene hablando de una reconversión imprescindible en el sector del carbón europeo.

No se considera la producción de carbón propia de interés estratégico -existen otras fuentes de producción energía primaria que conceden incluso mayor autonomía-, las centrales térmicas funcionan mejor y con menos contaminación con carbones importados y, repitámoslo hasta la sociedad, extraer hulla y lignito de minas subterráneas, muchas de ellas con capas verticales o subverticales de difícil mecanización es mucho más caro que importar el material de Estados Unidos, Sudáfrica, Colombia, Polonia, Canadá o Australia...

Hace 20 años que se viene reduciendo, siempre con resistencia, pero inexorablemente, la producción de carbón nacional. El número de empleados en el carbón ha quedado reducido a la cuarta parte. En las regiones afectadas (fundamentalmente, Asturias y León, aunque, también, Palencia, Jaén y Barcelona, entre otras), se habla desde entonces de "reconversión": creación de puestos de trabajo alternativos para mantener la actividad que se ha perdido en la zona.

Mientras aún no se ha tomado decisión respecto al mix energético más conveniente, se discute sobre la peligrosidad o conveniencia de la energía nuclear, España se ha convertido en uno de los países con mayores importaciones de carbón térmico de la UE (al nivel de Países Bajos, Reino Unido o Alemania); en un mercado con precios rampantes, se autorizan centrales de ciclo combinado sin sentido, se subvenciona energía eólica o solar sin tener en cuenta el desarrollo investigador nacional y a quiénes van a parar los subsidios;...; mientras sucede eso, todo el mundo parece estar de acuerdo -salvo los mineros y algún portavoz con dejes nostálgicos sobre lo que fue y no pudo ser- en que el carbón nacional no tiene futuro.

Ya es hora de decirlo muy alto, de repetirlo una otra vez. Los mineros del carbón españoles no tienen ninguna responsabilidad por la situación, ni la de ahora ni la de antes. No hacen más que defender sus puestos de trabajo y, porque lo saben muy bien, porque lo sufren en sus comarcas, denunciar la escasa eficacia de las medidas arbitradas para crear puestos de trabajo alternativos en las cuencas.

Y, como no tienen otra capacidad de decisión, ni saben qué otra cosa podría hacerse y pensando en no poner más dífícil el pan del futuro para sus hijos, prefieren seguir sacando piedras, y que les paguen por ello, sin que les importe un comino lo que se haga con ellas. El del carbón es un monumento a nuestra incapacidad colectiva para encontrar soluciones y nuestro apego formal a dar gritos y armar barullo sin tomar decisiones.

Sobre la aconsejable contención de los ímpetus atrabiliarios

Los comportamientos atrabiliarios (es decir, destemplados y violentos) siguen estando en el orden del día de los que ven agotados sus argumentos, aunque el vocablo para definirlos haya caído en desuso o esté siendo mal utilizado (por ejemplo, en "medidas atrabiliarias", creyendo significar, injustificadas o arbitrarias).

Lo atrabiliario es inadecuado, impropio, y está fuera de lugar, no por su propia naturaleza, sino porque demuestra que quien utiliza este recurso ya no tiene más.

En una negociación, para ser atrabiliario, no hace falta dar el puñetazo encima de la mesa. Basta con levantarse de la reunión, y afirmar que se han agotado las posibilidades de entendimiento, porque el otro (o los otros) no tiene nada que ofrecer.

Cuando se anuncia una huelga general -que lo será, por supuesto, siempre por parte de los que ponen en el mercado de la producción sus capacidades y habilidades individuales- es inevitable hacer una valoración de hasta qué punto se ha dado suelta a los impulsos atrabiliarios.

Ya en otras ocasiones hemos expresado que las huelgas -particulares como generales- castigan, sobre todo -y casi únicamente- a los usuarios, a los clientes de la empresa o institución que deja de ofrecer el servicio o fabricar el producto. Convierte a éstos en rehenes de una causa que no es la suya, haciéndolos escudos humanos, paganinis y víctimas de una relación en la que no son parte y sobre cuyo control carecen de capacidad de decisión.

La huelga será un derecho de los trabajadores -¿cómo discutirlo, si está reconocido hasta constitucionalmente?- pero hay mucha tela que cortar al respecto de su ejercicio.

Los convocantes, que son hoy día prácticamente en exclusiva los sindicatos, debieran tentarse bien la ropa antes de lanzarla. Y, si se deciden a hacerlo, mucho más deberían analizar si lo hacen por objetivos en defensa de las trabajadores -y de cuáles, y porqué-, si siguen "posiciones de izquierda" -cuya exclusiva no la tiene hoy el mundo del trabajo-, o si, en realidad, son víctimas de la enfermedad senil del izquierdismo.

La "enfermedad senil" del izquierdismo consiste, en nuestra modesta opinión, en despreciar el conocimiento de cómo se tejen actualmente las relaciones económicosociales y exigir medidas que no son viables, y que, por tanto, no se desea que se tomen, porque lo único que se pretende es tensar la cuerda pero sin ánimo de que se rompa.

Conseguir, en fin, un "efecto demostración", una exhibición de que "estamos ahí", sin más ánimo que tocar un poco los chirimbolos, meter bulla, sacar la charanga de los bombos y platillos es dar a la huelga un fin espurio.

Porque la convocatoria de una huelga tiene que tener, siempre, claro el objetivo. No puede ser, por supuesto, indefinida, y tampoco debiera ser "general", porque no hace falta demostrar que si nos paramos todos, nos caemos.

Ha de reducir al mínimo el perjuicio para terceros, no ha de poner en peligro el sistema productivo, no ha de ser utilizada para pretender algo que no tenga que ver con el ámbito de acción de los huelguistas.

No son, en este momento de crisis, los que tienen trabajo quienes más sufren las consecuencias. Son quienes no lo tienen -¿por qué hará falta decirlo?-. Y no van a tenerlo más fácil si los asalariados (y, especialmente, los liberados sindicales) pretenden "presionar al Gobierno" para que "cambie el objetivo de su política económica".

¿Me lo repita? Hasta ahora, lo que parecía es que los sindicatos demostraban su desacuerdo con aquellas de las medidas adoptadas que han supuesto, en puridad, la congelación o reducción (mínima) de las nóminas. Hemos oído de sus representantes críticas acervas respecto a un empresariado supuestamente egoísta, insolidario, corrupto, que parecían extraídas del túnel del tiempo. 

No vendrá mal recordar que una posición beligerante del mundo del trabajo frente al empresariado, además de injusta, es contraproducente. Al pequeño y mediano empresario no hace falta una huelga para enseñarle lo que significa esta crisis.

Y para la gran empresa, esa que tiene sus tentáculos por todo el planeta, no va a estimular su capacidad inversora. Ese capital, sí, sabe jugar bien a lo global y no tiene empacho alguno en escaparse por la puerta de atrás y poner el dinero en otros países en donde la mano de obra sea más barata y menos contestaria, y la legislación más tolerante.

La huelga general en España por parte de los sindicatos el 29 de septiembre de 2010, de llevarse a cabo, será atrabiliaria.

Por destemplada y por violenta. No estamos, al manifestarnos así, a favor del gobierno ni en contra de los sindicatos. Expresar una opinión sobre una actuación no puede extrapolarse a todo el lucernario.

Estamos del lado de los pragmáticos; una fracción, tal vez minúscula, de los que tratan de analizar los efectos y los fines y no están obsesionados con dar brillo a los instrumentos que producen la algarabía. 

Sobre el mérito de saber pasar desapercibido

Pasar desapercibido es muy fácil; saber hacerlo, es un arte, un trabajo, un mérito.

Cuando hay cientos, miles de personas que hacen lo mismo que nosotros a cada instante, millones con idénticas preocupaciones y propósitos, confundirse con ellas, de manera que un observador sea incapaz de destacar a nadie, porque todos le parezcan absolutamente indeferenciables, es una consecuencia natural de la similitud.

En la naturaleza, podemos encontrar situaciones en las que algunos depredadores (por ejemplo, tiburones) escogen al azar sus víctimas. Moviéndose con violencia desde dentro del banco de arenques, sardinas o caballas, la salvación de éstas no será consecuencia de ninguna posible estrategia individual, da igual lo que corran, bullan o molesten, sino que dependerá de su suerte, de la casualidad.

No parece ser ese el escenario habitual: los carnívoros suelen preferir seleccionar a los más débiles, las crías recién paridas, los ejemplares viejos o enfermos.

Entre los seres humanos las cosas son bastante diferentes, porque hace tiempo que no nos comemos unos a otros. Pero como existen grupos dominantes y dominados, la cuestión de pasar o no desapercibido cobra significado.

Para entrar en los grupos de poder, junto a la condición mayoritaria de tener avalistas o la muy estrambótica del mérito, una puerta bastante ancha es la de saber pasar desapercibido.

No significarse, no presentar polémica, no aportar idea alguna: limitarse a sonreir, estar presente, aguantar. Llegará un momento en que, desaparecidos todos los competidores que hubieran creído que la actividad, la propuesta de ideas, la voluntad de mérito, en suma, les abriría la entrada a la élite, se encontrarán en la primera fila y serán laureados.

Así se explica que, junto a los que toman decisiones en su conveniencia, en muchos centros de poder, que deberían ser foros de discusión y polémica, haya tantos ineptos, ineficaces, torpes de solemnidad, que asistirán callados, vacíos sus cerebros, apocadas de inactividad las mentes, a reuniones y cónclaves en los que avalarán con su silencio cómplice el festín de los verdaderos depredadores.

(Este Comentario no hace justicia a aquellos, que no serán pocos, que se esfuerzan en pasar desapercibidos, no para conseguir prebenda alguna, sino porque han decidido vivir sin ambiciones.

No importa si desengañados como consecuencia o a priori, cautos por convicción o por naturaleza, se han vuelto agnósticos para todo lo que pueda conseguirse, y, salvando sus muebles, andan solo ocupados en lograr que otros no les quiten el sol; y, sobre todo, que no les hagan daño, les dejen tranquilos en su tonel, esquivándolos como pueden, los muchos tocapelotas, enredadores, gañanes, matones, como andan por ahí escaciplando sin propósito o importunando sin razón, especialistas en dar pellizcos, pescozones y pataditas a los pacíficos, encontrando mérito y disfrute en sacarlos de sus casillas).

Sobre racismo e integración: Matar en Avilés

Matar es el nombre de un senegalés que llegó hace 4 años a España, en un cayuco. Hoy tiene una tienda de artesanía en Avilés (Asturias), está esperando un hijo de una española, habla casi perfectamente español, conoce y es apreciado por un montón de gente, y, sobre todo, es feliz y hace feliz a los que le rodean; su suegra dice de él que "es un encanto" y le prepara paellas, que es un plato "parecido a la cocina de allá".

Hemos descubierto a Matar gracias al programa de TVE1 "Destino España" (Extranjeros en España), que se emitió el 13 de septiembre de 2010. Es un joven alto, bien parecido, inquieto, jovial, inteligente.  Explicó algunas cosas de la  villa avilesina como si hubiera nacido allí, paseando su cuerpo de atleta vestido de colorines ("los españoles tienen vergüenza de vestir así") y saludando a diestro y siniestro.

Matar es un ejemplo de integración en corto plazo, pero lo es también de muchas otras cosas. Mientras algunos prefieren imaginar a los negros de Africa cubiertos con taparrabos y persiguiendo leones con una lanza por la pampa o se los encuentran simplemente como un obstáculo molesto en la acera con una alfombra de dvds pirateados, hay otras personas que se esfuerzan en ayudar a quienes han tomado la decisión de arriesgar su vida para venir a esta tierra prometida para ellos.

Aunque la cuestión principal no es qué hacer con los inmigrantes, vengan o no en cayucos, sean senegaleses, gitanos rumanos o ecuatorianos. El asunto es que, como demostró Matar y lo hacen miles de extranjeros ante nuestras narices, y lo han conseguido también miles de españoles por el mundo (hace siglos y hoy mismo), no hay situación de crisis suficientemente grave, no hay dificultades que sean insalvables, no hay situación de partida por desgraciada que sea que no pueda superarse, no hay obstáculo que pueda vencer la voluntad de triunfar de un hombre.

Matar, hace cuatro años, no tenía absolutamente nada. Llegó a una tierra en donde sus habitantes hablan de la crisis, del agotamiento del modelo, de paro y desilusión, y empezó una nueva vida en cuatro años con los mimbres del cesto que otros hubieran arrojado a la basura.

Senegal es uno de los países más atrasados de la Tierra. No es exactamente un país pobre: tiene recursos pesqueros, atractivo turístico, ingentes reservas de mineral de hierro (cuya explotación estaba sirviendo a Arcelor-Mittal para instalar allí una de las mayores siderúgicas del mundo, operación suspendida hace un año "debido a la crisis mundial").

Como otros países de Africa, Asia (Europa y América), sus mejores gentes solo necesitan que les devuelvan las cañas de pescar que les quitaron, y algún compansivo les enseñe a manejar los carretes y le presten algo de cebo que enganchar en el anzuelo de su imaginación. 

Sobre la crisis del sindicato UGT y otras sugerencias

El otrora respetable (y respetado) sindicato UGT ha dado un paso importante hacia el abismo, ese agujero sin fondo al que la evolución condena los artilugios que han dejado de ser útiles.

No es un problema único de la Unión General de Trabajadores -escrito así, con su denominación completa, resaltan aún más las incongruencias entre lo postulado y lo conseguido-. La defensa de los intereses del colectivo de currantes sigue siendo sustancial.

El problema es que un sindicato moderno no puede seguir pensando, como se entendía hace dos siglos, como denunció en su momento la inteligencia superdotada de Karl Marx, que el empresario es el enemigo.

La imagen que ha decidido presentar públicamente la UGT para, según opiniones expresadas, "calentar motores" para animar a la población activa española a abandonar sus poltronas de comodidad y participar en la huelga general, convocada para el 29 de septiembre de 2010, es desacertada, añeja e irreal.

Los vídeos en los que se presenta una empresa de chicha y nabo, en la que los teóricos currantes viven atemorizados, no tienen ni pajolera idea de lo que se fabrica o se hace en el tenderete empresarial del que, al parecer, cobran, (en el que no dan ni clavo ni palo al agua) y en el que un fulano con cretinismo evidente, presentado como empresario, su representante o jefe del clan, deja clara su incompetencia esférica, su imbecilidad  sádica y su chulería mangante, careciendo de media torta intelectual o física, son miserables.

La interpretación de David Fernández, Chiquiliquatre, no defrauda. Es un buen actor, un cómico de garra. Los demás actores, cumplen, representando como pueden su minimalista papel caricaturesco, conscientes, seguro, de que sus personajes denigran también a los trabajadores.

Pero el guión hace un flaco servicio, no ya al entendimiento social, ni menos a la comprensión de la crisis, sino a la valoración de la inteligencia de quienes toman decisiones en UGT. El enemigo hace tiempo que dejó de ser el empresario, compañeros, y menos el pequeño empresario.

El enemigo está dentro. Sirve aquello de los defensores del cuartel de Simancas: Disparad sobre nosotros. El enemigo se ha colado en el campamento y la confusión entre los que van o vienen, atacan o defienden, trabajan o estudian, ninis y tutis, reina en la plaza. 

(Nota; Los ninis, son, en denominación que se va imponiendo, los que ni estudian ni trabajan -pasotas de nuestra sociedad carcomida-; los tuti serían aquellos que, antes que pasar hambre, y faltos de virtuosismo, aguantan con lo que les echen (hace referencia a los que están, en la orquesta, en los lugares no preminentes de la fila de viola, chelos o violines)

Sobre las fuentes y sindicaciones web y las barbas del vecino

El problema, grave, de la proliferación indiscriminada de centros de información digital -páginas web, blogs, centros de servicio y documentación públicos y privados, generadores de spam y virus, junto a las redes de contactos (profesionales, de amigos, sexuales, de políticos, o, simplemente, de captadores de datos), etc.- viene exigiendo sistemas que pongan orden en el caos.

Los sindicadores son tenidos, a pesar de sus dificultades, como una manera de generar pirámides de eficiencia, veracidad y autoridad en la red. De entre ellos, los dos más usados, son, todavía, el Google Reader y Bloglines.

El anuncio de que Bloglines a partir de octubre de 2010 dejará de prestar su servicio es una mala noticia.

Los RSS (apócope de los RDF Site Summary o Rich Site Summary), utilizan el formato XML para realizar esta sindicación, palabro que significa el compartir contenidos en la web, y que pueden ser seleccionados por sus suscriptores de acuerdo con las preferencias del usuario, creando fuentes de contenidos que proporcionan información actualizada.

Mark Fletcher, el fundador de Bloglines, anuncia desde Ask.com la desaparición de Bloglines, sepultado por la fuerza de las redes sociales, tipo Twitter y Facebook.

Es una mala noticia, porque estas redes sociales en especial, se han convertido, más que en difusoras de información relevante, en intoxicadoras, por la proliferación de mensajes y enlaces (links) a blogs y centros de noticias con mensajes inanes, contenidos falsos, u opiniones interesados, adulterando el concepto imprescindible de separar lo útil de lo publicitario y de lo estéril y, particularmente, de lo erróneo.

Es imprescindible disponer de herramientas que, al margen de la posibilidad excelente de seleccionar el grupo de internautas (y centros de información) que interesan a nuestra actividad o negocio (o, simplemente, a nuestro placer intelectual de estar bien informados y por gentes de confianza), ofrezcan la opción de priorizar unas fuentes sobre otras.

Y en la red confluyen ya demasiados intereses, excesivos torpedos no identificables con seguridad que afectan a la seriedad, honestidad y eficacia de lo que se difunde.

Seguramente no es cuestión que pueda resolverse con legislación (el Ministerio de Cultura anda dándole vueltas a incorporar en esa Ley-engendro de la Economía Sostenible, disposiciones sobre la piratería y la defensa de los derechos de autor). Hay miedo por parte de algunos profesores universitarios, investigadores, técnicos cualificados y científicos, a exponer sus doctrinas, hallazgos e ideas en la red.

Pero lo necesitamos. Es urgente poner orden y cualificación en la red, con respeto a los derechos de autor (si el autor no hace cesión de ellos al publicar sus trabajos), o, en otro caso, con la generación de herramientas de sindicación que no estén abiertas a cualquiera, sino que supongan el pago de un peaje como usuarios y exijan una validación y permitan una remuneración a quienes hayan ofrecido sus valiosos conocimientos y desean que se les reconozca económica y científicamente su trabajo.

Sobre las leyes del deterioro progresivo

Preocupados los físicos teóricos por encontrar una gran explicación al cosmos y su evolución, los que nos movemos con los pies en la Tierra -no por más inteligentes, voto al chápiro verde, sino por pura necesidad-, lo que advertimos es su deterioro.

El asunto del deterioro no tiene que ver con ningún principio de la Termodinámica (al menos, de los descubiertos hasta ahora), pero resulta de lo más inquietante, porque, aparentemente al menos, rige nuestra existencia y la de todo bicho viviente.

El deterioro es la degradación de lo que entendemos por estado perfecto de un ente, y puede venir provocado por acción de agentes externos o por la evolución natural del mismo.

De entre todas las formas de deterioro, nos interesa reflejar hoy la modalidad de deterioro progresivo, que sería aquel en el que el cambio resulta apenas perceptible, por realizarse, no a saltos, sino suavemente a lo largo del tiempo.

Los seres vivos nos encontramos en el reducto de actuación del deterioro progresivo, que es, a veces, visitado por el deterioro brusco, que aparece después de una enfermedad grave, una operación, un accidente, y que, una vez instalado en nosotros, es prácticamente imposible de erradicar, al menos, a partir de cierta edad.

Cuando estamos ausentes de un lugar durante algún tiempo, al volver a él descubrimos, en las personas -y cosas, especialmente en el paisaje- los efectos terribles que ha causado el deterioro progresivo.

Aquel a quien admirábamos por su belleza es hoy un amasijo corpóreo de pieles arrugadas; el ágil atleta se ha convertido en un anciano en silla de ruedas; el río al que alborotaban piscardos y caballitos del diablo, ha devenido una cloaca infecta.

Las leyes del deterioro progresivo son, desde luego, función del tiempo, aunque la curva que las representa es casi plana; es imperceptible para el que lo sufre en sus carnes o en su entorno, pero, a partir de un cierto nivel, se instala definitivamente en la retina, y convierte a su portador en un despojo.

Actuando sobre nuestro microcosmos, estas leyes de naturaleza aún bastante ignota, parecen contradecir las teorías acerca de cualquier expansión infinita del Universo, pues nos llevan a pensar que todo lo vivo avanza, lenta, inexorablemente, hacia su involución, allí donde la mierda.

Los principios generales que rigen el deterioro progresivo, deducidos de la apreciación empírica, podrían enunciarse así:

"Todos los seres vivos evolucionan de forma natural hacia su deterioro;

Todos los elementos físicos no naturales que son abandonados, se deterioran en poco tiempo;

El ser humano posee una predisposición natural a propiciar el deterioro de lo que no le pertenece;

No hay ninguna ley ni norma que pueda conseguir eliminar definitivamente el germen del deterioro, que es un endemismo del hábitat del hombre".

 

 

Sobre la habilidad para escurrir el bulto

Como indica el cuento, en ese suculento plato que son los huevos con chorizo, la gallina colabora y el cerdo se compromete.

El trabajo de ambos animales resulta sustancial para conseguir el sublime efecto culinario, pero hay que lamentar que el cerdo no pueda estar presente para saborear su éxito en esta faena (y en las sucesivas, mientras dure su mondongo), en tanto que la gallina seguirá siendo testigo, y los adornará con sus cacareos, de las jornadas inolvidables que proporcione a sus admiradores.

Por supuesto, la misma naturaleza de sus aportaciones hace que en el mundo vayan quedando únicamente las gallinas, que serán las únicas capaces de rentabilizar los efectos de la combinación. Quizá, en momentos de éxtasis, tengan un recuerdo para los suinos fallecidos en la batalla; después de todo, ya no son competidores.

Miramos enrededor, y encontramos que cada vez son menos los que arriesgan poner toda la carne en el asador. Contrariando su expresada voluntad de compromiso, a la hora de la verdad se contentan con aportar los adornos, y, haciendo alarde de lo mucho que les cuestan, de tarde en tarde ponen el huevo.

Eso sí, no se olvidan de cantar las victorias como si fueran todas suyas, atribuyendo los fracasos y errores a los difuntos y ausentes. 

Tenemos que decir, sin embargo, que aunque nos resulte comparativamente detestable, las gallinas no son, en puridad, las que merecen reprobación. Los abyectos son quienes, después de haber presenciado el espectáculo de los esfuerzos ajenos, se comen la fritura y, para encima, se marchan sin pagar el plato roto, escurriendo el bulto como sierpes.

N.B. En la política y en la empresa, se dan claros ejemplos de cerdos y gallinas (con perdón). Pero lo que más abunda, son los que jalean, miran, no se definen ni por unos ni por otras, y esperan pacientes para alinearse raudos con las gallinas, una vez que el sacrificio -inmolación sacerdotal o suicidio- se consuma)