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Al Socaire de El blog de Angel Arias

Ambiente

Sobre la gestión del agua en el mundo

La gestión del agua es un negocio próspero y, previsiblemente, cuanto más escasa devenga, más cara se venderá. Si suponemos que una población mundial de 6.000 millones de persoans tuviera que pagar un modesto consumo de 12 m3/año a solo 50 céntimos de euro el m3, el negocio potencial alcanzaría la cifra de 36.000 millones de euros anuales.

Este apetitoso bocado está provocando, desde hace tiempo, múltiples movimientos en torno a esta essential facility. En el caso particular de General Electric, por el ejemplo, el tradicional gigante de la electricidad está invirtiendo en instalaciones de potabilización y desalación en Arabia Saudí y en otros países, dando preferencia a aquellos que puedan pagarle el coste de los procesos.

La previsión de la ONU es que Arabia Saudí dedicará más de 64.000 Millones de dólares a implementar y mejorar sus instalaciones de agua, antes de 2025. Se calcula que China e India tendrán que invertir 144.000 millones de dólares anuales en infraestructuras de agua, duplicando su inversión anual.

Los índices económicos corroboran esta tendencia y la alta rentabilidad del sector. El Bloomberg World Water Index, claculado para onde empresas del sector, obtuvo unrendimiento del 35% anual desde 2003, superior a las acciones del petróleo y del gas (que se quedaron en el 29%).

En definitiva: los flujos económicos provocados por las inversiones hidráulicas y la gestión de este recurso, fundamental para el desarrollo económico -por no decir para la vida- estarán en el centro de las tensiones mundiales de los próximos años. Un panorama que, pacífico o guerrero, señalará los protagonistas del escenario en el que se resolverán las necesidades de agua.

(Este comentario es una adaptación de una de las ideas que se expresan en el Informe: "El agua, recurso y problema", publicado en el número de diciembre de la revista Tecnoambiente, nº177, año XVII, y del que es autor Angel Arias)

Sobre el cambio climático

Si la veracidad del cambio climático se pudiera decidir por votación, el resultado estaría muy condicionado por la ideología y, por tanto, la opción ganadora lo sería por estrecho margen. La mayor parte de la izquierda defendería la veracidad de los cálculos que vaticinan el calentamiento del planeta, en tanto que, desde la derecha política, predominarían los escépticos.

Pero, obviamente, no parece que esto de la temperatura que habremos de sufrir en los próximos años (y sus consecuencias) sea cuestión que pueda someterse a referéndum. Las cosas de este cariz, o son, o no son.

Y la realidad es que el asunto presenta muchas aristas y grietas, al menos, desde la posición de los que, incapaces para construir un modelo propio de simulación, nos tenemos que guiar por lo que nos cuentan los más entendidos.

Se trataría de avanzar superando tres niveles de credulidad/incredulidad: a) Asumir o no que nos encontramos en una fase de calentamiento del planeta; b) asumir o no que este calentamiento está provocado fundamentalmente por el aumento en la concentración de CO2 y gases equivalentes en cuanto al efecto invernadero; c) asumir o no que podemos hacer algo para evitar o postponer el efecto.

No es sencillo superar los tres grados del auto-examen y, mucho menos, hacerlo con nota. Porque, a fin de cuentas, que exista o no cambio climático, debe ser desligable de la valoración respecto al deterioro ambiental, que hemos producido los seres humanos, en especial, en los últimos doscientos años, y más aceleradamente, en los últimos 20 o 30 años. Este deterioro es evidente, y deberíamos poner coto inmediato.

Sobre la urgente recuperación ambiental no hay duda expresada, y aunque no faltan quienes opinan que el progreso implica consumo ambiental, la mayoría pensamos que nos seguimos comportando como unos insensatos. Basta echar una mirada enrededor: ríos contaminados, carreteras sucias, consumos injustificados del ambiente por doquier.

No hace falta ir a países desarrollados para llevarse (si apetece manifestar así nuestra sensibilidad) las manos a la cabeza. Los cuantiosos desembolsos desde las arcas públicas para recoger y tratar residuos, limpiar cauces y ríos, no tienen todo el efecto deseable, porque el ciudadano anónimo sigue contaminando a su antojo.

Nos parece que existen intereses en presentar de forma catastrofista la inmediatez del cambio climático. Por más que una pléyade de científicos estén de acuerdo en que un incremento del nivel de CO2 por encima de los 450 o 500 ppm aumentará la temperatura en 2 o 3 ºC, las simulaciones, por completas que parezcan a quienes las hacen, no son más que simplificaciones de la realidad, a la que habrá que ir incorporando nuevos elementos.

De ahí la importancia de los indicadores ambientales. Que se elijan bien, que se persigan mejor, y que la variable tiempo se introduzca en los modelos de previsión con atención especial a los números pequeños, al near approach, porque no es lo mismo que nos vaya a pasar algo en veinte años que en cinco siglos, ¿verdad?

Sobre las formas de salvar al mundo o, por lo menos, hacer negocio

Hay que salvar al planeta como sea, y cualquier laureado con un ordenador y un programa de simulación puede convertirse en héroe de su propia aventura y alcanzar reconocimiento local (al menos) por sus previsiones catastrofistas.

Los mensajes que llueven sobre nuestras cabezas son nítidos: el nivel de CO2 en la atmósfera sube imparable, los acuerdos de Kyoto no se cumplen y aunque se cumplan son insuficientes, los países por desarrollar quieren ocupar su lugar como pirómanos en la Historia de la Humanidad, debemos dar ejemplo en consumir energías verdes, hay que ahorrar agua y energía, plantar árboles de todo tipo, proteger la costa ahora que nos queda poco por destruir, cuidar la naturaleza aunque sea con césped inglés para jugar al golf, y debemos amar mucho más a los animales, cuanto más salvajes y más remotos (si nos quedan), mejor.

Programas de televisión, en horas de máxima audiencia, nos ilustran sobre los miles de especies que están en peligro de extinción por la culpa de nuestros abuelos y la nuestra, las consecuencias del deshielo de los polos que harán crecer los mares entre 34 cm o 9 metros (según los programas de simulación), la subida de temperaturas en muy variados sitios del planeta (entre 0,3 ºC y 2 ºC en los próximos 10, 100 o mil años, qué más da), inundaciones y sequías (¿iguales o mayores que las que no quedaron registradas en nuestros archivos?).

Mientras nos convencen de que el fin del mundo está próximo, estos profetas del catastrofismo no pueden ocultar que, detrás de esas representaciones, alguien pretende hacer negocio con nosotros. Sensibilizar para rentabilizar.

¿Las ideas que se ponen en circulación?. Desde instalar paneles solares en el tejado (100 euros/m2) hasta cerrar el grifo mientras nos lavamos los dientes (1,5 euros/m3). Pagar un cierto plus (10 por ciento?) por la energía con base "verde" (eólica, biomasa, fotovoltaica, etc). Ayudar a la preservación de especies en extinción (¿cuota de sostenimiento: 200 euros/año?). Aumentar el porcentaje (1,2%) destinado a la investigación de energías que no produzcan (o muy pocos) gases de efecto invernadero.

La opinión pública ha entrado en escena. No es necesario rigor, porque ya se ha movilizado. Pocos serán los que no se sientan concienciados por la necesidad de hacer algo para evitar que se deshielen los polos, aumente el agujero de ozono, suban las temperaturas o caigan rayos y truenos sobre nuestras cabezas.

Habrá que prepararse para asistir al espectáculo por excelencia de la historia de la humanidad. El fin del mundo. Los dioses nos cojan confesados.

Pero, entretanto, si Vd. ofrece cualquier cosa relacionada -aunque sea remotamente- con la ecología y la producción limpia de energía, apresúrese a hacer negocio. Lo verde, vende.

Aunque algunos nos pongamos colorados por la desfachatez con la que se rentabiliza hasta la incapacidad del ser humano para hacer análisis serenos, contrastar información, realizar verdaderos estudios científicos y no reuniones apologéticas y, en fin, si hace falta, poner en práctica soluciones, en lugar de emplear el tiempo en discutir la oportunidad de las medidas, si es que se está de acuerdo en lo exacto de las previsiones, y la credibilidad y objetividad de quienes emiten los juicios.

Sobre la contaminación en Madrid, sus causas y su medición

Sobre la contaminación en Madrid, sus causas y su medición

Madrid es una ciudad contaminada, en la que a la alta polución atmosférica se une la frecuencia de la inversión térmica. En estos días en las que por las noches refresca y por las mañanas luce el sol, las calefacciones se unen a la contaminación del transporte para contribuir a formar una caperuza irrespirable sobre la ciudad.

El Ayuntamiento ha decidido aplicar el principio de ocultar la cabeza, y los datos, suprimiendo de los registros aquellos días en los que se superan los máximos de concentración de gases contaminantes, y que hubieran situado a la ciudad en niveles de alerta. Esta técnica del avestruz, combinada con la del felino montaraz que es capaz de comerse sus propias heces para no dejar huella de su paso, no impide que los que padecen de enfermedades respiratorias, sientan la realidad en el aparato de medida insobornable que es el propio cuerpo, y los que no las padecen aún, pero son colectivos de riesgo, sufran del peligro.

Hay que reducir el tráfico rodado en la ciudad, condenar de forma disuasoria el uso alegre del transporte privado, perseguir a los agentes contaminantes, y tomarse en serio las mediciones, para tomar medidas adecuadas.

La responsabilidad política no consiste en ocultar al ciudadano los peligros, sino saber prevenirlos y, cuando se presentan, difundir inmediatamente la situación y tratar de paliarla con serenidad y solvencia.

Sobre la rentabilización del miedo: profetas y cambios climáticos

La campaña del quasi-presidente norteamericano Al Gore para difundir su discurso sobre el cambio climático está resultando empañada por un tufillo a charada multimedia preocupante.

Los argumentos científicos se mezclan con las amenazas seudocientíficas en los discursos de este fenómeno de las comunicaciones, convirtiendo un mensaje que tiene bases realistas y, sin duda, compartibles por las personas preocupadas por el deterioro ambiental, con razones económicas y políticas particulares que merecen ser analizadas.

Los personajes populares elegidos en España, para divulgar con credibilidad mediática el mensaje de que estamos próximos a un desastre, ponen aún más oscurantismo respecto a lo que en realidad se está persiguiendo. ¿Concienciar a los altos mandatarios?...No parece que quede ya nadie por concienciar. ¿Preocupar más al ciudadano de a pié?. No parece que haya nadie que deje de estar al tanto de que dentro de unos años la superficie pisable de la Tierra se verá reducida y los edificios de tercera y cuarta línea de playa tendrán su oportunidad.

El miedo ha sido siempre rentable para algunos, porque cuando la gente está nerviosa, toma decisiones apuradas sin reparar en costes. Se mandan ejecutar bunkers para defensa antíaérea o refugios atómicos, se hace acopio de mercaderías, se compran armas, etc.

¿Qué venden los divulgadores del desastre climático que se avecina? ¿Sólo libros?. No seamos ingenuos.

Sobre el desarrollo compatible como superación del concepto de desarrollo sostenible

La idea del desarrollo sostenible se ha convertido en uno de esos elementos tranquilizadores con los que nuestra sociedad consumista acalla su conciencia fagocitadora. Casi todo lo que se realiza para modificar la naturaleza se pretende ejecutado bajo el prisma del respeto a la naturaleza.

Pero, evidentemente, no es así. Las obras de ingeniería transforman el entorno de forma irremediable, y no hay informes de impacto ambiental ni pasos subterráneos o aéreos para los animales afectados, ni plantaciones compensatorias a las talas efedtuadas, ni depuraciones de aguas que equilibren los efectos de los vertidos contaminantes.

Poco puede hacerse ya para sostener una naturaleza profundamente transforamda en los países desarrollados, y ningún césped inglés, ninguna estética plantación de ciruelos japoneses o de falsas acacias equivaldrá a los bosquetes autóctonos caídos en aras del desarrollo. No habrá barreras visuales ni pinturas de colorines ecológicos que nos libren del impacto real causado por los polígonos industriales que proliferan en cada municipio.

Habrá que ser, en fin, pragmático y realista. El desarrollo de los países pobres supondrá la transformación de la naturaleza, y ningún programa ecológico detendrá ese deterioro, expresado en múltiples foros por los países pobres con la idea incontestable de que no pueden dar ejemplos de conservacionismo quienes han destruido su entorno en beneficio de su desarrollo.

Pero es que, además, no sabemos cómo se comportarán las generaciones futuras, cuáles serán sus aspiraciones éticas, qué media utilizarán para valorar su bienestar y nivel de vida. Algo podemos vaticinar: el disfrute de las generaciones del momento difícilmente tomará en consideración las necesidades futuras, porque la irracionalidad del ser humano le lleva a sacar el máximo provecho de lo disponible.

Hablemos, mejor, de un desarrollo compatible. Respetuoso, en la medida de lo razonable, con el medio ambiente actual, pero sin cinismos. Solidario de veras con los países pobres, para que se aprovechen de la tecnología de los países más avanzados y puedan superar su dependencia económica y lograr un bienestar equivalente al que disfrutamos en el mundo occidental.

Un desarrollo compatible es un desarrollo sensato, pactado, homogéneo, solvente y armónico. Preocupado por encontrar el máximo uso a lo existente: recuperar antes que destruir lo aún impoluto. Menos edificaciones nuevas, menos segundas residencias despreciando la arquitectural rural existente, menos caminos de acceso a lugares aún vírgenes, menos autovías y vías rápidas atravesando de parte a parte los territorios, por muy estéticamente diseñados que hayan sido por decoradores de paisajes.

Hay que definir muy bien lo que entendemos por desarrollo compatible, con directrices asumibles y pactadas, en lugar de llenarnos la boca con conceptos como desarrollo sostenible, responsabilidad social corporativa o informes de imapcto ambiental, que únicamente pretenden tranquilizar las conciencias del que deteriora, bajo la premisa subyacente de que, después de nosotros, el diluvio.

Sobre las consecuencias de la ausencia de una Coordinación energética en la Unión Europea

La Unión Europea sigue siendo, básicamente, una unión de comerciantes, aunque, con el tiempo, han aprendido a ocultar sus verdaderas intenciones para enmascararlas al tiempo de ofrecer otras. Por supuesto, no se trata de desacreditar a esa agrupación de países que defiende en los foros internacionales, y de una forma no únicamente simbólica, principios de libertad, democracia y participación que están, desgraciadamente, muy olvidados en las relaciones internacionales.

Pero no conviene olvidar que la Comunidad Europea gestiona apenas el 1% de los fondos totales de los países que la integran, y que, a pesar de su frenética, y a veces furiosa, actividad legislativa, su capacidad coercitiva para hacer cumplir a sus Estados miembros (y a las grandes empresas) las instrucciones que emanan de sus Organos, es bastante escasa.

En el aspecto energético, falta una estrategia común en la Unión Europea, y cada uno de los Estados soluciona de forma autárquica sus necesidades. Aunque existe una Directiva, por ejemplo, para formentar el uso de los biocombustibles y otras energías alternativas, su incumplimiento es manifiesto, y, por ello, la credibilidad de futuras previsiones está en entredicho. En el caso de su apoyo al protocolo de Kyoto, la UE ha querido ser -para darle en el morro a Estados Unidos- más papista que el Papa y, por ello, se ha metido en un berenjenal del que probablmente solo le queda la huída hacia adelante, con planes cada vez más ambiciosos, pero incumplibles.

Aunque la UE es deficitaria en la producción energética, los grandes grupos de producción energética han tomado posiciones a la chita callando, tratando de controlar el mercado de los países menos desarrollados dentro de su territorio. Mientras se habla de liberalizar, los grandes monopolios locales, llámense Gaz de France, RWE, E.ON, EdP siguen realizando sus compras en los países con mayor apertura, hacen sus reajustes liberándose del lastre que les apetece, y no se arredran en adoptar entre ellos acuerdos de control de mercados, bajo la forma sibilina de respeto a la competencia. Mal se puede construir un mercado competitivo, que debiera estar regido por la fuerza de los consumidores y sus apetencias, en una estructura de oligopolios, dominando de forma pactada, las essential facilities para la vida.

Nos parece que España debería tratar de abrir una brecha en el frente, con acuerdos entre países de segunda línea pero con los que se pueda aprovechar alguna complementariedad: países que apuestan por tecnologías más ecólogicas, que no tienen problemas para la implantación de la energía nuclear en su suelo, o que son deficitarios a corto plazo de gas natural.

Creemos que nuestro país debería tender hacia una clara sobredimensión productiva y ser modelo en la reducción de consumos superfluos. Estamos convencidos de que el -ya falso- "parón nuclear" es, para cumplir nuestros objetivos económicos, una rémora insostenible, y, con las debidas garantías, hay que empezar de inmediato la erección de un par de nuevas centrales nucleares y resolver la cuestión del almacenamiento de residuos.

Estamos convencidos de que los biocombustibles no tienen futuro en nuestras latitudes, y, por ello, su apoyo con subvenciones debiera ser revisado. Apoyamos, por el contrario, el fomento de la investigación de la producción de energía solar y fotovoltaica, hoy tan retrasada. Dudamos de las capacidades de la energía eólica como productora fiable, y hay que resaltar que en ningún caso este tipo de energías puede sustituir a la producción básica, sin zonas valle, de las centrales de carbón, gas o petróleo.

¿A qué esperamos para poner el cascabel al gato? ¿A que sea demasiado tarde, y sigamos en una dependencia costosa de los países mentalmente más desarrollados?

 

Sobre la Ley de responsabilidad medioambiental del 23 de octubre de 2007

En obligada transposición de la Directiva comunitaria al respecto (2004/35/CE) , se ha incorporado al acervo legislativo español la Ley 26/2007 sobre la Responsabilidad Ambiental, que supone una vuelta de tuerca al tema de la prevención y de la recuperación del ambiente por parte los operadores contaminantes.

Las obligaciones se configuran en tres esferas: dos de ellas del tipo objetivo (es decir, relacionadas con responsabilidades surgidas de la propia actividad contaminadora, incluída o no en el Anexo III, por el mismo hecho de haberse causado un daño aunque no medie dolo o culpa), y otra de responsabilidad subjetiva (es decir, a cargo del causante concreto de los daños o las amenazas ambientales, siempre que se demuestre su culpabilidad o carácter doloso).

Quedan fuera del alcance de la ley los daños causados a las personas y las responsabilidades de tipo penal e incluso administrativo, ya que las sanciones previstas son únicamente de naturaleza administrativa y relacionadas con los daños ambientales y no con otros incumplimientos.

La Ley se separa de la Directiva al incluir también los daños al suelo y al agua y a las riberas marítimas o fluviales, reforzando así el carácter sancionador hacia los contraventores ambientales.

La Ley obliga a prestar garantías financieras a los operadores, que se determinarán reglamentariamente por las autoridades competentes en el sector ambiental que, como se sabe, son las Comunidades Autónomas en España, ya que tienen las competencias transferidas. La garantía no será, sin emargo, nunca superior a los 20 Millones de euros, y habrá de mantenerse durante todo el período de actividad del operador.

Los operadores de actividades económicos o profesionales pueden verse sancionados con cuantías de hasta 2 millones de euros en caso de infracciones muy graves (por no adoptar las medidas preventivas o de evitación exigidas por la autoridad y haberse causado el daño, o no haber incorporado las medidas reparadoras exigibles), además de ser privados por períodos de ahsta dos años de la autorización ambiental. La autoridad competente podrá ejercer la posibilidad de ejecución subsidiaria de las medidas reparadoras.

En suma, se trata de avanzar en la aplicación del principio de que "quien contamina, paga", aunque la traslación del desideratum de que "quien contamina, repara", aparece aún como un elemento lejano o, cuanto menos, de confusa aplicación, dada la discrecionalidad de la aplicación de la Ley y las dificultades de medir los daños ambientales.

Habrá que aguardar al desarrollo reglamentario y a la casuística de aplicación de la Ley y sus Reglamentos. La experiencia acumulada permite vaticinar serias dificultades en la obtención de resultados plenamente satisfactorios desde el punto de vista socio-ambiental y, desde luego, implica una tensión adicional sobre las explotaciones que actúan sobre el medio ambiente, reduciendo su rentabilidad. Los efectos sobre el empleo se harán notar, pues algunas explotaciones se harán potencialmente irrentables, ya que toda incorporación de externalidades ha de ser vista como un gravamen sobre las actividades económicas. Pero el medio ambiente se merece mucha atención.

 

 

Sobre el síndrome de Epulón

De vez en cuando, leemos que, provistos (o no) de la correspondiente orden judicial de registro emitida a partir de las denuncias de los vecinos, incapaces de seguir soportando el olor a inmundicia, se descubre que el inquilino que lo habitaba, acumulaba en su piso cantidades ingentes de basura y desperdicios. Síndrome de Diógenes, decimos.

Las personas que lo padecen suelen ser gentes de edad madura, de situación económica desahogada, solitaria, propietarios del piso en que acumulan res nulius. Nada se nos dice de cómo empezaron a recoger desperdicios de los otros, pero imaginamos que empezaron con pequeños acopios de cosas de las que estaban seguros de su valor.

Si existe el síndrome de Diógenes, si hay seres que recogen y acumulan los desechos de otros, es porque tiramos mucho. Donde los Diógenes, hay gentes con síndromes de Epulón, el rico. Nuestra sociedad opulenta tira mucho, cosas inservibles, pero también valiosas, recuperables, útiles. El principio de que cuanto menos meneemos la mierda, mejor y más barato, quiebra.

Se cuenta de una joven pareja que descubrió en un contenedor un tapiz de la Fábrica de Tapices, que la embajada italiana, en remodelación de mobiliario, decidió que ya estaba muy gastado. Los días de recogida de muebles viejos, miles de buscadores de tesoros revuelven entre lo que los demás no quieren ya, para encotrar -tal vez- sillones modernistas, mesitas del XIX, espejos y apliques estilo Luis XVI o que pertenecieron al ajuar familiar y ahroa estorban.

Qué decir de los viejos libros. Los nuevos Epulones, que apenas leen, tiran miles de libros a la basura, porque creen que ya no valen nada. Y, al acecho, vienen los Diógenes, los recogen, y los van acumulando entre los restos brillantes de nuestra acelerada civilización consumista.

 

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Sobre la gestión de residuos

En el Plan Nacional de Residuos Urbanos 2000-2006, las autoridades españolas informaron de la existencia de 3.700 vertederos ilegales en España. Cualquier viajero por el país puede advertir que un gran número de botaderos ilegales siguen abiertos, y otros nuevos se crean cada día. No importa que sea junto a ríos y playas, en terraplenes y cárcovas, en solares abandonados, en el patio trasero de las comunidades... El inventario completo de tales demostraciones de la incultura ambiental española aún está por hacer. Pocas publicaciones de calidad sobre los residuos urbanos están disponibles para el gran público.

Según el antiguo Plan Nacional de Residuos, España genera anualmente 17 millones de t residuos urbanos, que equivalen a 1,21 kg/hab-año. La cifra parece muy baja. En cualquier caso, recoger la parte del león de esa basura ha sido y es un negocio próspero, desde el que han creado su base para el crecimiento y solvencia como interlocutoras de los municipios, las dos empresas “constructoras” clásicas, FCC y Dragados (Urbaser). En el panorama, tampoco se puede olvidar a CESPA, hoy filial de Ferrovial, que creció al abrigo del grupo hispano-francés Aguas de Barcelona (a punto de desgajarse de Suez Environnement, después de la operación de fusión con Gaz de France) .

A pesar del oscurantismo de los precios facturados a los Ayuntamientos, cuyos concursos son preparados cuidadosamente para que no se produzcan cambios no deseados en los concesionarios de la gestión, se estima que el coste de la recogida de residuos está en torno a los 40 euros/t, (bastante superior en Barcelona o Madrid), por lo que el negocio movería, al menos, 700 Millones de euros/año. Pero la realidad ha de ser muy superior, cuando FFC informa de una facturación en 2006, para su área medioambiental, haber alcanzado 2.700 Mill de euros (¿un 60% dentro del subsector residuos? ¿un 70% en España?).

Habría, por tanto, que calcular un rubro total para el sector residuos en España de más de 3.000 millones de euros/año, si se añadieran los costes de la incineración y valorización, la limpieza viaria, la recogida de enseres domésticos, recogida y tratamiento de residuos hospitalarios, retirada e incineración de animales muertos, residuos industriales (al margen de los que tienen carga radiactiva), etc. La tecnología varía de simple a compleja, dependiendo de el tratamiento que se vaya a dar a los residuos y su peligrosidad.
 

Tener las calles limpias cuesta mucho dinero. El barrido (“la limpieza viaria”, en la terminología propia de las empresas especializadas) se calcula por km recorrido por los barrenderos, pero si se traduce a t recogida, alcanza proporciones muy altas. La basura que se arroja a la calle cuesta 20 a 30 veces más que la que se deposita en la bolsa de la basura: 800 a 1.200 euros/t. En Madrid, se arrojan a la calle 2 kg de basura/mes por habitante censado.

El negocio aumenta cada día. La ley 16/2002 reguladora de las autorizaciones ambientales integradas, en su art 20.3 establece que la recogida ha de ser selectiva en municipios de mas de 5000 habitantes. La incineracion esta regulada por el RD 653/2002. Se espera una legislación sobre los vertederos llamados controlados, que en una parte no escasa (más de 500, quizá) necesitan una revisión de la impermeabilización, porque no se dispusieron en su momento de membranas aislantes o capas de separación con los acuíferos, y seguramente habrán de ser trasladados del lugar. Otro número sin precisar se encuentra colmatado, sin posibilidades de recibir más material. 

En marzo de 2007, la Comisión Europea inició un apercibimiento a España (en aplicación del art. 226 del Tratado) por no respetar una Sentencia del 2005  del Tribunal de Justicia Europeo que obligaba a cerrar el vertedero de Punta de Avalos en La Gomera, en aplicación de la Directiva de la UE de 1999 que pretende prevenir los efectos negativos de los vertederos. Otras amenazas se ciernen en el panorama.   

Sobre las razones de Estados Unidos para minimizar el problema medioambiental

Hacia el final de la primavera de 2008, en una fecha aún por definir en este momento, los países más contaminantes del mundo se reunirán otra vez para convenir unos límites máximos para la emisión de los gases causantes del aumento del ritmo del calentamiento del planeta. Resulta que el organizador de esta convocatoria es el presidente Bush, un escéptico interesado que todavía en 2006 decïa que "el calentamiento global puede ser causado por los seres humanos o por la propia naturaleza".

Esta duda a-científica necesitaba ser perfeccionada. Por ello, recuperando la incoherencia de los postulados que llevaron a Estados Unidos a no suscribir el tratado de Kioto, el presidente del país más poderoso, y más agresivo, de la Tierra, dice que los países en desarrollo también deben reducir sus límites de contaminación, para lo que deben aplicar las tecnologías de los países más avanzados, recomendando el empleo de la energía nuclear para producción de energía, y el bioetanol y los motores híbridos para el transporte urbano.

Los países más desarrollados tienen que dar ejemplo, porque han sido los principales causantes del agujero de ozono con su desarrollismo incontrolado, y ahorrarse su cinismo egoísta, por cuanto, como ha manifestado reiteradas veces el presidente Bush, el mayor contaminador no está dispuesto a comprometerse a una política reduccionista rígida, ya que -argumenta- perjudicaría a la industria americana y limitaría su crecimiento.

Porque el mensaje de las manifestaciones incumplidas es una referencia política para los países en desarrollo, preocupados por unirse, ante todo, al grupo de cabeza, cueste lo que cueste.

En marzo pasado, China, que es el segundo contaminante mundial, por intermedio de su Comisión Nacional de Reforma y Desarrollo, anunciaba que se proponía reducir un 62% sus emisiones de dióxido de azufre (que fueron 13 millones de t en 2005, y que siguen subiendo) antes de 2010. La medida sería un complemento a su, hasta ahora incumplido, Plan Quinquenal 2006-2010, que pretende reducir un 10% la contaminación. El programa tiene el propósito de sustituir las centrales hidroeléctricas que queman carbón, que produzcan menos de 50 Gwat, por energía eólica o solar. Una buena intención que necesita credibilidad.