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Al Socaire de El blog de Angel Arias

Sobre el control del patrimonio en Espana

La transmisión por herencia de la propiedad ha posibilitado la formación de la mayor parte de los grandes patrimonios actuales. Su origen es, en general, bien conocido por los simpatizantes del análisis histórico.

El elemento central de la propiedad inmobiliaria es la tierra. Prácticamente en la apropiación de los terrenos de otros han descansado todos los movimientos belicosos de los seres humanos. Siguen siendo la causa de los conflictos, tanto en los foros jurídicos, como en los caminos aún más tortuosos en donde se ventilan las diferencias a palos o disparos de escopeta.

La cuestión que ahora nos ocupa es, sin embargo, lo mal que se controla esa riqueza. Las descripciones de lindes de las tierras son insuficientes, oscuras, llenas de elementos físicos perdidos o de indeterminaciones que las hacen prácticamente ininteligibles.

Pero es que, además de estar mal definida geométricamente y de ser con demasiada frecuencia, ilocalizables catastralmente sus propietarios (aunque paguen los tributos), se ha venido subestimando el valor económico de ese patrimonio.

En consecuencia, las transacciones que se realizan con él son -previsiblemente-uno de los causantes de la circulación de masas de dinero negro que se canalizan hacia la comrpra de más terrenos, hacia obras de arte cuyo precio adquiere características simbólicas (es decir, pierde la referencia respecto al valor), o se dilapida en viajes y fiestas estrambóticas.

Es imrpescindible el control del patrimonio inmobiliario de España. Quién lo tiene, cómo lo adquirió y, sobre todo, cuánto vale. Porque empeñarse en perseguir las remuneraciones del trabajo o los beneficios confesados empresariales es mucho más sencillo, pero no ha de impedir la consciencia de que desconocemos casi todo de los verdaderos patrimonios.

Basta solo darse una vuelta por la propia ciudad, por los pueblos y tierras de la piel de toro (perdón por el estúpido eufemismo) y tomar buena nota de los lujosos chalés, de las estupendas fincas y de otras aparatosas ostentaciones de una riqueza que no se controla, para deducir que no hay preocupación especial por conocer quiénes son los ricos de nuestro país; de qué viven, qué hacen, cómo lo disfrutan y con qué títulos, los verdaderos detentadores de riqueza.

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