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Al Socaire de El blog de Angel Arias

Sociedad

Sobre las largas vacaciones del 2010

Sobre las largas vacaciones del 2010

En un ejercicio más bien literario, sin mucha chicha económica, un grupo de "expertos" -ya sa sabe que ahora florecen como setas para cualquier tema- presenta en un periódico de mayor difusión en España (EP, 20.06.2010), cien medidas para salir de la crisis.

La propuesta merecería un debate amplio y debería ser enriquecida por quienes más saben de cómo mover los hilos de la economía (que es, al fin y al cabo, de lo que se come). Nos detendremos hoy en una de las opciones de activar el mercado del consumo propio que, extrañamente, no figura en la relación a que hacemos referencia en el párrafo anterior.

Aficionados a las vacaciones, ya son muchos los que, cuando junio ni siquiera ha terminado, se despiden "hasta septiembre". No se convocan reuniones de comités en julio, se aplazan las decisiones "hasta el final de verano", se renuncia a pedir colaboraciones y encargar trabajos "durante estos meses". Debemos suponer, por tanto, que algunos se proponen pasar unas largas vacaciones.

Si esto es así, y Vd. pertenece al grupo de los que pueden permitírselas, páse sus vacaciones en España. Aguante las ganas, por este año al menos, de pasear sus reales fuera de nuestras fronteras. Mire el mapa de nuestra geografía y elija algún lugar que aún no conozca.

Ayude a sostener nuestra sociedad de servicios. Consuma en sus vacaciones aquí, donde come el resto del año. Hasta que nos vaya a todos mejor.

Sobre los malos usos europeos con Africa

En la época medieval, se empleó la alocución "malos usos", tanto en la Corona de Castilla como en la de Aragón, para designar ciertas obligaciones de comportamiento de los siervos respecto a los señores feudales.

Existían varios de estos usos, y suponían duros gravámenes sobre los campesinos, en favor del noble que era propietario del feudo.

En la Encomienda de los payeses de remensa, tomada como referencia principal, se recogen seis de ellos. De su arbitrariedad imaginativa, sirva de ejemplo que uno de ellos era la cugucia por el que el siervo de la mujer que era descubierta en adulterio, era desposeído de la dote, que pasaba a ser propiedad del señor; otro era la remensa, por el que, para alcanzar su libertad y ser liberado de su adscripción a la tierra que trabajaba, el campesino debía realizar un pago al propietario del feudo.

Los europeos han utilizado Africa como un feudo; hoy en dia, con el refuerzo señorial de los Estados Unidos de América, se lo sigue considerando así. No hay más que hacer un pequeño esfuerzo de análisis para detectar los principales malos usos que los países desarrollados están consintiendo en ese continente.

1. Uso codicioso del subsuelo. La riqueza en materias primas de Africa es hoy explotada por multinacionales que dejan muy poco beneficio a los países en donde se encuentran, además de ser realizada en condiciones en absoluto homologables con las medidas de seguridad, salario, tecnología, etc. empleadas en los países desarrollados.

2. Desprecio hacia el valor de la vida humana local. Aunque se es perfectamente consciente de lo sencillo -y barato- que sería erradicar una buena parte de las enfermedades endémicas del continente africano, no se están utilizando los recursos médicos y farmacológicos bien conocidos y disponibles, porque no se da prioridad a la erradicación de esas patologías, que casuan anualmente cientos de miles de muertes evitables.

3. Apoyo tácito o expreso a dictaduras y comportamientos antidemocráticos, inhumanitarios y despóticos. Las noticias sobre revueltas militares, golpes de Estado, procesos electorales trucados, violencias y masacres, limpiezas tribales, o luchas de clanes, con el objetivo de obtener el poder económico de los países, son vistas feudalmente desde la distancia emocional, porque lo que se desea es, sencillamente, contar con interlocutores de cierta estabilidad interna para seguir haciendo negocios con estos países. 

4. Negación real del acceso a la cultura y a la formación adecuada a la mayoría de la población civil. En las Universidades europeas (y, en menor medida, por la distancia, norteamericanas) estudian los futuros presidentes y ministros de muchos de los países africanos. Serán las nuevas élites, en su mayoría, despóticas, que establecerán lazos inquebrantables con los poderes económicos de los países desarrollados, en beneficio de su propio enriquecimiento, a costa de las ayudas humanitarias, mirar hacia otro lado ante los expolios o participar en el reparto de los beneficios de la explotación de los recursos y mano de obra locales.

(seguirá)

Sobre empleo, pacto social y reforma laboral

Para el 8 de junio de 2010, en el que escribimos este Comentario, está anunciada una huelga de funcionarios. No se conoce aún el alcance que tendrá la misma, porque son apenas las 9 horas de la mañana.

Las crónicas de la aldea española hablan de que se trata, también, de una prueba de fuego de la huelga general que amenazan con convocar los sindicatos, ante las medidas contra la crisis que aprobó el Congreso, a propuesta del Gobierno, y el anuncio de nuevas rigideces para el mercado laboral, entre las que se incluiría una menor contraprestación por el despido improcedente.

Tener un trabajo es la forma exclusiva de subsistencia autónoma que tienen la mayoría de los seres humanos urbanitas. Si careces de rentas, y quieres emanciparte de la dependencia familiar, tienes que conseguir un trabajo.

La teoría dice que si estás preparado, si te has formado adecuadamente y demuestras capacidad de adaptación y buena disposición, encontrarás un trabajo remunerado, que te permitirá sacar adelante, con mayor o menor esfuerzo, tu propia familia, y conseguir tu adecuado bienestar.

La práctica indica que los entornos se han vuelto muy cambiantes, las tecnologías muy complejas y ajenas y la formación individual, siempre insuficiente. La práctica indica que para mantenerse en un trabajo no hay que ser solamente bueno -incluso no necesariamente bueno- sino tener un buen padrino/parecerlo/aguantar el tipo/tener suerte/tragar algunos sapos/estar dispuesto a todo/?/.

La teoría dice que existen dos tipos de empleadores de terceros: los privados y los públicos.

El empresariado privado, a su vez, se divide entre las grandes empresas (la mayoría, en este momento, como productos de la concentración de capitales e intereses, tienen carácter multinacional y hacen lo que los conviene a ellas, independiente de lo que les pidan o sugieran los Estados), y las medianas y pequeñas, que pueden ser incluso muy pequeñas; tanto, que solo existan en el papel o en la imaginación de los que entregaron subvenciones a sus emprendedores para que ocuparan una parcela en el polígono industrial de un pueblo.

Existe, además, un cuento chino -o así- por el que se difunde que si se tiene carácter, ideas, e iniciativa, se podrá montar la propia empresa; modelo Bill Gates/hombre hecho a sí mismo/Robert Kiyosaki/?/.

El sueño de las sinergias -palabra foránea muy sugerente para no tener que explicar interacciones entre elementos dispares- es un campo de fertilización empresarial llamado Silicon Valley, que, de vez en cuando, un experto explica a neófitos con cara de estúpidos (la mayoría) cómo funciona ("¡Ah! ¿Así que era eso?").

Esta doctrina y otras parecidas han animado a algunos emprendedores a perder los ahorros de sus padres o a endeudarse hasta el alma para el resto de sus días, en proyectos para los que superaron todas las fases de: ilusión descomunal, previsión desproporcionada, consideraciones matizadas, apretones económicos, desilusión tardía y fracaso estrepitoso.

El empresariado público son entes surgidos, bien de la ruina de empresarios privados o de las elucubraciones metafísicas de varios pensadores reunidos en torno a una mesa y unos vasos de bebidas euforizantes. Sus propietarios son las Administraciones públicas y, especialmente, los Ayuntamientos.

En estas agrupaciones de carácter polifónico se mueven dos tipos de personajes: a) los políticos, que se dedican, en su mayor parte, a decir a los demás lo que hay que hacer, y tomar decisiones al respecto. Posiblemente no sepan hacer otra cosa, lo que lleva a la mayoría de las empresas en las que actúan a la ocultación de pérdidas; y b) los funcionarios, que son los hijos históricos -por oposición, ahora- de los criados del dominus, aunque, en puridad, ahora los dominus seríamos todos; sin embargo, no le aconsejo que pruebe la opción de decirle a un funcionario quién manda en la cosa pública, porque casi seguro que el cuento acabará mal, para usted.

¿Qué hacer, si, al contraerse el consumo, el trabajo disminuye?

Los gobiernos, carentes de imaginación, ya que no se consideran pagados para ello, deciden, en estos casos, acceder a la petición de los empresarios de facilitar la reducción de empleo, haciendo más fácil el despido; ellos mismos, congelan la convocatoria de nuevas plazas de funcionarios, para no cargar a los entes públicos de más gastos e. incluso, accederán a despedir a una parte de los contratados laborales.

Los empresarios, que, salvo escasísimos ejemplos, tienen la misma falta de imaginación, tratan de salvar los muebles, que equivale a decir, vender activos, rebajar la producción, reducir costes como sea (forzando la productividad de los que queden, pagando más tarde o menos, o no pagando, etc.).

Los sindicatos, organizaciones protegidas constitucionalmente para defender los intereses de sus afiliados y, especialmente, de sus dirigentes, amenazarán con convocar una huelga general, aunque es posible que no lleguen a convocarla, por miedo a que solo acudan los liberados de entre sus afiliados, para lo que deberán fletar autobuses que los concentren en la capital del reino, en donde procurarán hacer el mayor ruido posible.

¿Se le ha ocurrido a alguien redistribuir, mientras dure la crisis, el trabajo entre todos, disminuyendo, proporcionalmente, la remuneración? ¿Se le ha ocurrido a alguien aumentar el esfuerzo en impulsar nuevas iniciativas, facilitando los créditos, una vez analizadas las líneas preferentes de generación de actividad duradera?

¿Se le ha ocurrido a alguien distinguir entre las actividades que provienen de ideas nacidas de momentos de bienestar de las propias de momentos de penuria? ¿Se le ha ocurrido a alguien distinguir entre los interlocutores que defienden con seriedad sus ideas, sin ocultar o haber ocultado con falsedad la situación de sus empresas o economías, o los interlocutores que exponen, con inteligencia, y, por supuesto, crudeza, lo que debería hacerse para reducir colectivamente costes, aumentar la productividad y, sobre todo, no perder, a nivel colectivo, facultad de creación de empleo y redistribución del tiempo de trabajo disponible?

Una vez más, los autónomos no iremos a la huelga. Como tenemos en nosotros mismos la parte de empresario y la de empleador, sabemos, de forma natural, lo que hay que hacer. Trabajar duro, ahorrar en todo, no gastar lo que no se tiene, no perder tiempo piándola, estar atento a cualquier migaja, no desperdiciar la mínima oportunidad de llevar curro al caletre... y disfrutar siempre que se pueda, con lo puesto.

 

Sobren, sobramos, sobras

Tal vez les pasó desapercibido. El grupo holandés Por voluntad propia (Of our own free will) , promueve la legalidad del suicidio a partir de los 70, en personas sanas que no deseen seguir viviendo. En un país en el que existe la eutanasia, esta propuesta significa un gran avance hacia lo que le espera a la Humanidad en un par de vueltas de manivela, pues como todo el mundo es libre de suicidarse -no se puede perseguir al culpable en el otro mundo- lo que se promueve es la legalidad de la asistencia al suicidio de quienes lo único que padecen es por hastío del vivir.

Porque la exigencia, que ha recolectado más de 120.000 firmas, no agrupa a enfermos terminales, de esos con cuerpos deshechos sosteniendo un cerebro lúcido que advierte el deterioro irreversible de las fuerzas. No. La propuesta está avalada por antiguos ministros de Cultura (Ms. Hedy D´Ancona), directores médicos, abogados y empresarios de prestigio aún consistente (Dick Swaab, Marie José Grotenhuis, Eugène Sutorius), que podrían ser útiles a la sociedad, pero que llevan algunos años dándose cuenta de que su opinión no vale ni para limpiar el culo.

La referencia es solamente un síntoma del desánimo respecto a los objetivos de la Humanidad, a su destino y a la evaluación de lo que se tiene entre manos. En un juicio emitido por algunos de los ancianos de la tribu.

Hay más síntomas, y encajan como piezas de un rompecabezas. Faltan aún bastantes piezas del maldito puzzle, pero no se debería dejar de reflexionar sobre ellas, únicamente porque se crea conveniente despacharlas creyendo que la propuesta proviene de un grupo de orgullosos pensionistas procedentes de un país con alto nivel de vida que ya se han cansado de ver mundo y de pasar los inviernos en hoteles baratos de la costa mediterránea. O que tal vez, en un acto de extremo desprendimiento, no quieran cargar por más tiempo con sus pensiones las arcas del Estado.

Quieren quitarse de en medio.

Otro síntoma de lo que nos está sucediendo lo encontrarán Vds. en las calles, en el metro; a poco que se fijen. No hace falta ni siquiera viajar al extranjero. Decenas de jóvenes mujeres, algunas con los cabellos ocultos tras una pañoleta, con uno o dos niños de menos de dos o tres años al cuello o en un cochecito, balbuciendo un par de frases más o menos inteligibles, apelan a conmover nuestra voluntad. No todas piden, qué va. Podemos preguntarnos con qué medios cuentan, de qué viven; qué hacen sus esposos, sus parejas. Por qué.

Son pobres, están desarraigadas, pero tienen hijos, muchos; desde edades muy tempranas. Muchas parecen adolescentes. Creen en la vida. Son latinoamericanas, rumanas, albanesas, armenias, marroquíes, argelinas, rusas. No nacieron aquí, pero han venido aquí buscando un sitio mejor para implantar una descendencia en cuyo futuro creen.

Más síntomas. Han proliferado nuevos negocios relacionados con las infertilidades masculina y femenina, la fertilización asistida, la selección de embriones, la donación de óvulos y esperma. Las mujeres de los países desarrollados no quieren tener hijos hasta -dicen- tener garantizado el porvenir económcio o profesional. Cuando los quieren tener -las pocas que así lo desean- tienen dificultades para quedar embarazadas. Cuando quedan embarazadas por inseminación in vitro, varios embriones tienen que ser eliminados con la basura. Puede que tengan, al final, dos gemelitos.

En cualquier caso, si calculamos que la mayoría de los matrimonios "jóvenes" no tienen hijos o solamente uno (dos si les ha tocado la varita de la fertilización en probeta), la población autóctona disminuye a pasos rápidos.

Resulta, pues, que aquellos que podrían educar mejor a sus hijos, que -teóricamente, al menos- tienen mayores coeficientes intelectuales y mayor preparación académica no van a tener descendencia o escasa. En cambio, en países subdesarrolados o allí donde se ha acogido una masa inmigratoria importante, habrá un crecimiento exponencial de población cuyos recursos educativos y asistenciales son escasos, o muy disminuídos.

Faltan piezas para el rompecabezas existencial, desde luego. Pero han quedado perfiladas dos posturas en relación con las expectativas vitales. En un país desarrollado, hay gentes sanas que, considerándose sin objetivos, quieren morir. En los países subdesarrollados, las mujeres paren y paren hijos, incluso sin contar con medios de subsistencia.

"Leven is in God´s hand", leemos en una pancarta antiabortista. Lo malo es que la opinión divina lleva tiempo sin manifestarse, y lo último que alguien ha creído oir de un ser superior, allá en Medina, ha puesto más distancia entre el mensaje anterior y, en suma, la confianza del ser humano en su capacidad de encontrar soluciones.

Sobramos, sobran...un debate que subyace aún, sin plantearse abiertamente, y que es duro asumir mientras haya quien viva de nuestras sobras al tiempo que algunos "de los nuestros" creen que están mejor apeándose del viaje. Posiblemente sea cosa de analizar qué podemos hacer, entre todos, con esta fuerza vital que, en efecto, individualmente tiene poco valor para los demás.

Aunque si nos consideramos como única especie, evidencia una capacidad de regeneración que nunca dejará de sorprender incluso a los más escépticos. La naturaleza busca huecos para persistir en su fuerza incontrolable. Posiblemente, a costa de la racionalidad, que será el sacrificio que ahora nos demandan los dioses de la aldea.

Sobre cargos, poltronas y oportunidades

A riesgo de repetirnos (la presunción de originalidad tiene sus límites), queremos dedicar el Comentario a quienes, superada ampliamente la edad y vencidas una buena parte de las neuronas, se aferran a los puestos a los que se les aupó -o se auparon- ya hace décadas.

El síndrome es general, y terrible, en aquellos que llevan tiempo en el poder, ejerciendo dominio desde parcelas grandes o pequeñas. Quieren permanecer, perpetuarse. Nos pretenden convencer de que no hay nadie mejor que ellos, de que lo hacen con su sacrificio, de que nos quieren preservar del caos.

Es todo mentira. Sin necesidad de juzgarlo con ninguna atención, si alguien se postula para continuar en la poltrona, nos está haciendo fácil, muy fácil, reconocer la verdad. No la suya, la de todos. Está sacando provecho, su provecho, de la gestión de lo común. No quiere abandonarlo porque está seguro de que, si lo deja, ya no disfrutará de las prebendas.

No hay que pensar exclusivamente en beneficios económicos, pero también. Gastos de representación, viajes y hoteles pagados, prestigio social, oportunidades de poner el careto en ciertos actos, figurar entre próceres, ser invitado a ceremonios, eventos y comidas. Todos estos pequeños adornos de un cargo de honor, sirven para hacerlo apetitoso al que está en él y, en general, no concitan atractivos para los que ni siquiera alcanzan a imaginar lo que se cuece en ellos.

Más grave es, sin duda, la postura de quienes proclaman el sacrificio que representa para ellos mantenerse en el cargo, cuando en realidad le están sacando el jugo económico que pueden, utilizando la "ventaja" del escaso control tradicional que tienen algunos puestos. Patronazgos de Fundaciones que no conoce ni Rita, Juntas directivas de consejos y colegios profesionales que languidecen entre incactividad y comiloneas, empresas y empresillas de promoción local, regional o nacional, que nada activan, delegaciones y delegacioncetas de administraciones públicas y parapúblicas que sirven a la mayor gloria de extraños personajillos de la periferia política.

Este cuadro forma parte, sin duda, de la Carpetobetonia secular, una combinación de desfachatez para aprovecharse de las oportunidades de mejorar la comodidad de la propia vida a costa de la ignorancia y la desidia de los que, sin saberlo tal vez, están aportando las cuotas, las tasas, los impuestos o los aplausos que son tan torticeramente administrados desde las poltronas.

Sobre el Defensor de lo Razonable

¿Estamos proponiendo un cargo más? ¿No nos basta con Defensores del Pueblo, del Cliente, del Lector, Síndics de Greuges, Ombudsmanes y demás parafernalia protectora de los derechos vapuleados de ese ciudadano gris al que, si no existieran, nadie escucharía?

Pues, sí. La propuesta no tiene nada que ver con las instituciones disponibles. En realidad, es imposible que la institución de Defensor de lo Razonable la pueda ocupar una sola persona, porque responde, genuinamente, al concepto de detentador del sentido común. Una esencia que se atribuía a la colectividad, a la mayoría, y que parece haberse perdido.

Se hace imprescindible recuperar la forma razonable de pensar, de argumentar, de decidir. O lo conseguimos, o acabaremos hundidos en la confusión de democracias, libertades, tolerancias, alianzas de civilizaciones y todo ese bagaje incompatible de comprensiones aduladoras, superficiales o estúpidamente rendidas respecto a cuanto hace el de enfrente, sea lo que fuere, guíele cualquier interés, con tal de que vocifere y adquiera puesto en la cancha pública, sin importar si actúa por ganar dinero o notoriedad, igual si le impulsa la Asociación de víctimas de la violencia de género, los Amigos del Jaleo, un tomatochóu o la Cocacola.

No se trata, en efecto, de crear una institución que defienda el respeto a los derechos y libertades establecidas en el Título Primero de nuestra Constitución (ni en cualquier otra). Lo que necesitamos es poner bajo los focos de la actuación colectiva el criterio de quienes, por encima de normas, credos, tendencias e intereses, señalen lo que resulta razonable.

Lo que haríamos si no tuviéramos ninguna ley escrita. Lo que diría Dios, si le apeteciera volver a quemar unas zarzas, a nuestros nuevos Abraham y Moisés. Lo que nos han venido indicando, despojados sus cuentos de los adornos del escriba, profetas, rabinos, curas, hafizes, santones, bienvanturados, pero también, filósofos, librepensadores, historiadores, estudiosos, poetas.

Aún más preciso: lo que han dicho, generación tras generación, que convenía hacer por ser lo más razonable, los consejos de ancianos de la tribu, los patriarcas, los abuelos, ... lo que alguien trató de introducir, como concepto jurídico (ay!) indeterminado, como manual de urgencia para muy despistados... actuar como un buen padre de familia...

En las Constituciones cabemos todos...los razonables. Y ser razonable no es un atributo a priori, porque no se detenta individualmente, sino que es la esencia del colectivo, que destilan, como preciado néctar, los pensadores independientes, los sensatos al margen de los vaivenes de la política y del mercado, los ancianos de la tribu, que por haber vivido muchas vicisitudes, tienen claro el método, no por la teoría, sino por la praxis.

Podemos imaginarnos ejemplos de actuación del defensor de lo razonable en relación con el actual momento, de tan desorientado cariz, que vive España; tal vez, sí, incluso, todo el mundo.

El defensor de lo razonable aconsejaría que la judicatura penal se concentrara en perseguir delincuentes (con prioridad a los que más daño hacen respecto a los rateros) antes que dedicar esfuerzos a acuchillarse entre los jueces. No dudaría en expresar la manipulación que se pretende del Tribunal Constitucional si se le pida que decida sobre Estatutos claramente anticonstitucionales, pero que ya vienen avalados por anómalos referendos regionales que, dirigidos desde la confusión, apoyan la ruptura de la unidad de un Estado regido por un gobierno débil.

Aconsejaría no airear como muestra de intolerancia la lógica prohibición de que los educandos precisamente en la tolerancia acudan a las clases cubiertos con velos, gorras y gorretes (sin que les sirva de nada apelar a conceptos religiosos de estructura racionalmente estrafalaria y sexista).

El defensor de lo razonable indicaría que se considerara como objetivo prioritario de una colectividad el pleno empleo, para alcanzar la máxima productividad, y que, por ello, se detectaran todas las necesidades de realizar tarea y se distribuyeran entre los ciudadanos, controlando que la falta de información y las ineficiencias del sistema favorecieran la acumulación intolerable de riquezas en unas manos y se empobreciera a otras.

El defensor de lo razonable...

Sobre las mentiras piadosas y las desvergonzadas

Para situar al lector, respecto a la metodología para la clasificación no académica de las mentiras que emplearemos en este comentario, válgale que una mentira piadosa es, por ejemplo, la que difunde que existe una recompensa a las buenas obras, más allá de la muerte (cuestión que no ha sido comprobada jamás, a pesar de las decenas de miles de años de existencia de una especie de hombres erectos, algunos de cuyos ejemplares deberían ser escarmentados algún día por su utilización de los demás en beneficio propio).

Una mentira desvergonzada sería la de quien pretende que una forma segura de ganar méritos eternos es otorgar dádivas terrenas a los administradores de la mentira piadosa.

No queremos, sin embargo, restringir el ámbito de las mentiras piadosas y desvergonzadas a la metafísica, pues la realidad cotidiana nos da múltiples ejemplos de unas y otras. Resulta ser mentira piadosa la de quien, para salvar su pellejo de ir a la cárcel, afirma que el dinero que se le ha descubierto en sus cuentas corrientes y molientes, proviene de ocultaciones al Fisco de las rentas de un edificio recibido en herencia y, en cambio, pasa a ser desvergonzada si pretende que no se enteraba de lo que hacía su santa esposa trajinando con la pasta gansa de sus gananciales, porque él estaba ocupado en administrar bien los dineros públicos.

Resulta ser mentira piadosa la de quien afirma que el descalabro financiero mundial no va a afectarnos apenas porque tenemos el mejor sistema bancario concebible y es mentira desvergonzada expresar que apoyamos que la economía griega no se vaya al garete con un préstamo de 3.600 Millones de euros -de un total de 30.000 aportados por el conjunto de la Unión Europea-, no porque nos asuste lo que pueda pasar con la nuestra a corto plazo, sino por pura solidaridad europea y porque no lo necesitamos para otras cosas, porque estamos saliendo de la crisis.

La mayor parte de las mentiras que pululan por ahí son desvergonzadas. El deseo de tomar al interlocutor por tonto ha llevado a la multiplicación de la desfachatez. La paradoja es que, si el destinatario de la mentira desvergonzada no replica, pasa a ser tomado por tonto esférico por el mentiroso, y la autoestima del que es bombardeado con cuentos infumables baja cada vez más. 

No confundamos la educación con soportar la inventiva chabacana con una sonrisa. Exijamos inteligencia al mentirosos. Proponemos llevar una bocina siempre a mano -bueno, en el bolsillo- y cuando se nos intente hacer comulgar con las ruedas de molino de una mentira desvergonzada, le avisemos de que no nos la ha colado, con un sonoro bocinazo.

Claro que el inconveniente es que el estruendo que se organizará será mayúsculo. Pero como las ciudades españolas tienen ya tanto ruido incontrolado, el mal quizá no sea tan grave y, pensando en positivo, nos divertiremos, hasta que se alcance la proporción que creamos soportable de mentiras piadosas respecto a las desvergonzadas.

Sobre los Protocolos

¿Se han fijado Vd. que quienes más protestan y chillan en caso de que se vean obligados a cambiar sus planes de viaje suelen ser quienes se encuentran de vacaciones, es decir, no tienen nada importante que hacer?

En este año bastante denso ya en catástrofes naturales, la erupción de un volcán en Islandia (al que alguien puso en nombre impronunciable de Eyjafjalla) ha puesto el acento sobre la masiva cancelación de vuelos, como consecuencia, según se dice, de una nube de ceniza y polvo que se extiende, como un jinete de la Apocalipsis -aunque sin causar, por fortuna, más que confusión y no muertes- sobre Europa.

Como medida de precaución, y siguiendo un Protocolo de actuación de 1983 -después de la erupción del volcán Galunggung, en 1982,  situado a 180 kilómetros de Jakarta (Indonesia), que causó un centenar de muertos y estuvo a punto de provocar un accidente en un Boeing 747 de British Airways- , las autoridades aéreas de los diferentes países que se iban sucesivamente viendo afectados por esa capa de ceniza casi impalpable, han ordenado la suspensión de vuelos.

Miles, centenares de miles de viajeros han colapsado las salas de espera de los aeropuertos afectados. La primera medida surgió del Reino Unido -se apunta al Centro Asesor sobre Cenizas Volcánicas, VAAC (lo que no inventen los británicos...)-, colectividad enzarzada en período electoral, y ha sido adoptada, sucesiva y disciplinadamente, por todos los Gobiernos europeos, para creciente desesperación de las compañía aéreas y de los pasajeros que se encuentran sin conexiones en aeropuertos de tránsito en los que pensaban pasar solo una o dos horas.

Se dice que cada día de suspensión aérea costará  entre 150 y 180 millones de euros a las empresas de transporte aéreo y nisesabe (pero mucho más) en daños colaterales, a las economías europeas (¿Un 1% del pib?).

No se sabe aún, el 19 de abril de 2010, cuántos días más durará la situación que ha transtornado las comunicaciones de los principales aeropuertos europeos. Serán cientos de miles los ciudadanos que no han podido incorporarse hoy a sus trabajos, otros tantos o más, los que no han podido volver o empezar sus vacaciones. Algunos, han tenido que hcer importantes desembolsos para no perderse una sustancial reunión de negocio.

Entre las medidas de urgencia más comentadas, el equipo del Barça se ha tenido que desplazar a Milán, en donde el martes juega un partido de la Copa de Europa, en autobús. Al menos, habrá algo de circo.

Hemos escuchado a José Blanco, Ministro de Transportes español y a Diego López Garrido, secretario de Estado para Asuntos Europeos, explicar que se está cumpliendo el Protocolo, para garantizar la seguridad área. Bendito sea Dios que aquí hay un Protocolo, aunque sea del año la pera. Cuando hubo que tomar decisiones respecto a un buque que amenazaba partirse en dos en el océano Atlántico, no había Protocolo y hubo que improvisar, recurriendo a los expertos y al sentido común. Y aún se está en juicios para dilucidar responsabilidades y resarcimientos a los afectados.

Protocolo para todo, ya. Por la tranquilidad de los políticos, que ya bastante tienen con darse mamporros entre sí.

Sobre la imperiosa necesidad de rescatar credibilidades

Cuando Montesquieu puso en limpio las ideas de Locke, allá por la primera mitad del siglo XVIII, defendiendo en su Espíritu de las Leyes, la separación de los tres poderes, no se le hubiera ocurrido, a pesar de su personal escepticismo religioso, que debería haber expresado que monarcas, aristócratas y jueces deberían situarse bajo el poder superior de Dios, y actuar conforme a la moral.

En la España antes católica, los principios religiosos, conformaban un cuarto poder, como en los demás Estados europeos (y, al parecer, sigue siendo vigente en Estados Unidos de Norteamérica), que se imponían a los demás. En algunos países, a pesar del laicismo constitucional, esa moral sigue presente y, posiblemente, es el que actúa como elemento principal de control interno y externo de todos los poderes.  

En España, la fusión de cúpula eclesial del catolicismo y Dictadura que, en tantos temas, actuaron al unísono, en recíproca conveniencia, ha provocado el descrédito de la Iglesia católica, y, en la ceremonia de la confusión, ha quedado afectada la ética. Porque, mientras los cardenales y obispos supervivientes de la barbarie civil miraban a otro lado, en la Dictadura se atropellaron derechos en supuesto nombre de Dios y de la fe, se maltrataron personas y opiniones, se beneficiaron a los partidarios y se acallaron las voces contrarias. Nadie se atrevía a rechistar, y el pueblo se hizo, sin saberlo, indolente y agnóstico.

Cuando desapareció la Dictadura, y después de un convulso período, se confeccionó, con trozos nobilísimos de otras Constituciones y algo de imaginación, una joya del voluntarismo. Se confiaba en las propias fuerzas, en la honradez de los dirigentes, en la separación e independencia de los poderes, en que el pueblo siempre encontrará su camino virtuoso. Pero no se reconoció que entre las primeras y segundas filas de los que aplaudían el cambio, el triunfo de la libertad, había algunos que no creían en nada. Solo en su propio placer.

No pretendemos ahora hablar de aquello, sino de ésto. Los recientes descubrimientos de la actuación y móviles de ciertos representantes muy cualificados de los poderes legislativo, judicial y de gobierno, nos han dejado con el ánimo destrozado. No solo no han actuado de forma independiente, sino que no han sido honestos con el pueblo al que deberían servir, ni se han atenido a los más elementales principios de la ética universal.

La confianza en que el sistema se autoregulaba era falsa.

Los tres poderes están, por lo evidenciado, corruptos. No es que no lo sospecháramos, por síntomas parciales. No es que no lo temiéramos, por simple conocimiento histórico. Pero ahora no hay manera de ocultarlo. La independencia de estas representaciones, su falta de control interno y su opacidad hacia el exterior, han dado lugar a gravísimas aberraciones que han hecho perder credibilidad, a manos llenas, a nuestra ordenación democrática, a nuestro sistema constitucional.

En el pueblo llano se extiende la convicción de que la Constitución es papel mojado, el Parlamento, un asilo para comodidades o ambiciones económicas, la Judicatura, un guirigay de odios y recelos enconados subidos al pedestal de sus egos, el Gobierno (y la oposición, según filias o fobias), un hatajo de incompetentes que usan sus puestos como atajo para enriquecerse.

Ý es que no se trata de analizar casos aislados, sino, con base en ellos, extraer las conclusiones. No se tiene, por supuesto, más que información parcial, pero creíble, cierta.

Hay vesania en la actuación de algunos jueces, prepotencia y falta de rigor; y el propio sistema judicial no puede controlar los desmanes. Aunque oigamos repetir hasta la saciedad que se confía en la independencia de los jueces -habrá que decirlo, por si acaso-, hay evidencias de que se ha favorecido a este o aquél poderoso, de que las aficiones comunes entre encausados, demandantes, demandados y jueces han provocado sentencias injustas. También sabemos que la parafernalia legal se modela y articula en beneficio de quien corresponda, porque no es objetiva, sino interpretable, no es clara, sino oscura, no es homogénea, sino contrahecha.

Ah, pero el poder legislativo, ni está separado del Gobierno (ya se sabe que funcionamos a base de decretos leyes), ni deja de estar corrupto: no representa al pueblo, sino a profesionales de la política; y muchos serán, no lo dudamos, honestos, pero otros están en esa carrera para enriquecerse. Con el dinero de todos. En lugar de ver en la dedicación política un honor, ven una ventaja. Habrá que decir, por si acaso, que hay parlamentarios muy competentes y serios, pero los diarios de sesiones ponen de manifiesto que la mayor parte de las reuniones e intervenciones son tortuosas, vacuas, torpes.

Y qué decir de los poderes de gobierno, del "Ejecutivo". Relacionado hasta el envenenamiento con el falso poder legislativo y pretendiendo controlar hasta la insania el judicial, se empeña en ocultar información, vender falsas ilusiones y, sobre todo, gestiona, ejecuta mal. No le ayuda tampoco la oposición que, falta de los mismos méritos y capacidades, demuestra con sus voces, sus críticas acervas, su desgana, que pretende, en realidad, hacer lo mismo cuando le llegue el turno. Conducir el vehículo del Estado sin saber donde están las marchas.

Habrá que decir que hay ministros y políticos en la oposición que son muy capaces, pero deberíamos también imaginarnos cómo sufren, si es que existen aquellos, a la vista de la escasa capacidad intelectual y de acción demostrada por algunos de sus compañeros de bancada (ponga el lector el género que le parezca).

Cuando el Barón de Secondat, el tal Montesquieu, escribía sobre la separación de poderes, desde su experiencia, con título heredado de su tío, de Presidente del Parlamento francés, nos dejó esta perla: "Por el primero, el príncipe o el magistrado hace las leyes para cierto tiempo o para siempre, y corrige o deroga las que están hechas. Por el segundo, hace la paz o la guerra, envía o recibe embajadores, establece la seguridad y previene las invasiones; y por el tercero, castiga los crímenes o decide las contiendas de los particulares. Este último se llamará poder judicial y el otro poder ejecutivo del estado."

Como quedó indicado, no se le ocurrió escribir que: "Todos ellos, por supuesto, serán sometidos a los principios de la moral y de la ética, porque, si no lo hacen, serán castigados con el fuego eterno". O rescatamos las credibilidades, o el fuego eterno, pero esto no funciona. No como debiera.

Sobre la financiación de los partidos políticos en la oposición

Desde el 6 de abril de 2010, a las 9h, el juez Pedreira ha levantado el secreto de sumario del caso Gürtel, (accesible en página web mediante una clave de usuario y contraseña, proporcionada al ministerio fiscal, letrados y procuradores en sobre cerrado). A pesar de esa medida de seguridad, no hay que dudar que el mayor escándalo surgido en España en relación con la financiación irregular de un partido político será analizado, destripado y juzgado antes de que el magistrado dicte sentencia alguna.

El tesorero del Partido Popular, un ex-presidente de una Comunidad autónoma, el presidente de otra, varios diputados y senadores nacionales y autonómicos y, en fin, los cimientos mismos del partido, están involucrados en una actuación presuntamente delictiva que, por los síntomas (prácticamente, evidencias), ha servido para sostener parte de la maquinaria del partido de la oposición, además de, -igualmente a falta de ser probado o desmentido en los Juzgados de lo Penal-, haber ayudado algo a las economías particulares de quienes se jugaron el pescuezo en las maquinaciones y arreglos financieros.

Este material informativo de tan maloliente catadura será utilizado ahora por la prensa, tanto canalla como devota, para cebarse en detalles y más detalles de la historieta, bien para intoxicarla con giros y retruécanos, o para apuntar directamente a la cabeza de los altos personajes de la política que se hayan visto o se quiera ver involucrados en la investigación penal.

Como no tenemos intención de rasgarnos las vestiduras a estas alturas del guión, ni de aportar nuestras voces plañideras al coro de quejumbrosos, preferimos recordar el grave problema no resuelto de la financiación de los partidos políticos. Los partidos son el eje representativo del pueblo en la democracia española y, con su modelo actual, se favorece la "profesionalidad" de quienes se dedican a la política. 

También conviene analizar las consecuencias de la falta de verdadero control sobre los temas económicos que se realiza desde las instituciones pertinentes, con sesgo distante de ser equitativo (sospechamos que se investiga más a las clases medias y a los asalariados que a los grandes patrimonios y sus rentas) y, desde luego, clama al cielo, la falta de visión respecto a lo que hacen los compis en torno al dinero, tanto colegas de Gobierno como del propio partido.

Mientras la política sea vista como una carrera profesional a la que se acude tempranamente para ir medrando paso a paso o zancada a zancada, mal podrá evitarse toda esta problemática. El político pensará en su futuro, y apuntará a dedicarse a la vida empresarial privada cuando tenga que dejar su cargo público, para lo que tenderá sus filias en los lugaras que le parezcan adecuados.

Si su partido pierde las elecciones generales, se refugiarán los más significativos tripulantes de la nave política al abrigo de lo que pueda obtenerse de los puestos públicos que les hayan quedado, y tratarán de obtener las mayores prebendas posibles. No se engañe nadie: si hay corrupción (digamos, simplemente, porcentajes que se entregan bajo cuerda a los adjudicantes de proyectos y trabajos) es porque existe flujo importante de dinero negro en el país, y los optantes a las adjudicaciones no tienen más remedio que generar una parte del mismo, para obtener con él sus contratos.

No viene mal que casos como el Gürtel destapen redes de financiación irregular y corrupción, y que quienes se hayan visto descubiertos, paguen sus culpas (y, si nuestras elucubraciones fueren atinadas, las de los demás). Que no sirva ese escarmiento, sin embargo, para ayudar a extremar la sutileza de los que creen que la cuestión de la financiación irregular de los partidos es inevitable, sino para reconsiderar la función que sería exigible a los políticos y a los partidos políticos.

Porque la democracia necesita alternancia y es imprescindible, salutífero, que los partidos políticos que hayan tenido responsabilidad de Gobierno, pasen temporadas en la oposición. Es decir, la financiación de los partidos políticos en la oposición debe ser la de todos los partidos políticos.

Sobre el concepto de amigo y Facebook

"Mi querido amigo y compañero", suele ser la expresión estereotipada con la que se encabezan las cartas (hoy: los emails) en la que se comunican noticias de interés corporativo. Esta cariñosa referencia no implica que el destinatario no deba cuidarse de quien así se le dirige, puesto que, en no pocos casos, las cuchilladas con intención mortal provienen, justamente, de esos "queridos amigos y compañeros".

Hoy día se conoce a mucha gente, pero tenemos pocos amigos. Nos cruzamos a veces con alguien con quien creemos mantener una relación entrañable y resulta que es solo el protagonista de una serie televisiva. Participamos en múltiples actos sociales, encuentros de cortesía, ceremonias, cursos, actos y reuniones en los que se nos presenta y somos presentados a cientos de personas, a las que, generalmente, no volvemos a ver.

Consideramos amigos a todos los compañeros de instituto o colegio, a los que se matricularon en la misma Facultad, aunqye no hayamos coincidido jamás, a los amigos de nuestros amigos, a todos los personajes y personajillos políticos, a los que nacieron en nuestro mismo pueblo y/o región, a los que viajaron a los mismos países y a los que fueron operados de apendicitis por el mismo médico o están a tratamiento de fertilidad en la misma clínica.

Tenemos tal necesidad de no sentirnos solos, que acudimos a las redes sociales informáticas, con frenesí convulsivo, para recopilar amigos, como si al final nos dieran un premio por ser los más amistosos-amigables del mundo mundial.

Tomemos como ejemplo una de las redes sociales construídas en la web de mayor aceptación en este momento, Facebook. Si introducimos el nombre de cualquier personaje de la farándula, de la política o del deporte, veremos que su número máximo posible de amigos está, en general, agotado. El sistema no admite más: han alcanzado su tope. ¡Pueden alardear de tener más de cinco mil amigos, a los que ni conocen, ni conocerán!

No nos vayamos a gente con perfil público. Busque el nombre de alguien que usted conozca directamente. Con un poco de trabajo de investigación, llegará al conocimiento alarmante de que alguno de los amigos de sus amigos ha entrado en la fase convulsiva de acumular amigos sin límite, seguramente como protección a su posible soledad. ¿Qué hacer?

¿De qué le servirán a ese para el que Vd. creía ser un amigo apreciado, convertido ahora en adicto a la amistad virtual, esos mil o dos mil amigos en Facebook, que, evidentemente, han sepultado su afecto en un magma incalificable? ¿Ha descubierto acaso placer en enseñar el culo a quien no se lo irá a tapar? (Disculpe el lector lo agresivo de la frase, que tiene su raiz en un ilustrativo aforismo, que aconseja ser cauto con las intimidades)

Ah, qué bueno sería recordar aquello de "Dadme un solo buen amigo y moveré el mundo" (¿o era un punto de apoyo?). Acaso sea más válida esta otra frase: "Solitarios del mundo, uníos en los afectos virtuales" (¿se la atribuímos a Marx?)

Sobre apáticos y atípicos

Proponemos una división de la humanidad, que nadie parece haber puesto de manifiesto hasta ahora, a pesar de su evidencia, en dos categorías sicodinámicas: apáticos y atípicos. Al definir la forma de clasificación como sicodinámica, queremos indicar que se combinan en ella las características que impulsan lo síquico (inteligencia emocional, si es que se admite el concepto como mensurable) y las motrices externas (aquello que nos atrae de lo que no hemos propuesto nosotros o no controlamos)

Los primeros, el grupo, con mucho, más numeroso, se conformaría con quienes, por incapacidad, resignación o comodidad, han encajado su vida entre la inercia del día anterior y el calor gregario de la masa con la que, pro principio, quieren identificarse. Lo determinante es que, para moverse, no se preguntarán lo que les gusta a ellos, sino lo que le está gustando a la mayoría, para auparse de inmediato a compartir esa opinión.

Por supuesto, las raíces de esa actuación colectiva están en el miedo al qué dirán, a que se les distinga. Tienen pavor a que se les considere singulares. Su aparente único objetivo vital es no llamar la atención. No emitirán su opinión ante desconocidos y si se ven compelidos a hacerlo, farfullarán un tópico, vestirán de igual forma, asistirán a  los mismos espectáculos (preferentemente nada complicados: el fútbol es ideal), irán de viaje a los mismos sitios.

Nuestra teoría es que la inteligencia emocional de esos individuos es prácticamente nula. Aparentemente, y como buscan sintonizar con la mayoría, se esfuerzan en detectar dónde están los otros, pero no exactamente para identificarse o criticar a los que pretenden el liderazgo, sino para buscar la protección del grupo. Una vez confortablemente instalados en el grupo, se moverán con él hacia el objetivo grupal por excelencia, que es destruir, arrinconar, marginar o matar a los atípicos.

Estos atípicos, con la carga de su singularidad, sus ganas de hacer cosas, su capacidad de crítica o de reflexión sobre lo que sucede en su alrededor, están llamados a sufrir.

Por eso, algunos desarrollan una alta inteligencia emocional, cuidando evitar la agresividad de sus formas para que no parezca tan duro su mensaje, encajando en palabras de justificación las ideas, acercándose al grupo pidiendo un poco de pan y agua para sus reflexiones. Otros, los genuinos atípicos, después de haberlo intentado un par de veces, cierran sus puertas y ventanas al exterior y mandan a tomar vientos al rebaño de apáticos.

Ni qué decir tiene que nadie se da cuenta.

Sobre la biodiversidad, el desarrollo sostenible y responsabilidad social corporativa

(Nota previa: Hoy aparecen publicados dos Comentarios, porque el de ayer, que estuvo visible durante gran parte del día, sufrió una transmutación genética indeseada y durmió toda la noche del 18 al 19 de marzo de 2010 archivado como "Borrador")

Biodiversidad, desarrollo sostenible, responsabilidad social corporativa, son denominaciones convencionales de conceptos, realmente, muy abstractos. Cada uno se los puede imaginar como quiera, y ello a pesar de que ya existe alguna legislación al respecto. Tomemos, como primer ejemplo, la biodiversidad. Es difícil encontrar una expresión más sometida a variabilidad interpretativa que ésta.

La madre de las Biodiversidades podría responder, quizá, al deseo de expiación del Hombre, tradicional malfactor sobre la naturaleza, de evitar que prosiga la actuación perniciosa de los seres humanos sobre ella, limitando en adelante las intervenciones sobre el medio (llamado también "ambiente") a las que les apetezca autorizar a unos pocos, legitimados para decidir lo que hace daño y lo que no.

La idea de biodiversidad no será, sin embargo, la misma se uno se encuentra en un enclave selvático del Amazonas o en los alrededores de Madrid.

Para el citadino matritense puede resultar una proeza biodiversificadora ver varias urracas disputándose unos mondos de fruta entre las palomas urbanas. En el Amazonas, la biodiversidad no es observada más que por otros seres biodiversos, hasta que la tranquilidad se rompe por la llegada de un turista concienciado, amante de lo natural, y que puede permitirse pagarse el viaje, el hotel de lujo y las vacunas para llegarse hasta allí.

Porque el perfecto observador de la biodiversidad amazónica es (salvando cuatro científicos haciendo inventarios y cien indios a los que la civilización no ha quitado el taparrabos) un turista, bien provisto de una cámara de muchos píxeles y varios gigas. Su conquista biodiversificadora será hacer abstracción de la cantidad de anhídrido carbónico que ha generado su proeza de búsqueda de lo genuinamente natural, para poder enseñar a la velta, a sus amigos, en una TV de plasma de última generación, la producción virtual de su huella contaminante trasnmutada en mayor perturbación del medio natural, hasta entonces, casi impoluto.

La obstinación por querer presentarnos como desarrollo sostenible, no ya lo que no es, sino lo que no puede ser, ha merecido ya, por nuestra parte y la de otros, suficientes consideraciones para excusarnos el repetirlas aquí. No es posible que las generaciones futuras vayan a disfrutar de las mismas condiciones ni sociales, ni económicas ni ambientales, que las actuales, y ni falta que hace. No hay sostenibilidad posible, ni desarrollo sostenible.

El progreso del ser humano ha consistido en la combinación, decidida de forma consciente o aleatoria, de un punto de equilibrio inestable entre esas tres variables (y, por supuesto, de muchas más), en el que instalar su vida y la de otros. Nuestros nietos no tendrán el mismo ambiente, ni la misma idea de bienestar económico, ni (ojalá) se regirán por las hipócritas convenciones de solidaridad que arrastamos como parte sustancial de nuestros egoísmos, recelos y miedos, personales y colectivos.

¿Y su habláramos de la Responsabilidad Social Corporativa?... ¿No sería esta la perfecta ocasión, en la profunda crisis en la que estamos, para que esas empresas que presumen de sus preocupaciones por la colectividad, escribieran menos informes y nos demostraran, muy a las claras, qué saben hacer con las plusvalías que han conseguido en épocas de bonanza? ¿O es que el concepto de RSC es también un término variable, acomodaticio a lo que a cada uno le parezca para enmascarar la apetencia en incrementar el propio beneficio, aunque fuera a costa del bienestar de los demás?

Sobre los límites reales de la privacidad

Las Constituciones de los países tenidos por más avanzados y una parte sustancial de su desarrollo legislativo defienden la privacidad. La lectura de estos propósitos tranquilizadores nos invita a pensar que la privacidad está, principalmente, relacionada con los datos personales que están a disposición de terceros.

Se entiende que son privados, por ejemplo, el domicilio particular, la fecha de nacimiento, los números de cuenta bancarios y de las tarjetas de crédito, nuestra filiación política o afinidades religiosas. También se defiende la presunción de inocencia, la prohibición de publicación de las imágenes de los menores, y hay un consenso bastante general para no divulgar aventuras extramaritales, salvo que interese fastidiar por ese motivo la carrera de un opositor político.

La realidad contradice sistemáticamente tan buenos propósitos. Para empezar, el tremendo crecimiento de los recursos informáticos y telemáticos cuyo uso está al alcance de cualquiera, ha aumentado la información disponible en la red de manera incomensurable. Incomensurable en el sentido de que no se puede saber, en realidad, cuales son sus fronteras.

Las redes sociales y los instrumentos para comunicar lo que se está haciendo en tiempo real bombean continuamente información sobre nosotros a la red. No la controlamos nosotros, sino que una buena parte, la controlan otros. Fotografías con nuestro rostro, comentarios acerca de nuestra personalidad y gustos, relaciones de amigos, etc. Desde luego, consciente o ingenuamente, también nosotros mismos contribuímos a perfilar hasta detalles mínimos quiénes somos. Nuestra ubicación, quizá incluso hasta el domicilio, la fecha de nacimiento, el estado civil, la orientación sexual, las opiniones expresadas acerca de los más variados temas: religiosos, políticos, culturales, técnicos.

¿Es todo esto peligroso, y en qué sentido?. No lo sabemos. Si la sociedad tuviera una ética general común, si no existieran individuos que -por variadas razones- viven de aprovecharse de los demás, delinquiendo o no, podría no ser tan grave.

Pero es grave. A despecho de las Leyes de Protección de Datos, inservibles por la imposibilidad de controlar y denunciar una bola de nieve creciente que almacena datos y los entrecruza a velocidades de fantasía, nuestra intimidad está saltando en pedazos a cada instante, vapuleada por los lados más inocentes como de los que creamos menos vulnerables. No la protegen ni claves de acceso complicadas, ni reservas pudibundas, ni huídas vergonzosas o exabruptos molestos.

Tenemos que acostumbrarnos a que se sepa mucho de lo que nos debía pertenecer solo a nosotros o a los que nosotros hubiéramos querido. Por eso, la manera más segura de proteger nuestro yo virtual, ese que construye la red sobre nuestros datos, es engañándolo con muchos datos falsos, imaginados, fantasiosos, para crear un personaje ficticio con el que enmascarar nuestro, posiblemente anodino, pero mercantilmente evaluable, personaje real.

Sobre lo que podemos arreglar entre todos y lo que no

Sobre lo que podemos arreglar entre todos y lo que no

En este país pródigo en historias de adulterio, engaño, ocultismo y sofisticación, un grupo de gentes capitaneadas por cuatro políticos procedentes de las alas más ligeras del centro ideológico ha creado una Fundación, llamada Confianza.

Su lema: estosololoarreglamosentretodos.

Sus nombres son: Miguel Roca y Antonio Garrigues Walker (colegas del extinto PRD), Javier Gómez Navarro y Guillermo de la Dehesa (colegas en las proximidades del PSOE, con el que han hecho una brillante carrera profesional) . La campaña mediática que ha desarrollado esa estructura solvente, que se autopresenta como independiente, profesional y apolítica, es impresionante. Solo en Madrid, decenas de placas publicitarias se han visto adornadas con un palabro inolvidable, en fondo negro: "estosololoarreglamosentretodos".

La invitación a incorporarse al manifiesto, apoyada además por unos cuantos personajes de proyección pública e indiscutible buena imagen -Millás, Buenfuente, Mariscal, Adriá, etc- y, para adornar, por algunos individuos más con aspecto de ser como Vd. y como yo, ha movilizado cariños incondicionales. En pocos días se alcanzó la cifra de cincuentamil adheridos, atraídos por el tam-tam de "¿Dónde tengo que firmar para que esto cambie?"

Sin embargo, las reacciones a la operación -indudablemente política, qué le vamos a hacer- no se han hecho esperar. En Facebook se ha creado la plataforma alternativa -en el sentido de ácrata, que agrupa a los de la izquierda irredenta como a los de la pedorreta- Esto no lo arregla ni dios, que denuncia que la campañara es una maniobra publicitaria, orquestada por El Corte Inglés, Telefónica, BBVA, Santander, entre otros.

No ha sido la única lanzada. El partido emergente UPyD también se ha sentido afectado en las intimidades, y ha puesto su particular grito en el cielo por la manipulación ideológica que atribuye, en esencia, al grupo en el poder y a su inmensa capacidad de manipulación.

Puede que sí, si bien se mira. Si se tiene la paciencia de analizar las declaraciones (o lo que sea) de quienes prestaron su cara en el invento y aglutinar el argumento, se puede extraer la línea argumental. En esencia: hay que disminuir la exageración sobre la crisis -no es para tanto-, debemos trabajar en silencio y ser buenos -haced como yo, que he ganado esto y lo de más allá, entrenando sin parar- y, sobre todo, hay que tener confianza en los que están ideando soluciones para superar esta calentura -ya veréis como esto pasa, y nos reiremos cuando volvamos a estar tan bien como antes-

Podría pensarse que, en efecto, alguien nos quiere meter doblada(perdón si se mal interpreta) la llave de la solución por el agujero negro por el que se fue el dinero que nos han volatilizado a los de a pié, vamos, a los currantes de toda la vida.

Nosotros, superado el primer calor del atractivo de caminar todos juntos, nos hemos apartado un poco del grupo, para reflexionar. Tenemos claro que esto no lo podemos arreglar entre todos, sino que son unos pocos -poquísimos- los que tienen en su mano la solución. Ya que no son los mejores, sí son los que tienen ahora la sartén por el mango. El resto, sí, podemos (y, por la cuenta que nos tiene, debemos) aportar nuestro trabajo, nuestra capacidad, incluso nuestra voluntad de someternos a la voluntad de quienes nos guíen.

Pero, por favor, que no nos engañen con gestos para la galería. A nosotros, no. La historia de la cooperación colectiva nos recuerda la de aquel capitán en el campamento de milicias de Montelareina, que, subido encima de un puente que su compañía acababa de construir, animaba a los soldados a empujarlo, haciendo él mismo que empujaba desde la barandilla, gritando: "Fueeer....za!".

Que se bajen los que no empujen, que ya está bien de que tengamos que aguantar su peso, además del puente. Y los que saben cómo salir de aquí, que nos lo digan -desde abajo del puente, igualmente- no sin que antes nos indiquen dónde está el camino seguro, el río navegable, o la nave que nos conducirá a la estratosfera. Porque así, solo por empujar, podemos estar llevando el puente, el carro o la moto, para atrás, o andar dando vueltas sin rumbo.

Sobre la facultad de olvidar

Si no pudiéramos olvidar, seguramente no soportaríamos vivir. Nuestra sensibilidad ante los acontecimientos, tanto placenteros como dolorosos, acabaría anquilosando la capacidad para apreciar el presente.

Puede parecer que estamos refiriéndonos poéticamente a la existencia, pero no es en este momento nuestro propósito. Superamos la muerte de los seres queridos, echando sobre el recuerdo de su ya imposible proximidad a nosotros, otras vivencias.

No quedarán olvidados del todo, aunque, casi siempre, las capas de nuevas emociones nos ayudan a superar aquella pérdida. El nacimiento del hijo coincidiendo con la muerte de uno de sus progenitores, no hará que el superviviente olvida al otro, si bien le servirá para concentrar su actividad y afectos en el retoño.

Olvidamos para dejar hueco a nuevas sensaciones, que son la esencia de la existencia. Olvidamos conocimientos, personas, paisajes. Con el paso del tiempo, mezclamos incluso circunstancias reales con otras imaginadas o soñadas.

Ya ancianos, si la mala suerte del Alzheimer o la demencia senil no nos ha apresado, recordaremos, de golpe, lo que habíamos arrumbado en el falso archivo de la memoria. Como si el cerebro, consciente de que ya no habrá necesidad de dejar espacio para más, hiciera liquidación de pasajes, de momentos, de historias y supuestas sabidurías. 

Escuchar a un viejo hablar durante un par de horas de lo que ha vivido es bucear en la existencia de otro como un espeléologo en una cueva inexplorada.

"Perdono, pero no olvido", suele decirse, cuando, habiendo sido agraviados por la actuación de otros, que, arrepentidos, solicitan nuestra indulgencia, se quiere manifestar que el daño a nuestro sentimiento fue imborrable. A pesar de todo, olvidamos, olvidemos. La facultad de saber olvidar es una manifestación de la superioridad moral del que ha sido ofendido, y también una liberación.

Porque el recuerdo de lo malo que nos haya sucedido, nos sigue haciendo daño.

Sobre la dinámica en la creación y destrucción de empleo

La cobertura al desempleo costará en 2010 a la Seguridad Social española, más de 34.000 millones de euros. Con casi 3 millones de beneficiarios, la percepción media superará mensualmente los 960 euros, es decir, más del 30% del salario mínimo interprofesional, que es actualmente de 624 euros.

Un 20% de los dispuestos a trabajar no encuentran empleo: más de 4,5 millones de 23 millones de personas (población activa), sobre un total de 38 millones mayores de 16 años. Leídos estos datos en sentido inverso al habitual, hay 15 millones de personas que no buscan trabajo o que no pueden trabajar.

Respecto a este colectivo que no figura en las estadísticas del paro, no hay que pensar que se trata de improductivos. En absoluto. Allí se encuentran las "tradicionales" amas de casa que jamás han tenido un empleo fuera del hogar, labradores o agricultores que "han pasado" de darse de alta en la seguridad social, inversionistas, bolsistas y otros administrradores de propiedades declaradas o clandestinas, jubilados que dedican buena parte de su tiempo a obras sociales, trabajos no remunerados  -o a cuidar a sus nietos mientras los hijos trabajan-, físico o síquicodependientes y otros incapacitados, etc.

Las cifras anteriores pretender dar solamente unos cuantos brochazos sobre el panorama general del empleo en España. Son datos, en realidad, poco relevantes para tomar medidas sobre algo sustancial: qué medidas concretas sería necesario tomar para reactivar la economía, de forma que se consiguiera generar empleo suficiente para disminuir el número de receptores de las ayudas públicas.

Para enfocar a fondo el problema, sería necesario profundizar en la dinámica sectorial de generación y destrucción de empleo. Es imprescindible analizar en detalle los subsectores que son más resistentes a la crisis y aquellos otros que están siendo más activos en la creación de demanda laboral.

No hay que tener mucha imaginación para inducir que los más resistentes son los que producen materiales de primera necesidad y aquellos bienes de consumo imprescindibles; en tanto que los sectores dedicados al ocio, a la fabricación y distribución de elementos de lujo y a la generación, importación y comercio de productos tecnológicamente sofisticados o de poca versatilidad, estarán sufriendo más los efectos de la crisis.

Pero no solamente eso: los sectores resistentes son aquellos en los que la producción está basada en verdaderas ventajas comparativas dentro del mercado global, lo que les permite resistir la competencia interior y, en su caso, mantener la exportación, concentrada ahora más en los paises con mayor resistenciaa la crisis o que ya la han superado. Las empresas de estos sectores están manteniendo el empleo e, incluso, ven cómo su cartera de clientes aumenta.

Analicemos de una vez en este país, con espíritu sistemático, cuáles son los sectores más robustos de nuestra economía, y enfoquemos hacia ellos los principales recursos de educación, investigación e impulso a la exportación coordinada. Y, si como sería deseable, pretendemos impulsar nuevas actividades emergentes, apoyemos aquellas iniciativas generadas por jóvenes universitarios en los nuevos sectores tecnológicos.

No nos parece que las mejores ideas de reactivación puedan provenir de aquellos empresarios o gestores de los grandes grupos ubicados en sectores más profundamente afectados por la crisis, que estarán, obviamente, mucho más preocupados por mantener sus negocios y reducir sus péridas; ni por sindicalistas con filiación política conocida, que se verán obligados a matener posturas muy sesgadas a la defensa y mantenimiento de empleo de sus afiliados, mayoritariamente empleados en grandes empresas.

Hay que escuchar a otros agentes, y darles más voz: Universidad, centros de investigación, autónomos, plataformas civiles, expertos internacionales y consultores tecnológicos, desempleados de alta cualificación, y, sobre todo, escuchemos a los responsables de pymes y micropymes en sectores de largo desarrollo. Ellos nos ayudarían a conocer mejor la dinámica de la creación y destrucción de empleo, sin los ruidos lastimeros que producen los que se están chamuscando en los infiernillos del cambio de ciclo.

Sobre los perdedores

En las Escuelas de Negocios enseñan (enseñamos) a plantear estrategias de ganadores. Las mejores son aquellas en las que todos ganan, esto es, en la terminología con la que nos hemos acostumbrado a dotar de mayor credibilidad aparente a nuestras ideas, las estrategias win-win.

No hace falta estudiar en ningún Centro de estudios superiores, en realidad, para tener la intuición de lo que se pretende o puede pretender con ellas. El otro día, una anciana ofrecía en una calle céntrica de Madrid , sobre una caja de cartón, unos pocos paquetes de chicle y caramelos. Alguien se interesó en saber a cómo vendía cada uno, y ella contestó que a dos euros el paquete, así que el desconocido le compró dos y le dijo que se quedara con el resto del billete de cinco euros.

"¿No tiene miedo a que la polícía le incaute la mercancía?", le preguntó el transeúnte, mientras observaba el pobre aspecto de la anciana, que le miró, sin aparentemente entender. Así que el hombre debió creerse obligado a hacerle más sencillo el interrogatorio. "Quiero decir, que le puedan quitar lo que está vendiendo, porque... está prohibido vender en la calle".

"Mire", -replicó la vieja, con una mirada llena de determinación- "Lo mejor que puede pasarme es que la policía me diga algo. No me van a llevar a la cárcel. Y, ayer, cuando me querían quitar lo que vendo, les grité que era mi único medio de vida y se armó un alborto. La gente me dió treinta euros, y aqui estoy. Si vendo, vendo, y si no vendo, que venga la policía."

Seguro que un banquero no lo plantearía con más habilidad, aunque, nos dieron ganas de explicar a la pobre anciana -tendría más de 80 años-, que estaba aplicando una estrategia win-win para perdedores. Debería de intentar atracar un Banco.

Resulta muy interesante analizar que, sin embargo, la mayor parte de las estrategias que planteamos los seres humanos son de perdedores, y, además, del tipo lost-lost. Todos pierden. En este momento, en la grave crisis económica por la que atravesamos -más bien, nos atraviesa- ¿no debería de estar todo el mundo ocupado en salir de ella?

Pues no parece así. La preocupación del Gobierno, oposición, asociaciones empresariales y sindicatos, no resulta ser adoptar de inmediato las medidas para reactivar la economía, sino resaltar que no están dispuestos a escuchar los planteamientos de los demás en aquello que les perjudique. ¡Eh, que no están Vds. solos! ¡Abandonen su estrategia lost-lost! 

Sobre cómo reclamar un recibo de agua al Canal de Isabel II

La revista Vanity Fair desvela, entre algunas otras intimidades de baja intensidad, que SAR la Princesa Da. Letizia, "sabe (...) cómo reclamar un recibo de agua al Canal de Isabel II".

Tal afirmación, puesta en boca de una de las amigas de la Ilustre Dama, mueve a varias reflexiones, de las que, las más importantes, nos parecen estas dos:

a) El Canal de Isabel II, empresa pública controlada por la Comunidad de Madrid, cuya Presidente es Da. Esperanza Aguirre, no tiene perdón de Dios. No solamente cobra el agua que se suministra a la Casa Real (suponemos que con el añadido de la tasa de alacantarillado y depuración de residuales), sino que, además, le hace mal las facturas, por lo que, en defensa de los legítimos intereses económicos de la familia, la Princesa se ve obligada a reclamar por lo cobrado de más, para que se lo devuelvan.

b) Es imprescindible comunicar a la ciudadanía, especialmente, la residente en Madrid, cómo hay que hacer para reclamar un recibo de agua al Canal de Isabel II, como información general y, también, para que puedan valorar si esa dificultad debe ser tenida como mérito de SAR o como demérito de la capacidad intelectual de la anónima amiga de la Princesa Letizia.

Para iniciar esta valoración, hemos consultado en las prestigiosas páginas de hola.com los detalles generales de la Casa que habitan los Príncipes de España-. También hemos complemetado esta información con la referencia respecto a facturación y atención al cliente que facilita el Canal de Isabel II.

Del análisis de la forma de calcular la tarifa, entendemos, ante todo, que el complejo residencial principesco es "asimilable a uso doméstico", pues dispone de piscinas y jardines, pero no se realizan actividades comerciales (que se sepa), pudiendo aplicarse lo previsto en los apartados b) y c) del punto 2.1 del Decreto 154/97.

Al habitar en la vivienda más de 4 personas, podría teóricamente beneficiarse por las bonificaciones propias de familia numerosa, pero aunque su número supera las 8 personas, no puede acreditarse que 5 de ellos sean hijos del titular, con lo que la perspectiva decae, por no aplicación. 

En cuanto a la facturación por consumo, hemos calculado que aproximadamente el consumo del Palacio y dependencias será de aproximadamente 2.500 m3 al bimestre (equivalente a 4.200 litros diarios), que se facturarían a 0,2724 euros/m3 los primeros 25 m3 y a 0,5039 euros los siguientes 25 m3, para pasar a 1,2094 por encima de los 50 m3.

Esto hace que la factura bimestral se aproxime a los 3.000 euros por el concepto de agua potable, a los que hay que añadir el cálculo del término fijo, según el tipo de contador y el coste del alcantarillado y saneamiento. Siendo N el número de viviendas y ∅  el diámetro del contador, se calcula como 0,0163(∅exp 2 + 225N).

Aquí lo hemos dejado, para concluir que sí, que saber reclamar la factura del Canal de Isabel II revela una inteligencia superdotada y debemos estar tranquilos de la preparación de la futura Reina de España para que no se le escape ni una en su cometido (también reconocido a Vanity Fair) de "trabajar por tratar de mejorar este país" que, además, ya ha asumido, según le reconoció la Princesa, por lo leído, a su hija mayor.

Sobre San Valentín y los enamorados

Aunque el santoral no está escaso de Sanvalentines, las historias o leyendas de sus vidas no nos han dejado testimonio específico de su vinculación con el amor. Nos referimos, claro, al amor carnal, que del amor místico sí que andan las hagiografías repletas.

Sea como fuere, el día 14 de febrero, por inspiración comercial anglosajona -apropincuadores sistemáticos tanto de las onomásticas romanas como de las fiestas de origen más remoto, para convertirlas en celebraciones en las que es obligado intercambiarse regalos y hacer caja- se conmemora a San Valentín. Un santo al que no es posible ponerle cara y ojos, porque, habiendo tantos valentines en donde poder elegir en teoría, en ninguno de ellos se ha podido encontrar el menor atisbo de romanticismo.

¿Qué más dará, tratándose de amar, o, mejor, dicho, de tener una excusa para acercarse a quien desearíamos que nos amase?.

Actuamos aquí igual que cuando generamos las felicitaciones por Navidad o Año Nuevo, en las que somos millones los que aprovechamos los finales de año para lanzar un mensaje a los jefes, los políticos, los representantes de la administración, los empresarios, la familia o los amigos alejados por el tiempo o el espacio.

"¡Eh, aquí estoy yo!", o "Acuérdate de mí", son mensajes subliminales fáciles de interpretar de las tarjetas, sean de Jápi berzdei, de Jápi crismas o de laf mi tender . Aunque el ojo  vea un grupito judeo-árabe con animales de extraña compañía -por una Navidad-, un gordo vestido de rojo estrafalario tirando de trineos -por  la otra-, dos niños besándose o un elefante dentro de un corazón con lazos -por Valentín-, lo que hay que colegir es siempre lo mismo: "Quiero que me quieras".

Enamorados del mundo, felicidades. Os deseamos, a los que aún no sois correspondidos, que esta fecha os de pie a la declaración que produzca el efecto de rendir la atención del otro. Celebramos, desde este blog, vuestra felicidad y os prevenimos de los peligros del futuro, con este hauki:

                             Enamorados,
                             haced acopio de besos
                             para el desierto.