Blogia
Al Socaire de El blog de Angel Arias

Sobre la destrucción de la arquitectura popular

Sobre la destrucción de la arquitectura popular

La ausencia de una formación basada en principios estéticos en la mayoría de nuestros coetáneos -sustituída por una iconoclasta y estúpida defensa de que el gusto de cada uno es quien ha de dictar la norma-, ha provocado diversos monstruos, bien nutridos por intereses fáciles de detectar, además.

En el caso de la arquitectura tradicional, llamada "popular" en muchos ámbitos, de la que había múltiples ejemplos en toda la geografía española, se pueden ver los nefastos efectos de esta ignorancia colectiva sobre lo que es hermoso.

Hemos tomado como ejemplo del desequilibrio creciente entre lo que es bello y lo que nos es útil, esta imagen de una población asturiana, bastante alejada por lo demás de los circuitos turísticos en boga en ese "paraíso natural": Pola de Somiedo.

Enclavada en un magnífico paisaje, poco afectado por la mano del hombre, se alza una población protegida de las inclemencias invernales por las montañas circundantes, que ha sido uno de los pasos hacia la Meseta desde tiempos inmemoriales. Allí subsisten, como en otros pueblos asturianos, muestras de la arquitectura rústica, producida por artesanos locales, creando sugerentes combinaciones de viviendas familiares, lugares para guardar forraje y granos y cobijos para los animales que constituían el peculio familiar.

Cada vez son menos. El homo irrespetuosos, es decir, el homo impudicus, ese que dice disfrutar de la naturaleza, ha generado, en torno a esos modelos de cómo se supo, durante siglos, compartir espacio vital con la naturaleza, muestras aberrantes de cómo servirse de ella, destruyéndola, matando el paisaje. Los pretextos son banales: hórreos que ya no sirven para la función que los generó y cuyos pegoyos han sido cerrados con ladrillo vistos; casas que fueron condenadas a la acción de la intemperie, abriendo ventanas o rompiendo sus cristales para, una vez destruídas, ser sustituídas por edificios de hormigón de varias alturas para poder contemplar mejor el paisaje al que se agrede, dotados, por supuesto, de los permisos pertinentes.

Al visitante le puede seguir maravillando encontrar restos de la vieja arquitectura, entre bloques de ladrillos desprovistos de cualquier interés que no sea el de simple disfrute de sus dueños. Pero alguíen, con autoridad, debería de una vez por todas, preocuparse de poner en valor la arquitectura popular y hacer todo lo posible por conservarla y, si se llega tarde, para sustituirla por otra de idénticos valores estéticos.

Esos que seguimos compartiendo los seres humanos que no hemos caído en la insensatez de admitir que cualquiera puede generar algo valioso, sencillamente porque a él le gusta así, transformado por su ignorancia en centro de un mundo que morirá con él.

1 comentario

Rosalía -

Hola Angel: Hay un pequeño detalle en esa foto, que me dice que es reciente. Cuando vuelvas a Somiedo, déjate ver...
Estoy totalmente de acuerdo contigo, pero piensa las razones:
Las familias no son como eran.Antes tenían muchos hijos, hasta 11 en algunos casos, y pocas cabezas de ganado, a veces 3 ó 4 vacas. Hou, nadie tiene más de 2 hijos, y muchos, más de 100 vacas, que además, no caben en las pequeñas cuadras, y afotunadamente, pasan el invierno en zonas bajas. Son los nuevos vaqueiros.
Los usos de las construcciones,tampoco son los mismos. todo ha cambiado, Auqnue no siempre para mejor.
Pero eso es la evolución...o la involución...
Un abrazo, desde Somiedo.