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Al Socaire de El blog de Angel Arias

El empleo del ambiente

Como era de esperar, la profundidad de la crisis ha hecho olvidar los buenos propósitos ambientalistas. Sí, aquellos que se enfocaban fundamentalmente a reducir las emisiones de carbono equivalente para tratar de contener que el calentamiento de la atmósfera no superara los 3 grados centígrados, lo que debemos hacer (Panel IPCC dixit) antes de 2050 o nos asolarán apocalípticos males.

Si están teniendo alguna capacidad de decisión que no quede subordinada al azar de los mercados, entre mandarnos a luchar contra la naturaleza en camiseta y pantalón corto dentro de un par de décadas y dejarnos morir de hambre en los próximos años, nuestros líderes mundiales ("We, the world leaders", ¿recuerda el lector?), secundados por otros líderes de menor talla, parecen haber elegido acelerar el proceso de destrucción de la humanidad.

En España, el año 2012 se presenta como un hito en la carrera por acabar pronto con el suplicio del vivir que es un sinvivir. El futuro no es lo que era: es que ya no existe, porque nadie se cree que podamos crecer lo suficiente para pagar lo que debemos; o sea, que nos hemos comido, no lo servido, sino lo que había en despensa y una parte de las semillas con las que deberíamos haber plantado el huerto.

Sorprende que, en estos trámites de cuaresma preparatoria para la hecatombe ("en dos años sabremos quién tiene razón", se comprometió, tan contundente como inconvincente el presidente Rajoy, en la defensa de que las medidas restrictivas acelerán la recuperación de puestos de trabajo), haya aún voces que defienden que la protección del ambiente crea empleo.

Coherente, desde luego, con lo que ha venido defendiendo cuando tenía puesto en el Ejecutivo, una de las últimas voces en defender este oximoron fue Teresa Ribera, ex-secretaria de Estado del Cambio Climático (extinto en el nuevo organigrama) en un artículo publicado en un periódico de amplia difusión. En distintos foros, en variadas oportunidades, subsisten rescoldos de esta petición de principio que desmiente, y duramente, la lógica.

Si estábamos utilizando el ambiente como si fuera un recurso natural inagotable y lo valorábamos como una res nulius, a la que no se nos había ocurrido poner precio, el que, un buen día, alarmados de los pecados que estábamos cometiendo, hayamos preparado una batería de leyes (algunas, además, incongruentes) con la pretensión de castigar su maluso y le tengamos puesto un coste para que las empresas y particulares que lo consuman o deterioren lo introduzcan en el pasivo de sus balances y en los debes de sus cuentas de explotación, el sentido común dice que, en la caja negra de la producción del pib nacional hemos metido un gato con uñas afiladas, que, bulla bullendo, nos destruirá parte de las rentabilidades que aún nos queden, empujando al déficit a otras cuantas empresas.

Ah, sí; se me olvidaba poner de manifiesto un detalle. Cosa muy distinta de este empobrecimiento general es que algunos se estén ahora mismo enriqueciendo con las medidas de control, y que, llevados por el viento y el calor favorables a las llamadas energías alternativas/renovables, hayan mejorado sus economías particulares y se hayan creado en esos nichos de aprovechamiento de coyunturas algunos puestos de trabajo.

Pero, thinking globally, en la caja negra no hay más que generación neta de desempleo.

Eso, y el empleo del ambiente como parte del juego dialéctico para adormecernos mientras los axiomas que no nos atrevemos a cambiar nos siguen comiendo los pies y alimentan las patrañas. Porque una cosa es estar de acuerdo en que hay que ser ambientalista por narices y otra engañar al personal con el cuento de que protegiendo a este recurso que hemos venido utilizando como saco de las patatas vamos a solucionar nuestros problemas...salvo que hubiéramos sido capaces (como están haciendo los países tecnológicamente más avanzados) de vender o imponer el amuleto a los países en desarrollados, con ese asunto de que venerar el ambiente hace milagros.

Las cosas no son fáciles: ¿y qué más?

El presidente de Gobierno de España, Mariano Rajoy, en una declaración a pie de calle, después de inaugurar en Cádiz la Cumbre Iberoamericana el 29 de febrero de 2012, ha resumido en titulares su credo político: "Yo le pido a todos los españoles que entiendan que las cosas no son fáciles, que tendremos que hacer esfuerzos, pero que tengan la total y absoluta certeza de que de esta situación vamos a salir."

La frase ha tenido eco en los medios y ha sido objeto de múltiples comentarios, aunque a mí, en realidad, me parece absolutamente vacua. Los españoles somos quienes advertimos la necesidad de trasladar al Ejecutivo que "debe entender que las cosas no son fáciles", al observar, con preocupación ya imparable, que los recortes presupuestarios se han convertido en una tenaza más sobre la disminuída actividad económica, y el dinero ha dejado de circular por nuestros canales de reparto de trabajo y generación de emprendimientos.

Me gustaría, ante todo, llamar la atención del lector sobre el empleo de los pronombres personales, tiempos y modos verbales en la alocución de Rajoy. Habla en primera persona, poniendo énfasis, por tanto, en su credibilidad y conocimiento directo; inicialmente, al emplear el singular para referirse al sujeto de su petición, parece estar dirigiéndose a un solo interlocutor (porque, en otro caso, diría "les" y no "le"). La hipótesis resulta, sin embargo, inmediatamente desmentida porque se precisa que el mensaje va dirigido a "todos los españoles".

Podría creerse que en ese "todos" está incluído el propio Rajoy, pero no es así. Confirmando que se encuentra al margen del concepto expresado (dejándonos ignorantes de si lo hace por superioridad cognoscitiva, sublimación o por éxtasis), les solicita que "entiendan que las cosas no son fáciles".

Y aquí surge nuestra sorpresa central semántico-práctica. No puede estar pensando el presidente español en que los españoles lo estén pasando bien con esta crisis que va camino de generar seis millones de desempleados y colocar la credibilidad patria a nivel del "bono basura" (me parece morbosa la combinación de ambas palabras, y me pregunto cuál de las dos adjetiva a la otra). Luego deduzco, absorto, que es el Gobierno quien para nuestro Presidente lo está pasando mal, y para el que éste nos pide a los demás españoles, excluído el propio Rajoy, que entendamos su desvalida situación sicológica.

Me tranquiliza algo percatarme a continuación de que nuestro Presidente se coloca al lado de los que tendrán que hacer esfuerzos ("todos" los españoles, ya que no puedo aceptar que sea solo el Gobierno el que se apriete el cinturón o las entrañas).

Y a partir de ahí, ya me pierdo, viendo diluído el mensaje entre los demás tiempos y personas verbales: ¿somos todos los españoles, menos Rajoy, convertido en incrédulo de su propio mensaje, quienes debemos tener "la certeza" de salir de esta situación? ¿A qué situación se refiere, en concreto? ¿Saldremos -en el futuro impreciso- o "vamos a salir" -en ese presente activo, que refleja inmediatez y fortaleza de ánimos-, pero que contradice la realidad que se constata en la calle?

Abrumado por el análisis, vuelvo a la realidad: El Ejecutivo se empeña en recortar el gasto, pero no sabe aún, aunque supongo que desea, incluso fervientemente, cómo generar actividad. Apela, por tanto, a la fe (que, como se sabe, es creer lo que no vemos y, para los escépticos, tener por existente lo que solo deseamos que exista) y a la confianza ciega (que, para los experimentados, es preludio de próximo batacazo contra la desmedida especulación del capital incontrolado).

Y mientras los ciudadanos sin capacidad de decisión (ni siquiera del propio gasto, pues ignoramos lo que va a pasar mañano) sufren/sufrimos los efectos de la desorientación de los poderes político-económicos -y añado por mi cuenta, sociales, los que tienen los medios -grandes capitales y propietarios de los mayores grupos empresariales- miran hacia otro lado, silbando la canción de "ay qué dolor, qué dolor, qué pena", pero precisando "a mí no me toques, que me irrito". (1)

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(1) Releo el Comentario y entiendo que podrían hacerse muchos matices. La modificación del objetivo del déficit a 5,8% que Rajoy presentó en Bruselas el 2 de marzo de 2012 la entiendo como correcta, a despecho de lo que puedan opinar los representantes de los intereses alemanes o franceses, mucho mejor situados como exportadores, incluso frente al contraído mercado español.

No comparto, sin embargo, la posición de las grandes empresas acreedoras de las administraciones públicas que se niegan a aceptar una quita sobre sus facturas debidas. Ellas han sido y serán las grandes beneficiadas de la contratación pública y se les deben exigir mayores sacrificios, además (y aquí hay un atractivo campo a explorar) de una cooperación activa en la regeneración del tejido empresarial dañado por la crisis. ¿Dónde fueron a parar los propósitos esgrimidos en aquella reunión con el ex-presidente Zapatero en la que se habló de compromiso para la reactivación? ¿Ha habido cambio de planes del gran capital? ¿No tiene el Ejecutivo de Rajoy capacidad de interlocución con esos ejecutivos pluri-millonarios que siguen sonriendo cuando nos cuentan algo por la tele?

Cortocircuitos en el camino del vehículo eléctrico (3)

La investigación para descubrir quién es el responsable principal de la degradación de la calidad ambiental en las ciudades apunta hacia el coche. Para Luis Jiménez Herrero, director ejecutivo del Observatorio de Sostenibilidad, no solo es una cuestión incontrovertible, sino que, además, "las ciudades no son sostenibles".

En el contexto de una conferencia sobre el futuro del coche eléctrico, esta constatación -que comparto- equivale a lanzar un torpedo bajo la línea de flotación de los experimentos sobre el coche eléctrico. "Moverse en coche supone aportar energía para transportar 1.500 kg en los que se ha instalado una persona de 70 kg: solo se aprovecha un 2% en términos de movilidad: el resto se pierde".

Defiende Jiménez la ciudad mediterránea -compacta y en altura-, frente al modelo anglosajón, de ciudad difusa -dispersa y con alta densidad de chalets inividuales- (en la que se produce, por su propia concepción, un incremento del automóvil privado).

Y si en la intervención anterior a la suya, en el IIE, Juan Luis Pla de la Rosa había sentenciado que "no concibo que alguien en Madrid se desplace en coche propio", (para defender que, "hasta ahora, el v.e. es un tema anecdótico. La discusión de verdad relevante es llevar al transporte público la ocupación del vehículo privado, que actualmente es de 1,2 personas/vehículo"), en la de Luis Jiménez quedó aún más claro que resolver con eficiencia el complejo problema del transporte exige una solución global, de la que el vehículo híbrido es un componente muy poco significativo.

(continuará)

Cortocircuitos en el camino del vehículo eléctrico (2)

Toyota ha apostado, según nos contó Karl Von Dijck (su Directos de Asuntos Corporativos para España), en su breve presentación sobre "Situación y perspectivas del vehículo eléctrico", por el híbrido enchufable. "No excluímos al 100% las opciones del vehículo eléctrico, pero le vemos más opcíones al enchufable".

Los híbridos enchufables combinan dos elementos: un motor de combustión convencional con una batería de alimentación eléctrica, sobre la que se han concentrado, en los últimos años, los avances técnicos.

Toyota ha sido relativamente prudente, pues se fabricaron 600 vehículos, de los que 200 se distribuyeron en Europa. Tras un año de pruebas, han recorrido en total 38.500 km.

La autonomía de los vehículos en funcionamiento con baterías es, sin duda, uno de los elementos más espinosos de los v.e., y se han hecho varios estudios sobre la duración de los viajes en automóvil. En la actualidad, el límite de autonomía está en 20/25 km y los trayectos superiores a esa distancia implican una recarga, por lo menos.

El estudio que presentó Van Dijk sitúa en 74% los trayectos individuales de menos de 20 km, y en 18% los "metropolitanos" (entre 20 y 50 km), significando los "extraurbanos" (realizados durante fines de semana y vacaciones) solo el 8%. La autonomía máxima de las baterías no parece que, por mucho que avancen las investigaciones, supere los 120-150 km.

Van Dijk presentó datos estadísticos sobre el tiempo de parada de los vehículos, momento en que se debería realizar la recarga de las baterías (en 1h 30min se recarga el 80%): el 68% de las detenciones del vehículo superan ese tiempo, aunque solo se aprovechó, en las pruebas realizadas, el 36% de las veces: por falta de infraestructura, o de hábito.

Como consecuencia de la mayor utilización del motor convencional respecto a lo esperado, el consumo superó los 2 l/100 km (no llegué a entender en cuánto).

Toyota se ha concentrado en estudiar los puntos mejorables del v.e., a partir de esa experiencia, y enumeró los siguientes: 1) facilidad de selección del modo eléctrico/híbrido; 2) aumento de la capacidad del maletero; 3) reducir la incomodidad de manejar cables de recarga muy largos; 4) incremento de la protección contra robo; 5) solventar la dificultad para conectar el cable por la noche o en la oscuridad.

(continúará)

Cortocircuitos en el camino del vehículo eléctrico (1)

El título de este Comentario responde a un reflejo de titular periodístico, pero así están discurriendo las cosas de esta iniciativa singular, que fue vendida en su momento como solución a varios problemas: aprovechamiento del exceso de producción energética en horas valle (debida, fundamentalmente, a la actual dificultad para almacenar la generación eólica, que tiene tendencia a aumentar por las noches), disminución significativa de la contaminación en las ciudades, cumplimiento de la Estrategia comunitaria que impone la drástica reducción de la generación de CO2 equivalente al sector del transporte (en 2020 las energías renovables han de suponer el 10% de todos los combustibles destinados a este sector, y el 1,5%, específicamente, de origen eléctrico), etc.

He tenido ocasión, los días 28 y 29 de febrero de 2012, en dos foros distintos y con exposición de diferentes ponentes y visiones, de asistir a la valoración del estado actual de la producción y perspectivas de uso de los vehículos eléctricos.

El primer día, en un acto organizado por la Comisión de Transportes del Instituto de la Ingeniería de España; el segundo, en una de las sesiones que, bajo el lema "Low Carbon", y bajo los auspicios de la embajada británica y con un grupo de empresas interesadas en vender sus productos, se dedicó a esta tecnología. 

Juan Luis Plá de la Rosa (IDAE), ingeniero de minas, se refirió en el Instituto a la indicación recibida del Ministerio de Industria en 2008 de "poner en marcha el proyecto del vehículo eléctrico (v.e.)", precisando que esa tecnología era ya bien conocida "incluso algunos dicen que se inventó antes el v.e. que el movido por motores de combustión interna". Nació así el proyecto Movele, en un contexto, como resaltó el ponente, en que la "oferta estaba tremendamente limitada".

La situación no tiene "nada que ver" con la que se vive en 2012, pero Plá enfocó la cuestión hacia el verdadero problema: la descomunal dimensión que está adquiriendo el parque de vehículos en el mundo, con 950 millones en circulación actualmente, y que se espera/( o se teme) se duplicará en 2023, con un problema ambiental que supera las cuestiones directamente energéticas.

El objetivo principal, para Plá, circunscribiéndose a España, es renovar la flota, ya que los vehículos convencionales son actualmente mucho más eficientes que hace 15 años. El Plan Movele, que utiliza los conocimientos del proyecto homónimo, se centra en el desarrollo de las infraestructuras, entendiendo que han de ir por delante de la difusión pública de esta categoría de vehículos, fijando un objetivo de 2,5 millones de v.e. para 2020.

(continuará)

Cuestión de escalas

No hubiera figurado yo entre los más sorprendidos si el equipo responsable del llamado experimento Opera, ése que pretendió haber demostrado que los neutrinos son capaces de moverse "un poquito" más veloces que la luz (20 partes por millón por encima), pudiera defenderse de quienes tienen claro que el falso hallazgo es solo la consecuencia cierta de un par de minúsculos errores de medición.

Y no me hubiera emocionado, no tanto porque sea un escéptico de las teorías de la relatividad, que, como se nos ha dicho hasta la saciedad, sin esmerarse mucho en explicárnoslas (1), están basadas en que el número mágico "c" es el límite teórico de velocidad.

Lo que pasa es que no veo la gracia a las hipotéticas consecuencias. Que el límite de velocidad en el trozo de cosmos que tenemos al alcance sea "c" o "c y un poco más" no me parece la clave para viajar al pasado, pero, y aquí está el asunto, no me interesa lo más mínimo, aunque, cuando me ataca la nostalgia, pudiera estar de acuerdo en que "cualquiera tiempo pasado fue mejor".

Los que me atraen, en cambio, son los experimentos que permiten acelerar el paso del tiempo para que los momentos malos de tragar duren lo menos posible.

Hasta ahora, en cambio, lo que está demostrado es que los momentos más veloces en pasar -con o sin neutrinos - son los agradables. Su tránsito por nuestras vidas es tan imperceptible que, cuando nos damos cuenta, ya se han ido.

Pero, en cambio, cuando las circuntancias vienen mal dadas, cada segundo se convierte en un suplicio, y apetecería meterse en la cama, arrebujarse agarrado al osito de peluche, y esperar a que nos llame mamá para anunciarnos que es hora de levantarse, y comprendamos, aliviados, que todo ha sido una pesadilla.

Ahí estamos.

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(1) Mario Alonso Puig, al escenificar, en aquella jornada memorable del 7 de febrero de 2012, los orígenes de la teoría de la relatividad en la cabeza del niño Albert Einstein, y después de ilustrarnos con que todo empezó porque, "yendo en bicicleta, con once años, se preguntó que pasaría si fuera capaz de pedalear a la misma velocidad que se propagaba la luz de su bici", aclaró que "No le dieron el premio nóbel porque nadie lo entendía".

El derecho a la propiedad de ciertos pecios

En 1804 un barco de guerra británico hizo saltar por los aires la fragata española Nuestra Señora de las Mercedes, que traía un precioso cargamento de oro y plata (500.000 monedas acñadas en Lima el año anterior) a la metrópoli.

Los cuerpos de 249 tripulantes y el tesoro transportado -el "pecio" (1)- permanecieron sumergidos en algún lugar del gofo de Cádiz, hasta que en mayo de 2007 los restos del barco fueron descubiertos por expertos submarinistas de la empresa Odyssey Marine Exploration, y, con truco de escapismo incluído, llevados a Estados Unidos.

El Estado español inició un largo y complejo litigio, reclamando la propiedad del cargaemnto, valorado en aproximadamente 500 millones de dólares- derecho que le fue, finalmente, reconocido por el Tribunal Supremo de los Estados Unidos. La argumentación española se centró en defender que el tesoro era propiedad militar.

Es posible, sin embargo, que la cuestión litigiosa no termine ahí, pues Perú y otros países de las antiguas colonias españolas pretenden reclamar su parte en el tesoro, argumentando que son los legítimos propietarios, pues sus minas metálicas fueron saqueadas por los españoles mientras estuvieron bajo su dominación.

Esa pretensión se ve contrabalanceada con la renuncia tácita de los independentistas que no expresaron, en su momento ni hasta ahora, ninguna intención de reclamar formalmente cualquier tipo de compensación por los productos extraídos a raiz de la conquista -al contrario, los documentos en los que se concedió la independencia parece que expresan la renuncia a cualquier derecho que pudieran ejercitar contra España-, además de plantear el problema de la legitimación para hacerlo, ya que los libertadores no fueron los indígenas, sino españoles rebeldes contra el poder central.

También se están movilizando los herederos de los ciudadanos particulares que habían confiado sus bienes a la fragata, para ser transportados a España, y que se consideran con derecho a este botín, aflorado a la luz de las apetencias mundanas.

La cuestión tiene, pues, múltiples facetas y un interesante valor jurídico, en el marco del derecho internacional. Incluso, la decisión de los tribunales estadounidenses se dice que ha sido condicionada por pactos extrajudiciales entre los Estados español, norteamericano y peruano, que supondrían determinadas contraprestaciones y la promesa de redistribución del tesoro -invendible a tenor de acuerdos internacionales igualmente discutibles- entre los Museos de todos ellos.

Para completar el panorama -al menos, desde la posición de los sentimientos encontrados de quienes creen tener alguna opción-, incluso se sospecha que el Reino Unido, con el que la empresa Odissey mantiene buenas relaciones, podría reclamar que el barco es "botín de guerra", aunque esta posición tiene el punto débil de que España e Inglaterra (2) no estaban en conflicto cuando el navío fue hundido (la batalla de Trafalgar se originó justamente por este ataque).

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(1) La definición de la Unesco recoge que "un pecio no sólo es un cargamento, sino también los restos de un navío, de su tripulación, de sus pasajeros y de las vidas (?) de los mismos".

(2)  Los ingleses, como es sabido, fueron bastante dados a la piratería de primero o segundo nivel -según se mire-, aprovechándose por su superior fuerza naval de los resultados de ataques a los muchos envíos de ricos materiales que proenían de las expoliadas Indias. Está documentado, por ejemplo, que el galeón san José, fue cañoneado y hundido con unos 11 millones de monedas áureas (de valro estimado en 3.700 millones de euros, así por lo alto). Otra empresa busca-tesoros, la Sea Search Armada, lo encontró en 1982, pero no se ha aanzado en la extracción, ante el conflicto generado entre España y Colombia, respecto a quién es el deño. En este caso, la busca-pecios se contentaría, parece, con la mitad de lo qeu consiga extraer con sus sofisticados métodos, pero antes de aflorarlo quiere tener claro  qué pais es el competente para negociar el reparto.

Y esto es solo un anticipo de lo que se avecina.

 

Para troncharse

Cuando percibió que estaba despierto, recogió las gafas de la mesita y leyó la relación de actividades del día. Llevaba quince meses parado pero nunca le habían faltado oportunidades.

Tenía la opción de acercarse a primera hora al Palacio Real para ser testigo de cómo se les gritaba "chorizos" y otras lindezas a los miembros de la Familia más distinguida de España (ya que le quedaba algo lejos el Juzgado número tres de Palma de Mallorca, en donde se estaba tomando declaración, por segundo día consecutivo, al único yerno remanente del posiblemente último Rey de España, por su presunta evasión de impuestos, malversación de dineros públicos y quizá algo más). Podía incluso, para dar mayor credibilidad a su pacífica protesta, llevar una bandera republicana, ya algo ajada, que sacaba a pasear cada 14 de abril y 12 de octubre, junto con un grupo de ancianos nostálgicos, separatistas catalanes y jóvenes radicales.

Otra posibilidad sería irse hasta la plaza Mayor de Madrid, en donde estaba convocada la enésima manifestación de apoyo incondicional al juez Garzón, ex-secretario de Estado de Justicia, especialista en granjearse enemistades inquebrantables, expulsado de la carrera judicial -¡al fin!- por haber investigado con astucia punible la forma en que, con la sagrada protección del derecho a la defensa, unos presuntamente honrados ciudadanos organizaban la ocultación de algunos de sus bienes al embargo judicial. 

Le atraía, claro, incorporarse a la concentración de sindicalistas, desempleados, amenazados de despido y amedrentados en general, para protestar contra el urgente decreto que, con la encomiable intención expresa de crear empleo, había aligerado con rotundidad las ya altas opciones para poner de patitas en la calle a cualquiera que no consiguiera hacer rentable la empresa en la que trabajaba. Pero pensaba que era mejor reservarse para la huelga general que había anunciado expresamente el presidente de Gobierno, Sr. Rajoy, a sus colegas europeos.

Había una estupenda opción de adherirse a la repulsa unánime, expresada con toda contundencia y por los cauces precisos, contra la desgarbada actuación policial en Valencia, en donde se habían molido a palos a unos pacíficos estudiantes de bachillerato, amigos, que no enemigos, del orden, aunque excepcionalmente hayan visto sus deseos reforzados por algunos extremistas especializados en quemar contenedores inservibles y romper lunas de coches con la tercera itv pasada, que solo pedían que se encendiera un par de horas la calefacción para que se descongelaran los grifos de los lavabos.

Otra opción sobre la que, dado su inmenso atractivo, era imposible quitar de ella un ojo, e incluso los dos, era acercarse a la embajada israelí ataviado con un pañuelo anundado al modo palestino y denunciar el peligro inminente de la anunciada invasión de Irán, preludio sospechoso del inicio de la tercera guerra mundial, a pesar de que el programa de colaboración venezolano-iraní se encontraba en un impás (¿se escribe así?) por la inesperada reproducción del tumor inguinal del presidente Chaves.

Sucedió, sin embargo, que cuando estaba preparándose la tostada para el desayuno, y mientras escuchaba la radio, le llamó una amiga que lo invitaba a irse al parque del Retiro, en donde estaba anunciado para hoy un mítin de Javier Arenas, candidato a presidente de la Junta de Andalucía, que prometía desvelar todos los tejemanejes entre los gobiernos socialistas y el empresariado andaluz.

Y, proclive, como era, a las emociones fuertes que él mismo fabricaba, liquidó de un sorbo el café, salió a la calle, compró en el kiosko habitual el último número del prestigioso diario Público, víctima de un voluntarismo fracasado, que se ofrecía hoy, gratuitamente, con La Razón y El País, y se fue de excursión -estrictamente solo- a la Pedriza, en el cuatro por cuatro que estaba pagando a plazos gracias al subsidio del paro, que aún cobraba, gracias a un chanchullo, a hacer parapente.

Ubi sunt?

Al escuchar a la vicepresidenta del Gobierno de España, Soraya Saenz de Santamaría (y Dios nos coja confesados), expresando que había que aclarar el caos de las cuentas municipales, según lo acordado en el Consejo de Ministros del 24 de febrero de 2012, me vinieron a la cabeza aquellos versos que dedicó Jorge Manrique a la muerte de su padre, y que a los niños de mi generación nos hacían aprender de memoria:

"¿Qué se hizo aquel trovar/ las músicas acordadas que tañían?/¿Qué se hizo aquel danzar/ aquellas ropas chapadas/que traían?"

La oía decir que "las administraciones municipales deberán presentar al Ministerio de Hacienda el listado de sus facturas pendientes de pago" y en mi cerebro resonaba, en versión libre: "¿Qué fue de tanta invención como trajeron?"

Nadie parecía moverse en la sala de Prensa; por la tarde, estuve atento a lo que imaginaba un vendaval de protestas de todos los ayuntamientos españoles, tan duramente vejados por esa crítica acerva hacia el trabajo de interventores, alcaldes, concejales, y secretarios municipales. 

También me preguntaba acerca del objetivo de unas palabras pronunciadas en foro de tanta repercusión pública y que, más que servir para tranquilizar a clientes y mercados, ponían el dedo en el ojo, sacando aún más sangre, del descontrol con el que, ya consagrado como verdad oficial, hemos tenido sumida la cosa pública en estos años de bienestar, músicas y danzas.

No hubo nada, no pasó nada. Como si viniera del más allá, o revoloteara como una paloma angélica por encima de la inmundicia de los demás, como si no hubiera habido más culpables que los otros, Saenz de Santamaría adoctrinaba, inflexible: "Con esta medida, el Gobierno trata de poner orden y saber lo que hay, para que una vez se conozca la deuda", tomar las decisiones oportunas.

Lo voy a traducir al lenguaje más simple que conozco: Ante la incapacidad de todas las Administraciones públicas para cumplir con sus obligaciones de pago, derivada del incumplimiento de sus cometidos constitucionales en el pasado, y ante su irregular gestión de los dineros públicos, el nuevo Gobierno, en posesión de la verdad dogmática y en uso de sus facultades superiores, les sustrae la capacidad de decisión y expone a sus gestores al escarnio.

Repaso mis conocimientos sobre la Constitución y me pellizco. ¿Tener la mayoría en el Congreso y ser el primero de la clase autoriza a poner patas arriba todo lo que han hecho los demás? ¿Lo que se destruya ahora, se recuperará algún día? ¿Todo se ha hecho mal y hay que demoler para construir? ¿Estaré soñando en otro país, he vivido en otra época?

Ubi sunt qui ante nos in hoc mundo fuere?

Homenajes póstumos

De entre los homenajes póstumos -a los que parece que estos tiempos, están más inclinados-, me producen especial conmoción aquellos que se dedican a quienes han sido despreciados o maltratados en vida y, pasados años, incluso siglos, un grupo de paisanos, intelectuales, artistas, estudiosos o políticos intenta desagraviar con un acto que reivindica su memoria.

En la cumbre de la emoción, encuentro aquellos homenajes en los que se pretende "rehabilitar" y " se pide perdón", con panegíricos que destacan o exageran cualidades, a personas y colectivos cuya vida ha sido sesgada bruscamente a causa de sus ideas, asesinados a manos de quienes no tenían ninguna o las tenían contrarias.

El 20 de febrero de 1937 fue fusilado Leopoldo Alas y García-Argüelles, rector de la Universidad de Oviedo. La ciudad que lo vió nacer y morir lo nombró en 2012, 75 años después, su hijo predilecto, la más alta distinción que concede.

Oviedo es una ciudad pequeña en la que todo el mundo se conoce o cree conocerse. Más aún: se está muy atento a cualquier movimiento que pueda suponer prestigio, relevancia o admiración, porque el caldo pastoso de la mediocridad no permite que nadie destaque demasiado. No se asesina hoy por envidia, pero se puede hacer daño de otras maneras: con el desprecio, la difamación, la calumnia.

Por eso, el homenaje tributado a Leopoldo Alas, hijo de otro homónimo y más famoso, conocido como "Clarín", autor de un libro de culto que describe Vetusta con trazos que la realidad reproductiva de las miserias humanas convierte en imperecederos, ha desempolvado la caja de ciertas miserias, algunas de las cuales se lanzan contra otro Leopoldo, éste, vivo, nieto del rescatado del olvido y también catedrático de la Universidad ovetense (léase algún comentario al hilo de uno de los trabajos publicados estos días).

Yo conozco a Leopoldo Tolívar y por eso sé bien que no necesita que nadie lo defienda, como también supongo -es ley natural- que no todos los que le sonríen sean amigos suyos. Pero este asunto de desviar la atención desde el desagraviado fallecido hacia un vivo que aún colea, me hace pensar que, cada vez que pretendamos sacar del oprobio colectivo a un buen tipo al que se le ha dado pasaporte al otro mundo por las ideas, alguien, en nombre de todos, debería pronunciar unas sentencias, más o menos, de este tenor:

"No te pedimos perdón por quienes te asesinaron (o vejaron) vilmente, porque esa vergüenza ha de quedar para siempre sobre su propia memoria; te pedimos perdón porque no hemos aprendido de tu ejemplo todavía, y nuestra sociedad sigue haciendo lo posible para que destaquen los mediocres, y para ello, se complace en prescindir, ahogando su voz, de la mayoría de los mejores".

(No me resisto a incorporar aquí, para que el lector extraiga sus propias conclusiones, aún a riesgo de distorsionar en parte el mensaje central de mi Comentario, la relación de "Hijos Predilectos de la Ciudad de Oviedo", hasta donde tengo conocimiento.

Es la siguiente: Fernando Alonso Díaz, Letizia Ortiz Rocasolano,Luis Fernández-Vega Diego, Joaquín Vaquero Palacios, Martín González del Valle y Herrero, Carlos Luis Alvarez Alvarez, Ignacio Alonso de Nora, Manuel Alvarez-Buylla y López-Villamil, Marcelino Somohano Cueto, Sabino Fernández-Campo, Dolores Medio Estrada, Paulino Vicente Rodríguez, Plácido Alvarez-Buylla Godino, Valentín Masip Acevedo, Antonio Roces, José Fuente Díaz- Estébanez, y Jose María Fernández-Ladreda y Menéndez Valdés)

ADM

ADM son siglas que no dirán mucho para quienes no estén al tanto de esa tecnología. No, no tiene que ver con la genética o con la evolución, sino con la pérdida irreparable de la vida. ADM es el acrónimo para Armas de Destrucción Masiva.

Las ADM tienen interés especial para dos tipos de colectivos, muy diferentes, desde luego: a) la práctica totalidad de los Estados, tanto con fines de prevención o defensa como de posible ataque y b) ciertos grupos de fanáticos interesados en generar actos o amenazas terroristas.

El Instituto de Estudios Estratégicos del Ministerio de Defensa ha dedicado el número 153 de sus Cuadernos de Estrategia a desarrollar este tema: "Proliferación de ADM y de tecnología avanzada".

Confieso que, una vez que llegó a mis manos, lo he leído con avidez, porque la exposición que realizan los autores es didáctica y no rehúye ejemplos que pueden poner los pelos de punta a los impresionables.

Pero también me asaltó la sensación, nacida de mi ignorancia de tantas peculiaridades como presenta el tema, de que el tratamiento resultaba demasiado explícito. Hay que suponer, obviamente, que, como se decía del bikini, oculta lo fundamental y que los especialistas saben lo que hacen cuando tratan públicamente asuntos que a los legos nos parecen muy delicados en relación con la seguridad.

Así, en el Capítulo Segundo, Guillermo Velarde Penacho, analiza la "Proliferación de armas nucleares. Irán y Corea del Norte", después de una Introducción en la que se nos ilustra acerca de que el TNP (Nuclear Non-Proliferation Traety), de 1968, ha sido incumplido, no solo por los cinco Estados que entonces disponían de eta tecnología -EEUU, Unión Soviética, Reino Unido, Francia y China- (Nuclear Weapon States), sino por varios Estados que se comprometieron a no fabricarlas, entre los que se encuentra Corea del Norte.

No me produce satisfacción que los NWS hayan desarrollado bombas nucleares mucho más eficaces y complejas (la fisión de uranio 235 o del plutonio 239/241 proporciona energía para la fusión el deuterio-tritio, emitiéndose neutrones de muy alta energía que provocan la fisión del uranio 238).

Pero mucho menos saber que en Oriente Medio y Norte de Africa han proliferado las armas nucleares, intención enmascarada o no con la de instalación de centrales nucleares para producir energía eléctrica o desalar agua de mar y contando con el apoyo de los países más avanzados, conseguida no necesariamente por subterfugios, chantajes polísticos, robos de material o soborno a científicos. Basta citar a algunos de estos países -India, Pakistán, Argelia, Libia, Siria, Egipto, Irak, Irán- y vincularlos con las noticias diarias que nos acercan a la inestabilidad social, el fanatismo religioso o el descontrol general en el que, en mayor o menor medida, están inmersos.

La cuestión de las armas bioquímicas, su proliferación y posibilidades de empleo incontrolado merece, por sí misma, una mención especial, que me propongo realizar en un próximo Comentario. 

Entre andadas y carreras

Suena a retroceso en el tiempo: Estudiantes y policías a la greña. Fue en Valencia, una de las Comunidades Autónomas más endeudadas por el generoso ejercicio de unas competencias transferidas sin suficientes ingresos para paliar los gastos.

Se nos ha contado así: Los estudiantes del Instituto Lluís Vivens, reforzados con efectivos de la Facultad de Geografía e Historia, protestaban por los recortes en los presupuestos a la educación, que afectan -no solo a la calidad de la enseñanza- a la calefacción en las aulas. Ya se venían calentando motores desde hacía días, aunque revisando retrospectivamente las noticias relacionadas, se había solicitado desde la dirección del centro que se desvinculasen del ámbito del Instituto las movilizaciones. 

Enfrente, los policías. Fiel a una formación castrense que nos deja perplejos a los pacíficos, el jefe policial valenciano hizo con esa manifestación estudiantil -"el enemigo", reconoció- lo que, seguro, alguien le ordenó: disolverla, como fuera. Y consiguió un efecto colateral que debe estar definido algo más adelante en el hipotético manual de la guerra: si empleas la fuerza contra los argumentos, los argumentos conseguirán refuerzos.

Por eso, me impresionó la facilidad con la que la alcaldesa de Valencia, Rita Barberá, no dudó en diagnosticar la naturaleza ideológica de los estudiantes: Responden -dijo- a "una estrategia predeterminada de la izquierda", que "niega hasta el principio del Estado de Derecho y la separación de poderes".

Volvemos, pues, a las andadas y a las carreras. Nos queda mucho camino por delante. No soy de los ingenuos que pretenden que vayamos todos juntos cogidos de la mano. Pero sí de los que se mantienen firmes en que no podemos recorrerlo dándonos golpes. Y, por supuesto, no sirve ordenar a las fuerzas del orden que convenzan con porrazos a los que, desarmados, no pueden servirse más que de sus lenguas afiladas.

Porque aunque duelan sus argumentos -asumibles o no, que para eso están las simpatías ideológicas-, no hay que confundir jamás el campo de las ideas con un campo de batalla. En democracia, el que se expresa en contrario no es el enemigo a batir, y los que discrepan no son anarquistas ideológicos. Opinar así genera escaladas de violencia donde solo debería haber diferencia de opiniones, incluso sobre los poderes caloríficos de los combustibles que se queman en las aulas.

Y que llevan ya su tiempo quemándonos, a todos, las ilusiones de que se sabe, en verdad, cómo recomponer las estructuras debilitadas de la economía, sin que los recortes y cascotes se nos caigan sobre las cabezas de los que no fuimos culpables de su deterioro.

 

No habrá paz para los ingenuos

Si alguien albergaba alguna duda acerca de una Europa de dos velocidades, es decir, de dos categorías, los representantes gubernamentales de doce países menores la han volatilizado. Fue el 20 de febrero de 2012.

Al dictado de Italia y el Reino Unido que, por supuesto, son también firmantes, esos doce Gobiernos en estado de pánico -algunos, procedentes de los últimos atriles de los tutti- han dirigido una carta lacrimógena a la dirección de la orquesta europea, quejándose con la boca pequeña, al tiempo que emitiendo sonoros aplausos, de la desmedida interpretación de la poderosa coalición franco-alemana.

Para salvar algunos de sus muebles del cuartucho de los trastos, en donde los tienen recogidos, solicitan también, con un respeto que huele a exacerbado, ciertos cambios menores en esa la ópera bufo.dramática que todos están interpretando, con gran éxito, al decir de los tiburones y cocodrilos económicos que ocupan los palcos principales del teatro.  Su título (aún provisional) es: "No tenemos ni idea de lo que pasa, pero duele mucho", con libreto y partitura de las agencias de crédito norteamericanas.

Ciertamente, las frases del documento difundido rebelan unas formas exquisitas, una delicadeza encomiable, adecuada para expresar trivialidades presentadas como "propuestas" que, al tiempo que dejan clara la intención de mantener la fiel sumisión ante los principios del liberalismo económico, sirven también para reflejar, a quien quiera entenderlo -es una "carta abierta", es decir, va destinada a nosotros, los de a pié-, su manifiesto apoyo a lo  que venga prescrito por la autoridad superior, sea lo que sea.

Tomemos como ejemplo esta expresión: "Debemos restablecer la confianza, entre ciudadanos, empresas y mercados financieros, en la capacidad de Europa para crecer de forma firme y sostenible".

El análisis lógico-gramatical de esta frase pone de manifiesto: 1) que los firmantes no tienen el poder, por lo que utilizan la licencia de integrarse en el grupo de dirección, utilizando la primera persona del plural en su escrito; 2) su visión de que las cosas irán a peor y que sus países se verán aún más afectados, pero que no saben qué hacer (puesto que hay que suponer que ya lo estarían haciendo); 3) el reconocimiento de que nadie, ni ellos mismos, se está creyendo que Europa tenga capacidad para crecer, y de que, por tanto, la pérdida de confianza que se tiene hacia ella, está bien fundamentada; 4) la ausencia de fórmulas, ideas y medidas para restablecer esa confianza, ni siquiera entre sus propios ciudadanos y empresas, ya que no deberían ignorar que el poder real de la Unión Europea es mínimo; 5) ergo, la imposibilidad de crecer de forma ni firme ni sostenible -por supuesto, tampoco "ni débil ni precaria"- y de que no hay más remedio que proclamar urbi et orbe que estamos en franca recesión, al estilo del malhadado capitán del Crucero Aquile Lauro.

Tampoco hay que preocuparse en exceso. Siempre se podrá uno preguntar: si quienes nos dirigen no saben qué es lo que hay que hacer crecer ¿por qué obsesionarse en busca de una salida?; quedémosnos donde estamos; y si no se nos explica qué significa esa forma de desarrollarse "firme y sostenible" (tiene un aire de equivalencia a aquello de "la mirada clara y lejos"), ¿por qué moverse?; disfrutemos en lo que hay, bajo el motto "sálvese quien pueda".

Por suerte, los habitantes de esos doce países cuyos líderes se encuentran preocupados, debemos dar por seguro de que a los alemanes -y por ende, a los franceses- se les ocurrirá algo; puede que ya estén en ello: ¿la invasión de China con su alta tecnología?; ¿la expulsión de los griegos del territorio europeo como apestados, expoliando sus museos y ridiculizando su cultura y buen carácter?; ¿la venta de las empresas de la Europa cañí a los inversores norteamericanos en lucidas smart box distribuídas en comercios de todo a cien?

Nos recogerán y nos llevarán a las duchas

Hace varios años, se contaba más que ahora un chiste cruel (que son los que dan más risa a quienes no se ven representados) en el que un monitor de paracaidismo ilustraba a los reclutas, obviamente algo inquietos ante su primer salto real, que no había razón para tener miedo.

"Todo está controlado. Cuando dejéis el avión, esperáis unos segundos y tiráis de esta primera anilla, la de la derecha, y el paracaídas se abrirá. Si no se abre, lo que es absolutamente improbable, tiráis de esta segunda anilla, a la izquierda, y se abrirá de inmediato el paracaídas de seguridad. Seguís cayendo, y cuando lleguéis al suelo, los camiones os estarán esperando, subís y nos vamos todos a las duchas".

Quiso la mala suerte del recluta López que no se le abriera el paracaídas principal. Lleno de confianza, echó mano de la segunda anilla, pero el de emergencia tampoco se abrió. Con fe ciega en sus mandos, razonaba, mientras bajaba al suelo en caída libre: "Bueno, la primera parte no funcionó. Pero al llegar al suelo, los camiones nos recogerán y nos llevarán a las duchas".

Siento tener que decir que las medidas económicas con pretendida repercusión laboral (en este momento, no necesitamos otras) que el gobierno del Partido Popular está implementando y, más en particular, la forma de presentarlas, me recuerdan la plática del sargento en el chiste de marras.

Faltan, para hacer completo el dibujo, las voces de otros monitores y paracaidistas  -digamos, para facilitar la exégesis, que se trata de los expertos en las agencias de valoración con sus propios intereses y los de sus clientes, líderes de otros países de la UE en su propia campaña electoral, empresarios con la preocupación puesta en volver a hacer rentables sus negocios, sindicatos con miedo a que se les acaba la cuerda que se irá a hacer compañía a sus ideas, partidos de la oposición restañando las heridas de las mordeduras ajenas y las propias, etc. , - que mientras el recluta López cae (la economía española), se concentran en repetir, vociferantes, según les vaya: "todo va bien, va muy bien, solo que hay que apretar un poco más" o "así no, no es así, no, es hacia el otro lado", y por si acaso, con más estrépito, "es eso, pero no es exactamente eso, que hay que matizar".

Entre los que aconsejan bajar impuestos, recortar salarios y privatizar lo público, para que la economía se levante de su postración y los que piden que se aumenten impuestos, se mantenga los salarios y se activen las inversiones públicas, con ese mismo objetivo, están los que manejan combinaciones de todas esas medidas  y otras parecidas, según les parezca mejor para curarse de lo suyo.

Me da en la nariz que, premios Nobel incluídos, nadie está totalmente seguro de cómo funcionarán los paracaídas, pero lo que no admite réplica es que de nada servirá que estén los camiones en su sitio, si es que nos damos contra el suelo sin coraza, porque no hará falta que nos lleven a ducharnos para quitarnos el polvo de la caída.

Propongo otra historieta. Si estamos de viaje por tierras desconocidas, y se nos ha quedado encallado el vehículo en un inesperado barrizal, en lugar de esperar a que deje de llover y el terreno se seque, trataremos de meter bajo las ruedas unos tablones y empujaremos con todas las fuerzas, y si no lo conseguimos solos, pediremos ayuda a los vecinos de las casas próximas, sugiriéndoles incluso -o se les ocurrirá a ellos- que se ayuden de un tractor o un animal de tiro que tengan a la mano.

Por cierto: si no se contentan solo con que les demos las gracias, podemos ahondar en los bolsillos para entregarles unas monedas con que se tomen un vino o un café a nuestra salud, cuando consigamos salir. Arrieros somos y en otro barrizal nos encontraremos, ¿no? ¿no estamos en un mundo global, o era solo una añagaza?

Productos de la imitación

Nos movemos o mueven entre falsedades, y nuestro comportamiento, de manera generalmente inconsciente, se ha acomodado a esa situación, adulterando hábitos, juicios de valor y resultados.

Los casos de falsedad ajenos descubiertos nos sorprenden poco -aunque no dejemos de expresar aparatosamente, y por tanto de manera falsaria, que nos desagradan-, porque los situamos junto a los que conocemos mejor, que son los propios.

Voy a referirme a unos ejemplos concretos, de los muchos que podemos encontrar, sin esfuerzo, y trataré de ayudar a extraer algunas consecuencias generales.

1. La imitación de obras de arte. ¿Cuánta distancia estamos dispuestos a conceder desde la copia fidedigna a la reinterpretación creativa, y en qué lugar situaremos la fotocopia ilustrada, el pastiche de almanaque, el borrón coloreado producido en una clase de pintura de todo a cien? No depende de los niveles adquisitivos y me temo que ni siquiera culturales: decir que una obra es artística porque cada uno es libre de considerarla así nos ha llevado -tenemos ahora en Madrid un magnífico ejemplo-a la degradación del arte, a la muerte de la creatividad ante el cuchillo de la majadería.

2. Los pechos de silicona. He visto hace unos días un programa en el que varias señoras, provenientes del mundo del espectáculo social, expresaban su preocupación -real o inventada, a saber- por unos implantes mamarios que, de forma externamente evidente, llevaban incorporados a sus cuerpos. No traigo el caso aquí porque quiera ridiculizar su desgracia (pobre de mí) sino por los argumentos que esgrimían algunas para justificar una operación de hipotético embellecimiento: se había hecho incrustar unas bolsas porque el guión se lo pedía. Un especialista en esas cosas explicaba, me pareció que con crueldad y ensañamiento verbal, lo que sucedería si estallaban esos productos artificiales en los afectados pechos, incorporando al lenguaje inclusive unas cucharas recolectoras de espuma adulterada y unos guantes pringosos.

3. Copias de artículos de alta calidad. Cada poco tiempo se confisca uno o cientos o miles de contenedores con productos de imitación de marcas procedentes de algún país asiático. Y se destruyen, se trituran o incineran (bueno: algunos creo haber leído que van a parar de estrangis a casas particulares). He podido oir a algún oficial de aduanas que, en muchos casos, le apena la masiva destrucción, porque las piezas son de muy buena calidad y lo único que les falta es no ser auténticas. A mí, y supongo que no soy el único, también, porque entiendo que el tiempo empleado, los materiales y la utilidad que prestarían, son o serían verdaderos.

4. Billetes y bonos falsos. En enero de 2012 la policía italiana anunció haber incautado bonos trucados del Tesoro norteameticano con presunto valor por importe de 6 billones de dólares (en otras noticias, 6.000 billones); se aclaraba que, de haber sido verdaderos, resultarían superiores a la deuda exterior de Italia y al PIB de la mayor parte de los países del mundo. Circulan por ahí (o sea, también por aquí), según cuentan, millones de euros falsificados, que nos pasamos de mano en mano, como la falsa moneda que son. Es inútil preguntarse qué parte de la economía real (ya no digamos de la sumergida) la estamos pagando con billetes falsos. Podíamos incluso razonar que también es falsa una parte no despreciable de la autenticada economía real, pero no hace falta hilar tan fino. Todos los días nos estallan en las manos bolsas de la silicona económica que nos han implantado por ajenas conveniencias, puesto que hace tiempo los que mandan aquí nos han impuesto que todos los papeles monetarios, los que admitimos como verdaderos, no tienen respaldo en valores reales, ...es decir, son falsos.

5. Currícula inventados. Hoy será un presidente de Alemania atrapado en unos viajes de placer que se hizo pagar con las penosas aportaciones ajenas al erario público, o un secretario de Estado aficionado a la medicina especulativa que se cae con su equipo de diplomas trucados, o un exvicepresidente de no se qué partido que se autoconcedió laureles por haber estado de visitante en cualquier Universidad; ayer fue el caso de un empresario de mentirijillas que esgrimió poseer un código ético inquebrantable para engañar a cuantos incautos se creyeron a pies juntillas que había chicha en sus pomposos anuncios de que tenía la piedra filosofal para la generación masiva de riqueza...Todos ellos -los que ya han salido a la luz y los que se mueven en las tibieblas- han contribuído, con sus aportaciones verdaderas, a hacer más falso el escenario real donde nos cocemos nuestras carnes en sus salsas. 

En apoyo de las empresas exportadoras

Algunas historias deberían ser analizadas, no ya en las Escuelas de Negocios, sino en los parvularios. No hace falta recurrir a complejos artificios mentales: para mejorar la situación económica familiar, como saben/sabían bien todos los campesinos y agricultores, tienes que vender los mejores productos de tu granja o establo y contentarte con comer los desperdicios, las sobras o lo que ha salido defectuoso.

Si te quedas lo mejor, no solo no prosperarás, sino que es posible que te veas sumergido en la penuria y abocado a la quiebra, pues reduces drásticamente tus disponibilidades para cambiar tu producción por otros bienes y servicios. La hora de los horticultores autosuficientes de Seymur ha pasado (aunque no descarto que pueda volver, si la involución nos conduce en dirección a las cavernas)

No es porque nos encontremos en crisis, sino por argumento de sentido común: hay que exportar, esto es, sacar del autoconsumo, lo más valioso.

Noruega nos puede servir deejemplo, exporta la mayor parte del petróleo y gas que produce, dejando que su consumo para la generación eléctrica descanse, fundamentalmente, en la produccción hidroeléctrica, que es más barata. Conozco un país de hidalgos venidos a menos que ha preferido seguir el camino contrario: consumir, ante todo, la energía más cara, dejando las más baratas para el final. Que, además, pague todas ellas como la más cara es ya cuestión de chulería.

Queridos niños: aprended, desde vuestras tiernas edades, a producir más que lo consumís, y a vender lo mejor de vuestra producción y, si os dejan, de vuestros amigos: primero a vuestra tía, pero, pronto, a la vecina de más arriba y, algún día, a un transeúnte desconocido de vuestra calle.

Entre las perlas que uno recoge de las propuestas de gente inteligente que a veces me pregunto si caerán en receptores adecuados o en saco roto, traigo hoy ésta: Luis Bassat, en el acto de entrega de Premios KnowSquare, agradeciendo su nominación por su libro "Inteligencia comercial" como finalista en el apartado de libros dedicados a las pymes, sugirió que no sabíamos aprovechar el potencial de los 55 millones de turistas que nos visitan cada año, y que son "clientes extras" para las empresas españolas, que provienen de todas las partes del mundo y, además, están en la situación mental relajada de quien se encuentra de vacaciones.

"Deberíamos plantearnos -dijo Bassat, más o menos- seriamente la opción de que todo el comercio español presente en los meses de julio y agosto los productos que puedan necesitar en el otoño y el invierno. Solo con que un 10% (5,5 millones de personas) comprasen ropa de la siguiente temporada, porque la encontrasen a un precio razonable, desaparecería la crisis del comercio al por menor".

Valor de las estrategias optimistas en la feria de las vanidades

La frase podía ser atribuída a Perogrullo, pero está recogida en el libro La fuerza del optimismo, de Luis Rojas Marcos: "El ingrediente del optimismo más eficaz en los momentos difíciles es la esperanza".

Nada que objetar. Es cierto que, si la situación problemática tiene solución, añadir el ingrediente de la ilusión, ayuda, da nuevas fuerzas, para encontrar la vía de escape. Por eso, en los momentos de desánimo, ahí cuando la vida nos golpea, tener la oportunidad de reclinar la cabeza en un hombro amigo, nos conviene. Incluso en nuestro día a día, hay personas que nos levantan el ánimo, contagiándonos de su alegría (o, más normalmente, despertando en nosotros sentimientos de amor, deseo, admiración, con similares efectos terapéuticos).

En las situaciones de crisis generalizada, sin embargo, esas soluciones individuales no sirven. Aunque hay algún ejemplo en la cinematografía y en la literatura, de superación personal de una situación terrible, los ejemplos reales conducen más bien a admitir que la vía de escape habitual para el individuo sometido a sus límites es la puerta de la locura. (1)

Perogrullo, guiado por el ingenio de Francisco de Quevedo, realiza unas cuantas profecías, en "Los sueños" (en la parte llamada La visita de los chistes), de las que una de las menos conocidas es ésta: "y si quisiere primero/las pérdidas remediar,/lo hará solo con echar/la soga tras el caldero. (2)

No se debe interpretar la perogrullada asimilándola a la expresión "de perdidos al río", sino a la incuestionable evidencia de que, si falta el herramental básico, de nada sirve disponer de lo accesorio.

Es decir, que en lugar de mantenerse asomados al brocal del pozo en el que nos ha caído el caldero, lo que procede es ponerse a buscar o fabricar otro caldero. Podemos guardar la soga, por si acaso, pero no nos servirá, por sí sola, para sacar agua: lo fundamental es el caldero.

Las medidas adoptadas por el Partido Popular para la hipotética recuperación económica, las veo más centradas en el robustecimiento de la soga que en la fabricación de calderos nuevos. Me dan ganas de escribir otras interpretaciones a este Comentario, aunque el lector sacará las suyas y, seguro, que no tendrán desperdicio.

 

(1) Pienso en La vida es bella, la película de Roberto Benigni, basada en la novela de Rubino R. Salmoni, "En el final, derroté a Hitler", pero me viene simultáneamente al recuerdo El niño con el pijama a rayas (John Boyne).

(2) La continuación tampoco es manca: "Y en estos tiempos que ensarto/veréis, ¡maravilla extraña!,/que se desempeña España/solamente con un cuarto."

Por dónde seguir para llegar a ser empresario

(Este comentario, aunque con distinto título, es continuación del anterior "Por dónde empezar para llegar a ser empresario)

Que en España faltan emprendedores no es ya ningún secreto para nadie. El país se ha movido durante demasiado tiempo entre el desprecio a la imagen del empresario como ávido capitalista dedicado a exprimir al pobre trabajador y la visión plácida del funcionario público con su puesto garantizado de por vida y una ocupación más bien etérea.

Por eso, me pareció oportuna la precisión de Sáinz Millán, que acogería después -con alguna reticencia- Chamorro: "Un emprendedor no se hace, se deshace. Se hace un Director general, un Consejero Delegado, o un buen contable", ..."pero la máquina del tren, no el maquinista, es cosa del emprendedor; y es un error creer que se van a conseguir emprendedores dándoles algo parecido a un cheque-bebé".

Chamorro encontró el equilibrio entre ambas posiciones: "Es una cuestión de actitud y no de aptitud, aunque no todo el mundo puede ser emprendedor. Pero hay mucha gente que podría serlo y no lo es. Pero, para mí, ahora, no concibo otra manera de entender mi vida".

No se si Cebrián se refería a los "dos perfiles de emprendedor" como, por una parte, al que lleva en la sangre la afición al riesgo (y, por tanto, saltarán de oportunidad en oportunidad, sin importarles los fracasos anteriores) y, por otra, a los que se animan cuando se les presenta una oportunidad concreta, que creen dominar y que, si no consiguen sacarla adelante, quedarán marcados para siempre y se retirarán del mundo empresarial.

Yo sí creo que existen esos dos tipos: el emprendedor todoterreno y el emprendedor monocultivo. A mí, el primer modelo, que es bastante frecuente en España, me da bastante miedo: son esos "self-made man" que van incorporando negocios sobre sus entramados empresariales, convirtiéndolos en una maraña inextricable, entre la que suelen ocultar sus fracasos, sus artificios contables, sus huídas hacia delante; es decir, se acaban cayendo o explotando con todo el equipo.

Se habla poco de la cuestión, pero es importante señalar que el tipo de proyecto guarda relación con el número y calidad de los clientes potenciales y, por tanto, mantiene una íntima conexión con los riesgos y, en consecuencia, con las necesidades de financiación y las posibilidades de conseguir que ésta provenga de fuentes ajenas.

Este aspecto quedó perfectamente reflejado en el debate, por el propio Sáinz Millán. "Javier (Chamorro) tiene magníficos clientes y, así, su financiación va a ser menos difícil; pero no todas las pymes pueden tener la tranquilidad de disponer de clientes que sean multinacionales muy solventes. Cebrián tiene clientes que cuando salen de sus tiendas, ya han pagado, y aunque a lo mejor su compra ha sido debida a un impulso, ya no pueden volverse (fácilmente) atrás"

Aunque la conclusión de Millán fue irónica ("No montéis nunca una empresa sino váis a tener buenos clientes, porque en España es más fácil ir por la calle sin pagar que pagando..."), coincido con Chamorro que "el tipo de cliente marca la viabilidad del negocio", porque las necesidades económicas del proyecto pasan por dos fases: al principio, los problemas son de financiación de las inversiones; posteriormente, lo que hay que financiar es el circulante.

La primera fase, se cubre con medios propios y la aportación conseguida de socios capitalistas o de préstamos bancarios; el éxito de la segunda fase -y, en consecuencia, de la primera- reside en que los clientes te paguen y lo hagan en el plazo convenido: si te pagan por adelantado una parte, estupendo.

Ignoro si el centenar de personas -fundamentalmente, jóvenes- que cubrían una media entrada del auditorio del Palacio de Congresos madrileño, se animó algo más de lo que estaban antes del debate a montar la empresa que les sacara del paro. Cuando salía de la sala, se me acercó una persona de unos cincuenta años, a la que no conocía, para preguntarme: "Era comercial en el sector inmobiliario y me quedé en paro. ¿Conoce de algún trabajo?" 

Sigue haciendo frío en España, aunque dicen los meteorólogos que es normal por estas fechas.

Por dónde empezar para llegar a ser empresario

Apenas finalizado el IV Congreso Internacional de Excelencia, Madrid ha acogido el III Salón Miempresa, también en la primera quincena de febrero de 2012, dedicado a prácticamente el mismo objetivo (aunque con diferentes promotores): motivar a que el personal se anime a saltar a la arena de los mercados como emprendedor.

El propósito tiene su intríngulis y da, por tanto, para alimentar varios Congresos y unos cuantos debates en los que "emprendedores de éxito", "entidades de promoción" y "vendedores de optimismo" se encuentren, expongan sus ideas ante un público siempre numeroso y, después de cada acto, se retiren todos a sus lares, satisfechos -supongo- de haber representado su papel.

La duda que me plantean estas ceremonias de estimulación al entusiasmo, a las que les faltarían únicamente los cánticos colectivos de invocación (GodSpell) a un ser superior (en este caso, The market, of course), sirven de verdad para que se creen más empresas o solamente ocupan un tiempo de quienes están desesperados buscando un empleo.

Nuria Ribas (Directora de Dossier Empresarial) hizo de moderadora en el encuentro que reunió el día 15 de febrero de 2012 a Clemente Cebrián (Fundador de El Ganso), Javier Chamorro (Fundador de Centrum e Iqube) y Antonio Sainz Millán (Fundador de En su sitio). Si los organizadores de este debate pretendieron confrontar diferentes visiones de "jóvenes" empresarios, con éxito -según se contó- todos los tres en sus proyectos, no pudieron elegir mejor a sus candidatos.

Chamorro, a la cuestión de "cómo empezar un negocio", opina que "hay un montón de oportunidades de equivocarse".

Esta es, para mí, la clave del edificio: encontrar la oportunidad válida para pasar de empleado, recién licienciado o parado, a emprendedor. Y basta una sola.

La inmensa mayoría de los potenciales emprendedores no se animan a montar una empresa, porque no saben valorar la viabilidad de las ideas que se les ocurren como posibles negocios, y las abandonan en estado de no-natas.

Otros (los menos) se lanzan a la aventura con el solo bagaje de su ilusión y su temeridad. En los casos de fracaso, éste proviene frecuentemente de la falta de información previa del mercado (que se sobreestimó), de la insuficiencia en la valoración de las necesidades financieras, y de no haber alcanzado el período de madurez para el negocio, antes de que aparecieran competidores más fuertes en ese peculiar nicho de mercado. 

Sainz Millán se elevó a las alturas de la provocación cuando expresó que "ser empresario es una condición natural: es un mal empleado, porque encuentra permanentemente conflictos debido a su personalidad". Discrepó así de Chamorro, que entiende que "el emprendedor no nace. El entorno te marca al menos un poco, porque te animas a emprender si tu padre es empresario. El sistema educativo no lo baraja como una opción: aquí (en España) no hay materia prima de emprendimiento."

Como situación natural, heredada o provocada, opino que lo que la sociedad debería bombear continuamente a los espacios donde se dan los hábitats más favorables para emprendedores -las escuelas de negocios, las Universidades, los Centros de Formación Profesional-, adecuando las propuestas a las formaciones que se impartan en ellos, son oportunidades de negocio. Que es lo mismo que decir carencias o insatisfacciones del mercado, así como conocimientos en las nuevas tecnologías que permiten hacer lo conocido más barato, más rápido (con plazos más cortos), de mejor calidad.

Esa información, ofrecida de forma lo más ordenada posible, debería estar disponible como guía práctica para emprendedores. Debería haber muchas de esas guías: de las Universidades, de las Administraciones públicas, de las grandes empresas, de los Centros de Investigación, de los analistas de mercado...

¿Por qué emprender? La idea de "aportar algo positivo a la sociedad" parece estar en el núcleo de las intenciones que motivaron, en su momento, a los jóvenes emprendedores que hoy dirigen empresas de éxito. Cebrián calificó de propósito "fundamental, dar empleo directo e indirecto. Estamos en un momento en que no puedes enfocar montar un negocio con la intención de ser rico". Sin embargo, en una situación de masivo desempleo, el conseguir un puesto de trabajo para uno mismo ya me parece objetivo suficiente.

Para Chamorro, "el capitalismo falla por la ética. Hoy día hablamos de emprendedores, que suena mucho mejor que empresario; emprender e innovación son palabras de moda: si no eres emprendedor innovador no eres nada". Y aventuró algo que sonó a sorprendente, pero revelador: "En el futuro los empleados serán los que elijan a sus empresas, y no al revés".

(continuará)

Movimientos para controlar algunos núcleos de confusión en la fusión nuclear (y 3)

(Termino con este Comentario la reseña de la Conferencia de Carlos Alejaldre en la Fundación Ramón Areces, pronunciada el 7 de febrero de 2012)

El objetivo de la Conferencia de Alejaldre no era tanto presentar el ITER y los avances en su construcción, sino animar a las empresas españolas a aprovechar las oportunidades de negocio que se se generan con el proyecto. "España no lo sabe, pero tiene una gran participación en el proyecto", había anunciado al principio de su intervención.

No debe deducirse, sin embargo, que las empresas españolas no estén beneficiándose del ITER, ya que, de entre las europeas, -y junto a las de Italia y Francia-, son las que han conseguido el mayor número de contratos hasta ahora, hasta el punto de que un parlamentario alemán formuló una protesta en la Cámara europea, preguntándose cómo podía ser que un país más atrasado que Alemania estuviera obteniendo más partido de las inversiones en un protecto de tan alta tecnología.

Carlos Alejaldre respondió indirectamente a esta aparente incongruencia tecnológica, explicando que "el programa español es un gran desconocido", invitando a visitar la web del CIEMAT, donde se divulga, entre otros, la línea de investigación con el Stellarator TJ-II, que dirige Joaquín Sánchez Sanz. Alejaldre elogió con humor el trabajo de este equipo expresando que "tiene un rendimiento científico excepcional, sobre todo, desde que me he ido yo".

Las tecnologías clave que deben ser aportadas o utilizadas al proyecto ITER son muy variadas. Alejaldre las enumeró de forma rápida, remitiéndose a la posterior publicación de la conferencia en la web de la Fundación Areces. He aquí algunas: construcción de bobinas superconductoras (de Nb-Sn y Nb-Ti) y solenoides, ejecución de soldaduras en grandes estructuras de acero (TG, NG+IG, MG, EP, etc.), tecnologías de alto vacío o con alto flujo de calor, recubrimientos aislantes, fuentes de alimentación para el chorro de neutrones y componentes para alto voltaje (aprox. 1 MV), líneas transformadores de alta potencia, alta frecuencia, y fuentes de alimentación eléctrica (para 5-8 GHz y 120-180 GV), técnicas de manipulación remota (el interior del reactor quedará inaccesible), criobombas de vacío, bombas mecánicas, módulos de apantallamiento,... 

No parecen al alcance, desde luego, de cualquier empresa. Las dimensiones de los elementos son gigantescas, aunque existen diferentes fórmulas de contratación, siendo la más atractiva, en principio, la del "partenariado productivo", en el que se colaboraría junto a otras empresas, incluso para la fabricación de elementos cuya entrega corresponde a otro país. La oficina europea, ubicada en Barcelona, y que funciona bajo el emblema F4E (Fusion For Energy), dará la información pertinente a los interesados en explorar las diferentes opciones.

¿He escrito ya que el coloquio, estupendamente dirigido por Xavier Pujol, fue muy interesante?. Un ejemplo acerca de cómo conceder la posibilidad de expresarse al público y de cómo, cuando se crean los elementos para la participación, quienes han demostrado ya su vinculación al tema asistiendo a la conferencia, se sienten cómodos para plantear sus dudas, sus elementos de contraversia y sus objeciones.