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Al Socaire de El blog de Angel Arias

Sobre placas conmemorativas

Nuestras ciudades y pueblos se han llenado de recientes placas conmemorativas y estatuas de hipotéticos próceres modernos. Es el fruto de la voluntad de inaugurarlo todo, de trascender a la Historia, dejando la huella pretenciosamente perdurable de una inscripción en mármol, un retrato al aceite o un fundido aparatoso, con los que se recuerde que bajo el gobierno del representante popular se han empezado, terminado o entremediado edificios, escuelas, geriátricos, polideportivos, puentes o aceras.

Esa ansia de gloria (vanagloria) ha recibido una poderosa llamada de atención sobre su ridículo, con el descubrimiento en Cádiz, en las excavaciones que se están realizando en su Teatro Romano, de una placa tallada en el siglo I a. de C. en la que se lee: "Latro BE". Francisco Alarcón, director de los trabajos, la ha traducido inequívocamente como Balbo, ladrón", siendo Balbo, Lucio Balbo el Menor, -justamente quien encargó la construcción del teatro.

La idea que sugiere el comportamiento del anónimo discrepante con el previsto fausto oficial, debería ser aprovechada en tiempos modernos. Cada vez que uno de nuestros elegidos quiera inaugurar una obra costeada con los dineros de todos, pretendiendo que su nombre pase a ser recuerdo de la posteridad, pondríamos otra, en la que se exprese, junto a su nombre, "Latro".

No hace falta que se escriba en latín, puede ser en español. Lo importante es que con esa fórmula, se dieran cuenta los políticos y todos quienes se ven encumbrados a un cargo o puesto relevante, y de una vez por todas, que están al servicio de la colectividad y que lo que hagan por ella, no será por su mérito y no para su trascendencia, sino por nuestra voluntad y para nuestro disfruto. No será por su capacidad, sino por contar con nuestro apoyo. No será por su valentía, sino por contar con nuestra benevolencia.

También podría mantenerse abierta una cápsula del tiempo, con una antorcha en la que se verían arrojadas al fuego todas las pretensiones de fatuidad, obligando a los políticos contraventores a leer este texto, mientras se incorpora su nombre a la lista: "Recuerda, representante del pueblo, que el mérito es nuestro por haberte elegido para hacer realidad las mejores de nuestras razones, ".

Sobre el modelo de democracia norteamericana y lo que le queda

Los incondicionales defensores del modelo norteamericano han defendido siempre a ese país como modelo de libertades, ejemplo de oportunidades en el que, con su trabajo y esfuerzo, se puede llegar a lo más alto, independientemente de lo bajo que uno estuviera al comenzar a subir la escalera del ascenso social y económico.

La realidad contradice, por supuesto, a la ficción, aunque haya ejemplos de superación encomiables, por más que nunca sabremos exactamente que trabajos y hatajos han utilizado los triunfadores para llegar hasta arriba.

La fotografía del 29 de enero de 2009, del presidente Barak Obama abrazado a Lilly Ledbetter, una mujer de Alabama que luchó tozudamente para cobrar igual salario que sus colegas masculinos, viene a demostrar que en algunos logros, los norteamericanos andan a remolque. La ley que ambos celebran efusivamente garantiza que, en Estados Unidos, no se podrá ya discriminar en las relaciones laborales por sexo, raza, religión o edad, y que por el mismo trabajo habrá de percibirse idéntico sueldo. Hasta ahora, había suficientes resquicios legales para que esa reclamación, como en el caso de la Sra. Ledbetter, no prosperara.

Existen otros ejemplos, aún más flagrantes, que vienen a corroborar que las discriminaciones existen, no ya para cobrar lo mismo que el compañero más favorecido si se tiene un trabajo equivalente (Lilly era supervisora de planta de Goodyear, lo que suena a una cierta responsabilidad), sino cuando no se tiene trabajo alguno.

Las escasas prestaciones sociales en Norteamerica, la existencia de amplios guettos de marginación, las dificultades para el ejercicio de una limitada libertad sindical, los bajos salarios para los trabajos basura con los que se acoge los inmigrantes ilegales, la práctica ausencia de voluntad de integración real para negros y asiáticos, la obsesión por dotar de voluntad y designio divinos a lo cotidiano como a lo trascendente, y la existencia de bolsas de economía sumergida inmensas , son otras evidencias de lo mucho que le queda al presidente Obama y a su equipo de renovadores para aproximarse a un verdadero estado social de derecho.

De momento, en los países más avanzados de Europa en derechos y tolerancia, tocan a rebato de contención. En el Reino Unido se reclama un mayor proteccionismo, que favorezca  los trabajadores locales ("British jobs for british workers").

Aquí, dos representantes de partidos enfrentados en el Congreso coinciden en su propuesta anti-libertades: Miguel Sebastián y Carod Rovira abogan por el proteccionismo. Consuma productos locales, dicen ambos, utilizando sus propias jergas de lo que entienden por lenguaje político. Coinciden, no ya entre ellos, sino con el presidente Barak Obama, que ha conseguido la aprobación de una ley -el 28 de enero de 2009- que, para reactivar la economía, promueve el apoyo a los proyectos que fomenten productos made in USA.

Prepárense, pues, bienpensantes, para ver cómo en el mundo se da una vuelta de tuerca hacia atrás al modelo de tolerancia y globalización. Los tiempos de vacas flacas hacen soplar vientos poco solidarios, incluso en Europa, presunta cuna de libertades curadas de espantos.

Se pueden hacer predicciones fáciles: Davos terminará sin conclusiones, el deterioro ambiental tendrá que esperar mejores tiempos (si el Tiempo con mayúsculas nos lo permite) adornado con buenas palabras, y el dinero reclamará más seguridad para volver a salir al escenario a hacer de las suyas. Y más seguridad para el dinero, significa un mundo del trabajo menos reivindicativo.

Sobre la expectación en el cine

La asimilación -ligera o profunda- de lo escrito la realiza el lector mediante un acto de su voluntad que llamamos lectura.

La situación deja bastante margen de protagonismo -si bien, secundario- al lector: puede alargar o reducir a su antojo el tiempo que dedica a repasar las páginas del libro, saboreando más intensamente unos párrafos o saltándose sin más varios capítulos, y hasta puede permitirse empezar a leer por el final. Puede elegir el lugar, leyendo lo que el otro escrito en el metro, en el váter o en la cama.

Y el lector, además, al seleccionar el momento, el autor, incluso habiéndose informado antes personalmente hojeando el libro, pone de su parte algunas condiciones. Al margen de lo que el autor haya pretendido contar y su forma de hacerlo, su aportación puede ser sustancial por las circunstancias personales, cultura y conocimientos como lector, configurando, en suma, la proximidad o lejanía, el interés o el desprecio respecto a lo que se le pretende contar.

Aunque existen algunos elementos comunes, pues se trata también de una relación entre dos sujetos que no están en una relación de igualdad, en el cine, a diferencia de en la lectura, el espectador adopta una posición menos intervencionista, su campo de acción está mucho más limitado.

No elige el espacio, está limitado por el tiempo, no le es posible saltarse escenas, el ritmo de percepción está preimpuesto para él. En principio, lo que pone a disposición del director, actores y demás artífices de la obra colectiva, es -ni más ni menos que -un espacio de tiempo y una tensión superpuesta a él, que es el deseo de pasar un rato entretenido, diferente, nuevo con la película. Si el trabajo del autor está bien hecho, una película puede llegar a incorporar vivencias ajenas  sobre las propias, con total verosimilitud, y más intensas y más numerosas que las que provoca la lectura en la mayoría.

Situación no exenta de peligros, pues como pretende el aforismo latino, Maximum impedimentum vivendi est  espectatio. Y cuando la expectación se circunscribe a un momento y a un tempo o ritmo específicos, señalados por otro, el riesgo es muy alto. No podemos dejar de referirnos, además, a la posibilidad de contagio de sensaciones que proviene de otros espectadores simultáneos: no se disfruta igual viendo una película con la pareja que con un grupo de desconocidos que exteriorizan su aceptación o disgusto con estridencia.

El equivalente al acto de la lectura respecto al libro no tiene un nombre especial, pero debería tenerlo. Se suele hablar del visionado de una película, pero es una designación imperfecta, porque no es únicamente la vista la que trabaja y, además, la palabra suena ajena a nuestro lenguaje.

El espectador de cine es un perceptor. Percibe por sus sentidos, siente, experimenta, la oferta que supone la película. Podría entenderse, por ello, que hay un contrato virtual de duración temporal limitada-100 a 115 minutos, en general- entre el equipo que la rodó y protagonizó y el que se dispone a ve, oir y sentir lo que se ha preparado. 

Ese momento puede convertirse en algo insuperable, sublime, cuando en tan corto espacio de tiempo hemos podido trasladarnos, para vivirlo con la imaginación con todo intensidad, la vida y circunstancias de otros, o desplazarnos por un paisaje hasta entonces desconocido, o puede sumirnos en la desagradable sensación de haber sido engañados, frustrados porque la espectativas, la tensión que habíamos puesto a disposición del otro, no se han colmado y tenemos que volver a nuestra vida normal sin la carga momentánea de adrenalina que nos entrega una buena película.

El espectador de una película pone su expectación al servicio de un equipo profesional, al que le dice, sin palabras: "Arrégleme esto. Pero sorpréndame, ofrézcame algo original"

Sobre inversiones en infraestructuras y reactivación económica

El profesor Gregorio Izquierdo Llanes, que sustituyó a Juan Iranzo, Director General de Estructuras Económicas del Ministerio, en una mesa redonda sobre Infrastructuras que se celebró el 28 de enero de 2009 en el Instituto de Ingeniería de España, lo afirmó dogmáticamente: "Para reactivar la economía en época de crisis, hay que bajar los impuestos, liberalizar, e invertir en infraestructuras selectivamente, priorizando objetivos".

Fue la primera de las intervenciones y se convirtió en un argumento de autoridad que gravitó por la sala, a pesar de que lquienes hablaron a continuación -en una magnífica y oportuna convocatoria realizada por José Angel Blanco, un "caminero" presidente del Comité de Infraestructuras del IIE-, eran, ni más ni menos, que los portavoces del Comité de Infraestructuras del Congreso de los diputados del PSOE (Salvador de la Encina) , PP (Andrés Ayala) y CiU (Pere Macías).

Los políticos de los dos partidos mayoritarios presentaron muchas cifras, con las que discrepaban de su contrario y amigo, pero anduvieron más cortos de razones técnicas (ambos son abogados), por lo que la mayor parte de los ingenieros presentes en la sala -ya se sabe: muchas canas en la cabeza y culos pelaos de experiencia apenas utilizada actualmente- comentaron en el cóctel posterior que a este país le urge abrir la sociedad a los debates técnicos y, by the way, necesita que los representantes del pueblo se pongan de acuerdo en lo principal, y mantengan el rumbo en lo decidido.

No parece tan difícil, si escuchan las opiniones de los que saben, porque esas no suelen cambiar ni estar imbuídas de ideología o preocupadas por mejorar los resultados electorales de los que votan en relación con el verbo fácil, la simpatía mediática o sus personales intereses inmediatos.

El tema nos resulta tan importante que aconsejamos a los interesados revisar las anotaciones de la reunión que figuran en el blog de Angel Arias.

 

 

 

Sobre una receta tradicional: echarle huevos a la cosa

Los huevos son un elemento sustancial en la cocina, tanto para platos dulces como salados, fríos como calientes. Igual valen para una masa de empanada que para una tortilla, con o sin patata; imprescindibles en el revuelto de setas y sublimes en el ponche matinal, especialmente en el que nos daban a los niños de la postguerra civil, mezclados con azúcar y quina Santa Catalina o jerez dulce.

En el trabajo y en la política, hay que echarle huevos (o güebos, pero, en realidad, se quiere decir lo mismo). Es algo así como sostenella y no enmendalla, pero con un sentido mucho más amplio. Los que/las que echan huevos a las situaciones que los demás ven difíciles, o triunfan en ellas, o se caen con todo el equipo. En el primer caso, van servidos. En el segundo, como la memoria del ser humano es frágil, no tienen más que esperar algo de tiempo a la siguiente oportunidad, para seguir echándole huevos.

No hay estadísticas, pero como la costumbre es inventarlas, digamos que, al menos en la actualidad, las mujeres le echan más huevos que los hombres. Se suele incluir a los homosexuales en las encuestas, con el sexo natural del que proceden, aunque estamos convencidos que tanto gays como lesbianas le echan más huevos que cualquiera integrante medio del primero y del segundo sexo, por lo que habría que eliminar el sesgo generador de confusión que produciría el tratamiento integrado.

Ejemplos: Si te han pillado espiando a tus opositores, u ordenando que lo hagan tus subordinados, échale huevos negando. Si has has defendido que no era crisis, sino podenca desaceleración la situación económica, porque crees que las cosas se arreglan mejor desde el optimismo crónico, échale huevos diciendo que tú te equivocarás, pero no mientes jamás. Si estás a punto de la suspensión de pagos, porque la pirámide de falsedad, ya no da para más, échale huevos declarando que tu imperio bursátil va como nunca y procura sacar algún dinero para una cuenta secreta en Londres e incentivar a tus empleados más fieles con los restos de la olla.

Este consejo no tiene nada que ver con el otro, también muy popular, de que allí donde pongas la olla no metas la polla. Tiene que ver, desde luego, con las aves y la cocina, pero se aplica en ocasiones muy distintas. También el incumplimiento de este dicho o refrán castizo, tiene efectos muy distintos: el no echarle huevos produce que te quedes como alguien del montón o que pierdas las elecciones o que el personal piense que eres un pusilánime sin ideas.

El meter la gallineta en el trabajo, generalmente está bien visto, y cada vez es más común, porque la gente que tiene curro pasa mucho tiempo fuera de casa y hay ocasiones que ni pintadas. Desde luego, serás la comidilla de los colegas, pero no dirán esa boca es mía en donde puedan perjudicarte. Lo que no excluye que aparezca alguien con mala leche y, por hacerte un favor o la puñeta, se lo cuente a tu pareja, que montará en cólera o en lo suyo; en el primer caso, la alegría se convertirá en agua de borrajas, y en el segundo te saldrá el tiro por la culata, porque aunque no vayas de apaleado, te habrán hecho cornud@.

Sobre el dilema nuclear como balance entre beneficios y riesgos

Al expresar en la reunión del 27 de enero de 2008, en la sede del IIE, algunas consecuencias derivadas de la aplicación de los Principios recopilados por el Consejo Internacional de Energía Atómica -publicados en 2006-, Agustín Alonso, uno de los más cualificados expertos españoles en el espinoso asunto de la energía nuclear, representó de forma esquemática el sendero por el que se han de mover las decisiones de adoptar la energía nuclear de fisión como uno de los elementos del mix energético: hay que elegir entre beneficios y riesgos.

El principio cuarto de esa colección de diez, expresa que las instalaciones y actuaciones relacionadas con las explotaciones  que producen radiaciones ionizantes, han de reportar un beneficio general. Alonso indicó que este paradigma obligaba a cuantificar los dos elementos de una inecuación, la que compara beneficios y riesgos, y que "en España estamos desnudos en cuanto al desarrollo de ese principio".

Porque en el terreno de la presentación de los riesgos, se mueven con soltura los que se oponen a la energía nuclear: querrían que el riesgo, una probabilidad de ocurrencia, se convirtiera en certeza de que el suceso que implica riesgo no sucediera nunca. Pero las centrales nuclearers no están exentas de riesgos; precisamente, todo el trabajo de los técnicos, de las administraciones y organismos de control, de formación del personal y de establecimiento de normativas y barreras, es reducir al mínimo esa posibilidad, aunque en la consciencia de que no se eliminará del todo jamás.

En el terreno de los beneficios, se pueden razonar muchos y cuantificar algunos: la reducción de la dependencia energética, la versatilidad del mix de producción, la contribución a la disminución del efecto invernadero, etc.

Alonso se refirió a que el dilema era antiguo, y ya había sido propuesto por Platón: la discusión entre raciocinio y sentimiento, que es un problema insoluble. Pasó por ello, revista a las decisiones adoptadas al respecto por diversos países europeos, que catalogó en tres grupos:

En el norte de Europa (Suecia y Finlandia, en particular), los partidarios de la energía nuclear han conseguido conquistar a las autoridades, convenciéndolas a ellas y a la población de la supremacía de los beneficios.Francia ha evitado el dilema, sin aparición de controversia, entregándose a favor de la implantación de centrales nucleares, sin necesidad de analizar los riesgos.

España. Alemania, Italia, han menospreciado el raciocinio y solo consideran los riesgos.

En fin, el Reino Unido, en la línea de los Estados Unidos, han planteado la cuestión y han dado predominio a la praxis, dando mayor énfasis a las ventajas que a los riesgos, que, por supuesto, tratan de mantener al nivel más bajo posible con el nivel técnico actual. El trabajo realizado en el Reino Unido evaluando los cuatro tipos básicos de reactores (procedimientos de agua a presión, en ebullición, AGR y Candu) , en el que participó Iberdrola, concluye que cualquiera de esas soluciones reporta al país más beneficios que riesgos.

En la presentación de los conferenciantes, Manuel Acero, presidente del IIE, ingeniero industrial y proveniente del sector de las energías nucleares, no dudó en hablar de "la vocación del Instituto de la Ingeniería de Espala de apoyar la energía nuclear, proceso que no admite dudas". En el auditorio, había muchas cabezas canas, reflejo del envejecimiento de los técnicos que se formaron para un florecimiento de esta forma energética que tenía un brillante futuro en los años 70-80 y que hoy tiene que batirse entre ecologistas y políticos indecisos, que manejan a la perfección los sentimientos.

No pretende este comentario ser una reseña de las conferencias y por ello, tanto Yolanda Moratilla, como Isabel Mellado o Alfredo Muntión, nos disculparán de no referirnos, al menos por ahora, a las interesantes disertaciones (que, además, están colgadas en la red para información y deleite de todos, por la siempre eficiente cátedra Rafael Mariño). Por cierto, Isabel Mellado, que es la directora de Seguridad  del Consejo de Seguridad Nuclear, recordó que en la web del CSN, en su política de transparencia, está "todo". O casi todo. Y, para que lo comprueben los lectores, les recuerdo el enlace:

Sobre la creación de empleo por los municipios

El gasto medio anual de los municipios españoles debe andar por los 1.000 euros per cápita, de los que aproximadamente un 25% correponde a gastos no obligatorios. Esto implica que unos 10 a 12.000 millones de euros se pueden destinar por las Corporaciones a realizar algunos proyectos y obras, fundamentalmente, el mantenimiento de las infraestructuras, el arreglo de zonas verdes, creación de deportivos, lugares de encuentro para envejecientes y salas de lectura.

Los municipios están fuertemente endeudados -el líder indiscutible es el Ayuntamiento de Madrid-, superando ampliamente el límite del 25%-30% de endeudamiento respecto al presupuesto anual. Por eso, han sido tradicionalmente pagadores remolones, pues van tapando los agujeros con los ingresos de tasas, cobro de servicios y transferencias de impuestos.

Los más 8.000 millones de euros de deuda del feudo actual de Alberto Ruiz Gallardón, el hiperactivo munícipe madrileño, marcan una pauta estimulante para el deseo de muchos alcaldes de apretar el acelerador del presente, dejando para otras legislaturas y, verosímilmente, para que se coman el marrón otros regidores, la siempre penosa tarea de pagar las deudas.

Ya en plan de chisme, decían por Oviedo que, cuando se fue el alcalde del PSOE,Antonio Masip, y pasó, para que nadie fuera capaz de arrebatárselo jamás, el cetro del poder de Vetusta a Gabino de Lorenzo, dejó en el cajón dos o tres mil millones de pesetas (12 a 18 millones de euros de los de antes). De probarse el rumor, sería el único caso conocido de un alcalde que no supo o no quiso en qué gastar la pasta disponible, mereciendo un monumento, de los que ya tantos han plagado la antes heroica ciudad.

Todo el asunto viene a cuento porque, entre las medidas de reactivación contra la crisis, el gobierno del Presidente Zapatero, destinó por la vía de Decreto-Ley, en un llamado Fondo de Infraestructuras, 8.000 millones de euros (180 euros por persona), a los municipios, para que hagan obras, con la condición de que se lo gasten de inmediato (la fecha tope para presentar proyectos terminó en diciembre de 2008) .

Los detractores dicen que lo que va a favorecer este regalo es a las grandes constructoras y, en otro caso, al despilfarro, pues los pequeños municipios carecen de apoyo técnico para presentar proyectos.

No opina igual el Presidente español, que, suponemos que con mejores datos, en la comparecencia televisiva del 26 de enero de 2009, dentro del programa Tengo una pregunta para Vd, reiteró su confianza de que esos dineros creen empleo local; lo dijo en respuesta a la interrogante de un pintor (de brocha gorda y lengua fina) que llevaba parado un año, y que estaba preocupado por su futuro y el de sus amigos, al parecer, también pintores.

 Si el ministro Sebastián hubiera estado por allí, habría calculado que los 8.000 millones de euros servirían para crear unos 650.000 puestos de trabajo directos y otros cuantos inducidos, justificando el resultado con un par de reglas de tres. Ventajas de haber estudiado economía. La ministro Elena Salgado, que no sabe lo que es arriesgar,  los cuantificó, en unos 400.000. Vaya usté a sabé.

 

Sobre los efectos de bajar los impuestos o el precio del dinero

Si la cuestión estuviera absolutamente clara, posiblemente todo el mundo -incluso los economistas y, entre ellos, los más expertos- se hubieran puesto de acuerdo. En las Universidades se nos enseñaría sin circunloquios la conclusión y los políticos la aplicarían a rajatabla.

La lógica indica que si se bajan los impuestos, el Estado recaudará menos dinero y tendrá, en consecuencia, menor capacidad para dedicarlo a sus actividades propias como son, en principio, la mejora de las infraestructuras, la protección ambiental y social, el incremento en los servicios asistenciales, la ayuda a las personas con especiales dificultades y, derivadamente, el fortalecimiento del aparato funcionarial, desde jueces, profesores, médicos, policías o cargos públicos a los administrativos de ventanilla o conserjes de museo (sin que esta hipotética gradación implique cargas peyorativas).

La lógica indica también que si se bajaran los intereses de los créditos -señalando, por ejemplo, las referencias para el interbancario, que es el precio del dinero que se prestan los Bancos entre sí- las empresas y particulares podrían financiarse de forma más barata para sus compras y proyectos, y ese gasto siempre enojoso que representan los réditos a los préstamos, sería menor, animando así a consumir más y a iniciar nuevos proyectos, creándose empleo y riqueza.

Es en la aplicación práctica de estos principios donde aparecen matices serios, que son resueltos desde las cuestiones ideológicas y, por tanto, ya no tienen que ver con la teroría, sino con las experiencias.

Además, si se tuviera en cuenta que nos encontramos en un´momento de quiebra del sistema, los análisis deberían incorporar soluciones de emergencia y no restringirse a aconsejar la simple aplicación de las viejas recetas. 

En fin, quienes quieren un Estado poco intervencionista, siguen proponiendo que se bajen los impuestos, en especial los de sociedades, para que las empresas tengan más dinero para gastar en otras cosas, porque las rentas del capital se reinvierten a la larga en aumento del bienestar general, ya que nadie se va a llevar los dineros a la tumba. La iniciativa privada, para ellos, vence a la pública en la decisión sobre lo que hay que hacer, y el mercado será ahora y siempre un excelente regulador de las prioridades, limitando al Estado a vigilar eventuales desequlibrios y a acudir de bombero cuando se presente un fuego.

Esperanza Aguirre, Presidente de la Comunidad de Madrid, en su entrevista en ABC del  25 de enero de 2009, inteligente defensora del liberalismo económico, recurre a los preceptos clásicos: control del déficit, bajar los impuestos, gastar menos desde el Estado, producir más.

No es de extrañar que los defensores de la ideología liberal, apoyen también la disminución del interés al dinero que presta el Estado a los Bancos, como fórmula para estimular el consumo y la inversión privada, poniendo un ojo a garantizar la rentabilidad mínima a los depósitos a largo plazo, en interrelación con la inflación acumulada.

En el frente ideológico más o menos contrario, se siguen escuchando también argumentos muy manidos, y, por eso, tiene mucha razón el superministro Solbes cuando afirma que se le agotaron las medidas, porque hay que salirse del libro.

A quienes desean un Estado relativamente fuerte, su ideología les llevaría a apoyar el no bajar los impuestos, aumentar el control público y garantizar la liquidez del sistema, insuflando más dinero, sin miendo a aumentar más el déficit, porque ya se recuperará cuando amaine la crisis. Sin embargo, mantener los niveles asistenciales en un momento de paro creciente, genera un horizonte de grave incertidumbre, cuyo límite no puede preverse desde un contexto de falta de cooperación entre los agentes económicos y pérdida de credibilidad en los medios de control del sistema.

Estamos en crisis profunda, y para resolver el temporal no hay que acudir al catón, sino asumir maximalismos. Puede, desde luego, romperse la baraja, abandonar el euro, devaluar y sentar las bases para una recuperación económica.

Pero, si no se quiere llegar tan lejos, al menos, ha de reconocerse que no se pueden aplicar paños calientes a una situación de emergencia. Paul Krugman (Premio Nobel de Economía 2008) pone el acento sobre un principio extraeconómico: las soluciones más certeras no presuponen ideas geniales sino la voluntad de ejecutar lo que se sabe y asumir las consecuencias de la decisiçon.

En la columna del NYT que reproduce EP del 25.01.2009, escribe que "la creencia en la magia de las rebajas fiscales ha desaparecido del mercado" y la llama "anticuada economía del vudú", abogando por la nacionalización previa de las entidades financieras con dificultades, deshacerse después de los accionistas, transferir los activos morosos a una institución especial, creada ex novo, sanear a continuación los Bancos y volver a venderlos.

No hay tanto donde elegir, parece.

Sobre Factorias Culturales

Parece que vuelven a estar de moda las factorías culturales. En Asturias, hace ya la tira de años -se cumplió el trigésimo aniversario en 2006-, se pretendió organizar una en las ruinas de la Cerámica Guisasola, auspiciada por el Gobierno del presidente de la Autonomía regional,  Pedro de Silva (entonces de mote dual, cariñoso como irreverente, "el asomau", por mor de la sorna asturiana, ya que llevaba una barba al estilo de Abraham Lincoln).

El proyecto tenía todas las de ganar, que son exactamente las mismas que las de perder, según se mire. Participaban en la parida intelectual, Juan Cueto, Chus Quirós, Ignacio (Nacho) Quintana, Ana Belén, Victor Manuel y Rodrigo Uría (este último, para darle un esplendor jurídico, suponemos). Hubo múltiples reuniones, documentadas por el propio Pedro de Silva, al que le gustaba confeccionar las actas de los actos en los que participaba.

La lectura de estos documentos es materia que despertaría nostalgias, cuanto menos. Imaginamos que se guardan celosamente en la hemeroteca de Presidencia del Principado, para memento hominem et inimicus pavor.

Se acababa de celebrar la Feria Internacional de Muestras de Asturias y, según se registra en los papeles, el están de la Caja de Ahorros había sido un éxito. El Presidente de la Caja debía ser Angel Noriega, aunque quien mandaba en este instrumento de poder económico, por entonces, era Troteaga (el Trote).

El proyecto quería ser centro de irradiación de información cultural, base para la conmemoración del VI Centenario del Descubrimiento de América,  y convertirse en "centro de reflexión especular" (?), además de "servir de captación del ocio" (la frase es de Juan Cueto, ideólogo de la cosa cosadiella).

Para empezar a andar, el Gobierno regional puso desde el IFR, presidido por Leonardo Alvarez de Diego, en colaboración con Adamicro, la primera piedra. Consistió en recuperar la casita del Príncipe, un chaletito a orillas de la carretera a Llanera, en el que se instaló un centro de CAD-CAM (que la gente despistada seguramente interpretó, erróneamente, que sería un puti-clú), y que se amuebló con elementos de mobiliario estelar diseñados por Chus Quirós, uno de los mejores exterioristas de Asturias (q.e.p.d.)

La inauguración del invento, que debía ser un éxito total,  fue un fracaso sin paliativos, porque la mala uva quiso que Control Data, fabricante de los megaordenadores que debían formar la base logística, no pudo desaduanar a tiempo los equipos del que debía ser uno de los centros telemáticos de referencia en Asturias.

Para no retrasar el evento, al que acudieron el Ministro de Industria y Energía, Joan Majó Cruzate, y decenas de autoridades y empresarios, se preparó con urgencia una conexión telefónica con el ordenador de la Escuela de Industriales de Gijón, que era de la misma especie tecnológica, aunque de tamaño varios números menor. No dejaba de ser una ingenua manera de pretender lanzar el proyecto y movilizar simpatías, pero resultó que, en aras del periodismo de investigación, justo al día siguiente, en donde debería ir el éxito de la fase uno, la prensa del Movimiento se demuestra jodiendo a los de la propia cuerda, divulgó que se habían inaugurado unas cuantas cajas vacías.

Así que el proyecto quedó tocado del ala ab origine, y ni los políticos ni los ideóloogos se atrevieron a poner los dedos cerca de aquel fuego, salvo excepciones impagables, como el consejero Emilio Murcia, que, desgraciadamente para Asturias y para el proyecto, falleció poco después.

Pero a lo que íbamos. Resurgen las factorías Culturales, los Museos, la movilización de la cultura, sea lo que sea. En Avilés, sin ir muy lejos, en la antigua fábrica de Confecciones Camino, se está en ello, para potenciar aún más el Centro Niemeier, ya muy avanzado en su plasmación virtual.

El proyecto más importante, con todo, se culmina en Galicia, bajo el nombre de Ciudad de la Cultura, que se pretende que "vertebre culturalmente el corredor atlántico", según el Presidente de la Xunta, Emilio Perez Touriño. Nos suena.

Esa Factoría Cultural galega, que se abrirá a finales de 2009, se levanta en el Monte Gaiás, en Santiago de Compostela, aunque hasta 2012 no estará en pleno funcionamiento. Tendrá muitas cousas para atraer público: un Museo dos Nenos, otro da Historia de Galicia,... No faltarán, imaginamos, restaurantes, cinematógrafos y salas de arte en donde se realicen jápenins, de cuando en vez.

Como Galicia es una región con 3 millones de personas y una concentración de creatividades inagotable, no necesitarán apoyo técnico en la Xunta. Si les apeteciera, sin embargo, hacer una planificación de futuro, podrían acudir a la región vecina, y darse una vuelta por las instalaciones que fueron de Cerámicas Guisasola. La Factoría Cultural asturiana, iba a tener en su Casa del Reloj el emblemático centro de acogida. Al lado, estuvo incluso el Museo de la Ciencia, efímereidad en la que participó la Caja de Ahorros de Asturias, dejando sin pagar al Centro de Cancán una parte de la obra, al menos durante un largo período, suficiente para matar el proyecto definitivamente.

Los excursionistas gallegos, si se animan, pueden encontrar, en el camino de la Venta del Gallo, hoy irreconocible por el lío de autovías de circunvalación a la gran urbe de cemento y ladrillo en que se ha convertido Oviedo,  además de las ruinas bastante más ruinosas de lo que fue La Estufa asturiana, ocupando la Casita del Príncipe y la nave anexa en la que centenares de asturianos recibieron clases de Autocad, un hospital veterinario. Sic transit.

Sobre el mercado laboral y sus imperfecciones

Va España camino del 20% de paro en su población con necesidad de trabajar, porque la crisis económica reduce actividades que suponen despidos y planes de regulación de empleo y presiona sobre la productividad de los que conservan su puesto de trabajo.

La Confederación de empresarios lo tiene, como otras veces, claro: hay que abaratar el despido (o sea, reducir el número de días salariales de compensación por año trabajado, actualmente en 45 días, si el despido es improcedente, lo que las empresas suelen reconocer por la mano) y un mayor control público sobre el absentismo (es decir, vigilar el coladero que suponen las bajas médicas laborales, en la mayoría de las cuales, el propio trabajador parece decidir sobre sus razones para pirarse del curro una temporada).

Los sindicatos tampoco modifican su opinión, porque no es cosa de cambiarla: los trabajadores no son los causantes de la crisis (o sea, el factor trabajo es un elemento neutro ante las veleidades económicas) y las empresas han obtenido pingües beneficios en las épocas de bonanza que no han reinvertido (es decir, el empresario utiliza la actividad empresarial para volatilizar en vino y rosas las plusvalías).

No vamos a pretender ahora escribir un tratado sobre las imperfecciones del mercado laboral, pero será tal vez interesante para nuestros lectores recordar algunas cuestiones.

La primera, que casi todo el mundo quiere trabajar, porque lo necesita para vivir, y quiere hacerlo de la manera mejor posible. Es decir, que la oferta se rige por una necesidad vital y sociológica, en la que las condiciones no son impuestas por los trabajadores, sino por la combinación de ambiente socio-económico y ambición personal de la mayoría para disfrutar personalmente, con la propia familia y amigos, de esas condiciones exteriores. Trabajamos, porque no tenemos rentas familiares y porque deseamos tener nuestra parcela de bienestar.

Los inmigrantes, están aquí porque obtienen mejor rendimiento a su trabajo que en sus países de origen, y, además, como advierten que se vive mejor, quieren traer a sus familias. Los parados reducen su capacidad de bienestar a límites de grave tensión cuando no pueden compensar la caída de rentas con la disminución de bienestar. Los trabajadores autóctonos defienden la solidaridad del mundo del trabajo en tanto que los que extranjeros no les disputen los puestos laborales a los que ellos mismos opten. Etc

La segunda, es que el ser humano es vago por naturaleza, tendiendo al mínimo esfuerzo si le faltan estímulos exteriores. El estímulo más civilizado es el salario y la esperanza de conseguir que sea lo mayor posible, procurando que afecte poco, nada o negativamente, al sudor de la propia frente. Otro estímulo es el palo, que no suele tener efecto salvo en las dictaduras o en las situaciones de extrema penuria personal. También se prueba en ocasiones el estímulo de la caricia -mental o física- con resultados erráticos.

Salvo en escasos individuos, el comportamiento innato de la especie humana en cuanto al trabajo, se traduce en escurrir el bulto a la primera ocasión. Como resultado, baja la productividad y se carga a los primeros, los más responsables o activos, con una parte de las tareas de sus colegas remolones; y como los convenios colectivos no suelen distinguir de productividades personales, se producen bolsas de adicional descontento permanente que causan la movilidad de los mejores hacia los nuevos proyectos (y la concentración de los menos productivos en las empresas más antañonas).

El ministro de industria español, Miguel Sebastián, propone que, para conservar puestos de trabajo, se consuman productos españoles. Y calcula, como buen economista, que si cada familia española incrementa en 150 euros anuales sus compras en productos propios (Buy made in Spain), como somos unos 10 millones de entidades de consumo, pondríamos 1.500 millones de euros más en nuestro pib interno, que, traducido en puestos de trabajo (salario medio anual de 12.000 euros) nos permitiría conservar o crear 120.000 lugares en el mercado laboral. Voilá.

No sabemos dónde ha perfeccionado sus conocimientos socioeconómicos el ministro, pero la propuesta nos parece más propia de una charla de café entre sindicalistas con copa de anís del mono que de un licenciado en Harvard. Parece más bien una provocación dirigida al ministro de Trabajo, para que proponga que, para conservar los puestos de trabajo, se creen más industrias españolas.

Pero, puestos a sugerir opciones, se nos ha ocurrido que podría plantearse que un 15% del trabajo que realizan los robots y automatismos fuese realizado, mientras dure la crisis, por seres humanos.

O que todas las empresas que hayan obtenido beneficios en los últimos 5 años, sean obligadas a aumentar un 5% sus plantillas.

O que se redujeran un 10% todos los ingresos bancarios por apuntes y actividades inextricables de las entidades financieras y se destinaran a crear fondos para emplear a trabajadores con servicios a la comundidad.

Los empleados extra podrían ser quienes amonestaran y multaran a quienes contaminan; eliminaran grafitis y afearan la conducta de los grafiteros,;corrigieran ubicaciones dañinas para el tránsito peatonalde mobiliario urbano; denunciaran aparcamientos en doble fila o en lugares prohibidos, especialmente de los poseedores de autos de alta gama, etc.

Porque, claro, encontrar a estas alturas, investigadores serios, técnicos solventes, universitarios capaces, especialistas hábiles, profesionales formados, jóvenes ilusionados, profesores concienciados, prejubilados dispuestos a volver a trabajar, empresarios honestos, sindicalistas cooperadores, ministros competentes, es más difícil, y llevaría más tiempo movilizar esas capacidades.

 

 

Sobre la ley concursal y la declaración de insolvencia familiar

La todavía llamada nueva Ley Concursal -en realidad aprobada en marzo de 2004- ha abierto la opción para la autorización legal de la suspensión de pagos por los particulares, a semejanza de las leyes de quiebra familiar que están vigentes en otros países europeos. 

El primer caso español de aplicación a particulares de esta posibilidad, fue el de el matrimonio Gil Esteve, que debía unos 160.000  euros y que fue declarado en 2005 en concurso, alcanzando luego de 1 año y medio un acuerdo con sus acreedores por el que consiguieron rebajar el 30% su deuda con ellos y aplazar el resto a cinco años, sin intereses. Desde entonces, un par de miles de familias se han acogido en España a esta opción. Muchas más vendrán, dada la grave situación de crisis.

La posibilidad de reducir la deuda -con una quita o disminución de hasta un 50% y pagar el resto en 5 años-, es, desde luego, atractiva, pero está sujeta, por supuesto, a la petición de concurso ante el juez, y a que éste la resuelva satisfactoriamente. Este trámite puede hacerse incluso antes de que se produzca la efectiva situación de insolvencia, anticipándose a ella cuando el deudor crea que su imposibilidad de pagar será inminente.

El proceso supone costes y trámites (abogado, procurador, pagos al administrador concursal, etc), por lo que no es aconsejable para pequeñas deudas y tampoco para quienes no tienen más propiedades que una vivienda para hacer frente a sus pagos. El deudor ha de preparar una memoria con la evolución de las actividades económicas en los últimos tres años, que presentará ante el juez. Si la deuda es inferior a 1 millón de euros (tratándose de personas físicas) se podrá solicitar el procedimiento abreviado.

Una vez que el juez haya nombrado los administradores concursales (uno solo para el abreviado), éstos deben realizar un informe completo con la cuantía de los ingresos, deudas y patrimonio del deudor, clasificando los créditos según las preferencias que señala la ley.

Con ese informe en la mano, se negocia un convenio entre acreedores y deudor, con las condiciones límite anteriormente expresadas. La familia en situación de insolvencia no puede vender entre tanto ninguno de sus bienes, quedando momentáneamente liberada del pago de cualquier deuda, incluídos los intereses que le pudieran corresponder.

Puede que las familias duden de iniciar este procedimiento que, como todos los judiciales, asusta a la generalidad. Pero a la fuerza ahorcan y, además, el ejemplo de las numerosas empresas que están solicitando declaración concursal, debería estimular a las familias a no tragarse a solas el marrón de la crisis. Debe tenerse en cuenta, sin embargo, que en la mayoría de los casos, el procedimiento no va a paralizar el crecimiento de su deuda hipotecaria.

Quiere esto decir que si el grueso de la deuda familiar es una hipoteca sobre la vivienda, para avalar el préstamo concedido por una entidad financiera, ésta va a resistirse de su derecho a ejecutar la garantía, porque el embargo le dará la opción de recuperar el resto del préstamo aún no pagado.

Esta situación es la que, en nuestra opinión, y contrariamente a lo que vienen publicitando algunos bufetes de abogados, no es aconsejable que las familias con sus bienes hipotecados acudan a esta solución para acreditar su insolvencia. Es preferible negociar directamente con la entidad financiera el aplazamiento de los pagos o unas nuevas condiciones de devolución del préstamo.

Urge, por tanto, la promulgación de una reglamentación específica para las situaciones de endeudamiento familiar en estado de insolvencia pasajera, en especial, el que permita tratar con rapidez y justicia aquellos casos en los que el disbalance ha sido creado, no por despilfarros ni alegrías injustificables de los afectados, sino por la pérdida del trabajo de alguno de los miembros familiares (o la reducción de sus salarios), a raiz de la crisis económica general que, evidentemente, ellos no han provocado.

Sobre deontología política y códigos patéticos

Los códigos deontológicos profesionales no suelen escribirse, se presuponen. Se hacen referencias a su existencia cuando conviene -frecuentemente, como arma arrojadiza entre intereses particulares que tienen más que ver con la delincuencia que con la ética-, pero pocas profesiones han realizado el ejercicio saludable de ponerlos por escrito y hacerlos públicos.

El colectivo de médicos español tiene un código ético magnífico, el Código de Etica y Deontología Médica, desde 1990, -revisado en 199- aunque en muchas clínicas y lugares de consulta privada se tiene enmarcado el juramento de Hipócrates.  

El Consejo Superior de Colegios de Abogados dispone de un código deontológico desde el año 2000, en cuyo preámbulo, como corresponde a gentes que trabajan con la lengua (y con el cerebro, por supuesto), se han consumido muchas palabras.

Otros colectivos profesionales han movilizado sus recursos lingüisticos y jurídicos para plasmar, con variada fortuna práctica, sus deseos de presentar una imagen pulcra hacia el exterior, sin que ello significara que, en el interior, dejaran de solventar de vez en cuando sus discrepancias ideológicas y técnicas de la manera más antigua que se conoce en el mundo, es decir, a tortazos.

Por supuesto, la permeable profesión periodística (permeable en el sentido de que es una de las pocas salidas laborales, como lo es para lo suyo, la de fontanero y algunas pocas más, que permite alardear de ser periodista solamente por el hecho de anunciarse como tal y saber escribir seguido)

Capítulo aparte merecen los políticos. Suponemos que con la dudosa justificación de que el pueblo es el garante de su deontología, con su hipotética vigilancia permanente, que tiene su sanción en los períodos de elecciones, no se han tomado esfuerzo en convenir un código deontológico. Se comprende, por ello, que los políticos más sagaces y brillantes, vigilen a sus competidores, aunque sean correligionarios teóricos, gastándose algo de dinero público en el empeño.

Gracias a ese esfuerzo, y a la labor de infiltración de algunos medios periodísticos en el fragor de la lucha interna del PP por el poder que está abandonando Rajoy, sabemos, por ejemplo, que Ignacio González, vicepresidente de la Comunidad de Madrid, fue vigilado durante ocho meses en prácticamente todo momento, incluso en sus viajes al extranjero, item más, con cámara oculta y acceso a sus archivos privados. No fue el único caso. El vicealcalde de Madrid, Manuel Cobo, fue objeto de similar interés y con idéntica metodología.

Conclusión:el código deontológico que debe presidir las actuaciones de los representantes del pueblo necesita una plasmación urgente; los códigos patéticos que se emplean, según parece, por algunos, no solo nos causan indignación sino que, cuando emplean recursos públicos para cubrir intereses particulares, suponen una malversación de fondos y una estafa a nuestra credibilidad.

Sobre la capacidad de ilusionar y los fundamentos

Hemos repasado el discurso de toma de posesión del presidente norteamericano Barak Obama, y lo hemos encontrado bastante decepcionante.

Vamos a ver si nos entendemos: no se trata de llevar la contraria por postura dialéctica. El discurso ha sido perfecto como muestra de oratoria popular, como recordatorio programático de los principios deontológicos que deben regir las actuaciones de un presidente de un país democrático y como demostración de la capacidad de sintonizar con el auditorio, dándole al público lo que desea oir. ¿Qué es lo que todos deseamos oir?. Pues esto: "No te preocupes, te comprendo, soy uno de los tuyos; me encanta que confíes en mí, pero mi trabajo depende, sobre todo, de tu ayuda y la de todos; vamos a solucionar los problemas, los de todos y, sobre todo, los tuyos; la situación es difícil, pero, te repito, ten por seguro que lo vamos a solucionar. Cuento contigo, porque me caes muy bien, te aprecio, y, como verás, en mi equipo he elegido lo mejor de lo mejor para ayudarme".

Sin embargo, nos confesamos recitentes a participar del júbilo de la multitud enfervorizada que aclamaba a Obama desde la explanada del Capitolio, remisos disidentes del sentir de esa mayoría cualificada de norteamericanos que bebían la miel de cada una de sus palabras, sintiéndose parte del pueblo elegido por Dios para regir el mundo, y, sobre todo, y a lo que más nos importa, nos reconocemos incrédulos consistentes respecto a la tan proclamada sintonía que se nos promete acá, en este valle de lágrimas español, que habrá de surgir, como un flechazo amoroso, tan pronto como el líder demócrata de allende los mares cruce las primeras palabras con nuestro presidente Zapatero y sus entregados ministros.

El discurso ha sido, por supuesto, formalmente impecable. Magnífico en la concepción gramatical, brillante en la selección de los temas -pasando por todos de puntillas, dando pinceladas sin que el color de la pintura implique plazos o resoluciones concretas-. La dicción de Obama es la de un actor consumado, un genio del gesto, que ha de ser escaso y preciso, como se enseña en las escuelas de arte dramático.

Ha sido un discurso casi completo en el tratamiento formal de las preocupaciones de los norteamericanos, que son también -ay- en su casi totalidad coincidentes con las del resto de la Humanidad viviente. Este aspecto no nos debería hacer más felices a los demás, pues si el país más rico de la Tierra tiene mucha necesidad, ya se sabe a quien van a dar de comer primero.

Si lo analizamos en sus compromisos, en las ideas de acción, si lo pretendemos analizar como programa político resulta, lamentablemente, lleno de espacios vacíos.

Porque ya sabemos que, desde que Norteamérica existe, Dios juega en el equipo, o, por lo menos, a favor ,de los Estados Unidos; también forman parte de las esencias del negocio americano, el cristianismo reinventado, la firme voluntad de olvidar los fallos del pasado, -atribuyéndoselos a las veleidades del progreso-, ese conjunto de deberes que suenan cada vez más ñoños, y que forman parte de un juego mágico, carente de definida personalidad política, válido para la izquierda como para la derecha, que parece conformado a base de tomar del pasado de la Humanidad las buenas intenciones, pasando por alto que en su nombre también se ha cometido tropelías muy sonoras.

Quizá tenía que haber sido así. Después de todo, el novísimo Presidente no tiene porqué conocer aún la profundidad de los problemas y, menos aún, seleccionar las medidas concretas para paliarlos o afrontar su solución. Desde esa perspectiva, ha hecho bien en escurrir el bulto de los compromisos y sacar el frasco de las esencias verbales, inundándonos a todos de su estado de gracia.

De esencias hemos quedado bien servidos. América puede, América es líder incuestionable, América sabe, América tiende la mano al mundo, América cumple sus compromisos; Todos debemos estar unidos, Todos debemos apoyarnos; Todos somos responsables;Todos tenemos que estar orgullosos de ver que los americanos son el pueblo más eficaz del planeta; Nadie puede escurrir el bulto; Nadie será marginado (si es americano); Escucharemos a todos; Hemos demostrado que América es un país en donde todo es posible; Cuidaremos el ambiente, y sacaremos la energía de donde podamos; Generaremos empleo y riqueza; Somos los mejores, los que más entendemos de libertad, los que más trabajamos y sabemos...

La veta de predicador pasado por Hardvard se le nota mucho a Obama. Es su auténtico pelo de la dehesa. Es un pelo suave, suave, suave...Tendrá que caérsele, suponemos. Y habrá de tener sumo cuidado en los terrenos por donde se mueve: la América profunda de la economía trapacera, de la lucha de clases, de las desigualdades y las marginaciones, está ahí, al acecho.

Cúidate mucho, Presidente Obama. Estamos de acuerdo, desde siempre, desde que éramos niños, con lo que dices. Solo que debes tener presente que a la ceremonia religiosa del próximo domingo no acudirán ya los dos millones de enfervecidos adeptos, esa selección de los pobres y marginados de América, que habrán tenido que ir a buscarse los garbanzos a otro sitio, sino que tendrás enfrente a los que han movido los hilos hasta ahora. Esos no van a pedirte palabras, sino que protejas sus intereses.

Y, entre ellos, no faltarán, nos tememos, algunos de la misma calaña de los que no tuvieron en el pasado mayores problemas para cargarse a quienes querían cambiar las cosas demasiado rápido, ya fueran Presidentes de los Estados Unidos de América, o candidatos espléndidos para representar las aspiraciones de la mayoría. Porque la mayoría ha de ser, como hasta ahora, silenciosa.

Sobre el ambiente como recurso en la crisis económica

Las preocupaciones ambientales son cosa de tiempos de bonanza; la legislación de protección al ambiente, existe hasta en el país más paupérrimo de la Tierra, pero se aplica -más o menos- cuando a la preocupación ciudadana por el deterioro se une la existencia de una policía efectiva que pueda obligar a los infractores a restituir lo dañado, siempre contando con la solvencia de éstos.

El medio ambiente es, en fin, uno de los escalones más débiles, que se rompe a la primera cuando empieza a faltar el dinero. Les entusiasma a los teóricos desde sus sitiales universitarios hablar del desarrollo sostenible, pero la "pata" del asiento económico es tan frágil, que frecuentemente está amañada con cuerdas y claveteada de urgencia, para que no se note tanto que se ha roto muchas veces.

La crisis económica implica austeridad, por la falta de medios, de la que padecen, ante todo, los que están más abajo en la pirámide económica. A ellos, la situación les obligará a ser más ahorrativos, prolongar la vida útil de las cosas, reciclar lo que sea posible, aprovechar mejor lo disponible.

No hay que estar atentos en esa dirección. Lo grave sería que, aprovechándose de la crisisis y del posible relajamiento de las medidas de control, diéramos un paso atrás en la recuperación de los ríos, en el tratamiento de las aguas industriales y urbanas, en el cuidado de los bosques, en la depuración de gases lanzados a la atmósfera, en el aislamiento térmico y acústico de edificios, etc.

Si utilizáramos el ambiente como recurso para tratar de paliar la crisis económica, dejaríamos, nuevamente, al descubierto, nuestras contradicciones respecto a las prioridades con que nos movemos. Algo que la sorna popular plasmó con contundencia: "El que venga detrás, que arree".

Sobre Obama y su agenda inmediata

Barak Obama será, desde mañana, nuevo Presidente de los Estados Unidos de América, y hace tiempo que las elecciones norteamericanas no habían suscitado tantas expectativas, provocadas, obviamente, por la combinación de una grave situación de crisis internacional, y la acumulación de especulaciones y comentarios sobre su talante, inquietudes, fortalezas.

Sería prolijo indicar a estas alturas que un Presidente, y más si lo es de la mayor máquina económico-financiera de la Historia, llega a serlo a base de compromisos previos, y un proceso de selección entre candidatos alternativos en la que "el sistema" -mágica palabra con la que se suelen englobar las fuerzas directrices de un mecanismo de poder- ha tenido ocasión de valorar lo que conviene.

El punto más urgente de la agenda del Presidente Obama es, por supuesto, calmar las aguas financieras de su país. Los escándalos provocados por el descontrol de la SEC y la ambición desmedida de algunos operadores del mercado financiero exigen una respuesta de emisión de tranquilidad. Es ahí importante en donde se ha pretendido dotar a Obama de credibilidad, frente a la imaginaria debilidad y falta de carisma del ya ex-presidente G. Bush, jr.

Nos tememos que la crisis continuará su curso, que solo quedará contenido, no por las aparatosas declaraciones de los líderes, ni acuerdos con un inconfundible aspecto de nadería, sino por el trabajo de los verdaderos agentes del sistema norteamericano, que son el trabajo continuado, pragmático, sin alharacas, de millones de ciudadanos convencidos de que pueden hacerse ricos, o al menos, un poco menos pobres, si hacen las cosas lo mejor posible, en su campo de actuación, por limitado que sea.

Tenemos confianza en el pueblo norteamericano, de la misma forma que hemos soportado una permanente desconfianza respecto a las formas de actuar de las grandes empresas, a los entresijos turbios entre los poderes político y económico. En la agenda del Presidente Obama, favorecido hoy con el calor popular del deseo de cambio de actitudes y formas en los políticos, ha de figurar también la implementación de un sistema de control mucho más rígido y severo para que los desaprensivos no se aprovechen de la credulidad de los ciudadanos de a pie, preocupados con sobrevivir y ser un poco más felices. Simplemente.

Sobre vacas pintadas y mundo loco

Los primeros que pintaron una vaca con fines publicitarios fueron los de la vache qui rit, y se hartaron de vender quesitos que los niños comimos con dulce de membrillo a toneladas. Pintar una vaca es bastante incómodo, sobre todo si la vaca es tridimensional, y no digamos nada si, además, está viva. En este caso, incluso, la Sociedad Protectora de Animales posiblemente tuviera algo que manifestar.

Madrid tiene algo más de un centenar de vacas de plástico (fibra de vidrio reforzada) pululando por ahí, pintadas como Dios dió a entender a unos cuantos artistas y aficionados . Todas sirven para hacer propaganda de Madrid, y algunas para publicitar empresas y artículos más concretos. Las gentes curiosas han recogido el mensaje de lo insólito y se han lanzado a fotografiar esos rumiantes de mentirijillas, a veces a solas, a veces junto a la parienta, el novio o los chiquillos.

Puede que haya quien suscite la vacua polémica de si esos animales pacíficos cubiertos de colorines son arte o solo son un inútil mobiliario urbano más. Nosotros nos inclinamos por lo segundo, pero no vamos a presentar ninguna batalla, la damos por perdida desde el principio. Hace ya mucho tiempo que esta sociedad llama arte a lo que le sorprende, da igual que sea un frasco con mierda de artista, un rinoceronte rojo, un tiburón mal disecado o un lienzo blanco sin pintar o coloreado de azul.

Estas vacas, en fin, no están locas. Qué va. Los que estamos locos, definitivamente, somos nosotros... queremos decir, Vds., los que aplauden como excelente la inciativa de colocar en sitios céntricos unos cuantos bichos de barraca de feria, para que sean montados, acariciados, criticados, juzgados, elogiados. Todo mientras seguimos teniendo más temas pendientes en el panorama internacional, la crisis se agudiza, las guerras injustas se prolongan, los fanatismos nos separan aún más.

Sobre lo poco que sabemos de proteómica

Estamos a punto -cuestión de quizá otro par de centenares de años- de modificación natural del genoma humano, generándose así una nueva especie, la de un superhombre, homo sapiens ultrasapiens.

Pero también podemos ver el camino mucho más corto, si admitimos que los experimentos que se han llevado a cabo con cobayas animales, -ratones-, modificándolos genéticamente, consiguiendo prolongar su vida media muy por encima de lo que es normal en su especie, y alterando su comportamiento, pueden efectuarse con igual éxito con seres humanos.

Podemos estar a punto de identificar dos tipos de seres humanos. No los blancos y los de color. No los pro-palestinos o pro-judíos. Ni suquiera los norteamericanos y el resto del mundo. Simplemente, los que puedan pagar el acceso a esas nuevas tecnologías y los que no.

El primer párrafo de este comentario corresponde a las ideas que vienen siendo expresadas, desde hace ya varios años, por el grupo de científicos que componen la plataforma World Future Society. Parecen estar convencidos de que algunos cerebros humanos han evolucionado tanto que la inmensa mayoría no es capaz, por mucho que se esfuerce, de seguir sus elucubraciones. Solo se entienden bien con los computadores y es previsible que, con un poco de ejercicio adicional de esas neuronas hiperactivas, sus sucesores genéticos conseguiríán consolidar una mutación que viene anunciándose a la chita callando.

El segundo párrafo, recoge una parte de las declaraciones de Luis Serrano Pubull, biólogo molecular del Centro de Regulación Genómica de Barcelona (EP 11.01.2009) . Su equipo está estudiando la interacción de las proteínas sintetizadas por los genomas, es decir, la secuenciación de los genes. Esa interacción es la que provoca la diferenciación de las células, lo que las hace agruparse en sistemas que constituirán los diferentes órganos del cuerpo. Obviamente, por esas interconexiones cuyo móvil es aún desconocido, se provocarían mutaciones ocasionales en las células.

En nuestro organismo tiene lugar una frenética actividad que el cerebro aún no ha sido capaz de entender más que en una mínima parte y, por tanto, no le es posible organizarla. De momento, nos contentamos con el control de algunas funciones, y, especialmente, estamos satisfechos de conseguir estimular nuestra capacidad para incorporar información con algunos trucos.

Podemos soñar en que llegará el día en el que algunos cerebros puedan lanzar órdenes para que los genomas se comporten de una determinada manera. Incluso, podría dársele información directamente, sin necesidad de que pasara por células intermedias. Podríamos saber sin haber estudiado; conocer sin necesidad de acumular experiencia. Vivir más tiempo, o todo el que apeteciera, conservando lo esencial del yo: ¿la matrícula, el número del bastidor del motor?

Hacia el exterior como hacia el interior del ser humano, qué poco sabemos de lo que nos rodea y de lo que nos conforma. Qué lejos parece estar todavía Dios en ambas direcciones...y qué atractivo resulta, para científicos como para legos, descubrir las razones predispuestas en ese campo de experimentación inmenso que llamamos naturaleza.

Sobre el miedo a manifestarse

No nos gustan (nada) los que tiran la piedra y esconden la mano. Hay muchos.

Pero tampoco nos gustan los que no manifiestan lo que piensan cuando su opinión es necesaria, los que escabullen el bulto cuando se trata de dar un paso al frente, los que escapan si se encuentran ante una injusticia, los que no quieren comprometerse.

Cada vez son más, los de un grupo y los de otro. Los del primer apartado merecen un capítulo aparte y solo son acreedores al desprecio. Los del segundo grupo pertenecen a una subespecie de naturaleza contagiosa, espantadiza, de la que se aprovechan algunos impresentables para conseguir sus objetivos.

Estos, los que se evaden creyendo no tener culpa por el mal que han causado otros, deben saber que la omisión nos perjudica a todos. Y que hay que generar el espíritu del compromiso, recuperar la valentía de decir la verdad en apoyo del que está sufriendo inmerecidamente el acoso del poder.

Hay tantos ejemplos...Javier Neira ha protagonizado, interponiéndose, un episodio de valentía frente a un maltratador. Nada desmerece, sino al contrario, sublima aún más su acción, que la víctima que quiso proteger, incapaz de superar su miedo, diga que fue un malentendido y que no estaba siendo agredida.

Pero hay otros asuntos que, sin reclamar heroísmo, como éste, se beneficiarían del paso al frente de testigos, de colegas, de amigos. Cuántas veces se deja solo frente al malfactor, a su víctima. Cuántas veces se mira hacia otro lado para no tener complicaciones: "otro lo hará", nos disculpamos.

No lo hará nadie sino lo hacemos nosotros. Paso al frente, ya.

Sobre cómo elevar la moral de los subordinados con poco dinero

Metidos de lleno en la crisis económica, y mientras nuestros dirigentes -the world leaders y los de andar por casa- se ponen de acuerdo en si la recuperación empezará a finales de 2009, durará varios años o nos hará cambiar de paradigma y nos impedirá comprar nuevos zapatos en unos años, no vendrá de más la divulgación de algunos consejos, que no exigen prácticamente desembolso, para elevar la moral de los subordinados.

Los jefes a los que van dirigidos estos mensajes son, en especial, los que trabajan en la empresa privada; es preferible que los empleen los propietarios de las mismas, aunque, excepcionalmente, también pueden ser usados por los directores generales y, ya con menos fuerza persuasoria, por los de personal, siempre que estos últimos indiquen expresamente que actúan en nombre del propietario.

Para elevar la moral de un subordinado concreto, da muy buen resultado llamarlo por teléfono, a su móvil, cuando se sepa que está almorzando con otros compañeros y/o subsubordinados, y preguntarle por cualquier tontería. Esto le permitirá alardear de excelente relación con Vd., y, al presumir ante sus colegas -incluso comentando: "es que Fulanito (usted) me trae frito para consultarme cualquier duda a cualquier hora"- su autoconfianza subirá varios enteros, y acogerá mejor la comunicación de que no va a ser posible subirle el sueldo este año.

Si llama a su dilecto machaca por la noche, a la hora de cenar, y a su casa, durante unos cuantos días (también para preguntarle o comentarle estupideces), tenga por seguro que su mujer pensará que su marido es imprescindible para la empresa y podrá soportar que este año le congelen el salario; se quejará ante el esposo de que no debiera dejar que le exploten tanto, pero él sabrá -esto es, no sabrá- a qué viene ese cariño de Vd. tan repentino y la duda lo mantendrá entretenido varios meses.

No suele fallar tampoco en eso de elevar la moral sin mucho dinero, el llevar a su subordinado de viaje con Vd. a visitar algunos clientes, y presentarlo ante ellos como su mano derecha, haciéndole algunas preguntas ininteligibles, (que él contestará como pueda) y cuya respuesta deberá Vd. alabar como si proviniera de un asesor del mismo Gobierno de la nación.

Otra opción estupenda es invitarlo a su casa (de Vd.) con su pareja, y anunciarle que cocinará Vd. mismo. Aunque tenga que mandar traer las viandas de la pizzería de al lado, argumentando que se le quemó la gallina rellena de foie y pasas, puede estar seguro que sus comensales creerán a pies juntillas que los ama, y su moral ( la de ellos) subirá unos peldaños.

Tenemos que puntualizar que estos consejos son más eficientes con varones que con hembras. Ellas, como son más listas, por designio natural, son más difíciles de engatusar. Pero para elevar la moral de sus subordinadas, suele servir, en general, la treta de compararlas positivamente con otros colegas; bajará la moral de los elegidos como conejillos, a costa de aumentar la de la fémina.

Puede intentarlo también regalándole colonias, pañuelos de seda o alabando el peinado, cómo viste o lo bien que se expresa, aunque no se lo aconsejo, pues puede ser interpretado mal, y conducirle a lío indeseado con la víctima de su estrategia o, aún peor, a que se le acuse de mobbing sexual y acabe sentándose en un banquillo entre letrados.

¿Y si usted es mujer y jefa y quiere elevar la moral de sus subordinados?. Si son varones, lo tiene francamente tirado. Basta con que tenga un detalle nimio con ellos: acordarse de su cumpleaños, pedirle consejo por cualquier trivialidad, invitarle a tomar una copa después del trabajo. No le de ninguna opción a interpretar de que trata de ligar con él, antes bien al  contrario. Deje que su imaginación (de él) calenturienta haga su papel.

Si el subordinado al que quiere engatusar es mujer como Vd., nos tememos que su intención es imposible. Puede intentarlo, sin embargo, explicándole que la empresa está en crisis y que no hay dineo para nuevas subidas ni ascensos y que una persona de la valía de su interlocutor haría bien en buscarse otro empleo. En ciertos casos, su interlocutriz sospechará que la quiere echar, y aumentará su rendimiento; pero también puede suceder que le pida "la papela" .

Sobre la financiación del modelo asturiano en época de crisis

Diversas cabezas pensantes de Asturias -como está sucediendo en otras regiones de España- están analizando a salto de mata el proyecto del Ministro de Economía para modificar la financiación de las autonomías.

Cogidos, en general, con otras preocupaciones profesionales e incluso con el paso cambiado, esos asturianos de pro, canalizan sus sentimientos e ideologías pasándolas por el tamiz de lo autonómico y su asturianismo indubitable. A la mayoría, actuando de defensores de un Estado central fuerte, conscientes o no de que la batalla está perdida, les duele -dicen- que las comunidades con más peso político sean las que se lleven el gato al agua.

Como Asturias es hoy una comunidad de medio pelo, a la que los relatos históricos antiguos atribuyen un papel relevante en la conformación de España, pero a la que su aislamiento geográfico y sus pobres recursos naturales pusieron en su sitio con una industrialización de mentirijillas, a coincidencia total en que, en el reparto, el Principado saldrá perdiendo.

No están de acuerdo esos ilustres opinantes con que la fiscalidad varíe según la residencia de cada uno, y están convencidos de que los servicios públicos y asistenciales van a tener distinta calidad entre regiones, al disponer los gestores de las competencias transferidas de más dinero.

Alguno de los encuestados pone, en nuestra opinión, mejor el dedo en la llaga que otros, estando todos avezados en eso de urgar en las heridas. Por ejemplo, el notario Angel Aznarez subraya que la crisis económica ha abierto al presidente Zapatero la opción de endeudar más al país, creando más fondos para contentar a las autonomías, sin preocuparse ahora por el déficit público, porque la Unión Europea ha levantado los controles de convergencia.

Lo que faltaba, pues. Lo que se nos vendió como bueno y necesario, imprescindible para la bonanza económica, ahora pasa a ser instrumento de gimnasio, para saltárselo entre las piernas. Cuando estamos más necesitados que nunca de contener el gasto, de apretar los cinturones y de trabajar más duro, la grave crisis ha dado al gobierno de la nación la llave de inconfundible contenido inflacionista -y, por tanto, potencialmente catastrófico- de poner más dinero en circulación, para que los socios imprescindibles de un Gobierno en minoría, lo repartan entre sus próximos.

Desgraciadamente, no es el modelo financiero estatal el que hace pupa a Asturias. Es la persistente ausencia de un modelo sociopolítico propio, capaz de vivir por sí solo, autosostenible, con base genuinamente regional, consensuado entre los partidos políticos que pululan por aquí. Un modelo de región en el que puedan encajarse, de forma coherente, reivindicaciones al estado central e impulsos propios.

Pero, ¿a quién preocupa ese trabajo?. La voz de Asturias no se oye desde hace tiempo en Madrid, y, cuando los políticos regionales se expresan es para poner el lápiz rojo del subrayado sobre lo que dicen sus cabezas de fila. Arcadia feliz ha aprovechado para crear mucha estructura funcionarial, pintar las casas, crear una inflación de museos, caminos rurales, y bares con máquinas tragaperras, olvídándose de crear oportunidades a los jóvenes.

Le iba bien a Asturias mientras era una región subvencionada. Pero ahora, cuando el modelo autonómico ha vuelto a marcar las profundas diferencias entre las autonomías de primera y de segunda, empiezan a verse muchos carteles de "se vende". No nos  referimos a las viviendas, sino a los centros de decisión empresariales, técnicos, universitarios, sociales, políticos.

Con un pib regional que se ha ido recortando hasta parecer caricatura del que era, ni siquiera pueden los asturianos pedir rascar algo del fondo de la doble lengua; porque si el andaluz es para una líder del PP (Nevrera) un acento que le mueve a risa, el bable academicu paézse mas a un inventu pa moríse mas rapidu de fame nel campu encuantes que a cuatru espabiláus dióios pa poner mas untu nel pote de fabes..