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Al Socaire de El blog de Angel Arias

Ingenieria para Abogados y Economistas. Medio ambiente (3)

Ingenieria para Abogados y Economistas. Medio ambiente (3)

Reconocida la cuestión ambiental, actualmente, como una de las preocupaciones mayores de la humanidad y siendo sus dos cimas sobresalientes: a) la reducción de la producción de los "gases con efecto invernadero" y b), dada la destrucción y el deterioro de muchos hábitats, la recuperación o mantenimiento de una biodiversidad aceptable, en ambas debería, a priori, concentrarse la atención respecto a las medidas precisas para corregir la situación .

El problema parecería reducido, en fin, a evaluar las medidas correctoras, decidir el reparto y aportación de los fondos necesarios y repartir las responsabilidades, con el objetivo claro de atajarlo de inmediato.

No es en absoluto así.

Los países tecnológicamente más desarrollados no están dispuestos a reducir drásticamente su nivel de consumo del ambiente y los países con menos infraestructura técnica -coincidente con mayores niveles de calidad ambiental y biológica- exigen fuertes compensaciones si deben renunciar a su turno en la mesa del consumo de los productos que ha puesto la naturaleza en su territorio (fundamentalmente, minerales y piedras, árboles y naturaleza, aguas, tierras, aire y algunos animales, todos ellos convertidos en "valiosos", en opinión de los mercados).

No es, fundamentalmente, una cuestión jurídica ni económica: la contención y recuperación del deterioro ambiental es, nadie lo discutirá, multidisciplinar, pero la aportación de soluciones apunta, sobre todo, al lado de la técnica. Porque nos encontramos en una sociedad que ha enfocado su disfrute en la posesión de múltiples artilugios tecnológicos -cuantos más, mejor- y, además, de propiedad individual -tendencia al goce solitario, que garantiza impunidad y anonimato-, y de rápida obsolescencia (real o forzada por los fabricantes).

El conflicto ambiental es inherente al momento en que se encuentra nuestro desarrollo como Humanidad. En los países en donde la "concienciación ambiental" está más desarrollada, la incorporación de las Declaraciones de Impacto Ambiental (DIA), con este u otros nombres parecidos, para conseguir la aprobación administrativa de proyectos y procedimientos y, en general, la apertura hacia el debate público de cualquier tipo de actuación técnica sobre la naturaleza, ha puesto de manifiesto las graves contradicciones a que nos ha conducido la dependencia de los recursos naturales con la búsqueda de una sensación de bienestar que se ha puesto tecnológicamente al alcance de miles de millones de personas.

Nos hemos hecho una idea personal de lo que es "disfrutar de la vida" que es tecnológica y en la que la valoración de lo que cuesta en externalidades a la humanidad, a la colectividad propia o a otros países, producir esos artilugios o la obligación teórica de respetar una complejidad de leyes incomprensibles para el lego, no son impedimentos para lanzarnos, ciegamente, al mundo del consumo.

La construcción de la argumentación es, sencillamente: "Lo quiero para mí, y no es de mi incumbencia si su producción provoca daños lejos de mi vista; esa responsabilidad es de otros". Una combinación de los efectos nimby, banana y un escenario propio de una obra teatral de Alejandro Casona, por supuesto, ya olvidada, que se llama "La barca sin pescador".

Dejando de momento a un lado la cuestión de decidir qué tipo de proyectos deben someterse a Evaluación Ambiental, y cuáles serían las condiciones que habrían de imponérseles para que obtuvieran su aprobación o rechazo (vinculadas, en principio, al concepto impreciso de Mejores Técnicas Disponibles), es imprescindible tener en cuenta que el análisis de los efectos de la introducción en el medio -agua, aire, tierra- de un agente contaminante implica la modelización físico-matemática de su difusión en él.

Encontrar una expresión matemática que caracterice el sistema no es sencillo, aunque generalmente se utilizan expresiones algebraicas o ecuaciones diferenciales simples, que permiten estudiar de manera simplificada la difusión del agente contaminante en el medio.

La más común es del tipo: dC/dt = kC, que expresa que la velocidad de difusión de la contaminación, o sea, la variación de la concentración de la contaminación (C) con el tiempo, mantiene una relación constante (que es k, tasa de crecimiento por unidad de tiempo) con la Contaminación que produzca la fuente (supuesta, en este caso, función exclusiva del tiempo).

En bastantes casos, para no complicarse la vida, se suele adoptar para la Contaminación la forma exponencial: C(t) = Co e exp kt, siendo Co la concentración inicial; pero la concentración de contaminación es, también, una función de la posición en la que se mida ésta, cuestión clave en el caso de que el medio sea un fluido (agua) o gaseoso (atmósfera), lo que obliga a considerar los gradientes (o variaciones) de contaminación en cada dirección, las velocidades de transporte de la masa a través del medio, etc., hablándose entonces de difusiones advectivas, moleculares o turbulentas. 

(continuará)

Ingenieria para Abogados y Economistas. Medio ambiente (2)

La preocupación seria por el ambiente es relativamente reciente, como se sabe, y está relacionado básicamente con la conciencia de su deterioro irreversible en los países más desarrollados, en donde se encuentran los focos con más altos niveles de contaminación y en donde se ha procedido, sobre todo a partir del siglo XVIII y aceleradamente en el siglo XX hasta la década de los 80, a una tremenda pérdida de calidad ambiental. 

Sin pretender abrir una discusión sobre las razones de la evolución de la sensibilidad ambiental en estas páginas, y aunque se debe conceder un valor propio al conocimiento que los pueblos primitivos tenían de la naturaleza, que les proporcionaba los recursos para su subsistencia, me inclino a creer que, al aumentar las necesidades, la mayor protección hacia los recursos naturales no provino tanto del respeto que merecía el ambiente ni de la cooperación tribal.

Si han llegado hasta nuestros días, en aceptable estado de conservación algunas zonas con importante biodiversidad, no ha dependido -especialmente en los países desarrollados- de las actuaciones colectivas de conservación, sino del mantenimiento acotado -esto es, sustraído al disfrute general- de grandes extensiones de terreno, que han sido transmitidas, generación tras generación, por los descendientes de reyes y caciques, guerreros con éxito, conquistadores, y directos allegados. (1)

En cuanto a los bienes poseídos en mancomún (básicamente, montes), la caída de los precios pecuarios ha propiciado, para muchos, el abandono de  su explotación, su descarada apropiación por particulares, o su destrucción malintencionada. También ha de dejarse anotado que el Ejército, reservándose para sí zonas para instrucción y campo de tiro, ha logrado un efecto parecido al de los grandes terratenientes con sus propiedades, al decaer la importancia de los métodos de preparación militar, ataque y uso de armamento convencionales, lo que dió por resultado el descuido o no utilización de los terrenos que tenían asignados.

Sirvan estas pinceladas para llamar la atención de que el consumo del ambiente ha sido consustancial al desarrollo humano y que las técnicas para que su uso redundara en beneficio social de la colectividad (provocando simultáneamente, desmesurados enriquecimientos individuales) han aumentado de forma creciente -seguramente, con ritmo exponencial- en la etapa industrial.

Y así siguen, mientras queden recursos por explotar en países menos desarrollados y su explotación genere beneficios a los detentadores de capital y tecnología, que siempre habrán de tener una compensación social imprescindible en la creación de empleo y actividad local, lo que mitigará o eliminará las resistencias.

La aparición de las infotecnologías en este complejo escenario ha introducido una importante variación sobre el entorno en el que se mueven los seres humanos, incorporando a él nuevas formas de contaminación, mucho más sutiles que el NOx, el CO2 o las partículas en suspensión, y potencialmente más dañinas, pues afectan a la conformación del pensamiento individual.

Vivimos en un entorno cada vez más artificial y exigente y para muchos, especialmente para los jóvenes, el entorno no es la naturaleza, sino un universo tecnológico al que se sienten vinculados y, a menudo, de forma obsesiva. (2)

(continuará)

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(1) Entiéndase bien la frase, en especial por quienes tratan de buscar los tres (o los cinco) pies al gato: los latifundistas contaban/cuentan con un equipo de empleados y subordinados que les hacían el trabajo principal, reservándose ellos la parte del disfrute.

(2) Me hubiera gustado poder decir que la idea es genuinamente mía, pero no lo es. Si el lector quiere saber más sobre esta cuestión, le aconsejo la lectura del libro de Fernando Sáez Vacas, "Cultura y tecnología en el Nuevo Entorno Tecnosocial" (Fundación Vodafone España, 2011), especialmente, de su último capítulo.

 

Ingenieria para Abogados y Economistas. Medio ambiente (1)

Ingenieria para Abogados y Economistas. Medio ambiente (1)

El tratamiento del medio ambiente, desde que ha adquirido protagonismo, se ha configurado como una de las transversalidades de interés general y, por lo tanto, es materia que ocupa a todas las profesiones.

Pero lo hace de diferente manera. Para los economistas, la incorporación de los costes de prevención o reparación ambiental en las cuentas de resultados, ha convertido a este elemento en un factor que afecta a la rentabilidad (beneficio) de un emprendimiento, en general, de forma negativa. Cuando una "externalidad" pasa a ser un "coste interno", total o parcialmente, es evidente que hay que revisar cómo se desequilibra la estructura general de costes y de qué forma se puede compensar la introducción de algo que era antes gratuito (una "res nulius" peculiar) en la cuenta de resultados, además de tratar de cubrir los riesgos ambientales con los seguros que se consideren adecuados

Para los abogados y, en especial, para los que han visto en la especialidad del complejo derecho ambiental (con tantos frentes legiferantes) un campo de trabajo profesional, la preocupación ambiental, plasmada en múltiples leyes, reglamentos y disposiciones y, por lo tanto, en una ampliación del abanico de potenciales litigiosidades, es una buena noticia.

Para los ingenieros, sin embargo, la creciente obsesión por el ambiente, es, en general, una fuente inagotable de quebraderos de cabeza y, también, una restricción de "naturaleza incalificable" a la libertad de su trabajo profesional, incorporando inseguridades e indefiniciones que arriesgan provocar, y de hecho, provocan, la paralización de muchos proyectos o la modificación de otros, con efectos sobre las mejores tecnologías disponibles, ya que éstas no siempre están relacionadas con las exigencias ambientalistas.

Además, como directores típicos de la ejecución de proyectos y tareas con alcance ambiental, la redacción de los tipos y supuestos definidos en los Códigos (en especial, el penal), los convierte en objetivos apetecibles para aparecer como sujetos para la imputación de responsabilidades.

(continuará)

Ingenieria para Abogados y Economistas: Métodos para construir túneles (Apéndice)

Aunque la capacidad de abstracción de abogados y economistas es, al menos, de igual entidad que la de los ingenieros -ya que aquellos se mueven más cercanos al mundo de la metafísica-, incorporo algunas aplicaciones de la teoría de túneles a las profesiones a las que va dirigido esencialmente este Manual.

Asumo así las críticas de varios colegas de estas especialidades de la ciencia que, además de valorar (en mi opinión, equivocadamente) que el Manual está enfocado a despertar sonrisas más que a ilustrar sobre aplicaciones de la ingeniería, me trasladan que dedico excesiva atención a la macroeconomía.

Los abogados practican, tal vez sin ser conscientes de ello, las técnicas de tunelación en muchas ocasiones. No es infrecuente que se concentren en la aplicación del método belga, avanzando con cinturón y tirantes en los temas, y tomando decisiones, según se presenta la consistencia del terreno que pisan, sin preocuparse tanto de realizar el estudio geotécnico completo de la materia que están abordando, en representación de su cliente.

La técnica supone que traten de acumular, utilizando, desde luego, las legítimas oportunidades que les da el derecho procesal, multitud de obstáculos a la consecución del objetivo final, que debería ser el final de proceso.

Se recurre así,según interese, a la impugnación de la legitimación activa o pasiva, a la tacha de peritos propuestos por la contraparte, a la puesta en consideración del juzgador de las pluspeticiones que estimen conveniente, a la reconvención incluída en la contestación a la demanda o a la incorporación en la misma de otrosíes y peticiones subsidiarias o complementarias, a la utización del recurso de solicitud de medidas cautelares y ofertas de caución simbólicas (o a su negación fundamentada, incluso traída por los pelos), cuando no, a esgrimir prejudicialidades en otros órdenes o, si se está en trámite de ejecución a presentar múltiples escritos con las valoraciones, objeciones, alegaciones e impugnaciones que se les pasen por la cabeza, con el objetivo fundamental (siempre en interés de parte) de dilatar lo más posible el proceso y calentar la cabeza de los miembros de la judicatura, ya de por sí calientes por la cantidad de trabajo pendiente cuya resolución les exigiría una atención y tiempo del que no disponen (por motivos que no es del caso detallar).

En menos ocasiones, el método austríaco de tunelación es el preferido. Se recurre así a acumulación de documentos, en número de varias decenas, incluso con posterior aportación de otros, presentados como hechos sobrevenidos, y nuevas fotocopias de los mismos y copias de sentencias, vengan o no al pelo, que configuran un arsenal de papelería que tiene como consecuencia práctica la absoluta imposibilidad de que nadie en su sano juicio sea capaz de leer -y menos, entender- toda la argumentación traída a colación, colapsando con la celulosa convertida en hojas escritas, tanto las dependencias de los juzgados como sus propios despachos y los de sus colegas contrapartes y teniendo por efecto colateral que, al cabo de algunos años de sostener la pendencia, el que tiene más razón objetiva pierda la noción de lo que le llevó a encontrarse ante los tribunales, provocando un cansancio típico conocido como "síndrome del litigante".

Los abogados, por la cuenta que les tiene (salvo que pertenezcan a bufetes de renombre, esos que, amparandose en una referencia profesional prestigiosa -incluso fallecida- tienen en plantilla un número imprecisable de socios, letrados colaboradores, licenciados en pasantía, etc.-) no suelen admitir más casos que los que su capacidad y tiempo les permiten. ¿Qué sucede, sin embargo, cuando un juez recién nombrado o desplazado a un juzgado desde otro se encuentra con una montaña de casos pendientes?

En España, en el momento de redactarse estas líneas, es patente el "colapso judicial", provocado por la acumulación de demandas por resolver y la insuficiencia  de medios de los Juzgados, situación denunciada desde el Consejo General de la Abogacía, las Asociaciones de Jueces y los propios miembros de la judicatura. Los casos acumulados son, por lo demás, de muy variada entidad y de índole diversa, testimoniando, por cierto, el estado de beligerancia de nuestra sociedad.

Es un caso de posible aplicación de las técnicas de tunelación. Cuando se tiene claro el punto final del túnel y ha ocurrido el colapso del terreno, quedando atrapada la tuneladora, lo que procede es avanzar por una galería de apoyo, de manera que se consiga la liberación de la máquina; el procedimiento no puede ser otro que la aportación de medios extraordinarios; lo que nunca ha de hacerse es dejar empantanada la situación, pretendiendo que habrá de resolverse por sí misma, puesto que la naturaleza de las cosas es, siempre, que cuando se abandona la adopción de una solución inmediata, por costosa y díficil que parezca, no se puede contar con que el tiempo mejore la misma, sino que tenderá a complicarse, provocando nuevos derrumbes, más víctimas y superiores costes.

Ingenieria para Abogados y Economistas: Métodos para construir túneles (y 2)

Ingenieria para Abogados y Economistas: Métodos para construir túneles (y 2)

Hay tres formas básicas de construir un túnel, que reciben diversos nombres según quién se refiera a ellos, o bajo qué bandera, y que, por supuesto, no se encuentran en estado puro en ninguna construcción real, pero sirven en las Universidades Tecnológicas para dar algunas pinceladas -ya sea en un semestre o en dos cuatrimestres, o en la clase de final de curso- a los futuros ingenieros sobre lo que deben preguntar después, cuando terminen su carrera, a los que saben, desde su experiencia real, qué deben hacer si se encuentran en tal tesitura. El sentido común y la prudencia les evitará aplicar por su cuenta lo que han estudiado sin demandar antes la ayuda y supervisión de alguien experimentado.

Los métodos en cuestión son: 

a) El llamado en España método belga y en algunos foros de Madrid, método de Madrid (Cut and Cover Tunnelling), y que se realiza con herramientas manuales y maquinaria tradicional para excavación. Resulta, por tanto, muy versátil, por su facilidad para acomodar el avance de la perforación a los cambios de sección que puedan ser necesarios para incorporar las estaciones, los puntos de control y zonas de seguridad, etc. Requiere, por su naturaleza, mantener varios talleres solapados o simultáneos; es un método similar al utilizado en la construcción de carreteras en superficie; esto es, se va avanzando con regularidad y puede ser definido con palabras llanas como "el método de toda la vida", distinguiéndose variantes, de las que las más sencillas, por trabajar a cielo abierto, son el "bottom-up", el "top-down", cuya seguridad las hace preferidas cuando se tiene que actuar dentro de las poblaciones y se pueden cerrar las calles para realizar el túnel. (1)

b) El método austríaco (Drill and Blast), y, también, método alemán, canadiense, chileno e inglés, cuya filosofía es que el terreno contribuye fundamentalmente a su propio mantenimiento (por lo que hay que hacer evaluaciones geotécnicas muy precisas e instalar sensores y medidores con continua monitorización). Se utilizan explosivos para acelerar el avance, por lo que provoca niveles de vibración más altos pero de menor duración. En palabras más simples, es el método de "si te la quieres jugar, porque sabes cómo hacerlo, corre lo que puedas", y se utiliza, como se puede suponer, la experiencia geominera.

Cuando la solidez de la roca lo permite o en el caso de túneles de gran longitud, se utilizan máquinas perforadoras que, obviamente, se llaman aquí tuneladoras (método TBM, Tunnel Boring Machine). Estas máquinas son escasas, requieren una fuerte inversión y, desde luego, hay que tener mucho cuidado de que no te queden atrapadas si el terreno cede, porque, como no vas a dejar algo tan caro empotrado para siempre en el lugar donde pensabas construir un agujero, a veces tienes que preparar una galería de rescate para liberarla. Este procedimiento se puede llamar, en términos de andar por casa "si puedes permitírtelo y quieres ahorrar en personal y no arriesgar la seguridad de las personas, manda al agujero a una maquinita".

Existe un cuarto método, llamado Nuevo Método Austríaco (NATM, o método secuencial), en el que se avaza también por secciones, con un desfase entre las labores de excavación y el revestimiento definitivo, para permitir que el terreno se consolide; se utiliza cuando en el subsuelo existen anteriores estructuras subterráneas (por ejemplo, colectores y anteriores secciones de metro). Este método, ha sido objeto de múltiples críticas, por razones no del todo comprensibles, siendo la más probable que sus promotores han pretendido haber inventado un método cuando no había más que variante, o sea, ganas de presumir.

No tengo duda de que los expertos en tunelación criticarán esta división, tildándola de equivocada o, cuanto menos, de simplista, pero aquí lo que trato es de hacer ver que, cuando el objetivo es avanzar en un terreno fundamentalmente desconocido, teniendo claro solamente el punto original y el final (que esos son los datos geométricos de un túnel, a salvo de que alguien pretenda construir el agujero sin saber dónde acabará), hay muy pocas opciones válidas, conceptualmente hablando.

O se avanza poco a poco, afirmando de inmediato el terreno de los bordes del agujero con el sostenimiento más sólido que uno tenga a mano; o se avanza a trechos, corriendo si se puede, y confiando en que el terreno alcanzará un grado de estabilidad suficiente para que los gastos de sostenimiento sean más ligeros; o se avanza por métodos exclusivamente telemecánicos, con tuneladoras ideadas de forma que su propia estructura sirva de sostenimiento momentáneo para el frente de avance, que se irá consolidando posteriormente, una vez abierto el hueco, con métodos ya tradicionales.

En la vida económico-social, hay que saber, en primer lugar, de dónde se parte y a dónde se quiere ir. Si falla la determinación del lugar de origen y no se sabe adónde se pretende llegar (destino), no habrá túnel, sino chapuza. Pero aún sabiendo dónde se quiere ir, hay que arbitrar los medios y el procedimiento adecuado, para lo que es imprescindible realizar un estudio muy completo del terreno, acomodando el procedimiento a las características geológicas del mismo pero también teniendo en cuenta las otras infraestructuras que se van a encontrar en el avance y, puesto que siempre se estará trabajando en terreno sensible -la población, en especial, la de medios más modestos- hay que vigilar de continuo la seguridad de la excavación, modificando si es necesario las previsiones de sostenimiento.

El responsable máximo de la construcción de un túnel -el director facultativo-  (2) no podrá apelar ni a haber delegado su responsabilidad en otros, ni a haber segido métodos probados en otras tunelaciones.

Cada excavación es singular. Tampoco será admisible que pretenda que "ha hecho lo que hay que hacer", cuando está al principio de su perforación, en especial, cuando se mueve en terrenos de máxima sensibilidad. Y, en fin, para no hacer esto muy largo, si habiendo aceptado el método alemán, otros, según su experiencia, le indican que les ha ido bien el método americano o el inglés, mejor que inventarse sobre la marcha un nuevo método alemán o austríaco (a los efectos), podría serle más conveniente escuchar todas las opiniones y, para evitar que la discusión se centre en los destrozos ocasionales en vez de en el objetivo de llegar al final del agujero, ponerse de acuerdo en la manera más adecuada de hacer el avance, colocar las dovelas y el pilotaje, hacer los drenajes y no afectar a los servicios públicos existentes en la zona de perforación, o, si es imprescindible, hacer un proyecto separado sobre esas afecciones.

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(1) El método de avance se llama "avance en bóveda" (o calota) porque primero se excava la bóveda del túnel, que se asegura mediante un encofrado y posteriormente de excava la parte inferior.

(2) El Director facultativo es una figura que, en las obras complejas, casi nadie quiere ser. Es el responsable legal si algo va mal; por eso, a poco que se descuiden, suele ser un ingeniero joven, que no ha hecho el proyecto y que a lo peor es la primera obra de envergadura con la que se encuentra, pero que cuenta con la protección de varios santos y, sobre todo, con una inmensa capacidad para estar presente en el tajo casi a todas horas, leer toda la documentación sobre la obra y parecidas que caiga en sus manos y preguntar a todos los colegas que le conste (o no) que hayan hecho algo remotamente parecido. Su experiencia será básica cuando lo asciendan a jefe de departamento (raras veces), y se recogerá en el currículum como "experiencia a pie de obra".

 

Ingenieria para Abogados y Economistas: Métodos para construir túneles (1)

Una de las obras más sofisticadas de la ingeniería es el túnel, que casi todas las personas sin conocimientos técnicos definirán como "un agujero realizado en la tierra", distinguiéndolos, tal vez, si se pide que sean más precisos, entre los túneles con una sola entrada/salida, más conocidos como cavernas y los que tienen una entrada y una salida (o viceversa), o propiamente túneles.

Sin pretender hacer una historia de los túneles -construcciones subterráneas de extrema complejidad y, por tanto, potenciales riesgos- , convendrá decir aquí, para presentar el tema, que el suburbano o metro marca un hito especial en la construcción de estos agujeros, por discurrir bajo las ciudades, exigir una alta calidad y seguridad e incorporar incluso elementos estéticos. Pero estas construcciones, como se sabe, no son los únicos túneles urbanos, siendo, de entre estas obras de ingeniería, especialmente antiguas las redes de abastecimiento o saneamiento (alcantarillado).

Los abogados y economistas -en especial, los españoles- que suelen considerar a los ingenieros como un totum revolutum, sin hacer quizá más distinción que hacia los ingenieros de caminos (de la que este grupo profesional, por supuesto, se ha encargado y encarga -aunque con disminuído brío- de señalar distancias), no sabrán, por tanto, que existe una rivalidad de competencias (1) entre los ingenieros de caminos y los de minas en relación con quién sabe mejor hacer los túneles y a quién corresponde firmar los proyectos de estas obras civilísimas.

Solo para ilustración genérica, las ratas de hemeroteca recordarán (y los vecinos, además de las empresas aseguradoras, constructoras y de ingeniería afectadas y los técnicos, políticos, abogados y miembros de estamento judicial que intervinieron en el caso) que, cuando se produjo en enero de 2005 el hundimiento de una zona de El Carmel (Barcelona) con ocasión de una ampliación del metro de la ciudad, hubo una discusión de altísimo nivel emocional entre algún ingeniero de caminos y el colectivo de ingenieros de minas, acerca de si lo que había fallado era no el control, ni el dinero, ni la urgencia de los plazos, ni el método empleado, sino la elección del ingeniero, porque -se venía a decir-  los ingenieros de minas españoles ya no tienen trabajo en las minas y se intentan desplazar, sin conocimientos suficientes, hacia las obras civiles subterráneas.

Llamo la atención de abogados y economistas respecto a estas tres cuestiones, que desarrollaré más adelante: 1) Existen varios procedimientos para realizar túneles y aunque ninguno de ellos lleva el nombre de "método español", la experiencia en obras subterráneas de este pequeño país especializado en perder el tiempo dándose con el garrote es grande y, fundamentalmente, proviene de los ingenieros de minas; 2) Los ingenieros, a diferencia de los licenciados en derecho o en económicas o empresariales, forman un grupo tremendamente diversificado y, en principio, diversamente especializado (montes, minas, agrónomos, caminos, navales, aeronáuticos, defensa, industriales-icai); 3) Realizar obras complejas entraña riesgo y cuando se produce algún accidente, todos cuantos no han participado suelen convertirse en eruditos de lo que no habría que haber hecho.

(continuará)

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(1) Antes, al menos, de la aprobación final un Real Decreto que convertirá a todo lo que ostente el apelativo de ingeniero en una sola especie omnisciente, con lo que se cumplirá, legalmente, el deseo chusco que preconizaba que "después de Dios, el ingeniero"

Ingenieria para Abogados y Economistas: La teoría de la relatividad aplicada a la economía

Lo más sencillo sería comenzar esta reflexión expresando que, puesto que todo es relativo (o lo que es lo mismo, todo es según el color del cristal con que se mire, como indicó Ramón de Campoamor en una de sus Doloras), no hay que confiar en la verdad absoluta de ninguna de las teorías económicas -ni de cualesquiera otra ciencia aplicada-, ya vengan de Adam Smith, John Maynard Keynes, Paul Krugmann, Jürgen Donges, Cristóbal Montoro o Pedro Solbes, por citar, al azar, nombres de personas relacionadas con la economía. (1)

No lo pondré tan fácil, porque la teoría de la relatividad a que me refiero no es la de Campoamor, ni la de Galileo, y ni siquiera la imaginada por Albert Einstein para tratar de superar ciertas contradicciones en la Mecánica clásica de Newton.

Estoy apuntando a la relación mágica, aún por desentrañar del todo, que vincularía definitivamente las ecuaciones que relacionan masa y energía en el espacio-tiempo, con los fenómenos electromagnéticos, (analizados sistemáticamente por Maxwell), ya que éstos parecen disponer de su árbol genealógico propio -, y la fórmula de enlace se resiste a aparecer, a pesar de los hallazgos deslumbrantes de Feynman, Tomonaga y otros, casi a punto de conseguir encajar ambos submundos.

Con este trasfondo, la cuestión que pretendo suscitar aquí es la escasa investigación realizada hasta el presente para buscar otra relación misteriosa pero no menos apasionante: la que supondría descubrir el enlace entre los contextos en los que se mueven las preocupaciones sociales y las económicas, y que se nos aparecen, cada día, inconciliables, esto es, tan distintos.

La enseñanza, pues, que me gustaría trasladar aquí, no proviene del terreno de la ingeniería, sino que la he tomado de la familia de una de sus tías carnales, la respetabilísima física.

Voy por partes. El escenario de la economía sería asimilable, haciendo las abstracciones que nos apetezca, al que se presentaba en el terreno de la física tradicional, antes de la aparición de la recopilación de Newton, que acertó a combinar las leyes de la mecánica clásica de Galileo con la ley de la gravitación universal, por la que se explicaba el movimiento de los planetas que había observado Kepler con su telescopio casero.

La sensación de haber avanzado de manera gigantesca en el conocimiento de la naturaleza permaneció en el ambiente hasta que se observó que estas ideas resultaban útiles para aclarar movimientos "lentos" (¡alejados de la tremenda velocidad de la luz, que se calcula en 300.000 km/s!) (2), pero no servían para explicar comportamientos cuando las velocidades y los espacios eran grandes. Las nuevas relaciones, que explicaban situaciones en el campo de lo cósmico, fueron encontradas por Einstein y desarrolladas por él y otros científicos.

No debe existir ninguna duda de que tampoco estas relaciones, cuya comprensión cabal escapa el 99,99999 por ciento de los humanos (y no quiero poner más nueves), tampoco explican todos los fenómenos físicos cosmológicos, sino una parte que, a medida que vamos sabiendo más, resulta más pequeña.

El escenario de lo social, por su parte, se asemeja a lo que corresponde en física al campo electromagnético. Cuando analizamos lo que expresan tanto representantes sindicales como empresariales, nos aparecerá claro que no manejan fórmulas o conceptos económicos, sino "otra cosa".

Si los responsables de la economía, en general, dicen seguir a Keynes -que es como decir en la física que se está de acuerdo con Einstein-, a la hora de la verdad, opinan como les da la gana, pues para ganarse el pan tienen que aplicar la teoría de la relatividad de Keynes al pequeño escenario que todos tenemos delante de nuestras narices, y ahí no hace falta Keynes ni Eisntein, sino que les bastaría con Galileo, -digo, Adam Smith-... o Perico de los Palotes (con perdón).

Y hacen, por tanto, estos aparentes seguidores de Keynes lo que es más cómodo para convecer a los que no han estudiado economía: mentir en los presupuestos y balances, engordar las cifras reales, hablar de la combinación entre financiar y monetarizar, engañando al que está lejos como al que les sigue de cerca pero no posee el "dominio del hecho" (esto sirve para juristas) y, cuando se les descubre, recomiendan apretar el cinturón y las clavijas a los que menos tienen, amenazan con perjudicar a los que más han acumulado, y en un descuido, vuelven a barajar las cartas, mientras dan voces, etc.

Por su parte, los responsables y consejeros de las decisiones sociológicas (seguramente los mismos), aunque han estudiado a Marx y les sirva muy bien para entender lo que pasa por ese terreno -no importa que no lo citen, pues, según convenga, nombrarán preferiblemente a Jesucristo, Buda, Durkheim o Weber-, a la hora de la verdad, opinan como más les conviene para ganarse el pan (o el chalet en la costa o los depósitos en paraísos fiscales), utilizando argumentos de Rousseau o de Maquiavelo.

Todo lo cual les vale para hacer, en realidad, lo que tiene efecto multiplicador a escala liliputiense, y les es más rentable y mucho más cómodo: en lugar de organizar revoluciones o guerras, programar protestas callejeras con pitos y carteles, en lugar de imponer la ley marcial, demandar flexibilidad para el despido, en vez de suprimir de golpe cualquier tipo de prestación social, pedir la reducción de impuestos para las rentas altas y, según quién tenga el micrófono, llamarán explotador al empresario o vago al trabajador, etc.

Se está pendiente de descubrir el enlace entre la economía y la sociología, la fórmula mágica que permita desentrañar el paso suave de lo monetario a lo anímico colectivo, que sirva para conectar la generación de riqueza con la satisfacción de todos y no de unos pocos.

Y aquí la clave, seguramente está, como en la física, en elevarse por encima de lo que tenemos delante de las narices, y tratar de pensar en un mundo más grande que el que podemos observar.

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(1) Todo esto, en el supuesto de que algunos de ellos tengan o hayan tenido alguna teoría.

(2) Fernando Alonso, en sus mejores días, es capaz de poner su coche de carreras -casi independientemente de que se trate de la marca Ferrari, Renault o McLaren-Mercedes- a una velocidad punta de 400 km/h, es decir 0,11 km/s, que resulta ser 2,7*10 exp 7 veces inferior a la de la luz

Ingenieria para Abogados y Economistas. Cómo generar empleo sin destruirlo (y 2)

Durante los años 2010 a 2014, España -y la Unión Europea, en general- vivieron un momento de máxima tensión social, debido a la falta de criterios coherentes para contener el deterioro de la producción, por haberse enfocado, erróneamente, las políticas presupuestarias y fiscales a la reducción del déficit público y a incrementar la recaudación, tanto por la vía de los impuestos indirectos como, ya en la fase de 2012 a 2014, con la subida brutal del iva.

No existieron estímulos -ni personales ni públicos- a la generación de actividad y el desempleo alcanzó cotas intolerables para la estabilidad social, pues superó el 25% de la población dispuesta a trabajar y llegó a una mayoria de los jóvenes de menos de 25 años, causando, como efecto colateral, que una parte muy importante de egresados universitarios sin experiencia laboral o escasa -ingenieros, arquitectos, médicos- se marchara a trabajar al extranjero (fundamentalmente, Alemania y el Reino Unido, como paso intermedio para ser enviados a China, India, Irak, Pakistán y Egipto).

Curiosamente, la corriente de colaboración entusiasta con Latinoamérica que se había creado en España en el último tercio del siglo XX y principios del XXI se abortó, a raiz de la inseguridad jurídica de las inversiones en la región, animadas por las expropiaciones de Argentina, Bolivia, Ecuador y últimamente, Brasil. Faltaron los acuerdos bilaterales o multilaterales que hubieran garantizado la rentabilidad de los emprendimientos para todos los agentes, la trasparencia de las actuaciones y, por supuesto, faltó el temor a inmediatas y duras represalias.

Esta situación, contada como si se tratara de un cuento, pero con agudas aristas reales, se derivó del desconocimiento de que los ingenieros, esto es, los técnicos, los creativos -y tanto más en una sociedad tecnológicamente avanzada- son la clave para que un sistema económico no se descalabre. Los economistas y abogados -salvo que tengan una idea genial fuera de su campo profesional, lo que, obviamente, no descarto- deben admitir esa servidumbre: su trabajo se alimenta de la actividad de otros, y en la pirámide de las actividades profesionales, ocupan más bien la posición de depredadores que la de rumiantes.(1)

La generación de empleo en un país descansa en el sostenimiento equilibrado de tres grupos sectoriales:

a) los llamados básicos, que se dedican a satisfacer necesidades en alimentación y cobijo (agricultura, distribución local de alimentos, construcción de viviendas por promotores de la zona), y aquellas empresas que se orientan a proporcionar placer de cercanías (instalaciones deportivas, bares, lugares para relaciones y/o satisfacción sexual, hostelería); en la pirámide de las actividades empresariales (no confundir con la citada anteriormente) son equivalentes a los microorganismos y otros animales de pequeño tamaño: son muchos, comen poco, son imprescindibles para la colonización del suelo.

b) los sectores de gran desarrollo, enfocados a cubrir necesidades de los que proporcionan las satisfacciones de las necesidades básicas, y que precisan fuertes inversiones y que generan, al agrupar negocios interlocalidades, concentrando la producción en alguna de ellas, estructuras de personal grandes, en la búsqueda, sobre todo, de la facilidad del control y, en menor grado, la eficiencia). En la pirámide de actividades, esta fauna de animales superiores se divide esquemáticamente, entre herbívoros -viven en manadas- y carnívoros -actúan en solitario-; y

c) los sectores de nueva orientación que, con apoyo en nuevas tecnologías, permiten realizar con mayor eficacia parte de las actuaciones de las empresas y grupos que se dedican a las actividades abarcadas en el apartado b) anterior y, en igual medida desestabilizadora, favorecen nuevas agrupaciones de tipo b) entre los comercios y establecimientos que se dedican/dedicaban a trabajos enmarcables en el tipo a). En la pirámide actividades, se encuentran, algunos carroñeros de los cadáveres provocados por la extinción de empresas fallidas, pero se generan nuevos organismos y animales de pequeño tamaño, especializados en aprovechar los nuevos hábitats.

Cuando se plantea una crisis de producción (generada, típicamente, porque alguno de los componentes del grupo b) ha provocado una burbuja con su crecimiento excesivo, y es incapaz de sostener su rentabilidad y la deja explotar, después de un período de huída hacia adelante, en el que ha falseado, típicamente, sus cifras de negocio para conseguir subvenciones públicas, amenazando con despidos masivos en otro caso), el sistema se tambalea, si no ha sido capaz de crear en sectores de nueva orientación tipo c), nuevas estructuras eficaces.

Es verdad que toda crisis se acaba solucionando (con masacres, revoluciones, reducciones de consumo, invasiones, guerras, etc.) y, en este sentido, tiene perfecto encaje la frase del presidente español Sr. Rajoy por la que promete que la crisis pasará, aunque no puede garantizar cuándo. Pero el verdadero asunto es reducir el alcance de la crisis y aprovechar rápidamente las oportunidades para salir de ella. Y eso, queridos economistas y licenciados en derecho, solo se consigue desde el ingenio (2)...que no siempre estará del lado de los ingenieros, pero hay una mayor probabilidad de que se encuentre cerca de algunos de ellos.

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(1) No importa que algún lector crea que estoy llamando, indirectamente, cornudos a los ingenieros. La mayoría de los egresados en las escuelas de ingeniería son, si mis datos son correctos, mujeres. Y, en cuanto a la distribución de cornamentas virtuales entre varones, doy por supuesto que el reparto será el de una distribución normal, independientemente de la profesión.  

f(x)=frac{1}{sigmasqrt{2pi}}e^{-frac{1}{2}left(frac{x-mu}{sigma}right)^2}, , quad xinmathbb{R},

(2) Me gusta mucho la palabra inglesa: ingenuity; que no es ingenuidad, como suelen traducir, a la carrera, los malos intérpretes, sino imaginación.

 

Ingenieria para Abogados y Economistas. Cómo generar empleo sin destruirlo

Este es uno de los capítulos centrales del Manual, y en donde se pueden entender mejor las diferencias de formación, planteamientos prácticos y propuestas de solución a un problema concreto que se detectan en estas tres profesiones que aparecen vinculadas en estas páginas.

La generación de empleo es uno de los objetivos centrales de toda sociedad, no ya porque la población tenga una tendencia creciente y ni siquiera porque todo individuo tiene la aspiración (y hasta, en algunas Constituciones, el derecho) de mejorar su nivel de vida. Por si no fueran suficientes estos argumentos, es preciso generar empleo de forma casi continua porque la competencia, la obsolescencia, el cambio de intereses por parte de los demandantes y la tecnología, están desplazando, más o menos drásticamente, la demanda de mano de obra y la cualificación desde unos sectores a otros.

No es posible mejorar empleo con un mayor control económico. De hecho, la experiencia demuestra que el control reduce el empleo, pues al eliminar gastos superfluos -típicamente, en personal- se disminuyen las plantillas operativas. Las administraciones públicas, que albergan, como característica intrínseca, bolsas de ineficiencia, son excelentes generadoras de empleo, como bien saben los políticos (que suelen emplear a sus correligionarios), lo que las conduce periódicamente a su insolvencia, a retrasos continuados en los pagos a sus acreedores y a periódicos ajustes drásticos de presupuesto, hasta que las arcas vuelven a tener liquidez.

Tampoco es posible generar empleo con un incremento del acervo legislativo. Cuanto más numeroso y prolijo sea el cuerpo legal, más dificultades habrá para crear empresas y mantener rentables a las existentes. A menudo se cree que promulgando muchas nuevas leyes, decretos e incluso reglamentos, se consigue una mayor eficacia en el sistema productivo; lamentablemente, la experiencia demuestra lo contrario, salvo que el ciclo económico tenga un período de bonanza relativamente largo.

La realidad es que si se incrementa el número de leyes cuando se está saliendo de una recesión, se impide o retrasa la recuperación; cuando se está en camino de aquella, el aumento del bagaje legislativo, con la lógica presión de mayor control y las sanciones que acarrean (porque, en otro caso, las leyes se convierten en un adorno jurídico), precipita la debacle económica. Hay que aprovechar los períodos de crecimiento estable para aumentar la presión, aunque estando en disposición de disminuir la tensión legal (me refiero a la administrativa, no obviamente a cambiar los códigos penal o civil, y ni siquiera en las zonas que tengan relación con lo mercantil), cuando la economía se enfríe.

En ambos supuestos, podría objetarse que, además de ser necesarios para el óptimo funcionamiento de una sociedad, el mayor control económico y la necesidad de observancia de un gran número de leyes (con todo el aparato de control y sanción que aparejan) crean empleo para economistas y licenciados en derecho.

Esto es así, pero el profundizar en esa idea-fuerza (engañosa, y corta de alcance) nos llevaría a la paradoja del hijo del cristalero, propuesta por el economista libertario Frederic Bastiat en el siglo XIX, y tan estupendamente glosada por Charles Chaplin en El chico. Rompiendo cristales no se hace más rico el cristalero, sino que toda la colectividad se acaba empobreciendo -incluído el propio cristalero-, como sucede cuando la productividad se concentra en la recuperación de lo perdido, y no en actividades generadoras de plusvalía.

Si quieren que su comunidad prospere, los cristaleros deben hacer buenos cristales, duraderos y bonitos, con diseños elegantes; y si la demanda de su colectividad no da para más, tratará de venderlos a las vecinas; y cuando todos tengan cristales duraderos y bonitos -y posiblemente haya unos cuantos cristaleros más que hayan aprendido el oficio en su establecimiento y le estén haciendo la competencia-, lo que le corresponde es, si es industrioso, empezar a hacer madreñas, sombreros, o bolsos -si hay necesidad y no se cubre- e incluso puede probar a montar un restaurante de comida casera, hasta que le llegue la edad en que pueda vivir el resto de su vida con lo ahorrado.

(continuará)

Ingenieria para Abogados y Economistas: Cómo leer una Sentencia (y 3)

Cree entender el ingeniero -al que se le está pasando el arroz o la hora de la cena- que se ha "alegado la excepción de falta de legitimación activa" y que, en atención a ella, se solicitó y obtuvo "la suspensión cautelar", por auto de otro Juzgado en la jurisdicción Contencioso Administrativa, lo que ha dado lugar una "pieza separada por supuesta litispendencia y conflicto de jurisdicciones", que concluyó con Sentencia desestimatoria, contra la que se "interpuso recurso de apelación", desestimándose por Sentencia del órgano correspondiente.
Aparecen, pues, colige el ingeniero, varias cuestiones procedentes para "el total entendimiento del actual estado de cosas", pues se debe proceder, ante todo, a dilucidar si el demandante (y seguramente ya ha perdido nuestro técnico la valoración de su auténtica posición procesal) es quien tiene o no la legitimación para demandar en juicio, siendo lamentable que "la generalidad y escasa concreción de estos preceptos nos obliga a acudir de inmediato a la normativa más específica".
Formulada en este caso una acción de cesación (fosforito) de condiciones generales de la contratación, la legitimación de la demandante vendría reconocida" por arios artículos de la LCGC (fosforito), si bien hay que referirse a la actual LCU (fosforito) y a sus normas de desarrollo (fosforito), y, en su caso, la legislación autonómica en cuanto resulte de aplicación (fosforito).
Varias páginas más adelante, después de una detallada valoración del alcance de distintos artículos de estas y otras varias Leyes de "obligada atención", que son expresamente citadas en su tenor literal, considerando "si esos requisitos son o no cumplidos por el demandante", habidas las condiciones especiales de su representación que son detalladas, se deduce, inequívocamente (subrayado en fosforito por el ingeniero) que "carece de los derechos enumerados y le falta legitimación activa".
Por fortuna -aunque seguramente ya no es consciente el ingeniero de su buena estrella, en otro fundamento se esgrime que "no obstante lo anteriormente expuesto, en el presente caso hay que resolver otra cuestión", pues la demanda fue presentada con una ligera antelación a las Sentencias dictadas, respectivamente, por los Juzgados de lo Contencioso y de la Mercantil (en este caso, en primera instancia), por lo que "aunque en el momento actual el demandante carece de legitimación, sí la tenía cuando formuló la demanda", por lo que debe resolverse si "el principio de la perpetuatio jurisdictionis afecta también a la legitimación".
Son varias las páginas que el Tribunal dedica a dilucidar el complejo tema de si la legitimación que se tenía en el momento de la presentación de la demanda, pero si ha perdido en el íter procesal, es motivo para justificar el interés legítimo, pues este depende de que sea o no "titular de la relación jurídica o de su relación con el objeto litigioso", lo que pudiera significar el ordenar el archivo de las actuaciones.
Sorprendentemente (si es que cabe la sorpresa en quien no entiende ni papa desde hace rato), se puede distinguir, ilustra la Sentencia, entre "la titularidad del derecho material" y la "legitimación extraordinaria, que supondría el acceso a una posición habilitante", concedida ex lege en supuestos tasados que, por supuesto, es imprescindible analizar si concurren, "condicionada al cumplimiento de unos requisitos específicos". Sucede aquí que, al haberse personado el Ministerio Fiscal en segunda instancia por entender "afectado el interés social, legitimado por la LEC para el ejercicio de la acción de cesación", aunque el "litisconsorte se aparte del procedimiento por cualquier causa"aún no siendo la parte demandante originaria en la litis, el proceso ha de continuar adelante para entrar a resolver el fondo del debate planteado".
Puesto que el ejemplo es, como se indicó, ficticio, no trae cuenta referirse a los términos en los que se aborda, con idéntica profundidad y extensión, el complejo tema que había planteado el ingeniero, y, ya habiendo sido eliminado de posición procesal válida, por tan serios argumentos, se considera que "las cláusulas del contrato referidas ha sido objeto de aceptación libre y voluntaria, fruto de un previo examen, análisis y estudio" y su aceptación consta en "escritura pública, que pudo ser examinada antes del otorgamiento, habiendo estado obligado el Notario o registrador a informar a las partes y a advertir sobre las circunstancias", como garantía de transparencia, descartándose, pues "cualquier tipo de imposición al solicitante", constituyendo las cláusulas "condiciones esenciales".
No ha habido, dice el escrito imaginario que analizamos, "pactos contrarios a la buena fe", ni se ha incumplido "reciprocidad obligacional" posterior que resulte abusiva, manteniéndose el "equilibrio del contenido jurídico obligacional", sin que el desequilibrio económico acarree la nulidad del pacto y sin que "haya existido aprovechamiento de un estado de necesidad", que, en todo caso, no ha sido alegado.
Por todo lo expuesto, "procede el acogimiento del recurso de apelación", indica el Tribunal Superior, y, por tanto, "absolvemos a la demandada de las pretensiones contra ella deducida en la demanda", aunque "dado que el asunto resulta controvertido y complejo, no se hace especial imposición de las costas causadas en al instancia, y en cuanto a las originadas en la alzada, no ha lugar a hacer especial imposición".
Y en lo que importa al ingeniero, que ha gastado todos los fosforitos de que disponía, lee, finalmente, que "Fallamos", despues de las citas pertinentes a las partes y sus representaciones, que "debemos revocar y revocamos la Resolución de Primera Instancia". Etc.
El ingeniero, después de leer lo anterior, asimilado lo que corresponda, llamará a su abogado, en quien confía plenamente, y le preguntará: "¿Qué podemos hacer?". Por suerte, un buen letrado siempre tendrá la respuesta adecuada. "La Sentencia es infumable. No han entendido nuestros razonamientos. Hay materia para acudir al Tribunal Supremo. No está todo perdido, pero así es el mundo del Derecho. Ya te llamo mañana con lo que se me ocurra".
¿Es lo que haría Vd.? ¿Puede razonar por qué?

Ingenieria para Abogados y Economistas: Cómo leer una Sentencia (y 2)

(Continúa del Comentario anterior, del que forma parte inseparable)

Porque los ingenieros, cuando se encuentran con un Informe sobre un tema que no conocen y les interesa -porque les afecta personalmente-, se preparan para hacer del escrito una lectura completa, coincienzuda, comprensiva, subrayando -con lápiz fosforito, preferiblemente- aquellas frases que les parecen relevantes, como si les fueran a caer en el examen. (1)

Poco que ver con el objetivo perseguido por juristas, sean abogados, jueces, magistrados o secretarios de Consejo de Administración.

Para este respetabilísimo colectivo, creador de algunas de las páginas más jacarandosas (en el sentido de desenvueltas) de la literatura profesional mundial, el propósito de escribir es, sobre todo, llenar un número mínimo de páginas, citar algunos brocardos, ridiculizar al contrario -siempre lo hay, aunque se sea juez-, eso sí, "solo sea en uso del derecho de defensa" o "con el debito respeto al Tribunal al que tenemos el honor de dirigirnos", sin que falte incluir decenas de sentencias y citas de juristas de "reconocido prestigio", aunque vengan traídas por los pelos o por otras zonas corporales y colaciones.

Nada que ver con un Proyecto Técnico, que ha de costar de Memoria, Anexos, Especificaciones Técnicas y al que no ha de faltar un Resumen Ejecutivo para superior entendimiento apresurado.

Tomemos como ejemplo una Sentencia cualquiera de una Audiencia Provincial (no importa la demarcación, Sección ni Sala). Ya al comienzo se perfilan dificultades para quien se aproxima a una producción jurídica de este nivel con la mente cuadriculada de un técnico forjado entre ecuaciones de Maxwell, integrales curvilíneas, teoremas de Kolmogoroff-Smirnoff y hasta lugares geométricos de itinerarios imaginarios seguidos por combinaciones de ruedas dentadas.

Una mente que aún cree que el mundo está compuesto de verdades, falsedades y cuentos chinos se extrañará, desde la primera página de un mundo desconocido que se le antojará irreal. Si no hay un abogado a mano, que le quite la Sentencia de las manos, el aprendiz a lector de documentos jurídicos, anotará número de rollo y de procedimiento, y buscará, probablemente en vano, número de Sentencia, para devanarse la sesera sobre las hipotéticas razones por las que la fecha de emisión corresponda a un mes o dos anteriores a la del constante envío a los procuradores.

Metido en la harina de entenderlo todo sistemáticamente, avanzará en los "Antecedentes de hecho" (sin caer en la cuenta, si nadie se lo ha explicado, que no son más que el sucinto relato de lo que pudo o no haber sucedido, pero que constituyen los pasos previos a los que se va a circunscribir el único hecho relevante, que es la Sentencia que tiene entre manos).

Leerá, por tanto, que "se aceptan sustancialmente los de la resolución apelada", y téngase por seguro que el ávido y aplicado lector subrayará la palabra "sustancialmente" (tal vez, anotando al margen: "¿qué es lo que no se acepta, y por qué?"), y tomará nota de que se repite, en su tenor literal, el prolijo "fallo de la Sentencia de la primera instancia", en la que el Juez a quo, pomposamente, ha establecido para una prosperidad que el tribunal superior se encargará de desmontar -como se deducirá-, sacándola hasta nueva instancia, si es caso, del mundo del derecho, que "debe declarar y declara" la improcendencia o procedencia de varias ideas que se le antojarán un tanto oscuras, por mor del lenguaje empleado.

Hasta aquí, el ingeniero creerá que están expuestas las condiciones de contorno del problema, las líneas limitantes del dominio en el que está definida una función de calidades de la que se pretende hallar el máximo.

No es así, como bien saben los letrados. Los fundamentos de hecho es la selección de lo que le ha parecido pertinente al juzgador que, como ser humano que es (aunque no siempre se vea como tal), definirá una nueva realidad virtual, cuya solución, hasta que concluya su análisis personal será indeterminada.

Supongamos, para fijar temas, que se trata de una cuestión en la que el ingeniero había solicitado protección jurídica, y que, en efecto, obtuvo de esa primera instancia la "nulidad por abusivas de varias cláusulas de un contrato" y que, para su mayor satisfacción, había conseguido incluso que se condenara "a la demandada a estar y pasar por dicha resolución" y que se había ordenado, en ejecución provisional de la misma, "la expedición de los oportunos mandamientos", y la "imposición de las costas del procedimiento a la/las demandada/s".

Lamentablemente para la felicidad personal y estabilidad familiar del ingeniero, lo sucedido es que "notificada a las partes la resolución, y apelada, se admitió el recurso, emplazándose a las partes por término de 30 días", y todo un largo etc., configurando un íter procesal complejsimo en el que "se elevaron las actuaciones originales ante esta Superioridad, con los debidos escritos", sustanciándose la alzada como la Ley rituaria prevé.

¿Estamos ante una Memoria o ante una Lista de Materiales? ¿Se refiere el escrito, quizá, a las Especificaciones a cumplir? Agotado el primer rotulador, el ingeniero habrá cogido uno nuevo, y pasando páginas, se encuentra, con que "el Ministerio Fiscal presentó escrito solicitando la personación", y que, tras las "alegaciones efectuadas por las partes", constando oposición, "se le tuvo por parte interviniente, sin retroacción de las actuaciones".

Esto es, deducirá el técnico, nos encontramos ante la incorporación de variables no consideradas inicialmente, y que se deben introducir en el modelo, para realizar ligeras modificaciones. Nuevo error: en el Derecho, cada nuevo elemento incorporado supone la completa revisión de los supuestos, pudiendo dar lugar, hábilmente manejados, a la caída estropitosa del edificio previa y sólidamente construído.
Como este Manual va dirigido a abogados y economistas, será estéril, prolijo y fastidioso abundar en términos que para los primeros, al menos, de los citados, son bien conocidos, y cuya extensa redacción viene a justificar, sin duda, el tremendo esfuerzo de desentrañamiento del enredo argumental y fáctico que realizan los Tribunales de Justicia para no dilatar más de seis o siete años las resoluciones, que en este país litigioso son pasto diario para los desencuentros entre quienes tienen razón y quienes les importa un pito no tenerla, porque pueden pagarse los trámites para dilatar e incluso impedir que se la quiten.

Imaginemos, pues, que el ingeniero se ha entremetido, con disminuída atención, y con el tercer rotulador en ristre, por los "Fundamentos de Derecho", en la que se citarán, en primer lugar, tal como fueron presentados por el apelante, varios artículos del Código Civil, de la Legislación mercantil, de la Ley de Enjuiciamiento, sin olvidar la referencia a la Constitución y al derecho al amparo que se previene, "con la pretensión de nulidad" o, "subsidiariamente, de la falta de adecuación parcial al ordenamiento vigente", y por supuesto, "solicitando la revocación de la Sentencia y el levantamiento de la condena en costas en la primera alzada, con condena expresa a la demandante, por su temeridad y mala fe".
(continuará)

Ingenieria para Abogados y Economistas: Cómo leer una Sentencia

Como el lector habrá ojeado, antes de comprar el Libro, la carátula, en donde habrá podido conocer mi formación académica (y espero que no haya sido motivo para disuadirle de ello), no necesitaré pedir disculpas a los abogados -si alguien las estimara pertinentes- por pretender explicarles, justamente a ellos, cómo leer una sentencia.

Estoy seguro de que me comprenderán, siendo pájaro del mismo pelaje ("Birds of the same feather floke together" es mi sentencia favorita a la que recurreo cuando tengo que decir algo en inglés sin saber qué).

Me he visto en la tesitura de tratar de hacer entender, y en no pocas ocasiones, a colegas ingenieros, autos y sentencias de los Tribunales de Justicia, por no hablar de esa batería reforzada de comunicaciones inventadas para provocar la dilación en la toma de decisiones en nuestro sistema jurídico llamadas providencias, diligencias de ordenación, comunicaciones, decretos, piezas separadas, citaciones, actas de vistas previas, etc.

No tienen, debo decir, (siempre en general), los ingenieros ningún interés en rozarse con el ejercicio institucional del Derecho (no confundir con el no ser legales, que es cosa muy distinta), siendo lo más habitual que escapen de sus tenazas como del diablo. Pero si, por razón de ser demandante o demandado, bien personalmente o por ser representante de una empresa o cualquier otra colectividad con personalidad jurídica (desde Comunidades de vecinos hasta Colegios profesionales) les afecta el fallo, se empeñarán en entender cada papel que les llegue, hasta el fondo.

Gran dificultad para juristas. Cuando era novato en estas lides, y en atención a lo que estimama la expresión de deber de lealtad al cliente (ingeniero o no), le enviaba los borradoreos de mis escritos, solicitando que lo supervisaran y aportaran lo que creyeran conveniente.

Qué más se podía pedir. La afición del ingeniero a meter la pluma en los informes que otros han escrito me devolvía aquella documentación plagada de sinónimos, anotaciones al margen, interrogaciones, puntos, comas, señales de admiración, subrayados en amarillo -¡o en rojo, con lo que me espanta ese color sobre el papel!-, tachaduras... No es que yo sea un lerdo (que no lo descarto) sino que los ingenieros con un lápiz en la mano y un papel a corregir, ven despertar en ellos la vocación oculta de censores, según parece.

Pero era peor aún si les enviaba, sin acompañarles de explicaciones propias -fyi, como escriben ahora los jóvenes ilustrados-, los escritos que remitían las instancias judiciales o las contrapartes.

Eso sí que constituía un tremendo error. Tanto si resultaba ganador como perdedor en el litigio, el ingeniero afectado (que lo estaba) irremediablemente me llamaba a los pocos minutos (me refiero, desde que se impuso el correo electrónico) para decirme: "No entiendo nada. ¿Qué pasó?¿Hemos ganado o perdido?".

(continuará)

 

Ingenieria para Abogados y Economistas: Cómo leer un Balance (y 2)

Ingenieria para Abogados y Economistas: Cómo leer un Balance (y 2)

Habrá más ocasiones en este Manual para AEs para señalar las diferencias entre los Balances técnicos y los económicos. Acogiéndome a la capacidad de todo autor de una obra literaria para conducir su razonamiento entre piruetas mentales sin que exista posibilidad de oposición, incorporo ahora, para su análisis conjunto, los Balances presentados por una compañía de éxito en su momento, Lehman Brothers, en los años 2003 a 2007.

Puede objetarse que mi baraja tiene las cartas marcadas, puesto que Lehman Brothers (para los amigos, LEH) ha protagonizado la mayor debacle financiera conocida hasta el presente, cuyos destrozos aún estamos recogiendo en toda la economía mundial.

Pero no voy a utilizar estos Balances más que como soporte acerca de las diferentes lecturas que hacen de las mismas cifras los ingenieros y los economistas, según que se refieran a unidades monetarias o físicas. Más aún: los más refinados especialistas pueden ser sorprendidos recomendando encarecidamente técnicas y procedimientos que no usan en sus propias compañías.

Es la versión del dicho de que en casa del herrero, cuchillo de palo, pero mejorada. En casa del herrero, la cubertería es de plata, pero la forja está apagada, porque el herrero se fue de picos pardos.

Los ingresos netos (net income) de LEH  no han parado de crecer en el período. La situación parece óptima. Todo empresario está contento de ver que las cosas le van bien, y los ingresos son un buen síntoma. Los economistas han estudiado, con todo, que un crecimiento desproporcionado es una forma de morir de éxito, pues los costes -sobre todo, financieros, si no se puede conseguir la financiación por la vía de los proveedores o de los clientes- pueden ahogar la economía del negocio más boyante, haciéndolo pasto de los tiburones y los buitres (según el medio en que se mueva).

También han estudiado los economistas que una de las maneras más ridículas (y criminales) de montar un negocio es haciendo que los intereses comprometidos para los prestatarios de dinero sean soportados con el capital de los recién llegados. Es el timo de la pirámide que, como toda propuesta basada en el crecimiento infinito de recursos, acaba rompiéndose con estrépito, y que, sin embargo, es persistentemente utilizada por visionarios del movimiento continuo, y trasladada, con pasajero éxito, al papel, a las Bolsas y a los bolsillos de los jetas desde los de los incautos, en el flujo, este sí eterno, de la desvergüenza contagiosa.

LEH crecía en ingresos, pero no acertaba a generar cash (caja) con todo ese volumen de operaciones, caminando cada vez más hondo hacia la zona de pérdidas, anunciando victorias continuadas en su gestión, coreadas con aplausos interesados. Cualquiera que hubiera mirado las cifras olvidándose de que se trataba de un Balance económico, hubiera detectado el fallo.

Por que los resultados de las operaciones de inversión (cash from investing), esto es, las relacionadas con la valoración del flujo de materiales, eran negativos. La única partida que le estaba proporcionando beneficios era la de cash from financing (caja proveniente de la financiación). Es decir, la forma que los gestores había elegido para compensar la caída del cash flow que importaba era prestar más o más dinero a negocios ajenos. "Ya me lo devolverás", era el motto, aplicando el esquema de la pirámide (o el timo de la estampita, en versión ingeniería financiera) pero no acertaban a rentabilizar los proyectos propios.

Los ingenieros siempre nos hemos negado a llamar ingeniería financiera a estos inventos. Tenemos muchas razones. Los que hemos sido responsables, por ejemplo, de la gestión de una empresa de aguas, estamos acostumbrados a oir, incluso de los representantes políticos, cuando llueve intensamente: "Estarás contento, esto es dinero que entra en caja". Nos ha parecido siempre una broma de mal gusto, que nos llevaba hasta la saciedad a explicar a nuestros interlocutores la difícil conversión de m3 a unidades monetarias de uso corriente: entre medias hay operaciones de captación, represado, aducción, potabilización, análisis químico y biológico, distribución, reparación de infraestructuras, inversión en otras nuevas, medida de consumos, facturación cobro, etc. (ah, sí,y financiación) y todo con una limitación sustancial: no se puede forzar el consumo de un bien escaso, sino que la prioridad está en controlar que no se despilfarre.

Claro que esto lo saben bien todos los economistas. Imagínese que un responsable de una explotación minera o de una fábrica metalúrgica hiciera sus previsiones de producción desproporcionadamente crecientes, sin tener en cuenta, no ya la posibilidad de que el mercado las absorba, sino los costes de materiales, personal, maqinaria y, por supuesto, financiación. Se le tiraría al cuello el Departamento económico (cuyo jefe, posiblemente, pasaría en breve a ocupar la gerencia general).

Ingenieria para Abogados y Economistas: Cómo leer un Balance

Ingenieria para Abogados y Economistas: Cómo leer un Balance

El título de este Capítulo resultará sorprendente, e incluso puede alzar sonrisas de condescendencia, para los Economistas que estén leyendo -siquiera sea por curiosidad- estas notas. Seguro que, para ellos (me refiero a los que hayan tenido ocasión de mantener los conocimientos de Contabilidad y no se estén dedicando a gestionar entidades financieras), los Balances solo se pueden leer de una manera, la correcta.

Sin embargo, los ingenieros, incluso los que hayan estudiado economía, acostumbran a leer los Balances atendiendo a particulares cuestiones. También hay que tener en cuenta que están habituados a realizar otros tipos de Balances: de materiales o de recursos que no tienen expresión en el sistema monetario (a veces, porque los bienes objeto de su análisis están fuera del mercado; en otros casos, porque no les ocupa o preocupa). 

Supongamos que se le entrega a un ingeniero-tipo el Balance y Cuenta de resultados de una sociedad que le resulte desconocida y que se le plantee en qué puede mejorar su situación.

Puede que a un AES le interesen las cifras, sobre todo, de beneficio o pérdidas, acreedores a corto, amortización, disponibilidades en caja y bancos, etc.; tal vez se aventuren, en un primer vistazo, sobre los costes de materias primas y personal, pensando en su reducción. Me corrijo algo: al abogado le interesarán, fundamentalmente, las "Notas al pie" de página y, como acostumbra a hacerlo con las demandas y sentencias que forman su trabajo habitual, irá directamente a las dos últimas páginas, donde espera encontrar el Suplico, los Otrosíes y el Fallo.

Pero lo primero y casi lo único que atraerá la atención del ingeniero será el volumen de negocio de la empresa, esto es conocer sus ingresos anuales.

La magnitud de esa cifra centrará el posterior interés acerca del resto de los datos. Es seguramente lamentable, pero si esa cantidad es muy pequeña (digamos, inferior a 200.000 euros), el grado de concentración cerebral disminuirá hasta caer a límites de un completo desapego (salvo que se trate de las cifras del propio restaurante, pero ya he advertido que se trata de una empresa desconocida).

He asistido a cientos de reuniones en Consejos de Administración de entidades muy diversas, y constatado con regularidad que a los ingenieros -que, por cierto, no suelen pertenecer a ellos- no les importan las cifras de los Balances, sino que centran sus dudas y preguntas en ciertos detalles.

Es habitual que cojan su calculadora (llevan siempre una consigo, e incluso varias) y se pongan, incluso frenéticamente, absortos, a revisar las sumas; muy posiblemente, descubrirán errores -especialmente, si los autores de los Balances y Cuentas han utilizado hojas de cálculo electrónicas-, lo que les tranquilizará, definitivamente, absorbiendo a partir de entonces, buena parte de la discusión.

También se centrarán en afirmar que la exactitud con que se recogen las cifras no es homogénea. Porqué, preguntarán, sumar cifras con decimales con otras que están redondeadas a miles o a millones. No entenderán la explicación, cualquiera que sea esta.

Es muy curioso también, teniendo en cuenta que estos profesionales han pasado sus largos años de estudio metidos entre cifras, que, cuando tienen ante sí un par de páginas repletas de números ordenados, es muy raro que consigan mirarlo como un todo, distrayéndose hacia aspectos muy concretos, que los AES juzgarán irrelevantes.

Compárese, para entender esta cuestión, un Balance mercantil con el que figura como gráfico de apoyo a este Comentario. Se verá, ante todo, que los datos no están en euros, ni en dracmas o pesetas, ni siquiera en las llamadas "unidades de cuenta" o en cualquier otra unidad ficticia que tan queridas son por los economistas. Está en Hm3 que, recuerdo a los lectores debe leerse como "hectómetros cúbicos".

Los Hm3 no son unidades ficticias, aunque para algún AES puedan parecerlo. Los seres humanos necesitan para vivir (más si padecen de cálculos renales, menos si tienen prostatitis), como mínimo, 2 litros diarios, es decir, 720 litros anuales, que -habida cuenta de la equivalencia entre 1.000 litros y 1 m3-, se puede también leer como 0,72 m3. Y ya que 1 Hm3 contiene 1 millón de m3, daría para que 1 millón trescientas ochenta y ocho mil personas pudieran resistir la muerte por deshidratación, si dosificadas regularmente. (1)

Se comprenderá que resulta difícil la asimilación de los conceptos hidrológicos -básicos- del Balance de la Cuenca de marras con un Balance económico. ¿Es un Balance o una Cuenta de Resultados? ¿Por qué aparecen con distintos colores algunas cifras, dando a entender que hay valores invariables con el tiempo y otros que tienen una evolución positiva cada década?.

Son preguntas que pueden atormentar al AES, y que solo podrán resolverse adecuadamente si, sensu contrario, entiende las dificultades de un ingeniero para entender "lo suyo". Aceptemos, por decir algo, que el "agua superficial" pudiera significar "inmovilizado material", haciendo la solicitada abstracción.

Pero el "agua subterránea" no será igual a "masa monetaria correspondiente a la economía sumergida", o "cuenta B", porque no se pueden mezclar dos tipos conceptuales de masa monetaria en circulación, aunque sean físicamente idénticos.

Cabe, además, preguntarse: ¿en qué Case Study de las Escuelas de Negocios o de la Ampliación de Contabilidad se ha explicado el planteamiento correcto de una contabilidad extraoficial? ¿Se debe mantener el mismo Plan General Contable que para la los libros obligatorios, o es lícito -contablemente hablando- hacer una simplificación brutal, del tipo "J.M. 200.000", confundiendo, además, criterios de Balance con los de cuenta de resultados?

Llamo la atención sobre los restantes términos clave de la parte de "Ingresos" del Balance de Cuenca: desalación, trasvase y reutilización. Esto equivaldría a admitir que se pueden generar recursos con reflejo contable de externalidades, pero no porque penalicen la cuenta de resultados, sino porque la beneficien. Es como si la recuperación del ambiente contaminado, en lugar de costar dinero, supusiera un aumento de ingresos.

(continuará)

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(1) Esta cifra no tiene nada que ver con lo que necesita un urbanita, que es del orden de 120 l al día (baño, aseo, lavadora, cocina, lavavajilllas, etc.), por lo que habría que proporcionarle unos 40 a 50 m3 anuales; por eso, con 1 Hm3 podríamos abastecer a ventitres mil ciento cuarenta y ocho personas, más o menos, si no hubiera pérdidas de ningún tipo en el sistema.

Ingeniería para abogados y economistas: Métodos mineros de extracción

Ingeniería para abogados y economistas: Métodos mineros de extracción

Son numerosos los términos que la minería, sobre todo, la subterránea, ha prestado a la economía para el análisis y tratamiento de sus crisis.  

Enumero, a título solo de ejemplo, algunos de esos términos: saneamiento, ley, beneficio, ganga, tajo, sostenimiento, avance, derrumbe, rescate, explosión controlada, extracción, detritus, pureza, rendimiento, falla, aliviadero, ventilación, lavadero, corta, tajo, hundimiento, colapso, etc.

Creo que la razón proviene de que ambas técnicas tienen bastantes puntos en común, y el lector encontrará, además de los que enumero a continuación, muchos otros.

A saber: son imprescindibles, mientras no se encuentre otro procedimiento para mejorar la calidad de vida; tratan de extraer (bien sea consecuencias o minerales) lo que está oculto; tienen, por ello, bastante de intuitivo y experimental; tanta indeterminación se acompaña de fórmulas empíricas y alambicados razonamientos, ideados, sobre todo, por los que no han pisado nunca una mina ni invertido jamás en una empresa; la economía y la mina son emprendimientos que han dado nacimiento a grandes fortunas, pero también han provocado estrepitosos descalabros; si se quiere ganar dinero, hay que salir del agujero;...(1)

En esta parte del Manual para AES, no hablaremos de rescate, sino de algunos modelos de extracción de minerales o rocas empleados por los ingenieros profesionales del sector, que son los ingenieros de minas especializados en el laboreo.

Como no pretendo aquí dar una clase teórica sobre minería, sino solo concentrarme en algunos ejemplos que puedan ser de utilidad para quienes se dedican a la economía y al derecho, me detendré, ante todo, en presentar sucintamente cuatro de los métodos de extracción de recursos básicos en minería: la explotación a cielo abierto, el avance por galerías o por cámaras y pilares, el arranque por testeros y el desprendimiento por derrabe o soutirage.

Por el primero, se consigue la extracción de la roca o el mineral avanzando de arriba abajo, y siempre en superficie (de ahí la expresión "a cielo abierto", que no es una invocación religiosa), procediendo de forma escalonada, haciendo el hoyo cada vez más amplio, en rampas. Con ello, se mantiene constantemente visible la zona de trabajo, aunque no es anormal tener que separar las partes mineralizadas o las rocas más valiosas, para lo que es preciso realizar operaciones de selección -machaqueo, estriado, lixiviación, etc-, seleccionando lo útil del material inservible extraído conjuntamente, y que se llama ganga, o estéril, que, en estos casos, se devuelve al terreno, como relleno.

Son escasos los yacimientos y formaciones geológicas que permiten este procedimiento. Los AES, en la vida económica, deben saber que las explotaciones a cielo abierto, es decir, con total transparencia, solo son posibles cabalmente cuando el afloramiento es superficial y la masa útil es de suficiente envergadura. Son negocios que no permiten grandes beneficios, pero son muy seguros, mientras las existencias de material extraíble -las condiciones que imponen la necesidad- se mantengan.

Resulta, por ello, típico en las empresas que se dedican a los sectores básicos, como servicios de sanidad, educación, gestión de agua, electricidad o residuos, y en la distribución de bienes de primera necesidad.

La explotación ha de ser efectuada de forma sistemática, honesta, cabal, facilitando la entrada de personal y vehículos a las zonas de trabajo, así como la salida del material, acomodando in situ los acopios, realizando las operaciones de machaqueo, selección o estriado de las menas en el mismo lugar en donde la necesidad se produce, y garantizando una total transparencia en cuanto a los costes. En todo caso, y en especial, si se emplearan explosivos (lo que es habitual, pues a menudo hay que vencer resistencias), las operaciones han de ser planificadas y ejecutadas por especialistas, salvaguardando las máximas normas de seguridad y control, prohibiéndose la intervención de aficionados y que se acerquen curiosos, voluntarios o inútiles.

En los procedimientos de cámaras y pilares, la extracción del material útil se combina con el necesario abandono, dejándolas sin explotar, de zonas del yacimiento que sirven para sostenimiento de la mina. Si se explotaran éstas, la mina se derrumbaría, haciendo imposible el beneficio; se podría decir que, en ese caso -que no sería único, pero valga de ejemplo-, la avaricia rompería el saco.

Los AES deben saber que una empresa no puede pretender la obtención del máximo beneficio sin arriesgar la viabilidad de la empresa. Hay que compaginar el afán por lograr la mayor rentabilidad con el respeto a suficientes soportes para que no se vaya todo abajo, avanzando, sí, en la extracción del material útil, pero preparando continuamente los nuevos tajos. Este criterio es de aplicación, por ejemplo, en sectores como el bancario, en el que no se puede pretender extraer el máximo beneficio de los clientes, cargándoles por operaciones que no se corresponden al coste, sin ofrecer, al mismo tiempo, a la sociedad en su conjunto apoyos al crecimiento de las propuestas de nuevos emprendimientos que surjan del entramado empresarial. De otra forma, el sistema colapsaría.

En los procedimientos de arranque por testeros, que son los que se precisan para avanzar en capas verticales o subverticales (más de 45º de pendiente), se extrae, como objetivo, solo el material útil, pero hay que proveer a los frentes de avance (testeros) del adecuado sostenimiento (entibado) para que se aguanten las capas laterales, que se han perforado en lo estéril. Por tanto, mientras se profundiza en lo que es valioso, es inevitable utilizar, además, dos o más galerías sobre la misma capa, una inferior y otra superior que permitan el acceso, y profundizando cada vez a mayor hondura.

Este método de los testeros, que fue muy usado en la minería del carbón astur-leonesa, exige una alta profesionalización a todos los niveles. En economía, es aconsejable, por ejemplo, en los sectores de nuevas tecnologías y en los proyectos de investigación, en los que resultaría de una temeridad rayana en la locura creer que cualquiera vale para ello, o que se está teniendo éxito porque se han conseguido resultados puntuales de forma ocasional, cuando no se ha dispuesto de las medidas de protección y de los procesos de selección de especialistas que proporcionarían la educación universitaria, una eficiente investigación básica y, en general, no se ha conseguido la creación de redes sólidas de creatividad y desarrollo.

El avance ha de ser sostenido, continuo, profundizando siempre más en los conocimientos que se tienen, avanzando, no a ciegas, sino con calicatas y previsones de por dónde deben ir los tiros, que son, en definitiva, los disparos futuros sobre el conocimiento que supone el progreso.

En fin, los procedimientos de derrabe o soutirage (emparentados con los anteriores), utilizados en capas delgadas y de fuerte pendiente. implican que se provoca el desprendimiento de toda la masa útil, abandonando progresivamente la explotación, que queda inaccesible para el futuro, para recoger luego el material en puntos inferiores, disponiendo para ello -como también en el caso anterior- de galerías de extracción, que permiten evacuar prontamente el material.

Es el método que resulta imprescindible para aquellos sectores en los que se descubre que ya no podrán volver a ser rentables o lo serán ya por poco tiempo, superados por el avance tecnológico, y que, aunque se entienda que siguen siendo imprescindibles para la economía propia, es ya conocido que la pujanza de otros emprendimientos, con mejores calidades y menores costes, obligan a dejar el campo libre a los que vienen detrás, -al menos, mientras aguanten ese ritmo-pues no tiene sentido aferrarse a lo que no tiene futuro, aunque haya tenido muy buen pasado.

Los llamados en una cierta época económica "sectores básicos" encajan dentro de esta categoría de explotación: siderurgia, construcción naval, agricultura familiar a la que acaba faltando suficiente  masa crítica, etc. La aparición de competidores muy activos, debidos a la globalización de los mercados en los que se dispone de mano de obra más barata, gozando de mayor permisividad legal o peor o nula protección ambiental, supone el fin de amplios sectores cuya rentabilidad clásica desaparece, al carecer de los presupuestos que la mantenían en origen.

En esos casos, es necesario olvidarse de recuperar lo perdido. Es posible que, durante algún tiempo, se puedan trasladar los conocimientos adquiridos a los países en desarrollo, pero ha de tenerse presente que la situación no será duradera. Es preferible, por ello, concentrarse rápidamente en nuevas vías que resulten apropiadas, iniciando la explotación económica en otros lugares, de otros materiales, e importando los materiales cuyo valor añadido ya no se puede lograr con la producción propia, puesto que seguirán siendo necesarios, manteniendo, únicamente, como medida de prevención y salvaguarda, algunas referencias en el sistema productivo nacional.

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(1) 

Son, ya lo digo, muchas las coincidencias: la experiencia enseña que hay que confiar más en lo que opinan los viejos que los estudiosos; hay que estar siempre atentos a los posibles colapsos del sostenimiento (casi siempre fortuitos, pero relativamente frecuentes); quienes no han conseguido ponerse a salvo al notar los primeros síntomas de caída del sistema, quedarán atrapados y lo van a pasar muy mal; los de fuera elucubrarán, tanto si son o no expertos, sobre la mejor manera de salvarlos, y los allegados gritarán y llorarán, pero las soluciones son escasas, caras, duras y solo vendrán de la mano de quienes se arriesguen a meterse dentro del agujero y sacar a los accidentados, ojalá que aún vivos, para lo que es fundamental que se mantengan en actitud lúcida, participativa y serena.

(2) La fotografía (trucada solo en la pancarta) corresponde a una protesta de un centenar de personas -finales de 2011-, que solicitaban que no se concediera permiso de exploración a una empresa colombiano-canadiense en Santurbán, Colombia, al parecer, interesada en realizar investigaciones para analizar la presencia de oro en ese páramo. Su lema era: "No a la minería, sí a la vida". El gobierno colombiano negó que tal solicitud hubiera sido cursada, pero las fotografías -relativamente sugerentes- aparecieron en toda la prensa.

Aunque no consta en las crónicas, no descarto que el corderillo de la foto haya sido saboreado en una posterior pitanza (lo que no sería óbice a la reivindicación, pues hay filósofos que entienden que se puede ser nudista, antiminero y antieconómico, pero gustar de la carne, y de todas cuantas comodidades se relacionan con el buen vivir).

Ingeniería para abogados y economistas: Crisis minera, saneamiento y recuperación

Ingeniería para abogados y economistas: Crisis minera, saneamiento y recuperación

En una larga vida en activo, lo normal es que el profesional tenga que confrontarse con varias crisis, además de con las suyas propias. La literatura económica concede mucha importancia a la fórmula, trasladada de la cirugía clásica, por la que, si nos encontramos en presencia de un problema (cáncer para la economía), lo procedente es intervenir de inmediato para cortar los tejidos dañados, para evitar que el mal se propague.

El consejo -se supone que basado en la experiencia de medidas de éxito en crisis anteriores- no se amplía a la necesidad, que hubiera sido coherente con el símil médico, de realizar frecuentes chequeos para comprobar que el sistema económico se encuentra en buen estado.

Con seguridad, la razón de que no se conceda importancia a la vigilancia del sistema es que se confía en la honestidad de los agentes que concentran la máxima responsabilidad y en que los registros contables reflejarán con fidelidad la situación real.

La experiencia debería haber convencido, tanto a los interesados en mantener la situación como, sobre todo, a los que proponen cambiarla, de que estos buenos deseos son sistemáticamente incumplidos. Los gestores mienten, ocultando información cuando la coyuntura es mala, y mienten, exagerando los éxitos, cuando es buena, creando bolsas de basura contable que solo salen a la luz cuando hay un cambio de gestores y, en esos casos, lo más probable es que, al sacar a la calle la porquería, se provoque una epidemia de tifus con gran mortandad empresarial.

Incapaces de asimilar la necesidad de barrer cada poco las esquinas y sótanos contables, y de inspeccionar de forma rígida y ajena la salubridad de lo que se sirve de cobijo a una economía malsana, tradicionalmente, los sistemas económicos se preocupan obsesivamente de controlar, perseguir y sancionar a los pequeños infractores, y solo en escasos ejemplos dirigen su atención hacia los grandes depredadores de la economía.

No sirve de explicación el que, de forma intuitiva posiblemente, la sociedad entienda que si se demostrara la poca estabilidad de esos soportes, todo se vendría abajo, y no se sabría cómo reaccionar. Porque, con leyes de Murphy o sin ellas, sucederá. La Historia demuestra, inexorable, que las sociedades que descansan en la opulencia crecen hasta estallar, como la rana de la fábula que quiso imitar al buey en su volumen.

Los ingenieros que han trabajado en laboreo (curiosa denominación por la que se quiere indicar la amplia gama de operaciones relacionadas con la recuperación de minerales y rocas), pueden aportar ideas respecto a cómo comportarse en caso de crisis, que hay que dividir, desde luego, según su grado de gravedad, pero, ante todo, según la posición del agente provocador respecto al sistema.

Las crisis mineras pueden ser externas a la explotación o internas. En las externas, provocadas por agentes no vinculados a la minería, la decisión de cierre de la explotación se explica por medidas que no tienen nada que ver con la situación propia, y que se recogen, globalmente, en el término "caída del mercado".

La caída del mercado es un factor recurrente en minería. Sucede siempre. Es el caso padecido por la minería del carbón astur-leonesa (aunque también han resultado afectadas explotaciones de otras regiones), la franja pirítica bética, la schelita o el oro astur-salmantinos, el caolín galaico, el rejalgar vallisoletano, etc. En todos estos ejemplos, después de una próspera época de crecimiento sostenido, las comarcas han quedado sumidas en la miseria, porque ha dejado de ser rentable el producto mineral que las encumbró.

Podría extenderme ampliamente en la evolución detallada del proceso, pero bastará con dejar apuntado que en ningún caso las medidas de pretendida compensación de la actividad perdida han servido -denominadas actuaciones de reconversión- han servido para paliar los efectos de esas crisis.

Las explotaciones mismas, una vez presentada la crisis, en muy pocos casos se han podido recuperar, a pesar de las intensas medidas de saneamiento internas y si subsisten o han subsistido por un tiempo, es, o bien a costa de ayudas paliativas.

Con posterioridad al cierre, sin embargo, no han faltado casos en los que se han exhibido los cadáveres con cierta ostentación, contando siempre con subvenciones.

Se han podido así recuperar provisionalmente algunos castilletes y salas de lampistería, o se han realizado parques temáticos en las cuencas a las que se han llevado un par de animales semisalvajes, y, además de fiestas relacionadas con el pasado minero, se suelen organizar en las cabezas de comarca, los fines de semana, visitas guiadas para ilustrar a los visitantes curiosos sobre las épocas pasadas, desde el Pleistoceno hasta el siglo veinte, formando las edificaciones industriales semiderruidas parte sustancial del patrimonio monumental de la zona.

Es importante, pues, trasladar el mensaje, en lo que tiene de aplicación, que las crisis mineras externas no tienen solución interna y provocan, sistemáticamente, la pérdida de la actividad regional, sin que exista fórmula válida para recuperar la economía de la comarca que, en no pocos casos, deberá retornar a sus orígenes -típicamente agrarios-, para iniciar desde cero, en su caso, en un sector distinto y tras un largo período de maduración, una nueva actividad, pero tomando consciencia de que nunca volverá a ser lo que fue...salvo que "el mercado se recupere", para lo que, en el caso improbable de que suceda, y como apunta el dicho popular, "más vale que Dios nos coja confesados". 

El caso de las crisis internas es, sin embargo, muy diferente.

(continuará)

Ingenieria para Abogados y Economistas. Curvas y curvaturas (2)

Ingenieria para Abogados y Economistas. Curvas y curvaturas (2)

Una vez que los ingenieros obtienen su título, prácticamente las únicas curvas que utilizarán el resto de su vida, son siete: la línea recta (que no necesita introducción, aunque el AES debe ser consciente de que toda línea curva puede aproximarse, con la deseada exactitud, a una serie de segmentos rectilíneos), la circunferencia, la parábola (y, en menor medida, las restantes figuras cónicas: elipse e hipérbola), la función de densidad llamada normal (o campana de Gauss), la menos normal función de Poisson, y dos curvas claramente exóticas, la catenaria y la conchoide.

La circunferencia -también llamada círculo, erróneamente, por los no técnicos- es muy importante para referirse a la mayor parte de los objetos industriales cuando se les representa en proyección ortogonal, bien sea en la opción de base o de alzada: tienen esta forma, por ejemplo, las depuradoras -de agua potable como de residual- las bocas de riego, los bordes de los cubos de basura, casi todas las secciones transversales paralelas al terreno, como el corte de una chimenea, un horno de cemento, un horno alto, una bola de billar, un tubo de ensayo, etc-.

La parábola es obtenida al lanzar un pelota de golf, independientemente del hándicap, con tal de que se de a la bola y no solamente al campo. También se pueden ver parábolas en los chorros de las fuentes clásicas (Cibeles o Neptuno, en Madrid), en los faros de automóvil (para desgüace) y en los espejos de las estaciones astrofísicas.  

Mucho más interesantes, porque su uso correcto indica conocimientos que no están al alcance de cualquiera, son las funciones de probabilidad llamadas de Gauss y de Poisson. La primera se obtiene siempre que se repite, y de la misma manera, un número muy grande de veces un experimento apuntando a un resultado concreto.

Esta afirmación necesita, posiblemente, algún comentario adicional. Si halláramos, por ejemplo, el peso medio de todos los niños españoles de cinco años (separados por sexos), la curva que representa el número de niños que tienen un peso dado (distribuído en intervalos, de, digamos, medio kilo) adopta la forma "normal", con una joroba en el medio. 

Los economistas utilizan mucho la distribución normal -sirve, típicamente, para definir el grado de confianza de un sondeo electoral, o para conocer la distribución demográfica por edades o deducir el porcentaje de ancianos que, en un momento determinado, no podrán cobrar la pensión, por ruptura del equilibrio presupuestario de un sistema de jubilaciones-.

Lo que no suelen aplicar, sin embargo, es la distribución de Poisson, que es, incluso, más normal que la de Gauss, puesto que lo normal es que los sucesos a los que nos confrontamos los seres humanos sean raros.  (1)

Si suponemos, por ejemplo, que solo el 0,02 % de los militantes de un partido saben algo de ingeniería (que ya es un suponer), al elegir 300 alcaldes entre ellos (al azar, que es como suele hacerse), la probabilidad de que 3 de los nombrados tengan alguna idea de ingeniería es P (=3) = e exp (-6) * 6 exp 3/3!, que, efectuadas los cálculos correspondientes, da por resultado final 0,089. Es decir, de cada cien veces que se hagan elecciones, solo 9 se cumplirá esta condición.

Lo que, en una democracia con elecciones cada cuatro años, la verdad es que no resulta muy esperanzador. Aunque también puede contraponerse a esta pesimista idea la interrogante expeditiva de "¿Y para qué necesita un alcalde saber algo de ingeniería, después de todo?", para la que carezco de respuesta equilibrada.

Finalmente, la presentación de la catenaria y la conchoide se encontrará en el Apéndice de este Libro, junto con otros ejemplos -estos ya, en general, imaginarios- de descubrimientos exóticos de los ingenieros para deslumbrar a ingenuos, como el "cajón de los bugilates", "las empinadas pendientes de más de 90º", "la máquina capaz del movimiento continuo" o incluso el "movimiento de inercia ficticio para el cálculo de flechas" en un pilar. Son expresiones parecidas a las de "in vino, veritas", "mater semper certa est sed pater is est quem nuptíae demostrant" o "la gestión privada es siempre más eficiente que la pública".

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(1) Una función de distribución de Poisson depende de dos valores o parámetros,

f(k;lambda)=frac{e^{-lambda} lambda^k}{k!},,!

en donde k es el número de veces que para el que deseamos saber la probabilidad de que se presente el elemento raro que estamos analizando en un colectivo pequeño y λ representa la proporción de elementos de esa característica en el colectivo general. Por ejemplo, si hay un accidente mortal de automóvil en las carreteras españolas cada día, y estamos interesados en saber la probabilidad de que ocurran k accidentes en 10 días, la respuesta correcta no sería k.10, sino que habrá de usarse el modelo de distribución de Poisson con λ = 10×4 = 40. (e es la base de los logaritmos naturales: e = 2,718...): f(k;40) = (e (exp-40)*40 expk)/k!.de Poisson está emparentada con la distribución binomial, de la que es su valor límite en condiciones determinadas; también lo está con la función normal, a la que converge (con media nula y desviación típica la unidad), cuando el parámetro  lambda tiene a infinito.

 

Ingenieria para Abogados y Economistas. Curvas y curvaturas

Lamento decepcionar algunas expectativas, -si es que el título ha dado pie a alguna mente masculina calenturienta para imaginar otras redondeces- pero en este Capítulo me propongo hablar de curvas, sí, pero en tanto que representaciones gráficas de ciertas funciones matemáticas especialmente significativas.

La plasmación de los conceptos como grafismos es, como ya puse de manifiesto, consustancial al ingeniero. Estos profesionales, para demostrar la seguridad de lo que saben o creen saber, necesitan representarlo en el papel y, si por alguna razón no tienen este a mano, no dudarán en hacerlo en su imaginación, lo que les lleva a simplificar mucho las cosas, tratando de llegar a (creer) comprender su núcleo, realizando, en apariencia, lo que en otras disciplinas, se suele denominar "síntesis".

Sin embargo, no hay que dejarse engañar. Puesto que la "síntesis" que acostumbran a realizar los ingenieros no pretende propiamente hacer un resumen de algo, sino conseguir explicitar lo que se supone es su fundamento, por lo que sería más adecuado hablar de "liberar de lo inútil", o "limpiar de hojarasca" a una exposición, tema, libro o teoría.

El análisis profundo de esta cuestión se realizará en otro capítulo. Queda recogido aquí, simplemente, que los ingenieros cuando les falta tiempo -o actúan con exceso de suficiencia, lo que tampoco es anormal- tienden a realizar la lectura transversal de lo que tienen entre manos, lo que les suele dar lugar a curiosas conclusiones si dedican su atención a aquello en lo que no están previamente formados.

Hablando en general, los AES están formados para hacer ver que una situación que corresponde a su formación es extremadamente compleja y, por tanto, resulta inabordable para profanos. ¿Quién no ha oído alguna vez de un abogado, cuando, como cliente, se le manifiesta curiosidad por saber cómo planteará una demanda o la reconvención de lo que se le acaba de exponer, algo así como "imposible: no pretenderás que te pueda explicar en diez minutos lo que me costó varios años de estudio"?.

Por el contrario, los ingenieros se esforzarán en hacer entender a los profanos conceptos nada simples dibujando un par de líneas y expresándolos con cuatro palabras, incluso aunque el interlocutor no tenga ni pajolera idea -ni el menor interés- respecto a un asunto. Esto es debido, sin duda, a la obsesión en que se les ha formado por concretar lo que saben, yendo a lo que merece la pena, por lo que no es extraño oir de los ingenieros mayores que solo saben seguro que no saben nada, recordando con ello, la esencia de la filosofía socrática (en original: Ἓν οἶδα ὅτι οὐδὲν οἶδα; léase: hèn oîda hóti oudèn oîda).

Para no perdernos: La preocupación por la representación, llega a las aulas de ingeniería orientada a formar a los alumnos en el dibujo de curvas, tanto en coordenadas cartesianas como polares, dedicándose muchas horas de estudio, a desentrañar el misterio de funciones complejísimas, descubriendo sus asíntotas, simetrías, lazos, máximos, mínimos, intervalos de crecimiento o discontinuidad, etc., desvelando sus entresijos y proporcionando intensas satisfacciones a los jóvenes educandos.

Nada que ver, pues, con los métodos de representación utilizados por los futuros abogados -que muy poco tienen que ver con las matemáticas o la física-; para un letrado -y más si ha hecho oposiciones a magistrado- la representación tiene que ver más bien con brocardos latinos (e incluso griegos), ciertas reglas nemotécnicas y, por supuesto, la representación procesal, que es cosa distinta.

Los futuros economistas, por su parte, adquieren -fundamentalmente en las clases de Teoría económica, análisis de mercados y economía de la empresa- la convicción de que la línea fundamental, y prácticamente única, es la recta.

Pertrechados con esta falacia, tienden a verlo posterioremente todo como lineal.

Las llamadas "curvas de producción y demanda" de los mercados, suelen ser rectas; las líneas de coyuntura, rectas (ascendentes o descendentes); las tasas de reposición de stocks, rectas; y -si no son advertidos a tiempo- hasta la típica parábola conceptual (que refleja el cociente de beneficio sobre la inversión), sería asimilada a una recta.

Pocos ejemplos económicos se sustraen a esa obsesión rectílínea. Una de las excepciones es la utilísima representación descubierta por Alfred Marshall y que atribuyó a Giffen (los economistas suelen dotar de más categoría a sus hallazgos atribuyéndoselos a otros, preferiblemente, ya fallecidos). Al analizar los efectos sobre la demanda del precio de las patatas en Irlanda, se encontró con la paradoja de que los pobres, aunque aumentó el precio del tubérculo, seguían comprando más del mismo que antes, con lo que se empobrecieron más rápidamente.(1)

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(1) Irlanda ha inspirado mucho a los economistas; recientemente (2008-2012), con ocasión de la crisis provocada al hundirse el Banco de inversión norteamericano Lehmanh Brothers, este país fue el primero en tomar medidas, entrando en recesión casi de inmediato, lo que obligó a tomar aún más medidas, incluídas daciones en pago, quitas, disminución de iva, incremento de impuestos directos, y la intervención de los expertos mundiales en cómo tratar una crisis, lo que servirá de modelo para decidir cómo actuar o no actuar en el futuro, según la ideología de los distintos especialistas.

(continuará)

Paseo entre el amor y la muerte de un español del siglo XXI

Quizá porque en las últimas legislaturas socialistas y especialmente en la última (2008-2011) nos han endilgado a los españoles demasiadas palabras mentirosas, ahora se nos están aplicando demasiadas medidas dolorosas con muy pocas palabras de explicación.

Y avanzamos por un campo de muertes -de empresas, de ilusiones, de ideas-, sin que se entienda en absoluto hacia dónde vamos. Como si se tratara de un camino en solitario hacia ninguna otra parte más que a más desolación.

Tiempo de especulaciones, pues, mientras el fragor de las explosiones -bombas de racimo, en su mayoría- nos aturde aún más. Se dice que estamos a punto de salirnos del euro, y que se están estudiando a uña de caballo las medidas que plasmarán el cambio a una moneda propia. Supondrá, se especula, una devaluación súbita del 30%. Es decir, nuestros ahorros y nuestros ingresos sufrirán, de pronto, una pérdida de poder adquisitivo global brutal.

Se dice que la segregación de los activos tóxicos bancarios hacia nuevas entidades es inminente y que esta fórmula servirá para sanear los balances de estas sociedades del capital. La medida es una continuación de otra fallida, que ha sido la adsorción (empleo la "d" a sabiendas, pues ha sido superficial) de ciertas Cajas por otras, teóricamente más solventes, y que, se dice, al no estar dando el resultado apetecido, se deshará a la inversa, devolviendo al caos lo que es del caos.

Se esgrime que la pésima gestión pública de las Administraciones -no me importa si regionales, locales o centrales: forman parte de la unicidad del Estado- ha conducido a un endeudamiento intolerable, en el que será precisa una quita por los compromisos adquiridos -correspondientes a obras y servicios ya realizados- y nos enteramos, con estupor (yo, al menos) que una parte sin determinar de ellas (pero no despreciable) ha correspondido a proyectos inútiles, puentes inacabados, trenes de Ave (por poner un ejemplo que ha trascendido) que jamás han sido ni serán utilizados y, santo dios (no lo escribo con mayúsculas por respeto), que una cantidad que nunca se descubrirá (pero de la que tenemos suficientes constancias para imaginarla grande) ha sido dedicada a sobornos, pago de corruptos, arreglo de cosas y casas privadas.

Mientras avanzamos, no se sabe bien hacia dónde, guiados -se sospecha- por los disparos al aire -y a algunas piezas valiosas- de las agencias de valoración, que nos han provocado, cual manada de rumiantes, la estampida; alarmados -sabemos- por las expropiaciones jocosas de países amigos de supuestas joyas de la corona (que se nos cae, también); jaleados, con gritos de "así, así se hace", por políticos extranjeros con careta de polichinelas, ¿qué nos queda?

Pues que estamos enamorados. De nuestra manera de saber vivir, del orgullo de nuestros jóvenes capaces, de nuestros intelectuales sensatos, de nuestra honestidad general, de nuestro empuje para salir, por güebos, de esta maraña que nos han echado encima, el contenido de varios cubos de la basura mundial.

Porque podemos, carajo. Aunque tengamos que empezar de nuevo a hacer este país desde la base. No es momento para Quijotes ni para Sanchos, al menos, no con los esterotipos de quien creen conocernos sin habernos entendido.

Es tiempo de héroes y heroínas, y es momento para que surjan otra vez, siempre del pueblo, Agustinas, Daoízes, Velardes, Irmandiños, Viriatos, Segadors, aceituneros, Marías Malasañas, ... No de arrugar los entrecejos como quien está para poner huevo y lo que consiguen es, como no puede ser de otra manera en operaciones de mala digestión, pues, ...cagarla.

 

Ingeniería para AES. Gestión del personal

Ingeniería para AES. Gestión del personal

(El alumno puede saltarse, en una primera lectura, este capítulo, volviendo sobre él en el repaso)

Una de las situaciones con las que un AES tendrá que enfrentarse, más tarde o más temprano, será tener que realizar el despido de empleados de una empresa o administración pública. La cuestión está, desgraciadamente de máxima actualidad, porque la sociedad líquida se encuentra inmersa en la crisálida de un cambio de paradigma.(1)

Normalmente, a diferencia de los ingenieros, los abogados y economistas, cuando sean confrontados a esta delicada situación, dispondrán, sin embargo, de la ventaja de no haber tenido ninguna relación anterior con las personas a las que deban comunicar el despido.

Esto facilita enormemente la absorción de la tensión emocional, pues con algo de experiencia -transcurridos tres o cuatro episodios- quien deba transmitir las órdenes de despido actuará ya de forma relajada, automáticamente, sin importarle las reacciones que el mensaje provoque en el receptor.

Sea como sea, cualquier profesional, independientemente de su formación, no debe olvidar que la correcta gestión del personal está reñida con su despido, por lo que, en ningún caso, debe sentirse cómplice de los ajustes de plantilla, imputando la responsabilidad a elementos ajenos, etéreos o intangibles para el trabajador despedido, como "el sistema", "la situación" o "el mercado".

No hace falta extenderse mucho sobre los efectos del despido sobre el empleado, que, además, solo serán realmente conocidos cuando el economista o licenciado en derecho los sientan en sus carnes.

En las grandes empresas, estos dos colectivos están mejor protegidos que otros respecto a esta situación. Como es sabido, cuando una entidad mercantil comienza a ir mal, primero se despide a parte de los ingenieros y personal de producción, y se impone el objetivo de controlar mejor los costes -lo que aumenta la carga de trabajo de los departamentos de administración-, y si esto falla, la ola de máxima actividad pasará a la sección jurídica (con refuerzo externo, incluso), que se encargará de atender a la suspensión de pagos, concurso de acreedores y otros litigios posibles en los órdenes social, civil, penal y tal vez hasta contencioso-administrativo.

Admitido, pues, que el despido es un alienígena respecto a las buenas prácticas de gestión, y que llegar a él supone un fracaso de la empresa y, a nivel global, si se generaliza el desempleo, de la sociedad, abordaré en estas reflexiones el punto central de este capítulo: ilustrar sobre la diferente manera de encarar la gestión de una crisis de resultados en la empresa de cierto tamaño (más de 10 empleados), cuando el gestor es un titulado superior y no un "hombre hecho a sí mismo" (las mujeres, de momento, no parece que se puedan hacer a sí mismas, lo que es de agradecer, al menos, para los que amamos la estética).

Los economistas y abogados no suelen preocuparse por entender las razones técnicas por las que una empresa es eficiente. La conciben como una caja negra, en la que se producen misteriosas relaciones entre las máquinas, el capital o los empleados, que solo resultan visibles cuando se presentan conflictos, interesándoles, respectivamente, los de naturaleza económica, o jurídica.

Por eso, cuando un economista recibe el encargo de analizar las posibilidades de reducir personal, el cálculo de opciones suele ser presentado, en esencia, así: Siendo la plantilla existente P y el coste total de personal C, el coste por persona en la actualidad es C/P, y dado que el objetivo es reducir el coste total en una proporción x, será necesario despedir a x.P personas. Para que la operación sea más efectiva, es conveniente que sean aquellos que tienen salario más alto, y que se corresponden con los que llevan más tiempo en la empresa, lo cual tendrá el efecto colateral de rejuvenecer y dinamizar la plantilla.

En un capítulo anexo, el economista seguirá su razonamiento indicando que, con la medida, si el Beneficio actual de la empresa con la plantilla P era B, con la plantilla reducida a P(1-x) se alcanzaría un beneficio más alto, e igual a B/(1-x).

El análisis de un licenciado en derecho -que realizaría por su cuenta, sin que se lo pida nadie- sería más sencillo y directo. Si con la plantilla actual, el número actual de conflictos laborales es L, este se multiplicaría por el coeficiente 1/(1-x), por lo que, en conclusión, sería necesario incorporar nuevos letrados al departamente jurídico.

Ambos cálculos no coinciden, en absoluto, con el planteamiento que haría un ingeniero. Ante todo, si el beneficio de la empresa se reduce -lo que, es cierto, no siempre será detectado por el técnico, que deberá ser advertido de ello por los departamentos contables de la empresa- la reacción primera del responsable de producción será: "Los de contabilidad han vuelto a cambiar los criterios de imputación de costes a mi departamento".

Es posible también que una segunda reacción, ya más reposada, sea del tipo: "Pues que reduzcan el porcentaje que se quedan los servicios centrales y que me gravan mis resultados de manera ficticia. En vez de un 6% les bastaría con imputarme un 2%". Y la tercera, después de un fin de semana, podría consistir en tratar de crear una nueva línea de investigación o producción, asignando a ella el personal teóricamente sobrante

En este caso, los tres argumentos, al expresarse de forma independiente, no conducen a la solución aconsejable. Lo idóneo, en opinión exclusivamente personal, sería preguntarse las razones por las que el beneficio de la empresa está disminuyendo.

Seguramente, los comerciales están vendiendo menos, o han aumentado los costes financieros o la competencia ha obligado a reducir el precio de venta. Si esto es así, nada se conseguiría reduciendo el personal, pues se aumentaría la tensión de trabajo sobre la plantilla, que, forzada a mayor rendimiento del que antes estaba dando, se desanimaría rápidamente y, en particularm los mejores no tardarían en marcharse a la competencia, agudizando el problema.

Pero si lo que ha sucedido es que la productividad ha bajado bruscamente, sin que hayan cambiado otras variables del entorno de la empresa, lo más aconsejable, a nivel de empresa sería cambiar al consejero delegado, ante la constatación de que no ha sido capaz de aportar ilusión ni forzar a la creatividad de la plantilla. plantilla.

Por lo demás, si lo que justifica la disminución de plantilla es que se ha adquirido o piensa adquirir maquinaria mucho más eficiente y que se ha demostrado sobre el papel que la amortización y financiación de la misma es más barato que mantener sin tocar a la plantilla actual, es más sencillo no darle vueltas al asunto, no mentir respecto a lo que pasa, y reconocer que el progreso técnico ajeno, cuando no a acompañado de investigación y desarrollo propios, conduce irremediablemente a la reducción de las plantillas.

En este proceso repetido cíclicamente, en una economía en la que las directrices sean señaladas por disposiciones exógenos, los más capaces estarán, cada cierto tiempo, en la tesitura de agazaparse y dedicarse a jugar al golf o a la petanca en el propio país o irse a trabajar a Alemania o a Estados Unidos, con el riesgo que ello comporta de que, cuando vuelvas, te encuentres con que todos los sitios con capaz de decisión están ocupados por los más hábiles en hacer la pelota de cuantos se quedaron.

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(1) El término "sociedad líquida", no es mío, sino de Zygmunt Bauman, pero lo comparto; el término "cambio de paradigma", tampoco es mío, pero en este caso no lo comparto y lo utilizo aquí con connotaciones sarcásticas.

Nota.- El gráfico-viñeta que pretende ilustrar este comentario está extraído de mi libro "Linkweak, el antihéroe"; los interesados pueden ver más historitas del personaje en mi otro blog: http://amarias.blogia.com, bajo la sección, Linkweak (escalón débil, en español)