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Al Socaire de El blog de Angel Arias

En exaltación del espíritu militar

La ministra de Defensa española, Carme Chacón, ha realizado el 6 de enero, un resumen de la actividad desplegada por los Ejércitos españoles durante 2010, con ocasión de la celebración de la Pascua Militar en presencia de los Reyes D. Juan Carlos y Da. Sofía, los Príncipes de Asturias, el Gobierno prácticamente en pleno y diversas autoridades autonómicas, locales y de la vida civil y militar.

Desde el 31 de diciembre de 2001 quedó suprimido en España el servicio militar obligatorio, que suponía una conexión directa entre la población masculina y el ejercicio de una profesión tan antigua como el hombre. 

Una Disposición Adicional de la Ley 17/1999, "De Régimen del Personal de las Fuerzas Armadas" (modificada por el R.D 247/2001), reguló la plena profesionalización de esta función, estableciendo que los españoles varones que hubieran nacido con posteriodad al último día del 1982 ya no serían reclutados para prestar este servicio a la Patria.

Es indudable que los militares son vistos ahora de forma diferente por el pueblo que como lo habían sido para todos aquellos que tuvieron la ocasión de vivir la vida castrense como una obligación. Y, de las opiniones que cualquiera puede recoger en la calle de aquellas vivencias, resulta siempre interesante descubrir que, en posición mayoritaria, se ve aquél período como positivo para la formación de la personalidad.

Pero no es solo éso. Los militares de hoy han evolucionado también; no quisiéramos utilizar un adjetivo equivocado, pero la impresión que se percibe es que se han hecho más fuertes en el aprecio de la ciudadanía. Se les entiende mejor, se les aprecia más, se les considera muy alto.

Tiene razón la ministra Chacón al exaltar la entrega de estos profesionales para difundir una imagen exterior de España sólida, cooperativa y seria. No porque estén haciendo misiones de paz, sino porque se les ha visto llevando la bandera de la solidaridad, de la entrega, de la asunción consciente y responsable del riesgo, en territorios que están en guerras ajenas, o en funciones que entrañan peligro y dificultad allí donde haya que resolver con eficacia situaciones de catástrofe.

Es oportuno trasladar a la ciudadanía que tenemos motivos para estar orgullosos de nuestros Ejércitos, de su profesionalidad, de su capacitación. Cuando escuchábamos con atención la Memoria resumida de un año de trabajo, sentimos la emoción de la solidaridad con esos militares (españoles y extranjeros) que se están ganando su salario obedeciendo, con una disciplina que no es tan frecuente encontrar en la sociedad civil, las órdenes superiores.

Un ejemplo, sin duda. Una llamada a la añoranza de la capacidad de seguir las instrucciones de los mandos, sin cuestionar razones, entendiendo que no se es menos por servir, si se sirve en apoyo de una causa más grande de la que nos podría justificar cuando nos postulamos en solitario.

No podemos, sin embargo, ignorar que esta Pascua se realiza en vigencia del estado de alarma, decretado hasta el 15 de enero para atajar la rebeldía de los controladores aéreos y que supuso una intervención singularísima (y exótica) de los militares en los aeropuertos, para actuar como instrumento de vigilancia -es decir, como policía-.

Tampoco se puede pasar por alto que la Asociación Unificada de Militares Españoles (AUME) acaba de presentar un manifiesto, al que se han adherido otras cinco organizaciones, en el que expresa su preocupación por el proyecto de Ley Orgánica de Derechos y Deberes de las Fuerzas Armadas, que, en su opinión, restringe los derechos fundamentales de este colectivo y arriesga suponer -en la dicción del escrito- su "muerte civil como ciudadanos".

Ambas circunstancias indican, en nuestra opinión, que existe campo para la reflexión, el análisis y el diálogo para que nuestros Ejércitos se sientan cómodos con sus funciones en democracia, y los ciudadanos civiles nos sintamos cómodos con nuestros Ejércitos.

Desde la ingenuidad

Pertenecemos al grupo de quienes creen que aunque la humanidad ha avanzado mucho técnicamente -lo que resulta incontrovertible si se analizan los descubrimientos prácticos que han mejorado el bienestar de la población mundial (eso sí, con importantes variaciones entre unos y otros)-, no hemos resuelto a satisfacción ninguna de las dudas sustanciales que tranquilizarían definitivamente nuestra ansia de conocer qué hacemos aquí, por qué razones superiores (si es que tales existieran) y lo que será de nosotros, en el caso improbado de que, después de la muerte, tengamos otra ocupación, conservando en ese supuesto estado al menos lo mínimo que nos permitiera reconocernos como lo que ahora creemos ser.

Esta preocupación filosófica ha llenado muchas horas de pensadores de variado nivel y ha dado nacimiento a teorías, algunas de ellas muy elaboradas, teniendo como base relatos no coincidentes sobre la comunicación de los dioses con los seres humanos, sus designios manifiestos y, lo que resulta mucho más grave, ha provocado interpretaciones muy interesadas por parte de ciertos grupos, a lo largo de la historia real, para invadir tierras de otros, robar sus pertenencias, sojuzgar sus voluntades y matarlos en nombre de esos espíritus superiores que nadie ha visto, al menos, que se pueda demostrar con pelos y señales.

Si se contempla la situación actual del mundo, sin fanatismos ni construcciones a priori, veremos con intranquilidad que sigue habiendo déspotas que niegan la razón a quienes proponen alternativas de progreso, aunque estén apoyadas por mayorías, que se siguen dedicando ingentes recursos a armarse con potenciales cada vez más destructivos y mortíferos, o que se siguen ocultando avances tecnológicos para exprimir al máximo en provecho de unos pocos las soluciones que permitirían la mejor distribución de lo que se tiene y la potenciación de lo que se podría conseguir.

Desde la ingenuidad, procede preguntarse porqué no se toman decisiones que serían satisfactorias para todos, en la economía, en la educación, en la sanidad, en la cultura, en el empleo. Porqué los líderes no se ponen de acuerdo en resolver aquello que los que más saben indican que procede hacer: en los terrenos del ambiente, de la energía, de la gestión eficiente de los recursos naturales y de las disponibidades financieras.

Es descorazonador tomar por evidente que no nos traerá 2011 más paz, ni más orden, ni más respuestas a lo que debiera preocuparnos más allá de la obsesión por el hedonismo fácil, del placer efímero. Ojalá que la ética y las devociones religiosas coincidan, al menos, en lo que resulta más elemental: no hacer más complicada la existencia de los demás y encontrar la tranquilidad en poder hacer, desde la modestia de las capacidades de cada uno, lo más adecuado para mejorar algo lo que nos rodea, avanzando no solo en el bienestar tecnológico, sino en la satisfacción de estar más próximos a las respuestas a porqué, para qué, con quién y contra quiénes.

Entre Cascos y cascotes

La actuación de darse de baja del Partido Popular por parte de Francisco Alvarez Cascos, motivada, según propia confesión, por no haber sido refrendado como candidato de la formación política en la que llevaba afiliado desde hacía unos 30 años y por la que había ocupado cargos muy importantes del gobierno de España, merece algunas reflexiones.

No lo hacemos por ánimo de justificar o criticar una postura cuyo análisis, a la postre, debe circunscribirse al ámbito personal de quien la ha tomado y al de sus consejeros y seguidores, sino por entenderla un reflejo esclarecedor de cuáles son los móviles que, siempre juzgando por apariencias, rigen algunas de las vocaciones políticas en este país y, seguramente, de todos los que se han configurado como democracias parlamentarias.

Por ello, juzgamos interesante detenerse a analizar porqué en un partido que puede ser alternativa seria de Gobierno, sus militantes cualificados se rebelan, abandonándolo, cuando no se les concede a ellos en particular la opción de gobernar los intereses de la mayoría, creyéndose más aptos que cualquier otro.

En una situación, reconocida por todas las encuestas, de pérdida de confianza por la mayoría de electores en la capacidad del partido actual en el Gobierno del Estado para solventar satisfactoriamente la crisis o, cuanto menos, de ser más solvente que su alternativa, la aparición de una escisión en los criterios de quienes tienen relevancia en marcar directrices en esa última opción política, no puede pasar desapercibida.

La decisión de Cascos tiene el efecto de debilitar al partido de que proviene.

Las divergencias en la asunción de las decisiones respecto a cómo consolidar en las urnas esa mayoría a priori no tendrían porqué causar debilidades al partido, si, una vez realizadas las primarias, o como quiera llamarse la dilucidación de la competencia interna entre los candidatos, todos los militantes cierran filas en torno al elegido, presentándolo como una opción sin fisuras frente a los de las otras formaciones políticas.

Ha sido este el caso, no sin derramar algo de sangre interna, pero sin llevar el caso a urgencias, en las elecciones previas del candidato del PSOE que habrá de optar a la Presidencia de la autonomía de Madrid, enfrentándose a la dura rival Esperanza Aguirre, actual detentadora de ese cargo.

La cuestión en Asturias era diferente, pues la dirección del PP debería seleccionar a un candidato que compitiera con una nueva opción del PSOE, el ingeniero Javier Fernández, una vez que el actual presidente de esta autonomía, Vicente García Areces, había renunciado a presentarse él mismo.

La sonora retirada de Cascos -militante individual, sí, pero con proyección pública indiscutible (para bien como para mal)- tiene el propósito de debilitar al PP, tanto más cuanto se anuncia el propósito de generar otro partido en Asturias en torno a su figura carismática.

Pero es que, además, la escaramuza dialéctica es perjudicial para la región, porque debilita la posición de Asturias en el panorama político, haciéndola foco de atención de rebeldías y descontentos personalistas en el sento del partido de la alternativa, como si lo importante no fuera gobernar bien, sino gobernar-yo.

Una región que, no puede olvidarse, dada su pequeñez, depende de la sintonía con el gobierno de Madrid. Además, dada su particular personalidad en el conjunto autonómico (en la que se combinan razones históricas que la abocan a defender un centralismo no segregacionista,  la concentración de grandes industrias, la relevancia sindical, la dependencia respecto a ayudas externas en sectores estratégicos, etc.), ha sido muchas veces, como hemos reflejado en otros Comentarios, banco de pruebas para pulsar previamente los efectos de algunas decisiones clave para el conjunto del país.

Los análisis apuntan a que el candidato del PSOE tiene ahora mayores opciones, al encontrarse posiblemente ante un frente dividido, en el que los votantes afines a los populares deberán elegir entre apoyar a Isabel Pérez Espinosa o a Francisco Alvarez Cascos, éste aupado en su nuevo partido.

Siendo, por lo demás, trasparente que la rotura ideológica se produce, en este caso, más que por la trayectoria de Cascos por la de sus aplaudidores, por la puerta de la derecha -así debemos interpretarlo, por los apoyos, aún tímidos, que está recibiendo-, no parece probable que, efectuadas las elecciones, la opción en Asturias para cambiar el signo del gobierno regional se consolide, a través de una coalición entre el PP y el nuevo partido del ahora disidente, pues la mayoría se ha puesto más difícil de alcanzar.

Si esta elucubración resulta cierta, Asturias se encontraría, a partir de 2012, -a salvo de una mano salvadora que viniera a tocar con sones de fortuna los deseos del presidente Rodríguez Zapatero de que la crisis se resuelva prácticamente por sí sola- con un gobierno del PSOE, en un contexto estatal controlado por el PP.

Resumen: Cascos deja cascotes para una región que aún necesita, para levantar plenamente la cabeza, apoyo exterior, al que, desde luego, siempre ha estado dispuesta, como alumna aplicada, a prestar sumisa atención.

No escribimos así porque defendamos, desde nuestra neutralidad política, que él hubiera sido el mejor candidato del PP, sino porque ahora ha dejado debilitado a ese partido en Asturias, construyendo con él una singularidad que, en coherencia con la teoría del banco de pruebas, vaticina inseguridades en la construcción de una alternativa de gobierno para el conjunto del país.

Y, mucho más grave, demuestra que los intereses personales priman, siguen primando, sobre los intereses generales en algunos representantes políticos y hombres (y mujeres) de partido. Que no es lo que sería deseable para sacar la cabeza a España del lodo en el que tenemos la sensación desagradable de estar todos pateando y, algunos, pateándose.

Entre pocos anda el juego

La conmemoración del centenario de la Residencia de Estudiantes, creada en 1910 por la Junta para Ampliación de Estudios e Investigaciones Científicas, ha puesto un asterisco de atención sobre esa experiencia, insólita hasta entonces en España, y que consiguió funcionar como un activador de creatividad para un grupo de jóvenes que tuvieron en ella el estímulo para desarrollar sus potencialidades y generar, por interacción, nuevas ideas, bajo la tutela incitadora de buenos maestros.

La combinación de una juventud receptiva, -autoimpulsada por el encuentro de mentes animadas unas con las otras, en una emulación que avanzaba por el campo abierto de la imaginación- y un grupo de educadores sin intenciones doctrinarias pero con un bagaje cultural sólido, proporcionó un momento de gran fertilidad en una tierra, España, que es capaz de generar excelentes capacidades, pero que tiende a abortarlas, en cuanto las descubre, para sepultarlas con las poderosas armas de la envidia, la mediocridad, la apatía y otras herramientas que, al garantizar la vulgaridad, sirven de defensa a quienes no desean que nada cambie, para poder seguir haciendo de las suyas.

Hoy, nuestro país necesita tanto de estímulos para que los jóvenes talentos no se malogren, como de perspicacia y serenidad para evitar que los conocimientos de quienes pueden ser óptimos maestros no se desanimen o no encuentren las aulas adecuadas.

Hay que reunir a unos y otros, y no solamente para efectos demostrativos. No podemos permitirnos desperdiciar ni a unos ni a otros. Y el ejemplo de la Residencia de Estudiantes, pero también su historia posterior -la destrucción de lo conseguido, la persecución de cuanto significaba originalidad, la imposición del dogmatismo como fórmula de educación, etc.- debería servirnos de acicate inmediato para romper las barreras que nos anclan a la mediocreidad, el conformismo, la dependencia de otros, menos creativos, pero más prácticos.

Por fas o por nefas

En la antigua Roma, los días se dividían entre fastos y nefastos. En unos, considerados días venturosos, se podían celebrar los actos públicos; en los otros, los dioses no se consideraban propicios, y en ellos, por tanto, se evitaba realizar juicios y negocios.

Por fas o por nefas es una expresión, caída hoy en desuso, por la que se entendía que una acción debe realizarse, porque resulta inaplazable.

Al iniciar una nueva etapa en Alsocaire, nos dedicaremos a glosar la actualidad, abriendo el abanico de preposiciones con las que comenzaremos nuestros comentarios a todas las que son utilizadas en español, concediendo especial atención a aquellas cuestiones que deben ser resueltas sin dilación.

Por fas o por nefas, hay que recuperar la economía, eliminar la crispación social, integrar a la primera línea de responsabilidades a los más capaces, impulsar la creatividad y la inventiva, defender la honestidad y la bonhomía, tomar ejemplo de quienes no han disminuído, aunque caigan chuzos de punta, su voluntad de cambiar las cosas para mejor, conservando cuanto merezca la pena.

Por fas o por nefas, España saldrá adelante, porque cuenta con recursos, con medios, con personas de gran nivel técnico, intelectual, social, político.

Recuperarlas al lugar que les corresponde, por el bien de todos, es la tarea ineludible que debemos acometer todos los españoles.

Feliz 2011, compañeros.

Sobre Alsocaire en 2010

En 2010 hemos publicado 365 Comentarios, que hemos recogido en un libro de 364 páginas, en formato Verdana 9.

Los comentarios desarrollan noticias, reflexiones e ideas sobre la actualidad, fundamentalmente la española y europea. Todos los artículos, como ha sido regla sin excepciones desde que se abrió este blog en septiembre de 2007, empiezan con la preposición "Sobre..."

Los 350 Comentarios correspondientes a 2009 han sido recogidos en un libro, publicado en e-Bubok con el título Los ensobrados de Alsocaire.

En total, hemos escrito 1.196 entradas en Alsocaire.

Estamos pensando en cambiar el formato de este experimento personal. Hasta entonces, gracias por seguirnos.

Angel Manuel Arias

(En El blog de Angel Arias, por su parte, durante 2010 se publicaron 52 entradas; durante 2009, 69; 129 en 2008 y 150 en 2007; y 86 en 2006; el blog lleva abierto desde junio de 2006 se han publicado, en total, pues, 486 Comentarios)

Sobre cómo despedir el año con un corte

El último día del año más duro (hasta el momento) de nuestra democracia a la española merece ser despedido con un corte.

Para muchos de nuestros compatriotas, el mal sabor que deja 2010 -habiéndose llevado por delante centenares de miles de puestos de trabajo, millones de ahorros, miles de negocios, montones de perspectivas e ilusiones y toda la credibilidad- lo convierte en un año para olvidar.

El malestar que se refleja en la sociedad española invitaría, a los más expeditivos, a interpretar que estamos invitando, con el título del Comentario, a dar un corte de mangas a la situación y pasar página. Ni ha sido nuestra intención, ni sería factible.

Cuando nos despertemos mañana, vencida la resaca, salvo los vasos rotos, las botellas vacías y el confetti ajado, los problemas, pero también las capacidades, seguirán ahí.

Proponemos, por ello, no dejar marchar el año sin sacar consecuencias, y aprovechar la falsa renovación que permite un comienzo de período para, después de la reflexión, tomar decisiones en el terreno personal y, desde la que sea nuestra particular percepción, proponer actuaciones en lo colectivo y tratar de llevarlas a cabo.

2010 ha sido un año en el que nos han crecido muchos in: incompetentes, inútiles, insolventes, interesados, incongruentes,...También han aparecido montones de nuevos des: desempleados, descontentos, desilusionados, descarados, desmentidores, desastrosos, desesperados...

No podemos saber en qué grupo se encuentra el lector, aunque le deseamos de corazón que no se vea identificado con ninguno, y pertenezca al conjunto reducido de quienes no están afectados por la crisis, ni como sufridores, ni como creadores, ni como cómplices.

También indicamos que no existen muchas opciones probabilísticas de que un español, extraído al azar de la población por una pinza simbólica, pertenezca a ese grupo. En principio -y no faltará quien lo discuta-, lo formarían únicamente los funcionarios de nivel bajo y los empleados de grandes empresas que desempeñen tareas muy concretas en obras y servicios de larga duración.

2010 nos ha dejado el espectáculo lamentable de la crispación en la vida política española, del retorno a los planteamientos viscerales, a la descalificación frontal, al insulto. No solamente entre los representantes de los partidos políticos (aunque hay que matizar, siquiera para hacer justicia, que los ataques han sido más virulentos desde los partidos que no gobiernan que desde el Gobierno); podemos creer, siendo indulgentes, que, cuando faltan ideas, ese es su concepto de lo que es trabajar por el bien común...

Pero nos preocupa mucho más porque las descalificaciones, los exabruptos, los chistes zafios, los motes groseros, han ocupado sitio entre la ciudadanía, como si se hubieran redescubierto las dos Españas, esta vez, sin clara ideología ni aparentes objetivos, en un ejercicio de adormecimiento letal, de falsa catarsis.

Se ha puesto de moda el ridiculizar a los miembros del Gabinete, empezando por el Presidente, incluso con palabras gruesas -bastaría darse un paseo, con las narices tapadas, por los foros de internet y por los comentarios a cualquier noticia en que se informe sobre sus actuaciones- y, también, apelar despectivamente a la mayoría de los que son alternativa de Gobierno, a los que se tilda desde incompetentes a desvergonzados e incluso, se les presenta como si formaran parte de una pandilla de delincuentes reales o presuntos.

Las opiniones desde los pocos instrumentos con que cuenta la sociedad civil que se trasmiten son, además de escasas, a menudo, interesadas de facción o inviables por concepto. Y cuando tienen apariencia sensata, y se presentan bien documentadas (¡qué raras veces!), son despreciadas desde los púlpitos sin análisis, en peligrosa postura de estímulo al desprecio colectivo hacia toda manifestación de ingenio e inteligencia, pero, también con menosprecio de diligencia. (Y hay que recordar a Séneca: "Diligentia maximun etiam mediocris ingeni subsidium").

Es significativo que este país no se identifique con los líderes, y que, por lo demás, haya tan pocos. La apatía de amplios sectores de nuestra sociedad es un síntoma, grave, de la desconfianza en que la propuesta de soluciones y el trabajo conjunto permite alcanzar las vías de escape a la crisis. No saldremos de ella a golpes de decreto ni con bandazos de timón, ni tampoco porque lo repita, machaconamente, una o diez personas (tampoco porque le nieguen capacidad, sin proponer alternativas, otras tantas).

Sería interesante conocer cuántos están disponibles, con conocimientos, capacidad y ganas y no se les utiliza para nada. Esa fuerza inusada, ignorada o despreciada ahora por los que detentan el poder, cualquiera que sea éste, es un despilfarro de recursos y, a la vista de lo que ofrecen los que acaparan los mandos, resultarían imprescindibles para aportar mayor enjundia con la que sacar a España del atolladero.

Sobre el duopolio del fútbol español, la colusión de intereses y la estrategia de Florentino

La primera división de la liga en el fútbol español, desde hace unos años, se parece mucho a un mercado en el que solo dos empresas (duopolio) compiten por hacerse con la máxima cuota de clientes, sin regatear medios para alcanzar ese objetivo, y provocando que los demás intervinientes en el juego deban contentarse con las migajas del pastel.

Real Madrid y Barça cuentan,  siendo los agentes principales en el mercado del ocio deportivo, con la capacidad de contratar a los mejores futobolistas, donde quiera que se encuentren; además de disponer de una clientela fiel, -a la que se convoca regularmente, de forma ritual, sin regatear publicidad y recursos, en estadios de gran capacidad-, han consolidado un planteamiento de "producto de calidad", que está convirtiendo en "madridistas" o "barcelonistas" a todo aficionado al fútbol, en cualquier lugar donde se encuentre

Si no se tratara de un negocio que está basado en la competición de un cierto número de litigantes, el asunto no tendría mucha vuelta de hoja: te conviertes en el mejor, concentras casi todo el comercio, y fijas los precios y la calidad como te de la gana.

Aquí, no. Eliminar del mercado a, prácticamente, todos los demás equipos -y, por añadidura, a las empresas y proyectos dentro del negocio del deporte y conexos- no tiene premio. Te ahogas.

Las consecuencias de la clara superioridad de dos equipos en relación con el resto, significa un disparo en la línea de flotación (es decir, amenaza gravemente la supervivencia) de la Liga española.

Nadie desea identificarse con un equipo que pierde por goleada cada vez que se enfrenta a esos grandes. 

En la Liga española de Primera División se compite, no para obtener un galardón, sino para intentar no bajar de categoría -lo que, en realidad, tal como están las cosas, ni siquiera se acertaría a definir si es una ventaja o no-. Debido al poco interés de las competiciones habituales, los campos locales están regularmente semivacíos y sus jugadores, un número creciente de los cuales, no cobran desde hace varios meses, sueñan solo con ser alineados en el partido contra los dos grandes, y que eso signifique que un cazatalentos se fije en ellos, para que les fichen, y poder escaparse de la penuria.

Se puede, pues, morir de éxito, y eso les va a suceder al Barça y al Real Madrid, si no ponen remedio.

El duopolio Barça-Madrid ha fijado las condiciones para limitar la competencia. La colusión, es decir, el acuerdo entre ambos clubs -no importa si expreso o tácito- ha implicado contratar a los mejores futbolistas, sin regatear medios económicos ni importarle nacionalidades de origen; los mentores de ambos clubes alardean, también, de disponer de los óptimos y más mediáticos entrenadores, y no se descuida tampoco el comportamiento teatral de sus presidentes.

Han impuesto su concepción del negocio del fútbol. Equivocada a la larga, porque se han cargado la competencia, ya que los demás no pueden seguirlos.

Con otras palabras, y apuntando a las previsiones de las consecuencias últimas de ese mercado deformado: están haciendo desaparecer el negocio tradicional del fútbol, basado en el concepto de que varios equipos, defendiendo colores locales y con una cierta igualdad de medios, competían entre sí.

La cuestión para salvar de la hecatombe a este negocio es ahora saber si es posible enfocar el negocio del fútbol identificando la posibilidad de trabajar con dos demandas simultáneas, o, como se conoce en términos económicos, admitir la generación de una "demanda quebrada", con comportamientos elásticos en la parte superior de la demanda (en donde el duopolio Barça-Madrid ofrece calidad de espectáculo, a precio alto, y actúa sin otra competencia) con un comportamiento rígido en la parte inferior (en donde el duopolio Barça-Madrid, para garantizar rivalidad, saca a sus equipos suplentes cuando juega con la mayoría de los equipos, claramente inferiores).

Puede que Florentino Pérez, el presidente del Real Madrid y empresario de la construcción, haya encargado varias simulaciones al respecto, para analizar qué hay que hacer para que el negocio no se caiga.

Nosotros tenemos alguna idea, pero nos tememos que no le va a gustar a los fenómenos.

Sobre derecho a la información, leyes del mercado y cánones digitales

El cierre de la cadena de televisión española CNN+, perteneciente al Grupo Prisa, por falta de rentabilidad, es una de las noticias tristes de 2010.

La desaparición de esta fuente de información resulta tanto más inquietante, cuando se sabe que la banda de emisión de la cadena será utilizada para transmitir, de forma continua, esto es, durante 24 horas diarias, la bazofia intelectual y sociológica que es Gran Hermano.

Una vez más, en el campo de la información, se acude al dios mercado para justificar la pérdida de objetividad en la transmisión de las noticias. No queremos decir con esto que CNN+ representara la objetividad informativa, porque no queremos ser objetados como reaccionarios.

Sin embargo, la seriedad en la comunicación de la noticia, la voluntad de presentar a personajes y acontecimientos al margen de presupuestos ideológicos doctrinarios -incluso, aunque hubieran de considerarse así solo de forma presunta-, que venían demostrando durante los últimos doce años -los de funcionamiento de la cadena- el equipo de profesionales que trabajaba en ella, eran la plasmación de la parte que corrspondía a nuestro derecho a la información plural.

La mala noticia coincide en el tiempo con la derrota en el Congreso de la llamada Ley Sinde, que permitiría perseguir a las webs que permitieran descargas por internet de productos amparados por la protección intelectual. Como es conocido, más de 3 millones de internautas han avalado con sus firmas la negativa a la aprobación de esta Ley, que conculcaría, según expresan (entre otras ideas) su derecho a la libertad. El Partido Popular exigía para apoyar la Ley, la supresión del canon digital, que grava a priori los medios y soportes de grabación. (1)

Ambas situaciones rebelan, pues, otros tantos recovecos de la situación temperamental por la que atravesamos en España.

Por una parte, sectores amplios de la población -hay que suponer que fundamentalmente jóvenes- desean disponer de la libertad de uso de los instrumentos tecnológicos, sin importarles los derechos de autor (que surgen de la propiedad intelectual) ni la lanzada en el costado que la eliminación de controles al copieteo de obras por la vía digital supondría a la supervivencia de creativos, intérpretes, sociedades de grabación, impresión, difusión y comercialización de, justamente, esos productos de los que quieren disfrutar gratuitamente.

Por otra parte, el mercado libre va señalando las preferencias de quienes están dispuestos a pagar por la información que reciben. Telecinco es rentable, Gran Hermano es un éxito de audiencia que se reproduce, año tras año, con dotes camaleónicas y fagotizadoras.

Podríamos enumerar otros ejemplos de la misma capacidad de supervivencia que garantiza el mercado desinformado y paleto a ciertos monstruos surgidos de la ignorancia perversa, la convivencia irrespetuosa y la curiosidad enfermiza. Esos engendros nada tienen que ver ni con el derecho a la información ni con el derecho a la libertad de elección y sí, con la voluntad de los que quieren controlar, haciendo aparentemente gratuitos unos bienes de cultura y penalizando otros, las voluntades de sus hipnotizables.

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1) Habríamos querido utilizar la isofonía entre gravar y grabar: ¿Qué tal "No gravar para grabar"? o "Grabar sin gravar"?

 

 

Sobre lo que queda del año

Sobre lo que queda del año

Lo que queda del año, el 28 de diciembre, desde el punto de vista del calendario son tres días, uno de los cuales es muy importante, porque es el último y, como tal, se celebra en todas partes con una fiesta en la que se bebe bastante y, por tanto, es propicia para entablar nuevas relaciones, tal vez, pasajeras.

Pero lo que queda del año, utilizando la acepción coloquial en español de "poso, resto", es aquello que resulta más significativo de lo que nos ha pasado. Así que, aunque tomamos el título de la muy buena novela de Kazuo Ishiguro (y conocida película de James Ivory, con textos de Rurh Prawer Jhabvala) "The remains (a veces erróneamente identificada como remainders) of the Day", nos estamos refiriendo a lo que ha sido lo más sobresaliente de este año de 2010.

A escala mundial, ha sido un año pródigo en desgracias, que algunos pueden atribuir  a las fuerzas del calentamiento global y otros, a la persistencia con la que se concentran en algunos lugares del planeta los fenómenos naturales y los artificiales (estos, creados por el hombre).

El 12 de enero, Haití fue señalado por la mano de Dios con un terremoto terrible, que provocó dos centenares de miles de muertos -seguramente, muchos de los que tuvieron más suerte- y alrededor de un millón de desplazados, cifras ambas provisionales, puesto que aún no se acabaron de contar al momento presente. Esta desgracia concitó la conmiseración general, viajes al lugar de excesivos políticos prominentes, y acumulación de promesas de ayuda inmediata, que, en no pocos casos, se están esperando.

Vinieron después el terremoto de Chile, y las inundaciones de Pakistán, Perú y Colombia, y las erupciones de Islandia y Filipinas -entre otros acontecimientos naturales-, lo que mantuvo a las fuerzas de la solidaridad atareadas y a los nativos de estos países, en tensión por su supervivencia y la salvaguarda de sus bienes, a menudo, escasos pero imprescindibles. 

Si en desastres naturales estuvo 2010 bien servido, no faltaron guerras, revueltas, tensiones políticas y marginaciones de pueblos enteros. No será posible recordarlos a todos, y sí enumerar, como símbolos de lo mucho que se está deshaciendo en lugares no siempre remotos, Irak, Afganistán, Sáhara Occidental, Costa de Marfil, y, junto a ellos, las guerras particulares de AlQaeda contra todo lo que se mueve en cualquier dirección que no sea la suya, y esas otras, también sórdidas, que se libran desde las guaridas del narcotráfico, la prostitución, o el crimen organizado de cualquier pelaje.

2010 nos dejará, a los españoles, el regusto amargo de una crisis de la que no levantamos aún la cabeza, y que nos pesa en los hombros como plomo, particularmente a los que solo tienen las ganas de trabajar como recurso.

Hay una sensación de desorden en las instituciones, incluso las que nos esforzamos en creer más respetables -desde el gobierno hasta la judicatura, desde los partidos a los sindicatos, desde las iglesias a los empresarios-, y han quedado también al descubierto agujeros con sabandijas de índole diversa, que hubiéramos preferido ignorar: privilegios inconcebibles en salarios, más corrupción en lugares que hubiéramos deseado mantener como ejemplo de honorabilidad, pederastias y vicios en quienes predican ética con una mano y tocan sus mierdas con la otra.

Puede que 2010 parezca un año para olvidar, pero también nos ha dejado alegrías, y no solo en el campo del deporte, que también, porque de enajenados sería no haberse alegrado con las selecciones españolas y sus triunfos internacionales. Hemos tenido medio Premio Nóbel (el hispanoperuano Mario Vargas Llosa), aunque sea en esa categoría de esfuerzo y consumo individuales que es la literatura y, si nuestros centros de investigación no han descubierto nada relevante, parecen estar en el camino, siempre largo y difícil.

Y a ese nivel tan particular que corresponde al entorno inmediato de cada uno, todos habremos recibido nuestra dosis de alegrías y penas, y habrá dado como resultado un balance que resulta muy personal, pero, como todo lo humano, también es en parte transferible, siempre que contemos con espíritus amigos con los que compartir, lo bueno como lo malo.

Esa constatación de no encontrarnos nunca solos es el mejor poso que cada año nos deja para el siguiente, y que transmitimos, como deseo y voluntad de hacerla siempre efectiva, a nuestros amigos, y a todos nuestros lectores.

(Nota.- El dibujo que ilustra este comentario corresponde al título "Mujeres de nuestra tribu", del que es autor Angel Manuel Arias)

Sobre las acepciones del nosotros en los discursos institucionales

El discurso de Navidad de SM el rey Juan Carlos Primero nos da oportunidad de analizar las diferentes acepciones que la primera persona del plural ("nosotros") puede adoptar en un mismo discurso institucional:

1. La identificación con el Gobierno. Así cuando dice: "Debemos proseguir y abordar juntos las reformas necesarias, cumpliendo además nuestros compromisos en materia presupuestaria y de déficit", es evidente que, puesto que quien ha asumido tales obligaciones ante los demás socios de la UE es el Gobierno, el Rey se está considerando parte integrante de él. En realidad, constitucionalmente, el Rey no forma Gobierno, pudiendo interpretarse la redacción como un lapsus de quien redactó el discurso base que, como es lógico, habrá sido el equipo ideológico socialista en esta legislatura.

2. La asunción de una falsa identidad, para dar proximidad a la frase respecto a quien debe, en realidad, sentirse apelado. Es el caso de las expresiones del tipo: "Debemos desterrar el desánimo, levantar la cabeza, aunar esfuerzos y continuar la faena, conscientes de lo que somos, de lo que ya tenemos y de lo que podemos avanzar". En este ejemplo, y como no es posible concebir que SM tenga que desterrar desánimos y levantar la regia cabeza, ha de interpretarse que somo sus súbditos -es decir, todos los demás- los que debemos cambiar de estado (no de país, sino de estado anímico).

3. El reconocimiento, como emisario de terceros, en tanto que líder local, de que se debe a obeder a las entidades superiores. En esta expresión: "La crisis ha exigido importantes decisiones por parte de nuestros poderes y a escala europea ha exigido concertar nuevas iniciativas", concentra adecuadamente la sensación de que SM no es ajena a la necesidad de acatar la existencia de poderes a los que hay que obedecer y que a SM le corresponde, en nombre de aquellos, explicar al resto del grupo su pertinencia.

4. La identificación con subgrupos ad hoc, de forma versátil, poniendo de manifiesto el carácter camaleónico de la institución que representa y su entidad adaptativa, magmática, aunque también, por ello, identitariamente muy confusa. No es fácil entender, por ello, qué tipo de personalidad asume cuando indica que: "Todos ellos (se ha referido antes a "todas las personas que han asumido grandes sacrificios este año") merecen nuestro más amplio respaldo". Se puede interpretar, por tanto, que SM se está identificando con quienes no han tenido que sacrificarse, por lo que resulta confuso cuando continúa expresando que "Sus múltiples desvelos diarios y los de millones de familias cuentan con nuestra mayor gratitud, pues contribuyen al bien de todos". La frase debería analizarse desde un punto de vista macroeconómico.

5. La personificación del espíritu nacionalista integrador, excluyente de separatismos e independentismos, adquiriendo un tono dogmático y adoctrinador, de quien se sabe con carisma para marginar a los rebeldes y asumir las creencias de la mayoría (desde luego, coincidentes con el sentir de los dos partidos políticos mayoritarios y algún otro). "Somos una gran nación (...) integrada en la UE, con la que estamos comprometidos y por la que siempre hemos apostado". Aquí SM se convierte, imaginativamente hablando, en un ser extracorpóreo, pues el "siempre hemos apostado", no puede referirse a su años de vida, ni tampoco a la propia Monarquía, sino a las esencias europeístas surgidas, tal vez, a finales de los setenta del pasado siglo, dentro del karma hispánico.

6. La representación de los "españoles", como presumible concepto jurídico indeterminado, autosuficiente y con plena capacidad de acción en la autarquía hipotética identificada como "España", y en la que los efectos de cualquier acto afectan, en esa comunión ideal, a todos sin excepción. "De cómo le vaya a  España depende de cómo le vaya a cada uno de los españoles. (...) no caben actitudes individuales ni colectivas de indeferencia o de egoísmo, que a la postre nos dañan a todos".

7. El plural mayestático. Curiosamente, y aunque en algunas frases podría inferirse que SM habla como institución, y que, como sucedía en todas sus alocuciones anteriores públicas, su "nosotros" se debería referir inequívocamente a la Monarquía, no es el caso de este discurso, que, incluso adopta un tono de humildad muy al gusto de los tiempos. Así, cuando dice: "Todos, empezando por nuestros partidos políticos y agentes económicoso y sociales, somos importantes para conjugar voluntades (...)", realiza una curiosa omisión de la propia Monarquía, que es rebajada al nivel -perdónesenos a nosotros- del hombre de la calle.

Sobre las distintas formas de amor no relacionadas con el sexo

Encontrarnos en estas fechas "entrañables", -como se nos repite machaconamente- nos ha proporcionado material para una pretensión bastante ambiciosa, que no nos consta haya sido glosada antes: explorar -literariamente- las distintas formas de amor que marcan la existencia del ser humano que no estén relacionadas con el sexo, y tratar de encontrar su explicación sociológica.

No pretendemos exhaustividad, pero no excluímos un cierto rigor metodológico. La condición que nos imponemos nos evita realizar ninguna puntualización más acerca de cualesquiera situaciones en las que el sexo interfiera con los grupos de personas, animales o cosas que enumeramos seguidamente, sin necesidad de hacer continuamente precisiones de lo que queda excluído.

Digamos, para empezar, que los sujetos u objetos de amor cambian bastante a lo largo de la vida, pudiendo decirse que, salvo casos aberrantes, el único elemento que permanece estable es el propio sujeto. Por eso, sin duda, casi todos las leyes, naturales, artificiales, como divinas, se refieren a "amar al prójimo como a uno mismo", sabiendo que es absolutamente imposible llegar a ese nivel con un ser humano.

Son muchos, y en número creciente, sin embargo, los humanos que llegan a amar aparentemente más que a sí mismos a algunos animales, en especial, a los gatos y perros con los que conviven y con los que alcanzan un grado de compenetración que jamás hubieran alcanzado con un congénere. En todo caso, los aman con bastante mayor intensidad que al resto (o casi) de sus similares, genéticamente hablando.

No hay más que ver a estos esforzados dueños (en realidad, convertidos en colegas) de animales a los que conceden una inteligencia sobrenatural (por lo que cuentan de ellos), recogiéndoles la mierda (mejor este acto, desde luego, que dejarla abandonada en los alcorques, parques de juego infantiles y aceras de tránsito peatonal obligado), llevándolos al veterinario regulamente o a la peluquería especializada en sacarles el dinero, o, incluso, comprándoles delicatessen en los hipermercados que también expenden algunos productos para humanos con elevado poder adquisitivo, fruslerías adecuadas para el disfrute gustativo al tiempo que controladoras del tránsito intestinal, tanto de bípedos como de cuadrúpedos.

Si el amor a algunos animales alcanza cotas insuperables para el amor humano que son capaces de desarrollar esos amigos de los primeros, no debemos dejar de referirnos a los arrebatos de amor que surgen en nuestra especie (nos referimos a la humana) en momentos muy especiales, por algunos objetos materiales igualmente muy singulares.

En este capítulo, por ejemplo, se localiza el deseo de posesión -no sexual, como tenemos apuntado, y, en este caso, por la propia naturaleza del objeto amado- de coches, artilugios mecánicos, vestidos, joyas, etc., que despiertan una inclinación hacia aquellos que se venera, que al sujeto paciente le resulta, si dispone del dinero suficiente, imposible de contención. Como en el caso de la pasión carnal, y curiosamente, no son pocas las ocasiones en que, una vez satisfecho el impulso, la cosa, perdida por ella el interés, es olvidada, abandonada o revendida con fuertes pérdidas.

Pero faltaríamos a la verdad si no indicáramos que, en muy específicas ocasiones y por determinados sujetos, es posible amar tanto a una persona como para desear convertirse en un objeto inanimado (por ejemplo, un Tampax, como fue confesado por una autoridad monárquica británica), o sentir por ella algo tan misterioso como para identificarlo como "amiguito del alma" (relación que presumía otras, menos confesables, entre, según quedó grabado para la posteridad judicial, el presidente valenciano Camps y un tal Alvaro Pérez).

Incluso puede llegar a obnuvilarles el pensamiento, como cuando la hoy ministra Leire Pajín invitó a sus rendidos amiradores a que "estén atentos al próximo acontecimiento histórico que se producirá en nuestro planeta: la coincidencia en breve de dos presidencias progresistas a ambos lados del Atlántico, la presidencia de Obama en EEUU y Zapatero presidiendo la UE".

 

Sobre el imparable ascenso de United Technologies Corporation al sol

Sobre el imparable ascenso de United Technologies Corporation al sol

Las multinacionales se crean por fusión de grupos ya consolidados en sectores básicos, cambian de nombre, se ramifican, adquieren nuevas empresas, abren otros campos prometedores, mudan de sede social cuando haga falta, incorporan  ejecutivos desde la política y política desde los ejecutivos, mueven sus tentáculos con fuerza o con paciencia, según convenga.

Es su ley de vida, su estrategia para intentar cumplir el objetivo que, incontrolable ya para cualquier humano, las impulsa al dominio total, con un ansia irreducible que solo calmaría la victoria final. Convertidas en un ente de una especie inhumana, pero simpática cuando haga falta, sus entresijos misteriosos solamente se conocerían al completo en el caso de que, una vez muertas, fueran destripadas con infinita paciencia bajo el macroscopio de la economía global. Siempre demasiado tarde para corregir el futuro.

United Technologies Corporation (UTC) es uno de esos monstruos, nacido primero de la amalgama de varias grandes empresas, allá en 1929, y surgido, como mandan los cánones, de su excisión posterior -apenas un lustro más tarde-, convertido en tres sólidas naves lanzadas al futuro de los negocios. Siguió haciendo currículum con la compra selectiva de muchos negocios, superando multitud de nuevas vueltas y revueltas, fortalecida cada vez, siempre contando con el viento a favor del gobierno norteamericano y de sus más fieles aliados, y, por supuesto, siempre cerca de la tecnología militar, de la aeronáutica, de la seguridad y, desde hace unos años, cómo no, de las energías.

De las energías consolidadas y de las alternativas.

Una de las filiales de UTC es Pratt & Whitney, que tiene, entre su amplia descendencia, una hija llamada SolarReserve, a la que el secretario de interior norteamericano, Ken Salazar, ha autorizado, el pasado 21 de diciembre de 2010, la construcción de una planta solar de 110 Mw en Tonopah, al sur de Nevada.

La noticia hubiera pasado desapercibida para lectores españoles, sino fuera porque SolarReserve es la única compañía que se presentó al preregisro para construir una nueva planta termosolar en España, concurso convocado de urgencia y presuntamente ad hoc por el Ministerio de Industria, cuyo plazo se cerró el 23 de diciembre. Porque debido al "parón solar" a que se obligan nuestros planificadores energéticos hasta que se aclare el panorama, presuntamente, no se abrirán nuevas opciones hasta 2013.

La compañía californiana preparó la documentación necesaria (muy compleja) en un santiamén, y ha conseguido poner un pie en territorio español, permitiendo alumbrar una operación compleja para la que se habrían movido hilos desde Washington. Nosotros, que venimos siguiendo la evolución de las llamadas energías alternativas desde hace tiempo, no creemos que el sentido de la operación haya surgido ahora, por arte de birlibirloque.

Hace ya tiempo que la multinacional está moviendo sus tentáculos, al tiempo que observa la evolución de los pececitos que se mueven entre ellos. Estos tienen nombres conocidos para los españoles: Abengoa, Iberdrola Renovables, ACS, ...

Nota.- El esquema que da un poco de gracia visual a este Comentario es de Mike Johnson. Sirve para ilustrar, de forma elemental, la tecnología patentada por la mamá de SolarReserve, que utiliza como elemento conservador de la energía concentrada por los helioestatos (1) en el receptor (2), para obtener sal fundida, que es llevada desde la torre (3) hasta tanques de almacenaje (4), donde se conserva hasta que es utilizada (5).

Sobre el garum, la reacción de Maillard y las cenas de Navidad

Las cenas de Navidad, -esa manera familiar de celebrar el advenimiento del niño Dios a nuestra naturaleza, suceso singularísimo en la historia humana, que provocó, a escala local, algo de confusión genealógica a los judíos de hace veinte siglos, y, a nivel universal, vino a recordar la validez de la ética tanto a tirios como a romanos-, han sufrido importantes transformaciones en solo un par de décadas.

Si hay que buscar razones principales a esos cambios, habría que referirse a motivaciones económicas, sociales y, ya en último lugar, a cambios en los gustos gastronómicos (esto es, gustativos).

En España, desde los años cincuenta hasta los setenta del pasado siglo, el besugo sobre patatas panadera (que entonces no se llamaban así, sino solo patatas fritas cortadas como para tortilla), era el plato principal más venerado en las clases medias, precedido de una sopa de almejas y custodiado, a la postre, con una compota de peras al vino y polvorones.

La subida del precio del besugo, unida a la introducción de las perniciosas costumbres foráneas, traídas de la mano de las series televisivas, dió paso al pavo relleno de pasas y ciruelas, a la pularda trufada de jamón de York y, en las categorías sociales inferiores, al pollo a la crema.

No es este un comentario culinario, y, por eso, iremos directamente a lo que importa, lo que causó el cambio en las apreciaciones de las papilas gustativas: el uso masivo de los efectos de la reacción de Maillard y el reparto indiscriminado de la herencia del garum en esos pantagruélicos festines, abriendo el camino hacia los regalos del amigo invisible, las chorraditas culinarias de alto precio y poca chicha, todo lo cual aceleró los efectos perjudiciales del consumo puntual e indiscriminado para la economía de nuestro país.

Para refrescar la memoria de los olvidadizos y activar la imaginación de los curiosos no ilustrados, diremos que el garum, como recoge el presidente de la Garum Fundatio, José Ignacio Goirigoizarri, bancario de pedigrí, era una salsa exquisita (fabricada de entrañas de pescado maceradas), que volvía locos a los romanos del Imperio, y con la que sazonaban los alimentos menos sápidos. Era, pues, el precedente de la salsa Perrins, o, para los estómagos menos selectos, del kétchup combinado con mostaza que da un tono de porquería inolvidable a la hamburguesa con chips que se adquiere, sumando al precio la costa de hacer cola, en ciertas expededurías especializadas en bazofia.

La explicación de la reacción de Maillard ya implica algo más de miga -y un punto de erudición química-, por lo que lo dejaremos, a la pata la llana, en que es el proceso por el que las salchichas a la barbacoa y el jabalí de Obelix asado a la estaca adquieren, cuando se les rocía, respectivamente, con caldo agridulce o con poción mágica al vino dulce, ese color acaramelado de aspecto apetitoso, que también sientan de cine a las galletas amasadas con grasa de cerdo.

Pues bien, pasando del placer de comer a los disgustos que da la economía: recogemos el guante del experto bancario Goirigolzarri, para afirmar con él que el gárum fabricado en España en su momento (exportado a Roma masivamente desde Cartagena, según cuentan), y que sirvió para activar la economía de la colonia Bética, "floreció porque se creó un mercado al que contribuían muchos agentes con mucha información". (EP 19.12.2010).

Aquí viene la enseñanza para salir de pobres. Si, trascendiendo de la cocina a la macroeconomía, combinamos sabiamente el gárum (sabor) con la reacción de Maillard (aportación del aspecto apetitoso), y unimos el todo con una adecuada comercialización, utilizando para dar impulso la fuerza de las comunicaciones, tenemos ahí la clave para obtener el éxito en lo que producimos.

Este es el quid de todo vendedor, aunque lo que ofrezca no tenga por dentro tanta enjundia: echar picante y buen color a la materia. Si, además, lo que está dentro está bien hecho, alimenta, tiene cuerpo, ni te cuento. Exito seguro.

En prueba de solidaridad con los hambrientos, cenaremos cachopo de palometa al vino blanco y cantaremos, al alba, un villancico.

Sobre lo que de verdad oculta Estados Unidos

Eramos, hasta que aparecieron los papeles "secretos" difundidos por Wikileaks, y considerando pros y contras, "algo" admiradores de los Estados Unidos de Norteamérica.

Ahora, una vez que se ha conocido, por la apropiación masiva de documentos confidenciales de los archivos del Estado más poderoso de la Tierra (y, por tanto, más vulnerable), el entusiasmo con el que sus representantes a lo largo del complejo escenario mundial hacen acopio de pequeños y grandes detalles y tratan de influir sobre los personajes y personajillos de los miles de centros de decisión local, nuestra admiración ha crecido varios enteros.

Y todavía ha aumentado algo más, -por influencia indirecta, en este caso-, por la orgullosa explicación del supuesto alcance de la filtración que realiza Javier Moreno, director de El País (EP 19..12.2010), uno de los diarios que, junto a Der Spiegel, The New York Times, Le Monde y The Guardian han tenido acceso al conjunto de documentos hurtados a la custodia de la Administración norteamericana. De su largo relato justificativo tomamos el título: "Lo que de verdad ocultan los Gobiernos"

Nuestra actitud tiene, en este caso, una intención compensatoria, imprescindible en razón del equilibrio que necesitamos para no animar a un suicidio colectivo. El Director de El País, confundiendo su gozo por haber sido destinatario de unos papeles que le han ayudado a levantar algo el periódico -sin rumbo ideológico desde hace tiempo-, se ha pasado al anarquismo. Y eso tiene riesgos, para un diario que aspira a mantenerse/llegar a ser el canal informativo básico de la inteligencia hispana.

Porque si se admite estar de acuerdo con que los papeles de Wikileaks muestran "un desprecio constante por los procedimientos incompatible no solo con el funcionamiento de las instituciones de un país sino también, o especialmente, con la mejor tradición legal y democrática de Estados Unidos" (sic, pág. 7 de EP citado), ¿qué nos queda a los pobres ciudadanos de a pié, que no tenemos más remedio que confiar que alguien lo estará haciendo bien? ¿ Asaltar los palacios, ministerios, juzgados y embajadas? ¿Exponer en la picota a los detentadores de cargos oficiales? ¿Escupir a cualquiera que pretenda reclamar nuestra admiración y respeto?.

Pongamos calma en el asunto. Las embajadas de Estados Unidos estaban haciendo su trabajo, los informes confidenciales estaban hechos con otra intención que la de hacerlos públicos y, en todo caso, lo que cuentan esas notas es una versión de parte. Y, además, necesitamos creer en algo. En especial, en que en los Estados Unidos hay líderes y gentes de responsabilidad que se preocupan por llevar a la humanidad hacia algún sitio. No tenemos alternativa y ya sabemos que, a falta de otra solución, no queda más remedio que sumarse al vivan las cadenas

Lo que de verdad ocultan los Gobiernos de esos 30 países de los que los papeles secretos han puesto nombre y apellidos a sus funcionarios dicharacheros a cambio (en principio) de solo una buena comida y unas copas de licor, es que Estados Unidos les marca las líneas fundamentales de la política exterior y, a cambio, tienen que ofrecer algo de información de sus entresijos propios. Pero ya lo sabíamos.

Lo que de verdad oculta El País es que la división en pequeñas dosis y con aires de gran escándalo, de los papeles de Wikileaks, es una operación comercial que pretende dar algunas alas nuevas a una forma de hacer periodismo que se está muriendo. (Podemos comparar su actitud con la decisión, menos mercantil y más periodística de Der Spiegel que ha editado por 4,5 euros un cuaderno con las filtraciones relevantes).

Lo que de verdad oculta Estados Unidos es que dedica mucho dinero y mucho esfuerzo a tratar de entender un mundo complejo en el que está perdiendo capacidad de liderazgo a expuertas y, además, que esa operación ingente se sigue realizando con las características de ingenuidad, disciplina, patriotismo, trabajo, que caracteriza al pueblo norteamericano.

Sería interesante que El País se preocupara por obtener los papeles confidenciales de la Administración española, las notas internas que las personas aquí utilizadas como presuntos confidentes hicieron para sus superiores. Pero seguro que no existen. Y es también fácil adivinar porqué.

Sobre corruptos, premios y loterías

La probabilidad de que a los corruptos les toque un primer premio de cualquier sorteo de la Lotería Nacional es muy alta. Muy superior a la de cualquier otro ciudadano. Al menos, así era hasta ahora en España.

Antes y después de cada sorteo se difunde la especie, sin duda, interesada, de que los premios gordos -en particular, los de los sorteos que se conocen en España como de Navidad y del Niño- tienen mayor predicción por aquellas comarcas que hayan sido recientemente azotadas por una desgracia.

No hay tal, y la relación entre corrupción y premiados era incluso conocida -que no es, por supuesto, sinónimo de reconocida- por el Tribunal Supremo. José Antonio Martín Pallín, magistrado emérito del TS, en la entrevista informal a que le somete Karmentxu Marín (EP 19.12.2010), contesta a la pregunta de porqué el Código Penal es tan benevolente con los corruptos, de esta manera (algo difícil de entender a la primera, y que transcribimos ad pedem literae):

"Lo ha sido. Ahora parece que, el 23 de diciembre, al que le haya tocado la lotería a lo mejor se retira de corrupto, y entra en vigor el nuevo Código, que los castiga más."

Martín Pallín se está refiriendo a la modificación del Código Penal, aprobada en junio de 2010, que, después de una vacatio legis de 6 meses, entrará/entró en vigor el 23 de diciembre de 2010, y que -entre otras modificaciones de variada enjundia- recrudece las penas a los que sean encontrados culpables de defraudar a la Hacienda Pública, en beneficio suyo o de sus empresas, directamente o por omisión del deber de control a sus empleados.

A la vista de esta vuelta de tuerca legislativa (que, tampoco será cosa de olvidarlo, no contó con el apoyo del Partido Popular cuando fue votada en Cortes), podemos vaticinar que, con la nueva redacción de este tipo de delitos económicos, los corruptos que confiaban en la Lotería como forma de blanquear los dineros conseguidos de la ocultación a la Hacienda Pública, pasarán a tener la misma probabilidad de ser premiados -tanto a priori como a posteriori del sorteo- como los ciudadanos cumplidores de sus obligaciones fiscales.

Prácticamente cero. Si juega un décimo, es 0,000011765 (una opción por cada 85.000 números). Tal vez se entienda mejor indicando que el 99,9988 por ciento de las veces no le tocará. Como en el sorteo de Navidad se juegan actualmente 195 series para los 85.000 números, la probabilidad de que el premio Gordo coincida en serie y número con el suyo es de 1 entre 16,6 millones.

Si le toca, le darán 300.000 euros por cada 20 euros jugados (el 1,5 millones por cien, es decir, el 15.000 por 1). Se repartirán 2.300 millones de euros en premios y, si se hubieran vendido absolutamente todos los números impresos, se habrían recaudado 3.315 millones de euros.

Claro que si decide no jugar -ni a la Lotería ni a defraudar al fisco-, la probabilidad de que le toque tanto la suerte como la mano fría de la Justicia será exactamente cero.

Sobre copago, edad de jubilación, beneficiarios, prestaciones y control

El Estado social se sostiene en virtud de una caja negra -admitamos que coloreada en algunas zonas, para no resultar insolentes-, compuesta por varios entes allegados, de los que el más significativo es llamado Seguridad Social.

En ese sistema de flujos de dineros que sirven para pagar prestaciones, el órgano regulador del equilibrio, para aumentar las segundas, no tiene más remedio que incrementar los ingresos en caja. En otro caso, se producirá un endeudamiento progresivo que acabará minando la credibilidad de los prestamistas y usuarios y provocando, cuando falten los créditos y se mantengan las exigencias de servicios que no se pueden pagar, el descalabro del edificio social.

Como los ingresos son los derivados de impuestos generales (directos e indirectos) y de las contribuciones de empresarios y trabajadores, cualquier incremento en los mismos que provenga de aumento en la presión fiscal o contributiva, y no del crecimiento de la economía, tendrá un rechazo inmediato.

Como los gastos son causados por los destinatarios de las prestaciones asistenciales, bien sean por desempleo, jubilación, enfermedad, educación, etc., cualquier disminución ha de ser cuidadosamente estudiada para que el colectivo afectado no sufra más de lo necesario.

Nos parece que, como siempre ha de hacerse cuando se trata de resolver un momento crítico, lo más urgente para restablecer el equilibrio es perseguir las bolsas de fraude al sistema, provocadas por quienes malusan la oferta de prestaciones: falsos parados laborales y falsos jubilados, hipocondríacos favorecidos por la permisividad de los facultativos, malos estudiantes crónicos, etc.

El debate estará siempre abierto y las voces no tienen porqué ser concordantes, porque dependerá de la información disponible y de los sentimientos personales. Pero hablamos de la necesidad de encontrar una solución general fundada (y también flexible), no de defender posiciones intuitivas.

Es imprescindible instalar el copago como medida general de co-responsabilidad, aumentar la inspección contra el fraude, uniformizar el nivel de servicios y sus costes en las diferentes autonomías, controlar la genuina utilización asistencial, analizar y sancionar, con medidas adecuadas y firmes, la ineficiencia educativa (en profesores como en alumnos) y, en fin, corregir las pérdidas de sustancia que se detecten en la caja negra.

Hay que realizar una proyección lo más exacta posible de la evolución del número de sujetos, activos y pasivos (donantes y receptores) de la caja negra, clasificándolos por categorías similares y asignando a cada grupo la carga o el beneficio económico que, de acuerdo con la normativa y la tendencia, les correspondan.

Y, con ese modelo como juguete, será el momento de probar los efectos del aumento en  la edad de jubilación, incremento en las contribuciones de empresas y trabajadores, reducción de oferta de prestaciones e, incluso, la disminución -aumentando el nivel de exigencia o de necesidad- del número de beneficiarios.

Enséñennos el modelo, explíquennos porqué hay que tomar determinadas medidas y no otras. La referencia genérica a que es lo que hacen en otros países, o a que la edad media de los españoles ha subido, no nos satisface. Queremos saber qué es lo que pasa, exactamente. Y, más aún, qué es lo que creen, quienes estén manipulando la caja negra, que nos va a pasar a quienes hemos venido haciendo y seguimos haciendo, escrupulosamente, lo que nos mandan.

Particularmente nos interesa ésto a quienes, como es nuestro caso, hace ya bastante tiempo que hemos aportado mucho más de lo que esperamos recibir cuando (si nos apetece) nos jubilemos, pasando a ser entonces beneficiarios y no contribuyentes a ese barullo de intereses que se cuece en la caja negra.

Sobre la función social del sistema bancario

Una interesante conferencia sobre el funcionamiento del sistema financiero español, pronunciada en el Casino de Madrid a principios de este frio diciembre de 2010 por el economista asturiano Matías Rodríguez Inciarte, (vicepresidente del Banco de Santander y bancario ilustrado acerca de los flujos y rentabilidad del dinero en España y en otros muchos países), nos da pié a plantear, sino una revisión, una reflexión sobre la función social del sistema bancario, en estos tiempos de auge de la mística de la Responsabilidad Social Corporativa.

Defiende Rodríguez Inciarte que la banca en España se encuentra en una "posición muy competitiva", a salvo de acelerar el proceso de fusión de las Cajas de Ahorros. Las necesidades de capital para saneamiento de eventuales riesgos apenas supera el 1,6% del PIB, muy alejado del 30% que se precisa en Irlanda, por ejemplo.

Aunque no excluye la necesidad de algunos retoques (mayor coordinación internacional, mejoras en la supervisión, paliar la tendencia cíclica del negocio, gestionar mejor la liquidez, y minimizar los riesgos provocados por la crisis, concluye que los problemas fundamentales de España no provienen del sistema financiero.

La reforma del mercado laboral, y del sistema de pensiones, la mejora en el sistema educativo y una mayor disciplina en la financiación de las Administraciones públicas, serían las verdaderas cuestiones pendientes que urge resolver, según este experto.

Duro me lo ponéis, amigo Inciarte, cabría expresar. Aunque expresado con cuatro pinceladas, es deducible de inmediato que a lo que se refiere el vicepresidente del Santander es a una mayor flexibilización en la contratación y despidos, una cambio profundo del actual modelo educativo que supere la tremenda disparidad de formación y su falta de adecuación a las exigencias del mercado del trabajo, y la reducción del endeudamiento de las Administraciones, disminuyendo drásticamente las inversiones públicas financiadas fuera de presupuesto y enajenando, si fuera necesario, algunos activos -fundamentalmente, gestión de servicios esenciales- para que se gestionen desde la iniciativa privada.

Sin discutir la procedencia de esas mejoras en los predios ajenos, hubiera sido de agradecer, para dotar de plena credibilidad al discurso, una mayor autocrítica al sistema bancario español, del que no cabe tanto discutir su saneamiento (lagarto, lagarto), sino su capacidad para coadyuvar al desarrollo económico del país.

Y es en este punto en donde, con los acuerdos de Basilea III o sin ellos, la Banca española presenta uno de los déficit de solidaridad más notables entre los países en desarrollo. Ha huído y huye del riesgo que no esté vinculado a las garantías tangibles, como del diablo. No le interesa el apoyo a los proyectos empresariales, sencillamente, porque no cree en la pequeña y mediana empresa.

Haga usted mismo la prueba. Vaya con el mejor proyecto que se le ocurra al más inteligente de sus amigos, trace el plan de negocio más verosímil que le haya aconsejado el más imaginativo y convincente de sus colegas económicos y presénteselo a su bancario más querido.

Apostamos a que el razonamiento que le harán es el siguiente: "Buen proyecto, bien fundamentado. Pero necesitamos garantías personales. Al fin y al cabo, Vd. tiene que ser el primero en creer en su negocio, ¿verdad?".

Esta obsesión, consecuencia de la escasa cultura de profesionalidad ante la valoración de riesgo empresarial y surgida de la desconfianza y desinterés hacia las líneas de desarrollo socioeconómico del país (o de los países) en el que hace su negocio, es un lastre, no para la Banca, sino para la economía.

Necesitamos banqueros que, en pura coherencia de su deseo de evidenciar responsabilidad social, no solamente nos pidan que les confiemos nuestro dinero para que se lo presten a otros con altos réditos y muchas garantías, sino que sean capaces de hacerlo circular, ayudando y controlando que los agentes más activos creen nuevas líneas de negocio ventajosas para todos, no solamente para los accionistas de los Bancos.

Sobre la identidad digital

En una frase afortunada, Luis Arroyo Galán, uno de las autoridades de la red que actúan desde España, expresaba con un pensamiento neocartesiano lo que está pasando: "Yo soy yo y mi identidad digital".

Esta constatación inteligente tiene idénticas raíces que la frase más agreste que circula por ahí, emitida incluso desde la boca de patanes tecnológicos: "Si no tienes un e-mail (o estás en Facebook, o en Twitter,o en algún otro lugar identificable del universo virtual) no eres nadie".

La fiebre por estar presente en el mundo de los bits y los herzios, comunicándose con otros cuantos seres, conocidos y desconocidos, con los que se acaban construyendo complejas interacciones, alcanza niveles patológicos, pero también cuenta con fervorosos defensores de esta forma de ampliar, en una dimensión a la que se conceden posibilidades ilimitadas, los amigos y los conocimientos y, por lo tanto, las oportunidades de hacer negocio, difundir lo que uno piensa, pescar en sentimientos ajenos, etc.

Varían los sujetos y son diferentes las formas y los objetivos por los que se ha accedido al escenario de lo virtual. Hay quienes están convencidos de que se trata de un espacio en el que se cuecen las habas y, por tanto, es el lugar en donde se han de ganar los garbanzos. Son los que acumulan amigos en las redes, en la esperanza de que se convertirán en clientes, prosélitos o comilitones de negocios.

Otros, se mueven por esas tierras del megaespacio buscando en ellas la plataforma para encontrar una mayor difusión a sus pensamientos e ideas; no faltan tampco quienes han sido introducidos allí por pigmaliones mucho más jóvenes, generalmente descendientes de su propio árbol genealógico, y alardean con sus colegas iletrados en este arte de escribir para las ondas que tienen una identidad digital para poder comunicarse con su nieto, que está haciendo un máster en Canadá o que así vigilan mejor los amigos de sus hijas quinceañeras.

Para algunos, la identidad digital ha pasado a ser la obsesión que hay que mantener viva. Para muchos de los que se cruzan con aquella en esa irreal existencia, es lo único que conocen del "amigo", del "colega" virtual. Ese "otro"  que, curiosa y dramáticamente, y aunque podamos obtener un registro completo de sus andanzas por la red, puede permanecer como perfecto desconocido cuando nos cruzamos con él en la calle de la realidad.

En estos casos, como hicimos notar, no somos "yo y nuestra identidad digital", sino solo (o, ni más ni menos), que esa "identidad digital", que nos ha usurpado el yo real y al que tenemos, a pesar de la demanda creciente de tiempo que nos exige el alter ego de las ondas, que mantener vivo cada día.

Porque corremos el riesgo de caer también nosotros confundidos por la dimensión que cobra nuestro espectro, sin percatarnos que ese engendro que paseamos por las ondas, no puede llegar a ser el objetivo principal, sino un elemento más, secundario aunque potente, de nuestra personalidad.

Sobre las verdades jurídicas, las periodísticas, las objetivas y las nuestras

A veces, los tribunales tienen ocasión de recordar al ciudadano lego en las lides que se libran en los campos del derecho, algo que los profesionales de esta rama con la que nos disciplinamos los seres humanos sabemos muy bien, e incluso sufrimos periódicamente en nuestras carnes y en las de nuestros clientes: una cosa es la verdad jurídica y otra, la verdad objetiva.

Ahora, gracias a una resolución de la Audiencia Provincial que ha entrado a conocer las informaciones publicadas por el diario El Mundo en relación con los atentados del Once-M, sabemos que existe la verdad periodística, y que merece tanto respeto como las demás.

Los técnicos, en especial los que trabajamos para mejorar el bienestar de nuestros semejantes, sabemos también que, a falta de una verdad matemática o física (obtenida, a partir de unos cuantos postulados o axiomas, hilvanando teroremas para, en muchos casos, confirmar constataciones empíricas), nuestras decisiones, ante la imposibilidad de predecir exactamente los comportamientos de la naturaleza, las protegemos con coeficientes de seguridad, factores por los que añadimos un plus de garantía a lo que deducimos de los cálculos mondos y lirondos.

Un poeta de esos que aciertan a resumir con pocas palabras lo que casi todos intuímos, expresó bien de lo que trata el saber humano: Nada es verdad ni mentira, todo es según el color del crital con que se mira. (Ramón de Campoamor). Puso, antes de la atinada frase, un adjetivo esclarecedor que define el medio en el que nos movemos: "En este mundo traidor".

No hay razón para rasgarse las vestiduras ante esta manifestación de uno de los órganos creadores de la llamada jurisprudencia menor, aunque resulta conveniente meditar sobre las consecuencias de la actuación, sin otro control que el que puedan ejercer ellos mismos sobre sus investigaciones y consecuencias, del llamado Cuarto Poder, que es la prensa y, más en particular, la prensa ideológica.
Nunca estaremos seguros de haber alcanzado la verdad objetiva, pero tampoco estaremos jamás convencidos de que nos hayan contado toda la verdad sobre lo que saben quienes han influido sobre la realidad y quienes, investigándola, han enfocado sus actuaciones a sacar determinadas consecuencias y no otras.
Gracias a esta explotación permanente de los hechos, considerándolos como un terreno en el que cultivar las hipótesis que sirvan a ciertos intereses, los ciudadanos normales podemos estar seguros, no ya de que nunca sabremos la verdad objetiva de los hechos controvertidos, sino de que lo que se nos cuente después de una investigación periodística, siempre que haya sido realizada con apariencia de profesionalidad, es una verdad asumible, tan buena como cualquier otra. Por eso, cada una de las Españas tendrá siempre la posibilidad de cimentar su opinión sobre las verdades periodísticas que le resulten más afines, convirtíendo así, la búsqueda de la verdad en un objetivo de intoxicación mental, una barrera para alcanzar la verdad objetiva.

El Roto (Andrés Rábago, Ops) ha concentrado en una frase genial esta intranquilidad, en una de sus antológicas viñetas (EP 18.12.10): "¡No os dejéis embaucar por los que os dicen la verdad!"