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Al Socaire de El blog de Angel Arias

Sobre la instauración de la democracia en Libia

Muamar Al Gadafi ha muerto el 21 de octubre de 2011. Según los testimonios gráficos que todos hemos podido ver, una vez que fue descubierto en su refugio en Sirte, ha sido golpeado y linchado por un grupo de milicianos. Un disparo en la cabeza terminó con su suplicio. La OTAN, según uno de sus portavoces, ha cumplido un papel fundamental en apoyo a la insurrección contra el régimen dictatorial del que fue peculiar líder del país más rico de Africa, Libia.

Mahmur Jibril, primer ministro del Consejo Nacional de Transición libio, se ha apresurado a visitar el cadáver de Gadafi, que fue llevado a Mistrata casi de inmediato, felicitando a sus captores, y afirmando con rotundidad que "no ha habido ejecución", y que la "operación se llevó a cabo según los estándares de la Corte Penal Internacional" (ICC).

No hace falta ser especialista en derecho internacional ni hacer grandes alardes de ética, para expresar, con la información disponible, que Gadafi ha sido asesinado, que no hubo intención por parte de sus captores de mantenerlo vivo para ser sometido a un juicio en el que se le diera opción de defenderse, de que su muerte evita muchas situaciones embarazosas para líderes del mundo occidental que hasta hace muy poco fueron sus amigos y que, desde luego, no se cumplieron en absoluto las normas de esa Corte Penal Internacional que pugna por hacerse un hueco, muy difícil por los continuos impedimentos que se le colocan en el camino, como organismo justiciero de un ordenamiento jurídico internacional inexistente.

La democracia en Libia está lejos, muy lejos. Los síntomas son muy evidentes. Si se levanta el cadáver de Gadafi, se sigue descubriendo un suelo de intereses, en el que se mueven falsedades, turbios negocios, colonialismo, fundamentalismos, poderes y dineros... 

Sobre la sociedad emprendedora, sus claves y sus hándicaps (y 2)

(Este comentario es continuación del anterior, que lleva el mismo título).

Bill Drayton apoya lo sustancial de su mensaje en la necesidad de formar en ese espíritu de cambio a los jóvenes, incluso desde los inicios de la adolescencia.

"Quien ha tenido una experiencia emprendedora en la adolescencia es muy probable que mantenga esa inclinación en el futuro", ya advirtió María Zapata, y repetiría "el maestro". Hay que cambiar, en consecuencia, el sistema educativo, porque es muy importante lo que traslademos a los chicos de quince años. "Our world is over", y no hay repetición: hay que enseñarles a crear.

Es en las iniciativas educativas que Drayton y sus colaboradores y simpatizantes vienen llevando a cabo como aplicación del concepto de "emprendedor social", en donde se cuentan los logros más fascinantes de su teoría, que el sociólogo tiene cuidado en desvincular de "cualquier religión, ideología, grupo de poder, o país".

Los jóvenes tienen que ser educados como "change-makers", estimulados para encontrar soluciones por sí mismos, que no les vengan impuestas. "No hay mucho tiempo para ese cambio, que debe ser provocado en 10 o 15 años" y, como fórmula magistral complementaria: "Todo puede ser mejorado, sin necesidad de cambiarlo totalmente", es solo cuestión de que cada uno se plantee, en su concreto entorno, qué puede hacer para mejorar lo que sabe.

Garrigues ayudó a que Drayton concretara el mensaje, con una observación de gran alcance: "Hay que modernizar la solidaridad", y citó a Mohamed Yunus -del que anunció su próximo paso por Valladolid, en noviembre de 2011-, en el entendimiento de que "los microcréditos son la combinación de emprendedores sociales y normales", con la constatación adicional de que "los pobres están más interesados en devolver el dinero que se les presta que los ricos".

Drayton encontró en ese momento su punto más brillante, en nuestra opinión: "Los emprendedores no deben tener una idea fija, porque su entorno es cambiante. Hay que saber construir en cada compañía la capacidad de cambiar. No se puede continuar operando con estructuras humanas que no sean capaces de cambiar continuamente."

Por eso, "part of the problem is the youth culture; we are biological organized to succed from the youth". Y como el sistema está "badly designed", tenemos que construir ese "new world" en el que la ética sea recompensada, y ese mensaje debe ser difundido por cada institución, por cada individuo. Haciendo de la pregunta de Garrigues, respuesta, "hay que educar a los jóvenes para no ser corruptos".

Hubo más ideas en la tertulia, aunque no preguntas desde el público. Fue muy interesante, y simpático, el soliloquio final con el que Antonio Garrigues Walker cerró el acto, liberado para expresarse en un español brillante, con chascarrillo incluído (se lo habíamos escuchado otras veces), que terminó con un mensaje de defensa de nuestra capacidad como españoles: "Estamos mal, pero mejor que Italia, Grecia o Portugal. Nos parecemos más a Francia. (...) Somos el país que ha tenido más cambios en los últimos 30 años y estamos en disposición de asumir las ideas maravillosas que nos has expuesto".

Sobre la sociedad emprendedora, sus claves y sus hándicaps

Fue una reunión bien intencionada. El salón de actos de la Fundación Rafael del Pino aparecía abarrotado de público, quizás más distendido  y dicharachero que otras veces, ocupado en abrazarse y besarse (al menos, los de las tres primeras filas del auditorio, las "reservadas") y, por ello, algo resistente a ocupar sus asientos, prestando oídos sordos a las indicaciones del anónimo maestro de ceremonias, y alargando así unos minutos el comienzo del acto.

"Las claves para una sociedad emprendedora", fue el ambicioso título de la conversación que mantuvieron el 19 de octubre de 2011, Bill Drayton (al que se le entregaría el premio Principe de Asturias de la Cooperación Internacional 2011 el viernes siguiente), Joaquín Garrigues Walker (presidente de la comisión que se lo otorgó, en junio de ese año) y Zaryn Dentzel (fundador de Tuenti).

Antes de la intervención de Drayton, María Zapata, directora de Ashoka-España (1) y María del Pino Calvo-Sotelo, presidenta de la Fundación que nos acogía, pronunciaron sendas breves alocuciones (brevísima, la de la hija del empresario que fundó Ferrovial, que se limitó a dar la bienvenida y recordar el propósito fundacional de la ONG anfitriona).

María Zapata aprovechó el espacio publicitario para presentar la idea que subyace como motor de Ashoka, elogiar al ponente principal ("quien acuñó el término de emprendedor social"), y solicitar el apoyo para la entidad, que cuenta en España con 24 emprendedores especiales, que "decidieron cambiar el mundo". (2)

El plato fuerte se digirió con más pena que gloria. Las razones son varias. En primer lugar, el mensaje de Drayton parece enmarcable entre las iniciativas voluntaristas, esas que a los que tenemos el rostro curtido nos parecen impregnadas de bonhomía, válidas a microescala, pero quiméricas como objetivo para modificar las razones del mundo, que se tejen con urdimbres más bastas (que también se puede calificar de más sutiles, sin hacer desmerecer la idea).

El diagnóstico no es descabellado: "Los procesos son tantos y tan rápidos que es imposible que unos pocos puedan lograr el cambio total". La conclusión es ya más problemática: Por eso, se necesita que "toda la sociedad se concentre en encontrar soluciones", se convierta en una sociedad de "change-makers".

En segundo lugar, Drayton habla para un público muy especial, aunque no necesite reconocerlo así: los que creen que Estados Unidos es un país que tiene soluciones para todo, grupo de devotos que en Europa ha perdido muchos adeptos. La visión de Europa que tiene Drayton se debe asemejar, además, a la de imaginársela como un carromato conducido por dos caballos percherones: el bueno y dócil que personifican Reino Unido, Alemania y Francia, y otro indómito, imprevisible, que conforman los países del sur, entre los que se encuentra la folclórica España.

Garrigues, teórico conductor del coloquio, pretendió una y otra vez "to insist in the basicalities", pretendiendo hacer ver al laureado Drayton que, entre nosotros, a diferencia de en USA, la "civil sociaty" no juega mucho papel, y que eso de que "todo el mundo quiere ser change-maker" no es aquí tan creíble, además de que no se entiende bien "cuál es la principal diferencia entre un business y un social entrepreneur".

Como Drayton se extendió por los cerros de Ubeda (o sus similares en Arlington), acudió en ayuda de Garrigues y de su inglés (bueno; pero ineficaz para contener verborreas), ese aún joven con aire de permanente iconoclastia que es Dentzel, preguntando por su parte acerca de qué habría que hacer para cambiar el ciclo, cómo se podría conseguir que un empresario social tenga éxito, en un país en el que el 40% de la gente que busca empleo son jóvenes que nunca han tenido ninguno, y que desearían es ser funcionarios (public servants). 

En fin que, reforzando el negro diagnóstico -en lo que demostró Dentzel haber conseguido una perfecta aclimitación al espíritu hispano- tenemos aquí un "big economic problem", porque "while the system is coming down" se nos pide crear oportunidades y no sabemos, ya que las escuelas de negocios proponen caminos trillados y la cultura del pelotazo ("getting quickly rich", tradujo Dentzel) está muy cómoda entre nosotros.

(continuará)

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(1) El nombre de Ashoka, según ha expresado Drayton y repiten sus seguidores, fue un emperador indio que vivió 3 siglos antes de la era cristiana que, después de haber luchado bravamente para unir una zona del sur asiático, renunció a la violencia, abrazó el budismo y se dedicó a realizar proyectos sociales. La Fundación, creada en 1980, tiene más de 1.600 miembros con categoría de "fellow", distribuídos en 60 países y cuenta con un presupuesto de más de 30 mill. de dólares.

(2) Entre ellos, nuestro amigo y colega José Manuel Pérez (Peridis), inventor de ValNalón; el polifacético arquitecto-dibujante de tiras cómico-políticas, José María Pérez (Peridis), fundador de la Asociación de Amigos del Monasterio de Santa María la Real; y Rodrigo Aguirre de Carcer, impulsor de las ventas en internet de donaciones en especie, a través de SocialBid.es

Sobre indignados, expectativas y opciones

No es la primera vez que dedicamos este Comentario al "movimiento de los indignados". No será, damos por seguro, la ultima. En esta ocasión, queremos llamar la atención sobre los riesgos de dejar que el malestar social se incremente, alimentando, además, el descontento con promesas imposibles o descalificaciones frontales, de quienes detentan alguna parcela de poder. Vengan de partidarios como de contrarios.

En nuestra apreciación, estaríamos, formalmente, -en lo que respecta a los que protestan de forma masiva, heterogénea y contundente- en una situación prerevolucionaria. Lo estamos, específicamente, en España.

No ha de caerse en la visión condescendiente ni en la pretensión simplista de que todos los indignados expresan el mismo descontento; tampoco es cierto -esto, incluso, ya por evidencias, no por presunciones- que en todos los Estados y lugares la forma de controlar, acallar o compensar ese malestar esté siendo la misma.

La situación es especialmente delicada en España porque se reúnen varios elementos, algunos, desde luego, no específicos, pero en concurrencia peligrosa, que proporcionan el peculiar caldo de cultivo para que los desórdenes que toda movilización de descontento de base amplia se conviertan en una explosión destructiva, puede que incontrolable.

No será necesario más que enumerar sucintamente los principales motivos de inestabilidad para hacer sonar las alarmas: cinco millones de parados, una parte importante de ellos, jóvenes (y otra, nada despreciable, mayores con experiencia pero aún peores expectativas); descrédito de la clase política, concentrada, desde luego, en el partido aún en el Gobierno, aunque también reforzada por una oposición principal ruda, improvisadora, confusa y otra oposición secundaria, consciente de su marginalidad, utópica; ausencia de líneas claras que sirvieran de apoyo para emerger del bache (por falta de análisis, por improvisación, por dificultades reales de encontrar propuestas viables y, más, en corto plazo); descrédito de las instituciones, por motivos varios, pero tenidos por consistentes por quienes los desacreditan (poder financiero, empresarial, judicial, policial, docente...)

Es imprescindible retornar a la calma, concentrar constructivamente las propuestas, analizar su viabilidad, trabajar juntos y no contra, recuperar a los mejores y defender lo que se ha hecho bien y, sobre todo, por parte de quienes tienen o van a tener la opción de gobernar el país, hablar con claridad, distinguiendo lo que es posible, lo imposible, lo inútil y lo que no harán jamás, porque no está en su programa (aunque no lo hayan publicado).

Hay que salir de la situación prerevolucionaria, concentrando esfuerzos, no en el odio hacia quienes lo han hecho mal, no en la pretensión de destruir lo que no nos gusta, sino en lo que queremos hacer bien, y en el apoyo a lo que nos permitirá reconstruir, con otros mimbres, pero la misma base del cesto, un recipiente mucho más acogedor. Otras opciones pasan por mucha más sangre, sudor y lágrimas y, por lo conocido de nuestra Historia, no conducen a ningún sitio.

Sobre lo que cobran ciertos ejecutivos y porqué

Los arrebatos de sesgada transparencia que, de cuando en vez, soplan en nuestra sociedad, se han cebado recientemente en los honorarios de algunos ejecutivos españoles y las indemnizaciones que perciben cuando las instituciones a las que han entregado lo mejor de sus talentos, deciden prescindir de sus servicios.

Claro que es un escándalo que, cuando millones de conciudadanos se encuentran en desempleo y otras decenas de millones más sufren la angustia de un panorama económico lleno de inestabilidad, ciertos personajes de la empresa -parece que, fundamentalmente, dedicados al sector financiero, pero no solo- tengan resuelto su porvenir económico con contratos anuales fuera de ética (aunque dentro, claro, del mercado), incluyendo a veces percepción de salarios de por vida (a cambio, en este caso, sin error posible, de no hacer nada) y engalanados con estrambóticas cláusulas de rescisión que les garantizarán un retiro sin preocupaciones por dinero.

La casuística de cómo se han aprobado unas remuneraciones y compensaciones que ni siquiera tienen cabida en el campo de la imaginación de la inmensa mayoría de los españoles -para los que un salario de 20.000 euros al año es ya un motivo de satisfacción-, es muy amplia.

Algunos miembros de la alta dirección han aprovechado las vacaciones de agosto del resto de los consejeros de sus entidades y la sospecha (pronto acreditada) de que iba a ser sustituidos, para aprobar cláusulas de apalancamiento en sus contratos. Una actuación analizable en el campo de la ética básica y seguramente, además de la sanción moral, merecedora de reproches jurídicos.

Pero la mayoría de esos beneficiarios de honorarios y cláusulas desorbitadas disponen de contratos aprobados con toda la sacramentalidad exigible, han sido incorporados a sus papeles que los definen como personal de alta dirección con todas las de la ley, y fueron consensuados con los miembros de los consejos de administración de sus entidades, amén de registrados con la exigible transparencia normativa en los libros de contabilidad, auditados conforme a las habituales prácticas y refrendados en los exactos asientos precisados del Plan General Contable.

Hay que admitir, entonces, que lo merecen, que personas que entienden de esa cosa llamada mercado saben muy bien porqué hay que remunerar con honorarios de varios millones de euros al año a ciertas personas y, cuando por la razón que sea, y hay que suponer que muy a su pesar (de ellos y de otros), se deba prescindir de sus servicios, haya que premiarlos con una bolsa de despedida que sea sustancial, que supere lo simbólico, para que el dolor de la marcha les sea soportable y las dificultades de encontrar un nuevo empleo de ese nivel puedan ser asumidas sin peligro de su desmoronamiento sicológico, que tal vez pueda provocar el que se dediquen a contar secretos, fórmulas, conductas, que la plebe no debe saber, porque no sabría cómo interpretarlos.

Por supuesto que es pésimo que haya trascendido que tales prácticas existan.  Es desestabilizador. ¿Por qué merecen tales emolumentos? ¿Qué hacen, qué conocen, a quién sirven? ¿Dónde han aprendido esas artes, la confección de pócimas y jarabes tan excelsos, los secretos de una ciencia -exotérica o documentada- que les eleva sobre los demás mortales?

Puede que no lo sepamos nunca, pero, al menos, la información recibida ha conseguido colocarnos la mosca detrás de la oreja. Y zumba, vaya si zumba.

 

Entre tanto

Nos encontramos, claramente, en un intervalo: en un momento de transición, que es, al mismo tiempo, de despedida y preparación. Si estuviéramos asistiendo a un espectáculo, se estarían yendo los que han ocupado el escenario durante el acto o representación anterior y, detrás del telón (entre bastidores), se habrían ido concentrando -afinando la voz, templando instumentos o repasando partituras, letras o libretos-quienes intervendrán a continuación.

Pero no somos espectadores, sino actores. En el patio de butacas, no hay nadie. Todo el espacio es escenario. Y no se está representando nada; mejor dicho, lo que estamos viviendo es la realidad, la única plasmación de una composición colectiva que estamos construyendo a medida que van ocurriendo las cosas.

Observando en rededor, sorprende, sin embargo, el aumento de grupos y la constatación de actitudes que responden más a la naturaleza del espectador o a la idea de que están participando en un ensayo -puede que hasta crean que un ensayo general- de la actuación definitiva, que llevarán a cabo ante un selecto público -allegados y amigos- que les aplaudirá, entregado, en ese momento de la verdad para el que se estarían preparando.

No hay tal. Es cierto que, ante la actuación de los grupos que se puedan formar en ese escenario global, hay observadores. Forman parte de otros grupos, y sacan consecuencias, principios y normas de acción que les servirán para controlar, impulsar o destruir lo que les apetezca del magma de resultados que se va formando a cada instante.

Resulta inquietante -una palabra polisémica, desde luego, que refleja el estado de ánimo del que no se atreve a predecir las consecuencias de lo que está viviendo- que, por todos los síntomas, esté creciendo el número de los que creen estar representando un papel, sin valorar las consecuencias. Protestan, se indignan, pero ya no son capaces de saber contra qué o contra quién.

Hay actitudes marginales que son fáciles de detectar y que carecen de futuro por su propio planteamiento folclórico. En el día de la Fiesta Nacional española del 12 de octubre, grupos de descontentos gritaban: "¡Zapatero, vete ya!" (las elecciones generales serán el 20 de octubre y el actual Presidente de gobierno no es candidato). Desde un punto muy visible, con insolente persistencia, unos alborotadores sistémicos enarbolaban varias banderas preconstitucionales. 

Pero otras actitudes no son marginales y, sin embargo, no han conseguido concretarse como opción de futuro. Posiblemente, la razón es doble: no existe liderazgo y no existe programa definido.

El ex-presidente González, (Los desayunos de la Uno, 17.10.2011) se refería a la facilidad con la que, a pesar del cambio de nombre de las organizaciones indepentistas en el País Vasco, los simpatizantes de las formaciones abertzales no se equivocan al decidir a quién votar. Aunque cambien los nombres de las listas, existe una intención política concreta -se podrá criticar o estar de acuerdo con ella- y un liderazgo coherente en el mensaje.

En nuestra opinión, UPyD, Equo, IU y esos otros partidos que buscan incrementar sus apoyos parlamentarios deberían tomar una decisión sobre la claridad de su mensaje, concretándolo en líneas de acción, y no tanto como Gobierno que nunca serán de forma independiente, sino ante la eventualidad de una coalición. Será la forma de forzar al PP, que no cree necesitar programa, dado el descrédito del otro partido principal y de su líder hasta ahora, a que matice el suyo.

Será también la manera de que el PSOE, con un candidato locuaz y un programa construído con la recuperación de cascotes y restos de los destrozos sobre la marcha, -consciente de que no tiene opción de seguir en un gobierno en solitario-, se acerque a lo que desean los partidos minoritarios -la parte resulte viable, no la testimonial o la estrafalaria-, y asistamos, por fin, a un verdadero debate entre opciones de Gobierno.

Entre tanto.

Sobre la necesidad de encontrar un culpable cuanto antes

Sobre la necesidad de encontrar un culpable cuanto antes

Se nos está haciendo imprescindible encontrar un culpable del malestar que nos acogota, para tener la satisfacción de inmolarlo en la picota. Esta búsqueda del culpable único de todos los males se va haciendo cada vez más complicada, en la medida que se van incorporando descontentos e indignados a las manifestación de disgusto, abarcando ya prácticamente todos los países, todas las ideologías, todos los regímenes, todas las economías.

La adhesión al movimiento de los indignados (al fin, otra palabra española incorporada al inglés, junto a corrida, toros, guerrillero, adiós y amigo) por parte de una masa creciente de norteamericanos descontentos acaba de hundirnos los palos del sombrajo. Nos confirma que todo el mundo, quién más quien menos, tiene algo de qué quejarse.

Nos falta saber ante quién, y esto ha pasado a ser una necesidad urgente. Tenemos que encontrar el buco emisario para inmolarlo ante el Gran Solucionador.

Entendíamos perfectamente que se protestara contra la incompetencia de los políticos para ofrecer soluciones y no nos importó decir que no nos representaban, aunque los hubiéramos elegido.

Nos pareció de perlas que se criticase la avidez y falta de solidaridad de los banqueros, aprovechándose del estado de necesidad de los más humildes, aunque tampoco nos había importado acudir a ellos para que nos prestaran el dinero con el que comprar la casa, el coche y el ordenador a cambio de enseñarle a un empleado tres nóminas de precario.

Aplaudimos enloquecidos cuando, en la llamada primavera árabe, supimos que miles de descontentos de regímenes autoritarios y retrógados, pedían la instalación de la democracia en sus países (es decir, la incorporación de ciertas libertades mínimas) y, más en particular, creimos entender que las mujeres serían reconocidas como iguales en derechos a los hombres. A nosotros, concentrados en la solución de problemas más elevados, esas protestas, catalogadas de otra índole (inferior o más elemental), no nos distrajeron.

Nos alarmó, sin embargo, advertir que algo raro estaba sucediendo cuando miramos a los que protestaban y vimos que muchos de los que deberían estar, por puridad, al otro lado -ser destinatarios de las protestas y no sus protagonistas- se nos acercaban y aplaudían o vociferaban lo mismo que nosotros.

Parece, en fin, que nos hemos decantado por pedir el "cambio global", esto es, el cambio total, que tiene que ser algo así como hacer lo contrario justamente de lo que hemos estado haciendo hasta ahora.

Como el inocente gatito del chiste al que sus compis mayores llevaron a conocer las delicias de una noche de juerga -que el bisoño nunca había disfrutado-, y que resultó muy especial porque, desgraciadamente, fueron descubiertos por un perro feroz que se la amargó, podemos decir, mientras damos vueltas a la farola, perseguidos por el perro a punto de mordernos. "¿Sabéis una cosa?. Ahora que sé lo que va a ser el cambio global, yo me apeo en la próxima".

Porque manifestar que todos estamos descontentos no es una opción política, ni un programa, ni un objetivo, es un deporte, una catarsis.

Tras las privatizaciones, ¿qué?

El asunto de las privatizaciones no es para despacharlo con un par de líneas, desde luego. Un análisis simplista -y más bien trasnochado- podría enfatizar que las Administraciones pasan a manos privadas los proyectos públicos más eficientes, obteniendo por ellos bastante menos dinero que el que después conseguirá el gestor privado.

Para justificar ese milagro económico, se ha defendido con ahinco que las empresas privadas son más eficaces en la gestión que los estamentos públicos, porque disponen de mejores recursos técnicos y tienen medios más persuasivos para obtener el máximo rendimiento de su personal, encontrándose, para mejor abundamiento, libres para otorgar más responsabilidad al más capaz.

Los gobiernos de un signo político como de otro le han encontrado gusto a eso de las privatizaciones. Se reconozca o no, la razón principal reside en la mayor facilidad para obtener financiación por parte de las empresas privadas y, ya a un nivel más rastrero, en la capacidad de estas últimas para convencer al responsable político de las ventajas (personales y generales) que esa decisión puede aportarle.

Se ha privatizado, siguiendo a veces caminos complejos, la gestión de servicios esenciales (agua y residuos, en menor medida, sanidad, cementerios, cárceles, etc.) a cambio de entregas de capital (cánones, precio de acciones, compra de activos, etc.) que han venido a solucionar problemas de corto plazo de las Administraciones, que se han apresurado a hacer con esos dineros extraordinarios incluso fuentes, parques, asfaltados, aceras y algunos chalets en zonas privilegiadas, además de tapar agujeros presupuestarios.

Junto a estas privatizaciones -por las que, en general, los otorgantes defienden haber cedido la gestión, aunque no el control de esas materias, que dicen mantener en manos públicas- hay otras por las que se venden empresas públicas que han crecido al abrigo de monopolios o explotaciones de materias primas, recursos o tecnologías que en su momento se juzgaron importantes para el país.

Para dar apariencia de que se han salvado los muebles principales, se acostumbra reservar un porcentaje simbólico en esas empresas para los representantes de la Administración pública -un puesto en el Consejo, derecho de veto ante ciertas decisiones,..."acciones de oro", por su teórica ventaja diferencial-. Sería imprescindible analizar, caso por caso, las consecuencias de ese precario control y de qué manera es ejercido.

En la intención de poner un mínimo orden en el esquema mental que juzga las privatizaciones, se nos ocurre clasificarlas de esta forma:

-privatizaciones de servicios públicos esenciales. Dependen de la tarifa o precio que se fije, y que pagará el usuario. Ninguna empresa particular asumirá trabajar con déficits, a diferencia de los gestores públicos, que, llevados por la presión ciudadana, son generalmente conducidos a dar un servicio que no se corresponde con lo que paga el que lo disfruta. En consecuencia, los precios de los servicios subirán, a partir de la privatización de la gestión, cubriendo, no solo los costes y garantizando, por supuesto, el beneficio de la empresa concesionaria (o la fórmula de enajenación que se haya utilizada), sino haciéndose progresivamente opacos para la Administración pública, que difícilmente podrá librarse de un alto grado de dependencia de la primera.

-privatizaciones de empresas consideradas básicas (generalmente, por el empleo local que producen) y que, por circunstancias no siempre analizadas con objetividad, no son rentables. Tenemos en Europa (es decir, especialmente en España y países con tradición minera o metalúrgica), muchos ejemplos de privatización de empresas que, después de haber sido consideradas modelicas de la gestión pública, han sido cedidas o malvendidas a la gestión privada "para garantizar su viabilidad". No es raro que, al cabo de unos años, esas empresas privatizadas vuelvan, aún más lastradas de problemas, al redil de lo público, o desaparezcan definitivamente, a pesar de los intentos de reflotación con  subvenciones, programas de prejubilacion, ayudas a la reconversión y otras fórmulas del imaginario de la colaboración público-privada. 

-privatizaciones de empresas rentables, nacidas de oportunidades tecnológicas, restos de la autarquía (fundamentalmente, en el sector de Defensa), centros de investigación públicos, y -no estamos seguros de ser exhaustivos- monopolios estatales. La venta de estos verdaderos ejemplos de éxito de la gestión pública suele hacerse en subastas a las que se presentan pocos licitantes y su precio pocas veces responde a la hipotética transparencia del mercado. Nunca están claras cuáles son las razones por las que la estrategia pública respecto a esas empresas y sectores se ha cambiado, ya que su venta se acostumbra a ligar a compromisos de compra por parte de los departamentos administrativos que garanticen la viabilidad de lo que antes fueron joyas de la corona.

 

 

 

 

En Chile, los españoles podemos poner más energía

El Ministro chileno de Industria y Energía, Rodrigo Alvarez Zenteno, empezó su charla en el Foro de la Nueva Energía el 14 de octubre de 2011, con un reconocimiento a su abuelo paterno, "joven asturiano que recaló a principios del pasado siglo en la Patagonia" y que, por lo que luego precisó, se casó con una asturiana.

Si cabe encontrar un hilo conductor a la alocución, Alvarez Zenteno pretendió animar a las empresas españolas a que inviertan en Chile, y mantengan las expectativas respecto a las inversiones que ya efectuaron allí. Hizo la presentación del conferenciante el ministro español del ramo, Miguel Sebastián, (breve en el verbo y átono en el espíritu) y cerró el acto, en poco más de un minuto, el Presidente de UNESA, Eduardo Montes.

Por lo oído, el día anterior habían tenido una cena varios representantes de las empresas con el Ministro y el embajador (Sergio Romero) chilenos, en la que se trataron -hay que suponer que con rapidez supersónica, entre plato y plato y el bullicio- los temas principales que afectan a la colaboración española en el sector energético chileno.

Imaginamos también que habría tenido en la mesa un lugar preferente los representantes de Aguas de Barcelona-Suez (1), principal accionista de Aguas Metropolitanas, filial a su vez de Aguas Andinas, en la que recientemente CORFO -la entidad estatal para que controla con su derecho de veto y sus participaciones, el sector hídrico- desinvirtió hasta quedarse por debajo del 5%, ingresando casi 1.000 millones de dólares.

Alvarez Zenteno hizo el doctorado en Derecho en la Universidad de Navarra (tiene también un máster en Harward) y posee amplia experiencia en la bancada opositora al Gobierno de coalición que retuvo la presidencia de Chile durante 20 años, y cuyo último representante fue Michelle Bachelet. Su sintonía con el actual Presidente, Sebastián Piñera, debe ser muy alta, por el número de veces que se refirió a el en su alocución, siempre de manera elogiosa e incondicional.

Problemas que resolver no faltan al casi recién estrenado ministro (lleva dos meses en el cargo, aunque antes estuvo como viceministro de Hacienda), y entusiasmo para abordarlos, tampoco. Hace una semana, Chile se vió afectada por un apagón que alcanzó a más de 1.000 km de red y puso en solfa la capacidad del sistema eléctrico para soportar un crecimiento del pib del 6% anual y alcanzar esa meta de "ser el primer país del cono sur que sale del subdesarrollo", que se fijó, por gobiernos anteriores, para finales de la década pasada ("en la que vivimos en peligro", apostrofó Alvarez Zenteno, recurriendo a la filmografía).

La interconexión de los dos sistemas eléctricos principales internos fue definida como una de las prioridades del Ministerio chileno. Para la unión del sistema de Norte, -eje Iquique, Antofagasta y Arica-, sesgado hacia las necesidades de la potente industria minera de la zona, con el del Centro (Santiago-Chiloé), se había aprobado una inversión de 1.000 mill. de dólares que, recientemente, al plantearse la revisión completa del sistema de transmisiones, se ha visto como insuficiente, estando prevista una ampliación en otros 600 mill.

La interconexión externa del sistema, principalmente con Colombia -pero también con Ecuador, Perú, Argentina y Brasil, en la idea de lograr una red de intercambios eléctricos en el cono sur- es una preocupación adicional, siendo analizadas las previsiones de demanda en los próximos 30 años.

"Necesitamos el conocimiento de las empresas españolas", y no solo la inversión, afirmó el ministro chileno. España es actualmente el segundo país inversor en Chile, muy cerca ya de Estados Unidos. Se han valorado en 9.000 Mw las necesidades energéticas adicionales hasta 2020, sobre los 6.000Mw actualmente disponibles que deberán provenir -además de la oferta hidroeléctrica, recurso sustancial para el país- de otras ERNC (energías renovables no convencionales): solar, geotérmica, eólica (incluída, o, tal vez, en especial, la marina) y biomasa.

En respuesta a preguntas sobre la situación normativa, Zenteno defendió el mantenimiento del Decreto sobre racionamiento, lanzado por su antecesor, hasta abril de 2012, y se refirió a la evaluación de cambios legales en materia de los concursos de ERNC, -"imprescindible despejar el debate en dos meses"-, para precisar la forma de adjudicación (por tecnología, subasta, firm prices, tarifas por bloques, etc.).

En cuanto a los incentivos a la inversión extranjera, el Ministro, manteniendo un tono general, dejó anotado que "dependiendo de la zona del país, existen varias excepciones tributarias". "El espacio es inmenso"- dijo- en energías renovables, con inversiones respaldadas por el Estatuto de Inversión Extranjera, y no solo se concretan en el SING (Sistema Integrado del Norte Grande).

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(1) El nombre no confunda al lector: Se trata de una empresa francesa.

Por qué no es noticia que un hombre muerda un perro

Suponemos que en las facultades de periodismo más rancias seguirá ilustrándose a los alumnos de primer curso que no es noticia que un perro muerda a un hombre, sino al revés. Lo que ya no estamos tan seguros es de que se les indique que, para que exista tal noticia, el hecho real tiene que haber sucedido.

Además, si se analiza con calma, la reflexión ha perdido sentido. Claro que es noticia que un perro muerda a un hombre. Depende de quién sea el propietario del perro o de la personalidad del mordido, de las circunstancias, del tamaño de las heridas causados. La materia, convertida en noticiable de primer orden, puede dar pie a muchas páginas de comentarios y a muchos espacios televisivos.

Y esto vale para mordiscos como para cualquier otra actividad humana, independientemente de su aparente trivialidad. Bodas, encuentros deportivos, separaciones o roturas de menisco pueden ser objeto de pública atención.

Ah, pero, además, es muy importante cómo se cuenta la noticia, dónde se pone el énfasis, y no en último lugar, qué se oculta al exponerla. No es lo mismo que el perro te muerda en una gasolinera que en tu despacho oficial, o que su propietario sea un constructor o un amigo de la familia. Y la habilidad del periodista puede iluminar más una parte de la herida, detallando con minuciosidad el tamaño del mordisco, o detenerse en especular sobre las circunstancias misteriosas que habrían llevado al sufridor del ataque cánido hacia parajes tan poco poblados, aunque al día siguiente haya que desmentirlo todo sin empacho.

También -y dado que cada día hay, por desgracia, varias personas mordidas por perros- es importante que, dependiendo de lo que se llama la línea editorial del medio, se seleccionen los materiales recogidos,  dando preferencia a unos mordiscos respecto a otros.

Concediendo a algunos sucedidos más espacio que a otros, se podrá tergiversar su homogénea esencia, dando la impresión de que en algunos lugares (poblaciones, sectores, facciones políticas,...) se presentan con mayor frecuencia, aunque no exista fundamento empírico ni científico alguno; al consagrar más intensidad a algunos detalles, se puede lograr que quien recibe la información se convenza de que hay ciertos perros que son más peligrosos aunque su naturaleza, por raza y hábitos, deba ser calificada de pacífica; puede difundirse, en fin, que algunos dueños aparezcan como menos cuidadosos -¿qué razón existía para denunciar la mordedura, pretende distraer la atención de hechos más graves?-, por más que, en realidad, pertenezcan al grupo de los mejor concienciados, o que, como hay víctimas más sensibles a las mordeduras y no faltan ánimos provocadores , no se deberá descartar que las víctimas sean ellas mismas, las principales culpables -¿quién es más pecador, el corruptor o el corrompido? ¿quién nació antes, el huevo o la gallina?-.

Estamos tan obsesionados con escudriñar en algunas mordeduras que nadie parece haberse dado cuenta de que, siguiendo con las metáforas, y manteniendo el cariño debido a los animales, "menea la cola el can, no por tí, sino por el pan", y que "al perro viejo todo se le hacen pulgas", ni con el valen tús-tús (ni tutús), por no decir que "el perro ladrador es poco mordedor", siendo gran verdad, desde luego, que "muerto el perro se acabó la rabia", y que todo es cosa, si el perro molesta o tiene más peligro, en formar buenos laceros que los cojan y les den para el pelo.

Es decir, en román paladino, si se vigila el régimen de vida de los que gestionan los bienes comunes, si se investigan las cuentas de los partidos políticos, si se controlan las adjudicaciones de servicios y obras públicas, si se exige como premisa fundamental honestidad, solvencia y claridad a todos cuantos ocupen puestos relevantes en la sociedad -en los sectores públicos como privados-, no habría corruptores ni corrompidos, ni escándalos ni prescripciones de comportamientos delictivos.

Y si los informadores, en lugar de detenerse en los pequeños escándalos y regocijarse de haber domesticado a los chiguaguas, se atrevieran con los pitbull y los bichos de más porte, apuntando los tiros hacia las guaridas de los mayores delincuentes, esto es, si en lugar de perseguir trajes y jamones fueran al núcleo de las cosas, puede que corrieran grave riesgo de encontrarse sin su empleo, pero todos tendríamos la tranquilidad, por una vez, de que a ambos lados de la información se han instalado las mismas preocupaciones: conseguir que los perros no muerdan a los transeúntes pacíficos o a sus dueños, sino que los distingan y defiendan, concentrando sus habilidades en amedrentar a los asaltantes y ladrones; y que, en tiempos de pan como de carne, no se refugien en la caseta con su rabo entre las piernas.

Perros, en fin, que acierten cuando muerdan y que, después de haber mordido, no aflojen la mordida, dejando escapar al intruso a cambio de una golosina.

Sobre gurullos, borras y pebusillas de la Fiesta Nacional

Sobre gurullos, borras y pebusillas de la Fiesta Nacional

El 12 de octubre se celebra la "Fiesta Nacional" de España. Así, sin complementos ni otros adjetivos. A pesar de la que está cayendo, espíritu de Fiesta, sí que se advertía por las calles de Madrid.

El desfile militar -inimaginable, parece, una fiesta nacional sin desfile de uniformados- concentró esta vez más gente que otros años, tal vez por el refuerzo notorio de muchos padres jóvenes de camisa a rayas (ellos) y pantalón blanco (ellas), que mostraban orgullosos a sus niños rubios portando banderitas rojigualdas, que se echaron a la calle en un primer ensayo de lo que será el día 20 de noviembre por la noche.

Cierto es, con todo, que, salvo quienes pusieron en peligro su integridad física subiéndose a farolas y otros adminículos que habitualmente sirven de impedimento al tránsito peatonal (y, por supuesto, quienes ocupaban las tribunas oficiales), la inmensa mayoría del público tuvo que contentarse con ver desfilar únicamente cabezas de soldados, puntas de banderolas e imaginar el cuerpo de los tanques por la parte terminal de las torretas.

La excitación que provocan estos actos y la necesidad de nombrar culpables a lo que nos pasa, provocó seguramente que, al final de la parada, la atención de una parte del público se concentrara en proferir silbidos indiscriminados al paso rápido de los coches oficiales, gritando incluso algunos un anacrónico "ZP, véte ya", y sin que faltara el grupito de macarras de pelo rapado, cazadora de plásticos y banderola inconstitucional.

Respecto a lo de Nacional, que es el único adjetivo que le queda a nuestra fiesta principal, no podemos alardear de haber profundizado, en lo que llevamos de democracia, en el concepto de "nación" (a la que hemos despojado, por lo demás, de su "destino universal"). Más bien, se nos ha ido la mano entre nacioncillas y nacionalidades. Todos hemos defendido en el bar de la esquina que las mejoreslonganizassonlasdemipueblo, lo que traducido en búsqueda del voto descontento implica, al parecer, defender con tono agrio que, más allá de las montañas y muntanyetas, viven bárbaros que hablan otro idioma, no dan ni clavo y nos quitan los dineros.

Algunos -mal informados- pueden creer que en tal día como hoy se conmemora el descubrimiento de América por Cristóbal Colón, pero no es así. Colón no era español, estaba convencido de que la tierra que pisó en 1492 pertenecía a las Indias orientales y, para más Inri, ya la habian descubierto otros algo antes, además de los propios aborígenes que venían de ser mucho más listos (¡listísimos!), que sus presuntos conquistadores del otro lado del océano.

Tampoco se celebra el Día de la Raza, porque se sigue distinguiendo muy bien a los aymaras, quechúas y tantos otros indios supervivientes, de los españolitos de a pie. Por si no bastara, la opinión antropológica más cualificada está casi convencida de que la raza humana es una sola, por lo que tampoco sería cosa de celebrar el orgullo de haber nacido humanos. ¿Ante quién, ante los insectos o las babosas?

En fin, que esta Fiesta Nacional se nos ha llenado de gurullos, borras y pebusillas (1). Como, además, hemos sabido que el Ministerio de Defensa no tiene para pagar los cursos de formación para manipular los tanques y aviones más modernos que ha comprado con préstamos del de Industria, y no va a ser cosa de pedir ayuda a Santiago Matamoros (Patrono de los Ejércitos), -aconsejamos más bien, cambiarle el nombre, por lo de Alianza de Civilizaciones, si es que aún queda algo- habrá que pensar en que las próximas celebraciones sean, a la par que más discretas, más civiles.

¿Qué tal sacar a pasear a diversos estamentos y grupos de la sociedad civil por la Castellana, con sus reivindicaciones, signos y pancartas?. Puede resultar lucido y servirnos de gran catarsis.

Imaginemos al comentarista ceremonial diciendo con voz tonante por los altavoces: "Viene ahora, encabezando una representación de los titulados universitarios en paro, el presidente de la CRUE y varios rectores y catedráticos de nuestros prestigiosos centros escolares. Algo más atrás, recibidos con respetuosos aplausos, vemos, luciendo sus vistosas togas y birretes ceremoniales, un grupo de magistrados y jueces de lo Contencioso-Administrativo, seguidos por un grupo de justiciables arrastrando una camioneta con una pequeña muestra de los asuntos que sus Señorías mantienen retrasados desde hace, al menos, un trienio...". Etc.

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(1) La palabra "pebusillas" no ha sido reconocida por la RAE ni por ningún otro diccionario que haya sido incorporado a las fuentes de internet. La utilizamos aquí como alter ego de "pelusillas", los residuos de aspecto algodonoso, y de naturaleza promiscua, de los que se encuentran sistemáticos ejemplares bajo los muebles de las casas, en especial, de las camas, cuando se observan al trasluz.

Conviviendo con sistemas de desequilibrio generalizado

Quienes tuvieron la oportunidad de asistir el 10 de octubre de 2011 a la presentación del libro "The Spanish Economy: A general equilibrium Perspective", se encontraron con un regalo inesperado. (1)

José Manuel Campa, secretario de Estado de Economía y Hacienda, que debería, según el Programa, haber intervenido como presentador o glosador de la publicación, puso sobre la mesa de operaciones, utilizando como pretexto el modelo de simulación económica que habían utilizado sus autores -y el propio Ministerio-, las líneas claroscuras del panorama actual de la economía española.

Lo hizo con magnífica consistencia, rotundidad y fluidez verbal: como quien se sabe bien de qué pie cojea el sujeto, aunque no tenga en su mano la solución para ponerlo a andar correctamente.

Campa no tuvo empacho en definir la actual situación como "crítica", aunque matizó muy bien porqué. "No es necesario acudir a la imagen de un extraterreste que visitara la Tierra, basta con ser ciudadano del mundo. Es incomprensible que se haya sacado la deducción de que estamos ante un riesgo sistémico en Europa, cuando estamos ofreciendo mejores números económicos que cualquier otra zona del mundo desarrollado: mejor ratio de deuda respecto al PIB, mejor marco de gobernanza, cifras constantes de consolidación fiscal (...)" y, sin embargo, sufrimos una de las primas de riesgo más altas del planeta.

Destacó así que el problema de Europa no proviene de las cifras agregadas, sino de su distribución. "Se confunde correlación con causalidad" y, además, no se ha sabido plasmar la forma de compartir la salida de la crisis, que pretendemos alcanzar por compartimentos separados, "cuando lo contrario sería mejor: actuar de forma coordinada, con voluntad de completar las medidas que llevasen a compartir las políticas".

El reflejo de esta política de medidas discretas, puntuales, es la generación de nuevas disfuncionalidades en la zona euro, con transferencia financiera "no del Norte al Sur -como se suele creer- sino justamente al contrario. No se es consciente que Alemania y Francia se están financiando a los precios más baratos de los últimos 150 años", en tanto que países como España, Portugal, Italia y, desde luego, Grecia, tienen que pagar costes muy altos por su deuda soberana.

Campa resaltó este sinsentido de la situación económica. A diferencia de Estados Unidos, "en España, y en Europa, no estamos hablando de activos tóxicos -en todo caso, en nuestro país, solo en el sector de la construcción, y con un alcance perfectamente delimitado- sino de deuda soberana", castigándose la solvencia de Estados Europeos frente a otros países de economías mucho más débiles.

Al final de su disertación, concretó Campa los "retos con los que se enfrenta el Gobierno en los próximos dos o tres meses", advirtiendo que "los agentes sociales no están en período electoral".

- Cumplimiento de los compromisos nacionales e internacionales, reconociendo, con todo, que rebajar el déficit fiscal al 6% del PIB será de satisfacción difícil en este año, máxime cuando la economía internacional se está desacelerando.

-Proseguir con el ajuste estructural, generando perspectivas en el sector financiero y laboral en particular, en la consciencia colectiva de que la economía no son solo los poderes públicos.

-Mantener el debate en Europa para desarrollar una solución a la crisis que atienda a la superación del problema griego, proporcione credibilidad a nuestros gobernantes respecto a la capacidad de implementar las medidas, y la construcción de cortafuegos a la economía que garanticen la posibilidad de completar las medidas de ajuste en un máximo de tres meses.

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(1) La presentación tuvo lugar en el salón de Actos de la Fundación Rafael del Pino, e hizo de anfitrión, Amadeo Petitbó, quién, por cierto, anunció enigmáticamente un "cambio de fase" del organismo que ha venido dirigiendo con notable éxito. Rafael Doménech, en representación de los autores, hizo un repaso por los capítulos del libro, que ilustra sobre la aplicación del modelo REMS ("Modelo de Expectativas Racionales de la Economía Española") a distintas variables de la economía.

 

Con el sexo como apaciguador

Con el sexo como apaciguador

"Hagamos el amor, no la guerra", expresaron como instrumento de su peculiar rebeldía unos jóvenes pacifistas de finales de los sesenta del siglo pasado, mientras su país estaba reclutando soldados para someterlos a un experimento colectivo de enajenación.

Ese movimiento contestario se propagó por casi todos los países ya civilizados, y sus seguidores se llamaron hippies, impulsando una corriente de tolerancia y apertura que serviría, al tiempo, de motivo de enseñanza y escándalo. Una de las definiciones perversas más conocidas de lo que fueron los hippies, seguirá siendo por los siglos de los siglos, la del futuro presidente (entonces) Ronald Reagan: "Hippie es un tipo que lleva el pelo largo como Tarzán, se mueve como Jane y huele como Chita".

Varios años después, hacia 2005, un grupo de mujeres liberianas, capitaneadas por Leymah Gbowee, esgrimiría un eslogan que guarda un cierto parecido, pero parte de la tesis contrarecíproca: "Si haces la guerra, no haremos el amor". Esta Lisístrata (1) que no había, suponemos, leído a Aristófanes, y sus huestes de continencia forzada consiguieron darle un vuelco al país, enzarzado en una guerra duradera, demostrando que incluso el varón más bruto tiene prioridades: Liberia es, desde entonces, un país pobre, pero vive en paz.

Como no existe aún el Premio Nobel de Sicología, los sesudos miembros del Comité Nobel de Oslo, -encargados, por graciosa cesión de los suecos, de conceder cada año el Premio Nobel de la Paz-, le han dado a Gbowee, y a la actual Presidenta de Liberia, Ellen Johnson-Sirleaf, y a una activista yemení cuyo currículum alguien paseaba por la mesa, Tawakul Kerman, el millón de euros (aproximado) en que consiste el galardón.

Un premio, como los de los otros cinco ideados por el inventor de la dinamita (y otras sustancias que valen para el amor como para la guerra), al que se añadió mucho después el de Economía, con el que Alfred Nobel decidió compensar, después de muerto, su mala conciencia por haberse hecho inmensamente rico fabricando explosivos en lugar de, por ejemplo, papillas para bebés.

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(1) Lisístrata y sus amigas, protestando contra la guerra, suscribieron un juramento que se concretaba, más o menos, así: "No tendré ninguna relación con mi esposo o amante, aunque me lo suplique de rodillas; permaneceré intocable en mi casa, vestida con mi más trasparente seda de color carne, y haré que me desee, pero no me entregaré a él; y si el me obliga por la fuerza a yacer con él, me comportaré tan fría como el hielo y no le tocaré ni estimularé."

Sobre el uso de tropos y floripondios en política

Sobre el uso de tropos y floripondios en política

Para un político, es fundamental el conocimiento del idioma, en especial, el disponer de un acervo de palabras sinónimas, tropos, floripondios, expresiones rimbombantes, latiguillos y fórmulas que, sin parecer que te has quedado en blanco o careces momentáneamente de ideas para impulsar el carro en el que circula la sin hueso, puedas salvar el bache con donaire, gracia, gallardía, gentileza, prestancia y donosura de las buenas.

Acercando aún más la lupa de la curiosidad a los entresijos del lenguaje, si analizáramos los discursos de los líderes políticos, nos daríamos cuenta de lo importante que es para ellos, emplear palabras que, según el momento, significan lo que el oyente quiera y, por tanto, seguramente,  no signifiquen nada o casi nada.

Tomemos como ejemplo el uso de los términos "justo y equitativo". Suena bien, para cualquier oyente. Responde a lo que podríamos identificar como valores éticos universales, principios a los que la naturaleza humana no puede sustraerse. Debe ser considerado así por los líderes políticos, porque, independientemente de la ideología que dicen defender, lo emplean con persistencia.

El diccionario de la RAE, no nos desmiente de nuestra apreciación de que lo que se haga con estos principios rectores ha de ser irreprochable. Aunque "justo" tiene varias acepciones, si las reducimos al espacio socioeconómico, que es donde dicen moverse los políticos, siendo allí donde han de cocerse las habas, la que resulta más adecuada es la séptima:"apretadamente, con estrechez", o sea, ajustándose el cinturón, sin aspavientos ni despilfarros, absteniéndose, no ya de tirar la casa por la ventana, sino ahorrando en adornos, quitando lo superfluo, lo inútil, lo del cuento.

En el caso de equitativo (aquí remite el antaño docto legajo, hoy convertido en espacio de consulta virtual, al término "equidad"), no cabrían dudas de que la modalidad pertinente al caso, sería "la de dar a cada uno de lo que merece", que ha de ser igual que poner a cada uno en su sitio, cantar las cuarenta sin importar que caiga quien caiga, ni duelan prendas, y sin arrugarse ante títulos, prebendas, pretextos ni acaso subterfugios.

El candidato Rajoy ha afirmado en el Congreso del PP en Málaga que se compromete a "repartir de forma justa y equitativa los sacrificios de la crisis". Así que, cuando Rajoy sea presidente de Gobierno, reformará las disposiciones que sean precisas para que, en esto de apretarse el cinturón, no solo no haya dispendios de sustancia, sino que, además, apechuguen con el marrón los que lo han creado, que son los que merecen, sin duda, pagar los platos rotos de la crisis. 

No hace mucho -a mediados de septiembre de 2011, desde el Ministerio de Hacienda (Gestha) se había apoyado la restauración del Impuesto de Patrimonio para fortunas superiores a los 700.000 euros, pues se trata de un tributo "justo y equitativo". Coincidencia, pues con lo que, por fin, también el PSOE preconiza y no cabe esperar que el opositante Rubalcaba, aunque quiera marcar distancias con el árbol caído, haga astillas del propósito.

La muy batalladora Rosa Díez, líder de UPyD, impecable animadora de los debates parlamentarios, en una de sus últimas intervenciones en la pasada legislatura, mostrando su disconformidad con las prejubilaciones abusivas, incluídas las que afectan a los que ocupan escaños, indicaba que "Es evidente que este privilegio se opone al principio de premiar el esfuerzo, y de garantizar un sistema de Seguridad Social justo y equitativo para todos". No se puede estar más de acuerdo.

Algo más a la izquierda, Gaspar Llamazares, el médico de Izquierda Unidad, en junio de 2010, al presentar una moción contra las medidas anticrisis, que acaba de aprobar en solitario el PSOE, expresaba que "las propuestas incluidas en la moción tienen por objetivo principal el reparto justo y equitativo del esfuerzo necesario para una salida social de la crisis”. Magnífico alegato.

Solo cabe desearnos, como españoles de a pie, sin aspiraciones políticas, que nuestros políticos, en especial los que alcancen responsabilidades de gobierno, se comporten haciendo lo que es más "justo y equitativo" y, puesto que están de acuerdo, eviten llamarnos a votaciones cada cuatro años, habida cuenta de que tenemos mucho trabajo y el horno no está precisamente para bollos.

Y ahora que caemos en ello. ¿De qué nos suenan esas palabras? Sí, en efecto: la formación común cristianoromana de nuestros políticos es el elemento subyacente. No pocas veces habrán repetido, como todos, eso de "es justo y necesario, equitativo y saludable, darte gracias en todo tiempo y lugar..." Les sugerimos que, puestos a establecer coincidencias programáticas absolutas, utilicen la expresión completa, expresando que cuanto hagan será "justo, necesario, equitativo y saludable".

Sobre mellizos, fertilidad y negocio

Sobre mellizos, fertilidad y negocio

Perdemos población, pero ganamos en porcentaje de mellizos. Antes de que las técnicas de fertilización se llevasen al terreno humano, las estadísticas inicaban que las posibilidades de tener un embarazo doble no superabn el 1,3 por ciento. Hoy día, cualquiera puede constatar que el número de carritos dobles (dependiendo de la hora del día, conducidos por la cuidadora latinoamericana o marroquí o un abuelo) ha aumentado de forma significativa.

Tener mellizos a cierta edad se ha convertido en habitual.

La razón es también conocida: las mujeres, obligadas a trabajar para sostener un régimen de ingresos suficiente, deciden ser madres a edades más avanzadas, se someten con mayor frecuencia a técnicas de inducción a la ovulación o de fertilización asistida, todo lo cual aumenta la posibilidad de quedar embarazadas de mellizos; matizamos bien, porque el número de gemelos idénticos sigue inmutable: cuatro por cada mil embarazos.

Dependiendo de la droga estimulante empleada para forzar las ovulaciones, las posibilidades aumentan; con gonadotrofinas, el porcentaje es de uno de cada 5; con citrato de clomifeno, serán menor, pero no bajará de uno de cada 20. Si la técnica que los laboratorios de fertilidad emplean es la llamada de fertilización o inseminación in vitro (FIV) el porcentaje puede llegar a 1 de cada dos embarazos, ya que, para garantizar el éxito del tratamiento, se llegan a implantar hasta 6 embriones en el útero (cantidad máxima regulada legalmente).

Otras técnicas, como la transferencia de embriones o gametos en la trompa de Falopio (GIFT o ZIFT) también aumentan el porcentaje natural. Solamente la inseminación artificial, y siempre que no se combine con drogas, mantiene la tasa natural de generación de mellizos en mujeres jóvenes. Si las futuras madres tienen más de 35 años, evidencian mayor producción de hormona folículo-estimulante (FSH), que tiene el doble efecto de disminuir la fertilidad, y se aumentan también las posibilidades de embarazo multiple.

Los problemas ligados a un embarazo múltiple no son menores. Obviando la cuestión de tener que alimentar, educar, cuidar, etc. a dos o más bocas, durante el embarazdo hay que atender al crecimiento simultáneo de dos o más fetos, que obliga a vigilancias especiales, y, a término, se unen las complicaciones del parto. Por eso, la mayor parte de los nacimientos de mellizos se producen en los hospitales públicos, dotados con mejores medios y preparados para dar más atención en caso de problemas que las clínicas privadas, orientadas no precisamente a la beneficencia, sino al negocio.

La cuestión de obtener descendencia, deseo que el ser humano pocas veces puede calmar, se convierte en un asunto económico con consecuencias colaterales. Además del alto coste que supone, para los padres, un embarazo por técnicas no naturales, existe una alta posibilidad de embarazo múltiple cuando se emplean procedimientos asistidos, y los partos se conducen por las clínicas privadas de fertilidad a centros que pagamos entre todos, reservándose así la parte agradable de comunicar a los futuros padres que el tratamiento ha sido un éxito y sobrecargando los servicios asistenciales públicos y a sus profesionales. 

Para qué sirven los ingenieros

Para qué sirven los ingenieros

La pregunta fue acogida inicialmente por la sala con un espeso silencio de sorpresa, roto de inmediato por voces que reclamaban respeto. Se trataba del Foro de la Economía Verde (Madrid, 5 y 6 de octubre 2011), organizado por la Fundación FingerPlus, y el anfitrión era el Instituto de la Ingeniería de España.

Varios ingenieros, en la mesa sobre "El ejercicio profesional de la Ingeniería: presente y futuro", habían intervenido, con desiguales ponencias y heterogéneos contenidos, para hablar del papel de los ingenieros y de cuanto se les había ocurrido, tratando de cubrir la difícil papeleta. En último término, había leído su ponencia un arquitecto (1) que había hecho una incursión, discurriendo por los caminos de lo semántico y aportando cierta gracia, sobre las diferencias y afinidades entre las dos profesiones.

La interpelante había expresado, más o menos: "-¿Para qué sirven los arquitectos? Soy ingeniero de caminos y si, como Vd. acaba de decir, los ingenieros resolvemos todos los problemas de los arquitectos, ¿por qué la Ley les protege solo a Uds., obligando al visado en su Colegio de las edificaciones, alegando motivos de seguridad?."

El tono de la pregunta pudo resultar inadecuado -parecía responder a aquel esquema teocrático en el que se anunciaba "Después de Dios, el ingeniero de caminos"-, pero la formulación nos parece pertinente. La presión de parte de la sala obligó, por contagio sicológico, al conferenciante a responder con un exabrupto: "Estudie Vd. arquitectura y lo sabrá".

¿Para qué sirven los ingenieros, los arquitectos? ¿Para qué sirven, hoy, las carreras universitarias técnicas, que siguen demandando un esfuerzo tremendo de los alumnos, en aprender complejas materias que pocas veces se corresponden -lo dicen ellos mismos- con lo que después necesitan en su trabajo profesional?

Si analizamos el currículum real de los ingenieros con una larga trayectoria profesional (y que no estén ejerciendo, desde luego, de profesores en la Universidad), descubriremos lo siguiente:

1) La mayor parte han permanecido en un único empleo, siempre en la misma empresa, en la que han ocupado distintos cometidos, de sucesiva mayor relevancia y responsabilidad, hasta que han sido marginados a posiciones como "Subdirección de Desarrollo corporativo", "Subdirección Internacional", "Departamento de Proyectos", etc., siendo los puestos ejecutivos acaparados por licenciados en economía y/o derecho, mucho más relajados y frescos para asumir el ejercicio de las peculiaridades de la "vida moderna".

2) Entre los que han cambiado de empresa y posición, las trayectorias no parecen depender de la especialidad seguida: independientemente de su formación teórica como ingenieros de caminos, telecomunicaciones, minas, industriales, etc., han desarrollado funciones comerciales en relación con los productos más variados, o han convergido en materias transversales: ambiente, energía, informática, etc.

3) La inmensa mayoría de las materias estudiadas por los ingenieros en sus carreras, no les ha servido "para nada". En cambio, echan de menos no haber estudiado economía (o más economía), derecho, sociología, informática, etc. No pocos de entre ellos reconocen haber tenido que seguir estudiando después de haber obtenido el título, especializándose en temas concretos. A menudo, muy concretos. Lo más curioso es que, también casi por unanimidad, admiten que la carrera "les ha ayudado a pensar, a saber resolver problemas difíciles, a tener confianza en sí mismos".

Tiene razón la compañera ingeniero de caminos en preguntar para qué sirven los ingenieros, (esto es, también los arquitectos), hoy en día. Y para contestar a esa difícil pregunta con profundidad y sin vacuidades, hay que tener mucha claridad de ideas, manejar la seriedad y la visión del futuro de la sociedad y despojarse, con humildad, de una buena parte de las plumas acumuladas.

Pero también hay que reconocer, junto a esa necesidad imperiosa de reorganizar las carreras de ingeniería, dotándolas de más contenidos prácticos, que necesitamos muchos ingenieros en esta sociedad: gentes capaces de aportar soluciones, de entregarse con ahinco a resolver las más complejas cuestiones (solo o en compañía de otros); profesionales que no tengan horario, ni les importe ganar más sino hacerlo más rentable; que no se arruguen ante los problemas, sino que se crezcan; que sepan ordenar, dirigir, animar (dando ellos el callo los primeros) y también, decir que no, que así no se hace; que se apliquen en agrupar, en abrir nuevas opciones, en aplicar mejor lo que se conoce y en suprimir lo que no sirve, aunque haya servido mucho; que sepan inglés, y economía, y latín, y resolver ecuaciones diferenciales complejas, y, también, jugar al dominó y a las cartas; necesitamos...

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(1) No un arquitecto "cualquiera": Julián Franco López, vicedecano en la actualidad del Colegio de Arquitectos de Madrid.

Sobre la curva de generación de empleo en el sector de energías renovables

Se ha convertido en un lugar común, repetido hasta la saciedad en los foros tecnológicos como económicos en los que concurren empresarios, representantes de la Administración y valedores del ambiente, que las energías alternativas -eólica, solar fotovoltaica y térmica, biomasa, etc.- generan empleo.

Nosotros no defendemos lo contrario, pero si pedimos claridad en la valoración de esta delicada premisa. Porque todas las empresas que trabajan en un sector tecnológico ven su evolución sometida a una curva inexorable: la curva de madurez del negocio, que, en tasa de generación de empleo, se traduce en una "curva de la bañera" peculiar, que se acaba vaciando con el paso del tiempo.

Al principio, un sector emergente atractivo genera, por efecto llamada, una sorprendente tasa de actividad: se crean muchas empresas de pequeño tamaño, que solicitan profesionales de todos los niveles formativos (o los educan ellas mismas con las cuatro reglas de la tecnología), con lo que se produce la sensación de que la tecnología entra en efervescencia (euforia del nasciturus); en poco tiempo, la mayor parte de las empresas mueren (fracasan) o son absorbidas por otras que alcanzaron una potencia superior (generalmente, en el caso español y de países intermedios, extranjeras, con sede en países más avanzados técnicamente y más solventes en lo económico), con lo que la tasa de creación de empleo se estabiliza durante un cierto tiempo -mientras se absorbe el mercado local y se establecen algunos vínculos hacia la exportación-; es el período de calma del maduro.

Lamentablemente, por agotamiento el mercado propio, la situación no puede mantenerse. Es el momento del declinar del héroe, equivalente a la crisis biológica del padre, o a la muerte del galán enardecido por la actividad sexual incontrolada, bastante común en las especies animales.

La supervivencia de las empresas más eficaces les obliga a buscar mercado en la exportación, que supone, sistemáticamente, la obligación de ceder la tecnología a los países receptores emergentes, que crean con rapidez su entramado local, subsistiendo solo un núcleo de alta tecnología y eventual apoyo puntual en el país del origen tecnológico.

Solo cuando el país de origen consigue crear un entramado de oferta tecnológica muy amplio, y su Administración pública y empresas de mayor calado son capaces de generar tratados comerciales de reciprocidad en otras áreas con el país de recepción, la evolución del sector puede soportar la pérdida de actividad natural.

Ha pasado en el sector fotovoltaico, se prevé en el eólico, se vaticina en el de biocombustibles. Estamos obstinados en comparar la situación española con la alemana o francesa, por ejemplo. Tampoco es lo mismo contar con acuerdos comerciales con un país-continente como China, Brasil o la India (siendo el ofertante de tecnología Estados Unidos y su valedor Obama o Clinton), que pensar en las opciones de las empresas españolas en un país latinoamericano concreto, con gobiernos inestables, dificultades financieras y eternamente obsesionados, parece, en recuperar parte del oro que, según la enseñanza oficial allá, les robaron los conquistadores españoles y quieren encontrar en nuestras aguerridas empresas multinacionales, ilusionados en dejar de perder una y otra vez la camisa.

Hacia la tercera vía, por los caminos de lo virtual

Hemos festejado -nos referimos a la doctrina oficial occidental-, en su momento, y ruidosamente, la caída de los postulados marxistas o comunistas, confirmando el fracaso de la economía centralizada.

Lo hicimos desde la petulancia observadora que permitían nuestros pedestales occidentales, rodeados de la complacencia y bienestar a que habían llevado nuestros principios, basados en el dios mercado y los dogmas impuestos por sus sacerdotes, derivados de la libertad de acción individual como única forma segura de conseguir el bienestar duradero.

La ceguera con la que nos embriagamos de la sensación de riqueza y poder, no nos permitió apreciar adecuadamente que nuestra velocidad de crecimiento tenía, en realidad, también las patas muy cortas: dependía fuertemente de la apropiación de externalidades a las que no habíamos fijado costo alguno, porque creíamos que eran ilimitadas (aire, agua, combustibles, ambiente en general) y, no en último lugar, estábamos ejerciendo desde esta parte del planeta una colonización tecnológica sobre los países emergentes (le dimos nombre: economía global), que nos proporcionaba materias primas baratas y mano de obra poco reivindicativa, a cambio de enriquecer con las migajas a algunos de sus dirigentes.

Nos parece que es llegada la hora de que algún pensador independiente proclame, con igual devoción y seriedad a la que se ejerció en su momento para defender lo conrtario, la caída de los principios liberales que rigieron, al menos hasta ahora, la economía de mercado.

Porque, aunque desde el escenario se esfuerzan en poner parches a la tramoya que se desmorona -consumo responsable, economía sostenible, desarrollo equilibrado, energías alternativas, cuidado ambiental, apoyo tecnológico a los países emergentes, etc.), los síntomas de que el sistema ha fracasado son ya muy evidentes, y las causas no son diferentes, en sustancia, a las que propiciaron la caída de esos muros de Berlín, aquellos telones de acero y, en general, han dado al traste, con socialismos de zapatilla, postulados marxista-leninistas y economías de producción teledirigida.

A saber, el engaño a los postulados, la falsedad en el cumplimiento de las normas básicas, la falta de ética de quienes estaban llamados a hacerlas cumplir, la pérdida de productividad y eficacia de los que estaban en la base del sistema, por abandono, actitudes acomodaticias, falta de interés por participar activamente y, en fin, la desconfianza hacia los líderes.

El diagnóstico está hecho ya a la perfección, y tiene muchos bastiones difíciles de corregir: Las entidades financieras nos han engañado; los controladores del sistema, también; los representantes políticos se han revelado ineficaces y (también), en parte, corruptos; y a casi todos nosotros se nos ha puesto la cara de tontos al comprobar que a quienes habiamos confiado las llaves del tesoro, nos estuvieron engañando, ocultando agujeros, prometiendo futuros que no existían, enriqueciéndose.

El futuro prometido se escapó por la ventana, llevándose a rastrar un bienestar que no podíamos permitirnos, porque las bases de ese futuro no habían sido generadas aún.

Si queremos ser radicales, tendríamos que reconocer que el sistema capitalista tampoco funcionó. Porque no fuimos capaces de establecer mecanismos eficaces de control, los beneficios que generamos entre todos, sirvieron, principalmente, para engordar la economía de unos pocos (se volatilizaron para nuestros ojos).

Los argumentos empiezan a decantarse por una "tercera vía" ("tercer desarrollo industrial", "la revolución tecnológica de las comunicaciones", etc.), basada, en esencia, en la combinación eficaz y prudente de elementos propios de la economía centralizada con otros de la economía de mercado.

Lo difícil está, desde luego, en ponerse de acuerdo sobre los sectores o aspectos que deben ser controlados férreamente desde el Estado (o los Estados) y cuáles han de dejarse al libre arbitrio y decisión de los agentes privados y, en este caso, con qué medidas de supervisión deberían reforzarse.

Pues bien: creemos que esa "tercera vía" ha de tener una base virtual, en el sentido de apoyo en las tecnologías de comunicación y en la explotación eficiente de esos recursos que aún no ha sido, ni de lejos, explorada.

Esa tercera vía tiene que profundizar en la drástica reducción de los gastos innecesarios que producen los desplazamientos físicos (transportes para ir al trabajo, de compras, o a los espectáculos, asistir a reuniones nacionales e internacionales, ferias, congresos, etc.), facilitar la solución a problemas diarios a través de las comunicaciones (mejorándolas, en primer lugar; y luego, creando y apoyando empresas de servicio que actúen con base telemática, ofreciendo información, noticias, atenciones domiciliarias gestionadas en la red, etc.) y creando e impulsando redes de excelencia que potencien la creatividad (intercambio de documentación, ideas, proyectos, generando orientación sobre oportundades de negocio, facilidades crediticias, apoyos a la exportación, etc.).

Pensemos en virtual, y alejémonos de las ideas preconcebidas respecto a lo que puede solucionar el mercado libre o las limitaciones de la economía centralizada. Enseñemos a cada ser humano a gestionar, de forma autónoma, la solución de sus propias necesidades, convirtiendo, paralelamente, el papel del Estado en garante de la seriedad, lealtad, transparencia, con la que se realizan esas transacciones.

Sobre mujeres, programas e improvisación

Llegado el período electoral, los candidatos masculinos se empeñan en buscar el voto femenino, dándose baños (siempre figurados, por supuesto) con posibles votantes del otro sexo, en los que prometen eliminar, ya que no la pequeña diferencia (santo Dios, que ni se les ocurra), algunas de las que siguen acartonando el panorama socioeconómico.

Tienen, desde luego, trabajo. Alguien debió convencer a Rubalcaba de que atesora más sex appeal (atractivo para la cópula mental) que Rajoy. Y está dispuesto a sacar partido a esa presunta diferencia positiva, convertida en una delicada joya, casi una anomalía, en el maremágnum de desventajas y hándicaps que ofrece su candidatura frente a su terrible opositor, a quien dan por vencedor incluso los militantes socialistas.

Promete Rubalcaba que si el llegara a gobernar, obligará a que las empresas que facturen más de 11 millones de euros y empleen por encima de 250 personas, tengan paridad sexual en sus Consejos de Administración. La inmediata pregunta que surge es, desde luego, ¿y qué?. ¿A quién beneficia? ¿A las esposas e hijas de los empresarios? ¿A las entidades que otorgan títulos de máster?

Porque no sabemos, exactamente, cuántas empresas cumplen esa condición, pero estamos seguros de que lo que no podrá nadie es calibrar los efectos de una imposición tan estrambótica.

Ya puestos a hacer promesas para captar el voto femenino (en especial, el desempleado, que es el más proclive a creerse cosas), se podía expresar que, en caso de resultar elegido por la urnas, se obligaría a que todas las empresas, pymes como multinacionales, emplearan a tantos hombres como mujeres (para evitar disquisiciones angélicas, siempre refiriéndose al sexo fisiológico manifiesto).

Incluso, si se acepta, como nos atrevemos a vaticinar, que las opciones del candidato Rubalcaba a salir ganador de esta desigual contienda (síndrome del mistreated o abused dog aparte) son aritméticamente nulas, puede -en beneficio de animar la aburrida campaña- prometer cualquier cosa que se le pase por la cabeza.

Por ejemplo: revisar el catastro de propiedades inmobiliarias, con inspección sistemática de las zonas de alto estándin y de los poseedores de vehículos (automóviles como de recreo) de lujo; imponer como tope máximo a los salarios de cualquier tipo de empresas el de 10 veces el salario menor de la misma; ofrecer programas educativos a todos esos miles de esforzados latinoamericanos -fundamentalmente mujeres- que son parejas de hecho de ancianos con Alzheimer, Parkinson o problemas de movilidad; vigilar efectivamente el reparto de droga a la entrada de escuelas y colegios; prohibir la prostitución (no solo la callejera); limitar la exhibición del cuerpo femenino (desnudo como vestido) como reclamo publicitario; etc.

A un lado y a otro de las rejas, culpables

Las cifras invitan a una reflexión, desde luego. Tenemos en España una "población reclusa" de cerca de 80.000 personas (20% en prisión preventiva), controlada por unos 25.000 funcionarios en casi 80 centros penitenciarios, con un coste superior a los 1.300 millones de euros (1).  

Son demasiados presos. Nuestra tasa de criminalidad, muy baja (46 delitos por mil habitantes), no se corresponde con el índice de reclusión (150 presos por cada 100.000 habitantes). El número de personas que ingresan en prisión crece al ritmo de 1.500 al año, deteriorando aún más esta proporción, que lleva un ritmo especialmente acelerado desde el 2000. Aumenta, en especial, el número de extranjeros (hoy un 30%) y de mujeres (8%), algunas de ellas con niños menores de edad, que viven en la cárcel. 

No estamos al nivel de Estados Unidos, que concentra la cuarta parte de los presos del mundo, con 2,5 millones de enjaulados, lo que quiere decir que el 3% de la población norteamericana está en la cárcel, pero nos parecemos en ciertas líneas generales un tanto inquietantes, y que, a riesgo de simplificar, recogemos aquí en sus aspectos principales.

a) Hay una clara relación entre el arraigo social, la formación y la delincuencia, e incluso entre ciertas características particulares y la población reclusa: En Estados Unidos, la probabilidad de encontrarse entre rejas es casi del 10% si has nacido negro y del 3% de eres latino; esta desproporción tiene su correspondencia en España con la alta tasa de recluídos procedentes del extranjero y con la constatación de que una cuarta parte de ellos -terrible, ¿no?- necesitan atención siquiátrica.

b) Los delitos que llevan a la cárcel, a pesar de la gran diversidad de tipos penales que existe en teoría, son pocos. Es como si una gran parte del Código Penal hubiera sido redactado en vano. En España, los encarcelados han delinquido, fundamentalmente, por posesión y comercio de droga, robo con o sin violencia y por agresiones sexuales que van desde tocamientos libidinosos hasta violación; en Estados Unidos, se lleva la palma, junto a la posesión de estupefacientes de todo tipo y en casi cualquier cantidad, la obsesión por mantener a raya la amenaza terrorista, que ha llevado a las cárceles a muchos sospechosos de pertenencia a grupos fundamentalistas islámicos.

c) El fracaso de las políticas de reinserción: aunque se da mucha publicidad a los ejemplos de personas que han seguido estudios desde la cárcel y han conseguido reintegrarse a la sociedad como personas "normales" (es decir, sin reincidir en el delito), los éxitos a nivel global son escasos. Las cárceles son un pasa-tiempo estéril; una buena parte de los delincuentes, reinciden; las instalaciones penitenciarias, incluso, son hábitat para la gestión de nuevos delitos: mafias, agresiones, robos, etc..

La sociedad tiende a ignorar lo que sucede en las penitenciarías y a su alrededor. Esa culpabilidad de la sociedad que está al otro lado de las cárceles la concretamos en estos aspectos:

a) La presión ha de ser disuasoria respecto a la comisión del delito: más vigilancia policial, mayor reproche social a faltas y delitos (incluso leves), mejor educación escolar básica, integración de los ficheros policiales (nacionales y extranjeros, particularmente en el seno de la UE) son los ejes de esta estrategia de prevención de la delincuencia. El delincuente no nace delincuente, salvo patologías muy concretas.

b) Los tipos y sus sanciones penales han de revisarse. Es una labor delicada, compleja, incluso tediosa. Pero, como ya hemos denunciado en otras ocasiones, los tipos penales son excesivos y, en no pocos casos, abiertos o confusos (¡leyes penales en blanco!) y, lo que aún parece más deplorable, las penas son heterogéneas, no guardando relación con la gravedad social del delito ni con el mal causado.

c) Un sistema judicial-policial no suficientemente integrado. Existe policía judicial, en efecto, pero una buena parte de los delincuentes son entregados a la justicia por otros cuerpos policiales; existe aún insuficiente formación sobre la mecánica judicial, la importancia de los interrogatorios, la forma de recoger las pruebas para que sean efectivas, y -ya, como colofón de despropósitos- la policía cree que la justicia es poco beligerante con el delincuente. ¿Cuántas veces hemos hecho una denuncia y el propio policía que toma nuestra declaración, nos indica, para nuestra consternación: "Hágala, si le interesa para el seguro. En lo demás, no va a servir de nada"?

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(1) Son cifras oficiales. Las nuestras, construídas por analogía, son algo superiores (llegan a 2.500 Mill. €):

1. Coste funcionarios: 40.000 euros-año/persona x 25.000 =1.000 Mill €

2. Coste mantenimiento reclusos: 3.000 euros-persona-año x 80.000 = 240 Mill €

3. Mantenimiento instalaciones (incluídos materiales, electricidad, gas): 1,5 Mill euros-centro-año x 80 =  120 Mill €

4. Amortizaciones: 1.200 Mill €/20 años x 80 = 480 Mill. €

5. A ello habría que añadir: transportes, escolarización, gastos extraordinarios, salarios mínimos a reclusos, gastos de enfermería, seguros, ... = 600 Mill. €... y sin contar el sistema judicial y policial que hay detrás.