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Al Socaire de El blog de Angel Arias

Ingeniería para AES. Representación de figuras tridimensionales en el papel

Ingeniería para AES. Representación de figuras tridimensionales en el papel

Quizá una de las formas más simples de distinguir a un ingeniero de otras profesiones, es pedirle que dibuje un cubo o un casquete esférico en una hoja de papel. La representación correcta en un espacio de dos dimensiones de una figura tridimensional, incluso tan elemental como éstas, supone conocimientos de dibujo técnico que no forman parte de la formación de muchos.

La vinculación con el papel de los ingenieros es clásica. Pocos podrán sustraerse, si se ven en la necesidad de explicar algo, a dibujar un esquema en una hoja de papel. Puede ser una servilleta, una cuartilla, un trozo de celulosa arrancado a una agenda. La representación gráfica es un medio de expresión consustancial al ingeniero, que suele ser parco en palabras.

Por supuesto, habría que indicar de inmediato que quienes más contacto tienen con la representación, dentro del mundo de las profesiones técnicas, son los arquitectos. Pero hay una diferencia especial entre los dibujos de los arquitectos y los de los ingenieros, relativamente fácil de detectar, incluso para el profano. El arquitecto da más importancia a la línea; el ingeniero concede el mayor valor al concepto que trata de hacer entender.

La afirmación anterior puede despertar la protesta airada de un colectivo respetabilísimo, que se ha acostumbrado, con el paso del tiempo, al trabajo en perfecta cohesión con los ingenieros, que es el de los arquitectos. Si se quiere dar su mérito a los arquitectos, póngase a ambos profesionales a dibujar la proyección de una escalera; el ingeniero apenas si habrá trazado el primer peldaño, mientras que el arquitecto ya estará dibujando las barandillas.

El imperio de la línea en la arquitectura es omnipresente. Uno de los más famosos arquitectos, aún vivo en el momento en que redacto estas líneas, reputado genial diseñador del Centro Cultural de Avilés que lleva su nombre, Niemeyer, lo pergeñó sobre una servilleta de restaurante, pero (y confío en que no me lo desmienta el venerado Oscar Niemeyer) con solo el abocetado de una línea curva.

Otro magnífico arquitecto, Santiago Calatrava, ha ideado bellísimos puentes cuya sustentación es un elemento secundario, algo que resulta difícil de comprender para un ingeniero-tipo. Cito, por último, como un ejemplo más de la distinta liga técnica en la que se diría que militan ambas profesiones, que Rafael Moneo, distinguido como académico de número de la Real Academia de Ingeniería, no había asistido (según la Memoria de Actividades de 2007, que es la que tengo a la vista) a ninguna de las 93 sesiones plenarias que tuvieron lugar desde su fundación. (1)

Los ingenieros han estudiado a fondo múltiples sistemas de representación gráfica (incluidos el sistema cónico y la proyección estereográfica, de aplicación restringida) pero, sobre todo, se han imbuído de métodos de cálculo estructural.

Puede que los hayan olvidado, por falta de práctica, pero han debido superar duros exámenes en los que se les compelía a resolver estructuras, expresión del argot técnico por la que debían deducir, con cuatro datos y unos mallados, momentos y esfuerzos cortantes, flechas, pesos máximos y mínimos sobre vigas, zapatas o forjados, incorporando al papel múltiples resultados y coeficientes misteriosos para el profano que recibían los nombres de tensiones de cizalla, torsores, coeficientes de rigidez, juntas de dilatación, etc.

No pretendo ofrecer un curso rápido de cálculo estructural para abogados y economistas (y, líbreme Dios, aún menos para arquitectos), sino llamar la atención sobre algunas cuestiones relativas a la interpretación de planos, haciendo alusión a los posibles casos que puedan aparecer, eventualmente, sobre la mesa de los profesionales a los que va dirigido este Manual.

La representación más habitual con la que se encontrarán es la de la planta de un piso o chalet. Deberán fijarse, ante todo, en la escala, esto es, la relación entre las dimensiones reales y las representadas. En pocos casos, figurará en el propio plano, con una expresión del tipo 1:50, por ejemplo. Esto quiere decir que 50 decímetros (dm), metros (m) o kilómetros (km) reales se representarán en el plano, respectivamene, como 1 dm, 1 m o 1 km. A partir de ahí, será fácil calcular, en sus dimensiones reales, la superficie del piso, de una habitación o de las zonas comunes.

Una pequeña complicación aparece, sin embargo, debido a la facilidad con la que las fotocopiadoras, incluso las de uso casero, hacen reducciones de planos grandes: Ees muy posible que lo que tenga entre manos sea una reproducción en la que, o bien no esté visible la escala, o esta haya quedado desvirtuada por la fotocopia.

Si esto es así, ha de hacerse la conversión de escalas, realiando pequeños cálculos. Pongamos el caso de que se ha dispuesto originalmente de un plano en dimensión A1 (594x841 mm), en la que todo estaba dibujado a escala 1:100, y se ha hecho la reducción a una hoja de papel A4 (297x210), que es lo que tenemos entre manos. ¿A cuánto equivale ahora 1 cm del dibujo original? (1)

La respuesta inmediata sería: "No tengo ni idea" o "No me interesa lo más mínimo, no voy a comprar ese piso". Pero existen otras, y una es la correcta.

Supongo que el lector conocerá que las dimensiones del papel normalizadas con la letra A están definidas de forma que cada una contiene dos hojas de la siguiente; así la A3 contiene dos A4 y, por tanto, la A1 contiene 8 hojas de A4. Pues bien, la reducción de A1 a A4 es aproximadamente del 35%, puesto que la relación de superficie entre un formato y el inferior es de raiz cuadrada de dos (1/1,414 es decir, el 70,71%) y 70,71*70,71*70,71 (reducción de A1 a A4) es igual a 35,35.

Tenemos, entonces, que 1 cm del plano original a sido reducido a 0,35 (aproximadamente, la figura se ha reducido a una tercera parte)

Para otras conversiones, resulta muy útil la tabla siguiente:

 

fromto A0 A1 A2 A3 A4 A5 A6 A7 A8 A9 A10
A0 100%71%50%35%25%18%12.5%8.8%6.2%4.4%3.1%
A1 141%100%71%50%35%25%18%12.5%8.8%6.2%4.4%
A2 200%141%100%71%50%35%25%18%12.5%8.8%6.2%
A3 283%200%141%100%71%50%35%25%18%12.5%8.8%
A4 400%283%200%141%100%71%50%35%25%18%12.5%
A5 566%400%283%200%141%100%71%50%35%25%18%
A6 800%566%400%283%200%141%100%71%50%35%25%
A7 1131%800%566%400%283%200%141%100%71%50%35%
A8 1600%1131%800%566%400%283%200%141%100%71%50%
A9 2263%1600%1131%800%566%400%283%200%141%100%71%
A10 3200%2263%1600%1131%800%566%400%283%200%141%100%

Si el AES, con estas sencillas explicaciones, no es capaz de entender nada o casi nada, podrá considerarse al mismo nivel de conocimientos en esta materia que un ingeniero típico.

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(1) Estas aparentemente curiosas dimensiones son debidas a que se eligió como base una hoja rectangular, para el formato A0, tal que tuviera 1 m2 de área y en la que se cumpliera la condición de que la relación entre la altura y la base fuera raiz cuadrada de dos. Esta relación entre los lados del cuadrado (1,4142) se cumple para todos los formatos, que son por tanto, siempre, 141% mayores en superficie que el que tiene el número de orden inmediatamente superior (A3 respecto a A4, por ejemplo) y un 71% más reducidos que el de orden inmediatamente inferior (A2 respecto a A1, por ejemplo).

Naturalmente, aunque estas medidas son las fijadas por la norma ISO existen otras normas que establecen relaciones y medidas distintas, contribuyendo, en mayor o menor medida, a la confusión que genera la especie humana en cualquier sector en el que pretende generar una norma universal.

Nota aclaratoria.- En la figura, en el ángulo superior izquierdo, la servilleta de Niemeyer (o algo parecido). El resto, diversas hojas de cálculo estructural correspondientes al trabajo de empresas proyectistas, formadas, básicamente, por ingenieros calculistas.

(1) Fue, no habría que dudarlo, el único de los Académicos con este comportamiento.

Ingeniería para AES. Fiabilidad. Interpretación de la curva de la bañera.

Ingeniería para AES. Fiabilidad. Interpretación de la curva de la bañera.

La experiencia demuestra que la probabilidad de que un equipo o aparato eléctrico o electrónico recién comprado falle al conectarlo a la corriente es relativamente alta.

Aunque no hay que dudar que el fabricante haya realizado los controles de calidad adecuados (al menos, si el producto fue fabricado en China y ensamblado en algún país de Centroeuropa), hay que estar preparados para que la tostadora, la televisión por plasma o el elevalunas del Mercedes Benz que acabamos de desembalar no funcionen adecuadamente.

Para cubrir ese riesgo existen los certificados de garantía, que conviene hacer sellar en el comercio vendedor y guardar en sitio seguro (junto a la clave de la caja fuerte, por ejemplo).

Los ingenieros que trabajan en procesos que impliquen la producción masiva de piezas están familiarizados con la curva de la bañera. Corresponde a la representación de la variación de la tasa o probabilidad de fallos del producto con el tiempo y, en verdad, también se parece a la curva de mortalidad humana o de cualquier especie.

Al principio de la vida de un elemento material, como de un ser vivo, los riesgos de fallo son más altos que cuando ha superado su infancia, en el que se estabilizan. Son las enfermedades infantiles, los riesgos de la falta de acomodación al entorno, el sometimiento a tensiones y circunstancias para las que el individuo no está preparado.

Después, y durante un largo período de funcionamiento normal, en el que la probabilidad de fallo (o muerte del elemento) se mantiene constante, el producto (o el ser vivo) alcanza la ancianidad y, como todo es finito, antes o después -pero dentro de un intervalo relativamente corto-, se muere: la tasa de fallo sube bruscamente.

Cuando se dispone de una muestra suficientemente grande y se ha tomado la molestia de representar, a lo largo del tiempo, el cociente entre el número de fallos y el total de elementos presentes (que ese número es precisamente la probabilidad de fallo), se obtiene una curva con forma de bañera.

El análisis de esas bañeras cobra interés en relación con la fiabilidad que puede darse a un equipo para que funcione como se espera de él. Para aumentarla, se detectan aquellas piezas o elementos que tienen más posibilidades de fallar y se colocan otros idénticos en paralelo con ellos, de modo que, si falla el principal, entren automáticamente en funcionamiento, sucesivamente, los que están en reserva. A esta disposición se denomina de redundancia y a los elementos añadidos, superfluos hasta que el fallo de los que ocupan las plazas en funcionamiento no tiene lugar, se les llama redundantes. 

Los abogados y economistas deben estar al tanto del riesgo de no contar con elementos redundantes en casos clave para su actividad, en que el fallo de lo que habían previsto como seguro se produce, evitando así quedar con el culete al aire, como se dice vulgarmente.

También, cuando se encuentran ocupando funciones gerenciales o de cierta responsabilidad empresarial o política -lo que es, al menos en España, cada vez más frecuente- han de extremar su prudencia cuando, sin conocer del tema y sin atreverse a consultar a los que saben, toman, llevados por la presión o la urgencia, decisiones en corto plazo.

Aplicando el critero de la bañera, es preferible mantener a la gente experimentada en una posición y, si por las razones que sea, se ven obligados a cambiarlos, hacer un ERE o prescindir de los que tienen más de cuarenta años para aliviar el paro juvenil, no deben olvidar en situar en una misma posición a varios sujetos redundantes y, si son devotos, rezar para que no se descalabre todo el sistema, además de controlar estrechamente la fiabilidad del conjunto, puesto que, si se está en una carrera de competición -como es normal en la vida- lo habitual es que los competidores aprovechen para acelerar mientras se recompone la estrategia.

En la figura -cuyas leyendas están en inglés, lo que proporciona mayor visibilidad a este Comentario- se representa una bañera típica, y se ven en ella desglosadas a lo largo del tiempo de vida del elemento estudiado, las probabilidades de fallo, descompuestas en tres elementos: por defectos de fabricación no detectados en el control previo (fase infantil), por puro azar (fase de comportamiento maduro) y por desgaste (envejecimiento).

 

Ingeniería para AES. Dificultades para localizar tanto las Mejores Técnicas Disponibles como las Más Deplorables Técnicas

Ingeniería para AES. Dificultades para localizar tanto las Mejores Técnicas Disponibles como las Más Deplorables Técnicas

La Unión Europea ha definido el concepto de Mejores Técnicas Disponibles (Best Available Techniques) en 1996 en su Directiva sobre Prevención y Control Integrados de la Contaminación (96/61/EC), como "la fase más avanzada y eficaz en el desarrollo de las actividades y de sus métodos operativos, que se corresponda con la adecuación práctica de técnicas determinadas para proporcionar, en principio, la base de valores límites de emisión destinados para evitar, o, cuando no sea factible, reducir en general, las emisiones y el impacto sobre el medio ambiente, considerado en su totalidad."

Debe quedar claro que esta definición no ha sido redactada por ningún ingeniero y si inicialmente intervino alguno, su colaboración en ella ha quedado completamente desdibujada. También debo confesar que, aunque la he leído muchas veces -en inglés y en las versiones española, francesa y alemana de la Directiva-, entiendo lo que han querido decir, ..., pero no me explico cómo han decidido decirlo de esa manera incomprensible.

Para un ingeniero, la Mejor Técnica Disponible es, simplemente,  la que consigue llevar a cabo un proceso o fabricar un producto de la calidad deseada con el menor consumo posible.

Pero ningún ingeniero trataría de definirla con intención duradera para un proceso determinado. Porque las técnicas evolucionan continuamente y, además, aunque pueda detectarse cuál es presumiblemente la mejor en un momento dado, no siempre estará al alcance de quien desee tenerla, protegida por patentes, inaccesible económicamente o inabordable por el estado tecnológico en que se encuetre la propia empresa o incluso el país.

Y, por su parte, la expresión "menor consumo" tampoco es susceptible de mayor precisión, pues  afecta a todos los inputs que entran a formar parte de un proceso de producción determinada y, siendo algunos de ellos, sustitutorios unos de otros, su selección dependerá de diversos factores coyunturales.

Ni siquiera la expresión "calidad deseada" tendrá amplio consenso, pues será la que haya sido, en un momento dado, impuesta al técnico por el mercado o, en no pocos casos, fijada como objetivo por la dirección de la empresa, la administración o la clientela preferencial.

La realidad es más simple. Si se impone a un proceso un objetivo concreto, el o los ingenieros que tengan capacidad de actuación técnica sobre aquél se esforzarán en cumplirlo. Cuando se impongan varios, se tratará de hallar, dentro del dominio de factibilidad, aquél que represente el óptimo conjunto, que será un resultado de conveniencia para cumplir con los requisitos.

¿Se hará con el menor coste, cumpliendo la normativa legal? Por supuesto que sí. Los ingenieros no son por naturaleza, ni despilfarradores ni delincuentes. Han sido educados para lo contrario y con procedimientos de selección que recuerdan aún bastante a la disciplina militar.

Lo que no se puede es pretender que los ingenieros cumplan simultáneamente objetivos discordantes, que serían aquellos que tienen una relación funcional inversa, esto es, que cuando mejor queremos satifacer uno, peor le irá al otro.

Por ejemplo, no se puede ser al mismo tiempo el más barato -si el precio es determinante de la competencia- y el menos contaminante. Tampoco sería posible ser técnicamente el mejor del mercado, obviamente, con una maquinaria obsoleta o con un exceso de mano de obra o cuando ésta no está cualificada de forma óptima.

No es sencillo para el profano decidir si un producto ha sido realizado con las Mejores Técnicas Disponibles o, por el contrario, lo ha sido con las Más Deplorables Técnicas.

Incluso para algo que nos interesa, probablemente solo tendremos ocasión de echar un vistazo al producto acabado en el mercado, leer la publicidad o los comparativos de una revista especializada (pagados por las firmas como publicidad) y está lejos de nuestras posibilidades el introducirnos en la empresa y analizar sus métodos de producción, la contaminación de sus efluentes y gases o si emplean niños o no pagan la seguridad social a sus trabajadores.

En la fotografía, pueden verse diversos resultados de freir, o cocer, de acuerdo con diferentes técnicas y valiéndose de diversos aparatos, un huevo. El producto obtenido parece, en general, comestible. El atractivo dependerá del gusto de cada uno y de su capacidad de sorpresa, así como también si lo presenta, y lo defino por la relación de afinidad respecto al autor, la novia, el esposo, la propia madre (o la de nuestra pareja), uno mismo, Arzak o el restaurador del chiringuito de la esquina. 

Y si para freir un simple huevo hay tantas variantes, y todas surgidas con el objetivo de presentar en el plato algo apetecible, ¿qué no podrá decirse de un proceso técnico complejo?

Por eso, si un país quiere estar en la punta del desarrollo tecnológico, o aspirar a ello, ha de impulsar, ante todo, la formación de sus ingenieros. Necesitará, naturalmente, buenos economistas y abogados que controlen que las cuestiones colaterales se realicen correctamente, pero si la gallina pone huevos y no se tienen claras las formas de freírlos, darles apariencia y presentarlos apetitosamente al mercado, de nada servirá que se fijen precios mínimos ni que se redacten complejas reglas sobre el delantal de los cocineros o la forma de ponerse las manoplas para retirar la sartén del fuego.

Por cierto, uno al menos de los huevos presentados, no es tal, que es un medio albaricoque en almíbar puesto sobre nata montada.

 

Ingeniería para AES. Concepto de rendimiento técnico

Ingeniería para AES. Concepto de rendimiento técnico

Los cometidos fundamentales de los ingenieros están relacionados con la producción. Incluso quienes se dedican a actividades comerciales (numerosos en la actualidad) o de investigación (desgraciadamente, pocos) suelen traducir, más que otras profesiones, su eficacia en términos de cantidades.

Esta tendencia, reflejo, sin duda, de su especial formación enfocada hacia el trabajo con elementos materiales, físicos, es interpretada, a veces, con intenciones que no me atrevo a calificar, como que a los ingenieros solo les interesan las toneladas y no lo que cuesta obtenerlas.

Se trata de un error o una construcción argumental de orígenes perversos, que un AES bien informado debería rechazar de inmediato. Los ingenieros -los buenos ingenieros, se entiende- estarán ocupados y preocupados por los rendimientos técnicos y aplicarán las mejores técnicas disponibles, siempre que les sea posible, para mejorarlos.

Para entender la cuestión, es necesario separar los conceptos de rendimiento técnico y económico. El segundo, con el que el "lector-objetivo" (the aimed loved reader) ya estará familiarizado, es casi siempre positivo, y solo excepcionalmente puede ser negativo, lo que se considera como una situación abominable.

La Agencia Tributaria Española, por ejemplo, en línea con los tratados de economía tradicionales,  define el rendimiento neto como la diferencia entre los ingresos y gastos de una actividad, y aunque advierte que puede ser negativo, todo parece preparado para que al obligado tributario le salga a pagar.

Los economistas y licenciados en derecho, de acuerdo con su formación académica y su inteligencia, procuran que ese rendimiento sea positivo para los inversores, y se ven compelidos a emplear artificios contables o añagazas jurídico-recreativas, para conseguir su especial cuadratura del círculo: que los beneficios sean lo más altos posible pagando los menores impuestos imaginables.

El rendimiento técnico, sin embargo, está relacionado con la eficiencia o eficacia de un sistema, proceso y máquina. No es una diferencia, sino un cociente entre dos magnitudes homogéneas: lo aportado y lo conseguido. Tìpicamente, se miden las transformaciones de energía, calor o trabajo aportados. Y, salvo en muy contados procesos, es siempre menor que la unidad, porque, en general, se producen en todos los procesos técnicos, pérdidas.

Esto no quiere decir que los procesos ténicos, así considerados, sean ineficientes. Al contrario, la búsqueda de la máxima eficiencia es principal preocupación del todo técnico. El objetivo de los ingenieros es que se aproveche la mayor parte de la energía aportada, y que la eficiencia sea lo más próxima a la unidad (o al 100%, si se refiere a porcentajes).

Desde el punto de vista económico, si se considerasen todas las aportaciones respecto a lo que se consigue -es decir, si fuera posible introducir en la "caja negra" del cálculo de ingresos y gastos de un proceso todas las externalidades, todos los costes de las materias primas-, nos encontraríamos con que casi todas, por no decir, todas, las actividades de transformación serían inviables, porque en la inmensa mayoría de ellas, se obtiene menos energía o menos material, del que se disponía en el origen.

Hay energía que se disipa sin ser aprovechada, material que debe desecharse, fluidos que se contaminan, residuos y desperdicios que se generan en todos los procesos.

En realidad, si existen empresas, si cada sociedad pone en marcha continuamente nuevos proyectos; no es porque a unos les preocupe exactamente la eficiencia técnica, sino porque los creativos -muchos de ellos, ingenieros- idean nuevos productos, materiales, artefactos, modos diferentes de hacer las cosas, sino porque a unos les son más útiles, y a otros más rentables, mientras consigan aprovecharse de la demanda del mercado provocada por la combinación de novedad e interés, al menos hasta que surja otro producto más barato o con mejores prestaciones.

Y aquí es impr
escindible hacer una reflexión. Los avances tecnológicos tienen por efecto natural que el rendimiento ó eficacia técnica por trabajador empleado, y tanto más cuanto más cualificado sea éste, crezca, en tanto que el rendimiento por capital, o rendimiento económico, disminuirá en los procesos tradicionales, que acabarán siendo inviables y aumentará incluso de forma desmesurada, en los nuevos procesos, mientras la competencia no rompa los precios o los cambie la tecnología.

La producción de nuevos elementos en la sociedad tecnológicamente avanzada es, como consecuencia de los nuevos hallazgos, siempre más intensiva en capital y menos en el factor trabajo.

Algo terrible, desde el punto de vista del empleo, porque cada vez costará más dinero crear un puesto de trabajo. Pero interesante, desde el punto de vista del capital especulativo, porque cada vez se obtendrán mejores rendimientos económicos si, abandonando los sectores tradicionales, clásicos, que son intensivos en mano de obra, se emplean los recursos financieros en sectores nuevos. (La figura superior trata de reflejar este concepto: el rendimiento del capital crece más lentamente que el rendimiento por trabajador cualificado).

Seguramente estas ideas, bastante elementales, estaban en la mente de una político española cuando expresó, como final de una arenga con fondo electoralista: "¡Por Madrid y por España, pico y pala!". (1)

Dedicar a los desempleados a trabajar con pico y pala, es una opción válida, desde luego, para aumentar la cantidad de trabajo disponible para quienes tienen baja cualificación.

Pero no me parece que, en este caso, ni los economistas, ni los abogados, ni, por supuesto, los ingenieros, estarían de acuerdo en abandonar, como solución a la crisis, las máquinas rotopalas, los martillos perforadores, los compresores, las alquitranadoras, ... y volver a las épocas de los peones camineros arreglando las carreteras, con picos, palas y pisones.

La Figura inferior ofrece otro enfoque de la cuestión. Recoge gráficamente la previsión de resultados, a partir de unos ensayos piloto y de una experiencia práctica limitada, en la mejora del rendimiento técnico de un proceso concreto, que no viene al caso detallar. En abscisas, se representa el porcentaje de piezas válidas fabricadas y en ordenadas, la relación encontrada al añadir proporciones variables de cierto componente al proceso, como mejora del rendimiento técnico en la disminución de piezas defectuosas.

Las sucesivas curvas representadas reflejan la variación en los resultados al ir aumentando la proporción de otro componente, con efectos muy positivos respecto al rendimiento; esas curvas corresponderian a la proyección sobre el plano base de sucesivos cortes, a los valores indicados de ese componente, de la figura tridimensional que corresponde a la función que liga las tres variables: proporción de piezas defectuosas, aditivo uno y aditivo dos.

El lector encontrará, probablemente, que la explicación dada aquí respecto a ese diagrama es insuficiente, e ininteligible, en tanto que el mensaje primero, y hasta la Figura superior, se entienden perfectamente.

Ese es uno de los problemas que tenemos los ingenieros: cuando tratamos de explicar lo que hacemos, no somos capaces de hacernos entender con claridad, en tanto que para explicar lo que nunca haríamos, apenas hacen falta cuatro o cinco palabras.

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(1) Esperanza Aguirre, Presidenta de la Comunidad de Madrid, en el discurso de cierre del Congreso regional del PP, el 29 de abril de 2012. La frase completa fue: "Vamos a salir de la crisis, no os quepa la menor duda. ¡Por Madrid y por España, pico y pala!"

Ingeniería para AES. Transformadas de Laplace y cambio de paradigma

Ingeniería para AES. Transformadas de Laplace y cambio de paradigma

Casi todos los ingenieros -la mayor parte de los vivos y todos los fallecidos en el último cuarto del pasado siglo - han estudiado, en su momento, las transformadas de Laplace. Estas son, con mucho, las más conocidas de las transformadas integrales, lo que no quiere decir que sean muy utilizadas, salvo por los licenciados en matemáticas que trabajan como profesores de alguna asignatura de Cálculo Diferencial.

La transformada de Laplace es una generalización de la transformada de Fourier, por la que este insigne matemático demostró que cualquier señal puede transformarse en suma de funciones senoidales, es decir, se puede expresar como una adición de funciones trigonométricas (senos y cosenos). Laplace generalizó esta idea, sustituyendo la variable por números complejos.

La aplicación de las laplacianas tiene un campo inmenso, porque permite resolver ecuaciones diferenciales lineales transformándolas en ecuaciones algebraicas, que son mucho más fáciles de resolver. Por eso, las transformadas de Laplace han demostrado su utilidad para resolver multitud de problemas dinámicos :en los que  es preciso analizar la evolución en el tiempo de cualquier variable.

Muchos problemas prácticos son beneficiarios de esta posibilidad de convertir a operaciones sencillas lo que antes eran ecuaciones diferenciales o integrales muy complejas. Se pueden abordar con estas transformadas cuestiones de conductividad y difusión del calor o del frío, evolución de señales en circuitos electrónicos de funcionamiento sofisticado, o analizar el comportamiento de cuerpos irregulares sometidos a vibraciones y empujes, etc.

El funcionamiento de los intríngulis de las transformadas laplacianas resulta también imprescindible para comprender la problemática inherente a una de las obsesiones actuales de la economía, utilizada frecuentemente por quienes no tienen la menor idea ( o muy poca) acerca de cómo resolver las cuestiones complejas a las que se confrontan, y que pretenden arrumbar proponiendo soluciones etéreas o palabros sin sentido, de las que se ha convertido en recurrente la apelación a que estamos o deberíamos estar, ante un cambio de paradigma.

La propuesta supera, con mucho, lo que está al alcance de un equipo de gobierno, aunque obtenga la mayoría absoluta en las urnas gracias a unas elecciones generales. Esto es así porque, en esencia, un cambio de paradigma consistiría en encontrar una función de transformación que sea asequible para el sistema, esto es, que resulte compatible con las pretensiones de los distintos grupos de presión y realizable económicamente. además (aunque para muchos esto no sea importante) éticamente presentable.

Los cambios de paradigma totales son, por propia definición, y a poco que se considere su dificultad, imposibles.

Las transformadas de Laplace resuelven la forma de modificar una situación inicial, definida por la correspondencia entre un estado de cosas, caracterizado por una función f(x), por medio de un conjunto de operaciones, que caracterizamos por una función L[f(x)] , o un conjunto de relaciones entre los sujetos, expresada mediante ecuaciones L[f(x)]=0, convirtiéndola en una situación diferente, pero con la que guarda unívoca correspondencia.

Para ello, se busca una función transformada F(s) a la que correspondería un  conjunto de operaciones distinto L[F(s)] o un conjunto de ecuaciones, igualmente distinto, L[F(s)]=0, que sea exactamente equivalente, en términos matemáticos , a la original.

Como se puede comprender, un cambio de paradigma no tiene sentido, a no ser que el conjunto de operaciones, L[F(s)], o de ecuaciones transformadas L[F(s)]=0 sea más eficaz, o, en términos matemáticos, sea de análisis y resolución más sencillos, que las operaciones que permitírían encontrar la solución a L[f(x)], o las ecuaciones L[f(x)]=0.

Se ha demostrado que son efectivas, cuando se eligen adecuadamente, las llamadas transformadas integrales, por la que se define la función transformada F(s) como una integral de la función original f(x) multiplicada por alguna función arbitraria de las variables x (antigua) y s (la nueva) que se denomina Núcleo de la transformación.

Pero esto supone que se haya podido expresar como una función, o, al menos, como un conjunto de valores, tanto la función de partida como la objetivo o final.

Existen múltiples reglas de transformación para cambios leves de paradigma. La forma de analizar su viabilidad es comprobar si, en lugar de simplifica el problema, no lo convierten en aún más complejo y, por tanto, hacen la solución inalcanzable.

En la vida real, algunas propuestas de cambio de paradigma -muy queridas por los intuitivos nostálgicos del buenismo o del ecologismo voluntarista- consisten en aconsejar que se abandone cualquier actuación que produzca daño a la naturaleza o a terceros. En su expresión maximalista, esto equivale a reconocerse partidarios de la función de inactividad, por la que, al no hacer nada, no se consigue nada.

Para encontrar las transformadas laplacianas se utilizan ordenadores y, en menor medida, ábacos. Cuando, como sucede en la vida socioeconómica, los problemas son extremadamente complejos, no es posible encontrar la solución que satisfaga a todo el mundo, por lo que cualquier propuesta que provenga de un grupo de opinión o de presión será calificada, sin rubor, pero sin posibilidad de demostrar lo contrario, como falsa o como una elucubración sin sentido por sus opositores.

Ingeniería para AES. Significado y empleo del factor de seguridad

Ingeniería para AES. Significado y empleo del factor de seguridad

Son típicos los casos en los que los ingenieros utilizan coeficientes o factores de seguridad, que aplican sobre los cálculos teóricos, a veces complejos, que les han conducido a las soluciones físico-matemáticas de un problema.

El empleo de estos coeficientes no suele ser siempre bien entendido por los legos en la materia, que se preguntan para qué puede servir haber calculado,  y en apariencia de forma muy precisa, por ejemplo, la cantidad y calidad del material  necesario para dotar a una estructura de la resistencia dada, si, a la postre, se va a afectar a ese resultado de un coeficiente multiplicador de 2, o incluso superior.

Esto podría llevar a la errónea conclusión de que no hace falta realizar cálculo alguno y que uno podría guiarse, simplemente, por la intuición o por la experiencia previa para decidir lo que debe hacerse ante cualquier situación.

Economistas y juristas -en particular, aquellos aún bisoños o poco prácticos, que confían en que lo que estudian en la Facultad es suficiente como metodología para influir en la vida de los demás - no suelen emplear la técnica de los coeficientes de seguridad, que los ingenieros usan continuamente.

En realidad, la técnica tiene tres momentos. En el primero, se calcula, mediante fórmulas físico-matemáticas o con ayuda de ábacos y ordenadores, el valor teórico que resolvería la cuestión. Después, se aplica un coeficiente de seguridad. Finalmente, se comprueba si la cantidad obtenida encaja, en orden de magnitud, con lo esperado. De no ser así, se repiten los cálculos. Generalmente, basta dividir por diez, que es el error típico, que cometen los que se fijan en los árboles antes que en el bosque.

Los factores de corrección son imprescindibles para evitar sorpresas muy desagradables o que se complique una situación real, convirtiéndola en desastre, por no haber tenido en cuenta los elementos -que pueden llamarse imprevistos, pero que, en verdad, hay que enumerar precisamente- susceptibles de interferir sobre las medidas o elucubraciones teóricas, provocando resultados que diferirían completamente de lo que sería "normal" o esperado, cuando, en verdad, lo "normal", que debería esperarse, es que la situación acabe complicándose. 

Se detecta esta problemática en no pocas ocasiones en la vida económica. Sucede sin embargo, que, como no es raro que se cambien los responsables de la medida equivocada cuando el fracaso es ya patente, no se completa el análisis crítico de las razones por las que "la cosa" no funcionó como se esperaba de ella. Tampoco se descarta que, otras veces, por dejación o mala uva, se pierdan los registros que permitirían detectar porqué las variables no se comportaron como se previó (1) -como más típicas: nepotismo, corrupción, amiguismo, dejación, y, en el orden internacional, proteccionismo, corrupción, egoísmo, globalización-, propiciando así que vuelvan a cometerse, una y otra vez, los mismos errores.

En el caso de los letrados, es muy corriente que se apliquen ciegamente, creyéndolos adecuados, los formularios y modelos para presentación de los más variados documentos que se pueden encontrar a raudales en internet; esto da lugar a un montón de escritos huecos, ininteligibles para profanos (y, por supuesto, para entendidos), que generan, a su vez, una cadena de los mismos males. Como los montones de papeles no se caen (y si lo hacen, pueden volver a ponerse en pie), no trasciende que el edificio es inútil.

Por el contrario, si un ingeniero se equivoca o no acierta con el coeficiente de seguridad al calcular una estructura, el edificio se caerá probablemente, y con él, toda la responsabilidad sobre el calculista, tanto social, como legal y económica.

Refiriéndonos a los economistas, tanto los que se dedican a la micro como a la macroeconomía, se tiene con demasiada frecuencia la creencia de que una situación real ha de cumplir fielmente las previsiones apuntadas por insignes maestros de la teoría económica, a los que se recurre como argumento de autoridad, pero que han sido deducidas en condiciones ideales que solo se dan en la teoria y que fracasan estrepitosamente al ser llevadas a la práctica.

Aumentar el factor de seguridad cuesta dinero. Además, como siempre existirá, por mucho que se aumenten las medidas -es decir, por alto que sea el factor- un resto de incertidumbre, hay que tomar una decisión de hasta qué punto convendría seguir invirtiendo en ellas. Todas las decisiones tienen aparejado un riesgo. Incluso los actos de la naturaleza suponen riesgo para los humanos, como sabemos por las referencias a las llamadas "catástrofes naturales" que, con tanta frecuencia, nos sobrecogen.

Por eso, y aunque solo sea de forma aproximada, conviene tener una idea de la tendencia de disminución del riesgo en relación con el aumento de coste para evitarlo. Esto nos conduciría a la apreciación de que existe un coste óptimo en la curva de costes -obtenida multiplicando el coste asociado a la probabilidad del suceso-, que vendría dado por el mínimo de la misma.

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(1) No debe decirse "preveyó", en ningún caso. Ni siquiera cuando se está improvisando en público acerca de las razones por las que no nos consideramos culpables de encontrarnos en una crisis fatal.

Ingeniería para AES. Riesgos de cavitación en la economía y la jurisprudencia

Ingeniería para AES. Riesgos de cavitación en la economía y la jurisprudencia

Tanto en la vida pública como en la empresa, los gestores deben observar especial cuidado en mantener el equilibrio en las medidas de presión fiscal. Pero no todo es cuestión de dinero, y hay muchos otros momentos en que se debe estar atento al riesgo de cavitación, para cuya comprensión es preciso introducir algunos conceptos que, siendo muy útiles, no son analizados en las Facultades de las, pretenciosamente, llamadas por algunos de "Humanidades".

La ecuación de continuidad, bien conocida por los ingenieros sanitarios y, en general, por todos los ingenieros que no han olvidado lo más elemental de la mecánica de fluidos, es una aplicación del principio de conservación de la masa. (Una gran parte de las ecuaciones que manejan los ingenieros están basadas en principios de conservación).

Cuando una masa de fluido incompresible (no confundir con incomprensible) avanza a través de un tubo con distintas secciones, se ha de cumplir que, para que pueda mantenerse el flujo, al reducirse la sección tiene que aumentar la velocidad, y recíprocamente.

En cualquier tramo del tubo, el producto de la sección por la velocidad de paso ha de ser constante e igual al caudal suministrado al tubo (por ejemplo, en m3/h, l/s, etc. (léase, metros cúbicos por hora o litros por segundo, respectivamente).

Si el principio aquí enunciado se combina con el de conservación de la energía, se llegaría a la ecuación de Bernoulli, por la que, en esencia, se expresa que la suma de las energías cinéticas -debida a la velocidad-, la potencial -consecuencia de la altura relativa del líquido- y la energía de flujo -derivada de la presión a la que está sometido- es constante.

Entre los mecanismos utilizados en las instalaciones hidráulicas,  se encuentran las bombas. Se emplean, en general, para elevar agua de un sitio a otro y de entre sus diversos tipos, las más corrientes son de tipo centrífugo. Estas, de forma simplificada constan de un cuerpo o carcasa, concebido de forma que dirija el líquido hacia un elemento rotatorio, llamado rodete, que es el encargado de forzar el líquido hacia la salida de la carcasa.

Son variados los elementos a considerar, y su análisis será objeto de otros capítulos de este libro. Interesa aquí poner de manifiesto que cada bomba está diseñada o calculada para un caudal determinado, que es el que proporciona su máximo rendimiento.

Cuando una bomba funciona a velocidad excesivamente elevada, con lo que entra en ella un caudal bastante superior al que correspondería a su máximo rendimiento, aparece el riesgo de que se produzca un fenómeno específico, que se llama cavitación.

Por la cavitación se forman burbujas de vapor en la zona de entrada de la bomba, que, al llegar a la de mayor presión, se colapsan -implotan- de forma instantánea y, puesto que nuevas cantidades de líquido siguen siendo impulsadas con fuerza hacia el interior de la bomba, tiene lugar un efecto de martilleo que acaba dando por resultado el agujereado o picado del rodete de la bomba.

El economista y el jurista han de cuidar, en su vida profesional, que no se produzcan perniciosos efectos de cavitación, derivados de la obsesión por forzar el funcionamiento del sistema del que son eventualmente responsables, introduciendo más caudal de aquel para el que ha sido diseñado.

Es de todos conocido el colapso brutal en el que se encuentran los Tribunales españoles, con tiempos de resolución de los casos que superan, en múltiples ocasiones, los siete o más años.

La explicación hay que encontrarla en la cavitación del sistema judicial que ha picado o perforado los rodetes básicos de las diferentes jurisdicciones, causando, en la práctica, la fuerte disminución de su eficacia intrínseca, pero arrastrando graves efectos colaterales, puesto que, como se ha dicho muchas veces, una justicia muy lenta ya no es justicia verdadera y, además, favorece a aquellos que tienen más medios -económicos y jurídicos- para prolongar los procesos, haciéndolos ineficaces.

En el campo económico, los efectos de cavitación son frecuentes. Se ha puesto en el centro de la actualidad política el excesivo endeudamiento de las entidades locales, que han superado los máximos porcentajes admisibles para el buen funcionamiento del sistema, asumiendo sus gestores responsabilidades de crédito que no pueden cubrir con el crecimiento de los ingresos. Diseñados los municipios y las Comunidades Autónomas para un caudal determinado (un nivel de actividad y competencias concreto), la superación del mismo, por ambición o insensatez de los responsables, ha provocado la cavitación del sistema estatal de responsabilidades.

No crea el lector que las empresas con gestión privada son ajenas a los peligros de la cavitación. El afán por reducir insensatamente los costes, eliminando a profesionales con experiencia, ha provocado la sobrecarga de otros, con menos competencia que, como la cúpula empresarial no se suele cambiar, se traduce, igualmente, en la sobreexcitación de las estructuras, causando su ineficacia, cuando no el colapse.

Los ingenieros sabemos que cuando una bomba ha sufrido cavitación, hay que someterla a inmediata revisión, y estudiar con atención si puede volver a utilizarse. Con demasiada frecuencia, si no se ha estado atento a parar la instalación en el momento de presentarse los fenómenos de cavitación, los daños en los rodetes, o en la misma carcasa, son tan graves que es necesario cambiar la bomba.

 Obviamente, además de sustituir el elemento dañado, hay que evitar que vuelvan a presentarse las condiciones de sobreexplotación, vigilando que el caudal de entrada sea el adecuado a las características propias del mecanismo.

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Nota para juristas.- El gráfico representa la aplicación de la teoría al funcionamiento de un Juzgado (no importa si de Primera Instancia o un Tribunal Superior, e incluso, el Supremo o el Constitucional). En ordenadas, se representa la complejidad de las tareas o casos a tratar; en abscisas, el caudal de entrada de las demandas al Juzgado (no confundir con el número de demandas acumuladas).

Para una situación dada, el funcionamiento óptimo del Juzgado se encuentra en aquellos casos que exigen una potencia intelectual del juez cerca del máximo; si el caudal de demandas presentadas al Juzgado crece, disminuye rápidamente la potencia o dedicación al caso, llegándose rápidamente a la zona de cavitación en la que, por mucho que se esfuercen los abogados en presentar sus argumentos -ya sean de demanda o contravención- el Juez entrará -con todos los respetos- en espasmo situación catatónica, colapsándose el Juzgado, o, lo que puede ser aún peor, arriesgando decisiones aleatorias o manifiestamente ininteligibles.

Ingeniería para AES.Captacion y aprovechamiento de la antropoenergía.

Ingeniería para AES.Captacion y aprovechamiento de la antropoenergía.

La preocupación por nuevas fuentes de producción de energía que sean respetuosas con el ambiente y autónomas, ha vuelto el énfasis hacia la energía geotérmica que, como su nombre indica, es la que procede de la propia Tierra, cuyo núcleo está a una temperatura muy elevada.

Los ingenieros han estudiado formas de transformar calor en energía, basadas en dos principios termodinámicos. Uno de ellos es vulgarmente expresado como que la energía ni se crea ni se destruye, lo que, formulado así parece más bien una tontería.

En realidad, lo que debe interpretarse es que si a un sistema cerrado le proporcionamos calor o realizamos sobre él un trabajo, aumentamos su energía interna, que se denomina entropía.  Podemos aumentar esa energía utilizando solo trabajo, manteniendo constante la temperatura, y diremos entonces que actuamos en condiciones isotermas.

Podemos, también aumentar la energía interna proporcionando solo calor y si conseguimos que ese calor no se escape del sistema, expresaremos que estamos imponiendo condiciones adiabáticas. 

Pues bien, el descubrimiento genial que permite aprovechar estas nociones es que conseguiremos transformar calor en trabajo positivo del sistema, combinando adecuadamente ambas actuaciones, y repitiendo la secuencia en múltiples ciclos, de los que el modelo básico es llamado ciclo de Carnot.

Volvamos ahora a la Tierra. Cada 30 m que profundicemos, aproximadamente, la temperatura del subsuelo aumenta 1ºC. Si conseguimos profundizar, por ejemplo, a 200 m, nos encontraremos con un foco constante de temperatura que está, más a o menos, a 6 o 7ºC más caliente que la atmósfera de la superficie.

No necesitamos, por tanto, calentar adicionalmente el líquido que llevemos allí, pues adquirirá, gracias a la madre Tierra, esa temperatura que podemos transformar en trabajo. Los habitantes de las cavernas ya sabían cómo hacerlo, aprovechando, para cocinar y calentarse, la energía que emanaba de las profundidades.

La naturaleza es repetitiva en su simplicidad. A los seres humanos se les puede aplicar también este principio, si bien de forma figurada, pero con consecuencias que me atrevo a presentar como muy efectivas.

Vamos allá. Si nos limitamos a dar mensajes superficiales a nuestros contemporáneos, no recibirán estímulo alguno, sino que se sumirán en el desconcierto y aumentarían su desinterés y apatía.

Su falta de motivación no permitirá extraer toda la energía interna potencial que existe en cada individuo y, si además se desprecia la capacidad de una parte importante de la población (no digamos los jóvenes o las mujeres, pero tampoco debemos descuidar a los mayores y más experimentados), no habrá transformación o no será eficiente, de energía en trabajo.

Cuando, por el contrario, conseguimos involucrarlos, haciendo que nuestros mensajes alcancen las mayores profundidades en su ánimo, con estímulos adecuados, conseguiremos que aporten lo mejor de sí mismos, poniendo su energía interna a disposíción del sistema.

Esto supone saber combinar el aporte de temperatura en condiciones adiabáticas -educación, investigación- con la posterior expansión isoterma -estímulos a la creación, al emprendimiento, a las mejoras económicas-. Si el aumento de temperatura no se realiza o se descuida, o se enfoca egoístamente, y si, además, la energía interna se escapa del sistema, malográndose (por la vía de manifestaciones, algaradas, descontentos, desánimos), no se conseguirá trabajo efectivo alguno, no habrá mejoras. El ciclo no funcionará.

Cuando, por el contrario, controlamos -con la persuasión, la explicación adecuada, la información pertinente, proporcionando los medios para aumentar la energía individual- que se cree una tensión emocional para que todos o casi todos los individuos de la colectividad, combinando las comprensiones y descompresioones adiabática, tengan la ilusión y la certeza de disponer de objetivos comunes y de que el reparto es equitativo, podemos canalizar su energía en las correspondientes expansiones isotermas, generando así actividad y riqueza en cada ciclo, que deberíamos poder disfrutar entre todos.

Carnot y Rankine no tienen la misma fama entre economistas que Smith o Keynes, porque se dedicaron a analizar formas de aprovechamiento eficaz del calor y de la energía. No les preocupaba el dinero, porque eran conscientes de que su valor era una ficción mercantilista.

Pero descubrieron algo que tenía que ver con el comportamiento de la naturaleza real y, gracias a ello, podemos disponer de máquinas tan variadas como automóviles, frigoríficos, calefactores, aviones u ordenadores. Hay algunos  economistas y abogados que creen ganarse honradamente la vida, tratando de explicar a los demás que para salir de una crisis hay que apretarse el cinturón (imperfectas condiciones adiabáticas) y consiguiendo que quienes más tienen dispongan de mejores argumentos legales para aprovechar de las oportunidades de un ciclo económico (imperfectas condiciones isotérmicas).

Con ello, no se estaría teniendo en cuenta que el rendimiento de esos ciclos es muy inferior al que se obtendría si aprovecháramos la energía interna, es decir, la creatividad, de todos para beneficio también de todos, y no solamente de los más hábiles o más desvergonzados.

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Nota.- Este primer artículo es un ensayo, que iré perfeccionando en sucesivas entradas.

Ingeniería para abogados y economistas

Existen publicaciones con títulos que evocan carencias en ciertas profesiones que sus autores creen poder cubrir con algunas lecciones de urgencia. Del simple repaso a los anaqueles, el colectivo que parecería más necesitado, o más curioso, por llenar estos déficits de formación sería el de los ingenieros.

Hay "Economía para Ingenieros" y "Derecho para Ingenieros", y los colegios profesionales de esta venerable (que ya no tan venerada) rama del saber se esfuerzan en ofrecer cursos, seminarios y conferencias a sus miembros para que se ilustren algo en las técnicas procesales, las lecturas contables, las leyes humanas y los artificios financieros.

Me parece injusto pensar que no exista interés paralelo entre juristas y economistas en conocer, aunque solo sea sucintamente, qué es lo que hacemos los ingenieros. Se hace necesario suplir esta carencia, ofreciendo a los profesionales del derecho y de la economía una guía que les permita desvelar parcialmente el misterio del trabajo de los técnicos, conociendo algo de sus bases y su terminología, evitándoles así que tengan que disimular cuando oyen expresiones técnicas o, lo que es aún más lamentable, puedan llegar a creer que los ingenieros y asimilados son meros apéndices del mundo jurídico-económico.

Por todo ello, y con la requerida modestia por mi prte, me propongo escribir una serie de Comentarios sobre este tema, bajo el título general de "Ingeniería para abogados y economistas".

Ya en otras ocasiones he tratado de ser didáctico para estas respetadas profesiones que, además, no me son ajenas. Mientras decido el índice adecuado para el futuro libro-bestseller, dedicaré la primera reflexión, después de esta presentación, a un tema de máxima actualidad: la Captación y aprovechamiento de la antropoenergía.

Para distinguir estos comentarios de los generales, poniéndoles títulos, los identificaré, genéricamente, como "Ingeniería para AEs". Así pues, "", será el inicio de la serie.

Va por Vds., amigos.

 

Ventajas del cloud computing

Varios amigos me han advertido que no ofrecí una visión completa del Cloud Computing en mi último comentario, porque me centré prácticamente de forma exclusiva en los problemas, ignorando las restantes intervenciones de la Jornada del 25 de abril de 2012 en el IIE.

Es cierto y como ya había prometido, voy a dedicar éste a recoger las ventajas, concentrándome en la exposición de los representantes de las tres empresas que ofrecen servicios de nube en España y que participaron en la sesión.

Hay una cuestión que quiero poner de manifiesto: en cierto modo, la Jornada reflejó el distinto enfoque que tienen técnicos y jurídicos al abordar un tema; faltaron los economistas, pues no se habló de los costes, es decir, del dinero. Desde mi formación bicéfala, me gustan los análisis que abarcan, en lo posible, todos los ángulos.

Y hay algo en lo que estoy en desacuerdo con García del Poyo que, pretendiendo seguramente resultar simpático en un foro previsto para ingenieros, especuló con que "si fuéramos por los abogados iríamos todavía en burro por la calle".

Entiendo su sentido -los que ejercemos el derecho estamos habituados a ver las dificultades, no en vano cobramos por tratar de resolvérselas a los clientes- pero no lo comparto sin completarlo aviesamente: si fuera por los ingenieros, todos tendríamos nuestro autogiro propulsado por energía nuclear (de fusión, por supuesto)...y los economicistas dirían que podríamos permitírnoslo con los "van", ya que podríamos ofrecer a los inversores un tir razonable para los per y roa pertinentes.

Gustavo Reimes, de Cloud IBM presentó nitidamente las ventajas del cloud computing: los recursos son virtualizados, las inversiones son escalables y elásticas, de acuerdo con las necesidades reales -existiendo mecanismo que permiten estandarizar las inversiones-, y se puede elegir, como usuario, y de forma rápida, lo que se desea contratar.

Presentó ejemplos concretos de empleo del cloud computing: entidades financieras, sector hospitalario, comercio electrónico, y concluyó con una rotunda afirmación: "El cloud nunca va a ser utility (contrariamente a lo que había insinuado Diego Fernández Casado en la introducción), "porque siempre va a haber legacy: el mercado estará siempre formado por soluciones híbridas".

Santi Mayazu (de Telefónica) puso de manifiesto que la seguridad, que es la preocupación más importante para los que no tienen servicios en cloud, no lo es para los que ya los usan. Para éstos, es más importante la disponibilidad o la regulación. Sea como fuere, Mayazu situó en la conectividad, en tanto que operador, la preferencia que focalizó las preocupaciones de Telefónica en este campo.

También se refirió, de forma genérica, a las posibilidades abiertas por el empleo de esta tecnología cuya base es compartir recursos, sin invertir innecesariamente en infraestructura o software, y pagando solo por lo que se necesita, y de manera flexible: "Va a pasar como con el invento del teléfono, que para Graham Bell estaba destinado a que la gente pudiera escuchar música tranquilamente en su casa".

Mario Herráiz (Amazon) completó la visión de proveedores. Hizo rápidamente entender a los asistentes (¡muy pocos!; el partido de fútbol que se retransmitía ese día fue un terrible competidor) que, quizá sin saberlo, utilizaban productos en cloud. El más antiguo de los proveedores vaticina que los precios van a bajar, presentó someramente su nueva aplicación (Amazon Dynamo DB), indicando la ventaja de disponer de opciones ajustables a los modelos de crecimiento que la empresa usuaria prevea (AWS Direct Connect, y su personalización, la Amazon Virtual Private Cloud).

La experiencia de Amazon cuando una descarga eléctrica destruyó uno de los servidores en Dublín hace dos años, les ha permitido desarrollar el Disaster Recovery and Archiving, que perfecciona la opción de desplazar en décimas de segundo la información contenida en un equipo, sin que los usuarios se vean prácticamente afectados por la pérdida de información.

Una jornada, pues, muy interesante, tanto para quienes se asomaban por primera vez a la tecnología, como para aquellos que, encontrándose ya usándola, se cuestionan acerca de su evolución y, no en última instancia, los riesgos que comporta, teniendo, desde luego, claras sus ventajas.

 

Cuidado con estar en las nubes

Empiezo por el final: El fenómeno del Cloud computing, que ha despertado tanta atención entre usuarios de la red virtual, tiene graves riesgos. Naturalmente, tiene ventajas -que también resumiré en otro Comentario-, pero a nivel de usuario individual los problemas superan, objetivamente, a los riesgos y no son de fácil deteccíón por el particular y, aún en caso de que lo fueran, no púeden ser resueltos sin grandes complicaciones que conducirían al desestimiento por el servicio.

Podía decir que acude en apoyo de esta afirmación, Rafael García del Poyo, abogado del bufete Cremades, quien, de forma brillante, desgranó unos y otras (particulamente, los primeros, es decir, los problemas) en una Jornada que se dedicó a las nubes (el 25 de abril de 2012), organizada por el Comité de Ingeniería y Sociedad de la Información del Instituto de Ingeniería de España, ahora presidido por Manuel Moreu.

Pero asumo, aún reconociendo el prestigio del ponente el valor de los argumentos expuestos por García del Poyo, mi propia responsabilidad en lo que expreso a continuación, aunque procuraré ceñirme a lo tratado en la Jornada.

La intervención de García del Poyo fue la última de las que habían previsto los organizadores -estupenda la introducción al tema de Diego Fernández Casado-. Las exposiciones de Gustavo Reimers (IBM), Mario Herráiz (Amazon) y Santi Magazu (Telefónica) sirvieron para ilustrar el estado actual de esta tecnología y sus múltiples posibilidades para beneficio de las empresas que la utilizan.

"El Cloud Computing -como fórmula específica de contratación- no existe. Es solo una forma de prestación de servicios, utilizando un modelo de multiposesión en el que se comparte hardware y software". Esta provocadora reflexión, formulada por García del Pozo, resume eficazmente la perspectiva jurídica.

Pero de ese mismo análisis técnico de la figura, surgen unas cuantas innterrogantes principales, que el usuario debería responderse, para valorar los riesgos que asume .

He aqui una enumeración de las que sugirió el ponente. ¿Quién es el propietario de las licencias? ¿Con quién tengo, en realidad, contratado el Servicio? ¿Se imponen límites por el suministrador a mi capacidad de gestión de la información? ¿Ese prestatario del servicio actúa en régimen de monopolio u oligopolio? ¿Puedo rescindir el contrato o salirme de la prestación cuando me apetezca? ¿En qué condiciones, en cuánto tiempo, con qué penalizaciones?.

Las interrogantes propuestas fueron aún más: ¿Cuál es el ámbito jurisdiccional en el que se resolverían los eventuales conflictos? ¿Qué leyes serían aplicables? ¿De qué protección disfrutan los datos y la información que se aportan a la nube? ...

El caso de Megaupload, que fue presentando en el Coloquio, pone perfectamente de manifiesto cómo pueden, de pronto, hacerse patentes algunos de estos problemas, sin que el que está, hasta entonces disfrutando de la nube -y pagando por ella, en muchos casos- tenga capacidad de actuación.

En ese ejemplo convertido en motivo de reflexión, usuarios particulares -había varias Universidades españolas- que habían confiado sus datos para ser almacenados en la red (una nube típica), se encontraron desposeídos durante varios días del acceso a su propia información, por una decisión de un juez norteamericano, que reclamó y obtuvo el auxilio judicial de las instituciones de Nueva Zelandan, en donde se encontraban físicamente los equipos, para investigar unas presuntas infracciones de acuerdo con la ley norteamericana.

En ese mismo Coloquio, yo planteé una reflexión cuya pertinencia fue apoyada por García del Poyo: ¿Qué garantías tiene el usuario particular que confía en una "nube", aceptando, sin posibilidad de intervenir en ellas para modificarlas o adaptarlas a sus necesidades, el Contrato de Adhesión tipo al que da su conformidad para utilizar los servicios de la red?

La respuesta, realidad, ya la conocía, porque es deducible de lo expresado antes: ninguna o claramente insuficientes. Ante un juez español, eventualmente interviniente ante una demanda, aparecerá de manifiesto que las "evidencias electrónicas" son oscuras, insuficientes, inadecuadas para ser valoradas por nuestra jurisprudencia.

Así que, mientras se regule por la Unión Europea - y es de confiar en que se haga por la vía de Reglamento, que es directamente aplicable por los tribunales nacionales, sin esperar a la transposición imprescindible para las Directivasl- este jugoso pero espinoso sector, lo mejor es abstenerse de coger la fruta si se es un usuario particular (es decir, sin capacidad para negociar un contrato específico a nivel regulador de las prestaciones). No participar en la nube, hasta que la tormenta escampe sería un buen consejo.

 

El riesgo de la complacencia

Nuestra sociedad ha absorbido como un refresco la palabra sostenibilidad y la ha integrado sin pudor en los más inverosímiles recovecos de sus actuaciones.

A los que se mueven por los terrenos del beneficio económico o político les ha venido bien esta difusión del término. Como prácticamente nada de lo que se hace tiene ese carácter, al adjetivar como "sostenible" a algo, se está pretendiendo haberlo dotado de un valor nuevo.

También podría decirse que la sostenibilidad sea un conjuro para romper el malificio de nuestro desbocado desarrollo,y que quienes lo esgrimen a diestro y siniesto le atribuyan el mismo valor que a aquellos "detente" que se colocaban al cuello para ahuyentar al diablo, antes de que oficialmente se desminitiera su existencia.

La Fundación Bertelsmann y el Club de Excelencia en Sostenibilidad han dado a conocer los resultados de una encuesta entre 17 empresas españolas a las que se les preguntó por asuntos relacionados con su complacencia.

El resultado es un librito (por el formato) titulado "Gestión de la Diversidad Cultural en las Empresas" que el 24 de abril de 2012 se nos entregó a quienes nos acercamos al salón de Actos de la Biblioteca Nacional.

El acto fue presidido por Liz Mohn, viuda del magnate de las comunicaciones Reinhard Mohn, filántropo que, entre sus muchos reconocimientos, fue galardonado con el Premio Principe de Asturias de Comunicación y Humanidades en 1998. Su intervención, en alemán, me pareció un muy aceptable doctrinario para empresarios y políticos, y no faltaron las referencias fuera del guión a la situación española (sehen Sie Spanien und andere  Ländern: auch Spanien leidet unter der Krise) porque se ha perdido la confianza y la orientación (Vertrauen und Orientierung), y se ha extendido la desilusión y el confusionismo sobre los correctos comportamientos morales (Entausch und Missbrauch der moralische Verhaltung)

Después de varias interenvenciones cortas, incluída la de la autora principal del estudio, Montse Ventosa, el encuentro fue clausurado por Engracia Hidalgo, secretaria de estado de empleo, que defendió, en unas páginas leídas, la Ley de flexibilidad laboral.

Ventosa estuvo algo inquieta en su intervención porque el ipad en el que la tenía grabada perdió la conexión en algunos momentos, ("debería habérmela traído en papel", dijo) y, cuando la tuvo con el público hilvanó algunas frases curiosas: "En momentos como éste hacemos más historia que nunca; cuando a nuestros hijos les enseñen este período le habrán puesto un nombre, y está en nuestras manos decidir si será una palabra buena o mala".

También citó Ventosa a Theodore Levitt, justamente el primer economista que popularizó el término globalización: "La gente no necesita una broca, necesita un agujero". Yo entendí "roca" en vez de "broca", así que cuando Montse Ventosa nos invitó a entender el sentido de la frase, por más vueltas que le dí, seguí in albis.

Posteriormente, la propia autora de la cita me deshizo en malentendido, mandándome un correo con la versión inglesa de la misma: "People don't need a drill, they want a hole". No está mal, contemplada con la nueva luz. Pero me gusta más esta otra, que encaja más con el espíritu que se respiraba entre los asistentes: "Die Zukunft gehört denjenigen, die Möglichkeiten erkennen, bevor sie offensichlich werden" (El futuro pertenece a los que reconocen las posibilidades antes de que sean ostensibles)

 

 

Toros de Fálaris y política de ajustes

En las Epístolas morales a Lucilio, cuenta Séneca de un tirano, de nombre Fálaris, que ideó un instrumento de tortura perverso, consistente en un toro hueco de bronce en el que se introducía al condenado y que se ponía luego sobre el fuego, que se atizaba fuertemente hasta que el toro metálico alcanzara el rojo vivo.

Los gritos de dolor de los desventurados se convertían en mugidos, gracias a un dispositivo acústico, y esto provocaba en el sádico Fálaris un gran deleite.

No se contenta Séneca con traer a colación el cuento, porque lo que defiende para ilustración del discípulo es que si el sabio estoico fuese condenado a tal suplicio, no sufriría, pues le reconfortará este pensamiento: "Qué agradable es ésto, que a mí no me afecta en lo más mínimo" ("Dulce est et ad me nihil pertinet").

¡Ah, pero los sabios epicúreos tampoco experimentarían dolor alguno, puesto que, por una parte, les alegrará el recuerdo de los momentos agradables del pasado y, por otro, puesto que no temen el futuro, nada les importará lo que pueda pasarles (Epístola a Meceo).

A medida que se calienta la crisis, me convenzo de que los Fálaris que nos tienen dentro del toro del mercado y que calientan con medidas de ajuste, interpretan nuestros ayes de dolor y nuestros gritos inequívocos de que nos estamos asando, como bufidos y manifestaciones de fortaleza del sistema.

Nuestro margen se reduce a comportarnos como estoicos o como epicúreos. Hay grupos de insensatos que, oyendo las declaraciones de que la crisis ofrece oportunidades, creen que no les afectará, sin darse cuenta de que quienes tal dicen, están fuera del asunto, y lo contemplan desde fuera.

No menos lástima me merecen quienes se creen que volveremos a lo que teníamos como por arte de magia o que, en todo caso, como las cosas vienen siempre cíclicas, no hay más que esperar a que la tempestad amaine para que luzca de nuevo el sol.

Y mientras tanto, los Fálaris se tronchan de risa, ordenando más fuego.

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P.S. Quizá sea conveniente expresar, que la leyenda atribuye la realización del toro de bronce a un fundidor, servidor de Fálaris, de nombre Perilo. El fue uno de los que sufrieron la tortura. En el mito heleno, se nos cuenta que fue el primero. En la realidad contemporánea, parece que será de los últimos.

Entre mierdas y bananas (y 3)

La eliminación de los residuos por plasma sería "un poco más barata" que otros tratamientos, afirmó Guillermo Moreno, consejero delegado de Materiales Renovados en la Jornada del 18 de abril y tendría la ventaja de que puede ser incorporado por módulos. Aunque el tamaño de las instalaciones "no es tan crítico", las más comunes pueden tratar entre 50 y 500 t/día.

No ocultó Moreno que "el menor rechazo social que tiene esta tecnología se debe a que es menos conocida que otras"; no en vano se encuentra aún en período de innovación, en tanto que la de incineración es antigua y ha sido, por ello, el objetivo de las críticas -ya dejó claro Maíllo en su disertación que infundadas o desproporcionadas-.

En este procedimiento, no hay combustión y, por tanto no hay chimeneas, ni el "penacho" que llama la atención de los observadores y al que se atribuyen los principales efectos sobre la salud. Sin embargo, la propia red virtual demuestra que no está exenta de feroces críticas.

El objetivo principal de las instalaciones de plasma es obtener hidrógeno, enriqueciendo con él el gas de partida, y con él, en una pila de combustible, energía eléctrica. Con un kg de RSU tratado con plasma se consiguen 1,9 Mw.

Reino Unido fue presentado por Moreno como el país de referencia legislativa en relación con los ATT (Advanced Thermal Treatments), habiendo establecido los ROCs (Renewable Obligation Certificates) (1), como tasas que se dedicarán a financiar nuevas plantas de ATT (que incluyen la gasificación, la pirólisis y el plasma).

Víctor de Avila, de la empresa Waste to Energy presentó los procedimientos de oxidación catalítica de residuos, "más adaptados -dijo- a los generados en la industria", y que se concretan en equipos con capacidad de 2 a 8 MWe, que presentan altas disponibilidades de funcionamiento (7.640 h/año).

De Avila consumió parte de su intervención en defender la oportunidad de las instalaciones alternativas a los vertederos "que se están llenando; hay veces en qe se tiene que llevar el residuo de un vertedero a otro, con costes de transporte muy altos" y "por las noches".

Apuntó, en línea con las otras intervenciones, que la producción de energía que se obtiene de las "instalaciones termogénicas" suponen la reducción de la generación de CO2 y la disminución de la importación de productos energéticos (que cifró en 400.000 Mill €/año), cuando 1 t de residuo generaría 600Kwe.

La oxidación catalítica utiliza temperaturas altas en presencia de oxógino, con tiempos de residencia de al menos 2 minutos para conseguir la ruptura de los enlaces, controlando la turbulencia dentro del reactor. Como los residuos industriales, a diferencia de los domésticos, son muy homogéneos, el control de las reacciones es mas simple ("el blending es más sencillo", expresó De Avila).

En el coloquio, a la pregunta concreta a los ponentes acerca del umbral de rentabilidad (en coste por t) para cada uno de los tratamientos, Moreno lo fijó en 60/65 €/t para el plasma; Maíllo coincidió en esa cantidad para "plantas grandes" de incineración construídas en este momento, aunque matizó que "la financiación es un problema actualmente"; en la incineradora de Valdemingómez, instalada hace 17 años y en la que se tratan 300.000 t/año (estaba pensada para 450.000 t) el canon es de 47 €/t y parece que hay atrasos de más de un año en los pagos. En la de Cantabria, para 250.000 t, Urbaser cobra 53 €/t.

No quiero terminar este Comentario sin hacer una referencia más a Maíllo -que, como ya indiqué, fue el protagonista indiscutible de la reunión- quien aprovechó esta referencia a los precios para afirmar que "la limpieza de la ciudad es una obligación legal de los municipios y, por tanto, sujeta a tasa; pero no la recogida de los residuos, que es un servicio y se cobra según el precio que determina libremente" la Administración que lo presta.

En Madrid, se nos cobra la recogida según el catastro, lo que "es una barbaridad como un piano; pagamos el doble de lo que cuesta y sin relación con lo que generamos". Puso incluso Maíllo el ejemplo de su propia familia, en la que sus hijos, que viven en pisos más pequeños que el suyo, pero con cinco o seis personas en cada uno, pagan mucho menos que él y su esposa "que vivimos solos".

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(1) Las conexiones que propongo a webs que son críticas respecto a estas tecnologías no responde a una tendencia sádica por mi parte, sino que, con ello intento reflejar que los análisis más visitados de cuantos informes están disponibles en la red (que son los que aparecen arriba en los buscadores) están realizados por asociaciones ecologistas. Si se quiere visitar una web oficial, recomiendo ésta: Energy for waste: Guide for decisionmakers.

Magia entre vegetaciones y pinturas

Magia entre vegetaciones y pinturas

La galería Eboli de Madrid, que dirige con su magnífica sensibilidad Amalia Fernández de Córdoba, ha servido el 20 de abril de 2012 de escenario para la presentación de un libro singular, escrito por Rafael Ceballos, ingeniero de montes y mago.

El libro se titula "Vegetación, elemento mágico en la pintura naif europea". (55 euros, Edición Galería Eboli). En sus casi 300 páginas, se realiza un recorrido apasionante, desde el prólogo de la propia galerista, pintora ella misma, por los eruditos, interesantes, curiosos e inteligentes comentarios de Ceballos, ilustrados con la selección de más de medio centenar de reproducciones de obras, correspondientes a autores que han presentado sus cuadros a las Muestras de Arte Naif que, en alternas primaveras, convoca esta Galería ejemplar.

La combinación del análisis de la pintura de naturaleza, con los elementos mágicos -y, por tanto, producto de la ilusión, que linda con la ingenuidad, pero en territorios diferenciados- está reflejada en el libro de forma muy original. Enseña a ver pintura y paisaje al mismo tiempo, por lo que no dudo en afirmar que el libro es una joya.

Para quienes asistimos a la presentación, la ocasión generó, además, dos sorpresas adicionales. La glosa del libro fue asumida por Ramón Tamames, amigo personal del autor, quien, de forma distendida, combinó elogios, anécdotas personales, y cariñosas valoraciones de las obras seleccionadas, dando a estas últimas el tono singular adoptado por los Jurados de esos Concursos que se prodigan en televisión en los que se juzga a artistas noveles por otros consagrados.

Tamames, protagonista indiscutible de la primera parte del acto, pidió cojines para poner sobre la silla de tijera que los organizadores habían dispuesto sobre un improvisado zócalo -alegando tener "delicadas posaderas"-, habló de sus aficiones de "pintor de domingo" -dijo tener siete cuadros propios, cuyo contenido detalló-, ilustró sobre los orígenes del bosque de Balsaín y de los Monegros, se deslizó por recuerdos de Planes Forestales aún por implementar y no ahorró elogios para Ceballos y su libro, como le correspondía hacer y los destinatarios merecían.

Quienes conocemos las habilidades de Rafael Ceballos para la magia, sabíamos que nos haría varios juegos, combinando -como solo él sabe hacerlo- elementos del libro con su asombrosa capacidad para sorprender con fantasías que, en sus manos y con sus explicaciones, parecen reales.

Y así fue, con lo que la tarde se convirtió en un regalo completo, que la Galería adornó con un cóctel para cerrar el acto con compensaciones también para el estómago y la opción de ver detalladamente los cuadros expuestos, conversar entre amigos y, por supuesto, pedir al autor que dedicara el libro.

No se si la Galería y Rafa Ceballos venderán muchos libros. Sí que lo merecen, por su esfuerzo y simpatía y, naturalmente, porque la edición -bilingüe en inglés y español, por cierto- merece la pena. Todavía están a tiempo quienes deseen invertir algo de dinero en arte naïf para acercarse a la Exposición y conseguir alguno de los cuadros expuestos. No me parecieron caros: entre 600 y 3.500 euros encajan la mayoría, sino todos; y los hay realmente excelentes.

Entre mierdas y bananas (2)

(Este Comentario es continuación de otro, con el mismo título, ya publicado en este blog. Aunque el objetivo principal es hacer la reseña de la Jornada del IIE del 18 de abril, incluyo apreciaciones personales que me hacen único responsable del mismo)

La fracción de RSU en el total de residuos producidos en España es de solo un 10%, por lo que el problema de la recogida y tratamiento de todo lo que el generador del residuo no valora debe involucrar a muchos agentes y no es, ni mucho menos, una cuestión solo de los urbanitas.

No viene nunca de más recordar que los Residuos Urbanos o municipales, según los trata de definir la Ley básica al respecto (10/98), son "los generados en los domicilios particulares, comercios, oficinas y servicios, así como todos aquellos que no tengan la calificación de peligrosos y que por su naturaleza o composición puedan asimilarse a los producidos en los anteriores lugares o actividades."

"Tendrán" -prosigue la Ley- "también la consideración de residuos urbanos los siguientes: Residuos procedentes de la limpieza de vías públicas, zonas verdes, áreas recreativas y playas. Animales domésticos muertos, así como muebles, enseres y vehículos abandonados.Residuos y escombros procedentes de obras menores de construcción y reparación domiciliaria"

Este intento de "definición administrativa" no encaja plenamente, como podría suponerse, con la realidad de la "basura de las ciudades" y, por ello, tampoco tiene su reflejo en lo que se hace o debería hacer con ella, de acuerdo con sus características, para lo que basta convertirse en observador crítico de lo que sucede en la propia localidad y en el entorno donde uno mismo vive. 

Junto a los contenedores colocados por el municipio con la intención de favorecer la separación de residuos de papel y vidrio -sí, claro, también en los lugares más insospechados-, aparecen regularmente ordenadores abandonados, bolsas con los más variados restos... Si se toma la molestia de mirar lo que se ha introducido en ellos, se verá que no todo es de la misma naturaleza, como si un terrorista ecológico se hubiera entretenido en hacer desmerecer el trabajo de los demás.

No digo esto para que el lector se lleve las manos a la cabeza. Aunque no parezca tener mucho que ver con lo que aquí trato, mejor será que no se arriesgue a lanzar la primera piedra contra los infractores si se le pide que asegure no haber tirado jamás aceites usados y otros líquidos no menos dañinos (para una depuradora de aguas residuales urbanas) por el desagüe de su cocina.

Ha proliferado una pléyade de pepenadores de la basura y hurgadores en contenedores, más o menos organizados y especializados en según qué productos -que circulan a toda velocidad en horas previas a la recogida oficial o por los lugares en donde hay contenedores fijos, con sus camionetas abiertas, organizados en equipos humanos sin protección alguna-, causando destrozos sobre lo que estaba dispuesto, mezclándolo sin mayor consideración o dejándolo vandálicamente desordenado.

Todo esto complica aún más el cumplimiento de lo dispuesto en el R.D. 1481/2001, que reproduce "a la española" la Directiva 1999/31/CE, modificado parcialmente por el R.D. 1304/2009) y que fija los porcentajes máximos de materia orgánica que podrían ser destinados a vertederos, según determinados horizontes temporales.

Maíllo resaltó, en su conferencia, que no se han cumplido y no se van a poder cumplir. Se ha superado el 75% de la fracción orgánica previsto para julio de 2006 (equivalente a 8,7 Mill t/año), y el 50% para julio de 2009 (5,8 Mill t/año), y se infringirá ampliamente el tope del 35% (4 Mill t/año) fijado para 2016. Estamos, en realidad, aún entre el 70 y el 80% real de materia orgánica enviada a vertederos.

La crisis complicará aún más una situación en la que cada Comunidad Autónoma, en una equivocada delegación de competencias en este campo, ha asumido la responsabilidad del tratamiento de sus residuos, que ha conducido a un número exagerado de vertederos, la mayor parte, colmatados. Porque aunque los principios de autosuficiencia y proximidad son claves para reducir costes y concretar quién ha de asumir la responsabilidad de la valoración o eliminación de los residuos, "deben ser matizados por el principio de economía de economía de escala".

La posición de Maíllo es, como corresponde, desde luego, a un "asesor de Urbaser", pero con su experiencia de uno de los que más conocen sobre eliminación de residos en España, contraria a los vertederos e impulsora de la incineración.

"Los procesos de combustión eliminan la mayor parte de la fracción sólida, se recuperan metales y escorias y solo queda un mínimo porcentaje de cenizas volantes, del orden del 3 al 4% del peso inicial".

La combustión en las incineradoras es un proceso Rankine típico que usa como combustible la fracción rechazo del residuo. Pero, aunque en el mundo hay más de 40.000 plantas de incineración, en España solo tenemos 10 en las que se procesa solo un 10% de los RSU, por una oposición que, siguiendo a Maíllo "nadie sabe concretar en qué se basa", puesto que carece de fundamento técnico. 

"Las incineradoras son obligadas a instalarse a 15 o 20 km de las poblaciones y aunque se podría superar el 75% de la energía térmica- con la limitación de temperatura que impida la formación de compuestos dañinos por la presencia de azufre y cloro, y en cantidades variables, ya que los residuos urbanos varían en composición-, en el cambio a energía eléctrica, se pierde el 20% de la energía producida"

(continuará) 

Antes de abdicar

Los niños de la postguerra (que, hasta ahora, siempre ha sido un ante de la siguiente) sabían de memoria, incluso sin haber sido ilustrados sobre otros pormenores de la vida, el comienzo de La vida es sueño, de Calderón de la Barca, en la que Segismundo se lamentaba de su suerte, aunque reconociendo que "el delito mayor del hombre es haber nacido".

Haber nacido para ser Rey (con matices), y haber llegado a serlo, en una época en la que se han destruído prácticamente todos los iconos (salvo los que cantan mientras bailan, se despelotan en las películas con quienes se encaman en la vida real o juegan al fútbol por muchos dineros), tiene que ser un delito digno de cadena perpetua y permanente amenaza de ser expuesto en la picota.

S.M. Don Juan Carlos, Rey de España -al menos, hasta el 20 de abril de 2012 en que esto escribo- presionado por un clamor insaciable ha expresado, a la salida del Hospital en que le han colocado una prótesis de cadera, que: "Lo siento. Me he equivocado. No volverá a pasar".

Estas declaraciones se han producido, después de que, por una caída fatal (la que le rompió el fémur) se haya descubierto que, abandonando su Palacio y, se supone, para relajarse algo de sus tensiones familiares y los tremendos varapalos que están recibiendo nuestros fervores patrióticos, se encontraba de caza del elefante por el Africa profunda.

El periodismo de investigación se ha cebado en la noticia y, en pocos días, se han ido acumulando precisiones, junto a especulaciones, sobre quiénes acompañaban al Rey y por qué. Pero, sobre todo, el periodismo de oportunidad y los que lo alimentan y jalean, se han puesto las botas criticando la frivolidad, la falta de sensibilidad, el despilfarro y acumulando no sé cuántos improperios más, sobre la figura más venerada de nuestra decadente democracia.

Tengo el presentimiento de que las palabras del Rey son el preludio de su próxima abdicación. Es, sin duda, la natural reacción en quien está dolido porque se ha visto obligado a disculparse por algo que le gusta hacer, y que es consciente de que su imagen no se recuperará. De ser aglutinante central de la pluralidad irreconciliable de propuestas hispanas para vivir en democracia, este pueblo crítico y en crisis, ha pasado a verlo como un desnortado cazador de elefantes, con problemas insolubles en su matrimonio y con negocios y amigos misteriosos.

Pero, además de las razones personales de D. Juan Carlos, la abdicación del Rey posiblemente más admirado hasta ahora en vida de la Historia de España se ha querido convertir en una necesidad general, "institucional". Y para evitar que el miedo al vacío de la ciudadanía se exagere, se desvía la atención de la pieza real acosada, -enferma y vieja-, para centrarla en el heredero, dejando a los depredadores con su víctima, como sucede en las sabanas africanas que tanto gustan al Rey culpado.

Lo que se está preparando, pues, en esa revisión anunciada para dotar de mayor transparencia a la Casa Real, es el protocolo de retirada y honores otorgados para un Rey que ya no lo será y el traspaso del cetro, la corona y las pejigueras de representar a todos los poderes inmateriales sin tener ninguno cogido de la mano, por esa obligación latosa de tener que aparentar ser un reducto de la mitología, siendo de carne y hueso, como todos.

Desde este Cuaderno, llevado por esa presunción, soy el primero en dar la cordial bienvenida al escenario de vanidades y oropeles a S.M. D. Felipe VI. Dios lo coja confesado, porque este pueblo no perdona y siempre tiene la escopeta a punto para disparar contra lo que se mueve.

Entre mierdas y bananas (1)

(Advertencia: Este Comentario puede herir algunas sensibilidades; peor para ellas)

Como consecuencia colateral de la economía de mercado, los seres humanos generamos residuos que, sin apartarnos de la definición que ofrece la Ley 22/2011, son -como su nombre indica- aquellas materias a las que, en tanto que productores, no concedemos ningún valor.

El que no lo tenga para el productor no significa que no suponga la base de un negocio para quien lo recoja y lo trate. Porque la retirada de la basura de donde se ha generado es un servicio y, en nuestra colectividad, formalmente civilizada, extraer de ella aquello que pueda ser reutilizado, reduciendo el deterioro ambiental que causaría su abandono, es un oficio que proporciona negocio a bastantes empresas.

Así que tenemos una versión integrada del cuento del rey Midas con el del asno que cagaba presuntamente monedas de oro. Pero si esta parte de la visión sobre la mierda se ha convertido en leit motiv para los que, sin hablar de costes, se han imaginado que hay algún valor misterioso en la basura, se impone una actualización moderna, y muy generalizada, del problema que es el síndrome banana.

Porque, es cierto que todos queremos tener nuestro entorno limpio y aseado, e incluso podemos estar dispuestos a pagar algo porque nos quiten de la vista lo que nos estorba. Pero, que nos lo lleven lejos.

Y, como todos acabamos pensando lo mismo, quienes recogen los residuos tienen que confrontarse, como cualquiera que pretenda iniciar una actividad que resulte sospechosa de causar el mínimo perjuicio a cualquiera de los sentidos, con los vigilantes de que se cumpla el acróstico banana: "Building Absolutely Nothing Anywhere Near Anything". (1)

El 18 de abril de 2012 se celebró en el IIE una sesión divulgativa sobre La recuperación energética de los residuos sólidos urbanos (RSU), por iniciativa de la Comisión de Energia del IIE (presidida por Yolanda Moratilla, catedrática de la UPC).

Los ponentes presentaron tres caras de la cuestión: la incineración (por Alfonso Maíllo, de Urbaser), la eliminación por plasma (Guillermo Moreno, de Materiales Renovados) y la oxidación catalítica (Víctor de Avila, de Waste to Energy).

La simple enumeración de las técnicas expuestas ya indica su diferente difusión práctica, al menos en España.  En este primer Comentario, además, de justificar el título elegido para tratar el tema, ofreceré algunos datos generales, tomando como base la disertación de Maíllo, que actuó como impecable maestro del tema de la sesión.

En España hemos producido en 2010 entre 23/24 Mill. t de RSU (fuente: Eurostat), con una disminución respecto al máximo histórico de 26/27 Mill. t/año, como consecuencia de la crisis. De esta cantidad, de la que se detraen parte del papel, vidrios y metales, terminan en los 188 vertederos, 17,9 Mill de t (74%), y, adicionalmente, se eliminan en las 10 incineradoras existentes, 2,2 Mill. de t.

Una situación que Maíllo presentó como "un absoluto desastre" 

(continuará)

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(1) Una parte de los acrósticos que utilizamos los hispano-parlantes está construído con base en expresiones inglesas. Esta significa, en el idioma en el que está escrito este comentario: "No construir absolutamente nada en ninguna parte cerca de algo".

Invito al lector a dedicar algo de tiempo a generar acrósticos en inglés con base en frases en español. Por ejemplo: Nope! Is sheet! ("NO PErmito Instalaciones Singulares Sin Haber Estudiado El Tema")

Propuesta de cambio de enfoque a la figura del defensor del pueblo

A principios de abril de 2012, la oficina del Defensor del Pueblo publicó un número especial de la revista "El Defensor al Día", con el resumen de las actividades de esta figura a la que la praxis ha ido recubriendo, lamentablemente, de una pátina decorativa.

Ha contribuído a dotar de este carácter mítico (preciso: elegante, aunque inútil), desde luego, la proliferación de defensores de las más variadas causas e instituciones -públicas y privadas- que, faltos de músculo coercitivo, languidecen en prolijos informes en donde se da cuenta de quejas e intenciones, con recomendaciones que hay que imaginar son lanzadas a la papelera más próxima, en cómoda parábola mental, por sus previstos destinatarios.

Sin embargo, no me parece que la razón principal del edulcoramiento de la figura del Defensor del Pueblo provenga de la tremenda competencia de otros defensorcillos desprotegidos del apoyo constitucional que tiene nuestra versión del Ombudsman pasada por el Síndic de Greuges, la habitación del punching-ball y la práctica adquirida con los Buzones de Ayúdenos a Mejorar.

La razón que percibo como culpable máxima de la ineficacia del Defensor del Pueblo es que los españoles no están educados para distinguir lo importante de lo superfluo, lo estructural de lo coyuntural, lo que es común de lo que les es propio a cada uno, convirtiendo a los defensores de lo que se hace mal y afecta a muchos en lo que me parece horrible porque me afecta a mí.

Sabemos, por el precioso Informe de actividades de la Oficina del Defensor del Pueblo español que las quejas individuales fueron 16.353, siendo el total de expedientes abiertos 24.381, de los que algo más de medio millar lo fueron de oficio. Y, como podría intuirse -por su afición a contar su vida sin esperar que nadie se la resuelva-, quienes más se quejaron fueron los madrileños, que acapararon casi la cuarta parte.

Aconsejo al lector que se sumerja en las páginas del Informe, en donde encontrará satisfacción a la curiosidad de conocer sobre qué se quejan los españoles. De la lentitud de la Justicia, de las informaciones financieras, del ruido y la contaminación, de la corrupción, de las políticas de empleo, de la discriminación, de las malas prácticas escolares, etc., etc. Una foto fija concluyente de lo que preocupa a la ciudadanía, en especial, cuando le va algo en ello.

Los últimos acontecimientos en torno a la situación española me animan a solicitar una nueva línea de actuación a la Oficina, aún reconociendo su intensa actividad y esfuerzo por dar satisfacción moral a los que acuden a esa institución creyendo que va a resolverles su problema.

Mi propuesta es que se defienda al ciudadano español en el mundo. Que allí donde se menosprecie la capacidad española para salir de la crisis, para investigar, para encontrar soluciones sin que nos las impongan desde fuera, para juzgar sin que otros entrometan sus narices en nuestras miserias, actúe de oficio, realizando un Informe en español y en inglés que enviará, pagándolo como publicidad si fuera necesario, a medios españoles y foráneos -y, obviamente, insertándolo en su página web-, defendiéndonos.

No será un despilfarro. No servirá para que los extranjeros envidiosos mejoren su opinión respecto a nosotros, pero nos elevará la moral.

 

 

¿Comprar Argentina y vender Repsol por lo que valen?

Dice el viejo chiste que el mejor negocio del mundo sería comprar un argentino por lo que vale y venderlo por lo que dice que vale.

La presidenta argentina Cristina Fernández, entre sesión de botox y pirulíes de menta, se ha encontrado otro aún más directo: expropiar mediante un ukase, remitido al Parlamento pero ejecutado de antemano irrumpiendo en las instalaciones de la empresa, las acciones de Repsol en YPF, asegurando que era lo adecuado para recuperar la "soberanía hidrocarburífera".

Lo ha hecho, después de venir piándola durante una semana, el 16 de abril de 2012, y lo ha justificado, además, entre otros puntos de interpretación confusa, en que las inversiones de la empresa en los últimos tiempos se parecen "más bien a la trompa de un elefante".

Los exégetas del lenguaje diplomático internacional han interpretado que se trata de una velada alusión a la última cacería frustrada del rey de España en Botsuana, en donde, sin que conste hubiera hecho el menor daño a ningún proboscídeo, el monarca se rompió la cadera. (1)

Repsol era propietaria, antes del expolio, que se concretará en un Plan de reintegros a 50 años -y del que existe el precedente histórico de la valoración que se hizo, hace años, por una Comisión de expertos de las acciones que tenía Diaz Merchán en Aerolíneas (cero dólares)-, del 57,43% de las acciones de YPF, en la que entró en 1999 con una participación en torno al 16%. Da empleo a 13.500 argentinos y el mayor productor de hidrocarburos del país.

La medida,  que debe ser respaldada por el Parlamento argentino, ha desatado de inmediato tensiones diplomáticas ex-post entre dos países que se creían amigos, amplios comentarios respecto a la seguridad jurídica de la que se disfruta en Argentina y, claro está, anuncia una reclamación de Repsol y del gobierno español -que siente como propia la agresión- ante los Tribunales Internacionales.

No me hubiera atrevido antes a imaginar que llegaría un momento en que la debilidad de las acciones internacionales de España SL hubiera alcanzado niveles en los que, salvando distancias sentimentales, hasta los países amigos se reparten en vida las joyas de la abuelita.

Ya no lloramos por tí, Argentina. Lloramos por España, y, desde el lunes, por la patada que tú nos has dado en nuestras partes pudendas.

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(1) Se va sabiendo, entretanto, que S.M. no solo había ido a Africa a cazar y tampoco a hacer defensa de los intereses patrios en el Africa profunda, sino también a solazarse de otras miserias más carnales, y que -aunque esto más bien me parece ir en detrimento que en beneficio ético- a la Monarquía no le habría costado un euro el paquete, porque le pagaron el viaje a escote algunos empresarios con los que comparte aficiones tanto cinegéticas, como económicas.