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Al Socaire de El blog de Angel Arias

Sociedad

Sobre estrategias animales y humanas improvisaciones

La observación de comportamientos en el mundo animal nos ha servido para extraer ejemplos que asimilamos a estrategias, aunque posiblemente deberíamos hablar más acertadamente de instintos y aprendizaje selectivo.

Los adultos enseñan a las crías la manera más eficaz de proporcionarse alimento y protegerse de convertirse en el de otros y, a base de probar el modelo, los jóvenes llegan a su perfección (o mueren en los intentos).

Hablamos, pues, de la estrategia del avestruz (esconder la cabeza ante los peligros), de las leonas (cazar en grupo, agotando a la presa persiguiéndola sucesivamente), de la hormiga león (esperar en el fondo del agujero a que resbale por las inclinadas paredes su alimento preferido), de la araña (tejer un entramado tramposo para confundir a incautos que creen obtener otra cosa)...

Incluso se han escrito libros sobre las estrategias animales: Antonio Núñez ha publicado recientemente "La estrategia del pingüino", y aprovechó que el Pisuerga pasa por Valladolid (o el Nora por Oviedo o que el Manzanares nace en Madrid) para aplicar el cuento a la actitud de los mandamases socialistas en estas elecciones.

Sin desmerecer, en absoluto, todos estos bellísimos intentos de acercar el mundo animal a nuestra área de conocimiento, estamos cada vez más convencidos que lo que caracteriza al ser humano, como colectivo es el rechazo visceral de toda estrategia e, incluso, el gusto por desmontar cualquier intento de aprovechar como enseñanza los descalabros que han sufrido los antepasados.

Si la generación de los mayores trata de imbuir a los más jóvenes la necesidad de huir de ciertos comportamientos peligrosos, se puede tener la seguridad de que los retoños los probarán en su grado sumo. Entre los placeres de la existencia, el hombre ha encontrado el de hacer justamente lo contrario de lo que le indiquen, como más sensato, los experimentados (léase, escarmentados).

Puede que el avance de la Humanidad tenga que ver con este continuo prueba y error en el que los ensayos más aplaudidos se llevan a cabo en los territorios que deberían estar prohibidos, a tenor de las experiencias dolorosas del pasado.

Tal vez como consecuencia de la asunción del escaso valor de la enseñanza para transmitir conocimientos, estamos asistiendo a un ceremonial de improvisaciones, de desprecio de técnica, de pasarse por alto (por los arcos del triunfo, se dice, incluso) los consejos de los que podrían tenerse por más sensatos.

Habrá que ponerle un nombre a este destrozo: "estrategia del ñu".

Estos animales, si en su peregrinar se encuentran con un obstáculo que individualmente no pueden salvar, no se detienen ni buscan otro camino. Se van precipitando en el vacío, empujados por los que vienen detrás y por su instinto ciego, y, cuando se ha acumulado un montón de cadáveres adecuado, el resto de la manada puede pasar sobre ese puente de carne sacrificada.

Otro comportamiento del mismo cornúpeta confirma las similitudes. En uno de esos magníficos documentales de National Geographic, se recoge el episodio en que un ñu adulto -fuerte y sano- es atacado por varias leonas, que, después de conseguir detenerlo en su carrera, se esfuerzan en doblegarle la cerviz para darle las detelladas definitivas, agarrándose con sus patas a la dura piel del bóvido, que desgarran una y otra vez sin piedad.

Los demás rumiantes han escapado, veloces. Solo el macho dominante de la manada observa la contienda, para el caso, según se nos explica en off, en que su colega consiga liberarse de las carnívoras, y acompañarle de vuelta al rebaño. Sin embargo, cuando percibe claramente que el otro no conseguirá zafarse, da media vuelta y lo abandona a su suerte, sentenciándolo así antes de que los felinos consumen la tragedia que a unos da muerte y a otros sirve de alimento. 

Esta parte de la estrategia del ñu resulta igualmente emocionante.

Entre Indignados y Estamos disponibles

Entre Indignados y Estamos disponibles

La movida de ese grupo simpático que ha descubierto el placer de ocupar los espacios centrales de algunas ciudades españolas, ha conseguido su mayor éxito: conseguir que el Gobierno haya cogido con papel de fumar la prohibición de manifestarse el día 21 de mayo, que había expresado la Comisión Electoral, y ratificado el Tribunal Constitucional.

Por supuesto, no  a todo el mundo le parecerá simpático ver las calles convertidas en una kermese improvisada, amenizada por músicos de flauta dulce y titireteros que cuentan historias de malos y buenos para niños. Los tipos de greñas mal recogidas en coleta y las hembras con blusones sueltos y aretes en las orejas siempre han parecido sospechosos de estar tramando algo peligroso, para las gentes para las que el orden consiste en pasar desapercibido.

Dejando a un lado otros matices, el momento elegido por estos manifestantes para salir a la calle, es oportuno. Una oportunidad que no vemos, sin embargo, en el plano político, sino como catarsis. Hemos escrito en otro lugar que, sin necesidad de rizar el rizo con el argumento, su aparición favorece al voto Partido Popular (refuerza el sentir de la falta de control de las situaciones por parte del gobierno socialista, y canaliza descontentos de los votantes potenciales a la izquierda, desplazándolos hacia la abstención).

Estos grupos de jóvenes, minoritarios a pesar del éxito de su convocatoria -¿qué son, cuarenta, cincuenta mil manifestantes?-, son el extremo de un iceberg que proclama la urgencia de recuperar una verdad. El poder pertenece al pueblo y, como indica un cartel ingenioso visto en una de las plazas (la de Zocodover, en Toledo), advierte que "sois nuestros empleados y os vamos a hacer un ERE".

La política se ha convertido en una profesión que dedica su esfuerzo más importante en pretender convencer a los votantes, cada cuatro años, que se han captado las inquietudes de un pueblo dicotomizado por el propio interés de los postulados a ser elegidos. Y no es así. La inmensa mayoría de la gente carece de ideología, que es un privilegio de minorias.

El pueblo, la gente, es algo dinámico, activo, vivo, y su fuerza propia es la capacidad de exigencia, que hay que canalizar, ordenar y saber satisfacer con sensibilidad y eficacia.

Los cauces para lograr ese objetivo puede perfeccionarse, pero, hoy por hoy, no son tanto las mejoras a esos caminos de la representación los que se discuten. Las propuestas de estos jóvenes -son ellos los que las confeccionan; los mayores, aplauden- no tienen el marchamo de la originalidad. No parecen revolucionarias, y en algún caso, pueden ser tildadas de ingenuas; en general, como expresiones individualizadas e improvisadas, resultan heterogéneas, demasiado elementales para constituir un programa y, en muchas ocasiones, resultan ya conocidas, se encuentran téoricamente asumidas en los programas de los partidos oficiales.

El mensaje no enfatiza los contenidos, sino que va enfocado hacia las personas. Apunta hacia los que han hecho de la política su profesión, y a los que se atribuye un no saber resolver las situaciones difíciles, no haber previsto la crisis, no crear empleo, no controlar a los Bancos. Es una crítica conjunta a los partidos mayoritarios, sin distinguir: por su falta de credibilidad, su distanciamiento y conformismo, por haber tolerado la corrupción en alguno de sus miembros y por no haber prestado suficiente atención para detectarla y condenarla en colegas y opositores. 

También es cierto que este movimiento, como tal, carece de futuro. Se han colado, además, entre los manifestantes, muchos de los que se apuntan a los barullos para engordarlos, amigos de la bulla, antistemas profesionales, gentes desarraigadas, marginales, individuos permanentemente enfadados, etc., que ocupan mucho sitio en el escenario. No se confunda nadie: en estas plazas, se encuentran jóvenes muy valiosos, que saben bien lo que dicen, y por qué, y que tienen capacidad de convicción y, además, conocen alguna de las respuestas a los temas capitales.

Para ellos, va este mensaje: Estamos con vosotros, entre Indignados y Disponibles. Queremos, como vosotros, sentirnos, vivos, útiles.

Estas elecciones municipales serán diferentes, gane quien gane. Nosotros, siendo independientes, pero deseosos de contrilbuir a la política, estaremos siempre con la minoría crítica, apoyando el discurso inteligente, con los que analizan y se preguntan las razones, pretendiendo no dejar jamás de ser constructivos.

Y, ahora, como vosotros, nos encontramos ocupando la calle. No porque sea nuestra, porque es de todos. Pero, caramba, alguna vez había que salir a la plaza para proclamar: nolesvotes. Que nuestra reflexión les sirva a ellos.

Sobre lo que hay detrás de Democracia real, ya

Sobre lo que hay detrás de Democracia real, ya

Varios miles de personas, en su inmensa mayoría jóvenes estudiantes universitarios, han ocupado la Plaza del Sol de Madrid el 15 de mayo de 2011, atendiendo a una movilización cuyo lema es "Democracia real, ya".

El ejemplo ha cundido y la difusión de la invitación a manifestarse, ocupando las plazas centrales y otros lugares públicos se ha extendido a más de setenta poblaciones españolas.

Se trata, según la web oficial de la convocatoria, de una manifestación "apolítica y asindical", con lo que se desea expresar, sin duda, que ninguno de los partidos mayoritarios se encuentra detrás de esta movida.

Además de llamar la atención, de esta forma aparatosa, sobre la situación de la juventud española, afectada por el paro, la desorientación y el contagio del desánimo de sus mayores, es necesario preguntarse quién rentabilizará esta movilización, y, naturalmente, qué pueden conseguir o qué han conseguido los manifestantes.

Porque el deseo general es abandonar la concentración el domingo, 22, en que se celebrarán las elecciones muncipales y autonómicas en España. ¿Qué quedará de esta exhibición de fortaleza social una vez que se dispersen estos jóvenes?  

Desconcertados por una reacción cuya importancia no esperaban, la campaña electoral de los políticos oficiales ha quedado dañada. Luego, en efecto -no cabría interpretarlo de otro modo- estos manifestantes están haciendo política, están interviniendo en la vida de la ciudad, al criticar, de esta forma tan visible la situación y las propuestas para corregirla de los programas de los partidos.

Es también deducible que, aunque asindicales, también están haciendo crítica a los sindicatos. Siendo los manifestantes, en su mayoría, recién licenciados y estudiantes de los últimos cursos de sus licenciaturas, expresan que carecen de perspectivas laborales y que las actuales organizaciones sindicales no les representan.

Habrá quien rescate paralelismos de esta manifestación con mayo del 68 o, con otra movilización más reciente, en la que también se ha querido dar el protagonismo de su difusión a internet: la de los países árabes.

Señalamos las profundas diferencias de ambas con lo que se deduce de "Democracia real, ya".

Los jóvenes universitarios de mayo del 68 se encontraban imbuídos de ideología marxista-leninista, se sentían y eran vistos como gentes de izquierdas; sus líderes militaban en los partidos comunistas, criticaban de forma encendida la sociedad de consumo, abominaban del capitalismo y pedían un cambio de régimen.

Eran, pues, revolucionarios. Pero tanta fuerza se les fue fundamentalmente por la boca -y algún intercambio de golpes con la policía-, pues en su movilización más agresiva, y más seria, en Francia, todo se saldó con unas cataplasmas: elecciones generales. Fue la demostración de que el Partido Comunista no se sentía preparado para gobernar, y que su capacidad se limitaba a proporcionar munición ideológica a los descontentos.

Por cierto, lo que queda en la actualidad de los recursos ideológicos de aquellos jóvenes, fervientes adoradores de Mao y su socialismo igualizante socialización, y que imbuyeron de sentido formal al despliegue de fuerza, es bien conocida, y nos exime, por tanto, de realizar ningún comentario: la historia pone en su sitio a los que sobreviven. Lo que queda, es la social-democracia europea, la complacencia hipócrita por lo bien hecho.

Tampoco es posible encontrar muchos paralelismos con las movilizaciones de la juventud de esos países árabes en las que se pidió, o pide aún, la dimisión de unos ancianos autócratas que consolidaron un poder descomunal para sí y para sus seguidores, enriqueciéndose con los recursos del país que controlaban.

Faltos esos países de Constitución democrática, de tradición de participación política, de educación para ejercer eficazmente la gestión administrativa, son demasiados los riesgos de que los deseos de cambio de los manifestantes árabes reproduzcan situaciones similares a las de origen. Ojalá no, desde luego, pero no parece posible un cambio brusco hacia una democracia participativa.

Entonces, en España, ¿qué?. Democracia real, ¿cómo?.

Después de reconocer que nos sentimos inclinados a ver con simpatía estos movimientos de llamada de atención, de más que justificada protesta, y que el lector que siga este Cuaderno, encontrará coherentes con lo que venimos expresando, debemos indicar que no le vemos futuro al movimiento.

Los cabezas de los partidos "a la izquierda", que se someten a las elecciones oficiales, han confesado, ladinamente, que hay que escuchar a los que se manifiestan, y que entienden que sus reivindicaciones tienen parte de razón, pero que el cauce es la participación democrática.

Los que se alinean con lo que se ha dado en llamar posiciones "a la derechas", salvo excepciones, han decidido identificar la protesta con agrupaciones de la izquierda irredenta, asignándoles casi el valor de manifestaciones de ácratas y terroristas.

Nuestra modesta opinión es que se trata de un movimiento ideológico que, por sus efectos, beneficia a la derecha, esto es, al mantenimiento del sistema, a la consolidación de la situación previsible. Porque, a partir de las elecciones del 22 de mayo, el Partido Popular, sin sorpresas, hará efectiva su ventaja en las encuestas. 

Pasado el calor, esta movilización languidecerá, y muy rápidamente. Las aguas volverán a su cauce.Las vacaciones de verano provocarán una diáspora de estos jóvenes y, después de unas semanas de festejar el éxito de la convocatoria, las webs que sustentaron este exabrupto sentimental, perderán fuelle, hasta extinguir su fuego.

Sic transit gloria mundi. Una lástima.

(La magnífica foto con la que ilustro este comentario se la tomé prestada a Luz Naredo, que la incorporó a su perfil de Facebook. Corresponde a la acampada de los de Democracia ya en la Plaza de la Escandalera, en Oviedo.)

En turno de réplica: así vemos los españoles a los suecos

Nos caían simpáticos, los suecos. Serios, altos, con corpachón, aunque, para el fútbol, algo blandos de canillas. Eso, los hombres.

Las mujeres suecas fueron siempre para darles de comer aparte: su contribución a la formación sexual de los españoles varones en los 60 y 70 nunca será olvidada. Figura en los anales de nuestra historia colectiva, en las bases de nuestro orgullo viril, y ocupa un espacio conversacional en las relaciones de hechos gloriosos en batallitas de juventud de una parte importante de ocupantes de nuestros geriátricos, residencias de ancianos y del "cuarto de tu padre".

Gracias a ellas, a su desprendida colaboración, existe el latin lover, se justifican tanto el sexto como el noveno mandamiento, y muchas españolas han llegado vírgenes al matrimonio.

Expliquémosnos ya. Nuestra indignación proviene de un documental difundido por la TV Sueca en el que, sin venir a cuento, dado que nuestras relaciones con la corona sueca son pacíficas, se ridiculiza la forma de trabajar de los españoles. En esencia, se defiende que aquí permanecemos mucho tiempo en las oficinas, pero no para currar, sino esperando que se vaya el jefe, charloteando con los compis o escribiendo para Féisbuc.

Y, para demostrarlo, han estado filmando, a altas horas de la tarde, espiándolos con cámaras ocultas, a probos empleados de Torre Picasso, de las altas torrres de Kio y otros edificios de oficinas en donde se asientan nuestras joyas de la corona empresarial, pretendiendo desprestigiarlas.

Porque todos sabemos que los españoles, jamás desconectamos de nuestro trabajo (los que lo tenemos): en el fútbol, en casa de los suegros, en el wáter, en los oficios, en la cola por el pan, en la conversación con el vecino.

En todo momento, estamos dispuestos a criticar al compañero que no nos cambia el turno, que es un pelotilla, que nos quitó el bolígrafo; al jefe, que es un torpe, y un cabrón y un inepto; y a la empresa, que no valora al personal, que protege a enchufados, en la que otros ganan una pasta gansa con nuestro trabajo, y que si se va al traste es porque no hay quien tenga el mínimo sentido de futuro.

Por eso, por ahí no pasamos. No podemos castigar a Ikea movilizando a todo el personal a que no compre ni siquiera un tirador ni una jabonera en ese imperio del todo a cien para recién casados sin ajuar. Ya no ha lugar a prohibir la importación de Volvos, porque ahora todo el mundo en España tiene suficiente pasta para comprarse un coche coreano de esos de usar y tirar y, si se dedica a las finanzas subterráneas, posiblemente  le alcance para subirse a un BMW, un Audi o un Mercedes de segunda mano.

Pero algo sí podemos hacer, para que esos nueve millones de suecos se nos pongan de rodillas.

Rescatando nuestras esencias del sex appeal, en una expedición pacífica, bien organizada -habría que convencer, quizá a Mourinho, para que defina la estrategia y hacer lo contrario-, desplacemos a ese lugar en donde se jactan de haber inventado los vikingos y el colchón de láminas, a una élite de nuestros jóvenes varones, una fuerza de la naturaleza a la que tenemos básicamente en paro, con un objetivo glorioso: conquistar a cuantas más suecas, mejor. (Advertimos que, por si hay niños leyendo esto, empleamos un eufemismo).

En esta labor patriótica, es preciso que ningún español en edad militar se haga el sueco. Al contrario, que se aten bien los machos y que si se han de hacer algo, que se hagan la depilación de los sobacos.

La Patria necesita movilizar a los varones, porque está en peligro lo que tenemos por más sagrado: la picardía de hacer creer a los demás que estamos hasta el gorro de trabajo, que estamos preparando los exámenes, que las tareas de la casa nos tienen ocupados hasta las tantas, que no damos abasto para solucionar tantos problemas, que estamos atendiendo sin descanso la reparación de su cacharro... y, en verdad, lo que hacemos es no dar ni clavo, estar mirando las musarañas, para mayor satisfacción de la sin hueso.

Estos suecos, ¿qué se habrán creído? ¿que nos chupamos el dedo? ¡Se van a enterar!

Desde el voto al chápiro verde al mecachis en tal

El chápiro verde no se presenta a las elecciones municipales y autonómicas y, por lo tanto, no se sabrá nunca cuántos votos hubiera alcanzado. Ni siquiera es posible ponerse de acuerdo respecto a lo que significa votar al chápiro verde, que no debe ser expresión de ninguna facultad de los electores, pues la invocación,  "¡Voto al chápiro verde!" se empleaba, hasta avanzado el siglo pasado (el XX) para demostrar enojo y disgusto, sin necesidad de acordarse de ningún ser metafísico ni acudir a palabrotas malsonantes.

Los chápiros verdes pueden ser tomados por duendecillos que aparecen por las noches y despliegan una febril actividad mientras los humanos sueñan; otros, más serios y doctos, creen a pies juntillas que los chápiros provienen, por no se sabe tampoco qué procedimientos regresivos, de los chapirones, que sería una forma de denominar las capas o mantos de las reses vacunas, cuando ofrecen ciertas particularidades.

Por su parte, los mecachis en tal aparecían, generalmente, en los soliloquios, para poner de manifiesto que se estuvo cerca de conseguir lo que, por desgracia, se escapó. Hoy día, han sido desplazados por expresiones mucho más contundentes y efectivas para revolver los ánimos ajenos, pero igualmente inútiles para corregir el devenir de las cosas.

Se puede decir cagoenla, hayquejoderse, pero no por ello se conseguirán mejores efectos que con la simpática, correcta y algo mojigata jaculatoria de ¡mecachis en tal!, que oculta, sin duda, intenciones mentales de evacuación más pestilentes, pero se puede/podía pronunciar en cualquier foro, sin ofender a nadie.

Claro que hoy, desaparecidos en la batalla del lenguaje vivaz, los chápiros verdes y los mecachis en tal, y ocupados sus huecos por una sarta de palabras que hace apenas un par de décadas se hubieran juzgado soeces hasta para un peón caminero (dignísima profesión igualmente extinguida), solo nos queda lugar para la nostalgia.

Aquellos tiempos en los que podíamos distinguir entre lo que era inadmisible para las personas de buena educación y las palabras que no deberían escuchar las señoritas distinguidas...Hoy las señoritas distinguidas llevan las bragas al aire y, aunque no se les irrite, están hasta los cojones -que ya son ganas de estar- y las personas de buena educación sufren, entre chápiros verdes y mecachis en tal, de una absoluta bradipepsia de sus malhumores y disgustos.

 

Sobre educación cívica y respeto ciudadano

Algo habría que hacer, y pronto, para atajar la multiplicación de faltas de respeto. A la persona, a los colectivos, a las propiedades, a la ciencia, a la cultura, a las creencias. A todo.

En el fondo de este permanente atropello de los derechos de los demás, está la impunidad en la que se sabe el trasgresor.

No estamos hablando de delitos, sino de faltas que merecen solo la calificación de leves, infracciones de pequeña cuantía y valor que, si fueran aisladas y escasas, no significarían más que un disgusto pasajero, una molestia superable sin consecuencias de consideración.

Pero son muchos los que han ocupado el espacio que era merecedor de respeto, y lo hacen, además, con desfachatez y petulante agresividad, como si los que estuviéramos incumpliento normas fuéramos los otros. 

La ausencia de perspectivas morales, de educación religiosa, de creencias trascendentes, es culpable -sin necesidad de ponernos ni nostálgicos ni dogmáticos- de una sensación de impunidad que les autoriza, a muchos individuos que se han instalado en el aprovéchate y meimportaunbledo, a hacer lo que les apetece sin preocuparse de a quién daño.

Sin necesidad de mirar hacia el más allá, al neminem laedere o a los más elementales principios éticos, hay razones pragmáticas para pensar que algo se nos ha descoyuntado en esta sociedad de pequeños delincuentes.

En muchas poblaciones, no hay suficiente policía, y la que existe, no actúa o, cuando actúa lo hace solo a instancias del perjudicado, que ha debido acudir a buscarla a sus recintos, y que, una vez fuera de ellos, manifiesta una tendencia inquietante a no tener dificultades y a ser delicada con el infractor o con el violento.

Ni se le ocurra hacer Vd. mismo de objetor hacia el que molesta o incumple. Jóvenes que hacen botellón a altas horas de la madrugada en la plaza cercana a su (de Vd.) imposible descanso nocturno; falsos artistas del spray que ensucian las paredes, los cristales de escaparates y el mobiliario urbano con la manifestación e sus egos enfermos, negocios que sacan a la calle, interrumpiendo el paso, sus anuncios, bártulos y chismes; etc...todos ellos reaccionarán con violencia verbal, y puede que hasta física, si se le ocurre llamar la atención acerca de lo que dañan y su nulo derecho.

Pónga el lector otros ejemplos: borrachos o drogadictos armando bulla o durmiendo su enajenación en el portal, en los soportales de dependencias públicas o privadas o en los recintos de cajeros bancarios y entradas a comercios, incluídos tiendas de comestibles, haciendo sus necesidades en los tiestos o en las esquinas; mozalbetes jugando al balón con ímpetu insolente junto a terrazas de bares o cafeterías (Cualquier lugar vale: hay un grupo de jovenzuelos que se complace en organizar partidillos de futbito sistemáticos en la plazuela de entrada al Ministerio de Ambiente de Madrid).

Haga un ejercicio de prueba respecto a su poder de persuasión: Pruebe a llamar hoy la atención, de la forma más suave y tranquila que le sea posible,  a -por ejemplo- cualquier grupo de mocosos que hayan irrumpido en el vagón del metro, vociferando y con sus aparatitos reproductores de sonido a todo volumen, ocupando con rapidez, además, sin preocuparse de si hay ancianos, lisiados o embarazadas en presencia, todos los asientos libres, cuando no sentándose en el suelo, y ocupando todo el sitio que a su expansión de pobreza mental de la gana.

Por colisión de las placas europea y africana, Lorca sufre un grave terremoto

No es una metáfora. El conjunto de fallas del Valle del Guadalentín, de origen tectónico y sísmicamente activo, ha causado nuevos terremotos en la zona mediterránea; esta vez, de magnitud inferior a 5,1 en la escala de Richter.

Fue el 11 de mayo de 2011 y sus sufridores en esta ocasión, los 92.000 habitantes de la hermosa ciudad murciana de Lorca. Hubo 8 fallecidos, casi todos por la caída de cascotes desde las cornisas a la calle, en donde se encontraban, dada la hora, o donde habían pensado encontrar mejor refugio.

No es posible predecir el momento exacto de los terremotos, pero sí están localizadas (también por razón de los daños que causaron en la historia reciente) las zonas de mayor sismicidad en el planeta Tierra. No servirá de tranquilidad a los murcianos recordar ahora que, como ha explicado Roberto Rodríguez, del Instituto Geológico y Minero (IGME), las regiones de Murcia y Granada, además de estar en una zona sísmica, tienen a sus poblaciones más importantes sobre terrenos de aluvión, "donde los seísmos se propagan más" (rápidamente, ofreciendo el terreno menor resistencia y, por tanto, llegan con capacidad más destructiva a la superficie). 

Una vez que se recupere algo la tranquilidad, pero antes de que llegue otra vez el olvido, será imprescindible que se revise la resistencia a los terromotos de los edificios e infraestructuras que se encuentran en zona sísmica.

No vamos a cambiar su ubicación, desde luego, pero de vez en cuando conviene que, además de preocuparnos, como bien nacidos, de lo que sucede lejos de nuestras fronteras, nos pongamos a trabajar, como sensatos, en corregir lo que nos afecta directamente.

Por cierto, a unos 200 km del lugar del epicentro se encuentra la central nuclear de Cofrentes, con 1.100 Mw de potencia instalada, un reactor de tecnología BWR (agua hirviendo) que ha resistido el terremoto sin ninguna consecuencia.

(Por supuesto, todo nuestro respeto hacia los fallecidos y dedicamos las más cariñosas palabras de ánimo para los heridos, y los familiares y amigos de todos ellos.

Aunque, dada la premonición del experto Roberto Rodríguez (EP, 12 de mayo 2011) de que "si dentro de una semana hay otro no es de extrañar", deberíamos estar todos más avisados respecto a la necesidad de preparar a las poblaciones de la zona en cuanto a lo que deben hacer: si ponerse bajo una mesa, salir a la calle, marcharse ya a otro sitio o confiar en que la probable réplica no supere el nivel 7 en la escala MSK ("daños no generalizados") y se mantenga lejos del que destruyó prácticamente la ciudad en 1674, con su magnitud 9 en la escala MSK.

Porque, para revisar una a una las edificaciones realizadas en la zona sísmica y comprobar su verdadera resistencia a terremotos del grado máximo previsible en ella, tendremos –ojalá- algo más de tiempo)

En memoria de otros primeros de mayo y de la madre muerta

En memoria de otros primeros de mayo y de la madre muerta

Nada es lo que era, y el primero de mayo ha dejado de ser el día del trabajo para pasar a significar mejor el día del parado. En España, ya son/somos casi cinco millones; el gobierno dice que no se alcanzará la cifra (estamos a 4.910.120, así que ya son ganas de apostar a perder).

No ha habido manifestaciones en demanda de empleo ni congregaciones para exaltar el gozo de tener trabajo. Como es el primer domingo de mayo, además, corresponde celebrar el Día de la Madre. Ni siquiera ha habido mucho movimiento en este sentido. A las madres se les recuerda especialmente, cuando se han muerto. Salvando distancias -las que se quiera- pero una madre, como el trabajo, se valora sobre todo cuando se pierde, cuando ya no se tiene.

Las organizaciones sindicales andan, desde hace tiempo, despistadas respecto a lo que corresponde reivindicar, y ante quién. Cuando las condiciones laborales eran pésimas y los salarios muy bajos, se tenían claras las ideas y era más sencillo (y arriesgado) movilizar a los currantes. Ahora, lo difícil es inventar trabajos para los que no lo tienen.

Dicen que se genera trabajo siendo competitivos en la exportación, y especializándose y procurando orientarse hacia las nuevas tecnologías, el ambiente y esas cosas. Pero no parece haber coincidencia y, lo que es más grave, la realidad demuestra claramente que las cifras del paro aumentan sin parar.

Las grandes empresas anuncian continuamente jubilaciones anticipadas y recortes laborales. Los perqueños comercios cierran ante la presión de las grandes superficies. Las Universidades no consiguen que sus egresados se empleen tan fácilmente y, cuando lo hacen, es en puestos qie no corresponden casi nunca al nivel de estudios y a las expectativas.

Tal vez no sea tan malo que coincidan, por una vez, el día del trabajo y el de la madre. Las madres han sabido siempre lo que es trabajar, de forma silenciosa, constante, eficaz, y encuentran la satisfacción de su tarea en el cariño que despliegan hacia los suyos; que no siempre son capaces de agradérselo hasta que, desgraciadamente, ya están muertas.

 

 

Sobre espectáculos, espectadores y reconocimientos

En la información se cuelan muchos números, aunque en su mayor parte son irrelevantes o de escaso valor para quien la recibe.

La boda de un príncipe con una plebeya puede ser vista en directo por medio millón de personas y -aunque habría que contrastar de dónde ha sacado el increíble dato un periódico bastante serio (EP 30.04.2011)- dos mil millones de seres si se cuentan los seguidores de todas las televisiones mundiales.

El espectáculo debió merecer la pena para todos los que decidieron que ese viernes de primavera no tenían nada mejor que hacer, pues se han estrujado hasta lo inverosímil los vuelos del traje de la novia (hoy duquesa de Cambridge, ayer Kate Middleton), los ademanes de los invitados, los besos protocolarios de reinas, nietos y consortes y otras innumerables minucias convertidas en gestos memorables en virtud de su proveniencia.

Un partido de fútbol entre dos equipos de ciudades en las que una parte nada despreciable de sus habitantes creen tener dos formas diferentes de concebir la vida, puede ser visto por diez o quince millones de personas, que dedicarán sus comentarios más atinados a dilucidar el mérito de gentes muy bien remuneradas y con orígenes en lejanos países para meter un balón entre unos palos o reflejar en un prado artificial tácticas y estrategias que, tal vez, podrían ser trasvasadas a la política, a la vida familiar y, por supuesto, a la empresa.

En Madrid, en donde la cultura es uno de los valores de los que se presume, y con cierta razón -pero también podríamos citar el ejemplo de Barcelona, Zamora, Jerez, Avilés o Zarazalejo de la Retama para ilustrar la idea- será difícil que una conferencia en alguno de los doctos lugares que se dedican a resolver el misterio del saber reúna a más de veinte personas.

Lo mismo da que hable el Presidente de la Academia de Jurisprudencia que lo haga el director de la Central Térmica de Soto y que lo hagan, por supuesto, de lo que saben y el acto sea gratuito y hasta con coktel al final. En cambio, serán miles las personas las que hagan cola -y paguen su entrada, si hay aforo- para oir a un cantante-espectáculo farfullando en lenguas desconocidas o las que se alineen para ver pasar el autobús con el ídolo de sus sueños de grandeza.

Estasy otras cuestiones obligan a reflexionar sobre los diferentes espectadores: los que asisten a un espectáculo, los que lo dan y los que se lo creen. Nada que ver con el reconocimiento que debería darse a la labor del que está, circunstancialmente, en el escenario de los méritos.

En contra de la movilidad de la Semana Santa

En esta época de revisión y carácter práctico, que la Semana Santa dependa de la luna llena, es un atraso.

Por eso, exponemos desde el comienzo de este Comentario (como solían hacer los buenos oradores, cuando los había) nuestra propuesta: La Semana Santa debe ser desplazada a un lugar concreto y fijo del calendario; y, sin perjucio ni prejucio a que cada autonomía decida situarla como en concreto le pete, lo más adecuado sería ubicarla en la cuarta semana de marzo.

Es cierto que mucho mejor sería, para evitar la coincidencia de todos los vacantes haciendo simultáneamente las mismas cosas, que esa Semana de vacaciones con que se ha sublimado la devoción cristiana, -y de la que se benefician, sobre todo, los que tienen la suerte de seguir cobrando un salario de forma independiente de que se lo curren o no (mayoritariamente, funcionarios)-, no se celebrara por todos los ciudadanos al mismo tiempo.

Pero ese desiderátum es de realización imposible, salvo en los pueblos teutónicos, cuyo sentido práctico les ha llevado, sucesivamente a 1) negar la mayor; 2) definir un calendario de vacaciones escolar diferente para cada uno de los Estados, regiones o Länder.

Cuando, como es el caso en 2011, la Semana tiene su lugar en el calendario demasiada avanzada, los amantes de los deportes de invierno se encuentran con que las pistas ya no tienen casi nieve. Los estudiantes se encuentran con que el último trimestre es muy corto, por lo que los exámenes de mayo -con la cantidad de materia que aún queda por explicar- están a la vuelta de la esquina.

Y, lo que es peor, la probabilidad de que llueva es muy inferior, por lo que nos tenemos que quedar en casa, no podemos disfrutar pensando que los que se han ido a la costa se fastidian viendo llover.

Eso sí, siempre nos quedará el consuelo de poder disfrutar de la ciudad semivacía, participar en los cultos locales, encontrar tiempo para terminar las tareas pendientes y ahorrarnos los malhumores de los interminables atascos en las congestionadas carreteras que conducen. dóciles, los rebaños humanos, en esa trashumancia inexplicable, que les impele a ir, buscando a Godot, desde los plácidos pesebres habituales a los incómodos duernos ocasionales.

Para los chinos, Zapatero tiene un pañuelo especial

Para los chinos, Zapatero tiene un pañuelo especial

Trasladar a caracteres chinos un nombre occidental exige imaginación y una cierta tolerancia. Existen fonemas que carecen de versión al chino, por lo que el traductor tiene que moverse por aproximación.

Cuando el Presidente Rodriguez Zapatero visitó China, en el foro económico de Boao se utilizó, para su identificación, un cartel, que hemos fotografiado e incluído aquí, tratando de descifrar su génesis y contenidos.

Para componerlo, el traductor analizó, en primer lugar, los distintos fonemas del nombre del sujeto, y así poder llegar a la primera conclusión de su trabajo. A él le sonaba a:

"Luódélîgés-í SaPateluó" (罗徳里格斯 ...)

No es que se pudiera decir que resultaba perfecto -para oídos hispanos- , pero para quien confeccionó el tarjetón y sus asesores fonéticos, es lo que entendieron como más adecuado.

La segunda fase de la traducción implicaba encontrar los grafismos de las palabras chinas que, en la medida de lo posible, representaran objetos o características hermosas, elegantes. Al fin y al cabo, se trataba de honrar a un presidente de gobierno de un país amigo, que, en principio, provenía de un país desarrollado.

El traductor reflejó los apellidos del Presidente español con los grafismos siguientes:

"Red-Persona de prestigio-Interior-Norma-Entonces; Corazón Magnánimo; Pañuelo: Especial; Red;"

Sí, ya imaginamos que a Vds. les parecerá que "corazón magnánimo" es una descripción inadecuada, por desproporcionada, de las características del Presidente Zapatero.

La radical "sà"(萨), en realidad, no se emplea aislada: Se utiliza en púsä (), "Buda" y púsäxïncháng (), "corazón misericordioso" o "corazón blando". Es la misma radical que se usa como inicial para transcribir al chino el vocablo "Sarkozy".

Sapateluó y Sakosí coincidían -antes de la visita- en tener el "corazón misericordioso" con los chinos. Ahora, seguramente, sería más adecuado "zä", ¿cómo?.

Pero lo que sigue distinguiendo al primero es, sin discusión, llevar en el bolsillo ese "pañuelo especial", con el que secarse el sudor o las lágrimas por ese trabajo, sin "red", de caminar permanentemente por un campo "interior" minado de "normas", no de ilusiones como "entonces", cuando era "persona de mucho prestigio". 

En la escala 2,5 del indice de estupidez, y subiendo

Hemos sido los primeros, según la indiscutida autoridad de Google, en definir El índice de estupidez humana (IEH; en inglés, Human Stupidity Index, HSI), lo que estamos, además, haciendo en este momento preciso:

"El Indice de estupidez humana es un número decimal, abstracto, cuyo rango de valores puede ir de 0,0 al 10,0, que sirve para caracterizar, en un momento concreto, el comportamiento inexplicable de los seres humanos."

Se puede tomar como población de referencia, tanto la población mundial, como un colectivo más reducido, e incluso, la propia familia. No tenemos aún claro si el índice puede ser aplicado a una sola persona, siendo comprensible que, en este caso, la valoración no la realice el mismo interesado.

Aunque el valor más alto que puede alcanzar teóricamente es infinito -y ha habido circunstancias históricas en las que se ha estado muy próximo-, se acepta, por convenio impuesto por sus creadores, que el valor máximo que del índice sea 10.

De momento, no se ha alcanzado más que localmente.

La proporción de estúpidos se calcula dividiendo el número de personas -siempre estimado y, por lo general, según decisión de un panel de expertos en valorar la estulticia- que tienen un comportamiento incomprensible o están en una situación que les priva de su propia personalidad -de forma real o aparente- (numerador), por la población del territorio muestral ("dominio de referencia", y que será el denominador), y multiplicando el resultado por 10.

El índice, que se irá perfeccionando con el uso, exige algunos factores de corrección que lo hagan homologable para realizar comparaciones y, por ello, tesis doctorales.

 Por ejemplo, el índice se afectará de un  sumando corrector -que servirá de base para calcular la "estupidez equivalente"- que servirá para reflejar el número de horas que la persona dedicó a hablar del momento para el que se ha calculado inicialmente el índice de estupidez, que se verá incrementado en 1, si ha empleado para ello, - obviamente, con algunas intermitencias-, una semana.

El valor se disminuirá en un máximo de 1, sensu contrario, si el acto colectivo no ha servido más que para comentarlo brevemente con su pareja o con un grupo selecto de amigos. Casos típicos del primero, pueden ser los espectáculos musicales en los que una figura y su troupe se dedican a moverse en el escenario chillando como energúmenos; también se incluyen en este capítulo las películas sobre el personaje de Torrente. Se publicarán mensualmente listas de estos eventos.

Casos típicos de lo segundo pueden ser las representaciones teatrales, en especial, las de autores clásicos.

En un ejemplo práctico, las cosas discurren así:

Si, suponemos como elucubración hipotética, de imposible realización en un mundo real,  que 10.000.000 personas asistieran a un partido de fútbol -en directo o por televisión- y la población total susceptible de seguir el evento contara con 50 millones de seres humanos, el índice de estupidez aparente sería de sólo 2.

Pero si, de éstos, pongamos, 5 millones, se pasaran una semana hablando del acontecimiento -realización de las jugadas, comportamiento del árbitro, estado de los jugadores (antes y después del evento), declaraciones de los entrenadores y otros atletas, etc.-, el factor corrector será de 0,5. El índice de estupidez total de colectivo de ese país imaginario será de 2,5.

Los últimos estudios realizados por el Gabinete de estupidoscopia expresan que el índice sube, en España, de forma alarmente. Lo más grave es que no se conoce el remedio, porque parece que la crisis económica, el paro, la falta de alternativas, no hacen más que aumentar los valores del índice.

So pretexto de semántica, aporías

Algún ilusionista en el empleo de la semántica, quiere sacarnos de su chistera, los conejos por los que conducirnos hacia la aparente demostración de lo que es genuinamente falso, pretendiendo confundirnos. Aporías.

La más perversa de las aporías que circulan en el presente es, quizá, que crisis es sinónimo de cambio y que cambio significa oportunidad, para lo que se recurre a citar hasta a los chinos. Tiene incluso una hermana pequeña por la que se defiende que el progreso de la humanidad está en crisis permanente.

Otra aporía asocia la inactividad de la sociedad civil a la madurez de la democracia, pretendiendo que cuando los partidos políticos funcionan, el pueblo confía en la alternancia en el poder que provocarían las elecciones periódicas. Se ignora así que, históricamente, las movilizaciones de la sociedad han dependido de la sociedad militar, es decir, de los Ejércitos.

Se nombra mucho la sostenibilidad, una banqueta de tres patas (economía, ambiente y empleo), que nadie ha visto construída, pero en la que muchos se sientan, tan tranquilos, poniendo sobre ella los proyectos de desarrollo, crecimiento, urbanismo, etc.

Tenemos, en fin, la casa de los argumentos llena de aporías, -paradojas, aparentes demostraciones con falsas premisas, conclusiones erróneas a partir de coloridos postulados-, con las que se nos adormece el sentido crítico, seducido ante la idea de que no hay solución alternativa o de que los mandos se encuentran en buenas manos.

Contra aporías, contundencia.

No puede haber sostenibilidad -ni sustentabilidad, para que los puristas del lenguaje no se concentren en la semántica- para nuestra pretensión de desarrollo, mientras siga siendo fagocitador por propia naturaleza de lo que se le ponga delante. Siendo el consumo la base de la subsistencia, de alguna forma tienen que aportarse nuevos elementos a la hoguera: si son espirituales, por la vía de la creatividad; si son materiales, por el camino de los recursos naturales; nada es gratuito; hay la opción de cambiar materia en energía -y puede que, también, al revés-, pero algunas posibilidades revisten riesgos que, en general, no se está dispuesto a admitir en el patio trasero.

Las crisis son el resultado de los cambios forzados por quienes han venido disfrutando de las mayores ventajas de una situación y quieren sacar ahora el beneficio de quienes les acompañaron hasta allí.

La globalización se podría conseguir de inmediato, eliminando todas las barreras económicas, sociales y tecnológicas, pero se dilata indefinidamente pretendiendo el control de los ritmos de crecimiento y desarrollo por parte de quienes disfrutan de las ventajas actuales.

El mercado no sirve para regular el precio de los productos de quienes venden desde la necesidad y compran desde la supremacía, y sí sirve para añadir margen a quienes ocultan los costes de producción de lo que ofrecen a quienes han creado la necesidad.

La incorporación de una nueva tecnología crea, de forma natural, desempleo masivo en la tecnología que convierte en obsoleta y, claro está, genera nuevos ricos en su área (pocos), pero también muchos fracasos de quienes se sienten atraídos por ella sin dominar materia, mercado y financiación.

La recuperación del deterioro de los bienes sin domine supone inmensos desembolsos públicos y arrastra el enriquecimiento de algunos emprendedores cualificados; la recuperación ambiental solo crea empleo en los que se dedican a ella, y, en contrapartida, genera desempleo en todos los sectores a los que se aplica;...

Podemos seguir enumerando, hasta cansar al lector: no es posible ninguna alianza de civilizaciones mientras estas se basen en los dogmas religiosos; ... 

¿A favor de una República con D. Juan Carlos como Jefe de Estado?

Los españoles, al decir de una encuesta de la que, como sucede con casi todas las que se difunden, no tenemos mucha información acerca de en qué peluquería fueron lavadas y peinadas las respuestas, y, menos aún, de quién pagó la factura del frisseur, son mayoritariamente monárquicos.

Según Metroscopia, la empresa que firma el análisis de los resultados, muchos de los encuestados identifican juancarlismo y régimen monárquico, lo que explicaría el alto porcentaje a favor de una forma de Estado que obtiene bastantes críticas frente a otras opciones. Imaginamos que la República será, por principio, la más valorada, y la Anarquía obtendrá un resultado marginal, pero significativo, e incluso, puede que cuente con un número creciente de adeptos.

La encuesta viene al pelo porque hoy se celebran los 80 años (octogésimo aniversario) de la Proclamación de la República en España, allá por el 14 de abril de 1931.

Como convencidos de que no deben existir privilegios de sangre, somos republicanos por naturaleza. Como experimentados acerca de las dificultades de elegir adecuadamente a los más capaces para dirigir los destinos de la República, nuestro pragmatismo nos lleva al posibilismo. Respetuosos con la Constitución vigente, somos monárquicos.

Escépticos con la naturaleza humana, somos ácratas. La experiencia de Bélgica, país que nadie discutirá es muy civilizado, lleva casi un año sin Gobierno oficial, y nadie ha notado cambios para peor.

D. Juan Carlos, como Jefe de Estado de la República de España no nos parece mala opción. Y tampoco creemos que haya que rasgar ninguna vestidura si, mientras se aclaran los opinantes, se mantiene como sucesor al Príncipe Felipe, que sabe idiomas, conoce mundo, tiene dos carreras, está casado con una periodista que da muy buena imagen y lee los discursos con una entonación que no desmerece de muchos de los que se están dedicando, como profesión confesada, a la política.

¡Viva la República del Reino de España! ¡Viva el Jefe de Estado D. Juan Carlos, su Presidente!

Sobre plazos perentorios y dilaciones injustificadas

Contratistas, abogados, consultores, obligados fiscales y otras gentes de mal vivir -si es que queda alguno más sin citar- saben muy bien lo que significa un plazo perentorio (1) : trabajar con la angustia de no llegar a tiempo para entregar la obra o el informe antes de la fecha tope convenida con el cliente, presentar la demanda incumpliendo el término, o no pagar los impuestos antes de que venza el período voluntario.

Esas angustias, que algunos de los citados encuentran placer morboso en aquilatar, concentrándolas en lo que se conoce como "hasta el último momento", tienen su contrapunto, como todo en la vida, en quienes actúan desde el poder para tomar sus decisiones y cumplir con sus obligaciones con dilaciones injustificadas, bien porque nadie les fiscaliza o porque están convencidos de que pueden cumplir sus cometidos con el ritmo que les venga en gana porque son los amos del cotarro.

Suele tratarse de funcionarios y políticos con mando en plaza, pero no necesariamente. Y, como siempre, hay que apresurarse a decir que son muchos -es decir, bastantes- los funcionarios que satisfacen sus obligaciones con bastante -es decir, a veces- diligencia. Y, obviamente, menos -muchos menos- los políticos que se demoran, porque se trata de dos colectivos de dimensiones muy dispares (¿un 12% frente a solo un 1%)

¿Que tiene Vd. 20 días para contestar a una demanda?. Puede estar seguro que si se demora un día más en presentarla (bueno: dos, contando el día de gracia del que disponen los procuradores de los Tribunales), sus desvelos habrán sido inútiles y su cliente, devendrá enemigo irreconciliable, propagando urbi et orbe que es Vd. un inepto de tomo y lomo.

Su culpa no tiene (nos parece, con el debido respeto) parangón con aquella en la que incurre, sin que se le mueva un pelo del bigote o la pestaña, el funcionario de Primera, Segunda instancia, supremo o defensor de la ultima ratio constitucional, que se duerma en sus laureles para dictar su juicio el tiempo que le pete, guarde o no relación con el período que el justiciable juzgue razonable le haría falta para quitar, con un ritmo y vitalidad promedios, el montón de legajos que se acumulen sobre el suyo de Vd., en su mesa de él/ella y la de los oficiales a su mando.

¿Que ha llegado con la lengua fuera para presentar los cuatrocientos mil justificantes de encontrarse al día de todo lo imaginable y estar dotado para hacer malabarismos con su magín, maquinaria y equipos humanos que nada tienen que ver en muchos casos con lo que se ventila en un concurso convocado por cualquier Aminístración pública?.

No obstará a la valoración de su diligencia (de ellos) ver, con la desesperación que corresponda (a Vd.), que la decisión no llega en años, la convocatoria se anula, sus rivales la impugnan, y, todavía peor, sus (de Vd.) clientes públicos no le pagan, porque (ellos) han dedicado la partida de Presupuestos que podría corresponder para abonarle su (de Vd.) encargo, ha sido convertida en voladores y bollos con chorizo para celebrar... (ponga aquí el lector el evento que le resulte más castizo).

Plazos perentorios contra dilaciones indebidas, he aquí el dilema que Hamlet tampoco abarcó.

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(1) Para posible ayuda de lectores más jóvenes y, tal vez, de extranjeros que tengan como segunda lengua el español y no provengan de países del Este (siendo la facilidad para los idiomas de estos últimos, proverbial): perentorio es todo plazo que resulta improrrogable, o sea, de obligado cumplimiento, porque, si no se cumple, atáñese el infractor a las consecuencias.

Rima con muchas palabras: paritorio, dormitorio, envoltorio, jolgorio, purgatorio y otros muchos acabados en "orio", por lo que nos proponemos escribir un soneto sin dilaciones indebidas, pero sin que se nos tome nuestra intención como algo obligotorio.

Atañer, verbo de uso por pedantuelos y escribidores de textos oficiales, por el que se hace referencia figurada al acto de tañer los pinreles a terceros.

Desde la trinchera: en defensa de democracia, globalización y ética universal

Todos los políticos y sus principales seguidores emplean mucho los términos de democracia, globalización, ética, bien común y otros cuantos conceptos que han pasado -si es que alguna vez anduvieron en otro sitio- a convertirse en conceptos abstractos, y de dimensión y contenido variables, interpretables según le apetezca al que los nombra.

Despierta profunda intranquilidad conocer que más de cien candidatos a ser elegidos como representantes de la voluntad popular en Municipios y Administraciones Autonómicas en los comicios que se celebrarán en mayo de 2011 en España, se encuentren incursos, como imputados, en causas penales, en las que se están valorando presuntos delitos por malversación, cohecho, prevaricación, entre otras conductas.

No mueve a la calma ni al aplauso el que los Tribunales -empezando por el Tribunal Constitucional, para avanzar, desde el Tribunal Supremo hasta los jueces y magistrados de las instancias menores- estén tocados, en cuantía indeterminable, pero no nula, por los designios políticos de los Ejecutivos que han nombrado o pactado a algunos de ellos o interferido sobre las convocatorias a adjudicatura, destinos de jueces y evaluación, cuando llega el caso, de sus actuaciones.

No es grato saber, aunque pueda apelarse a la debilidad de la humana naturaleza, que se destapan aquí y allá casos de jueces que han actuado por animadversión a otros, favorecimiento de delincuentes, o, simplemente, no actúan con la diligencia que debieran, por dejación, abusos de autoridad, ignorancia culpable o connivencia dolosa con ciertos justiciables. 

Intranquiliza, por supuesto, que miembros del Ejecutivo y sus opciones de reeemplazo en la oposición, dediquen la mayor parte del tiempo de sus apariciones públicas (incluídos los debates parlamentarios surgidos de sus comparecencias en las Cámaras) a descalificarse, acusándose recíprocamente de incapacidad, indolencia, desprecio al interés general, y otras graves objeciones, ignorando que a algunos votantes nos gustaría conocer bien sus programas y, si se nos requiere, participar en ellos.

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P.S. La fórmula perfecta para aunar las decisiones del Ejecutivo, lo Legislativo y lo Judicial, evitando cualquier diferencia, parece haberla encontrado Vicente Mediavilla, consejero de Justicia (y Presidencia) de Cantabria, diputado autonómico y, por propia postulación, candidato a magistrado de la Sala Civil y Penal del TSJ de Cantabria, por el turno de juristas de reconocido prestigio.

Como experimento funcional, será interesante seguir la evolución de este pluriempleado, cuya sobrada capacidad (es letrado de la Administración cántabra y antiguo jefe de sus servicios jurídicos) nadie puede dudar. El ahorro, en discusiones y, seguramente, en dineros, que supondría aunar definitivamente todos los poderes, sin subterfugios ni medias tintas, resulta muy atractivo en este tiempo de crisis.

Sobre las noticias: entidad, durabilidad y alcance

En los media se hace referencia a menudo al "alcance de la noticia", en el sentido de su importancia.

Se dice, especialmente cuando se trata de aquellos soportes de difusión que trabajan o actúan en directo, en caso de que se algún acontecimiento que se juzga importante se acaba de producir y prometa evolución o se precise más información: "Les mantendremos puntualmente informados".

En fin, ojeando las primeras páginas de los periódicos de las últimas semanas y deteniéndose en los titulares, se comprende perfectamente que lo que ha servido para llamar la atención de los posibles compradores -también, de los lectores, aunque hay que suponer que no todo el mundo se gasta dinero en un soporte informativo para pasearlo bajo el brazo-, tiene efectos de una durabilidad muy corta.

Da lo mismo que se trate de un terremoto, una catástrofe nuclear, una guerra civil o una invasión de las fuerzas internacionales a un país amigo hasta hace un par de días, la intensidad de la llamada de atención decae rápidamente y el tamaño de las letras que se dedican a enmarcar la noticia disminuye, hasta desaparecer, en un par de días.

Y es que, además, cualquier información sobre lo que suceda en otro sitio, por dramático que sea, sucumbe en importancia ante la victoria del equipo local de fútbol, la inauguración del deportivo municipal, el crimen pasional cometido en la paroquia de al lado o la llegada al pueblo de un cantante de moda.

Todas estas cosas son bien conocidas por quienes hacen periodismo, y, sobre todo, por sus clientes y empleadores; no nos estamos refiriendo a los lectores y oyentes de los media, sino a quienes están interesados en que se da forma a la noticia de acuerdo con sus propios intereses, que suelen ser o ideológicos o económicos, o ambos.

No sucede lo mismo con los que reciben los mensajes, muchas veces, víctimas de su credulidad, incapaces de distinguir entre el ropaje con el que se les presenta, su importancia o despojarla de los apliques con los que se pretende adulterar o disimular su contenido.

Las Escuelas de periodismo deberían ofrecer un curso de interpretación de la noticia, que sirviera a sus seguidores para reconocer su verdadera entidad y alcance y valorarla. No estaría, obviamente, dedicado a profesionales de la información, sino a sus destinatarios. Evitaríamos así muchos sobresaltos, aliviaríamos fervores ideológicos, dotaríamos de su dimensión e intensidad adecuadas a los titulares y contenidos y, en definitiva, seríamos más felices.

Parafraseando

Hay que tener mucho cuidado con las palabras. No son elementos neutrales. Aunque tengan idéntico significado, dos palabras pueden suponer que a quien las emite se le juzgue como bien o mal educado y, entre otras posibilidades, se consiga llamar la atención sobre lo que se desea o hacerlo pasar desapercibido.

Las madres eran las transmisoras principales de este valor semántico oculto de algunas palabras prohibidas, que era refrendado por otros miembros de la familia del educando y la sociedad en general. Las niñas eran material especialmente sensible, como receptoras destacadas del mensaje. No se debía, por ejemplo ni decir ni mierda -ni siquiera caca-, ni mear -ni tampoco orinar-, ni culo, palabras que deberían ser sustituídas por sus hermanas de buen tono, pó, hacer pipí y pompis.

Todas estas cuestiones y otras parecidas causarán el estupor y la risa hoy en día, en el que nadie sale a la calle ni menos se sube al automóvil sin un buen acervo de palabras de uso común (antes llamadas palabrotas o tacos) para espetárselas al primero que tarde en arrancar ante un semáforo o al peatón que apure el verde intermitente en un paso cebra; en los colegios, escuelas y guarderías, y especialmente en las Universidades, el empleo de nomejodas estoyhastaloscojones o melasuda es de uso tan común como de buen gusto para ambos géneros (o sexos, si la palabra no resulta molesta al lector).

El gran acervo idiomático del español en relación con los insultos y palabras de las tenidas antes por soeces, ofrece unas excelentes posibilidades imaginativas a los traductores de los textos en inglés en las películas, pues el archirrepetido fuck you (que los americanos siguen escribiendo, incomprensiblemente, f...you), puede ser trasladado de tantas maneras que su enumeración completa ocuparía varios comentarios como éste.

Esta proclividad a parafrasear, seleccionando las palabras para dar más énfasis o no dar ninguno, a un texto, ha llegado, por supuesto, a los escritos técnicos. Ya no se habla de "secuestro de CO2",  sino "captura de CO2", y no se descarta que, dentro de poco, se pueda hablar de "paseo con el CO2" para expresar una de las muchas formas que estamos estudiando de solucionar la reducción en la atmósfera de los perniciosos gases con efecto invernadero que, seguramente porque tan denominación afectaba a la producción agraria, ahora se tiende a llamar gases causantes del cambio climático que, por cierto, más que mutación climática, van a provocar, si no hay otro remedio, una catástrofe extintiva del ser humano.

Algún ingeniero poco escrupuloso con el alcance de las palabras llamó enterramiento de una carretera a lo que ahora prácticamente todo el mundo entiendo por soterramiento; y, por supuesto, los cementerios municipales (privados como públicos, quedando ya pocos de estos últimos), se llaman tanatorios.

En la misma línea, los basureros -de los que aún tenemos, por desgracia, muchos ejemplos "salvajes" en nuestra geografía-  serán menos dañinos gramaticalmente hablando si se les llama vertederos controlados, derivado civilizado de esta especie técnica que agrupa los modos del quehacer humano para llevar la basura donde no se vea.

Los vertederos controlados o no (en Latinoamérica se llaman botaderos), están en riesgo de extinción -aunque la historia va para largo- debido a una moda relativamente reciente, de hacer más complejo el trasiego de la basura, que se llama recogida selectiva. Algunos, incapaces de ver más allá de las palabras, parafrasean con mala intención, que la recogida selectiva es lo mismo que mover la mierda, y que el objetivo real es que las empresas especializadas cobren por ello más dinero, pues acaban mezclándolo todo y llevándolo al mismo sitio.

Pero eso es una falsedad. La razón fundamental de la obligación de separar la basura es permitir que ese ejército incontrolado de camionetas que se dedican a destrozar los contenedores de vidrio, papel y cartón, ropa, metal, etc., puedan encontrar juntos los materiales con los que malviven los nuevos pepenadores.

A vueltas con los pecados capitales

Al parecer, fue Santo Tomás de Aquino, aquella cabeza tan bien amueblada que llegó a abarcar y compendiar para general asombro, todo lo concerniente a lo teológico, quien puso definitivamente nombre a los siete pecados capitales, -así llamados por ser origen de muchos otros- y a las virtudes que los compensan y superan.

Con ello, dió la máxima popularidad a estos vicios de la carne y de la mente, que ya habían sido detectados por San Gregorio Magno, Papa, unos siglos antes, convirtiéndolos en una referencia central para caracterizar a las malas personas de este mundo.

Nada viene a empañar esta idea que muy recientemente, el periódico L´Observatore Romano haya pretendido añadir algunos pecados más -relativos a la conservación del ambiente y al consumo de drogas, entre otros- que, sin duda, no están a la altura de lo pretendido por los verdaderos Padres de la Iglesia cristiana.

El asunto nos atrae hoy, habida cuenta del desconcierto imperante en nuestra sociedad respecto a lo que es bueno o malo y cómo graduarlo. Las legislaciones vigentes en los diferentes países -incluso o especialmente en los democráticos- no contienen líneas de acuerdo.

En unas se considera muy grave apropiarse de los bienes de una empresa falsificando la contabilidad y en otros, ni se menciona. Por momentos, resulta que se concentra una buena parte de la actividad punitiva de los Tribunales penales en castigar duramente a quien da una bofetada a su cónyuge, y en otros casos y hay latitudes en las que se mata con todas las de la Ley a quien haya echado una canita al aire y hubiera sido descubierto (tampoco sabríamos precisar si por lo primero o por lo segundo).

Hemos intentado hacer una clasificación de estos pecados, de más grave a menos grave, de acuerdo con la percepción actual del reproche ético, matizado con el número de las personas a quienes -teóricamente- puede afectar el que un individuo esté poseído, como característica mayor de su personalidad, por uno de esos demonios del comportamiento.

Para explicarnos: Siendo la envidia más grave que, pongamos por caso, la pereza (así nos parece), una persona-tipo puede envidiar, a lo largo de su vida (afectándolos, pues, sobre todo, si hace lo posible por ponerles alguna zancadilla además de autoprovocarse una úlcera de estómago en casos muy graves) a unas 100 personas. Con su pereza, por el contrario, el más afectado será él mismo y, en condiciones extremas, los 4 miembros que compongan su familia más directa.

Un lujurioso (sin que sea posible distinguir aquí, en este análisis somero, por ejemplo, entre los que acumulan páginas pedófilas, se gastan el salario en casas de lenocinio o son habituales de peep-shows -si es que queda alguno-), en promedio, puede afectar, negativamente (no podemos olvidar que el sexo es un negocio floreciente en nuestra obtusa incivilización) a unas 2 o 3 personas.

Y así siguiendo, y aplicando los índices de ponderación correspondientes, hemos llegado a esta clasificación de los pecados capitales: avaricia, orgullo, envidia, pereza, lujuria, ira y gula. Las explicaciones, en caso de ser requeridas, pueden ser objeto de una tesis doctoral.

Sobre la pareja de hecho entre neoliberalismo e izquierda nostálgica

Un sexto jinete parece que está recorriendo el mundo, y se le ha puesto el nombre de neoliberalismo. El atributo troncal del pensamiento neoliberal no se diferencia, en realidad, en nada de lo que constituía la mentalidad de su padre, que es la fe en el mercado como solución para sellar los pactos de trueque entre productores y consumidores.

Esos trueques se llevan a cabo con y por dinero y el mecanismo que se ha inventado para regular la oferta y la demanda se llama mercado, y tiene su plasmación en zocos, Bolsas de valores, reservados de restaurantes, puticlubs, galerías comerciales y otros muchos lugares.

Hasta no hace mucho, ser liberal era un síntoma de pedigrí: caracterizaba a las personas de buena familia que estaban preocupados porque, dentro de un orden, cada uno alcanzara el modo de realizarse en la vida: los liberales no se escandalizaban por casi nada: no importaba que hubiera comunistas en el Parlamento, que los negros comieran en los mismos restaurantes que los blancos, que las mujeres fueran a la Universidad o se desnudaran por placer, o que el hijo de la portera se hiciera ingeniero si encontraba quien le pagara la beca.

Todos estos son mínimos ejemplos del pensamiento liberal, porque lo más importante es que un liberal debía confiar que el tiempo pone todas las cosas en su sitio.

Frente al edificio, cada vez más alto y lustroso, de quienes defendían el mercado contra cualquier ataque, instalaron su campamento de nómadas los supervivientes de un ejército que procedía de los fríos del norte, en donde habían estado apoyando una idea que había sufrido una derrota estrepitosa. Eran los que creían que solo desde un Estado fuerte, con la iniciativa pública como principal empresario y el gobierno de todos como forma de decidir lo que hay que hacer, se podía alcanzar el bienestar colectivo.

Estas últimas gentes, que agrupaban a algunos intelectuales universitarios -profesores titulares-, funcionarios, jubilados, parados y precarios obreros del metal y del campo, acompañados por ciertos artistas, se especializaron en hacer fiestas frente al edificio de los neoliberales, además de insultarlos y lanzarles piedras cuando se asomaban a las ventanas. Como no tenían nombre especial, se les dió en llamar Izquierda Nostálgica, por otro nombre, en España, Izquierda Unida.

Los que estaban en el gran edificio, infinitamente más numerosos, les hacían burla, -pero sin intención de zaherir, solo por compasión-, y les lanzaban, de vez en cuando, cestas con frutas y ropa vieja. Por cierto, algunos desertores del edificio neoliberal (se cree que, en realidad, espías entrenados) pidieron permiso para instalarse en el campamento de desharrapados y, con asombrosa facilidad, consiguieron rápidamente instalarse en las mejores tiendas de campaña, desde donde escribían densos artículos para los periódicos que solo leían los neoliberales cultos (no muchos, claro está).

Pasaron los años, y algunos observadores extraterrestes se dieron cuenta de que neoliberales e izquierda nostálgica formaban, en realidad, una pareja de hecho. Se necesitaban uno al otro para subsistir.

Y dice la Historia por escribir, que así siguieron, por los siglos de los siglos, soportándose y respetándose mutuamente, e incluso, a hurtadillas, no faltaron miembros de ambos clanes que decían amarse tiernamente.