Blogia
Al Socaire de El blog de Angel Arias

Economía

Sobre el paradigma de la responsabilidad social sostenible

El Gobierno de España (GE) y la Asociación Española para la Calidad (AEC) unieron sus esfuerzos para organizar una Cumbre sobre la Gestión Sostenible. La convocatoria atrajo a más de 300 personas, que tomaron notas mentales -y físicas en muchos casos- de los  mensajes, desayunaron y comieron gratis y pasaron un día en compañía.

Desde lo alto de la Cumbre, los ponentes difundieron las claves para aportar valor para una gestión sostenible, desde una responsabilidad social que para qué les vamos a contar, también ha de ser sostenible.

Gustavo Piera ("18 claves para llegar a buen puerto"), Amparo Moraleda ("Cómo tener éxito como ejecutivo en cualquier empresa") y Juan José Barrera ("No pueden hacerse ni idea de lo que vamos a lograr con el Consejo Estatal de RSE") disertaron con empuje y atractivo sobre lo que les pareció. 

El título de la conferencia de Piera venía, más o menos, en el Programa, y se corresponde con lo que escribe en su web y en su libro. Los otros títulos, a falta de referencia oficial (figuraban, simplemente, como "Conferencia"), los hemos puesto nosotros.

En los pasillos, entre ingesta y libación, algunos alumnos comentaban que había que cambiar el paradigma.Sentimos decepcionarles, pero, la única acepción aplicable a la situación de crisis, de las tres que se ofrecen del palabro "paradigma", es la de "ejemplo". Y no nos parece que el mensaje que se difunde en foros como el citado sea que "haya que cambiar de ejemplo". Los conferenciantes son casi siempre los mismos y, por supuesto, los ejemplos que pretenden dar son los que ellos han vivido, y los suyos propios.

Ergo, hay que mantener el ejemplo. No vamos, pues, a entrar en una discusión estéril a la que nadie nos ha llamado.

Lo que cambiaríamos desde Alsocaire, son las formas de aplicar "el ejemplo", dando por supuesto que ese ejemplo es el del comportamiento ético responsable, el seguimiento estricto de las leyes, la aplicación firme de la solidaridad social, la consciencia de que estamos en una globalidad y de que, aislados, no valemos nada o muy poco.

Hay que presentar buenos ejemplos y seguirlos. No solamente con las palabras de hábiles predicadores desde el púlpito. Con las voces de gentes enfangadas en la mierda, de esas que luchan día a día por no perder su patrimonio, por defender los puestos de trabajo que han creado con su pequeño/gran proyecto personal, por sobrevivir. Esas chalupas, que no disponen, por supuesto, ni de aguja de marear en el temporal, necesitan que dejen de hacer olas desde los paquebotes.

Los responsables de grandes empresas actuales, como tienen poco tiempo para leer, necesitan que se les den mensajes cortitos y, a ser posible, en forma de cuentos, con anécdotas, reales o inventadas, de gentes del Tibet, de gurús norteamericanos avalados con títulos en Harvard o vejetes simpáticos que lanzan frases que nos hacen reir.

Los responsables de las pequeñas empresas van a sus conferencias esperando que surja algún contrato, un buen contacto.

Moraleda, que respondió a una insidiosa pregunta desde el público sobre la posición de Iberdrola sobre la energía nuclear, expresando que "estamos a lo que el Gobierno decida" (aunque reconoció que los viejos técnicos españoles en nucleares, gracias al parón del Gobierno de Felipe González disponen de una "bien ganada jubilación"), citó a Warren Buffet: "Al bajar la marea descubrimos que algunos de los que se bañaban iban en pelota".

 ¿Y qué? ¿Qué más pasó? ¿Que cambiamos de paradigma?

(PS.- Muchos de los lectores de "La travesía" leyeron también "El monje que vendió su Ferrari" y un alto porcentaje cambiaron de coche el año pasado. La mayoría de los que no leyeron ni uno ni otro y estaban en el paro, siguen en él, aunque cada vez tienen más compañía)

Sobre la expansión fiscal concertada y sin precedentes

La reunión de los líderes del grupo llamado G-20 ha producido un documento lleno de frases optimistas y de deseos de que la recesión mundial modifique su rostro lo antes posible. No cabría esperar otra manifestación de un grupo de gentes dispuestas a darse besos, abrazos y apretones de manos ante las cámaras, para demostrar a los suyos que están en la élite mundial del reconocimiento.

También contiene el documento varias cifras, de valores muy elevados, porque los líderes afirman haber acometido una "expansión fiscal concertada y sin precedentes". ¿Qué quiere decir ésto?, se puede preguntar el ciudadano de a pié (o de suela de zapato).

En un momento de recesión, las medidas de los gobiernos para estimular la demanda agregada -el consumo de todos, vamos- son, por definición, expansivas.  En las economías de mercado, la administración pública solo tiene dos elementos importantes de acción, la política monetaria y la política fiscal. En una, se actúa sobre el dinero en circulación y en la segunda, sobre los impuestos y el empleo que se hace de ellos por el Estado.

Por tanto, "expansión fiscal concertada" significa aumentar el gasto público y reducir los impuestos de forma conjunta, como resultado de un acuerdo global de los países. Como no todos han firmado el documento, hay que establecer medidas de control y castigo para que el dinero no se vaya por los agujeros: los paraísos fiscales, las cuentas opacas, el dinero B...

Las actuaciones dentro de la política monetaria supondrían disminuir los tipos de interés y/o inyectar más dinero al sistema (devaluando la moneda). Para tomar estas medidas no es necesario reunirse en Londres: la interdependencia de las economías capitalistas ya produce las alineaciones de los tipos de interés en relación con lo que hace la FED.

El documento de los G-20, como no podía ser menos, dedica más palabras a expresar deseos que a concretar las consecuencias. Es un manifiesto de optimismo. En cualquier caso, las medidas que se adopten para cambiar la tendencia de la economía, se enfrentan a una serie de dificultades que, optimismos aparte, deberían haber sido explicadas:

a) la forma de generar el dinero que se inyecte en la política fiscal expansiva. Porque el dinero efectivo no proviene del gobierno, sino del bolsillo de los ciudadanos que, por tanto, deben aumentar su productividad de forma sostenida para generar esas plusvalías.

b) los sectores estratégicos que hay que preservar, y cómo se van a defender. Porque, para que el sistema no se colapse, los agentes del mercado (productores y consumidores) deben mantener sus niveles de oferta y demanda en lo que se refiere, al menos, a los sectores básicos de la economía de cada país;

c) cuánto tiempo hará falta para ver los primeros resultados. Porque hace falta paciencia, no solo optimismo forzado. El tiempo necesario para que se empiecen a notar los efectos deseados depende de que se mantenga la credibilidad en la bondad de las medidas, se cumplan a la perfección los acuerdos (es decir, se inyecte de verdad todo el dinero y se establezca el control prometido), y no haya deserciones: pueden pasar varios meses, seguramente años, antes de que se detecte el cambio de tendencia. Y puede, incluso, ser necesario volver a reunirse para inyectar más dinero...

Por eso, es natural que no coincidan en sus previsiones de cuánto va a durar la crisis, ni el presidente Zapatero, ni el superministro Solbes, ni la presidente Angela Merkel, ni el presidente Sarkozy, ni el ex-ministro Montoro, ni el presidente Obama, ni el portero de la casa de la esquina: porque nadie sabe cuándo el sistema volverá a enderezarse.

El coche de la economía de mercado está en aquaplanning. Lo único que deseamos los que estamos dentro del cacharro es que el deslizamiento termine pronto y que no haya más que desperfectos de chapa. Ahí sí que coincidimos todos.

Es lo que significa, por otra parte, "sin precedentes".

Sobre el papel de las Cajas de Ahorros en el sistema financiero

La intervención de la Caja Castilla la Mancha por el Banco de España, realizada en fin de semana y después de un período de negociaciones bastante misteriosas con Unicaja ha abierto otra caja, la de los truenos e inclemencias para el sector.

Lo de menos es el reconocimiento indirecto de que la CCM necesita unos 9.000 Millones de euros para salvar su solvencia, porque ya sabemos lo difícil que resulta calcular el tamaño de los agujeros en época de crisis. Que el Gobierno haya previsto, en rápida ojeada, que el Banco de España tenga dispuesto una línea de crédito por esa cantidad desorbitada, tiene buena intención, pero regular explicación.

"Mala gestión", como se atribuye a los responsables de la CCM es un cajón de sastre que nada indica, máxime cuando a la cabeza hasta ayer mismo estaba Hernández Moltó, uno de los economistas más prestigiosos del área socialista. Por otra parte, el agujero patrimonial que se reconoce es de "solo" 3.000 Millones...y tampoco ha de pasar desapercibido que el secretario de Unicaja, el novio despechante, es Angel Fernández Noriega, que acumula a su amplio currículum `profesional el conocimiento pluscuamperfecto de Cajastur (fue su presidente) y, también, el mismo carné de partido que el presidente de Gobierno.

Lo de más, en relación con la situación ahora reconocida, es dilucidar qué va a pasar con el resto de las entidades financieras, de las que la CCM no era, aparentemente, el candidato más débil.

Campanas de preocupación tañen por varios templos. La crisis institucional de Caja Madrid ha puesto, por ejemplo, las alarmas sobre esta corporación financiera, hoy sin rumbo o cuanto menos con el timón anquilosado, deteriorada por una batalla entre correligionarios que se disputan, según se cuenta, el control de la entidad, para conducirla a aventuras empresariales de las que se guarda un secretismo propio de voto solemne.

El modelo de las Cajas como contribuyentes especiales al desarrollo regional, está obsoleto. Las decisiones, a veces estrambóticas, de los políticos de turno regionales sobre los pasivos captados de ahorradores locales, ha generado en algunas de ellas, agujeros patrimoniales que se pretende ocultar para no afectar la credibilidad de los partidos.

Coinvertir en proyectos con base regional tiene una base atractiva pero los análisis de riesgo tienen que ser mucho más estrictos y neutrales que lo que se estila. Además, los acuerdos de Basilea obligan a la revisión de las dotaciones de riesgo de las Cajas, adecuándolas a la calidad específica de las inversiones y a la solvencia de los tomadores de riesgo.

Se ha optado por una dotación única para todas las Cajas. La realidad está demostrando que no todas son iguales. Son muy diferentes. El modelo de la Caixa, que está compitiendo con éxito con las más cualificadas entidades bancarias privadas, no tiene imitadores, porque las demás autonomías no tienen detrás un empresariado activo, cohesionado, pragmático con  la pela y de un cierto tufillo insolidario con los demás.

¿Qué decir de Cajastur?. Las cifras publicadas no hace mucho presentan a Cajastur como una de las más solventes. Con un beneficio de 180 millones de euros en 2008, tiene unos 10.800 millones de euros comprometidos en préstamos, y un volumen de negocio superior a los 23.000 millones de euros. La morosidad era muy baja:1,77 por ciento a final del año pasado y su nivel de solvencia, medido en recursos propios, superior al 10%. Un bocado, pues, apetitoso para los tiburones de este mar financiero en plena orgía de apetitos y descalabros.

La revisión de la clasificación de los activos, distinguiendo su grado de toxicidad, es una asignatura pendiente que la crisis ha puesto sobre el tapete y, como no se ha llegado al fondo del pozo, habrá de deparar nuevos disgustos al sector bancario que, por aquello del equilibrio mundial de las especies, proporcionará alegrías a los que se aprovechen de la desgracia de quienes sucumban a la crisis. Ojito, pues.

Sobre el diagnóstico de Krugman y la medicina disponible

Krugman anda por aquí repartiendo doctrina. Dicen (él no lo afirma es expresamente) que es un neo-keynessiano, que es el vocablo para agrupar a quienes defienden una intervención, generalmente prudente, del Estado para controlar los desmanes del mercado.

El mercado es un monstruo que, como Saturno, acaba comiéndose a sus hijos, y por eso, hay que sujetarlo poniéndole bozal o bocado en momentos de bonanza.Pero, como a veces pierde impulso, también hay que darle golpes de aguijón para que su abulia no conduzca su feudo a la penuria.

Este premio Nobel dicharachero al que nos hemos referido antes, no da muchas opciones de recuperación inmediata a la economía española, a la que ve atada de pies y manos. El culpable principal de la falta de soluciones prácticas es la pertenencia a la Unión Europea, que nos crea una dependencia que está impidiendo a nuestros ecónomos aplicar la medicina más recomendable para tratar de curar la crisis: devaluar la moneda.

Ya nos lanzó el mismo mensaje hace unos meses: hay que aumentar la productividad como sea y estar dispuesto a trabajar más por menos dinero. Es decir, si no puedes devaluar, haz que el dinero valga menos. Krugman opina que es preferible tener a toda la población registrada como activa trabajando que subsidiar a los parados, porque, por pequeño que sea su rendimiento, es mejor que sostenerlos en su casa recibiendo el auxilio social a costa de los que trabajan.

En fin, entre unas cosas y otras, este economista laureado nos da un repaso con cuatro ideas de manual. Reconoce no saber mucho de nuestra situación concreta, pero, por lo que ha estudiado así en un plis plas, le parece que estamos a la cola de los países europeos en cuanto a opciones para salir de esta crisis, por nuestra debilidad estructural.

En consecuencia, no está dando precisamente consuelo a los que siguen predicando -si bien ya con la boca muy pequeña- que estamos mejor situados que otros para salvarnos en esta situación.

No hace falta ser un sabio en predicciones para vaticinar que estamos al borde de un cambio de Gobierno, especialmente en el área económica. La credibilidad del actual equipo del Presidente Rodríguez Zapatero es próxima a cero en los sectores clave: su otrora superministro económico (Solves) se duerme en los Consejos, y el otro ministro que estudió también economía (Sebastián) no acierta con la llave de la caja de las ideas felices.

El cambio no habrá de venir por una moción de censura, sino de motu proprio, por la necesidad de poner carne nueva en el asador de la crisis. Además, el partido opositor que dirige con las manos puestas, ahora en la cabeza ahora en el trasero, Mariano Rajoy, está atareado dilucidando el alcance de la operación Gürtel (cinturón en alemán) y de los Spionsgeschäfte (negocios de espías, en alemán, también que está de moda, modisch z. Z.).

En el 2010, España será presidente de la Unión Europea durante un período de 6 meses. ¿Habremos dado ejemplo de aumento de la productividad o nos preocupará todavía el "abaratar el despido"?. ¿Seguirán las administraciones públicas dando ejemplo de morosidad e improvisación? ¿Nos dedicaremos a poner parches a las aceras y carreteras? ¿Nos preocupará mejorar el transporte ferroviario? ¿Séguiremos alimentando de desilusión una de las peores universidades del mundo occidental? ...Werden sie wagen?

Sobre el estímulo del consumo

Estamos ya casi todos de acuerdo con los gurús que asesoran al presidente Obama, con que hay que estimular directamente el consumo, para que la catástrofe económica, que es ya gigantesca, no sea definitiva.

Los despidos masivos en el sector privado -el puesto de los funcionarios, por fortuna para ellos, nunca corre peligro- han llevado estrecheces y hambre a muchas familias y han recortado, como efecto directo, la disponibilidad para el consumo de las familias, creando una cadena trófica de descalabros que, incluso, ha reducido las disponibilidades para sostener la antes pujante economía sumergida.

Hay que estimular el consumo de los que pueden permitírselo, generar confianza, animar para que la gente no se prive del placer de gastar si tiene con qué. Porque es imprescindible mantener en circulación dinero suficiente para que esa masa de pequeños comerciantes, de autonómos, de miniempresas, no se caiga. Ese contingente, generalmente sufrido y silencioso y que, aunque no sabrán organizarse en manifestaciones para defensa de sus empresas, que creay sostiene muchos millones de puestos de trabajo, más necesarios a la postre que el millón y medio de asalariados que emplean as grandes empresas del IBEX y que, por tanto, sostienen el pedestal, la base fáctica, de nuestras economías reales.

Los expertos de Obama parecen haberse dado cuenta de que los dineros de apoyo a las entidades financieras son dineros perdidos si no van a las manos de quienes los vuelvan a poner en circulación, en lugar de ser utilizados para tapar los agujeros de las pérdidas bursátiles y de los fondos de inversión devaluados y, seguramente, desviados a economías opacas en paraísos fiscales o en iniciativas oportunistas en otros países a los que la crisis haya afectado aún más o se encuentren en fase larvaria de su desarrollo.

Por eso, ha tocado a rebato a los demás presidentes de las economías principales del Planeta. La reunión convocada a finales del año pasado por su antecesor, en Nueva York, y de la que resultó un melifluo comunicado con el pomposo título de "We, the world leaders" no sirvió para nada. O todos, viene a decir Obama, jugamos a lo mismo, o esto se acabó.

Se trata de un cambio climático que merece todo el aplauso. El comienzo del comunicado posterior a la reunión que se celebrará ahora en Londres, con el propósito de confirmar el "new deal", puede ser el mismo: We, the world leaders.

Es el resto del articulado lo que nos mantiene expectantes. No se trata de buscar una, cada vez más quimérica, alianza de civilizaciones, sino de una alianza de emergencia para que pueda sobrevivir esta civilización de mercaderes en la que deberíamos, por lo pronto, ser capaces de detectar y expulsar inmediatamente de la sala a los mercachifles que cubran su codicia, corrupción y desprecio hacia el prójimo, con las pieles de honorabilidad, vocabulario convincente, apoyo público, colaboradores eficaces, estómagos agradecidos.

 

 

Sobre las oportunidades en la crisis

Se oye decir en varios foros de gentes más o menos animosas, que la crisis es también momento de oportunidades. ¿Para quién? ¿En qué sectores? ¿Por qué?.

Las respuestas a tales interrogantes darían para escribir un libro, pero nos vamos a contentar con trazar algunas pinceladas -en un cuadro que siempre contendrá dosis de subjetividad, obviamente-.

En las crisis económicas, por la parte del capital, los afectados de forma negativa más intensamente son aquellos que han invertido en los sectores que han sufrido una mayor reducción de actividad, se han visto abocados a su reconversión intensa o, incluso aquellos que, aún viendo que su sector mantiene la pujanza, ven restringida su solvencia o capacidad de endeudamiento debido a que las entidades de crédito han recrudecido las exigencias para prestarles el dinero que les es imprescindible para seguir creciendo.

Las empresas que corren más riesgo son, en principio, aquellas que tienen actividad en los sectores que no son de consumo o producción básicos o a corto, y que, además, estaban destinados al gran público. La producción de elementos tecnológicos avanzados, cuando su consumidor preferente era el ciudadano con un poder adquisitivo bajo o medio, caerá más rápidamente que la de productos de gran calidad y altas prestaciones, ya que los compradores con mayor poder adquisitivo se mantienen mejor ante la crisis.

Por la parte del trabajo, quienes se verán más afectados son los trabajadores con cualificaciones altas (pero no muy altas), que, empleados en empresas tecnológicamente activas, han debido reducir su volumen de negocio, y prescindirán, por tanto, de los operarios sin cualificación que estuvieran empleados en las cadenas de producción que hayan tenido que abandonar, como de sus titulados superiores y medios o de sus especialistas más costosos pero comparativamente menos rentables.

Naturalmente, los empleados públicos con plaza de funcionario son los menos afectados por las crisis y no van a disminuir su consumo, salvo que deban ayudar económicamente a familiares y afectos desplazados por aquella.

Aquellos inversionistas que tengan liquidez podrán comprar maquinaria, terrenos, edificaciones de los que se vean obligados a desprenderse de ellos, y lo podrán hacer a buen precio. Se pondrán comprar con aire de ganga, empresas o actividades mercantiles a aquellos que se hayan ido a la ruina o tengan que soltar lastre.

¿Quienes tienen ese dinero?. Desde luego, aquellos que hayan tenido la suerte o la perspicacia de vender sus negocios o activos inmediatamente antes de la crisis, y, también, los que provengan de mercados nada o menos afectados. Pero, también, las pequeñas empresas con movilidad y perspicacia para detectar los huecos que las caídas de otros dejen en sitios esenciales o con fuerte potencial de crecimiento de sustitución del tejido empresarial perdido.

Nos ha dado mucho que pensar una frase de Waren Buffett: El mercado está lleno de oportunidades. Nos sentimos como mosquitos en una playa de nudistas" (literalmente, en su Berkshire Letter: "Tony and I feel like two hungry mosquitoes in a nudist camp. Juicy targets are everywhere.")

Los que se han quedado en pelota, con seguridad, son quienes han creído ciegamente en el mercado hasta ahora y confiado en la gestión de control que estaban haciendo los reguladores y tienen todas sus medios atrapados en el fango de la crisis.

Algunos tactismos son, por su parte, significativos. Las empesas constructoras, por ejemplo, se acercan rápidamente al sol de las administraciones públicas y, en general, las medianas y pequeñas corren a agruparse al cobijo de las mayores, por aquello de que, si bien los libros se cansan de decir que los que mejor aguantan los vientos fuertes son los arbolitos más livianos, en caso de vendavales empresariales, los árboles económicos más gordos son los que van a contar con más ayudas y recursos, por la cuenta que les tiene a los políticos, que siempre han temido más a un grupo organizado de un par de decenas de protestantes que a varios millones de parados desorientados . 

Sobre la que se nos está cayendo encima

¿Hemos estado viviendo de entelequias? ¿El milagro español, vendido como modelo de utilización de los recursos que la Unión Europea había puesto a nuestra disposición, era un espejismo? ¿Nuestra solidez financiera, la solvencia de las instituciones crediticias, era falsa? ¿Las necesidades de mano de obra para sectores específicos, como la construcción y la restauración, una fantasía? ¿No necesitábamos que vinieran inmigrantes y el tantam de nuestra bonanza, con el efecto llamada que aún resuena en la selva de la pobreza mundial, era una añagaza?

¿Se resquebraja y hace aguas nuestro sistema social? ¿Hace falta realmente justicia, más justicia, en este país? ¿El gobierno  de ZP todo lo hace mal y la oposición de MR no tiene ideas? ¿La corrupción urbanística en la costa ha dejado paso al descubrimiento de la corrupción generalizada tierra adentro? ¿La venta del control de Endesa a la empresa estatal italiana Enel, es el final de la idea de poner orden al sector energético español? ¿Estamos todavía en el parón nuclear o lo que se nos ha parado es la voluntad de tomar decisiones comprometidas?

¿Qué pasó con el plan de desaladoras? ¿Cuánto invertimos, en realidad, con los Programas de depuración, infraestructuras, ayuda local, etc? ¿Por qué no se publican las cifras de cumplimiento de cada Plan? ¿Qué tipo de política de relaciones internacionales estamos haciendo? ¿Tenemos alguna influencia internacional, o esa cara de atontolinados que se nos ha puesto es reflejo de nuestra cortedad posicional? ¿La simpatía hacia Obama no está correspondida?

¿Ha aumentado tanto como parece el número de enajenados mentales en las poblaciones? ¿Nos asaltarán al doblar de la esquina o nuestro domicilio sufrirá el ataque malhadado de una banda de no-se-sabe-bien-qué-combinación de españoles, hispanos y euroorientales? ¿El número de extranjeros que nos acompañan de forma tan evidente como permanente, es conocido, o solo imaginado?

¿Cuántos chinos trabajan en el sótano de la casa de al lado, qué hacen, y qué vias utilizan para comercializar sus imitaciones? ¿Qué hace la policía cuando no patrulla en grupos de cinco a diez, riendo sus chascarrillos, y cómo se prepara física y síquicamente? ¿Cuántas toneladas de droga se trafican en España anualmente, cómo llegan, quién las distribuye y con qué impunidad?

¿Se podrán pagar con los ingresos de la población activa declinante las pensiones rampantes  de los que cumplan sesenta y cinco años en la próxima década? ¿Quebrará la seguridad social al aumentar por encima de cuatro millones el número de parados y habrá que reducir de golpe las prestaciones?

¿Seguirá manteniéndose el modelo obsoleto de las Cajas de Ahorros y continuaremos elucubrando sobre posibles alternativas hasta que se nos acabe el tiempo de adaptación? ¿Tendrán liquidez los bancos cuando la situación empeore aún más? ¿Botín está, de verdad, colaborando con el Gobierno socialista y FGonzález juega a la contra, como se murmura? ¿Se podrá formar un frente unido de cooperación para timonear la crisis entre empresarios, sindicatos, gobierno y oposición?

¿Dejará la Iglesia católica de interferir en la política? ¿Cuántas célculas radicales islamistas tenemos en el país? ¿Por qué no es el Gobierno ccoherente con nuestra aconfesionalidad oficial? ¿Sigue la religión, como parece, controlando bolsas inmensas de poder? ¿Seremos capaces de implantar el respeto hacia lo que piensa el otro, como norma de conducta insoslayable?

¿Se atreverá alguien a meter mano en el carajal de la Universidad española? ¿Para qué sirve el cumplimiento de los acuerdos de Bolonia, y a qué nos obligan, en verdad? ¿Por qué no se es capaz de reformar la función pública y, al menos, de aplicar los principios ya asumidos como válidos? ¿Quién controla el trabajo de los funcionarios? ¿Quién protege al ciudadano de a pie?

¿Para qué nos están sirviendo los partidos políticos? ¿Qué capacidades de intervención y control mantiene la ciudadanía? ¿Cómo se hace la selección de los más capaces? ¿Por qué hay que estar a favor o en contra del Gobierno, a favor o en contra del PP? ¿Qué es Izquierda Unida? ¿Qué hacen los sindicatos?

La que se nos está cayendo encima...

Sobre los consejos de Robert M. Solow para reactivar la economía

La Fundación Rafael del Pino invitó al Premio Nóbel de Economía (1985) Solow a dar una lección magistral de macroeconomía el 4 de febrero de 2009, en su magnífico Salón de Actos de Madrid. Como otras veces, se combinaron entre los oyentes, dos tipos de interesados: jóvenes yupis de la madrid-city y canosos seniors (en los que no faltan ya posibles carcamales) del mundo de la empresa y los negocios.

Solow viene de lejos en los conocimientos y en la Historia y está acostumbrado a decir las cosas complicadas con palabras sencillas, que se entienden y hay que valorar tanto si no se tiene ni idea de macroecoonomía como si se ha sido ministro de Gobierno, y justamente en Economía y Finanzas. Entre los atentos alumnos de la clase de ayer estaban, entre otros, Miguel Boyer -que hizo una inteligente pregunta en el coloquio-, Manuel Conthe y Antonio Garrigues Walker.

Solow no solamente debió de hablar con su colega Samuelson de "cabbages and kids" mientras perfilaba sus ideas sobre la Teoría del conocimiento económico, o el comportamiento de los agentes én mercados imperfectos -incluído ese factor de producción especial que es el trabajo-. Al tiempo que ambos le hacían (suponemos) algo de luz de gas a su superior Leontieff, enfrascado con las tablas de input-output, debían hacer muchas simulaciones virtuales de los intríngulis de la economía global en sus cabezas, porque ahora lo tienen tan claro, que da bastante rabia no haber caído antes en la cuenta.

Estas son algunas de sus ideas, expresadas en forma de falso decálogo, y en resumen realizado bajo nuestra completa responsabilidad de aplicados anotadores, de lo dicho en una hora y media de impartir ciencia, respetuosamente admitida por la numerosa -y entregada- concurrencia, incluído Amadeo Petitbó, catedrático de la cosa, mandamás, junto a María del Pino, de una de las mejores fundaciones españolas, y admirador confeso de Solow, al que dijo deberle simbólicamente hasta la plaza de profesor numerario, en sus tiempos.

1. La capacidad de producción de bienes y servicios no ha sido destruída. Somos todos más pobres, sí, porque se han volatilizado 7 billones de dólares (american trillions) de riqueza (wealth) en solo 18 meses, pero la inversión neta (net investment) es todavía positiva, la capacidad de producción no solamente no disminuyó sino que posiblmenete creció. Producimos ahora menos, porque no utilizamos completamente nuestra capacidad productiva. Por eso estamos en recesión.

2. El colapso financiero ha provocado la recesión en dos concretas direcciones: a) pérdida de riqueza aparente: hay menos inversión en las empresas, la actividad comercial es más débil; b) Las instituciones financieras se han hecho extraordinariamente precavidas. El dinero no está fluyendo adecuadamente a la economía real, a pesar de las intervenciones del banco Central y de otras entidades públicas.

3. No sabemos el verdadero alcance de las magnitudes de la destrucción de riqueza, porque no se sabe el valor exacto del descalabro financiero. Sollow lo calcula, en USA en unos 55 billones de dólares. La menor estimación conocida la hace rondar por encima de 30. Pero la economía real no está afectada, y el valor de 14 billones de dólares anuales de GDP estadounidense, por ejemplo, está intacto. También lo están los 40 o 60 billones de dólares de inversión potencialente productiva.

4. La función de los Bancos debe ser recuperada. Su labor, terriblemente importante, es facilitar el intercambio de dinero entre ahorradores e inversores, reasignando los riesgos. Para ello, no se necesitan tantos millones de dólares.  La falta de regulación o la regulación insuficiente ha estado creando riesgo, porque las entidades financieras estaban especulando con el dinero, no reasignando fondos (reallocating), esto es, incumpliento su cometido básico.

5. El problema principal es que los mercados de crédito para actividades normales se han paralizado. El dinero escaso no debería irse a otros sitios diferentes de la economía real, y es un error dedicarlo a tapar los agujeros. Hay que aislar y proteger esa economía real, y hacer todo lo posible para que la estabilidad de los mercados financieros no se vea afectada. "No se trata de perdonar la estupidez y la avaricia de algunos", sino concentrarse en este momento en activar la economía real, la de cada dia: esa es la que hay que proteger.

6. El entramado de ingeniería financiera que se ha generado en el pasado inmediato en nuestra sociedad ha restado dinero para financiar las empresas, la construcción de viviendas, la formación, etc: estos agentes de la economía real no son culpables de nada y son imprescindibles.

7. Una recesión es producida por el fallo de a economía para usar toda o prácticamente toda su capacidad económica productiva. Los fallos hay que localizarlos fundamentalmente en la curva de la demanda. El problema del boom de la vivienda y las hipotecas subprime existe, pero se soluciona por sí mismo con el paso del tiempo, la tensión producida es menor. Esa recesión  menor se resolverá gradualmente en la medida en que se necesiten más viviendas-

8. En cambio, la burbuja financiera ha precipitado la crisis general, porque ha congelado créditos no solamente para comprar futuros -dañados o no-, sino elementos reales. El dinero disponible para ésto se ha visto disminuído en 2/3 de lo que era necesario hasta ahora (1,5 miles de millones de dólares/año).

9. Las líneas de defensa, son fundamentalmente, dos: a) la respuesta monetaria: aislando los sectores dañados y dando una inmediata respuesta de credibilidad e inyección financera a la economía del día a día. Se debe disminuir los impuestos, porque la redistribución natural de recursos es más neutral que el juego que puede provocarse desde la política fiscal. b) Esta crisis es más grave porque llega cuando el dinero se ha agotado prácticamente, ya que la recesión ha venido precedida pro una crisis financiera; no es lo adecuado pedir a los Bancos que presten más dinero, porque deben mantenerse como prestamistas creíbles.  El Gobierno tiene que reemplazarlos sin temor a generar más déficit público, porque ya se financierá después, cuando termine la crisis.

10. La inversión directa del Estado, la inmediatamente productiva, es más difícil de movilizar, por el tiempo de preparación que necesitan los proyectos y las licitaciones públicas. En este sentido, Solow ve con buenos ojos los Planes de Inversión en Infraestructuras Locales (aunque no se refirió expresamente a ellos, porque evitó hablar de la economía europea) y la colaboración público-privada.

11. Los planes anunciados por el Presidente Obama le parecen a Solow adecuados en cuanto al orden de magnitud de la inyección de capital público; 800.000 millones de dólares en dos años (3% de GDP cada año), pero problemática la composición del programa, que espera se adecúe a estimular proyectos que incrementen la inversión privada y no se obsesionen en crear empleo directo inmediato o en aliviar las pérdidas de algunos agentes. Habrá tiempo más adelante para tomar esas medidas de saneamiento.

12. Los jóvenes están mejor preparados que los mayores, porque, de otra forma, habría que reconocer que se ha fracasado en su formación. Por tanto, el potencial de respuesta de la sociedad es mayor que el de hace años; tenemos más útiles, más activos, mejor tecnología, más conocimientos. Hay que ponerlos en valor, aprovecharlos. Difundir optimismo en el futuro de nuestra sociedad.

En el muy interesante coloquio que siguió, Solow matizó o amplió algunas cuestiones:

12.1. No es momento para un segundo acuerdo Brighton Woods, aunque se necesita coordinación global respecto a la regulación financiera. "It´s place for tailoring, not to manufacturing".

12.2. Cualquier forma de desarrollo no es favorable, como lo demostró rccientemente el boom de la construcción, que fabricó viviendas y concedió hipotecas que no se necesitaban. Hay que canalizar los ahorros, generando los adecuados incentivos privados, hacia la produccción más sustentable.

12.3. Las bajas tasas de interés para el dinero han favorecido inversiones improductivas, haciendo más sencillo y barato la toma de decisiones de riesgo. Pero no son la razón principal de la crisis. Los reguladores económicos tienen que disponer de más elementos de acción que únicamente poder retocar las tasas de interés básico. Greenspan se manejaba con dos limitaciones: una, ilógica, su creencia en que la economía resolvería por sí misma las burbujas y desequilibrios; otra, lógica, que disponiendo de solo un instrumento financiero (el regular el tipo de interés preferencial), lo utilizara.

Sobre banqueros, bancarios y reguladores económicos

El asunto va nuevamente, de dineros. La realidad de la distribución de la masa monetaria ha puesto en evidencia graves desequilibrios y agujeros, que se escaparon al control de los reguladores. Hay que meter más madera para que la locomotora no se nos pare y los fogoneros andan muy, pero que muy asustados. Los viajeros (todos), también, para qué vamos a silenciar cómo nos sentimos.

La historia la cuentan ahora hasta los niños. Resulta que, por una parte, se había generado confianza en que la estabilidad de la situación económica se mantendría, por lo que los bancarios y los evaluadores de proyectos se habían acostumbrado a construir para sus cálculos de rentabilidad escenarios muy repetitivos: todo era tan fácil, que el futuro podía meterse sin dificultades en las simulaciones, y rentabilizarse en un panorama siempre de bonanza.

De vez en cuando, algún pobre empleado bancario se equivocaba en las previsiones, se caían algunos palos del sombrajo, y lo echaban a la calle entre palabras de escarnio. Jerôme Kerviel fue uno de ellos. El dijo que informaba fielmente a sus superiores, pero sus superiores lo desminetieron. Se tapó prestamente el agujero con pasta de los accionistas del Banco y se mantuvo el aspecto de solvencia del sistema.

Por otra parte, algunos golfos apandeadores estaban sacando dinero a espuertas de los bolsillos a algunos confiados, para llevárselo tranquilamente a paraísos fiscales y a cuentas opacas. Los confiados eran ricos muy ricos y otros bancarios que gestionaban las carteras de pensionistas, viudas y gentes que lo que más deseaban en el mundo era no tener que sufrir por culpa del dinero.

Mientras tanto, los gobiernos serios se concentraban en hacer planificaciones presupuestarias cuidadosas, que permitieran a los banqueros y otros empresarios serios buscar rentabilidades razonables, ellos se inventaban pirámides y timos de la estampita para arrebatarles a los ciudadanos sus ahorros. Los gobiernos menos serios  ofrecían opacidad y exenciones fiscales y bolígrafos de oro y plata.

La credibilidad de estos apandeadores era tan grande que hasta conseguían concencer a los bancarios más listos. Madoff fue uno ellos (de los primeros). Botín uno de los banqueros más distinguidos. Alicia Koplowitz una de las confiadas más renombradas.

El presidente Rodríguez Zapatero anda desesperado, entre la alianza de las civilizaciones y el descalabro del país, que en Davos se lo han ridiculizado como un hedge fund country, que es algo así como un tampax usado.

Ha vuelto a reunirse con los banqueros españoles para pedirles que disminuyan las trabas para prestar el dinero. Porque sucede que, a la vista de la combinación de crisis y descalabros falsarios, han tenido que proveer pérdidas en sus activos y disminuir dramáticamente (dramaticaly) sus rentabilidades. Y se han cerrado de piernas. ZP iIncluso se lo pidió por favor, que es como se piden las cosas cuando no se tiene poder sobre el destinatario. Porque si no hay dinero en circulación y no se presta dinero para poner en pie los proyectos, la máquina se para. No produce, vamos.

Pero los banqueros son empresarios y le han contestado, con buenas palabras, que están en el mundo para ganar dinero, para conseguir el mayor beneficio posible con su negocio, que eso es lo que les ha enseñado la tradición y la Universidad. Que ahora sí que están controlando bien a sus bancarios, para decirles que a los Bancos no les corresponde poner en pie proyectos, ni prestar el dinero alegremente, sino analizar las propuestas con seriedad y con rigor, como les enseñaron en Hardvard, en el ITM y en el IESE.

No le queda al presidente más remedio que cambiar el chip. Que pase de los banqueros. Tiene que convencer a los bancarios y a los trabajadores de que el futuro ha vuelto a ser positivo. Que tienen que volver a gastar como si les hubiera tocado la lotería y, sobre todo, tienen que acostumbrarse a trabajar más ganando menos que antes. 

Tendrá que contratar a Jerôme y Madoff. Los asesores económicos que tenía no lo han funcionado. El primero ya está dando conferencias sobre cómo funcíonó, convertido de villano en héroe. Aunque sigue sin estar claro quién o quienes guiaron sus designios.El segundo, parece que ha confiado su asunto en manos de un buen bufete de abogados y confía en que le exonerán de toda culpa; al fin y al cabo, de ilusiones también se vive; y bastante bien, ¿no?

Sobre la creación de empleo por los municipios

El gasto medio anual de los municipios españoles debe andar por los 1.000 euros per cápita, de los que aproximadamente un 25% correponde a gastos no obligatorios. Esto implica que unos 10 a 12.000 millones de euros se pueden destinar por las Corporaciones a realizar algunos proyectos y obras, fundamentalmente, el mantenimiento de las infraestructuras, el arreglo de zonas verdes, creación de deportivos, lugares de encuentro para envejecientes y salas de lectura.

Los municipios están fuertemente endeudados -el líder indiscutible es el Ayuntamiento de Madrid-, superando ampliamente el límite del 25%-30% de endeudamiento respecto al presupuesto anual. Por eso, han sido tradicionalmente pagadores remolones, pues van tapando los agujeros con los ingresos de tasas, cobro de servicios y transferencias de impuestos.

Los más 8.000 millones de euros de deuda del feudo actual de Alberto Ruiz Gallardón, el hiperactivo munícipe madrileño, marcan una pauta estimulante para el deseo de muchos alcaldes de apretar el acelerador del presente, dejando para otras legislaturas y, verosímilmente, para que se coman el marrón otros regidores, la siempre penosa tarea de pagar las deudas.

Ya en plan de chisme, decían por Oviedo que, cuando se fue el alcalde del PSOE,Antonio Masip, y pasó, para que nadie fuera capaz de arrebatárselo jamás, el cetro del poder de Vetusta a Gabino de Lorenzo, dejó en el cajón dos o tres mil millones de pesetas (12 a 18 millones de euros de los de antes). De probarse el rumor, sería el único caso conocido de un alcalde que no supo o no quiso en qué gastar la pasta disponible, mereciendo un monumento, de los que ya tantos han plagado la antes heroica ciudad.

Todo el asunto viene a cuento porque, entre las medidas de reactivación contra la crisis, el gobierno del Presidente Zapatero, destinó por la vía de Decreto-Ley, en un llamado Fondo de Infraestructuras, 8.000 millones de euros (180 euros por persona), a los municipios, para que hagan obras, con la condición de que se lo gasten de inmediato (la fecha tope para presentar proyectos terminó en diciembre de 2008) .

Los detractores dicen que lo que va a favorecer este regalo es a las grandes constructoras y, en otro caso, al despilfarro, pues los pequeños municipios carecen de apoyo técnico para presentar proyectos.

No opina igual el Presidente español, que, suponemos que con mejores datos, en la comparecencia televisiva del 26 de enero de 2009, dentro del programa Tengo una pregunta para Vd, reiteró su confianza de que esos dineros creen empleo local; lo dijo en respuesta a la interrogante de un pintor (de brocha gorda y lengua fina) que llevaba parado un año, y que estaba preocupado por su futuro y el de sus amigos, al parecer, también pintores.

 Si el ministro Sebastián hubiera estado por allí, habría calculado que los 8.000 millones de euros servirían para crear unos 650.000 puestos de trabajo directos y otros cuantos inducidos, justificando el resultado con un par de reglas de tres. Ventajas de haber estudiado economía. La ministro Elena Salgado, que no sabe lo que es arriesgar,  los cuantificó, en unos 400.000. Vaya usté a sabé.

 

Sobre los efectos de bajar los impuestos o el precio del dinero

Si la cuestión estuviera absolutamente clara, posiblemente todo el mundo -incluso los economistas y, entre ellos, los más expertos- se hubieran puesto de acuerdo. En las Universidades se nos enseñaría sin circunloquios la conclusión y los políticos la aplicarían a rajatabla.

La lógica indica que si se bajan los impuestos, el Estado recaudará menos dinero y tendrá, en consecuencia, menor capacidad para dedicarlo a sus actividades propias como son, en principio, la mejora de las infraestructuras, la protección ambiental y social, el incremento en los servicios asistenciales, la ayuda a las personas con especiales dificultades y, derivadamente, el fortalecimiento del aparato funcionarial, desde jueces, profesores, médicos, policías o cargos públicos a los administrativos de ventanilla o conserjes de museo (sin que esta hipotética gradación implique cargas peyorativas).

La lógica indica también que si se bajaran los intereses de los créditos -señalando, por ejemplo, las referencias para el interbancario, que es el precio del dinero que se prestan los Bancos entre sí- las empresas y particulares podrían financiarse de forma más barata para sus compras y proyectos, y ese gasto siempre enojoso que representan los réditos a los préstamos, sería menor, animando así a consumir más y a iniciar nuevos proyectos, creándose empleo y riqueza.

Es en la aplicación práctica de estos principios donde aparecen matices serios, que son resueltos desde las cuestiones ideológicas y, por tanto, ya no tienen que ver con la teroría, sino con las experiencias.

Además, si se tuviera en cuenta que nos encontramos en un´momento de quiebra del sistema, los análisis deberían incorporar soluciones de emergencia y no restringirse a aconsejar la simple aplicación de las viejas recetas. 

En fin, quienes quieren un Estado poco intervencionista, siguen proponiendo que se bajen los impuestos, en especial los de sociedades, para que las empresas tengan más dinero para gastar en otras cosas, porque las rentas del capital se reinvierten a la larga en aumento del bienestar general, ya que nadie se va a llevar los dineros a la tumba. La iniciativa privada, para ellos, vence a la pública en la decisión sobre lo que hay que hacer, y el mercado será ahora y siempre un excelente regulador de las prioridades, limitando al Estado a vigilar eventuales desequlibrios y a acudir de bombero cuando se presente un fuego.

Esperanza Aguirre, Presidente de la Comunidad de Madrid, en su entrevista en ABC del  25 de enero de 2009, inteligente defensora del liberalismo económico, recurre a los preceptos clásicos: control del déficit, bajar los impuestos, gastar menos desde el Estado, producir más.

No es de extrañar que los defensores de la ideología liberal, apoyen también la disminución del interés al dinero que presta el Estado a los Bancos, como fórmula para estimular el consumo y la inversión privada, poniendo un ojo a garantizar la rentabilidad mínima a los depósitos a largo plazo, en interrelación con la inflación acumulada.

En el frente ideológico más o menos contrario, se siguen escuchando también argumentos muy manidos, y, por eso, tiene mucha razón el superministro Solbes cuando afirma que se le agotaron las medidas, porque hay que salirse del libro.

A quienes desean un Estado relativamente fuerte, su ideología les llevaría a apoyar el no bajar los impuestos, aumentar el control público y garantizar la liquidez del sistema, insuflando más dinero, sin miendo a aumentar más el déficit, porque ya se recuperará cuando amaine la crisis. Sin embargo, mantener los niveles asistenciales en un momento de paro creciente, genera un horizonte de grave incertidumbre, cuyo límite no puede preverse desde un contexto de falta de cooperación entre los agentes económicos y pérdida de credibilidad en los medios de control del sistema.

Estamos en crisis profunda, y para resolver el temporal no hay que acudir al catón, sino asumir maximalismos. Puede, desde luego, romperse la baraja, abandonar el euro, devaluar y sentar las bases para una recuperación económica.

Pero, si no se quiere llegar tan lejos, al menos, ha de reconocerse que no se pueden aplicar paños calientes a una situación de emergencia. Paul Krugman (Premio Nobel de Economía 2008) pone el acento sobre un principio extraeconómico: las soluciones más certeras no presuponen ideas geniales sino la voluntad de ejecutar lo que se sabe y asumir las consecuencias de la decisiçon.

En la columna del NYT que reproduce EP del 25.01.2009, escribe que "la creencia en la magia de las rebajas fiscales ha desaparecido del mercado" y la llama "anticuada economía del vudú", abogando por la nacionalización previa de las entidades financieras con dificultades, deshacerse después de los accionistas, transferir los activos morosos a una institución especial, creada ex novo, sanear a continuación los Bancos y volver a venderlos.

No hay tanto donde elegir, parece.

Sobre lo que diría Keynes a Zapatero

Como estamos en un momento de baja creatividad, los políticos tratan de vender confianza con aforismos. "Podemos" o "La crisis no durará más allá de mediados del año que viene".

Pero como la credibilidad anda por los suelos, la gente guarda el dinero que tiene bajo los colchones, deseando secretamente que se mantenga el poder adquisitivo del mismo. Los banqueros, que no dejan de comportarse como seres humanos, al fin y al cabo, no prestan el dinero a nadie a no ser que les garantice la devolución con cinturón y tirantes; no se fían -por supuesto- ni de los otros banqueros.

Estos últimos, siempre han tenido razones para actuar así; los demás, aunque las olvidemos de cuando en cuando, hemos tenido recientemente el recordatorio de los peligros que acarrea fiarse de bancarios, gurús, políticos a corto, y otros especialistas en el manejo de la credulidad ajena.

¿Qué diría Keynes a Zapatero?. Pues, seguramente, y para empezar, que cada palo aguante su vela. Con otras palabras, que no acuda con dinero público a salvar a los más ricos, sino a defender el empleo de los más pobres.

Después, que aplique medidas de emergencia para una situación atípica. No estamos ante un proceso cíclico normal, sino ante una situación agudizada por el fraude en la recolocación de las plusvalías generales por parte de aquellos en quienes se habían confiado. Esto quiere decir que hemos volatilizado, para conducirlo en la generación de falsas rentabilidades e inversiones improductivas, una parte significativa del ahorro.

Invierte lo que tengas en apoyar los sectores más próximos al primario, para apalancar el empleo básico. Convence a todas las administraciones públicas, y, en especial, a las locales y autonómicas, de que se endeuden aún más -ya lo tienen difícil- pero solo si han de invertir en la mejora de la asistencia social y el bienestar ciudadano directo. Las administraciones públicas tienen que apoyar los sectores de producción de bienes de consumo o productos básicos, así como aquellos servicios como educación, sanidad, investigación aplicada o asistencia a la tercera edad, que pueden generar mayor sensación de calidad, con menoso recursos dinerarios y más empleo de mano de obra cualificada.

Hay que incentivar, e incluso, obligar a que las entidades de crédito presten dinero a los emprendedores con muy bajo interés y menores garantías, incluso solo con las garantías del proyecto. Para ello, se deben generar comités de evaluación formados por expertos independientes.

Keynes también diría a Zapatero que creara o refuerce los sistemas de control en los que participen todos los agentes sociales, abriendo el debate de las medidas a adoptar. Sin miedo a castigar, y duramente, a los culpables de delitos económicos.

Le diría también restringe el endeudamiento exterior, reduciendo el déficit de la Balanza de pagos, pero, concéntrate, en especial, en los intercambios con los países más desarrollados que el tuyo.

Mejora los medios de transporte público. En especial, del transporte ferroviario. No creando más infraestructuras, por favor, sino facilitando su uso y reduciendo el coste, con más trenes, más líneas, mejores conexiones de cercanías, horarios más flexibles.

No cedas en la mejora del ambiente, ni en la contención del cambio climático. Con las medidas más baratas, en especial: no contaminar, reducir el despilfarro, emplear masivamente la reutilización (de botellas, recipientes en general, recuperación de residuos,ahorro de agua y desplazamiento, etc).

Da ejemplo, el primero.

Reza.

Sobre lo que se nos ha ocurrido para salir de la crisis, y sus plazos

La idea es simple como una patata: en lugar de animar al consumismo a los ciudadanos de los países desarrollados -¿para qué? ¿para prolongar la profundización de la crisis-, préstese el dinero y la ayuda más importantes a los países en vías de desarrollo, para que produzcan más, consuman más y actúen de locomotoras de la reactivación mundial. Todo bajo un marco regulatorio nuevo, de cooperación internacional, que no tiene que ver con Kyoto ni con Podman, sino con la generación de unas reglas de intervención público-privada consensuadas y transparentes.

No es una elucubración. Claro que la crisis es una crisis de confianza, porque el origen está en el descubrimiento casi simultáneo de una colección de falsedades y mentiras, en las que participaron -por acción u omisión- políticos, banqueros, controladores, grandes empresarios, comisiones reguladoras, etc.

La nuestra es una propuesta relacionada con la búsqueda de la mayor eficacia de las medidas, aplicándolas en aquellos puntos del sistema económico en el que pueden tener efectos más fructíferos, porque el sistema está menos dañado o tiene más posibilidades de recuperación o activación con menos recursos.

En realidad, eso era lo que habíamos creído que se estaba haciendo, cuando se nos animaba a invertir en acciones de alto riesgo para aprovechar el tirón de las economías asiáticas o del conjunto de los Brics, que tenían mano de obra tan productivas, sistemas tan eficientes y nos entregaban productos casi listos para el consumo.

Solo que hemos descubierto que nuestra credibilidad era erróneo. Se estaban quedando con nuestros dineros, tanto los de los fondos de pensiones como los de los ahorros que tanto nos costó conseguir, unos desvergonzados tramposos disfrazados de banqueros y gurús que actuaban desde Washington, Londres, París o Madrid y que no tenían más principios que los que les dictaba su ánimo de delincuentes.

Ya nos hemos acomodado a admitir que el núcleo del sistema de desarrollo occidental estuvo basado, al menos en las últimas décadas, en una pura fantasía. Sonaba bien, en principio. Se estimuló el consumo de los ciudadanos de los países ricos, convenciéndonos de que nuestro bienestar estaba en relación directa con la posesión de múltiples adminículos. Podíamos permitírnoslo, el sistema funcionaba de maravilla.

Se difundió el avieso paradigma de que "la calidad de vida" consistía en un hedonismo sin límites ni económicos, ni sociales, ni éticos.

Se enalteció la belleza, la juventud, el despilfarro. Parapetados en la bondad del mercado, en la vigencia permanente de la ley de la oferta y la demanda, se engordó el precio de lo superfluo, apoyando la especulación en otro invento: la publicidad fantasiosa y desleal.

Se mercantilizó, incluso -y muy gravemente- el futuro, creyéndolo garantizado. No hizo falta vender el alma al diablo; se enajenaron los hipotéticos beneficios que nos había de reportar el porvenir, y se consumieron alegremente. Pero el futuro no estaba por la labor. No existía en esa dirección.

Como el bienestar precisaba de múltiples iconos, y no era posible producirlos en occidente a precios asumibles, se compraron en los los países menos desarrollados, y se pasaron por el factor multiplicador de los intermediarios (comerciantes, bancarios, especuladores, avariciosos o ladrones, qué más da, ahora) para conducirlos a los mercados occidentales sobrecargados de precio.

Pocas cosas de las que aquí se consumieron alegremente estaban producidas realmente en estos predios. ¿Para qué había que fijarse en los made in China, India, Taiwan o Brasil?. Eramos ricos. inmensamente ricos, porque habíamos descubierto que la simple apelación al "ya te pagaré con lo que obtenga mañana", servía para que nos dieran dineros. Hipotecamos, pues, lo que no teníamos. Lo que no tendremos.

En los talleres propios se trabajaba febrilmente en combinar los elementos importados que daban lugar a los productos acabados, y se les ponían sellos de hipotéticas garantías de calidad, surgidas de normas cada vez más exigentes, porque podíamos pagarlas. Se integraban en salas de montaje cada vez más automatizadas las piezas unitarias, los circuitos y placas electrónicas, -importadas con bajos o nulos aranceles- convirtiendo esas partículas inocentes en aparatos electrodomésticos,  reproductores de dvds, vehículos de altas prestaciones, ... que se convertían en imprescindibles para nuestra felicidad.

No será necesario apurar mucho el diagnóstico, pero se entenderá que esas peligrosas construcciones empresariales sobre los productos de otros -ya lo fueran en talleres de montaje, empresas de servicios ambientales o turísticos, enseñanzas con poca aplicación práctica- permitieron crear un mercado laboral inestable. La perspectiva de trabajo, atrajo como un imán a gentes de países más pobres, dispuestos a ejercer sus carreras universitarias limpiándolos la mierda, si fuera necesario.

Entre tanto, la perspicacia de los avida dollar, la tecnología del desarrollo y la ignorancia gubernamental canalizaron hacia carreteras cada vez más inútiles y potabilizadoras, incineradoras, depuradoras, aerogeneradores, etc.  la actividad de constructoras cada vez más potentes. Ellas mismas consumieron los ahorros de los que pudieron tenerlos, con construcciones que se consumieron la costa, viviendas de rápido crecimiento en terrenos recalificados y otras actuaciones depredadoras que contaron con el apoyo de funcionarios y políticos corruptibles.

Con los productos alimentarios pasó algo diferente. Mientras subvencionábamos a las producciones internas, incapaces de ser competitivas en el mercado libre con los que se producían en los países en desarrollo, creamos un entramado de aranceles y prohibiciones, para que las patatas, la leche, los tomates, pudieran ser locales (obviamente, habría que publicitarlos como más sabrosos que los que venían de fuera, más "nuestros"); los intermediarios se encargaban de que en los mercados, las frutas, carnes y hortalizas "exóticas" tuvieran precios acordes con los propios, independientemente del precio que pagaran en origen a los esquilmados agricultores y canpesinos.

Lo dicho: si queremos reactivar la economía en corto plazo, démosle el dinero preferentemente a los países menos desarrollados. Y que los que nos han llevado hasta aquí, que se caigan con todos sus equipos. Son los mercaderes del tempo de sus dioses, y hay que echarlos de la casa del Padre, la nuestra, a latigazos.

Nos han mentido una vez. Si nos vuelven a engañar, la culpa será nuestra.

¿Plazos para salir de la crisis? Dependen de nosotros. Hay que actuar rápido, quitándoles el sitio a los que nos han mentido o consentido las mentiras de otros a sabiendas, y callarles a todos ellos la boca, alzando nuestras voces con verdades, evitando que se reorganicen y nos sigan contando tonterías.

Sobre la función del dinero en la sociedad occidental

Olvídense de todo lo que les han enseñado en las escuelas, incluídas las grandes escuelas de negocios. Mentalícense de que no les van a servir para nada los master obtenidos en cualquier prestigiosa Universidad. Ni Harvard, ni Oxford. Ni Massachussets ni Pompeu Fabra.

Porque ha quedado indefectiblemente demostrado que lo único que utilizan para moverse por la vida con solvencia, tanto los gurús como los aventurados de medio pelo, es la técnica del trilero, la desfachatez del ladronzuelo, la ley de la calle. El todo vale, vamos.

No hay duda de que habrá que revestir la intención con cierta sofistificación, pero eso ya no depende de lo que uno sepa sino de lo que los otros no conozcan. Y de cultura general, saben, por lo que se ha visto, poquísimo.

El padre putativo más reciente del capitalismo, Mr. Bush hijo, presidente saliente de los Estados Unidos de América, ha reconocido que abomina, que apostata de la economía de mercado. Quien había defendido esta entelequia bien argumentada -que dió lugar a las mejores páginas de la literatura de ficción, y generó varios premios nóbeles-, ahora admite que no cree en el mercado.

Hay que rasgarse las vestiduras, porque en el reparto de papeles en la gran comedia del mundo, ese hueco no puede quedar jamás vacío. Alguien con suficiente credibilidad tiene que asumir el papel de defensor del principio central del capitalismo: es decir, que el mercado es el rey y de que quien trabaja cumpliendo sus reglas puede llegar a lo más alto.

Las reglas escritas eran unas, pero lo que hacían los buenos jugadores era inventarse otras. Por eso, se entiende que, después del desfalco de Madoff, los adalides más sonoras del capitalismo estén que botan. Han quedado al descubierto las tripas del invento y han resultado dañados inocentes.

Porque una cosa es timar a los ingenuos, a esos estúpidos ahorradores que confían en la solvencia de cualquier reclamo desde el que se les reclamen sus cuatro chavos -puede ser la lotería de Navidad o la Bolsa, o, mejor, sectores como la construcción o las energías verdes, con promesas de buenos rendimientos-, pero lo que no puede admitirse es que alguien desde dentro del sistema, un insider, uno de los nuestros -vamos, de los suyos- time a los colegas.

Comprendemos perfectamente la indignación, por ejemplo, de Alicia Koplowitz, que parece pudo haber perdido unos diez millones de euros que invirtió en construir la pirámide esa que se cayó en América, del tal Madoff. No hay derecho. Sus asesores le aconsejaron que depositara el dinero en una Sicav, que es un invento  infalible para evitar pagar esos injustos impuestos que solo deben soportar los asalariados -que disfrutan del mercado laboral, el que funciona-, y resulta que se los han volatilizado.

Todavía puede arreglarse lo que esta señora, gracias a Dios. Siempre en rumor, en septiembre parece que sus asesores dieron orden de vender las participaciones que tenían en la pirámide. Lo mismo pasa con la participación de Colonial en FCC: otra entidad solvente, Goldman y Sachs, vendrá al rescate. Si eso es así, y el mercado vuelve a funcionar algún ratito, todavía hay esperanzas de que esas injustas pérdidas nos las comamos entre todos. Se trata de que recuperemos la ilusión.

Ya se ve que el mercado, aunque derrotado y enmerdado, es todavía infalible con los que creen en su pureza.

Sobre los fraudes piramidales y la economía de mercado

Esto se cae. "Esto" es el sistema financiero, podrido por la falta de controles, por la constatación de la avidez y la falta de escrúpulos de algunos respetados miembros de esa colectividad de tramposos en el que hemos visto convertido el medio por excelencia de la economía llamada capitalista: el mercado.

Nos apresuramos a escribir que el mercado, por sí mismo, no tiene ninguna culpa. Es un buen procedimiento, regular los precios de la oferta con la cantidad de demanda, pero cuando no existen referencias construídas desde lo que cuestan las cosas que se ofertan, el ansia de obtener beneficios sin límite, dará rápidamente al traste con el sistema. Porque existe en algunos seres humanos una combinación de ambición y capacidad para la mentira que les llevará a utilizar ese ingenuo mecanismo para enriquecerse, timando a sus semejantes.

Es el timo de la estampita, en sus variadas formas. Puede llamarse fraude piramidal o robo de guante blanco. Consiste, básicamente, en vender humo, adornándolo, claro está, más o menos, según la pretendida o sospechada cualificación y desconfianza de la víctima del timo.

Bernard L. Madoff, autodeclarado culpable de haberse inventado un negocio de la nada, prometiendo a sus inversores pingües beneficios, creando una empresa basada en fondos altamente especulativos (hedge funds), no tuvo, en realidad, más que adornar alago lo que los trileros de la puerta del Sol (por ejemplo) vienen haciendo durante siglos.

Si el posible timado es una señora venida del pueblo con aire de sentirse abrumada por la gran ciudad, bastarán combinar un falso tonto con un billete de lotería primado, o un talón para cobrar una herencia, o un sobre del que asoman un montón de billetes de cien euros. Hará falta un listo compinchado que se quede vigilando al tonto mientras el timado va a cobrar el billete, cobrar el talón o recoger el beneficio de la inversión con la que engañó al tonto.

Si el posible timado es un ahorrador que lee los periódicos económicos, que confía en sus bancarios, que se ríe de los que se dejan timar en la calle, habrá que revestir el timo con una solvencia educada en Harvard, mucha palabrería económica y sembrar confianza con rostros de listos intermediarios que son parte del engranaje de seducción, porque cobran altos sueldos por decir sus tonterías. Madoff, por ejemplo, tenía claro que, debería entregar, como despedida, 200 o 300 millones de euros a algunos empleados, familiares y amigos" antes de presentarse al SEC. Qué mas daría haber perdido 50.000 millones de euros que 50.300 millones, ¿a quién le iba a importar?

 

Sobre la profundidad de la crisis económica

Vamos a ver si nos entendemos. La economía es un poco...como un toro, ¿no?

Suponiendo, sin embargo, que esta comparación de urgencia no le satisfaga del todo, damos algunas aclaraciones complementarias.

Los elementos para detectar la profundidad de una crisis son de dos tipos: tangibles e intangibles; reales e imaginarios, o inventados.

La mayor parte de los comentaristas políticos y de los diarios económicos ponen el énfasis en los indicadores inventados. Los inventados son, en particular, el índice bursátil, la caída del PIB, la inflación y otros de ese tenor, que se consiguen multiplicando o dividiendo -generalmente dividiendo- cantidades o números que no tienen nada que ver entre sí, ni, por supuesto, con la economía real. Economía real es la que todo el mundo entiende, incluso los que no tienen ni zorra idea de economía.

Los indicadores claves para analizar la profundidad de una crisis son éstos: el número de parados y su distribución por sectores; el coste del dinero cuando usted se lo pide a un Banco o a una Caja y solo tiene para responder del mismo lo que va a comprar con él; el salario que usted percibe por su trabajo, cuando lo tiene, y lo que le queda a final de mes, si le queda algo; la cantidad de casas y chalets de lujo que hay en su ciudad; el número de automóviles de gran cilindrada que se cruzan ante usted en el paso peatones; el índice de abarrotamiento de gente en el vagón de metro de su línea habitual, un día de semana laboral a las once respecto a un festivo a las once; y, por supuesto, el número de personas conocidas que están actualmente sin empleo.

De este análisis, que cada uno puede repetir, se deduce que la profundidad de esta crisis no es tan grande como dicen los de la economía imaginaria, -la gente tiene miedo por lo que va a venir más que por lo que le está pasando-, pero aún no ha encontrado su punto más bajo.

Como un toro, ¿no?. Ha salido de toriles, potente, y la cuadrilla le ha dado un par de pases, sin conseguir fijar al bicho. Ahora se está en la suerte de varas, y el picador anda arrimado al burladero. El toro ha recibido un primer picotazo, pero ha salido suelto,  y los subalternos tratan de volver a poner el bicho en suertes para que reciba un verdadero puyazo en lo alto.

Este desgaste es fundamental para que el maestro pueda hacer faena. Por eso, el diestro se toma un vasito de agua arrimado al madero, a buchitos, mirando la mole del morlaco, meditando. Mientras, el público jalea y pide sangre.

Sobre los que estamos a uvas

Estamos a uvas. No sabemos de la misa la media. Andamos subidos al guindo y no nos caemos, quiá.

Si, en verdad, la culpa es nuestra. Con tantas señales y´símbolos, ya deberíamos habernos dado por enterados. Atravesamos por una nueva época, un neo-despotismo ilustrado. Quizá, incluso, ni siquiera ilustrado.

Los nuevos déspotas -en el sentido histórico de todo para el pueblo, pero sin el pueblo- son los dirigentes y muñidores de cuanto nos afecta: a) políticos -según su ránking, obvio: desde los de we, the world leaders hasta los de la calle es mía y sacaré los tanques si pierdo las elecciones-; b) altos empresarios -desde Mittal o Prince hasta...¿Rivero?-; c) capitalistas de los de millones de euros -sean del Gates o del Exites-; d) expertos en: ...

El comentario viene al pelo por el juicio por el que el presidente del Gobierno español Rodríguez Zapatero descalificó  las apreciaciones del ex-presidente González, aún de su mismo partido, al respecto de las negociaciones enntre Lukoil y Sacyr. "A González le faltan detalles, que yo le daré".

Así que las cosas están claras, dentro de la oscuridad. Nos faltan detalles. El silogismo es tan fácil de construir que hasta un niño recién destetado puede completar el razonamiento: no podemos estar al tanto porque nos han birlado información. Si quienes han estado en el máximo poder del país no están en las claves que permtien tomar o no tomar decisiones importantes, qué decir de los que andamos abajo, mucho más abajo.

¿Por qué nos ocultan información, nos mienten, nos engañan?. Porque, por supuesto, no sabríamos cómo interpretarla. La verdad en nuestras manos podría convertirse en un isntrumento peligroso.

Lo único que desean es nuestro voto, nuestro aplauso, nuestros dineros, nuestros trabajos. Con ellos, podrán hacer tranquilamente lo que, suponemos que en conciencia, creen que es lo mejos para nosotros. Y, naturalmente, para ellos.

Aunque no lo hayan reconocido aún, nunca hemos abandonado el voto ponderado.

Currante con título universitario: su voto equivale a diez votos de currantes con formación profesional.

Empresario con empresa al borde de suspensión de pagos que se niega a respaldar con su patrimonio personal el crédito bancario que solicitó, su voto equivale a un millón de votos de parados.

Ex- presidente con vocación de tocar las narices a diestro y siniestro, su voto para autorizar el paso de presos a Guantánamo, equivale a diez millones de ciudadanos, incluídos algunos seguidores de la Cope.

Tendremos que seguir trabajando en las equivalencias. Qué sofoco.

Sobre terroristas y aterrorizados

Seguro que, en este momento en el que se comenta desde muy diversos ángulos el múltiple atentado de Bombay sobre los hoteles Oberoi y Taj Mahal y el centro judio de Nariman, la imagen de terrorista aparecerá preferentemente vinculada a extremistas islámicos y la de aterrorizados, con la de las decenas de rehenes extranjeros, temiendo por sus vidas.

No falta razón para pensar así, desde luego. Se prodigan demasiado las escenas de terrorismo ideológico o fanático que tienen por víctimas a partidarios de las tesis contrarias o, más comúnmente, a pacíficos individuos, sin ninguna vinculación con los agresores. Y no parece existir forma de defenderse contra esos ataques.

No es posible convencer, no hay argumentos en última instancia, para quienes han decidido poner fin a sus vidas, llevándose por delante a unos cuantos de sus congéneres, cuando tienen los ojos, los oídos y los sentimientos completamente tapados, en la esperanza de que se verán recompensados en un Paraíso. La labor de los pacíficos ha de enfocarse a la eliminación del caldo de cultivo en donde crecen esos fanáticos: la pobreza, la extrema miseria, la injusticia y la incultura.

Pero es que hay, además, otros terroristas, mucho más peligrosos y dañinos que los que se inmolan en hoteles y plazoletas de los países en donde las diferencias sociales son escandalosas y, también, más peligrosos que los que estrellan aviones o hacen explotar mochilas en trenes que matan a cientos, a miles de inocentes.

Esos terroristas no matan directamente, no llevan armas visibles ni están dispuestos a inmolarse. Algunos de ellos no serán nunca detectados. Son terroristas que se mueven entre el dinero, manipulan el bienestar, utilizan masivamente a los otros.

Nuestro comentario no se adscribe a ninguna ideología, no tiene trasfondo oculto. Es la constatación de la pura realidad: Esos terroristas de cuello blanco y faltriquera llena confeccionan, generalmente en compañía de otros, terribles burbujas, que dicen financieras, y las hacen estallar, aquí y allá, en fuegos de artificio letal sobre el trabajo, los ahorros, empleos y dineros de los demás.

Sus actuaciones nos tienen hoy a todos aterrorizados, los de las casas adosadas, los de los pisitos, los de las chozas, los de las cabañas; aunque algunos ignoren la circunstancia, porque sus efectos se hacen sentir en todas las esquinas y serán muy duraderos.

Poco sabemos de cómo combatir ese terrorismo, que es, como todos, ideológico. Hay evidencias, sin embargo, de los elementos clave de la religión que profesan. Su dios es el dinero; sus sacerdotes y sacerdotisas, son quienes manejan a su antojo las creencias socioeconómicas, convertidas en dogmas de obligado respeto (mercado, contratación en Bolsas, líneas de negocios, sectores tecnológicos preferente, hábitos de consumo forzados, fórmulas de ocio impuestas; etc).

Y las víctimas, que no los adeptos, somos nosotros.

Todos nosotros. Hénos aquí, aterrorizados, sin ánimo o valor para decirles, basta ya; os combatiremos sin desmayo y os venceremos, porque vuestra victoria es imposible. Miramos al cielo, mientras esperamos a que de algún lugar surjan las tropas de élite y como en los cuentos de final feliz, nos liberen, de una vez por todas, de la pesadilla.

Sobre la aportación al riesgo global de las economías opacas

La decepcionante actuación, ante la opinión pública mundial, del grupo de los autollamados líderes mundiales (recordemos aquello tan petulante de "We, the world leaders", seguido de un montón de naderías equivalente a varias páginas en blanco), está teniendo diversos correlatos, unos académicos, y otros del mundo real.

Nos ocupa en este comentario la cuestión de las economías opacas. Es decir, de aquellos países con deficientes controles y contabilidades públicas y privadas oscurantistas, y que también están sufriendo de lo suyo y lo de otros.

Normalmente, esas cosas se ocultan.

Incluso las crisis de las economías occidentales se hubieran mantenido, más o menos, en la oscuridad (the shadow´s zone), en tiempos en los que ni Leontieff se había molestado en poner a disposición de los funcionarios más aplicados sus estupendas matrices que, como recordarán los primeros de la clase de la época en la que se estudiaba para aprender, interelacionaba con coeficientes los factores de producción y la combinación para poner en marcha los sectores económicos, permitiendo sacar alguna consecuencia acerca de los efectos de modificar aquí y allá los inputs del sistema.

Ahora resulta que en Rusia dicen tener dinero para comprar empresas en crisis en las economías más ingenuas de los países de segunda línea en donde impera el capitalismo (esto es, España). No es que tengan las economías más saneadas, sino más opacas.

Podíamos hablar también de las grandes fortunas amasadas en los últimos años por aguerridos empresarios que han hecho su imperio desde India, Pakistán, Corea del Norte o...Kasakstan (nombre elegidos al azar). Pero esa es otra historia.

Sobre cómo hacerse rico, y para qué

José María Aznar, ex-presidente de Gobierno de España, se está haciendo rico, por lo que cabe deducir de sus frenéticas actividades post-presidium. La última operación que tiene en cartera es la intervención como intermediario, por lo que se cuenta, en la venta del paquete de Sacyr.Vallehermoso en Repsol. Es un propósito lleno de dificultades, pero él, como todos los privilegiados que conocen los reales resortes del poder, sabe bien cómo sortearlas.

No es el único líder que, cuando colgó los trastos de torear, se dedica/dedicó a mejorar drásticamente su fortuna. Quiá.

Tampoco debe creerse que el objetivo de la acumulación de riqueza es privilegio/servidumbre de los conservadores. Quiá.

La historia nos ilustra sobre los muchos gobernantes que, independientemente de que se hayan declarado seguidores de las doctrinas de Marx, Engels, Keynes, Samuelson, Friedman, Kruger, San Francisco o el Lucero del Alba, han caído en la tentación de amasar alguna pasta con la que sortear los próximos inviernos y legarla a sus descendientes, incrustándolos entre los plutócratas, ya que no entre los sabios, de la Historia de la Humanidad.

Hay algunos libros que tratan de aconsejar cómo hacerse rico. Son muy interesantes, pero rezuman ingenuidad, porque no están escritos por ningún ex-gobernante.  Está bien eso de que hay que conseguir la máxima productividad al tiempo propio, haciendo que otros trabajen para nosotros. Tiene su aquél leer que los mejores negocios son los que se hacen sin inversión en bienes tangibles...

Pero nadie se ha atrevido hasta ahora a reconocer que han utilizado la información y los contactos que obtuvieron mientras estaban gestionando los bienes y presupuestos públicos para enriquecerse posteriormente. Por eso, a falta de concreción, avanzar que ahí está el origen de muchas -¿casi todas?- de las fortunas de quienes fueron próceres, no resulta más que una sospecha.

En fin, solo queda preguntarse para qué quieren ser ricos. ¿Para ayudar a la educación y a la mejora del nivel de vida de los más pobres? ¿Para, desde su ONG, fomentar la globalización y el desarrollo?. ¿Quizá, para combatir el cambio climático o la desertificación de la Amazonía?

Esa pregunta es tan fácil de contestar que ahí si que no tenemos ninguna duda de lo que están haciendo con el dinero en el que han transformado la información privilegiada que debería haber servido para que todos pudiéramos ser algo más felices. Se lo están guardando para sí, y su sonrisa de satisfacción aumenta cuanto mayor es la cara de estúpidos con la que contemplamos sus evoluciones por los parqués.