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Al Socaire de El blog de Angel Arias

Sociedad

Sobre las élites en España

Ferrán Izquierdo, coordinador del libro titulado "Poder y regímenes en el mundo árabe contemporáneo", en la presentacíón en La Casa Arabe de Madrid el 9 de febrero de 2010, realizó unas interesantes reflexiones acerca del funcionamiento de las élites en su búsqueda permanente por conseguir el control.

Defiende Izquierdo que el fenómeno de las élites es una constante en la Historia de la Humanidad, que supera las fronteras del tiempo y del espacio físico. Manifestando su discrepancia relativa con lo que, en la misma conferencia, había expresado Ramón Cotarelo, entiende que "en los países de la OCDE también debemos seguir hablando de élites, y no solo políticas".

Esto es así porque el "recurso capital se presenta en términos de poder, aunque, eso sí, alcanza una mayor diversificación" (en relación con los países árabes, sujeto principal del libro y de la conferencia). La situación de competencia continua entre las élites, en un sistema jerárquico, en el que los de arriba acumulan más poder, supone que "las decisiones de las élites no se toman en función de programas, discursos o de la mayor generación de beneficios, sino fundamentalmente del propósito de acumular mayor poder que sus vecinos." Esto les lleva a veces a actuar incluso en contra de la idea de beneficio a corto plazo.

Izquierdo, en otro momento de su exposición, se había referido a la posición de "los Botín, Polanco y de las élites políticas" en España durante la transición, que siguen siendo élites antes y después de la misma. Este juego de competición entre las élites lo trasladó también al seno de los partidos políticos. 

El "caso del PSOE con Borrel, o la trayectoria del PP en los últimos años", ocupó su atención, como ejemplo de posturas canivalizadoras dentro de grupos que defienden frente al exterior las mismas ideas (al menos, aparentemente), pero no dudan en actuar contra aquellos con los que no tienen alianzas, prefiriendo, a corto plazo, perder unas elecciones o comprometer los objetivos, para hundir al adversario interior, en su ansia por lograr el máximo poder.

Estas batallas por el poder de las élites, tiene, para Izquierdo, un curioso reflejo (o, más bien, anti-reflejo) en la población. La población, entendiendo por tal (la apreciación es nuestra) los individuos no organizados ideológicamente, para alcanzar el poder, necesitan reunir tres condiciones: consciencia de su situación; objetivos concretos respecto a lo que deseen cambiar; medios para conseguirlos.

La transición fue posible, porque el pueblo deseaba el cambio, recuperar la democracia después de la dictadura franquista -Cotarelo había indicado que la normalidad en España había sido la democracia, y la dictadura era lo anómalo-, y tenía claro ese objetivo y se movilizó. "Cuando lo conseguimos, nos fuimos a la cama", apostilló Izquierdo, que se preguntaba: "¿Quiénes se movilizarían ahora?". En la democracia, ha habido movilizaciones populares puntuales contra una situación que deseaba cambiarse, y, por supuesto, se consiguió lo que se deseaba: la abolición de la mili, o contra la guerra de Irak.

Si en los países árabes "la población es la gran ausente, aplacada por el mecanismo clientelar o por la represíón", en los países occidentales, las formas de aplacar las movilizaciones populares son más complejas y sutiles. ¿Será por falta de objetivos?

Sobre el principio Potosí y la apropiación originaria

La razón por la que unos individuos se apropian de la que, hasta entonces, era propiedad común, es el elemento clave del análisis sociológico de la existencia de la colectividad humana.

A partir del concepto "principio de Potosí", el Museo de Arte Reina Sofía, con el impulso de un grupo de historiadores, economistas, sociólogos, filósofos y artistas-por citar las ocupaciones más relevantes de sus miembros- ha configurado un gran proyecto que vincula el nacimiento del arte moderno a la inspiración artística y a los móviles mercantiles y de poder que se tejieron en el virreinato de Perú, con base en las minas de plata que se explotaron en el cerro de Potosí.

La idea es muy fértil sin duda, porque en torno al "principio de Potosí", se teje todo un paradigma de los móviles que fueron utilizados para la apropiación por la monarquía hispánica -allá en los siglos XV,XVI y XVII- de los indios y de sus propiedades y, en relación con ello, de la generación de un conjunto de elementos artísticos, religiosos y políticos que se vincularon a la dominación española de la "descubierta" América.

Con este telón de fondo y como paso previo a la Exposición y Jornadas que se celebrarán en La Paz, Madrid y Berlín en este año 2010, algunos de estos estudiosos presentaron en el salón de Actos del Museo de Arte Reina Sofía, en Madrid, los días 4 y 5 de febrero, sus reflexiones y ciertas conclusiones sobre la "apropiación originaria", pretendiendo abrir un debate acerca de la cuestión de cómo se conformó la teoría del "derecho" del Imperio español que autorizaba a matar, esclavizar y sojuzgar a los indígenas, enriqueciéndose a su costa, ofreciéndoles a cambio religión y promesa de cielo eterno, protección frente a otros enemigos y una nueva "cultura", superior a la que les era propia.

No tuvieron estas jornadas de febrero el éxito de público que merecían, por falta, sin duda, de publicidad de estas actividades paralelas que está programando el Museo.

Una lástima. Por el interés de los temas y su novedad, porque, al contrario de lo que podría deducir un asistente despistado, el análisis supera, con mucho, las preocupaciones de un hipotético "grupito con ribetes neomarxistas" o de sociólogos con pretensiones anarquizantes, para constituirse en un brillante análisis, original y ampliamente documentado, sobre lo que sirvió de base entonces para convertir a los indios en esclavos y arrebatarles tanto lo que poseían como los recursos de su subsuelo. Argumento del invasor que, con colores y tonos cambiantes, es una constante de la actuación de una parte de la humanidad sobre la otra.

De entre los conferenciantes de estas jornadas, y solo a los efectos de ofrecer algunas pinceladas sobre lo atractivo del asunto y sus amplios matices, vamos a referirnos a lo expresado por Alberto Moreiras, profesor de Estudios hispánicos y reconocido hispanista de proyección internacional, catedrático en Aberdeen (Escocia), que tuvo el acierto de presentar una propuesta general sobre la "apropiación originaria" y, por ello, resultó la suya la más entretenida y provocadora de las intervenciones del segundo día (todas ellas, desde luego, originales e interesantes, y sobre las que no pretendemos entrar en una valoración relativa).

Moreiras señaló como ideólogos relevantes de la apropiación realizada por los conquistadores españoles en Las Indias, a Bartolomé de las Casas y a Ginés de Sepúlveda. Al primero, al que reflejó como "el Maquiavelo español", hay que atribuir la justificación del "yo conquisto", que "prepara el Cogito cartesiano", como parte esencial de la modernidad en la que se defiende la expropiación desde lo superior, con derecho de renominación, antes de que lo ético pase a epistemología.

"Las Casas no es antiimperialista, sino que impide la destrucción salvaje por el capital. No se opone a la acumulación, sino a determinadas formas. Porque los indios muertos en Potosí hubieran sido provechosos por mucho más tiempo, vivos. Alvarado o Pedrarias Davila, como conquistadores exterminadores, estaban para aquél, equivocados".

Por su parte, Ginés de Sepúlveda justifica la conquista formulando un antecedente perverso del principio kantiano: "Todo lo que queréis que los hombres hagan con vosotros, hacedlo con ellos". La guerra es justa, porque es mejor ser cristiano que no serlo. Por ello, es necesaria, para llevar la verdadera región a los salvajes indios.

Fernández de Oviedo nos da una versión escalofriante de lo que llevó a Enriquillo, el cacique indio sometido del que no sabemos su nombre verdadero. Su alternativa era o el sometimiento o la muerte: "Yo te conmino, en nombre del Rey,...y si rehúsas, eres reo de muerte (...) A menos que te sometas, (...) de lo más hondo y escondido te sacarán".

La razón del Imperio se inscribe así como el imperio de la razón, de las razones de los conquistadores para obligar al vasallaje, al sometimiento. El Imperio se impone "ante una insurgencia en retirada, que no existía en forma pura, pues solamente el no sujeto retiene su poder de insurgencia".

Al escuchar a Moreiras, fue inevitable pensar que estos elementos no constituyen el cuadro completo de la situación (ni el conferenciante lo pretendía), pero ayudaban a entender mejor ese camino complejo que guía, desde que el hombre está sobre la Tierra, la apropiación.

Es la historia de "la separación incesante entre el productor y los medios" que, en las citas que realizó el conferenciante, Marx y Althusser han expresado con la conclusión inquietante de que: "La propiedad privada capitalista descansa en la expropiación por el capital del producto conseguido por el trabajador".

Tenemos que precisar que no compartimos esta conclusión, porque entendemos que la relación capital-trabajo se mueve en términos contractuales, de contrato social, en el que, en las sociedades avanzadas, las posiciones de ambos grupos se desdibujan y adquieren múltiples interferencias y matices.

Pero esto no quita para que afirmemos con contundencia que en la historia de la Humanidad, los móviles de la apropiación se han encubierto con envoltorios edulcorados: explotación de riquezas no usadas por los conquistados, conversión a una religión más verdadera, superioridad de la raza, de la cultura o de la estirpe sobre los asaltados e, incluso, ayudas para derrocar la tiranía o apoyar el desarrollo tecnológico.

En fin, un ejemplo concreto de los muchos aspectos que da de sí el "principio Potosí" y preludio cierto de lo que constituirá una exposición inolvidable, a la que hay que dar el máximo de publicidad, porque el trabajo de sus organizadores y la altura de los estudios que se están realizando, lo merece.

 

Sobre los homenajes póstumos

La consideración que su existencia ha de merecer a sus conciudadanos no dependerá solamente de Vd., sino sobre todo, de la manera en que se produzca su óbito.

Si Vd. tiene la mala suerte de morir en un accidente de autobús cuando regresa de ver un partido del equipo local, ha caído por un barranco mientras hacía senderismo y estuvo varias semanas perdido sin que su cadáver fuera encontrado, o le han acuchillado al salir del cine al ver una película de Almodóvar, sus posibilidades de tener un funeral multitudinario y de que el alcalde/alcaldesa de su puebloa, decrete tres días de luto y bandera a media asta en el edificio del Consistorio, son muy altas.

Por razones desconocidas, que nada tienen que ver con lo que haya sido el resto de su vida (toda). Estamos en un mundo que concede gran valor a los símbolos mediáticos.

Sus posibilidades de adquirir notoriedad póstuma son mucho más altas, desde luego, que si ha dedicado su vida a la investigación, ha sido funcionario probo y eficiente durante cuarenta años o ha consumido sus años como monja dedicada a la enseñanza en el Gabón (ejemplos, como los anteriores, estrictamente imaginarios).

Al igual que existe la fórmula del testamento vital y en paralelo con otras últimas voluntades, quienes han dedicado su vida a hacerlo lo mejor posible, sin recibir la mínima consideración de sus contemporáneos, podrían preocuparse por garantizar que, si tienen la mala suerte de que su muerte se produzca en condiciones de circo mediático, no les hagan, por favor, un homenaje. Que los dejen en la paz e ignorancia con la que les mantuvieron en vida, cuando sí les hubiera producido alguna satisfacción que alguien se preocupara por manifestar algún reconocimiento por su trbajo.

Sobre la muerte

Se escribe poco sobre la muerte y podemos imaginar que el lector habitual de estos Comentarios habrá sentido una conmoción a la vista del título.

Que nuestra sociedad ha sepultado el temor a la muerte -la propia, la de cada uno- de la manera más ingenua, que es no mirando para ella, es una realidad evidente. Solo nos reunimos en torno a los cadáveres de familiares y amigos el tiempo imprescindible, visitamos los hospitales y residencias reticentemente y ponemos un asterisco de silencio en torno a los que sufren.

 A medida que el tiempo y las circunstancias van cargando nuestro cesto de recuerdos y dolores pasados de las muertes de las personas que hemos querido -especialmente, de aquellos con los que hemos querido-, la muerte propia va tomando, lo queramos o no, una dimensión más consistente.

Y ello nos obliga a tomar una decisión: mantenerla oculta, como si no estuviera en nosotros, o ponerla sobre la mesa, para contemplarla y meditar sobre ella.

No se trata de imaginar lo que pasará cuando, una vez muertos, se proceda a incinerar o enterrar nuestro cuerpo. Puede que se cumplan las indicaciones que hemos dejado escritas, o expresado a nuestros allegados. Puede que no sea factible llevarlas a cabo. Puede que se realice un sepelio con cuatro íntimos o tumultuoso, aunque no hayamos sido en absoluto famosos en vida. Puede que el alcalde de la localidad en donde nacimos declare tres días de luto. Puede que nunca se recuperen nuestros restos  o que algunos órganos sean utilizados para trasplantes.

Es, nos parece, más constructivo, reflexionar sobre el hecho de que meditar sobre el momento de la muerte es reflexionar sobre lo que nos queda de vida y sobre la actitud que tenemos respecto a ese futuro aún pendiente. Y aquí, tenemos que dejar solo al lector, porque para esa meditación lo más conveniente es no tener compañía. Hasta luego, pues.

Sobre pusilánimes, aprovechados, y tiranos

No es la primera vez que tratamos la cuestión de la relación que existe entre los tiranos -de cualquier intensidad- y los pusilánimes: entre los que sojuzgan, tiranizan, arrasan, esquilman, dictan órdenes y juzgan lo que otros hacen sin plantearse más límites que los que elos se autoimponen ...y los que toleran.

Los que toleran son imprescindibles para que los tiranos campen a sus anchas, protegidos por una capa más próxima que cumple sin rechistar sus órdenes, porque obtienen beneficios de ese comportamiento, es decir, porque se aprovechan de lo que hacen los tiranos a costa de los pusilánimes.

Este cuento de vencedores y vencidos se repite a lo largo de la Historia de la Humanidad y alcanza, a veces, cualidades de esperpento que, cuando se contemplan desde fuera, y sobre todo, desde la perspectiva del paso del tiempo, dejan un sentimiento profundo de desconfianza y pesimismo respecto al género humano. 

La situación desesperada de Haití, dramáticamente llevada a un límite inimaginable por las fuerzas de la naturaleza el 12 de enero de 2010, sirve de actualizada referencia para confirmar la insolidaridad y la aquiesciencia o conformidad que preside las actuaciones humanas, consolidando una costra que no pueden vencer ni las religiones, ni las promesas de globalización, ni siquiera la amenaza de una catástrofe climática global.

Este juego dramático de demasiados ricos aprovechándose de la situación de demasiados pobres -adaptación de una frase reciente del Presidente español Zapatero y resaltando que, obviamente, las escalas numéricas de ambos "demasiados" son muy distintas- se extiende como una lacra.

Existe en Haití (y en otros países del continente americano, ya que no debemos olvidar que Guatemala), ocupa una mancha inmensa en Africa, que proporciona la base de los países más pobres del mundo, y alcanza Asia, con desoladores ejemplos como Bangla Desh, Palestina, Irak o Tayikistán, pero tampoco perdona a Europa, en donde Moldavia y Albania ofrecen situaciones dramáticas de pobreza, falta de control y corrupción.

Nuestra endurecida coraza occidental, para los nacidos en la privilegiada opulencia de este concreto momento y en esta específica área geográfica, puede soportar seguramente catalogándolas como "interesantes muestras artísticas", novelas del tipo "La fiesta del Chivo" de Vargas Llosa (hecha buena película por Luis Llosa e inspirados actores).

Nos deberían hacer pensar más allá del megusta/nomegusta. Ante la incapacidad, por silencios y faltas de datos, para plasmar fielmente las historias verdaderas, las reconstruímos con novelas realistas, con personajes que existieron, con actuaciones que podemos probar, pero advirtiendo a espectadores y lectores que son creaciones imaginarias, que aunque los nombres sean ésos, las cosas pudieron suceder de otra manera, y que, si se quiere, se puede creer que todo es falso, que nada ocurrió.

Porque lo único verdadero es el temor de que la semilla de los tiranos vuelva a florecer en cualquier momento y, apoyados en los aprovechados, nos convierta para siempre en pusilánimes o muertos. Está pasando en otros lugares, pasó aquí y allí, puede volver a pasar en quién puede predecir qué sitio.

Sobre las dificultades de Dios para con los pobres

El mundo está conmocionado (aún más de lo que cabía): un terremoto de intensidad 7-7,3 ha destruído el 12 de enero de 2010 la mayor parte de la capital de Haití (Puerto Príncipe) y causado, según se teme, más de 100.000 muertos.

El gobierno haitiano ha solicitado ayuda internacional urgente y la comunidad internacional -esa entelequia que parece solo movilizarse ante los desastres naturales- está respondiendo con solidaridad, aunque las ayudas tienen dificultades para llegar a los lugares y personas que más lo precisan.

El país, con escasos medios públicos, se encuentra sin electricidad y desorientado ante la falta de coordinación, porque varios de los ya de por sí precarios organismos ministeriales, han sido afectados por el seísmo. El aeropuerto de Puerto Príncipe solo podía funcionar hasta hace escasos momentos con la luz diurna para recibir los envíos de medicinas  y material médico, y crujía ante la insuficiencia de personal y medios para plasmar la actividad humanitaria.

Las imágenes que llegan a los televisores y ordenadores desde allí son impresionanntes: cadáveres alineados o dispersos aún junto a los cascotes que causaron la muerte a los que hace poco eran seres vivos, cuerpos mutilados, gestos desesperados y dolientes y muchos edificios y barracones derruídos.

El Palacio presidencial ha caído como un castillito de naipes. Sus paredes vencidas, que seguramente han sepultado varias decenas de funcionarios y visitantes aún no rescatados hasta ahora, son el símbolo, no exactamente o no solo de Haití (cuyo lema es "L´union fait la force") sino de las dificultades que tiene la divinidad para con los pobres (allí, mayoritariamente católicos y animistas).

Esta frase está lejos de pretender ser una insolencia contra la divinidad. Cualquiera que conozca la historia de Haití podrá confirmar que este país formado por hijos de esclavos africanos -por tanto, negros-, sojuzgados durante décadas por la férrea mano dominadora francesa, que se proclamó libre a principios del siglo XIX, no solamente es el más pobre de América, es también el más olvidado por la mano del hombre rico, sea norteamericano, europeo o sudamericano.

Por eso, cuando comentamos con repentino pesar que "los más pobres son siempre los más castigados por las desgracias", parecemos olvidarnos de que no existe un "phatum" para los más humildes, un destino fatal que marque a los pobres para convertirlos en paupérrimos.

No. Es la consistente falta de solidaridad humana la que hace que los países más pobres sean los que cuentan con menores ayudas exteriores (no tienen forma de devolverlas), disponen de los edificios menos resistentes (carecen de técnicos para diseñarlos mejor y dinero para construirlos con capacidad antisísmica) y parecen aún más condicionados para elegir buenos y honestos dirigentes (los mejores cerebros se van del país y las oligarquías campan sin control, con la complacencia internacional). 

Con aproximadamente 9 millones de habitantes concentrados en una extensión algo menor que Galicia, Haití no cuenta con significativas ayudas internacionales para el desarrollo (1), ni con organización educativa eficiente, ni con política forestal o energética -faltan agua y materias primas-, ni con estructuras para impulsar el turismo. Casi el 80% de la población está por debajo del umbral de pobreza (disponen de menos de dos dólares al día).

La naturaleza ha dado un toque de atención sobre Haití. Tal vez esta vez se consiga hacer un poco más fácil la actuación de Dios con los pobres. De momento, ha puesto un asterisco de atención sobre esas gentes olvidadas. (2)

 (1) El Banco Mundial ha aportado, a través de la Asociación Internacional para el Desarrollo (IDA), desde 2005, préstamos por importe de 305 millones de dólares a Haití, a devolver sin interés. Ha anunciado, a raíz de esta catástrofe, la aportación de 100 millones de dólares, que está pendiente de aprobación por el Consejo de Dirección del Banco. Pero, no nos engañemos: hablamos de Bancos, no de entidades que realicen donaciones a fondo perdido.

(2) En abril de 2009, BBC Mundo, con un artículo de María Esperanza Sánchez, se hacía eco de las dificultades estructurales de Haití para hacer efectivas las ayudas internacionales, repetidamente prometidas.

Sobre los pros y contras de ser un tipo de provincias

Entre las decisiones más importantes que una persona puede tomar en su vida, está la de salir de su pueblo natal. Por eso, las poblaciones del mundo se dividen, grosso modo, en dos: los que viven lejos de sus orígenes, y los que permanecen apegados a la tierra que los vió nacer.

Se puede afirmar que esta línea divisoria entre los seres humanos marca la biografía del personaje como ninguna otra y, además, permite extraer consecuencias válidas sobre su sicología, el comportamiento del entorno que ha dejado atrás respecto a él -tanto antes como después de su marcha- como, obviamente, del lugar receptor y sus pesonajes. 

Vivir en un medio en el que uno ha nacido, recibido su educación -sea la que fuere- y desarrollado su capacidad para encontrar un hueco en el entramado de relaciones, supone un plus de información respecto a los venidos de fuera. En particular, el conocimiento de las estructuras dominantes del medio, puede servir para encajarse mejor en él, mimetizándose con aquellas y aprovechándolas en el propio beneficio.

Puede suceder también que el individuo sea rechazado por ellas, o se vea incómodo en lo que percibe, pareciéndole, al cabo, mejor marcharse de su tierra. Hay que suponer que se trata de gentes especialmente incorformistas e inquietas, que no son capaces de asumir el sometimiento a ciertas reglas o comportamientos del o de los grupos que controlan el lugar.

Sería una ingenuidad creer que los mejores son los que abandonan su lugar de partida para buscar la suerte en otros lugares. No. Creemos que los mejores de una población se quedan en ella. Son los que se creen capaces de liderarla hacia su perfeccionamiento, aunque también se vean inevitablemente acompañados de quienes tratarán sacar provecho de ese liderazgo, actuando no solamente de colaboradores, sino, en algunos casos, de aduladores, contaminadores u opositores, francos o enmascarados. 

Sobre la amistad

Amigos hasta en el infierno, sí, pero ¿qué es un amigo?. La cuestión no debe estar en absoluto clara cuando las explicaciones respecto a lo que se entiende por amigo se centran en prolijas ambigüedades y la Real Academia Española prefiere abundar en la definición de amigo/amiga como adjetivo antes que mojarse en el amigo sustantivo.

En primera aproximación, "amigo" se refiere a un formulismo literario, una forma modosita de empezar una carta o un mensaje de correo electrónico: "Querido amigo", escribimos, poniendo a continuación incluso el nombre del referenciado, para que no le quepan dudas.

¿Dudas?. Si es necesario precisar "querido" junto a amigo, será porque hay amigos que son odiados, o, al menos, ignorados o menospreciados. Hay amigos estimados, o apreciados, pero no queridos, como para evitar una palabra que puede sonar a mariconería, peligro del que algunos muy machos huirán como del diablo, precisando, como hizo aquel entrenador de fútbol llamado Clemente, cuando le regalaban un ramo de flores, que "no les cabe un pelo de gamba en el culo".

La ley española de Enjuiciamiento Civil (y Criminal) habla de la "amistad íntima o de la enemistad manifiesta" como elementos que servirán de base para la recusación o renuncia de quien haya de juzgar en una causa. El legislador, siempre demodé, parece referirse a la cuestión infantil de "amigos íntimos", que era lo que se decía de los niños que se tranquilizaban sobre la razón de las primeras poluciones o el peliigro de las adelantadas menstruaciones.

Por fortuna, personas relevantes preocupadas por el lenguaje han tratado de poner las cosas en su sitio, aunque sin relevancia penal, de momento. Citamos, solo como ejemplo menor, y hablando incluso de sí mismo, lo que llegó a decir el Honorable Francisco Camps hablando del Presidente del TSJ que, unos meses más tarde, habría de juzgarle: "Tendremos que buscar en el diccionario otra palabra distinta a la de amistad que resuma y defina la íntima y sentida colaboración entre De la Rúa y el president de la Generalitat".

La palabra "amigo" tiene, desde luego, profundo (y misterioso) significado político. Así, es empleada en situaciones relevantes por altos mandatarios. En abril de 2009, después de una reunión en la Casa Blanca (Guáit Jáus) con el presidente Zapatero, el Presidente Obama, afirmó: "Estoy muy contento de poder llamarle mi amigo", refiriéndose al primero.

Las amistades entre jefes de Estado se consiguen de forma más sencilla que entre gentes de a pié, que a lo mejor, no se consideran amigos ni aunque hayan hecho juntas toda la formación profesional. Sabido es que el ex-presidente Aznar y el ex-presidente G. Bush (yúnior) eran también "amigos íntimos", poque el segundo le dejaba poner los piés encima de su mesa y entrar en su barco para firmar la guerra contra países que tuvieran algo de petróleo (antes de que fueran descubiertas las posibilidades de la energía eólica en España).

Algo nos hace sospechar, sin embargo, que el número e importancia de los amigos confesos no tiene trascendencia. Lo importante son los inconfesos. El español que es considerado más influyente en el mundo, Emilio Botín, ni siquiera está en Facebook.

En fin, que el concepto de amistad necesita una profunda revisión. Lo que importa a algunos es contar con gentes que puedan servirte para aumentarte la pasta de forma exponencial, sacarte de un apuro cuando te descubrir con la manos en la masa (podrida), y esas cofradías de influencia serán mucho más respetables si tienen que ver con la aparente defensa de los principios éticos o la ayuda al necesitado.

Porque, para los que crean que un amigo es aquel capaz de preocuparse por uno cuando necesita apoyo, moral o económico, y "consejo y remedio" simultáneamente, imaginamos que la palabra que mejor los define es "ingenuo". Aquí sí que la RAE no yerra: ("s. y adj. inocente, simplón").

Ponga muchos ingenuos en su vida. Reserve los amigos para los casos especiales y enséñelos para darles envidia o temor a los primeros.

Sobre el terrorismo y cómo combatirlo

La inquietante afirmación del eficiente ministro Rubalcaba acerca de la posible inminencia de un secuestro o atentado de la banda terrorista ETA, cuya oportunidad vinculó tanto a la proyección mediática que le otorgarían a la acción estas fechas como a la debilidad del grupo asesino, calienta el debate sobre el terrorismo y las formas de combatirlo.

La amenaza terrorista en este peculiar momento del mundo, es múltiple, tanto a escala global como específica. Todos podemos alimentar la psicosis de ser víctimas de un acto de ese tipo, porque el peligro se ha extendido, dado que los grupos y los móviles con los que actúan o dicen actuar se han multiplicado extraordinariamente.

Ningún lugar parece completamente seguro; ningún personaje, sea Papa, Presidente de Estado o Ministro; nadie, por marginal que se vea, por simpatizante que se sienta de cualquier opinión; hay atentados en Afganistán como en el centro de Nueva York, en las estaciones de Madrid como en la Meca; en Jeusalén como en Argel o Rabat...

Hay, también, muchas amenazas y altísima presunción de riesgos. Desgraciadamente, las amenazas se convierten, con desgraciada persistencia, en atentados reales, con víctimas de carne y hueso, a pesar de las precauciones.

Las noticias de cada día nos aportan su ración de muertos por ataques suicidas en mercados, por estallidos de vehículos, por bombas abandonadas en lugares públicos y privados, y se alimentan con alarmas de explosivos descubiertos en manos de enajenados a punto para estallar en aviones, con persistentes asaltos a barcos pesqueros faenando en aguas internacionales, con increíbles secuestros de personas para exigir rescates, con extorsiones y advertencias múltiples.

Los móviles confesados para la generalidad de estos actos, son, esencialmente, dos: la defensa de una determinada ideología y la consecución rápida de dinero.

Por el primer móvil, que está detrás de la mayoría de los atentados sangrientos, los instigadores de los atentados pretenden cambiar el curso de la historia, en la hipótesis perversa de que, por su ritmo normal, no alcanzarían sus deseos. Por el segundo móvil, que es sinrazón que guía los secuestros y asaltos, los delincuentes pretenden conseguir un rescate, ofreciendo como presión para negociar, generalmente, el asesinato de los secuestrados u otros males.

Las organizaciones terroristas (en el sentido de grupos armados dispuestos a originar terror con una táctica premeditada) se presentan, también para justificarse a sí mismo, siempre con alguna ideología: el islamismo puro, el nacionalismo, la defensa de las aguas territoriales, el retorno del dinero sustraído a la población más pobre, el apoyo a un cambio de gobierno, etc.)

¿Cómo combatirlo?. En muchos frentes, desde luego, y en la consciencia de que todos los pacíficos estamos en la misma resistencia. Eliminando cualquier manifestación de extremismo, de intolerancia en nosotros mismos, y menospreciándola sistemáticamente en los otros. Corrigiéndola incluso en sus brotes incipientes: en las escuelas, en los debates políticos e ideológicos. Evitando cualquier publicidad a las ideologías que reclamen cualquier actitud de falta de respeto a la libertad, a las personas, a la igualdad. En la absoluta discreción en el tratamiento de los casos de secuestro y chantaje, para evitar convertirlos en elemento del debate público y en información y propaganda para los terroristas.

Con el endurecimiento a las penas de los terroristas. Con la formación de los cuerpos policiales para proteger (no solamente protegerse) frente a los terroristas, apoyándose, también, en la vigilancia y observación ciudadana. Con la condena unánime al terrorismo, sea el que sea, y el apoyo sin restricciones la política antiterrorista, por supuesto, pactada sin fisuras entre todas las fuerzas políticas.

También, y esto sirve especialmente para el terrorismo islámico, con el combate contra la pobreza, contra la desigualdad, contra la explotación de los pueblos menos desarrollados. Y, más próximamente, evitando la psicosis en la ciudadanía, porque la inmensa mayoría de los ciudadanos son pacíficos, desean vivir en paz y tener una vida satisfactoria y libre.

Feliz 2010 sin víctimas del terrorismo. Feliz año, solo para los pacíficos.

Sobre algunos españoles que no pasarán el Fin de Año con sus familias

Queremos tener en este Comentario un recuerdo solidario con varios españoles que no pasarán el Fin de Año con sus familias:

1. Los cooperantes Albert Vilalta, Roque Pascual y Alicia Gámez, de Barcelona Acció Solidaria. Los dos primeros son ingenieros, empresarios, y Alicia es funcionaria de Justicia. Buena gente, que utiliza tiempo de sus vacaciones para ayudar a los necesitados. Un ejemplo para todos. Han sido secuestrados por un grupo de delincuentes, en Mauritania, cuando formaban parte de una caravana para llevar material de apoyo a otras ONGs que trabajan en Africa. No se sabe oficialmente nada de ellos, aunque parece que Albert está herido o enfermo.

2. El director de Greenpeace España, Juan López de Uralde, detenido por haber irrumpido en una cena de gala en la Cumbre de Copenhague, para protestar por el vano resultado del costoso despliegue de los mandatarios internacionales en su vano intento para conseguir un nuevo acuerdo que aminore, detenga o corrija las previsiones de calentamiento del planeta en el que, según dicen, todos creen, pero ninguno tiene conjuntamente la fuerza y la voluntad para actuar con capacidad definitiva.

3. La letrada María José Carrascosa, condenada por un juez norteamericano, -que  según las informaciones disponibles en internet ha sido denunciado varias veces por parcial y corrupto-, por no entregar a su hija a su ex-marido maltratador, padre de la niña, respetando la custodia que le había sido concedida, en un juicio justo y, por tanto válido, por los Juzgados españoles, que, además, habían retirado el pasaporte a la niña. Vive Maria José una situación contraria a las reglas básicas del Derecho internacional, que involucran la cooperación judicial y el respeto e inhibición contra actuaciones judiciales firmes recaídas en otros países democráticos, en respeto de su soberanía.

A todos ellos, a sus familias, a sus amigos, nuestro afecto, nuestro apoyo. Entreverada por la decepción a la vista del poco peso que -por diversas razones, como se podrá entender- mantiene la Administración española en el ámbito internacional.

A pesar de ser histriónicos paladines de la Alianza de Civilizaciones, de constituir la vanguardia suicida por la defensa contra el Cambio Climático (posición en la que el Gobierno español tiene coincidencias con GreenPeace), y de venir actuando costosamente, perdiendo bastantes pellejos, en la plasmación de una utópica Justicia Universal.

Qué bueno sería, al menos en estos casos, contar con un Presidente que supiera hablar inglés (y francés, por no decir, ya puesto, también alemán) y que no dudara en poner el zapato encima de la mesa (es un eufemismo), cuando se tratara de defender causas justas de españoles en cuestiones de conflictos internacionales. 

Como hacen los dirigentes de otros países no menos serios, ni demócratas, ni despreocupados por los temas internacionales, del G-20 (+1), cuando les tocan algo que afecte a sus intereses nacionales, contando, claro está, con el aplauso enfervorecido de sus solidarios compatriotas.

(N.B. También sería conveniente que el mandatario idóneo supiera hablar algo de chino. El fracaso de Gordon Brown para salvar la vida del ciudadano británico Akmal Shaikh, ajusticiado el 29 de diciembre de 2009 por haber sido descubierto con 4 kilos de heroína en una de sus maletas, viene a demostrarlo)

Sobre las medidas del Gobierno en la reunión de urgencia del día de hoy


Por fin, el Gobierno se ha dado cuenta de la difícil situación económica y el Presidente Zapatero ha convocado a los ministros relacionados con la Economía, la Industria y el Trabajo a un minicomité de urgencia.

Aunque las decisiones tomadas hoy no tienen aún validez  ejecutiva, la vicepresidente ha informado en rueda de Prensa al final de la reunión, puesto que los demás ministros habían tenido que interrumpir sus vacaciones de invierno, que no tiene ninguna duda, pero ninguna duda, de que serán aprobadas en el primer Consejo de Ministros que se celebre.

Las medidas pretenden servir para presentar una mejor cara ante la Unión Europea con ocasión de la Presidencia española que está a punto de comenzar, y acogen algunas de las sugerencias que habían sido reiteradamente propuestas por organismos e instituciones de toda índole, como Constitución y Liberación, Obras Interminables y los partidos de la oposición.

Entre las medidas se encuentra el subvencionar un proyecto para centrales eólicas de bolsillo, que proporcionarán energía individual para casos de hipotermia. Deberán instalarse en los salones de las casas (nunca segundas residencias) antes de fin de año para que puedan gozar de un 100% de bonificación adicional. También se darán subvenciones de hasta el 35,57% para placas solares situadas en las zonas más frías de Sierra Nevada, Picos de Europa y Pirineo oscense, así como para generadores de altura máxima 10 m en zonas próxima a los aeropuertos, para aprovechar los movimientos de aire provocados en los aviones, en especial durante el despegue.

Las ayudas se solicitarán mediante el impreso que figura adjunto al Decreto Ley, que puede obtenerse on line en la dirección http://medidasurgentescontralacrisis.gobiernodeespaña.es

Otra medida de alcance adoptada en la reunión, ha sido el prolongar durante dos años más el período de percepción de las ayudas al desempleo para quienes acrediten pertenecer a alguno de los sindicatos activos, tanto patronales, de autónomos o de los trabajadores en general, siempre que la membresía tenga antigüedad de, por lo menos, dos años.

Menos sorprendente resulta, sin embargo, que una de las medidas adoptadas, se refiera a la emisión de una Orden Ministerial para paralización de todos los procesos penales por corrupción, siempre que no estén relacionados con delitos de sangre, habiéndose dado instrucciones a la Fiscalía para que estudie caso por caso. Se ha aprobado también que en la Ley Omnibus se incluya una Disposición Transitoria Septuagésimo Segunda para indultar a los piratuelos apresados por el secuestro del Alakrana, que, lamentablemente, están actualmente en paradero desconocido.

Adscribiéndose a esta postura oficial de aliviar el final de año y preparar la cuesta de enero, el Corte Inglés ha anunciado que todos los clientes que se presenten antes de las 20 horas de la tarde de hoy en cualquiera de sus comercios con una copia del DNI de su abuelo/abuela y pronuncien al primer chaqueta roja que encuentren la frase: "Me gusta mucho el festival de Reyes del Corte Inglés", serán obsequiados con una merienda consistente en un sandwich vegetal y una coca-cola.

Sobre la familia, la propiedad privada y el Estado (y 2)

La propiedad privada ha evolucionado muchísimo, por supuesto. En general, puede decirse que no existe. Las grandes fortunas tradicionales se han transformado en sicavs, sociedades limitadas, o fundaciones. También, para conseguir la opacidad respecto al fisco, los propietarios tienen residencia a estos efectos en un paraíso (fiscal, obviamente), o en otro país en el que no figuran detectados como domiciliados.

La forma habitual de propiedad privada es la del propio piso, si bien, en realidad, el verdadero propietario es la entidad financiera que ha concedido el crédito hipotecario, genuinamente pagadero en 30 o más años. Otras propiedades han sido desposeídas de muchos de sus elementos de disfrute, pasando a ser prácticamente públicas, evidenciando un creciente deterioro y abandono en no pocos casos.

En cuanto al Estado, se puede decir que ha desaparecido como tal, dedicado exclusivamente a soportar una categoría de empleo llamada funcionario, aunque se desconoce, por lo general, cuál es la función que realizan, si bien se suele seguir admitiendo que los portadores de esa prebenda o canonjía indican que se dedican a la enseñanza, a la conservación del medio ambiente, o forman parte de los equipos humanos de ministerios, consejería y concejalías.

No hay que confundir Estado con nación, y mucho menos con nacionalidad. La nación es un concepto político, abstracto, que se utiliza por algunos profesionales para conseguir más dinero de los impuestos y administrarlo en el beneficio de crear más puestos de presunta actividad para sus correligionarios ideológicos, y, en casos cuyo verdadero alcance es desconocido, para compensar sus esfuerzos, en formas de corrupción o corruptelas que, salvo para cuatro jueces con mala uva, no causan mayor escándalo ni indignación.

Sobre el ridículo y sus oportunidades

Hay especialistas en aprovechar las oportunidades de hacer el ridículo. Las captan al vuelo, y allá se meten de cabeza.

En verdad, las personas con una determinada sensibilidad, tienen muchas oportunidades. Y, a la contra, hay otras que no son capaces de percibir ningún ridículo en sus actuaciones, sean las que sean, aunque pueden estar al tanto de cualquier desliz de los que les rodean.

"Es una ridiculez", solemos decir cuando algo no tiene mucha importancia. "Has hecho el ridículo más espantoso", puede decirse a un hijo y, con algo más de riesgo, a la pareja. Jamás se dirá al jefe que ha hecho el ridículo y, en caso de confianza, podrá emplearse el “hemos hecho el ridículo”, dando por supuesto que con eso queda abierto el espacio para que el que nos manda piensa que el culpable del desaguisado somos nosotros.

La capacidad de autocrítica es, sin embargo, una de las más estimables virtudes de que podemos hacer gala. No viene mal -y no para disminuir la autoestima, sino para elevarla- hacer un repaso de aquellas ocasiones sonadas en las que hemos creído hacer el ridículo.

Los españoles tenemos "un gran sentido del ridículo", que es, en realidad, la demostración de nuestra timidez. Colectivamente, podemos atrevernos a hacer muchas tonterías, pero individualmente nos solemos quedar rezagados, faltos de la capacidad para reirnos de nosotros mismos, poniendo en solfa lo que más estimamos: nuestro ego, la percepción que desearíamos que los demás tengan de nosotros.

El pueblo norteamericano utiliza mejor la catarsis de saber mostrarse de forma infantil, divirtiéndose sin pudor, al menos en ciertas ocasiones. Los alemanes, mucho más reservados, concentran en algunas efemérides el permiso colectivo para "hacer el ridículo". La fiesta del Fasching, el Carnaval, es la demostración más evidente, y sorprende ver a serios jefes de empresa disfrazados como payasos, animados, eso sí, por la ingesta de desproporcionadas cantidades de cerveza.

Reivindiquemos el ridículo. La facultad de reírnos de nuestra seriedad. Al fin y al cabo, cuando acabe esta fiesta, todos calvos.

Sobre los ricos y sus fortunas

A lo mejor la palabra "rico" le evoca al lector la frase tautológica atribuída a Botín, el Presidente del BS, cuando dijo aquello de "Desengáñese, joven. Ricos, verdaderamente ricos, en este país, somos muy pocos". O esa, más explicativa de los oscuros caminos del acceso a la pasta, que se atribuyó a un ministro socialista de la primera hornada (¿Solchaga?) "Ahora nos toca enriquecernos a nosotros".

Lo que es menos probable, es que la palabra rico nos retrotraiga a la terrible frase de "es más difícil que un rico entre en el reino de los cielos que un camello pase por el ojo de un aguja", que es, como se sabe, además de una hipérbole, un suceso imposible. Imposible no porque el reino de los cielos no tenga realidad -siguen existiendo dudas-, sino porque no existen camellos nanotecnológicos ni agujas de tejer con ojales de tamaño estratosférico.

Pues bien: la realidad es que hay más ricos que antes -en España, al menos-. Y lo que es revelador tanto de la permeabilidad de la sociedad como de la presunta desfachatez de algunos, hay bastantes ricos nuevos. Sobre  cómo se han hecho ricos no se ha escrito mucho, porque guardan su secreto, tanto al fisco (sobre todo) como a la mayor parte de sus semejantes, por no suscitar interés del primero ni envidia de los segundos.

La recalificación de terrenos, la especulación inmobiliaria, la utilización de la capacidad de decisión propia o de los amigos para montar un negociete en el que la mercancía esté vendida de antemano, la utilización de las buenas relaciones con el político o el funcionario influyente, son métodos que no están al alcance de cualquiera, y, particularmente, si tiene escrúpulos éticos.

Pero los escrúpulos nunca afloran a la luz, así, a lo bestia. Ningún corrupto ni corruptor actúa desde la plena consciencia de que lo está haciendo mal. Basta ver la cara de compungidos que tienen cuando (raras veces) los pillan. Cara de no haber roto nunca un plato, o de que han estado trajinando con lo suyo, no con lo de todos.

Sigue siendo muy difícil (no imposible) hacerse nuevo rico sin apelar a alguna trampilla. Por eso los nuevos ricos que se han aupado a su fortuna con alguna mala arte, viven pendientes de los plazos de prescripción. Una vez que se han cumplido los períodos, un nuevo rico ladronzuelo es ya, simplemente, un rico de los de toda la vida.

Sobre las celebraciones de fin de año

Por estas fechas se multiplican las celebraciones -generalmente, en torno a comidas o cenas-. Las hay familiares, de empresa, de departamentos de la Administración pública, de compañeros de gimnasia, del instituto, de la Universidad.

Se come y bebe mucho. Los restaurantes y hoteles mejoran sus resultados con ingresos extraordinarios, con los que cuentan para cerrar un año siempre renqueante en lo financiero. En lo afectivo, se flirtea un poco, siempre que haya ocasión. Se inician noviazgos que pueden prometer proyectos duraderos. Se recuperan antiguas amistades, se rompen otras para siempre.

La vida, en fin, que se expresa, posiblemente con algo más de intensidad, en estas fechas. A pesar del frío ambiental, en nuestras latitudes, al menos, los ánimos se encuentran más dispuestos, algo más calientes.  Mientras la naturaleza profundiza en su letargo, hasta que llegue la eclosión de la primavera.

¿Qué celebramos? Incluso ente los más agnósticos, lo habitual es desearse "Felices Navidades y Año Nuevo". La Navidad es la conmemoración del nacimiento del Hijo de Dios, una construcción imaginativa para proteger nuestra debilidad para algunos, una manifestación del cariño divino con el ser humano para otros.

Es tiempo de reflexión, de propósitos de cambio y de enmienda. Felicidades para tí, lector de estos comentarios, en especial si nos has venido siguiendo con regularidades, porque nos conocemos un poco mejor, que es la base de todo amor.

Sobre los manipuladores y sus víctimas

Pocos son los que se libran de ser manipulados, porque el número de manipuladores es casi tan grande como el de las estrellas del firmamento. El ser humano gusta de manipular, que es la forma de forzar las cosas naturales para el propio beneficio. ( En el sentido de lo opción 3ª que da al término la R.A.E. "Intervenir con medios hábiles y, a veces, arteros, en la política, en el mercado, en la información, etc., con distorsión de la verdad o la justicia, y al servicio de intereses particulares")

El manipulador cuida de no ser descubierto en su acción, para poder ejercerla con toda libertad, sin que se le advierta la intención. Incluso, para enmascarar sus verdaderas intenciones, es habitual que se presente él mismo como víctima, al menos, en las etapas iniciales de su ascenso. A nivel familiar, por ello, los y las manipuladoras se están continuamente quejando, despertando la conmiseración de los suyos, a los que entretienen y distraen con la relación de sus hipotéticas desgracias, reclamando la atención para sus ayes y lástimas.

Lo que nos interesa resaltar aquí es que los manipuladores que actúan en la vida pública no actúan jamás solos, sino siempre en compañía de otros, y que los grandes manipuladores lo son poque han conseguido tejer una pirámide de manipulación en la que, de arriba hacia abajo, cada escalón de la construcción de intereses obtiene su beneficio en la manipulación y dominio de los que tiene debajo.

La Historia, por supuesto, nos enseña -como en todo lo humano, porque repetimos una y otra vez los mismos comportamientos- acerca de terribles situaciones de manipulación, que han conducido a exterminios, guerras y desgracias de grandes colectivos. El fascismo es una de ellas, sin duda. Un ejemplo de manipulación reciente, aunque no la más moderna.

Se atribuye, en un ingenuo ejercicio de catarsis de los colectivos que los apoyaron, al "dictador" -sea Hitler, Mussolini, Franco, Miloseviç, etc.- la culpabilidad de todo lo malo o abominable que crearon en sus épocas. No es cierto, la culpabilidad de la manipulación tiene siempre extensas las alas.

En el caso de Hitler, el pueblo alemán ha personificado, buscando la expiación, en aquel y en algunos pocos de sus colaboradores inmeditos, las razones de una actuación que, en realidad, surgió de forma ignominiosa -y, desde luego, éticamente incomprensible-desde un sector muy amplio, tal vez mayoritario, de la población alemana de entonces -por acción, omisión o desinterés- y, también de parte de la sociedad internacional.

La situación de una manipulación se sostiene porque existen cientos, miles de manipuladores de menor rango que disfrutan de situaciones de privilegio y que sirven de apoyo al entramado de una pirámide que les beneficia.

No hay por qué detenerse en el análisis de un único régimen, ni pensar en una dirección de la ideología. Castrismo, estalinismo, peronismo, son ejemplos de manipulación estructurada, con objetivos que pueden parecer más o menos aberrantes (según el color con que se miren), y que necesitan, para subsistir, de un ejército disciplinado de manipuladores.

El franquismo propició, por supuesto, estructuras de manipulación, que favorecieron a algunos y que, en varios casos, subsisten. El momento actual de cada país está construído de restos de las estructuras de manipulación de sus pasados, de ideologías que fueron arrumbadas, pero nunca del todo; de prebendas que fueron combatidas, pero solo en parte; de injustos beneficios que fueron contestados y expropiados, pero de forma incompleta.

Siguen creciendo las pirámides de manipulación, en un tejer continuo. Cuando se instalan en el poder, duran tiempo, porque tienden a mantenerse, cambiando las condiciones de juego que las llevaron hasta allí, depurando las ideologías.

Castro,Chavez, Morales, Kirchner, Bush, Berlusconi, ...decenas de manipuladores son soportados por una cadena de manipuladorcetes de menor rango, pian pianito, hasta llegar a la base de manipuladitos sin beneficio, los últimos engañados, víctimas verdaderas, porque no tienen ya a quien manipular, porque la pirámide se rompería si ellos se rebelaran .

¿Por qué se sostienen los manipuladores?, cabe preguntarse. ¿Qué hace a los humanos soportar la manipulación?. La respuesta podría ser tan sencilla como desconcertante. En la pirámide social, en cada escalón, quizás, es la simple esperanza de llegar a ser manipuladores de mayor rango, subiendo escalones en la pirámide; y en el inferior de todos, la ignorancia, la falta de coordinación, el fatalismo de apreciar que la situación no tiene solución, la sumisión al destino, el miedo.

Sobre la identidad española

¿En qué consiste ser español en este momento?.

Pues...a los franceses debe ser que les preocupa saber quiénes son (ellos). El diario Le Monde, por ejemplo, ha asumido el liderazgo de la pasión renovada por recuperar la esencia del chauvinisme, y publica, desde hace algunas semanas, opiniones de sus lectores y varias autoridades sociales (futbolistas, incluso) acerca de la espinsoa cuestión. La pregunta de base es: ¿En qué consiste ser fancés? (Pour vous, c´est quoi être français?) y fue presentada originalmente en la web del Ministerio de Inmigración e Identidad Nacional.

El presidente Sarkozy, que, por su reiterado comportamiento, tiene vocación de ser protagonista en todos los saraos -incluso allí donde hay más chicha que limonada- y que, como cabeza máxima visible del laicismo francés, está obligado a emitir una opinión sobre la espinosa cuestión de si ser francés tiene que ver con ser revolucionario, católico y orgulloso, ha irrumpido en la polémica abordando el tema, sentando doctrina institucional en los frentes abiertos: ser francés implica ejercer de tolerante religioso -fundamentalmente, hacia el islamismo- y facilitar la integración de los inmigrantes. Todo ello, con base -va de soît- en el recíproco respeto.

La reflexión sobre en qué reside la identidad española puede considerarse por algún sector como un debate inoportuno.  Aquí tenemos otros problemas, porque las identidades que más preocupan son las regionales. En un momento en que desde la autonomía catalana se recrudece el debate independentista, se podría considerar bastante pertinente el encontrar la expresión colectiva, -una especie de "ley de mínimos", de mínimo común denominador- de lo que pueda entenderse como "español".

Nada sencillo, pues. Para un pueblo que anduvo a tiros hasta hace muy poco consigo mismo, y en donde la dialéctica deja paso fácilmente a la descalificación frontal y a los garrotazos, la búsqueda de una identidad nacional común exige distancia, conocimientos históricos -pero sin irse muy allá, porque todos descendemos del mismo tronco- y ganas de sacarle punta al lápiz.

Tampoco habría que descuidar que en España hay un sector de opinión que asume la identidad nacional subsumida en la pretendida vocación para nuestro país de ser guía de la "alianza de civilizaciones", paradigma de la globalización y de la "lucha contra el cambio climático", ejemplo de neutralidad y modelo de comportamiento urbi et orbe.

No será complicado encontrar el contraste entre esas posturas grandilocuentes y la cotidiana realidad, con tintes algo trapaceros y bastante zaparrastrosos, de lo que considera símbolo común de lo español el ciudadano de a pié, admitiendo que haya nacido en Guadalix o en Tánger o El Ejido así como en Tegucigalpa o Buenos Aires.

Los espectadores de un partido de fútbol en el que juega la "selección española" se enardecen por su victoria, los que aplauden a Nadal, Alonso, Marta Domínguez o Gassol -por no citar a todos los que provocan devoción con sus resultados-, quienes critican la inmigración que viene a quitar puestos de trabajo a los españoles o saludan efusivamente a un desconocido al que oyeron hablar español (sin acento sudamericano) en las ruinas de Petra, ¿tienen en común algo que pueda ser identificable con el convencimiento de que les une "lo español"?

La identidad española -como la francesa o la italiana- hace algún tiempo que entró en crisis. Desapareció cuando se la contrastó con el sentido práctico del europeísmo, y se vió que lo más importante de lo que podemos tener en común los seres humanos es la economía. La que nos da para comer, vivir algo mejor, comprar lo que queremos.

Esa es también la razón última de la resurrección o la puesta en valor de las identidades regionales y aún más, de las locales. Diluídos en un mundo en el que no sabemos movernos, porque desconocemos sus verdaderos móviles, no queda otro remedio que mirar a lo que tenemoso más cerca.

Como la familia ha desaparecido, y  necesitamos el apoyo de un grupo para no sentirnos solos, para reforzar la defensa de nuestro miedo al aislamiento, a la marginación, nos inventamos las relaciones, basándolas en un nuevo concepto de la amistad, convirtiéndola en presupuesto de "identidad colectiva".

No fue así hasta hace poco, y sigue siendo así (con resistencia de los supuestos valores que configuran la identidad regional) en algunos sitios privilegiados, porque aún creen tener las claves de cómo generar más riqueza. Esa idea de poder económico colectivo sirve para generar una población de recepción de los que quieren venir de fuera a disfrutar del pastel, la base de una identidad fuerte.

Lo local se valora como vencedor, como mérito, por el que llega, y, consciente del peaje que debe pagar el foráneo, se produce por éste, la asimilación, la adaptación, el intento de mimetización. Cataluña, por ejemplo, está llena de ejemplos de catalanistas acérrimos que se apellidan Núñez, Martín, López o Rodríguez. Han asumido la servidumbre de su incorporación al sistema y son más catalanes que nadie (al menos, mientras estén en su tierra de acogida).

Los españoles modernos carecen de la idea de Patria de que alardeaban sus padres o, mejor dicho, sus abuelos. No saben apenas ni tres conceptos de Historia o Geografía española, hablan mal la lengua (que llaman, para más inri, "castellano"), carecen de una formación religiosa seria -y, ay, en muchos casos, incluso ética-, y han recibido sus enseñanzas embutidos en aulas heterogéneas recibidas de maestros desilusionados -tomando prematuros contactos con los "valores de la vida", de los que la actividad sexual ocupa un término aventajado- .

Claro está, son apolíticos, aconfesionales, agnósticos, escépticos y ácratas, aunque no sabrán explicar porqué. Han viajado por todo el mundo y se dicen ecologistas, sensibles con la amenaza del calentamiento global, pero se mostrarán intolerantes con quienes les lleven la contraria por cuestiones intrascendentes.

Por supuesto, no han contado con muchas oportunidades de apreciar el concepto de grupo y sus valores, más allá del grupito de amigos de toda la vida, con el que crecerán y se cocerán hasta la muerte, un microcosmos ciertamente limitado. No han hecho la mili ni el servicio social, y su idea de "identidad" puede no ser muy diferente de intentar ponerse hasta el gorro de porros y alcohol antes de entrar en un "palacio de deportes" con otros cuantos miles de desconocidos.

La identidad española no existe, puede ser, más que en algunos reductos impregnados de nostalgia, pero los rescoldos no se han apagado del todo. Bienvenido sea quien consiga recuperar de ellos la ilusión por un proyecto colectivo común, proyectado hacia un mundo global en el que el respeto a lo que cada persona pueda aportar para hacerlo mejor, ha de ser siempre bienvenida.

Sobre el parado

Las crisis aumentan el número de parados. Los parados son personas que no tienen trabajo. Quien no trabaja, no tiene salario y los que no lo cobran, tienen que arreglárselas con medidas excepcionales hasta que se reintegran a ese mundo de normalidad que es el laboral.

Los subsidios sociales ayudan a algunos parados, pero no a todos y a los que ayudan, lo es por un período corto, cuyo previsible final inmediato se convierte en un motivo de angustia, de frustración; y también de marginación. Porque el parado no despierta solidaridad, sino rechazo; por eso, él mismo se oculta, disimula, se esconde, como si asumiera que su situación es una lacra del que él ha sido el causante.

Interesaría hablar más del parado, que del paro, pero sucede al revés, globalizando los datos, con lo cual se pierde perspectiva. Habría que poner la lupa en el parado, en las razones específicas por las que se encuentra en paro y en las soluciones concretas para que él, y no la economía global, puedan salir del paro, porque esa sería la forma de que todos nos sintiéramos involucrados en el problema, y no lo viéramos como un tema sobre el que no tenemos capacidad de actuación alguna.

El índice del paro es un elemento consecuencia de la economía del mercado y de la ley de la oferta y de la demanda aplicada al trabajo, pero el que tú o yo o nosotros estemos parados depende de circunstancias y efectos muy concretos. El índice del paro se corrige y modifica de acuerdo con los parámetros de la buena planificación gubernamental, la cohesión económico-social y las grandes cifras inyectan el tranquilizante de la cuantía monetaria dedicada a las prestaciones asistenciales, pero el que tú o yo o nosotros estemos en el paro y podamos salir de él no depende de medidas a nuestro alcance, o lo es en muy escasa medida, dígasenos lo que se diga. Tienen que ayudarnos.

La cantidad de parados es una cifra que se puede o no relacionar con la población activa o inactiva, con el PIB o con los efectos de una crisis global. Se puede discutir la influencia sobre ese número de lo barato o caro que resulte el despido para las empresas, aunque convendría recordar a todo el mundo que los costes laborales no superan, en media, el 20 o 25% de los costes totales -incluso en las empresas de servicios raras veces supera el 30%-, y que es muy superior el coste energético o el de las materias primas.

Pero el que tú, yo, o nosotros pasemos a engrosar las cifras de parados depende de la capacidad de diversificación y adaptación de la empresa en la que trabajamos, del estímulo fiscal para las pymes, de la información disponible, de nuestra motivación, de si somos funcionarios o becarios, de si nos han dicho que había necesidad de profesionales para la medicina o para la ingeniería de telecomunicaciones, de si...

El paro no tiene corazón, pero el parado tiene, además del corazón, cara y ojos. Y cerebro, y una familia casi seguro que mantener, y unas ilusiones por cumplir, y algún objetivo más que andar de casa hasta la oficina del paro, o cobrar el subsidio, o desesperarse porque nadie le llama, mientras los ahorros se van o quienes le están ayudando a sostenerse le preguntan, con esa cara de pena, si ha aparecido algo, por fin.

El parado es un no-culpable tratado como culpable. Es la víctima, no el victimario. Es inocente de la crisis, del despido legal o la reconversión fabril, del beneficio o pérdida de las empresas del sector, del dinero que se ha embolsado su empleador en los años de bonanza y lo poco que ha reinvertido, de la incapacidad de los Gobiernos para saber qué medidas de reactivación tomar, o de lo exigüo que resulte, y corto, el subsidio del paro.

El parado no es culpable, dedse luego, de la evasión fiscal de capitales a regiones en donde no existe o apenas obligación de tributar, y que no se ha calculado en España, pero que, a partir de la que se estima para otros países (en USA, casi 35.000 millones de euros anuales; en el Reino Unido, 11.000 millones) puede ser tranquilamente superior a los 5.000 millones de euros/año.

Tampoco es culpable del tiempo que le hayan hecho estudiar o hacer prácticas para conseguir su actual cualificación, ni de haber caído en la trampa de la publicidad que le convenció de que podía comprarse una casa, o un coche, o una lavadora, presentando las dos últimas nóminas (o ninguna). No es culpable de que se encuentre simultáneamente con otros cuatro millones de trabajadores -o más- deambulando por las calles de la desesperación, y solamente en España.

Por supuesto que tampoco es culpable el parado de que los sindicatos presten atención a los que tienen trabajo y muy poca a los que lo han perdida. Y mucho menos lo es de que se hable tanto del paro, como su fuera un bloque homogéneo, y no de los parados, de cada parado. Porque el parado es un elemento más de canje en esta economía del sálvese el que pueda.

Porque el parado que tiene padrinos, encuentra pronto un trabajo, y desde ese momento se acabó su penuria y su angustia. Pero la mayor parte, la inmensa mayoría de los parados, son solo un número que sustituya a entes anónimos, un palo más en una cifra que crece,  animada por la insolidaridad y la incompetencia, y que se llama, para falsa tranquilidad de los que tienen empleo, "paro".

Sobre el poder de convocatoria

Hace ya tiempo que el éxito de un acto, sea celebración o velatorio, se mide en relación con el número de asistentes, y al resultado frío se le llama poder de convocatoria.

El poder de convocatoria es una variable manipulable -dentro de ciertos límites- y, por eso, los organizadores de los eventos utilizan algunos trucos para elevar su valor. Recurrir al desplazamiento de simpatizantes, curiosos o desocupados para engrosar el número de asistentes a un pronunciamiento político, utilizando autobuses y distribuyendo bocadillos y gorras de publicidad es uno de ellos. Ofrecer un cóctel al final de una conferencia (plúmbea o divertida) es otro.

Ultimamente, se han desarrollado técnicas muy precisas para medir los asistentes reales a las manifestaciones en contra o a favor de una idea. Los resultados han venido a echar por tierra estimaciones demasiado optimistas sobre el poder de convocatoria de lemas, por lo demás, bastante serios: A favor de la Paz, Por la libertad de la Guardia civil, Por la dimisión del Gobierno, Contra el paro, Contra el aborto, A favor de la libre interrupción del embarazo, Contra ETA, A favor de ETA, A favor del Estatut, En contra del Estatut,  etc.

Sean cuales fueran los esfuerzos de los organizadores de un acto, estarán lejos del poder de convocatoria de las dos manifestaciones culturales por excelencia de nuestra época: un partido de fútbol de los llamados de máxima rivalidad, de esos en los que los asistentes habrán sido informados por los medios más variados de detalles íntimos de cada jugador que desconocen hasta de su propia pareja; y un festival de música al aire libre -aunque en recinto acotado-, realizado en horas de nocturnidad, con libre circulación de estimulantes y la garantía de que los concitados puedan moverse al son de lo que toque, en especial los cuerpos del o de l@s vecin@s.

 

 

 

Sobre el mal nacional de la insidia

Suele decirse que el mal por excelencia del pueblo español es la envidia. Pues bien: no estamos de acuerdo en absoluto.

La envidia, aunque elevado a pecado capital e tiempos en los que las gentes andaban más cortos de matices, es buena, es sana, es constructiva. Ya, ya sabemos que -sobre todo en la política y en círculos de señoras bien que se reúnen a hacer obras de caridad- se habla de la "sana envidia", como pretendiendo distringuir dos clases de esa especie del comportamiento, la corrupta y la sana. Pero, si bien se mira, la envidia no hace mal a nadie. Puede y debe servir de estímulo, para que la creatividad y el trabajo bien hecho nos acerque a lo que apetecemos.

El mal que más daño hace en esta sociedad y, seguramente, caracteriza muy especialmente lo hispano, es la insidia. Es decir, la voluntad de hacer daño a otro. Por la insidia, en este país tratamos de hundir al que destaca, echándole encima todo tipo de estiércol y maledicencia.