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Al Socaire de El blog de Angel Arias

Sobre las razones que se niegan a los saharauis

El pueblo saharui es el único residuo de la época colonial al que no se le ha confirmado su derecho a la libre determinación. En realidad, eliminando el eufemismo, su derecho a la independencia.

Ni las resoluciones contenidas en la Carta de las Naciones Unidas (1514 y 1541 -XV) ni la aprobada por su Asamblea General (2625-XXV) han servido para otra cosa que como papel mojado. Ni el reconocimiento de la Corte Internacional de Justicia, que tuvo lugar en 1975, -declarando sin validez jurídica el Acuerdo de Madrid, por el que España había abandonado precipitada y torpemente el territorio ante Marruecos y Mauritania- ha servido para que los saharauis consigan su libertad.

El 8 de noviembre de 2010, mientras representantes del Frente Polisario y Marruecos atendían a una "reunión informal" sugerida por las Naciones Unidas, desde Rabat se daban instrucciones de desmontar -a sangre y fuego- el campamento que saharuis y simpatizantes habían erigido en las afueras de El Aaiún, para exigir el fin del expolio de recursos (fosfatos, peces, arena, etc.) y la supresión de la discriminación sobre sus naturales que viene haciendo, con la connivencia internacional, el gobierno de Mohamed VI.

¿Qué está pasando? ¿Por qué Marruecos no cumple las decisiones de las Naciones Unidas y, sin embargo,  goza de tolerancia y apoyo de los países desarrollados y, muy concretamente, de Estados Unidos y Francia? ¿Cuál es la posición concreta del gobierno español, urgido por el PP a que adopte un papel protagonista que, cuando este partido gobernaba, se abstuvo de ejercer? ¿Tiene sentido que la ministra española de Exteriores, Trinidad Jiménez, reclame prudencia para juzgar la situación y diálogo para solucionar el "conflicto"?.

No estamos de acuerdo con quienes echan la culpa a España y, en concreto, a este gobierno, de la situación, porque desde al menos 1975 se encuentra sancionada por un organismo internacional. Poco se puede hacer, sin perjudicar las relaciones bilaterales y con riesgo de abrir heridas por una situación que desde Marruecos se ve muy distinta a como se enjuicia desde la Península: la soberanía territorial sobre Ceuta y Melilla, ciudades españolas que despiertan el apetito de los capitalistas marroquíes y la envidia de los ciudadanos marroquíes, inmersos en un subdesarrollo tecnológico y cultural con pocas opciones de salida a corto plazo.

En cambio, sí creemos que, más que propiciar una vía de diálogo desde la comunidad internacional, quienes tienen autoridad sobre Marruecos deberían expresar, a las claras, al gobierno de Mohamed VI que no están dispuestos a tolerar ni un minuto más el sostenimiento de la pantomima.

Basta con que se convoque el referéndum, de inmediato. Y como su resultado será abrumadoramente favorable a la independencia (medida que, desde luego, ya debería haberse adoptado directamente), el problema estará resuelto y los saharuies podrán, con pleno derecho indiscutible -al fin-, considerarse ciudadanos país autónomo y libres para organizar su futuro.

Si Marruecos fuera una democracia, habría, desde luego, una forma quizá políticamente más brillante de integrar los derechos de los 300.000 saharuies, concediendo a su territorio (relativamente inmenso, desestructurado y desértico) la autonomía administrativa, mejorando sus enlaces económicos y su interconexión con Rabat, como ventana al resto del mundo.

Como Marruecos no es una democracia y, por mucho que contemporicemos con ese país, es patente que carece de una estructura económico-administrativa moderna,  hay que defender el derecho de los saharauis a que ordenen su vida, la explotación de sus recursos y las relaciones internacionales, desde la libertad. Porque desde su libertad es la otra historia que tendrán que escribir. 

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(1) Ya en 2003, la Fundación France Libertés había denunciado que la sociedad KB Fish, con sede en Dajla (antigua Villa Cisneros), y disfrutando generosas licencias a sus barcos faeneros, pertenecía a los generales Hosni Benslimane y Abdelhak Kadiri, responsables de la Gendarmería y del espionaje militar.

Han aumentado las sociedades especializadas en cefalópodos, pertenecientes a capital marroquí, de procedencia del entorno de Mohamed VI, y cuya producción se exporta a España y Japón.

Y, en la cúspide de esta explotación, se encuentra la mayor empresa del Sáhara, la fosfatera Phosboucraa, que pertenece actualmente, en su totalidad, al Office Chérifien des Phosphates, una vez que la SEPI cedió su participación a la sociedad marroquí, y que es presidida actualmente por Mostapha Terrab, miembro del comité asesor de SM Mohamed VI, ingeniero de caminos por la Escuela de París y Dr. en Investigación de Operaciones por el I.T.M. (rien ne va plus!)

Sobre la Responsabilidad Social Gubernamental (RSG)

Aunque es un término no muy utilizado, existe acuerdo tácito en referirse a la Responsabilidad Social Gubernamental (RSG) como el marco de compromiso entre quienes asumen el gobierno de lo público y sus administrados.

En paralelismo con la RSC (Responsabilidad Social Corporativa), se pretende con esta combinación de palabras señalar que la tarea de los encargados de la gestión pública se desarrolla en un espacio amplio, con límites difusos, y que corresponde a los titulares de esa función expresar cómo lo están atendiendo, explicando la filosofía y móviles de su actuación, y los logros y dificultades de la misma.

Por supuesto, también los administrados están en su derecho de exigir a los gestores de lo público que efectúen sus cometidos de acuerdo con las directrices y principios que haya establecido la colectividad, y que se les explique a aquellos cómo los están ejecutando.

No cabe hablar, sin embargo, de la RSG como un conjunto construído por la intersección de ambas posiciones, sino de una suma en la que se integran las dos y, como ideal, sería de esperar que la RSG asumida por los encargados de la administración pública englobara la RSG prevista por la sociedad civil, de la que sería un subconjunto.

Yendo de lo teórico a lo práctico, de lo conceptual a lo empírico, ofrecemos seguidamente algunas precisiones acerca de lo que se podría comprender contenido en la RSG.

El límite amplio a la RSG estaría definido por los valores éticos de la sociedad en su conjunto, entre los que cabría considerar, sin ánimo exhaustivo, una amalgama de libertades y principios: la tolerancia ideológica, la libertad de expresión enfocada a la construcción de una teoría mejor, la igualdad original de oportunidades para disponer de los recursos comunes, el respeto a la propiedad y a la libertad personal para elegir la proipa forma de vida (sin perjudicar a terceros, por supuesto), la solidaridad colectiva ante la desgracia sobrevenida y la disponibilidad para disfrute responsable de los auxilios sociales, el acceso abierto a la formación e información básicas orientada a permitir, además de la realización individual, la mejora de la capacidad colectiva, etc.

No sería necesario enumerarlos, pues se encuentran expresos en la consciencia individual de toda persona mentalmente sana y, si bien se puede desgranarlos uno a uno, la forma concreta de describirlos depende más de la facilidad de expresión verbal que de la intuición del concepto.

Los límites estrictos de la RSG vienen señalados -en la parte de lo infranqueable-, en cada sociedad, por el Código Penal. Se trata de aquellos artículos por los que se sancionan determinadas conductas de los gestores públicos.

Así, la malversación de fondos, la apropiación en beneficio propio de los caudales públicos, el cohecho, la prevaricación, etc. Las diversas facetas de la corrupción.

No existe uniformidad en esa elevación al código penal de ciertas actuaciones que, obviamente, son antisociales, contrarias a la RSG. No existe, porque quienes han venido haciendo las leyes son excepcionalmente permisivos a la hora de analizar sus conductas o las de sus semejantes en la adulteración del mandato (sus cómplices, por tanto), y reprobar las que causen perjuicio a esa mayoría a la que dicen servir.

Esta dicotomía conduce a inmensas paradojas en nuestra aldea global. Existen países en los que se puede condenar a un dirigente por haber tenido una relación extramatrimonial con una becaria, elevándolo a la picota del ridículo y despojándolo de su representación, y otros en los que el enriquecimiento de los que ostentan el poder, de forma directa o indirecta, concentrando una parte sustancial de las rentas del país, es visto con generosa sumisión.

Sería de desear que se avanzara en una RSG común y, para empezar, que los gobiernos publicaran sus avances en ese campo comprometedor para los que se desmandan. Por ejemplo, ayudaría conocer cuáles son las propiedades y bienes de los gestores públicos, y seguir la evolución de sus carreras una vez que dejen sus cargos.

Pero nos ayudaría aún más estar seguros, de una vez por todas, que la RSG de nuestro país -de cada país- no tiene conflictos con las RSCs de las empresas y, específicamente, las de los grandes grupos empresariales.

Y si los tienen, se resuelvan siempre a favor de la RSG, en la que los beneficiarios somos todos. Siendo deseable que, en cumplimiento de la RSG, se dedique más atención a los que más lo necesitan y están haciendo cuanto les es posible para solucionar sus carencias, de las que no podrían ser censurados.

Sobre laicismo y confesionalidad en la Historia de la ética

La nueva visita del Papa Benedicto XVI a España ha abierto una espita argumental por la que se generaron polémicas de poco valor, es decir, intrascendentes.

Nos parece irrelevante que el Presidente Zapatero y alguna de sus ministras haya aprovechado la ocasión para dar ánimos a las tropas destacadas en Afganistán, comprometiéndose a mantener esa opción de conseguir dinero extra y ascensos fuera del escalafón para el anodino discurrir de un Ejército en un país no beligerante.

Nos parece arriesgado, pero igualmente inane, la justificación de los alcaldes de Santiago y Barcelona de los dispendios en medidas de seguridad para proteger la integridad física de Su Santidad y acompañantes, con base en las magníficas oportunidades de negocio y promoción turística que habrá supuesto (es un decir) la focalización sobre ambas ciudades del interés mediático internacional, al haber acogido una personalidad tan estimada por millones de personas en todo el orbe.

Nos parece, por supuesto, deplorable, que unos pocos cientos de individuos aprovechen la ocasión para llamar la atención acerca de su aconfesionalidad, vociferando consignas contra el ilustre visitante y haciendo ostentación, no ya de su oposición contraria a los desvíos sexuales de una minoría de ungidos, sino su apoyo a la homosexualidad, a la supresión voluntaria del embarazo por parte de la mujer o al libre ejercicio de la propia religiosidad, cuestiones todas ellas que tienen, en este país, refrendo legal.

Sin embargo, nos parece sustancial recordar que existe una convergencia histórica, fundamental, entre la concepción religiosa cristiana del comportamiento que se debe al otro y la concepción laica, agnóstica, de la exigible conducta ética, desde la perspectiva universal.

Esos principios de tolerancia, de respeto, de cooperación e incluso de sacrificio personal para ayudar al otro a salvar sus dificultades, deben figurar, hoy día, en el frontispicio de cristianos -como la religión que más ja evolucionado en el acercamiento a la ética universal- y agnósticos. En ambos grupos hay gentes admirables que merecen todo respeto. Y en ambos, también, hay seres abyectos que utilizan esa cuestión como un adorno, una protuberancia estética, y se comportan, en realidad, como animales. Con Dios o sin él.

Sobre títulos, formación y competencia

(Nota previa: Con este Comentario, habremos alcanzado los 310 escritos este año. Sumados a los 360 que hemos publicado en 2009 -recogidos en un libro con el título de Ensobrados- y a los algo más de 330 que forman parte de lo difundido desde septiembre de 2007- hemos superado las 1.000 reflexiones sobre otros tantos aspectos de esa materia proteica que es la vida en compañía).

Hubo un tiempo en que lo que se enseñaba en los centros de formación capacitaba para ganarse la vida. El título, fuera el que fuese, era una salvaguarda de competencia, pero, sobre todo, una garantía de que, con él, se encontraría trabajo.

Para la transmisión de ese saber hacer, que era necesario para el buen funcionamiento de la sociedad, y que suponía el establecimiento de un cierto orden por el que los que más sabían podían obtener mayores beneficios -con todas las salvedades de un enunciado tan simplista de cómo se han construido las desigualdades sociales- nacieron los gremios, las Universidades y, también, los Colegios y Asociaciones profesionales.

La separación entre el mundo real y la academia sufrió, en España, un proceso rápido en la segunda mitad del pasado siglo. Curiosamente, no vino motivado por la, en muchos casos, ignominiosa y en la mayoría, injustificable, elevación al grado de catedrático universitario de quienes habían adornado su currículum con el mértio de haber luchado junto a Franco.

No. La ruptura sucedió a principio de los ochenta, cuando profesores núbiles con el saber, que no tenían relación con los creadores de empleo y actividad, accedieron masivamente a doctorados y cátedras y, prácticamente, monopolizaron la impartición de la enseñanza en los centros docentes públicos. Convertidos en felices funcionarios, se hicieron mayores empeñados en repetir una y otra vez viejos esquemas que se iban quedando rápidamente desfasados o inútiles, y, en otros casos no despreciables (aunque sí académicamente considerados) profundizaron en elucubraciones que poco tenían que ver con lo que se precisaba aplicar, cavando en fosas de poca utilidad.

No se debe pensar que esta reflexión afecta únicamente a la docencia técnica. Salvo las socorridas excepciones, la enseñanza humanística corrió por los mismos derroteros de la poca imaginación y el escaso esfuerzo.

La distancia respecto al saber filosófico, histórico o jurídico -por ejemplo- puede suplirse con el estudio individual de los hallazgos ajenos y, en todo caso, la imaginación latina se mueve con fertilidad en los terrenos de la creatividad donde bastan el papel y la improvisación. Pero en lo técnico esta disposición natural a usar el ingenio no sirve.

Hubo un cataclismo en el momento en que los hallazgos más relevantes en el terreno tecnológico, se separaron definitivamente de las Universidades de medio pelo, y, en no pocos casos, quedaron concentradas en la relación de unas pocas eminencias con los centros de investigación de grandes grupos.

Las empresas que trabajan en España -casi en su totalidad dependiendo o cortejando a grupos internacionales- en los campos de materiales, de productos químicos o farmacológicos, de electrónica y comunicaciones avanzadas, etc. decidieron formar a sus propios técnicos, cualificándolos como les apeteció, a partir, eso sí, de una selección estricta en la que, junto a una carrera universitaria relevante se concedió mayor valor a los test sicotécnicos y a la entrevista personal, con los que se cataloga la predisposición de los candidatos a asumir los "valores de la empresa".

Ahí está nuestra Universidad española. Languideciendo en el ránking de los relevantes, copieteando a los mejores y, en el más habitual de los casos, poniendo de manifiesto la apatía, el desánimo, la falta de esfuerzo, la comodidad de saber que se es funcionario y que, hágase lo que se haga (y lo que no se haga), nada podrá mover al profesorado de sus asientos.

Es imprescindible abrir la Academia a los méritos, olvidarse de los actuales métodos de reclutamiento de profesorado, anclados en el nepotismo y en la evaluación artificial de los currícula, e introducir aire fresco en las aulas. No será sencillo, pero es necesario. Como comer.

 

Sobre el transporte aéreo y el negocio de la inseguridad

Viajar en avión se ha convertido en un fastidio.

Es necesario guardar largas colas ante los inspectores de seguridad, manteniendo en vilo las bandejas con las cazadoras, las chaquetas, los bolsos, las carpetas; quitarse el cinturón, el reloj, las botas; deshacer el maletín para dejar visible el ordenador; desconectar el móvil; despojarse de cualquier objeto metálico; reducir al mínimo los líquidos y frascos reservados a la higiene personal que se llevan con uno al interior del avión; renunciar a llevar el bocadillo de salchichón y estar dispuesto a pagar una fortuna por una comida infecta (aunque higiénicamente controlada, suponemos) servida por una azafata provista, ante todo, de una máquina de calcular y una terminal de telepago.

Por supuesto, se ha de estar perfectamente identificado, manteniendo el DNI o el pasaporte siempre al alcance de los dientes (la boca también ha de tenerse ocupada); y si ha decidido viajar a Estados Unidos, mejor se toma antes un par de pastillas de tranquilina y se dispone a ser sometido a vejaciones que no consentiría ni a su santa madre.

¿Todo ello, para qué?. En nuestra opinión, para nada útil para el viajero, aunque reconocemos que se maneja una ingente cantidad de dinero que va a parar a las compañías encargadas, teóricamente, de nuestra seguridad.

Aparatos detectores muy sofisticados que descubren hasta los clavos y alzas de los zapatos; colorimetrías que detectan, casi sin error, la diferencia entre el líquido para el pelo y la pastilla de chocolate; especialistas que justifican despojarte por unos minutos del cinturón porque puede guardar una navaja barbera; monstruos de la detección imaginativa, formados en complejas escuelas de simulación que saben de circuitos integrados y software multidireccional con solo mirarte las tapas del laptop.

Desgraciadamente, mientras existan locos por el mundo defendiendo la guerra santa contra alguien, y dado el interés mediático que presenta la oportunidad de hacer explotar un avión en el aire (o utilizarlo para enviar paquetes bomba a personalidades (i-)relevantes), hay una probabilidad de que, un día, por mucho que escudriñen en nuestros entresijos de tipos pacíficos, aparezca un tipo en la cabina del comandante de la nave aérea con un destornillador, explote una mezcla de goma-dos con una sustancia química no detectada, y un par de decenas de pasajeros que han pasado por estas humillantes pruebas se vayan al carajo (con perdón).

Entonces se redoblarán las medidas de seguridad -todo lo estúpido e inútil es susceptible de ser sometido a incrementos exponenciales-, y se aumentará, por tanto, algo más, un negocio que está basado, no en el pavor individual a morir explosionado -mínimo-, sino en el miedo del político de turno a perder las elecciones por no haber hecho lo posible por velar por nuestra seguridad ante el terror difuso -máximo-.

Un aeropuerto de nivel acoge 50 millones de pasajeros anualmente, y cada uno pierde, en media, una hora y media en los trámites para probar que no es un delincuente aéreo. Puede contar con diez líneas de control, a tres turnos, con cinco personas cada una (En España, por cierto, gran número de ellass, latinoamericanos, suponemos que por su experiencia en atender a los posibles casos de delincuencia organizada). Hay que amortizar aparatos complejos, arcos de detección metálica, cintas transportadoras, bandejas, ménsulas, armamento y otros adminículos.

Por supuesto, hay que atender a reclamaciones singulares, quejas, retirada de material incautado, procesos civiles, penales, médicos, derivados de las tensiones y momentos provocados. Miles de millones de euros en los países más avanzados. Una pasta (gansa), vamos.

Si Vd. es viajero frecuente y ha observado cómo se las gastan, -en equilibrio a tanto despliegue de aparente control en estas latitudes-, en la mayor parte de los aeropuertos de los países menos desarrollados (así les siguen diciendo), se preguntará, como lo hacemos nosotros, a quién beneficia nuestro pavor colectivo, quién se está riendo entre bambalinas, a qué inefable (1) maestro de ceremonias debemos aplaudir por esta cuidada representación de la rentabilización de la tontería.

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(1) Por cierto, "inefable" tiene como único significado (RAE) "aquello que no se puede explicar con palabras". Un "inefable maestro" no es un elogio, es una construcción omisiva, una elipsis y, en general, una muestra de la cortedad idiomática de quien así escribe.

Sobre la frustación de Obama y el enemigo chino

Al presidente norteamericano Barak Obama le ha crecido un falso enano que se llama la República Popular China. Puede fundamentarse su descalabro electoral con argumentos variopintos, pero el más consistente nos parece reconocer que si China no estuviera demostrando una capacidad de desarrollo acelerada, asimilando todo tipo de tecnología como una gigantesca esponja (perdón por la trivial pseudometáfora), y poniendo sobre cualquier tapete comercial una competitividad sin rivales, a los Estados Unidos de Norteamérica y a su presidente le hubiera ido mejor en las elecciones del 2 de noviembre de 2010.

En la rueda de prensa a la que Obama compareció después de haber perdido la mayoría demócrata en la Cámara de representantes y conservado por los pelos el control del Senado, el mandatario dijo reconocer que "el pueblo norteamericano estuviera profundamente frustrado" y que quizá "estuviera perdiendo la sintonía con el pueblo". Una muestra de sinceridad que honra la claridad en la expresión de los sentimientos propios y ajenos que nos sorprende (a veces) de los norteamericanos.

Podría creerse que a Obama le quitaron apoyos quienes temen porque la cobertura sanitaria aumente el riesgo de "llevar el país a la bacarrota" o que "las medidas anunciadas van más lento de lo esperado", o, simplemente, que la gente se ha cansado algo de un Presidente que se expresa con las ideas del vecino del primero con vocabulario rebuscado en los patios de Harward.

Pues no. El probelma de Obama es el mismo que tienen aquellos países que confiaron su desarrollo en la huída hacia delante, y esa fuga se traducía en aprovechar la capacidad de consumo -estimulada con pautas razonables, moderadas, controladas- de los emergentes.

Resulta que China, -y, en menor medida, Brasil e India- han roto las amarras y sus bloques de alta competitividad y bajo coste navegan peligrosamente por el mar de la tranquilidad (siempre relativa) en el que los norteamericanos y europeos habían asentado sus buques de paseo.

Por eso Obama apeló a lo que une -o debiera unir- a los norteamericanos, independientemente de sus aficiones demócratas o republicanas- "el enemigo común" (1). No lo nombró por su nombre, pero lo invocamos aquí: China. Por eso no le salen las cuentas.

(1) "In this century, the most important competition we face is between America and our economic competitors around the world. To win that competition, and to continue our economic leadership, we're going to need to be strong and we're going to need to be united."

 

Sobre el espacio político de la izquierda europea

Será necesario, tal vez, empezar este Comentario reconociendo que no creemos en la posibilidad de encontrar una definición absoluta -es decir, válida con independencia del momento y del espacio geográfico- para los conceptos de izquierda y derecha políticas.

La calificación es utilizada hoy fundamentalmente por los nostálgicos que pertenecieron o dijeron pertenecer a la izquierda revolucionaria -convertidos en respetables abuelitos a los que se acude como al santoral, pero sin que tengan peso específico alguno- y por los políticos en discursos de barrio que pretenden, por contraste, asustar con una derecha asociada ladinamente, en esos mítines, al capital y a la explotación del trabajador.

La diferenciación ha ido perdiendo fuerza en la medida en que el estado de bienestar fue ganando hitos.

Por una parte, quienes se encuentran ahora en las zonas inferiores de las rentas son clara minoría y sus necesidades están muy alejadas de los deseos de la media, a la que se dirigen las formulaciones de los programas políticos -de unos y otros- en  la intención de ganar su voto.

Además de las dificultades de estas minorías de aglutinar electoralmente sus posturas -solo simbólicamente acogidas en mítines de barrio por los partidos mayoritarios de la hipotética izquierda-, la realidad es que los argumentos reivindicativos defensores de una mayor atención social para esos desfavorecidos se confronta con la situación de aceptable bienestar, de los que se deriva su apatía y comodidad, por parte de una mayoría de la población, ideológicamente vacía.

Esa pérdida en Europa de identidad para la izquierda no fue gradual, ni intencionada, sino producto del éxito en las urnas de los partidos que trabajaron sus propuestas desde el ámbito de las izquierdas a los poderes tradicionales.

Los dirigentes de esos partidos que pretendían captar el voto de "la otra mitad" -formada idealmente por desempleados, estudiantes, asalariados, pequeños agricultores, funcionarios, - especialmente, profesores universitarios-, jubilados y profesionales liberales a principio de su carrera-, se encontraron con  que una vez que habían alcanzado el objetivo de gobernar y conseguían implementar alguna de las mejoras asistenciales que habían prometido, la cuestión clave no era ponerlas en marcha, sino cómo financiarlas.

Cuando las economías están en expansión, todo son rosas. Se aprueban beneficios sociales generosos, se aumentan las prestaciones asistenciales, se gasta más dinero público en sostener la educación, los transportes, la vivienda, la atención medicina y, en general, todos los servicios; en esa coyuntura de bonanza, también las entidades financieras colaboraron prestando dinero a cambio del compromiso de pagar más tarde, es decir, vendiendo el futuro.

La continuidad en el poder del PSOE en España -profundamente lastrado por la falta de credibilidad en la coherencia de su desmedido modelo de prestaciones sociales, con la estructura técnico-económica general y, también, con las serias objeciones a la capacidad de sus dirigentes para superar una crisis que ignoraron hasta que se hizo insoportable-, parece enfocarse hacia el revisionismo de su programa.

Carlos Mulas-Granados, gerente de la Fundación Ideas -uno de los mecanismos de tanteo ideológico que ha creado el partido en el poder- publica en EP (2 de noviembre de 2010) una elucubración acerca de las ideas de Ed Miliband, nuevo líder laborista, y su apoyo matizado a los recortes drásticos al estado de bienestar que está realizando el premier conservador David Cameron.

La diferencia que resalta Carlos Mulas, que hace figurar a Ideas como ideólogo en la sombra de la propuesta de Miliband, es que "el ajuste socialmente justo" sería aquel en el que se repartieran por igual el aumento de los ingresos fiscales y la reducción de los gastos públicos, dedicando más dinero a políticas activas de empleo frente a subsidios de desempleo.

No se trata, sin embargo, solamente de la redistribución de las cargas. Como a Mulas no se le escapa, pero no resuelve, la cuestión clave es la manera en que se podrá generar en el futuro los nuevos ingresos que se necesitarán para mejorar los servicios públicos (o recuperar la situación perdida por la crisis).

Ese debate no es de izquierda ni derecha, y es tan importante, que reclamaría la atención de toda la sociedad civil. Cuando el futuro se presenta plagado de incertidumbres, no se necesitan politólogos, sino que acudan al llamado de urgencia los creativos, los técnicos, los emprendedores, los creadores y transmisores de conocimientos. ¿Están convocados? No, lamentablemente.

Sobre la propiedad de las setas silvestres y su legislación

Las setas silvestres, en España, salvo que el terreno en donde crecen haya sido declarado administrativamente "coto micológico" son de quien las recoja. Tienen la consideración de "res nullius" y su propiedad, como la caza o la pesca, -a salvo de lo que prevea para éstas su legislación específica-, se adquiere por ocupación.

Para recoger las setas es, sin embargo, evidente que se debe penetrar en la propiedad de otro. Sin necesidad de argumentarlo, debe admitirse que esta irrupción en lo que no nos pertenece, además del consentimiento tácito del dueño, ha de ser pacífica y respetuosa con la propiedad (animales, frutos, terrenos, cercados, edificaciones, etc.), a la que no se deberá causar daño alguno.

Esta situación viene señalada, evidentemente, por la costumbre. En la apreciación consuetudinaria, las setas no tienen valor alguno e, incluso, pueden resultar peligrosas a quien las ingiera; así que, "allá se entienda con ellas cada uno".

Las cosas han cambiado bastante, tanto en lo que respecta a las setas como alimento de calidad, como en la valoración ecológica de este producto de la naturaleza. En ambas direcciones, cabe realizar algunas puntualizaciones.

Algunas setas son excepcionalmente apreciadas en la actual gastronomía. La proliferación de recolectores de setas de variado pelaje al llegar la estación propicia, suscita algunas reflexiones que no tienen que ver con la micología, sino con el sentido común. Los níscalos, boletus, robellones, lepiotas, setas de cardo o marasmius (en especial) son buscados en muchos sitios con obsesión.

Atendiendo a la cantidad y modo de recolección, habrá que distinguir, desde luego, entre micófagos y depredadores, estableciendo incluso una categoría especial para los insensatos. Quien recoge setas para su propia ingesta y la de su familia, guiado por su conocimiento sobre el tema, dejando intacto lo que no identifica y con el mayor respeto hacia lo que no es suyo, detenta la categoría excelsa de micófago y merece, en nuestra opinión, todo respeto.

Junto a esos pocos, proliferan otros individuos, manifiestamente ayunos de información micológica, que parecen disfrutar destruyendo lo que no les pertenece, ignorando no ya su valor de mercado, sino el alto valor ecológico de hongos y setas; cortan con sus navajas o pisan cualquier forma de seta, o recogen cuanto encuentran sin importarles formas o aspectos, amontonándolo en bolsas de plástico o cestas de ocasión, a la espera de que alguien les ayude a separar -¡como si fuera seguro!- lo bueno de lo malo, y muchas veces acaban arrojando, sin estar siquiera arrepentidos, el producto de su desfachatez, a una cuneta.

Existen, en fin, quienes ven en el aprovechamiento micológico un negocio, recolectando, en los sitios que conocen bien y aprovechándose de los momentos propicios, la mayor cantidad posible de setas, para venderlas a restaurantes o traerlas directamente a los mercados, con lo que obtienen un interesante complemento a sus otros emolumentos, que puede llegar a unos cuantos miles de euros.

No será sencillo estructurar una regulación micológica absolutamente coherente, que ponga en claro el derecho preferente del propietario a la explotación micológica, evitando el enriquecimiento de terceros con la expropiación de la producción de sus terrenos, cuando éstos recogen las setas para su venta en el mercado.

Tampoco es fácil, porque afecta a la cultura ambiental y es materia de la que se habla mucho pero se practica menos, llevar a la convicción de los excursionistas campestres, que la recolección de setas exige conocimiento y, sobre todo, respeto a la naturaleza.

Pero es urgente avanzar en ambas direcciones, de forma uniforme y clara. En algunos países europeos, por ejemplo, las cosas no son ya tan permisivas. En Austria, se pueden recoger como máximo 2 kg de setas por persona y por día, y si los guardas forestales detectan a alguien con cantidades superiores, se le incautan las setas y se le multa con 600 euros.

(En la provincia de Segovia se ha anunciado, a partir de 2011, la implantación de un permiso de recolección para seteros en las comarcas de Ayllón y Guadarrama (Unidades de Gestión para Aprovechamiento Micológico, UGAM), afectando a más de 30.000 Ha. ha provocado un fuerte reacción entre los aficionados.

Las previsiones son que, superada esta primera campaña como informativa, sucesivamente se implanten otras zonas hasta totalizar más de 140.000 Ha. en Castilla y León, pretendiendo la regulación de un mercado que, según estimaciones, supone en una temporada buena la recogida de más de 17.500 t y una renta a los recolectores de 65 millones de euros).

Sobre molinos, catedrales y energías

Sobre molinos, catedrales y energías

Seguramente está ya todo dicho sobre los métodos técnicamente disponibles para producir energía primaria. Una parte sustancial de lo argumentado, además, está mal dicho, mal presentado, tendenciosamente elaborado.

No hace falta, por supuesto, hacer ninguna encuesta. Todos los occidentales, cultos e incultos -y, en especial, estos últimos- tenemos una preocupación obsesiva por el ambiente. Preocupación teórica, obviamente. La inmensa mayoría de los defensores de la conservación ambiental y de las especies amenazadas -se sobreentiende, por el hombre- no hacen lo más mínimo para reducir su gasto energético o disminuir su propia huella ambiental.

En España han triunfado los defensores de la producción de energía primaria a partir del viento y del sol. Se nos ha vendido, utilizando la fortaleza de los media y el poder de la argumentación simplista, que la energía nuclear es peligrosa y que los aerogeneradores y las placas solares corresponden a conceptos seguros, limpios, autónomos.

No reabriremos, pues, las puertas a la polémica, porque ya hemos expresado en otras ocasiones nuestra opinión. Simplemente, nos limitamos hoy a ofrecer una fotografía de indudable valor estético.

La central atómica de Olkiluoto 3, en Finlandia tiene una silueta que recuerda a la catedral de Bizancio. Esta central de la llamada tercera generación de reactores producirá 1.600 MW (megawatios), esto es, la energía suficiente para una ciudad de 1 millón de personas. Cuando esté completamente terminada, su cúpula tendrá un diámetro de 56 m y se convertirá en el núcleo de peregrinaje para todos los devotos de una religión que, a pesar de todas las zancadillas que encuentra en el camino, goza de muchos adeptos: la fe en una energía nuclear segura.

El reactor de Olkiluoto es del tipo EPR (de agua a presión), y, en efecto, el calor se consigue por la fisión (o descomposición) de Uranio o Plutonio. El calor producido sirve para la producción de vapor en los generadores, que en la sala de turbinas se utilizará para la generación de corriente. Los condensadores enfriarán posteriormente el vapor, y el agua será recirculada nuevamente a los generadores.

La diferencia sustancial en cuanto a seguridad de este tipo de reactores, respecto a los que seguiremos utilizando en España mientras se encuentren en su vida útil -porque nos son imprescindibles-, es que la nave de turbinas no precisa de protección a las radiaciones, porque el refrigerante de los reactores no abandona en ningún momento el edificio en donde se encuentran.

Es decir, el flujo de refrigeración (secundario) y el circuito primario no se mezclan nunca; no hay riesgo de contaminación radiocativa. ¿Nos oyen? No hay riesgo.

No hace falta que opongamos a esta bella fotografía de Reuters/Bob Strong (que publica Finantial Times Deutschland el 29.10.2010) la de los miles de lugares en España que han sido destruídos estéticamente por la proliferación de aerogeneradores y huertos solares -que han servido para enriquecer a algunos pocos y empobrecernos más a todos-.

Simplemente, habrá que recordar que seguimos utilizando la energía de procedencia nuclear en nuestro territorio, y la mantendremos durante una o dos décadas más, en tanto que hemos renunciado a mantener a nuestros técnicos en la cumbre del desarrollo de esta brillante forma de proporcionar energía segura, rentable y estéticamente hermosa.

Caminamos, con paso decidido, hacia una nueva época de las cavernas, en las que la ingeniería propia habrá sido sustituída por la esclavitud económica y cultural a la que nos habrá conducido nuestro desprecio al saber complejo, en beneficio de la combinación estulta de lo que creemos entender mejor porque es más simple, intuitivo y aparentemente -solo aparentemente- más seguro.

Un gran despilfarro de energías, a un coste que, como se ha demostrado, no podemos asumir y por una causa innecesaria, que no rentabilizaremos jamás: nuestro hipotético liderazgo tecnológico en las energías eólica y solar fotovoltaica.

(El lector interesado puede investigar por su cuenta qué empresas y qué capitales se encuentran detrás de los grupos mundiales que capitanean este desarrollo, cuyo desarrollo hemos subvencionado con alegría).

Sobre la percepción de la corrupción: medida y desmedida

Transparencia Internacional (TI) es una organización sin ánimo de lucro con ciertos aires misteriosos que fue fundada en 1993 por Peter Eigen, un abogado alemán que trabajó para el banco Mundial y, entre otras actividades, tuvo ocasión de asesorar legalmente a Namibia y Botswana.

Cada año, desde 1995, TI adquiere una punta de notoriedad por la publicación de un índice de corrupción, en el que casi todos los países son puntuados de 1 a 10 por un panel internacional de profesores universitarios y politólogos (intentamos con este palabro hacer referencia a la pluralidad de procedencias de los expertos).

La medida de la corrupción ha de ser forzosamente subjetiva y, en una amplia medida, intutitiva. Sabedores de que la luz es letal para su actividad, corruptores y corruptos se mueven en las cavernas del poder, ocultando sus huellas. Aunque la corrupción no es omnívora, pues su alimentación principal es el dinero, tiene una gran capacidad de adaptación: sabe esperar, puede transar, tiene tentáculos internacionales y tiene cómplices que basan justamente en su honestidad la capacidad de disimulo.

Año tras año, Dinamarca es el país que obtiene el índice más alto, merecedor de la matrícula de honor. España se mueve en el aprobado alto, entre los puestos 20 y 30 de un ranking de 170 países, más o menos. En la cola, se estabilizan los países más pobres de este planeta, mezclados con otros que se hayan en guerra o en crisis de identidad, como Irak, Irán y Venezuela.

No sabemos muy bien para qué se utiliza en concreto este índice -puede servir, por ejemplo, como orientación a los inversores internacionales para saber en cuánto deben aumentar los costes para incorporar los montos dedicados a sobornos-. 

De entre los mandatarios a los que ha sentado muy mal encontrar su feudo entre los países percibidos como corruptos, figura el gobierno de Chaves, el histriónico presidente de la República Bolivariana. Sus representantes se vienen dedicando a desacreditar el Informe, denunciando que es una manipulación de la CIA y otras organizaciones del capitalismo norteamericano y presentando argumentos de descalificación basados en la dificultad de medir la corrupción cuando los que puntúan tienen puestas las gafas de su propia corrupción.

No merece la pena entrar en valoraciones. Los que trabajan en los mercados internacionales saben bien el percal con el que se encuentran. Suponemos que, si caen en sus manos estas clasificaciones voluntariosas de investigadores sociológicos que manejan estadísticas, índices y papeles desde sus despachos, no podrán evitar una sonrisita despectiva.

Y guardarán, celosamente, entre claves, anotaciones ininteligibles salvo para ellos, los testimonios desconocidos para los demás que permitirían saber la verdadera medida de la corrupción en el mundo, los caminos del dinero negro, las ambiciones del poder y la consecución de contratos y beneficios que mueven los engranajes, tal vez incluso los principales, de la economía mundial.

 

 

Sobre la virtualidad realizada

La instrumentalización del futuro para conseguir los objetivos deseados -generalmente, beneficios propios- es, en realidad, un deseo de casi todos los seres humanos. No hay, en principio, nada reprochable en ello: estudiamos, trabajamos, actuamos, para que el futuro nos sea más favorable.

Así debiera ser. Solo que, para algunos, el futuro se convierte también en un campo de experimentación en el que forzar las voluntades de otros son parte del juego. Los demás se convierten en personajes secundarios de la película de la vida personal, y todo parece valer.

Habíamos leído del bombero que quemaba los bosques para no perder su trabajo; sabemos de la dedicación con la que los políticos de uno y otro signo echan pócimas y mejunges de verdades, comentarios, maledicencias y especulaciones, para condicionar la voluntad adormecida de los posibles votantes.

Lo que nos era desconocido hasta ahora es que los responsables de nuestra seguridad fueran capaces de educar terroristas para probar la solidez de sus estructuras de control. En esa plataforma de ensayo en el que el material consumible son unos seres humanos convertidos en cobayas ideológicas, se incita al terrorismo para que las fuerzas de seguridad se apunten méritos y afilen sus instrumentos de detección.

Por supuesto, no vale cualquiera para ser víctima de este experimento. Tampoco cualquier institución para promoverlo. En Estados Unidos, el 27 de octubre de 2010, ha trascendido que el FBI se dedica a animar a algunos individuos del perfil adecuado para que preparen atentados en lugares y transportes públicos.

Desde el 11 de septiembre de 2001, al menos cinco musulmanes, de origen yugoslavo, han sido acusados de estar preparando un ataque a la base militar de Fort Dix. En Nueva York, un imán local y el propietario de una pizzería que estaba en suspensión de pagos, están procesados por blanqueo de capitales y conspiración terrorista. Otros dos, hasta entonces anónimos ciudadanos de Newburg, fueron detenidos por pretender diseñar un atentado contra una sinagoga del Bronx.

La traca final ha sido la detención  de Farroque Amed, un americano-paquistaní que preparaba un ataque contra el metro de Nueva York.

El espectáculo está servido pues se ha sabido que, todos ellos, tuvieron detrás, para animarles a cometer estos delitos que hubieran conducido a violentas masacres, no a una cédula de Al-Queda, sino a equipos entrenados del FBI, agentes bien pagados y serios, que simularon ser grupos fundamentalistas.

A todos los acusados, jamás se les habría pasado por la cabeza cometer un acto del tipo que se les acusa. Los especialistas del FBI trabajaron duro para calentarles los cascos, prometiéndoles dinero a espuertas, consumiento todo el tiempo que fue necesario y dándole al asunto la credibilidad que es capaz de aportar un buen guionista.

Solo queda por decir que, obviamente, los equipos de las fuerzas de seguridad norteamericanas, han sido -en su momento- felicitados por haber conseguido desmantelar las supuestas cédulas islamistas radicales que ellos mismos habían sabido crear. La ficción supera a la realidad y, además, tiene la ventaja de que se puede hacer tangible cuando haga falta.

Y, desde luego, no hay que dudar que la realidad sin estímulos externos seguirá su curso: dos artefactos, según se cuenta, preparados en Yemen e inconfundible aspecto sospechoso de haber sido realizado por chapuceros fueron descubiertos en aviones que tenían por destino a Chicago, por especialistas internacionales en detectar cacharros con cables y aspecto de lavadora reciclada.

Mientras tanto, en los aeropuertos occidentales -en los demás, ya depende-sigue realizándose una inspección tan exhaustiva (es un decir) como ridícula (es una constatación), con complejos equipos y una dedicación exasperante.

El único objetivo aparente, al decir de los viajeros que han sido descubiertos con una botella de agua, una sospechosa loción capilar o un cinturón con hebilla metálica, es conseguir cabrear a un porcentaje creciente de ciudadanos, convirtiéndolos en potenciales delincuentes. Por algunas de las expresiones que mascullan mientras se desnudan ante los detectores de metales, estarían dispuestos a cometer algún delito de agresión o destrucción de bienes públicos.

No faltará, pues, trabajo para algunos. Alá, Al-Queda, el FBI y la instalación del miedo como doctrina sean loados.

Sobre la regionalidad, el desarrollo y la globalización

El intento de resolución de un dilema puede conducir -cuando se cierra en falso- a una paradoja.

La combinación del propósito de la globalización que, como concepto "ómnibus" contiene una buena dosis de falsedad y voluntarismo, y la presión concreta -ausente de inocencia- para encontrar una solución regional a los problemas propios (fundamentalmente, la generación de empleo que permita el sostenimiento del nivel de vida), genera una de las contradicciones más dolorosas de nuestra sociedad.

Ante todo, es necesario ser absolutamente claro: nos encontramos en un mundo insolidario, cruel y fanático, en el que la globalización es una quimera. No podemos pretender encontrarnos en un mundo global -y, por tanto, tampoco deberíamos hablar de sostenibilidad- cuando, al menos, 1.000 millones de personas no tienen acceso al agua potable, fallecen de desnutrición miles de niños (y adultos) cada día, y mantenemos desigualdades dramáticas entre los países y, dentro como fuera de ellos, entre las rentas personales.

A partir de la insinceridad de los planteamientos solidarios (a escala individual como colectiva, incluídos los Estados y, si pretendemos existe un liderazgo mundial, por parte de los G-8 o los G-20+) se practica la teoría, cuya instrumentalización admite muchas vertientes, del "sálvese quien pueda".

Y, como consecuencia, asistimos a; 1) el despilfarro de los recursos propios, repitiendo a escala regional o local comportamientos ineficientes o improductivos, 2) la pésima utilización de muchos de los recursos ajenos, que, según nuestra posición de dominación o de dependencia, sometemos al proteccionismo o a las hipotéticas leyes del mercado; 3) la ausencia de una coordinación global que permitiera definir sobre el empleo más rentable, en términos de productividad, de los recursos globales, en especial en las áreas básicas: alimentación, agua, energía, tecnología de infraestructuras y servicios y conocimientos médico-farmacéuticos.

He aquí, pues, la paradoja: En la Unión Europea, las diferentes regiones pugnan por alcanzar una relevancia tecnológica a nivel mundial, sin que exista verdadera coordinación a nivel conjunto. Se repiten, una y otra vez, los mismos esquemas, sin que se detecte la voluntad de repartir los papeles sustanciales, concentrando los focos de eficiencia.

En el caso de España, la situación puede considerarse dramática.

El número insoportable de Universidades regionales, lastradas por la ineficiencia de equipos profesorales, en general, escasamente cualificados (y mal pagados), unido a la falta de iniciativas empresariales innovadoras a escala local, genera un entramado de incompetencias prácticas en las que el observador podrá distinguir siempre a alguna empresa multinacional que se beneficia de los incentivos públicos, del trabajo gratuito -para ella- de funcionarios e investigadores, y de la formación de personal adecuado para ser utilizado como mando intermedio en los "centros de eficiencia" que han ubicado en los caros Parques Tecnológicos que, por lo demás, languidecen entre interesadas exhibiciones políticas cortoplacistas, decisiones estratégicas tomadas con criterios multinacionales y las duras realidades de los mercados.

Sobre la innovación en Europa

Sobre la innovación en Europa

Los días 27, 28 (y 29) de octubre de 2010 se celebró en Lieja (Valonia) un Congreso dedicado a la innovación, bajo el patrocinio de la Presidencia belga en la UE.

Lieja contiene uno de los generadores de clusters más interesantes de Europa, en el que se han depositado expectativas de que sirva para la recuperación de la deprimida región valona, profundamente afectada, como es sabido, por la caída definitiva de los mercados siderúrgicos.

Los tiempos de Usinor-Coquerill han pasado, aunque las huellas de aquella gloria han quedado en el paisaje -degradado, aunque, como es el caso de la también húmeda Asturias, el tiempo (atmosférico) parece dispuesto a curarlo todo-.

Mantiene Lieja un encanto sustancial, combinando unas espléndidas zonas verdes, en las que el agua y añosos árboles alternan con iglesias y otros monumentos de imponente factura. La moderna estación de tren, diseñada por Calatrava (Guillaumens), esta vez sí, se integra magníficamente con el espacio, proporcionando una puerta de entrada a la ciudad que no tiene rival en Europa.

Hemos podido visitar, entre otros, el espacio de investigación que Arcelor-Mittal tiene instalado en el Parque Tecnológico de Lieja -en realidad, se le denomina "Liége Science Park", un paraje idilico en al que aún no ha llegado el invierno-, y constatado las preocupaciones actuales de sus animosos investigadores. Arcelor tiene en Lieja 100 investigadores (50 ingenieros y doctores, y maneja un presupuesto de 17 millones de €, de los que 3 provienen de subvenciones públicas).

Instalaciones y trabajos, por cierto, los de Arcelor, celosamente guardados. No se nos permitió hacer fotos, a diferencia con lo que sucedió en el Centro de formación Technifitur, en el que los visitantes se entrenaron a plasmar hasta los rizos de los aprendices que se adiestraban allí en el manejo de fresas y otras máquinas programables.

Especialmente interesante fue la visita a Sirris, en donde se investiga en la creación de prototipos con formas complicadas a base de polvos poliméricos, sinterizados con laser, entre otros trabajos relacionados con moldes, piezas singulares e incluso ensayos de resistencia al choque. 

El gigante siderúrgico -5% de la producción de acero en el mundo, con 73 mill. de t/año, en 60 países-, al que la crisis ha obligado a una reducción de personal drástica, para quedarse con "sólo" 287.000 empleados, vió recortada su facturacion en 2009 a 65.000 mill. $. mitad. Bien porque se olió la crisis o porque la necesidad obliga, está orietando su producción hacia la alta calidad, desde luego, pero también hacia lo pequeño.

Así lo pone de manifiesto sus ocupaciones investigadoras: láminas de acero revestidas de películas con alta resistencia al impacto, o con características que la hacen fotosensibles, por ejemplo; producción de láminas extradelgadas; acuerdos para fabricar estructuras y viviendas llave en mano, en colaboración con empresas de construccion e instaladores;...

En España, el Centro de Labein, en el Pais Vasco, es puesto como ejemplo en Europa de la actividad en temas de inteligencia artificial; nada sabían (nada concreto) nuestros interlocutores sobre la investigación en Arcelor- Asturias, salvo una confusa referencia al reconocimiento de formas (que suponemos se realiza en colaboración con la Universidad ovetense).

Nos ha quedado claro el propósito del capital indio de convertir a Arcelor en una empresa global, que integre la producción de toda la cadena, desde la minería hasta los servicios, incluída la gestión del agua o de los residuos, propios y ajenos.

En la filosofía del "sálvese quien pueda", la familia Mittal, desde luego, sigue comprando cuantas papeletas llegan a su alcance. También se aventura un reparto de papeles. En ese marco competitivo global que maneja el gigante siderúrgico, la orientación no excluye la micro y hasta la nanotecnologia, en la que Europa tiene la batuta del liderazgo tecnológico del grupo.

Las previsibles consecuencias sobre la cantidad y calidad de los trabajos disponibles, partenecen a otra historia, que se contará, suponemos, por los eruditos investigadores de la India, -o, quizá de China o Brasil-, que se perfilan como vencedores de las próximas décadas .

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1) En la información pública que difunde Arcelor-Lieja, se indica que se ha conseguido añadir "funciones inéditas" al acero, tales como propiedades autolimpiantes, antibacterianas y agentes de purificación del aire y del agua. Entre los nuevos productos, están los revestimientos orgánicos y metálicos, que se pretende integrar en los aceros convencionales de construcción: coches con células fotovoltaicas y absorbedores térmicos.

Sobre la marginación de la técnica por la política

En la presentación del librito “Una nueva gobernanza global” (director Nicolás Sartorius, Ed. Marcial Pons, 2010, 15 euros) que se realizó en el 25 de octubre de 2010 en el salón de actos de la delegación del Principado de Asturias, quienes hicieron de padrinos aventuraron algunas ideas que pusieron de manifiesto la buena intención de los autores.

Aunque el texto tiene pocas hojas y una buena parte de las mismas se dedican al análisis de la situación mundial y de cómo se ha llegado hacia aquí (cuestiones que, en este momento, o son suficientemente conocidas o admiten ya poca discusión), las sugerencias acerca de cómo actuar son apetitosas. Pero como afectan a la gobernanza global y en este momento, como también se dijo, las directrices no provienen de Estados Unidos, sino más bien del impulso chino, como no se traduzcan al mandarín, tendrán poco efecto, por interesantes que parezcan a la intelectualidad rojera de este país, que aún queda, a Marx gracias.

La oportunidad de la reflexión es clara y el mensaje que se ofrece en el texto, también:  Diego López Garrido lo definió con estas palabras:” Tenemos una deuda ingobernable y el mecanismo que se implementó para Grecia debería ser permanente. Hay que sustituir deuda por impuestos”.

Lo que pasa, como también se reflejó en el debate, es que “la deuda no pasa por el control Parlamentario, y las imposiciones fiscales, sí, por lo que se ha preferido transferir el coste de nuestro bienestar actual a las futuras generaciones, en lugar de aumentar la carga fiscal de la que lo disfrutan.”

Hay otra cuestión, nunca suficientemente tratada, por desgracia, y es la necesidad de los técnicos para que completen la visión que tan esforzadamente nos dan sociólogos, economistas y licenciados en derecho. La técnica -nos repetimos, sin embargo- "no acude siempre": hay que alimentarla, cuidar a los científicos, a los ingenieros, enseñarles a que puedan hacer las cosas y bien y, luego, cuando son mayores -es decir, cuando alcanzan experiencia práctica-, guardarlos como oro en paño.

Porque nuestro mundo global está cada vez más tecnificado, pero solo unos pocos controlan lo que necesitan los demás. Entre la sociedad de la producción y la del consumo se ha creado una inmensa brecha, y no la vamos a cubrir con filosofía.

Esta vez, no.

Sobre la traducción del lenguaje poético

Esa forma peculiar de literatura que es la poesía, manifiesta su idiosincrasia, en especial, cuando se la traduce.

Porque, a diferencia de otras expresiones literarias en las que el traductor puede, sin mayores problemas (supuesto que conozca bien ambos idiomas, lo que no siempre sucede) guiarse por el original para, de manera bastante automática, obtener un resultado satisfactorio, con la poesía hay que estarse con mucho más cuidado.

Hablamos, obviamente, de la poesía lírica, que es la única forma de poesía que merece la calificación de arte poético. Y no nos referimos a la imposibilidad para reproducir las rimas y cadencias del original en la versión traducida, sino a la necesidad de que el traductor vuelva a sentir, como autor devenido, la misma o parecida emoción que el autor. Es decir, se convierta en un lector entregado de los poemas, los recree, sentimentalmente hablando.

Por ello, nos resultan, en general, lamentables los esfuerzos -baldíos- de algunos traductores de poemas para encontrar rimas -asonantes, pues las consonantes resultan ya por su naturaleza imposibles-, creyendo que así son más fieles al original.

No reside ahí, en nuestra opinión, el problema. La buena poesía lírica utiliza cadencias internas con las que el autor, apoyándose, a veces -no siempre- en aliteraciones, palabras poco usadas en el idioma, metáforas o combinaciones de vocablos, frases y modismos que pueden no tener sentido más que en el lenguaje de partida, se transmite un todo emocional que, si está bien construído, no admite retoques, vaciados ni apuntalamientos.

Y menos, en otro idioma; y mucho menos, por quien no ha sentido el mensaje de lo que está traduciendo, por imposibilidad emotiva, por autocomplacencia creativa (utiliza el texto como pretexto para hacer otra cosa), por ignorancia de la tremenda dificultad que supone trasladar a otra lengua lo que, seguramente, solo puede expresarse con plenitud en la primera.

Sobre mentirosos y mentiras

Quien más, quien menos, todos somos mentirosos, pero, en general, de mentirijillas.

Esas pequeñas mentiras, cuyas patas son siempre cortísimas, sirven apenas para ayudar a pasar página de aquellos momentos en los que hemos sido descubiertos en una situación que hubiéramos deseado no perteneciera a nuestro particular currículum o, también -todo tiene siempre un haz y un envés- queremos incorporar a él, inventándonos un ropaje que no nos corresponde.

Pero así es el poder del mentiroso, así el tamaño de la mentira que se siente con capacidad de urdir.

Para los mentirosos de mentirijillas, existen detectores y hasta programas de televisión que ofrecen pequeñas cantidades de dinero a quienes, conducidos más que por el deseo de ser veraces, por la contumacia en mostrarse estúpidos, tengan suficiente de estómago junto a la falta de cabeza para confesar en público que han engañado a su esposo acostándose con la peluquera, odian a su hermana mayor desde que se enteraron que usaba almohadillas en el sujetador o sisan latas de bonito caducadas en la tienda del chino de al lado.

Lo más curioso de esos programas es que el dinerillo con el que se alimenta la estulticia, no lo dan por ser un buen mentiroso, sino porque, a pesar de lo duras e inverosímeles que puedan parecer las confesiones, los presuntos afectados, parecen, por lo general, haberlo sabido y consentido. Por tanto, son cómplices de haber puesto sobre las mentiras del otro su capa de ocultación.

Julian Assange, que es el inventor de un uso realmente imaginativo de internet que llamó, sabiamente, Wikileaks (Fugas rápidas, en anglohawainano), se ha propuesto demostrar, con ejemplos prácticos, lo que ya intuíamos: que las democracias son mentirosas. En especial, cuando sus dirigentes empiezan guerras en los países para salvar en ellos a los súbditos de sus tiranos cuando ese es el beneficio colateral menos interesante, pues el daño pretendido es apropiarse de sus recursos.

Ha elegido como prueba de fuego para su cruel experimento -cruel para los sensibles crédulos de la propaganda oficial, si es que quedan- la guerra de Irak, en la que el ejército norteamericano cumplió a la perfección las órdenes de poner a ese país en estado de guerra civil, derrocando a sangre y fuego a un dictador de los muchos que ocupan el puesto de mando en países que oficialmente no pasan el examen, siendo tenidos por poco o nada democráticos.

No se sabe aún cómo se hizo con ellas, pero dice tener casi 400.000 páginas o documentos de mentiras, horrores, infracciones patentes de derechos humanos y testimonios irrefutables de comportamientos inhumanos, por parte de las tropas de ocupación norteamericanos.

Por los ejemplos que se van conociendo, perfectamente documentados, desgraciadamente verosímiles, con el marchamo de ser genuinamente ciertos, estamos ante una de las grandes mentiras al descubierto de cómo se sigue gestando la historia de la Humanidad. 

El más tonto se vuelve filósofo, y habrá que corregir algunos aforismos, adaptándolos. Mentir o no mentir, ¿ésa es la cuestión?. ¿Quien mucho miente, nada le aprieta? ¿Al público alabando y con la mentira dando? ¿Miente bien y no mires de quién?. ¿Bobalicón el que no mienta? ¿A buen entendedor, pocas mentiras?

Sobre morros y morritos

Lo sentimos, pero no nos ha parecido tan mal que el alcalde de Valladolid, Francisco Javier León de la Riva, se haya referido a la neo-ministra Leyre Pajín con una alusión a sus morritos, en una frase, desde luego, desafortunada, pero no exenta de gracia.

Ya hemos tenido ocasión de lamentar que la carrera miristerial sea un paso para demostrar que se saben hacer las cosas bien y abrir el camino de los aspirantes hacia la empresa privada. Leyre Pajín es una mujer moderna, elegante y guapa.

No es una belleza como Cristina Garmendía y no tiene el estilo de Corredor o de González-Sinde, y no le llega a la altura sensual de Doña Letizia (esa nena que la mitad de los ovetenses, por lo que hemos oído, ha visto con sus propios ojos, jugar y dar gritos en su escalera de la comunidad de vecinos), pero -haciendo abstracción de la dignidad que representa, que es lo que corresponde en estos tiempos de marcada sensualidad- tiene su aquél.

La hemos visto abrazarse, jubilosa, a sus compañeras de partido y otros amigos cuando compartía con ellos la alegría de ese premio que le va a permitir alcanzar un sueldo de casi 100.000 euros al año, y eso que no consta que haya podido terminar (hasta ahora) su carrera universitaria.

El currículum que se ha difundido de su trayectoria profesional -plagada, eso sí, de referencia a su capacidad como gestora de las interioridades del partido en el gobierno- solamente indica que "tiene estudios de Sociología", que es la manera de expresar, con modestia, que ha hecho algunas asignaturas en alguna Universidad en donde se imparten esas enseñanzas.

No ha estado afortunado el alcalde de Valladolid, desde luego, porque ha confundido lo que se puede pensar y, por supuesto, decir, en círculos de amigos. Pero un profesor de medicina, miembro de la Real Academia de Medicina y Cirugía de Valladolid, jefe del departamento de Ostetricia y Ginecología del Clínico de Valladolid, presidente de la OICI y alcalde de Valladolid, revalidado por mayorías absolutas por cuarta vez consecutiva, no puede permitirse, por mucho que sepa de morros y morritos, exteriorizar lo que le sugiere una competidora política.

Caigan sobre él las penas del infierno, y no han de admitirse sus disculpas. ¿Qué se habrá creído?. Ha insultado a Valladolid, merece el desprecio de la élite cultural y política de nuestro pequeño país, que no debe tolerar tamaño exabrupto y, por tanto, como ha expresado correctamente la ministra de Cultura, debería dimitir.

Aunque, si no se decide a hacerlo, lo que comprendemos, si le aconsejaríamos que meditara de dónde le viene la fijación con esta joven, a la que viene persiguiendo dialécticamente desde hace ya años, acusándola, primera, de repartidora de condones a diestro y siniestro, insultando, después, su capacidad para expresarse como "tonta en cinco idiomas (...) cada vez que habla" y ahora, cuando no es su especialidad, refiriéndose a los morritos de la Ministra más joven del gobierno de Rodríguez Zapatero.

¡Ah, la baja política!

Sobre los Principes de Asturias y la plebe

Sobre los Principes de Asturias y la plebe

La selección española de fútbol ha recogido, en el teatro Campoamor de Oviedo el Premio Principe de Asturias al deporte. Fue el 22 de octubre de 2010, y todos los medios de difusión se han hecho eco de este acontecimento mundial.

Había en el acto otros galardonados menores. Gente desconocida para la mayoría del público asistente -hay que decir, no solamente ovetense; ni únicamente asturiano-, pero que también fueron acogidos con respetuosos aplausos de la educada multitud.

Estaban... Amin Maalouf, un escritor que se excusó por pronunciar un intrascendente discursillo en francés, ante su incapacidad para expresarse correctamente en español; Alain Toraine, un filósofo cuya entidad como pensador resultaba insuficiente par recibir aisladamente el premio, y que compartió con Zygmunt Bauman, otro vejete de aspecto  simpático, pero que no debía de poder andar muy bien, porque se agaraba de la mano al otro, aunque debían haberse conocido para la ocasión.

Y, en fin , había más premiados, pero es imposible recordar los nombres de todos, porque no se puede estar al tanto de la cantidad de cosas de menor entidad que hace la gente por el mundo.

Fue una suerte que pudieran prestigiar los Premios Reina, Navas, Ramos, Mata (asturiano), Marchena, Llorente, Javi Martínez, Xavi, Villar, Casillas, Marchena, y, por supuesto, el gran hacedor Vicente del Bosque, que es hombre modesto y tal, pero al que da gusto oirlo hablar, porque dice verdades como puños. Y tuvo el detalle de pedir a Luis Aragonés, el anterior entrenador de la roja, que subiera al escenario del Teatro Campoamor, para compartir el éxito de estos atletas, porque él también tuvo mucho que ver en esta hazaña que, por fin, ha puesto el nombre de España donde merece estar.

El teatro se vino literalmente abajo. Hasta Don Felipe los puso como ejemplo para todos, porque nos han hecho "sentir el orgullo de pertenecer a una gran  nación".

Qué pena que España no tenga científicos, técnicos, filósofos, historiadores, literatos, ingenieros que sepan estar a la altura del ejemplo que nos dan estos jóvenes que, con su entrega total, su dedicación a una vocación difícil, que exige un esfuerzo continuado son un ejemplo para todos.

Entre los galardonados en esta ocasión había un español, Rafa Matesanz, director de la Organización Nacional de Trasplantes, un médico madrileño que, no se nos tome a mal, cuando preguntamos a una persona del público sobre su identidad, nos contestó: "Debe ser alguien de la organización, ¿no?".

Sobre los distintos tipos de ferentes y su interés

Si alguien tiene la llave de la caja en donde se han guarecido los buenos espíritus, ya es hora de que la abra, los libere y nos devuelva a todos el ánimo para trabajar seriamente, poniendo en su sitio a los que se empeñar en teorizar sobre lo que deberíamos hacer para salir de esta crisis.

No será fácil deshacerse del maleficio por la que, a cada paso, como quien abre la gabardina para enseñar sus miserias pudendas, alguien nos aborda -en un Congreso, un Seminario, una reunión, en el bar o en la calle- para lanzarnos un discurso acerca de lo conveniente para enderezar la economía.

El día 21 de octubre de 2010 tuvo lugar el XXIV encuentro de "referentes en plenitud", que organiza el MITYC, a través de la organización Trainer Work Centers, que preside -en España- Ramón Pujades.

Pues bien: al margen de la pomposidad de las presentaciones del evento -con un lenguaje y términos que parecen del siglo XIX-, de la exigüa oportunidad de expresar alguna idea que se concede a los mini-ponentes (cinco minutos de intervención), de la improvisación confesada de muchas intervenciones (varios de los ¿quince? conferenciantes reconocieron que habían sido abordados en la noche anterior, o incluso a la entrada, para decir algo), he aquí una buena idea.

Es una idea estupenda reunir a grupos de emprendedores con representantes de la administración y la Universidad, para que, simplemente, se conozcan, comenten, hablen distendidamente. Lo que digan, es lo de  menos.

Y eso merece todo nuestro aplauso. No solo el nuestro, que vale poco, sino más, más, vítores, por favor.

Porque hay muchos tipos de ferentes. Los que aportan regalos, como recordaba Asterix, parodiando a Virgilio merecen desconfianza: Timeo Danaos et dona ferentes (Beware of the Greeks bering gifts, dicen los ingleses).

Los indiferentes son, quizá, los más peligrosos. Y los referentes, sobre todo, si no se lo creen, merecen respeto. En la reunión del 21 de octubre, por misterios aún no descubiertos del porqué de las cosas, Ramón Pujades consiguió reunir unos cuantos.

Sobre las barbas de Zapatero y el carisma de Rubalcaba

La pérdida de credibilidad del presidente del partido que gobierna en España, al que su optimismo sistemático ha conducido a oscuros callejones sin salida veraz, aconsejaba un cambio importante en el elenco ministerial.

Debieron de pensar en las catacumbas de la Moncloa, allí donde habitan los fontaneros del Ejecutivo, probando fórmulas que conducirán a brebajes mágicos y piedras filosofales: "Hay que ofrecer alguna sangre al electorado e intentar dar la sensación de que se tiene cogido el timón con ambas manos".

Así que se ha producido una sustitución de varios ministros -significativamente, ministras, ay-, y suprimido la alegría despilfarradora que significaban algunos ministerios que no habían alcanzado ton ni son. Al mismo tiempo, se incorporan o se acercan aún más a la primera línea de fuego (léase, focos), adictos al poder que ya estaban dando muchas órdenes en la cocina -Trinidad Jiménez, Ramón Jáuregui, Leyre Pajín (asistida por Power Balance)- .

En suma, la remodelación tiene el aire de un agrupémonostodosenlaluchafinal.

Rajoy lo dijo de inmediato, con esa intuición de persona bragada en asistir a los desastres, hábil maestro en juegos de palabras: "España no necesita un cambio en el Gobierno, sino de Gobierno".

Los analistas políticos ven en la nueva ubicación de Alfredo Pérez Rubalcaba como vicepresidente primero, ministro de Interior y portavoz, el hombre que, desde su fortaleza política, se opondrá como candidato por el PSOE a Mariano Rajoy, cuando toquen elecciones, en 2012.

Esto querría decir que Zapatero está pensando en retirarse de la política "activa" (por emplear un modismo al uso) y que el partido gubernamental acoge las voces que pedían un cambio  en el rostro opositor a Rajoy, que ve maduro el momento de llegar a presidir España y parece tenerle tomada la medida, y cada vez más a su compañero de pupitre cazurro.

No creemos, sin embargo, que el presidente Zapatero tema por sus barbas y que, por ello, las ponga a remojar. Quiá.

Confiado en que la crisis se está resolviendo y apreciando como inmenso valor que Rubalcaba carece de perfil para dirigir un país pero le sobran capacidades para trabajar en la sombra, ha querido darle más poder. Lo necesita para explicar con la esa mezcla compleja de seriedad, sabiduría, cinismo y desfachatez con la que ha forjado su currículum, lo que vaya pasando, visto que la antecesora en la confianza del Presi, de la Vega, había mostrado demasiadas varices en su lado hosco y los opositores le tenían pillado el compás.

Así que el presidente del Gobierno, facción PSOE, en nuestra modesta opinión, precisamente porque quiere conservar sus barbas impolutas, ha convencido al fiel escudero Rubalcaba para que, una vez más, meta el careto en el pimpampum donde todo el mundo se empeña en ver su cabeza y haga lo que pueda por desviar la atención del campo de Agramante. (1)

(1) Lugar donde todos se pelean entre sí; a distinguir de campo de Agramonte, que puede ser tanto un lugar del municipio de Cuba (Matanzas) o de un pueblo de Aragón (Zaragoza), a los que Cervantes no atribuyó ninguna obsesión por darse continuamente de puñadas, que se sepa;