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Al Socaire de El blog de Angel Arias

En las miradas

En las miradas

No tenemos la foto de Osama bin Laden muerto, pero podemos analizar minuciosamente la del equipo del presidente Barak Obama contemplando en directo la operación de asalto a su residencia en Abbottabad (Pakistán) y deducir muchas cosas de las miradas de los retratados y de la escena misma.

Respecto a la escena, podemos imaginarnos, por ejemplo, que la operación fue ordenada para un determinado momento y preparada minuciosamente, tanto en la logística militar como en la de comunicaciones.

Si todos los participantes directos en el despliegue militar disponían de cámaras instaladas en sus cascos, no cabe duda de que un director técnico -un responsable de producción con su equipo de mezcla- tenía que seleccionar en tiempo real las imágenes más adecuadas, para que la transmisión tuviera la calidad y la intensidad y emoción deseables. Una trasmisión de imágenes que debería realizarse, por supuesto, contando con la confidencialidad de un espacio reservado en alguno de los satélites para comunicaciones que Estados Unidos mantiene girando sobre nuestras cabezas.

La transmisión telemática del hecho real parece haber conseguido el efecto de trasladar la tensión de campo al despacho. Desde la perspectiva del realizador, un éxito.

La mirada del Presidente -en mayor medida que la de los demás observadores- refleja preocupación; está vestido para jugar al golf, porque le acaban de llamar para avisarle de que la operación está lista (lo que querría decir que la orden de ataque no la dió el); ocupa una esquina de la mesa, no el sillón presidencial del "Situation Room" y da más bien el tipo del vecino de arriba que ha bajado a ver un episodio de La señora.

La mirada de la secretaria de Estado, Hilary Clinton, evidencia temeroso asombro, reforzado por esa mano que se eleva para ocultar lo que se supone un grito de horror (Posteriormente, en rueda de prensa, indicó que el acto de taparse la boca fue un movimiento reflejo, por culpa de una alergia, que le provoca tos, y que no cabe otra interpretación de ese gesto).

El vicepresidente Joe Biden (izquierda de la foto), no oculta su incredulidad; el secretario de Defensa, Robert Gates (derecha), cruza los brazos, manteniendo distancia en el gesto y la mirada; un general, con uniforme de gala de aviación, que no hemos identificado plenamente (pudiera ser William Lord, comandante provisional de la Fuerza cibernética de la Fuerza Aérea) mira profesionalmente una pantalla de ordenador y teclea algo, quizá una felicitación para el equipo o la instrucción de que se trate de recuperar de la compañía de seguros el precio del helicóptero perdido en la operación.

Es muy profesional la actitud del Jefe de Estado Mayor, el militar de mayor rango en los Estados Unidos, Almirante Mike Mullen (izquierda, fila de atrás), que transmite la satisfacción de que la operación va a ser (o ha sido) un éxito, con sus manos a la espalda.

Inimaginablemente distendida la mirada la del Consejero de Seguridad Nacional, Tom Donilon (camisa azul, detrás),  con sus brazos cruzados, y razonablemente preocupada y tensa la de John Brennan, responsable de las actuaciones Antiterroristas (con camisa blanca, fila de atrás), que parece haber escapado recientemente de la sala de torturas (o que no ve bien, por la presbicia, la pantalla), al lado de James Clapper, identificable por su barba recortada, jefe de los servicios de Inteligencia nacionales y también general y, por tanto, acostumbrado a este tipo de películas.

Denis McDonough, también Consejero de Seguridad Nacional, sentado a la derecha de Hillay Clinton, con camisa azul, con los brazos cruzados y la mirada compasiva, añade un rictus de desagrado para reforzar su impresión de lo que contempla.  

Otros personajes secundarios añaden una nota de ingenuidad y hasta picardía a la escena: el joven de camisa azul que trata de mirar por encima del hombro de Bill Dalley (jefe del staff, aquí con aspecto de mayordomo distinguido, dispuesto a ir por más café y donuts) y la chica que, en cuarta fila, con aspecto de becaria, tuerce también el cuello para enterarse de algo (Audrey Tomaso, de los servicios secretos de la Casa Blanca), y a los que parece no haber llegado, ni mucho menos, la tensión de los primeros planos.

(En la foto no se ve a Leon Panetta, ex director de la CIA y Secretario de Defensa, artífice teórico de la operación, que sería el más capacitado de explicar lo que estaba sucediendo a los demás espectadores de este docudrama. Tal vez esto justifique que las miradas converjan hacia una esquina de la sala, los laptops estén apagados -salvo uno- y haya algunos papeles encima de la mesa. En una interpretación más maligna de la foto, los reunidos no estarían viendo una transmisión, sino asistiendo a las declaraciones dramatizadas del entrenador.)

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